El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

17 de octubre de 1999 No. 223

SUMARIO

bullet PINCELADAS Pregúntale a la estrella
bulletEuropa, «una apostasía tranquila»
bulletCárcel: lugar de deshumanización
bulletCORRESPONDENCIA Votar por el personaje del siglo
bulletNo somos seis mil millones de habitantes, la ONU miente
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN Retrato de niño con televisor
bulletUn mártir que espera reconocimiento: P. Crescenciano Aguilar
bullet¿USTED QUÉ OPINA? El Congreso de la Unión será el culpable
bulletCORRESPONDENCIA A propósito del infierno
bulletCUADERNO DE NOTAS Servir para vivir
bulletPERDER POR DEFAULT ¿Y por qué no convertir a los policías?
bulletUn principio básico en la búsqueda de justicia y libertad
bulletCristianos al volante
bulletINTIMIDADES: LOS JÓVENES NOS CUENTAN Me hace falta una vida espiritual
bulletCOLUMNA HUESPED Mexicanos y «takatakas»
bulletUna hora por México
bulletSOS: ¡Alarma, México!

PINCELADAS
Pregúntale a la estrella
Justo López Melús *

En la vida hay dos maneras de reaccionar frente a las realidades concretas. Unos contemplan melancólicamente las situaciones penosas de muchas personas, y se lamentan porque son tantas que no las van a poder remediar. Otros, en cambio, van más allá de las lamentaciones, se dejan de utopías y empiezan a actuar.

Estaba un escritor junto al mar y vio cómo un joven recogía las estrellas de mar que las olas lanzaban a la orilla, y las devolvía a su elemento, pues sabía que, si quedaban sin agua en la marea baja, morirían.

– No tiene sentido lo que haces –le dijo el escritor–. Hay miles de estrellas de mar en el Pacífico que se quedarán en seco, y no podrás salvar a todas.

– ¿Que no tiene sentido lo que hago? –replicó el joven– ¿Por qué no le hace la misma pregunta a las estrellas de mar que acabo de salvar?

Y los dos se dedicaron durante un buen rato a salvar estrellas. Tú no puedes hacerlo todo en el mundo, pero hay algo que sólo lo puedes hacer tú.

* El autor es operario diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 223-1

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Europa, «una apostasía tranquila»
Jesús Colina
* El continente se deshumaniza en la medida en que se vuelve menos cristiano.
* Sin vida eterna el sufrimiento deja de tener sentido.

ROMA.- El Sínodo de Europa, que se celebra en el Vaticano del 1o. al 23 de octubre, no ha perdido un segundo. Desde el primer día ha puesto sin miedo sobre el tapete de la discusión los tremendos desafíos que tiene que afrontar la Iglesia católica si quiere que el cristianismo no se convierta en una realidad del pasado.

El ritmo de la discusión quedó marcado por la intervención del cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid: «¿Qué es lo que tiene que decir la iglesia a una Europa que, tras las caída del Muro, ve cómo se refuerzan sus lazos políticos y culturales? Pero, sobre todo, ¿qué es lo que puede decir a un continente que parece encaminarse hacia una 'tranquila apostasía'»?

El cardenal Paul Poupard, «ministro» de Cultura de la Santa Sede, utilizó palabras duras y al mismo tiempo sugerentes para describir el panorama cultural europeo: «agnosticismo intelectual, amnesia cultural, caos ético, asfixia religiosa, anemia espiritual». Y agregó que, «al ser menos cristiana, la cultura europea se ha hecho menos humana. Así, evangelizar la cultura europea supone permitirle el volver a ser una cultura plenamente humana».

André Fort, obispo de Perpiñán, profundizó en el gran drama europeo de estos momentos: «Nuestra exagerada discreción en la afirmación de nuestra esperanza en la vida eterna y de nuestro deseo de la venida de Cristo, el único que puede destruir la muerte, tiene graves consecuencias: ante una condición humana amputada de su dimensión escatológica, los fracasos, los sufrimientos y la muerte se hacen insoportables. Cristo no es deseado ni esperado, pues no es realmente amado. El sentido salvífico del sacrificio se convierte entonces en algo incomprensible y el sacerdocio aparece como algo inútil».

El Sínodo pone sin miedo el dedo en la llaga, pero esto no significa que el aula haya quedado prisionera de la desesperanza. Los signos de una nueva primavera en el Espíritu están ahí, con los nuevos movimientos eclesiales. Su mérito reside en haber redescubierto la vivencia comprometida de la fe en esta nueva Europa.

EL OBSERVADOR 223-2

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Cárcel:
lugar de deshumanización

Según las conclusiones de un reciente congreso mundial de pastoral penitenciaria realizado en México, las cárceles tienen, en general, muchos efectos negativos.

Los que participaron en la reunión –delegados de unos 55 países, en su mayoría americanos– hubieron de reconocer que el sistema carcelario, más que un método preventivo o de readaptación social, es deshumanizador y no protege de manera adecuada a la sociedad.

Los delegados de la pastoral constataron que «en muchas partes del mundo no se aplican las normas internacionales de trato que debe ser reservado a los encarcelados». Éstos suelen estar mal alimentados, expuestos a la violencia y no reciben la asistencia sanitaria que realmente requieren. Por si fuera poco, en algunas ocasiones las cárceles forman parte de un gran complejo industrial cuyos intereses se anteponen a las necesidades reales de la sociedad.

