El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

5 de abril de 1999 No. 195

SUMARIO

bullet Última entrevista a Jean Guitton: "El alma subsiste. No es que lo crea. Lo sé"
bulletCUADERNO DE NOTAS Cada hombre
bulletSOBRE LA MARCHA
bulletPALABRAS MAYORES Drogas, guía para padres y educadores
bullet MÉXICO EN LA MIRA Victoria parcial para los pro-vida
bulletEconomía y ética
bulletPINCELADAS Cita en la montaña
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN Técnica sin espíritu
bulletEL RINCÓN DEL PAPA Jóvenes, el Padre los ama
bulletCOMENTARIO A FONDO Pascua es vida
bulletPablo VI, ejemplo de humildad, podría ser beatificado en el 2000
bulletGRANDES FIRMAS Familia, matrimonio y sexualidad
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO La experiencia de Cristo en la literatura
bulletPICADURA LETRÍSTICA Del anecdotario: un feo muy ingenioso
bulletINTIMIDADES. LOS JÓVENES NOS CUENTAN He fallado en cuanto a las relaciones sexuales
bulletVIDA CRISTIANA Vigilia Pascual
bulletOPINIÓN Resucitemos con Jesús
bulletSobre raíces, amor y fiesta

Última entrevista a Jean Guitton

"El alma subsiste. No es que lo crea. Lo sé"

El filósofo cristiano y académico de Francia, Jean Guitton, murió el pasado domingo 21 de marzo en París, a los 98 años de edad. Considerado por muchos como el último gran filósofo seglar, Guitton fue en 1962 el primer auditor laico de un Concilio, en este caso, el Concilio Vaticano II. Su amistad con Juan XXIII y, sobre todo, con Pablo VI tuvo frutos importantísimos para la Iglesia católica, especialmente en las relaciones entre los fieles y la jerarquía.

Sabio y magnífico expositor de ideas, encarnó, como muy pocos en este siglo, la posibilidad de vincular la fe y la cultura; la posibilidad de evitar ese divorcio que en opinión de su amigo el papa Montini es el que caracteriza a la época actual. EL OBSERVADOR presenta ésta que pasa por ser la última entrevista que le hiciera el escritor francés Jean-Jacques Antier, autor del libro de conversaciones con Jean Guitton llamado El libro de la sabiduría y las virtudes reencontradas.

JEAN-JACQUES ANTIER.- ¿A dónde va la humanidad?
JEAN GUITTON.- Está en la vigilia de una transformación decisiva. Los pesimistas piensan que va hacia una autodestrucción general. La supervivencia de la vida humana no está asegurada por anticipado, pues el progreso moral y espiritual no ha ido al mismo paso que el técnico, material e intelectual.

JJA.- ¿Y esto le asusta?
JG.- Me interroga. Asistimos a una aceleración exponencial del saber, en todos los campos. Un hombre por sí solo, sentado ante su ordenador, podrá acceder a la totalidad del saber. La humanidad se encuentra ante una situación con la que nunca se había enfrentado. No sabemos qué nos espera y no tenemos modelos para afrontar este peligro. Nos queda poquísimo tiempo para prepararnos. Entramos con los ojos cerrados en un tiempo metafísico. Nadie quiere oír hablar de esto. Prefieren quedarse en las que Pascal llama soluciones del divertissement (del divertimiento).

JJA.- ¿Y su respuesta a la pregunta: a dónde va la evolución?
JG.- Constatamos que lo vivo se desenvuelve hacia una complejidad creciente, acompañada, en el hombre, de un despertar y engrandecimiento de la conciencia. Soy de los que piensan que la consciencia culmina con la experiencia mística.

JJA.- Los sabios sugieren para el progreso hacer un alto para permitir a la conciencia moral recuperar su retraso.
JG.- ¿Pararse? Imposible, porque no todos tienen de todo. Ya no navegamos sobre un río ancho y tranquilo. Se ha convertido en una estrecha corriente entre dos altas orillas, sin posibles vías de escape. Cerramos los ojos y los oídos. Pero los más atentos escuchan ya el estruendo ensordecedor de la cascada, el Niágara hacia el que el río Vida se está precipitando.

JJA.- ¿Usted lo oye?
JG.- Los signos negativos abundan. Muestran la necesidad de un cambio. Las desigualdades, la incapacidad de la sociedad, que pretende ser la más avanzada del mundo, de asegurar trabajo a sus jóvenes; las ciudades inhumanas rodeadas de periferias desesperadas; la desintegración de la familia, la degradación de las costumbres, la corrupción de las administraciones, la violencia, el racismo, el odio. Es significativo que la automatización, progreso material decisivo, produzca, cuando va bien, una mayoría de personas atiborradas y embrutecidas por la televisión y, cuando va mal, marginados, potenciales rebeldes, drogadictos y delincuentes. La excepción es una pequeña minoría que ha sabido conservar y desarrollar los verdaderos valores.

JJA.- Ante la muerte. ¿Qué sabe usted de la muerte?
JG.- Sé lo que sé y lo que creo. ¡Conocemos tan poco el hecho de la muerte! Porque todos lo experimentan, pero nadie ha podido comunicar su experiencia. Ésta es la paradoja de la muerte: tan común, tan cercana, tan vista desde fuera, pero en el fondo ininteligible, intraducible, secreta.

JJA.- Muchos están angustiados por ella...
JG.- ¿Y si fuera sólo el recuerdo del miedo a nacer? Numerosos testigos me han dicho que la muerte no es un momento de angustia, sino de calma y de paz. El mundo se atenúa, se borra. La impresión es de que otro mundo está naciendo. Un asentimiento a lo que aún no ha llegado. He comprendido que es más alto que vencer o vivir: es entregarse. Claudel habla de esta alegría que se encuentra en la última hora. Y yo soy esta misma alegría y el secreto que no puede decirse. Marguerite Yourcenar me decía que la muerte le parecía como una consagración, de la que solo los más puros son dignos: muchos se descomponen, pero pocos son los que mueren. La desaparición del cuerpo pone mejor de relieve esta imprevista coincidencia de nosotros mismos con lo que somos en esencia: el espíritu. Éste es el fondo del misterio de la muerte.

JJA.- ¿Alguien habló de voluptuosidad?
JG.- La Fontaine: muerte y voluptuosidad se han mirado a la cara: estos dos rostro eran uno solo. Teresa de Avila, que tenía alguna experiencia de los estados de separación de cuerpo y del alma, decía que la muerte debía parecerse a un rapto.

JJA,- ¿Qué sucede después de que la tumba se ha cerrado sobre el cuerpo?
JG.- El alma subsiste. El espíritu. El ser solo, el yo profundo no ha sido abolido, vive misteriosamente. E incluso está más vivo que cuando nosotros vivíamos.

