El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

16 de mayo de 1999 No. 201

SUMARIO

bullet Resultados peligrosos de la era de las imágenes
bulletCUADERNO DE NOTAS El siglo del "nunca jamás"
bulletCondonación de la deuda
bulletIglesia: ¿un negocio cualquiera?
bulletPINCELADAS La flor de la alegría
bulletKosovo: nuevo tipo de guerra
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN El poder se hace visible
bulletPALABRAS MAYORES Huelga de hambre
bulletCOMENTARIO A FONDO Madre y más madre
bulletGRANDES FIRMAS Tolerancia, compañero
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO Joaquín Antonio Peñalosa: Hermana poesía
bulletINTIMIDADES. LOS JOVENES NOS CUENTAN Quiero suicidarme
bulletGracias a los maestros



Resultados peligrosos de la era de las imágenes


Resultados peligrosos de la era de las imágenes

Quienes miran demasiada tv padecen cinco síntomas; dos mas de los que se necesitan para ser declarados adictos a sustancias como el alcohol y las drogas

EL OBSERVADOR / Exclusivo

"Los niños aprenden el lenguaje del amor, el vocabulario que les permite entender a Dios, mirando a su madre y a su padre, los necesitan a ambos", ha dicho el pasado tres de mayo el arzobispo de Denver, Charles Chaput, en una conferencia a los católicos de Cheyene, Wyoming, con motivo de la celebración de san José. El problema estriba, añadimos nosotros, en que hoy los niños ven mucho más tiempo a la televisión que a sus padres; pasan mucho más horas "juntos" y han llegado a estimarla más que a sus progenitores.

Dos meses seguidos sin parar para comer o ir al baño

El niño típico de la sociedad occidental ve alrededor de tres horas 46 minutos al día la pequeña pantalla; es decir: 26 horas con 22 minutos por semana, o dos meses (sin parar) al año. A los 65 de edad, el niño de hoy, anciano al 2050, habrá gastado diez años completos de su vida mirando tele; una década sin parar siquiera para comer o ir al baño... Según algunas mediciones en Estados Unidos, un niño "normal" de dos a once años, pasa mil 197 minutos a la semana "conversando" con la televisión, mientras que a sus padres (y sus padres a él, obviamente) les dedica 38 minutos a la semana para tener con ellos (y ellos con él) una conversación un tanto profunda.
        
Es más, según las mismas estadísticas (que forman parte del cuerpo de datos que respalda la experiencia internacional de "Una semana sin tele"), 54 por ciento de los niños de cuatro a seis años que fueron interrogados sobre si preferían la tele a sus padres contestaron a favor del aparato y en detrimento de sus padres. Interrogados éstos sobre si desearían restringir el tiempo que sus hijos miran TV, 73 por ciento dijeron que sí: ¿por qué no lo llevan a cabo en sus casas? Ese es un grandísimo misterio de la sociedad permisivista que nos aloja al finalizar el siglo XX.

La soledad más sola: la soledad de las imágenes

El pasado 6 de mayo, en París, el Consejo Pontificio de la Cultura y el Centro Católico Internacional para la UNESCO, realizaron una reunión importantísima, para analizar las posibilidades de un nuevo humanismo al alba del tercer milenio. Una de sus conclusiones es aterradora: el hombre de hoy es "un hombre atenazado por el miedo de sí mismo, de su propia obra y de los poderes terrenos y, al mismo tiempo, con una sed de absoluto y de infinito que se manifiesta con más fuerza aún que en otras épocas." Por un lado, el miedo y la soledad; por el otro, el ansia de Dios. El obstáculo es que esa ansia se "llena" con más soledad: la soledad de las imágenes.
        
El modo de conocimiento de la televisión no propicia la interacción. Y los hombres siempre han elegido el camino del diálogo para buscar la verdad. El diálogo nace en la familia, pero, como señalaba el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, en esta era la familia es "centro de un ataque colosal." Las bombas de ese ataque tienen una especie de consigna: fragmentar para vender. Fragmentar al núcleo familiar, por ejemplo, con una sexualidad desbordante, que hace al sujeto experimentar por adelantado una serie de acontecimientos que sólo a partir de una madurez podría comprender.
        
Pero en el modo actual de operar la TV en el mundo (entregada al capital y no a la conciencia ética de las sociedades), sólo se trata de vender. Así las cosas, si se trata de vender la "industria" del sexo, la TV no tiene empacho ninguno: los adolescentes que miran tres y media horas al día (de las siete que en promedio permanece encendida en sus casas) tienen, al cabo de un año, 14 mil referencias sexuales, con un mensaje típico: "hazlo", sin que importen las consecuencias. Y como no hay familia, las conductas de los grandes iconos (ídolos), se vuelven las conductas a elegir. Baste repasar las conductas sexuales de "las estrellas" para saber a qué atenernos.

Cinco pasos rápidos para detectar una adicción

Los manuales de asociaciones contra las adicciones contienen casi siempre indicaciones sobre lo que puede considerarse una persona "enganchada" (al alcohol, a las drogas). Las condiciones requeridas coinciden específicamente con la adicción televisiva. De acuerdo con el psicólogo Robert Kubey, de la Universidad de Rutgers, quienes miran demasiada televisión padecen cinco síntomas, dos más que los necesarios para ser declarados adictos a substancias. Estos síntomas del teleadicto son:

1. No puede mirar uno o dos programas; una vez que inicia, ve horas y horas.
2. No es capaz de apagar el aparato.
3. No es capaz de cancelar la TV para hacer labores familiares.
4. Cuanto más mira, más tiempo quiere seguir mirando.
5. Si no ve televisión siente ansiedad (síndrome de abstinencia).
        
A todo el mundo le parecería absurda una Asociación de Teleadictos Anónimos. Pero debería existir. Estamos hablando de uno de los principales problemas de salud pública de nuestra era. El más reciente estudio de la Universidad de Stanford (mayo de 1999) demuestra -con pruebas científicas, no con intuiciones- que los niños tienen mayor tendencia a la obesidad cuanto más tiempo pasan frente al televisor. Es una tendencia que van a volver a encontrar cuando crezcan. Y la obesidad es, ya, la segunda causa de muerte adulta en Estados Unidos...

