El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

28 de febrero de 1999 No. 190

SUMARIO

bullet Editorial Los hombres hechos cosas
bulletCUADERNO DE NOTAS Pequeña defensa de un concepto
bulletSOBRE LA MARCHA
bulletDesde el próximo ciclo secundario, no civismo, sí formación ética: SEP
bulletAnuncia monseñor Samuel Ruiz: se retirará en Noviembre
bulletSOBRE LA MARCHA
bulletDesde el próximo ciclo secundario, no civismo, sí formación ética: SEP
bulletAnuncia monseñor Samuel Ruiz: se retirará en Noviembre
bulletMÉXICO EN LA MIRA No a los casinos, dicen empresarios
bullet¿USTED QUÉ OPINA? Habló claro y directo
bulletLas armas en manos de los niños
bulletPINCELADAS El talón de Aquiles
bulletPropósitos para la Cuaresma
bulletGRANDES FIRMAS No somos máquinas de sexo
bulletDOCTRINA SOCIAL, HOY La mediocridad: una actitud
bulletORIENTACION FAMILIAR Perdimos un bebé
bulletOPINION Recordar la muerte de nuestro Señor
bulletVIDA CRISTIANA Dichosos los misericordiosos
bulletCada vida tiene sentido

Editorial

Los hombres hechos cosas

Hubo, hace tiempo, una película brasileña que se llamaba El hombre al que hicieron jugo. Una fábula bastante realista (y bastante mal filmada, hay que decirlo todo) en la que el sujeto en cuestión -un brasileño medio- era exprimido como naranja por la injusticia social, hasta dejarlo desfalleciente, orillado a vegetar por la vida en una larga sucesión de trabajos sin futuro y de fracasos del presente. Puede ser que se tratase de una película más bien "futurista": hoy existen muchos hombres y mujeres de América y del mundo a los que un sistema de desigualdades aterradoras los está haciendo jugo.

Y es que las administraciones de gran cantidad de países, incluyendo el nuestro, cometieron una pequeñísima equivocación, un errorcillo apenas perceptible: cambiaron al hombre concreto, al de carne y hueso, por un número. Y puestos a transformar lo que por sí intransformable, acabaron por tratar al hombre exactamente como se trata a un número. Jugaron con él, lo arrastraron, como arrastra un niño su muñeco de trapo, hacia aventuras ideológicas, hacia modelos de pizarrón, hacia el mismísimo abismo (que, en resumidas cuentas, es lo que ahora vivimos).

Si la economía, si la política han de tener un rostro, ése debe ser el rostro del hombre. Los modelos de pizarrón que aprendieron los postgraduados en alguna universidad de Estados Unidos que ahora gobiernan países como México, carecen del sentido de realidad mínimo para ser llevados a cabo. ¿Qué saben en Harvard sobre el indio triste que hacia el altar fulgente va? ¿Qué en Yale sobre la honda huella íntima del fervor cristiano? ¿Comprenden acaso América Latina aquellos que fueron educados bajo la ética protestante, precursora del espíritu del capitalismo o del liberalismo salvaje según el cual lo que importa es el mercado y no los ciudadanos? Allí -como en la ideología, por ejemplo, comunista- no hay hombre: hay un hueco que substituye al hombre.

O convertido en mera idea o convertido en mera mercancía, el hombre es víctima de la nulificación del propio hombre. Es la conversión en cosa, cosa que sirve, que justifica, que hace ganar poder y prestigio a quien lo explota, lo conduce, lo ata y lo saca a pasear pendiente de una correa. Mas en nosotros los católicos debería haber una furiosa respuesta a estos rebajamientos que niegan la Redención; debería existir un celo, un ardor por la defensa de la causa de Cristo. No es así. Preferimos la comodidad. No leer, no enterarnos, no luchar: la política del perro muerto arrastrado por las aguas de un río; la práctica que dicen es inherente al avestruz.

La lucha tiene que darse en un sentido: devolver la dignidad, el rostro, al hombre cotidiano; devolverle su trascendencia, su singularidad. La lucha es por recuperar el amor. Proponérselo no basta. En esta batalla por la verdad que nos supone, lo único valioso es el testimonio: si somos o no somos como Cristo, si tenemos o no tenemos valor, si somos capaces de cambiar la historia.

EL OBSERVADOR 190-1

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CUADERNO DE NOTAS

Pequeña defensa de un concepto

Casi cada semana recibimos cartas en EL OBSERVADOR que nos invitan -con respeto, hay que reconocerlo- a cambiar de pe a pa la manera como realizamos, concebimos y estructuramos nuestro semanario. Se trata, nos dicen, de que sea más ágil, más entretenido, más simpático, menos pesado y aburrido. Es mucha lectura la que hay que hacer "y la gente prefiere la tele". Jamás desechamos un comentario, nunca creemos que merezca el olvido algo que se nos dice con buena fe. Pero es tiempo, creemos, de dar al menos una respuesta de carácter muy general a quienes se toman la molestia de escribirnos, a quienes nos dicen que estamos siempre a merced del poderoso imperio electrónico de la televisión, cuya característica más genuina consiste en volver imbéciles (lo dice Sartori en su reciente libro Homo videns) a quienes la utilizan, diariamente, como su medio de contacto con el mundo.

