3. La Madre Dolorosa

 

 

. . . .El 15 de septiembre la Iglesia nos recuerda a Nuestra Señora de los Dolores. San Pablo nos expone en distintos textos la vocación de la Iglesia, que tiene que compartir los sufrimientos de Cristo Jesús. "Suplo en mi carne -dice San Pablo, indicando el valor salvífico del sufrimiento- lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia .

. . . .Estas palabras parecen encontrarse al final del largo camino por el que discurre el sufrimiento presente en la historia del hombre en cuanto iluminado por la palabra de Dios. Ellas tienen el valor casi de un descubrimiento definitivo que va acompañado de alegría; por ello San Pablo escribe: Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros . La alegría deriva del descubrimiento del sentido del sufrimiento; tal descubrimiento, Él mismo dice de sí mismo, que suple en su carne lo que falta a los sufrimientos del Salvador (Col 1, 24).

 

. . . .No es que Jesús haya hecho las cosas incompletas, sino que tiene que labrar en nosotros la efigie de Cristo, el hombre nuevo, que supere así el antiguo pecado.

. . . .Para que triunfemos con Cristo triunfador, tenemos que morir un poco con Él. A la Madre Santísima no se le ahorró esta parte del dolor, que llegó en muchos momentos "pick" de su colaboración con Cristo, en la salvación de nosotros.

. . . .Se destaca en particular la sensación de abandono en la hora del nacimiento en Belén, o de ser perseguida cuando Herodes buscaba matar al niño y decretó la muerte de todos los niños de Belén de dos años abajo.

. . . .El llanto de todas esas madres se juntaría un día no tan lejano en el Gólgota. Dios la fue preparando, golpe a golpe, hasta quedar configurada con la muerte de Cristo. Una espada de dolor le atravesó el alma: se lo había profetizado el anciano Simeón (Lc 2,35).

. . . .María Dolorosa ha venido a ser la dulzura de nuestras cruces cotidianas. Es Jesús que por María Santísima nos endulza el corazón amargado y triste hasta la muerte. Es la gran consoladora que busca siempre consolarnos en nuestras penas y animarnos a seguir por los caminos de cruz de su Hijo Jesucristo.