4. La Virgen de la Merced

 

. . . .Durante los últimos siglos de la Edad Media, el sur y el oriente español estaban en poder de los árabes y por lo mismo los cristianos estaban con su vidas en vilo. El Mediterráneo estaba infestado de corsarios turcos y de sarracenos, y por lo mismo atacaban a los barcos que desembarcaban en las costas cristianas y se llevaban cautivos a muchos.

. . . .La cautividad o esclavitud era una calamidad terrible de la humanidad de aquellos siglos. Entre los que se sintieron llamados a dar una solución a esta atroz lacra inhumana, apareció Pedro Nolasco. Veía con intranquilidad de conciencia, que había que hacer algo para librar a esos pobres cautivos. Pronto empezó a actuar. Vendió cuanto tenía y empezó la compra y rescate de cautivos. La noche del 1 de agosto de 1218, estando Nolasco en oración, se le apareció la Virgen María, le animó en sus intentos y le transmitió el mandato de fundar la Orden Religiosa de la Merced para redención de cautivos. Pocos días después, Nolasco, ayudado por el rey, D. Jaime el Conquistador y el consejero real San Raimundo de Penafort, cumplía el mandato.

. . . .Los mercedarios se comprometían con un cuarto voto: quedarse como rehenes, si fuera necesario, para liberar a otros más débiles en la fe.

 

. . . .De este modo, a través de los miembros de la nueva orden de la Merced, la Virgen María, Madre y Colaboradora estrecha en la Redención, singular mediadora de todas las gracias, aliviaría a sus hijos cautivos y a todos los que suspiraban ante ella, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. A todos daría la merced de su favor.

La Virgen María será invocada desde ahora con la advocación de la Merced.

Ella es el favor de Dios que se hace presente hasta el fin de los tiempos, liberando a los cautivos. La Virgen María intercede frente su Hijo, por nosotros para que nada malo nos pase.

. . . .Es intercesora entre los hombres; Ella hace de mediadora para liberarnos de muchos males, que unos intercedamos por los otros, como lo hizo la orden de la Merced.

. . . .La Madre Teresa de Calcuta se esforzó y luchó por su prójimo, los leprosos, aunque no pudiera ayudar más que a uno, ella no pretendía entregarse para tener éxito, premios nóbeles, ni ser famosa. Lo que le importaba era aliviar el sufrimiento, porque en los que sufrían veía a Cristo sufriente.