EL OBSERVADOR 201-1

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CUADERNO DE NOTAS

El siglo del "nunca jamás"

Este siglo muriente ha sido bautizado por muchos como "el siglo del nunca jamás" (porque "nunca jamás" se habían producido los cambios, las transformaciones, los movimientos que hemos visto en estos cien años últimos de vida del hombre). su adiós nos deja como un regusto de esperanza: si pudimos sortear dos guerras mundiales, si pudimos descender a los infiernos de la indiferencia, si pudimos montar a un ser humano en la luna, podremos ser mejores.

Lo peor ya pasó, como dicen los doctores al cabo de una leve mejoría del enfermo. ¿Hemos mejorado los últimos años? No lo creo. Lo que sí estoy seguro es que más bajo el hombre ya no puede caer. La semana pasada hablábamos de la predicción de Jean Guitton, su profecía acerca de que en el siglo venidero la humanidad deberá elegir entre el Bien absoluto y el Mal absoluto. Decía yo que era más probable la primera elección, porque el mal como forma de vida ya lo hemos elegido (a partir de la indiferencia hacia Dios). Reafirmo esa convicción: tras el siglo del "nunca jamás" debe venir el siglo de la esperanza y la solidaridad. Creo que ya no existe opción: o el hombre se vuelca a la solidaridad o se pierde en el abismo de una conflagración total. Es decir, ya no veo elección posible, porque lo que está en juego es la vida misma de todos los que habitamos el planeta Tierra. Según sabemos, nuestro instinto de supervivencia es el instinto más poderoso de todos. Es el ansia de vivir, de respirar, de amar la que mayormente nos consume: nuestro mayor tesoro. Al final, aflorará.

Ignoro -como cualquiera que se reconozca hijo de Dios- cuáles sean Sus planes. Me resisto a pensar siquiera en que el designio final para el hombre sea el caos de la destrucción y el anonadamiento de la dignidad del ser. Fuimos dotados de libertad, y la libertad nos sirve para el bien o para el mal. Entiendo que hemos votado, sistemáticamente, a favor del mal. Pero, ¿no ven ustedes despuntar al alba del nuevo milenio una como lucecita de esperanza? Es la mirada atenta de Dios, la pregunta que nos lanza entre amoroso y aterrado: ¿algún día se darán cuenta de la verdad?, ¿algún día se van a convertir?

Una persona me preguntaba si había otra profecía de Jean Guitton. En efecto, la hay; y tiene mucho que ver con lo que estamos discutiendo sobre la conversión del mundo. Para Guitton, el otro acontecimiento del siglo venidero será... la conversión de China al cristianismo. Y con ello, el último gran bastión de Oriente estará dispuesto al abrazo (si es que la OTAN no trabaja en sentido contrario). (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 201-2

Este siglo muriente ha sido bautizado por muchos como "el siglo del nunca jamás" (porque "nunca jamás" se habían producido los cambios, las transformaciones, los movimientos que hemos visto en estos cien años últimos de vida del hombre). su adiós nos deja como un regusto de esperanza: si pudimos sortear dos guerras mundiales, si pudimos descender a los infiernos de la indiferencia, si pudimos montar a un ser humano en la luna, podremos ser mejores.

Lo peor ya pasó, como dicen los doctores al cabo de una leve mejoría del enfermo. ¿Hemos mejorado los últimos años? No lo creo. Lo que sí estoy seguro es que más bajo el hombre ya no puede caer. La semana pasada hablábamos de la predicción de Jean Guitton, su profecía acerca de que en el siglo venidero la humanidad deberá elegir entre el Bien absoluto y el Mal absoluto. Decía yo que era más probable la primera elección, porque el mal como forma de vida ya lo hemos elegido (a partir de la indiferencia hacia Dios). Reafirmo esa convicción: tras el siglo del "nunca jamás" debe venir el siglo de la esperanza y la solidaridad. Creo que ya no existe opción: o el hombre se vuelca a la solidaridad o se pierde en el abismo de una conflagración total. Es decir, ya no veo elección posible, porque lo que está en juego es la vida misma de todos los que habitamos el planeta Tierra. Según sabemos, nuestro instinto de supervivencia es el instinto más poderoso de todos. Es el ansia de vivir, de respirar, de amar la que mayormente nos consume: nuestro mayor tesoro. Al final, aflorará.

Ignoro -como cualquiera que se reconozca hijo de Dios- cuáles sean Sus planes. Me resisto a pensar siquiera en que el designio final para el hombre sea el caos de la destrucción y el anonadamiento de la dignidad del ser. Fuimos dotados de libertad, y la libertad nos sirve para el bien o para el mal. Entiendo que hemos votado, sistemáticamente, a favor del mal. Pero, ¿no ven ustedes despuntar al alba del nuevo milenio una como lucecita de esperanza? Es la mirada atenta de Dios, la pregunta que nos lanza entre amoroso y aterrado: ¿algún día se darán cuenta de la verdad?, ¿algún día se van a convertir?

Una persona me preguntaba si había otra profecía de Jean Guitton. En efecto, la hay; y tiene mucho que ver con lo que estamos discutiendo sobre la conversión del mundo. Para Guitton, el otro acontecimiento del siglo venidero será... la conversión de China al cristianismo. Y con ello, el último gran bastión de Oriente estará dispuesto al abrazo (si es que la OTAN no trabaja en sentido contrario). (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 201-2

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Condonación de la deuda

Miguel Concha / para EL OBSERVADOR

En el marco del Jubileo del año 2000, al que convocó Juan Pablo II en 1994, y tomando en cuenta que la deuda externa representa un grave obstáculo para el desarrollo, los representantes de los institutos de vida religiosa en México se comprometieron recientemente a impulsar una campaña nacional de recolección de firmas para pedir a los países acreedores la condonación total de la deuda de las naciones más pobres y, en forma parcial, la de México.

El papel de la opinión pública

Al finalizar en Orizaba su XXXIV Asamblea, expresaron en un mensaje al pueblo mexicano que un modo concreto y eficaz de vivir la justicia en América "es llevar adelante la petición que hace el Papa sobre la condonación de la deuda, a la que se han unido varios países como Francia y España, y ya no pocos episcopados, entre ellos el nuestro". Creemos, añaden, "que hay que denunciar la complejidad del problema: se debe a corrupción, a mala administración, a elevados intereses, a políticas financieras especulativas, a gobernantes irresponsables y al enriquecimiento de personas concretas en lugar de haber sido dedicada a sostener los cambios necesarios para el desarrollo del país".