«A partir de nuestra experiencia –dicen los delegados–, resulta que demasiada gente es encarcelada y que con frecuencia es utilizada por una política de construcción de nuevas prisiones con costos muy altos, en lugar de buscar otros caminos alternativos de justicia más eficaces y ciertamente más económicos. Consideramos que el método más apropiado y en línea con el mensaje bíblico de esperanza, en la medida en que se puede aplicar, es el de la justicia reparadora, con todas las formas de reconciliación reconocidas por una comunidad».

EL OBSERVADOR 223-3

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Correspondencia
Votar por el personaje del siglo, desperdicio de energías

Nada comparable a la propuesta anual del colegio sueco que designa a los premios Nobel (que puede aún discutirse). Hace días nos enterábamos de la selección hecha por una revista estadounidense de gran circulación acerca de los jóvenes iberoamericanos con más proyección de líderes para la próxima década. Entre los mexicanos estaban el señor Emilio Azcárraga y el grupo Café Tacuba, además de otros (en un ejercicio que recordaba los lejanos tiempos del bachillerato). Si bien sostenida en una serie de hechos personales innegables de cierta trascendencia social y artística, el grupo de personajes resulta de una idea de los medios de comunicación como parte de un aparato más grande de entretenimiento circense. Jefferson decía, palabras más o menos, que la democracia será plena cuando exista la madurez suficiente de todos los individuos de una sociedad para escoger a sus dirigentes. Huelga decir que el mundo es tal porque a lo que podemos llegar con nuestro criterio miope es a entronizar líderes de tercera clase, cuya idea del respeto a la vida y a la dignidad humana es muy pobre. El que llega al poder está hecho bajo el control de calidad de una sociedad enfermiza en la que todos tenemos responsabilidad, dígase pecado social.

Apareció en el número 207 de su periódico (27 de junio de 1999) una columna que hace alusión a una encuentra realizada por la revista Time, que continúa el estilo del culto a las celebridades tan característico de Hollywood. No tendría la menor importancia (juego de preparatorianos) si en la lista no apareciera el nombre de Su Santidad el papa Juan Pablo II al lado de Hitler, R. Reagan, Luther King y otros. No creo que estemos en la capacidad de realizar una selección de este tipo –por las consideraciones que se mencionaban inicialmente– sin caer en el populismo y la superficialidad. Es indiscutible la labor ecuménica realizada por Su Santidad, y no tiene siquiera comparación en cuanto a la importancia que reviste para la humanidad. No es posible encasillar a todas las personalidades en un solo patrón, y darle crédito a este procedimiento sería pérdida de tiempo. No es negativismo ridículo, sino el intento de dar a cada cosa la importancia que tiene. No sabemos quién apoye a Reagan, B. Graham o M. Gandhi, ni quién ganará, pero desperdiciamos energías en un ejercicio mundano que servirá para llenar unas cuantas columnas de la revista Time y par ensoberbecer al grupo de los elegidos (porque hay miles de personas atrás de cada nombre propuesto).

Hay que decir, en honor a la verdad, y aunque parezca inoportuno, que EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD es un semanario de crítica social y promoción espiritual muy bien llevado, como rara vez habíamos visto anteriormente. Personalmente leo con regularidad el periódico y me complace tener enfrente esta calidad de opinión. Espero así no ofender su criterio con esta postura, pues lo que se pide es un voto, no un punto de vista. Me mueve el impulso de manifestar mi posición con el afán de cambiar un poco la visión propuesta.

Dr. Ramsés E. González Jasso.


Estimado Dr. González Jasso:

EL OBSERVADOR y éste que escribe compartimos su punto de vista sobre la banalización de la vida que ha traído consigo el mundo de las imágenes. Sin embargo, nos hemos propuesto dar la batalla justamente ahí, donde los católicos nos hemos retirado por flojera o acaso por conveniencia. Nuestro voto es incondicional por el Santo Padre como personaje del siglo y, si mucho nos apuran, del milenio. Así tenemos que expresarlo. En Times o donde sea necesario. Porque Juan Pablo II ha querido conservar, contra viento y marea, la pureza de la pretensión cristiana.

Muchas gracias por sus comentarios sobre nuestra labor editorial.

Jaime Septién Crespo,
Director General.


EL OBSERVADOR 223-4

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No somos seis mil millones de habitantes, la ONU miente

Jesús Colina

* La población se regula por sí sola al incrementarse el nivel de vida.
*Para el 2020 será perfectamente visible la catástrofe de la disminución de habitantes.

ROMA.- Pierre Chaunu, profesor emérito de La Sorbona y miembro de la Academia Francesa, truena contra la estupidez humana cuando se le pide comentar el Informe de Naciones Unidas sobre la Población, que anunció que el 12 de octubre la población mundial llegó a seis mil millones. «Estos datos son falsos, estamos ante una auténtica manipulación del tipo de la que se ha usado contra Pío XII».

En cincuenta años de investigación demográfica Chaunu ha analizado todos los aspectos del crecimiento y disminución de las poblaciones, y en 1975 denunció el colapso demográfico de Occidente. «Desde hace 35 a 40 años –explica– constatamos una fantástica desaceleración de las tasas de fecundidad, pero estos cálculos no son nunca tenidos en cuenta. Todas las cifras africanas están infladas, como resultó, por ejemplo, en un censo hecho en Nigeria hace algunos años, y cuyas cifras no concordaban para nada con las de Naciones Unidas. África tiene cien millones menos de ciudadanos de las cifras oficiales».

¿Por qué se inflan los datos?

«Los organismos internacionales –opina el demógrafo francés– han gastado sumas enormes para imponer en muchos países un plan de control de natalidad muy autoritario que debe ser justificado anunciando un peligro inminente para todo el planeta. Dicho esto, es verdad que ha habido períodos en los que la tasa de crecimiento era excesiva. Pero la regulación se produce espontáneamente con el aumento del nivel de vida. No hace falta falsificar los datos».

