El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

2 de mayo de 1999 No. 199

SUMARIO

bullet El fin de la violencia comienza con nuestra conversión
bulletCUADERNO DE NOTAS "Sólo el estupor conoce"
bulletPINCELADAS Respetar el orden natural
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN ¿Se nos olvidará leer?
bulletLos niños y tú
bulletLos niños y tú
bulletP. Francesco Botey, poeta ¿Quién seguirá tus pasos?
bulletLa violencia
bulletGRANDES FIRMAS Visión de futuro
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Qué es el taller de crecimiento
bulletVIDA CRISTIANA No pierdan la paz
bulletEl reconocimiento a las amas de casa
bulletOPINIÓN Hombres renuentes

Ante la tragedia de Littleton

El fin de la violencia comienza con nuestra conversión

Denver Catholic Register / ACI / EL OBSERVADOR

En un artículo para el semanario Denver Catholic Register, el arzobispo de Denver, monseñor Charles Chaput, reflexionó sobre la tragedia de la escuela secundaria de Littleton, Colorado, y planteó la urgencia de la conversión personal para terminar con la violencia que ha penetrado las raíces de la sociedad norteamericana.

A una semana de la tragedia en la que dos adolescentes asesinaron a 13 personas en su escuela y luego se suicidaron, monseñor Chaput compartió sus vivencias con los estudiantes sobrevivientes y el testimonio de fe de las familias de dos alumnos asesinados, además de clamar por un cambio de corazón que pueda permitir la construcción de una cultura de la vida en medio de una sociedad que está "perdiendo a Dios". Estas son las palabras del arzobispo:

"Y' descendió a los infiernos'. A lo largo de la vida de fe, cada uno de nosotros, como creyentes, recita esas palabras del Credo miles de veces. No solemos entenderlas, pero son familiares. Son rutina. Y luego, algo sucede para demostrarnos qué es lo que realmente significan.

"Contemplar el desarrollo de un desastre para nuestra comunidad a la luz de los medios de comunicación internacionales es al mismo tiempo terrible e irreal. Terrible por su costo en sangre; irreal en su brutal desconexión con la vida diaria. El impacto de lo que sucedió la semana pasada en Littleton, sin embargo, no tocó el punto más vulnerable de mi corazón hasta la mañana después de los asesinatos, cuando visité a un largo número de estudiantes de la Columbine High School reunidos en un momento de oración, y visité a las familias de dos de los estudiantes muertos.

"Ellos me enseñaron algo. Los estudiantes reunidos para rezar y confortarse mutuamente me demostraron nuevamente la importancia no sólo de compartir nuestro dolor sino nuestra esperanza. Dios nos ha creado para testificar su amor ante los otros, y nosotros vivimos esta vida en la amistad, la misericordia y la bondad que ofrecemos a los otros en el sufrimiento.

"Los jóvenes estudiantes de Columbine que escuché hablaron individualmente -uno por uno- sobre la necesidad de ser fuertes, de mantener viva la esperanza en el futuro y de dar la espalda a la violencia. A pesar de toda su confusión y de todo su dolor, ellos no se desesperarían. Creo entender por qué. Somos creaturas de vida. De esta forma nos hizo Dios: para declarar la vida en el rostro de la muerte.

¿En qué medida saben amar?

"Aún más conmovedor fue el tiempo que pasé con las familias de dos estudiantes que fueron asesinados. En medio de su gran sufrimiento -una pérdida que no puedo imaginar- los padres irradiaron una dignidad que siempre recordaré, y la confianza en que Dios no los abandona y que protege a los hijos que perdieron, sin importar su fiero dolor. Aquí es donde las palabras no bastan. Aquí es donde uno ve de cerca que la fe -real, la fe vivida- se enraíza finalmente no en qué tan inteligentes, acaudaladas, exitosas o sensibles son las personas, sino en qué medida saben amar.

"Una frase en las Escrituras dice que el amor es fuerte como la muerte. Yo sé que es más fuerte. Lo he visto. A medida que pase el tiempo, necesitamos comprender los asesinatos de Columbine. Los medios de comunicación ya están llenos de shock e incredulidad; psicólogos, sociólogos, consejeros y funcionarios legales, todos con sus teorías y planes. Que Dios los bendiga por eso. Ciertamente necesitamos ayuda. La violencia ha penetrado la sociedad estadounidense -nuestros hogares, nuestras escuelas, nuestras calles, nuestros autos, los medios informativos, los ritmos y letras de nuestra música, nuestras novelas, películas y videojuegos-. Es tan prevaleciente que nos hemos vuelto ampliamente inconscientes de ella. Pero, al descubrirla en lugares como los pasillos de Columbine, se vuelve amarga y urgentemente real.

"Las causas de esta violencia son muchas y complicadas: racismo, miedo, egoísmo. Pero en otro y más profundo sentido, la causa es muy simple: estamos perdiendo a Dios, y perdiéndolo nos estamos perdiendo a nosotros mismos. El desprecio total por la vida humana demostrado por los jóvenes asesinos en Columbine no es un accidente o una anomalía, o un defecto de nuestro tejido social. Es lo que nosotros creamos cuando vivimos una contradicción. No podemos matar sistemáticamente a los no nacidos, los enfermos y los prisioneros condenados; no podemos glorificar la brutalidad en nuestro entretenimiento; no podemos mercadear la avaricia y la codicia... y esperar que nuestros niños ayuden a construir una cultura de la vida.

Si las familias no cambian...

