El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

14 de noviembre de 1999 No. 227

SUMARIO

bullet PINCELADAS Dos amigos y un oso
bulletMIRADA DESDE LEJOS Una rosa en Nueva York
bullet¿USTED QUÉ OPINA? ¿Nueva estrategia de la Iglesia para mezclarse en política?
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN Un ladrón de tiempo
bulletPaternidad responsable (Parte II)
bulletGorbachov: la oración es también un hecho político
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO La Virgen de Guadalupe
bulletLos desplazados de la guerra en Chiapas
bulletCOLUMNA HUÉSPED DNK = datos inútiles
bulletAbismo entre «Generación TV» y «Generación N»
bulletCUADERNO DE NOTAS Democracia y control televisivo
bulletPERDER POR DEFAULT El diablo con guitarra
bullet¿Católicos, casi no; pero guadalupanos sí?

PINCELADAS
Dos amigos y un oso
Justo López Melús *

La historia está llena de gestos de generosidad. Abundan los casos de personas, de amigos que, habiendo podido salvarse, prefirieron esperar a su amigo, ayudarle a salvarse, aun a riesgo de perecer ellos también... Dos amigos atravesaban un bosque, cuando de pronto apareció ante ellos un oso en actitud amenazadora. Uno de los amigos huyó rápido y se subió a un árbol, sin preocuparse del compañero.

El otro no encontró medio mejor que tirarse en tierra, quedándose inmóvil y sin respirar, fingiéndose muerto. Llegó el oso, le lamió un buen rato y, creyéndole muerto, se marchó. Cuando el oso desapareció, acudió el amigo que se había subido y le preguntó: «Cuando el oso se acercó parecía que te estaba hablando. ¿Qué te dijo?». «Me ha dicho solamente una cosa: que no me fíe nunca de los amigos como tú».

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 227-1

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Mirada desde lejos
Una rosa en Nueva York
Eduardo Magaña Ortega / Estados Unidos

La ciudad de los rascacielos, Nueva York, la capital financiera de los Estados Unidos. Una de las ciudades más influyentes en el ámbito mundial. La capital estadounidense de la moda y lo superficial.

Nada tiene sentido, todo está hecho en exceso. Desde los inmensos edificios hasta los miles de restaurantes, laberintos subterráneos del metro y los más de 12 millones de habitantes que durante las horas más ocupadas y transitadas del día caminan, mezclados con los turistas, como hormigas. Por todas las calles son hormigas que se dirigen automáticamente de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.

Pero dentro de esa inmensa y cosmopolita ciudad, en medio de la Quinta Avenida, está presente México, presente en la catedral de San Patricio, representado por su mayor y más glorioso representante: la Virgen de Guadalupe. Un altar repleto de rosas dedicado a la Emperatriz de las Américas, a la derecha del altar mayor de la iglesia más importante de Nueva York.

El gran fervor mexicano a nuestra Virgen me viene a la mente al ver todas las cajas de ofrendas a la Virgen Morena, llenas a tope. Las veladoras, en su mayoría encendidas. Yo también prendo la mía.

Por fin la «gran manzana» tiene sentido.

EL OBSERVADOR 227-2

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¿Usted qué opina?
¿Nueva estrategia de la Iglesia para mezclarse en política?
Genaro Alamilla Arteaga

La Primera Semana Social Nacional, celebrada en la capital del 25 al 28 de octubre, participando altas personalidades de la Iglesia –del país y del extranjero– motivó que alguien afirmara que se trataba de una nueva estrategia de la iglesia para meterse más y más en política violando nuestras leyes. Lo curioso es que nosotros tenemos que decir que sí, que se trata de que se meta en política, y lo justificamos con su misma doctrina y las ciencias sociales de la siguiente manera: se considera que la política tiene dos vertientes, la primera es la llamada política partidista, cuyos miembros aspiran llegar al poder, y la segunda es la política del bien común.

Por otra parte, a la Iglesia se la considera en sus dos vertientes: la primera conformada por la jerarquía –diáconos, sacerdotes, obispos– y la segunda es la laical o la formada por los seglares, los que no han recibido órdenes sagradas o no han emitido votos religiosos.

