El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

26 de septiembre de 1999 No. 220

SUMARIO

bullet EDITORIAL Iglesia y democracia
bulletPINCELADAS Oración escuchada
bulletPALABRAS MAYORES Creencias de algunos mexicanos
bulletEL RINCÓN DEL PAPA El perdón divino supera la justicia humana
bulletUn libro contra Pío XII indigna a los expertos por acusar sin pruebas
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO La experiencia del Espíritu
bulletUn simple decálogo de interacción con los discapacitados
bulletDOCUMENTOS Polémica a la que no había lugar: el Papa no revisó «a la baja» las promesas celestiales
bulletCUADERNO DE NOTAS Comunicar la verdad (o de verdad)
bulletA DEBATE El artículo 108 y el juicio al presidente
bulletPosición cómoda: que el problema de la UNAM se resuelva solo
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN Caricaturas reales
bulletPRIMERA PLANA La esterilización y el control natal impuestos son prácticas del Sector Salud en México, denuncia la revista The Lancet
bulletGRANDES FIRMAS «El Padre era el que más lloraba»
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR No sabe que sus padres lo aman

Editorial
Iglesia y democracia

Con la publicación del libro En el nombre de Dios. Religión y democracia en México, de Rodolfo Soriano Núñez, se pone en el tapete de la discusión un asunto que no suele ni siquiera tomarse en cuenta: ¿qué papel ha jugado la jerarquía católica, los obispos colegiados en la Conferencia del Episcopado Mexicano, en la construcción de la incipiente democracia que ahora vive México? Pregunta fundamental, si se quiere ver esa transición hacia la democracia (transición interminable, dicen algunos comentaristas, sobre todo por la incapacidad de los partidos políticos de asumirla a fondo) en toda su amplitud y completos los actores que la han propiciado. En palabras del autor, «la reflexión buscó responder a la pregunta ¿qué ha incorporado la CEM como voz de la Iglesia católica al logos de la democracia en México en el período 1968-1994?».

Una respuesta simplista –de las que se nutren a diario los diarios– indicaría que nada ha tenido que ver la CEM, los obispos, en este camino eminentemente civil hacia la democracia en México: ellos en su sacristía y los partidos en la brega. De hecho, nos suelen «recordar» comentaristas oficiales u oficiosos, hay una separación entre Iglesia y Estado que impide (o debería impedir) que los obispos se inmiscuyeran en política. En efecto: existe esa separación, pero una cosa es que los obispos no puedan ocupar cargos y otra que no ejerzan su ministerio. La obligación de los pastores es cuidar el ejercicio pleno de todos los derechos de los hijos de Dios –empezando por el derecho religioso, por supuesto– en un territorio concreto. Y cuidar el pleno desarrollo de la dignidad, de la justicia, del bien. No hay ninguno que cambie su diócesis, por más humilde que sea, por el gobierno civil de un Estado completo.

Los obispos y el papa tiene hoy algo muy claro: la misión de la iglesia no es intervenir sino estructurar los caminos de acción en los que florecerá la trascendencia del hombre, criatura de Dios redimida por la sangre de Cristo. La Iglesia tiene que orientar sobre la ética de las acciones, dar el marco sobre el que deben desarrollarse las políticas, recordar incesantemente el papel central de la persona, de su dignidad en todas las acciones públicas. La oposición católica al comunismo o al liberalismo salvaje es una oposición de principios (no de estrategia política): los obispos deben cuidar (al igual que los bautizados) que nadie tome como rehén al pobre, que nadie lo use como «voto duro», que nadie juegue con su esperanza.

Sin el sesgo peyorativo de «en el nombre de Dios» (título que se utilizó para presentar una investigación sobre el «asesinato» de Juan Pablo I), este texto de la clave de una contribución siempre negada a la Iglesia por la democracia en México. Contribución –si se quiere– vacilante en el método, pero, a la larga, hoy mismo, eficaz: la voz de los obispos se ha dejado escuchar incluso en tiempos en los que podría haber sido «políticamente correcto» callar. El signo más representativo es la muerte a balazos de monseñor Juan Jesús Posadas Ocampo, a quien mataron sicarios no de algún narcotraficante sino de algún narcopolítico.

La Iglesia católica es, pues, como llama el autor de este libro, un «actor de la transición» política mexicana, quizá el actor más persistente, más claro a favor de la democracia, considerada por ella como el modelo de convivencia política más acorde con las exigencias del hombre, de su dignidad. Y queda claro, al finalizar la lectura de En el nombre de Dios. Religión y democracia en México, que es un «actor» a quien no se pude callar ni se podrá callar. El error de cálculo de muchos políticos ha sido creer que la Iglesia es una institución o grupo de poder. Y no es así: es –ni más ni menos– la institución de Cristo para la salvación de las almas. Como Él, su reino no es de este mundo.

EL OBSERVADOR 220-1

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Pinceladas
Oración escuchada
Justo López Melús *

Un hombre piadoso le pedía una gracia todos los días al Señor. Así durante años hasta quedar marcadas en el templo las huellas de sus rodillas. Pero Dios parecía no oír su oración, no enterarse de que alguien le invocaba con tanta insistencia. Por fin un día se le apareció el ángel de Dios y le dijo: «Dios ha decidido no concederte lo que pides». Entonces el buen hombre comenzó a dar voces y saltos de alegría y a contar a todos lo sucedido.

La gente le preguntaba: «¿De qué te alegras si Dios no te ha concedido lo que pedías?». «Sí, me lo ha negado, pero ahora sé que mi oración llegó hasta Dios. ¡Qué más puedo desear! Yo escribí la carta, y ahora sé que la carta llegó y fue leída. Eso es lo importante». Y el buen hombre siguió yendo todos los días al templo, a dar gracias, porque su oración había llegado a Dios.

* El autor es operario diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 220-2

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Palabras mayores
Creencias de algunos mexicanos
Joaquín Antonio Peñalosa / San Luis Potosí, S.L.P.

El Instituto Mexicano de Opinión Pública dio a conocer recientemente en un diario de la capital, una miniencuesta acerca de algunas creencias de algunos mexicanos. Destaco el artículo indefinido «alguno» porque la encuesta no considera (o como dicen los que presumen de elegancias de lengua: no contempla) los diversos matices de ese ancho mundo de las creencias, ni entrevistó más que a 750 personas, dado el carácter y método de semejante investigación («obviamente», dirán los repetitivos elegantes de lengua).

Pese a tales limitaciones, la miniencuesta abre rendijas a la reflexión, la preocupación y la sonrisa. Todavía hay quien crea en los gatos negros, verá usted. Ponemos por delante la pregunta y luego la contestación afirmativa o negativa, con la advertencia de que la máxima puntuación es de cien.

