El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

11 de abril de 1999 No. 196

SUMARIO

bullet Breve radiografía de la eutanasia en el mundo
bulletSOBRE LA MARCHA
bulletCUADERNO DE NOTAS La vida es bella
bulletMÉXICO EN LA MIRA Datos amañados sobre empleo
bulletPINCELADAS Todos somos peregrinos
bulletPALABRAS MAYORES El cerillo y la noche
bulletPICADURA LETRISTICA Dos cómputos, dos resultados
bulletCOMENTARIO A FONDO Por aquí anda Jesús
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN La crispación
bulletOración por el cine
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO Jaime Sabines, in memoriam
bulletGRANDES FIRMAS Jean Vanier: "Toda persona es una historia sagrada"
bulletAÑO DEL PADRE CELESTIAL Hermanos de Jesucristo, Hijo del Padre
bullet¿Cómo hacer cercana al pueblo la celebración de la Pascua?
bulletVIDA CRISTIANA Todo en común
bulletOPINIÓN Dar vida a la relación matrimonial
bulletORIENTACION FAMILIAR Dejé de tomar, pero mi esposa no me acepta
bulletPara mejorar la relación de los esposos
bulletIndividualismo y familia no se llevan muy bien

Breve radiografía de la eutanasia en el mundo

La caridad mal entendida, o cómo un "club del suicidio" se convierte en "ayuda para morir"

Especial de ZENIT para EL OBSERVADOR

En semanas anteriores, sobre todo a partir del juicio a Jack Kevorkian, conocido como el "Doctor muerte", algunos lectores se acercaron a EL OBSERVADOR para preguntar por el estado actual de la eutanasia. Éste es un reporte de ZENIT al respecto; un reporte de hasta dónde se extienden los tentáculos de la promoción de la eutanasia en la actualidad y cuál es el origen de esta extensión en nuestro atribulado siglo XX.

El 26 de marzo pasado un juez de Michigan, en los Estados Unidos, declaró a Jack Kevorkian culpable de homicidio en segundo grado por haber desempeñado un papel activo en la muerte de un hombre que padecía la enfermedad de Lou Gehring. Kevorkian, más conocido como el "Doctor muerte" por su compromiso con el movimiento a favor de la legalización de la eutanasia, gritó, para defenderse, que había realizado un "acto de piedad". En una entrevista publicada por el periódico Oakland Press, el 28 de marzo, declaró que el jurado ha sido "cruel" al pronunciarse en su contra.

Según Kevorkian, quien ayuda a morir a una persona lo hace por caridad, y la ley que condena a quien colabora con el suicidio asistido es cruel. Se trata de una filosofía típica del movimiento favorable a la legalización de la eutanasia. El profesor Gonzalo Herranz, del Departamento Biomédico de la Universidad de Navarra, España, al hablar sobre este tema en la V Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida, que se celebró del 24 al 27 de febrero en el Vaticano sobre el tema "La dignidad del moribundo", reveló que "el uso de eufemismos es algo típico entre los movimientos favorables a la legalización de la eutanasia. Se han apoderado de palabras nobles como compasión, opción, dignidad y derechos humanos hasta alterar su auténtico significado. Derek Humphry, uno de los principales exponentes de este movimiento, comentó la victoria del referéndum a favor de la eutanasia en Oregon (EU) con estas palabras: 'Ha ganado el eufemismo'".

Instrucciones para el suicidio

"La primera organización para la legalización de la eutanasia -reveló el profesor Herranz- nació en Inglaterra en 1935 con el nombre de "Voluntary Euthanasia Society of Britain" (Sociedad de Voluntarios de la Eutanasia en Gran Bretaña). Formaban parte de ella personajes de la élite literaria, como Julian Huxley, quien más tarde sería fundador del WWF y primer secretario de la UNESCO; Herbert G. Wells, autor de novelas de ciencia ficción, y el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw.

A inicios de los años setenta la "Voluntary Euthanasia Society of Britain" cambió de nombre para adoptar uno más eficaz y comunicativo: "Exit" (Salida). En 1981 el secretario general, Nicholas Redd, publicó Una guía para la autoliberación, que no es más que un manual de instrucciones para suicidarse. Algo más tarde Redd fue condenado por la British Central Criminal Court (Corte Central del Crimen en Gran Bretaña) por haber ayudado a varias personas a quitarse la vida. Para recuperar la credibilidad perdida, "Exit" volvió a adoptar el nombre "Voluntary Euthanasia Society of Britain". Actualmente se define a sí misma como un grupo de presión (lobby) que realiza campañas a favor de la legalización de la eutanasia. En su página web en Internet ofrecen información sobre cómo es posible ayudar a morir, pero rechazan la etiqueta de "club del suicidio".

La "medida 16"

El otro grupo importante es la "Euthanasia Society of America (Sociedad por la Eutanasia de Estados Unidos), fundada en 1938. En 1976 cambió de nombre para convertirse en "Society for the Right to Die" (Sociedad por el Derecho a Morir), y en 1991, para presentarse con una imagen menos agresiva, pasó a llamarse "Choice in Dying" (Elección de Morir). El movimiento para la legalización de la eutanasia en Estados Unidos está compuesto por varias organizaciones relacionadas entre sí como la "American for Dying with Dignity" (Estadounidenses por una Muerte Digna), "Compassion in Dying" (Compasión en la Muerte), "Doctors of Mercy" (Doctores de la Caridad), y la "Euthanasia Research & Guidance Organization" (Organización por la Investigación y Guía hacia la Eutanasia). En general todas están afiliadas a la potente "World Federation of Right to Die Societies" (Federación Mundial de Sociedades sobre el Derecho a Morir), fundada en Oxford en 1980.

La organización más influyente en Estados Unidos es la "Hemlock Society" (Sociedad Hemlock), fundada por Derek Humphry, en 1980. Humphry, autor de Final Exit (Salida final), un manual para la aplicación del suicidio, ha desempeñado un papel decisivo en la aceptación de la "Medida 16", la proposición que permite a los médicos ayudar a las personas que quieren acabar con su vida en el estado de Oregon.

En Alemania, a pesar de que todavía está vivo el recuerdo de lo que hicieron los nazis en este sentido, existe una asociación para la legalización de la eutanasia llamada "Deutsche Gesellschaft für Humanes Sterben" (Sociedad Alemana por una Muerte Humanitaria), cuyo presidente, Hans Henning Atrott, fue condenado por vender cianuro a los miembros de la asociación para que se suicidaran, violando así las leyes tributarias.

¿Cuál es el desarrollo?

Es interesante poner de relieve que, según los estudios realizados por World Federation of Right to Die Societies, las principales asociaciones que luchan a favor de la legalización de la eutanasia se encuentran presentes en países desarrollados, especialmente de origen cultural anglosajón: Estados Unidos, Inglaterra, Escocia, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

En las otras regiones del mundo su presencia es muy reducida. Existen sólo dos miembros de esta Federación en Africa: Sudáfrica y Zimbabwe; uno en Oriente Medio: Israel; tres en Asia: Japón, India y Singapur; en Iberoamérica tan sólo está afiliada a la "World Federation of Right to Die Societies" la Fundación por el Derecho a Morir Dignamente, de Colombia.