La campaña se suma a las que con objetivos muy semejantes realizan en más de 30 países muchos grupos, instituciones y personas de diversas orientaciones políticas, religiosas e ideológicas, y tiene como finalidad liberar de la pesada carga de la deuda externa a más de mil millones de personas. Una meta inmediata es entregar en junio de este año en Colonia (Alemania) al Grupo de los Siete, 22 millones de firmas.

Como afirma el episcopado francés en un documento reciente sobre el tema, muchos de los responsables de las grandes instituciones financieras saben que la deuda de los países pobres jamás podrá ser reembolsada y, sin embargo, dudan en decidir su anulación. "Todavía la presión de la opinión pública no es tan fuerte para ello". Además, con la crisis monetaria mundial, que afecta a países emergentes, como Indonesia, o en reconversión, como Rusia, tienen otras preocupaciones. "Los países más pobres corren una vez más el riesgo de ser olvidados si nadie habla en su favor. El Jubileo 2000 es la ocasión para luchar contra este olvido".

Impagable e inmoral

Por lo que se refiere a Iberoamérica, del 25 al 28 de enero de este año tuvo lugar en Honduras un importante encuentro de diversos representantes de la Iglesia y de la sociedad civil de 17 países del continente para lanzar una campaña a nivel iberoamericano que, lamentablemente, tuvo muy pocas repercusiones en la prensa. Al final se emitió la Declaración de Tegucigalpa, en la que, entre otras cosas, se afirma que la deuda externa de Iberoamérica, cuyo monto se calcula en alrededor de 706 mil millones de dólares, cuyo servicio alcanzó ya entre 1990 y 1997 la cantidad de 581 mil millones de dólares, y por la que tendrían que pagarse sólo este año 123 mil millones más, es impagable, ilegítima e inmoral.

Impagable, se dice, porque matemáticamente no hay fórmula para hacerlo. Dos décadas completas de refinanciamientos, imposibles de ser cumplidos por los países en desarrollo, lo demuestran claramente. Ilegítima "porque se originó principalmente en decisiones de gobiernos dictatoriales, no elegidos por el pueblo, o en gobiernos formalmente democráticos pero corruptos, sin, además, ser utilizada en beneficio del pueblo al que hoy se le exige su costo". Ilegítima "porque creció amparada por tasas de interés y condiciones de negociación impuestas por los gobiernos y bancos acreedores, que negaron reiterada y abusivamente el derecho de asociación de los gobiernos deudores, aun cuando ellos sí lo hicieran a través de verdaderos cárteles de acreedores (Club de París, Comité de Gestión), respaldados además por la coerción económica del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

"La orden era clara y determinante: ustedes negocian individualmente, nosotros negociamos en bloque".

Es inmoral porque los gobiernos tienen que destinar un alto porcentaje de los recursos del Estado a pagar la deuda externa, afectando más que nada a los programas sociales y a los salarios de los trabajadores, generando desempleo y afectando gravemente el funcionamiento de la economía. "Hoy existe una enorme deuda social en salud, educación y nutrición del pueblo. Los estados gastan hoy en el área social 60% menos por habitante que en 1970".

EL OBSERVADOR 201-3

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Iglesia: ¿un negocio cualquiera?

Las relaciones entre la Iglesia y el Estado en México constituyen un complejo fenómeno, de gran interés histórico y jurídico. El Lic. J. Jesús Castellanos Malo, magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Querétaro, ha realizado un estudio analítico sobre los principios, condiciones actuales y problemas que existen en las relaciones entre la Iglesia y el Estado, desde el punto de vista del derecho.

En este documento, titulado Relaciones entre Iglesia y Estado, el Lic. Castellanos evita caer en prejuicios y debates infructuosos entre las posiciones históricas hostiles a una u otra parte. Comienza por definir los conceptos y principios jurídicos esenciales para poder entender desde la perspectiva del derecho, quiénes son los protagonistas de este sistema de relaciones, cuáles son sus fines y en qué marco legal se mueven e interactúan. Como creyente, el autor define a la Iglesia como pueblo de Dios, rebaño, asamblea, cuerpo de Cristo, una, santa, católica y apostólica. El Estado es una organización política, económica, social y jurídica que integra territorio, población y gobierno; su función es el desarrollo del bien común con base en los principios de solidaridad, subsidiaridad, libertad, justicia y caridad. Más adelante se definen los conceptos jurídicos de persona y personalidad, que permiten entrar de lleno en el análisis de la actual Ley de asociaciones religiosas y culto público, que entró en vigor en julio de 1992. El Lic. Castellanos, aunque reconoce el avance logrado con respecto a la situación que establecía originalmente el artículo 130 constitucional, señala que dicha ley contiene términos equivocados que provocan serias consecuencias prácticas, como el control político del Estado sobre las asociaciones religiosas. En la nueva legislación se entremezclan términos correspondientes al derecho público y al privado, destinados originalmente a proteger intereses y valores completamente diferentes. Además, la nueva ley se inspira en la figura jurídica de "concesión" o "autorización administrativa", lo cual supone, erróneamente, que las actividades religiosas son un servicio público que el Estado suministra indirectamente, por medio de una concesión otorgada a particulares. Incluso se considera a las asociaciones religiosas como "organismos descentralizados", por lo que sus bienes inmuebles pasan "al pleno dominio de la nación" en caso de que sea liquidada por sanción la iglesia que los poseía (Art. 16, párrafo III).
La Ley de asociaciones religiosas hace referencia a un reglamento que todavía no ha sido elaborado; en su documento, el Lic. Castellanos dice que ésta es una situación afortunada, pues un reglamento realizado en las actuales circunstancias podría salirse totalmente de su contexto, al crear facultades o poderes desmedidos a favor de los órganos de autoridad.

