El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

3 de octubre de 1999 No. 221

SUMARIO

bullet PINCELADAS Cruzar el desierto
bulletPALABRAS MAYORES La triste juventud de los pueblos
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN Boicotear televisoras
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO Del mito del desarrollo y la propuesta de Gandhi
bulletDERECHOS HUMANOS Deuda externa y Jubileo del año 2000
bulletCOLUMNA HUÉSPED Manipulación semántica
bulletLa vida siempre es antes que la deuda
bulletAlgunas preguntas sobre la deuda externa
bulletCUADERNO DE NOTAS Perdón de la deuda

Pinceladas
Cruzar el desierto
Justo López Melús *

Nasrudín tenía que atravesar el desierto, pero era muy peligroso pues había muchos leones. Había que ser previsor y prepararse muy bien. Se cargó una gran piedra y empezó a caminar.

– ¿Para qué quieres esa piedra?, ¿Para matar al león cuando te ataque?
– No, para tirarla cuando vea al león y así correr más rápido. Al sentirme ligero, me será más fácil escapar de él.

La moraleja es bien clara. Hay que arrojar el lastre, las cargas que todos llevamos encima: preocupaciones, miedos, apegos, para poder ir más ligeros. Lo mejor hubiera sido no cargar con la piedra. La postura más sabia es no cargarse la mochila con pesos inútiles. Pero, una vez cargados, procurar desprenderse de ellos. Una mente libre es la mejor preparación para cruzar el desierto de la vida.

* El autor es operario diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 221-1

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Palabras mayores
La triste juventud de los pueblos
Joaquín Antonio Peñalosa / San Luis Potosí, S. L. P.

Hay cientos de pueblos de 30, de 40 o de 50 mil habitantes, regados como confeti en todo el territorio nacional. Pueblos que no dejan su aire de ranchos grandes que en vano disfrazan con algún tímido proyecto urbano.

Pueblos de una calle larga que desemboca en la carretera federal o en la soledad de un campo sin pájaros ni aguaceros. Las bancas despostilladas de la plaza; la tienda de misceláneas y vejeces; el despintado anuncio de los tercos refrescos; la farmacia olorosa a yodo fénico; la carnicería que abre los jueves con sus animales despedazados, colgados en canal; la señorita de la mercería, que se hizo vieja entre sus cintas ajadas y sus listones pálidos, y las casas cerradas con tranca y candado a las nueve de la noche en punto. Los pueblos de noche pasan al poder olfativo de los perros, de los camiones de carga que cruzan jadeando el empedrado, y de «una anemia de luna diluída».

¿Qué hacen, qué sueñan, qué aman, a qué sonríen los jóvenes que viven en estos escenarios plomos, borrosos, aletargados?

– Señor Director, dicen que el periodismo es el cuarto poder. Sin ánimo de adularlo, creemos que el periódico es el primer poder cuando se decide y no lo estorban. Los que escribimos a usted formamos el «Comité por el Progreso de Pepetlán» (COPROPEPE).

Pepetlán limita al norte con la carretera federal, al sur con la Escuela Secundaria 28, al oriente con la zona de tolerancia, y al poniente con el Cerro de las Ánimas. La mayor parte de los habitantes de este pueblo son jóvenes entre los 14 y los 24 años; pero esta juventud es una población cautiva hasta la asfixia ya que sólo tiene como opciones el billar, la vuelta dominical al jardín, una cancha de futbol (léase «tierra suelta»), la televisión, la zona del oriente y las cantinas. Las cantinas son once, pero se vende cerveza en casi todas las tiendas, incluida la mercería de la señorita que se hizo vieja entre cintas rosa y listones azules.

Se nos ocurre que la triste juventud de los pueblos de 50 mil habitantes, como Pepetlán, podría salvarse «contemplando a corto plazo» –como hoy se dice a cada rato– estas tres medidas que ponemos a su consideración: 1) Fomentar el deporte, que es la manera más fácil y barata de recrear la mente, vigorizar la salud, dejar el vicio y propiciar las virtudes comunitarias. 2) Enseñar artesanías de acuerdo con las tradiciones y elementos de la región. 3) Establecer una biblioteca, aunque sea de pocos volúmenes en un principio, con su club de lectores. Ah, y que no se nos olvide el 4) Crear una sencilla casa de la cultura donde la juventud pueda estudiar música, pintura, bailes regionales para despertar las posibilidades creativas de un pueblo que lleva el arte y la sensibilidad a flor de piel.

