El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

14 de marzo de 1999 No. 192

SUMARIO

bullet Editorial ¿Qué celebrar?
bulletCUADERNO DE NOTAS Poder contra el poder
bulletSOBRE LA MARCHA
bulletDERECHOS HUMANOS Abolición de la pena de muerte
bulletEntrevista exclusiva El manejo de nuestras aguas es el principal problema económico, político y social hacia el futuro de México: Luis Manuel Guerra
bulletGRANDES FIRMAS ¿Coalición o colisión?
bulletPINCELADAS Una sonrisa cada día
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN ¿Y cuándo la televisión?
bulletPALABRAS MAYORES Al mal tiempo, buena cara
bulletAÑO DEL PADRE CELESTIAL Nuestro Padre Celestial es amor
bulletLa participación de la mujer en la diócesis de Matehuala
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO Fe y poesía
bulletCOMENTARIO A FONDO Setenta velas
bulletOBSERVATORIO INTERNACIONAL La empresa CNN y la Guerra Fría
bulletCORRESPONDENCIA ELECTRÓNICA
bulletNo tengan miedo... Una experiencia religiosa
bulletORIENTACION FAMILIAR Sin trabajo a causa del embarazo
bulletVIDA CRISTIANA Bondad, santidad, verdad
bulletOPINION La penúltima Cuaresma del siglo
bulletLa conversión, proceso permanente

Editorial

¿Qué celebrar?

Esta semana se llevó a cabo -como cada año, desde hace 88- la Jornada Mundial de la Mujer. En el colmo, algunos periódicos aprovecharon ¡para felicitar a las mujeres por su día! Algo muy raro está pasando en el mundo: ¿cómo felicitar a quien, diariamente, ve violados sus derechos más elementales, comenzando por el derecho que le asiste de ser considerada en igualdad de condiciones que el varón?

El papa Juan Pablo II no quiso dejar pasar el día (8 de marzo) y expresó su deseo "para que esta fecha sea motivo de una reflexión renovada sobre la dignidad del papel que corresponde a las mujeres en la familia, en la sociedad civil y en la comunidad eclesial".

A lo que nos invita Su Santidad es, de nueva cuenta, a situar las cosas en su justa proporción. Reflexionando sobre el papel que le hace jugar a la mujer la sociedad dominada por varones, casi toda sociedad humana, llegaremos a la consecuencia de que muy poco se respeta la dignidad en la familia (una de cada tres mujeres que viven en matrimonio en países subdesarrollados es golpeada por su cónyuge varón); en la sociedad civil (en promedio, la mujer que trabaja recibe 50 por ciento menos salario que el hombre, en los mismos puestos) y en la comunidad eclesial (se le ha empujado a perseguir un status en la vida de la Iglesia que corresponde, por mandato de Cristo, al hombre, pero que no deja de lado, no olvida, el llamado a la santidad, el compromiso por la evangelización, la misión educativa, la formación de futuros sacerdotes y consagradas, la animación de comunidades, el acompañamiento espiritual y la promoción de la vida).

Cierto es que la lucha por su emancipación ha llevado al feminismo a extremos de radicalismo comprensibles (en México hace apenas 46 años se les permitió votar); pero, en la mayoría de los casos, estériles, han caído en el "machismo femenino", en el "machismo" al revés. Y de eso no se trata: de lo que se trata, a juicio nuestro, es de llevar a cabo, hombres y mujeres, las condiciones de su potencialidad en el complemento basado en las diferencias (que no en las distancias) entre uno y otro.

En realidad no hay mucho que celebrar en la Jornada Mundial de la Mujer (que, por cierto, debería ser de todos los días) y sí mucho que reflexionar sobre las exiguas condiciones de expresión que el hombre le ha dado al indudable genio femenino. Estamos mejor que antes, pero todavía falta mucho. Un ejemplo: la igualdad de oportunidades educativas de niños y niñas. Otro: la erradicación discriminatoria en las fábricas de las mujeres embarazadas. Y un largo, doloroso, etcétera.

EL OBSERVADOR 192-1

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CUADERNO DE NOTAS

Poder contra el poder

Hay un cierto heroísmo en aquél que se resiste a caer en las tentaciones del consumo. Como es bien sabido, en los tiempos que corren todo, absolutamente todo, dice venderse o, mirando al revés, parece que se puede comprar: el placer, el futuro, el amor, la felicidad... Tal es la promesa que hasta a la religión le han puesto etiqueta y la han montado en un mostrador de tienda de barrio para atraer a los que van al paso, como se atrae la atención de un cliente con el letrerito de "véala sin compromiso para usted".

Parece que todos debemos sucumbir ante la red de objetos y sensaciones con que se quiere "llenar" nuestra vida. Cierto: es una especie de telaraña muy poderosa que atrapa incluso a quien parecería ajeno, por causa de su formación académica o de la ausencia de recursos económicos que poner en juego. Pero se le puede burlar, se le puede resistir. Todo es cuestión de retomar las palabras de Jean Guitton y dejar de practicar lo que él llamaba a propósito del sentido religioso del ser humano: "silencio sobre lo esencial".

Hay que hablar, comprar, construir cosas o de cosas que "valgan la pena", es decir, que sean vitales y nutrientes de nuestra existencia, nuestra relación con el otro, nuestro crecimiento como hijo, padre, profesor, alumno, madre, abuela...; que sean nutrientes de nuestra fe. Si se aplica este criterio (que es, exactamente, el contrario a "hablar por hablar"), poco a poco -nadie llamó aquí a engaño- se irá ganando terreno a favor de la renuncia y, por tanto, de la armonía personal. Y es que en la renuncia se encuentra la clave del éxito ante el mercado que vende, regala, el éxito empaquetado.

Resulta curioso constatar, sin embargo, qué mal aparejados vamos por la vida para renunciar. Nos parece cuestión de honor seguir la corriente, atiborrarnos de objetos inútiles, de sueños inútiles, de necesidades inútiles. Por ejemplo: llama poderosamente la atención ver cómo se concentran los televidentes ocasionales (pongamos, por caso, en una peluquería) de un programa de concursos que consiste en la gran actividad intelectual de atinar al precio de los cachivaches que en él se exhiben. Se les hace "agua la boca" de ver que un señor se llevó una lavadora eléctrica (al valle del Mezquital) o cómo una señora que vive en un multifamiliar ganó un "hermoso conjunto de muebles para jardín...". Tanto televidentes como concursantes están atrapados en la misma red de consumo. De lo que se trata, en ella, es de consumir, comprar y ser felices. Pero la verdadera felicidad es lo contrario: estriba en retirarse al desierto, en encontrarse en la soledad ayuna de objetos, de ofertas, de "escaleras" al cielo. Es usar con astucia el poder de ser contra el otro poder de los que nos quieren hacer la vida a semejanza de un anuncio. (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 192-2

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SOBRE LA MARCHA

La democracia en México apenas si ha conquistado alguna medalla de honor. Su victoria no ha sido contundente y se encuentra hoy postrada a merced de fuerzas oscuras, casi diabólicas, que pretenden llenar el vacío que ha ido dejando nuestra falta de valor, nuestra arbitraria ausencia espiritual, nuestra falsa apuesta por la vida.

Santiago Norte.

EL OBSERVADOR 192-3

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DERECHOS HUMANOS

Abolición de la pena de muerte *

Miguel Concha **

El pasado primero de marzo se celebró el Día Internacional de la Abolición de la Pena de Muerte. Con tal motivo, la coalición mexicana para su abolición, que agrupa a numerosas organizaciones civiles, realizó una conferencia titulada De la legalidad a la justicia. En ella se volvieron a exponer muchos razonamientos actualizados contra ese cruel e inútil crimen de Estado, violación flagrante de los derechos humanos más fundamentales a la vida y a la justicia, algunos de los cuales vale la pena recordar aquí, pues groseramente ese mismo día un canal de televisión le hizo declarar a conocido jurisconsulto su opinión favorable a la reinstauración de la pena de muerte en México, aunque esta vez matizando que en forma limitada, de acuerdo con precisos procedimientos y luego de haber realizado una profunda reforma de los aparatos de procuración y administración de justicia.

Se explicó, por ejemplo, que hoy día 67 países han abolido la pena de muerte para todos los delitos, y que otros seis la han abolido para todos los delitos, salvo los excepcionales, como los cometidos en tiempo de guerra. Los últimos que lo han hecho son países tan disímbolos como Bulgaria, Canadá y Lituania. Se subrayó, igualmente, que, el estatuto que crea la Corte Penal Internacional, aprobado en la Conferencia de Roma en julio de 1998, no estipula la pena de muerte para delitos tan graves como los de genocidio y de lesa humanidad, limitándose a prescribir para ellos en su artículo 77 hasta la cadena perpetua.

