El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

30 de mayo de 1999 No. 203

SUMARIO

bullet EDITORIAL-Nueva crónica de una muerte anunciada
bulletCUADERNO DE NOTAS-Ni moral ni memoria
bulletLa voz de los obispos de América clama
bullet¿USTED QUÉ OPINA?-¿La tolerancia no debería tener un límite?
bulletPINCELADAS-El gigante y el pigmeo
bulletRechazo a la economía inhumana
bulletEntre dos Testamentos: los adventistas de 7º día
bulletGRANDES FIRMAS-¿Dueños de la verdad?
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO-San Francisco y la ecología
bulletValores self service
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN-El síndrome del mundo cruel
bulletVIDA CRISTIANA-Cuatro consejos para que Dios esté con nosotros
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR-Miedo al esposo alcohólico
bulletOPINIÓN-Los que no quieren ayuda
bulletTESTIMONIO-Cuidé a mi padre hasta el último momento

EDITORIAL
Nueva crónica de una muerte anunciada
El día que lo iban a matar de 14 disparos de metralleta, 13 en el tórax y uno en la pierna derecha, el quinto cardenal de la Iglesia Católica mexicana, Juan Jesús Posadas Ocampo, se levantó a las 6:15 de la mañana para preparar la llegada a Guadalajara del nuncio apostólico y representante en nuestro país de Su Santidad Juan Pablo II, Girolamo Prigione Potzzi. Nada parecía turbar aquella jornada del 24 de mayo de 1993 en "La Quinta 244", residencia del Cardenal, en las calles de Morelos, en el centro de Tlaquepaque. La hermana religiosa Felisa Sánchez, quien exactamente nueve horas más tarde sería requerida por las autoridades del Ministerio Público para dar fe de la identidad del cadáver que yacía sobre el lado derecho de la parte delantera del Gran Marquis 1993, le sirvió su desayuno como todos los días a las 7:30 a.m., después de que el Cardenal hubiese nadado y hecho sus ejercicios cotidianos.

Aunque a pocos kilómetros de distancia pistoleros y agentes de muy diversa ralea tomaban posiciones para masacrarlo, provocando un movimiento de gente armada inusitado en el Aeropuerto Internacional Libertador Miguel Hidalgo de Guadalajara, nadie le avisó al robusto prelado que había peligro ni nadie fue capaz de detener la maquinaria que se estaba moviendo en su contra, o quizá en contra de su amigo, el Nuncio Apostólico, quien a la hora en que Posadas oficiaba misa en la capilla cardenalicia de Tlaquepaque, discutía en la ciudad de México con los periodistas que asistieron a la ceremonia de la XXVI Jornada Mundial de las Comunicaciones, sobre el rumor de que el Vaticano lo iba a remover de su puesto, mismo que detentaba desde el 9 de febrero de 1978, cuando vino a substituir a Mario Pío Gaspari, designado nuncio apostólico en Japón. Mientras Posadas les decía a las monjas y auxiliares de su residencia que podían irse en paz porque la celebración eucarística había terminado, Prigione, molesto con los reporteros, apostaba por la solidez de su estancia en México: "Está más que claro -dijo-, no me iré del país, me quedaré, aunque a algunos no les guste".

A las once de la mañana, el Gran Marquis del Cardenal, conducido por Pedro Pérez García, su chofer y horas más tarde compañero de viaje hacia la eternidad, rodaba suavemente hacia la notaría del arzobispado de la catedral metropolitana. En su interior Juan Jesús Posadas Ocampo meditaba sobre el giro que había dado la historia de las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado mexicano. En dos días más, el 26 de mayo, cumpliría dos años de que, en discreta ceremonia celebrada en Roma, el Papa Juan Pablo II le distinguiera con el capelo púrpura de los cardenales. Podría decirse que la encomienda de Su Santidad había sido cumplida en el plano terrenal: capitalizar la buena disposición del régimen de Salinas de Gortari hacia el clero, profundizar en las reformas al Artículo 130 constitucional y abrir el camino, junto con Prigione, a la reanudación de relaciones entre México y el Vaticano. Posadas miró el reloj en el tablero del coche que apenas había adquirido la Arquidiócesis hacía un par de meses. Calculó las audiencias que tenía en agenda, los asuntos que había que despachar y la hora de la comida para estar a tiempo en el aeropuerto y recoger a Prigione. Luego habrían de inaugurar un almacén comercial y celebrar por los dos años de Cardenal haciendo planes juntos sobre el futuro de la Iglesia mexicana, sobre todo ahora, pensó, cuando la salud del Cardenal Corripio está tan quebrantada por el herpes que sufre. Calculó todo en un instante y supo que llegaría "sobrado" a recibir a su amigo porque el vuelo de Mexicana salía a las tres de la tarde de la ciudad de México.

Comió con tranquilidad en su finca tan querida, que le había costado algunos mohines de la gente de Jalisco, acostumbrada a la frugalidad del obispo Salazar, su inmediato antecesor. Nada de cuidado, pensó Posadas Ocampo, quien de cualquier manera guardaba un regusto de amargura porque ahí no había sido tan fácil ganarse a la gente como, por ejemplo, en la difícil misión que le encomendaron en Cuernavaca: suplir a don Sergio Méndez Arceo y enderezar la diócesis que este personaje había puesto de cabeza. Es que los jalisquillos son muy sensibles al extraño, dijo entre dientes, recordando con nostalgia los páramos de Salvatierra, Guanajuato, donde nació el 10 de noviembre de 1926; las llanuras boscosas de Pátzcuaro donde fue vicario, las clases de filosofía en el seminario de Morelia donde llegó a la vicerrectoría, e incluso se acordó con emoción de Tijuana y de aquel lejano año de 1970 en el que fue nombrado obispo por Paulo VI. En el camino al aeropuerto seguía recordando a Tijuana. Algo le había pasado a esa ciudad que estaba irreconocible, fea, desastrada. Es el narcotráfico, pensó, es esa fiebre demencial que invade a tantas ciudades y países del mundo, sitios como Guadalajara, donde los narcos habían sentado ya sus reales. Se acordó de su homilía el pasado domingo, donde fustigó a quienes comercian con la muerte y a quienes los protegen. Apuntó en su mente que había que endurecer las palabras desde el púlpito porque de otra manera las cosas seguirían deteriorándose. Quizá un día Guadalajara, con todo y sus avenidas cuajadas de flores, llegue a parecerse a Tijuana. Dios no lo quiera, se dijo para sí, pero como va todo, con esos gobernantes como Cosío Vidaurri al que afortunadamente echamos fuera después de lo de abril del año pasado, no sería de dudarse.