Señor Director, creemos que el deporte, la cultura y el arte puede salvar a la juventud cautiva de tantos Pepetlanes que abundan en el país y que, hoy por hoy, no ofrecen a sus jóvenes más horizontes que la mediocridad, el alcohol y la emigración a la ciudad.

No somos de aquéllos que todo lo esperan del gobierno; estamos dispuestos a poner tiempo, dinero, entusiasmo, sobre todo mucho entusiasmo. Pero tampoco somos de los que creen que, ante la crisis, lo primero que deba limitar el gobierno sea la actividad cultural.

Agradecemos la difusión que se sirva dar a la presente en el periódico solar que usted acertadamente dirige.

COPROPEPE, «Comité por el Progreso de Pepetlán».

(Siguen 19 firmas).

EL OBSERVADOR 221-2

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Medios de comunicación
Boicotear televisoras
Santiago Norte

Los telespectadores de todo el mundo -se ha dicho hasta el cansancio– tienen en sus manos, en el mando a distancia, la mejor oportunidad de expresar su opinión sobre los programas. Mediante el botón de «apagado» el poder es suyo. Y si quieren expresar su libertad, pueden usarla a discreción. Pero, ¿de qué libertad se habla? Libertad es conocimiento, y el televidente ha sido sumido en un marasmo de ignorancia acerca del uso que le puede dar al aparato, acerca de su manejo: en general –y eso no admite discusión– es el aparato (quienes están detrás de él) el que usa a las personas.

Hace poco la Coalición Nacional de Medios Hispanos en Estados Unidos lanzó una convocatoria de una semana a la comunidad latina del vecino país del norte para que boicotearan a las cuatro principales cadenas televisivas (ABC, CBS, Fox y NBC) «por la baja representatividad de hispanos en sus programas». Se trataba, según el Consejo Nacional de La Raza, de apagar por siete días los televisores y así «obligar» a las cadenas a ser más sensibles con la población latina, que en estados del sur de la Unión Americana representa cerca del 40 por ciento del total.

Pete García, dirigente de «Chicanos por la causa», habló de esa ausencia de representatividad: cuando las series se sitúan, por decir algo, en Los Ángeles o San Antonio, tales ciudades aparecen como si no contaran, para nada, con población hispana y, lo que es peor, «los pocos que aparecen, esporádicamente, interpretan a delincuentes». Del total de personajes que aparecen en horario nocturno (estelar) de las cuatro cadenas antes dichas, sólo dos por ciento son latinos, y de ese total cerca de 98 por ciento interpretan criminales, narcos, jugadores empedernidos (de grandes barrigas, por supuesto) y pistoleros a sueldo cuando no controlan redes de prostitución o pornografía infantil.

Por supuesto que llevan razón los latinos en sentirse indignados. La comunicación que se está dando de su estirpe, de su esencia, es una comunicación fraudulenta: ni todos son barrigones con bigotes ni todos son pistoleros a sueldo que andan gritando en las calles de Tucson que la vida no vale nada. Pero eso no es lo más grave: la enseñanza que deja la repetición constante de arquetipos como ése, o la que deja la ausencia de representatividad en las series estelares, es doble: que la violación de los derechos humanos de los chicanos es «legal» y que tienen que estar confinados a empleos ínfimos porque no aparecen nunca en las calles o en las tiendas, comprando ropa o besuqueándose, como los poderosos blancos.

Racismo no solamente es segregación sino, también, indiferencia. Que los espaldas mojadas y sus hijos se las arreglen como puedan, después de todo son intrusos en un país de libertad. ¿Intrusos? Hay que echar una mirada a la participación que tienen en el PIB de California o Texas esos intrusos. Participación que se puede medir por la transferencia anual de recursos a México de los trabajadores migrantes: cinco mil millones de dólares (menos el porcentaje que les roban las compañías que ofrecen, gratuitamente, claro está, los servicios de «dinero en minutos») anuales, la segunda fuente de ingresos para el país. ¿Intrusos? Las grandes economías de los estados sureños se basan en ellos. Y en la simulación cobarde de las autoridades estadounidenses, en contubernio con nuestras enclenques autoridades mexicanas...