"Necesitamos cambiar. Pero las sociedades sólo cambian cuando las familias cambian, y las familias sólo cambian cuando los individuos cambian. Sin una conversión hacia la humildad, la no violencia y la generosidad en nuestros corazones, todas nuestras pláticas sobre "acabar la violencia" terminarán como piadosas generalidades. No basta con hablar sobre reformar nuestra sociedad y nuestra comunidad. Necesitamos reformarnos nosotros mismos.

"Dos preguntas surgen después de la tragedia de Littleton. Cómo un Dios bueno puede permitir tal salvajería y por qué estas cosas nos suceden a nosotros. En cuanto a lo primero: Dios nos dio el regalo de la libertad y si somos libres, somos libres para hacer cosas terribles así como maravillosas... y debemos vivir con los resultados de la libertad de los otros. Pero Dios no nos abandona en nuestra libertad, o en nuestro sufrimiento. Ése es el significado de la cruz, el significado de la vida y muerte de Jesús, el significado de su descenso a los infiernos. Dios no excusó a su único Hijo del sufrimiento y el dolor. Por eso Él puede entender y conocer y compartir todo lo del corazón humano. Con esa fiereza nos ama.

"En cuanto a lo segundo: ¿por qué a nosotros? ¿Por qué el mal, pudiendo estar tan lejano como Kosovo y Sudan, encontró su camino en Colorado? El corazón humano es el mismo en todas partes, así como Aquél a quien anhelamos. Él descendió a los infiernos. El Hijo de Dios descendió a los infiernos, así como nosotros lo hemos hecho en los últimos días. Pero ése no es el final de la historia. Al tercer día, resucitó de entre los muertos.

Hijos de la vida

"Jesucristo es el Señor, 'la resurrección y la vida', y nosotros -sus hermanos y hermanas- somos hijos de la vida. Sólo cuando reclamemos esa herencia, la sembremos en nuestros corazones y conformemos nuestra vida con ella, la violencia en nuestra cultura comenzará a sanar.

"En este tiempo de Pascua y durante los meses siguientes, les pido que nos unamos en una oración especial por las familias afectadas por la tragedia de Columbine. Pero también les pido rezar por cada uno de nosotros -incluyéndome- para que experimentemos una profunda conversión en nuestros corazones hacia el amor y la no violencia en todas nuestras relaciones con los demás".na profunda conversión en nuestros corazones hacia el amor y la no violencia en todas nuestras relaciones con los demás".

EL OBSERVADOR 199-1

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CUADERNO DE NOTAS

"Sólo el estupor conoce"



Para Maité, quien conoce la belleza en el estupor de la vida.


El genio humano vive del arte y la razón, nos dice, en resumen, Su Santidad Juan Pablo II en la reciente Carta a los artistas. Hay en su reflexión un ligero, elegantísimo toque de nostalgia: el Karol Wojtyla poeta, dramaturgo y actor aflora en un texto intenso, continuación de Fides et ratio, que fue verdadero ajuste de cuentas con la filosofía de fin de siglo. En el terreno de la razón había que poner enfrente al Misterio; en el del arte, al Espíritu. Y sólo Juan Pablo II (recogiendo -por cierto- la experiencia de su antecesor Pablo VI) ha podido enfrentar estos dos grandes retos de cara al tercer milenio.

La interrogante que se abre -en el fondo de este luminoso ensayo- es aquella que indaga sobre la finalidad del arte, sobre la vocación del creador de arte. León Tolstoi decía al respecto: "la meta del artista no es resolver un problema de forma irrefutable, sino hacernos amar la vida en todas sus manifestaciones". Y Juan Pablo II asegura que "en el hombre artífice (artista) se refleja su imagen de Creador". El que crea belleza no da vida al ser, sino que muestra la belleza íntima del acto de amor de Dios al crear al ser.

El artista verdadero es un amante de la vida. Empata -en su apasionamiento- con la defensa de la vida que hace la religión cristiana: para el que asume a Cristo en su radicalidad, la belleza del ser es la simple manifestación de la vida. El amor infinito de la Creación se refleja en lo inmediato, no en lo sobrenatural: en los lirios del campo, en las aves del cielo... en la vida misma, que es la "epifanía" (manifestación) de la belleza de Dios en el tiempo.

La publicidad y el mercado han hecho de los artistas personas "como dioses". Con ello han tergiversado la misión fundamental del manifestador de la belleza (de lo colores, de las formas, de los sonidos, de las palabras): ser portador de la esperanza. En efecto, la esperanza nace de la visión compartida de que el bien es posible, de que existe la belleza sobre la extensión del mal y la muerte. "La belleza, como la verdad -escribe Su Santidad Juan Pablo II-, pone alegría en el corazón de los hombres". ¿Existe una fuente mayor de alegría que saber que hay una conexión armoniosa entre los hombres y las estrellas? La creación y el arte, la vida misma, crean estupor. Y "sólo el estupor conoce". (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 199-2

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PINCELADAS

Respetar el orden natural

Justo López Melús *

Un monje viajero acudió a pedir hospitalidad a un campesino. El campesino accedió y pidió al monje que rezara una oración por toda la familia. Fueron ante el altar familiar y el monje empezó: "¡Que primero se muera el abuelo! ¡Que después se muera el padre!". Todos miraban al monje asustados. Él continuó: "¡Que luego se muera el hijo! ¡Que finalmente se muera el nieto!".

El campesino, enfadado, increpó al monje: "¿Así pagas mi hospitalidad, deseándome desgracias?". El monje respondió: "Sólo he pedido que la muerte venga según el orden de la naturaleza. Si primero se muriera el nieto o el hijo y al último el abuelo, tu familia se extinguiría. Lo mejor es el orden natural". Y el campesino ofreció al monje la mejor cama de la granja.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 199-3

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MEDIOS DE COMUNICACION

¿Se nos olvidará leer?

