El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

20 de junio de 1999 No. 206

SUMARIO

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EDITORIAL ¿Hay división en la Iglesia?

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CUADERNO DE NOTAS «El as en la manga»

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PINCELADAS La perla preciosa

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PALABRAS MAYORES El humor religioso de México

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Murió el P. Tardif, líder carismático

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO El misterio poético

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Utilidad de la poesía

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GRANDES FIRMAS La razón contra el poder

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN Pantalla patógena

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EN SILENCIO, CON DIOS Más que lo mío, lo nuestro

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Campaña «Apaga la tele, enciende tu vida»

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A la venta La última tentación de Cristo ¿Está de acuerdo?

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DERECHOS HUMANOS Más protección y menos persecución

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COMENTARIO A FONDO ¿Por qué la violencia?

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Las sectas: cómo distinguirlas de los movimientos legítimos

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Respecto a la carta del Sr. Peña <El sentido de la frase: no podemos cambiar al otro, sólo podemos cambiar nosotros mismos>

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Algunos números sobre la Iglesia

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Me llamo Pablo, tengo SIDA


EDITORIAL
¿Hay división en la Iglesia?

Muchos periódicos nos han hecho creer que las discusiones en torno al caso Posadas Ocampo muestran, a las claras, dicen, los conflictos internos que aquejan a la Iglesia católica mexicana. Desde luego existen diferencias entre obispos, pero nunca tan graves como para llegar a tocar lo esencial: la doctrina de la iglesia, el magisterio del Papa, la misión asignada de anunciar a Cristo vivo en el corazón de América...

La comunidad episcopal es una comunidad viviente, es un hecho no consumado, un grupo en crecimiento. Como toda comunidad de hombres, muestra en sí misma la diferencia, el matiz. Es el oxígeno para una Iglesia que quiere penetrar al fondo del corazón de México.

La idea de jerarquía –calcada de la organización política– no opera entre el episcopado. Por más que los medios se afanen en endilgarle a los obispos pugnas «por el poder», la verdad es que éstas no existen. Hay discusión, polémica, intercambio: jamás la plena descalificación o el «hacer vacío» en contra de un obispo.

El asunto –que ya lleva los suficientes años como para mostrar que lo antes dicho es verdad– de don Samuel Ruiz expresa a las claras la hermandad de los obispos mexicanos. Puestos a decidir sobre la metodología pastoral de don Samuel en San Cristóbal de las Casas, muchos de ellos no estarán de acuerdo. Y es bueno que lo expresen, como lo ha hecho el cardenal Sandoval Íñiguez. Pero a la hora que hay que mostrar la unidad, cardenales, arzobispos y obispos lo hacen de manera colegiada: es el bien superior de la Iglesia y, por último, el amor de Cristo lo que los impulsa.

Con respecto a la discusión entre el propio cardenal de Guadalajara y el obispo de Cuernavaca, don Luis Reynoso, sobre las versiones de la PGR de la muerte del cardenal Posadas, los medios han querido hablar de un zafarrancho. La verdad es otra. Ni Reynoso ni Sandoval persiguen un fin de poderío. Tienen opiniones discrepantes. Uno no le cree a la PGR (como decenas de millones de mexicanos) y el otro sí. ¿Hay algún pecado? ¿Hay alguna disputa visible por el poder en esto?

Las diferencias alientan la discusión, y la discusión es el camino hacia la verdad. No se puede hablar de un grupo de ochenta obispos como si se tratara de un monolito. Estamos viendo cómo se abre la sociedad humana hacia todos los ámbitos: ¿estaría la Iglesia mexicana de espaldas a tal marea avasalladora? Por supuesto que no. La Iglesia no solamente puede sino que debe ser protagonista de las discusiones de la actualidad. Su voz es necesaria. Pero, sobre todo, es necesaria su esencia de unidad. Es a lo que aspiramos los católicos mexicanos. Y no a que no tengan diferencias entre ellos, entre nuestros pastores.

EL OBSERVADOR 206-1

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Cuaderno de notas
«El as en la manga»
«La consecuencia del amor es la alegría»
Sto. Tomás de Aquino.

Utilizo el título del último de los libros de Rita Levi Montalcini para hablar un poco de ella, de la vejez y de la alegría de vivir. Rita Levi Montalcini tiene en la actualidad 90 años, fue Premio Nobel de Medicina en 1986, trabaja en una fundación propia que favorece a los jóvenes que no saben qué vocación seguir, y escribe libros sobre sus experiencias en la ciencia y en la vida. El as bajo la manga, su último texto publicado en español (Editorial Crítica, Barcelona, 1999) habla de la vejez, pero desde la óptica única de la alegría. No de una alegría bobalicona de quien no le ha encontrado sentido a la vida y ahora juega con las palabras, sino esa otra que proviene de haber encontrado en la senilidad una actividad creativa: es «el as en la manga» que tienen muchos artistas, científicos, pensadores y santos para llegar arriba de los 90 años. No se trata de una regla genérica, pero la creatividad ayuda enormemente. De lo contrario, el hombre se muere de tristeza.

¿Cuántos de nosotros nos preparamos para la vejez? Me refiero a una vejez dignamente asumida, plenamente vivida, sin ese terror pánico que hoy asalta a los cuarentones y cincuentones obsesivamente encerrados entre las cuatro paredes de su trabajo, su oficina, su casa, sus hijos, su... «Si me quitan el trabajo, me muero», solemos escuchar aquí y allá. Y muchas madres languidecen, sin decirlo, cuando ya no tienen la ocupación inmediata del hogar (y últimamente del trabajo también). ¿Dónde radica el problema? Según Rita Levi Montalcini, en no haber desarrollado con suficiente tiempo de maduración una posibilidad de hacer que el cerebro siga funcionando. Y sabe de lo que habla, pues el Nobel que recibió fue, justamente, por sus trabajos sobre «el factor de crecimiento del sistema nervioso», algo que tiene que ver con la siguiente tesis de esta italiana nacida en 1909: «la pérdida de células que experimenta el cerebro con el paso de los años es compensada por éste con un aumento de las ramificaciones y la utilización de circuitos neuronales alternativos». Es decir, la vejez hace al cerebro perder neuronas, pero si en la vejez (y para ello hay que estar preparados desde antes) seguimos utilizando el cerebro, atentos a una actividad creativa, personal e intensa, el mismo cerebro «echa a andar» otras fuentes «de emergencia» para interactuar con el mundo.