JJA.- Usted lo cree, ¿no es cierto?
JG.- Yo lo sé. Si no, no sería un misterio, sino un absurdo. Nunca he dudado entre el absurdo de la negación y el misterio del sí consciente al amor. La muerte es un nuevo nacimiento que todas nuestras capacidades, nuestros deseos, permiten intuir. (AVVENIRE / ALFA Y OMEGA / EL OBSERVADOR)

EL OBSERVADOR 195-1

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CUADERNO DE NOTAS

Cada hombre

Me gusta muchísimo pensar en Jesús fuera de los márgenes del pensamiento achatado que hemos heredado sobre Él. Me gusta, desde luego, verlo resucitado, resplandeciente en su humildad, poderoso en su vuelo sobre la muerte, digno como un pedazo de pan o un rostro de labriego tras la cosecha. Jesús no fue rebuscado ni pretencioso: era todo un Dios, sí, pero es todo un hombre. Es ese hombre, todos los hombres. Si lo fue uno en particular en la historia, lo sigue siendo (y hasta el final) en cada uno de nosotros; pasando del dogma "Dios hecho este Hombre Jesús" al dogma "Dios hecho cada hombre".

Si pensamos, tan sólo, en lo que el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos decía aquí en México el verano pasado, que "el Espíritu debería liberar a la Iglesia del escándalo de la 'encarnación singular'", estamos dando un gran primer paso en el pensamiento ecuménico, universalizante, que debería constituirnos como cristianos-en-el-mundo. Es el "escándalo" que reproducimos a diario: creer que Cristo fue -a lo sumo- un personaje de la historia. Como decía el malogrado poeta mexicano Jaime Sabines cuando en su último poema publicado -Me encanta Dios- hablaba de que Dios, de cuando en cuando, nos mandaba a la tierra seres admirables como Cristo..., o Buda. Si sostenemos la "encarnación particular", entonces estamos de acuerdo con Sabines. La Iglesia piensa estrictamente lo contrario: que la expansión del Espíritu pasa por su encarnación en todos los hombres.

La resurrección, el perdón y la Gracia son para todos los hombres, de todas las latitudes, de todos los tiempos. La muerte de Cristo se realizó por los pecados del más pequeño, del más alejado de los seres humanos. No fue "para los cristiano", fue para los hombres. Dios no creó al mundo para unos cuantos. En su amor infinito lo donó a la humanidad. Pero la humanidad es lenta. Y tardará muchos años en darse cabal cuenta de que ha sido redimida por la sangre del Cordero de Dios, por la sangre del Hijo de Dios. ¿Y cómo no va a ser lenta para comprender este misterio cardinal si los que deberíamos comprenderlo, protegerlo, explicarlo, expandirlo, andamos torpemente a tientas por el lodo?

El nuevo escándalo no es hoy el de la Cruz, sino el que cometemos ante la Cruz. Desgajarla de nuestra vida, alejarla como se alejan el dolor y la muerte. Entonces, Cristo es un hombre y no el Hombre, el Hijo del Hombre. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 195-2

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SOBRE LA MARCHA

Dejemos a Dios que sea Dios. En nuestra vida práctica, en el día a día, no intentemos substituir nuestra voluntad por la suya. "Hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra", exclamamos en la oración que Jesús nos legó. ¿Por qué no extendemos esa petición a nuestra alma?

Santiago Norte.

EL OBSERVADOR 195-3

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PALABRAS MAYORES

Drogas, guía para padres y educadores

Joaquín Antonio Peñalosa

Frente al problema creciente de la drogadicción juvenil, el gobierno de Francia acomete un triple programa de prevención, curación y represión del tráfico, pero insistiendo mucho más en la prevención. Con tal propósito funciona el "Servicio Interministerial de Información de la Droga" que acaba de publicar y difundir masivamente un pequeño y maravilloso folleto titulado Drogas, guía para padres y educadores. Pues, mientras los responsables inmediatos de la educación no tengan ideas claras y seguras, poco podrán hacer a favor de la juventud. La información es arma esencial para frenar el auge de las drogas.

Entre las causas que llevan a los jóvenes al submundo de la drogadicción, la guía francesa señala estas siete que, con sus variantes específicas, responden también a la realidad mexicana:

Angustia e inseguridad de la vida moderna. La juventud cuestiona, si no es que rechaza por inadaptadas, las tradiciones, cualquier tipo de tradición, las sociales y morales, las religiosas y familiares que fungían como soportes protectores del hombre y de la sociedad y que, al ser abolidas, dejan al individuo en aislamiento y desamparo. Además, el choque entre los objetivos que se propone el joven y la dificultad en alcanzarlos, la distorsión entre las necesidades que le crea la publicidad -un universo de sueños donde todo sería simple, fácil y confortable- y la realidad cotidiana, lo impulsa a la evasión, a la desilusión.

Dificultades familiares. La inmensa mayoría de los drogadictos proceden de hogares desorganizados, de padres que no les han brindado ni educación ni afecto. El uso de la droga aparece entonces como un medio que utilizan los jóvenes para atraer la atención de sus padres y forzarlos a que se ocupen de ellos. Cuando las relaciones entre los esposos y las relaciones entre padres e hijos son lo suficientemente fuertes y estables, la tentación de la droga disminuye o no se da.

Crisis de adolescencia. El joven sabe que ha llegado el momento de insertarse en el mundo, en un mundo que no le satisface por injusto, hipócrita, violento, hostil. Un mundo que él percibe todos los días en el ritmo que desarrolla su propio padre: trabajar, ganar, gastar. Ante ese mundo que quiere hacerlo suyo, el joven reacciona bien sea mediante una oposición activa por la cual se enrola en movimientos políticos y en grupos marginales, o mediante una oposición pasiva de fuga, inercia, suicidio, drogadicción.

Oferta de la droga. El joven encuentra la droga por todos partes. Los traficantes, los distribuidores son tan excelentes propagandistas de su mercancía que exaltan los efectos aparentemente liberadores de la droga, sin mostrar sus daños, o comienzan por regalarla con el fin de formar una clientela.

Atracción de lo prohibido. El alcohol tienta menos a los jóvenes porque cuenta con la aceptación de los adultos. La droga atrae como fruto prohibido, como satisfactor de una curiosidad subterránea.

Moda y presión del grupo. La novedad de la droga explica en parte su propagación. Pero la presión del grupo en cuyo seno se encuentran los jóvenes en momentos de fiesta y diversión influye mucho más en el contacto del joven con las drogas. Un iniciado siempre inicia a los demás.

Ignorancia de los daños reales de las drogas. Una ausencia de información o una mala información favorece el auge de las toxicomanías. Cuando los jóvenes son alertados a tiempo y con la verdad, el problema disminuye.

A ejemplo de Francia, México podría levantar un verdadero frente de lucha contra la expansión de las drogas en que se coordinaran todos los interesados -gobierno, hogar, escuela- y en que se cubrieran todos los aspectos: información, educación, sanidad, legislación. Está de por medio el futuro mismo de la patria.

EL OBSERVADOR 195-4

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MÉXICO EN LA MIRA

Victoria parcial para los pro-vida

La Oficina de Población y Servicios Migratorios de la Secretaría de Gobernación, conocida por su controvertida difusión del control de la natalidad artificial, aseguró que no utilizará el aborto como método de planificación familiar.