1- ¿Cree usted en el hipnotismo? Sí con 58 puntos, no con 41.
2- ¿Cree en la telepatía, que los sabios definen como percepción de un fenómeno ocurrido fuera del alcance de los sentidos? Sí con 59 puntos, no con 40, a favor de los telepáticos.
3- ¿Cree en la astrología? Sí con 56 puntos (medievales andamos, o en tiempos sirocaldeos o en pleno pleistoceno). No cree en la astrología el 43 por ciento.
4- ¿Cree en los horóscopos? Los crédulos son el 27 por ciento, los incrédulos el 72 por ciento.
5- ¿Cree en los fantasmas? Sí con 17, no con 82 en apabullante puntuación.
6- ¿Cree en los espíritus? Aunque la pregunta no puede ser más vaga, 35 dijeron creer en los espíritus y 64 los negaron.
7- ¿Usted cree en el diablo? Sí con 35, no con 64. «La mayor astucia del diablo, escribió Voltaire, es hacer que la gente no crea en él».
8- ¿Usted cree en las brujas? No un 74 por ciento, pero un 25 por ciento cree en las brujas ¡todavía!
9- ¿Cree en la magia negra? Sí con 38 puntos, no con 61.
10- ¿Cree en talismanes y amuletos? Sí con 20, no con 79.
11- ¿Cree en la vida después de la muerte? Sí con 56, no con 42, los cuales deben ser ateos o cosa parecida, pues cualquier teísta de cualquier religión cree en la otra vida (y muchos son los que tampoco creen en esta perra vida).
12- ¿Cree en la comunicación con los muertos? Sí con 24 puntos y no con 75.
13- ¿Usted cree que el destino ya está escrito al nacer? Sí con 36 (son los del club «Ya-me-tocaba» y «Esa-es-mi-suerte», los fatalistas) y no con 63 puntos.
14- ¿Usted cree que en sueños se puede ver el futuro? Dijeron que sí 40 durmientes (que han de ser más sabios que Freud), dijeron que no 59.
15- ¿Usted cree en el mal de ojo? Sí el 36 por ciento y no el 63 por ciento.
16- ¿Usted cree en las limpias (alias, barridas)? Sí con 37 puntos a favor, no con 62 puntos.
17- ¿Usted cree en los platillos voladores? 40 sí, 59 no.
18- ¿Cree que el número 13 es de mala suerte? Sí una minoría de 8, no una mayoría de 91.
19- ¿Cree que los gatos negros tienen mala suerte? Sí con apenas 10 puntos, no con 89 (para alegría de los gatófilos).
20- ¿Cree que pasar debajo de una escalera tiene mala suerte? (Depende si se cae o no se cae, contestó el filósofo de Chamacuero). Sí con 9 puntos y no con 90.

Reflexión, preocupación y sonrisa. Pues en vísperas del siglo XXI todavía hay mexicanos que creen en fantasmas, brujas, mal de ojo, limpias y la inocente y lujosa escultura de un gato negro (recuerdo a Borges con su irascible y fiel gato blanco, el Beppo, ronroneando a sus pies; y el pacífico gato de Juan Rulfo, tan manso el gato que al escritor le servía de pisapapeles).

EL OBSERVADOR 220-3

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El rincón del Papa
El perdón divino supera la justicia humana

Reflexionando sobre el sentido de la conversión, en reciente audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, el Santo Padre habló del significado de la remisión de los pecados, ofrecida a través de la mediación sacramental.

Si en el Antiguo Testamento la remisión de los pecados «no disminuye la responsabilidad del hombre y la necesidad de comprometerse a la conversión», dijo el Papa, en el Nuevo Testamento «el perdón de Dios se manifiesta a través de las palabras y los gestos de Jesús. Perdonando los pecados, Jesús muestra el rostro de Dios Padre misericordioso».

Afirmó que la «parábola sublime que se suele llamar del 'hijo pródigo', pero que debería ser denominada del 'padre misericordioso', es el culmen de la revelación». Parábola sublime en la que Jesús toma posición contra algunas tendencias religiosas caracterizadas por la hipócrita severidad respecto a los pecadores y muestra el rostro de Dios Padre Misericordioso en términos verdaderamente conmovedores respecto a los criterios y a las expectativas del hombre.

«La decisión del hijo menor de emanciparse de su padre (...) es una descarada renuncia a la comunión familiar. El alejamiento de la casa paterna expresa el sentido del pecado, con su carácter de rebelión ingrata». El buen sentido, expresado en la protesta del hermano mayor, habría aconsejado «un castigo adecuado» para el hijo vuelto a casa tras una vida disoluta. Sin embargo, continuó el Papa, el padre sale a su encuentro y le manifiesta su amor. «La pura legalidad es superada por el generoso y gratuito amor paterno, que supera la justicia humana y convoca a los dos hermanos a sentarse una vez más a la mesa del padre».

«El Padre misericordioso de la parábola contiene en sí, trascendiéndolos, todos los rasgos de la paternidad y de la maternidad. Arrojándose al cuello del hijo muestra los rasgos de una madre que acaricia al hijo y lo circunda de su calor». «El misterio del 'regreso a casa' –concluyó– expresa admirablemente el encuentro entre el Padre y la humanidad, entre la misericordia y la miseria, en un círculo de amor que no concierne sólo al hijo perdido, sino que se extiende a todos». (VIS / ZENIT)

EL OBSERVADOR 220-4

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Un libro contra Pío XII indigna a los expertos por acusar sin pruebas

Como informó anteriormente EL OBSERVADOR (Núm. 212, 1o. de agosto de 1999), se ha desatado una campaña de desprestigio contra el papa Pío XII; y las reacciones del volumen Hitler´s Pope: The Secret History of Pius XII (El Papa de Hilter: la historia secreta de Pío XII), recién salido a la luz, ha causado revuelo.

«El libro de Cornwell es muy confuso. No se trata de un verdadero análisis histórico. Faltan los documentos que sostengan sus tesis. Se hacen acusaciones gravísimas a Pío XII sin la prueba de los hechos». La crítica feroz, neta y decidida del libro escrito por el británico John Cornwell la hace el padre Pierre Blet que, junto a Angelo Martini, Burkhart Schneider y Robert A. Graham realizó, por encargo del papa Pablo VI, la publicación de los doce volúmenes «Actas y documentos de la Santa Sede durante la Segunda Guerra Mundial».

El padre Blet es un historiador competente y autorizado. Cuando en marzo de 1998 los periodistas preguntaron a Juan Pablo II, en viaje hacia Nigeria, una opinión sobre los presuntos silencios de Pío XII, el Pontífice respondió: «Se ha dado ya una respuesta satisfactoria, basta leer al padre Blet». A la distancia de más de un año, pocos han seguido el consejo del Papa, muchos más en cambio han preferido seguir creyendo en exageraciones más o menos fantásticas sobre el asunto. La agencia informativa Zenit ha entrevistado a este autorizado experto en el tema para tener una opinión autorizada sobre el libro de Cornwell. A continuación presentamos algunos extractos de la misma.

Según Cornwell, Pacelli habría favorecido el ascenso de Hitler porque en la firma del Concordato entre la Santa Sede y Alemania habría aceptado la condición de la disolución del Partido del Centro, cancelando así toda oposición a la toma del poder por parte de los nazis.
Aparte del hecho de que entonces era papa Pío XI, sobre el que debería recaer la eventual responsabilidad de un acto tal, no existe ninguna prueba que apoye esta tesis. Parece, en cambio, que Pacelli estuviera muy disgustado por la decisión de los católicos alemanes de disolver el Pertido del Centro. Basar sobre esta «hipótesis» las acusaciones contra Pacelli como sostenedor del nazismo me parece francamente exagerado.

,¿Y qué decir de la firma del Concordato con el Tercer Reich?
¿Qué otra cosa se podía hacer para defender a la Iglesia en Alemania? Rechazar el Concordato con los nazis habría significado abandonar a los católicos en las manos del nuevo poder y no habría habido ninguna posibilidad de defensa.