En su intervención ante la Academia Pontificia para la Vida, el profesor Herranz subrayó que "en toda su historia los movimientos favorables a la legalización de la eutanasia han utilizado siempre las mismas armas para debilitar la oposición: es decir, la dramatización de casos muy particulares, la manipulación del lenguaje, la autoincriminación como provocación, el hacer de los activistas auténticas víctimas, y el intento de romper la unidad de juicio de los grupos religiosos y del cuerpo profesional médico".

Por lo que se refiere a la posición de nas asociaciones médicas, el profesor Herranz recordó que, "a excepción de la Royal Dutch Medical Asocciation, todas las demás se oponen a la eutanasia. Ahora bien, a nivel personal existen médicos que militan en el movimiento por el suicidio asistido. Esta misma técnica es utilizada con los grupos religiosos. El crítico más famoso a la posición de la Iglesia católica es Hans Küng". (ZENIT)

EL OBSERVADOR 196-1

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SOBRE LA MARCHA

Recordemos, aún sea por un momento, los siete pecados sociales que Gandhi pidió se inscribieran en su tumba, la que alguna vez, con fraternal amor, acariciara con su mano Juan Pablo II mientras oraba en Nueva Dehli: política sin principios, riqueza sin trabajo, placer sin conciencia, conocimiento sin carácter, comercio sin moralidad, ciencia sin humanidad y religión sin sacrificio. Mucho me temo que andamos metidísimos en su cumplimiento.
Santiago Norte.

EL OBSERVADOR 196-2

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CUADERNO DE NOTAS

La vida es bella

Acabo de ver la película de Roberto Benigni que lleva el título de este artículo. Me parece que Benigni ha realizado una obra maestra, un clásico del cine que perdurará mientras exista sobre la tierra alguien capaz de comprender que el secreto para derrotar a la imbecilidad de la violencia, preséntese ésta donde se presente, se llama, simple y llanamente, la risa. No sorprende que Benigni acapare los oscares, que se lleve el Premio del Gran Jurado en el Festival de Cannes... Hay que darle todo a cambio de tener en cuenta el mensaje de su película: que nada es irremediable ni tan odioso como para podernos vencer. Podrán torcer las fuerzas autoritarias nuestro destino, podrán encerrarnos en las diversas mazmorras del poder, pero jamás podrán evitar que nosotros, cada uno en su intimidad, seamos capaces de remontar el camino con el desprecio a la ira, con el amor...

Un padre que va al campo de concentración nazi con su hijo pequeño y es capaz de inventarle una realidad aparte, como si se estuviera tramando un juego de competencias, para salvarlo del horror y para, finalmente, salvarle la vida, es un padre modélico: así deberíamos proceder todos en la vida cotidiana. ¿Que no estamos presos en una cárcel o en un campo de concentración nazi?. Cierto; pero, ¿acaso la realidad que vivimos hoy, la crudeza de los acontecimientos que nos acompañan, no podrían ser vistos desde el punto de inflexión que representa la mirada de un niño, y tornarse en verdadera prisión? Lo que quiero decir es que la película de Benigni es también una enseñanza, como de una fábula: al niño hay que construirle un espacio cotidiano en donde pueda ser niño, en el que prive el amor, en el que, por sobre todas las cosas, sean el juego y la fantasía los dos motores de sus días. ¿Por qué adelantarle la ruda incomprensión de los adultos? ¿Por qué, en razón de qué, para qué los enterramos en su infancia con nuestras mezquindades? ¿Para "prepararlos" a la realidad que "les tocará" vivir?

Jesucristo les dijo a sus apóstoles y a todos los que quisieran escucharlo: "Si no se hacen como aquel niño, no entrarán al Reino de los Cielos". Nunca lo hemos querido oír. La condición de niños nos parece ridícula, a nosotros, que debemos ser circunspectos, antipáticos, calculadores: inteligentísimos. Benigni desnuda a la maquinaria de la muerte creada por el nacionalsocialismo. Lo hace con el arma más letal contra los estúpidos: la risa. Se hace niño para salvar al niño. Nos recuerda que la vida es bella si sabemos -como decía el poeta anarquista Gabriel Zelaya- hacer como "virtud ciudadana primaria" la "explosión de risa". (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 196-3

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MÉXICO EN LA MIRA

Datos amañados sobre el empleo

Por radio y televisión viene difundiéndose un anuncio gubernamental por el que pretende demostrarse, con datos comparativos, que en México existe una de las tasas de desempleo más bajas del mundo, incluso menor que las de Japón, Estados Unidos, Alemania y Francia.

En términos técnicos, los porcentajes manejados abarcarían a las personas de la población económicamente activa que manifestaron estar buscando trabajo y no han laborado ni siquiera una hora en la semana anterior al levantamiento de la llamada Encuesta Nacional de Empleo Urbano (ENEU). Toda persona que al menos trabajó una hora a cambio de un ingreso monetario o en especie, e incluso sin recibir pago, es considerada por la ENEU como empleada, del mismo modo que son contabilizados, entre otros, dentro de la población con empleo los trabajadores no remunerados en actividades económicas familiares. Las condiciones laborales del campo quedan fuera de este registro oficial.

El consultor de la Organización Internacional del Trabajo, Alejandro Tuirán, ha demostrado recientemente que los parámetros que se vienen manejando en la propaganda gubernamental en realidad no valoran la calidad ni la permanencia del empleo. Considerando un empleo visible y otro invisible, uno formal y otro informal, y viendo a nuestro alrededor, ¿cuál Jauja?

EL OBSERVADOR 196-4

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PINCELADAS

Todos somos peregrinos

Justo López Melús *

Un monje peregrino de impresionante aspecto llegó a las puertas de palacio. Iba tan decidido y con tanta dignidad que no le detuvieron los guardias y llegó hasta el trono del rey.

- ¿Qué deseas? -le preguntó el rey.
- Un lugar para dormir en este refugio de caravanas.
- Pero esto no es un refugio de caravanas, es mi palacio, con todas las comodidades que se puedan desear.
Entonces el peregrino le interrogó:- ¿Quién lo ocupó antes que tú?
- Mi padre, que en paz descanse.
Y siguió preguntando:- ¿Y antes que tu padre?
- Mi abuelo, que también murió.
- Y un lugar donde la gente se hospeda por un tiempo y luego se va, ¿no es un lugar de caravanas?
- ¡Sí, todos estamos en la sala de espera!

El rey comprendió la enseñanza, y no sólo le hospedó en su palacio, sino que se hizo su discípulo. Y lo retuvo todo el tiempo que pudo para aprender de sus sabias enseñanzas.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 196-5

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PALABRAS MAYORES

El cerillo y la noche

Joaquín Antonio Peñalosa

Donde ponemos los ojos percibimos el rostro sombrío del desencanto. No es pecar de dramatismo. En la gente anidan y crecen las larvas de la inseguridad y el miedo, la desconfianza y el pesimismo, la derrota y la impotencia.