Aparte de los países que ya han abolido la pena de muerte para todos los delitos comunes, hay 24 que pueden ser considerados abolicionistas de hecho, pues mantienen la pena de muerte en la ley, pero no han llevado a cabo ninguna ejecución durante los últimos diez años, o se han comprometido internacionalmente a no ejecutar a ningún preso. Todo ello da un total de 107 países que, conscientes de las tendencias y disposiciones del derecho internacional y convencidos de la mayor eficacia de los modernos sistemas de prevención y sanción del delito, han abolido la pena de muerte en la ley o en la práctica. Se podría decir que hoy día hay únicamente 88 países que mantienen la pena de muerte, pero el número de Estados que realmente la ejecutan es mucho menor, pues, por ejemplo, en 1997 Amnistía Internacional contabilizó 2 mil 607 ejecuciones en 40 países del mundo, de las cuales la inmensa mayoría de las conocidas, 85%, tuvieron sólo lugar en Arabia Saudita, China, Irán y Estados Unidos, que ocupa junto a esos países el nada glorioso cuarto lugar de ejecuciones en el mundo. ¿Será también por ello que, junto con México, no quiso aprobar el año pasado el estatuto que crea la Corte Penal Internacional?

* Colaboración resumida.
** El autor es Provincial de los Dominicos y presidente vitalicio del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.

EL OBSERVADOR 192-4

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Entrevista exclusiva

Entrevista exclusiva

El manejo de nuestras aguas es el principal problema económico, político y social hacia el futuro de México: Luis Manuel Guerra

(Primera de tres partes)

Uno de los pecados que "claman al cielo" menos reconocidos por los mexicanos es el ecocidio, es decir, el homicidio contra la naturaleza, contra la casa que Dios nos dio y que, en el Génesis, "vio que estaba bien" y se la confió al hombre. De esta confianza surgen responsabilidades que las más de las veces no reconocemos. EL OBSERVADOR entrevistó a Luis Manuel Guerra, presidente del Instituto Autónomo de Investigaciones Ecológicas. A. C., una de las máximas autoridades del país en este tema, enfocado desde la perspectiva del agua, el elemento vital, que desde siempre los mexicanos hemos manejado mal, a tal grado que al despuntar el siglo XIX, el Barón de Humboldt, tras visitar buena parte del país, exclamó: "Pareciera que los mexicanos están en guerra permanente contra el agua".

EL OBSERVADOR.- Se dice que en el año 2025 la disponibilidad del agua en México será de dos mil 740 metros cúbicos por persona; algo así como 75 por ciento menos disponibilidad que hace cuatro décadas...
LUIS MANUEL GUERRA.- Es correcto..., y es dramático. Se trata de disponibilidad de agua potable. El planeta no pierde agua, pero sí estamos disminuyendo la disponibilidad de agua limpia en forma alarmante; a nivel planetario, es cierto, pero México es uno de los principales depredadores del mundo en sus recursos hídricos.

EO.- ¿Se ha perdido, entonces, 75 por ciento de agua limpia?
LMG.- No es que para esas fechas se haya perdido 75 por ciento del agua limpia, también tiene que ver que hacia el 2025 el número de demandantes se va a duplicar. Esto se calculó en 1995, con 30 años de distancia, tiempo de duplicación de la población mexicana.

EO.- De los 450 acuíferos principales en México, todos se encuentran sobreexplotados, en especial los 45 que "sirven" a las 61 ciudades más grandes. ¿Es así?
LMG.- Cierto, muy cierto. Eso quiere decir -en el caso de las grandes ciudades- que se está extrayendo mayor volumen de agua del que se le permite restituir al acuífero a través de infiltración de aguas pluviales o de corrientes subterráneas. No tenemos en el país ningún sistema organizado, ni siquiera está reglamentado que el agua de lluvia se infiltre en las grandes poblaciones. En ciudades como Guadalajara, Puebla, Querétaro o el Distrito Federal toda el agua que llueve la estamos desalojando.

EO.- ¿Tenemos, entonces, dos problemas?
LMG.- Sí, y que son concomitantes. Por una parte, no le permitimos al acuífero recargarse y, por otro lado, estamos sobreexplotándolo. En el caso de ciudades como Guadalajara y México el gasto promedio por persona es de 350 litros; en ciudades europeas el gasto promedio por persona es de 165 litros, y tienen, por supuesto, mayor acceso que nosotros al agua limpia.

EO.- ¡Vaya paradoja: tenemos menos y gastamos más!
LMG.- Es un desperdicio muy, muy importante. Y una ineficiencia en el manejo, además.

Eo.- Pero, tenemos entendido que mucha de esa agua se pierde en el camino, que nuestras redes de distribución son verdaderas redes de agujeros...
LMG.- Tanto en los sistemas primarios como secundarios de conducción tenemos un alto número de fugas. Una proporción muy importante de estos 350 litros por persona ni siquiera son usados: se pierden en las redes. La mayor parte se pierde en las redes secundarias y va a dar al drenaje.

EO.- ¿Cuánto es lo que se pierde por fugas?
LMG.- Conservadoramente -contra la opinión de especialistas como Marcos Massari, de la UNAM, que cree que es mayor el volumen- yo sostengo que 40 por ciento del agua que se extrae, se purifica, se conduce y al final de cuentas se distribuye, no llega a ningún usuario.

EO.- Por otro lado, por el lado de las aguas superficiales, las cuencas, como la Lerma-Chapala, que toca al estado de México, Querétaro, Guanajuato, Michoacán y Jalisco, están extremadamente contaminadas: ¿qué hacer?
LMG.- Cumplir con la Ley Federal de Aguas y evitar las presiones corporativas sobre el uso del agua. El caso del río Lerma es un buen ejemplo. Se trata de un río estratégico para el Occidente del país y sus aguas son, con toda probabilidad, las más contaminadas. Tiene aportaciones industriales, domésticas y agropecuarias sin control, e incluso, por la cantidad de hidrocarburos que recibe de las zonas industriales del estado de México, ya ha presentado incendios espontáneos en su superficie.

EO.- ¿Quién o quiénes no cumplen con la Ley Federal de Aguas?
LMG.- Nadie cumple la ley. La obligación de que los afluentes que llegan al Lerma, por seguir el ejemplo, lleguen con su agua limpia no la está cumpliendo ninguno de los estados que este río toca. Si se permite que se siga deteriorando la cuenca Lerma-Chapala, por una visión parcial o egoísta, estaremos quitándole posibilidades de desarrollo a una gran parte de la república mexicana.

EO?- ¿Cómo hacer que se cumpla una ley como ésta en la que va de por medio, digamos, el destino de muchas vidas y de la producción de, al menos, cinco estados del país?
LMG.- Con sanciones ejemplares para quien la viole. Pero, el problema ha sido que se ha visto esto como la única posibilidad que no se va a llevar a cabo... Hay una miopía tremenda en las autoridades federales, estatales y usuarios de las cuencas porque no parecen estarse dando cuenta de que a la larga ellos saldrán perdiendo por abusar -cada quien a lo suyo- del recurso de una cuenta...

EO.- México crece a tasas de 1.8 por ciento anual. ¿Habrá agua para el 2025, cuando seamos 130 millones?
LMG.- Si seguimos como vamos, no. De hecho ya no hay agua para todos los mexicanos ahorita mismo. Tenemos que elevar el asunto del agua a prioridad nacional. Junto con la pérdida de la capa edafológica (la capa de suelo viva), el mal manejo de nuestras aguas es el principal problema económico, político y social hacia el futuro. Podemos llegar a tener conflictos nacionales por la cuestión del agua, como ya pasó entre Tamaulipas y Nuevo León, con la presa de El Cuchillo. Ese conflicto debió sacudirnos: no pasó nada; nadie reflexionó sobre esa diferencia como algo que presagia un futuro sombrío para el país. Allí se presentó un conflicto constitucional que enfrentó a los agricultores del norte de Tamaulipas y las necesidades de agua de una gran ciudad como la de Monterrey. Cuidado, que lo mismo puede pasar con las comunidades de Cutzamala, Victoria o Amacuzac, cuya agua está siendo entregada -sin ningún beneficio para ellos- a la ciudad de México.

(Próxima entrega: "Mexicanos peleados contra el agua")

EL OBSERVADOR 192-5

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GRANDES FIRMAS

¿Coalición o colisión? *

Antonio Sánchez Díaz de Rivera**

Cuauhtémoc Cárdenas propuso elecciones primarias para seleccionar a un solo candidato de todos los aspirantes opositores. Idea en la que ha insistido Manuel Camacho Solís y propuesta que hizo Fox en 1994. Ante esta sugerencia nos surgen dos preguntas: ¿qué tan conveniente es esta alianza opositora para el país?, y ¿qué tan viable? Empezando por la segunda interrogante, pienso que es una propuesta que, en principio, suena atractiva, pero que es poco viable. Por las personalidades que están en juego, por el ordenamiento legal existente y por la posición de los partidos políticos.

Ni Fox ni Cárdenas van a ceder su candidatura. Ninguna coalición se puede dar después del registro de los candidatos según lo establece el COFIPE. El tope de los gastos de campaña de la coalición sería el de un partido político. Las asambleas de cada partido coaligado deben de aprobar la plataforma electoral y el programa de gobierno que asumiría el candidato electo. Por otro lado, hay resistencias de parte de los militantes de los diferentes partidos y el voto duro no necesariamente se sumaría a dicha coalición. Además, una coalición electoral que pudiera funcionar para ganar la elección es posible que no sirviera para gobernar. Sin embargo, e independientemente de la viabilidad o no de este proyecto, debemos profundizar si el enfoque del mismo es adecuado. Hablar de tal o cual figura para presidente no debe ser lo principal que ocupe a la oposición. Es cierto que, en este momento, México requiere de liderazgos fuertes. Una democracia necesita, paradójicamente, mayor liderazgo que un sistema autoritario, el cual tiene mecanismos que obligan a la sociedad a actuar de determinada forma sin que el presidente o dictador en turno siquiera hable. Pero, por otro lado, por esa sensación de vacío de poder en nuestro país y la transición que estamos viviendo, se corre el riesgo de regresar al caudillismo.