Mientras el auto giraba con lentitud hacia el estacionamiento de la terminal aérea y los asesinos tomaban posiciones mediante las órdenes que con calma giraba el jefe de la operación a través del equipo de intercomunicación y de teléfonos celulares, el Cardenal Posadas miró otra vez el reloj de cuarzo del Gran Marquis: 15:44. Vamos muy a tiempo, le comentó a Pedro, su chofer, quien asintió con un ligero movimiento de cabeza. El sol caía a plomo sobre el puerto aéreo. Un poco amodorrado por el calor y la comida apenas reciente, el Cardenal no vio que de varios sitios diferentes salían unos hombres con metralletas en mano. Notó, eso sí, que algo raro pasaba, algo poco usual. Pero al igual que Pedro, su chofer, no le dio importancia. El vehículo se detuvo un instante para entrar al cajón del estacionamiento. El Cardenal miró hacia el asiento trasero para asegurarse que su portafolio estaba ahí. Quería revisar algunos documentos con Prigione, enseñarle recortes de periódicos... Volteó y con gesto mecánico abrió la puerta derecha del automóvil. Al mirar hacia arriba contempló con horror que un muchacho joven, de bigotes, dirigía hacia él la boca de una metralleta AK-47 "Cuerno de Chivo".

Será un asalto, alcanzó a pensar. Con el mismo gesto mecánico intentó protegerse cerrando la portezuela, pero la pierna derecha del sujeto se lo impidió, lo mismo que la metralleta interpuesta entre el sitio que ocupaba y el espacio exterior. Gritó qué sucede, qué quiere usted, pero recibió un lúgubre silencio por contestación. El hombre armado tuvo un instante precioso para reconocerlo, instante que aprovechó para acomodarse el arma apoyando el codo sobre su pierna flexionada. Midió el sitio exacto donde introducir las balas, en la pechera del que intentaba protegerse haciendo su cuerpo hacia la izquierda, hacia el lugar donde Pedro peleaba con otro individuo armado que intentaba abrir su puerta. Vio claramente el alzacuellos, el saco negro, la mirada de soslayo que bajo los lentes de montura de acero le dirigía el prelado de 67 años de edad. Con absoluta precisión, sin dejar de pulsar el gatillo de la AK-47 vació el cargador sin fallar un solo tiro, aunque no era de esperarse pues lo hacía como a 60 centímetros de su objetivo.

La última imagen que pudo captar el Cardenal fue la bota norteña de su asesino, puesta sobre las ranuras metálicas de la puerta abierta del Ford. Sintió ráfagas de calor muy cerca del corazón, inició un "Dios te salve, reina y madre, vida, dulzura y esperanza nuestra", pero a la segunda salmodia el cerebro de Juan Jesús Posadas Ocampo dejó de recibir impulsos y de producir imágenes. Alcanzó, como en un leve chisporroteo, a precisar algo sobre "este valle de lágrimas" y luego se apagó por completo. La operación había sido limpia. Nadie, ninguno de los agentes de la policía judicial y de la fiscal, ninguno de los guardias de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, hizo nada por entorpecerla.-Ya se cumplieron seis años...

EL OBSERVADOR 203-1

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CUADERNO DE NOTAS
Ni moral ni memoria
Corresponde al escritor David Rieff la frase de que "nuestra era ha resultado ser una era de rapidez, no de escrúpulo". En efecto, hoy predomina, tanto en las relaciones sociales como en las comunicaciones, incluso en el ámbito de la política, la rapidez sin reflexión moral o sin reflexión a secas, que suele (o solía) ir aparejada a la toma de decisiones. Se trata de avanzar ciegamente, ir rápido hacia la consecución: ¿de qué? El ensayista Barrington Moore complementa esta idea al decir que "nuestra época es de movimiento, no de memoria". El cambio respecto de épocas anteriores no es virtual: es total. Las cosas, las cosas, las personas, las interacciones sirven para ser rebasadas, para ir delante de ellas. El problema es que esa carrera desbocada solamente hace factible la fugacidad. La historia queda reducida al instante. La memoria, el don precioso de la civilización, queda almacenada en el disco duro de cada computadora, y no en el corazón de la sociedad.

Sin escrúpulo y sin memoria no hay moral. Si lo que se busca es alcanzar un objetivo, el que sea, las interacciones se vuelven accesorias. El otro queda incorporado a la desazón propia de la fuga hacia cualquier lado. Tomemos por caso internet. Hay quienes dicen que esta ventana vendrá a sustituir la calidez del mundo real, la que le falta al individuo. Pero basta entrar a un chat, a una conversación grupal, para darnos cuenta del inmenso hueco que ahí abunda. Los internautas buscan número, no intensidad (o, más bien dicho, la intensidad del internauta es el número, su fachada de vértigo, su sensación de multiplicidad). Kosovo, Colorado son como bengalas en una oscura noche sin memoria. Nos dan cuenta de un acontecimiento fundamental; la gente no ha "emigrado" hacia la ética: o no ha hallado el camino o no ha querido hallarlo. Se grita "valores" por todos lados, pero muy pocos dicen "yo" (hay que recordar -con Kierkegaard- que los valores no son nada, si no hay alguien que los encarne). La "migración" hacia la ética sería tanto como la vuelta al escrúpulo y a la memoria: ¿están hoy las condiciones puestas?

Existe una actitud muy extensa de desgano. La profecía de Baudelaire se está cumpliendo: la humanidad está siendo tragada por un bostezo inmenso. La ética, la noción del bien hacer está, francamente, a la baja. El escrúpulo, que no es más que detenerse a meditar, hacer un alto en el camino, es hoy objeto de desuso. Y como todo es fugaz (las relaciones, las acciones), no hay memoria guardada; por lo tanto, no hay materia qué transmitir. La noción de velocidad nos conduce hacia un callejón estrecho, del que poca salida se vislumbra. Proviene de la invasión publicitaria del planeta. Hay que consumir los más productos que se pueda en el menor tiempo posible. Hay que acelerar la vida, gastarla sin consecuencias en el instante. La memoria borrada impide ver al tiempo. No somos más eternidad encarnada en el tiempo; somos pura presencia, pura actualidad. Desde luego, eso es irrazonable. Pero otra de las características de la sociedad postmoderna es su temor profundo a la razón. Restaurar el tejido roto, pasa por restaurar la razón. Por el movimiento no posee el sentido del logos; posee, simplemente, impulso. Se trasladan -diría Negroponte- bits de información y no átomos (personas o cosas). No se hace relación con un bit. No hay sueño posible. Hay que restaurar el sueño del ser: la armonía del hombre con el hombre, con el mundo, con su Creador. (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 203-2

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La voz de los obispos de América clama
La respuesta ante la esterilización y el aborto no puede ser otra que la educación moral
Jesús Colina/ para El Observador

* Perú: que no se pierda el sentido ni el valor de la sexualidad humana.
* México: oponerse como católicos a la siembra de las semillas de la muerte.
* El evangelio de la vida es para la ciudad de los hombres: evalúen eso candidatos y votantes.
* Venezuela: la esterilización de los pobres, primer paso para su exterminio.

Las últimas dos semanas han sido pródigas en llamadas de los pastores de América en favor de la vida. Las denuncias de esterilizaciones masivas en México, Perú o Venezuela han movido a las conferencias episcopales a emitir una serie de comunicados vitales para que los católicos tengan una postura definida en torno a ese y otros asuntos atentatorios a la ley divina, como el aborto o la eutanasia. A continuación -en colaboración con ZENIT y su director Jesús Colina- presentamos a nuestros lectores una síntesis de estos pronunciamientos.