Santiago Norte

Son ahora muchas las personas que comparten con el ex director de la Real Academia de la Lengua Española, el profesor Manuel Alvar, la preocupación por el futuro -casi se diría el futuro inmediato- de la lectura en la sociedad de las tecnologías en pantalla y de las redes de intercomunicaciones. Decía hace poco Alvar que el creciente uso de las nuevas tecnologías puede "hacer olvidar" la lectura, y pidió (a los maestros, a los padres de familia, supongo) que se haga un esfuerzo enorme para conservar entre las nuevas generaciones "el placer de leer".

Quien por un buen tiempo llevara las riendas de la pureza del uso del idioma que Cervantes contribuyó a fijar de manera decisiva, advirtió que Internet "deja de lado la capacidad del lector, ya que está tratando con un mundo diferente". Esto quiere decir -más o menos- que a partir de la red informática y del modelo de enterarse de la realidad por medio de la pantalla, la capacidad del alfabetizado por adquirir conocimientos y placer a través de la exposición a un texto escrito está siendo borrada de manera paulatina y eficaz. De creer la profecía del maestro Alvar o de cumplirse ésta en un plazo mediato o inmediato, estaremos ante una de la pérdidas más graves de la cultura occidental.

¿Representa Internet una amenaza más grande para la lectura que la amenaza que es la televisión? Muchos piensan que sí, sobre todo porque a la televisión se le mira por entretenimiento, y la red de Internet nace bajo el esquema del aprovechamiento informativo. Que buena parte de los usuarios haya tergiversado su propósito inicial al montarse en la red es otra cuestión; lo cierto es que la www tiene un status diferente al mirar la pequeña pantalla. Y a muchos puede cambiar su concepto de obtención de conocimientos: erradicar los libros y abrir la ventana al mundo en enorme y envolvente diversidad. Pero Alvar (como Barthes) habló del "placer de la lectura" (el "placer del texto"). Ese ambiguo placer ¿se conservará por encima de la busca de información en Internet?

A mi juicio estamos ante dos perspectivas bien diferentes en las que se juega el futuro de la lectura. En efecto, el que acude a la red para buscar información se da por bien servido en el momento mismo que la obtiene. ¿Es información consistente o contextualizada? ¿La fuente es confiable? ¿Tiene alguna historicidad o es un site surgido al calor de la expansión de los innumerables ya sites sobre cuestiones específicas? ¿Tiene algún autor reconocido; es un grupo; es un provocador...? La verdad es que poco importa al usuario de Internet tanta conjetura. Las biografías de los dueños de las páginas se pierden en el anónimo. No así en la lectura. Se busca un texto, se busca una información atendiendo a la secreta comunidad entre el autor y el lector, así sea la comunidad primaria del interés. Pero siempre bajo el argumento del reconocimiento, incluso cabe decir del reconocimiento mutuo. La lectura nace así de una suerte de acto de, ¿cómo decirlo?, de piedad, quizá de amor... muy diferente a lo que sucede en Internet.

Como ha dicho el sociólogo Herbert Schiller, "las nuevas tecnologías hasta ahora han sido utilizadas más para responder a los intereses corporativos y de las transnacionales, con mensajes consumistas, que para fortalecer la cultura y la diversidad universales". Cierto: no ha habido un engrandecimiento de los horizontes existenciales tras la irrupción de la más atractiva tecnología de la intercomunicación. La cultura y la diversidad universales -que dice Schiller- son los campos del libro y del lector. Mientras exista interés por abrirse a la multiforme consistencia de la persona, a su sueño, a su libertad, habrá un rescoldo de esperanza para el "placer" de leer. Cuando éste caiga, seguro enfrentaremos una forma insospechada de indiferencia... o de barbarie.

EL OBSERVADOR 199-4

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Los niños y tú

Antonio Ruiz Domínguez *

¿Qué se dice sobre los niños? Que son muy traviesos, que son la vida cansada, que brincan en las camas, se emberrinchan, son tercos, les gusta mucho pedir dinero, pelean con sus hermanitos, ponen en mal a los papás delante de la gente; que son la alegría de la casa, son simpáticos, no tienen problemas, son sanos de mente y de corazón, no son rencorosos, no se pelean por las presidencias ni por la Cámara de Diputados, son contemplativos, de memoria despierta, imitan, dan sentido a la vida, hacen que los papás olviden alguna pena... Todos los niños andan contentos por el pasado Día del Niño; en las escuelas les prepararon su fiesta, y los papás estuvieron a la expectativa porque no sabían qué se les pediría de regalo.

A propósito del Día del Niño, me encontré un cartel de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, y ahí vienen los siguientes derechos de los niños. Un regalo muy bueno -cualquier día del año- es conocerlos, darlos a conocer y vivirlos con los niños, que se lo agradecerán bastante. Se los menciono solamente:

* El niño tiene derecho a la vida y a una vida sana.
* Tiene derecho a un nombre propio, a un país, a una familia.
* Tiene derecho a ser distinto en el color de la piel, en sus costumbres, en su religión, en sus pensamientos...
* Tiene derecho a protección especial cuando tenga dificultades para ver, oír, caminar, comunicar o expresar. Y cuando haya peligros graves.
* Tiene derecho a ser protegido contra los abusos en el trabajo, en el trato físico o emocional.
* Tiene derecho a que se le ayude con cariño cuando ha faltado a una ley.
* Tiene derecho al alimento.
* Tiene derecho a la salud.
* Tiene derecho a ser amado por sus padres aunque ellos no vivan juntos.
* Tiene derecho a la educación.
* Tiene derecho a la recreación.
* Tiene derecho a ser feliz.
* Tiene derecho a expresar lo que piensa.
* Tiene derecho a ser escuchado con atención y cariño.
* Tiene derecho a encontrar en los medios de comunicación social la verdad, la información que le ayude a conocer y entender el mundo que lo rodea.
* Tiene derecho a reunirse en grupo para el estudio o para el deporte.

