El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

11 de julio de 1999 No. 209

SUMARIO

bullet PALABRAS MAYORES El humor religioso de México
bulletEN SILENCIO, CON DIOS Ave María
bullet La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir
bulletComprender, disculpar ... y sonreír
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Deseo que alguien me ame con locura
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN Enfermos de desesperanza
bulletVIDA CRISTIANA Su Palabra tendrá resultado
bulletMaría de Jesús Sacramentado Venegas: primera santa mexicana
bullet¡A ser santos!, exhorta el Papa a los jóvenes de hoy
bulletARTÍCULO DE ANIVERSARIO La grandeza borrada

PALABRAS MAYORES
El humor religioso de México *
Joaquín Antonio Peñalosa

El humor religioso escrito

Aunque nuestro empeño se circunscribe a rescatar el chiste religioso que flota en la tradición oral, quisiéramos insinuar, al menos, las huellas de humor religioso impresas en algunas de nuestras expresiones literarias, como el teatro de evangelización del siglo XVI, la lírica virreinal, los villancicos de Sor Juana y la poesía popular de tema sacro. Desde que los misioneros organizaron las primeras fiestas eclesiásticas, se valieron de representaciones dramáticas, escritas primero en lenguas indígenas y luego en español, que al mismo tiempo que instruían a los indios sobre la fe y la vida cristiana, los entretenían sabrosamente, desprovistos como habían quedado de las suntuosas ceremonias colectivas de su gentilidad.

Ya en las primeras piezas teatrales de tendencia catequística, escritas y representadas en náhuatl, aparece la sabia pedagogía de los evangelizadores que enseñaba deleitando, gracias a los numerosos pasajes cómicos con que la doctrina cristiana se sazonaba y que los indios celebraban con la risa más espontánea, contra el tópico infausto de «la tristeza del indio». Entre otros ejemplos, recordemos la escena de los demonios reunidos en una asamblea para determinar quién de ellos ha de tentar a Cristo; la viuda alegre que dilapida el dinero que su marido le dejó para misas mientras el alma del difunto tal vez pena en el purgatorio; la mudez de Zacarías que pide las escribanías a señas sin que nadie le entienda; la furia del rey Herodes ante los sacerdotes judíos que ignoran dónde nacería el Mesías. Acaso es sal gruesa la que se usa allí, pero debió hacer reír a los indios oír que el rey les dice: «Buscad, dad razón, si no yo os chamuscaré, os despellejaré, oh judiazos, yo os haré chicharrón, cerdos hijos del diablo». Así, con alegría y desenfado, sin sermones tétricos ni amenazas infernales, el cristianismo ofrecía su tarjeta de presentación a los recién bautizados.

Luego aparece el más fecundo escritor de este mismo siglo XVI, el grande y mexicanísimo Hernán González de Eslava, nacido en España pero venido desde 1558 a la ciudad de México, donde maduró su cultura y recibió el presbiterado, y en cuyos dieciséis Coloquios espirituales y sacramentales y más de 150 poemas se manifiesta, según Alfonso Reyes, como «verdadero teólogo, pero sumamente accesible y a la altura de su auditorio», pues supo desarrollar los más altos asuntos sagrados con un estilo suelto, fácil y en extremo gracioso.

A lo largo de los siglos XVI y XVII brota un bosque sagrado de villancicos, cancioncillas y jácaras, todo un muestrario de estructuras métricas, las más juguetonas y festivas, elegidas expresamente por los poetas como las más apropiadas para evocar los misterios de la fe cristiana con infantil alborozo y gracia folklórica. Esta larga tradición de poesía religiosa popular culmina en Sor Juana Inés de la Cruz, que logró unir como nadie la sapiencia teológica y la calidad lírica con los caprichos fantásticos, el ingenio más agudo y el humor más fino. Son tan abundantes los méritos y las facetas de su producción literaria que quizá por ello se ha hablado poco del humor religioso de Sor Juana, que esplende especialmente en los doce Villancicos que con certeza escribió y en lo otros diez que se le atribuyen.

bulletPeñalosa, Joaquín Antonio. Humor con agua bendita. México, JUS, múltiples ediciones.

