El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

27 de junio de 1999 No. 207

SUMARIO

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Cuaderno de notas Lo mundano

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Pinceladas Las penas con humor son menos

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El humor religioso de México (II)

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Año del Padre Celestial El hijo pródigo

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La participación en la sociedad

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Himno a la sabiduría divina

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El cuarto poder: ¿enemigo o aliado?

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¿Bien informados o saturados?

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La participación en la sociedad

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Himno a la sabiduría divina

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El cuarto poder: ¿enemigo o aliado?

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¿Bien informados o saturados?

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A las puertas del templo La corrupción de la lengua

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Grandes firmas Una moral que nace de la experiencia de la gratuidad

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Medios de comunicación La televisión en casa: huésped o invasoR

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Vuelve la ética a las aulas escolares

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Palabras de despedida: perdonar pero no olvidar

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A la venta La última tentación de Cristo ¿Está de acuerdo?

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Derechos humanos El candidato y las ratas

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El costo de la democracia o el costo de promover una imagen irreal

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Vida cristiana Sobre todas las cosas

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Intimidades. Los jóvenes nos cuentan Me gusta un hombre mayor

Cuaderno de notas
Lo mundano

Publicamos en este número de EL OBSERVADOR una luminosa carta –como muchos de sus escritos– de Luigi Giussani, el fundador del movimiento Comunión y Liberación. Es una carta de don Giussani a monseñor Massimo Camisasca, superior general de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo, con motivo del reconocimiento de la Fraternidad Sacerdotal como sociedad de vida apostólica de derecho pontificio. En ella el lector de EL OBSERVADOR se encontrará con muchas frases profundas, difíciles de digerir a primera instancia, pero que, una vez que se han meditado a fondo, revelan zonas oscuras y advierten derroteros nuevos de la fe en Cristo. De hecho la Fraternidad de San Carlos tiene como fin último mostrarle al mundo una «pasión por la gloria de Cristo» que no puede consumirse: es la pasión del que sabe que el Acontecimiento mayor de la historia es la encarnación de Dios, la redención de la pobre carne humana por medio de Nuestro Señor Jesucristo.

Una de las frases es la que quiero hoy meditar. Dice: «Lo mundano –esto es, el poder– que se opone a todo lo que es sano y se desarrolla siempre marchitándolo todo, condenando a todos y dejando a cada cual sin posibilidad de defensa, es el enemigo del Acontecimiento divino». ¡Qué magnífica descripción del poder y su naturaleza corruptora! El poder –es decir, la intromisión del hombre en la vida de los otros hombres– es la negación de la Redención, la negación de la Unidad, la negación, finalmente, de la Caridad. Y el poder es lo mundano, la degustación de las cosas de este mundo, por lo tanto, su apropiación. ¿Quién decimos nosotros que tiene poder? El que se apropia de los hombres (de un número determinado de hombres), ya sea por la vía política o por la económica: es el que le resta libertad al ser humano, para comprarlo, venderlo, «redimirlo» o aplastarlo.

Y el poder se opone frontalmente a «todo lo que es sano». El poder –desde esta perspectiva de don Giussani– es la absorción de la inocencia, la supresión de la inocencia. Nadie puede hacerse «como este niño» frente a él. Hay que resistirlo o rebatirlo, pero con las armas sucias del cálculo: con sus propias armas. La ingenuidad maravillosa del niño (la de Cristo) no tiene cabida frente a él: es una «incorrección». Sobre todo porque la esencia del poderoso es el disimulo: tú haces como que tienes vida por mí, y yo hago como que te protejo. En la raíz no hay nada: el poder es una gran mascarada, un baile de carnaval donde el que más grita es el que más protege su identidad verdadera. El poder marchita lo que toca, principalmente marchita al hombre que confunde por el poder su lugar en el mundo. Se siente «como un dios», capaz de decidir sobre la vida y la muerte de los otros. ¡Vergonzosa ilusión! Hay que asomarse al fondo de esa pretensión para observar la miseria existencial que ahí se esconde.

El poder, al convertir lo mundano en divino, se opone al Acontecimiento decisivo: la redención de lo mundano por lo divino, de Cristo a los hombres. El poderoso jamás podrá decir entonces como el hijo pródigo: «Me levantaré y volveré a mi Padre». Esa humildad de reconocer el pecado, la falla, la paternidad de Dios, no la posee. Sólo se posee a sí mismo y a la fantasmagoría de su prestigio. Cuando lo mundano es lo que cuenta, hay que compadecer a quien así se conduce: está perdido y no será capaz, la mayoría de las veces, ni siquiera de darse cuenta. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 207-1

Sumario Inicio


Las penas con humor son menos

Justo López Melús *

Hay días que vas a desayunar y cada comensal te trae la noticia de algún terremoto. A veces dan ganas de gritarles: «Por favor, ¿hay alguna buena noticia qué comunicar? Se nos va a indigestar el desayuno». Porque es un poco exagerado el cine de aquel director andaluz: «To´ er mundo é güeno»; pero tampoco es verdad aquello de que «to´ er mundo anda mosqueao».

Los andaluces nos dan ejemplo. Siempre supieron echar un pellizco de gracia en las letanías de su males. Como aquel personaje de Muñoz Seca que, si no podía reír, por lo menos pedía perdón: «Mi madre está con el tifus, / mi mujer con pulmonía, / mis hijos con la gangrena... / Perdone que no me ría». Hasta a la muerte la tratan con su gota de humor: «La vida es mal asunto / porque a lo mejor te acuestas / y te levantas difunto». Y aquellos otros versos: «Qué bonito es un entierro / con su cajita de pino / y su muertecito dentro».

EL OBSERVADOR 207-2

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El humor religioso de México (II) *

Joaquín Antonio Peñalosa

La raíz del humor religioso (I)

El indio jamás supo lo que era humor religioso. Afiliado a una religión donde «los dioses gobernaban, los sacerdotes interpretaban y el pueblo obedecía», según frase de Vaillant, no podemos imaginarlo haciendo ni siquiera bromas inocentes de un ceremonial dramático, unos sacerdotes prepotentes y lejanos, vestidos de mantas negras orladas de cráneos y con largos cabellos pegajosos de sangre, como los describió Bernal Díaz; ni mucho menos podía esperarse una sonrisa frente a un Huichilobos siempre sediento de corazones humanos ni aun frente a la diosa Coatlicue, «cuadrada, decapitada, con sus guirnaldas de cráneos, su falda de serpientes, sus manos abiertas y laceradas, impenetrable: monolítica», según la vio Carlos Fuentes.

