El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

7 de noviembre de 1999 No. 226

SUMARIO

bullet PINCELADAS La noche y el día
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN Técnica sin hombre
bulletTransición, alternancia y cambio, aún se pueden
bulletUn acusación más para el papa Pío XII
bulletLa comunidad cristiana y el servicio a los pobres
bulletQue los gobernantes no se avergüencen de la fe, si la tienen
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO Ecología y espiritualidad
bulletEl EZLN olvidó su lucha humanitaria
bulletHay que tener un gran amor hacia los más pobres de este mundo
bulletAumentan penas a quienes corrompan a los menores
bulletPERDER POR DEFAULT ¿Un hijo sacerdote? No, gracias
bulletHomosexualidad: distorsión publicitaria
bulletPANTALLA CHICA
bulletLa familia ante el nuevo milenio
bulletCUADERNO DE NOTAS De maestros y testigos
bulletConcluyó la Primera Semana Social Nacional
bulletSe acortan las divergencias teológicas entre luteranos y católicos

PINCELADAS
La noche y el día
Justo López Melús *

Un día un maestro preguntó a sus alumnos:
–¿Cómo podemos saber cuándo acaba la noche y empieza el día?
– El día empieza cuando, al ver un animal desde lejos, distingo si es un cordero o un perro.
– No –contestó el maestro.
– Entonces cuando, al ver un árbol, distingo si es una higuera o un cerezo.
– Tampoco.
– Cuando distingo si un hombre es blanco o negro.
– Tampoco.

Ahora fueron los alumnos los que preguntaron cómo podía saberse.
– La diferencia entre el día y la noche se da cuando, al mirar a una persona, sea quien sea, ves en ella a un hermano. Si no la ves como hermano, sea la hora que sea, es que tu corazón está en la noche.

«Quien dice que está en la luz, y aborrece a un hermano, aún está en las tinieblas» (1 Jn 2, 9).

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

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Medios de comunicación
Técnica sin hombre
Santiago Norte

En el reciente Congreso sobre Humanismo, celebrado en Santiago de Querétaro, se habló, y muy claro, sobre los riesgos que corremos al fin del milenio al entronizar la tecnología y enterrar al hombre. No a la tecnología como signo, sino a esa avasalladora ola que se ha ido tragando, literalmente, aspiraciones de libertad, solidaridad, fraternidad; aspiraciones de gente común: relaciones cálidas, cara a cara, personales. El nuevo sujeto de la historia ya ni siquiera es el sujeto frente a una pantalla de computador; es, sin más, la computadora misma. Hoy se piensa más en los requerimientos de expansión de las máquinas que de los pueblos. La prueba fehaciente es el gasto armamentístico en el planeta, en especial en los países subdesarrollados. Si no fuera así no estaríamos ahora exhibiendo esta estadística obscena: cuatro días al año que no se gastara en un arma servirían para dar educación a los dos mil millones de personas que carecen de ella.

Eric McLuhan –el hijo de Marshall McLuhan– ha engendrado un análisis interesante para explicar esta absorción de la tecnología al hombre: esto es así porque cada vez la tecnología nos hace más analfabetos, más irracionales. Nuestro «modelo» de respuesta es la respuesta de la máquina, quien no mezcla sentimientos, subjetividades o afectividades. Por lo mismo –y por el analfabetismo rampante que puebla universidades tanto como preparatorias o secundarias– somos incapaces de reconocer otro modo de respuesta. Se nos vuelve –inmediatamente– sospechoso todo aquel proyecto o persona volcado a la respuesta humana, errática, sinuosa pero caritativa, comprensiva, relacional. Como «síntomas del analfabetismo» contemporáneo, Eric McLuhan propone dos: el desinterés por la lectura y el descrédito del pensamiento reflexivo. Somos los creadores de esa nueva forma de infierno que nos invade: el infierno monótono de la repetición perfecta de las máquinas, el paisaje desolador y sin belleza del mundo tecnificado. «La belleza salvará al mundo», dijo Dostoievski. Seguramente no habría opinado lo mismo si hubiese sabido lo que siglo y medio más tarde los humanos consideramos bello (lo no-convulso, lo homogéneo representado en la pulida liquidez de la pantalla).

Estamos, pues, entrando en una zona muy peligrosa del desarrollo de la tecnología: la suplantación del hombre. Es la pesadilla de Mary Shelley, concebida en Villa Diodati, frente al lago de Ginebra, un tormentoso verano de 1816: Frankenstein. El horrible monstruo que se le escapa de las manos a su creador, la metáfora de un mundo donde la máquina rebasa al hombre creador (y lo modela a su imagen y semejanza). Extraordinaria perversión del sentido de la técnica: en lugar de servir para mejorar el desarrollo humano, convierte al hombre en un personaje movido por hilos y relleno de borra. El moderno Frankenstein es mucho menos explícito en sus costurones y cañamazos que Boris Karloff en su papel cinematográfico (enamorando a Elsa Lanchester, por ejemplo): camina recto, es brillante, costosísimo y no tiene cabeza como de plato. Pero es mucho más peligroso: devora sin deglutir, mata sin pasión, actúa sin piedad. Sobre todo, el monstruo moderno tiende a ser de una aterradora perfección: se ha vuelto un ideal omnipresente y omnipoderoso.

Cuando fundó la carrera de Ciencias y Técnicas de la Información en la Universidad Iberoamericana, el jesuita Sánchez Villaseñor cinceló en su lema la cualidad que debería tener todo proceso humanizante de comunicación: «la técnica sometida al espíritu». Ha cambiado muchísimo el mundo en estos cuarenta últimos años. Hoy los procesos de comunicación se emprenden desde el analfabetismo del espíritu y desde la exaltación de la técnica. Un asunto esencial para generar una sociedad más humana ha llegado a ser su contrario, su contrapartida. Igual que Frankenstein y su inventor, en la maravillosa novela de Mary Shelley.