En estos momentos de ebullición electoral es importante que se tengan ideas claras sobre estos temas; que a la jerarquía no le está permitido participar en la política partidista ni como miembros de un partido, ni haciendo proselitismo, ni induciendo para que se adhieran a algún partido o para que voten por determinado candidato; pero sí pueden y deben –diáconos, sacerdotes y obispos– formar la conciencia moral sobre la justicia, la honestidad, el bien común, etcétera, y, desde luego, ilustrar a los mismos miembros de los partidos con las ciencias sociales, cívico-políticas y con la doctrina social de la Iglesia. Cabe en este mismo campo la denuncia de las injusticias, la corrupción y la violación de los derechos humanos, que algunos obispos han hecho cumpliendo con su deber y ejerciendo ese derecho sin importar la torpeza de los que lo reprueban. En este sentido la jerarquía sí se mezcla en política no partidista sino en política del bien común. Por favor, más cultura política, más conocimiento cívico-político.

Los católicos seglares sí pueden y deben participar activamente en política partidista, sea perteneciendo a algún partido y/o votando por algún candidato. Como no existen ni partidos ni candidatos químicamente puros, se ha de actuar por los menos malos.

Algunas frases del Vaticano II nos ilustran al respecto: «Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente (...), consideran que pueden descuidarse los deberes temporales, sin darse cuenta de que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todos ellos (...). Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse totalmente a los asuntos temporales como si éstos fuesen ajenos del todo a la vida religiosa, pensando que ésta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones morales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como un o de los más graves errores de nuestra época (...). El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo; falta, sobre todo, a sus obligaciones con Dios y pone en peligro su eterna salvación. (...) Alégrense los cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciéndose una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico con los valores religiosos (...)» (GSp, n. 43). ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 227-3

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Medios de comunicación
Un ladrón de tiempo
Santiago Norte

En general las posiciones con respecto a los contenidos violentos de la televisión se polarizan: los que afirman categóricamente que la TV es la causante número uno de la escalada de violencia, crimen, violaciones que hoy padecemos; y los que niegan cualquier vínculo entre ambos fenómenos, pues para ellos la imagen es fácilmente distinguible de la realidad por los telespectadores, así sean niños de escasa edad. Dos extremos, dos radicalismos que no enfrentan el problema.

Para no entrar en una polémica que ya hemos analizado con suficiente extensión en estas páginas de EL OBSERVADOR, buscamos nuevas aportaciones. Y así nos topamos con la del psiquiatra español Luis Rojas Marcos, en la actualidad presidente de la Corporación de Salud y Hospitales Públicos de Nueva York. La postura de Rojas Marcos es la siguiente: «el mayor daño que causa la televisión no se debe tanto a las imágenes que transmite como al valioso tiempo que roba a otras actividades vitales, socializadoras y creativas tan necesarias durante los primeros años de vida». Es decir, el daño irreversible, la violencia ejercida contra los niños y los jóvenes por parte del aparato televisivo tiene que ver con lo que les quita de interacción con los otros.

Es innecesario ser psiquiatra o psicólogo para darse cuenta de que la relación comunicativa con el otro es la que nos abre (o nos cierra) al mundo. El prójimo es suplantado por el aparato receptor de imágenes, con la consiguiente incapacidad de accionar conjuntamente. El diálogo –centro nuclear de las relaciones– se apaga, pero en un apagón del alma, donde no hay ya mayor convicción comunicativa sino mera indiferencia receptiva, en la que el sujeto queda –justamente– sujetado a un mensaje vertical, inquebrantable. Creo, sin temor a equivocarme, que el énfasis debe ser puesto en el daño que hace la adicción de menores a la televisión expresado en indiferencia comunicativa fácilmente transferible a una indiferencia a secas. Muchas observaciones de la última generación indican su incapacidad relacional. ¿No es ésta producto de una violencia ejercida por el medio contra nuestro mayor tesoro existencial?

La respuesta de Rojas Marcos viene en ese sentido: «muchos teleprogramas se han convertido penosamente en unsustituto de la imaginación y de la iniciativa, en una especie de manjar poco nutriente pero adictivo». La creatividad personal, clave del enriquecimiento relacional, se desdibuja cuando por encima de un proyecto de vida nos imponemos un reflejo de moda, una copia de los modelos fáciles presentados por los programas y as series.

He aquí otra forma sofisticada de violencia: el usuario –sobre todo el menor de edad– queda atrapado por una extensa red de respuestas acabadas, tejida por la televisión para que las utilice como propias pero que, en el fondo, entrañan el consumo de ciertos artículos, la operación (o no) de ciertas actitudes (acordes con el sistema) y la respuesta acabada a determinadas preguntas. El usuario queda, pues, anulado en su inventiva para cederla a un mecanismo superior que coordinará sus movimientos pero con el cual no podrá negociar nada. Y otra preocupación –que es otra forma de violencia televisiva– consiste en la actitud letárgica que propicia el uso moderno de la televisión, actitud que en muchos llega a propiciar «caídas metabólicas por debajo del nivel metabólico de descanso», y que propicia, como es obvio, la inacción.