Hace unos cuantos días, en Estados Unidos, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Joseph Ratzinger, trataba de explicar a su auditorio (en San Francisco) que fe y razón (fides et ratio) son indispensables la una de la otra cuando se quiere penetrar en las verdades trascendentales, es decir, en las verdades que sustentan el significado de la vida entre los hombres. Sin fe la razón se aisla y naufraga; sin razón la fe se convierte en un espantapájaros (no lo dice, por supuesto, así Ratzinger). Por lo demás, es tarea de cada creyente el ir transformando su identidad (como creyente) en firmeza, para no dejarse arrastrar, ay, como tan a menudo sucede, por "las falsificaciones de la fe".

En EL OBSERVADOR hemos querido -y seguiremos deseándolo así- contribuir a la dura tarea de fundamentar lo que la cultura light (ligera, de medias tintas) quiere sin fundamento, como mera asociación de sentimientos: la fe en Cristo. "La feligresía católica -decía Ratzinger en la conferencia que comentamos- tiene el derecho de saber qué es católico y qué no es católico". Claro que tiene ese derecho, pero nadie quiere recordárselo, nadie se quiere comprometer -de los medios estoy hablando- con la ética derivada del Evangelio. Es una ética valerosa y desinteresada, en la que prima el hombre por sobre todas las cosas, en donde se privilegia la conciencia -esa luz que nos abre a la infinitud de la que estamos hechos- sobre el hacer o el "pasar el rato".

San Agustín se sorprendía de que su madre, santa Mónica, fuese capaz de llegar a conclusiones e intuiciones tan maduras como las que él tenía "por caminos complicados". No hay nada de qué sorprenderse, pues (como afirma el cardenal Ratzinger) "es claro que aun la gente promedio tiene la capacidad de entender que Dios es creador y que su creación es la expresión de la idea de Dios, y que nosotros somos pensamientos de Dios encarnados". ¿Cómo extender esta capacidad en un entorno cultural que la niega, en una circunstancia como la nuestra en la que es más "relajante" o más "gratificante" ver "monitos" que palabras, encender la tele que encender el pensamiento? Aquí el concepto de cultura es la clave. Y no lo inventamos nosotros para moler a los lectores a base de informes y documentos. Las frases siguientes corresponden a quien nos ha iluminado con su batalla por la verdad dura ,madura, sin concesiones, en tiempos de crisis de valores y existencias, Juan Pablo II: "Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada ni fielmente vivida". (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 190-2

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SOBRE LA MARCHA

Según el gran escritor griego Niko Kazantzakis, "hay tres clases de hombres y tres clases de plegarias. Unos dicen a Dios: 'Dios mío, ténsame, si no me pudriré'. Otros rezan: 'Dios mío, no me tenses demasiado, porque me romperé'. Y otros: 'Dios mío, ténsame cuanto puedas, aunque me rompa'". Ésta última debería ser nuestra plegaria cotidiana, pero estamos todavía muy lejos del valor que supone, alejadísimos de la entrega sin reticencias a quien -por puro amor- nos creó. Si nos abandonáramos a Él...

Santiago Norte.

EL OBSERVADOR 190-3

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Desde el próximo ciclo secundario, no civismo, sí formación ética: SEP

EL OBSERVADOR / Exclusiva

En México la corrupción campea por sus respetos, y la delincuencia alcanza niveles insospechados. ¿Qué hacer?, se han preguntado las autoridades de la SEP. La respuesta ha tardado muchísimo tiempo en llegar. Por fin llegó: cambiar en secundaria la vetusta materia de civismo, cuyo contenido se constreñía al respeto a los símbolos patrios y al conocimiento (es un decir) de la historia nacional, para dar paso a la "Formación Cívica y Ética". Paso pequeño, si se quiere, mas gigantesco dada la cerrazón que existió las últimas cuatro décadas ante la sola mención del tema de "los valores".

Lo que cambiará, según se sabe.- Cuatro son los elementos fundamentales de la transformación: que el civismo tiene que ver más allá de los símbolos y las instituciones patrias; que la orientación vocacional se sustituye por un diálogo maestro-alumno que fomente su libertad y sentido de la responsabilidad; que el enfoque es más comunicativo y hacia el juicio crítico y que se pone más énfasis en la necesaria asociación entre lo individual y lo colectivo. El nuevo enfoque propondrá -dicen quienes lo estructuran- la discusión sobre antiguos temas-tabú como las diversas formas de familia, la responsabilidad sexual y los problemas de la autoridad política del país (a la que siempre se le asociaba, en los textos de civismo, como invariablemente apegada a al ley). También se hablará de participación social, toma de decisiones y responsabilidad ciudadana.