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Transición, alternancia y cambio, aún se pueden *
Arturo Lozano Madrazo

"Ya ahogado el niño hay que tapar el pozo"; y el de Celaya se está haciendo, como siempre, con lo que se pueda y se deje. Cuántos más nos faltarán por tapar.

Septiembre de 1999: la explosión del 26 y el sismo del 30 son dos importantes eventos que nos cimbraron profundamente. Curiosa mancuerna de un fenómeno provocado por el hombre con otro de origen natural; uno esperado y otro no previsible; uno localizado y el otro expandido.

Sin restarles su cabal trascendencia a los anteriores, otro evento importante acaeció la misma semana; pero éste fue por omisión y no por organización, y sus damnificados, que sumamos millones, no conoceremos de sus beneficios otro largo tiempo: abortó la coalición o alianza por México. Pero no por tan comentada está suficientemente discutida. Sucedió que el tiempo y el momento fueron inoportunos, y los protagonistas, con todo y notables, resultaron inadecuados. Aquí no vamos ni debemos tapar el pozo, sino a promover que brinde su agua para poder saciar esa sed que nos agobia.

Montados en puerca pinta en una utopía como única solución, incrementamos los problemas y creamos dificultades para caer en el pánico moral, culpar en lo específico y evadir en lo posible la responsabilidad de todos; y, con el grito de ¡síganme los buenos!, agraviar, aplastar, anonadar y aniquilar a los opuestos, que son los peores y únicos malos. Ya de entrada andamos mal, porque nadie da lo que no tiene y hemos adolecido de intolerancia y del respeto a la alteridad. Por la esencia misma de los partidos como por las declaraciones de los precandidatos y de algunos dirigentes de la oposición, fácil es concluir que la sonada coalición al único triunfo que deseaba aspirar era al electoral; el resto era especulación con probabilidades de ingobernabilidad por la carencia de programas formales de gobierno.

La transición la ambicionamos , la alternancia es urgente necesidad, y el cambio solamente es característica ineludible y sinónimo de vida que aprovechamos solo como una estrategia más en el mercado electoral. El tema tan es pozo que está vivo, que sin terminar de repartir las esquelas (del aborto aliancista) dos de los tres candidatos están usando el eslogan: "Alianza por México"; uno como lema impreso y el otro como nuevo material para ganarse al electorado.

No debemos catalogar este fallido intento de la coalición como un fracaso, sino registrarlo como una experiencia de lo que no se debe hacer; y si los próceres que viven inquietos por satisfacer a Don Juan Pueblo aún lo ambicionan, que se avienten de nuevo recordando que no es requisito destruir para construir, y que los tiempos mexicanos del "cuarto para las doce" no son los buenos –ni que fueran enchiladas–; que se trata de la reconstrucción ambiciosa de un México nuevo donde el bienestar familiar sea parte importante del patrimonio nacional.

La actividad de los partidos será intensa hasta el domingo 2 de julio del año 2000. Tendremos todo el tiempo que sea requerido, y espero que la voluntad suficiente, para intentar realizar con éxito lo que no pudimos el presente año. Quién quite y en el año 2006 logremos tener, con el voto universal, un gobierno sin partido, solo mexicano y ciudadano.

* Colaboración resumida.

EL OBSERVADOR 226-3

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Un acusación más para el papa Pío XII
Jesús Colina / Roma

Como si no fuera suficiente con las difamaciones escritas en el libro El Papa de Hitler, de John Cornwell, el 20 de octubre pasado, ANSA, la agencia de información más importante e influyente de Italia, publicó una noticia desde Washington, en la que se afirmaba que, «según un documento hasta ahora mantenido en secreto, el papa Pacelli dijo en confianza a un diplomático estadounidense que consideraba exageradas las noticias sobre las atrocidades nazis contra los judíos». La noticia se basa en un informe redactado por el embajador estadounidense ante la Santa Sede, Harold Tittmann, a raíz de una audiencia de 40 minutos que le concedió el papa Pío XII el 30 de diciembre de 1942.

Según informaba ANSA, «en la conversación, Pío XII manifestó su sorpresa cuando Tittmann observó que su mensaje navideño —en el que Pacelli había condenado a los nazis— no había sido satisfactorio para la opinión pública». En aquel famoso radiomensaje, el Papa criticó «el asesinato de personas a causa de su raza y nacionalidad, palabras que fueron comprendidas claramente por los nazis, pero que para Tittmann no eran suficientes».

El despacho de ANSA continúa diciendo que «en la conversación, el Papa dijo que las noticias sobre las atrocidades nazis contra los judíos eran exageradas y que en todo caso él no estaría dispuesto a denunciarlas, sin condenar al mismo tiempo a la Unión Soviética».

Según esta fuente, Tittmann registró también una declaración del Papa Pacelli, según la cual, prometió que condenaría a los Aliados en caso de que bombardearan Roma. «Fue muy claro: si Roma es bombardeada, se vería obligado a protestar de manera solemne y pública. En todo caso —escribió el embajador estadounidense—, estaba convencido de que el ataque contra la capital italiana habría causado más daños que beneficios a la causa aliada».

Pierre Blet, el historiador jesuita al que Juan Pablo II ha indicado como el mayor experto en asuntos que afectan a la Santa Sede durante la Segunda Guerra Mundial, ha dicho al respecto: «Es increíble cómo se continúa tratando de echar barro sobre la figura de Pío XII. Algunos órganos de prensa han calificado el informe de Tittmann como un documento hecho público recientemente por los archivos nacionales de Estados Unidos, mientras que en realidad este informe ha sido consultado por los historiadores desde hace al menos 35 años. Lo publicó por primera vez Saul Friedlander en el libro Pío XII y el Reich, publicado en 1964. Ese mismo documento ha sido publicado también por Owen Chadwick, en 1986, en el libro Britain and Vatican».