Los griegos crearon dioses que no dejaron de ser hombres, como dice atinadamente Malreaux. En la mitología indígena, por el contrario, los dioses son lo que el hombre no podrá ser jamás, dioses creados a imagen y semejanza de lo desconocido, concreción del misterio y las fuerzas cósmicas. Una religión tan vecina de la muerte y de la guerra, de dioses tan distintos y distantes del hombre, de sacerdotes dominadores y clasistas, de ritos hieráticos y sobrecogedores, no era capaz de hacer brotar un hilillo de gracia, una flor de esperanzadora sonrisa.

En las relaciones del indio con Dios, con la multitud de dioses que pueblan su panteón, no falta desde luego la adoración, como reconocimiento desde la pequeñez de la creatura a la grandeza poderosa y misteriosa de los númenes dadores de la vida; tampoco falta la acción de gracias por los beneficios recibidos. Sin embargo, las relaciones más frecuentes del indígena para con Dios fueron la impetración por la cual solicitaban la ayuda divina a lo largo de toda su vida, del nacimiento a la muerte, y la propiciación con que trataban de aplacar a los dioses y volverlos favorables mediante penitencias corporales, las más amargas.

En la religión azteca surge una nueva y atrevidísima relación del hombre con Dios, la colaboración. El hombre es cooperador de los dioses. El mundo no puede vivir sin los númenes que lo sostienen. Si ellos desmayan o se emperezan, el mundo sucumbe. Hay que alimentar a los dioses. Su alimento es la sangre humana, que es preciso ofrecer constantemente y cuanto más abundante, mejor. El numen fundamental es el sol, que los aztecas llamarán a secas teotl, el dios, el dios por antonomasia en quien se hallan impersonadas todas las fuerzas del universo.

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Peñalosa, Joaquín Antonio. Humor con agua bendita. México, JUS, múltiples ediciones.


Todavía Darwin

- Y así fue, queridos niños, como Dios hizo a nuestros primeros padres. Todos descendemos de Adán y Eva.
- Padre, mi papá dice que nosotros descendemos del mono.
- Hijo mío, aquí en clase de religión no tocamos asuntos de familia.

El progreso de la técnica

Un niño que se está preparando para la Primera Comunión, pregunta a su papá:
- Oye, papá, ¿a ti te hizo Dios?
- Claro, hijito.
- ¿Y a mí también me hizo Dios?
- Naturalmente.
- ¿No crees, papá, que en treinta años Dios ha mejorado de técnica?

Erudición bíblica

- Hable usted sobre los personajes que escribieron los evangelios.
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Sí, profesor. Los cuatro evangelistas son tres: Elías y Henoc.

EL OBSERVADOR 207-3

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Año del Padre Celestial
El hijo pródigo

José Luis Meza *

Por «reconciliación integral» debemos entender el esfuerzo para acabar con los distanciamientos y resentimientos que ocurren en la convivencia, haciendo las paces con Dios y los seres humanos que nos rodean. Según esto, la reconciliación, para que sea completa, necesita revisar todas las relaciones humanas sin olvidar ninguna. Nos puede servir de ejemplo el trabajo que hacen las arañas cuando revisan su tela para re-anudar los hilos rotos, tanto los verticales como los horizontales, los convergentes como los divergentes. Así el hombre que intenta reconciliarse íntegramente. Hay que rehacer las relaciones con el Padre Celestial y, al mismo tiempo, el conjunto de relaciones familiares y las sociales en sus diferentes expresiones. Los obispos mexicanos, en su conferencia de noviembre de 1998, trataron el tema de la reconciliación subrayando varios niveles: la persona misma, la familia, la cultura, la educación, la política, la religión, la comunidad eclesial, etc. El mensaje final fue sugerir una acción pastoral que tocara estos aspectos con miras a celebrar dignamente el Año del Padre 1999. A decir verdad, la reconciliación va tomando importancia en la medida en que se multiplican las desavenencias entre los hombres. Cuando una casa o familia se ha deteriorado demasiado a causa de los problemas internos, se despierta un anhelo de restauración. Alguien dice «¡basta!» y ofrece su ayuda.

Al considerar el mismo asunto desde la oración del Padrenuestro, sucede q        ue en una de las peticiones se habla precisamente de la reconciliación: «Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6, 12). Asimismo, nos instruye la actitud del padre de familia de la parábola del hijo pródigo. El hijo mayor reclama a su padre la fiesta organizada para con el hijo perdido. Más aún, aquél ya no lo reconoce por su hermano: «Ese tu hijo, después de haber gastado tu dinero... le haces fiesta» (Lc 15, 30). A lo que responde el padre: «Hay que alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado» (Lc 15, 31). Está bien claro que el padre estaba haciendo lo imposible por restaurar la reconciliación entre sus dos hijos. La cosa no quedaba completa si nada más se hubiera recuperado el hijo perdido, pero sin tomar en cuenta el distanciamiento de los dos hermanos. Al recordar de nuevo la petición del Padrenuestro, tampoco se consigue la plena reconciliación si todo queda en pedir perdón a Dios de todo lo malo que hacemos, pero sin perdonar a quienes hemos ofendido. Quien solicita perdón de Dios y lo consigue, pero no quiere perdonar a los hermanos, tal intento de reconciliación no está completo. Dios nos puede repetir aquellas palabras que Jesús puso en boca del rey que perdonó una deuda mayor a quien lo suplicó; pero luego éste no quiso perdonar una deuda menor a su colega: «`Siervo malo, todo lo que me debías te lo perdoné en cuanto me lo suplicaste. ¿No debías haberte compadecido de tu compañero como yo me compadecí de ti?´... Así hará mi Padre Celestial con ustedes; si no perdonan de corazón a sus hermanos merecen ser entregados a la justicia» (cfr. Mt 18, 23-35).