La discusión se debe centrar en las reglas del juego que se necesitan para el año 2000, en los mecanismos que se requieren para la formación de la mayoría, en el fortalecimiento de las instituciones, en los cambios estructurales, incluso en una nueva Constitución y en un pacto de corresponsabilidad en el que se plasme una visión compartida de país. Considero que esto es lo de fondo y lo esencial, de tal manera que gane quien gane en el 2000 sepa por donde caminar con base en dicho pacto, en el que debe participar la sociedad por medio de sus instituciones más representativas. Sólo haciendo lo anterior se evitarán los problemas de gobernabilidad que se vislumbran para el próximo gobierno. Quien salga presidente será electo con un porcentaje que, en el mejor de los casos, no alcanzará la mayoría absoluta y, posiblemente, con un Congreso de oposición al partido del presidente. Es en esto en lo que se debe ocupar la oposición. Ojalá que el Presidente y el mismo PRI se incorporaran a ello, pues el reto de la transición política mexicana requiere la participación de todos, Sin embargo, esto último lo veo improbable. El presidente Zedillo habló el 5 de febrero de un acuerdo nacional. No es la primera vez que lo hace y no es la primera vez que se esfuma esta exhortación. Por su lado, el PRI, que cumple 70 años, está desgastado. Como diría Enrique Krauze, es muy difícil su restauración, más bien debe darse su transfiguración.

Más que pensar en elecciones primarias, hay que analizar la segunda vuelta electoral. Nadie puede saber lo que ocurrirá en las elecciones presidenciales. Cada vez cuentan más los candidatos que el partido, en el mundo y en México. Sin embargo, si extrapolamos la votación que en este momento tiene cada uno de los partidos políticos, un escenario probable es que el PRI gane, pero sin mayoría absoluta. Si así fuera, entonces sí, habría incentivos para que la segunda y tercera fuerzas se unieran en la segunda vuelta para derrotar al partido "oficial". Muchos de los obstáculos antes señalados se superarían. Es verdad que la segunda vuelta tampoco es la panacea. En ocasiones el porcentaje obtenido por el primer lugar es menor que el que se pudiera obtener en la primera vuelta. Como la elección presidencial se hace al mismo tiempo que la elección para diputados federales, y para estos últimos no hay segunda vuelta, podría ser que ante el escenario anteriormente descrito en el que el partido que obtuvo el segundo lugar en la primera vuelta gane en la segunda, quede frente a un Congreso opositor, lo que podría traer algunos problemas de gobernabilidad si no existe capacidad, madurez legislativa y una adecuada relación con el Ejecutivo.

Considero, por lo antes dicho, que es mejor la alternativa de la segunda vuelta que las elecciones primarias para que gane la oposición. Sin embargo, el aterrizaje de la transición y el resolver el problema de la gobernabilidad no depende tanto, ni de uno ni de otra opción, sino del pacto en el que se establezca la visión compartida de país. Si lo anterior no se hace, tendremos colisión en lugar de coalición.

* Colaboración exclusiva para EL OBSERVADOR.
** El autor fue presidente nacional de Coparmex y es ahora presidente de Coordinadora Ciudadana, A. P. N.

EL OBSERVADOR 192-6

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PINCELADAS

Una sonrisa cada día

Justo López Melús *

Visitar la leprosería que había en una isla del Pacífico era como una horrible pesadilla. Todo era rabia, desesperación. Pero en medio de esta tragedia un anciano enfermo conservaba una sonrisa permanente. Vivía con ilusión y esperanza y trataba a todos con dulzura. ¿Cuál era el misterio? Todos los días, al amanecer, era el momento en que podía acercarse a la verja que rodeaba la leprosería.

Al otro lado de la verja esperaba una señora anciana. La mujer no hablaba. Sólo le dirigía una hermosa sonrisa. El anciano le respondía con otra sonrisa. Y luego regresaba alegre entre los enfermos. Con aquella sonrisa podía aguantar hasta el día siguiente. Era una especie de comunión diaria... Era su mujer. "Antes -decía- me curaba ella. Me cubría la cara con una pomada, menos unos centímetros para darme un beso. Luego me trajeron aquí. Ella no pudo entrar. Su sonrisa diaria me sigue sosteniendo. Sólo para ella me gusta seguir viviendo.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 192-7

Una sonrisa cada día

Justo López Melús *

Visitar la leprosería que había en una isla del Pacífico era como una horrible pesadilla. Todo era rabia, desesperación. Pero en medio de esta tragedia un anciano enfermo conservaba una sonrisa permanente. Vivía con ilusión y esperanza y trataba a todos con dulzura. ¿Cuál era el misterio? Todos los días, al amanecer, era el momento en que podía acercarse a la verja que rodeaba la leprosería.

Al otro lado de la verja esperaba una señora anciana. La mujer no hablaba. Sólo le dirigía una hermosa sonrisa. El anciano le respondía con otra sonrisa. Y luego regresaba alegre entre los enfermos. Con aquella sonrisa podía aguantar hasta el día siguiente. Era una especie de comunión diaria... Era su mujer. "Antes -decía- me curaba ella. Me cubría la cara con una pomada, menos unos centímetros para darme un beso. Luego me trajeron aquí. Ella no pudo entrar. Su sonrisa diaria me sigue sosteniendo. Sólo para ella me gusta seguir viviendo.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 192-7

Una sonrisa cada día

Justo López Melús *

Visitar la leprosería que había en una isla del Pacífico era como una horrible pesadilla. Todo era rabia, desesperación. Pero en medio de esta tragedia un anciano enfermo conservaba una sonrisa permanente. Vivía con ilusión y esperanza y trataba a todos con dulzura. ¿Cuál era el misterio? Todos los días, al amanecer, era el momento en que podía acercarse a la verja que rodeaba la leprosería.

Al otro lado de la verja esperaba una señora anciana. La mujer no hablaba. Sólo le dirigía una hermosa sonrisa. El anciano le respondía con otra sonrisa. Y luego regresaba alegre entre los enfermos. Con aquella sonrisa podía aguantar hasta el día siguiente. Era una especie de comunión diaria... Era su mujer. "Antes -decía- me curaba ella. Me cubría la cara con una pomada, menos unos centímetros para darme un beso. Luego me trajeron aquí. Ella no pudo entrar. Su sonrisa diaria me sigue sosteniendo. Sólo para ella me gusta seguir viviendo.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 192-7

Una sonrisa cada día

Justo López Melús *

Visitar la leprosería que había en una isla del Pacífico era como una horrible pesadilla. Todo era rabia, desesperación. Pero en medio de esta tragedia un anciano enfermo conservaba una sonrisa permanente. Vivía con ilusión y esperanza y trataba a todos con dulzura. ¿Cuál era el misterio? Todos los días, al amanecer, era el momento en que podía acercarse a la verja que rodeaba la leprosería.

Al otro lado de la verja esperaba una señora anciana. La mujer no hablaba. Sólo le dirigía una hermosa sonrisa. El anciano le respondía con otra sonrisa. Y luego regresaba alegre entre los enfermos. Con aquella sonrisa podía aguantar hasta el día siguiente. Era una especie de comunión diaria... Era su mujer. "Antes -decía- me curaba ella. Me cubría la cara con una pomada, menos unos centímetros para darme un beso. Luego me trajeron aquí. Ella no pudo entrar. Su sonrisa diaria me sigue sosteniendo. Sólo para ella me gusta seguir viviendo.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 192-7

Una sonrisa cada día

Justo López Melús *

Visitar la leprosería que había en una isla del Pacífico era como una horrible pesadilla. Todo era rabia, desesperación. Pero en medio de esta tragedia un anciano enfermo conservaba una sonrisa permanente. Vivía con ilusión y esperanza y trataba a todos con dulzura. ¿Cuál era el misterio? Todos los días, al amanecer, era el momento en que podía acercarse a la verja que rodeaba la leprosería.

Al otro lado de la verja esperaba una señora anciana. La mujer no hablaba. Sólo le dirigía una hermosa sonrisa. El anciano le respondía con otra sonrisa. Y luego regresaba alegre entre los enfermos. Con aquella sonrisa podía aguantar hasta el día siguiente. Era una especie de comunión diaria... Era su mujer. "Antes -decía- me curaba ella. Me cubría la cara con una pomada, menos unos centímetros para darme un beso. Luego me trajeron aquí. Ella no pudo entrar. Su sonrisa diaria me sigue sosteniendo. Sólo para ella me gusta seguir viviendo.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 192-7

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MEDIOS DE COMUNICACION

¿Y cuándo la televisión?