El desencanto es la expresión de esperanzas insatisfechas, de dudas sin aclaración, de un presente sin futuro, de un callejón sin previsible salida.

El desencanto ha contagiado ya a más gente que lo que sería de desear. Prácticamente nos rodea por todas partes como el mar salado a la isla solitaria donde, para colmo, no hay un salvavidas para escapar.

Pero no ha de ser con lamentaciones como salvemos la crisis, ésta o cualquier otra. Es tan fácil hacer literatura con la desgracia. Lo que importa no es lo que uno diga, así esté bien dicho, sino lo que uno haga, así sea relativamente poco.

Ya saben ustedes que es preferible encender un cerillo que maldecir la noche.

No son momentos de hablar, sino de actuar. El patriotismo, que es el amor a los prójimos más próximos, es virtud eminentemente operativa. De nada servirá asumir el papel del orador que concluye el discurso con un retórico y simplista: "He dicho". Lo único que ahora tendrá validez será: "He hecho".

- He hecho. Algo. Poca cosa. Lo que puedo. Lo que debo hacer.
- ¿Como qué?
- Como apretarse el cinturón.
- Pero si los pobres ni a cinturón llegan.

Los demás, los demás que tienen tres o cuatro cinturones, serán los que habrán de practicar la austeridad. La austeridad es una palabra austera. Asusta. Porque todos andamos con la lengua de fuera tratando de ser ricos cuanto antes sin importar los medios, por lo menos aprendices de ricos. Porque no albergamos otro ideal que alcanzar un alto nivel de vida, empequeñeciendo la grandeza de la vida a una fría y materialista visión económica. Porque nos la pasamos quemando etapas para pasar de proletarios a clasemedieros y de ahí el salto olímpico a la dorada burguesía, el traje de noche, los cigarros extralargos, el pent-house alfombrado de pared a pared, los cubos de hielo geométricamente perfectos en las copas de exportación, los bares como catacumbas de lujo para millonarios como de película yanqui.

Tener, tener más. Más dinero, mas joyas, más estéreos, mas carros, más playas, mas amantes. Más, adverbio de cantidad, que la calidad humana poco importa.

Pero no hay mal que por bien no venga. La crisis financiera del país puede ser una ocasión saludable para recobrar el sentido común, el sentido de la justicia, el sentido del pobre, el sentido de la vida, si es que todos nos decidimos a practicar la austeridad, empezando por quienes tienen el poder.

La austeridad obliga a no hacer ostentación de la riqueza, extirpar el lujo, desterrar los gastos suntuarios, ganar con honestidad, gastar con moderación, ahorrar con prudencia, invertir con generosidad.

La austeridad es un freno al derroche, un límite al consumismo desbocado, un alto al dinero fácil, unpunto final a los robos disfrazados, llámense especulación, ganancias deshonestas, malversación de fondos públicos, promociones de mercadotecnia.

El peso está devaluado. Más devaluada está la conciencia.

EL OBSERVADOR 196-6

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PICADURA LETRISTICA

Dos cómputos, dos resultadosDos cómputos, dos resultados

J. Jesús García y García

"Bien hayas tú que entiendes a fuerza de dice y dice"
DICHO POPULAR.

No aludo a cierto recurso de mala leche que, casi siempre con fortuna, ponen en juego los "honestos" evasores de impuestos, sino a la repartición de la humanidad en dos intransigentes bandos o partidos: el de los que celebrarán el advenimiento de un nuevo siglo -y de un nuevo milenio por lo consiguiente- dentro de 264 días, es decir, en el minuto inicial del 1 de enero del 2000, y el de quienes haremos aquello mismo, pero después de 630 días, esto es, al despuntar el 1 de enero del 2001.

Hasta hace uno o dos años no era avizorable la magnitud del problema. Se habían producido, sí, algunos escarceos que dieron lugar a dispares reacciones, entre ellas la mía (vid. EL OBSERVADOR núm. 96), pero aún no se sospechaba esta universal división en la que dos gordísimos partidos (todavía sin estatutos, lemas ni estructuras, cosas fácilmente proveíbles) agrupan a una infinidad de sustentadores y su correspondiente cauda de secuaces que no en todos los casos lo son por convicción cuanto por inercia.

En este conflicto -si cabe llamarlo así- no tiene que ver la inexactitud de los cómputos de Dionisio el Exiguo ni la aparente libertad que tendría la humanidad para celebrar lo que quiera cuando se le dé la real gana, sino que es una cuestión muy elemental de aritmética: se basa en que 2000 es igual a 2000 y no a 1999. Nada más. Afirmar, como lo hicieron numerosos escritores y predicadores, que la que acaba de pasar sería "la última Cuaresma del siglo" fue, sencillamente, una sandez. A menos que haya -pero no, esto es inconcebible- un extraño acuerdo para que el año 2000 no traiga Cuaresma.

Pocas actitudes sensatas se han dado al respecto. Una de ellas fue protagonizada por la agencia ZENIT que, desde Roma, el 16 de febrero, difundió una nota con este título: "Comienza la última Cuaresma del milenio", pero que el mismo día, horas más tarde, emitió una fe de erratas que dice a la letra: "Como ya habrán podido darse cuenta, el título de nuestro primer artículo de hoy estaba equivocado. Por un error de edición titulamos: 'Comienza la última Cuaresma del milenio'. Obviamente quisimos decir: 'Comienza la última Cuaresma antes del Jubileo'.- Agradecemos la comprensión ante el 'lapsus mentis'. Gracias a Dios, ZENIT no es infalible, pero sí 'corregible'". Mas el daño ya estaba hecho. Los partidarios del milenio de 999 años ya no oyeron la rectificación. No iban a dejar que se esfumara un argumento favorable a su causa.

Así pues, dos facciones escinden, hoy por hoy, al género humano. La una maneja inclinaciones, en tanto que la otra pretende hacer valer razones. Inclinación y razón, nos lo dice la historia, no siempre encuentran un punto de avenimiento: la porfía suele quebrantar el ajuste o convenio. Ya lo dice el viejo refrán castellano: "Yo duro y vos duro, ¿quién llevará lo maduro?". Nos esperan, así, dos festejos de una misma cosa, entre los cuales habrá el intervalo de los 366 días de un año bisiesto. Al fin de cuentas saldrá ganando una tercera fuerza: la parcialidad emergente de los fiesteros.

EL OBSERVADOR 196-7

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COMENTARIO A FONDO

Por aquí anda Jesús

Darío Pedroza Jr. *

¿Qué tal, sigues resucitado o caminaste como los cangrejos?

No es fácil, ciertamente, tomar la dinámica del Maestro y aceptar el compromiso de morir a lo viejo, entendiendo como viejo lo injusto, lo perverso, lo lejano de Dios, de la vida y del prójimo.