El pésame

Un comecuras gritó en la calle a un sacerdote que pasaba cerca:
- ¡Hey, cura! ¿Sabes la novedad? Se murió el diablo.
- Pobre huérfano, recibe mis condolencias.

Letanía Mayor

El 25o. arzobispo de México fue a Roma a ver al Papa en su visita reglamentaria ad limina. Entregó su tarjeta al secretario para solicitar audiencia.
- ¿Quién me busca? preguntó Su Santidad al secretario.
- El Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Doctor y Maestro Don Próspero María Alarcón Sánchez de la Barquera y Dávalos.
Entonces el Santo Padre ordenó:
- Que pasen uno por uno.

EL OBSERVADOR 209-1

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En silencio, con Dios
Ave María
(Forma antigua)

Ave María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo, así como el Espíritu Santo.
Los sacerdotes se revestirán de justicia,
y tus devotos exultarán de gozo.
A causa de David, tu siervo, Señor,
salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
A la gloriosa Virgen, salve, llena de gracia.
El Señor es contigo y bendita eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre:
tú has concebido a Cristo, Hijo de Dios,
el redentor de nuestras almas.

EL OBSERVADOR 209-2

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La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir

Rodrigo Guerra López

Juan Pablo II ha vuelto a sorprender a católicos, a no-católicos y aun a no-creyentes con la publicación de su Carta a los artistas. En ella retoma una antigua intuición de la metafísica y la teología cristiana: la belleza es un momento de manifestación de la verdad natural y revelada.

Con esta intuición el Papa se inserta todavía más en la trayectoria de quienes han buscado rescatar la densidad ontológica de la realidad y del misterio cristiano a través de la belleza. En continuidad con la intuición central de Hans Urs von Balthasar, Juan Pablo II plantea que la belleza permite una aproximación experiencial a la verdad y al bien. Esta aproximación la expresa a través de un breve verso escrito por uno de sus poetas favoritos, Ciprian Norwid, quien afirma: «La belleza sierva para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir».

Con esta idea el Papa intenta mostrar que el modo como el hombre se relaciona con la verdad y con el bien, más que a través de una docta cátedra, se da en la vida y en el trabajo cotidianos. De esta manera, la verdad y el bien no son artículos exclusivos de los intelectuales. Por el contrario, son el entramado ordinario que le da consistencia al ejercicio de la libertad y del pensamiento en el trabajo, aun en sus momentos más dramáticos y difíciles. La verdad y el bien en el trabajo hacen resurgir, es decir, despliegan el potencial humano que todo hombre desea ver realizado para poder darle cumplimiento a su destino.

A la luz de esta consideración, Juan Pablo II plantea el desafío que poseen quienes son llamados a la vocación artística. Por un lado, el cristianismo requiere de ellos para que el Dios que ha entrado en nuestra historia se continúe manifestando elocuentemente a los hombres. Por otro lado, los mismos artistas pueden encontrar en Cristo un motivo no sólo de inspiración sino de cuestionamiento y renovación que les permita hallar un nuevo horizonte a los interrogantes-límite de la existencia humana y que están presentes en su quehacer creativo.

«La belleza es en un cierto sentido la expresión visible del bien», dice el Papa en el mencionado documento. Por ello, sin confundir la ética con la estética, Juan Pablo II también fundamenta la actividad artística en una visión sapiencial más amplia y de la cual el arte es una de sus modalidades. Desde nuestro punto de vista esta visión sapiencial es la que encontramos de una manera privilegiada en el barroco latinoamericano y sin la cual es imposible entender el ethos de nuestro pueblo. Pueblo lastimado, herido y en ocasiones menospreciado. Pueblo, también, que posee la certeza de que Cristo ha venido a ofrecer un horizonte de libertad y de realización humana basado en la verdad, el bien y la belleza.