Estos derechos del niño se pueden comentar en familia y contestar las siguientes preguntas:

1) ¿Cuáles derechos son más observados?
2) ¿Cuáles se violan más?
3) ¿Cómo darlos a conocer en familia y aplicarlos para el mayor desarrollo armónico, integral de los niños?

Lo que hoy se siembre en los niños, mañana brotará. Siembra bienestar, amor, confianza, espíritu de superación...

* El autor es presbítero de la diócesis de Matehuala.

EL OBSERVADOR 199-5

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P. Francesc Botey, poeta

¿Quién seguirá tus pasos?

Prisciliano Hernández Ch., O.R.C.

"El poeta cuenta su vida primero a los hombres;
después, cuando los hombres se duermen, a los pájaros;
más tarde, cuando los pájaros se van, se la cuenta a los árboles...".

LEON FELIPE.

Hace tres años, el 14 de abril de 1996, murió el padre Francisco Botey Vallés "como muere un misionero: a la mitad del camino, en la soledad de la sierra, con mil proyectos por realizar", escribiría Jaime Septién en EL OBSERVADOR del 21 de abril del mismo año; y añadiría en el mismo artículo: "Era un sabio. Y un santo. Los dos triunfos en un ser humano. Rarísimo. Ejemplar". Y añadiríamos hoy un matiz más a la versatilidad de una gran personalidad que explica su entraña humana y su porte sacerdotal: era poeta. Hacia 1954, en la colección Torrel de Reus, de la editorial Arca de Barcelona, publicó en catalán, su lengua materna, una serie de poemas hermosísimos bajo el título Lletania l Pasatge. Poemas armoniosos desde sus intuiciones rimadas en las imágenes con su palabra altamente musical. Banquete para el espíritu y solaz para el alma oracional del contemplativo, que siente a Dios tan cercano y lo intuye, más que como acto puro, motor inmóvil o idea sustancial y eterna, como Poeta:

"Sou poeta també. Sou el Poeta,
puix l'incomprensió prou l'heu tastada.
Oi que ara ens comprenem una miqueta?
Només he vist un vers
-tot l'Univers-
i l'anima ha restat extasida".


Cuya traducción sería: "Sóis (Dios) poeta también. Sóis el Poeta, pues la incomprensión la has probado bastante. ¿Verdad que ahora nos comprendemos un poquitín? Nada más he contemplado un verso -todo el universo- y el alma ha permanecido extasiada".

El padre Francisco Botey busca a Dios por el camino de la poesía, y Dios le sale al encuentro con su primera epifanía a través de la cual nos inunda de luz y nos acaricia con la ternura de sus creaturas.. ¿Será la impronta lírica de Francisco de Asís recreada en el alma de este catalán paisano de Ramón Llul?

Su libro, comenta, no son muchos poemas sino un poema único que pretende dar a la vida humana un sentido trascendente, acabar con ese divorcio de nuestro actuar y nuestra vida interior que nos ha dejado en herencia el pecado original. Versos que son el retorno a Dios desde esa unidad interior de ser, de fe, de sentir y de vida. Cita y se identifica con Goethe en su conversación con Eckerman, al cual le confiesa que sus poesías son como una confesión general de toda su vida. Poesías que las siente como expresión sencilla, infantil y sincera de los momentos más íntimos de su vida. Versos que condensan los problemas de todo hombre "porque ya no es la lucha con la flexibilidad de la palabra, con la música y el ritmo, con la figura más expresiva del momento, sino la lucha entre el ángel que exige la renuncia al deleite del obrar por el mismo deleite y el yo exterior que encuentra placer en las formas, en la superficie en la que se planea, y lo tontamente bello", escribe.

Su poesía será su biografía más íntima, la del corazón, la de esos momentos en los cuales se funden lo humano y lo divino, lo celestial y lo terrestre en el abrazo del éxtasis y del misterio que se traducen en historia y en plegaria.

Francisco Botey, el de barbas de sarape cálido y el de palabras del Verbo, sembrado en Maconí: te extrañan los pájaros, aunque te recuerde el viento y los árboles sonorosos. "Cuando mis lágrimas te alcancen... la función de mis ojos ya no será llorar... sino ver..." (León Felipe). La luz que contemplaste en la tierra, alojaste en tu obra poética, corrió por tus venas y jugueteó en tus andanzas de misionero.

¿Quién seguirá tus pasos de santo, sabio, misionero y poeta?

EL OBSERVADOR 199-6

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La violencia

Bruno Ferrari

Los hechos ocurridos recientemente en los Estados Unidos y difundidos a todos el mundo, en vivo y en directo, vienen a llenar un capítulo más de la violencia en las escuelas. Cada día es más frecuente ver este tipo de casos y la pregunta que nos debemos hacer es: ¿por qué dos jóvenes de 18 y 17 años, respectivamente, con todo un futuro por delante, lo "echan por la borda" cometiendo estos actos criminales? ¿Por qué le dan un valor nulo a sus vidas?