«Por lo que se refiere al sentido del informe de Tittmann y al comportamiento del Papa Pacelli —explica el padre Blet— me parece que no cabe lugar a dudas. Los estadounidenses hacían presión sobre el Papa para que hiciera declaraciones encendidas contra los nazis, pero al hacer algo así no pensaban en la suerte de los judíos perseguidos, sino en la campaña de propaganda que se derivaría. Pío XII mantuvo su independencia de juicio, y continuó haciendo todo lo posible para salvar a los judíos del Holocausto».

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La comunidad cristiana
y el servicio a los pobres
Javier Algara Cossío * / San Luis Potosí, S. L. P.

«El servicio a los pobres... llega a ser manifestación del amor infinito de Dios por todos los hombres y un modo elocuente de transmitir la esperanza de salvación que Cristo ha traído al mundo, y que resplandece de manera particular cuando es comunicada a los abandonados y desechados de la sociedad. Esta constante dedicación a los pobres y desheredados se refleja en el Magisterio social de la Iglesia, que no se cansa de invitar a la comunidad cristiana a comprometerse en la superación de toda forma de explotación y opresión. En efecto, se trata no sólo de aliviar las necesidades más graves y urgentes mediante acciones individuales y esporádicas, sino de poner de relieve las raíces del mal, proponiendo intervenciones que den a las estructuras sociales, políticas y económicas una configuración más justa y solidaria» (Ecclesia in America, n. 18).

El texto papal es claro: el servicio a los pobres es una manifestación del actuar salvador de Dios en la historia del hombre. Es igualmente claro en otro punto: dicho servicio no puede convertirse en señal de la acción divina- sacramento- si no se realiza como Iglesia, como comunidad cristiana. No basta la acción individual y esporádica de los cristianos. ¿Qué tanto están nuestras comunidades cristianas, en cuanto tales, dedicadas constantemente a los pobres? Es mi impresión que muy poco porque no hay muchas comunidades cristianas que se sientan, se reconozcan y actúen como tales. Las acciones de servicio de grupos parroquiales, de escuelas católicas y similares raramente van enmarcadas ni son originadas en una vivencia de comunidad cristiana. Si un grupo de creyentes no ha experimentado vitalmente la acción liberadora del Señor actuante en su seno porque no se reúne como respuesta a la palabra proclamada, no vive su fe si no es enmarcada en ritos y acciones semimágicas, ignora que constituyen una comunidad con una misión salvífica, y sería mucho pedir que supiesen que existe un magisterio social de la Iglesia, menos se puede esperar de él un compromiso al estilo cristiano con los desheredados. Pobre manifestación eclesial del actuar divino es la intervención individual de un cristiano en lo social, lo político o lo económico si la misma no tiene nada de cristiana: ni emana de la fe, ni es respaldada por la comunidad cristiana, ni se orienta a restablecer el orden querido por Dios en el mundo. Los clubes de servicio hacen lo mismo; muchas ONGs también. ¿Es concebible que el Señor haya fundado su Iglesia simplemente como una ONG o un club filantrópico más?

Cuando la Palabra del Señor resuene de nuevo en nuestras parroquias, en nuestros colegios y grupos de acción, en nuestras familias, y se convierta en el punto focal de la formación de la comunidad; cuando la liturgia sea el centro de la vida comunitaria, en donde se experimenta la acción salvadora de Cristo; cuando los miembros de la comunidad, sacerdotes y seglares, se conozcan, se interesen en las vidas de los demás, planeen su vida individual y comunitaria, hacia dentro y hacia fuera, como respuesta a la Palabra acogida, entonces su servicio a los pobres se convertirá en señal ante el mundo del amor de Dios por la humanidad.

* El autor es diputado federal por el estado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 226-5

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Que los gobernantes no se avergüencen de la fe, si la tienen

«Los gobernantes no pueden imponer una religión a un país, pero sí respetar la pluralidad, y tiene la obligación de hacer profesión pública, sin proselitismo, de su propia fe». Así habló recientemente el obispo de Tapachula, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel al denunciar que que muchos bautizados se avergüenzan de su fe, la ocultan y la niegan, sobre todo quienes ocupan cargos de importancia y no son capaces de soportar las burlas de los incrédulos. «Es decepcionante que todavía algunos de nuestros dirigentes no den testimonio público de su fe. En el día del juicio, Jesús se avergonzará de ellos», señaló.

Pidió a los candidatos de los diversos partidos políticos que no dejen de participar en las celebraciones religiosas, «a no ser que su fe sea débil, raquítica y cobarde; lo que no se permite es hacerse publicidad a costa de elementos religiosos».

Por otra parte, solicitó al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) que no elimine la pregunta sobre la religión de los mexicanos en su próximo censo de población a efectuar el próximo año, aunque reconoció que en el país ha ido en incremento el número de indiferentes a practicar alguna religión; incluso «crecen más que los protestantes». Sin embargo, «es más preocupante que mucha gente deje de creer y de practicar su fe, que cambie de católico a protestante, porque en este caso siguen creyendo en Jesucristo y aunque les faltan varios medios de salvación, conservan lo fundamental».

EL OBSERVADOR 226-6

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A las puertas del templo
Ecología y espiritualidad *
Javier Sicilia

El sentido de la palabra ecología (que en el original griego quiere decir el estudio del lugar en el que vive o se halla algo) como defensa o cuidado del medio ambiente, es muy moderno. Nació hace poco, cuando el hombre se dio cuenta de que los procesos del industrialismo habían dañado seriamente a la naturaleza.

Mientras ese deterioro no se dio o, mejor, no se vio con la dimensión con la que ahora lo vivimos, el sentido de cuidar la naturaleza no existió ni como práctica ni como concepto. En todo caso, al menos en la Edad Media, es decir, cuando el mundo no era una resistencia a vencer, sino la creación de Dios, había cierto equilibrio entre la naturaleza y el hombre. Esto no quiere decir que en el hombre no estuviera ya inoculado el germen de lo que hoy se ha dado en llamar la cultura de la muerte, simplemente digo que el hombre no había tenido el tiempo suficiente para desarrollarlo en el sentido en el que algunos siglos después lo hizo.