En lo que se ha considerado una parcial victoria pro-vida, el Consejo Nacional de Población (CONAPO), organismo controlista del Estado, reconoció que el aborto no es un método que el gobierno acepte para la planificación familiar y recordó que esta práctica está penada por la legislación federal y por las estatales.

A pesar de este reconocimiento, el CONAPO, al igual que la Oficina de Población y Servicios Migratorios, insisten en la intención de continuar apoyando y promoviendo la "planificación artificial".

El logro alcanzado llama la atención porque ocurre al mismo tiempo en que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal está por discutir la ampliación de las causas legales para el aborto. Según los proyectos de esta ley, una mujer podría abortar legalmente con sólo aducir que no tiene recursos económicos para mantener al bebé. Sobra decir que la Iglesia católica ha emitido un enérgico rechazo a tal iniciativa.

EL OBSERVADOR 195-5

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Economía y ética *

Carlos Encinas Ferrer

En los últimos tiempos y ante los problemas económicos y sociales que ha desatado el llamado neoliberalismo, el tema de la economía y la ética ha cobrado especial importancia. Un ejemplo de esto es el que se le haya otorgado el Premio Nobel de Economía al indio Amartya K. Sen, quien se ha abocado al estudio de las hambrunas en un mundo de abundancia.

El interés sobre aquel tema no es nuevo, ya que en la antigüedad los pensadores griegos, en especial Platón y Aristóteles, se preocuparon por él. Este último trató de responder a la pregunta "¿qué tipo de actividad es necesario y honorable que las personas desempeñen para obtener riqueza?". Recordemos que en aquella sociedad el fin de la existencia no era la acumulación de dinero y de poder, sino la vida virtuosa en la sociedad urbana. Para este pensador debe haber un límite a la riqueza que pueda acumular un ser humano y nada es más antinatural que el deseo inacabable de incrementar el dinero.

Hace mucho años leí un pensamiento chino, no recuerdo si de Confucio o de Lao Tse, que decía: "En una sociedad rica debería dar vergüenza la pobreza, pero en una sociedad pobre debería dar vergüenza la riqueza". Esta frase siempre me ha recordado aquella otra de George Bernard Shaw: "En un mundo feo y desdichado el hombre más rico no puede comprar nada más que fealdad y desdicha".

La preocupación por los temas relacionados con la generación de riqueza llevó a analizar lo referente al crédito. Tanto los hebreos como los griegos trataron el tema del cobro de intereses y los límites a los que se debe llegar en el monto de los mismos. En la cultura hebrea estaba prohibido terminantemente prestar con interés entre su pueblo. Por otra parte, santo Tomás de Aquino consideraba que aquel que solicita un préstamo no es totalmente libre al hacerlo, pues está normalmente obligado por las circunstancias, lo cual podría limitar la legalidad del contrato.

Con el advenimiento de la ética protestante, el individualismo y la acumulación de riqueza dejan de ser vistos como indeseables, con lo que el desarrollo del capitalismo obtiene su justificación moral. Recordemos las extraordinarias obras La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber, y El miedo a la libertad, de Erich Fromm. Con el advenimiento de la economía clásica, el interés se centra en la distribución del ingreso entre salario, beneficio y renta

En la actualidad muchas de estas ideas están volviendo a la mesa de discusiones. Si la reducción de las jornadas de trabajo y el aumento de los salarios logrado por los movimientos obreros pudieron incrementar de forma dramática el mercado y, por tanto, ampliaron las posibilidades del sistema capitalista, hoy en día nos enfrentamos a una concentración creciente de riqueza que está reduciendo la capacidad de compra del mercado interno. El comercio exterior se ha convertido, en esta situación, en una válvula de escape que está comenzando a generar desempleo en los países industrializados, con lo que nos estamos adentrando en un callejón sin salida que puede generar el estallido de una crisis financiera de magnitud incalculable.

La riqueza acumulada tiene una función social, única que puede salvar a nuestra sociedad, y nadie lo ha señalado mejor que Andrew Carnegie cuando dijo : "El excedente de riqueza es un depósito sagrado que su poseedor está obligado a administrar durante su vida en bien de la comunidad".

Una nueva visión acerca de la responsabilidad social del capital y una actitud de compromiso con el desarrollo de todas las regiones de nuestro planeta nos daría una nueva fuerza moral, una meta para nuestra sociedad global que, curiosamente, nos acabaría beneficiando materialmente a todos.

* Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 195-6

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PINCELADAS

Cita en la montaña

Justo López Melús *

El monje estaba exultante de gozo. Dios le había dado cita al atardecer en la montaña. Y empezó a subir a pasos acelerados. En la falda de la montaña notó algo raro: gritos, humo, mucha gente. Se había declarado un incendio que amenazaba la casa de los campesinos. Éstos le pidieron ayuda. "Perdonadme -decía-, no puedo detenerme, tengo mi cita en la montaña".

Ya iba a ponerse el sol cuando el monje, jadeante, llegaba a la cima para encontrarse con Dios. Miró y remiró, ansioso. Nadie aparecía. Pero algo se movía en el viento. Era un papel con un mensaje: "Perdona, amigo -le decía Dios-, no he podido venir. Estoy en el bosque apagando el fuego con los campesinos". ¡Pobre monje! No había sabido ver a Dios en los hermanos.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 195-7

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Técnica sin espíritu

Santiago Norte

El fundador de la primera carrera de Comunicación que hubo en México, el padre José Sánchez Villaseñor (1911-1961), señalaba en el ideario (de la Universidad Iberoamericana) que los estudiantes de ésta deberían tener las herramientas suficientes para someter la técnica y ponerla al servicio del espíritu. Como buen filósofo (y lo era, a grado tal que Vasconcelos solía señalarlo como uno de los mejores talentos del país, malogrado por guerras y enfermedades sin fin), el padre Sánchez Villaseñor previó, al mediar los cincuenta, que la explosión del conglomerado técnico-científico iba a rebasar al hombre medio en lo que a comunicaciones se refiere. Tal fue la predicción que se ocupó en fundar una disciplina nueva en México, como legado y como noción de trabajo por venir. En efecto, el ser humano mexicano y planetario ha sucumbido ya bajo el imperio mediático. La técnica superó a la capacidad espiritual de asimilarla y usarla a favor del hombre.