Santiago Norte

Dos hechos insólitos, ocurridos hace pocas semanas, ponen de relieve la fragilidad sobre la cual se basan las llamadas industrias "de la muerte" en la promoción de sus productos. Me refiero a dos fallos de distintas cortes en Estados Unidos, uno en contra de la tabacalera Philip Morris (la empresa mundialmente designada para comerciar Marlboro), y la otra en contra de 15 empresas fabricantes de armas; aquel juicio llevado a cabo en San Francisco, y éste en el duro barrio neoyorquino de Brooklyn. Ambas sentencias tienen que ver con el marketing (mercadeo) de cigarrillos y rifles, y con las consecuencias mortales que esa "libre" actividad "legal" trae consigo.

En San Francisco una fumadora empedernida, que a los 51 años padece cáncer de pulmón irreversible, demandó a Philip Morris por 50 millones de dólares. La razón aducida por los abogados de la quejosa fue que su cliente había sido "enganchada" al vicio mediante uso indebido de sustancias presentes dentro del cigarrillo y, sobre esto, que la publicidad de la marca que fumaba la señora no poseía una advertencia muy clara de qué podría pasarle si continuaba la práctica de echar humo tras haberlo inhalado del cigarrillo. Es decir: se demandaba a la fábrica de Marlboro por prácticas de inducción al vicio del cigarro y por opciones fraudulentas en la publicidad. La demandante dice que va a dejar la fortuna adquirida por vía del juicio a las próximas generaciones, a los niños y los jóvenes, para que no sean embaucados por la adicción a la nicotina.

En Brooklyn -barrio bravo donde los haya en las grandes ciudades de la Unión Americana- se sentó el siguiente precedente (por cierto, histórico, ya que siempre había triunfado la poderosísima Asociación Nacional del Rifle, que dirige el actor de cine Charlton Heston): los fabricantes de armas de fuego en Estados Unidos pueden ser declarados responsables legales en el caso de violencia o muerte por el uso de las pistolas y rifles que ponen a la venta en el mercado. Los demandantes eran familiares de siete víctimas de tiroteos, y las demandadas eran 25 fábricas de armas. Al final, el jurado federal con base en Brooklyn decidió que solamente 15 de ellas eran responsables de "negligencia en sus operaciones comerciales".

Ahí está el quid de la cuestión: en las operaciones comerciales "fraudulentas", es decir, en la oferta engañosa de cigarros y rifles, de acuerdo con los criterios de ambas cortes. Los cigarros no son enfáticos en que pueden producir -seguramente- la muerte de quienes los utilizan como "estilo de vida", y los rifles, sus fabricantes "no controlan bien sus canales de distribución". Es decir, se los suministran a tiendas que no piden licencia para la compra o se los venden a gente de otros estados de la Unión Americana. Esta sentencia es la señal de arranque para miles de demandas pendientes en otros lugares de EU, que -como en el caso de los cigarros- pueden hacer disminuir a esta poderosa industria, con facturación anual de unos tres mil millones de dólares. Unas cifras, nada más para recordar: hay 200 millones de armas en manos de estadounidenses; las balas matan diariamente a 14 niños, y se ha elevado el porcentaje de suicidios juveniles a 30.2% de cada cien mil jóvenes.

Lo que más llama la atención de todo esto es que tanto tabaco como armas tienen un gran aliado silencioso que les da la prestancia que tienen en la sociedad estadounidense y, por añadidura, en el resto del planeta. Un aliado que, en nombre de la "libertad de expresión", no ha sido ni siquiera tocado por los jurados, las demandas, ni ha sido sentado en el banquillo de los acusados, no obstante a diario publicita las bondades del cigarrillo como "estilo de vida" y del rifle como "acción" de los intrépidos. Ese compinche de la industria de la muerte es la televisión, y hasta hoy sigue tan campante...

EL OBSERVADOR 192-8

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PALABRAS MAYORES

Al mal tiempo, buena caraAl mal tiempo, buena cara

Joaquín Antonio Peñalosa

No. No estamos de acuerdo con la proposición que lanzó un columnista para que, en los albores de un nuevo año, sustituyamos el saludo "Feliz año nuevo" -tan convencional, tan machacón, tan mentiroso- por un "Desgraciado año nuevo", que acaso sería más exacto, más realista, teniendo en cuenta que...

Sí, las cosas no andan bien. Por eso no vamos a ponerlas peor. Contra pesimismo, esperanza. Es en la noche cuando hay que encender la luz. Y a más oscuridad, más lámparas encendidas.

Anda suelto por el mundo un grueso rebaño de profetas amargos con una infinita lista de pronósticos reservados. Denuncian, pero no anuncian. Diagnostican, pero no curan. Se saben al dedillo los problemas -"la problemática", diga usted con énfasis-, pero no brindan soluciones. Derrumban las piedras que están en pie, porque es más difícil edificar. Intentar salvar al hombre es un trabajo ingrato y de éxito dudoso. Colgarlo es cuestión de un momento.

Platique usted con esos aguafiestas, aves de rapiña, masoquistas profesionales, anteojos ahumados y piel color de bilis. ¿El mundo? A la orilla de la bomba de neutrones. ¿La política? De cabeza. ¿La economía? En quiebra. ¿La juventud? Podrida. ¿La educación? Un caos. ¿La religión? En retirada. ¿La familia? Un concierto para instrumentos desafinados. ¿La poesía? Un crucigrama, ¿El futuro? El apocalipsis. Balance general: cero a la izquierda. Negro sobre negro. Perded toda esperanza. El infierno ha comenzado.

Hay gente que se pasa las largas horas discutiendo con los amigos cuál de todos ha sufrido más en la vida, en busca, seguramente, de obtener la palma del martirio. Duelos verbales de señoras fúnebres que compiten furiosamente para demostrar que ellas están más enfermas que cualquiera de las otras enfermas, y que el marido propio es peor que todos los maridos ajenos juntos.

Basta preguntar al vecino cómo amaneció para que enseguida se despache el parlamento más ácido de su autobiografía. Pura hiel y vinagre. ¿Que cómo amanecí? Como los platos de fonda, fregado y boca abajo. Da una tediosa melancolía cuando, al saludar en la calle a un tipo-tipa, juvenil y rosagante, con la frase ritual, "¿Qué tal te ha ido?", nos lanza una explosión de gases lacrimógenos: "Más o menos"; "Ahí, pasándola"; "No tan bien como a ti"; "No más tristeando". ¿Por qué no decir que uno está bien, perfectamente bien, si esa es la realidad, o por lo menos un cumplido para no estropear la pequeña alegría de los demás?

Recuerdo ahora la parábola de Chesterton, cuyos libros, delicia de Alfonso Reyes, desconocen los novísimos lectores (peor para ellos). Sucede que un inglés, aburrido de su patria, neblinosa y monótona, se embarcó para no saber jamás de ella. Al cabo de varias semanas de navegación, pisó tierra. Qué sol, qué trigales salpicando de oro la mañana, qué gente tan amable. Había llegado a Inglaterra. La patria, el paisaje, la gente era la misma. Lo que había cambiado era la mirada, la otra forma de ver y aceptar la realidad, que es el optimismo, la terca esperanza.

EL OBSERVADOR 192-9

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AÑO DEL PADRE CELESTIAL

Nuestro Padre Celestial es amor

José Luis Meza*

En realidad no es tan simple, como parece, afirmar que "Dios es amor" (1 Jn 4, 8) cuando en la Biblia hay muchos pasajes en los cuales Dios da la impresión de ser justiciero, iracundo, demasiado celoso, castigador y, desde luego, implacable con sus enemigos. No hace falta llenar de citas bíblicas este artículo para reforzar lo que estoy diciendo. Lo cierto es que tales pasajes suenan como estos incisos del Salmo 76: "A tu amenaza, oh Dios de Jacob, carros y caballos quedaron paralizados. Tú eres terrible, ¿quién resiste, oh Dios, la fuerza de tu enojo? Desde el cielo pronuncias la sentencia, y la tierra, asustada, calla al levantarse Dios para su juicio..." (Sal 76, 7-9). Y porque no siempre tenemos tiempo para compaginar este lenguaje bíblico cultural con su contraparte que habla de un Dios compasivo y misericordioso, tardo para enojarse y dispuesto al perdón, resulta que todavía en la actualidad tenemos una imagen negativa de nuestro Padre Celestial. A veces nuestros padres, catequistas, y algún predicador, nos asustan al decirnos: "¡Cuidado!, Dios te va a castigar". Yo recuerdo que mi madre, en p.g., me decía eso mismo. Ella transmitía a sus hijos lo que le enseñaron en la familia y en la parroquia. Una enseñanza que se podía reforzar leyendo pasajes de la Biblia sin muchas nociones de exégesis. En conventos y seminarios se podían ver advertencias en lugares reservados: "Dios te ve". El mensaje era: en este lugar está prohibido hacer cosas indebidas.

