Habla, porque tu siervo oye

 

Habla, porque tu siervo oye.

--1 Samuel 3:10.

 

Los localizadores o buscapersonas parecen estar por dondequiera hoy día.  Los que tienen uno de esos aparatitos colgados de la correa reciben una  señal cuando alguien los necesita. Poder permanecer en contacto con su casa  o su oficina les da mucha paz mental. Saben que si alguien quiere  contactarlos se puede comunicar con ellos adondequiera y cuando quieran.  Una línea abierta como esa es la que debemos mantener con el cielo. La paz  mental que obtenemos por llevar un localizador o un teléfono móvil es  mínima comparada con la confianza de saber que cuando Dios quiere hablarnos  mediante su Palabra estamos en posición de escucharlo.  En los capítulos 2 y 3 de 1 Samuel aprendemos que Elí aparentemente ya no  estaba en esa posición. Había perdido su receptividad espiritual por haber  tolerado el mal al no refrenar a sus dos hijos de su maldad. Pero a Samuel  lo habían dedicado al Señor desde su infancia, y en su inocencia y  apertura, pudo escuchar el mensaje del cielo.  Revisa los «oídos» de tu corazón. ¿Están sordos porque estás desobedeciendo  a Dios? Puedes ganar de nuevo la confianza de una conciencia limpia  confesando tu pecado. Entonces podrás decir: «Habla, porque tu siervo oye.»

 

SI NO PUEDES ESCUCHAR A DIOS HABLAR, REVISA EL VOLUMEN DE TU CONCIENCIA