«Los datos sobre China, país que actualmente no logra sustituir a las generaciones, no son creíbles. En Europa actualmente no hay un solo país en el que la población tenga un saldo positivo en su crecimiento demográfico, mientras que en 12 o 15 países, entre ellos Italia y Alemania, son más las muertes que los nacimientos. Incluso América Latina, Brasil a la cabeza, ha dejado de crecer», revela Chaunu.

«Se habla hoy de un período de transición, es decir, el paso de la explosión demográfica a la implosión; pero este fenómeno ocurrió hace ya cincuenta años –dice el experto–. Según mis cálculos, en el conjunto del planeta las generaciones no podrán ser sustituidas a partir del 2020. El hecho es que el fenómeno de la caída total de la población no es evidente en los primeros 30 años porque la población sigue creciendo por efecto del envejecimiento».

En opinión del demógrafo francés, un cierto número de expertos estadounidenses que trabajan para la ONU, «aunque se han dado cuenta de que han cometido un error en sus cálculos, en nombre de la buena causa juegan con el miedo: miedo a la invasión y la asfixia por parte de ciudadanos del Tercer Mundo».

EL OBSERVADOR 223-5

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Medios de comunicación
Retrato de niño con televisor
Santiago Norte

El timbre de alarma ha sonado, pero ni los padres de familia ni las sesudas autoridades lo escuchan: en México 70% de los niños deciden qué ver en la televisión sin que para ello sus progenitores sean tomados en cuenta. La completa libertad para las cadenas comerciales –el paraíso de los refresqueros–: cuatro horas y cuarto (que es el promedio nacional) cada día para hacer de los pequeños maquinitas bien aceitadas de consumo. ¿Y todavía alguien se extraña cuando en el centro comercial el pequeñajo pide dinero «nomás pa' comprar algo»? Ese «algo», lo que sea, es el triunfo de la incapacidad paterna y estatal de poner atención en el lugar donde se forjan las actitudes, los hábitos y las obsesiones de la era moderna: en el sillón frente a la pequeña pantalla.

Hay niños que ocupan hasta siete horas diarias con la ladrona número uno de tiempo que el hombre haya podido concebir. Y a lo que ven, bien mirado, no valdría la pena regalarle ni un minuto: vejaciones, asesinatos, violaciones y balazos, porque eso compone la mayor parte de las caricaturas, género que los niños de México prefieren (64%) sobre las telenovelas infantiles (14%), los programas de concurso (10%) y las series de violencia o policiacas (4%). Si hubiera un poco (nada más un poco) de vergüenza en las televisoras (y no las dejaran regirse por la libre, como ahora las deja Gobernación), jamás habrían programado engendros como Pokémon, ya si no por la calidad ínfima de ese subproducto de algún trepanado japonés, siquiera porque supieron que en el país de origen causó epilepsia a cerca de un millar de niños.

Estamos en el reino de la impunidad, en el país del todo se vale, con tal de que no reste capital a los dueños del capital. Se nos espeta en cada informe de gobierno (como si fuera un triunfo cumplir medianamente con el mandato constitucional) la cifra en millones de pesos gastada en proporcionar educación a los niños mexicanos. Cifra que se pierde cuando uno coteja con la realidad quién educa y quién forma a los niños mexicanos: no la SEP, por supuesto, sino Televisa o TV Azteca. Y si no lo creen, para la muestra el siguiente botón: 36% de los infantes de este país hacen su tarea mientras ven la tele (por 32% que juegan y 24% que comen frente al aparato). Si a este dato aterrador (ahora se explica uno por qué el examen del Ceneval arroja los resultados que arroja), a este dato desalentador habría que agregarle otro: los chicos pasan 900 horas en promedio al año en el aula, por mil 600 frente a la TV. ¿Qué tendría más peso? Una reforma educativa a fondo iniciaría con una reforma de los hábitos. Pero nadie –que se sepa– querría echarse ese trompo a la uña. Molestar a Azcárraga, a Salinas..., no, por favor: estamos en tiempo electoral.

De las cuatro a las seis de la tarde nueve millones de niños están frente a la tele haciendo su tarea en uno de los 17 millones de hogares mexicanos que poseen televisor o, quizá, en uno de los siete millones que poseen dos aparatos. Ese día la tele permanecerá encendida siete horas y cada miembro de la familia la verá por turnos cerca de cuatro horas. ¿Y hay quien duda de que la verdadera Secretaría de Educación está ahí, tras de esos monos que enseñan que los conflictos se resuelven a puñetazos y que el más débil tendrá siempre que morder el polvo, por su debilidad o por su diferencia? No topar con el envilecimiento paulatino de la convivencia (del lenguaje, de las interrelaciones) que provoca la televisión es no darse cuenta de lo obvio. Cambiar el esquema implicaría fortaleza, decisión: devolverle al niño su derecho a ser niño. Poco cabe esperar, sin embargo, de «autoridades» que dejan pasar Pokémon. Poco o nada. Y es cuando surge una luz: normemos las horas que pueden ver TV los niños, involucremos el talento, seamos guías. Mañana lamentaremos no haberlo hecho hoy.