EL OBSERVADOR 209-3

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En el Año Internacional del Anciano
Comprender, disculpar ... y sonreír

El semanario español Alfa y Omega acaba de publicar el «Decálogo de los abuelos», tomado del libro Abuelos y nietos en una familia y una sociedad en cambio (editorial Eunsa). Por su interés y belleza lo reproducimos:

- Vivan con alegría esta etapa final del camino, el atardecer, descubriendo que, junto a sus limitaciones, tiene también sus alegrías.

- Acepten pasar a un segundo plano en la vida de los hijos: en la toma de decisiones, en la disposición de las cosas, en lo que se refiere a sus nietos...

- Busquen el mayor conocimiento de un Dios que los espera con la misma ternura con que ustedes esperaban, al caer de la tarde, el retorno de sus hijos.

- Redescubran el amor a ese hombre o a esa mujer con quien un día ya lejano fundaron un hogar, tuvieron unos hijos y fue envejeciendo junto a ustedes.

- Cuiden el amor a sus hijos, los cuales, a la vez que problemas, les aportaron un verdadero enriquecimiento intelectual, afectivo, de carácter...

- Estrenen gozosos el amor a sus nietos –en los que han reencontrado a sus hijos– dándoles su ejemplo, su conversación y su ternura.

- Entréguense, en asociaciones con sus mismos ideales, al servicio de la sociedad. No dejen que se pierdan, estériles, sus valores y su experiencia.

- Acepten las enfermedades que conllevan las limitaciones de ustedes. Pero tras ellas descubran la mano providente de Quien todo lo dirige al bien de los que ama.

- Recuerden, finalmente, que hay cuatro palabras que los pueden ayudar para proceder con acierto en el atardecer de la vida: amar, comprender, disculpar...

... y sonreír.

EL OBSERVADOR 209-4

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Orientación familiar
Deseo que alguien me ame con locura

Yusi Cervantes

Me siento sola, con una gran tristeza en mi alma; lloro con cualquier motivo. Tengo una hermosa familia, con sus altas y sus bajas, y aun así siento un gran vacío. Siempre he leído novelitas rosas cursis y me adentro en los personajes principales deseando ser amada. Mi esposo dice amarme con toda el alma, pero ante los más simple problemas como pareja me ignora durante días sin hablarme. Sus desaires me duelen y lloro mucho. ¿Por qué esta insatisfacción, este vacío, estas ansias de que alguien me ame con locura? Quiero a mi esposo y me quiere, pero no es como lo he soñado.

Lo primero que veo es lo que parece un problema de depresión que tiene que tratarse. Esa tristeza sin motivo aparente, esas ganas de llorar son parte de un trastorno emocional que requiere atención psicológica. Y en esa misma terapia tendría que revisar algunos aspectos en los que parece haberse quedado en una etapa adolescente de fantasías e ilusiones rosas. Soñar con el amor ideal es muy bonito, pero la vida nos enseña que no existe y entonces aprendemos a construir de la mejor manera posible una relación amorosa con nuestra pareja donde aprendemos a valorar lo positivo que tenemos pese a las fallas y dificultades. Y por lo que escribe, usted no ha logrado hacerlo y se derrumba fácilmente.

Además de la terapia, necesita una comunicación más profunda con su esposo. Si logran conocerse mejor y saber más de lo que hay en el corazón del otro, estarán más cerca uno del otro. Consideren también ir a un encuentro matrimonial.

Es importante que sepa que si no siente amor por sí misma, jamás el amor de otro ser humano podrá llenar ese vacío que siente. Y un paso fundamental para lograr ese amor por sí misma es abrirse al amor de Dios.

No dice nada al respecto, pero me da la impresión de que aún no ha encontrado un sentido para su vida, algo que la haga sentir útil, con razones para vivir. Si es así, una de las primeras tareas deberá ser buscar ese sentido.