El arzobispo de Lima, Mons. Juan Luis Cipriani, aseguró que la difusión de métodos naturales de regulación de la natalidad en Perú es tan viable que, con una mínima parte del presupuesto actualmente destinado al control por el Estado, se puede llegar a resultados más eficaces y de manera más humana. «Sólo pido al gobierno que me dé un 20% ó 30% del presupuesto con el cual se moviliza (el control) en todo el país, dinero que por cierto proviene de nuestros impuestos, para desempeñar la campaña de información sobre métodos naturales de regulación de la natalidad», sostuvo el arzobispo de Lima. Afirmó que la respuesta a la procreación de hijos fuera del matrimonio o después abandonados no es la esterilización sino la educación de la población con base en valores morales.

El Arzobispo recordó que este tipo de «cuotas» o metas cuantitativas de reducción masiva de nacimientos, como las campañas de esterilización, proceden de organismos internacionales como la ONU o la Agencia Internacional para el Desarrollo. «Toda esta campaña se hace esencialmente con mujeres pobres y se busca que no tengan más hijos, pero lo que más me preocupa es que no se trasmite el valor de la familia, ni de la paternidad, y se considera la maternidad como un mal no deseable», insistió el prelado. Las declaraciones de las autoridades eclesiásticas responden implícitamente a la ministra de la Mujer, María Luisa Cuculiza, quien dijo que "la Iglesia vive ajena a la realidad respecto a la planificación familiar". En realidad, el costo del control en Perú y las numerosas denuncias de violaciones a los derechos humanos en mujeres pobres esterilizadas sin su consentimiento han motivado incluso la protesta de organismos que habitualmente apoyan las políticas de salud reproductiva, incluso el propio Congreso de Estados Unidos.

El 17 de mayo pasado, en rueda de prensa, los obispos mexicanos difundieron una declaración: «Orientaciones pastorales sobre la sacralidad de la vida». En sus comentarios al presentar el documento los obispos presentes notaron cómo en los momentos actuales el sentido del valor de la vida humana está amenazado. Entre los peligros a la vida se encuentran la experimentación genética, la clonación humana, la fecundación in-vitro, la anticoncepción, el aborto y la eutanasia, que van dejando «las semillas de la llamada "cultura de la muerte"». En respuesta a esto los prelados mexicanos afirmaron que «la vida humana es sagrada, desde el momento de su concepción hasta el momento de la muerte natural. Por tanto, como mayoría católica, en esta época democrática plural defenderemos la sacralidad de la vida en nombre de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida y bajo el amparo de nuestra Madre Santísima de Guadalupe.».

En la misma semana en que los obispos publicaron el documento sobre la vida, la CEM invitó a todos los precandidatos a la presidencia de la república a que «se sientan comprometidos a respetar el valor sagrado de la vida, al tiempo que llamó a la ciudadanía a emitir su voto por aquel partido o aspirante que garantice el derecho a la vida». «Cuando se pierde el sentido de Dios se pierde el sentido del hombre y, con ello, el sentido del valor sagrado de la vida humana», declararon los obispos.

El secretario general de la Conferencia Episcopal Venezolana, Mons. José Hernán Sánchez, declaró que bajo ningún concepto la Iglesia católica transige con la medida de esterilización a mujeres en centros asistenciales públicos como parte de un programa de intervenciones quirúrgicas en los sectores más depauperados de la población. «La esterilización es moralmente inaceptable, pues priva de manera irreversible a la mujer de una de sus facultades humanas fundamentales: la capacidad de procrear», declara un documento que entregaron las autoridades eclesiásticas al respecto. En respaldo del documento se dijo: «No creemos que una operación masiva solucione el problema de la pobreza crítica. Además, son las mujeres quienes ven atropellada su dignidad. Ni el Estado ni nadie debe coaccionar a las mujeres para impedirles tener más hijos. Eso es no sólo inmoral, sino abusivo, y va contra los derechos fundamentales de la persona». No obstante, la directora del Ministerio de Sanidad señaló que no existe ningún programa masivo de esterilización; que el programa del Plan Bolívar 2000 realiza -por voluntad de algunas mujeres- la esterilización".

EL OBSERVADOR 203-3

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¿USTED QUÉ OPINA?
¿La tolerancia no debería tener un límite?
Genaro Alamilla Arteaga

La tolerancia no es hacerse de la vista gorda ni aceptarlo todo. El error y la mentira, la corrupción y el abuso no se toleran, reconocen, promueven y defienden, y de cualquier índole jamás se toleran; digamos lo mismo de la violación de los derechos humanos y la inmoralidad que hoy se convierten en epidemia social. Por otra parte, la verdad, la honestidad, la moralidad, la eticidad y el respeto a los derechos humanos no se toleran, se aceptan, se reconocen, así como la paz, el orden y la libertad de los pueblos.

Por eso viene al caso señalar que nos parece poco precisa la expresión que se registra en la redacción del primer artículo de la Constitución que nos rige: "En los Estados Unidos Mexicanos todo individuo gozará de las garantías que otorga esta Constitución...". Vale señalar que el Constituyente de Querétaro, para expresar la suma de los derechos elementales del hombre, empleó la palabra garantías. Pero no nos parece feliz la siguiente expresión: "... que otorga esta Constitución...". En el más modesto diccionario -ya no digamos enciclopedia- otorga equivale a conceder, dar, etcétera, y esperamos que nuestros lectores convengan con nosotros al afirmar que los derechos humanos fundamentales nadie los da ni los concede, pertenecen a la misma naturaleza del hombre, que nace con ellos. Y lo que se da se puede quitar o suprimir; en nuestro caso y según el artículo 29 de la misma Constitución, "en los casos de invasión, perturbación grave de la paz pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto, solamente el presidente de los Estados Unidos Mexicanos (...) podrá suspender las garantías...". Pero no podrá restringirlas ni abolirlas; las suspenderá por determinado tiempo y en determinadas áreas de la nación o en toda, según el caso.

Bien, aquí, en México, se toleran los conflictos y las sublevaciones, aunque perturben la paz social, dañen el bien común al poner obstáculos al desarrollo de la nación y generen dificultades múltiples a los ciudadanos. Desde que se sublevaron los encapuchados de Chiapas, se les ha tolerado hasta el exceso, y el actual conflicto estudiantil provocado por pseudoestudiantes y perturbadores de oficio, y apoyados por un partido político cuyo nombre da grima pronunciar, también se ha estado tolerando no obstante que hace víctimas a los jóvenes que sí desean estudiar y no son porros ni estudiantes fracasados que perturban el orden y la paz social. A esos perturbadores sociales -los encapuchados y la minoría que ha tomado violentamente la Universidad y ha contagiado a otros centros de educación- ¿no debería el Ejecutivo suspenderles las garantías constitucionales según el artículo 29 citado, y no seguir tolerándolos más por tanto daño causado a la sociedad? ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 203-4

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PINCELADAS
El gigante y el pigmeo
Justo López Melús *

En la vida es necesaria la solidaridad, la colaboración. Tú no puedes hacerlo todo, pero hay algo que sólo puedes hacerlo tú. Entre los dos podemos muchas cosas, que no puedo yo solo. El ojo no puede decir a la mano: "No tengo necesidad de ti". Ni tampoco la cabeza a los pies: "No necesito de vosotros". Aún hay más: "Los miembros del cuerpo que parecen más débiles son los más necesarios" (1 Cor 12, 21-22).