Una estructura de urgencia invade hoy al usuario: urgencia de adaptarse a lo nuevo, podría decirse. Pero, ¿existe algo realmente nuevo? En verdad, el disparo de la llamada carrera tecnológica en materia de telecomunicaciones ha despeñado al desfiladero de los olvidos lo novedoso. Para que algo fuera susceptible de ese rango tenía que durar quizá el tiempo de asimilación de una parte (la privilegiada en términos económicos) de la humanidad. Ahora, con la velocidad con que se suceden los cambios, lo nuevo es, literalmente, lo de ayer. Y eso se transmina al usuario que sabe por un lado de la "exigencia" de encontrarse en la cresta de la ola y, por el otro se encuentra en imposibilidad material y económica de situarse en ese plano. Con la conversión de prácticamente todos los aparatos (hasta los mismísimos electrodomésticos) en "inteligentes", la obsolescencia es acelerada, y el modelo antiguo, además de perder precio, pierde el potencial que se dijo que tenía a la hora de la compra. El usuario, entonces, queda a merced de un flujo que le es ajeno, que no conoce en sus dimensiones reales y que lo orilla, una y otra vez, a buscar la novedad ya no tanto porque cumpla sus expectativas, sino por el hecho de cumplir con lo que la tecnología impone.

Esta lucha denodada, verdadera "puesta en abismo", acarrea una muy seria consecuencia: que ya las potencialidades de comunicación que da el aparato ni siquiera son tomadas en cuenta, en favor de sus bondades tecnológicas. Cambiar el televisor de puntos por uno digital no viene motivado por un concepto de mejorar la recepción crítica de la familia a los programas y series, sino por estar "a la moda", por situarse en el centro del cambio, sólo por situarse en el centro del cambio... Aquella capacidad reflexiva que el padre Sánchez Villaseñor reclamaba para los hacedores de la comunicación no solamente se ha incumplido en ellos: también en los públicos de la comunicación de masas está trunca. Y el colmo se encuentra en Internet: esa poderosísima vía de contacto es entre 60 y 70 por ciento utilizada como línea "caliente", como camino de obtención de placer sexual, aunque de un placer bastante mostrenco estemos hablando.

Reconocer siquiera hacia dónde se dirige la corriente tecnológica sería un paso adelante. Por ejemplo: ¿es hacia el teletrabajo? Si fuera así, si la fusión de la computadora, el televisor y el teléfono estuvieran emplazando a los usuarios a preparar sus vidas en torno a tal concepto, habríamos arrancado de cuajo una de las malformaciones de la técnica mediática: la de jamás avisar su destino. Entonces cabría precisar el papel de la crítica o de la antropología de los medios tecnológicos de comunicación: darle al medio un hombre, o, mejor dicho, darle un rostro y la posibilidad, siempre anunciada aunque siempre latente, de que los avances no le sean impuestos sino le favorezcan, para llevar una vida mucho más digna de la que ahora lleva, encasquetado en la figura de comprador.

EL OBSERVADOR 195-8

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El rincón del Papa

Jóvenes, el Padre los ama

Jóvenes, el Padre los ama es el título del mensaje que el Papa dirigió hace una semana a la juventud católica, el Domingo de Ramos, XIV Jornada Mundial de la Juventud. Con él exhortó a los muchachos a ser "testigos creíbles del amor del Padre, tanto en la Iglesia como en los diversos ambientes en que se desarrolla su existencia diaria".

El acto constituyó un momento especial de preparación para el Gran Jubileo de los Jóvenes, que se realizará en Roma del 15 al 20 de agosto del 2000.

"Queridos jóvenes, acójanse al amor que Dios les regala... Permanezcan anclados a esta certeza, la única capaz de darle sentido, fuerza y alegría a la vida... Él ha impreso el nombre de ustedes sobre la palma de su mano", dice el documento.

Recordando que, "por desgracia, el hombre contemporáneo, cuanto más pierde el sentido del pecado, tanto menos recurre al perdón de Dios", Su Santidad manifiesta que, "aunque no sea siempre consciente y clara, en el corazón del hombre existe una profunda nostalgia de Dios" y que, por su parte, Él siempre sale a nuestro encuentro ofreciéndonos la reconciliación.

"Jesús es el único que nos revela cómo debe ser nuestra relación con el Padre, con nuestro prójimo y con la sociedad, para estar en paz con nosotros mismos", señaló el pontífice.

El mensaje de la Jornada concluyó pidiendo a la Virgen María que guíe a los jóvenes "hacia Jesús para que, siguiéndolo, aprendan a cultivar su relación con el Padre Celestial. Como en las bodas de Caná, los invita a hacer todo lo que el Hijo les diga, sabiendo que éste es el camino para llegar a la casa del Padre misericordioso". (NE)

EL OBSERVADOR 195-9

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COMENTARIO A FONDO

Pascua es vida

Darío Pedroza Jr. *

¿Qué tal, vivitos y coleando en la resurrección de Jesucristo?

De mucho tiempo atrás les hemos venido llamando "días santos" o Semana Santa a los que transcurren a partir del Domingo de Ramos hasta el Domingo de la Resurrección de Jesús.

A nadie se le escapa que la fe del pueblo cristiano guarda en lo más hondo del alma los recuerdos a la vez tristes de la muerte y sufrimiento del Maestro, como la soledad de María, su santa Madre, y el gozo sin medida del triunfo definitivo de Jesús sobre la muerte. Para quienes quisieron o pudieron participar normalmente durante estos días pasados, especialmente en el Triduo sagrado, el desenlace no podía ser más que lleno de alegría y de entusiasmo. El motivo está, desde luego, en el contexto de la fe, puesto que el mundo del cristiano se mueve en esos términos; no se trata tan sólo de sentimentalismos vacíos y pasajeros, de apreciaciones subjetivas y somnolientas.

El misterio de Jesús es un signo de entrega, de servicio; prueba de ello es que las Escrituras sagradas nos dejan a la posteridad la actitud de "lavar los pies a los discípulos". Este gesto, puesto en su contexto histórico, correspondía a los esclavos, quienes se humillaban ante su patrón para hacer ese tipo de quehaceres que el tiempo consideraba degradantes. Jesús no tiene empacho en tomar una vasija con agua, ponerse de rodillas frente a cada uno de sus amigos y lavarles los pies como muestra del Reino que predica y vive. Por eso el Señor Jesús compartió la cena con los suyos, les dio de su pan y les compartió de su copa de vino. Lo que es más, cuando compartió con ellos ya no era ni pan ni bebida que caduca, era Él mismo hecho vida para el Reino de su Padre.

Puede haber cristianos -y muchos más que no lo sean- que lo dejen en la cruz, muerto y sangrado, o sepultado en la cueva de José de Arimatea -prestada, por cierto-. No, el cristiano vivo sale con Jesús, que es la fuente de la vida, y traspasa las paredes de la tumba y no alcanza a oler mal, como Lázaro el muerto, hermano de Marta y María. Jesucristo es la garantía cierta de quien acepta el Reino del Padre del Cielo, predicado y vivido no tan sólo en su tiempo, sino que trasciende el tiempo y el espacio.

La Iglesia, que celebra el triunfo de Jesús en este tiempo de la Pascua y más allá de este tiempo, no procede a la aventura o espera a ver si de chiripada acierta en su fiesta y su seguimiento. No. Sabe, como Pablo, de quién se ha fiado. Nada extraño que la Iglesia católica se vista de fiesta, adorne los espacios de la celebración, y cante los cantos de los ángeles y de los hombres que esperan y que aman. Comparte con los prójimos cercanos, y con los que no están tan cercanos va hacia ellos para compartirles el anuncio de la vida de quien triunfó de la muerte, del mal, de la injusticia y del miedo.