EL OBSERVADOR 223-6

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Un mártir que espera reconocimiento: P. Crescenciano Aguilar

El padre Crescenciano Aguilar fue asesinado en la capilla de El Castillo, Jalisco, en las cercanías de Juanacatlán, el 13 de septiembre de 1926. Él era el capellán y fue asesinado allí mismo por los agraristas confabulados con el gobierno de Calles porque el sacerdote inició una campaña que estaba perfectamente de acuerdo con los postulados de la doctrina cristiana. Sostenía, en su predicación a las masas campesinas, esta tesis: O tierras o sacramentos. Esto es, que los afiliados a las ideas agrocomunistas -que se apropiaban arbitrariamente de las fincas agrícolas para repartirlas, despojando de ellas a sus legítimos dueños- no podían recibir los sacramentos de la Iglesia con buena conciencia, ni los ministros del Señor podían impartírselos.

Y sin embargo, un grupo de campesinos, movidos por sus funestos líderes agrarios, que comprendieron tener en el esforzado sacerdote un fuerte adversario de sus ideas disolventes y anticristianas, invadieron su casa y lo asesinaron cobardemente. Así, fue una de las primeras víctimas del odio comunista contra la doctrina de la justicia y de la paz, predicada por Jesucristo. Y bien merece un lugar de honor en el catálogo de nuestros mártires mexicanos.

EL OBSERVADOR 223-7

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¿Usted qué opina?
El Congreso de la Unión será el culpable
Genaro Alamilla Arteaga

Según recientes comunicados de prensa, corresponde al Congreso de la Unión autorizar o no el establecimiento de casinos en México.

Estupenda oportunidad para que los representantes del pueblo lo sean auténticamente, no lo traicionen y acaten su voluntad manifestada en diversas formas, tanto por individuos como por instituciones, en el sentido de que si se llegaran a establecer los casinos, el costo ético, moral, familiar, social y hasta económico sería muy alto.

Debe tenerse presente –y el Congreso de la Unión lo tendrá– que intereses foráneos de las mafias que manejan internacionalmente esos negocios ya han ofrecido apoyos económicos a nacionales para que le entren a esas empresas que van a producir «ríos de divisas al país», cuando se sabe que la mayor tajada se la llevan los mafiosos. ¡Ojo, señores diputados!

Se usa toda clase de artimañas para hacer que parezcan juegos limpios, y a través de paleros aparecen ganadores de miles de millones de pesos, lo que entusiasma a los ignorantes o ingenuos, y caen en la tentación.

Aun suponiendo que los casinos como tales fueran muy honestos, el hecho es que en torno a ellos se crea otra clase de centros de perversión: prostíbulos, hoteles de mala nota, diversiones pornográficas y cuanto la maldad humana crea para pervertir.

Pero hay un daño verdaderamente lamentable: el juego crea adicción, y cuando el hombre es víctima de esta adicción es capaz de arriesgarlo todo hasta quedarse en la calle. Arriesga cuentas bancarias, bienes inmuebles y muebles y, lo que es de lamentar, su propia casa. Éste es un daño irreparable para la familia. ¿Acaso ignoramos que en esta situación es cuando el suicidio se hace presente?

Según el secretario de Turismo, los casinos serían un buen elemento para ser más competitivos.

Si la situación general del país fuera más confiable, no hubiera tanta inseguridad que se concretiza en asaltos, asesinatos, secuestros, malos servicios en restaurantes, hoteles, etcétera, turísticamente México sería más atractivo y competitivo, y sin violentar la ética y la moral los visitantes foráneos se multiplicarían. A esto habría que añadir que si se abrieran al turismo tantos lugares bellísimos que hay en todo el territorio nacional –hasta hoy ignorados– de gran atractivo para nacionales y extranjeros, las divisas no se dejarían esperar y llegarían en abundancia.

Responsable de la decisión será el Congreso si, sin estudiar suficientemente el caso, llegara a aprobar el establecimiento de esos centros de juegos de azar. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 223-8

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Correspondencia

A propósito del infierno

Leí en EL OBSERVADOR del 26 de septiembre que un respetable seglar se desorientó al leer un escrito periodístico titulado «El Papa apaga el infierno».

Ya que en dicho escrito se dice que el escritor consultó a un servidor, alguien puede pensar que yo avalo lo que allí se dice.

Por eso me permito hacer esta respetuosa aclaración.

Ciertamente con frecuencia me presto para servir a la gente en las entrevistas periodísticas. En una forma sencilla deseo contestar a las preguntas inquietantes del seglar mencionado.

Me uno para afirmar que el Papa no ha enmendado nada ni ha incurrido en retrasos sobre el tema relacionado con el infierno. He releído su enseñanza de la Audiencia. Es la doctrina irrevocable del Papa y de la Iglesia. Se dice con Santo Domingo (n. 152): «No hay que olvidar que el indiferentismo debe ser combatido mediante una presentación adecuada del sentido último del hombre, a la que mucho ayudará la presentación de los Novísimos».

Por «Novísimos» entendemos «lo más nuevo», «los últimos sucesos» que tendrá el ser humano. También se les llama «postrimerías», y entran en el estudio de la escatología. Los principales Novísimos son: muerte, juicio, infierno y gloria. El problema está en el concepto infierno. Vemos que en el artículo mencionado se afirma erróneamente que no existe ni el infierno ni el pecado.

Precisamente en la catequesis del miércoles 28 de julio Su Santidad habló del infierno como un rechazo definitivo de Dios. Explicó que «el infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios». También nos recuerda el Papa lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica: «que el infierno es un estado de autoexclusión definitiva –por nuestra propia y libre elección– de la comunión con Dios y con los bienaventurados.

Dice algún texto: «El infierno es el tormento con el que Dios castiga eternamente a los que mueren sin arrepentirse de sus pecados mortales». Viene a ser como el fracaso definitivo del hombre.