La integración de una comunidad, en la era electrónica, pasa primero por las imágenes de la pequeña pantalla y luego se reproduce en las calles. Si en la tele no se da, para el ciudadano medio estadounidense nada tiene que decirse al respecto: no es un problema. Pero el asunto está sin resolver. Por ello el boicot es razonable: con fundamento, con datos, con estudios sociológicos, una comunidad decide ejercer su poder y su capacidad de presión. El ejemplo es interesante, sobre todo para todas aquellas comunidades segregadas por la dictadura de la imagen comercial: la dictadura más devastadora de este final de milenio.

EL OBSERVADOR 221-3

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A las puertas del templo
Del mito del desarrollo y la propuesta de Gandhi
Javier Sicilia

En anteriores artículos he hablado de las relaciones profundas que existen entre la ecología y la espiritualidad o, mejor, de cómo una verdadera y profunda espiritualidad contienen lo ecológico, sin que necesariamente tenga que ser comprendido o conocido.

Sin embargo, de estas reflexiones se desprende una última pregunta: ¿cómo se puede hacer una economía ecológica, o bien, una economía espiritual?

Gracias a Dios no hay fórmulas. Las fórmulas las producen los ideólogos, los economistas y los tecnócratas, y ya conocemos sus magníficos estragos. Querer reducir a una economía, como lo ha pretendido el liberalismo, la inmensidad de la gran economía que es la creación de Dios, es destruirla.

La vida espiritual, que en Occidente se alimenta del Evangelio y de Cristo, no da fórmulas ni recetas. Pero de sus enseñanzas se pueden obtener una pluralidad de maneras de vivir lo económico en un sentido humano y armónico con la naturaleza. El mundo monástico, el de Vasco de Quiroga, las comunidades del Arca, las granjas de Wendel Berry son unas de las tantas maneras de vivir espiritualmente la vida económica en armonía con el Reino. Hay otras más, una, sobre todo, que se levanta como un desafío nacional: la que desarrolló Gandhi para la India.

De este gran hombre, del que Einstein dijo: ¨para las generaciones futuras no será fácil creer que haya existido un hombre así», cuyo cincuenta aniversario luctuoso celebramos el año pasado, se ha estudiado su no-violencia, pero se ha abandonado su pensamiento económico. Él, sin embargo, es un crisol de toda la sabiduría espiritual de los siglos, y una respuesta brutal y perentoria a las economías contemporáneas destructoras del hombre y de la naturaleza. La búsqueda que hizo Gandhi de la autonomía aldeana, su retorno a la agricultura tradicional, a la producción artesanal y al mercado local, su limitación del industrialismo, son una afirmación tradicional y espiritual de la búsqueda del Reino y de su justicia.

Contra casi la totalidad de los líderes del Tercer Mundo, Gandhi no sólo vio que el colonialismo, expresión, en su momento, más acabada del industrialismo económico y de lo que más tarde sería la globalización, no era simplemente una guerra sino una plaga de dimensiones espantosas. Gandhi, como lo ha demostrado Jean Robert, «expresó su percepción del parentesco espurio que hay entre la religión y la enajenación (a través de ) la máquina: llamó a la fe maquinista (industrial) una superstición (un fruto de la Caída). Desde el principio percibió como un fenómeno religioso perverso lo que le fue vendido a los hindúes (y a todas las culturas vernáculas) como the on best way in the word».

Mientras todos los demás líderes nacionales, inclusive Nehru, quien tomó la dirección de la India después de su independencia, sucumbieron a las promesas de la serpiente industrial, Gandhi la desafió. La misma independencia de la India se debió al programa económico de Gandhi cuyo símbolo fue la charka, el torno de hilar tradicional en contra de los telares mecánicos y de la industria europea. Nadie, sin embargo, después de eso lo escuchó.

Hoy, después de 51 años, cuando el mito del desarrollo está causando una destrucción inaudita, los planteamientos de Gandhi regresan como una propuesta que recoge en lo económico lo más puro de la tradición espiritual del mundo.

Lo que hace a Gandhi tan actual en este fin de siglo y ante la crisis del desarrollo y de la globalización es, como lo afirmó Jean Robert, «su arraigo a las verdades (espirituales), tan viejas como los cerros y (por lo mismo) su completa inmunidad a las supersticiones de la modernidad».