Un gigante iba a atravesar un río profundo y vio allí a un pigmeo que no podía pasar. Se lo cargó y hacia la mitad de la travesía el pigmeo, que tenía más campo de visión, vio a unos indios que les apuntaban. El pigmeo le avisó y volvieron hacia atrás. De este modo las flechas que les disparaban no les alcanzaron, y llegaron al punto de partida sanos y salvos. El gigante dio las gracias al pigmeo, pero éste le replicó: "Si no me hubiera apoyado en ti, no las hubiera visto".

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia, de Querétaro.

EL OBSERVADOR 203-5

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Rechazo a la economía inhumana

Existen dos puntos de vista principales en la economía de desarrollo. El primero sostiene que por un futuro mejor vale la pena arrostrar cualquier sacrificio, que la atención de las necesidades sociales es poco práctica y que hasta los derechos humanos son simplemente buenas intenciones, sin importancia real. El otro punto de vista considera que el desarrollo se basa en un intercambio recíproco de beneficios, acompañado de todo un sistema de protección social. Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998 y James D. Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, opinan que de las dos opciones en economía de desarrollo la segunda es la más recomendable, siempre y cuando esté reforzada con políticas macroeconómicas saludables. Reconocen que una política macroeconómica demasiado severa perjudica los programas sociales y puede erosionar todo el sistema financiero de un país.

El desarrollo es entendido por estos dos expertos como un proceso que culmina en la obtención de ciertas libertades: la libertad de vivir sin pobreza o privaciones, la de participar en la economía, la de expresión y otras garantías sociales y políticas. En consonancia con este punto de vista, el Banco Mundial ha presentado recientemente un documento de trabajo llamado Marco Integral de Desarrollo (CDF, por sus siglas en inglés). En dicho documento se exhorta a los países en desarrollo a diseñar estrategias que combinen las políticas macroeconómicas con políticas sociales y estructurales para lograr un crecimiento equitativo y sostenido.

Segœn Wolfensohn y Sen, para lograr el desarrollo de un país se necesita un gobierno honesto, sistemas legislativos abiertos y transparentes, buenos funcionarios, lucha seria contra la corrupción, sistema judicial efectivo e imparcial, sistemas y programas sociales y educativos, etc. Se trata de un problema en el que un marco integral no es suficiente, sino que la participación de todos los sectores de la sociedad y el desarrollo de estrategias nacionales y particulares es lo más importante. Uniendo todos estos esfuerzos y evitando extremismos en la aplicación de una economía que integre los dos puntos de vista considerados al principio, es posible lograr un desarrollo que pertenezca a todos los participantes. (D.G.B.)

EL OBSERVADOR 203-6

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Entre dos Testamentos:
los adventistas de 7º día

Un rasgo muy propio de las sectas es la tendencia a ocultar su breve pasado histórico y su origen. La mayoría de las sectas de filiación cristiana que tienen presencia internacional fueron creadas en Estados Unidos a mediados del siglo XIX. El estado psicológico y espiritual de las masas norteamericanas en ese momento tan peculiar es un tema que merecería una profunda investigación. Por lo pronto, sabemos que en esa época y lugar la doctrina del inminente fin del mundo se convirtió en una obsesión, capaz de dirigir la atención de muchos hacia los libros proféticos de la Biblia en busca de una señal que permitiera, con una adecuada interpretación, fijar exactamente la fecha del fin del mundo. En 1831 un hombre de religión bautista llamado William Miller pensó que había encontrado la fecha anhelada al estudiar el libro de Daniel y el Apocalipsis. Publicó que el fin del mundo y la segunda venida de Cristo ocurrirían en 1843. Al demostrarse su error, Miller declaró entonces que el fin del mundo ocurriría el 22 de octubre de 1844. Al no ocurrir nada en esa fecha el movimiento que se había formado alrededor de Miller se dispersó, pero el predicador Jonathan Cummings mantuvo la fe en un grupo, asegurándoles que el fin del mundo sería en 1854. Al fracasar esta supuesta profecía dejaron de intentar descubrir la fecha, pero comenzaron a seguir a la señora Ellen G. de White, quien aseguraba tener "visiones" y comunicaciones directas de Dios. En 1863 logró establecer definitivamente la Denominación Adventista del Séptimo Día y ella quedó como "profetisa". Es de notarse que la señora White comenzó a tener sus "visiones" después de un serio accidente.

La doctrina adventista tiene como uno de sus principios básicos que el sábado es el único día que se debe guardar y santificar, y que celebrar el domingo es la "marca de la Bestia", establecida por el Papa, que es llamado por White: "viceregente de Satanás". Otro punto importante de su doctrina consiste en creer que el hombre no tiene un alma espiritual y que al morir simplemente deja de existir. Al regresar Cristo, resucitará a los justos y vivirán con Él mil años; luego resucitarán también los malos pero no irán al infierno, sino que serán destruidos, completamente aniquilados. Se trata de una inmortalidad condicionada que sólo los buenos reciben. Como los muertos no tienen conciencia alguna tampoco puede haber comunión de los santos. Según los adventistas la ley del Antiguo Testamento sigue vigente para los cristianos, por eso guardan el sábado y siguen absteniéndose de comer cerdo, mariscos, conejo y todo lo que mandaba la antigua ley sobre la impureza. Sin embargo hay una multitud de preceptos que los adventistas no guardan, a pesar de que eran obligatorios en la ley antigua.

Los adventistas no podían reconocer que William Miller se había equivocado, pues así derrumbarían sus propios "fundamentos proféticos", así que un discípulo llamado Hiram Edson, con una peregrina interpretación del libro de Daniel 8, 19, propuso que la fecha de 1844 era correcta pero no para el fin del mundo, sino para la "entrada de Cristo en el santuario celestial para purificarlo". Cuando Cristo termine de purificar el santuario celestial vendrá el fin del mundo. Como nadie sabe cuánto tardará Cristo en terminar semejante labor, Ellen G. de White y sus sucesores han insistido cada vez que es necesario que el fin del mundo es inminente, que está ya encima.

Otra doctrina fundamental de esa secta es la cuestión del diezmo: los adventistas están obligados a pagar estrictamente la décima parte de todo el dinero que ganen, más el "presupuesto combinado", ofrendas y demás. Para que nadie deje de pagar tan alta membresía, se les dice en los sermones que no pagar el diezmo es "robarle a Dios"; además en la entrada del templo se publica la lista de las familias que no están al corriente de sus pagos, para vergüenza pública.