Entre las posibles causas, evidentemente no podemos olvidar el hecho del resquebrejamiento moral de la sociedad estadounidense contemporánea, producto de todo un sistema de "mercadotecnia" que exalta la violencia y que tiene como a sus mejores representantes a muchas de las películas provenientes de Hollywood. Para muestra basta un botón: revise la cartelera cinematográfica y verá películas como La revancha, con Mel Gibson; Crimen perfecto, con Clint Eastwood, u Ocho milímetros, con Nicolas Cage, que dejan mucho que desear en cuanto a transmisión de valores. Incluso muchas de las canciones que están de moda son de contenido violento.

Hay quienes argumentan que el cine de violencia o las canciones no llevan a nadie a cometer crímenes, pero debemos reconocer que representan modelos de comportamiento a seguir por los jóvenes. A esto le debemos agregar el hecho de que en muchas escuelas públicas de los Estados Unidos a partir de los años 70 se les prohibió a los maestros que enseñaran "valores" a sus alumnos porque podría considerarse como una forma de adoctrinamiento que atentaba contra la "libertad" de las personas, implantándose un método llamado "aclaración de valores" en donde la idea era que los profesores solamente estimularan de un modo no crítico a que sus alumnos desarrollasen sus propias ideas sobre los valores que les eran más importantes. Así, por ejemplo, cuando en las clases se analizaban situaciones como un robo en una tienda o un asalto, los jóvenes las discutían usando su propio razonamiento moral sin que nadie les dijera si el hecho era correcto o no, lo que trajo como resultado que en muchos casos los estudiantes justificaran actos como robar o lesionar a otras personas.

¿De quién es la responsabilidad?

En el caso específico de los jóvenes de Denver, resalta el hecho de que éstos formaban parte de una pandilla que era identificada como "La mafia del impermeable negro", y solían portar la suástica nazi y difundir mensajes alusivos a la superioridad racial, ante la indiferencia de las autoridades escolares y de la propia comunidad. Es muy difícil tratar de explicar lo inexplicable; pero, no obstante, me pregunto: ¿cómo serán los padres de estos chicos? ¿Sentirán alguna responsabilidad sobre lo ocurrido? ¿Existiría la comunicación entre ellos? ¿Nadie de la familia nunca notó algo extraño en su comportamiento? ¿Será que la sociedad estadounidense habrá llevado el respeto a la intimidad personal de cada uno a extremos tales que ya no existe comunicación entre padres e hijos? Sé que muchas de estas preguntas -al menos para nosotros- nunca tendrán una respuesta, pero creo que nos pueden servir con nuestros propios hijos. ¿Qué diferencia hay entre estos jóvenes y ellos? Posiblemente el acceso a las armas en México es algo más difícil que en los Estados Unidos; pero, si las buscan, las encuentran; además no se necesitan armas para asesinar. ¿Cuando usted le ayudó a su hijo a obtener la licencia de conducir, lo hizo consciente de que de su desempeño como chofer van a depender no sólo su vida sino la de los demás? ¿Ha usted hablado con ellos sobre el alcohol, el sexo y las drogas, o está esperando a que ellos le pregunten? ¿Les ha enseñado a respetar a sus semejantes por lo que son y no por lo que tienen o representan? ¿Les ha enseñado que todo trabajo, por humilde que sea, dignifica y hace grandes a las personas? ¿Les ha platicado de la importancia de la solidaridad y el amor entre los hombres?

Demonios en el jardín

Debemos, con dolor, reconocer que en todo el mundo cada vez son más las personas que impulsan ideologías basadas en las limpiezas étnicas y otras formas de discriminación, y que éstas van ganando adeptos sobre todo entre grupos de jóvenes ante la indiferencia de la sociedad. Igualmente, cada vez es mayor el numero de personas que, para resolver sus problemas y ante situaciones determinadas, optan por la violencia y, en su caso, por las armas como respuesta. Nuestro país y nuestra comunidad no están exentos de este tipo de problemas. Por eso debemos considerar como grave el hecho de que este tipo de patrones de comportamiento se van extendiendo. A los que vivimos en Monterrey no debe dejarnos de llamar la atención el considerable aumento de los "grafitis" en nuestra ciudad; ellos son el reflejo de una juventud angustiada, que desesperadamente busca llamar la atención, nuestra atención, o si no, ¿cuál es su significado? Por otro lado, en los últimos meses la prensa nos ha dado a conocer más de un caso en donde jóvenes, sólo por "divertirse", han violado las más elementales normas de conducta llegando incluso a invadir propiedades privadas y, en otros casos, atentado contra la integridad física de los ciudadanos.

Creo que si no somos capaces como sociedad de atender todos estos "avisos" y darles una respuesta eficaz y oportuna; que si nos mantenemos indiferentes o, peor aún, si seguimos alimentando esa "delictuosa" tolerancia que ha caracterizado algunos de los casos ocurridos en nuestra ciudad, no nos deberá sorprender que dentro de poco veamos noticias semejantes a las que hoy ocupan los titulares de los principales periódicos del mundo, en nuestra comunidad.

EL OBSERVADOR 199-7

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GRANDES FIRMAS



Los hechos ocurridos recientemente en los Estados Unidos y difundidos a todos el mundo, en vivo y en directo, vienen a llenar un capítulo más de la violencia en las escuelas. Cada día es más frecuente ver este tipo de casos y la pregunta que nos debemos hacer es: ¿por qué dos jóvenes de 18 y 17 años, respectivamente, con todo un futuro por delante, lo "echan por la borda" cometiendo estos actos criminales? ¿Por qué le dan un valor nulo a sus vidas?