En el presente año (1999), dedicado al Padre del Cielo, es justo y necesario revisar la imagen que tenemos de Dios para compararla con la que Jesucristo nos reveló, y así descubrir su verdadero rostro. La parábola del "hijo pródigo" (cfr. Lc 15, 11-32) nos ayudará en este esfuerzo. Ahí está la foto del corazón de Dios. En ella no hay señales de venganza, sentencias injustas o algo parecido. Todo lo contrario. Hay perdón, acogida, fiesta, gozo y buena catequesis para con el hijo mayor. Y si el Hijo del Padre Celestial nos vino a decir lo que es ese papá Dios, no hay duda de que todo en Él es bondad y amor, es misericordia y compasión, es ternura, y estupendo conocedor de nuestra condición de pecadores. Al corregirnos mediante las pruebas de su amor, actúa conforme a la justicia dando a cada quien según su comportamiento. Como se dice, según sus obras. Esto es importante comprenderlo para no irnos al otro extremo. O sea, el de un amor paternalista (en lugar de paternal); el amor correcto de Dios no puede inclinarse a lo injusto de sus hijos. Un buen padre corrige a los hijos. Pero no significa que no los ame. Sino, porque en realidad los ama, por eso mismo los prueba y aprovecha las circunstancias de "las metidas de pata" de ellos para ayudarles a entender la rectitud. Al confesar que "Dios es amor", confesamos también que actúa conforme a justicia. Amor y justicia funcionan juntamente. Son inseparables; allá en el cielo y aquí en la tierra. Un secretito que hay que desdoblar en nuestra mente.

Estamos muy a tiempo para recuperar la verdadera imagen de nuestro Padre Dios. Él es amor, y amor de los buenos porque jamás nos castiga como los humanos. Es por eso que si amamos a Dios y al prójimo, cumplimos con la Ley y los Profetas (cfr. Mt 22, 40). De ese tamaño...

* El autor es presbítero, Director de Comunicación de la Diócesis de León.

EL OBSERVADOR 192-10

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La participación de la mujer en la diócesis de Matehuala

Roberto Castillo Mata *

Será llamada mujer. En hebreo las palabras hombre y mujer comienzan con la misma sílaba, símbolo de profundo parentesco. Por eso el hombre deja a su padre y a su madre. Ambos deben asumir el riesgo de separarse de su medio familiar para fundar una nueva unidad social. Y pasan a ser una sola carne; esto quiere decir que forman un solo ser. Esta unidad de la pareja parte de su misión: no será un acuerdo provisorio gozar una del otro, sino la unidad de una familia en la que se realiza la obra de Dios, en donde se desarrolla la vida común, donde se esfuerzan por escucharse, comprenderse, tomar en conjunto decisiones, capacidad de perdonarse y de perseverar en la total fidelidad; los riesgos tomados en conjunto para traer al mundo y educar a toda una familia; esos son los medios que poco a poco van transformando al hombre y a la mujer, permitiéndoles adquirir madurez y sentido de responsabilidad.

Analizando un poco la cultura judía, descubriremos que se tenía una idea demasiado machista. Toda mujer debía pertenecer a un hombre, ya fuera su padre, su esposo o su hijo en caso de que fuera viuda. Jesús pertenecía a una raza y a una cultura, era un judío de su época, y tanto sus palabras como sus actos se ajustaron a esa cultura; pero nunca adoptó los aspectos inhumanos de esa cultura; no aceptó los prejuicios de su época con respecto a las mujeres, los pecadores, etc. Su Evangelio es una levadura que transforma, invita a discernir y cuestiona toda cultura para que realmente se respete al hombre y a la mujer en su dignidad.

Merece una especial atención la vocación de la mujer, ya que el papa Juan Pablo II, en la carta apostólica Mulieris dignitatem resalta su papel fundamental y su participación en la vida eclesial, cultural, social y económica.

La realidad de la mujer en el altiplano potosino es que aún sigue siendo marginada, víctima de la violencia dentro de la familia y fuera de ella. Algunas son abandonadas por sus esposos que emigran al norte en busca de obtener un mejor empleo, y la mujer tiene que esforzarse en educar a sus hijos, asumiendo el papel de padre y madre a la vez; es discriminada y objeto de abuso sexual, y ha aumentado de manera considerable el número de madres solteras y se ha dado también la esterilización a veces programada de las mujeres, sobre todo de las más pobres y marginadas, que es practicada a menudo de manera engañosa, sin saberlo las interesadas.

La participación de la mujer en la transmisión y conservación de la fe es muy importante, porque ella es la que en el hogar empieza a enseñar a sus hijos el amor a Dios y se convierte así en la primera catequista. No sólo a nivel infantil, se pretende abarcar a toda la familia, donde todos deben participar y colaborar con la Iglesia en la catequesis y evangelización, de modo que la Palabra de Dios llegue a más familias de la comunidad cristiana.

La Iglesia debe ayudar más a la vida familiar fundada en el matrimonio, promover con más intensidad la participación de la mujer en la vida de la Iglesia y luchar porque siempre se respete su dignidad como mujer y como hija de Dios.

* El autor es presbítero de la diócesis de Matehuala.

EL OBSERVADOR 192-11

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO

Fe y poesía

Javier Sicilia *

Alguna vez, Andrei Tarkovski declaró que la obra de arte es un acto de fe; se cree o no se cree en su revelación. Pienso que esta definición es acertada. La fe se funda en convicciones. Repentinamente un hombre descubre en medio del caos de la vida la verdad y, al descubrirla, encuentra su sentido ahí donde otros sólo miran el absurdo y la ausencia de significación. Ese descubrimiento no es otra cosa que reconocer algo que ya estaba en él.

La obra de arte funciona así. Delante de una buena novela, de un buen cuadro, de un buen poema, de una buena pieza musical o cinematográfica, los ojos y el oído de ciertos lectores o espectadores reparan en algunos detalles que hacen eco en ellos o, en otras palabras, iluminan algo que, intuitivamente, ya estaba en ellos y que hasta entonces no habían logrado formular. El olvidado Kahlil Jibrán lo dijo con un aforismo maravilloso: "Ningún hombre puede revelarnos algo que no repose semidormido en el alba de nuestro conocimiento".

Así, frente a algunas obras de arte sentimos que nuestro ser se adhiere a ellas. La palabra del otro es la revelación de lo más profundo que hay en nosotros. Es una certeza fundamental en medio de incertidumbres parciales, una certeza que no se discute porque no es del orden de la racionalidad, sino de la vida. Respirar no es un asunto que pueda discutirse.

Para hablar de ello, esa maravillosa sicoanalista que es Françoise Dolto utiliza una analogía. En realidad, dice, nosotros somos "como un instrumento musical que nadie ha utilizado. De pronto un artista lo toma, lo hace vibrar y lo inflama de emociones hasta entonces secretas y mudas. Esta vibración cambia, sin duda, algo de las moléculas mismas del material del instrumento".

Cuando uno tiene una experiencia así, una experiencia de fe, todo en nuestra vida se reordena, se anima de otra manera y se dirige hacia una dirección nueva. Deja de haber sitio para la duda o, mejor, como lo señala la Dolto, aunque la duda exista ésta no se encuentra en el mismo sector de la sique ni del corazón". Nos golpea, pero no nos atrofia.

Algo en nosotros ha sido transformado de tal manera que, aunque todo se vuelva tiniebla, permanece como una vela encendida.

El arte es un atisbo a esa realidad sustancial que nos habita.

En el orden de la religión esto se presenta de manera más profunda. Cuando Dios nos toca, su palabra, que se articula en nuestro silencio, se vuelve un choque, el llamado esperado desde hace mucho tiempo, una llamada irresistible que se ancla en nuestras vidas y fija nuestra atención.

En ese sentido, habría que pensar, siguiendo la analogía de Dolto, que Dios entonces actúa como un artista que detecta el virtuoso potencial que hay en nosotros y sopla haciendo que surja lo que estaba ahí, que intuíamos, pero que hasta entonces no sabíamos o no podíamos articular.

Pero esto, en la medida en que vive en el orden de la fe, se acepta o no. Nuestra sociedad ha creado una coraza tan superficial de objetos inútiles y de certezas triviales que muchas veces nos impide atender ese llamado. Impermeables al arte o a las profundidades de los religiosos, cuando somos tocados por algo que trasciende nuestra cotidianidad y nos llama a volvernos hacia nosotros lo rechazamos. La verdadera fe se ha oscurecido tragada por la fe en objetos o convicciones vacías.

Sin embargo, en la medida en que somos más que este mundo de técnica y de objetos artificiales, la fe, contenida en la religión y en el arte, nos aguardan siempre en algún recodo del camino. Los santos y las grandes obras son el testimonio más claro de su permanencia, de un llamado que espera nuestro silencio y nuestra atención para operar en nuestras vidas y hacer surgir lo que en realidad somos y anhelamos, pero que ya no miramos ni comprendemos.

* El autor es poeta, editor de la revista IXTUS.

EL OBSERVADOR 192-12

Fe y poesía

Javier Sicilia *

Alguna vez, Andrei Tarkovski declaró que la obra de arte es un acto de fe; se cree o no se cree en su revelación. Pienso que esta definición es acertada. La fe se funda en convicciones. Repentinamente un hombre descubre en medio del caos de la vida la verdad y, al descubrirla, encuentra su sentido ahí donde otros sólo miran el absurdo y la ausencia de significación. Ese descubrimiento no es otra cosa que reconocer algo que ya estaba en él.