Si el hombre quiere salvar no sólo la ecología, sino también su dignidad humana, tiene que volver el rostro a una exigencia espiritual que es incompatible con las nociones de desarrollo. Una economía, como hoy día dicen, sustentable, es decir, ecológica, no puede existir en un mundo de máquinas y de explotación de la vida. La sustentabilidad es espiritual y, en consecuencia, armónica con todo lo que vive, y grande en su pobreza como la vida misma.

EL OBSERVADOR 221-4

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DERECHOS HUMANOS
Deuda externa y Jubileo del año 2000 *
Miguel Concha **

La celebración jubilar del año 2000 ha añadido en el mundo occidental a la crisis recurrente de la deuda externa, con todas sus secuelas amenazantes para el sistema financiero internacional y trágicas para la mayor parte de la humanidad, un elemento cultural, e incluso religioso,de gran significado ideológico y aglutinador, que ha vuelto a plantear sobre la mesa el terrible problema del endeudamiento de los países pobres para el futuro armónico del mundo. Con su carga utópica y emotiva de comienzo de una nueva época, de una nueva vida, por lo menos desde el año 1996 viene movilizando de manera cada vez más organizada y masiva, en muchos países, a innumerables organizaciones de la sociedad civil que demandan por razones económicas, morales y humanitarias la condonación total o parcial, con condiciones o sin ellas, de la deuda externa de los pueblos pobres del planeta. A este esfuerzo plural se han venido sumando muchas iglesias con sus propias motivaciones, desde el Vaticano y los obispos católicos latinoamericanos, hasta el Consejo Mundial de Iglesias y muchas ONGs cristianas o de inspiración de este credo.

Se dio a conocer de manera relevante en los pasados días la acción emprendida por un grupo importante de académicos, líderes sociales y músicos famosos del mundo, pidiéndole al papa Juan Pablo II su mediación ante el Banco Mundial y el Grupo de los 7, con el fin de condonar la deuda de los países pobres. Se informó también que, en el marco del Jubileo del año 2000, al que convocó el propio Juan Pablo II en 1994, y tomando en cuenta que sólo el pago de los intereses es de tal magnitud que limita el desarrollo de las personas y de los pueblos, la Conferencia del Episcopado Mexicano inició una campaña de recolección de firmas, para solicitar a autoridades nacionales e internacionales la condonación total o parcial de las deudas de los países pobres y su reconversión en proyectos de desarrollo social. Lo mismo hicieron a partir del primero de mayo de este año los superiores y superioras mayores de los religiosos católicos, al concluir su 36 asamblea en Orizaba.

Como factor de estímulo, vale la pena comentar que entre el 26 y el 28 de abril de este año tuvo lugar en Río de Janeiro el Tribunal de la Deuda Externa, con el objetivo de juzgar el caso brasileño y reforzar la campaña para el Jubileo del 2000. En su veredicto el Tribunal condenó el proceso de endeudamiento, y responsabilizó de éste a las élites dominantes, culpándolas igualmente por haber abdicado de un proyecto propio de desarrollo; consideró, asimismo, que la deuda favorece esencialmente a esas minorías en detrimento de la mayoría de la población, y es injusta e insostenible desde la perspectiva ética, jurídica y política. Por ello propone la unión de todos los pueblos en favor de una cancelación irrestricta y general de las deudas externas de los países con bajos ingresos y más endeudados.

* Artículo resumido ** El autor es dominico, presidente vitalicio del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.

EL OBSERVADOR 221-5

* Artículo resumido ** El autor es dominico, presidente vitalicio del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.

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COLUMNA HUÉSPED
Manipulación semántica *
Paz Fernández Cueto

Hábilmente disimulada a través de intentos de manipulación semántica, resurge nuevamente la cuestión del aborto. Algo aparentemente inofensivo como es la redefinición de la palabra embarazo propuesta en el anteproyecto de actualización de la Norma Oficial Mexicana: NOM-005-SSA2-1993, de los Servicios de Planificación Familiar, presentada el pasado 24 de agosto, suscita una vez más malestar y desata polémica. La cuestión no es tan sencilla ni puede reducirse a una confrontación más entre el Comité Nacional Provida y Juan Ramón de la Fuente, ni tan siquiera al choque frontal con la firme postura de la Iglesia que invariablemente sale en defensa de la vida humana desde el momento de la concepción. Esta vez es el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, quien levanta la voz en una carta de protesta «atenta pero enérgica», dirigiéndose a la Secretaría de Salud para manifestar su rechazo ante tal iniciativa.