Positivo, pero con asegunes.- La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), a través de su presidente, Ricardo Esponda Gaxiola, consideró que los conceptos emitidos -y que serán parte de la formación de 5 millones de jóvenes mexicanos-, "no se centran en la transmisión de los auténticos valores morales". La medida es "positiva", aseguró; sin embargo, "carece de un marco referencial ético, por lo que no existe el concepto de bien y mal, y tampoco conceptos de trascendencia y finalidad del ser humano, así como la falta de una clara definición de la dignidad de la persona humana". El experimento iniciará el próximo ciclo escolar y ya hay quien apunta que se trata de una revolución. No es para tanto. Revolución sería -piensa el líder de la UNPF- si la enseñanza afirma en los jóvenes a la ética no como una imposición autoritaria, sino como una herramienta de comportamiento que ayude a la personas a desarrollarse "en los valores de la vida, la democracia, la civilidad, la libertad, la igualdad, la equidad y la justicia, así como en el respeto y la solidaridad". Es decir: nada de un programa más.

EL OBSERVADOR 190-4

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Anuncia monseñor Samuel Ruiz: se retirará en Noviembre.

El obispo de San Cristóbal de las Casas, don Samuel Ruiz García, afirmó que al cumplir 75 años de edad, en noviembre próximo, va a dejar la diócesis que tomó en sus manos hacia 1961. Se irá de San Cristóbal, dijo, "para no hacerle sombra" a su sucesor, el actual obispo coadjutor, don Raúl Vera López.

Ante decenas de indígenas tzotziles, Ruiz García apuntó que aún no tiene preciso el sitio a dónde irá como obispo emérito, aunque lo cierto es que confirmó que abandonará la cabecera diocesana del estado sureño. Fuentes cercanas a don Samuel dijeron que el obispo piensa -por invitación de familiares y amigos- residir en la ciudad de Querétaro.

Entrevistado al respecto por EL OBSERVADOR, el obispo de Querétaro, don Mario De Gasperín Gasperín, afirmó que "a don Samuel se le recibiría como a un hermano en el episcopado; un hermano que está en comunión con los hermanos obispos de México". Y agregó: "Será, por entonces, obispo emérito, por lo tanto sin capacidad de ingerencia en la pastoral o el gobierno de esta diócesis". Al serle requerida su opinión sobre el obispo de San Cristóbal, De Gasperín Gasperín no dudó en afirmar que "se trata de una figura con prestigio internacional, que goza y gozará de total libertad para desarrollar su trabajo en Querétaro; es un hermano al que se recibirá con cariño".

EL OBSERVADOR 190-5

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MÉXICO EN LA MIRA

No a los casinos,dicen empresarios

Los empresarios católicos de México que se hallan agrupados en la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) han levantado su voz para clamar "no a los casinos".

La posible legalización de la apertura de los centros de juego en nuestro país ha sido motivo del más enérgico rechazo. La propuesta por parte de los organismos gubernamentales, en especial de la Secretaría de Turismo, es presentada como la solución a la crisis social por la que atraviesa México, ya que se supone que los casinos implicarían la creación de numerosas fuentes de empleo.

Sin embargo, este ramo "turístico", según se ha podido comprobar en las naciones en las que está legalizado, suele ser alentador de muchos vicios. Según el presidente de la Comisión de Educación de la Coparmex, Guillermo Martínez Mora, la instalación de casinos traería consigo situaciones anómalas, tales como la promoción de la prostitución, mayor corrupción, "lavado de dinero" y narcotráfico en dichos centros.

Las opiniones del señor Martínez se basan en un estudio realizado recientemente por la Coparmex, cuyos resultados ya fueron enviados a las comisiones de la Cámara de Diputados y del Senado de la República junto con un pedido para que se rechace la posibilidad de que los casinos operen en México.

EL OBSERVADOR 190-6

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¿USTED QUÉ OPINA?

Habló claro y directo

Genaro Alamilla Arteaga

Los hombres públicos siempre están en la mira del pueblo, de autoridades, de analistas y politólogos, de críticos honestos y de críticos que destruyen porque no saben nada de construir ni de lo positivo para la sociedad. Por eso todo hombre público no puede escaparse: o es vituperado, detractado y calumniado, o reconocido, aceptado y aplaudido. Esta es la condición del hombre público: siempre estará en la mira.