Es cierto, no todas las enfermedades de la vejez son causadas por el descenso de la actividad cerebral; pero, ¿estamos seguros de que gran parte de los padecimientos físicos no vienen de una dejadez, de una melancolía que nos invade al arribar a los 60 años y empezar a vislumbrar el fin de una vida «productiva»? Todo esto tiene que ver con el valor que le demos a la vida; a la vida nuestra tanto como a la de los demás. La alegría de con-vivir, de comunicar es la esencia de una buena vejez, preparada desde la juventud. «La vida tiene un valor si creemos en los valores», nos viene a decir Rita Levi Montalcini, quien agrega una frase que debería hacernos pensar a muchos que hoy perdemos, literalmente, la vida por el trabajo (el dinero, la fama...): «Si no creemos en los valores, es mejor morir de inmediato» (y no que «nosotros queramos» morir; la ausencia de sentido, de valor, impresa en nuestro cerebro, en nuestro espíritu, ya se encargará de comunicárselo al cuerpo, ya se encargará de practicar el apagón íntimo que es la pérdida de las ganas de vivir). Así las cosas, tal es el «as en la manga»: amar la vida y desarrollar una actividad creativa que nos mantenga atentos a la maravilla de la Creación, hasta el día mismo (¿hoy, mañana, dentro de diez años?) en que Dios nos llame a la vida verdadera. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 206-2

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Pinceladas
La perla preciosa
Justo López Melús *

Para los que están sumergidos en la sociedad de consumo y el pasotismo es imposible comprender que haya personas que lo dejen todo y se vayan a misiones a predicar el Evangelio. Pero es fácil de entender si acudimos a la parábola del mercader de perlas del Evangelio. Éste hombre poseía muchas perlas, pero un día encontró una de gran valor. Entonces fue, vendió todo lo que tenía y compró aquella perla.

Juanjo, a sus veinte años, tenía muchas perlas. Acababa de terminar la preparatoria y estaba inscrito en la facultad de medicina. Tenía la perla de la medicina, de la familia, de los amigos, de las comunidades, de su medio novia... Pero en aquel instante surgió otra perla: la de la vocación misionera. Entonces fue, vendió cuanto tenía y la compró. En vez de curar cuerpos, curaría almas. Hoy es feliz y se siente plenamente realizado.

* El autor es operario diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 206-3

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PALABRAS MAYORES
El humor religioso de México *
Joaquín Antonio Peñalosa

Los tres humorismos

«Nada hay más divertido, escribió Erasmo, que hablar en broma de aquello que no se sospecharía que fuese». Es el caso del mexicano que se ríe de lo menos risible, de lo más respetable y solemne como son esas tres grandes realidades con que a diario se cruza en la vida: la política, la religión y la muerte. De su visión festiva de la cosa pública da testimonio ese caudal inagotable del chiste político que practica como un deporte nacional y que a cada trienio o sexenio, según convenga, se renueva con bríos olímpicos, como expresión simultánea de impotencia y desilusión, desquite y revancha, crítica y alivio.

Del tratamiento burlesco y despectivo con que el mexicano se tutea con la muerte y su contorno escatológico queda una larga tradición sublimada en los grabados de José Guadalupe Posada y otras pinturas y caricaturas menores; corridos, refranes y coplillas de un sutil humor negro, y todo un abultado y delicioso diccionario macabro relativo a la muerte, registrado por Juan M. Lope Blanch, sin olvidar los ritos de la ofrenda, el pan de muertos y las calaveras de azúcar -casi en estado puro de comercialización- de cada 2 de noviembre, un día de muertos ya bastante híbrido por la conquista yanqui del halloween.

Mientras el humor político no parece decaer, ni mucho menos, al paso del tiempo, asegurado como tiene el porvenir en tanto el sistema no varíe, el humor fúnebre, en cambio, tiende a replegarse en las zonas campesinas que aún conservan sus costumbres y actitudes tradicionales frente a la muerte, según en la ciudad van desapareciendo lenta pero claramente.

Del humor religioso del mexicano, un humor más recatado y circunscrito que los otros, pero muy obvio en la poesía popular, el chiste y el arte naif de los retablos, apenas se ha dicho una palabra. Entrañablemente religioso por su doble raíz indígena y española, hijo de un país estadísticamente de mayoría católica, no es que el creyente mexicano carezca de veneración hacia su fe y respeto por todo lo sagrado, pero quién le quita lo confianzudo y socarrón. Desde la alborada de la evangelización, la fe del mexicano se ha inspirado en un espíritu de familiaridad y confiada esperanza que nada tiene que ver con un jansenismo reverencial o un puritanismo aséptico, estos ilustres desconocidos.

Aun sin saberlo, el mexicano ha hecho suya la plegaria de Santa Teresa de Avila: «De devociones necias y de santos de rostro desabrido, líbranos, Señor».

La profesión más antigua

Discutían un abogado, un médico y un arquitecto sobre cuál de estas tres profesiones sería la más antigua y, por lo mismo, la más importante.

-La mía, dijo el médico. La medicina es tan antigua como la humanidad, pues apenas había aparecido Adán sobre la tierra se practicó la primera operación quirúrgica, cuando Dios le sacó una costilla para formar a Eva.

-No, dijo el arquitecto, pues cuando el hombre fue creado hacía ya muchos siglos que existía el cosmos, que es una obra perfecta de arquitectura. Esta es la profesión más antigua, ya que antes de que existiera el universo no había más que caos.

-¿Y quién hizo el caos, sino mi profesión?, dijo triunfante el abogado.

El bello sexo
El padre concluyó su clase de catecismo:

-Y ahora, queridos niños, después de haberles explicado cómo Dios creó todas las cosas, hagan un resumen de lo que les expliqué. Una de las alumnas escribió: «Cuando Dios terminó de hacer las naranjas y los pescaditos hizo al señor Adán. Se le quedó viendo y dijo: Puedo hacer algo mejor. Y entonces creó a Eva».