Este anteproyecto, sujeto a una segunda revisión antes de ser presentado al Congreso, pretende modificar la Ley General de Salud con el objeto «uniformar los principios, criterios de operación, políticas y estrategias para prestar los servicios de planificación familiar en México...». Se presenta con carácter prioritario dentro de las políticas de salud reproductivas, advirtiendo que esta norma «es de observancia obligatoria en todas las unidades de salud, para la prestación de servicios de planificación familiar de los sectores público, social y privado del país». El apartado 4, que hace referencia a la terminología, enumera un amplio glosario de definiciones en donde aparece la del embarazo como «aquella parte del proceso de la reproducción humana que se inicia con la implantación del conceptus (de lo concebido) en una mujer y termina con el nacimiento de un producto o con el aborto». Esta definición introduce un nuevo concepto de preembrión que despoja de la categoría de ser humano al óvulo fecundado, hasta el momento de su implantación en la matriz, que tiene lugar alrededor de 14 días después de la concepción.

El asunto rebasa el ámbito de lo religioso presentando problemas inéditos de carácter jurídico por su implicación legal de grave trascendencia social. Al debilitarse la protección del embrión humano por ubicarlo al margen de la ley, queda expuesto a todo tipo de manipulación experimental o comercial, como es la producción y venta de embriones humanos, el congelamiento de los mismos con fines de experimentación, la clonación de seres humanos con animales y el desarrollo de nuevas técnicas abortivas o «anticoncepción de emergencia», como es la RU 486, conocida como la píldora del día siguiente, fármaco que se utiliza casi exclusivamente para producir abortos de embriones de pocos días de vida.

Aceptar esta modificación en la definición del embarazo implicaría de hecho dar entrada al aborto por la puerta de atrás sin necesidad de presentar una batalla frontal, ni de contravenir las conclusiones del Cairo, ratificadas en Beijing, que claramente especifican que: «de ninguna manera se aceptará el aborto como medio de planificación familiar». De esta manera, si lo concebido en una mujer adquiere el carácter de humano hasta el momento de la implantación en la matriz, lo que suceda antes carece de relevancia ético jurídica.

Puede ser relativamente fácil manipular la letra de la ley amañándola para dar cabida a una falsa justificación de errores. Y es absurdo que una definición oficial contravenga los datos más avanzados de la ciencia -en este caso de la genética- simplemente porque así conviene a intereses de carácter ideológico, económico o político. En el intento por resolver los grandes problemas humanos ocasionamos otros de peores consecuencias, por no tener en cuenta la búsqueda de la realidad objetiva al margen de nuestras conveniencias personales. Por eso el cardenal de Guadalajara escribió al secretario de Salud: «La sociedad no puede edificarse sobre lo que es falso. Una sana política de regulación de la población debería atenerse a los datos de la ciencia y sobre ellos elaborar un concepto correcto de la ley moral y una actitud de respeto a la vida humana, a través de una política de población sana y respetuosa».

* Artículo resumido. Se publica por convenio con la autora.

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* Artículo resumido. Se publica por convenio con la autora.

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La vida siempre es antes que la deuda
Rodrigo Guerra López *

Los antecedentes

A partir de 1982, iniciando con México, explota la crisis del endeudamiento externo del tercer mundo. Este fenómeno es consecuencia de múltiples factores que habían operado desde los años setentas: después de un cierto "desarrollo" rápido cambian los precios de las materias primas y de la demanda de estas por parte de los países industrializados. Esto se acompañó de un aumento enorme de las tasas de interés y por un largo período de un similar aumento del valor del dólar. En particular en México, la deuda externa hizo crisis en momentos en que los precios del petróleo parecían garantizar nuestra capacidad de pago. El llamado boom petrolero había causado un cierto espejismo en algunos de los principales tomadores de decisiones de nuestra patria (1978-1981). La baja repentina de los precios del petróleo, el alza de los intereses, y lo corto del plazo para el que fueron contratados los préstamos hicieron llegar al momento en que fue casi imposible cumplir con los compromisos contraídos. Así, en agosto de 1982, México anunció que sería incapaz de pagar hacia finales de 1984 la cantidad de 24 mil millones de dólares. Esta situación particular de nuestro país fue el inicio de un conjunto de graves crisis análogas que se suscitaron en diversas partes del mundo.