El sacerdote, más el obispo, y mucho más el cardenal y primado de México, al anunciar las exigencias evangélicas, al exponer la doctrina social de la Iglesia y al denunciar las injusticias -vengan de donde vengan-, las mentiras llamadas sociales, la corrupción y la falta de probidad, así como la violación de los derechos humanos, siempre estará en la mira.

Y creemos -más, estamos convencidos- de que los ministros de culto tienen como uno de sus principales deberes, en el marco del derecho de que gozan todos los ciudadanos, de orientar, concientizar y, mejor, formar la conciencia cívico-política de cuantos quieran escucharlos, y esto a manera académica, sin inducir, menos imponer, ideología o partido alguno.

Algunas otras ideas deben tenerse en cuenta para no equivocarse al calificar a los ministros de culto cuando abordan temas sociales, políticos o sobre modos de proceder de funcionarios públicos. Por la confusión de esos conceptos, por ideologías antisociales, por un trasnochado anticlericalismo, o por incapacidad de discernir, se han lanzado críticas falsas y erróneas, se han hecho acusaciones que rayan en delito por calumniosas y se ha violado el derecho de expresión de los ciudadanos (y los clérigos lo son).

Viene a cuento todo esto con motivo de la polvareda que han levantado algunas homilías pronunciadas en la catedral metropolitana de México por el cardenal primado Norberto Rivera y en alguna intervención del mismo con motivo de la última visita del Papa a nuestra nación. Y la verdad es que el prelado en nada ha ido más allá de lo que las leyes establecen, pero las mentes calenturientas piensan lo contrario. El cardenal ha denunciado que México es un pueblo engañado, que la corrupción ha llegado a los más altos niveles de la sociedad, que la injusticia y la impunidad campean por todas partes, igual que el homicidio, los secuestros, la explotación a los más débiles y, en general, la violación de los derechos humanos.

Bueno, pues esto y más ha irritado a algunos y molestado a otros, exigiendo que el prelado presente pruebas de lo que ha dicho y que las autoridades intervengan para que el pastor de la diócesis más grande del mundo no se salga de su sitio (templo y sacristía) y se ponga a rezar. Qué absurdos. ¿Quieren pruebas? Que abran los ojos y contemplen la situación general del país, y si son sinceros descubrirán algo más de lo que denuncia el prelado, por una parte; y, por otra, ya estamos viviendo otra realidad humana y social. La época de los jacobinos, de los tragacuras y de la intolerancia ha pasado, y el mismo presidente Zedillo ha declarado ante el Papa visitante en su discurso de bienvenida: "El pueblo mexicano está orgulloso... de que siendo la segunda nación con mayor población católica en el mundo, en nuestro territorio convivan libre y fraternalmente hombres y mujeres de distintas religiones y creencias" (el subrayado es nuestro). ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 190-7

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Las armas en manos de los niños

Cada vez hay más adolescentes que portan armas de fuego y que las utilizan en sus riñas. México no es la excepción. Apenas en este mismo mes una alumna de secundaria, que contemplaba cómo dos de sus compañeros se peleaban, sintió de pronto un dolor intenso en una pierna: acababa de ser alcanzada por una bala accidentalmente, pero la intención del poseedor de la pistola había sido la de darle a su contrincante.

La ley mexicana es sumamente estricta respecto a la posesión de armas; sin embargo, no ha impedido que México presente la mayor tasa de homicidios con arma de fuego en el planeta. Esto quizá se deba al tráfico de armas, la tercera actividad más redituable del crimen organizado en la república mexicana. Se calcula que cada año entran al país 130 mil armas de fuego y al menos dos millones de cartuchos.

Pero también la televisión, el cine y los videojuegos parecen tener su buena parte de culpa en el fomento de la violencia entre los menores de edad; mas no todos los analistas están de acuerdo al respecto porque, haciendo estudios comparativos entre varios países, se ha encontrado que las tasas de homicidios varían enormemente entre naciones que ven idénticos programas de TV y compran los mismos juegos de video. Por eso también es importante considerar a la familia como eje para detectar y afrontar la violencia juvenil; y si una familia tiene un niño habitualmente violento, debe tener especial cuidado de que jamás esté a su alcance un arma.

El trabajo de la Secretaría de la Defensa Nacional ha conseguido que hasta la fecha se consignen 300 mil armas, entre cortas y largas, pero eso significa que aún quedan muchas por ahí... en manos de los niños.

EL OBSERVADOR 190-8

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PINCELADAS

El talón de Aquiles

Justo López Melús *

Orar es ponerse a remojo en Dios. Y si uno se pone a remojo en Dios, bien y largamente, no hay "bacalao" que se resista. Pero hay que ponerse a remojo del todo sin que quede fuera parte alguna. A veces ofrecemos a Dios el corazón, pero no totalmente. Nos reservamos para nosotros algunas zonas que quedan sin evangelizar, y por eso esas zonas quedaron vulnerables, a merced del enemigo. Lo que no se asume, no se redime.