Cornwell sostiene que Pacelli era antisemita.
Sobre la relacíón entre Pío XII y los judíos, el autor británico deja a un lado muchas cosas. Cita sólo la documentación contraria a Pío XII y evita sistemáticamente las manifestaciones de agradecimiento de muchos judíos salvados por la Iglesia. Por lo que se refiere a los silencios, sabemos claramente que una protesta pública contra el nazismo habría sido un desastre no sólo para los católicos sino sobre todo para los judíos. Cornwell dice que la única protesta pública de Pío XII fue aquella de la Navidad de 1943, y no cita la exhortación consistorial del 2 de junio de 1943, cuando Pío XII protesó enérgicamente en defensa de gente mandada a la muerte sin culpa. En esta misma intervención, Pío XII explicó que la protesta no podía ser más fuerte «porque debemos tener cuidado de no perjudicar a aquellos que queremos salvar».

Cornwell afirma que Pío XII estaba convencido de la conexión entre judíos y bolcheviques.
Es una vieja historia. Se acusa a Pío XII de haber estado obsesionado por los comunistas y por este motivo no habría visto el peligro nazi. En realidad era bien consciente del peligro comunista y del nazi. En relación a los bolcheviques, cuando los católicos estadounidenses presentaron el problema de la colaboración económica con la Unión Soviética, Pío XII intervino diciendo que las prohibiciones contenidas en la encíclica contra el comunismo no valían en esta circunstancia. Mostrando en este modo que razonaba sin esquemas ideológicos.

En realidad, creo que el libro de Cornwell no mira sólo a desacreditar a Pío XII. Se trata de hecho de un ataque a la concepción católica del Papado. En el libro, en efecto, protesta contra el nombramiento de los obispos decidido por el Papa. Critica la declaración de infalibilidad del Concilio Vaticano e incluso habla contra la definición de los dogmas marianos. Cornwell sostiene que todos los papas son dictadores. En el último capítulo critica a Juan Pablo II, que a su juicio dirige la Iglesia en manera más autoritaria que Pío XII.

Ediciones Paulinas han anunciado apenas la publicación del libro «Pío XII y la Segunda Guerra Mundial», escrito por usted. ¿Puede ilustrarnos sobre el contenido?
A diferencia de Cornwell, yo me he atenido estrictamente a los documentos. Es una síntesis de los doce volúmenes de documentos publicados por la Editora Vaticana, donde se puede ver día a día, hora a hora, lo que la Santa Sede hizo durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Resalta en especial cómo Pío XII trató por todos los medios de buscar la paz, primero tratando de evitar la ocupación de Polonia, luego tratando de mantener fuera del conflicto a Italia. La diplomacia vaticana trabajaba con la ayuda de Ciano para convencer a Mussolini de que abandonara el Eje.

Por lo que se refiere a la relación con los judíos, en los documentos se ve claramente cómo Pío XII consideró cual fuese el modo mejor para ayudarles. Quería hacer una declaración pública, pero incluso la Cruz Roja lo desaconsejó porque una declaración pública no sirve para nada, sobre todo para regímenes como el de Hitler y más que nada habría podido perjudicar mucho más justamente a aquellos que quería ayudar.

EL OBSERVADOR 220-5

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A las puertas del templo
La experiencia del Espíritu
(Segunda y última parte)
Javier Sicilia

Esta realidad que nos envuelve en todo momento, aun cuando no la percibamos de manera consciente, es la experiencia del Espíritu, la experiencia de Dios en medio de nuestra vida diaria. De hecho, esa experiencia, captada por nuestro conocimiento y nuestra libertad, y que en determinadas circunstancias se hace presente a nuestras conciencias, puede manifestarse a través de lo positivo de la realidad diaria (via eminentiae) «en la que –dice Ranher– hay una referencia prometedora de la luz y de la vida eterna en la grandeza, señorío, bondad, belleza y transparencia (de las realidades que experimentamos cotidianamente)». Pero también puede captarse ahí en donde se deshacen y se rompen las fronteras de la realidad diaria (via negationis), es decir, «cuando experimentamos su vacío, cuando se apagan las luces que alumbran la diminuta isla de nuestra vida diaria, cuando se hace inevitable la pregunta de si la noche que nos rodea es el vacío del absurdo y de la muerte que nos devora o la noche feliz que nos promete alumbrarnos interiormente en el día eterno».

Estas dos vías no son en realidad dos caminos, sino el anverso y el reverso de esa medalla que es la vida del Espíritu. Todo aquel que tiene una esperanza total que prevalece sobre las esperanzas particulares; todo aquel que acepta libremente llevar una responsabilidad cuyas perspectivas de éxito y de utilidad, en el sentido del mundo, no son claras; todo aquel que conoce y acepta su libertad última y es fiel a ella hasta el grado de que ninguna fuerza terrestre puede arrebatársela; todo aquel que acepta las tinieblas de la muerte como el comienzo de una promesa que no alcanza a comprender; todo aquel que a pesar del sufrimiento de su vida y de las insuficiencias de su naturaleza confía en que todo está bien y Dios no lo abandona; todo aquel que vive la experiencia fragmentada del amor, de la belleza, de la bondad y de la alegría, y las acepta como una imagen y una promesa de la plenitud del amor, de la belleza, de la bondad y de la alegría, sin dejar lugar en su corazón a un cínico escepticismo; todo aquel que vive la amargura y la decepción del mundo con serenidad y perseverancia; todo aquel que ora en medio de la angustia y de las tinieblas y sabe, en el fondo de su corazón, que siempre es escuchado aunque no perciba ningún consuelo; todo aquel que vive en la desesperación y por momentos se siente misteriosamente consolado; todo aquel que vive las limitaciones que le impone su naturaleza con humildad..., vive una experiencia profundamente espiritual y está lleno de Dios y de su gracia liberadora. «Allí –nos vuelve a decir Ranher– hay una experiencia que no se puede ignorar en la vida, aunque a veces esté reprimida, porque se ofrece a nuestra libertad con el dilema de si queremos aceptarla o si, por el contrario, queremos defendernos de ella en un infierno de libertad al que nos condenamos nosotros mismos».

En esta sobria experiencia, ajena a las manifestaciones extraordinarias y a las experiencias psicológicas, está la experiencia profunda de la que nos hablan los místicos, los Padres de la Iglesia y la liturgia antigua. Todo lo demás, es decir, la búsqueda de estados alterados de la conciencia o de un bienestar psicofísico es sólo el síntoma de una civilización que perdió el sentido profundo de Espíritu y, hastiada de su propia vacuidad, busca desesperadamente la luz, la luz que, a pesar de nuestros extravíos, jamás ha dejado de contener al hombre y de aguardarlo en el inmenso misterio de la eternidad.

* Se publica por convenio expreso con el autor.