Las primeras comunidades cristianas nos vienen presentando cómo Jesús se hace presente entre los apóstoles, los discípulos, los cristianos en apoyo de su fe, débil por cierto, pero con el empeño de comprometerse una vez hechas las renuncias que tú y yo hicimos en la Vigilia Pascual.

Los retos de dentro y de fuera permanecen, los desafíos siguen y las diversas comunidades mantienen sus propósitos de seguimiento de los criterios del Evangelio de Jesucristo. En la medida en que los cristianos nos abrimos a la misericordia del Padre para que la resurrección del Señor sea vida, podremos ir entendiendo el misterio de la cruz que celebramos en su recuerdo el Viernes Santo pasado pero que, en la trama de la vida, con sus vaivenes, se nos oscurece la panorámica y de repente sentimos estar en un callejón sin salida.

Sí, es tiempo de fiesta; los espacios sagrados se iluminan profusamente de suerte que se note la diferencia de la Cuaresma a la celebración de los días pascuales. Las flores vuelven a aparecer como signos de la alegría de Dios por haber librado a su Hijo de la muerte y de la sepultura y tenerlo a su derecha en la plenitud de la vida de la Santa Trinidad. El canto del aleluya, que se había suspendido para darle fuerza al signo penitencial y reconciliatorio, proclama alegremente el triunfo de la vida sobre la muerte.

En las comunidades católicas un gran número de cristianos se acercan al banquete de Jesucristo hecho Eucaristía como fruto de su voluntad salvadora y de su permanencia constante con los que le costamos la sangre y la vida. Por desgracia, la ignorancia religiosa abandona la participación de la comunidad en la santa comunión y, como dice Pablo, por eso hay tantos enfermos y tantos débiles.

La Pascua del Señor alimenta la alegría de los humanos, especialmente la de aquellos que saben qué es eso de alegrarse, de sonreír; no tanto de carcajearse, sino de expresar en la mirada y en el rostro la presencia de un Dios vivo, como es el caso de los niños, porque los pequeños no conocen la maldad, ni la soberbia, ni la venganza, ni el odio. Así sonreía y sonríe Jesucristo resucitado porque tiene la plenitud de Dios, porque Él es Dios, porque posee a su Padre, porque posee al Espíritu, y no tan sólo los posee, sino que los comunica en la fuerza de su amor.

Me da la impresión de que a nuestro mundo le está haciendo falta sonreír más que carcajearse, y menos con la carcajada de la injusticia y la maldad.

La vida de los resucitados, de los que por estos tiempos reciben al Padre del Cielo, a Cristo resucitado, al Espíritu del Padre y del Hijo en el santo sacramento del Bautismo, es una vida para siempre. No se trata de una pantalla, no se trata de un regalo hueco, falso, engañoso; es el regalo que por medio de la infusión del agua hace que el bautizado se haga hijo de DIos y heredero del cielo. Los resucitados están llamados a ser hermanos, sin distinción de religión, posición social, rumbo, raza, trabajo, uniforme. La resurrección es de todos y para todos en tanto aceptemos sus consecuencias en nuestra vida.

El autor es presbítero, Secretario de Pastoral Penitenciaria del Arzobispado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 196-8

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MEDIOS DE COMUNICACION

La crispación

Santiago Norte

La mayoría de los críticos externos de Internet están absolutamente obnubilados con lo que se llama, en la jerigonza íntima de la supercarretera informática, la comunicación "en tiempo real". Dicen, y no sin cierta razón, que esto trae consigo un cambio de paradigma en la emisión y recepción de mensajes. Los tiempos se han reducido a micromilésimas de segundo. Por ello mismo, se puede hablar de una crisis informacional: el empeño de los usuarios (tanto de quien informa como de quien es informado) no se enfoca tanto en la calidad cuanto en la cantidad y la rapidez de la obtención de los datos. Cualesquiera que sean estos datos. Ignacio Ramonet, excelente crítico de la red Internet y director de Le Monde Diplomatique, lo ha visto con absoluta claridad: "En plena crisis informacional la irrupción de Internet aumenta el sentimiento de caos porque establece definitivamente el tiempo real, la instantaneidad, como ritmo normal de la información. Y porque cualifica el rumor, la noticia no verificada, como una categoría perfectamente natural de información". En efecto, el término concreto del "tiempo real" y la vertiginosa transmisión de información dan por resultado que hoy por hoy se tenga muchísima información disponible en pantalla sin dos criterios básicos: qué hacer con ella y cómo distinguir la basura de la buena información.

Continúa Ramonet: "Los ciudadanos que sufrían ya tratando de distinguir los hechos de los comentarios se sienten cada vez más perdidos, extraviados en el laberinto comunicacional, y reclaman de los periodistas que recuperen el sentido de su misión: garantizar la veracidad de la información. Pues de la calidad de la información depende la calidad de la democracia". Y aquí topamos con el muro: Internet ha puesto un mundo virtual en las manos del mundo real. Lo que sucede ahí no tiene que ver -por fuerza- con lo que sucede acá. Y la multiplicación de "periodistas" en la red, gente, desde luego, no calificada, va a hacer el oficio periodístico tan útil como lo puede ser el de contador en marañas fiscales como la de nuestro país. Será, pues, el árbitro ético ante tanta basura, independientemente de que, en el camino, él mismo se convierta en esa basura. Mientras tanto, la crispación será el pan nuestro de cada día. Constantemente leeremos casos de gente "enganchada" a la red como sucedáneo del "engancharse" a la vida. Internet va a complicar el ritmo de la producción de los medios tradicionales, pero va a salir de ahí un nuevo modelo del oficio de mediador, más interesado en el público que en la "primicia" informativa.

EL OBSERVADOR 196-9

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Oración por el cine

Oración por el cine

Aquel gran periodista católico enamorado del cine que fue José María Pérez Lozano escribió esta preciosa oración:

"Te pido, Señor, que guardes al cine de sí mismo: del peligroso narcisismo que puede convertirlo en arma para atontar multitudes. Te pido que lo hagas sencillo y humilde, eficaz y señor, independiente y consciente de su responsabilidad. Frente a los dedos que lo fulminan, frente a las condenaciones que lo aplebeyan, yo vengo, Señor, a defender al cine, a encomendarte el cine. Este cine nuestro que nació, conforme a las normas de la indigencia evangélica, en un miserable barracón, en una feria perdida por cualquier pueblecillo, y que ahora atrae a las multitudes bajo sus gloriosos arcos triunfales de neón. Este cine que guiña sus mil ojos de color, sus mil ojos fríos, saltones y distantes, en las tenebrosas grandes vías del mundo, donde se alían el dinero, la podre y la traición, para escupirte de nuevo, Señor.

"Señor, yo un día te quisiera pedir por el hierro, que no tuvo la culpa de atravesarte; por el cuero, que no tuvo la culpa de sangrarte; por la madera, que no tuvo la culpa de que te clavaran. Hoy, sencillamente, vengo a pedirte, a defender al cine, que ha sido, es y será hierro, cuero y madera en nuevos suplicios para Ti, Señor. Pero el cine no tiene culpa, porque el cine es un medio, y sólo es lo que los hombres queremos que sea.