El platillo de la reconciliación es fuerte. Hay que masticarlo lentamente para asimilar sus enormes beneficios personales y sociales...

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El autor es presbítero, director de Comunicación de la Diócesis de León.

EL OBSERVADOR 207-4

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Una práctica cristiana de la empresa
La participación en la sociedad *
Lorenzo Servitje Sendra

Finalmente otra de la sugerencias para el empresario que quiere llevar los valores cristianos a su empresa consistirá en esforzarse, en todo lo que se refiere a sus relaciones externas, con esa misma consideración para el hombre de que hemos venido hablando.

Consideración para proveedores y competidores, evitando prácticas que lleven a su perjuicio. Toma de conciencia de la responsabilidad que existe para la comunidad en la que se encuentra la empresa, pago completo de impuestos y cumplimiento de las disposiciones de la ley. Erradicar la corrupción. Participar en cámaras y organismos gremiales para la defensa justa y la promoción de sus intereses y la solución de problemas de su rama de actividades y aun de carácter nacional.

Y también el empresario, por elementales razones de solidaridad humana, debe procurar que su empresa ayude en la medida de lo posible a obras educativas, asistenciales, cívicas o de cualquier índole que beneficien a la comunidad.

Su carácter de líder social, por su preparación, por su autoridad y por sus recursos, le obligan a contribuir de algún modo al bien común, a crear las condiciones que hagan posible la construcción de una sociedad más justa, más libre y más humana.

Esto significa trabajar junto con otros para que se instaure un mejor orden social, una economía que esté verdaderamente al servicio del hombre y de todos los hombres, una conviviencia en la que la dignidad de cada hombre, aún más el modesto, sea reconocida y aceptada; en la que se destierre la pobreza extrema; en la que la lucha de clases sea sustituida por la colaboración de todas las personas y grupos; en la que sea posible avanzar hacia esa meta luminosa del Evangelio, de que los hombres seamos hermanos en la más espléndida y alentadora fraternidad...

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Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 207-5

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Himno a la sabiduría divina

¡Oh profundidad de la riqueza
de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuán insondables son sus juicios
y cuán inescrutables sus caminos!
Porque, ¿quién conoció el pensamiento del Señor?
O ¿quién fue su consejero?
O ¿quién primero le dio,
para tener derecho a su retribución?
Porque de Él y por Él y para Él son todas las cosas.
A Él la gloria por los siglos. Amén.
SAN PABLO.

EL OBSERVADOR 207-6

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El cuarto poder:
¿enemigo o aliado?

Bruno Ferrari

* El tiempo dedicado a la TV y el radio da un total de catorce años en la vida de un mexicano promedio.
* Los medios de comunicación están tomando conciencia de la importancia de la vida humana.

Hay quienes afirman que los medios de comunicación constituyen el cuarto poder del Estado, y creo que es verdad ya que hoy más que nunca la sociedad está expuesta al influjo de los medios de comunicación, los cuales determinan en buena parte las decisiones de las personas. Para muestra basta un botón: ¿conoce usted algún curso de capacitación extracurricular que tenga duración de 19 mil 419 horas? Éste es el promedio que un adolescente ha estado frente a un televisor al cumplir sus primeros 16 años de vida. ¿Sabe usted que 4 de cada 10 personas deciden por lo que oyen y ven en los medios de comunicación, por encima del material que reparten los fabricantes y la opinión de amigos o parientes? ¿Conoce a alguien que haya visto 8 mil asesinatos y 100 mil acciones violentas? Éste es el promedio de muertes y violencia a que un niño ha estado expuesto en la televisión al terminar la primaria. ¿Creería usted en la fidelidad conyugal si viera 65 mil encuentros sexuales de los cuales 7 de cada 8 se originan fuera del matrimonio? Estas son las alusiones a la sexualidad que todos los años se transmiten por la televisión en los horarios preferentes. ¿Sabe quién comercializa más de 100 millones de ejemplares anuales sobre este tema? Las publicaciones pornográficas, las cuales están al alcance de los niños y jóvenes en exhibidores al público.

En un congreso realizado hace algunas semanas en nuestro país, el autor del libro Hollywood vs. América, calculaba que cada mexicano, en promedio, al término de su vida habría dedicado catorce años a la televisión, escuchar el radio o leer algún medio impreso. Cifra que no es de menospreciar pues es superior en tiempo al promedio nacional de educación.

El llamado cuarto poder ha influenciado la vida política y económica mundial. Los casos de Watergate o el escándalo en torno a las relaciones extramatrimoniales del presidente Bill Clinton son un reflejo del poder de los medios de comunicación. En nuestro país la prensa también ha ido transformándose para dejar de ser un simple vocero de los logros gubernamentales para convertirse en un interlocutor dinámico de las realidades sociales que nos acompañan. Tanto en la radio, la televisión o la prensa escrita, se han visto cambios cualitativos en la forma de presentar las noticias (aunque algunos parecen Talk shows). La prensa es más crítica que nunca, investiga y se documenta para salir al debate de la información, investiga y se documenta para salir al debate de la información y crear opinión. Recordemos el caso del ex gobernador Sócrates Rizo para este efecto. Nuevo león se ha distinguido por tener una prensa insistente y dinámica logrando ampliar con éxito sus fronteras.

En las últimas semanas hemos sido testigos del debate suscitado por la iniciativa ciudadana en torno al tema de elevar a rango constitucional la defensa de la vida desde el momento de la concepción hasta su muerte natural. Debate que ha estado seguido por todos los medios informativos y en especial por la prensa, la cual ha dado un golpe contundente a algo tan despreciable y corrupto como los son las clínicas donde se practican abortos de manera clandestina. No cabe duda que es deplorable conocer la existencia de médicos que se dedican a esta práctica por dinero. A estos cabría preguntarles en cuánto valúan la vida de sus propios hijos.

La opinión pública se encuentra asombrada ante el hecho de que muchas mujeres acudan a las clínicas ubicadas en la frontera para practicarse abortos, sin ningún otro motivo que el de librarse de sus propios hijos (pues de otra manera lo harían en territorio nacional). Esto nos debe hacer reflexionar sobre la importancia de una correcta educación de la sexualidad fundada en el uso de la razón y el autocontrol de las emociones.