Como sucede con muchas otras sectas y denominaciones, es doctrina oficial del adventismo que la Iglesia Católica es la Bestia del Apocalipsis y que el Papa es la Segunda Bestia. Los adventistas condenan todo diálogo ecuménico. Por otra parte, aunque no todos los adventistas reconocen la obra literaria de Ellen G. de White como "inspirada", la mayoría sí lo hace y equipara los cinco libros de esta autora con la misma Biblia. Aunque se reconoce, por compromiso con el protestantismo, la doctrina del "libre examen", en realidad no se acepta en el adventismo que sus miembros interpreten la Biblia de un modo distinto a como lo hizo White. Lo más interesante es que las declaraciones y escritos que hizo en su vida esta autora no sólo contradicen muchas enseñanzas directas de la Biblia, sino que además se ha descubierto que en gran parte son plagios, copiados de diversos autores. Hasta algunas de sus supuestas visiones son plagios de obras de la época. (D. G. B.)

EL OBSERVADOR 203-7

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GRANDES FIRMAS
¿Dueños de la verdad? *
Efraín González Morfín **

Cuando en las discusiones alguno de los participantes propone una posición como verdadera y, por tanto, válida para todos, encuentra con frecuencia una objeción o comentario en forma de afirmación o de pregunta: "¿Es que te crees dueño de la verdad?". Esto sucede sobre todo en cuestiones de moral y de religión. De ordinario, al médico que expresa un diagnóstico contundente no se le dice que se cree dueño de la verdad; tampoco al ingeniero que rechaza un proyecto de construcción por razones de estructura, resistencia de materiales o mecánica de suelos. En cambio, "creerse dueño de la verdad" es crítica y comentario constante en relación con el cuestionario básico del hombre en el mundo, es decir, las preguntas y las respuestas acerca del fundamento, el destino, el sentido y el rumbo responsable de la vida humana.

Para objetar que alguien se considera dueño de la verdad porque propone y defiende verdades válidas para todos, se prescinde de la reflexión crítica y se aceptan las emociones como fundamento y justificación de las posiciones intelectuales. En realidad, la verdad con validez general se puede proponer por razones radicalmente opuestas: "esto es así porque yo lo digo", o "yo lo digo porque pienso que objetivamente es así". En el primer caso, se trata de un voluntarismo sentimental ciego; en el segundo, se quiere fundamentar la posición personal en la realidad objetiva, aunque no siempre se logre. La misma doble posibilidad se da cuando se piensa que un juicio personal no es generalizable.

Con certeza natural y sentido común todos aceptan en la vida real que nuestro conocimiento es verdadero cuando pensamos que las cosas son como realmente son y no son como no son en realidad. En una reflexión seria y sincera se distingue muy bien entre una verdad, aunque sea amarga, dura y exigente, y una falsedad, por agradable y ventajosa que resulte. Por tanto, para saber si pensamos o no con verdad, hay que comparar nuestros juicios con la realidad objetiva, que es el criterio de verdad. Por tanto, quien reconoce y acepta, en la teoría y en la práctica, que la verdad es la conformidad o adecuación del juicio con la realidad objetiva, no puede creerse "dueño de la verdad" porque la verdad no depende de la decisión de una persona, sino de adecuarse o no a la realidad objetiva e independiente.

De hecho, sí se creen "dueños de la verdad" y actúan como tales quienes piensan que la verdad no depende de la conformidad con la realidad objetiva, sino con la persona que conoce, con su biografía y su manera de ser, con sus emociones, con sus conveniencias e intereses, con su ubicación cultural o social. Quienes realmente piensan y actúan como dueños y señores personales, absolutos y arbitrarios de la verdad, atribuyen sin justificación y en una penosa ironía esta posición a quienes discrepan de ellos por razones objetivas. Se creen dueños de la verdad quienes piensan que el fundamento y la medida de la verdad y validez del conocimiento humano no es la realidad objetiva conocida, sino cada persona con sus características específicas e individuales.

Al rechazar el fundamento objetivo de la validez general de la verdad, se cae inevitablemente en el relativismo, que imposibilita el consenso humano necesario para la convivencia y el progreso en todos los órdenes. Tan absurdo e imposible como el tránsito de vehículos sin reglas válidas para todos es una convivencia social sin normas ético-jurídicas que obliguen a todos los miembros de la sociedad. Cuando cada conductor de vehículos se considera semáforo de sí mismo y no respeta los semáforos objetivos ni las demás normas reguladoras, se establece el caos, la violencia y la destrucción. De igual manera, cuando lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto en la vida personal y social no se basan en normas éticas y jurídicas con fundamento objetivo y validez general, se generalizan y multiplican el mal y la injusticia.

Nos somos "dueños de la verdad" porque la verdad de nuestros juicios no depende de nuestra voluntad, sino de nuestra adecuación con la realidad objetiva e independiente. Lo que sí depende de nosotros es el esfuerzo perseverante y metódico de búsqueda y defensa de la verdad contra los diversos factores que nos empujan al error. El conocimiento humano no acontece en la serenidad permanente sino en la existencia concreta de cada cual, en la que pesan y actúan la naturaleza individual, el temperamento y el carácter, la biografía personal acumulada, las opciones y los hábitos, el ambiente cultural multiforme. Cada uno de estos factores facilita o dificulta, pero no constituye la verdad de nuestro conocimiento, necesaria para el correcto ejercicio de la libertad y para la relación de buena voluntad y justicia con los demás.
* Artículo resumido.
** El autor es abogado, socio fundador del IMDOSOC.

EL OBSERVADOR 203-8

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO
San Francisco y la ecología
Javier Sicilia *

Si leemos en mateo 6, 24-34 (que habla de la búsqueda del Reino de Dios y de su justicia) como una enseñanza de lo que es práctico y espiritual dentro de la creación de Dios, entonces es posible verla como la prescripción de los principios de una economía humana respetuosa de la naturaleza. Esto es algo semejante a los principios fundamentales de la economía budista que (como dice Schumacher) busca "obtener el máximo de bienestar con el mínimo de consumo" o, en otras palabras, el máximo del orden humano en el respeto y la colaboración con la creación de Dios.

Ahora bien, se podrá objetar que, si bien esto es real en Cristo y su Evangelio, no lo es en el desarrollo ulterior del cristianismo, pues fue en su seno en donde se desarrollaron el industrialismo, la expansión del mercado y los males que nos aquejan. No lo dudo., Pero esto no es imputable al cristianismo, sino a las tendencias pecaminosas del hombre. En la parte más espiritual del cristianismo la enseñanza de Cristo se ha vivido intensamente y al margen de estas formas que son consecuencia del pecado de origen.