Es lo que le sucedió a Aquiles. Aquiles era hijo de Peleo y Tetis, en cuya boda la diosa Discordia, cumpliendo su misión, lanzó sobre la mesa del banquete "la célebre manzana", origen de envidias y de guerras. Para que Aquiles fuera invulnerable, mamá Tetis lo sumergió en la laguna Estigia, pero se olvidó de sumergirle el talón, que era por donde ella lo tenía agarrado. Y así Paris, en el cerco de Troya, le tiró una flecha envenenada, le hirió en el talón y lo mató. Era el punto flaco por no haberse puesto a remojo del todo.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 190-9

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Propósitos para la Cuaresma,
desde el altiplano potosino

Salvador González Covarrubias *

Hace algunos días iniciamos la Cuaresma -a partir del Miércoles de Ceniza-. Por lo tanto, es tiempo de preguntarnos sobre la manera como Dios nos invita a vivir este tiempo litúrgico. Tomando en cuenta que, en vistas al Gran Jubileo, éste es el año dedicado al Padre, podríamos preguntarnos cómo descubrir al Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre nuestro, desde esta realidad de pobreza y marginación que viven nuestros pueblos.

Tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión-reconciliación, tiempo de vivir y mostrar la misericordia de Dios. Si Dios, ahora y siempre, nos invita a liberarnos de todo egoísmo, odio y resentimiento, por qué no lograrlo tratando de cambiar en todo aquello que no está reconciliado en mi persona y en mi comunidad.

Como primer propósito cuaresmal sería bueno que buscara la conversión personal, el darme cuenta de mi propia mediocridad al convalidar y participar en las estructuras de pecado que constantemente nos deshumanizan, que marginan a tantos hermanos de los medios necesarios para vivir; esto también se da por mi postura cómoda y despreocupada al considerar que la vida de mi hermano "no es asunto mío". Somos cristianos y, por lo mismo, debemos ver cómo Jesucristo no fue indiferente a la situación de sus contemporáneos, y no lo sigue siendo. Él quiere seguir actuando a través de nosotros.

Un segundo propósito puede ser, después de la conversión personal, el llevar a la práctica algunos actos de caridad, no dejando sólo aquello que me sobra, más bien encontrando la forma de participar en una iniciativa parroquial, civil, privada o de cualquier otro tipo social, que tenga el propósito de ayudar a algunas personas concretas; es decir, que me comprometa junto con otras personas en mostrar la misericordia de Dios: si Dios ha tenido misericordia de mí es porque también quiere que yo la tenga de mi hermano, que ésta me lleve a dar vida donde existe la muerte a causa de injusticias, corrupción, violencia, explotación, desintegración familiar, abandono y tantas otras cosas.

Entonces sí, como un tercer momento, podré celebrar la Pascua del Señor, el paso de la esclavitud a la liberación, el paso de la muerte a la vida de los hijos de Dios. Que nuestro Padre compasivo y misericordioso nos mueva a convertirnos en prójimos-próximos de los demás en este altiplano cada vez más deshumanizado.

Son muchas cosas las que faltan por hacer, somos limitados para poder dar respuesta a tantas necesidades; sin embargo, la conversión de nuestra propia mediocridad sí se puede dar a partir de mí, de un cambio de vida a ser más hermano.

* El autor es Misionero del Espíritu Santo, y pertenece a la diócesis de Matehuala.

EL OBSERVADOR 190-10

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GRANDES FIRMAS

No somos máquinas de sexo *

Paz Fernández Cueto

Esta vez fue un joven el que se lanzó a la tribuna del foro en el que se clausuraban los debates previos al encuentro de La Haya, saliendo en defensa del sentido común: "No somos máquinas de sexo", expresó ante el asombro de representantes de los 180 países convocados por la ONU para evaluar los resultados de las políticas poblacionales definidas en la reunión de El Cairo en 1994. Estudiante de ingeniería mecánica en el Instituto Tecnológico de Monterrey y activista de la Red Ambiental de México, José Luis Castro fue invitado por la ONU por su experiencia en la organización de debates entre grupos de jóvenes. En su intervención final planteó la problemática, no resuelta aún, de cómo y para qué ofrecer servicios de "salud reproductiva" a los mil millones de adolescentes que hoy por hoy pueblan la superficie de la Tierra. "Ese no era un aliado convencido", pensaron algunos representantes de ONG mexicanas, en su mayoría mujeres de corte feminista radical, así como los propios integrantes de la delegación de México, cuyo principal objetivo era conseguir respaldo financiero del Fondo Internacional de Población para seguir institucionalizando las estrategias de control demográfico planeadas en la Cumbre de El Cairo, a pesar de que estas conclusiones no son de carácter vinculatorio para los países que las suscriben. La moción del universitario mexicano dejó un tanto perplejos a los integrantes de nuestra delegación, casados por principio y por obvios motivos con la mentalidad anticoncepcionista de marcadas tendencias de liberalismo sexual, postura que representa intereses de grupos minoritarios.