"Te pido, Señor, por el cine. Para que lo guardes de los usureros que invierten dinero en él como lo invertirían en una inmobiliaria o en una fábrica de resinas, de los que lo utilizan sólo como tanto por ciento, para aumentar sus podridas arcas. Para que lo guardes de los hombres deshonestos, para los que el celuloide es una vistosa serpiente agazapada en el rencor y la lascivia de sus corazones. Para que lo libres de los hombres poderosos que piensan que el cine puede ser un latiguillo político. Para que lo libres de cuantos le han jurado amor, y luego, como amantes falsos, le han asestado la puñalada trapera de su mezquindad, de su avaricia, de sus sórdidas ambiciones.

"Te pido, Señor, por el cine. Es un botín muy rico que ha caído en las garras afiladas, voraces y crueles de los tratantes. Los hombres que lo crean y los hombres que lo venden lo han contaminado de su lepra. Y, con frecuencia, el cine sólo contiene virus infecciosos. Te pido, Señor, por este pobre gorrión caído entre los sorbetones de los cerdos. Defiende al cine, Señor, pobre víctima de estas gentes y de estas cosas. El cine que nos contó la emocionante historia de María Goretti y que fue capaz de repetir el prodigio de Annarella Bracci. El cine que nos habló de un sacerdote alejado y de un santo caritativo y de un muchacho rebelde a las leyes del silencio corrupto, es y no es el mismo cine que nos ha contado mil historias miserables para alumbrar con cerillas la oscuridad del mundo.

"Te pido, Señor, por el cine. Déjame defenderlo ante Ti, ante los justos y ante los hipócritas. Déjame decir que nosotros, los hombres jóvenes, amamos al cine porque tiene pocos años, como nosotros; porque es un arte que aún puede ser nuestro, un arte donde se hacen hallazgos, y porque estamos seguros de que ha salido de tus manos, como todo lo bello, lo hermoso y lo noble. Porque el cine es hijo de la luz, y ni siquiera es culpable de una circunstancial alianza con la tiniebla. que no está en su esencia y que ha sido, sin duda, buena ocasión para los cuervos.

"Y te pido también que guardes a nuestro cine de los otros, de aquellos para quienes está hecho, de los hombres que lo ven sólo como ellos quieren verlo, que lo falsean, lo asesinan o convierten su oscuridad en esa ocasión próxima de pecado de la que hablan los moralistas; te pido por los hombres y mujeres que sólo ven en el cine la penumbra y la lujuria de sus imágenes vergonzantes. Te pido por esos pobres ojos que están viendo fuera, en la pantalla, lo que en realidad llevan agazapado en su corazón.

"Y, finalmente, te pido que guardes al cine de sí mismo. Del peligroso narcisismo que puede convertirlo en arma para atontar multitudes, para amostrencar inteligencias. Te pido que lo libres de la soberbia que silba en sus oídos el tú como Dios. De la tentación que quiere convertirlo, por un bárbaro orgullo, en brutal dictadura de los corazones libres. Te pido para que lo hagas sencillo y humilde, eficaz y señor, independiente y consciente de su responsabilidad. Guarda al cine de sí mismo y de los que hablan de él, de los que lo odian, víctimas de un difuso y convencional maniqueísmo, y de los que lo aconsejan, de los que lo escriben y lo dirigen.

"Defiendo al cine, Señor, defiendo al hermano cine porque es una de tus criaturas. Y déjame esperar que tus hijos todos lo amemos algún día. Y entonces expulsaremos a los mercaderes, con el cuero tenso de nuestra cólera, de estos grandes palacios que un día, sí, haremos templos tuyos".

EL OBSERVADOR 196-10

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO

Jaime Sabines, in memoriam *Jaime Sabines, in memoriam *

Javier Sicilia

Nunca conocí personalmente a Jaime Sabines, pero puedo decir que si sus posiciones políticas me convocaban a la discusión, al arrebato y a la confrontación, su obra poética me convocaba y aún me convoca a la comunión. Sabines, más que Octavio Paz, que fue una de las grandes conciencias de la comunión poética, encarnaba lo que el poeta debe ser: el sacerdote de una celebración en la que el pueblo se reconoce, regresa a sus orígenes y vuelve a ser.

Tal vez por ello, con excepción de Dylan Thomas, Jaime Sabines, como ningún otro poeta contemporáneo, lograba, cada vez que se paraba delante de un auditorio, convocar y hacer comulgar en el misterio a miles de seres humanos de los más distintos estratos sociales y culturas. Los que asistían a sus recitales no iban a ver y a escuchar a una estrella de rock, no iban convocados por un acontecimiento comercial, iban a escuchar la voz de la comunidad, la voz en la que sus experiencias más humanas cobraban forma. En este sentido Jaime Sabines fue el más nacional de nuestros poetas. Como ninguno logró traducir y revelar nuestro ethos más profundo. Por eso convocaba, por ello sus libros continúan convocando y conmoviéndonos hasta las lágrimas.

Sabines tomó el lenguaje deseado de nuestra modernidad mexicana y lo volvió a poner de pie para enfrentarnos a lo que de más vivo y entrañable hay en nosotros: el amor, la ternura, el dolor, el gozo. Su fuerza radicaba en que no era un hombre extraordinario, sino un hombre común que vibraba con los acontecimientos comunes y buscaba la trascendencia en ese común. Lo dijo maravillosamente cuando, ante la pregunta: "¿Qué busco?", responde: "He tratado muchas veces de buscar a Dios y a la justicia. Soy un pobre diablo que anda entre el cielo y el infierno. Soy una gente que lo quiere todo y que no ha alcanzado nada. Durante meses o años busco la justicia, el pan, la comida, la sal, la mujer; y hay momentos, breves momentos en que he querido buscar a Dios... Nunca lo he encontrado; el día que lo encuentre me quedo callado".

Esa sencillez de la búsqueda de lo infinito en lo común, que es nuestra misma búsqueda; esa humilde pasión de ir hacia las cosas cotidianas con el alma y el cuerpo desnudos, como un niño, es lo que lo hizo tan grande y tan poeta. Leer a Sabines, escucharlo, era y continúa siendo redescubrir el mundo de todos los días. En cada uno de sus versos estamos contenidos cada uno de nosotros: todos hemos tenido un padre al que hemos amado, una tía Chofi, una novia, un amor fecundo y desgraciado: todos hemos sido amorosos y hemos gustado de Dios, y todos hemos sentido lo que sus poemas nos develan. Su obra nos incluye con nuestras imprecaciones, nuestras dudas, nuestra orfandad, nuestros temores, nuestros gozos, nuestras nostalgias.