Entre las posibles causas, evidentemente no podemos olvidar el hecho del resquebrejamiento moral de la sociedad estadounidense contemporánea, producto de todo un sistema de "mercadotecnia" que exalta la violencia y que tiene como a sus mejores representantes a muchas de las películas provenientes de Hollywood. Para muestra basta un botón: revise la cartelera cinematográfica y verá películas como La revancha, con Mel Gibson; Crimen perfecto, con Clint Eastwood, u Ocho milímetros, con Nicolas Cage, que dejan mucho que desear en cuanto a transmisión de valores. Incluso muchas de las canciones que están de moda son de contenido violento.

Hay quienes argumentan que el cine de violencia o las canciones no llevan a nadie a cometer crímenes, pero debemos reconocer que representan modelos de comportamiento a seguir por los jóvenes. A esto le debemos agregar el hecho de que en muchas escuelas públicas de los Estados Unidos a partir de los años 70 se les prohibió a los maestros que enseñaran "valores" a sus alumnos porque podría considerarse como una forma de adoctrinamiento que atentaba contra la "libertad" de las personas, implantándose un método llamado "aclaración de valores" en donde la idea era que los profesores solamente estimularan de un modo no crítico a que sus alumnos desarrollasen sus propias ideas sobre los valores que les eran más importantes. Así, por ejemplo, cuando en las clases se analizaban situaciones como un robo en una tienda o un asalto, los jóvenes las discutían usando su propio razonamiento moral sin que nadie les dijera si el hecho era correcto o no, lo que trajo como resultado que en muchos casos los estudiantes justificaran actos como robar o lesionar a otras personas.

¿De quién es la responsabilidad?

En el caso específico de los jóvenes de Denver, resalta el hecho de que éstos formaban parte de una pandilla que era identificada como "La mafia del impermeable negro", y solían portar la suástica nazi y difundir mensajes alusivos a la superioridad racial, ante la indiferencia de las autoridades escolares y de la propia comunidad. Es muy difícil tratar de explicar lo inexplicable; pero, no obstante, me pregunto: ¿cómo serán los padres de estos chicos? ¿Sentirán alguna responsabilidad sobre lo ocurrido? ¿Existiría la comunicación entre ellos? ¿Nadie de la familia nunca notó algo extraño en su comportamiento? ¿Será que la sociedad estadounidense habrá llevado el respeto a la intimidad personal de cada uno a extremos tales que ya no existe comunicación entre padres e hijos? Sé que muchas de estas preguntas -al menos para nosotros- nunca tendrán una respuesta, pero creo que nos pueden servir con nuestros propios hijos. ¿Qué diferencia hay entre estos jóvenes y ellos? Posiblemente el acceso a las armas en México es algo más difícil que en los Estados Unidos; pero, si las buscan, las encuentran; además no se necesitan armas para asesinar. ¿Cuando usted le ayudó a su hijo a obtener la licencia de conducir, lo hizo consciente de que de su desempeño como chofer van a depender no sólo su vida sino la de los demás? ¿Ha usted hablado con ellos sobre el alcohol, el sexo y las drogas, o está esperando a que ellos le pregunten? ¿Les ha enseñado a respetar a sus semejantes por lo que son y no por lo que tienen o representan? ¿Les ha enseñado que todo trabajo, por humilde que sea, dignifica y hace grandes a las personas? ¿Les ha platicado de la importancia de la solidaridad y el amor entre los hombres?

Demonios en el jardín

Debemos, con dolor, reconocer que en todo el mundo cada vez son más las personas que impulsan ideologías basadas en las limpiezas étnicas y otras formas de discriminación, y que éstas van ganando adeptos sobre todo entre grupos de jóvenes ante la indiferencia de la sociedad. Igualmente, cada vez es mayor el numero de personas que, para resolver sus problemas y ante situaciones determinadas, optan por la violencia y, en su caso, por las armas como respuesta. Nuestro país y nuestra comunidad no están exentos de este tipo de problemas. Por eso debemos considerar como grave el hecho de que este tipo de patrones de comportamiento se van extendiendo. A los que vivimos en Monterrey no debe dejarnos de llamar la atención el considerable aumento de los "grafitis" en nuestra ciudad; ellos son el reflejo de una juventud angustiada, que desesperadamente busca llamar la atención, nuestra atención, o si no, ¿cuál es su significado? Por otro lado, en los últimos meses la prensa nos ha dado a conocer más de un caso en donde jóvenes, sólo por "divertirse", han violado las más elementales normas de conducta llegando incluso a invadir propiedades privadas y, en otros casos, atentado contra la integridad física de los ciudadanos.

Creo que si no somos capaces como sociedad de atender todos estos "avisos" y darles una respuesta eficaz y oportuna; que si nos mantenemos indiferentes o, peor aún, si seguimos alimentando esa "delictuosa" tolerancia que ha caracterizado algunos de los casos ocurridos en nuestra ciudad, no nos deberá sorprender que dentro de poco veamos noticias semejantes a las que hoy ocupan los titulares de los principales periódicos del mundo, en nuestra comunidad.

EL OBSERVADOR 199-7

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GRANDES FIRMAS

Visión de futuro *

Paz Fernández Cueto

Con un lleno hasta el tope, capaz de impresionar a cualquiera, se inauguró en el Auditorio Nacional el Primer Congreso Internacional de "A Favor de lo Mejor", quedando al menos dos cosas fuera de discusión: el poder de convocatoria de una organización civil fundada con el respaldo de más de cuatro millones de firmas hace poco más de un año, y la creciente conciencia crítica de un público receptor cada día más exigente en cuestión de medios de comunicación. La calidad y excelencia de los mensajes, el reto de la creatividad en el entretenimiento, y el compromiso de los medios en la construcción de la cultura fueron los títulos de algunas de las conferencias abordadas con maestría por especialistas nacionales e internacionales durante dos días de trabajo.