Otro problema de la actual legislación se origina en su artículo 10, donde señala que las relaciones de trabajo dentro de las iglesias se deben sujetar a las disposiciones de la legislación laboral vigente. Tales leyes y reglamentos se refieren a las relaciones entre obreros y patrones o entre trabajo y capital, pero en el caso de las iglesias resulta muy difícil precisar dónde está el capital, dónde el trabajo, quién es patrón o trabajador, si puede haber huelgas o sindicatos aquí o no, etc. Si preguntáramos cuál es el producto obtenido por una asociación religiosa seguramente la respuesta sería "los feligreses", lo cual es un absurdo patente. Sin embargo, los tribunales están actuando como si las iglesias fueran un negocio o empresa cualquiera, con incremento económico, trabajo, lucro, rendimiento de capital y utilidades, actividades todas que generan impuestos y demás obligaciones fiscales a las iglesias. El autor de este estudio cuestiona si es posible considerar a una asociación religiosa como sujeto pasivo de obligación fiscal, y señala que en otros países es el Estado el que da aportaciones o subsidios a las iglesias según el número de fieles que tienen. Al concluir su estudio, el Lic. Castellanos se pronuncia a favor de la absoluta independencia y respeto que se deben guardar la Iglesia y el Estado, lo cual no significa que deba existir una separación radical entre el poder eclesiástico y el político-civil, pues se trata de que trabajen en colaboración y mutua ayuda desde su propio campo de acción, con libertad e independencia.

EL OBSERVADOR 201-4

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PINCELADAS

La flor de la alegría

Justo López Melús *

Sólo encuentra la alegría y la felicidad el que la busca... para los demás... Según una leyenda india, había muchas flores en el jardín de la humanidad, pero faltaba la más hermosa, la flor de la alegría. Un día llegó al jardín un extranjero, vio a los hombres tristes y les dijo: "En la cumbre de la montaña hay una flor preciosa. El que la traiga y la plante en su jardín, será feliz".

Desde entonces todos se decidieron a buscar la flor. El primero, el rey. Pero la corona le pesaba mucho y abandonó. Luego un guerrero, pero le pareció poca cosa y no la vio. Después un sabio, entre dudas y vacilaciones, se desanimó. Y un día, un niño se extravió y se encontró con la flor de la alegría. Con sus ojos la distinguió y le cautivó. Y exclamó gozoso: "Llevaré esta florecita a mi madre y se alegrará". Y fue dichoso al ver la alegría de su madre.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 201-5

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Kosovo: nuevo tipo de guerra
Kosovo: nuevo tipo de guerra

Germán Estrada Laredo *

La semana pasada mil 700 dignatarios provenientes de 44 países se reunieron en Washington para celebrar el 50 aniversario de la fundación de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), alianza de los Estados Unidos y de las democracias europeas después de la segunda guerra mundial. Realmente fue una celebración muy desangelada; la guerra en Kosovo convirtió la fiesta en un seminario sobre la nueva guerra en Europa. Pero, ¿cuáles son las razones para una nueva guerra más en Europa? ¿Cuáles los intereses para bombardear la capital de Yugoslavia con la más sofisticada tecnología militar en el planeta? ¿Cuál la versión de occidente y cual la de los yugoslavos? ¿Quién tiene la razón?

No estamos frente a una guerra más, estamos frente a un nuevo tipo de guerra. El primer ministro inglés, Tony Blair, escribió hace algunas semanas: "En este conflicto no estamos peleando por territorio sino por valores". Valores es un concepto muy disperso para justificar la pérdida de vidas y bienes. Los yugoslavos no están peleando por valores, sino por territorio, además de que tenemos que recordar que Kosovo es una provincia legalmente parte de Yugoslavia. Bill Clinton dijo ante la Sociedad Estadounidense de Editores: "Tenemos enfrente una gran batalla entre las fuerzas de integración y las fuerzas de desintegración; las fuerzas de la globalización contra el tribalismo; de la opresión contra el fortalecimiento". ¿Acaso estos son los valores a que hizo referencia Tony Blair? Integración, globalización, fortalecimiento. Si Estados Unidos no está peleando en Kosovo por territorio, contra terroristas o por petróleo, ¿por qué invierte en esta guerra? No estoy a favor de Milosevic, quien seguramente ha llevado a cabo una "limpieza étnica" en Kosovo cometiendo un sinnúmero de atrocidades; es sólo que me cuesta mucho creer en las razones humanitarias de los europeos y estadounidenses ya que, si éstas fueran ciertas, ¿por qué no intervinieron en los genocidios entre tribus africanas los años pasados?

* Colaboración resumida. El autor es director del Centro de Pastoral Universitaria, UIA, León.

EL OBSERVADOR 201-6

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El poder se hace visible

Santiago Norte

Con extremada frecuencia asistimos en la televisión a la representación icónica del poder. Como piensa el escritor y filósofo español Rafael Argullol -refiriéndose a Hitler y sus relaciones con la forma de montarse hoy la publicidad televisiva, o su variante fílmica-, "Hitler parecía entenderlo a la perfección al poner en marcha un mecanismo global en el que no bastaba la coacción tradicional, la de la palabra y la sangre, sino un tipo absolutamente nuevo de coacción basado en una telaraña icónica a la que el individuo no puede sustraerse". La publicidad actual, con su despliegue de objetos y cuerpos al servicio de esos objetos, cuerpos pulimentados y puestos mecánicamente al punto, es una extensión de aquel fenómeno de masas de Hitler, ayudado por gente como Leni Riefensthal, mediante el que el "pintorzuelo deslavado" (según se refería a él Kafka en sus impresionantes diarios) pudo tejer la trama de acopio de fuerzas para hacerse del mundo, cosa que estuvo a punto de lograr.

Las sensación de pequeñez frente a la grandeza que propiciaban los documentos de la época hitleriana, aunados a la generalizada ausencia de padres en las familias de las juventudes hitlerianas, como lo demostró el estudio nodal de la Escuela de Frankfurt, hizo posible la adhesión irrestricta a la locura que incendió Europa entre 1939 y 1944-5. Y buena parte del delirio colectivo se dio por la publicidad: son bastante conocidos los filmes de las grandes concentraciones al paso del fhürer y de sus huestes; el brazo en alto, la humillación de la diferencia que ellos producían, al grado tal que gente en apariencia pacífica y normal, sin dejo de racismo o brutalidad, fuera la mano de obra del holocausto posterior, el ejército silencioso de las masacres: los que volteaban la cara o ayudaban con "dignidad" espartana a ejercer la "solución final".