¿Qué relación hay entonces entre espiritualidad y ecología? La espiritualidad es un término que incluye a la ecología. Un hombre espiritual, en la medida en que está inmerso en el amor de Dios, es un hombre que nunca destruirá. «Ama –decía san Agustín– y haz lo que quieras».

Todas las tradiciones religiosas han sido muy sensibles a ese hecho. Diré, incluso, que ellas, en su condición espiritual, y no ideológica, preservan y revelan que la naturaleza es una realidad sagrada, creación de Dios, imagen de su amor que hay que amar, respetar y preservar.

Hay en este sentido una anécdota muy hermosa. Se cuenta que los monjes de un monasterio budista edificado junto a un río jamás hicieron una obra hidráulica que les permitiera aprovecharlo; tampoco almacenaban agua en recipientes. Cuando tenían sed, los monjes bajaban hasta la orilla del río, se inclinaban sobre él y bebían el agua. No se puede expresar de mejor manera lo que significa el cuidado ecológico: aquellos monjes que vivieron en una época muy remota no conocían la ecología, pero en su experiencia espiritual la vivían en un grado que rebasaba mucho a nuestros ecologistas.

En la tradición judeocristiana esta evidencia es también incontestable. En el Génesis, en los relatos de la creación y de la caída, podemos seguir paso a paso el vínculo estrecho entre el hombre y el respeto por la naturaleza, y el proceso por el cual ese vínculo se rompió. Dice el Génesis: «Yavé formó al hombre con polvo de la tierra, y sopló en sus narices aliento de vida. Luego Yavé plantó un jardín en el lugar del Oriente llamado Edén; ahí colocó al hombre que había formado. Yavé hizo brotar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y buenos para comer. Y puso en medio el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (...). Yavé tomó, pues, al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y Dios le dio esta orden al hombre: 'Puedes comer de cualquier árbol que haya en el jardín, menos del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que de él comas, morirás sin remedio'». Sigue después el relato de la caída. «La serpiente (...) dijo a la mujer: '¿Es cierto que Dios les ha dicho: No coman de ningún árbol del jardín?'. La mujer respondió: 'Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín, menos del fruto del árbol que está en medio del jardín, pues Dios nos ha dicho: no coman de él, ni lo toquen siquiera, porque si lo hacen morirán'. La serpiente replicó: 'De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y serán como dioses y conocerán el bien y el mal'. La mujer vio que el árbol era apetitoso, que atraía la vista y que era bueno para alcanzar la sabiduría. Comió de su fruto y se lo pasó enseguida a su marido, que andaba con ella, quien también comió. Entonces se les abrieron los ojos (...)».

* Artículo resumido. Se publica por convenio expreso con el autor.

EL OBSERVADOR 226-7

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El EZLN olvidó su lucha humanitaria

Monseñor Felipe Aguirre Franco, obispo de Tuxtla Gutiérrez, ha declarado que el Ejército Zapatista y el subcomandante «Marcos» desgastaron su caudal político en los últimos cinco años, en la larga espera del reinicio del diálogo con el gobierno del presidente Zedillo. Denunció que, mientras el EZLN olvidó su lucha humanitaria al impedir que llegue la ayuda a los indígenas marginados de la región del conflicto, el líder político-guerrillero ahora se dedica a promocionar la edición de sus libros. «Se olvidaron de los grandes objetivos de la lucha: sacar de la miseria a los pueblos indígenas», subrayó.

Señaló el prelado que la comisión para la reconciliación y la paz del Episcopado Mexicano insistió ante las autoridades judiciales de Chiapas que se revisen los expedientes de más de un centenar de indígenas simpatizantes del EZLN que continúan en las cárceles de Chiapas. El tema, dijo el obispo, no se olvida para la Iglesia católica, porque tanto la desmilitarización como la liberación de aquellos presos inocentes, son puntos cruciales para la distensión hacia el diálogo.

EL OBSERVADOR 226-8

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El rincón del Papa
Hay que tener un gran amor hacia los más pobres de este mundo

En la ciudad del Vaticano, en reciente audiencia general, el Papa Juan Pablo II afirmó que la caridad cristiana debe «traducirse en el compartir e impulsar la promoción humana, entendida como crecimiento integral de cada persona».

Llamó a la comunidad cristiana a dar un paso más en la preparación de la gran fiesta de los dos milenios del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo: «En este tercer año de preparación para el Gran Jubileo es necesario redescubrir a Dios como Padre providente que se inclina ante los sufrimientos humanos para aliviar de ellos a cuantos se sienten afligidos», subrayó.

El vicario de Cristo fue enfático al referirse a los pobres como opción preferencial de la Iglesia, y en este sentido señaló que «la pobreza evangélica implica siempre un gran amor por los más pobres de este mundo», y que «anunciar a Dios Padre a estos hermanos no es posible sin el esfuerzo por colaborar en nombre de Cristo en la construcción de una sociedad más justa».

Así pues, continuó el Pontífice, «no puedo sino hacer notar una vez más que los pobres constituyen el desafío de hoy, sobre todo para los pueblos más ricos del planeta, en el que millones de personas viven en condiciones inhumanas y muchos hombres mueren literalmente de hambre».

Juan Pablo II pidió a los países desarrollados buscar «adecuados programas económicos y políticos» que logren «liberar a la humanidad de la plaga de la pobreza».