¿Existe mayor drama en un mundo donde todo lo humano está por construir que un individuo aletargado, recibiendo órdenes sin rechistar, aislado de su prójimo y con niveles de acción propios de una caquexia espiritual? Desde luego que hay que provocar, y ya, un uso debido de la televisión, hay que humanizar dicho uso. Como bien concluye Rojas Marcos, estamos frente a un arma de doble filo que bien puede despertarnos pero también adormecernos. Y afuera hay un mundo que reclama el cambio y un horizonte comunicativo por elaborar, una agenda relacional en la que no cabe el desprecio sino la asunción del otro. «Al final –dice el psiquiatra español– el desafío que nos plantea la televisión depende del propósito que le asignemos y del uso que hagamos de ella». El problema estriba en que nadie se preocupa por aleccionarnos sobre un uso positivo, y toda la parafernalia está dispuesta para favorecer el robo más brutal de nuestro tiempo, de nuestra existencia gastada y proyectada con los demás.

EL OBSERVADOR 227-4

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La familia ante el nuevo milenio
Paternidad responsable
(Parte II)

La decisión

Paternidad responsable es tomar la decisión de ser padres en el momento y las circunstancias precisas, es decir, cuando se tiene la capacidad de ofrecerles a los hijos un hogar adecuado donde éstos puedan crecer en un ambiente de amor, seguridad y responsabilidad.

Un hogar adecuado significa:

* Que los padres se amen y estén integrados como pareja, unidos y comprometidos en matrimonio.
* Que la familia sea una unidad autónoma, separada de los padres de los padres. Pueden recibir cierta ayuda, incluso en ciertas circunstancias vivir con los padres de alguno de los cónyuges, pero debe conservarse esa autonomía que significa que los esposos son adultos y asumen la responsabilidad de su vida en común.
* Que en la familia se vivan el amor, la confianza, la generosidad, el compromiso, la paz, la alegría... No en forma perfecta, claro, pero sí, al menos, que se esté en el camino.
* Que los padres sepan lo que significa ser padres, que tengan un proyecto claro en su tarea educativa, que sean alumnos aplicados en aprender a ser padres.
* Que exista una mínima estabilidad económica que garantice la alimentación, el vestido, la educación y el cuidado de la salud de los hijos.

Es importante tener cuidado y no disfrazar el egoísmo con falsos pretextos: una cosa es esperar a tener hijos un breve tiempo después del matrimonio para darse oportunidad de integrarse como pareja, y otra es dejar pasar años y más años, sin decidirse a compartir sus vidas con unos hijos. Una cosa es esa mínima estabilidad económica y otra esperar a tener casa propia y una gorda cuenta en el banco.

El método

Una vez hechas estas consideraciones los padres deben escoger un método para planificar su familia. Éste debe ser uno:

* que les permita planificar su familia (decidir cuándo sí y cuándo no tener hijos, no solamente cuándo no),
* que no perjudique a la salud,
* que no sea abortivo,
* que sea seguro y eficaz,
* que no sea irreversible,
* que enriquezca la vida conyugal,
* sencillo de llevar a cabo,
* sin contraindicaciones ni efectos secundarios,
* moralmente aceptable,
* en el que participen el hombre y la mujer,
* que sea económico,
* que favorezca el romance,
* que sea cómodo,
* que pueda suspenderse en cualquier momento sin complicaciones,
* que pueda cambiar sin períodos de espera de su uso para evitar el embarazo a su uso para procurarlo.

¿Existe este método maravilloso? Sí, el método Billings cumple todas estas condiciones y está al alcance de todos. (Yusi Cervantes)

EL OBSERVADOR 227-5

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Gorbachov: la oración es también un hecho político
Entrevista del ex líder soviético por el diario vaticano
Jesús Colina / Roma

«Sólo Dios sabe lo importante que es la oración en la historia y en la vida de un hombre». Con estas palabras Mijaíl Gorbachov, último presidente de la Unión Soviética, recuerda a Giorgio La Pira, un político italiano católico, fallecido hace veintidós años en Florencia.