Jaime Sabines logró en su búsqueda poética encontrar eso que forma la vida cotidiana y que fue su obsesión: el pan, la sal, las lágrimas, la comida y la mujer, y al encontrarlos nos ha hecho reencontrarnos. Ahora, como él quería, ha encontrado a Dios y se ha quedado callado. No en vano el último de los poemas que entregó a la publicación y que no dejó de recitar hasta el último día en que se presentó en público se llama "Me encanta Dios": "A mi me gusta -termina diciendo-, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios", y que Jaime Sabines celebre ahora con Él la bienaventuranza eterna de la que sus poemas fueron una inquietante búsqueda y una celebración de lo creado.

* Publicado por convenio expreso con el autor.

EL OBSERVADOR 196-11

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GRANDES FIRMAS

Jean Vanier: "Toda persona es una historia sagrada" *

Francisco Prieto

"Matar al otro porque es diferente es querer matar la parte de tinieblas que cada quién lleva dentro de sí". Estas palabras son de Jean Vanier y se encuentran en Toda persona es una historia sagrada. Jean vanier es el fundador de El Arca". Hijo de un alto oficial de la marina canadiense, él mismo fue oficial de marina. En plena juventud, como un Francisco de Asís de esta última parte del siglo, es tocado por la Gracia:

"Desde hace más de treinta años vivo en 'El Arca' con hombres y mujeres que padecen una discapacidad mental. La aventura comenzó en 1963 cuando un sacerdote me invitó a que conociera a sus nuevos amigos, personas con una discapacidad mental que vivían en una residencia de la que él era el capellán. Fui y encontré, con una cierta molestia, con miedo, a aquellos seres humanos débiles y frágiles, heridos por un accidente o una enfermedad y, sin duda, aun más por el menosprecio y el rechazo. Cada una de aquellas criaturas estaba hambrienta de amistad y de afecto; cada una, sucesivamente, se me acercó preguntándome desde la palabra o la mirada: '¿Me amas?', '¿Quieres ser amigo mío?'".

La vida de Jean Vanier conocería un cambio a partir de aquel día, pero no es de él de quien me propongo hablar, sino de su último libro, que arroja tantas luces para entender los genocidios de Bosnia-Herzegovina, de Chiapas y los holocaustos que se han producido a lo largo de la historia. Me explico:

Comencé a leer el libro al regresar a mi hotel en París. Esa noche había sido testigo, en el metro, de una escena singular. En el asiento de al lado un pobre inmigrante argelino hacía burla de los franceses. En esas estaba cuando se sentó a su lado un tipo cuya apariencia era de francés vencido por la vida. Ese hombre estaba drogado. Entre las cosas que le dijo el argelino para agredirlo estaba aquella de llamarlo cristiano al tiempo que decía, al francés y a cuantos le rodeábamos, que él era musulmán, que estaba orgulloso de serlo, que no renegaría nunca. La mayoría de quienes viajaban en aquel vagón del metro reían del argelino. Tomar a una persona como un chiste es un modo de ignorarlo, una vía defensiva. En un momento el francés vencido por la vida, cruzado de vino y de drogas, comenzó a conversar con el inmigrante argelino. Le dijo que no era cristiano y le tenía sin cuidado que él fuera musulmán. Eran dos personas y punto. Le dijo también que se calmara, "uno nunca sabe al lado de quién está", y lo invitó a bajarse en la siguiente estación y tomar una copa con él. El argelino se calmó. El argelino y el francés, abrazados, se bajaron en la siguiente estación. El francés vencido por la vida dejó estampada una lección de humanidad. Sencillamente no le tuvo miedo al "extranjero". En ese momento uno y otro encontraron a Jesús.

Regresé al hotel, abatido. Si el argelino me hubiera dicho algo disonante, quizá le hubiera pegado, humillado, negado... Me sentí culpable, me sentí muy poca cosa. Más tarde abrí al azar el libro de Vanier que había comprado aquel mismo día: "Matar al otro porque es diferente es querer matar la parte de tinieblas que cada quien lleva dentro de sí". "En la comunión uno se vuelve vulnerable, uno se ha dejado y se deja tocar por el otro".

¿No fue, acaso, me pregunto, el terror de los españoles el que provocaría la matanza de Cholula y la destrucción de Tenochtitlan? El miedo a lo diferente ¿no está, acaso, presente en el holocausto de los campos de concentración? ¡Cuántos crímenes se han cometido movidos por el miedo!

Toda persona es una historia sagrada no sólo es un tratado que explica todo cuanto ha sumido al siglo veinte en una cámara de horrores, sino que es un viaje al lado de un hombre, el autor, que ha visto florecer a los desheredados de la existencia, esos que parecen producto del "odio de Dios", tan sólo con que se les mire a los ojos, se les toque, abriéndose así el camino hacia la comunión. Un libro que, ojalá, leyeran todos esos que no pueden entender que los tzeltales, zoques, mames y tzotziles quieran seguir siendo tzeltales, zoques, mames y tzotziles.

El libro de Jean Vanier nos hace presente que este mundo lo reconstruimos desde la caridad o nos acabaremos de hundir en el infierno.

* Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 196-12

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Hermanos de Jesucristo, Hijo del Padre

José Luis Meza*

Por ser el hombre social y sociable (GSp, n. 12. Concilio Vaticano II), nace, crece y se desarrolla en el tejido comunitario de la familia y la sociedad. En la soledad y aislamiento se deteriora y perece. Significa que las relaciones humanas son absolutamente necesarias para conservar y comprender la semejanza divina (cfr. Gen 1, 26) que les imprimió el Creador. "No es bueno que el hombre esté solo" (Gen 2, 18). A partir de esta base natural y divina podemos afirmar que nuestras relaciones enmarcadas en determinadas formas de asociación (familia, Iglesia, club, etc.) tienen un trasfondo o piso subterráneo que se ha de leer por la fe en el misterio de la "fraternidad eclesial". Porque solamente así es como creemos en la "comunión de los santos". Por ser hijos de Dios por Gracia, asimismo creemos que pertenecemos a la familia divina en adopción bautismal. Esta pertenencia familiar rebasa en mucho las relaciones de cualquier parentesco humano. Ellas nos sirven para acercarnos un poco a esa común unión sobrenatural; pero no para agotar su verdadero significado. Nuestra reflexión de que somos "hermanos de Cristo, el Hijo del Padre", nos transporta hasta el modelo de la familia arcana del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En ese modelo todas las fraternidades provisionales de la vida temporal recogen inspiración, consistencia y valor de mutuo entendimiento. Lo tendremos muy en cuenta para seguir pensando en ello.