EL OBSERVADOR 220-6

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Un simple decálogo de interacción con los discapacitados

Existe una serie de consejos sencillos para mejorar las relaciones con personas sordociegas. A modo de decálogo, serían los siguientes:

1) Respétalos como iguales.
2) Ofréceles tantas oportunidades como sea posible.
3) Fomenta su curiosidad sobre su mundo circulante.
4) Observa aquello que les interesa, y coméntaselos.
5) Trata de compensar su sordera y/o ceguera con descripciones habladas, expresiones faciales, tacto, lenguaje de signos, braille, etc. Utilizando todas las funciones comunicativas, no sólo preguntas y requerimientos.
6) Realiza con ellos tareas cotidianas que incluyan actividades divertidas.
7) Explícales lo que ocurrirá cada día (calendario) y antes de cada actividad (anticipación).
8) Promueve su asistencia a contextos ricos en la modalidad comunicativa más adecuada a ellos.
9) Procura conseguir actividades mutuas y por turnos.
10) Responde o reacciona rápidamente, y con entusiasmo, a cualquier intento de comunicación.

Como si de los mandamientos se tratara, estos diez consejos se sintetizan en dos: acércate a la persona sordociega y pásatelo bien compartiendo el mundo y la palabra juntos.

EL OBSERVADOR 220-7

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Polémica a la que no había lugar:
el Papa no revisó «a la baja» las promesas celestiales

* La prensa amarillista ha hecho de las suyas al interpretar cuatro audiencias del papa Juan Pablo II.
* Sólo se ratificó lo que ya decía el Catecismo. Su Santidad en modo alguno se apartó de él.
* Además, aquí, juiciosa aportación de un seglar.

El amarillismo periodístico

EL PAIS, domingo 5 de septiembre de 1999: «El Papa corrige el Más Allá.- Juan Pablo II desmontó este verano, en cuatro audiencias, la visión tradicional de Cielo, Infierno, Purgatorio y Diablo.- Los gobiernos aprovechan las vacaciones de verano para subir el precio del butano, pero el Papa este año revisó a la baja las promesas celestiales y, también, los posibles sufrimientos de ultratumba. El Cielo, dijo el Pontífice, no es 'un lugar físico entre las nubes'. El Infierno tampoco es 'un lugar', sino 'la situación de quien se aparta de Dios'. El Purgatorio es un estado provisional de 'purificación' que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales. Y Satanás 'está vencido definitivamente; Jesús nos ha liberado de su temor' (...) Pero, si todo era tan evidente, ¿por qué el Papa revisa ahora, tan tarde, la doctrina oficial sobre el Más Allá? Hay tres respuestas relevantes. La primera tiene que ver con la ciencia: 'el acoso de la ciencia', en palabras de Panorama, la revista italiana que más énfasis ha puesto en la nueva escatología papal. Roma no quiere repetir la amarga historia de Galileo, apunta. La segunda razón tiene que ver con las estadísticas: el 60% de los romanos católicos cree en Cristo, pero no en el Infierno ni en el Paraíso. Y, por último, se ha cumplido una obligación conciliar que este Papa ha retrasado, dicen los teólogos, mucho más de lo prudente. La Iglesia vive en su tiempo, y ha de poner al día la interpretación que en el pasado se hizo de los textos sagrados».

Evidentemente, lo primero que habría que preguntarse es si lo que el Papa quiso hacer fue «una rectificación doctrinal». Esto sería más que hipotético y no fue anunciado así, ni era el lugar ni el momento. Las catequesis que imparte el Papa en las audiencias de los miércoles son instructivas, elucidatorias si queremos decirlo así, pero no innovadoras. La doctrina es inmutable, pese a que algunos teólogos, no siempre de talla mayor, hayan ido a veces demasiado lejos en el empleo del «lenguaje adecuado» para hacer entender los contornos misteriosos del universo más allá de la muerte. Así se explica, por ejemplo, lo de los «cuatro infiernos» del padre Astete: infierno de los condenados, purgatorio, limbo de los niños, limbo de los justos o seno de Abraham.

La luz del CatecismoLa luz del Catecismo

1023 1023

* La prensa amarillista ha hecho de las suyas al interpretar cuatro audiencias del papa Juan Pablo II.
* Sólo se ratificó lo que ya decía el Catecismo. Su Santidad en modo alguno se apartó de él.
* Además, aquí, juiciosa aportación de un seglar.

El amarillismo periodístico

EL PAIS, domingo 5 de septiembre de 1999: «El Papa corrige el Más Allá.- Juan Pablo II desmontó este verano, en cuatro audiencias, la visión tradicional de Cielo, Infierno, Purgatorio y Diablo.- Los gobiernos aprovechan las vacaciones de verano para subir el precio del butano, pero el Papa este año revisó a la baja las promesas celestiales y, también, los posibles sufrimientos de ultratumba. El Cielo, dijo el Pontífice, no es 'un lugar físico entre las nubes'. El Infierno tampoco es 'un lugar', sino 'la situación de quien se aparta de Dios'. El Purgatorio es un estado provisional de 'purificación' que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales. Y Satanás 'está vencido definitivamente; Jesús nos ha liberado de su temor' (...) Pero, si todo era tan evidente, ¿por qué el Papa revisa ahora, tan tarde, la doctrina oficial sobre el Más Allá? Hay tres respuestas relevantes. La primera tiene que ver con la ciencia: 'el acoso de la ciencia', en palabras de Panorama, la revista italiana que más énfasis ha puesto en la nueva escatología papal. Roma no quiere repetir la amarga historia de Galileo, apunta. La segunda razón tiene que ver con las estadísticas: el 60% de los romanos católicos cree en Cristo, pero no en el Infierno ni en el Paraíso. Y, por último, se ha cumplido una obligación conciliar que este Papa ha retrasado, dicen los teólogos, mucho más de lo prudente. La Iglesia vive en su tiempo, y ha de poner al día la interpretación que en el pasado se hizo de los textos sagrados».

Evidentemente, lo primero que habría que preguntarse es si lo que el Papa quiso hacer fue «una rectificación doctrinal». Esto sería más que hipotético y no fue anunciado así, ni era el lugar ni el momento. Las catequesis que imparte el Papa en las audiencias de los miércoles son instructivas, elucidatorias si queremos decirlo así, pero no innovadoras. La doctrina es inmutable, pese a que algunos teólogos, no siempre de talla mayor, hayan ido a veces demasiado lejos en el empleo del «lenguaje adecuado» para hacer entender los contornos misteriosos del universo más allá de la muerte. Así se explica, por ejemplo, lo de los «cuatro infiernos» del padre Astete: infierno de los condenados, purgatorio, limbo de los niños, limbo de los justos o seno de Abraham.

La luz del CatecismoLa luz del Catecismo

1023 1023 Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven «tal cual es», cara a cara... después de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo vieron y ven la divina esencia con una visión intuitiva y cara a cara, sin mediación de ninguna criatura.

1024 Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama «el cielo». El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.

l030 l030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los concilios de Florencia y de Trento.

1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: «Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida permanente en él». Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos. Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra «infierno».

1708 Por su pasión, Cristo nos libró de Satán y del pecado. Nos mereció la vida nueva en el Espíritu Santo. Su gracia restaura en nosotros lo que el pecado había deteriorado.

La versión en uso del Catecismo de la Iglesia Católica es fruto de una amplísima colaboración y se publicó en cumplimiento de la constitución apostólica Fidei depositum, de 11 de octubre de 1992. El Papa no ha enmendado nada ni ha incurrido en los retrasos que se le achacan.

Un seglar en la palestra
Saulo, ¿por qué me persigues?

Hace algunos días, ante la perspectiva de pasarme algunas horas en el Seguro Social esperando el servicio sin nada que hacer, tuve la desafortunada ocurrencia de ponerme a hojear un periódico que tenían por ahí (creo que publicado por la Universidad), para entretenimiento del público.