Da gusto toparse, en la convivencia de los humanos, con tanta gente que, alimentada con la fuerza de la convicción de la presencia de Jesucristo vivo, lucha desde el amor a los suyos -y a los que no lo son tanto- porque esta vida sea ya, desde acá, el inicio de la vida del cielo, en donde vive eternamente el Padre con su Hijo Jesús en la unidad del Espíritu.

Por eso los cristianos no podemos ser gente derrotada, ni resignada, sino agresiva en el Reino por la justicia y el amor.

El autor es presbítero, Secretario de Pastoral Penitenciaria del Arzobispado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 195-10

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Pablo VI, ejemplo de humildad, podría ser beatificado en el 2000

"Sentimos más cercana la hora en que podría ser proclamada la heroicidad de las virtudes de Pablo VI", dijo recientemente el cardenal vicario de Roma Camillo Ruini. Y es que el 18 de marzo se cerró el proceso de la causa de beatificación y canonización de Giovanni Battista Montini.

En la fase de instrucción el tribunal ordinario del vicariato de Roma recogió 63 testimonios, a los que hay que añadir otras diez declaraciones juradas de cardenales y obispos. También fueron tramitadas dos rogatorias, una de la curia de Milán, donde el papa Montini había sido arzobispo, y otra de la curia de Brescia (su diócesis de origen) con la intervención respectivamente de 71 y 21 testimonios. Tras la sesión de clausura del proceso diocesano, todas las actas pasarán a la Congregación para la Causa de los Santos para la continuación del proceso de beatificación, que requiere la proclamación de sus virtudes heroicas y la comprobación de al menos un milagro realizado por intercesión del siervo de Dios.

Monseñor Crescenzio Sepe, secretario del Comité vaticano para el Gran Jubileo, reveló en meses pasados que Juan Pablo II transmitió su deseo de beatificar a Pablo VI, junto a Juan XXIII y Pío XII durante el año 2000, aunque los tres procesos seguirán su curso canónico normal, por lo que no habrá ninguna intervención especial del pontífice.

La caridad del papa Montini

Camillo Ruini ha definido al papa Pablo VI como un "ejemplo viviente de humildad": "Era consciente de ser objeto de un amor supremo que exigía una respuesta sin límites, pero también de su fortaleza ante una tarea tan importante". "Fue fiel a un solo amor con corazón indiviso y sin reservas, enamorado de Jesucristo y de toda la humanidad por Él redimida"; fue también un "enamorado de la belleza de la vida humana en la tierra y de las maravillas de la creación".

El purpurado recordó cómo el papa Montini se arrodillaba a besar la tierra de los países que visitaba; se arrodillaba a besar los pies del metropolita ortodoxo Melithon en la basílica de San Pedro; se arrodillaba ante los hombres de las Brigadas Rojas. Abolió la Corte Pontificia, así como la tiara con las tres cruces para pasar a asumir una mitra como los demás obispos.

Esta humildad dio a Pablo VI una gran apertura que "abrió a la Iglesia a los cuatro diálogos: con la cultura contemporánea, con las demás religiones, con los cristianos de otras confesiones y en el seno mismo de la Iglesia católica". Asimismo, se ofreció como pieza de cambio en tomas de rehenes durante el asalto al avión de Lufthansa.

El cardenal Ruini desmintió el supuesto pesimismo de Pablo VI. Es una invención de los medios de comunicación. Ciertamente reconoció su angustia cuando denunció males gravísimos, y más aún cuando tenían lugar dentro de la Iglesia. Pero el pontífice creía en el nuevo florecimiento del cristianismo y supo percibir la nueva demanda de espiritualidad. A él se debe la carta apostólica sobre la alegría. Él fue quien escribió: "el desarrollo es el nuevo nombre de la paz" y se planteó como objetivo la civilización del amor. (ZENIT / ACI / NE / VIS)


Rasgos biográficos

* Giovanni Battista Montini nació en Concesio, en Italia, el 26 de septiembre de 1897.
* Ingresó a los 19 años al seminario y recibió el sacramento del Orden el 29 de mayo de 1920.
* En 1954 el papa Pío XII lo nombró arzobispo de Milán, y cuatro años depués fue creado cardenal por Su Santidad Juan XXIII.
* Cuando tenía 66 años de edad fue elegido vicario de Roma, sucesor del pontífice Juan XXIII, el 21 de junio de 1963. Tomó el nombre de Pablo VI.
* Cargó con la responsabilidad de la culminación del Concilio Vaticano II.
* Sus principales documentos apostólicos son Populorum progressio, Ecclesiam suam y Evangelii nuntiandi.
* Fue llamado a la presencia del Padre Eterno el 6 de agosto de 1978.


La muerte de un verdadero santo

Monseñor John Magee fue secretario particular de Pablo VI. Convivió a diario con él y estuvo a su lado en el momento de su muerte. Este es su relato: "El Papa estaba muy mal y los médicos no habían logrado saber la causa de una fiebre tan alta. La mañana siguiente me fui con Pablo VI, que se levantó para la Misa. Más tarde insistió en ir a comer, aunque no comía nada. Su gentileza llegaba al punto de no querer que las otras personas se sentaran a la mesa sin el dueño de la casa. Y aquella noche, después del noticiario, veíamos una película del Oeste. Pablo VI no entendía nada de la trama y me preguntaba de cuando en cuando: '¿Quién es el bueno? ¿Quién es el malo?'. Sólo se entusiasmaba cuando aparecían caballos en escena: 'El animal más hermoso creado por Dios', decía. Después rezamos el rosario y luego repasó el trabajo de la Secretaría de Estado. Finalmente se acostó por última vez".

"Fue una muerte verdaderamente cristiana. Para mí fue una experiencia sobrecogedora. Yo tenía agarrada la mano de Pablo VI, porque sabía que esto es muy reconfortante para un moribundo. Durante la Misa que monseñor Macchi celebró a las 6 de la tarde de aquel domingo, durante el Credo, el papa Pablo VI, que ya estaba muy débil, con 42 de fiebre y 220 de presión, me la apretó con fuerza inusitada y pronunció con vigor las palabras apostolicam Ecclesiam. Unos minutos después, pasada apenas la consagración, llegó el colapso. Logró sin embargo recibir la comunión. Inmediatamente comenzamos a rezar el Rosario, pero él repetía siempre el Padrenuestro. Expiró a las 21:40, después de esbozar con la mano una bendición a todos los presentes y decir con un hilo de voz: 'gracias, gracias'".