No sabemos la cara que pusieron aquellas gentes que escucharon la declaración de Jesús: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? (...) Todo el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mt 12, 48-50). De lo que estamos seguros es de que tal declaración nos ha de servir para situar correctamente la fraternidad humana y distinguirla de la fraternidad divina que nos relaciona y vincula con ese Hermano Jesucristo. Este relato bíblico queda superreforzado con la otra afirmación del mismo Jesús: "En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de estos más pequeños (pobres, menesterosos) que son mis hermanosque son mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt 25, 40). Ahora Jesús no sólo confirma nuestra cofraternidad, sino que además declara que de alguna manera se identifica con todos los pobres y necesitados. Lo que de bueno o malo hacemos con los demás, Cristo lo considera una acción, u omisión, hecha a su divina Persona. Con esto se está enfatizando el grado íntimo y profundo de nuestra consanguinidad espiritual: la suma exigencia de la caridad evangélica. Jesús es el Hermano mayor que da la cara y la misma vida por sus hermanos. Pocos hermanos de sangre harán lo mismo que Jesucristo. Enfatizamos de nuevo que la fraternidad bautismal es más profunda y más trascendente que los parentescos humanos. El alcance de esta relación familiar evangélica no tiene un modelo sobre la tierra que le iguale. Es un modelo único sobre la faz de la tierra. Es tan universal que supera las relaciones familiares de apellido y todas las formas de asociación que conocemos. Nos resulta tan simple y familiar decirnos "hermanos". Esto lo oímos en fraternidades sociales y en la misma Iglesia. Pero dicho trato, por lo general, se queda en un nivel de relaciones públicas. No impacta la interioridad del misterio evangélico. El mundo necesita la cultura de la fraternidad con Cristo.

* El autor es presbítero, Director de Comunicación de la Diócesis de León.

EL OBSERVADOR 196-13

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¿Cómo hacer cercana al pueblo la celebración de la Pascua?
¿Cómo hacer cercana al pueblo la celebración de la Pascua?

Jesús García Gómez *

He observado que en el altiplano potosino hay muchas devociones populares que preparan o prolongan la vivencia del misterio litúrgico de la Navidad. Las Posadas por barrios o entre vecinos, la "acostada" y "levantada" de los Niños, que conlleva fuertes compadrazgos y reuniones festivas en familia que nos ayudan a vivir la alegría y comunión que nos propone el nacimiento del Señor. Hasta a los señores poco acostumbrados a expresar ternura se les ve arrullando al Niño devotamente. En la Cuaresma también se resaltan varios signos, empezando por el popular, en grado sumo, de la toma de ceniza, y siguiendo con el de la cruz. Los vecinos se unen para rezar todos los viernes el viacrucis por las calles; disponen y adornan, llenos de fe, los altares para las distintas estaciones. No se sabe de dónde sacan las flores en este tiempo de sequía, ni los manteles y carpetas bordadas a mano, limpios y almidonados. Posiblemente no congregan tanta gente como en la celebración de las Posadas o Levantas de Niño, pero cuantos ven los altares se asoman, y los que pasan se persignan y se quitan el sombrero o la cachucha. La Semana Mayor o Semana Santa está "plagada" de signos que favorecen la vivencia y comprensión del Misterio. Empezando por el Domingo de Ramos, con la bendición de los ramos y la procesión proclamando a Cristo como su Mesías. El Jueves Santo, con el lavatorio de los pies y la bendición de los panes, ayuda a vivir el amor de Jesús expresado en la Cena, así como la visita a los altares en familia y la adoración ante el Santísimo en el Monumento. El espíritu del Viernes Santo se vive a través del viacrucis representado, la adoración de la santa cruz, la oración universal y los pésames a María. El signo del silencio prolongado del Sábado, que explota en la alegría del fuego nuevo, las candelas, el recorrido de la historia de la salvación a través de las lecturas abundantes, los salmos y los cánticos, el gloria sonoro, el aleluya. Y luego... parece que todo termina con el Domingo de Pascua, como que llegamos cansados a la meta y ya no disfrutamos el hermoso panorama de este tiempo.

Los liturgistas nos invitan a prolongar la alegría pascual a lo largo de los 50 días, y para ello nos proponen resaltar una serie de signos. Recordemos algunos, aunque no sean exclusivos de este tiempo, pero que nos ayudarán a vivir mejor la Pascua. El canto del aleluya le da su tinte peculiar; la aspersión con el agua bendita, tan buscada en estos lugares; el cirio pascual, adornado y en un lugar visible y de honor, como que representa a Cristo resucitado. En la celebración de los sacramentos hacer notar su relación con el misterio de Cristo y de la Iglesia que se va creando con la fuerza de Espíritu dado por Jesús. En este último aspecto sería conveniente presentar a los diversos agentes de la pastoral que prestan algún servicio. La Iglesia se construye con los diversos carismas que va suscitando el Espíritu de Jesús. También podría promoverse la costumbre de otras iglesias que por este tiempo bendicen los hogares; habría que hacerlo también en comunidad, por manzanas, para que el párroco se haga cercano y los vecinos convivan, aun los que acuden poco al culto. Cuando la liturgia adquiere caracteres populares, o sea, cuando entra por los cinco sentidos en un clima celebrativo cálido y espontáneo, la asistencia de los fieles es masiva. Esto nos indica que hemos de tomar en serio los símbolos y los gestos corporales. En el fondo es más fácil popularizar la liturgia que evangelizar con la liturgia el catolicismo popular. No olvidemos que, sin la experiencia de Dios, la liturgia está muerta.

* El autor es misionero del Espíritu Santo de la diócesis de Matehuala.

EL OBSERVADOR 196-14

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VIDA CRISTIANA

Todo en común

Isele

"Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común" (Hechos 2, 44). ¿Qué es esto? ¿Una simple narración? ¿Una propuesta de vida? ¿Cómo debemos entender esto nosotros, capitalistas, consumistas, materialistas de fin del siglo XX?

Los que tenían bienes o propiedades los vendían y a cada quien se le daba según sus necesidades, continúa el relato de los Hechos de los apóstoles. ¿Utopía? Bueno, eso estaba bien para los primeros cristianos, pero nosotros... Nosotros somos distintos. Estamos aferrados a nuestros bienes y propiedades. Los necesitamos. No podemos venderlos y repartirlos así nomás. ¿O sí?

¿Cuál es el significado, hoy, de ese mensaje de las Sagradas Escrituras? ¿Cómo entender ese tener todo en común de los primeros cristianos?

Hoy sólo tengo preguntas.

EL OBSERVADOR 196-15

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OPINION

Dar vida a la relación matrimonial

Con su resurrección Jesucristo "nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva", dice san Pablo.

Nos toca ahora hacer real esa vida nueva.

La propuesta, hoy, es renovar la vida de los esposos. Es evidente que no es suficiente con casarse y estar juntos. Hay que construir la relación día a día, tramo a tramo, con cada tropiezo, con cada gozo.

Que Cristo habite con los esposos para que ellos puedan ser signo del amor de Dios entre los hombres.