Encontré un artículo que dejó mi cabeza llena de preguntas. El artículo se intitulaba algo así como «El Papa apagó el infierno». Parece que Su Santidad, en su discurso de los miércoles, mencionó que el infierno no es un lugar específico con llamas y diablos coludos, sino simplemente la ausencia de Dios, cosa que cualquier cristiano (y hasta no cristiano) medianamente preparado sabe, y que no deja de ser bastante amenazante. Pero mire usted las conclusiones que este escritor sacó de esta información. Según él:

- El Papa ya reconoció que el infierno es una mentira y que no existe ningún castigo para el pecado.

- El papa Juan Pablo II quiere quedar bien con el mundo moderno para que la Iglesia siga existiendo al menos un siglo más; sin embargo, no puede decir toda la verdad de una vez, porque eso escandalizaría a la bola de mojigatos que somos nosotros. Entonces piensa ir revelando la verdad poquito a poquito.

Aparte de las ideas que sacó de ese comentario del Papa, el autor comparte algunas otras de su propio costal, ampliamente acogidas en estos medios, como son:

- La Iglesia católica es un enemigo público que tiene que pedir disculpas por todas las atrocidades que ha cometido a lo largo de la historia.

- El pecado no existe. Nada es bueno ni malo. Cada quien tiene derecho a hacer lo que se le dé su gana (creo que ahora le llaman espontaneidad).

- El infierno tampoco existe. Nuestras acciones buenas o malas no tienen ninguna consecuencia ni recompensa.

- El Papa se rige por la moda y cambia su doctrina según conviene. Algo así como si Dios y la Iglesia funcionaran por sexenios.

- El papa Juan Pablo I fue asesinado porque pensaba hacer unas reformas en materia de moral sexual y una auditoría a la Iglesia.

En el citado artículo el escritor menciona que fue a preguntar al padre José Morales Flores qué opinaba sobre esta declaración del Papa (de que el infierno no existía). Por supuesto, el padre Morales respondió que tenía que haber una equivocación por que el Papa no podía hacer dicho semejante disparate. Pero, como siempre sucede en estos casos, el entrevistador no le dio al padre la oportunidad de expresarse a fondo sobre el tema, y el asunto se prestó a interpretaciones personales. Y aquí vienen algunas de las preguntas de mi cabeza.

Yo quisiera preguntarle a estas personas: ¿Realmente piensan que el mundo está bien así como está? ¿Piensan que acciones como la violación, el robo, el secuestro, la corrupción, la demagogia, el mal uso del erario, la prostitución o la pornografía de menores, el asesinato, la guerra, etc... no merecen un nombre y un tratamiento especial? ¿Piensan que una sociedad sin moral puede traer bienestar y dar sentido a la vida humana? ¿Se han puesto con disciplina histórica a comparar las acciones de la Iglesia con las de cualquier otra institución humana? ¿Las bendiciones que ha traído contra los problemas que ha causado?¿No han visto a Juan Pablo II echarse de enemiga a media humanidad por defender el derecho a la vida en contra de la moda? ¿No entienden lo que es la ausencia de Dios? ¿No se dan cuenta de que es precisamente la ausencia de Dios lo que nos tiene como nos tiene?

Y me pregunto a mí mismo si se trata realmente de una ignorancia religiosa aplastante o se trata de una complaciente adhesión a los valores de esta nuestra cultura adolescente regida por las leyes del mayor placer y la menor responsabilidad; una colaboración a esta corriente secularizante que tanto éxito comercial consigue en nuestro mundo moderno. O es que algunas personas llenan su cabeza con tantos conocimientos que no dejan ni un rinconcito libre para la verdadera sabiduría. La sabiduría que viene de Dios. Es una lástima que mentes brillantes y llenas de conocimientos no sirvan para descubrir las verdades esenciales y en cambio puedan usar su capacidad para desorientar a otros. Ahora comprendo aquella frase que he escuchado por ahí (no me acuerdo de dónde salió, no soy intelectual) que dice más o menos así: «El espíritu vivifica, pero la letra mata».

¿Qué trae nuestra sociedad contra Dios? «Pueblo mío, ¿Yo que te he hecho?», dice la liturgia del Viernes Santo. ¿De veras se habrán creído las macabras leyendas del marxismo -tan de moda hace unos años- de que el hombre inventó a dios y de que la religión es el opio del pueblo? ¿Será que Dios estorba en algunas etapas de la vida y para algunos tipos de vida?

A veces me parece que algunos hombres se quieren dar a desear con Dios. Como que nos damos nuestro tiempo. Como que queremos un trato especial. Como que nos hacemos de rogar esperando que algún día Cristo se nos aparezca y nos pregunte: «Saulo, ¿por qué me persigues?». Y lo que no saben es que, efectivamente, Cristo se les va a aparecer. Muchas veces y de muchas maneras. Él siempre va a estar insistiendo, buscando, casi hasta suplicando. Pero me temo que no a todos se les va a aparecer como a san Pablo.

Todos los días, cuando recemos el Padrenuestro, detengámonos un momento en esa frase que dice: «Venga a nosotros tu Reino», pidiendo que esta sociedad se vaya abriendo cada vez más a la verdad y a la presencia de Dios, que tanta falta nos hace.

Walter Turnbull Plaza
Santiago de Querétaro, Qro.

EL OBSERVADOR 220-8

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Cuaderno de notas
Comunicar la verdad (o de verdad)

Con bastante frecuencia escuchamos decir que cualquiera puede comunicar la verdad. Es una de las más graves falsedades de nuestro tiempo: se degrada a la comunicación y, por supuesto, se degrada a la verdad. Es moda que quien salga en la televisión, escriba en los medios impresos o sea escuchado por la radio se llame a sí mismo comunicador. Como si la palabra fuese un objeto intercambiable, un objeto comercial; como si la palabra fuera sólo eso: pura palabra.

Hace un par de semanas, en Birmingham, Inglaterra, monseñor John P. Foley (presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales) hablaba a los párrocos de Inglaterra y Gales sobre la santidad de la que se desprende la verdadera comunicación. «Vivimos en un ambiente decía Monseñor– contrario al Evangelio: debido a la avidez de muchos en el mundo financiero y económico, a la arrogancia de muchos poderosos y a la indulgencia de muchos en tantos modos». ¿Qué hacer para captar la atención en un ambiente así, para hacer escuchar la Palabra de Dios? Responde Foley: que la Palabra de Dios sea anunciada por personas creíbles, santas.

«Para que la Palabra de Dios sea escuchada –continúa Foley– no sólo anunciada sino también vivida». Que diferencia lo uno de lo otro. Anunciar a Cristo verdadero, a Cristo vivo no se explica por lo dicho sino por lo que sustenta a lo dicho: el compromiso del que anuncia con el mensaje: su inmersión profunda, vitalizadora y esperanzadora en esa Verdad que es, al mismo tiempo, un hogar, una hogaza y una hoguera: sitio dónde vivir, dónde alimentarse, dónde arder.

«Para convertirse en eficaces y creíbles comunicadores de la Palabra de Dios –remata Foley– no basta ser cultos, con una mente creativa y llena de imaginación: hay que ser santos».