EL OBSERVADOR 226-9

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Aumentan penas a
quienes corrompan
a los menores


El Senado de la República aprobó las reformas para incrementar las penas por delitos tales como la corrupción de menores y la pornografía infantil. Estos delitos quedan considerados graves y la penalidad que se les asignó es la siguiente:

* De 10 a 14 años de cárcel a quien fije, grabe, imprima, elabore, reproduzca, venda, rente, exponga, publicite o transmita material en donde se exhiba corporal, lasciva o sexualmente a menores, y de 8 a 16 años a quien administre o supervise este tipo de asociación delictuosa. Por estos delitos se pueden alcanzar los 21 años de cárcel si se cometen contra menores de 12 años.

* De 5 a 14 años de cárcel a quien promueva, publicite, invite, facilite o gestione viajes al interior o exterior para tener relaciones sexuales con menores. También por este delito se puede llegar a los 21 años de cárcel si se comete contra menores de 12 años.

El dictamen será ahora enviado a la Cámara de Diputados para su ratificación. La opinión popular es que si todavía parecen leves estas penas cuánto no lo habrán sido antes.

EL OBSERVADOR 226-10

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PERDER POR DEFAULT
¿Un hijo sacerdote? No, gracias
Diego García Bayardo

Cada año me piden que suba al árbol de la vocación,
que recoja sus frutos, que los reparta a mis hijos...
¿Cómo podré hacerlo si en su casa
nadie quiere plantar el árbol de la vocación?
ANSELME TITIANMA SANON, OBISPO
DE BOBO-DIULASO (BURKINA FASO)

Cada vez que se me ocurre decir en alguna reunión con mis amigos y amigas -por cierto, todos son católicos- que me gustaría mucho que mi único hijo, cuando sea grande, sea sacerdote, todos exclaman que no, que por qué, que hay otras opciones, que ni que estuviera feo el niño...

En Querétaro el porcentaje de católicos es superior a la media nacional, de por sí muy alta, y sin embargo, las vocaciones sacerdotales son escasísimas en este estado tan «mocho», como dicen los católicos light. Todo mundo quiere que le bauticen a sus hijos en pública y fastuosa ceremonia; todos quieren casarse por la Iglesia, con un cura guapo y que hable bonito, y cuando las cosas se ponen difíciles, todos quieren confesor y la guía o apoyo espiritual de un sacerdote que esté disponible a cualquier hora. ¡Ah, pero cómo se niegan los papás a considerar siquiera que sus hijos sean sacerdotes! Lo que sea menos eso. ¿De dónde han de salir los sacerdotes entonces? ¿Es que los católicos queretanos creen que los sacerdotes se dan en maceta, caen del cielo o son una especie de raza extraterrestre?

Las familias católicas son la verdadera fuente de las vocaciones sacerdotales y es también en las familias católicas donde la semilla vocacional es asesinada de inmediato, cuando apenas da alguna señal de vida, antes de que se desencadene el desastre. ¿Tener un hijo sacerdote? No, gracias. Que se haga sacerdote el hijo de otro.

Si uno sale con que desea que su hijo sea presbítero la reprobación pública será inmediata, ya sea de forma directa o velada. Algunos, que no quieren ser tan obvios, cuando digo aquello sobre mi hijo no condenan directamente mi deseo pero se apresuran a decir: «No lo vayas a forzar, no lo obligues, él debe tomar su decisión». El consejo parece bueno, además es de sentido común, pero lo curioso es que si uno dice: «Ojalá mi hijo sea doctor» entonces todos exclaman que sí, que ojalá, que qué bueno sería. Nadie se acuerda entonces de prevenirme sobre influenciar a mi hijo en su decisión vocacional.

Para la inmensa mayoría los bienes celestiales son algo de poco valor, son algo «para después», y de tener un hijo santo a tener uno socialmente influyente, económicamente poderoso, casi todos prefieren sin dudar la segunda opción. Ha de ser que la mayoría, más «mocha» que católica -que no es lo mismo-, no acaba de creer que Dios existe, que su Reino está cerca, que es alcanzable y que es infinitamente mejor que este mundo terrenal. Y siguen negándole sus hijos a Dios, su verdadero padre, confiando que siempre habrá algún joven feo, tonto y fracasado en el amor para que sea sacerdote. O una solterona pobre y sin talento que se vaya de monja. Más pronto que tarde necesitarán un sacerdote, pedirán los Sacramentos, clamarán por el Viático, llamarán a gritos un confesor, y quién sabe si lo encontrarán.

EL OBSERVADOR 226-11

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Homosexualidad: distorsión publicitaria *
Mons. Rodolfo L. Nolasco

Mons. Rodolfo L. Nolasco

Una minoría audaz, con la complicidad de algunos medios periodísticos y la connivencia de los pusilánimes, se ha adueñado de los espacios y, con habilidad digna de mejor causa, se ha propuesto convencer a nuestra sociedad menos informada, de numerosas mentiras, rechazadas en el mundo científico, como ya lo eran por el sentido común de nuestro pueblo y las convicciones religiosas tanto de cristianos como de judíos y mahometanos.

Primera mentira: La magnitud del problema

Hace pocos años el doctor Nathanson confesaba que cuando él promovía en los Estados Unidos el aborto, había adoptado con su grupo como técnica publicitaria la exageración sistemáticamente creciente del número de abortos con el objeto de disminuir la resistencia cultural a este crimen contra la vida. Similar conducta asumieron, respectivamente, los políticos divorcistas en Italia y España para obtener apoyo público y parlamentario, exagerando enormemente el número de parejas rotas que estarían esperando la nueva legislación para regularizar su situación con el divorcio legal.

Hoy algunos discípulos de esa escuela de manipulación de la opinión pública nos pretenden convencer de que en Argentina los homosexuales serían un millón 300 mil (sin aclarar si se trata de quienes tienen tendencia homosexual o de los que practican la homosexualidad). Sin embargo, las investigaciones más serias no dan más de un 2% en los países europeos; un 1.5% en Inglaterra y un 1.1% en los Estados Unidos (con un pico de 4% en California).