Desde entonces sabemos que una de las características fundamentales del poder es hacerse visible, darse a conocer en plenitud de facultades: enseñarse. Tal el poder del dinero (que ha substituido, por obra y gracia de los medios, al poder de la ideología) y tal su esbirro: el mercado de la publicidad. En ambos se da -en la ideología y el dinero- lo que Argullol denomina con puntería "el totalitarismo de la representación". Una de las bases del poder al mostrarse es presentarse sin fisuras, sólido como una piedra, sin los intersticios por donde se cuela la capacidad humana de errar, dudar, mantenerse al margen. Cuando la representación se hace continuidad totalitaria, es decir, cuando no existe más que la demostración de un poder sobre la masa anónima (el brazo levantado, el automóvil último modelo), sobreviene el efecto determinado por la mostración poderosa: el empequeñecimiento y el servilismo. El sujeto se sabe excluido y, al saberse en los márgenes, intenta a toda costa recuperar el terreno, mimetizarse: vestir la cruz gamada o endrogarse con el dinero plástico; matar judíos o enfrentar juicios de embargo: importa estar, no ser. "Que la palabra propaganda, aparentemente adecuada para períodos de dureza ideológica, confrontación bélica o 'guerra fría', haya sido sustituida por la más aséptica publicidad no cambia la raíz del asunto, pese a que se facilite el ocultamiento de las intencionalidades bajo la fingida inocencia de las imágenes", dice en su artículo de El País (20/11/99) Rafael Argullol.

¿Quiere lo anterior decir que se utiliza hoy la misma técnica para convencer al comprador que hace 55 o 60 años para convencer al alemán medio de integrarse a la dureza del fhürer y sus lunáticos secuaces? Recuerdo en este momento una película de Fassbinder: Sólo quiero que me quieran, se llamaba. En ella un varón se entregaba a la causa con fervor impresionante. Y la causa era el amor de su mujer. La manera de conquistarla venía dada por las "condiciones del mercado", esto es: conquistarla mediante compras en abonos. La tergiversación y la transmutación a la que somete un tipo de representación totalitaria (de que, en rigor, todo es posible, todo lo deseable es posible, con "el poder de la firma"), ¿no es tan ilusoria como la de aquel ciudadano alemán que entregaba toda su dignidad al servicio del "engrandecimiento" del país vilipendiado por los aliados de la primera guerra mundial?

EL OBSERVADOR 201-7

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PALABRAS MAYORES

Huelga de hambreHuelga de hambre

Joaquín Antonio Peñalosa

No. No se trata aquí de la permanente e involuntaria huelga de hambre de los pobres. Casi la mitad de los habitantes de la tierra son auténticos muertos de hambre. Tan muertos de hambre que ya no parecen del Tercer Mundo sino del otro mundo.

Tampoco aludimos a la huelga de hambre de los ricos que, teniendo repletas las despensas y abastecidas las bodegas, se niegan voluntariamente a comer por conservar la línea -o la curva, cuando no hay otro remedio- y cuidar el físico más o menos unidimensional y volátil.

La huelga de hambre es hoy el menú del día. Los pobres ayunan por la injusticia y los ricos por la estética. Unos porque nada tienen y otros porque tienen de sobra. De manera que, cuando alguien no come, no sabe uno si se trata de un paria o de un pudiente, si el ayuno procede de una injusta distribución de los bienes o de una prescripción médica, si la dosificación de alimentos se debe a la flaqueza económica o a la gordura corporal.

Un cafecito aguado y una tostada, vaya usted a saber si es des-ayuno de proletario desnutrido o dieta blanda de millonario obeso.

Casi desde principios de siglo empezó a ponerse de moda la huelga de hambre como una presión ante gobiernos y autoridades con el fin de obtener una demanda después de haber agotado los medios legales, ordinarios y comunes. Gandhi, desde luego, ha sido el más famoso de los huelguistas de hambre de este siglo.

Sonadísimo fue el caso del irlandés McSwines, alcalde de Cork, que murió por huelga de hambre el año 1920. Aquello fue discutidísimo entre juristas y moralistas. Unos afirmaban que se trataba de un suicidio directo y, por consiguiente, totalmente ilícito y pecaminoso; en este sentido se pronunció Artibay que, para probar su tesis, escribió todo un grueso libro titulado El suicidio y sus aplicaciones al caso de McSwines, alcalde de Cork.

Otros concluyeron afirmando que se trataba de un suicidio indirecto y, como además creían que las causas eran justas y graves, lo estimaron lícito. El alcalde no quería la muerte, sino la huelga nada más, esperando que los ingleses cedieran. Si la muerte sobrevenía, sería contra su deseo, porque él lo que buscaba era la libertad de su patria. Esta razón era suficientemente grave para arrostrar la huelga y, en dado caso, la muerte.

Los casos de huelga de hambre se presentan ahora con inusitada frecuencia en las más diversas naciones y por los más diversos motivos. ¿Se trata o no de un suicidio?

Los expertos en ética distinguen entre el suicidio directo, o sea, el que se procura como medio único para dejar de padecer, y el suicidio indirecto, que no se desea en sí mismo, aunque se prevea la posibilidad de la muerte.

El suicidio directo nunca, ni por la razones más serias, está permitido. El suicidio indirecto es lícito cuando media una causa justa y grave, que tal puede ser el caso de las huelgas de hambre.

Por ahí ha habido no pocos simpáticos huelguistas de hambre que, en el día, cuando los mira la gente y los retrata la prensa, ponen los ojos en blanco, la cara de una languidez infinita, mientras paladean un miserable vaso de agua. Pero que no llegue la media noche y se queden solos, porque entonces se despachan un soberano pollo al jerez trocando abstinencias en gulas. ¿Huelguistas o exhibicionistas?

EL OBSERVADOR 201-8

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COMENTARIO A FONDO

Madre y más madre

Darío Pedroza Jr. *

¿Qué tal de fiestas de la mamá por el 10 del presente?

Con ocasión de las pachangas de la mamá muchos de los que son papás -y digo muchos porque a otros se les olvida el día, la hora, el año y todo lo demás- se anochecieron y se amanecieron afinando las guitarras y recordando las canciones para el "gallo".