Jesucristo habla en el Evangelio 15 veces del infierno, y en el Nuevo testamento se dice 23 veces que hay un fuego con unas características muy distintas del fuego de la tierra, pues atormenta a las almas.

San Juan Crisóstomo y san Agustín le llaman «pena de daño» y consiste en una angustia terrible por haber perdido para siempre a Dios.

Es evidente que una conciencia bien formada distingue la existencia del bien y el mal y sabe que lo mejor está en seguir el camino del bien.

Existe el pecado: es un rechazo a Dios, un abuso de la libertad que Dios da a los seres racionales para que puedan amarle y amarse mutuamente.

Es cierto que nuestro mundo no anda bien, abundan los desórdenes y los crímenes; nos urge dar su lugar a Dios y a los eternos valores de la ética.

P. José Morales Flores.

EL OBSERVADOR 223-9

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Cuaderno de notas
Servir para vivir

Con la adhesión de EL OBSERVADOR –esperamos que también de sus lectores– a la campaña «Una hora por México», del Centro Mexicano para la Filantropía, A.C., queremos convencernos y convencer a quien podamos de que el cambio, el verdadero cambio, está en nosotros mismos. Esperar que «el México que todos queremos» venga «de arriba» es tan inútil como esperar que venga «de abajo».

EL OBSERVADOR donará espacio para que esta campaña se afiance de aquí al fin de año. Pero cada uno de nuestros trabajadores, de acuerdo con sus habilidades, su tiempo, su edad, tendrá también ese compromiso: dar una hora a la semana por los demás; una hora gratuita en alguna de las cien acciones que nos enlista el programa Mira.

Nuestro Señor Jesucristo nos dejó un mandato (no la exhortación ni el aplauso por): servir al hermano con todo el corazón, amarlo sirviéndolo. En un juego de palabras que se me ocurre y que, espero, no tergiverse el sentido del mandato al servicio de Jesús, podría decir que en la doctrina cristiana el que no sirve no sirve. Servir es servir. Quedarse a la vera del servicio es como morir lentamente, como apagarse en la existencia el fuego mismo de la existencia.

El lema de una universidad de inspiración católica dice: «El que no vive para servir no sirve para vivir». Creo firmemente que no hemos hecho nuestra esta traducción «libre» del luminoso mensaje de Cristo. Hay que servir con alegría para que la alegría nos sirva de algo.

Ir «nadando de muertito» por la vida, dejándonos llevar por la corriente, dejando hacer y dejando pasar es el suicidio social. La voluntad movida por el amor puede hacer milagros. Queremos milagros para sacar al país del hoyo en que lo ha metido un puñado de mal nacidos y un grueso de la población que espera sin hacer (que es igual de inútil que hacer sin esperar). Una hora por México a la semana, ¿es mucho? No es nada si lo comparamos con las 49 horas semanales que en promedio le dedica cada familia mexicana a la televisión. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 223-10

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PERDER POR DEFAULT
¿Y por qué no convertir a los policías?
Diego García Bayardo

Todos los ciudadanos hablan de la terrible peligrosidad que tienen las calles de nuestro país. Llueven las quejas sobre la inseguridad que asola nuestras ciudades, la impunidad de que gozan los delincuentes, la ineficacia de la policía y del sistema penitenciario y la corrupción que enferma a nuestras autoridades. ¿Soluciones? Pues mucho se habla de contratar más policías, provistos de vehículos, armas y demás pertrechos más poderosos y modernos. También se habla de una profesionalización del policía, con una instrucción más exigente y mejor programada que la de hace algunos años. Para el problema de la corrupción entre los cuerpos policíacos, se maneja como paliativo el dar a los agentes una instrucción cívica adecuada y proporcionarles salarios dignos, que les quiten la tentación de redondear sus ingresos de forma deshonesta.

Todas estas soluciones se han intentado en distintos lugares y momentos y, la verdad, todavía no vemos muy buenos resultados. La mayoría de la gente dice que si le ponen cerca un grupo de agentes judiciales, lejos de sentirse protegida se siente atemorizada, amenazada. Y con toda razón. La corrupción e ineficiencia no se dejan derrotar sólo con armamento moderno, más policías y clases de civismo. Además, la impunidad requiere mucho más que eso para irse acabando.

Matar, herir, abusar de la propia autoridad, aceptar o exigir sobornos, privar de la libertad sin justificación, etc. son delitos de los que se acusa con frecuencia a agentes de policía de todo el país. Pero esos no son sólo delitos. Son pecados. La dimensión de pecado es mucho más profunda que la de delito, porque compete a toda la persona y a su relación con Dios y con el prójimo, no sólo con la ley. Ésta es el área de trabajo para cualquier solución de fondo, y cuando se habla de pecado el remedio absoluto siempre es Jesús.

Hace mucho que existe una pastoral penitenciaria, que lleva el Evangelio y la oportunidad de conversión a los delincuentes que abarrotan las cárceles de nuestro país. Aunque muchos convictos, al salir del penal, vuelven a delinquir, hay también muchos que reconstruyen su vida sobre la base del perdón y amor que han visto que Cristo les da. ¿Por qué no hacer algo parecido con los policías? ¿No cree usted, amable lector, que un policía corrupto o violento necesita convertirse a la Vida por lo menos tanto, si no es que más, que un delincuente convicto?