¿En qué consiste el problema?

La deuda externa se ha vuelto un obstáculo para el desarrollo humano porque fuerza a los países más pobres del mundo a usar sus escasos recursos para pagar su deuda en lugar de invertirlos en iniciativas que promuevan el bien común de la sociedad. En muchos casos la deuda ha sido contratada sin evaluar rigurosamente la capacidad de pago de un pueblo, y lo que es peor, algunos piensan que existen indicios de que estos recursos en ocasiones no han sido usados para promover el desarrollo social sino para compensar los déficit de divisas provocados por desequilibrios que en ocasiones tienen su origen en las luchas de poder, en la corrupción y en la impunidad.

La respuesta de la Iglesia

Ante este escenario, la Iglesia ofrece una respuesta en 1986 a través del documento Al servicio de la comunidad humana: una consideración ética de la deuda internacional, del Consejo Pontificio Iustitia et Pax. Este documento será desde aquel año el punto de referencia más importante para el tema de la deuda internacional desde un punto de vista ético-cristiano. Así mismo, inspirado en el documento vaticano, la Conferencia del Episcopado Mexicano, a través de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, publicó en 1987 un documento donde se ilumina la problemática específica de nuestro país: La deuda externa de México
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Muchos documentos e iniciativas de los distintos episcopados del mundo, de organismos ponticios y del mismo Papa han sucedido a estos primeros esfuerzos por ofrecer un conjunto de criterios éticos que permitan la comprensión y el eventual replanteamiento de la deuda internacional. Sin lugar a dudas en este contexto destaca el Documento de Santo Domingo que abordó el tema en un importante parágrafo; el análisis elaborado conjuntamente por Cooperación Internacional para el Desarrollo (CIDSE) y Cáritas Internationalis, intitulado Putting Life Before Debt (La vida antes que la deuda) en abril de 1998 y el apartado dedicado a este tema en Ecclesia in America.

Actualmente, dentro del contexto del Gran Jubileo poseemos una precisa indicación del Papa a este respecto. Dentro de un conjunto amplio de gestos y acciones para renovar la conciencia cristiana y el modo como ésta enfrenta al mundo y a la historia, Juan Pablo II apunta en Tertio millennio adveniente, 51: "En el espíritu del libro Levítico (25, 8-28), los cristianos deberán hacerse voz de todos los pobres del mundo, proponiendo el Jubileo como un tiempo oportuno para pensar, entre otras cosas, en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional, que grava sobre el destino de muchas naciones".

Esto quiere decir que en el "espíritu" de la antigua tradición sobre los jubileos es preciso que los cristianos recuperemos la conciencia de la importancia que tiene el perdonar las deudas. Más aún, en la actitud de reconocimiento de la presencia de Cristo en los más pobres tal y como lo recuerda Ecclesia in America, 12, es necesario que los cristianos nos hagamos voz de quienes no la tienen y sufren las consecuencias de las decisiones de política económica que han herido profundamente las posibilidades de desarrollo de los pueblos más pobres del planeta.

Consciente de este importante desafío, la Conferencia del Episcopado Mexicano a través de la Comisión Episcopal de Pastoral Social nuevamente emprenderá un conjunto de acciones encaminadas a solidarizarse con los más pobres de México y del mundo y de esta manera explicitar la dimensión social del Gran Jubileo. El primer paso de este programa consistirá en realizar una colecta de firmas del 20 de septiembre al 17 de octubre de 1999 que se sumará a las colectas realizadas en diversos países del mundo para solicitar a los organismos financieros internacionales y a los principales países acreedores que se emprendan nuevas vías efectivas y socialmente responsables para condonar parcialmente la deuda de los países pobres y reconvertirla en proyectos que fomenten el desarrollo de las comunidades y de las naciones.