El padre concluyó su clase de catecismo:

-Y ahora, queridos niños, después de haberles explicado cómo Dios creó todas las cosas, hagan un resumen de lo que les expliqué. Una de las alumnas escribió: «Cuando Dios terminó de hacer las naranjas y los pescaditos hizo al señor Adán. Se le quedó viendo y dijo: Puedo hacer algo mejor. Y entonces creó a Eva».

EL OBSERVADOR 206-4

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Murió el P. Tardif, líder carismático

El día 8 del presente, en la ciudad de Córdoba, Argentina, falleció el conocido sacerdote canadiense Emiliano Tardif, promotor de la Renovación Carismática en América.

La muerte se produjo por la mañana, poco después de levantarse, estando en una casa de retiros, donde se encontraba dando uno de sus numerosos retiros de renovación espiritual.

EL OBSERVADOR 206-5

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A las puertas del templo
El misterio poético
Javier Sicilia *

«Todos los poetas, al menos los modernos, han intentado responder a esa pregunta que cada época, particularmente la nuestra, devorada por la técnica, el materialismo y el consumo utilitario, ha hecho a los artistas: ¿Para qué sirve la poesía?».

«Cada artista ha dado su respuesta. Alexander Block decía que `el poeta prefiere las palabras esenciales´(...), Philippe Delveau definía a la poesía como `un ejercicio espiritual´. Para Octavio Paz es la `revelación de la otredad´, y para Lanza de vasto, `la cifra de las cosas´. La lista es inmensa. Cada poeta (...) tiene (...) sus propias leyes que no son obligatorias para los demás. Sin embargo, son concepciones que parecen coincidir en la sustancia: la función de la poesía (...) es la de develar al artista y a los otros el misterio de la vida o, como quería Tarkovski, `el sentido de la existencia´(...).

Estas palabras forman parte de mi libro Poesía y espíritu. Si las recuerdo es porque en el número 2397 de La cultura en México Ignacio Solares reprodujo, bajo el título de «Utilidad de la poesía», un inquietante poema de José Emilio Pacheco que, publicado en 1994, prefiguraba no sólo la masacre de Denver, que hace sólo unos meses nos estremeció a todos, sino las causas profundas que la provocaron y que provocan este género de atrocidades.

Alguien podría preguntarme: «¿Cómo puede usted afirmar que la función de la poesía es develar el misterio de la vida, mostrar el sentido de la existencia, cuando José Emilio habla de una realidad que más bien parece negarla? ¿O es que, siguiendo su tesis, para usted algo del misterio de la vida, del sentido de la existencia, es la negación de la vida?».

Creo que si estas preguntas son legítimas, son también equivocadas. Si leemos con atención el poema, veremos que Pacheco no exalta el crimen. Como dije, está mostrando las causas que llevan a él: el desamor. Cuando no hay amor (y si alguien es sensible a él es el propio José Emilio; hay que leer su obra poética y su crónica periodística para saberlo), cuando se niega ese misterio fundamental de la vida, el crimen, que es su negación, se establece.

Hay así en esta función una dimensión que se mueve, a veces, en el territorio de la profecía. Ésta no es el pronóstico de un hecho que ocurrirá en el futuro, sino la afirmación de que si el hombre no transforma su existencia ésta desembocará en hechos nefastos. José Emilio no sabía lo que ocurriría en Denver cuando cinco años atrás escribía su poema, no lo vio como podría verlo un adivino. Desde su experiencia poética mira algo del misterio de la vida, del sentido de la existencia, y a partir de ahí, mirando también lo que los hombres hemos hecho de él, anuncia una catástrofe.

Hay también, en este territorio de la profecía, poemas que desembocan en profecías positivas. Es el caso fascinante del poeta Ezequiel, que casi seiscientos años antes de Cristo revela en un espléndido poema la Resurrección: «Yavé puso sobre mí su mano, y su Espíritu me llevó, dejándome en una llanura de huesos secos (...) Yavé me preguntó: `¿piensas que podrán revivir estos huesos?´. Yo le contesté: `Señor Yavé, Tú solo lo sabes´. Entonces me dijo: `Habla de parte mía sobre estos huesos y les dirás: Huesos secos, escuchen la palabra de Yavé. Voy a hacer entrar el espíritu en ustedes y volverán a vivir´(...) Yo hablé como Yavé me lo había dicho (...) y el Espíritu entró en ellos. Se reanimaron y se pusieron de pie (...)» (Ez 37).

La poesía, en la medida en que retorna a la sustancia del lenguaje, revela (aun en poemas como el de José Emilio, que muestran lo positivo a través de lo negativo) lo que de mejor hay en el hombre: la esperanza, el amor y la búsqueda de todo lo que es trascendente.

Creo que si los hombres leyéramos más poesía y atendiéramos a su llamado, este mundo sería más profundo, menos criminal, más hijo de lo divino que hay en nosotros.

EL OBSERVADOR 206-6

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Utilidad de la poesía
Ignacio Solares
Releyendo la poesía de José Emilio, encontré un poema titulado «Los desairados», en El silencio de la luna, un libro de 1994. Después de leerlo concluí: lo que a la prensa escrita le costó miles de páginas y a la prensa televisiva miles de horas de transmisión para mostrarnos y explicarnos la masacre de Denver, al otro le costó el siguiente poema:

Los desairados bajo el desamor,
los que nadie quiere
por su gordura, rabia acumulada,
o por su escualidez rencorosa;
los siempre desdeñados por feos o tontos o viejos,
llega un día en que se arman de valor,
gastan lo que tienen en comprar una Uzi
y, antes de despedirse con un tiro en la sien,
ametrallan al mundo entero.

EL OBSERVADOR 206-7

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GRANDES FIRMAS
La razón contra el poder *
Luigi Giussani

En el XX aniversario de su pontificado, Juan Pablo II quiso resumir en dos palabras la posibilidad de juzgar la génesis y la reproducción continua de la incomprensión que se da entre el cristiano y el no cristiano: razón y fe.