Y, en efecto, con frecuencia los ecologistas citan a san Francisco de Asís como un antecedente de la ecología moderna. Hay muchos más. La vida de los monjes (que bajo el imperio de ora et labora viven del trabajo con sus manos y de la oración) es, con toda seguridad, una afirmación de la enseñanza de Cristo que está en la cita de san Mateo, y un recuerdo de la vida que Adán y Eva llevaban en el paraíso; las comunidades de Vasco de Quiroga, las que durante la Colonia los jesuitas fundaron en el Paraguay (y de las que la película La Misión nos han dejado un hermoso testimonio), las actuales de Lanza de Vasto, llamadas El Arca, las granjas de Wendel Berry en Kentucky, Estados Unidos, y muchas otras, cuya lista será inmensa.

Recientemente, por manos de Gabriel Zaid, me llegó un hermoso hallazgo de Manuel Alcalá: una oración de san Basilio el Grande, que vivió en el siglo IV, nueve siglos antes que san Francisco y que reproduzco, en traducción del propio Alcalá, por el contenido de su belleza y de su inmensa espiritualidad: "Oh Dios, aumenta en nosotros el sentido de la hermandad con todos los seres vivos, nuestros hermanos los animales, a los que diste la tierra como su hogar común junto con nosotros. Recordamos con vergüenza que en el pasado hemos ejercido el cruel dominio del hombre a tal grado que la voz de la tierra que debería haber ascendido a Ti en un himno te ha llegado como gemido de dolor. Haz, Señor, que caigamos en la cuenta de que no sólo viven para nosotros, sino para ellos mismos y para Ti; y también de que aman la dulzura de la vida. Amén".

Hay algo muy semejante en estas palabras que Henry David Thoreau, uno de los grandes maestros de Gandhi, dirigió a su grupo de graduados de Harvard, en 1883: "Este mundo curioso en el que vivimos es más maravilloso que conveniente, más bello que útil, más para ser admirado que utilizado". Seguramente tanto san Francisco, como san Basilio, como Thoreau, los monjes y Wendel Berry con sus acciones y su reflexión, estaban pensando en el capítulo de san Mateo que he citado, pero también en el relato bíblico de la creación y también en esta frase del Apocalipsis 4, 11: "Digno eres, oh Señor nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque creaste todas las cosas y por tu placer subsisten y fueron creadas".

Es difícil que nosotros, desde nuestra pequeñez, podamos comprender y apreciar el placer de Dios. Sin embargo, la enseñanza de Cristo y de los hombres espirituales que he mencionado nos dice que en nosotros, a partir de nuestra experiencia religiosa y espiritual que nos conecta con la intimidad de Dios, ese goce debe ser el simple e incuestionable placer de cultivar y proteger la existencia de todas esas criaturas que hacen posible lo humano; nos dice que "el placer de Dios en todas las cosas debe respetarse cuando hacemos uso de ellas (...) Esto significa, obviamente, no sólo que no debemos mal utilizar o abusar de algo, sino también que deben existir algunas cosas y algunos lugares que, por común acuerdo, no usemos en absoluto, permitiendo que permanezcan salvajes" (Berry), tal y como Dios lo quiere y lo permite.

Esto, como es evidente, es impensable en nuestras formas económicas, hijas de la caída, que desprecian la capacidad de la gente para amar lo que hace, el lugar en el que vive y a las demás personas y criaturas con las que vive.

* Publicado por convenio expreso con el autor.

EL OBSERVADOR 203-9

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Valores self service
Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, O.R.C.

"Creo en el hombre. He visto espaldas astilladas a trallazos, almas cegadas avanzando
a brincos... Podrá faltarme el aire, el agua, el pan, sé que faltarán. El aire, que no es de nadie. El agua, que es del sediento. El pan... sé que me faltarán. La fe, jamás. Cuanto menos aire, más. Cuanto más sediento, más. Ni más ni menos. Más".
BLAS DE OTERO

Esta nuestra bella era, oscurecida por el desencanto de las ideologías y por las promesas incumplidas, vive la más pavorosa de las confusiones de identidad humana: ¿De dónde vengo?, ¿a dónde voy? Y de entre ambas... ¿quién soy?

Las respuestas se venden en el supermercado de las sectas, en la literatura irracionalista cuasiesotérica de corte beniteano, o se ofrecen en los valores "hágalo usted mismo" o, simplemente, "sírvase usted mismo" -self-sevice-: que cada cual se cree sus valores a gusto y capricho, después consensados permitan la convivencia de tribu en la gran selva del modo estadounidense de vivir; si es bueno para ti y mejor en compañía, adelante, table dance, espectáculos sólo para mujeres, secuestradores estilo Arizmedi, clonaciones, terrorismo escolar, parejas rotas, cinismos de grafiti o moral de garabato.

Se hace "tábula rasa", de la sabiduría del pasado y de los grandes tesoros del presente: Esopo, Cicerón, Sócrates, Platón, Aristóteles, Santo Tomás, la Sagrada Escritura, la Madre Teresa, Juan Pablo II, y una lista interminable, sin excluir, por supuesto, la sabiduría donada en la entrega de nuestros padres, grandes maestros, amigos leales y pastores prudentes que, cuanto más se alejan en el tiempo, se agigantan en nuestro horizonte vital.

Nuestros gobernantes son timoneles, "kybernetes", en cuyas manos está el timón de nuestra polis cuya destreza no ha de ser el poder del capricho carente de brújula, sino la posesión de una sabiduría y de una virtus o fuerza o valor, que traduzcan en justicia, fortaleza, templanza y, sobre todo, prudencia, el ejercicio público.

La teoría de los valores no empieza ni con Max Scheler ni con la Guía Didáctica para la Educadora del programa "Crecer"; la novedad está en el uso del término que traduce "virtud" -virtus, vis, vires- fuerza, por valor.

El cambio del término abre nuevas perspectivas, siempre y cuando integre los contenidos de una ética objetiva fundada en la densidad ontológica de la persona, como lo estudian Buber, Levinas, Ebner o Laín Entralgo, aunada a la ética teleológica (telos, fin) que descubre en el fin absolutamente último del hombre la fundamentación de su comportamiento, de modo que se esté mas allá de los bienes parciales -como pueden ser la economía, etc.,- y que sería la columna vertebral para sustentar valores parciales en virtud de ese bien absoluto o fin absolutamente último del ser humano y por su densidad ontológica de ser que existe por sí, sería Dios, verdad, bondad, belleza, absolutos, perfecciones identificables con su esencia.

En la perspectiva cristiana el concepto "persona", que se clarifica desde la teología trinitaria, da identidad al cristianismo; persona, según santo Tomás, es una "relación subsistente y eterna". Aplicado a la persona humana sería relación subsistente creada y, por tanto, apertura esencial al tú divino y al tú humano, acogida responsable y respetuosa en un autodonarse para crear el nosotros desde el misterio de Dios Trinitario hasta la realización como familia doméstica o la gran familia, ciudad de los humanos.

Por eso el Amor, así con mayúscula, es el valor absoluto y la virtud suprema de la opción cristiana. Más que teoría, parte del acontecimiento de salvación por Cristo Jesús, quien revela y realiza el plan del Padre de la Misericordia, cuyo alcance es el misterio más pleno de comunión, en el gozo del Espíritu, amor personal y subsistente entre el Padre y el Hijo, unidad en la diversidad, en la cual somos inmersos desde nuestro bautismo en el tiempo y después lo viviremos, si existe la coherencia, en la eternidad.