La homosexualidad no es de origen genético

Brindando una fácil excusa que pretende justificar las prácticas homosexuales, llegan algunos a afirmar, sin fundamento serio y contra la reiterada comprobación de notorios especialistas y psicólogos en general, que la homosexualidad proviene de un factor genético y que, por ello, resultaría irreversible. Esto es falso, como lo comprueba el número no pequeño de quienes, aunque con esfuerzo, han podido superar esa tendencia, de origen psicológico y cultural, que Adler asocia a un cierto complejo de inferioridad y Stekel a miedo o temor al otro sexo. Ratificando la reversibilidad de la tendencia homosexual, no faltan quienes se han animado a confesar su propia experiencia y certificar su curación.
Así sucedió con Noel B. Mosen, quien, en una carta publicada por la revista New Zealand, de junio de 1994 escribe:

«Fui homosexual activo durante 21 años, hasta que me hice cristiano y me convencí de la necesidad de cambiar. Con la ayuda y la fuerza de Dios, lo conseguí. Ahora llevo seis años felizmente casado y no experimento ninguno de los deseos y tentaciones homosexuales que antes dominaban mi vida. En todo el mundo son miles, muchas en Nueva Zelanda, las personas que han cambiando, igual que yo. Mi experiencia personal es que la homosexualidad no es una condición estable ni satisfactoria; que no es una bendición. No es libertad, sino una adicción emocional. Estoy firmemente convencido de que la homosexualidad surge de una alienación y de sentirse rechazado desde la infancia por parte de las personas del mismo sexo».

Proselitismo perturbador

Una táctica asumida por los movimientos homosexuales o gay es la de culpar de discriminación contra ellos a cuantos resisten a sus campañas, pretendiendo «sexo libre» e igualdad absoluta para aspirar a cualquier cargo o función en la sociedad. No está justificado el maltrato a los homosexuales, como lo ha declarado también la Iglesia en varias oportunidades, pero esto no implica que la sociedad no tenga derecho a impedir el proselitismo.

Los padres de familia, pues, tienen derecho a exigir a los institutos educativos que no empleen como profesores a quienes son conocidos como homosexuales. Si la ley no reprime las prácticas homosexuales penalmente mientras están restringidas a la vida privada, esto no significa que los homosexuales no puedan ser excluidos de la docencia, como tampoco se aceptan como cajeros de banco a los ladrones, ni choferes a los ciegos o daltónicos, ni como policías a los asaltantes. No son capaces de tal oficio, así no más. Esto no viola los derechos humanos, ni es discriminación injusta: no queremos que sean maestros de nuestros hijos quienes pretenden que es normal la práctica de la homosexualidad o la drogadicción o el robo. Esta actitud es tachada de antievangélica y opuesta a la misericordia de Jesús; pero quienes lo dicen olvidan que el Señor perdonaba a los pecadores arrepentidos, mientras que, de los que escandalizaban a los niños, dijo: «Sería preferible que les ataran al cuello una piedra de moler y los hundieran en el fondo del mar» (Mt 18, 6).

En el capítulo 19 del Génesis se narra la corrupción reinante en Sodoma, que mereció el castigo del cielo por la malicia de sus pecados de homosexualidad. En el libro del Levítico 19, 22ss, son considerados abominables tales vicios. Igual reprobación en 20, 13. No faltan textos en el Nuevo Testamento y es clásica la cita de la Carta a los Romanos 1, 18-32, señalando los extravíos de la corrupción pagana.

Responsabilidad de los medios de comunicación

El espacio excesivo que les regalan los medios de algunos países a las campañas de los grupos militantes del homosexualismo y los temas paralelos sobre transexuales, travestis, etc., crea en el subconsciente del público la impresión de que se trata de un problema que afecta a un número muy grande de la población. Esa creencia, más que un error, es una mentira sistemática e interesada de quienes no saben o no pueden desprenderse de sus malas inclinaciones y prácticas viciosas y buscan excusas, atribuyéndolas a tendencias genéticas de un «tercer sexo» o «género», según les gusta decir. Sería ya hora de que una investigación concienzuda desenmascare esta manipulación de la opinión pública.

EL OBSERVADOR 226-12

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PANTALLA CHICA
Grupo Inter Mirifica

«No todo lo que brilla es oro»; de la misma manera, no todo programa que se anuncie «para niños» lo es, por el solo hecho de presentar dibujos animados y personajes fantásticos. Los padres de familia deben revisar el contenido de los programas que ven sus hijos con el mismo esmero con que cuidan la alimentación de ellos. El alimento nutre su cuerpo. Por las horas que los niños ven televisión diariamente, ésta nutre su mente y su espíritu con una influencia negativa en la mayoría de los casos.

Un buen programa de televisión para niños no rompe ni empaña la naturaleza privilegiada de los niños, que engloba pureza, bondad, alegría, fantasía y creatividad. No puede considerarse un programa para niños el que promueve sentimientos de odio y maldad, que infunde agresividad y violencia y que enseña comportamientos soeces y obscenos.

Para decidir sobre la calidad de un programa televisivo para niños se sugiere:
a) Sentarse a ver el programa con los niños y hacerse estas preguntas: ¿Cuál es su contenido? ¿Qué ideas transmite a mi hijo?
b) Mirar el rostro de los niños al ver el programa. ¿Se divierten realmente? ¿Gozan el programa? (Detestable resulta pensar que un niño goce con escenas de destrucción y muerte).
c) En caso de que el niño ya sea capaz de reflexionar un poco, platicar con él respecto al contenido del programa y lo que le gusta o no de éste.

Los Simpson (Azteca 7, 8:00 p.m.)
Serie de caricaturas de origen estadounidense que presenta la vida cotidiana de una familia disfuncional. Utiliza formas sutiles y aparentemente cómicas para denigrar la autoridad paterna y exaltar una serie de antivalores: materialismo, egoísmo, desprecio por las personas y agresión verbal (Cfr. Orientación para el análisis responsable de medios de comunicación. Año 1. Número 1. Octubre 1994). En este programa se tratan con la mayor naturalidad temas como: adulterio, inseminación artificial en humanos y errónea concepción de las diferencias sexuales. Presenta situaciones obscenas.