Cuando entré en el Liceo Berchet de Milán en 1954, ya en la primera hora de clase –y para responder a la preguntas de los jóvenes adecuadamente– se me planteó la necesidad de hacer comprender lo que era la razón, porque sin razón no hay tampoco fe, no hay humanidad que construya civilización; hay barbarie. Aquellos muchachos, aun los que eran vivos y personalmente comprometidos, utilizaban la razón de manera reducida. Porque el hombre parte siempre de la experiencia para conocerse a sí mismo y caminar por la realidad. Y cuando sondea con su razón la totalidad de lo real, llega a la existencia de algo que no se ve y que es la explicación plena del hombre y del cosmos, pero que el hombre no puede conocer: es Misterio.

Este «punto de fuga» está en ese impulso original e insuprimible con el que la naturaleza nos empuja a conocer todos los factores de la experiencia con los que el hombre toma conciencia de sí mismo. Es sobre todo esto lo que falta en muchas definiciones de la razón, precisamente porque no buscan a ésta en la experiencia que atraviesa inevitablemente el hombre. La razón es impotente para agotar el conocimiento de la totalidad de lo real, y por eso se abre a esa categoría que representa el vértice máximo de su expresión: la posibilidad, lo posible.

En el horizonte de la razón aparece la petición mendigante del yo creado de que el Misterio mismo se revele. Y es en esto en lo que el cristiano participa de la loa de la razón y utiliza ésta mejor que otros. Sin esta apertura original el hombre cae presa de la postura que prevalece en cada momento, es decir, del poder, y se ve arrastrado por éste a perder el sentido de sí mismo. Así es como el hombre contemporáneo se rebela ante el hecho de que la medida de lo que hace sea algo distinto de él, y confunde con esclavitud lo que resultaría evidente por la experiencia: que la realidad es signo de algo diferente. Y el debilitamiento de la capacidad de influencia de la Iglesia se debe también al hecho de que muchos cristianos no reconocen ya como virtud obedecer a la dinámica con la que Dios se mueve en la historia.

En esto Wojtyla es un gran ejemplo: él reafirma que el remedio para esta disolución de lo humano consiste en que nuestra libertad se mueva adhiriéndose a los hechos; nos recuerda que la fe es racional, y nosotros comprendemos que es cierto, porque experimentamos que ella florece en el límite extremo de la dinámica racional como un capullo de gracia a la que el hombre se adhiere con su libertad. En efecto, la libertad del hombre radica en alcanzar el sentido de lo que hace o rehusa hacer.

Juan Pablo II es bien consciente de que una causa de la separación entre fe y razón es el hecho de que muchos cristianos han dejado de presentar a los hombres el valor existencial, vital, del cristianismo, que es la persona del hebreo Jesús de Nazaret, nacido de mujer, que resucitado permanece presente día tras día. El Papa insiste en decir que Dios «se acerca a nosotros en lo que nos es familiar y fácil de comprobar, porque constituye nuestro contexto cotidiano». Esto significa que la fe no es un fenómeno cultural, no es un sentimiento, ni la adhesión a una corriente histórica («la fe como tal no es una filosofía»), sino que es el encuentro con una realidad humana que da a las exigencias originales del hombre una respuesta mucho más realista y llena de humanidad que cualquier otra propuesta alternativa. Y esta capacidad de responder no es solamente teoría porque hay un pedazo de humanidad que la ha vivido.

Wojtyla es el papa que ha dicho la verdad sobre el hombre con un ardor y una coherencia irreductibles. Ésta es su fuerza: la identidad entre su experiencia humana y el hecho histórico de Cristo.



* Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 206-8

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Medios de comunicación
Pantalla patógena
Santiago Norte

Las actrices de televisión son, en promedio, 23% más delgadas que las mujeres de la vida normal. En lo que se refiere a las modelos de pasarela, el porcentaje se dispara: 35%. Los huesos y el pellejo forrando los huesos están de supermoda. Se dirá que es una moda inocua. Que se trata de eliminar ese modelo de mujer u hombre robustos por mor de salud y resistencia al cambio. Una especie de andrógino está naciendo. Flaco, esmirriado, orgulloso mostrador de costillas y sonrisas falsas...

¿Moda inocua? La bulimia y la anorexia parecen ser sus insignias. Y también sus banderas de muerte. Los casos de mujeres muertas o despedazadas interiormente en la persecución de su ideal corpóreo menudean en los países desarrollados y en las capas socialmente favorecidas en países como México. Muchachas que, para llegar a ser como la top-model en turno, cometen la «indiscreción» de alimentarse con una taza de cereal al día; jóvenes que para llevar los entallados pantalones de mezclilla del galán cotizado en las telenovelas se inducen el vómito y son, poco a poco, incapaces de retener alimento en el estómago... La moda de lo cadavérico, como se puede ver, es, desde luego, inocua.

El cascabel se lo ha puesto al gato un reciente estudio de la profesora Anne Becker, del Departamento de Antropología de la Escuela Médica de Harvard, sobre los hábitos alimenticios de las Islas Fidji (o Fiyi) desde 1988. Su equipo de trabajo midió estos hábitos a partir de la introducción de la televisión en esos parajes del Pacífico Sur apenas hacia 1995 (la energía eléctrica llegó a ese lugar en 1985). ¿Cómo cambiaron series como Seinfeld, ER, Melrose Place o Beverly Hills 90210 a los y a las fidjianas? En un lugar donde la belleza se entendía para las mujeres como cierta gordura, y para los hombres musculosidad y expansión corporal, hoy es justamente al revés: 38 meses después de comenzar a transmitir señal la televisión local, 74% de las niñas de Fidji dijeron sentirse «muy corpulentas o gordas».

Del sentirse gordo al hacer algo para no estarlo, aun sea una medida extrema, hay un paso. Alrededor del 15% de las jovencitas de Fidji ya lo empezaron a hacer: se inducen el vómito para controlar su peso: ¿es normal que esto suceda en un país paradisiaco, donde estar lleno y expandido de carnes era, apenas en 1995, sinónimo de buena presentación, de belleza física? Estamos ante lapresencia de una severísima intromisión de Occidente, de los EU, en la vida de personas que nada tienen que ver con la industria publicitaria y que –por el influjo a veces magnético que ejerce sobre las y los niños la pequeña pantalla– están entregados (en cuerpo y alma) a sus dictados. «Antes de 1995 –explica Anne Becker– en este país no se hablaba casi nunca de estar a dieta. La noción de calorías era desconocida aquí»; sin embargo, en la encuesta de 1998, el 69% de las niñas de Fidji reconocieron –¡en tres años de televisión!– haber seguido ya un régimen de reducción a partir de la menor ingesta de alimentos calóricos.