La obra de arte funciona así. Delante de una buena novela, de un buen cuadro, de un buen poema, de una buena pieza musical o cinematográfica, los ojos y el oído de ciertos lectores o espectadores reparan en algunos detalles que hacen eco en ellos o, en otras palabras, iluminan algo que, intuitivamente, ya estaba en ellos y que hasta entonces no habían logrado formular. El olvidado Kahlil Jibrán lo dijo con un aforismo maravilloso: "Ningún hombre puede revelarnos algo que no repose semidormido en el alba de nuestro conocimiento".

Así, frente a algunas obras de arte sentimos que nuestro ser se adhiere a ellas. La palabra del otro es la revelación de lo más profundo que hay en nosotros. Es una certeza fundamental en medio de incertidumbres parciales, una certeza que no se discute porque no es del orden de la racionalidad, sino de la vida. Respirar no es un asunto que pueda discutirse.

Para hablar de ello, esa maravillosa sicoanalista que es Françoise Dolto utiliza una analogía. En realidad, dice, nosotros somos "como un instrumento musical que nadie ha utilizado. De pronto un artista lo toma, lo hace vibrar y lo inflama de emociones hasta entonces secretas y mudas. Esta vibración cambia, sin duda, algo de las moléculas mismas del material del instrumento".

Cuando uno tiene una experiencia así, una experiencia de fe, todo en nuestra vida se reordena, se anima de otra manera y se dirige hacia una dirección nueva. Deja de haber sitio para la duda o, mejor, como lo señala la Dolto, aunque la duda exista ésta no se encuentra en el mismo sector de la sique ni del corazón". Nos golpea, pero no nos atrofia.

Algo en nosotros ha sido transformado de tal manera que, aunque todo se vuelva tiniebla, permanece como una vela encendida.

El arte es un atisbo a esa realidad sustancial que nos habita.

En el orden de la religión esto se presenta de manera más profunda. Cuando Dios nos toca, su palabra, que se articula en nuestro silencio, se vuelve un choque, el llamado esperado desde hace mucho tiempo, una llamada irresistible que se ancla en nuestras vidas y fija nuestra atención.

En ese sentido, habría que pensar, siguiendo la analogía de Dolto, que Dios entonces actúa como un artista que detecta el virtuoso potencial que hay en nosotros y sopla haciendo que surja lo que estaba ahí, que intuíamos, pero que hasta entonces no sabíamos o no podíamos articular.

Pero esto, en la medida en que vive en el orden de la fe, se acepta o no. Nuestra sociedad ha creado una coraza tan superficial de objetos inútiles y de certezas triviales que muchas veces nos impide atender ese llamado. Impermeables al arte o a las profundidades de los religiosos, cuando somos tocados por algo que trasciende nuestra cotidianidad y nos llama a volvernos hacia nosotros lo rechazamos. La verdadera fe se ha oscurecido tragada por la fe en objetos o convicciones vacías.

Sin embargo, en la medida en que somos más que este mundo de técnica y de objetos artificiales, la fe, contenida en la religión y en el arte, nos aguardan siempre en algún recodo del camino. Los santos y las grandes obras son el testimonio más claro de su permanencia, de un llamado que espera nuestro silencio y nuestra atención para operar en nuestras vidas y hacer surgir lo que en realidad somos y anhelamos, pero que ya no miramos ni comprendemos.

* El autor es poeta, editor de la revista IXTUS.

EL OBSERVADOR 192-12

Fe y poesía

Javier Sicilia *

Alguna vez, Andrei Tarkovski declaró que la obra de arte es un acto de fe; se cree o no se cree en su revelación. Pienso que esta definición es acertada. La fe se funda en convicciones. Repentinamente un hombre descubre en medio del caos de la vida la verdad y, al descubrirla, encuentra su sentido ahí donde otros sólo miran el absurdo y la ausencia de significación. Ese descubrimiento no es otra cosa que reconocer algo que ya estaba en él.

La obra de arte funciona así. Delante de una buena novela, de un buen cuadro, de un buen poema, de una buena pieza musical o cinematográfica, los ojos y el oído de ciertos lectores o espectadores reparan en algunos detalles que hacen eco en ellos o, en otras palabras, iluminan algo que, intuitivamente, ya estaba en ellos y que hasta entonces no habían logrado formular. El olvidado Kahlil Jibrán lo dijo con un aforismo maravilloso: "Ningún hombre puede revelarnos algo que no repose semidormido en el alba de nuestro conocimiento".

Así, frente a algunas obras de arte sentimos que nuestro ser se adhiere a ellas. La palabra del otro es la revelación de lo más profundo que hay en nosotros. Es una certeza fundamental en medio de incertidumbres parciales, una certeza que no se discute porque no es del orden de la racionalidad, sino de la vida. Respirar no es un asunto que pueda discutirse.

Para hablar de ello, esa maravillosa sicoanalista que es Françoise Dolto utiliza una analogía. En realidad, dice, nosotros somos "como un instrumento musical que nadie ha utilizado. De pronto un artista lo toma, lo hace vibrar y lo inflama de emociones hasta entonces secretas y mudas. Esta vibración cambia, sin duda, algo de las moléculas mismas del material del instrumento".

Cuando uno tiene una experiencia así, una experiencia de fe, todo en nuestra vida se reordena, se anima de otra manera y se dirige hacia una dirección nueva. Deja de haber sitio para la duda o, mejor, como lo señala la Dolto, aunque la duda exista ésta no se encuentra en el mismo sector de la sique ni del corazón". Nos golpea, pero no nos atrofia.

Algo en nosotros ha sido transformado de tal manera que, aunque todo se vuelva tiniebla, permanece como una vela encendida.

El arte es un atisbo a esa realidad sustancial que nos habita.

En el orden de la religión esto se presenta de manera más profunda. Cuando Dios nos toca, su palabra, que se articula en nuestro silencio, se vuelve un choque, el llamado esperado desde hace mucho tiempo, una llamada irresistible que se ancla en nuestras vidas y fija nuestra atención.

En ese sentido, habría que pensar, siguiendo la analogía de Dolto, que Dios entonces actúa como un artista que detecta el virtuoso potencial que hay en nosotros y sopla haciendo que surja lo que estaba ahí, que intuíamos, pero que hasta entonces no sabíamos o no podíamos articular.

Pero esto, en la medida en que vive en el orden de la fe, se acepta o no. Nuestra sociedad ha creado una coraza tan superficial de objetos inútiles y de certezas triviales que muchas veces nos impide atender ese llamado. Impermeables al arte o a las profundidades de los religiosos, cuando somos tocados por algo que trasciende nuestra cotidianidad y nos llama a volvernos hacia nosotros lo rechazamos. La verdadera fe se ha oscurecido tragada por la fe en objetos o convicciones vacías.

Sin embargo, en la medida en que somos más que este mundo de técnica y de objetos artificiales, la fe, contenida en la religión y en el arte, nos aguardan siempre en algún recodo del camino. Los santos y las grandes obras son el testimonio más claro de su permanencia, de un llamado que espera nuestro silencio y nuestra atención para operar en nuestras vidas y hacer surgir lo que en realidad somos y anhelamos, pero que ya no miramos ni comprendemos.

* El autor es poeta, editor de la revista IXTUS.

EL OBSERVADOR 192-12

Fe y poesía

Javier Sicilia *

Alguna vez, Andrei Tarkovski declaró que la obra de arte es un acto de fe; se cree o no se cree en su revelación. Pienso que esta definición es acertada. La fe se funda en convicciones. Repentinamente un hombre descubre en medio del caos de la vida la verdad y, al descubrirla, encuentra su sentido ahí donde otros sólo miran el absurdo y la ausencia de significación. Ese descubrimiento no es otra cosa que reconocer algo que ya estaba en él.

La obra de arte funciona así. Delante de una buena novela, de un buen cuadro, de un buen poema, de una buena pieza musical o cinematográfica, los ojos y el oído de ciertos lectores o espectadores reparan en algunos detalles que hacen eco en ellos o, en otras palabras, iluminan algo que, intuitivamente, ya estaba en ellos y que hasta entonces no habían logrado formular. El olvidado Kahlil Jibrán lo dijo con un aforismo maravilloso: "Ningún hombre puede revelarnos algo que no repose semidormido en el alba de nuestro conocimiento".

Así, frente a algunas obras de arte sentimos que nuestro ser se adhiere a ellas. La palabra del otro es la revelación de lo más profundo que hay en nosotros. Es una certeza fundamental en medio de incertidumbres parciales, una certeza que no se discute porque no es del orden de la racionalidad, sino de la vida. Respirar no es un asunto que pueda discutirse.

Para hablar de ello, esa maravillosa sicoanalista que es Françoise Dolto utiliza una analogía. En realidad, dice, nosotros somos "como un instrumento musical que nadie ha utilizado. De pronto un artista lo toma, lo hace vibrar y lo inflama de emociones hasta entonces secretas y mudas. Esta vibración cambia, sin duda, algo de las moléculas mismas del material del instrumento".

Cuando uno tiene una experiencia así, una experiencia de fe, todo en nuestra vida se reordena, se anima de otra manera y se dirige hacia una dirección nueva. Deja de haber sitio para la duda o, mejor, como lo señala la Dolto, aunque la duda exista ésta no se encuentra en el mismo sector de la sique ni del corazón". Nos golpea, pero no nos atrofia.

Algo en nosotros ha sido transformado de tal manera que, aunque todo se vuelva tiniebla, permanece como una vela encendida.