Con esta campaña, los obispos mexicanos una vez más realizan el ejercicio de su ministerio profético llamando la atención sobre la necesidad de que la sociedad pida de un modo sencillo pero elocuente que las premisas que están a la base de su progreso individual y social estén a la altura de las exigencias de la dignidad humana. Así mismo, los obispos con este esfuerzo responden a una compleja situación económico-financiera que ha agravado la situación de los más pobres y desprotegidos. Finalmente, con este gesto participativo el episcopado mexicano sigue al Santo Padre en una de las iniciativas más ambiciosas y trascendentes de su pontificado que pretende a toda costa afirmar la vida siempre antes que la deuda

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Muchos documentos e iniciativas de los distintos episcopados del mundo, de organismos ponticios y del mismo Papa han sucedido a estos primeros esfuerzos por ofrecer un conjunto de criterios éticos que permitan la comprensión y el eventual replanteamiento de la deuda internacional. Sin lugar a dudas en este contexto destaca el Documento de Santo Domingo que abordó el tema en un importante parágrafo; el análisis elaborado conjuntamente por Cooperación Internacional para el Desarrollo (CIDSE) y Cáritas Internationalis, intitulado Putting Life Before Debt (La vida antes que la deuda) en abril de 1998 y el apartado dedicado a este tema en Ecclesia in America.

Actualmente, dentro del contexto del Gran Jubileo poseemos una precisa indicación del Papa a este respecto. Dentro de un conjunto amplio de gestos y acciones para renovar la conciencia cristiana y el modo como ésta enfrenta al mundo y a la historia, Juan Pablo II apunta en Tertio millennio adveniente, 51: "En el espíritu del libro Levítico (25, 8-28), los cristianos deberán hacerse voz de todos los pobres del mundo, proponiendo el Jubileo como un tiempo oportuno para pensar, entre otras cosas, en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional, que grava sobre el destino de muchas naciones".

Esto quiere decir que en el "espíritu" de la antigua tradición sobre los jubileos es preciso que los cristianos recuperemos la conciencia de la importancia que tiene el perdonar las deudas. Más aún, en la actitud de reconocimiento de la presencia de Cristo en los más pobres tal y como lo recuerda Ecclesia in America, 12, es necesario que los cristianos nos hagamos voz de quienes no la tienen y sufren las consecuencias de las decisiones de política económica que han herido profundamente las posibilidades de desarrollo de los pueblos más pobres del planeta.

Consciente de este importante desafío, la Conferencia del Episcopado Mexicano a través de la Comisión Episcopal de Pastoral Social nuevamente emprenderá un conjunto de acciones encaminadas a solidarizarse con los más pobres de México y del mundo y de esta manera explicitar la dimensión social del Gran Jubileo. El primer paso de este programa consistirá en realizar una colecta de firmas del 20 de septiembre al 17 de octubre de 1999 que se sumará a las colectas realizadas en diversos países del mundo para solicitar a los organismos financieros internacionales y a los principales países acreedores que se emprendan nuevas vías efectivas y socialmente responsables para condonar parcialmente la deuda de los países pobres y reconvertirla en proyectos que fomenten el desarrollo de las comunidades y de las naciones.

Con esta campaña, los obispos mexicanos una vez más realizan el ejercicio de su ministerio profético llamando la atención sobre la necesidad de que la sociedad pida de un modo sencillo pero elocuente que las premisas que están a la base de su progreso individual y social estén a la altura de las exigencias de la dignidad humana. Así mismo, los obispos con este esfuerzo responden a una compleja situación económico-financiera que ha agravado la situación de los más pobres y desprotegidos. Finalmente, con este gesto participativo el episcopado mexicano sigue al Santo Padre en una de las iniciativas más ambiciosas y trascendentes de su pontificado que pretende a toda costa afirmar la vida siempre antes que la deuda

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Algunas preguntas sobre la deuda externa...

1. ¿En qué consiste la deuda externa de los países pobres? Es la inmensa cantidad de dinero que los países más pobres del mundo deben a bancos, países desarrollados y a las Instituciones Financieras Internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc). Esta deuda es contratada por el gobierno de cada país y en la mayoría de los casos el solo pago de los intereses es de tal magnitud que hoy por hoy limita el desarrollo de las personas y de los pueblos.

2. ¿Por qué se originó un endeudamiento tan grande? Existen muchas causas por las que los diferentes países contrataron sus deudas y por lo que les resultó muy difícil cuando no imposible seguirlas pagando. Sobresale el aumento de los precios del petróleo en los años setentas que originó que los bancos poseyeran una cantidad excedente de dinero por lo que ofrecieron créditos "atractivos" a los países pobres y que les dieran mayores ganancias. Los países pobres aceptaron el endeudamiento en base a estimaciones sobre su desarrollo que no se cumplieron. Esto sumado a la corrupción dio lugar a una grave crisis.