Un policía auténticamente católico respetaría a su prójimo, sabría discernir los límites de su poder, desarrollaría una auténtica vocación de servicio -que, vista así, sería un auténtico apostolado-, aplicaría la violencia sólo en la medida y momento adecuados y lograría integrar en su persona ese espíritu de sacrificio y autonegación que tantos y tantos policías, muertos en el cumplimiento de su deber, han demostrado tener ahí, en su corazón, como una semilla que nadie, tal vez, se preocupó por hacer crecer y madurar. ¡Qué frutos habría dado esa entrega si desde antes de la muerte se hubiera acrisolado, en una conversión plena que transformara su vocación y su vida!

Propuesta. Que en cada diócesis se establezca la pastoral policial, organizada de tal modo que varios sacerdotes vayan a los cuarteles y agencias policíacas a predicar la fe de Cristo entre nuestros protectores. Esta nueva pastoral podrá tomar algo del ejemplo de la pastoral penitenciaria, aunque sus características serán desde el principio bastante diferentes. Aunque es posible que en una segunda etapa de trabajo los policías acudan a obispados o parroquias a recibir instrucción y apoyo espiritual, al principio será indispensable que los sacerdotes vayan a buscarlos donde están. En esta ocasión no sugiero la participación de los laicos, al menos en la primera etapa de trabajo, porque creo que la autoridad que confiere la investidura sacerdotal será muy importante para que los policías acepten los primeros contactos.

EL OBSERVADOR 223-11

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Un principio básico en la búsqueda de justicia y libertad *
José Arturo Lozano Madrazo

«La magnificencia de la vida no se encuentra en el enorme tamaño de las cosas grandes sino en la exquisita sencillez de las cosas pequeñas» (no sé de dónde salió, pero qué bonito dice, y, además, lo creo).

Para octubre de 1999 nacerá el ciudadano número seis mil millones en esta aldea terrena, se dijo. ¡Qué cálculo! Faltó que nos dijeran el día y la hora, porque pedir el lugar y el sexo sería mucha exigencia. En fin, la moraleja es que somos muchos y que la demasía es presunto origen de las carencias que sufrimos. A pesar de tanta ciencia y de sus enormes beneficios, somos testigos impávidos del triunfo avasallador de uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis, el hambre, lo que brinda actualidad a la vieja anécdota de los optimistas y pesimistas con referencia a la escasez de comida, en que, a decir de unos, en el futuro sólo tendremos excrementos para comer, pero que, según los otros, no alcanzará para todos.

Si hablamos de producir alimentos caemos obligadamente en lo ecológico y en la necesidad de crear enormes reservas territoriales en las que haya un respeto absoluto a cuanta especie animal, vegetal y mineral esté presente, pero que, desgraciadamente, siendo verdaderos santuarios de la naturaleza, no aportan de inmediato algo para combatir la hambruna universal. Bien dijo alguien, con bastante criterio, que todas las batallas ecológicas nacen derrotadas.

Hay una corriente social del pensamiento que puede corregir los vicios que se registran en el uso, así como en las omisiones y los abusos; que tiene una sólida esencia humanista y ecológica, razonada y teológica. Postula modos serios y graves. Se trata tan sólo de otorgar preferencia a lo propio sobre lo ajeno, a lo natural sobre lo procesado, a lo sencillo sobre lo elaborado, a lo fácil sobre lo complicado y a lo económico sobre lo oneroso. Es realizar en todas y cada una de las pequeñas cosas de la vida cotidiana la exquisita sencillez de la grandeza de la vida. Es la expresión del ser individual y comunitario que se ha llevado a cabo en algunas regiones geográficas y que se ha llamado ¡balcanización!, principio básico en la búsqueda de justicia y libertad.

Desgraciadamente no es cosa fácil, sino todo lo contrario, porque es necesaria la heroica aplicación de estas opciones en forma tenaz y permanente hasta en los más pequeños detalles de la vida, por insignificantes que puedan parecernos. Pero, sobre todo, porque pone su interés total y definitivamente en contra de la filosofía que nos echó sus ilotas e idiotas: la globalización de la economía de mercado y su expresión más acabada, el consumismo. Y ahí y en eso luchar primero contra nosotros mismos y después contra los dueños del dinero universal, la cosa está para llorar y en serio. Pero soñar no cuesta: la vida es camino; las utopías, espíritu; la muerte, etapa, y la esperanza muere al último. Una frase para el consumismo: «Todo lo que se come de más es robo para el estómago de un pobre» (Ghandi, el Mahatma).

* Colaboración resumida.

EL OBSERVADOR 223-12

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Cristianos al volante

¿Ese conductor que pega su automóvil al mío con las luces prendidas, presionándome a exceder con mucho el límite de velocidad o a encajonarme tras un camión es cristiano? No, no creo. Al menos, esa conducta no parece acorde a la caridad cristiana.

¿Y ese temerario que rebasa todo cuanto se le pone enfrente hasta perder el control del auto y estrellarse en una barda? ¿Amenazar la vida de otros y la suya propia puede insertarse en el mandamiento de «amar a tu prójimo como a ti mismo»?

¿Y qué tal esos que cuando pongo mi direccional se aceleran para no dejarme pasar? ¿O los que echan el carro encima: paso porque paso?

Bien dicen que cuando se maneja se revela la verdadera personalidad. Pero, ¡no confundir!, no es que el prepotente que se escuda dentro de una potente máquina sea tan poderoso como él cree cuando aprieta el acelerador. Lo que vedaderamente está demostrando son sus complejos, su inseguridad que necesita escudos, y su falta de madurez mostrada en la poca consideración a los demás. Y, claro, no podemos pensar que sea un buen cristiano.

Porque el cristiano al volante debe ser alguien cuidadoso, responsable, amable, con respeto hacia sí mismo y hacia los demás, que cumple el reglamento de tránsito y que siempre está de buen humor.