EL OBSERVADOR 226-13

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La familia ante el nuevo milenio
Paternidad responsable
(Parte I)

A nuestra generación le ha tocado en suerte cambiar el calendario y comenzar y comenzar a contar los años del siglo XXI y del segundo milenio. Esto nos ha hecho desear más intensamente un mundo mejor en cuya construcción estamos dispuestos a poner energía, inteligencia y voluntad.

Para construir ese mundo mejor, esa civilización del amor, tenemos que partir precisamente del lugar donde se aprende a ser, a vivir y a amar, es decir, de la familia. Si logramos tener familias sanas, fuertes, que formen hombres y mujeres buenos, generosos, seguros, audaces, con los pies en la tierra pero proyectados hacia el infinito, siempre teniendo a Dios como principio y fin, estaremos poniendo las bases para construir ese mundo mejor. De ahí que ser padres responsables es una tarea fundamental en vistas al nuevo milenio.

Ser padres responsables es una tarea que comienza mucho antes del momento de tener por primera vez al primer hijo en brazos. Comienza, de hecho, en nuestra tarea de ser personas maduras, felices, equilibradas.

Y en este camino a la madurez todos contamos, más o menos, con los aciertos y el amor de nuestros padres y la experiencia y aprendizaje que nos ofrece nuestro grupo sociocultural; pero también encontramos obstáculos en los errores y limitaciones de nuestros padres y la influencia negativa del medio ambiente.

Las diferentes generaciones ponen el acento en diferentes aspectos de la educación: la disciplina debe ser recia, decían unos; no hay que frustrar a los niños, decían otros... para luego descubrir que la educación ideal va por otro lado. También han familias que se transmiten, de generación en generación, los mismos defectos; por ejemplo, hijos de padres violentos que se casan con cónyuges violentos y tienen a su vez hijos violentos. Hasta que hay alguien con la suficiente conciencia y las necesarias agallas para decir basta y romper la cadena, buscando la ayuda necesaria para lograrlo.

Todo esto es para llegar al primer punto: la paternidad responsable exige, como primera condición, ser primero hombres y mujeres con un mínimo aceptable de madurez y equilibrio interior, que implica, en palabras del psiquiatra español Enrique Rojas, «una persona que se conoce a sí misma, responsable y que tiene una buena actuación entre corazón y cabeza, y capaz de responder a sus actos. Que tiene un proyecto de vida coherente y en la cual existen estas tres notas: amor, trabajo y cultura (nosotros agregaríamos la dimensión espiritual), que ha sido capaz de superar las heridas del pasado y que le pone a la vida un sentido vital: el sentido del humor. Es decir, tiene la suficiente capacidad para superar las adversidades. Por otra parte, tiene una respuesta y una aceptación que Kant llamaba 'las grandes categorías de la vida': el sentido de la vida, el sentido de la muerte y el sufrimiento, relacionadas con los fracasos. Otro aspecto importante es la sexualidad, situada en tercero o cuarto plano dentro de sus intereses personales».

Buscar, pues, el propio desarrollo y la propia madurez es el primer paso para lograr ser padres responsables. (Y. C. )

Continuará


EL OBSERVADOR 226-14

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Cuaderno de notas
De maestros y testigos

Para Maité, en su
cumpleaños y siempre.

Una anécdota del recientemente canonizado padre Pío de Pietrelcina (Francisco Forgione de Nunzio, 25 de mayo 1887-23 de septiembre de 1968), una de las miles de anécdotas de este fraile capuchino al que le fuera concedida la gracia de portar en su cuerpo los estigmas de la pasión de Cristo, nos sitúa en el centro de la reflexión sobre la importancia del testimonio, de la congruencia, de la subordinación vital a los valores morales que debería ser común a padres de familia, sacerdotes, políticos, profesores y todos aquellos que tenemos a nuestra responsabilidad la hermosa y delicadísima tarea de hacer florecer –desde la paternidad, el gobierno o el aula– una personalidad.

A los once años de su edad, Francisco comenzó lo que entonces (1898) se le llamaba estudios superiores. Lo hizo con el profesor Domingo Tazzini. El resultado era un desastre, al grado que don Domingo fue con la madre de Francisco, Josefa, y le dijo con esa especial dureza que tienen los orgullosos: «Su hijo no avanza, es un burro. Es mejor que lo mande a pastorear ovejas». Y no es que el futuro padre Pío fuese un burro, lo que pasaba es que el pequeño ya había intuido alguna incongruencia en la vida de su profesor. Cansado de tantas orejas de burro dibujadas tras su silueta en el pizarrón, Francisco le dijo sin titubear a su madre esta oración admirable y conmovedora: «Si yo tengo la cabeza torpe es porque él tiene el corazón enfermo». En efecto, pronto se aclaró esta situación: el maestro Tazzini había dejado el sacerdocio y vivía a escondidas con una mujer, sin la dispensa consecuente.

Al cambiar, Francisco mejoró y llegó a la excelencia académica, pero, sobre todo, la altura moral que requería para ser enseñado. ¿Cuántos de nosotros no somos Tazzini? ¿Cuántos no creemos a pie juntillas que son las palabras, los discursos y no las obras los que mueven, los que arrastran? Descuidamos la elemental congruencia que presupone toda enseñanza, toda guía, toda autoridad. Aspiramos a ser obedecidos más por el terror que por el convencimiento de nuestros actos. Es evidentemente más sencillo asustar que convencer; es extraordinariamente más fácil propiciar el temor que el cambio o la conversión del alma. Ya no son más los maestros los que son escuchados en nuestra época –decía esa finísima inteligencia que lo fue Pablo VI–: son los testigos. Testigo es aquel que hace vida su ideal. Testigo –en el cristianismo– es el que agarra la Cruz y no la suelta. Testigo no es el que se desgarra las vestiduras, dice en alta voz: «Señor, Señor», sino aquel que en lo cotidiano, en la pequeña aventura de todos los días, dice «yo» y «hágase tu voluntad». ( J. S: C.)