Pudiera ser que algunos se olviden por largas temporadas de quien, junto con un hombre, les dio la vida, pero la tradición obliga o presiona a la sociedad al recuerdo de la mujer que se la jugó para compartir ella misma todo lo que es y todo lo que tiene para llamarle a alguien hijo, hija, y vaciarle con la expresión de su ternura su propia existencia. Por desgracia, muchas de las expresiones pueden quedar en el aparato o agresión comercial de la donación de cosas y más cosas, olvidándose definitivamente de que el cariño no son cosas, no son objetos, sino sentimientos y muestras de la estima que se tiene por la persona a la que se le quiere.

Tal vez no esté pasando por sus mejores momentos la maternidad en la cultura de nuestro tiempo dado que tanto la publicidad de los medios anticonceptivos -dígase negocio- como los programas oficiales de control natal no van precisamente a la educación en la transmisión de la vida de forma responsable, sino de los condicionamientos crediticios exteriores e interiores, además de la violación de los derechos fundamentales de la decisión de la concepción por parte de la pareja. En esta marabunta de ideas y de prácticas en torno a la maternidad se hace necesario volver a los principios éticos y morales en el aspecto señalado, sobre todo frente a la agresión destructora de ideas y costumbres que nada tienen que ver con una conducta moral y menos con una conducta moral cristiana familiar.

El engaño ha hecho víctimas a muchas mujeres que se dicen queridas y que no lo han sido, sino utilizadas por la pasión y el deseo pasajero. No siempre estas mujeres se sienten plenas en su maternidad, y menos cuando les falta el respaldo de alguien como es el padre del hijo venido al mundo con engaño. Por fortuna, Dios no es ajeno a estas mujeres, que son sus hijas y son igualmente queridas por Él, que tiernamente tiene un proyecto de salvación y de gracia para ellas y para sus hijos, hayan venido de la forma que haya sido. Con frecuencia son señaladas por una sociedad injusta y malvada que presume de pía y recta y que no para mientes en marginarlas de la vida de la comunidad por malas, como si Jesús no se hubiera mostrado misericordioso con aquella mujer que se equivocó y a la que el Señor del Perdón le abrió su misericordia y le recomendó no volviera a pecar.

Con el señalamiento de los buenos y los malos nos llevamos entre los pies a todo tipo de personas sin reparar en el daño que les podemos hacer no solo a quienes son mamás sino a los hijos de ellas. Dios el Señor, en sus proyectos de cariño, al querer enviarnos a su Hijo al mundo como Salvador y como ejemplo, quiso que tomara en el vientre de una mujer la naturaleza que los humanos llevamos, y santificó así la maternidad de todas las mujeres en una bellísima mujer, María, a quien Dios quiso llamar mamá. Creo que en esta santa mujer cualquiera otra mamá puede sentir la ternura de alguien que está cerca, no tan sólo en la historia, como un hecho pasado, por más que esté escrito en la santa Biblia, sino en la vida.

El autor es presbítero, Secretario de Pastoral Penitenciaria del Arzobispado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 201-9

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GRANDES FIRMAS

Tolerancia, compañero *

Paz Fernández Cueto

Querido amigo universitario de la UNAM: ¡Cómo he pensado en ti durante estos días de huelga y, de manera especial, cuando más de mil veces he escuchado repetir de boca de los huelguistas la palabra ¡tolerancia! Este nuevo paradigma, enarbolado como estandarte del humanista, del hombre civilizado, del pacífico, del democrático y conciliador, ha solapado intolerancias de tan grande magnitud que está a punto de sumergir el término en un lamentable desprestigio.

Aquella mañana, cuando se confirmaron los rumores del paro y quisiste manifestar libremente tus deseos de estudiar, te fue imposible llegar al salón de clases de tu facultad. La indignación crecía por dentro mientras veías convertirse a tu universidad en una sucia barricada; los huelguistas habían sacado escritorios, sillas y restiradores para impedir tu acceso al aula, apropiándose por la fuerza de los edificios y bibliotecas, laboratorios, centros de cultura y todas las demás instalaciones de nuestra máxima casa de estudios; y cuando intentaste protestar surgió de inmediato la misma frase mágica con apariencia de impecable: ¡Tolerancia, compañero!

Por fin los estudiantes que querían estudiar -que son la mayoría- se manifestaron pacíficamente frente a rectoría pidiendo un "no a la huelga", "queremos estudiar", "apoyamos al rector". Se pidió guardar un minuto de silencio apelando a la reflexión a los radicales del paro, pero los radicales interrumpieron con gritos y agresiones verbales, más intolerantes que la misma intolerancia, mientras una vez más se amparaban en su cínico estribillo que demandaba: ¡Tolerancia, compañero!

El proceso de modificación al reglamento de pagos no te sonaba tan descabellado; finalmente pagarían los que quisieran y pudieran hacerlo con la sola garantía de su palabra. Se entiende que la modernidad excluye el paternalismo en todas sus formas y exige el compromiso de un esfuerzo compartido de quienes poseen la mayor de las fortunas, como es el propio talento. Negarte arbitrariamente la posibilidad de contribuir con algo al mejoramiento de equipos e instalaciones de tu universidad es considerarte inútil, es ningunearte, es etiquetarte como permanente damnificado, como un parásito despreciable incapaz de aportar. Y cuando te oponías, indignado, volvían a vociferar su frase favorita: ¡Tolerancia, compañero!

Qué impotencia sentiste cuando te impidieron el acceso al laboratorio de la facultad de biología para alimentar las bacterias que habías venido estudiando hace un año como fundamento de tu tesis profesional. Les suplicaste que te dejaran entrar para alimentarlas; de lo contrario, se morirían y perderías irremediablemente todo ese tiempo precioso de investigación. Les valieron tus súplicas y hasta tus lágrimas...; al fin y al cabo se sentían con el derecho de exigirte como a los otros: ¡Tolerancia, compañero!