¿Cómo manejaría Jesús si estuviera frente a un volante? Ciertamente no me lo imagino echándole las luces al conductor de adelante, mucho menos pensando lo que supongo que piensan los que actúan de esa manera.

EL OBSERVADOR 223-13

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Intimidades. Los jóvenes nos cuentan
Me hace falta una vida espiritual
Yusi Cervantes

Antes tenía una vida espiritual más rica. Era una espiritualidad sencilla, la de un niño frente a Dios. Pero la vida es más complicada. La he perdido y siento que me hace falta, pero no sé cómo hacer para recuperarla. No me atrae la idea de formar parte de un grupo y tampoco me atrae ese estilo formalista y anticuado de mucha gente que conozco. Quiero algo para mí, algo que me diga algo a mí.

Esa sed de lo espiritual que tienes, esa inquietud es de lo más valioso porque mientras la mantengas viva no te va a permitir renunciar a una parte esencial de tu ser: a tu espíritu.

Está inscrito en tu naturaleza: estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Por eso lo buscamos afanosamente; por eso esta nostalgia y este deseo y este hueco que ningún amor humano puede llenar.

Cuando eras niño, con la inocencia y la frescura de los niños, te era más fácil. Ahora que eres un hombre, necesitas recuperar el corazón del niño capaz de decir a Dios: Abbá, Padre. Será entonces un amor que combine la madurez del hombre con el abandono del niño, será un amor más completo.

¿Cómo recuperar la vida espiritual? Créeme, hay un camino para ti, un llamado personal. Dios te llama por tu nombre, conoce los secretos de tu corazón, te ama de una manera única y personal. Sólo tienes que abrirte, porque Él está ahí, junto a ti.

El primer consejo es: haz oración. Dedica varios momentos en el día a ese encuentro personal con Dios. La Iglesia tiene una gran riqueza en oraciones para todos los gustos y todas las necesidades, y puedes valerte de ellas. Luego haz tu propia oración, donde expreses antes que nada tu gratitud, luego tus súplicas, tu arrepentimiento y tus promesas, si es el caso. Pero también es muy importante que busques unos minutos de silencio interior, de paz, de aquietamiento del alma, donde simplemente estés en presencia de Dios, es decir, de oración contemplativa.

Lee y reflexiona todos los días algún fragmento de las Sagradas Escrituras y de algún libro espiritual. Hay libros de diferentes estilos, para todos los temperamentos, escritos desde muy distintas experiencias y acentos. Busca alguien que te asesore y te guíe, que resuelva las dudas que te vayan surgiendo, que te recomiende lecturas.

Acércate a los sacramentos y ve a Misa lo más frecuentemente que puedas, sí, incluso entre semana. Pero no vayas a aburrirte. Vive la Misa, escucha realmente las oraciones y las lecturas, involúcrate en el sentido de cada momento.

Si realmente quieres profundizar, necesitas un director espiritual. Busca cuidadosamente un sacerdote que pueda dirigirte: que proyecte paz y alegría interiores –señal de que su vida espiritual es buena–; que sea bueno, inteligente, profundo; que pueda sintonizar contigo. Tal vez conozcas ya a alguien así. Si no, puedes recorrer varias Misas y escuchar con atención las homilías. ¿Cuáles te mueven, te inspiran, te conmueven, te cuestionan más? Habla con esos sacerdotes, conócelos y decide.

Aun cuando no te atrae la idea de pertenecer a un grupo, no olvides que estamos hechos para vivir en comunidad. Esto quiere decir que hace falta que vivas tu espiritualidad no sólo en forma íntima, sino también compartiendo experiencias, escuchando... El mensaje cristiano es Verbo, se transmite de boca en boca. El cómo vivir la dimensión comunitaria es algo que tú deber encontrar.

Nunca olvides que una auténtica espiritualidad se traduce en vida, en amor al prójimo. Te compromete, te transforma. Sé congruente.

Hay muchas formas de apoyar esta búsqueda de una vida espiritual (retiros, el contacto con la naturaleza, el arte...); sin embargo, me parece que las que aquí menciono son las básicas. Pero pregunta, indaga y ve perfilando tu forma de vivir la espiritualidad.

Desarrollar una vida espiritual es ponerte en contacto con tu yo más profundo, con tu vocación trascendente y con el Espíritu Santo que habita en ti. Como diría santa Teresa, sólo te pido que mires cómo Dios te mira.

La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR.

EL OBSERVADOR 223-14

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COLUMNA HUÉSPED
Mexicanos y «takatakas» *
Paz Fernández Cueto **

¿Cómo justificar la desproporción entre las cantidades millonarias destinadas a propaganda partidista y el sinnúmero de horas de capital humano invertidas en sostener un aparato burocrático, con relación a las urgentes necesidades humanas básicas que siguen sin atenderse en nuestro país? Un relato digno de consideración, cuya semejanza con la realidad cotidiana que vive el país dista de ser mera coincidencia, «La fábula de los mexicanos y los takatakas», refiere que en 1994 se celebró una competencia de remo entre Japón y México en la cual los remeros japoneses se destacaron desde un principio llegando a la meta una hora antes que el equipo mexicano. De regreso en México, el Comité Ejecutivo se reunió para analizar las causas de tan desconcertante e imprevisto resultado. Las conclusiones fueron las siguientes: 1) En el equipo japonés había un jefe y 10 remeros, y 2) En el equipo mexicano había un remero y 10 jefes de equipo, por lo que la decisión pasó a la esfera de Planificación Estratégica para la próxima competencia, con una reestructuración que calaría en lo más profundo de la delegación.