EL OBSERVADOR 226-15

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Concluyó la Primera Semana Social Nacional

Es urgente la participación comprometida de los católicos en todos los ámbitos de la vida públicaEs urgente la participación comprometida de los católicos en todos los ámbitos de la vida pública


* Objetos de atención: la globalización, las desmedidas desigualdades, la intolerancia y marginación ante los débiles.

* Concientizar para que los católicos electores no se dejen llevar por «la cargada».

Con el propósito de dar impulso a la conciencia social del pueblo, se llevó a cabo, del 25 al 28 del reciente octubre, la Primera Semana Social Nacional, organizada por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). La invitación lo anunciaba: «en esta reunión los católicos pertenecientes a todo tipo de iniciativas sociales, tanto laicales como eclesiásticas, dialogarán sobre los desafíos de la nueva evangelización y los desafíos de los temas y problemas-clave del país». Para tal efecto se establecieron interesantes temas de cuyas exposiciones se encargaron Mons. Jorge Jiménez, presidente del CELAM; Mons. Theodor McCarrick, de la Conferencia Episcopal de EU; Mons. Francois N. Van Thuam presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz; cardenal Juan Sandoval Iñiguez, presidente de la Comisión Episcopal del Gran Jubileo, y doctor Alberto Munera, de la Fundación Social de Bogotá, respectivamente; además, se registró, entre otras participaciones especiales, la de Mons. Luis Morales Reyes, presidente de la CEM.

Todo inició con una Celebración Eucarística en la basílica de Guadalupe, en la que el cardenal Norberto Rivera Carrera manifestó que «la misión de la Iglesia consiste en convertirse en una voz que interpela a la conciencia de los hombres, no porque quiera ejercer el poder, sino porque es portadora de un mensaje de Dios para los hombres». Allí mismo el nuncio apostólico don Justo Mullor leyó un mensaje que la Santa Sede envió para esta ocasión, en el que se explica que «en las semanas sociales el propósito es reflexionar sobre aquellos procesos que más preocupan a la conciencia contemporánea, como son la globalización, las desmedidas desigualdades, la intolerancia y marginación hacia los débiles», y se señalan algunos problemas específicos sobre los que México debe reflexionar, entre ellos «la dificultad de diálogo entre las diferentes culturas y los relacionados con el respeto a los derechos de la mujer y la promoción de la familia y del matrimonio.

De entre la copiosidad de declaraciones emitidas en esta importante semana es de considerarse la de monseñor Jorge Jiménez, presidente del CELAM, quien aseveró que es escandaloso que el 70% de la población latinoamericana viva en la pobreza; que el narcotráfico es un problema que no sólo afecta a su país de origen sino a toda esta región del mundo y que, desafortunadamente, ha tocado las esferas del poder; aunque el principal flagelo que daña a las naciones de la zona es la corrupción, ya sea a nivel público o privado; y terminó exhortando a la Iglesia de México para que use toda su «infraestructura» y los medios de comunicación para convocar a la gente a votar de manera consciente por los candidatos que verdaderamente signifiquen un cambio para el país. Según el mismo exponente, la Iglesia de hoy debe asumir dos actitudes: ser solidaria e inculturada. Una Iglesia solidaria que no sólo multiplique la solidaridad, sino que tome una actitud diferente, compasiva y misericordiosa, de imitación de Jesús. Y una Iglesia inculturada porque la inculturación sólo se ha trabajado en la superficie. «Cuando esto se realice en serio, la política, la economía, la cultura y toda realidad social llegará a ser verdadramente humana».

El doctor Ernesto Alayza, peruano, abogópor el respeto alos derechos humanos y también hizo énfasis en la corrupción, relacionándola con la deuda externa. Por su parte, Mons. François Nguyen Van Thuan propuso el valor dela solidaridad, desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, como fórmula para aforntar la globalización económica, política y antropológica.

A su turno, el nuncio apostólico Justo Mullor aseguró que la iglesia no hace política y que los obispos, religosos y sacerdotes que participan en la Primera Semana Social Nacional no son hombres de partido, sino cristianos que desean curar a los heridos sociales, lo que no se opone a que la iglesia participe, sin inducir elvoto por ningún partido, en la concintización de los católicos electores para que no se dejen llevar por «la cargada», no vendan su voto o se dejen engañar.

EL OBSERVADOR 226-16

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Se acortan las divergencias teológicas entre luteranos y católicos

A fines de la semana pasada luteranos y católicos dieron un paso histórico cuando se levantaron mutuamente las condenas con motivo de divergencias teológicas que se remontan a los tiempos de Martín Lutero. La declaración correspondiente se firmó en Ausburgo (Alemania), mismo lugar en donde el 31 de octubre de 1517 el fundador del protestantismo publicó las 95 tesis sobre las indulgencias. Al final de una reunión de tres días, ambas partes firmaron una Declaración Común de la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial sobre la Doctrina de la Justificación.

La frase clave del documento mencionado se puede encontrar en el párrafo 15: «Confesamos juntos que no sobre la base de nuestros méritos sino sólo por medio de la gracia y en la fe en la obra salvífica de Cristo, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo, que renueva nuestros corazones, nos habilita y nos llama a realizar las buenas obras».

El Santo Padre Juan Pablo II se ha mostrado complacido por la declaración emitida y señaló que el documento «constituye una base segura para continuar en la investigación teológica ecuménica y para afrontar las dificultades que todavía existen, con una esperanza más fundada para que puedan ser resueltas en el futuro». (FIN)

EL OBSERVADOR 226-17

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