La politización del conflicto universitario no escapó desde un principio a tu aguda observación. Lo sabes bien: "a río revuelto, ganancia de pescadores", y los tiempos políticos que se avecinan prometen una cuantiosa pesca a los oportunistas, a los incapaces de obtener el respaldo del pueblo por la vía racional. ¡Qué descaro!, admitir "no estar detrás del paro pero sí de lado", organizar mítines estudiantiles con pasamontañas zapatistas, embarrar de ambiciones de poder -llámese PRI, PRD, Marcos... más lo que se acumule en la semana- el espacio académico de tu querida universidad. Lo peor es que hay muchos que se dejan arrastrar y ya va floreciendo en ellos esa mala hierba que se llama desconfianza, condimento excelente de caldo de engorda que satisface únicamente ambiciones personales. Es muy fácil acallar a quien se oponga, sólo basta con seguir repitiendo: ¡Tolerancia, compañero!

Los desórdenes y protestas salieron del campus universitario para invadir nuestra ya muy minada ciudad. Los del paro incitaron a marchas de protesta mientras se hacían escoltar por elementos de la policía capitalina. El PRD, que dice no estar detrás del movimiento, se limita a acompañarle a un lado, avalando y apoyando el desorden en lugar de cumplir con la obligación que adquirió al asumir el gobierno de la ciudad, de preservar la armonía sirviendo a todos sin fines partidistas. El atraso en los estudios de miles de jóvenes, el freno a los servicios de investigación, el no cubrir la demanda estudiantil, el negar su derecho a quienes sí quieren estudiar, la profanación de los símbolos patrios, la falta de respeto a la autoridad, el cinismo... todo, todo se absuelve bajo el paradigma inmaculado de la ¡tolerancia!

Me temo, querido amigo universitario, que los huelguistas han confundido su petición de tolerancia con la imposición burda de una falta de respeto. Ojalá sea la razón la que se imponga a la fuerza y que se entienda el respeto más allá de la tolerancia.

* Colaboración resumida.

EL OBSERVADOR 201-10

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO

Joaquín Antonio Peñalosa: Hermana poesía *Joaquín Antonio Peñalosa: Hermana poesía *

Javier Sicilia

He escrito mucho sobre poesía religiosa y, sin embargo, nunca lo he hecho sobre la de Joaquín Antonio Peñalosa. Pido una disculpa. Aunque me había prometido hacerlo, otras lecturas, otras pasiones, postergaron mi compromiso. Ahora, en que he leído su poesía reunida bajo el título de Hermana poesía (editorial Ponciano Arriaga y Verdehalago, 1997), pago mi deuda no sólo conmigo, sino también con la poesía.

El siglo XX, pese al jacobinismo que durante mucho tiempo hizo que la cultura católica fuera confinada a las catacumbas de la modernidad, ha sido pródiga en poesía vivida desde la experiencia cristiana. Varios nombres sobresalen: Alfredo Plasencia, Concha Urquiza, Francisco Alday, López Velarde, Carlos Pellicer, Manuel Ponce, Dolores Castro, Mauricio Brhem, Gabriel Zaíd, Julio Hubard, Jorge Eugenio Ortiz y Joaquín Antonio Peñalosa. De ellos sólo cinco han sido sacerdotes: Plasencia, Alday, Ponce, Brhem y el propio Peñalosa, cinco voces distintas pero maravillosas en su percepción de lo divino. Si Plasencia vive una intimidad con Cristo desde su pecaminosidad, si Alday la vive desde la cruz, si Ponce la vive con un fuego teofánico y Brhem con un vuelo que a veces frisa la mística, Peñalosa lo hace desde la fraternidad franciscana. De ahí el título bajo el cual reúne su obra: Hermana poesía. ¿Teofanía? Sí. Pero, a diferencia de Ponce, una teofanía que no es un barrunto del cielo, sino el cielo mismo. Si Ponce descubre en el jardín increíble de la vida las huellas de Dios y su poesía adquiere una profundidad y una contención teológicas inimitables, Peñalosa mira en él a Dios mismo y su poesía se vuelve una constante celebración. Su alegría por el mundo es la alegría del encuentro: arriba es igual que abajo. Ni siquiera el pecado puede nublar su alegría: todos somos hermanos y, aunque nuestros males nos lastimen, nuestra fraternidad los sana. Somos redimidos por nuestra compasión.

Hay, así, en la obra de Peñalosa, un eco maravilloso de santa Teresita, en el sentido de que para ella el cielo desciende a la tierra. "No veo bien -dice la santa de Lisieux- qué más tendré después de la muerte... ¡Veré al buen Dios! Porque en cuanto a estar con Él, ya lo estoy completamente también en la tierra". Peñalosa lo dice en otra forma en su poema "Cántico": "Te pedimos, Señor, que detengas el vuelo de los pájaros y alargues la vida de las amapolas; que el perfume no sea veloz ni el canto fugitivo. Y que no deshaga tu mano lo que tu mano hizo. Y si no se puede en esta vida, darnos en la otra un perpetuo atardecer". Para Peñalosa Dios está aquí, presente en su creación. Sus mismos salmos son loas que carecer de los tintes desgarradores que tienen los de David.

A Peñalosa el mundo lo ha hechizado porque es presencia de Dios. Si no estuviera prometido el encuentro cara a cara con Él, a Peñalosa le bastaría esta vida para gozarlo. Por eso escribe en ese maravilloso soneto, "La espuma": "En tanto vivo y en vivir me empeño, / voy por costumbre o voy por destino / juzgando habitación lo que es camino / y eternidad la espuma del ensueño. // Otro quisiera en vano, otro destino / en vez de la ficción que desempeño, pues lo prestado usurpo como dueño / y me aferro al bordón de peregrino.//

De vida voy, más que de muerte, herido / aunque a la muerte todo me apresura; / entre las dos es tal mi desconcierto // que si temo morir por lo vivido / mas muero por la urgente sepultura / y no sé si viviendo ya esté muerto".


Su mundo es una bienaventuranza, y esa bienaventuranza lo hace salpicar de humor muchos de sus poemas y leer los pasajes evangélicos como si sucedieran hoy, entre cosas y nombres de la modernidad, como en "Un ángel y una muchacha", en el que narra la Anunciación, o en "Tal para cual", en el que habla de los desposorios de José y María.

Estos poemas me alegran. Sin embargo, para mí, el mejor Peñalosa, aquel en el que su franciscanismo adquiere su mayor hondura, no está en ellos, sino en los poemas celebrativos de su primer libro, Pájaros de la tarde, o en los más meditativos, que se encuentran en Sonetos de la esperanza y Casi vida, casi muerte.