La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR

EL OBSERVADOR 209-5

La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR

EL OBSERVADOR 209-5

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Medios de comunicación
Enfermos de desesperanza
Santiago Norte

La principal causa de muerte en los así llamados sistemas neoliberales, sistemas basados en la guía del mercado a la sociedad, no es otra sino la desigualdad. Cuando menos es lo que pudiera concluirse de estudios recientes, condensados en el número de abril pasado de la muy respetable Revista de Occidente, fundada por el maestro don José Ortega y Gasset. El hecho de que unos cuantos tengan la posibilidad vital de ejercer la libertad mientras que la inmensa mayoría deba aferrarse al mendrugo diario, al puesto ínfimo o al desempleo, es el caldo de cultivo más propicio de muertes en esta parte del mundo que denominamos, no sin cierta pompa, Occidente.

Una encuesta informal arrojaría entre nosotros a la desigualdad, a la discriminación, a la inequidad, a la cola de las causas de muerte en países ricos o pobres. No es así. Estudios recientes, realizados en Gran Bretaña (1), demuestran, por ejemplo, que el empleado medio, el tinterillo de un despacho de abogados, el «hueso» de la redacción de un periódico, el chico-de-los-recados de una empresa de marketing tiene cuatro veces más posibilidades de sufrir un infarto que el abogado famoso, el articulista de fondo o el creativo estrella. La razón debería ser obvia, aunque no lo sea para nosotros, adoctrinados por toneladas de publicidad a percibir la desigualdad como algo circunstancial («el pobre es un rico que no ha tenido suerte»), fútil, inocuo. Empero, si se sufre, la desigualdad representa la más pesada de las lozas que una existencia pueda soportar: la loza que hunde inexorablemente al ser.

Empezando porque «el desigual interior» no tiene mucha capacidad de gobernar su vida. Las circunstancias, la necesidad, determinan su rango de acción. Claro que puede haber una voluntad que triunfe, pero jamás será el triunfo sin secuela que les encanta narrar a los hacedores de telenovelas. ¿Por qué sufre más infartos el tinterillo que el abogadazo? Porque éste puede darse «la vida», mientras aquél tiene que padecerla sin horizontes, achatada al microbús, el taco grasoso y la terlenka. Hay que decirlo con todas sus letras: la esperanza de vida entre los poseedores es superior a la de los desposeídos no por determinaciones genéticas, ni siquiera por educación, cuna o fortaleza vitamínica. Lo es porque al desposeído le han cortado de tajo, justamente, la esperanza de cambio, de ascenso, de goce de los bienes que en teoría, en la pura teoría, tenían un destino universal.

La enfermedad psicológica de la falta de esperanza está a la espera de ser bautizada. Pero de ella mueren prematuramente millones de seres humanos (2). La depresión es la antesala no tanto del suicidio sino, más bien, del autoaniquilamiento (3). El somatismo debe ser claro a los ojos de los especialistas. Pero casi todos callan. Prefieren seguir retirando sus dividendos de privilegio en un sistema que liquida el impulso vital de la mayoría silenciosa.

(1) Por el epidemiólogo Michael Marmot, citado por Vicente Verdú en su artículo «Los infartos» en El País. Esta colaboración se basa en el material de reflexión de Verdú.

(2) Richard G. Wilkinson. Unhealthy societies: the afliction of inequality.

(3) Helen Epstein. «Vida y muerte en la escala social», Revista de Occidente.

EL OBSERVADOR 209-6

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Vida cristiana
Su Palabra tendrá resultado
Isele

Dice el Señor: «La palabra que sale de mi boca no volverá a Mí sin resultado» (Isaías 55, 11). Y con esto reafirma nuestra esperanza.