Lanzando al aire el reto de un cambio de mentalidad hacia el adolescente, al que ciertamente se percibe en ocasiones como si fuera únicamente una máquina de sexo, José Luis planteó un enfoque integrador de la personalidad y capaz de promover a la juventud más allá de obsesiones sexuales: "¿Y el empleo, y el desarrollo individual, la autoestima, la seguridad personal, todo esto cuándo...?". Sus palabras, claras y directas, cimbraron a un auditorio sumido en el discurso un tanto confuso por el manejo de términos ambiguos y redacciones rebuscadas que, más que proponer, imponen acuerdos que no satisfacen.

La crítica, cada vez más numerosa, está cambiando de signo en la literatura científica; ésta señala que las políticas demográficas están basadas en un análisis simplista del crecimiento de la población en los países menos desarrollados. Seamus Grimes, profesor de geografía de la Universidad Nacional de Irlanda, sostiene que los programas puestos en marcha responden más a los intereses de los países desarrollados que a una sincera preocupación por combatir la pobreza. El principal motor de tales planes es una "red" surgida en Estados Unidos de "fundaciones, organismos privados e institutos universitarios", basada en un "humanitarismo paternalista" y en "intereses de una poderosa burocracia estatal" para controlar la expansión del Tercer Mundo.

Según Grimes, esta burocracia ha buscado legitimar sus programas, dejando que lleven la voz cantante diversas organizaciones de la ONU, "en especial el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (FNUAP), estrechamente relacionado con importantes dotaciones económicas de Estados Unidos". Cita ejemplos de trabajos recientes que ponen de manifiesto la utilización de la demografía al servicio de intereses controlistas, como es el caso del libro de Caldwell sobre la Fundación Ford, señalando que los donativos de ésta y otras fundaciones a universidades estadounidenses para crear centros de estudios demográficos tenían "una finalidad no declarada: convertir a los estudiantes al credo de la planificación familiar". Ante las críticas cada vez más severas por los métodos empleados que, al margen de toda ética, son contrarios a la libertad, al bienestar y, muchas veces, a la salud e incluso a la supervivencia de las mujeres, el debate de El Cairo toma nuevos rumbos, rebautizando el ya superado término de "planificación familiar" por el de "derechos reproductivos" y el de "orientación sexual".

José Luis Castro recibió las felicitaciones de Nafis Sadik, directora ejecutiva del FNUAP, por su valiente intervención, en contraste con la actitud de los integrantes de la delegación mexicana oficial y de las ONG, quienes, no acostumbrados a una sana crítica plural y democrática, se mostraron hostiles o indiferentes. Sin conocer a este joven mexicano, yo sí lo felicito; se necesitan inteligencias frescas y voluntades sinceras para cuestionar los dogmatismos que en ocasiones imponen los adultos.

Artículo resumido. Se reproduce bajo permiso de la autora.

EL OBSERVADOR 190-11

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DOCTRINA SOCIAL, HOY

La mediocridad: una actitud *

Juan Carlos Medina **

Un amigo suele decir con ironía que "entre los cristianos con frecuencia se unen la mediocridad y el mal gusto". Y añade: "es la consecuencia lógica de la estrechez del espíritu y la falta de formación".

En lo que tal vez no tenga razón mi amigo es en decir que "entre los cristianos", pues la mediocridad parece ser un mal común y se da en todas las religiones, en todas las épocas, en todas las edades y en todos los países; sin embargo, tiene razón al señalar que la mediocridad es consecuencia de la estrechez del espíritu cuando se manifiesta como conformismo. En efecto, la mediocridad es la actitud de las personas que se acostumbran a vivir en la medianía, en una situación que no exige mucho esfuerzo ni mucho sacrificio ni mucha disciplina. A veces la mediocridad no es consciente, por lo que de ninguna manera puede llamarse mediocre a quien desea superarse pero no cuenta con los medios o las oportunidades para hacerlo.

La medianía de la que hablamos es resignación pasiva que nos hace llevar una vida sin muchos horizontes, sin anhelos, sin ambiciones, sin compromisos y, quizás, hasta sin metas. Es resultado, casi siempre, de una educación chata, comodina y sin grandes aspiraciones; que no interpela ni cuestiona, que no lanza hacia adelante, sino que, al contrario, retiene y paraliza. La mediocridad también es el resultado de acostumbrarse a pensar lo que otros piensan, haciendo lo que otros dicen, es decir, por vivir como otros viven y por consumir irreflexivamente lo que vende el mercado.