EL OBSERVADOR 207-7

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¿Bien informados o saturados?

Vallas publicitarias, mensajes de correo electrónico por decenas, papeles y más papeles, sonidos, música... un cúmulo de información que no alcanzamos a «digerir» convenientemente, un volumen de datos mucho mayor del que somos capaces de asimilar. Esta es la sobreinformación, uno de los nuevos fenómenos de la sociedad digital que estamos construyendo.

Muchos especialistas empiezan a hablar de sobreabundancia de datos y de saturación de información, que puede incluso ocasionar estrés y ansiedad. Aseguran que vivimos en una sociedad sobreinformada, en la que cada día estamos expuestos a más de 3 mil imágenes y mensajes, cantidad que está por encima de la capacidad de recepción, procesamiento y razonamiento que tiene el ser humano.

Una de las primeras razones de esta hipertrofia son las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, porque aceleran el ritmo de la vida, la velocidad de la transmisión y las posibilidades de compartir información. Por ejemplo el computador, una de las herramientas cotidianas para muchas personas, trabaja más rápido que la mente, que es incapaz de absorber el creciente bombardeo de información que generan medios electrónicos y también tradicionales. La velocidad del desarrollo tecnológico, de las telecomunicaciones y de la informática supera la capacidad de asimilación y actualización de los usuarios. Y es probable que Internet, este fenómeno cada vez más presente en nuestras vidas, sea un ejemplo paradigmático del exceso de datos.

Y, mientras la cantidad de información presente en nuestro entorno crece en progresión geométrica, la capacidad de asimilación humana lo hace de forma aritmética. Entonces ¿cómo afrontar este exceso de información?, ¿cómo actuar frente al cúmulo de información de la sociedad actual?

La primera constatación frente a esta circunstancia es que el hombre es un ser limitado. Y esta capacidad humana limitada debe ser asumida y aceptada con responsabilidad y realismo. El ser humano tiene umbrales físicos y mentales que es conveniente no sobrepasar y de los cuales debemos tener clara conciencia.

Después de aceptar nuestra limitación, que evidencia nuestra existencia humana y nos acerca a nuestra realidad de seres vivos, es importante también aprender a distinguir entre datos e información: saber qué informaciones de las que recibimos nos aportan un conocimiento útil y provechoso y desestimar los datos que no son realmente importantes. Es conveniente mejorar nuestras búsquedas en Internet, para hacerlas más provechosas y agradables. Para que la navegación no nos conduzca al colapso y a recibir más información de la que queremos o podemos analizar, deberíamos seguir algunas pautas:

- Definir si la conexión a la red la hacemos por trabajo o por diversión.
- Evaluar cuánto tiempo merece el tema que deseamos buscar en la Red.
- Respetar el tiempo que hemos previsto para navegar por Internet.
- Medir la relación tiempo/resultados. Cuánto tiempo requiero para obtener lo que busco. Si no se evalúa esta variable, la búsqueda puede resultar una mala inversión.
- Planificar la búsqueda previamente, establecer un plano mental de las web que se piensa consultar y ceñirse lo máximo posible a este plan para evitar la dispersión.
- Si se percibe que la navegación es más lenta de lo habitual, es mejor desconectar y buscar otro momen to del día para no perder tiempo inú tilmente. (SOI / RIIAL)

EL OBSERVADOR 207-8

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A las puertas del templo
La corrupción de la lengua

Javier Sicilia *

Desde que la Real Academia de la Lengua Española propuso la desaparición de la ch y de la ll como letras del alfabeto, y nuestros académicos, con ese espíritu vasallo, colonizado y acrítico que caracteriza a gran parte de nuestra nación, asintieron sin chistar (sin ni siquiera preocuparse por preguntarle su parecer a los escritores e intelectuales de México), la corrupción de la lengua española ha comenzado un proceso de mayor aceleración. El hecho de que durante el primer Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Zacatecas en abril de 1997, García Márquez dijera, palabras más, palabras menos, que habría que desaparecer la ortografía (si el gobernador de Zacatecas hubiera sido un hombre de cultura no habría dudado en encarcelarlo inmediatamente) es síntoma de la imbecilidad que nos corroe.

Cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, las culturas se degradan y se prostituyen. La función del profeta (el poeta) en el pueblo hebreo era preservar la lengua. Cuando ella se contaminaba con lenguajes paganos y su cultura se veía amenazada, surgía el profeta y los restablecía. En la actualidad, particularmente en México, esto ya no tiene sentido. La lengua se ha vuelto una simple moneda de cambio, una pobre cosa que la incultura de cualquiera puede agarrar como mejor le parezca. No sólo hemos tenido que soportar la irresponsabilidad de García Márquez que, en su afán de ser moderno y chic, dijo las tonterías que dijo durante el congreso mencionado, y la incultura de Enrique Bermúdez, a quien le parece muy novedoso y simpático jugar al disléxico y cambiar las vocales mientras narra un partido de futbol (señores de Televisa, por el amor de Dios, si realmente el Sr. Bermúdez es disléxico, páguenle un curso de terapia de lenguaje. Si no lo es, múltenlo cada vez cada vez que diga «Guadalajare» o «Garcíe Aspe»), sino que también tenemos que vivir ahora con esa estúpida tendencia de hacer verbos a partir de sustantivos, tendencia que contradice las reglas del español.

Hace tiempo, en uno de esos cursos conductivistas que se han puesto de moda para ejecutivos, el instructor, de cuyo nombre no quiero acordarme, dijo con ese atrevimiento que sólo puede tener la ignorancia: «¡Vamos a aperturar el curso!».

Mi amigo, el escritor Enrique Espinosa, junto con quien mensualmente publico un pequeño manual (El Redactor) sobre cuestiones de la lengua, se ha puesto a clasificar todas las derivaciones verbales que los mexicanos empiezan a hacer de sustantivos: dimensionar, expedientar, opositar, eficientalizar, escanear, leñar...