La investigadora –quien ya ha sido descalificada por gente del medio televisivo que dice que no es la televisión la única causante de este repentino tema en islas que llevaban siglos sin tomarlo en cuenta– da en el clavo al decir: «Espero que esto no sea como en el siglo XIX, cuando los británicos vinieron a Fidji y trajeron el sarampión, que fue una plaga tremenda..., aunque hay que reconocer que en el siglo XX la televisión es otro patógeno que exporta las imágenes y los valores de las culturas occidentales».

EL OBSERVADOR 206-9

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En silencio, con Dios
Más que lo mío, lo nuestro

«El pan nuestro de cada día».
Sí, el pan es nuestro, el Padre es nuestro. El pan no es mío, es nuestro.
El Padre da el pan para todos. Cada uno tiene el pan que es nuestro.

No hay gente sin pan: hay de aquellos que retienen el pan de otros.
No hay sobras de pan: hay pan abundante de dones.

Cuando doy pan entrego el pan al dueño.
Cuando niego pan retengo el pan de los otros.

El Padre da el pan diario, no atiborra a ninguno de pan.
Él da pan, dándonos fuerza para ganar el pan.

Cada día tiene su pan.
Cada pan tiene su dueño: ¿quién aún no tiene su pan diario?
No hay día sin pan, como no hay pan sin dueño.
Comete falta al amor quien retiene el pan, viendo que a los otros hace falta.

No hay pan mío, como no hay Padre mío.
La bondad del Padre nuestro se muestra en el pan nuestro. Esa es nuestra bondad también.

Si el Padre es nuestro, todo es nuestro.
El Padre, que da el pan nuestro, da todo lo demás, como: nuestra tierra, nuestra casa, nuestra vida, riqueza nuestra, amor nuestro, felicidad nuestra.
JOCY RODRÍGUEZ.

EL OBSERVADOR 206-10

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Campaña «Apaga la tele, enciende tu vida»
«Ya sabemos cómo hacerlo»

Somos una joven pareja de casados, aficionados a los constructivos programas televisivos y dedicamos a ellos, aproximadamente, 10 horas por semana. Cada día tenemos la fortuna de platicar sobre nuestras experiencias cotidianas y, cuando es necesario, conversamos sobre inquietudes íntimas de pareja; se puede decir que en esta familia la televisión ocupa su lugar de medio informativo, educativo y de sano entretenimiento. Mas, sin embargo, en la semana sin T.V. notamos que nuestro cerebro descansó del sonido del aparato, como que se descongestionó nuestro sistema nervioso, tanto del ruido como del estar pendientes de la programación predilecta. Nos retiramos a dormir más temprano y obviamente nos quedó aún más tiempo para platicar.

Gracias por organizar la acción hacia un propósito que parecía no poder lograrse, porque la adicción de ver televisión o simplemente de hacerse compañía con ella es parte de todos los días. Gracias por ayudar a quitarnos una actividad de encima, al menos por una semana. Ahora ya sabemos cómo hacerlo.

Familia Benítez Escobedo

EL OBSERVADOR 206-11

«Ya sabemos cómo hacerlo»

Somos una joven pareja de casados, aficionados a los constructivos programas televisivos y dedicamos a ellos, aproximadamente, 10 horas por semana. Cada día tenemos la fortuna de platicar sobre nuestras experiencias cotidianas y, cuando es necesario, conversamos sobre inquietudes íntimas de pareja; se puede decir que en esta familia la televisión ocupa su lugar de medio informativo, educativo y de sano entretenimiento. Mas, sin embargo, en la semana sin T.V. notamos que nuestro cerebro descansó del sonido del aparato, como que se descongestionó nuestro sistema nervioso, tanto del ruido como del estar pendientes de la programación predilecta. Nos retiramos a dormir más temprano y obviamente nos quedó aún más tiempo para platicar.

Gracias por organizar la acción hacia un propósito que parecía no poder lograrse, porque la adicción de ver televisión o simplemente de hacerse compañía con ella es parte de todos los días. Gracias por ayudar a quitarnos una actividad de encima, al menos por una semana. Ahora ya sabemos cómo hacerlo.

Familia Benítez Escobedo

EL OBSERVADOR 206-11

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A la venta La última tentación de Cristo
¿Está de acuerdo?

El señor Guillermo Murillo Godínez nos ha enviado sus respuestas a las preguntas que El Observador planteaba a sus lectores acerca de la comercialización en México en video de la película de Martin Scorsese La última tentación de Cristo. Presentamos a continuación cada respuesta precedida por la pregunta correspondiente:

1. ¿Está de acuerdo en que este tipo de productos circule libremente en el mercado?
No. La droga no debe circular libremente en el mercado aunque haya consumidores.

2. ¿Tiene RTC la altura moral para definir qué se comercializa y qué no, en materia de religión?
No. RTC no tiene moral.

3. ¿No sería bueno que los católicos tuviéramos otra fuente de dirección sobre lo que podemos o no consumir en el mercado audiovisual?
Sí, pero las fuentes las autoriza RTC, y si la Iglesia Católica se registra con gusto ante la Secretaría de Gobernación (a diferencia de la situación por la que lucharon sus hijos en 1926-1929), entonces las fuentes que tiene son las que se merece...

4. ¿Recomienda que el video sea retirado, o afirma que es cuestión de cada quién el verlo?
En México debe ser retirado, porque ofende a la mayoría de la población. Si a Martin Scorsese le obligaran a hacer un video similar sobre Buda, no lo haría, y menos lo pondría a la venta en un país predominantemente budista...