Un viejo y certero refrán dice: «obras son amores y no buenas razones». Otro: «la palabra mueve, el ejemplo arrastra». En esas dos máximas populares está contenido el mensaje de Cristo que intenta comunicar monseñor Foley, que saben comunicar los santos: en todos los ámbitos de la vida, si alguien quiere decir la verdad, si alguien quiere decir de verdad algo, que primero la viva, que primero la encarne. Verdad sin vida es como justicia sin piedad: un argumento para aplastar al otro. Palabra sin santidad es sonido sin sentido. Pero, ¡ah, qué hermosa es la palabra dicha por alguien cuya intimidad con Cristo es genuina intimidad! A ese ser humano podemos llamarle, con absoluta certeza, profeta. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 220-9

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A DEBATE
El artículo 108 y el juicio al presidente
Javier Algara Cossío

Para aquellos que no lo recuerden, el artículo 108 de la Constitución mexicana enumera aquellas acciones de los funcionarios públicos que pueden considerarse causales de juicio político. Ahí se indica con toda claridad que el presidente de la república sólo puede ser juzgado por dos crímenes: traición a la Patria y delitos graves del orden común. La traición consiste en hacer algo que favorezca a un país extranjero en perjuicio de la nación mexicana. Delito del fuero común, descrito en forma sencilla, es aquel que es merecedor de juicio por los tribunales locales, como opuesto a los federales: asesinato, robo, fraude, etc.

Sin embargo, nada posibilita al pueblo o a sus representantes para enjuiciar al jefe del Ejecutivo cuando éste viola la Constitución que, al momento de su toma de posesión, él jura cumplir y hacer cumplir, o cuando comete un crimen del orden federal. Esto es una clara aberración, desgraciadamente incluida en nuestra Carta Magna, dizque para proteger la investidura presidencial, en 1917. El antecesor directo del artículo 108 de la Constitución de 1917, el 103 de la de 1857, decía: «... durante el tiempo de su encargo [el presidente de la República] sólo podrá ser acusado por los delitos de traición a la Patria, violación expresa de la Constitución, ataque a la libertad electoral y delitos graves del orden común».

El texto actual del 108, entonces, se convierte en un garante de la impunidad para cualquiera que ocupe la silla presidencial. Y ya sabemos, por la historia reciente del país, hasta qué extremos de maldad y de daño social puede conducir esta inmunidad casi absoluta. El presidente puede violar cualquier acuerdo, olvidarse de sus programas nacionales de desarrollo, inmiscuirse en asuntos de los estados o municipios, comprar las elecciones, servirse de los pobres y los sin escuela, manipular la educación nacional y/o cualquier otra clase de perversidad ejecutiva sin que se le pueda tocar un pelo al fin del sexenio. ¿Cómo y ante quién se le reclamaría?

Ya hace tiempo que algunos legisladores de oposición -PAN- presentaron iniciativas para reformar el 108 y hacer de la violación a la Constitución una causal de juicio al presidente. No se avanza en el estudio y dictamen de dichas iniciativas, claro. Se estorba cualquier intento de consenso. Las razones son obvias: no le conviene al partido del presidente actual, ni a aquellos que tienen sueños de llegar al poder para favorecer proyectos personales con desdén de las necesidades populares. Ni siquiera han permitido estas personas que avancen los juicios que sí están permitidos por la ley. Caso concreto son los juicios en contra del exgobernador (y hoy precandidato presidencial) Madrazo Pintado y del actual gobernador yucateco.

Los católicos, quienes debemos estar siempre atentos al sentir de la comunidad humana donde nos encontramos, podríamos influir en el mejoramiento de la vida parlamentaria y de las leyes que ahí se han de crear para el bien común, principalmente a través de interesarnos positivamente en lo que acontece en el Congreso.

EL OBSERVADOR 220-10

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Posición cómoda: que el problema de la UNAM se resuelva solo
Francisco F. Gavidia Arteaga

Es momento oportuno para reflexionar, a la luz de los principios evangélicos, sobre uno de los temas que más debe preocupar a los mexicanos: el sistema educativo universitario.

La universidad debe tener como misión la búsqueda constante de la verdad, mediante la investigación del saber, la enseñanza y la formación de los estudiantes. Por eso es que el sistema universitario debe recaer en autoridades de alto nivel científico, cultural y moral que no estén comprometidas con ideologías disolventes o con partidos políticos, porque en ese caso desviarían a la institución de su verdadero curso y la orientarían por el camino del relativismo ideológico. De igual forma, los universitarios tienen el derecho a pertenecer y participar -a título personal- en agrupaciones políticas, económicas o sociales, pero nunca en nombre de la universidad, la cual por su fin es esencialmente ajena a esas otras finalidades.

El conflicto en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) vive momentos críticos y lastima profundamente el desarrollo educativo universitario nacional; pone en riesgo la paz y la estabilidad del país. Las autoridades federales, las del Distrito Federal, los poderes legislativo y judicial y los medios de comunicación no pueden permanecer al margen e indiferentes ante el problema que ahora vive la UNAM; Por el contrario, deben coadyuvar a la solución, según su propia responsabilidad y capacidad, del conflicto.

No es mediante la violencia y la participación anarquista como se va a solucionar el problema de la UNAM: es el diálogo y la participación madura de los involucrados lo que ayudará a sanar las heridas. Se han de buscar todos los medios pacíficos para la resolución del problema. Es, en última instancia, la autoridad civil la responsable de dar a la sociedad forma y armonía mediante la legalidad y la legitimidad, en función del bien común. Lo anterior implica que la autoridad debe considerar que el dar orden a las cosas puede acarrear el riesgo de un mal mayor.

Por ello es de capital importancia la participación responsable de diferentes cuerpos intermedios en apoyar aquellas acciones que coadyuven al logro y engrandecimiento del progreso educativo universitario nacional.

El autor es presbítero, perteneciente a la diócesis de Querétaro.

EL OBSERVADOR 220-11

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Caricaturas reales
Santiago Norte

Un tema comienza a dominar a buena parte de los caricaturistas de la prensa internacional: el tema de la degradación cultural del ciudadano de la era de la información. Constantemente vemos en prensa estadounidense, europea y, en menor frecuencia, en latinoamericana, la burla de esos breves editoriales trazados a vuelo de pluma y palabra, esos reversos irónicos, mordaces, que a menudo hacen verídico el manido consejo de que «una imagen dice más que mil palabras». Que los caricaturistas hayan tomado a la sociedad televisiva como referencia, indica a las claras la penetración que ese medio tiene en la vida social y la transformación que ha traído consigo en la interacción de las personas.

Hace algunos meses comentaba aquí mismo un cartón espléndido de Quino en el que una turbamulta enardecida había matado a un ángel porque, según decía el sujeto de gafas oscuras y tolete en mano al taimado entrevistador de la televisora local, «llegó hablando de cosas muy raras,... bondad, amor, tolerancia, caridad, cuando aquí lo que necesitamos es seguridad, casa, pan y trabajo, pero lo que nos hizo sospechar enseguida de él es que no recordamos haberlo visto siquiera una vez en televisión». Decía en aquel entonces que la noción de confiabilidad pertenecía en exclusiva al personaje que aparece en pantalla, que el mero hecho de no aparecer en ella resta credibilidad a cualquiera y de inmediato lo vuelve sospechoso de algún interés oscuro y desmelenado. Los periodistas de la radio o, aún más, los de la prensa escrita, sabrán aquilatar esta distancia entre la confianza que refleja en la gente lo que escriben frente a lo que pronuncian con su imagen a cuadro... El mismo Octavio Paz -decíamos la semana pasada- lo corroboró a partir de 1976.