Ciertamente la lengua, para no morir, tiene que crear neologismos. Pero esta relatividad, que existe en cualquier idioma, no puede ser absoluta. No podemos indiscriminadamente derivar, como actualmente se hace, verbos de sustantivos. Si continuamos así, nos volveremos una especie de Babel, un mundo roto y sin identidad, vacío, incapaz de identificar nada. ¿Sabemos, por ejemplo, ya que está de moda, lo que significa la palabra democracia? Creo que no y que hay que redefinirla, como lo quería Rimbaud para la palabra amor. En medio de esta babelización la maravillosa palabra democracia parece representar a la prostituta del lenguaje político. Comienza a adecuarse con todos los adjetivos posibles: democracia «liberal», «socialista», «dirigida», «representativa», «popular»... Si perdemos nuestra lengua, si la barbarizamos y la contaminamos, iremos perdiendo lentamente nuestra dignidad y nuestra alma. Ya lo decía Platón: «Apréndelo bien, mi querido Critón, la incorrección de la lengua no es sólo una falta contra la lengua, hace mal a las almas».

* Artículo resumido. Se publica por convenio con el autor.

EL OBSERVADOR 207-9

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GRANDES FIRMAS
Una moral que nace de la experiencia de la gratuidad *



Luigi Giussani

Nuestra época es similar a la de los comienzos de la Iglesia, cuando la fe se propagaba en el mundo introduciendo en el tejido social tres factores: la unidad, la libertad y la caridad, es decir, una humanidad y una sociedad distintas.

Todavía hoy en Occidente gozamos de los frutos temporales, constatables en la historia, de dicha caridad, pero pocos saben de dónde procede, ya que no se les da a conocer. En realidad viene del acontecimiento más grande que se haya producido en el mundo: que Dios se hizo hombre, y en el reino del hombre –que siempre se basa en la posesión y, por tanto, en la violencia– se abrió paso el río del amor, la posibilidad de la unidad o Reino de Dios.

A la luz de nuestro carisma se percibe y se vive la unidad humana por su contenido ontológico, del que deriva todo y que se nos da mediante el Bautismo. Mediante este sacramento Cristo se da a cada uno de los que elige y lo incorpora a su cuerpo visible dentro de la historia.

El fruto humano de dicha unidad brota de la relación que vive el yo criatura con el Dios creador, esto es, de nuestra libertad, don por el que Cristo muere. En este sentido nuestra unidad puede asumir formas distintas, pero nace del mismo carisma, que es don del Espíritu de Cristo.

Esta unidad procede de la conciencia de participar de una realidad nueva, tendiente por entero a vivir una moral que nace de la experiencia de la gratuidad, suprema expresión humana dentro de la historia de esa imitación de Dios que es caridad.

Ya que todo el valor que tiene el hombre es pura gracia, el proceso de plenitud humana sólo se puede dar por la presencia de Cristo.

Amigos, éramos extraños unos a otros; en la caridad de Cristo nos hemos unidos y ahora permanecemos en la unidad en la que Cristo nos ha insertado.

El carisma que se nos da en la libertad, dentro de la Iglesia, que es como «el aula de los hijos de Dios», puesto que influye en la concepción de las relaciones que tenemos con el mundo entero y con toda la historia, no puede dejar de crear obras y producir cambios sustanciales en la situación humana. De modo especial en la transmisión de una época de barbarie –tras el pecado original el hombre no puede vivir sus relaciones más que como pretensión y violencia– a una época de civilización, donde la persona sea el centro del cosmos y de todas las relaciones con él que el Misterio hace existenciales.

Recordando nuestra historia, la única civilización que ha llegado a penetrar en el mundo entero, y de cuyos inicios en todos aquellos puntos donde se ha desarrollado tenemos todavía documentos, es la civilización cristiana.

Lo mundano –es decir, el poder– que se opone a todo lo que es sano y se desarrolla siempre marchitándolo todo, condenando a todos y dejando a cada cual sin posibilidad de defensa, es el enemigo de este acontecimiento divino. Por eso el cristiano que se educa en nuestro carisma siente seriamente toda la angustia y la precariedad de cualquier respuesta, incluso la mejor, a esa mundanidad ante la mirada de los hombres; y ofrece su presencia como servicio a cada uno originando una trama de relaciones donde la fraternidad de Cristo es toda la ley.

Queridos amigos, os digo esto porque la vida de Cristo da lugar a una pasión inteligente que pide el despliegue de todas las fuerzas que Dios ha congregado en Cristo para contrarrestar la trágica victoria –hablando en términos históricos– del Mal sobre el Bien y para vivir el sacrificio, incluso mortal, que puede acompañar a la victoria de la Iglesia sobre el Mal.

* Fragmento de la carta a monseñor Massimo Camisasca, superior general de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo, con motivo del reconocimiento de la Fraternidad Sacerdotal como sociedad de vida apostólica de derecho pontificio.

EL OBSERVADOR 207-10

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Medios de comunicación
La televisión en casa: huésped o invasor *

Miguel Carmena Laredo

La televisión genera una actividad en el hombre que antes ocupaba un pequeñísimo porcentaje de su tiempo: el silencio atento y pasivo. Nació como un instrumento al servicio del hombre, un electrodoméstico más, igual que un abrelatas o una licuadora, y se ha convertido en una potentísima institución con una gran influencia a nivel mundial. Y estamos apenas al inicio de lo que puede llegar a ser este fenómeno que apareció hace menos de de 50 años. Se nos anuncia un futuro donde asistiremos a una gran explosión tecnológica que hoy no nos podemos ni imaginar. La postura más inteligente que podemos adoptar es la de aprender a convivir con este artefacto.

La televisión como factor educativo

A un niño de 7 años cuesta arrancarlo del «fascinante mundo de la televisión», y así está formando un hábito de comportamiento que influye en su educación.

Un niño de 7 años de hoy sabe miles de cosas, tiene una masa de información que para nosotros era impensable.

Muchas madres de familia ven un aliado en la televisón para mantener tranquilos y entretenidos a sus hijos mientras ellas trabajan. ¿Cómo podrían llenar el tiempo libre de sus hijos sin ella?