La visión de Peñalosa es la afirmación de lo que hoy el mundo niega: la presencia de Dios en lo cotidiano, es decir, la presencia de nuestra fraternidad. En medio de nuestra maraña diaria, a Peñalosa se le ha otorgado el don de descubrírnoslo. Leer su poesía es volver a la simplicidad divina de las cosas para mirar al mundo como recién hecho, como salido de las manos fraternas del Padre, lo que no es poca cosa.

* Artículo resumido. Publicado por convenio expreso con el autor.

EL OBSERVADOR 201-11

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INTIMIDADES. LOS JOVENES NOS CUENTAN
Quiero suicidarme

Yusi Cervantes

Quiero suicidarme. No le encuentro ningún sentido a la vida. No entiendo para qué Dios me puso aquí, quisiera encontrar un porqué, una respuesta. ¿Sabe? Me corté poquito las venas de la muñeca. Ya me cicatrizó, nadie en mi casa se dio cuenta. Fui a confesarme hace poco; el sacerdote no me entendió, no dijo nada, sólo quería oír mis pecados, no me ayudó a entender la vida. Volví a confesarme con otro sacerdote y lo único que me dijo es que no me desanimara y que tal vez un novio me ayudaría, como si un novio pudiera solucionar el problema. La soledad, la amargura, la inseguridad, la frustración que siento... Nadie puede ayudarme a sentirme mejor. Nunca he sido hermosa ni físicamente ni mucho menos espiritualmente. Sé que no soy inteligente ni tampoco soy buena. Mis papás y mis hermanos me tienen fastidiada. Los quiero mucho y les agradezco todo lo que han hecho por mí, pero quisiera que se olvidaran de mí, poder irme de mi casa. Pensé suicidarme a mediados de febrero, pero aún sigo aquí. Quisiera saber por qué día a día me levanto y sigo viviendo. ¿Qué es lo que me mueve a seguir? Tengo mucho miedo de vivir.

No te conozco pero sé que eres un ser humano maravilloso. En tu carta puedo ver que eres inteligente, honesta, sensible... Tú, en este momento, no eres capaz de ver tu propia belleza, pero piensa: has sido creada a imagen y semejanza de Dios. Por si esto fuera poco, eres hija de Dios. Y Dios vio que todo lo creado -eso te incluye a ti- es bueno. Dios no crea basura. Y los hijos de Dios tenemos un valor infinito. Día a día te levantas y sigues viviendo porque, aunque no lo creas, amas la vida. Cuando piensas en suicidarte no es que desees morir: lo que ocurre es que, como tú misma has descubierto, le tienes miedo a la vida. Todo gira en torno a este miedo.

No le encuentras sentido a la vida. Este es un problema de estos tiempos. La enfermedad más común -en cuanto a la mente, las emociones y el espíritu- es la del vacío existencial, la de no encontrar un sentido. Pero cuando alguien, como tú, se lo plantea, cuando sientes que esta falta de sentido te está haciendo daño, estás dando el primer paso hacia tu recuperación. No sabes para qué te puso Dios aquí. Créeme: nadie nace sabiéndolo. Todos tenemos que descubrirlo. El problema, en tu caso, es que vives esto con soledad, amargura, inseguridad y frustración. Cómo llegaste a esto, no lo sé. Pero necesitas salir de esta trampa. El pesimismo te hace pensar que nadie puede ayudarte. No es así. Hay muchas personas que pueden hacerlo. Pero tienes que buscar la ayuda adecuada. Un sacerdote en un confesionario te da la enorme gracia del sacramento de la Reconciliación, pero en cuanto a ayudarte a entender la vida es poco lo que puede hacer en tan poco tiempo. Te serviría mucho más pedirle que sea tu director espiritual; que te dé una cita para que te pueda dedicar el tiempo suficiente, y cuéntale todo acerca de ti. Pero, además, necesitas ayuda psicológica. Hace falta que un profesional te ayude a entender los motivos de tu desolación y encontrar los medios de superar los problemas, las confusiones y los conflictos internos que tienes. Aun cuando te sientas alejada de tu familia, cuéntales lo que te pasa. Es posible que no sospechen lo que te ocurre, pero cuando lo sepan te van a ayudar.

Y recuerda que si estás aquí es por alguna razón. Dios no te creo al azar, por pura casualidad, sino que lo hizo pensando precisamente en ti, en la persona que tú eres. Y tiene un proyecto para ti. Tienes que encontrar -y esa es tarea tuya, de nadie más- el sentido de tu vida. Es un sentido que no es fijo ni definitivo: va cambiando a lo largo de la vida, en cada circunstancia, según lo que la vida nos va proponiendo y de acuerdo con nuestra vocación y nuestras capacidades. Por lo pronto, el sentido de tu vida puede ser precisamente la búsqueda de ese sentido. No crees en tu propio valor ni en tu belleza interior: esto es efecto de la depresión que sufres. De muy poco o de nada serviría que te dijera cosas como "anímate, distráete" o cosas así. No, el asunto es más complejo. Hace falta que busques profundamente en tu interior, que sanes tus heridas y que aprendas a amarte a ti misma. Y aunque hoy te parezca que no es posible, créeme, sí lo es. Tú vales mucho y tu vida tiene un sentido.

Háblame, por favor.

(La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR).

EL OBSERVADOR 201-12

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Gracias a los maestros

Gracias a los maestros. Especialmente gracias a los maestros que ayudan a nuestros hijos a creer en sí mismos. A los que subrayan los logros, no los errores. A los que dicen : ¿cómo podrías hacerlo mejor?

Gracias a los maestros que se saben todos los nombres y conocen a los poseedores de esos nombres y saben o intuyen sus anhelos, sus problemas, sus posibilidades.

Gracias a los maestros capaces de lograr el gusto por aprender matemáticas, ciencias naturales, lectura, historia, geografía, arte... A los que saben que es importante enseñar, más que un montón de conocimientos, el camino para acercarse a ellos.

Gracias a los maestros que tienen clara su misión de educar, de ayudar a otros seres humanos a ser mejores, más plenos.

Gracias a los maestros que ponen no sólo tiempo y trabajo sino a sí mismos, parte de su vida, al servicio de sus alumnos. (FIN)

EL OBSERVADOR 201-13

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