Yo me abandono, oh Dios, en tus manos
Templo de la Trinidad
“ María, Madre nuestra: en Tí habitó el Verbo de Dios; tú prestaste a la humanidad de Jesús la fragilidad de tu carne. Sobre ti vino el Espíritu Santo en Pentecostés como había venido al comienzo de la encarnación; y en Tí, Oh María, nació la Iglesia en la anunciación, en la cruz y en Pentecostés. María, desde el silencio contemplativo, tú adoraste la voluntad del padre y constantemente dijiste que sí a su plan. Haz que también nosotros vivamos la alegría de ser templos de la Trinidad, que gustemos la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu, que seamos fuertemente contemplativos y caminemos en la vida hacia la plenitud del gozo en la eternidad, para gustar de la Trinidad en tu compañía, oh Madre, por los siglos de los siglos. Amén “
Cardenal Pironio.
Señora del Sí
“ Señora del Sí, ayúdanos a comprender la profundidad y la madurez de tu sí. El Espíritu Santo que tomó posesión de Tí fue preparando esta respuesta. Por eso pudiste decirlo con tanta libertad interior, con tanta alegría y generosidad, con tanto sentido de participación en el plan de salvación. María, enséñanos a decir cotidianamente que sí. Haz que hoy volvamos a decir que sí, el sí de nuestro bautismo, el sí de nuestra consagración. Enséñanos a decir que sí con mucha fe, con mucha confianza, con espíritu contemplativo. Enséñanos a decir que sí a la Palabra y a los hermanos; a decir que sí en la totalidad de nuestra entrega a través de la pobreza, de la castidad y de la obediencia consagradas, a decir que sí en la vida y en la muerte. “ Amén
Cardenal Pironio
La FE
Señor, haz que mi fe sea segura
gracias a la convergencia exterior de pruebas
y al testimonio interior del Espíritu Santo.
Que sea cierta por medio de su luz,
que da tranquilidad,
por medio de sus conclusiones,
que dan paz,
por medio de su asimilación,
que da quietud.
Señor, haz que mi fe sea gozosa,
haz que infunda paz y alegría en mi alma,
haz que la disponga para orar a Dios
y tratar con los hombres,
de suerte que de estos sagrados encuentros
resplandezca la felicidad interior
de tu gozosa posesión
Señor, haz que mi fe sea humilde
y que se someta
al testimonio del Espíritu Santo.
Amén.
Pablo VI
Quiero Creer
Señor, yo creo, quiero creer en Ti. Haz que mi fe sea plena, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.
Señor, haz que mi fe sea libre: que tenga el concurso personal de mi adhesión, acepte las renuncias y los deberes que entraña y exprese el vértice decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.
Señor, haz que mi fe sea cierta; cierta por una armonía exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz tranquilizadora, por su conclusión pacificadora, por su asimilación aquietadora.
Señor, haz que mi fe sea fuerte, no tema las contrariedades de los problemas de que esta llena la experiencia de nuestra vida ávida de luz, no tema las objeciones de quien la discute, la ataca, la rechaza, la niega; antes se consolide con la experiencia íntima de tu verdad, resista al agobio de la crítica, se robustezca en la afirmación continua que supera las dificultades intelectuales y espirituales en que se desenvuelve nuestra existencia personal.
Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo vuelva apto para la oración ante Dios y el trato con los hombres, de modo que irradie en las conversaciones santas y profanas, la felicidad interior de su dichosa posesión.
Señor, haz que mi fe sea operante y dé a la caridad las razones de su expansión moral, de modo que sea una verdadera amistad contigo y en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, sea una continua búsqueda y un continuo testimonio de Ti, un alimento continuo de esperanza.
Señor, haz que mi fe sea humilde y no pretenda fundarse en la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento; sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y tenga su mejor garantía en la docilidad de la tradición y la autoridad de la Santa Iglesia. Amén.
Pablo VI.
Al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo,
y danos un corazón nuevo,
que reavive en todos nosotros
los dones de Tí recibidos
con la alegría de ser cristianos,
un corazón nuevo, siempre joven y alegre.
Ven, Espíritu Santo,
y danos un corazón puro,
entrenado en el amor de Dios,
un corazón puro,
que no conozca el mal
sino para definirlo,
combatirlo y evitarlo;
un corazón puro, como el de un niño,
capaz de entusiasmarse y de temblar.
Ven, Espíritu Santo,
y danos un corazón grande,
abierto a tu palabra silenciosa y potente,
inspiradora,
y cerrado a toda mezquina ambición,
un corazón grande y fuerte para amar a todos,
servir a todos, sufrir con todos;
un corazón grande, fuerte,
cuya única dicha sea palpitar con el corazón de Dios.
Amén.
Pablo VI
Vía Crucis
Creemos que con este drama tuyo, Cristo,
no sólo se ha desarrollado
una escena de dolor y de deshonra,
sino que se ha cumplido algo
más profundo.
Parece que precisamente allí
donde se tocan los brazos de tu cruz
están las grandes abcisas,
las grandes paralelas,
las grandes líneas constituyentes
de los destinos humanos.
Hay una ley de justicia
que desde las profundidades de Dios
se precipita sobre Tí, Cristo víctima,
hay una condena que desde los abismos
del mal te obliga a morir.
Las dos leyes se cruzan
y en vez de neutralizarse entre sí
conspiran en precipitarse sobre Tí, Cristo,
y en hacer de Tí un cordero inmolado
por los pecados del mundo.