Por otro lado, la familia pasa por un periodo particular de crisis. Podemos decir que el papel que antes asumían los diversos agentes educativos ha ido cambiando. Hasta hace poco el principal agente educativo era la familia, y el colegio la sostenía. Ahora muchas veces la familia ha dejado su lugar a la televisión, y la escuela sigue siendo simplemente un medio complementario. La principal educadora pasa de ser la familia a ser la sociedad. Pero esta sociedad educadora no es la suma de todos los que la componemos, sino grupos de poder que controlan la fuerza de los medios.

El sistema informativo es también el sistema formativo

La estructura de los medios de comunicación de una civilización determina hasta cierto punto el tipo de hombre de ella en un círculo de interacción donde el hombre es al mismo tiempo artífice y consecuencia. El hombre crecido en esta época de la televisión es un individuo totalmente diverso al crecido en los 30 siglos que han precedido a la era televisiva. Según esto, podemos decir que se encuentra en gestación un media-boy o un tele-niño, muy distinto del muchacho prototípico que encontramos en los manuales de psicología evolutiva. Mc Luhan decía: «Así como estamos buscando ahora controlar el fallout (el efecto colateral) atómico, así un día deberemos buscar controlar el fallout de los medios de comunicación. Habrá que reconocer la instrucción como la defensa civil contra el fallout de los medios de comunicación».

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Artículo resumido de la revista Acción Femenina, mayo de 1999.

EL OBSERVADOR 207-11

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Vuelve la ética a las aulas escolares

El grupo Observatorio Ciudadano de la Educación ha publicado recientemente que el Programa del Sector Educativo para 1999 incluye como una de sus más novedosas propuestas la introducción de la asignatura de formación ética y cívica en la secundaria. Es la primera vez en más de cincuenta años que aparece la palabra «ética» en el curriculum de la educación básica en México. El objetivo de esta asignatura sería formar a los adolescentes en valores democráticos y para la convivencia, además de proporcionar educación sexual y para la prevención de adicciones. Dicho programa incluye otras propuestas interesantes, como la de elaborar un nuevo programa de secundaria a distancia para adultos, la de ampliar las fuentes de recursos para los municipios y la que se refiere a ampliar la infraestructura en materia de comunicaciones.

Observatorio Ciudadano ha señalado que este programa tiene algunas lagunas importantes, sobre todo en lo que se refiere a detallar o ampliar la información sobre proyectos. Por ejemplo, el anuncio de que se reformará el curriculum para la formación de docentes en preescolar y secundaria no va acompañado de información sobre cuántos semestres abarcará cada carrera o sobre los nuevos materiales que se puedan requerir. También se habla de lagunas o silencios acerca de la reforma curricular del INEA, de la educación indígena o sobre la creación del Consejo Nacional de Participación Social.

EL OBSERVADOR 207-12

Sumario Inicio

Palabras de despedida:
perdonar pero no olvidar

Nelson Mandela

La experiencia ajena nos ha enseñado que las naciones que no se enfrentan al pasado se ven atormentadas por él durante generaciones. La búsqueda de la reconciliación ha sido el objetivo fundamental de nuestra lucha por instaurar un gobierno basado en la voluntad de las personas, y por construir una Sudáfrica que nos pertenezca a todos. La búsqueda de la reconciliación fue el acicate que dio impulso a nuestras difíciles negociaciones para la transición desde el apartheid y los acuerdos de ellas surgidos.

El deseo de conseguir una nación en paz consigo misma es la principal motivación de nuestro Programa de Reconstrucción y Desarrollo. La Comisión para la Verdad y la Reconciliación, que funcionó desde 1991 hasta 1998, también ha sido un componente importante de ese proceso. Dicha Comisión reveló los delitos cometidos durante la era del apartheid y tenía la facultad de conceder amnistía a aquellos que confesaran su culpa. Su trabajo ha sido un hito clave en un viaje que no ha hecho más que empezar.

El camino hacia la reconciliación atañe a todas las facetas de nuestra vida. Para la reconciliación es necesario desmantelar el apartheid y las medidas que lo sustentaban. Es necesario superar las consecuencias de ese sistema inhumano que pervive en nuestras actitudes hacia los demás, así como en la pobreza y desigualdad que afecta a las vidas de millones de personas.

Del mismo modo que conseguimos acabar formalmente con unas divisiones seculares para establecer la democracia, los sudafricanos tenemos ahora que trabajar juntos para superar las divisiones en sí mismas y para erradicar sus consecuencias.

La reconciliación es la clave de la idea que hizo que millones de hombre y mujeres lo arriesgaran todo, incluyendo sus vidas, en la lucha contra el apartheid y la dominación blanca. Es inseparable del logro de una nación no racial, democrática y unida que concede la misma ciudadanía, los mismos derechos y las mismas obligaciones a cada persona, respetando al mismo tiempo la rica diversidad de nuestro pueblo.

Pienso en aquellos a los que el apartheid intentó enclaustrar en las cárceles del odio y del miedo. Pienso también en aquellos en los que infundió un falso sentido de superioridad para justificar su falta de humanidad hacia los demás, así como en aquellos que alistó en las máquinas de destrucción, exigiéndoles un caro peaje de vidas y miembros, y proporcionándoles un retorcido desprecio por la vida.

Pienso en los millones de sudafricanos que siguen viviendo en la pobreza por culpa del apartheid, desfavorecidos y excluidos de la oportunidad de mejorar por la discriminación del pasado.

Los sudafricanos debemos recordar nuestro terrible pasado para poder enfrentarnos a él, perdonando lo que haya que perdonar, pero sin olvidar. Al recordar podemos asegurarnos de que esa falta de humanidad nunca nos volverá a separar, y podremos erradicar un peligroso legado que aún nos acecha, amenazando a nuestra democracia.

Es inevitable que un cometido de tal magnitud, emprendido hace tan poco tiempo y que requiere un proceso que tardará muchos años en culminar, sufra diversas limitaciones. El éxito del mismo dependerá en última instancia de que todos los sectores de nuestra sociedad reconozcan con el resto del mundo que el apartheid fue un crimen contra la humanidad y que sus viles acciones trascendían nuestras fronteras y sembraban semillas de destrucción, produciendo una cosecha de odio que incluso hoy seguimos recogiendo. Sobre esto no hay equivocación posible: reconocer el mal del apartheid es la clave de la nueva Constitución de nuestra democracia.