Hoy toca el turno a ese enorme caricaturista que es Forges, titular, junto con Méximo, de las páginas editoriales de El País. Con motivo del último Día Mundial de la Lectura, publicó una serie de temas hilarantes y, al mismo tiempo, de una sobrecogedora actualidad. Recuerdo a ese ciudadano narigudo y enclenque que pinta Forges que, caminando por el basural en que se han convertido las ciudades contemporáneas, se topa con un objeto asqueroso, de esos que repugnan al ser pisados, como un excremento de perro o una fruta muy podrida. Se ve el zapatón del sujeto con el objeto embadurnado en la suela. Un objeto repugnante: un libro. Y las palabras son elocuentes, algo así como «aaggh, un libro».

El mismo Forges motivó el presente comentario por otra de sus caricaturas. En ésta se ve a un típico inspector municipal enseñando una placa a un aburrido ciudadano, a la puerta de su departamento. El empleado del gobierno dice: «Buenas, soy Peralejos, inspector municipal de Convivencia. Han sido denunciados por sus vecinos porque no tienen televisor; sólo oyen música clásica en la radio y persisten en dar los buenos días, sonrientes, en el ascensor». Desde luego, el inquilino del departamento se molesta. ¿A quién podrían dejar incólume tales acusaciones? Con el periódico (deportivo) en la mano y una cara de inocencia ante la ley, responde: «Se ha confundido de piso. Esos son los del 5o. B. Peligrosa familia de lectores, creo». Y la respuesta del inspector es de antología. Ante la gravedad de conocer y tener que amonestar a una familia de lectores, sin televisor ni música estridente (bakalao allá, onda grupera aquí), sonrientes en el elevador y amables en el trato general, el enviado del municipio solamente alcanza a exclamar «¡Virgen santa!»

Estamos en el centro del humor mediático: un corrosivo flamazo que desentraña la época, que descara las filias y las fobias de la sociedad postmoderna. Allá el viejo ideal de la educación mediante la exposición a las bellas artes; acá el muy moderno pseudoideal de la educación por la televisión. Llegará pronto el día que sea penado por la autoridad acercarse a Cervantes por sus libros y obligatorio hacerlo por un programa de patrocinio de Pepsicola.

EL OBSERVADOR 220-12

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La esterilización y el control natal impuestos son prácticas del Sector Salud en México, denuncia la revista The Lancet
The Lancet / ACI / El Observador

* Existe una campaña de esterilización e implante de DIUs a mujeres pobres.
* Las parturientas son sometidas a presiones y amenazas para que den su consentuimiento.
* Los médicos también son presionados para que obliguen a las mujeres a aceptar el control natal.

La conocida revista médica The Lancet denunció la coerción en el programa de control de la natalidad impuesto en México, donde los médicos implantan dispositivos intrauterinos y practican esterilizaciones quirúrgicas sin el consentimiento de cientos de mujeres pobres.

En su sección sobre Salud y derechos humanos, la publicación incluyó varios testimonios de mujeres de Chiapas, que descubrieron haber sido esterilizadas o que tenían un DIU implantado en su útero sin haber dado consentimiento alguno, cuando comenzaron a sufrir las consecuencias de malas prácticas quirúrgicas.

Uno de estos es el caso de María, una joven indígena tzeltal maya, que en mayo de este año llegó a un hospital público a causa de un fuerte dolor abdominal. María explicó que su malestar comenzó en setiembre de 1998, cuatro meses después de haber dado a luz en un hospital estatal en Altamirano.

Durante el trabajo de parto, los agentes sanitarios le preguntaron varias veces si podían introducirle un DIU, pero ella no dio su consentimiento. Después de sufrir menstruaciones dolorosas y hemorragias severas, María descubrió que los agentes le implantaron el DIU aún en contra de su voluntad.

Según The Lancet, el caso de María no es el único en el estado de Chiapas. «En mayo de 1999, 32 mujeres indígenas del estado de Guerrero enviaron una queja formal a la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos denunciando cómo las mujeres de la zona son forzadas a aceptar el control natal, incluyendo la esterilización», explicó la revista.


* Existe una campaña de esterilización e implante de DIUs a mujeres pobres.
* Las parturientas son sometidas a presiones y amenazas para que den su consentuimiento.
* Los médicos también son presionados para que obliguen a las mujeres a aceptar el control natal.

La conocida revista médica The Lancet denunció la coerción en el programa de control de la natalidad impuesto en México, donde los médicos implantan dispositivos intrauterinos y practican esterilizaciones quirúrgicas sin el consentimiento de cientos de mujeres pobres.

En su sección sobre Salud y derechos humanos, la publicación incluyó varios testimonios de mujeres de Chiapas, que descubrieron haber sido esterilizadas o que tenían un DIU implantado en su útero sin haber dado consentimiento alguno, cuando comenzaron a sufrir las consecuencias de malas prácticas quirúrgicas.

Uno de estos es el caso de María, una joven indígena tzeltal maya, que en mayo de este año llegó a un hospital público a causa de un fuerte dolor abdominal. María explicó que su malestar comenzó en setiembre de 1998, cuatro meses después de haber dado a luz en un hospital estatal en Altamirano.

Durante el trabajo de parto, los agentes sanitarios le preguntaron varias veces si podían introducirle un DIU, pero ella no dio su consentimiento. Después de sufrir menstruaciones dolorosas y hemorragias severas, María descubrió que los agentes le implantaron el DIU aún en contra de su voluntad.

Según The Lancet, el caso de María no es el único en el estado de Chiapas. «En mayo de 1999, 32 mujeres indígenas del estado de Guerrero enviaron una queja formal a la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos denunciando cómo las mujeres de la zona son forzadas a aceptar el control natal, incluyendo la esterilización», explicó la revista.

El Progresa, ¿para beneficiar sólo a las mujeres controladas?

La denuncia reporta que las mujeres fueron amenazadas por los agentes para someterse a los procedimientos, advirtiéndoles que no recibirían los beneficios médicos y sociales de un programa asistencial gubernamental de nombre Progresa, si no se sometían a las prácticas.

The Lancet informó que pese a que las autoridades han negado los hechos, se han reportado similares quejas en varias regiones del país desde hace varios años. Por ejemplo, en 1996, un tribunal sobre derechos reproductivos informó que de 142 mujeres entrevistadas, 24 afirmaron que habían recibido un DIU o habían sido sometidas a una esterilización bajo presión o sin su consentimiento, y cuatro años antes el propio Ministro de Salud mexicano reconoció que el 3.7 por ciento de las mujeres esterilizadas en las instalaciones del estado «no tomaron parte en la decisión».

Presiones psicológicas

Sin embargo, las denuncias de The Lancet no se limitan a la parte afectada sino que también incluyó a trabajdores que denunciaron ser a su vez presionados para obligar a las mujeres a someterse a los procedimientos.

El Dr. Sergio Meneses, un joven médico que trabaja en Chiapas, describió la presión que recibió por parte de todos los niveles del sistema de salud durante su servicio en un hospital público de la ciudad de México.