"A Favor de lo Mejor" representa un trabajo inédito -al menos en nuestro país- por conjuntar esfuerzos entre empresarios, anunciantes, autoridades, iniciativa privada y público espectador. El presidente Zedillo inauguró solemnemente el Congreso compartiendo el presidium -entre otras personalidades- con el secretario de Comunicaciones y Transportes, con el presidente de T.V.Azteca, con la directora general de Canal 11 y con el director general de la vicepresidencia ejecutiva de Operaciones de Televisa. El público estaba integrado en su mayoría por estudiantes y maestros. No faltaron los padres de familia conscientes de que más les vale agarrar el toro por los cuernos y contar con la influencia positiva o negativa de los medios en la educación de esos hijos suyos que, además, son hijos de su tiempo.

La influencia de los medios es innegable, pero no determina en forma absoluta la conducta; afirmarlo sería tanto como anular la libertad y, por lo tanto, la responsabilidad personal en el proceso de toma de decisiones. Sin embargo, también es cierto que el acervo cultural, social y espiritual se configura por el conjunto de influencias externas que van conformando poco a poco la personalidad.

Es cierto, como afirmó Salinas Pliego, que "todos somos corresponsables", que "hay madurez en los sujetos autónomos que conforman la base de la sociedad", que "la audiencia es sabia y no se forma por sujetos pasivos" (bastaba, para comprobar lo anterior, con echar un vistazo al auditorio lleno a reventar, movido sin duda por el interés creciente que suscita tan apasionante tema). Sin embargo, es ingenuo pensar que "no necesitamos ser tutelados", que abundamos en "sentido común" y que "estamos lejos de la manipulación".

En un país en el que la población joven -de 1 a 24 años- abarca más de 51 millones de personas, es decir, el 56.8% de la población total, y en donde el tiempo promedio invertido frente al televisor es de tres horas diarias (20 a la semana), lo más lógico es contar con una audiencia influenciable, altamente receptiva, en búsqueda de identidad propia y con una madurez incipiente en franco proceso de gestación.

Por otra parte, ¿será cierto que los contenidos que divulgan los medios, y en especial la televisión, se inspiran en nuestros valores y creencias?, ¿estarán del todo conscientes los ejecutivos de los medios del respeto debido al entorno en el que reciben los mensajes, que son nuestros hogares?, ¿hacen de verdad los programas que quieren que vean sus propios hijos, o, la mera verdad, se hacen de la vista gorda cuando -buscando alguna justificación- se cuela cualquier tipo de basura indeseable dentro de su programación?

Todos queremos, y así lo manifestaron los dueños de los medios, una sociedad en la que se respiren auténticos valores, en donde se perfile a la familia como célula básica de la sociedad, en donde se promueva la honestidad, la libertad responsable, la confianza en el futuro y el amor por México... y yo me pregunto: ¿será posible al paso de los años obtener estos resultados analizando fríamente las pautas actuales de la programación?

Mejor televisión, mejores contenidos en los medios impresos, en el mundo de la información y en el espectáculo. Estoy segura de que fue éste un buen comienzo, una excelente muestra de la inquietud del público, de la respuesta de los empresarios del mundo de la comunicación, del apoyo de las más altas autoridades y de la toma de responsabilidad de unos espectadores finalmente decididos a regular con su participación activa y propositiva todo lo que consumen sus sentidos -como ventanas abiertas al exterior- a través de los medios que juegan un papel importante en la configuración del futuro.

* Artículo resumido. Se publica por acuerdo expreso con la autora.

EL OBSERVADOR 199-8

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Qué es el taller de crecimiento

Yusi Cervantes

He tenido ganas de entrar al taller de crecimiento que está dando. Me siento como estancada; cumplo como madre, esposa y ama de casa, pero siento que algo me falta. Pero no sé que es un taller. ¿Por qué no simplemente lo llama un curso? ¿Cree que podría servirme?

Se trata de un taller y no de un curso porque no consiste solamente en exponer temas y resolver dudas en torno a éstos, sino de que quienes participan en el taller trabajen en sus propias vidas con lo que han aprendido. No digo que lo apliquen, porque no es tan simple como eso. Por ejemplo, es fácil decir y entender que el amor debe ser incondicional, pero es difícil practicarlo así. Sin embargo, en el taller pueden darse algunos pasos: el de un mejor conocimiento de uno mismo en cada área, el de la búsqueda de una mayor conciencia y el de la decisión de hacer ciertos cambios en nuestras vidas.

Se trata no sólo de saber más acerca de qué es la comunicación, la autoestima o el sentido de la vida, sin de confrontar qué pasa conmigo, cómo me comunico, cómo está mi autoestima, cuál es el sentido de mi vida.

El del taller es un trabajo personal donde cada uno de los participantes cuenta con el apoyo, la comprensión y el impulso de los compañeros. Los demás nos ayudan a ver, a ilumina nuestras partes ciegas. La labor del coordinador es propiciar que todo esto ocurra: expone los temas, resuelve dudas, estimula el desarrollo personal y la participación del grupo y, cuando es necesario, interviene en forma más directa. La participación es libre. Nadie es forzado o presionado a abrirse. Pero se va creando un clima de confianza tal que poco a poco cada uno va descubriendo lo liberador que es compartir las propias inquietudes.

Aunque la participación en el taller tiene efectos terapéuticos, no es una terapia de grupo. Esta última tiene otras exigencias, involucra más y no se guía por el estudio de determinados temas. Podríamos decir que un taller está en un punto intermedio entre un curso y una terapia y es una invitación para adentrarse y comprometerse más en el propio crecimiento.