"Estábamos en agosto, con un calor terrible. Y el cuerpo del Papa, incluso como consecuencia de la fiebre altísima, no parecía estar en condiciones de ser expuesto a los fieles. Los mismos embalsamadores estaban convencidos de ello. Después de la procesión desde Castelgandolfo hasta San Pedro, que duró horas bajo un sol intenso, monseñor Macchi pidió a los embalsamadores: '¿Podemos abrir un momento el féretro?'. Éstos se opusieron, previendo que el proceso de corrupción estaría ya actuando, pero Macchi insistió; 'Sólo un momento...'. Apenas levantada la tapa, cuando todos esperaban un olor inconfundible de la descomposición, se esparció un perfume. ¡El cuerpo estaba intacto! Pablo VI estaba hermosísimo. De manera que sacamos el cuerpo del féretro y los fieles pudieron venerarlo durante tres días".

(Tomado de Proyección mundial de 30 días, edición especial)

EL OBSERVADOR 195-11

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GRANDES FIRMAS

Familia, matrimonio y sexualidad

Lorenzo Servitje S.

En la historia de la humanidad siempre hubo épocas en las cuales los vicios, la inmoralidad, la corrupción y la violencia llegaron a extremos inconcebibles.

Puede decirse que hoy nos encontramos en una de esas épocas, y esto está vulnerando severamente las bases mismas de la convivencia humana.

En la vida social la familia es su cimiento básico. La familia y el hogar son el escenario donde se enseñan y se viven las normas fundamentales de la conducta personal. Allí los miembros de la familia aprenden las virtudes esenciales: el respeto, la responsabilidad, la decencia, la disciplina, la honradez, la veracidad, la confianza, el perdón, la justicia, los buenos modales, el decoro, el trabajo, el ahorro...

A pesar de sus tensiones y conflictos el matrimonio es la columna vertebral de la familia. El matrimonio que es la unión estable y enriquecedora de una mujer y de un hombre, de un padre y una madre.

La finalidad natural primaria del matrimonio es la procreación de los hijos, su cuidado y educación. Pero también no lo es menos el compromiso de los cónyuges de ayudase, acompañarse y quererse y todo lo que entraña su unión sexual.

En casi todas las culturas el matrimonio ha tenido una importancia muy grande, Por eso se le ha rodeado de requisitos, normas, ritos y celebraciones. Se le ha considerado fundamental para la solidez de la familia. Hoy el matrimonio es una institución que en nuestros países se está debilitando de manera alarmante. Y de allí la desintegración familiar, las familias de un solo padre, el divorcio.

¿Cuáles son las causas de esta crisis del matrimonio? Una de las principales es el trabajo externo de la mujer, que le ha dado mayor independencia de su marido y ha debilitado el vínculo matrimonial. Pero hay otra causa, más de fondo, que conspira para destruirlo, y que es el desorden sexual generalizado.

Por desorden sexual puede entenderse una cultura muy extendida de la relación sexual fuera del matrimonio y que se presenta en muy variadas manifestaciones: promiscuidad, amor libre, relaciones prematrimoniales, infidelidad conyugal.

Esto, a su vez, se debe a un radical cambio cultural que ha otorgado una importancia desmedida a todo lo relacionado con la sexualidad. Alguien ha dicho que vivimos en una sociedad afrodisiaca en la que las manifestaciones de lo sexual se multiplican en la publicidad, en los espectáculos y en las comunicaciones en general. Parece ser una obsesión incontrolable.

El origen de esto está, en parte, en la llamada liberación sexual que puede atribuirse a las teorías de Freud sobre la inhibición sexual y las frustraciones. El uso de los anticonceptivos, por otra parte, ha conducido también a la liberación de la mujer de la posibilidad del embarazo y de la maternidad. Y se ha propiciado la actividad sexual no necesariamente dentro del matrimonio.

También ha contribuido a esta situación la educación sexual de los niños y jóvenes, prematura y muchas veces equivocada. En lugar de promover la virginidad y la abstención, se ha favorecido la experimentación sexual en la adolescencia y las relaciones prematrimoniales de manera generalizada.

Las relaciones amorosas, tal como se describen hoy tanto en el cine y la televisión como en las publicaciones, se plantean como algo que es normal y que se aprueba socialmente. La relación amorosa acaba siendo casi siempre un erotismo sin límites. La sexualidad, como manifestación de un amor verdadero, con todo lo que tiene de delicadeza, entrega, sacrificio, confianza y plenitud, se convierte en simple fisiología.

Las consecuencias de esta corriente están a la vista: el valor del matrimonio y la fidelidad de los cónyuges se pone en entredicho. Los matrimonios se disuelven y la familia se desintegra.

Si no se fortalece el matrimonio, si no se exalta la virginidad y la abstención sexual de los jóvenes, se resentirá la familia y se resentirán también las bases mismas de la sociedad.

No es posible vivir en un clima de desenfreno sexual sin que se experimenten sus corrosivos efectos de desintegración familiar y social. Se desencadenan la pornografía, las perversiones, la violencia sexual y la dolorosa degradación humana.

Para remediar esta situación se requiere un gran esfuerzo de educación y comunicación que reivindique la dignidad de la mujer y el valor del matrimonio y de la familia. Hay que tener la decisión de hablar directamente de pudor, virginidad, castidad y fidelidad como las grandes virtudes indispensables para la solidez de la familia y la salud misma de la sociedad.

EL OBSERVADOR 195-12

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO

La experiencia de Cristo en la literatura *La experiencia de Cristo en la literatura *

Javier Sicilia

¿Qué significa Cristo en la literatura mexicana? ¿Qué significa su presencia en mi obra? ¿Qué significa en mi vida personal?

Debo decir con toda honestidad que no podría responder a ciencia cierta la primera pregunta: en primer lugar, soy un poeta, no un estudioso de Cristo en la literatura; en segundo lugar, Cristo, en tanto la segunda Persona de la Trinidad, en tanto Verbo Encarnado, no puede ser reducido a una definición a riego de destruirlo y destruir su experiencia y su expresión en cualquier manifestación artística; en tercer lugar, vivimos en un mundo secularizado en el que ya no es posible hablar de una cristiandad, sino de cristianos y de artistas que en tanto trabajan en las dimensiones del espíritu (todo verdadero artista se sumerge en esas dimensiones de la naturaleza humana en donde los más duros y arduos problemas metafísicos se plantean al hombre) reflejan algo del misterio de Cristo. Su rostro, por lo tanto, aparece en el arte, particularmente en el de la literatura, impreciso. En general, el arte balbucea la presencia de Cristo a través de lo hermoso, de la infinitud que manifiesta a través de sus formas; en particular, en el caso del arte producido por católicos, intenta delinearlo en un mundo roto con el pobre material que ese pobre mundo les proporciona.

Es evidente que, en estas condiciones, la literatura y el arte contemporáneo no puedan dar una imagen de Cristo como la que dieron los artistas del Medioevo y del Renacimiento. Es por ello que su presencia, su rostro, hoy en día sólo puede expresarse a través de los recursos que les proporciona un mundo desfigurado.

