La Natividad de María y el Oratorio

 

. . . .Canta un canto antiguo del Oratorio, nació María, la Virgen Nuestra Señora, qué bonita es, ĄDios mío!

. . . .Ella es el fulgor amoroso de Dios, como anticipo de lo que va a ocurrir con nosotros. Su nacimiento marca el comienzo de la plenitud de los tiempos; así como la primavera aparece poco a poco y nos va anunciando el verano, la cosecha y los frutos sabrosos, maduros, los melones, sandías, duraznos y damascos, por nombrar unos pocos; María Santísima es la primavera sagrada preciosa y magnífica, que viene verdeando toda la naturaleza aterida y seca; se anuncia en las ramas de los sauces llorones y la vegetación que se despereza del crudo invierno superado a pesar de todos sus intentos de seguir agitándose; pero la ley de los climas lo superó y se agotó en agosto, en el hemisferio sur.

 

. . . .Pasó la época antigua, estamos al comienzo de la nueva era; en esa Niñita inocente y bellísima, la llena de gracia, se manifiesta la carta de triunfo del Señor.

. . . .Como la Reina Vastí del libro de Ester o la Reina Eva, ambas prefirieron sus ilusiones humanas antes que los preceptos del Señor. Vastí fue reemplazada por la Reina Ester; Eva debía también ser reemplazada al no ser más madre de los vivientes sino de los condenados a muerte. El Señor le reservó ese puesto a la Reina nueva: María.

. . . .María Santísima, preparada desde el vientre de su madre, santa Ana, fue inmaculada, sin pecado original concebida; se hará libre y voluntariamente esclava del Señor.

. . . .En la Santísima Virgen, la Madre de Dios, se han abierto las puertas de la salvación. Todos nosotros debemos tener un poquito de la gracia de María para salvarnos; si no nos hacemos como niños, como María niña, humilde, sencilla, confiada, obediente, llena de fe, esperanza y caridad, empezamos a no recoger con Cristo y por lo mismo a desparramar.