Hay muchos talleres, muchos estilos para implementarlos, y creo que casi todos pueden aportarnos algo bueno a nuestras vidas. Este tipo de actividades van encaminadas precisamente a lo que usted me dice en su fax: evitar el estancamiento. Nunca acabamos de aprender, nunca podemos decir que el intercambio con otras personas nos sobra. Así que, ya sea en éste o en otros talleres, cursos o escuelas, la invito a que siga caminando, a que continúe esforzándose en su propio desarrollo por su propio bien, el de su familia y el del mundo que le rodea. En cuanto a nuestro taller, creo que sí le serviría y, si se decide a venir, será bienvenida.

(La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR).

EL OBSERVADOR 199-9

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VIDA CRISTIANA

No pierdan la paz

Isele

En aquel tiempo dijo Jesús: no pierdan la paz (cfr. Jn 14, 1). Hoy también nos dice: no pierdan la paz.

La tentación es grande. Nuestra lista de quejas es tan extensa que hasta parece que creemos que el mal es invencible y más poderoso que Dios mismo. Hay gente fatalista que en todo ve perdición y en todos lados encuentra la huella del demonio.

Pero Jesús insiste: no pierdan la paz. Y nos indica: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". De modo que, cuando sintamos que nuestra paz está en peligro, volvamos a Jesús, que nos ofrece una paz muy superior a la que nos puede dar el mundo.

EL OBSERVADOR 199-10

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El reconocimiento
a las amas de casa

Hay muchas mujeres inteligentes, talentosas, que han decidido dedicar todo su tiempo y energía a ser esposas, madres y amas de casa. En otras palabras, no cuentan con un empleo fuera de casa. Muchas de ellas tienen la fortuna de que lo que gana el marido es suficiente para el sustento de la familia y ellas no sienten la necesidad personal de tener otro trabajo.

Hay mujeres que sí, efectivamente, sienten la necesidad de desarrollar su profesión fuera de casa. Éstas tienen que encontrar el equilibrio adecuado entre sus diferentes actividades, dando prioridad a su familia. Pero éste es otro tema. Lo que ahora nos ocupa es la situación de las mujeres que no trabajan fuera de casa.

Parece absurdo, pero estas mujeres se sienten tratadas con cierto desprecio. Como si su actividad no fuera importante. Su capacidad es puesta en duda porque "sólo son amas de casa". Amigos y familiares les dicen que se están desperdiciando. Por todos lados escuchan mensajes en el sentido de que hace falta que se involucren en algo productivo, como si formar una familia no lo fuera. Y, claro, formar una familia no es productivo en el sentido materialista de nuestra sociedad.

"Yo respeto a las que deciden trabajar -nos dice una mujer en estas circunstancias-. Pero para mí lo más importante es mi familia. ¿Por qué no pueden respetar mi decisión de dedicarme solamente a ella, al menos mientras mis hijos crecen? Si me empleo fuera, voy a trabajar mucho a cambio de cualquier cosa en dinero. En cambio, voy a tener que dejar muchas cosas que son fundamentales, como el cuidado en la nutrición de mis hijos, la vigilancia de sus tareas, los juegos con ellos. Realmente no vale la pena. Y si no tengo necesidad de hacerlo, prefiero no tener otro trabajo. Me basta con éste".

Ésta no es una crítica a las mujeres que trabajan fuera de casa por necesidad o por decisión personal. Al contrario, ellas merecen nuestro apoyo, admiración y respeto. Pero también lo merecen las que han decidido no tener un trabajo extra. Su opción no es inferior. Cada persona, cada familia y cada circunstancia son diferentes. Cada quien debe ser honesto y congruente al tomar sus propias decisiones. Y nadie debe creer que sabe lo que los demás tienen que hacer.

¿Solamente ama de casa? No; orgullosamente, ama de casa.

EL OBSERVADOR 199-11

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OPINIÓN

Hombres renuentes

Revisando la sección de "Orientación familiar" descubrimos que la inmensa mayoría de las cartas, faxes o llamadas que hemos recibido son de mujeres.

Eso no sorprende a nadie. En toda clase de cursos y talleres relacionados con el desarrollo humano la mayoría de los participantes son mujeres. A las escuelas para padres en muchas ocasiones acaban asistiendo solamente las madres, algunas de ellas contra la presión de sus esposos que les dicen: "Yo no sé a qué vas, eso no sirve para nada". Al consultorio del psicólogo pocos hombres van sencillamente porque deseen ser ayudados para ser mejores personas; la mayoría de los que asisten lo hacen sólo cuando se sienten en verdad miserables o para complacer a la esposa o a la madre. Y, por supuesto, también con el psicólogo hay más mujeres que hombres.

¿Qué ocurre? No es que los hombres sean más sanos o más sabios, sino que la formación que han tenido los aleja de su yo interior, de sus emociones, y los obliga a formar una coraza más dura que la de las mujeres. Si han aprendido que deben ser el pilar que sostenga el mundo, ¿cómo van a ir a decir que el pilar tiene cuarteaduras? Son renuentes al cambio porque éste implicaría cuestionar algunas de las creencias en las que fundamentan su seguridad.

Sin embargo, esto también está cambiando. Hablamos mucho de la nueva mujer, pero también se está construyendo un nuevo hombre. Ese nuevo hombre y esa nueva mujer están en proceso de descubrirse: hemos caído en extremos, hemos descubierto enormes riquezas... estamos en camino. Al nuevo hombre lo invitamos a arriesgarse más en las cuestiones íntimas, personales y en la relación con sus seres queridos. Lo invitamos a que haga preguntas, a que asista a cursos, en suma, a que viva más plenamente. Todos saldremos ganando. (FIN)

EL OBSERVADOR 199-12

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