Y Tú, Cristo crucificado,
tienes los brazos abiertos
porque en la cruz se encuentran
no sólo la justicia
y el pecado,
sino también el amor.
“ Por nosotros y por nuestra salvación
bajó sobre esta tierra “:
es la apertura del cielo
que fulgura con amor sobre el mundo,
lo ama y llega allí.
Amén
Pablo VI
María, Madre Nuestra.
Oh, María, llena de Gracia, inmaculada, siempre Virgen, Madre de Cristo, Madre de Dios y nuestra, asunta al cielo, reina dichosa, modelo de la Iglesia y esperanza nuestra, te ofrecemos nuestra humilde y filial voluntad de honrarte y de celebrar siempre con un culto especial que conozca las maravillas de Dios obradas en Ti, con una devoción en particular que exprese nuestros sentimientos más piadosos, más puros, más humanos, más personales, más confiados, y que haga resplandecer alto sobre el mundo el ejemplo atrayente de la perfección humana.
Oh María, te rogamos: haznos comprender, desear, poseer con tranquilidad la pureza de alma y cuerpo.
Enséñanos el recogimiento, la interioridad; danos la disposición para escuchar las buenas inspiraciones y la Palabra de Dios; enséñanos la necesidad de la meditación, de la vida personal, de la oración que Dios ve en lo secreto.
María, enséñanos el amor.
Pedimos el amor, María, el amor de Cristo,
el amor único, el amor supremo, el amor total, el amor don, el amor sacrificio por los hermanos.
Ayúdanos a amar así.
Obténnos, María, la fe, la fe sobrenatural, la fe sencilla, plena y fuerte, la fe sincera, traída de su fuente verdadera, la Palabra de Dios, y de su canal indefectible, el magisterio establecido y garantizado por Cristo, la fe viva.
Tú, “dichosa que has creído ”, confórtanos con tu ejemplo, obténnos esta Gracia.
En fin, María, pedimos a tu ejemplo y a tu intercesión la esperanza.
Esperanza nuestra, Dios te salve.
También de esperanza tenemos necesidad, ¡ y mucha !.
Tú eres, María, imagen y comienzo de la Iglesia; brilla ahora ante el Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo, oh María, Madre de la Iglesia.
Amén
Pablo VI
Vivir
Vivir significa abrazar a seres y cosas,
y volver a soltarlos
para que verdeen y florezcan
ante el rostro de Dios.
Vivir significa estar agradecidos
por la luz y el amor,
por la calidez y la ternura,
escondidas con sencillez
en los seres y en las cosas.
Vivir significa considerar
que es Don Divino,
dejar que todo sea su Don,
no poseer nada ni nadie
y exultar por cada estrella
que se asoma en el cielo. . .
La Misa
“ La Misa es la mejor y más completa de todas las oraciones. Les recomiendo vivamente asistir a Misa, si es posible, todos los días. Prepárense y participen en ella más con el corazón. Muchas personas van a Misa sin prepararse y sin acercarse a la comunión, así la misa vale muy poco. El momento más favorable para pedir gracias, es en el momento de la Consagración. No se puede agradecer lo bastante a Dios por el inmenso regalo de la Eucaristía.
Niños míos, deseo que la Santa Misa sea para ustedes el regalo del día. Espérenla, deseen que llegue pronto. Jesús se entrega.
A ustedes durante la Misa, ansíen ese momento en que vayan a purificarse. Yo estoy más cerca de ustedes durante la misa que durante las apariciones. “
Mensaje de María de Medjugorje.
La Oración
“Muchos cristianos han perdido la fe porque no oran. Si ustedes oran, una fuente de vida brotará de su corazón. La oración es el camino para alcanzar la Paz. Que la oración domine sus caminos en cada momento. En la oración encontrarán la alegría más profunda. Si quieren ser felices. Si quieren ser felices lleven una vida sencilla y humilde, y oren, no vayan complicando los problemas sino dejen la solución a Dios. Profundicen. En ayunar, amar al prójimo y orar está todo. Les revelo un secreto espiritual: si quieren ser más fuertes en las tentaciones oren mucho por las mañanas y lean un trozo del Evangelio. Graben la palabra de Dios en su corazón y vívanla durante todo el día. “
Mensaje de María de Medjugorje.
La Conversión
“Purifiquen sus corazones, entren en sí mismos, confiesen sus pecados y cambien de vida. Muchos cristianos figuran sólo en el registro parroquial sin acordarse de sus cristianismo. Otros van a la Iglesia pero sin tener verdadera fe. Los Cristianos deben ser para los demás un signo viviente que los ayude a convertirse y salvarse. Todos deben convertirse. Cambien antes de que sea tarde. “
Mensaje de María de Medjugorje.
Oración de Paz
“ María, Madre de Dios y Madre mía, Reina de la Paz, pide a tu Hijo Jesús me conceda en don de la Paz. Ora por mí para obtener paz: paz en mi corazón, paz de mente y alma, paz en mi familia, paz con todos aquellos que encuentro en mi camino, la paz de Jesús.
Jesús, mi Señor y Salvador, mi hermano, Rey de la Paz, acudo a Tí con María, Reina de la Paz, para pedirte humildemente el don de la paz. Derrama sobre mí tu Espíritu Santo de Paz.
Concédeme la paz, Jesús, paz dentro de mí, paz en mi familia, paz en cada día de mi vida. Da la paz a mi país, y a cada nación. Paz para todos, paz en el mundo. Jesús, mi mediador con el padre, llévame al Padre para orar por la paz ”.