Posteriormente los intereses crecieron y crecieron. Ante esta situación los países endeudados, comenzando por México, dejaron de pagar y solicitaron nuevos créditos para pagar los anteriores dándose así un círculo vicioso muy peligroso.

3. ¿En qué se aplica el dinero que los países pobres han pedido? En algunos países ciertamente se aplicó una parte para proyectos de desarrollo. Sin embargo, existen también algunos casos en que el dinero fue usado más para cubrir los desequilibrios monetarios generados en ocasiones por medidas deficientes de política económica, que para implementar proyectos encaminados al desarrollo social integral.

4. ¿Por qué es injusta la deuda externa? Por que la población, sobre todo la que más necesitaría de recursos para alentar su desarrollo, es utilizada como depositaria de compromisos que están al margen de sus intereses y de sus necesidades auténticas. De esta manera los más pobres no se beneficiaron realmente de las consecuencias de los préstamos concedidos y además sus condiciones de vida se deterioraron por los pagos de la deuda externa sin poder hacer nada para impedirlo.

5. ¿Por qué el Papa Juan Pablo II ha convocado a la condonación parcial o total de la deuda de los países más pobres del mundo? En primer lugar porque en fidelidad a Jesucristo que se ha hecho pobre y viviendo profundamente el espíritu que anima al Gran Jubileo los cristianos y todos los hombres y mujeres de buena voluntad necesitamos realizar acciones que promuevan a los más necesitados y les den nuevas oportunidades para su desarrollo. Juan Pablo II de esta manera ha pedido que todos los cristianos nos hagamos "voz de todos los pobres del mundo" para trabajar a favor de una "notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional que grava sobre el destino de muchas naciones". ¡De esta manera, dentro del Gran Jubileo perdonar las deudas también es perdonar!

6. ¿Qué podemos hacer? La Iglesia católica te invita a firmar del 20 de septiembre al 17 de octubre de 1999 para solicitar a las autoridades internacionales y nacionales la condonación parcial de las deudas y su reconversión en proyectos de desarrollo social. ¡Firma y participa! (CEM / CEPS / CIRM / Cáritas mexicana)

EL OBSERVADOR 221-8

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Cuaderno de notas
Perdón de la deuda

La única institución humana qua ha alzado la voz por los pobres, en este fin de milenio y siempre, es la Iglesia católica. El asombroso problema de la deuda externa de los países a los que pomposamente se llama «en vías de desarrollo», no ha querido ser tocado por nadie que no sea Su Santidad Juan Pablo II, los obispos y fieles laicos de la Iglesia católica, apostólica y romana.

Tanto así que la semana pasada un grupo de artistas rockeros, como Bono (del grupo U2) o Bob Geldorff; salseros, como Willie Colón, y un largo etcétera, se acercaron a Castelgandolfo para recibir el apoyo del Santo padre y buscar –mediante el espectáculo– la conciencia del mundo sobre un problemón que cancela el futuro de millones de niñas y niños en el planeta.

Partamos de un principio: la Iglesia quiere poner las bases de una civilización del amor. Y eso necesita gestos, señales, signos concretos. ¿Cómo se puede edificar la civilización del amor si entre los países existe una deuda –adquirida, la más de las veces, por gobernantes corruptos y para engrosar sus cuentas bancarias– que niega la mismísima posibilidad de ser a los niñas y niños más pobres del mundo? Si el año 2000 tiene algo de emblemático, ese emblema ha de ser el perdón.

Y habría que pedir más: que el perdón sea sin condiciones. Los «generales» financieros de la actualidad (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial...), tanto como los gobiernos del Norte, suelen ser puntillosos y desalmados: ellos ven números, no almas; ven dinero, no rostros desfigurados por el dolor y la necesidad. La Iglesia católica les pide –nada más y nada menos– la conversión de su corazón. Y con ella, la conversión del corazón de todos. La civilización del amor debe nacer de ese gesto humano que instituyó Cristo con su muerte: la comprensión que todo lo abarca, que todo lo entiende, que todo lo abraza.

En resumen: no puede haber civilización del amor con las bases de odio y competencia que ahora poseemos. Y esas bases están anidadas en el corazón de cada uno. (J. S. C.)

(FIN)

EL OBSERVADOR 221-9

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