Cuando vemos todo negro, cuando pensamos que su venida al mundo fue inútil, cuando caemos en la tentación de notar sólo lo negativo recordemos esto: su Palabra tendrá resultado. Aunque a veces no lo veamos, su palabra está germinando. Existen el bien, la bondad y la buena voluntad. Más aún, nosotros podremos facilitar ese buen resultado de la Palabra de Dios. Podemos creer en el bien y darle espacios, apostar por él.

Aun si creemos que nadie escucha, escuchemos y proclamemos. Si creemos que nadie ama, amemos. Porque la Palabra de Dios no volverá a Él sin resultados. Y debemos dar testimonio de ello.

EL OBSERVADOR 209-7

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María de Jesús Sacramentado Venegas: primera santa mexicana

Catorce nuevos santos tiene en perspectiva la Iglesia, según se desprende del consistorio público de votación que se celebró el día 2 del actual en el Vaticano en presencia de Juan Pablo II. Esto significa que los candidatos, que actualmente se encuentran en la categoría de beatos, han cumplido los requisitos para la canonización, entre ellos la comprobación de milagros. Entre los catorce se encuentran dos mujeres: Giuseppina Bakhita, esclava sudanesa que después de bautizarse se hizo religiosa, y María de Jesús Sacramentado Venegas (en el mundo María Natividad Venegas de la Torre), quien está llamada así a ser la primera mujer mexicana que será canonizada.

La mexicana nació en el rancho de «La Tapona», perteneciente a la jurisdicción de Zapotlanejo, Jal., el 8 de septiembre de 1868 de padres cristianos practicantes, quienes la llevaron a bautizar el 13 del mismo mes. Recibió la confirmación el 24 de noviembre de 1872. A la edad de 19 años quedó huérfana de padre y madre. Comulgaba todos los días, se le veía frecuentemente de rodillas ante el Sagrario, asistía a todos los actos piadosos de la parroquia, y lo que marcaría su vida fue su ingreso, el 8 de diciembre de 1898, en la floreciente asociación de las Hijas de María.

En noviembre de 1905, asistiendo a unos ejercicios espirituales exclusivos para Hijas de María en el templo de San Sebastián de Analco (Guadalajara), decidió ser religiosa. El 8 de diciembre de 1905 se convirtió en fundadora de la congregación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús al formar parte de un grupo de seis para el cuidado del hospital del Sagrado Corazón, fundado el 2 de febrero de 1886, bajo el patrocinio del entonces canónigo don Atenógenes Silva. En este hospital vivió desde el 5 de diciembre de 1905 hasta su muerte. Siempre se distinguió por su humildad, sencillez, trato afable, cuidado maternal para todos: sus religiosas, sus enfermos, los seminaristas, los pobres, etc., fruto de su inmensa caridad bebida en la fuente del corazón divino de Jesús, a quien amó, en quien siempre esperó y cuya devoción procuró inculcar en todos aquellos con quienes tuvo que tratar. Particular entrega manifestó siempre a los obispos y sacerdotes, en quienes siempre veía la prolongación de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, atendiéndolos con verdadero amor, respeto y obediencia. El 30 de julio de 1959 entregó su alma al Creador llena de paz, después de recibir los auxilios sacramentales.

EL OBSERVADOR 209-8

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¡A ser santos!, exhorta el Papa a los jóvenes de hoy
ACI / ZENIT / EL OBSERVADOR

Fechado el 29 de junio (solemnidad de san Pedro y san Pablo), el día primero del presente mes se hizo público el mensaje del Santo Padre con motivo de la XV Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Roma en agosto del 2000, durante el año del Gran Jubileo. Fue el propio Juan Pablo II quien estableció esta jornada mundial en 1984, Año Santo de la Redención.

«Después de haber atravesado los continentes –escribe–, esta cruz (la que les entregó hace quince años, invitándolos a llevarla por el mundo) ahora vuelve a Roma trayendo consigo la oración y el compromiso de millones de jóvenes que en ella han reconocido el signo simple y sagrado del amor de Dios a la humanidad».