Los señores Benjamín y Ma. Cristina Muñoz García nos enviaron las siguientes respuestas:

1. No estamos de acuerdo porque es una falta de respeto, de conocimiento, cultura y escrúpulos, ya que ofenden en su totalidad a la Iglesia Católica. Además, no existe en la comunidad la preparación suficiente, con verdadero criterio, para verla sólo como una película. La gente... se creería lo que se dice en esa película...

2. Definitivamente RTC no tiene la altura moral, ya que a través de estos permisos otorgados sólo existe el interés por lucrar monetariamente y con la fama.

3. Sería muy bueno, sobre todo acerca de videos con temas relacionados con nuestra religión...

4. Definitivamente debería ser retirada del mercado y debería sugerirse a estas personas que se dediquen a otros temas o personajes que sí son para crítica en los medios de comunicación.

A continuación publicamos las respuestas de los señores Julián Abud, Jorge Luis Sanchez, Ma. Leonor Abud, J. Gabriel Abud, Silvia Ladino, Francisco Abud y Ma. Guadalupe Martínez:

1. No estamos de acuerdo en que este tipo de productos se comercialice libremente en el mercado.

2. Carecen RTC y sus dirigentes de altura moral para decidir qué sí y qué no se comercializa en materia de religión.

3. Deberíamos oponernos prudentemente, para no hacer publicidad en favor de ese tipo de porquerías, a través de acciones informativas que realicen instituciones y organizaciones cristianas de laicos; asimismo, debemos presentar una protesta firme ante la dirección general de RTC, dado que tales películas atentan contra la fe cristiana y, por ende, contra la moral y el buen vivir que ella protege.

EL OBSERVADOR 206-12

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DERECHOS HUMANOS
Más protección y menos persecución *
Miguel Concha **

Tomando en cuenta la Declaración sobre el Derecho y el Deber de los Individuos, los Grupos y las Instituciones de Promover y Proteger los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales Universalmente Reconocidos, adoptada el 9 de diciembre de 1998 por la Asamblea General de la ONU y por la Cumbre de Derechos Humanos celebrada en París el 4 de junio pasado, Amnistía Internacional (AI) hizo público un informe titulado «Más protección, menos persecución. Defensores de derechos humanos en Latinoamérica», en el que expone las diversas formas con que los gobiernos de América Latina, los grupos paramilitares, e incluso algunos grupos armados de oposición, han tratado de silenciar el trabajo de los defensores de derechos humanos a lo largo de los últimos tres años.

Para AI, en muchos países las medidas para la investigación de violaciones a los derechos humanos siguen siendo endebles y adolecen de defectos estructurales, pues las violaciones no son investigadas por un organismo independiente y a menudo se desconocen los resultados. AI pide a la Organización de Estados Americanos (OEA) la adopción de 11 medidas, que se concretan en la adopción de una resolución que proteja a los defensores de los derechos humanos, incluido el establecimiento de una relatoría especial dentro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y el establecimiento de un sistema de estatuto consultivo ante la OEA para las organizaciones no gubernamentales.

* Artículo resumido.
** El autor es Provincial de los Dominicos y presidente vitalicio del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.

EL OBSERVADOR 206-13

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¿Por qué la violencia?
Darío Pedroza Jr. *

¿Qué tal de cultura de la agresión y de la violencia?

Por desgracia sólo cuando las víctimas son de ámbitos sociales de relevancia, como es el caso de Paco Stanley, es cuando se desata tanto los dimes y diretes, como los comentarios y las declaraciones.

Quienes se dedican al morbo, lo vienen alimentando porque eso se nutren, esa es su presentación, su editorial, su conclusión. Quienes se dedican a la noticia, comunican la noticia, le dan el seguimiento necesario y punto. Quienes se valen de la imagen, se esmeran, la proyectan, la oscurecen , le dan el plano según la tecnología y, por supuesto, según la ideología y los dueños y señores del canal.

Para nadie es extraña la rivalidad entre las televisoras, sea por la reducción del monopolio de una o por el pirateo de la otra, así como por las mejores propuestas, sobre todo de tiempo y dinero.

Quienes se dedican a los asuntos políticos echan a andar toda su ciencia y sus capacidades de investigación con el objeto de llegar a la verdad de los hechos. Al menos esos esperamos, porque los cuerpos policiacos están lo suficientemente desprestigiados y corruptos como para creerles su dictamen.

Quienes se dedicaban a contemplar a Paco por la mañana o por la noche, o en ambos programas, podrán llorar su desventura porque Paco ya está en otro plano y en manos de Dios. Quienes se dedican a defender la vida tanto en el caso de Paco como en el caso de las amenazas del aborto, harán las denuncias pertinentes porque es el gran regalo de Dios y merece todo respeto. Quienes se dedican a estudiar la conducta social en su dimensión delincuencial, nos dirán cuáles son los delitos más recurrentes y cuáles son sus causas, y nos propondrán las opciones a seguir.

Ni con mucho podemos pensar que estamos viviendo en un paraíso, pero tampoco estamos tan cercanos de ese paraíso porque el hombre ha trastocado el sentido de la vida, de los bienes, de la trascendencia y de la justicia.

Si vamos al ámbito del hogar, sabemos de la existencia de la agresión tanto de esposos entre sí como entre hermanos o de padres hacia sus hijos. Sabemos del niño maltratado que es lastimado por sus propios papás por su incapacidad y su carencia de felicidad, y que ellos mismos son víctimas de una serie de vicios o limitaciones. En este caso, en la propia familia, muchas de las veces los hijos, cuando se les hace alguna encuesta, no están dispuestos a seguir el ejemplo de su papá en el caso de que se lleguen a casar

Si nos referimos a los medios de comunicación social, sabemos que nos educan a su antojo, que somos víctimas de los mensajes que de ellos recibimos si ninguna crítica ni análisis de riesgo. Me vienen a la mente nuestros ídolos deportivos, que muchas de las veces no tienen la capacidad de resolver sus diferencias por el camino del diálogo y la comunicación, sino que lo hacen por la fuerza de la violencia, díganse patadas y golpes, para abonar la cultura de la agresión.

La continua violación de los derechos fundamentales de la persona no son otra cosa que la práctica de lo que se ve y de lo que se vive.