Los criterios objetivos han de fundamentar nuestras decisiones en una moral de responsabilidad, en tanto personas. Mirar la dignidad, la totalidad y la grandeza de la persona humana en cuanto tal, ya de por sí es divisa fundante y orientadora de ética social, familiar e individual.

Los hechos que acontecen entre nosotros exigen un juicio moral, de conciencia. ¿Cómo se va a asegurar la paz?... ¿sólo con un status policial y de espionaje? ¿Cómo fundamentar la responsabilidad en el medio ambiente?, ¿sólo con un partido verde? ¿Cómo fundamentar la ordenación económico social?, ¿sólo por el capitalismo etnocéntrico o el economicismo marxista con rostro indio? ¿Cómo manejar las posibilidades médicas, científicas y genéticas? ¿Cómo aprovechar nuestro tiempo libre?, ¿enajenados por TV, drogas, alcohol, sexo? ¿Por la tiranía de lo parcial? ¿Por el absurdo?

A l a puerta está el límite: el vértigo de la nada, después de eros, viene thánatos, la muerte.

EL OBSERVADOR 203-10

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN
El síndrome del mundo cruel
Santiago Norte

La televisión -en su estado actual- es una verdadera escuela de adeptos al autoritarismo, al fascismo. Al menos esta durísima afirmación se desprende del análisis de George Gerbner, investigador de la Escuela de Comunicaciones de Annenberg (cfr. Stossel, S. The Man Who Counts the Killing. Atlantic Monthly, mayo de 1997), quien es también el creador de la frase que da pie a esta colaboración: "el síndrome del mundo cruel".

¿Qué tiene que ver la personalidad débil, proclive a la línea dura del fascismo, con la televisión y el apego a un tipo de percepción en el que el mundo nos es "ancho y ajeno"? La explicación es la siguiente: al ser, literalmente, bombardeado noche a noche con toneladas de violencia audiovisual (violencia explícita, gráfica, simbólica...), el telespectador propende -casi se diría de manera natural- a considerar al exterior como un campo de batalla.

Sobreviene, pues, el temor: lo que existe, existe en contra de mí y de los míos; no hay certeza de nada salvo de que se atentará contra de mi seguridad en cualquier momento. La calle, los espacios públicos, los corredores ciudadanos se han convertido, por ausencia de autoridad, en lugares sin ley o, mejor, sitios donde impera la "ley de la selva".

Ésa es la consecuencia de una autoridad permisiva, de un liberalismo que en nombre de los derechos fundamentales de los hombres ha dejado sin castigo ejemplar a los criminales; les ha dado alas y los ha puesto muy por encima de los hombres de bien. Yo soy -continúa pensando nuestro hipotético telespectador- un hombre de bien. Pero hoy el bien está a la baja. ¿Quién me protegerá; quién será capaz de meter orden en esta barahunda de criminales en potencia y en acto?

La mesa para la autoridad irracional descontextualizada, que es la autoridad extrema del fascismo, está más que bien servida. El temeroso ciudadano medio -el televidente ideal- la invocará como se invoca una tabla a la hora del naufragio. "Meter mano dura" es lo que se necesita en, digamos, Orizaba, porque "la cosa está que arde". Ignora que buena parte de los crímenes que ve en la pequeña pantalla se cometen en Manhattan... Él los siente como suyos, parte integrante de su entorno. Los asimila y reacciona contra "las cosas que pasan". Pide, desde luego, que no pasen más: que se vuelva al tiempo (utópico) en que podía salir uno a pasear sin que pasara nada, etcétera.

El mundo -para el televidente- es cruel. Lejos de hipnotizarse con tal crueldad, lejos de considerarla como una experiencia proveniente del mercado de las imágenes, la constituye como enseñanza de su "contacto" con el mundo. Lo que ve es lo que es. Y si, por citar un ejemplo, es adolescente, tiene 18 años de edad y ha visto (la estadística es real) cerca de 200 mil actos de violencia, entre ellos 16 mil asesinatos, nada puede haber más cruel que el espacio común. Curiosamente, no pide que se reforme la televisión: pide que una autoridad suprema, en poco tiempo, de un día para otro, arregle la violencia en las calles. Tergiversación muy propia del universo virtual: la realidad real es la realidad virtual.

Desde luego que al final del milenio los asuntos del hombre están cuajados de violencia, incluso de crueldad. Pero, como sucede con los cuerpos (las actrices de televisión son hoy 23 por ciento más delgadas que el porcentaje medio de las mujeres), la precisión y la persistencia del odio es mucho más frecuente en la TV que en la vida cotidiana. ¿Acaso usted, amable lector, ha visto 16 mil asesinatos mientras transita por su ciudad?

Hay algo más: ¿no se habrán dado cuenta los fascistas de toda catadura del buen juego a sus intereses que les hace la violencia televisiva? Me da la impresión de que sí. Que la pérdida mayor para Slobodan Milosevic fue el edificio de la televisión serbia. Sin ella ha quedado cojo en la instrumentalización de su estúpida política de "limpieza étnica".

Hitler -como en tantas otras cosas- fue un visionario del más recalcitrante fascismo. Sus alocuciones radiadas, las películas de las convenciones nazis, la mostración a través de ellas de que el continente europeo pertenecía a Alemania y de que había que recuperar el "espacio vital" contra la conjura de las naciones enemigas, ¿no fue, por suerte, algo parecido a la generación de la idea-percepción del mundo cruel?

EL OBSERVADOR 203-11

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VIDA CRISTIANA
Cuatro consejos para que
Dios esté con nosotros
Isele

Para que "el Dios del amor y de la paz" esté con nosotros, san Pablo nos da cuatro consejos sencillos pero muy poderosos (cfr. 2 Cor 13, 11):

1. Estén alegres.- Sufrimiento y tristeza no son lo mismo. Es decir, aun en momentos de sufrimiento, aun en los momentos más difíciles, podemos conservar la alegría de quien se sabe hijo de Dios.
2. Trabajen por su perfección.- El hecho de saber que difícilmente vamos a encontrarla en esta vida no debe desanimarnos. Lo importante es trabajar constantemente por esta perfección, paso a paso.
3. Anímense mutuamente.- Para esto es necesario saber ver al otro, ser capaz de entender sus debilidades y de valorar sus aciertos. Es caminar juntos. Es acompañarse.
4. Vivan en paz y armonía.- Como hermanos, como miembros del mismo cuerpo, como verdaderos hijos de Dios.

EL OBSERVADOR 203-12

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Miedo al esposo alcohólico
Yusi Cervantes

Pregunta.- Hay una señora que es casada por la Iglesia y lo civil con un señor alcohólico, pero a ella se le hace imposible separarse de él porque la tiene amenazada junto con sus hijos, de tal manera que ella le tiene un gran miedo, en gran parte porque sus hijos están de por medio. Tiene prohibido hablar de ese problema. ¿Qué aconsejarle?