El Papa explicó el significado de la actitud de Dios, quien mandó a su Hijo para compartir en todo, menos en el pecado, la condición humana y para obtener para la humanidad, por medio de su muerte en la cruz, la reconciliación y la redención. «La cruz, que parece alzarse desde la tierra, en realidad cuelga del cielo, como abrazo divino que estrecha al universo», dijo el Pontífice.

Acoger a Cristo

El Santo Padre invitó a los jóvenes «a emprender con alegría la peregrinación hacia esta gran cita eclesial, que será, justamente, el `Jubileo de los Jóvenes´», y anunció que el tema elegido para este Jubileo será la frase del apóstol Juan: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros».

Una vez más Juan Pablo II invitó a los jóvenes «a abrir de par en par las puertas a Cristo... Acoger a Cristo significa vivir en el amor a Él y a los hermanos, sintiéndose solidarios con todos, sin ninguna discriminación».

Luego se refirió a la necesidad de responder al reto de ser santo en el mundo de hoy, y al dirigirse a los jóvenes les manifestó la urgencia de tener «la santa ambición de ser santos, como Él es santo. Me preguntarán: ¿pero hoy es posible ser santos? Si sólo contasen con las fuerzas humanas, tal empresa sería, sin duda, imposible... Aunque todo lo tenemos en Aquél que es nuestro redentor».

«¡Jóvenes de todos los continentes: no tengan miedo de ser los santos del nuevo milenio! El Señor los quiere apóstoles intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad. Pero ¿cómo podrán ustedes afirmar que creen en Dios hecho hombre si no se pronuncian contra todo lo que degrada la persona humana y la familia?», señaló el Papa.

EL OBSERVADOR 209-9

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Artículo de aniversario
La grandeza borrada

Para EL OBSERVADOR en el cuarto aniversario de su lucha por la razón desde la fe.

Hoy por hoy el mundo se hace lenguas de la democracia. Hasta los gobiernos más totalitarios, o lo que de ellos queda, dan la bienvenida a la democracia, aunque tengan que dar machincuepas para hacerse creer. México entre ellos, por supuesto. Demos por bueno el que vamos de camino hacia la democracia que, de males, el menor. Porque el poder humano tiene que ver con las fuerzas del mal. Sea por exceso, por complicidad o por lo que sea, que para eso el poder es poder. Y así, el que fenece ha sido un siglo de dictadores, de dictaduras y de dictados impuestos de cualquier modo, pero siempre allí.

Todo poder busca, lo primero, afirmarse. Debe demostrar que puede, que para eso es poder. A como dé lugar y a cualquier precio. Comienza acabando con el pasado, con la tradición. Hay que borrar la memoria. Observe a los llamados gobiernos revolucionarios. Lo primero que hacen es negar la historia e inventar una a su tamaño y medida, que suele ser siempre enana y mezquina. La grandeza viene siempre del pasado, menos para los dictadores. Es el pasado, la tradición, la memoria la que confiere grandeza e identidad a un pueblo y a cada uno de sus hombres y de sus mujeres. ¿A quién aprovecha negarlo, borrarlo? A quien no quiere personas con identidad, con conciencia y ejercicio pleno de su libertad; a quien busca súbditos para manipular y cosechar aplausos y no semejantes para servir. El dictador busca pedestales para su estatua, no flores ni árboles en el jardín.

En esta borrachera de poder el dictador tiene a su disposición dos medios indispensables: la escuela y los medios de comunicación. La escuela única y el texto homogenizador y gratuito –¡no faltaba más!– son componentes sustanciales del Estado totalitario. EL color, el tono y la orquestación vienen de los medios de propaganda. La fascinación de la oferta totalitaria, por carecer de raíces y profundidad, sólo produce una juventud desencantada y violenta porque el hombre fue creado para la armonía total. Sin una revisión radical del sistema educativo y de la función social de los medios de comunicación cualquier intento democratizador terminará en frustración.

+ Mario De Gasperin Gasperin
Obispo de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 209-10

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