Nosotros los sudafricanos estamos orgullosos de la nueva Constitución y de la apertura y responsabilidad que se han convertido en en las señas de identidad de nuestra sociedad. Y deberemos comprometernos de nuevo tanto con estos valores como con la acción práctica que fomenta nuestra idea de que una cultura sólida de derechos humanos se basa en las condiciones materiales de nuestras vidas. Ninguno de nosotros podrá disfrutar de una paz y seguridad duraderas mientras una parte de nuestra nación viva en la pobreza.

Nadie debería infravalorar las dificultades que entraña la integración en nuestra sociedad de aquellos que han cometido violaciones flagrantes de los derechos humanos y de los que están acusados de haber facilitado información y colaboración. Pero también existen alentadores ejemplos de gran generosidad y nobleza por parte de muchos miembros magnánimos de nuestra comunidad. Sus actos constituyen un reproche para los que pidieron amnistía sin arrepentimiento y una inspiración para los que trabajan en la difícil y delicada tarea de la reintegración.

La mejor compensación para el sufrimiento de las víctimas y de las comunidades –y el mayor reconocimiento a sus esfuerzos– es la transformación de nuestra sociedad en una sociedad que haga de los derechos humanos por los que ellos lucharon una realidad viva. Esto es, en concreto, lo que significa perdonar, perdonar pero no olvidar.

EL OBSERVADOR 207-13

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A la venta La última tentación de Cristo
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Juan M. Garduño
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José A. Sepúlveda
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Araceli González
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Patricia Durán

EL OBSERVADOR 207-14

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Derechos humanos
El candidato y las ratas *

Miguel Concha **

La metáfora que en sus promocionales de campaña utiliza el candidato del PRI a gobernador del estado de México es absurda y ofensiva. Declarar que los derechos humanos son de los humanos, no de las ratas –refiriéndose a los presuntos delincuentes–, es negar el respeto a la dignidad a la que tenemos derecho todas las personas por el sólo hecho de serlo; es asumir una actitud opuesta a los postulados que deben regir a todo gobierno democrático y refleja un autoritarismo que debe ser rechazado.

Esas manifestaciones revelan también un profundo desconocimiento de la naturaleza ética y jurídica de los derechos humanos y de nuestra Constitución. Los derechos humanos y la Constitución obligan –aunque no nos guste– a que aun el peor de los delincuentes sea tratado como ser humano.

Negar los derechos humanos de cualquiera representa una actitud autoritaria contraria a nuestro sistema de justicia, que convierte al gobierno que los niega en un infractor de nuestros principios básicos como sociedad civilizada.

Los mensajes empleados por ese candidato hacen eco a las campañas emprendidas injustamente contra los organismos públicos y privados defensores de derechos humanos, de los que falsamente se dice que defienden delincuentes.

En todos los países civilizados el ombudsman y las ONGs no defienden a las personas por su calidad moral o por su buena conducta, defienden a cualquier víctima de un abuso de autoridad.

No es ético apelar –para ganar votos ilegítimamente– al temor plenamente justificado y al instinto de venganza, explicable pero inadmisible en sus efectos, de los sectores de la población lastimados o preocupados por la inseguridad y la delincuencia. Y resulta muy peligroso declarar implícitamente en tales anuncios que, con el pretexto de reducir la inseguridad, se violentarán las libertades y los derechos básicos.

Se olvida que en la lucha por la consolidación de un Estado democrático, la observancia y protección de los derechos humanos es fundamental. El respeto a los derechos humanos no impide, nunca lo ha hecho, la persecución de los delitos ni la aplicación de las sanciones a los transgresores de la ley.

El desastre de nuestra seguridad pública y de nuestra procuración de justicia tiene dos causas fundamentales: la crisis económica, que empobrece cada vez más a mayor número de personas, y la incapacidad, negligencia, abuso y corrupción de los aparatos de seguridad pública y de procuración de justicia. Los organismos de derechos humanos, lejos de ser factores del desastre, han impedido que éste sea peor.

Convendría que el candidato a gobernador del estado de México, que tiene los índices más altos de aumento de la delincuencia, se abstuviera de hacer metáforas burdas, equivocadas y engañosas sobre las ratas, y explicara directa y claramente qué va a hacer, si llega a gobernador, para resolver en esa entidad el desastre, el más grave en toda la república, de la seguridad pública y la procuración de justicia.

NOTA: La elecciones en el estado de México serán el próximo 4 de julio)
* Artículo resumido.
** El autor es presbítero dominico, presidente vitalicio del Centro de Derechos HumanosFfray Francisco de Vitoria.

EL OBSERVADOR 207-15

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El costo de la democracia o el costo de promover una imagen irreal

J. Guadalupe Alcántara

En la actualidad los medios de comunicación se han vuelto imprescindibles para las campañas políticas, pues todos quieren llegar al mayor número de electores para «darse a conocer» (lo que se reduce tan sólo a ver su rostro, oír su voz –en radio y TV– y saber su nombre) y para promover «una imagen» que hay que comprobar si corresponde a la realidad. Por ejemplo, habría qué ver si la imagen del candidato que se promueve con la frase contundente de ¿quién dice que no se puede?, y se jacta, como la gran hazaña, de haber hecho un camino de terracería, realmente ha trabajado extraordinariamente; y, sin embargo, se calcula que invierte en promoverse (con el pretexto de promover su estado) un 25% del gasto público. Y sólo son los gastos de precampaña, porque la campaña oficial apenas está por empezar.

En una investigación hecha por un programa de Multivisión el pasado mes de mayo para calcular el costo de las campañas, hemos conocido el costo de la publicidad en distintos medios de comunicación, y es como a continuación se presenta:

Costo de una página blanco y negro en revista
Milenio        $ 24,725
Proceso        39,675
Siempre        32,200

Costo de una plana en periódico


Costo de una plana en periódico
Costo de una plana en periódico
Crónica        $ 63,250
La Jornada        68,803
Reforma        86,940
El Universal        89,148

Costo de un minuto en TV abierta, horario estelar (10 de la noche)
Televisa        $ 390,022
TV Azteca        239,200


Costo de un minuto en radio, en horario de 7 a 9 hrs.
Radio Acir        $ 44,850
Radio Fórmula        51,750
Radio Red        62,100
Stereo Rey        70,191

Urge, como imperativo moral y para no ofender la dignidad de quienes apenas les alcanza para medio vivir, que se legislen los famosos «topes de campaña» y también los de precampaña. Además, yo pienso que nuestros políticos, en lugar de hacer «grupos de amigos» de un precandidato, deberían hacer grupos de amigos para sacar del atraso a muchos hermanos nuestros, pues esto realmente los promovería como auténticos políticos, se darían mejor a conocer y tendrían el voto tanto de los beneficiados como del resto de los electores.