En 1995, producida la largada de la nueva competencia, el equipo japonés volvió a adelantarse desde el comienzo; esta vez el equipo mexicano arribó a la meta dos horas más tarde. El nuevo análisis del Comité Ejecutivo arrojó los siguientes resultados: 1) En el equipo japonés había un jefe de equipo y 10 remeros, y 2) En el equipo mexicano, luego de los cambios introducidos por el departamento de Planificación Estratégica, la composición era la siguiente: a) un jefe de equipo, b) dos asistentes al jefe de equipo, c) siete jefes de sección y d) un remero. La conclusión del Comité fue unánime y lapidaria: «el remero es un incompetente».

En 1996 se le presenta una nueva oportunidad al equipo mexicano. El Departamento de Nuevas Tecnologías y Negocios había puesto en marcha un Nuevo Plan destinado a mejorar la productividad. Introduciendo novedosas modificaciones en la organización que generarían, sin lugar a dudas, incrementos substanciales de efectividad, eficiencia y eficacia. Serían la llave del éxito, el broche de oro de un trabajo que humillaría al mismo Peter Drucker.

El resultado fue catastrófico: el equipo mexicano llegó tres horas más tarde que el japonés. Nuevamente las conclusiones revelaron datos escalofriantes. 1) Para desconcertar, el equipo japonés optó por la alineación tradicional: un jefe de equipo y 10 remeros. 2) El equipo mexicano utilizó una Novedosa Formación Vanguardista integrada por: a) un jefe de equipo, b) dos auditores de calidad total, c) un asesor de empowerment, d) un supervisor de downsing, e) un analista de procedimientos, f) un tecnólogo, g) un contralor, h) un jefe de sección, i) un apuntador de tiempos y j) un remero.

Luego de varios días de agotadoras reuniones y profundos análisis, El Comité decidió castigar al remero quitándole «todos los bonos e incentivos por el fracaso alcanzado». En la reunión de cierre, el Comité, junto con los Accionistas Representativos decidieron lo siguiente: «Recurriremos a la contratación de un nuevo remero, pero a través de un contrato de outsourcing, con el objeto de no tener que lidiar con el sindicato y no estar atado a convenios laborales anquilosados que sin duda degradan la eficiencia y productividad de los recursos», desprendiéndose de la anterior historia tres moralejas: 1) No hay justicia en los Juegos Olímpicos, 2) Los takatakas usan anabólicos y 3) El remero era reactivo en lugar de ser proactivo, el remero era flojo, no se apegó a la misión, visión, objetivos, estrategias y tácticas del sistema y, por si fuera poco, no supo trabajar en equipo. Por gente como ésta el país no progresa.

Tan ingenioso relato tiene dramática semejanza con el deterioro que ha sufrido nuestro país de unos años para acá, arrastrando situaciones que lejos de resolverse parecen complicarse cada día más. Las Comisiones Especiales, Comisiones para Asuntos Delicados, Comisión de Concordia y Pacificación, Consejos Universitarios, Alianza Opositora o Comisión para el Desarrollo del Proceso Interno del PRI se han traducido en sonidos de asombrosa ineficacia, provocando un fastidio generalizado por simple cuestión de agotamiento. Otro gallo nos cantaría si evitáramos el dispendio absurdo de palabras vanas y de esfuerzos inútiles y nos dedicáramos a trabajar, es decir, a remar todos empeñosamente hacia la misma dirección.

EL OBSERVADOR 223-15

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Una hora por México

Dedica a los demás una hora de tu tiempo a la semana
MIRA a tu alrededor y encontrarás muchos problemas que puedes resolver y personas a quienes ayudar desde hoy.
PIENSA cómo colaborar y para qué tienes facilidad. Recuerda que aportando un poco de trabajo ¡todo tiene solución! Lo importante es empezar.
¡ACTUA! Escoge una o más acciones para realizar en favor de todos y... ¡manos a la obra!
¡ANIMATE, EL CAMBIO EMPIEZA POR TI!

«Mira por los demás» es un programa del Centro Mexicano para la Filantropía, A. C. (CEMEFI) por el que se invita a todo ciudadano a participar en la campaña «una hora por México», consistente en la ofrenda de una hora a la semana en beneficio de todos. Cada uno de nosotros puede y debe participar y ayudar a construir una sociedad más justa, digna y equitativa, con oportunidades para todos. Busca a qué causa quieres ayudar: niños, ancianos, ecología, arte y cultura, escuelas, hospitales. Necesidades hay muchas, ocúpate de alguna de ellas. La primera meta es recibir al año 2000 con el compromiso de 500 mil mexicanas y mexicanos que, como tú, queremos que las cosas cambien.

El Observador se suma a esta campaña. Tú puedes escoger una o más de estas cien acciones que en principio se sugieren:

EL OBSERVADOR 223-16

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SOS: ¡Alarma, México!

Más de trescientos mil mexicanos se encuentran, en estos momentos, en desgracia. Lo han perdido todo, pero no han perdido la esperanza de tu ayuda. Necesitan aportaciones económicas, alimentos, cobijas, medicinas, material de construcción y agua embotellada (envases de litro y medio).

Acude a
CÁRITAS DIOCESANA (en tu diócesis) o a
CRUZ ROJA MEXICANA (en tu delegación)
Elige cómo apoyar y con quién ayudar. Pero apoya y ayuda.
El Observador te puede dar mayores informes.. Comunicarse con el Director al teléfono (01-4) 214-18-42.

(FIN)

EL OBSERVADOR 223-17

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