Respuesta.- Debo suponer que el señor no sólo es alcohólico, sino que es agresivo con su familia. No sé que tanto daño les esté haciendo, pero si la esposa está considerando separarse de él, probablemente estamos hablando de un daño grave.

Pero ella tiene miedo. Esta señora necesita ayuda. Debe saber que no está sola, que hay gente y organizaciones a las que puede acudir. Y, aunque él se lo prohiba, ella tiene que encontrar el modo de buscar estas posibilidades. Yo le aconsejaría que acuda a algún grupo de Al-anón (para familiares de alcohólicos). Ahí van a facilitar que entienda la enfermedad del alcoholismo y también que logre enfrentar sus propios problemas y recuperar la dignidad. Un sacerdote puede valorar la situación y aconsejarla y le puede indicar los pasos a seguir para que la Iglesia autorice la separación, si es el caso. Además, por supuesto, confortarla con la gracia de Dios.

En cuanto a los aspectos legales, incluido el tutelaje de los hijos, esta señora puede acudir al DIF, donde la asesorarán y le darán el apoyo necesario. También recomendaría que, si la tiene, busque ayuda de su propia familia, es decir, padres y hermanos, si es que esto es posible. Entendiendo que esto conviene que sea temporal en el sentido de que ella y sus hijos necesitan ser una familia por sí mismos. Si teme por su integridad física y la de sus hijos, tal vez pudiera irse lejos, donde sea difícil que los localice, una vez que el juez lo autorice.

Cabe la posibilidad de que, cuando el esposo se dé cuenta de que realmente puede perder a su familia, reaccione y busque la ayuda necesaria para dejar el alcohol. Si esto ocurre, ambos deben ser conscientes de que no es suficiente con que él deje de beber: hace falta también sanar las heridas, cambiar las actitudes dañinas de ambos y reconstruir las relaciones (la de los esposos y las del padre con sus hijos, especialmente). Es un trabajo difícil y probablemente necesiten alguien que los asesore.

Tal vez usted pueda hacer algo. Por lo que se ve, conoce a la esposa. ¿Y al esposo? ¿Hay alguna posibilidad de que hable con él? ¿Podría ser que lo pusiera en contacto con algún alcohólico en recuperación para que lo invite a un grupo de AA, pero, sobre todo, que lo invite a una nueva vida? Haga todo lo posible por esa familia, ponga su mejor esfuerzo. Ojalá tenga éxito.

(La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador).

EL OBSERVADOR 203-13

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OPINIÓN
Los que no quieren ayuda

Con frecuencia, demasiada frecuencia tal vez, llegan con el sacerdote, con el psicólogo, con el médico, con el orientador, con el profesor... personas diciendo: Fulanito, fulanita (generalmente algún familiar cercano) necesita ayuda pero no quiere venir. A veces proponen trampas: ¿Qué tal si le pido que me acompañe y usted aprovecha para hablar con él (o ella)? O piden visitas a domicilio. Están desesperadas y ponen toda su fe en esa persona que creen que les puede ayudar, como si tuviera poderes mágicos, como si su palabra pudiera cambiar la situación.

La verdad es que se puede intentar hablar con esa persona -siempre y cuando ella acepte acudir-, y existe la posibilidad de conmover su corazón, de tocar las fibras que lo impulsen a cambiar. Pero es sólo eso: una posibilidad, en general remota. Si no se cuenta con el deseo y la voluntad de la persona, en estos campos de la espiritualidad o de lo psicológico prácticamente nada se puede hacer con ella.

Estamos en un punto donde entra en juego la libertad del individuo. Tenemos que recordar un principio fundamental: nadie puede hacer que otro cambie. Pero sí podemos cambiar nosotros mismos. Casi siempre quienes buscan ayuda para otros también la necesitan para sí mismos. Suelen estar tensionados, confundidos, sus vidas con frecuencia son caóticas.

Y, curiosamente, resulta que cuando esas personas que acudieron por ayuda para otro cambian ellas mismas y viven con más paz, serenidad y alegría, el otro se ve enfrentado con una nueva realidad ante la que tiene la posibilidad de reaccionar positivamente. Por ejemplo, cuando los demás miembros de la familia aprenden a defender sus derechos, el abusivo tiene que aprender que existen límites. Las personas con familiares problemáticos tienen que aprender a verdaderamente amarlos sin permitir que las anule. Tienen el derecho y la obligación de vivir plenamente su propia vida.

EL OBSERVADOR 203-14

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Testimonio
Cuidé a mi padre hasta el último momento

Al leer el comentario referente a los ancianos quise compartir mi experiencia con sus lectores esperando con esto que a alguien le ayude.

Yo tuve que convivir con mi papá por años. A pesar de que fuimos 11 hermanos, sólo conmigo se acostumbró. Siempre tuve el apoyo moral y económico de mis hermanos, gracias a Dios. Los primeros años con mi padre fueron muy difíciles: no debía platicar con nadie, no salir a la calle ni a misa, debía acatar sin protestar las órdenes que él daba. Tuve que dejar mi trabajo para evitar problemas y para estar más al pendiente de él.

Yo estaba consciente de que, por ser mi papá, tenía el deber de corresponder a lo que él había hecho por nosotros. Pero al ver lo difícil de esta convivencia tuve la idea de huir de la casa y dejarlo. Pensé: "a ver quién de mis hermanos asume esta responsabilidad".

Consulté con un sacerdote y lo primero que me dijo es que todavía faltaba lo peor, es decir, cuando mi padre estuviera postrado en cama. El sacerdote me hizo ver muchas cosas. A partir de estas orientaciones pude ver la situación de otra manera.

Empecé a asistir a un curso de educación catequística y ese curso me ayudó a aceptarme a mí misma, y al aceptarme a mí misma fui capaz de aceptar a los demás; comprendí que no podemos cambiar a los demás pero si queremos nosotros sí podemos cambiar y, al hacerlo, tratar a los demás con amabilidad, paciencia, amor, respeto, cariño. ¿Por qué nos quejamos de que los demás no nos dan todo esto cuando nosotros no lo hemos dado? Es como sembrar para cosechar. Si yo hubiera hecho realidad la idea de dejarlo todo, hoy tendría un gran remordimiento de haber dejado tal vez lo que será mi salvación.

En este momento me siento tranquila, feliz. Siento la satisfacción que nada ni nadie me puede quitar de haber estado con mi padre hasta el último momento. No sufrió mucho ni me hizo sufrir por eso. ¡Ánimo para los que están sufriendo este calvario, porque después viene el gozo ya desde esta vida y se prolonga hasta la eternidad! Y esto es preparar nuestra ancianidad, si es que se nos permite llegar. Él les responderá: "Les aseguro que cuando dejaron de hacerlo con uno de estos pequeños, dejaron de hacerlo conmigo" (Mt 25, 45). (Rufina Gómez González)

Nota.- Este testimonio ha sido resumido y tiene algunas correcciones de estilo.

(FIN)

EL OBSERVADOR 203-15

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