EL OBSERVADOR 207-16

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Vida cristiana
Sobre todas las cosas

Isele

Dice el mandamiento: amarás a Dios sobre todas las cosas. Y nos dice el Evangelio que eso significa más que a los padres y a los hijos (cfr. Mt 10, 37-38). En otras palabras, no hay nada en el mundo, nada entre los humanos, que deba ser más grande para nosotros que el amor a Dios.

Que ese amor implique amar al prójimo y todo lo que de esto se deriva, es ya otro paso.

Primero es el amor a Dios sobre todas las cosas. Ese es nuestro eje, nuestro sentido, la respuesta a nuestra vocación trascendente. Amemos a Dios con todas nuestras fuerzas, toda nuestra mente y toda nuestra voluntad. Y lo demás se acomodará en forma natural.

EL OBSERVADOR 207-17

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Intimidades. Los jóvenes nos cuentan
Me gusta un hombre mayor


Yusi Cervantes


Intimidades. Los jóvenes nos cuentan
Me gusta un hombre mayor


Yusi Cervantes



Yusi Cervantes

Tengo 19 años. Me gusta un hombre de 31 años. Él me ha dicho que quiere andar conmigo, que le gusto mucho, que me quiere. Pero yo no lo acepté porque tengo miedo a la diferencia de edad. Sé que mi papá no lo aceptaría y que mis amigas me dirían que estoy loca. Él es soltero. Ha tenido algunas novias. Dice que todavía no quiere casarse. Tiene un buen trabajo. Sé que, si acepto, para mí sería una experiencia importante, me ayudaría a madurar y aprendería mucho. ¿Usted qué opina?

Efectivamente, puedo darte una opinión que, por cierto, no va a ser ni a favor ni en contra, sino simplemente un intento de ayudarte a pensar las cosas. La decisión es tuya, eso debes tenerlo muy claro.

Una diferencia de edades así con frecuencia tiene inconvenientes, como sabes. Pero no se puede generalizar, ni todo el mundo maneja las inconveniencias del mismo modo. Uno de los problemas más graves que se pueden presentar es que se establezca una relación no simétrica, donde él, con su mayor experiencia, pueda dominar la relación y controlarte. Lo puede hacer de una manera sutil, casi sin que te des cuenta y sin que se dé cuenta él mismo. Tal vez, incluso, podrían funcionar como padre e hija. Y eso, obviamente, no hace una buena pareja. Para que esto no ocurra hace falta que ambos tengan claridad de conciencia, un gran respeto de uno por el otro y que tú tengas un carácter firme y una sana autoestima. Que sepas que tus ideas, gustos, opiniones, creencias y decisiones valen tanto como los de él.

Tienes qué preguntarte también por qué a los 31 años él sigue soltero. Podría no haber ningún problema tras eso, pero también se podría tratar de inmadurez, de incapacidad para comprometerse, de una relación enfermiza con la madre o de otros problemas. No te digo que seas desconfiada y que tengas prejuicios, solamente que estés atenta si es que decides aceptarlo.

Otro inconveniente de la diferencia de edades es que tú, me imagino, aún no tienes definida tu vida, a qué te vas a dedicar, cuáles son tus metas... Y si la relación llegara a funcionar muy bien, tal vez él piense ahora sí en casarse y te presione en ese sentido. Por más que llegaras a enamorarte, tú tienes que mantenerte muy firme: no puedes casarte hasta que termines de estudiar, tengas un trabajo y sepas que eres capaz de ser autosuficiente y de tener un proyecto de vida propio que puedes compaginar con un proyecto de matrimonio y de familia cuando llegue el momento.

Es probable que él haya tenido ya experiencias sexuales. Y si es así, tal vez te presione a tener relaciones sexuales con él. Debes ser muy firme. Esa clase de intimidad provocaría una gran confusión en tus emociones; tal vez te sentirías muy enamorada y perderías la perspectiva de la relación. No sería difícil entonces que sometieras tu voluntad, tus metas, tu sentido común, y hasta podrías aceptar casarte antes de lo que tú deseas. Pero si te mantienes firme en tu decisión de rechazar las relaciones sexuales y él lo acepta, tendrás una señal de su respeto hacia ti. Claro, lo mejor sería que ni siquiera lo planteara. Eso hablaría bien de su delicadeza y de otros valores profundos.

Por otro lado, como tú dices, puede ser una experiencia importante para ti. Hasta ahora hemos hablado de problemas y dificultades, porque hay que tomarlos en cuenta. Pero una vez considerados éstos, y si estás razonablemente segura de que puedes enfrentarlos de manera positiva, lo que queda adelante es la posible relación entre dos seres humanos que no podemos encasillar con estadísticas. ¿Quién eres tú? ¿Quién es él? ¿Qué valores y qué intereses comparten? ¿De que manera pueden encontrarse?

Eres tú quien debe decidir. Si decides aceptar, hazlo con los ojos bien abiertos, siendo dueña de ti misma en todo momento, y no te precipites en nada. Y tampoco tienes que decidir ahora. ¿Por qué no dar tiempo a que las cosas maduren? Pueden ser amigos un tiempo, y así podrán conocerse mejor antes de establecer una relación que los comprometa más. Podrás darte cuenta, sin necesidad de crear vínculos emocionales más profundos, de cómo es él y podrás tener una idea de cómo sería una relación de pareja con él. Entonces tu decisión –el sí o el no– tendrán como fundamento tus propios criterios, no tus miedos ni la opinión de los demás.

(La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador).
(FIN)

EL OBSERVADOR 207-18

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