El arte es un atisbo a esa realidad sustancial que nos habita.

En el orden de la religión esto se presenta de manera más profunda. Cuando Dios nos toca, su palabra, que se articula en nuestro silencio, se vuelve un choque, el llamado esperado desde hace mucho tiempo, una llamada irresistible que se ancla en nuestras vidas y fija nuestra atención.

En ese sentido, habría que pensar, siguiendo la analogía de Dolto, que Dios entonces actúa como un artista que detecta el virtuoso potencial que hay en nosotros y sopla haciendo que surja lo que estaba ahí, que intuíamos, pero que hasta entonces no sabíamos o no podíamos articular.

Pero esto, en la medida en que vive en el orden de la fe, se acepta o no. Nuestra sociedad ha creado una coraza tan superficial de objetos inútiles y de certezas triviales que muchas veces nos impide atender ese llamado. Impermeables al arte o a las profundidades de los religiosos, cuando somos tocados por algo que trasciende nuestra cotidianidad y nos llama a volvernos hacia nosotros lo rechazamos. La verdadera fe se ha oscurecido tragada por la fe en objetos o convicciones vacías.

Sin embargo, en la medida en que somos más que este mundo de técnica y de objetos artificiales, la fe, contenida en la religión y en el arte, nos aguardan siempre en algún recodo del camino. Los santos y las grandes obras son el testimonio más claro de su permanencia, de un llamado que espera nuestro silencio y nuestra atención para operar en nuestras vidas y hacer surgir lo que en realidad somos y anhelamos, pero que ya no miramos ni comprendemos.

* El autor es poeta, editor de la revista IXTUS.

EL OBSERVADOR 192-12

Fe y poesía

Javier Sicilia *

Alguna vez, Andrei Tarkovski declaró que la obra de arte es un acto de fe; se cree o no se cree en su revelación. Pienso que esta definición es acertada. La fe se funda en convicciones. Repentinamente un hombre descubre en medio del caos de la vida la verdad y, al descubrirla, encuentra su sentido ahí donde otros sólo miran el absurdo y la ausencia de significación. Ese descubrimiento no es otra cosa que reconocer algo que ya estaba en él.

La obra de arte funciona así. Delante de una buena novela, de un buen cuadro, de un buen poema, de una buena pieza musical o cinematográfica, los ojos y el oído de ciertos lectores o espectadores reparan en algunos detalles que hacen eco en ellos o, en otras palabras, iluminan algo que, intuitivamente, ya estaba en ellos y que hasta entonces no habían logrado formular. El olvidado Kahlil Jibrán lo dijo con un aforismo maravilloso: "Ningún hombre puede revelarnos algo que no repose semidormido en el alba de nuestro conocimiento".

Así, frente a algunas obras de arte sentimos que nuestro ser se adhiere a ellas. La palabra del otro es la revelación de lo más profundo que hay en nosotros. Es una certeza fundamental en medio de incertidumbres parciales, una certeza que no se discute porque no es del orden de la racionalidad, sino de la vida. Respirar no es un asunto que pueda discutirse.

Para hablar de ello, esa maravillosa sicoanalista que es Françoise Dolto utiliza una analogía. En realidad, dice, nosotros somos "como un instrumento musical que nadie ha utilizado. De pronto un artista lo toma, lo hace vibrar y lo inflama de emociones hasta entonces secretas y mudas. Esta vibración cambia, sin duda, algo de las moléculas mismas del material del instrumento".

Cuando uno tiene una experiencia así, una experiencia de fe, todo en nuestra vida se reordena, se anima de otra manera y se dirige hacia una dirección nueva. Deja de haber sitio para la duda o, mejor, como lo señala la Dolto, aunque la duda exista ésta no se encuentra en el mismo sector de la sique ni del corazón". Nos golpea, pero no nos atrofia.

Algo en nosotros ha sido transformado de tal manera que, aunque todo se vuelva tiniebla, permanece como una vela encendida.

El arte es un atisbo a esa realidad sustancial que nos habita.

En el orden de la religión esto se presenta de manera más profunda. Cuando Dios nos toca, su palabra, que se articula en nuestro silencio, se vuelve un choque, el llamado esperado desde hace mucho tiempo, una llamada irresistible que se ancla en nuestras vidas y fija nuestra atención.

En ese sentido, habría que pensar, siguiendo la analogía de Dolto, que Dios entonces actúa como un artista que detecta el virtuoso potencial que hay en nosotros y sopla haciendo que surja lo que estaba ahí, que intuíamos, pero que hasta entonces no sabíamos o no podíamos articular.

Pero esto, en la medida en que vive en el orden de la fe, se acepta o no. Nuestra sociedad ha creado una coraza tan superficial de objetos inútiles y de certezas triviales que muchas veces nos impide atender ese llamado. Impermeables al arte o a las profundidades de los religiosos, cuando somos tocados por algo que trasciende nuestra cotidianidad y nos llama a volvernos hacia nosotros lo rechazamos. La verdadera fe se ha oscurecido tragada por la fe en objetos o convicciones vacías.

Sin embargo, en la medida en que somos más que este mundo de técnica y de objetos artificiales, la fe, contenida en la religión y en el arte, nos aguardan siempre en algún recodo del camino. Los santos y las grandes obras son el testimonio más claro de su permanencia, de un llamado que espera nuestro silencio y nuestra atención para operar en nuestras vidas y hacer surgir lo que en realidad somos y anhelamos, pero que ya no miramos ni comprendemos.

* El autor es poeta, editor de la revista IXTUS.

EL OBSERVADOR 192-12

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COMENTARIO A FONDO

Setenta velas

Darío Pedroza Jr. *

¿Qué tal de 70 aniversario del Revolucionario Institucional?

A distancia de los setenta han pasado demasiadas cosas en la vida de este partido político mexicano. Esa es la historia: sus tiempos de nacimiento, de crecimiento, de enfermedad, de crisis, de convalecencia.

Como en su momento respondí en la entrevista de alguno de los buenos amigos periodistas, "amor no quita conocimiento". Que los priístas quieran a su partido por antiguo, por recuerdo, por gratitud, por interés, porque les ha dado poder, dinero y fama, no quiere decir que pierdan de vista hacer un análisis interno con el propósito de que cumpla sus fines, sus propósitos.

Que en el 99 se encaren en sus setenta a una crisis interna por el esfuerzo de algunos de sus miembros descontentos, o que por el cariño al partido quieran que se supere -sobre todo en una dinámica de democratización-, lógicamente que hace ruido, y un ruido muy fuerte, no tan sólo hacia adentro del instituto político sino hacia fuera, en el país y fuera de él.

Sabemos que la desbandada que vino a conformar el Partido de la Revolución Democrática se debió precisamente a la cerrazón si no de todos los dirigentes del Revolucionario sí de los que definían "vía dedo" la diversidad de candidatos a todos los niveles. Parece que algunos de los que en su momento eran de los definidores, al cansarse, puesto que siempre les tocaba "bola negra" y nunca aparecían como los consagrados, llamados o señalados, fueron abandonando las filas de su partido o integrando los grupos de los inconformes con el estilo de proceder.

De ninguna manera se puede descartar a los priístas que pretenden con seriedad la superación de su partido con bases sociológicas, políticas y económicas, y no tan sólo del partido sino en bien del país. Algunos lo siguen haciendo desde dentro, y mis respetos para ellos, porque encaran con un alto grado de responsabilidad la solución de la crisis y luchan, lo reitero, desde el interior de su instituto político. Hay quien vea el panorama perdido al interior, sobre todo en el caso de no seguir el proceso de democratización, porque su acceso al poder, a pesar de su trabajo político, no es reconocido, sobre todo si no pertenece al grupo de manejo que define en último caso la distribución de poder y de dinero. Como los mismos medios de comunicación lo vienen señalando, Zedillo dice estar y dice no estar; dice que se corta el dedo, pero luego dice que siempre no.

En aniversario no podía caracterizarse por agudizar el conflicto; el conflicto está en su punto más alto. En todo caso, la asamblea en la que definan los mismos tricolores los criterios de elección, selección o designación puede ser el espacio en donde se caliente y explote la pólvora. El tema de los candados, por lo pronto, divide a los miembros del partido. Quienes los prefieren, tal vez lo hacen porque es el procedimiento que les garantiza su permanencia en el poder. Y quienes los rechazan, tal vez lo hagan porque no posibilitan la democracia ni al interior ni al exterior del partido. Mientras son peras o son manzanas, los precandidatos andan en campaña y haciendo su labor para convencer y para vencer a sus colegas, así sea el "ungido".

El autor es presbítero, Secretario de Pastoral Penitenciaria del Arzobispado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 192-13

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OBSERVATORIO INTERNACIONAL

La empresa CNN y la Guerra Fría

En Estados Unidos el servicio de televisión CNN está actualmente transmitiendo una serie de veinticuatro programas sobre la Guerra Fría. La CNN es conocida por su punto de vista liberal, que refleja la ideología de su fundador, Ted Turner.