Ciertamente parece cómodo vivir en la mediocridad:
- En lugar de usar mi libertad y asumir las consecuencias de mis actos hago pasivamente lo que otros me indican o me ordenan. Y si no me ordenan nada, mejor, así no hago nada.
- En lugar de ser proactivo soy ejecutor servil.
- En lugar de participar y arriesgar me convierto en espectador silencioso de la vida social y política.
- En lugar de "ser más", de dominarme a mí mismo y de procurar ser "cada vez más persona", vivo de acuerdo con mis instintos.

La mediocridad también se da en nuestra relación con Dios y con los demás; por ejemplo, oro poco y mal, voy a Misa cuando tengo ganas, vivo mi fe de vez en cuando y sin que afecte el resto de mi vida... Y a los demás los soporto como mal necesario pero no me comprometo ni con ellos ni por ellos. La mediocridad es como una enfermedad contagiosa: me daña a mí porque entierro mis talentos, afecta a mi familia, a mi trabajo, a mi comunidad y a mi país. ¡Imagínese el desastre si existiera una población o una empresa en la que todos fueran mediocres!

Por todo esto, creo que la mediocridad es una actitud, y para superarla necesitamos estar conscientes de que cada uno de nosotros somos los primeros responsables de nuestro progreso, de nuestro desarrollo, de nuestro crecimiento interior y de nuestra salvación. Cada uno tendría que analizarse y ver si vive en la mediocridad para sacudirse la aparente comodidad de vivir instalados en el ridículo conformismo y decidirse a crecer y progresar en todos los sentidos. Como dice Antonio Hortelano, "pidamos a Dios que nos dé ganas. ¿Ganas de qué? De lo que sea, pero que nos den ganas". Hasta Dios dice que prefiere a los fríos o a los calientes en lugar de esas actitudes mediocres de los tibios.

* Tomado de Signo de los Tiempos, enero-febrero de 1999.
** El autor es abogado, catequista y ministro extraordinario de la Comunión.

EL OBSERVADOR 190-12

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ORIENTACION FAMILIAR

Perdimos un bebé

Yusi Cervantes

Necesitamos de su ayuda, que nos aconseje. Nosotros éramos una pareja joven feliz. Ibamos a ser padres, más bien, lo fuimos. Desafortunadamente mi parto se adelantó dos meses y nuestro bebé estuvo en la incubadora por cinco días. Supuestamente el pediatra le hizo pruebas y nos aseguró que estaba bien y lo dio de alta. Estábamos felices de tener al bebé en casa. Pero al segundo día enfermó. Llamé de emergencia al pediatra y lo internó. Nuestro bebé estaba muy enfermo, pero los médicos y el pediatra no nos dijeron nada. Nuestro bebé no resistió más, estaba respirando artificialmente. Y qué mejor que entregárselo y ponerlo en manos de Dios. Después nos dijeron que había fallecido, pero el pediatra no dio la cara para nada. Queríamos demandarlo por negligencia médica, pero nada le devolvería la vida a nuestro bebé, por eso ya no quisimos hacer nada.

Y ahora no sé cómo ayudar a mi esposo, cómo consolarlo. Es que es tan duro. Sobre todo porque quizá no puedo volver a tener más hijos. Todos nos dicen que con el tiempo y cuidados podríamos tener otro bebé, y lo deseo de todo corazón; pero ahora tenemos miedo, y aún no podemos superar la muerte de nuestro precioso bebé. Lo recordamos mucho, y vienen las preguntas: ¿por qué? Pero no hay respuesta. Nos consolamos porque sabemos que sólo con Dios puede estar mejor. ¿Cómo podría ayudarnos para que sea menos doloroso?


Pocas cosas hay tan dolorosas para un ser humano como perder un hijo. Sin embargo, es posible vivir con este dolor.

Seguramente han escuchado muchas palabras de consuelo y numerosos sabios consejos. Eso ayuda, no cabe duda. Pero lo más necesario para que logren superar este trance es que elaboren su duelo. No puedo ayudarles a que sea menos doloroso. Sólo puedo aconsejarles que vivan y acepten ese dolor.

Lo primero es aceptar la pérdida. Pero la pérdida es evidente, podrán decir. Sin embargo, los seres humanos somos capaces de encontrar mil formas de disfrazar o minimizar lo que nos hace daño. En este caso, es necesario que hagan un recuento minucioso de lo perdido. Perdieron no sólo a un hijo, un ser humano concreto, sino también proyectos, sueños, fantasías, el gozo de ser padres... no sé qué más: ustedes deben descubrirlo. Por un momento no se digan ese "pero está con Dios". Eso es real, pero tendrá un verdadero significado al final del proceso.