*El autor es presbítero, secretario de Pastoral Penitenciaria en el arzobispado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 206-14

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Las sectas: cómo distinguirlas de los movimientos legítimos
EL OBSERVADOR / Jean Vanier*


Con frecuencia se utiliza el término secta para calificar una gran variedad de fenómenos religiosos. En algunos lugares se emplea el término incluso para referirse a iglesias protestantes. ¿Cómo distinguir entonces una secta de un movimiento religioso legítimo? Esta es la finalidad de un libro recién publicado por Jean Vanier, «Nuovi movimenti. Sette cristiane o segni dello Spirito» (Italia, Piemme). El libro contiene diversos criterios para juzgar los movimientos religiosos. Vanier propone cinco elementos que pueden ayudar a identificar una secta, y que EL OBSERVADOR retoma para sus lectores por considerarlos de extrema importancia.

1) Una secta está encerrada en sí misma y con frecuencia dominada por un gurú omnipotente, considerado como el único profeta y salvador. Sólo la secta posee la verdad y no se tolera ninguna otra forma de autoridad. Además, se prohíbe el contacto con otras formas de pensar o actuar.

 2) La misma secta se presenta como salvadora del mundo o de los individuos, con un mensaje del todo nuevo y único para todos. Este mensaje da un sentido completo a la existencia de los miembros y una fuerte motivación para el proselitismo.

3) Para los que se hacen parte de la secta la sociedad está dividida entre buenos y malos, salvados y condenados. Se elevan muros entre las dos categorías que hacen difícil el diálogo, y hay una separación radical de las familias, los viejos amigos y el resto de la sociedad.

 4) Los miembros de la secta están obligados a sacrificar su propia conciencia, su libertad y su propia capacidad de juzgar. Deben seguir las certezas absolutas y los objetivos del grupo. Además, la inteligencia de los miembros de la secta es manipulada, repiten los lemas y obedecen más que buscar la verdad.

5) Las personas angustiadas, frágiles y aisladas son atraídas a este tipo de grupos. El hecho de estar inseguro de sí mismo hace atractiva la certeza y los claros objetivos de la secta. Así se eliminan las angustias, la soledad y se da una dirección a la propia vida. Esto hace difícil que una persona pueda dejar el grupo, porque correría el riesgo de encontrarse de nuevo en la angustia y la soledad.

Vanier admite que algunas de estas características pueden estar presentes en un movimiento cristiano, sobre todo en los movimientos que se encuentran en los primeros años de su existencia. Sin embargo, entre los movimientos cristianos y las sectas existen claras diferencias:

1) La comunidad está a disposición de toda persona para facilitar su crecimiento espiritual y para profundizar en su conciencia personal. La comunidad estimula la formación de sus miembros en los campos espirituales y teológicos, utilizando los recursos de la Iglesia y la sociedad de acuerdo con el contenido de la Palabra de Dios, la vida del Espíritu y la verdadera humanidad. Además, se otorga un alto valor a la vocación espiritual de cada miembro, por encima del deseo de hacer crecer el número de miembros del movimiento.

2) Una comunidad no está encerrada en sí, sino que forma parte integral de la Iglesia. Además, en casos de conflicto es la misma Iglesia la que interviene como mediador. Esa autoridad exterior garantiza que las personas realmente son libres y pueden seguir creciendo hacia una mayor libertad y madurez.

3) Aunque en los inicios puede existir una cierta rigidez, con el tiempo llega mayor discernimiento y diálogo. La autoridad es ejercitada para ayudar a cada persona a crecer y a asumir mayor responsabilidad.

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Jean Vanier es el fundador de las comunidades de El Arca; hoy por hoy, uno de los laicos católicos más conocidos y admirados del mundo.

EL OBSERVADOR 206-15

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Respecto a la carta del Sr. Peña
El sentido de la frase: no podemos cambiar al otro, sólo podemos cambiar nosotros mismos

Entiendo su preocupación, Sr. Santiago Peña: si no pudiéramos influir por los demás, si no pudiéramos orientarnos unos a otros, muchos de nuestros afanes no tendrían sentido. Pero me parece que es necesario considerar el contexto en que, es verdad, he usado esa frase en varias ocasiones. Si realmente yo creyera que la gente no puede cambiar, mi trabajo y mi esfuerzo por orientar a la gente y por trabajar con ella en el consultorio no tendría sentido.

Por supuesto que creo que las personas pueden cambiar y que lo que hacemos y decimos puede influir en los demás. Lo que sostengo es que ese cambio es, en última instancia, un acto de la persona misma. Creo en la libertad humana. Y creo también que no es suficiente con presentar una verdad –o un engaño– delante de alguien para que el cambio ocurra en automático. No, afortunadamente no es así. Cada uno de nosotros, ante los estímulos, ante los cambios en la realidad, ante las verdades o las mentiras que se nos presentan, tenemos la opción de pensar, de dar significados, de tomar decisiones. Si fuera como usted dice, si fuera suficiente con presentar la verdad para que los otros cambiaran, no sería necesaria tanta insistencia con la evangelización, por ejemplo. O bastaría con una sola consulta con el psicólogo para cambiar la vida. Imagine qué fácil sería decirle a la persona que llega al consultorio con una bajísima autoestima: «tú vales mucho» y ya con eso curarla. Pero no; yo puedo emplear mis mejores argumentos, mas si ella no decide amarse a sí misma no lo hará. Del mismo modo que quinientos años de evangelización no han sido suficientes para hacernos a todos los bautizados y en todo verdaderos cristianos.

En el otro lado de la moneda, en experiencias dramáticas como la de los campos de concentración, hubo muchos, muchísimos que se sometieron; pero hubo otros –Viktor Frankl da testimonio de ello– que, pese a todas las adversidades, no renunciaron a sí mismos, a su libertad y a su dignidad.