Si bien el artista hoy en día sabe que hay algo mayor que él que lo solicita (nunca he creído que haya artistas verdaderamente ateos) no conoce su rostro (es por ello que muchos de nuestros artistas contemporáneos no hablan de Dios, sino de lo sagrado, es decir, de aquello que nos trasciende, que el arte revela, pero que permanece oscuro en su sustancia) o, en el caso de los cristianos, lo mira a través de un mundo desfigurado y su revelación crística se vuelve imprecisa.

Hay, sin embargo, algunos artistas inmersos en el esplendor de la fe que, como Ponce y Pellicer, abriéndose paso por la intrincada selva del mundo contemporáneo, descubren ese mundo redimido. Su poesía es una epifanía: Cristo glorioso está aquí y el mundo, pese a su apariencia, está transfigurado y redimido en su substancia. Lo que nos muestran es el reverso de un tapiz: del otro lado del galimatías del mundo, de los hilos que aparentemente se entrecruzan sin sentido alguno, está escrita la salvación; hay otros más, como Concha Urquiza, que, semejantes a los místicos, lo encuentran en la noche oscura de su alma. La pasión de los versos de Concha, como los que habitan esos espléndidos sonetos, "Job" y "Nox", son un atisbo a la presencia de Cristo que, redentor de nuestras miserias, vive y nos aguarda en los pliegues más íntimos del alma; hay otros más, como Alfredo Plascencia, que, a través de la fe afirman que Cristo es, a pesar de que no haya un solo dato en el mundo que pueda reconocerlo.

* Artículo resumido. Publicado por convenio expreso con el autor.

EL OBSERVADOR 195-13

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PICADURA LETRISTICA

Del anecdotario: un feo muy ingenioso

J. Jesús García y García
J. Jesús García y García

¿Dónde está el precipicio que tenéis destinado a los hombres libres?
GUILHERME FIGUEIREDO.

Vayamos unos 26 siglos atrás: en el Asia Menor un esclavo va a ser castigado porque se atrevió a comerse unos suculentos higos destinados a la mesa de su amo. Aparentemente el desgraciado siervo no puede defenderse. Es casi mudo y, por si esto fuera poco, su cuerpo deforme inspira repugnancia: tiene la cabeza voluminosa, el cuello torcido, y sobre sus piernas vacilantes se bambolea una enorme barriga. ¡Ah!, y tiene la tez oscura, como la de un negro. Mas posee una inteligencia aguda y usa su astucia para salvarse de la injusta acusación: bebe un poco de agua tibia y después se mete los dedos en la garganta. Su estómago demuestra claramente hallarse vacío; el hombre no se había comido los frutos prohibidos. Después el esclavo pide que sus acusadores hagan la misma operación. De mala gana éstos obedecen y... devuelven los higos que se habían comido furtivamente. El amo castiga a los esclavos ladrones y felicita al inocente por su astucia.

Al siguiente día pasan por allí dos sacerdotes de Artemisa, que se habían extraviado. El esclavo los ayuda como puede y ellos lo recompensan concediéndole la facultad de hablar normalmente. A partir de ello, Esopo, el feo y escarnecido, puede decir todo lo que piensa, y revelar, en sus fábulas, con su aguda palabra, la prodigiosa inteligencia de que es poseedor. Aunque lo retienen esclavo, descuella en Samos, donde finalmente lo acusan del robo de un vaso sagrado, lo condenan a muerte y acaban con él despeñándolo desde una gran altura. Hasta aquí la anécdota.

Ficha biográfica: Esopo (619?-560? a.J.C.), apenas mencionado por Herodoto, tal vez fue un esclavo de origen frigio, pero se da por dudosa su existencia. Según eso, podría tratarse de un nombre legendario, como el de Orfeo o el de Homero. Sus fábulas habrían sido un producto colectivo anónimo, elaboración de muchas gentes a través de muchos años, creaciones dispersas que un día pudieron reunirse y fueron atribuidas a un solo autor. En el siglo V a.J.C., en la época de Aristófanes, Esopo era muy popular en Atenas y las fábulas a él atribuidas se usaban ya como primer material de lectura en las escuelas. Se consideraban propias de él prácticamente todas las obras pertenecientes al género del que se le juzga inventor. Su moral es la común y popular: la prudencia y la moderación son las virtudes supremas, pero no anda muy alejada la astucia, que sabe aprovecharse de la estupidez ajena. Todavía se admite esta definición: "fábula es un cuento, relato o apólogo, generalmente redactado en verso, que contiene una enseñanza moral bajo el desarrollo de una ficción y que suele terminar con una epifonema o moraleja". De ahí que no funcione para esta época en la que, soberbios, rechazamos toda advertencia ética, toda clase de prevenciones.

La fábula tuvo cultivo distinguido en Roma con Fedro, en Francia con La Fontaine, y en España con Samaniego e Iriarte.

Aforismos de Esopo: "Más agudo es el aguijón del dolor cuando somos vencidos con nuestras mismas armas"; "La perversidad no se deja domesticar ni aun a fuerza de bondades"; "Confórmate con tu suerte, es el secreto de la dicha"; "La injuria que hacemos y la que recibimos no se pesan en la misma balanza"; "Ciertos hombres, autores de sus propios males, echan la culpa neciamente a los dioses".

EL OBSERVADOR 195-14

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INTIMIDADES. LOS JOVENES NOS CUENTAN

He fallado en cuanto a las relaciones sexuales


Yusi Cervantes

Soy una chava que pronto cumplirá su mayoría de edad. Estoy confundida. Tengo apenas cuatro meses con mi novio. Mis padres lo aceptan, pues es un chavo responsable y muy atento. Me quiere muchísimo, me respeta, me apoya.

Como al primer mes tuvimos nuestro primer contacto físico. Y luego, dos veces más. Hace poco estuvo en mi casa y por poco tuvimos una relación sexual. En el momento sentí tanto amor y estoy tranquila. Él me dijo que me quería mucho y que deseaba casarse conmigo. Sólo quería terminar su carrera para ofrecerme lo que necesitemos. También me dijo que no quería que estuviéramos a solas, pues sabemos cuánto nos deseamos.

Hace poco vi nuevamente a mi exnovio, el cual me hizo mucho daño. Él pronto se irá al extranjero y me pidió que lo esperara. Y además me propuso tener relaciones antes de que se marche. Me confundí mucho pues yo lo amé demasiado y sentí todavía quererlo en ese momento. Después reflexioné y no deseo volver a verlo. Mi vida ha cambiado mucho desde que dejé a mi novio anterior. Mis padres me tienen más confianza. Inclusive he entrado a un grupo juvenil católico.

Me preocupa mucho que estoy fallando a mis principios morales y cristianos referentes a las relaciones extramaritales. Quisiera confesarme referente a lo que ha sucedido con mi novio. Pero este miedo no me ayuda en nada.

¿Qué debo hacer?

No quiero ser rechazada en un futuro por mi familia o mis amigos.

Necesito su consejo.


Si has encontrado a un buen muchacho y en verdad lo quieres, cuida tu noviazgo.