Se trata, pues, de ver y palpar la pérdida y el dolor en su más cruda realidad, con todo su peso, en su abrumadora dimensión. Y después, llorar amargamente, expresar todo el sufrimiento, la rabia, el miedo... en todo esto sería de gran utilidad que alguien los ayude.

Es hasta después de que se han movido estas emociones, que han salido, que se han expresado, cuando la persona puede empezar a aceptar serenamente su dolor. Es entonces cuando el ver los aspectos positivos comienza a tener un significado real.

El dolor estará ahí. Pero ustedes descubrirán que al mismo tiempo pueden gozar la vida. Y si viven este proceso juntos, encontrarán que su relación ha profundizado y que se ha enriquecido de una forma que jamás pudieron haber imaginado. Además habrán crecido y madurado individualmente, serán más fuertes, más humanos. Poco a poco la herida cicatrizará y quedará ahí, como mudo testimonio de un momento crucial en sus vidas, pero sin impedirles vivir plenamente.

Todo esto tal vez les suene lejano. Y lo es. De modo que deben tenerse paciencia a sí mismos. Necesitan ser amables y tolerantes consigo mismos y con su cónyuge. La felicidad que tenían ahí está, no se ha ido: sólo está oculta. Sigan confiando en Dios. Pónganse en sus manos. Pongan en sus manos su tristeza, sus angustias, sus miedos, sus confusiones. Él entiende. Nadie como Él.

En cuanto a tener otro bebé, no piensen por ahora en ello. Primero tienen que soltar definitivamente a éste y recuperar la paz interior. Dense tiempo: no hay prisa.

Estamos con ustedes. Le pedimos a Dios que les dé en abundancia su consuelo.

(La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR).

EL OBSERVADOR 190-13

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OPINION

Recordar la muerte de nuestro Señor

En la Semana Santa recordamos la muerte de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, con frecuencia damos a esa muerte un significado superficial. No nos detenemos a valorar que fue una muerte difícil y dolorosa.

Enfrentarnos a la muerte no es fácil. No lo fue ni siquiera para Jesucristo, que es Dios. Como hombre sufrió y enfrentó el dolor.

Si pudiéramos tener la perspectiva de Dios sería de otra manera. Pero somos humanos, limitados; tenemos miedo. Sólo nos queda unir nuestras penas a las de Jesús desde el misterio de nuestra fe y ponernos en manos de Dios.

EL OBSERVADOR 190-14

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VIDA CRISTIANA

Dichosos los misericordiosos

Isele

Dichosos los misericordiosos, dice Jesús en el sermón de la montaña (cfr. Mt 5, 1-2).

Nuestra civilización no está de acuerdo. Para nosotros, dichoso es el que tiene un vestidor repleto de ropa y zapatos, no el que tiene un guardarropa austero y que regala pronto lo que no usa. Para nosotros, dichoso es el que llega a la cima (de lo que sea: negocios, política, estudio...), no el que pierde oportunidades por ayudar a los demás. Menos aún los que gastan tiempo y recursos en ayudar a sus posibles competidores. Para nosotros, dichoso es el que tiene asegurado su porvenir económico, no el que no lo tiene porque el dinero se le va de las manos en aliviar las necesidades de los demás.

Tenemos términos poco amables para designar a los que prestan cosas, visitan a los solitarios y a los enfermos, pierden el tiempo escuchando las penas de los demás o se desprenden de lo suyo en bien de los demás. Somos muy listos y hemos inventado una forma de ser "misericordiosos" sin que esto afecte nuestros intereses. Hay que conmoverse, sí, pero no a profundidad, no de tal modo que nos comprometa seriamente. Y hay que dar a los demás el tiempo (¿bastarán dos horas de cuando en cuando en algún voluntariado?) y las cosas que nos sobren. Claro que esa sutil línea que separa lo superfluo de lo necesario se va recorriendo conforme nos vamos acostumbrando a vivir con ciertas ventajas. De esto podemos darnos clara cuenta cuando revisamos el closet para ver qué vamos a regalar a los pobres: no nos cabe la ropa pero no, nada nos sobra.

¡Cuidado! Parece ser que nuestro concepto de misericordia anda muy lejos del evangélico.

EL OBSERVADOR 190-15

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Cada vida tiene sentido

A veces no hay respuesta a un porqué, pero debemos confiar: toda vida tiene un sentido. No importa que haya vivido cien años o un día: la existencia de un ser humano tiene sentido porque, desde que es, ya es hijo de Dios y camina hacia el Padre. Aun si fue muy breve, cada vida tiene también un sentido humano: por el gozo que dio, por las ilusiones, por el dolor también y por el poder ser instrumento del crecimiento.

Nuestra infinita pequeñez está en manos de Dios. No puede haber mejores manos.

EL OBSERVADOR 190-16

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