En el primer programa se presenta a los líderes de Occidente conspirando para derrumbar el nuevo régimen comunista, mientras se afirma que el nuevo gobierno ruso no fue peor que el de los zares, y que el proyecto de Lenin proponía asegurar la educación y el bienestar para todos. En ninguna parte menciona los millones de personas asesinados por el Partido Comunista ruso en los años veinte y treinta. Y explica que, después de la segunda guerra mundial, ante el poder y la agresión de Estados Unidos, la Unión Soviética no tenía otro remedio que construir su propio bloque de poder.

Como debe ser obvio a cualquier persona con un conocimiento mediano de la historia contemporánea, esta interpretación no va de acuerdo con los hechos reales. Con la publicación de nuevos estudios después de la caída del comunismo, y la apertura parcial de los archivos en Rusia, ha quedado muy claro que la Guerra Fría se debió sobre todo a la agresión iniciada por parte de Stalin y el Partido Comunista. Pero quizá no se pueda esperar otra cosa de una cadena televisiva cuyo fundador hace poco atacó personalmente al papa Juan Pablo II y a todos los polacos, además de denigrar los Diez Mandamientos.

EL OBSERVADOR 192-14

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CORRESPONDENCIA ELECTRONICA

Felicitaciones

Acabo de recibir la noticia de la publicación en Internet de EL OBSERVADOR. Ya la estuve viendo... y leyendo, claro, y me parece fantástico. De verdad los felicito. Gracias.

Javier Algara.

_________________________________

¡Muchas felicidades!

Rafael De Gasperín Gasperín.

EL OBSERVADOR 192-15

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No tengan miedo...

Una experiencia religiosa

Javier Perezgrovas Roblesgil *

Esa grata experiencia que todos vivimos con la vista del Papa en enero, llena de buenos sentimientos, de fe, de esperanza, de solidaridad y de alegría, no debe quedar ahí, sin sacarle provecho para la transformación de nuestras vidas.

Estudiantes, empresarios, albañiles, amas de casa, enfermos, burócratas, policías, ateos, judíos, sectarios y cristianos en general, lo dejamos todo para ver a Juan Pablo II, aunque fuera un segundo.

Debemos hacer permanente esa experiencia. Depende de nosotros que seamos capaces de hacer vida todo eso que admiramos en el Papa, mediante un plan de vida equilibrado de trabajo, familiar, ejercicio, vida social, formación humana y espiritual, fortalecidos por la oración y el apostolado.

Pero nadie da lo que no tiene, ni ama lo que no conoce. Por eso hay que formarnos íntegramente (y no quedarnos con la preparación de la Primera Comunión) porque, así como hay retrasados mentales, hay retrasados espirituales.

Recordemos el consejo de las bodas de Caná: "Hagan lo que Él les dice". Y la consigna cristiana que siempre nos recuerda el Papa: "No tengan miedo". Sí, no tengamos miedo de hacer de esa bella experiencia una manera de ser. ¿Se imaginan qué empresas, qué familias y qué México tendríamos?

* El autor es coordinador del Grupo Prolesa, y vive en Celaya, Gto.

EL OBSERVADOR 192-16

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ORIENTACION FAMILIAR
Sin trabajo a causa del embarazo

Yusi Cervantes

En cuanto se supo en mi trabajo que estoy embarazada, me despidieron. Aun cuando no estoy casada necesito trabajar He buscado en muchas partes, pero me piden análisis y mejor les digo. Entonces me dicen que ellos me avisan y nadie lo hace. Le cuento esto no para que me ayude a encontrar trabajo, que yo sé que no es esa su labor, sino para dar testimonio de los que nos pasa a las mujeres en mi situación.

El Papa denuncia una cultura de muerte que nosotros, los católicos, debemos transformar en cultura de vida. Esta cultura de muerte se manifiesta marcadamente en esta oposición a apoyar a las mujeres embarazadas o con hijos pequeños, lo que no es sino una oposición a la vida.

Los criterios son muy materiales, muy concretos: a mi empresa no le conviene una mujer que va a faltar tres meses a causa del nacimiento de su hijo y que luego va a tener a éste como prioridad. Si el niño se enferma, la madre va a faltar al trabajo, es evidente. Y eso no es buen negocio. Es la cultura de la anti-vida, de la competencia. Es la misma cultura que ha hecho que en los países europeos las poblaciones sean de muchos viejos y pocos niños. Desde esta mentalidad, las mujeres embarazadas son un estorbo. No producen. Y lejos de generar ganancias, provocan gastos.

Estos asuntos deberían cuestionar a los empresarios -grandes y pequeños- acerca de si están siendo coherentes con su fe en el ámbito laboral. Tendrían que preguntarse a sí mismos si están construyendo una cultura de la vida, si su apuesta es por la vida y por la civilización del amor.

Claro, estas reflexiones no solucionan tu problema. ¿Qué puedes hacer? Seguir buscando. Tal vez encuentres algún empleo planteado desde un principio como temporal, o que permita cierta flexibilidad en cuanto a horarios. Considera también la posibilidad de crear tu propio empleo. En tu anterior trabajo debieron liquidarte de acuerdo con la ley. Si no lo hicieron, puedes pelear porque lo hagan. Ese dinero puede servirte para iniciar algún pequeño negocio. ¿Qué sabes hacer? ¿Qué clase de servicio puedes ofrecer? Tal vez desde tu casa puedes hacer algo que te dé solvencia económica.

Espero que todo salga bien. Tú pon todo de tu parte y confía en Dios.

(La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR).

EL OBSERVADOR 192-17

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VIDA CRISTIANA

Bondad, santidad, verdad

Isele

"Los frutos de la luz son la bondad, la santidad y la verdad", dice san Pablo. "No tomen parte en las obras estériles de los que son tinieblas" (Ef 5, 9-11).

Y nosotros, ¿buscamos la luz?

En esta cultura donde la bondad más que virtud parece defecto, donde se busca la eficacia, la productividad y la ganancia más que la santidad, y donde la verdad palidece ante miles de atractivos argumentos en favor de la riqueza y el hedonismo. En esta cultura que no es la de la vida y la del amor, ¿en qué clase de proyectos ponemos nuestros esfuerzos? Tal vez desde la sociedad parezcan productivos; pero desde el punto de vista espiritual, ¿no serán esas cosas contra las que nos previene el Apóstol?

Busquemos la luz y sus frutos y tendremos una vida más plena.

EL OBSERVADOR 192-18

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OPINION

La penúltima Cuaresma del siglo

Un día es como otro, y un año da lo mismo que otro. Tal vez estemos equivocados en nuestro conteo y éste no es en realidad el año 1999 después del nacimiento de Cristo. No importa. Le hemos querido dar significado a las fechas, y eso, lo que nosotros ponemos en ellas, es lo que las hace importantes.

Así, estamos en la penúltima Cuaresma de este siglo.

El mundo no se va a transformar por el hecho de que pronto entremos a otro siglo a menos de que decidamos transformarlo. Y por eso, porque importa nuestra decisión, es que esta Cuaresma tiene un valor especial.

Esta Cuaresma, la del Año del Padre, nos da la oportunidad de convertirnos para el Jubileo del Año 2000, preparándonos para permitir que Dios reine en el mundo.

Vivamos esta Cuaresma como verdaderos hijos que buscan al Padre. Como el hijo pródigo, pongámonos a pensar, a revisar nuestra vida; reconozcamos nuestras fallas ante el padre para luego volver a sus brazos.

EL OBSERVADOR 192-19

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La conversión, proceso permanente

"Yo no necesito conversión -dirán algunos-, yo soy católico desde el nacimiento. Mi familia es católica, soy bautizado, me educaron en la fe". Y es cierto. Lo que pasa es que la conversión no es un hecho definitivo que ocurre una sola vez en la vida ni algo que sólo necesitan los no católicos. La conversión es un proceso lento y permanente que nos va abriendo poco a poco a Dios y nos va haciendo cada vez más congruentes con su mensaje. Y en este proceso suele haber momentos especialmente fuertes. Santa Teresa, por ejemplo, habla de una conversión suya cerca de los cuarenta años, cuando ya llevaba muchos años como religiosa.

Tenemos que convertirnos constantemente porque no podemos decir que hemos alcanzado la meta. Ni siquiera los santos. Son ellos, los santos, quienes más conciencia tienen de su pequeñez y de sus faltas. Eso que vemos quizá como una exageración se explica mejor si pensamos en la luz y en la sombra. Si en un cuarto oscuro encendemos una vela, comenzamos a ver, pero distinguimos apenas sombras, bultos... Si encendemos más velas o una lámpara, veremos mejor. Y conforme tengamos más luz seremos capaces de distinguir mejor lo que hay en la habitación, incluso esas manchas y cuarteaduras que en la semioscuridad no habíamos distinguido. La mayoría de nosotros iluminamos nuestra vida con una vela o con una lámpara y apenas nos sirve para distinguir dónde estamos; pero los santos han iluminado su vida con la fe, la verdad, la sabiduría, la conciencia... Y distinguen con claridad los defectos y debilidades que a nosotros nos parecen insignificantes.

Esta Cuaresma es para iluminar mejor nuestra habitación. ¿O preferimos quedar a oscuras, no ver, no pensar? Puede ser más cómodo. Pero no ver las pequeñas manchas va junto con no ver la inmensidad de la gracia de Dios.
(FIN)

EL OBSERVADOR 192-20

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