Las razones morales y cristianas que mencionas no existen así nomás porque sí. Tienen una razón de ser. Y ésta es que pretenden cuidar la integridad de las personas, las posibilidades de su sano crecimiento y su felicidad.

El cuerpo humano es sagrado: es templo del Espíritu Santo. Y las relaciones sexuales son buenas: fueron diseñadas por Dios mismo. Pero tienen su momento y su lugar: el matrimonio. Son una expresión de amor tan íntima, tan completa, que sólo se entienden si hay una entrega total del hombre y de la mujer, si comparten una vida.

El noviazgo es una etapa de preparación, de conocimiento mutuo.

Si en este momento deciden tener relaciones sexuales, el deseo es tanto, la pasión puede ser tan fuerte que lo sexual pasaría a primer término y ya no podrían continuar serenamente por el camino del conocimiento, de la ternura, de la seguridad. Podrían aferrarse uno al otro, sentirse inquietos por lo vulnerables que serían en esa situación, caer en problemas de celos o precipitar la decisión de casarse. Además, tienen apenas cuatro meses de novios, a ti todavía te mueve el tapete tu anterior novio... Por ningún lado son recomendables las relaciones sexuales.

Pero tampoco te debes atormentar por lo que ya pasó. Confiésalo y quédate tranquila. Y no temas ser rechazada. Nadie tiene derecho a rechazarte por estas cosas.

Me parece que la sugerencia de tu novio de evitar las circunstancias en las que el riesgo es mayor es buena. Sean dueños de sí mismos, tengan el control de la relación.

Goza tu noviazgo. Vívelo sin sobresaltos. Vale la pena cuidarlo y cuidarte a ti misma.

(La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR).

EL OBSERVADOR 195-15

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VIDA CRISTIANA

Vigilia Pascual

Isele

¿Por qué nos reunimos en la noche?

Tratamos de buscar a Dios y la noche se presta. Nos ofrece recogimiento, tiene un atractivo especial para aquellos que quieren hablar con Dios. Es la hora en que el corazón vela esperando a su Señor.

Por otro lado, Jesucristo resucitó en la noche, a una hora en que nadie esperaba.

Pero esta noche es la noche más importante para el mundo.

Nosotros vivimos en una noche permanente.

Noche de duda, noche de pecado, noche de falta de fe, noche de decepciones, de amores que no son fieles. En medio de esta noche nuestra, que es la "hora del poder de las tinieblas", resucitó Jesucristo, nuestra luz.

En esta noche acogemos en nuestro corazón:

* a Cristo, nuestra única Luz,
* a Cristo, la Palabra de Dios,
* a Cristo, que es la Vida,
* a Cristo, que es el Pan y el Vino, alimento para el camino.

(Obra Nacional de la Buena Prensa, A. C. Misal 1999, p. 127).

EL OBSERVADOR 195-16

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OPINIÓN

Resucitemos con Jesús Resucitemos con Jesús Resucitemos con Jesús

Si junto a Él y gracias a Él hemos muerto para el pecado, junto a Él también debemos tener nueva vida.

Y eso debe traducirse en el hogar, en el trabajo, con los vecinos, en la sociedad...

Esa muerte al pecado y esta nueva vida no ocurren de un día para otro, claro. Pero es necesario tener conciencia de que estamos en camino para buscar siempre, permanentemente, la luz, la verdad.

Ésta es la razón de ser de estos días. Por eso recordamos los hechos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús año con año: necesitamos hacerlos presentes constantemente para que nuestra conversión sea permanente.

EL OBSERVADOR 195-17

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Sobre raíces, amor y fiesta

Isele

Cuando mi padre, quien vive en Naucalpan, estado de México, dijo que iba a festejar sus 70 años en el pueblo donde creció, cerca de Guasave, Sinaloa, más de uno pensó que era una locura. Para empezar, muchos de los invitados viven lejos: en la ciudad de México, Querétaro, Morelia, Cleveland, Boston... Pero aun para los de Mazatlán y Culiacán ir a la fiesta significó un viaje de cuatro horas para los primeros, y de una para los otros. Todo esto en una época que no era de vacaciones. Y sí de crisis económica (no es precisamente el mejor momento para emprender semejante viaje).

Pero ningún inconveniente pudo haber tenido poder para desalentar a mi padre. La prima en cuyas manos quedó la casa familiar, su esposo y sus hijos pintaron, limpiaron y arreglaron la casa. Mi hermana y otros familiares se unieron a la preparación del festejo: contrataron a la banda, compraron comida y bebidas, rentaron sillas y mesas, consiguieron a un padre para la Misa... En fin, todo lo necesario para la celebración. Unas cien personas nos reunimos en ese lejano pueblo cercano al mar.

Raíces

Volver a la casa de mis bisabuelos -en realidad de mis tatarabuelos, pero a ellos no los conocí- fue para mí recordar que tengo raíces, algo que estaba olvidando. Fuimos muchos (hermanos, primos, tíos) a los que esta ocasión especial nos permitió volver a esas raíces. Recordamos historias de la familia, recorrimos pasillos y rincones de nuestra infancia, sentimos flotando en la casa la presencia de los que ya se han ido...

No he sido sacada de la nada: quien soy es en buena medida fruto de quien es mi padre, de quienes fueron mis abuelos y bisabuelos, y de todos los que habitaron esa casa, de sus valores, de sus sueños, de lo que hicieron y de lo que no hicieron.

Para mis hijas también fue un contacto con sus raíces. Fue descubrir el lugar que formó a su abuelo, los paisajes, el río, el clima, la forma de ser de la gente de allá, el acento... Ahora, seguramente, entienden un poco mejor a su abuelo, ese hombre que es generoso con ellas como es generosa la tierra y la familia que le dieron vida.

Amor

Ir a esa fiesta, para la mayoría de los asistentes, fue sencillamente un acto para corresponder a la amistad, el apoyo, la comprensión y el amor que mi padre ha ido sembrando por doquier. Ese poder de convocatoria no es más que el resultado de una vida congruente con la fe traducida en obras. Discreta, calladamente, mi padre ha vivido el mandamiento del amor al prójimo. De modo que no había opción: teníamos que ir a la fiesta para festejar con él, sí, pero también para celebrar el amor.

Fiesta

Entre las muchas experiencias de este viaje hay algo que me gustaría aprender: la capacidad de gozo de los sinaloenses. Trabajan intensamente, pero encuentran tiempo para ir al mar, disfrutar el paisaje, reunirse con la familia o los amigos, comer bien, oír música, bailar... Pero más que estos hechos concretos, me impresionó el espíritu tras ellos: ese poder dejar todo a un lado para disfrutar del momento, ese darle importancia a la sonrisa, ese encontrar el lado divertido de la vida.

Mi padre cumplió 70 años. Hubo fiesta. La quise compartir con nuestros lectores porque tal vez ustedes, de alguna manera y en cierta medida, pueden también compartir esta experiencia de vida.

(FIN)

EL OBSERVADOR 195-18

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