Volvieron al contexto en el que suelo mencionar esta frase, con mucha frecuencia escucho quejas respecto al esposo, la esposa, los padres, los hijos: es que hace esto, dice lo otro, es abusivo, no me toma en cuenta, no me permite ser, etc. Supongo que estará usted de acuerdo en que no puedo decir: «Pues oblíguelo(a) a cambiar para que usted pueda ser feliz». No, lo que yo tengo que hacer es proponer a las personas que se hagan responsables de sí mismas, que, por ejemplo, en lugar de quejarse del abuso, aprendan a ponerle límites; que en lugar de lamentar que no los comprenden, aprendan a expresar sus ideas y sus sentimientos. Y ante estos cambios, el otro se ve cuestionado. El falso equilibrio de la familia se rompe y se hace necesario un cambio. Ese otro tendrá que definir una actitud. Y es probable, sólo probable, que el cambio deseado ocurra. Pero es el otro el que cambia a partir de su propia conciencia, de su decisión. Puedo decirle a mi esposo: mira, esto es lo que necesito de ti. Y si él me complace, ser su cambio. Yo no lo cambié: él cambió ante una invitación mía. Insisto: yo no lo puedo cambiar si él no quiere o no lo permite.

Espero que me entienda, señor. Yo no pretendo ser fatalista. No niego la influencia que tenemos en los demás. Precisamente por esto digo a quienes acuden a mí: no te sientes a esperar, cambia tú, sana tú. Precisamente por eso escribo y doy consultas. Pero los cambios tienen que venir del interior de cada quien, de la propia decisión, de la conciencia... No podemos cifrar nuestra vida, nuestra felicidad y nuestra esperanza en que el otro cambie. E, insisto, podemos influir, presionar, ayudar, revelar alguna verdad, pero no podemos cambiar al otro. (Y. C.)

EL OBSERVADOR 206-16

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Algunos números sobre la Iglesia

Jesús Colina/Roma

La última edición del Anuario Estadístico de la Iglesia para el año de 1997 arrojó las siguientes cifras sobre la situación de la Iglesia en el mundo:

Países con más católicos bautizados:
Brasil (137.570,000)
México (89.091,000)
Filipinas (61.109,000)
Estados Unidos (58.078,000)
Italia (55.916,000)

País con más parroquias:
Francia (27,862)

País con más diócesis:
Brasil (262)

País con más obispos, sacerdotes y religiosas:
Italia (501 / 55,499 / 114,775, respectivamente)

País con más seminaristas mayores:
India (9,828)

País con más ordenaciones sacerdotales al año:
Polonia (580)

EL OBSERVADOR 206-17

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Me llamo Pablo, tengo SIDA
Yusi Cervantes

«Sé que voy a morir, pero antes de que eso ocurra quiero decirle a los jóvenes que se cuiden, que no hagan lo que yo». 27 años, la mirada atenta, el rostro sereno, la vida trunca. «Tengo SIDA. Cada día estoy más enfermo. El doctor dijo que iba a morir el pasado diciembre, pero todavía estoy aquí». La historia de este muchacho es dramática. A los pocos días de nacido fue depositado en la puerta de la casa de cuna. A los seis años fue violado y el resto de su infancia fue víctima del abuso sexual. A los quince años lo lanzaron a la calle, a su suerte. Después de muchas penurias logró tener un trabajo estable, estudiar hasta licenciatura. Se sentía satisfecho de sus logros, de poder pagarse lo que tanto le hizo falta en la infancia...

Pero tenía un daño profundo, una incapacidad para buscar y recibir auténtico amor. Tal vez buscando cariño, se entregó al sexo fácil. Nada de enamoramiento, nada de parejas estables. Tampoco se protegió. Y un día enfermó, pronto empeoró, y vino el diagnóstico fatal: tienes SIDA. Le detectaron la enfermedad ya en activo. A causa de sus males tuvo que dejar el trabajo. Ahora se mantiene gracias a la bondad de tres personas. «He sufrido mucho, me han hecho mucho daño, pero Dios nunca me ha abandonado. Cuando menos lo espero me envía ángeles, porque para mí eso son, para ayudarme».

«Yo no importo mucho, pero pienso en tantos jóvenes que sufrirían mucho si se enfermaran de SIDA. A ellos quiero decirles que se cuiden, que no sean tontos, que no cometan errores como los míos. Y a los padres y a las madres, que estén cerca de sus hijos, que los escuchen, que los prevengan de todos los peligros, porque hay mucha gente malvada, sin escrúpulos, que engaña a los jóvenes -hombres, mujeres, ninguno está a salvo- con tal de llevárselos a la cama.

«He tenido mucho tiempo para pensar y me he dado cuenta de todos mis errores. Algunas personas me dicen que esto me lo busqué yo, que es un castigo que merecía. Pero yo creo que es demasiado castigo. No creo haber sido tan malo.... Además, no creo que nadie tenga derecho a juzgarme y menos a condenarme, ya bastante tengo con mi conciencia y mi enfermedad». Sin embargo ahí está la condena de la sociedad, a veces abierta, a veces silenciosa: los que antes consideraba amigos ahora se pasan a la otra acera cuando lo ven en la calle. Su casera ya le pidió que desocupara el cuarto. «No sé a dónde voy a ir».

«No puedo más -dice Pablo por momentos-. Por las mañanas no me alegro de estar vivo, al contrario. Hay días en que deseo quitarme la vida. ¿Qué sentido tiene todo esto?» Y se responde a sí mismo: «Lo único que puedo hacer es hablar de lo que me sucede para así ayudar a que los jóvenes tomen conciencia». Solo, deprimido, asustado, Pablo sigue luchando con la vida y aún tiene un anhelo: «Ya no lo espero -afirma, como para apagar sus ilusiones- pero sería un gran regalo si encontrara a alguien de mi familia. Porque debo tener una familia, no nací de la nada».

Pablo, por favor, no cometas una locura. Sigue adelante, demostrando tu valor, dando dignidad a tu vida. Muestra tu grandeza ante el sufrimiento. Por absurdo que parezca, tal vez éste sea el mejor momento de tu vida, el momento de la reconciliación con Dios, del encuentro con almas buenas, el momento en que estás recuperando la pureza de tu alma y la conciencia de tu propio valor como ser humano.
(FIN)

Nota de la redacción: Pablo vivió en una casa de cuna a los pocos días que nació hasta los 6 años, que es la edad máxima permitida por esa institución. Después de los 6 años pasó a otros lugares indicados por los organismos del Estado y allí es cuando empiezan lo abusos.

EL OBSERVADOR 206-18

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