EL OBSERVADOR 196-16

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ORIENTACION FAMILIAR

Dejé de tomar, pero mi esposa no me acepta


Yusi Cervantes

Soy alcohólico. Hace un tiempo entré a Alcohólicos Anónimos y dejé de tomar. En A.A. me di cuenta de cómo había perjudicado a mi familia y mi propósito era reparar los daños y formar, con mi esposa y mis dos hijas, una verdadera familia. El problema es que ella no quiere saber nada de mí. No me atiende. Sale mucho de casa. Dice que tiene derecho a hacer su vida, y estoy de acuerdo, pero quisiera que me tomara un poco en cuenta. Se niega a hablar conmigo, me humilla, se quiere separar de mí pero yo no entiendo por qué si los motivos que antes tenía (yo era borracho, irresponsable) ya no existen. He logrado poner una pequeña tienda de abarrotes; ahora procuro convivir con mis hijas. Sé que las cosas no pueden solucionarse de la noche a la mañana, pero ya estoy desesperado. Mi esposa pertenece a un grupo de Iglesia, pero no creo que ahí le estén aconsejando que me deje. No entiendo qué pasa.

Cuando hay un problema de alcoholismo, muchísimas veces el alcohólico no es el único que está mal. Los esposos y esposas de alcohólicos suelen tener también problemas. Tan es así que hay un término para referirse a estas personas: coalcohólico.

Esto significa que cuando hay problemas de este tipo, los dos necesitan recuperarse. Ojalá su esposa aceptara recibir ayuda para lograrlo.

La relación de usted y su esposa seguramente está muy dañada. Es probable, incluso, que nunca haya tenido bases sólidas. Sin embargo, es posible reconstruirla y salvar a la familia que han formado. Pero, como usted bien se da cuenta, es necesario que también su esposa esté dispuesta a luchar por lograrlo.

Es fundamental que ustedes se comuniquen. Usted tiene que intentarlo de todos los modos posibles. Hable con ella con el corazón en la mano, con sinceridad, expresándole cómo se siente. Pero evite a como dé lugar las acusaciones, las palabras con intención de que ella se sienta culpable, las frases "tú siempre..." o "tú nunca...", las quejas... Dígale que le interesa mucho escucharla, saber qué siente, qué le ocurre.

Si no quiere escucharlo, escríbale.

Busque también la ayuda del sacerdote del grupo de Iglesia al que ella pertenece. Él podría ayudarlos.

Ojalá ella aceptara ir a un encuentro matrimonial. El sacerdote también puede orientarlos al respecto.

Mientras tanto, mantenga la calma. Muéstrese amable, considerado. Que ella vea que realmente usted ha cambiado.

Busque un buen amigo para desahogar todo lo que trae dentro. Sálgase a correr o a practicar algún deporte intenso para descargar su enojo y su frustración. Esto no significa que en casa deba permitir las humillaciones. Exprese su disgusto, pero de un modo correcto. Que ella vea que usted es un hombre con dignidad, dispuesto a luchar por su familia y dispuesto también a acercarse a ella con la intención de vivir bien.

(La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR).

EL OBSERVADOR 196-17

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Para mejorar la relación de los esposos

1.- Mírense uno al otro los ojos. Todos los días.
2.- Mírense también hacia el interior, desde el fondo del corazón.
3.- Acepten la idea de que la relación puede mejorar. Decidan trabajar en ello. Háganse responsables de la calidad y del futuro de la relación.
4.- Creen un ambiente de seguridad y respeto, donde cada uno pueda verdaderamente ser y expresarse.
5.- Aprendan a comunicarse. La comunicación tiene técnicas. Hay artículos, libros, cursos y encuentros matrimoniales que pueden ayudarles.
6.- Digan "yo". Para comprenderse bien hay que comenzar por expresar lo que siento, lo que deseo, lo que hay en mí. Pero cuidado: no es "yo pienso (o yo siento) que tú...".
7.- Grábense esto: el otro no tiene una bola de cristal. Por más años de casados que tengan, ninguno sabe lo que el otro siente, teme o piensa. Es necesario decirlo. No son adivinos.
8.- Para comunicarse mejor hay que buscar el momento adecuado y hablar con claridad.
9.- En los conflictos es inútil buscar quién comenzó o quién es culpable. Sean mejor conscientes de cómo y por qué mantienen el conflicto para luego pensar en propuestas.
10.- No existe tal cosa como el acuerdo total, la unión perfecta. Siempre habrá que ir buscando el equilibrio, a veces ceder, a veces buscar un punto intermedio... Siempre comprender.
11.- Eviten preguntas vagas que puedan contestar con monosílabos ("¿Cómo te fue". "Bien".). Es mejor preguntar, por ejemplo: "¿Qué sucedió con el proyecto que presentaste?".
12.- Aprendan a pedir lo que desean. Claramente, sin rodeos. Y aprendan a rehusarse, si es el caso, con amabilidad. "¿Quieres acompañarme al supermercado?" no es una orden: es una invitación.
13.- Todo deseo necesita ser entendido, aunque no siempre pueda ser satisfecho. Escuchemos los deseos de nuestra pareja sin responder de entrada "no se puede". Tal vez sólo se trata de compartir ilusiones.
14.- Saber rehusar implica proponer otra cosa, poder negociar, escuchar ambos puntos de vista.
15.- La relación no debe ahogar la personalidad de ninguno de los dos. Cada uno necesita ser plenamente él o ella misma(o), respetarse, amarse...
16.- Hay que amar sin apego, es decir, sin considerar al otro una posesión, sin crear dependencias inmaduras, permitiéndole el espacio necesario para ser.
17.- Aprender a dar: sin condiciones, sin esperar respuesta, sin pensar que por dar tengo derechos. Dar generosamente, no para manipular, no por miedo, no para controlar, no para hacer méritos.
18.- Aprender a recibir: con gracia, con gratitud, sin sentirse condicionados o comprometidos.
19.- Planeen su tiempo juntos. El que han de dedicarse uno al otro no es "el tiempo que te quede libre...", sino un tiempo bueno, suficiente, enriquecedor. Si planean, además, habrá menos contratiempos, tensiones y pleitos.
20.- Compartan el gozo. Disfruten lo que tienen.
21.-Apóyense siempre.
22.- Crean en el amor. El amor es la fuerza más poderosa que existe. Dios es amor, y estamos hechos a su imagen y semejanza.

EL OBSERVADOR 196-18

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Individualismo y familia no se llevan muy bien

Aunque todo el mundo suele decir que está a favor de la familia, en la práctica ésta ocupa un papel cada vez más precario, sobre todo en las democracias occidentales. Ya no se ve a los ciudadanos como miembros de una familia, sino sólo como individuos. En consecuencia, los lazos que pueden dar cohesión a la familia se han aflojado.

Mary Ann Glendon, quien presidió la delegación del Vaticano en la pasada Conferencia Internacional de la Mujer (Pekín, 1995), ha denunciado que los lazos de filiación y fraternidad han perdido relevancia incluso en materia jurídica, mientras, por el contrario, ha crecido el interés por la dimensión económica de la cohabitación.

En palabras de Rocco Buttiglione, especialista en historia del pensamiento moderno y en doctrina social de la Iglesia, está de moda catalogar a la familia como una superestructura creada por la cultura patriarcal y revivida por el cristianismo. La tendencia actual viene a ser, entonces, considerar al núcleo familiar como un estadio ya superado. El individuo se erige como centro de la sociedad.

(FIN)

EL OBSERVADOR 196-19

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