Según Meneses, la presión «busca que los médicos obliguen a las mujeres pobres a aceptar el control natal y los DIUs tan pronto como dan a luz, sin importar los deseos o respuestas de las pacientes». El médico esperaba que la situación fuera un caso
excepcional pero una experiencia posterior en Guerrero comprobó lo contrario.

Como médico interno en Taxco, encontró que el «consentimiento» para los
procedimientos equivale a una firma o una huella digital que los agentes deben conseguir aprovechando el estado emocional de las pacientes que están en pleno trabajo de parto. Según Meneses, los agentes tienen sus propios métodos para obtener los «consentimientos», manipulando a las pacientes durante los momentos más dolorosos del parto.

The Lancet indicó que esto sucede porque en 1994, un estudio en Chiapas reveló que la anticoncepción tiene un impacto muy pequeño en la fertilidad. La situación habría obligado a las autoridades de salud a reforzar la planificación familiar y buscar una estrategia controlista que impone cuotas y fija metas a los agentes con respecto a la implantación de DIUs y la práctica de esterilización.

Según la revista, la estabilidad laboral y los incentivos financieros para los agentes están muy ligados al alcance de los objetivos de las políticas institucionales, tal como anteriormente sucedió en Perú y ocurre en China, país cuestionado por promover el controlismo más agresivo del mundo. (ACI)

EL OBSERVADOR 220-13

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GRANDES FIRMAS
«El Padre era el que más lloraba»
Charles Péguy *

Yo soy tu Padre, dice Dios, el del «Padre nuestro
que estás en los cielos».
Mi Hijo se lo ha dicho a los hombres: que Yo soy su Padre.
El que es padre es padre ante todo,
y el que una vez ha sido padre
ya no puede ser nunca más que padre.
De modo que los hombres son los hermanos de mi Hijo,
mis hijos, y yo soy su Padre.
Bien sabía mi Hijo Jesús lo que hacía al enseñarles a rezar así,
bien sabía lo que hacía Él, que les amó tanto
que vivió con ellos, como uno de ellos,
que andaba con ellos y hablaba como ellos
y sufría como ellos y murió como ellos,
y se trajo al cielo un cierto sabor a hombre,
un cierto sabor a tierra.
Dichoso el que se duerme en su cama bajo la protección
de esas palabras que van por delante de toda oración
como las manos del que reza van por delante de su rostro,
y que me vencen a mí, el Invencible.
¿Cómo querrán que les juzgue Yo ahora después de eso?
¡Bien sabía mi Hijo Jesús lo que había de hacer
para atar los brazos de mi justicia
y desatar los de mi misericordia!
Así que ya no tengo más remedio que
juzgar a los hombres como juzga un
padre a sus hijos;
y... ya se sabe cómo juzgan los padres:
hay un ejemplo bien conocido
de cómo juzgó un padre
al hijo pródigo que se marchó de casa y luego volvió:
el padre era el que más lloraba.
Lo que ha ido a contarles mi Hijo a los hombres,
lo que en realidad les ha revelado
es el secreto mismo de Dios, el secreto mismo del juicio.

* El autor (1873-1914), francés, nació a la fama bajo el signo del socialismo. A partir de 1908 llegó al umbral de la fe católica, que no atravesó enteramente sino hasta la vigilia de su muerte. Practicó un «extraño catolicismo, religión poética sin sacramentos, sin vínculos dogmáticos y, sin embargo, de una humildad indudablemente sincera, aunque la religión se confunda a menudo con una 'mística' del heroísmo y del mesianismo nacional francés» (M. Mourre). A pesar de todo, su obra está reconciliada con la Iglesia.

Péguy tuvo gran amistad con Jacques Maritain y otros autores católicos. Su estilo se desenvuelve con cadencias de letanía; un gran río lleno de riquezas, pero que puede cansar finalmente a un lector poco atento. El escritor ha aceptado una sola regla, aquella, caprichosa, que le imponía el ritmo mismo de la vida.

Llamado a filas por el gobierno francés, Charles Péguy murió en batalla durante la primera guerra mundial.

EL OBSERVADOR 220-14

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
No sabe que sus padres lo aman
Yusi Cervantes

Nuestro hijo piensa que no lo hemos querido lo suficiente, que nuestros preferidos han sido sus hermanos, cuando, al contrario, el más consentido fue siempre él por ser el más pequeño. No recordaba sus fiestas de cumpleaños hasta que sacamos las fotos. Cree que no queremos apoyarlo para que estudie, cuando lo que más queremos es que lo haga. Tal vez le molesta que exijamos que si entra a una escuela, en verdad estudie. O que, si de plano no quiere estudiar, que trabaje. Peleamos todo el tiempo porque se levanta tarde, porque no recoge sus cosas, porque no como con nosotros. Pero tampoco podemos dejarlo sin llamarle la atención por nada. Eso no sería educarlo. Nos preocupa mucho.

La pregunta fundamental que ustedes deben responder es cómo lograr que ese hijo suyo se sienta amado. Hay muchas preguntas en el camino: ¿Cómo y por qué se rompió esa corriente de amor? ¿Qué pasa con la comunicación entre ustedes? ¿Qué pasa con su hijo, quién es, qué siente, qué problemas tiene? Todo esto sólo pueden responderlo acercándose a él. Para esto necesitan flexibilidad, intentar otros caminos.

Seguramente sus intenciones son muy buenas, lo mismo que su meta de educar a su hijo, pero si lo que están haciendo no está funcionando, tienen que intentar otra cosa. Tal vez puedan intentar comunicarse con él en un nivel de sentimientos, hablando en primera persona, de ustedes mismos. No decir, por ejemplo: «Tú nos ignoras», pero en cambio sí: «Me siento triste cuando te siento distante». Hace mucha falta escuchar a ese hijo, y para que esto ocurra debe haber un clima de seguridad y confianza.

Si él no se siente suficientemente amado no basta con decir que no es así, que lo aman y mucho: hay que indagar de dónde viene ese sentir de su hijo. ¿Por qué no logra sentirse amado? ¿Es un asunto de comunicación? ¿Hay necesidades básicas en él que ha visto frustradas? ¿Ha recibido algún tipo de maltrato físico o emocional?

Seguramente su hijo tiene una autoestima baja. Si alguien no se ama a sí mismo tampoco puede sentirse amado. Y esa poca autoestima lo lleva a no buscar lo que es bueno para él, a aceptar lo que incluso puede hacerle daño. Procuren fortalecer la autoestima de su hijo haciéndole ver lo maravilloso que es y convenciéndolo de que puede superar los retos que se ponga, que puede desarrollarse al máximo.

Por cierto, seguramente es necesario que le llamen la atención, pero traten de hacerlo lo menos posible. Que los errores y defectos de su hijo no sean el centro de atención. Y por cada comentario negativo -queja, regaño, orden- deben decirle al menos cuatro cosas positivas -reales, sinceras, positivas.

Hace falta que vean realmente a su hijo, que lo escuchen, que lo inviten a abrirse y a confiar. Claro, no pueden hacerlo solos, necesitan contar con él, es preciso que también él esté dispuesto. Pero nadie mejor que ustedes puede saber el camino para llegar al corazón de su hijo. Tal vez lo primero que tienen que hacer es escuchar el suyo propio.

(FIN)

EL OBSERVADOR 220-15

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