La afirmación forma parte de una entrevista concedida al «L'Osservatore Romano», el diario de la Santa Sede, en la que Gorbachov confiesa su admiración por La Pira, uno de los ideólogos de la Democracia Cristiana de la posguerra y durante años alcalde de Florencia, ciudad en la que tiene lugar en estos momentos su proceso de beatificación.

Gorbachov destaca también la contribución que ofreció este personaje al diálogo y a la paz entre el Este y Occidente en plena guerra fría. «Cada uno de sus escritos y discursos confirma sin duda su fe en Cristo. Todo ello merece el mayor respeto y obliga a quien se acerca a él a preguntarse por las razones de una fe tan grande, de una fe tan inquebrantable. Una fe que genera esperanza», afirma el ex presidente soviético en su entrevista al «cotidiano del Papa».

Gorbachov reconoce que «la fe cristiana llevó a La Pira a entrar en la política». Esto no le impidió, sin embargo, «un diálogo fraterno y abierto también con los no creyentes y con los creyentes de las demás religiones». Y añade: «Creo que la unión de las corrientes religiosas es un hecho central, para que nuestro continente conozca una estación de paz y comprensión».

«Estoy de acuerdo con La Pira en la convicción de que no puede haber política sin cultura y sin moral —opina el ex secretario del Partido Comunista de la ex Unión Soviética—. Él añade también a esto la fe cristiana, la oración que consideró verdaderamente como un hecho político».

El ex líder soviético recuerda los viajes de La Pira a Moscú en los años sesenta y sus encuentros con el presidente soviético Nikita Jruschov. Gorbachov considera que, con estos gestos de diálogo, La Pira anticipó «una nueva manera de hacer política», indicando también «objetivos claros para la política internacional: la opción definitiva por la paz que hay que alcanzar con instrumentos eficaces y adecuados, como el diálogo, la negociación, el acuerdo. Le gustaba repetir que es necesario 'abatir los muros y construir puentes'».

«Personalmente me identifico en esta estrategia política que él llevó adelante con valentía e incluso entre la incomprensión», confiesa Gorbachov.

EL OBSERVADOR 227-6

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A las puertas del templo
La Virgen de Guadalupe
Javier Sicilia *

¿Quién es la Virgen de Guadalupe? La pregunta es tan inmensa como su misterio. Sobre ella se han escrito y continuarán escribiéndose infinidad de textos tan contradictorios y plurales como su propia inmensidad. Es natural: la Virgen, en su misterio trascendente, nos rebasa en todos sentidos, y por esa misma condición trascendente su mensaje a la nación mexicana, a esa nación que fundó, no se realizará plenamente en este mundo.

No obstante, todo hombre, toda mujer, todo niño que piensa en Ella tiende un puente desde su razón y su fe para acercar y alcanzar esa trascendencia.

Soy un creyente del milagro Guadalupano, creo en la santidad de ese indígena a quien se le apareció. Lo que más me sorprende de su aparición en estas tierras es precisamente la inmensidad de su mensaje evangelizador. Guadalupe, en una tierra devastada por la Conquista y el peso de la Colonia, en donde los misioneros acusaban a sus moradores de idólatras y aun se discutía si tenían o no alma, aparece y, hablando la lengua de los vencidos, no sólo los reivindica y les da rango y dignidad humanas, sino que escoge al humilde indígena Juan Diego, a esa «escalerilla», «cola», «mecate», como a sí mismo se llamaba después de su fracaso con Zumárraga, para evangelizar al propio obispo en lo referente al misterio de Cristo que ha venido por todos los humildes, y llevar así la religión de los indígenas a su culminación en Cristo.

No creo que haya habido ni en la Europa ni en el Nuevo Mundo del siglo XVI una mente tan iluminada como para haber construido esa joya de la evangelización. Una Iglesia que sólo hasta 1963, con el concilio Vaticano II, comenzó a analizar la evangelización con mirada ecuménica y respeto a las culturas, no podía haber concebido una acontecimiento tan absolutamente novedoso y escandaloso, incluso para nuestro tiempo, como el hecho guadalupano. En pleno siglo XVI Guadalupe hace del indígena su embajador y lo coloca como el instrumento de un diálogo que, si bien formó a la nación mexicana, aún, por el peso de nuestra ceguera y de nuestra estupidez, no ha alcanzado sus hermosos frutos.

Cuando todavía hoy nos cuesta trabajo utilizar un lenguaje que no sea occidental para hablar de la fe, la Virgen en 1531, como lo ha referido el padre Alberto Athié, «hace suyo el náhuatl para hablar de Dios y de Cristo: 'Soy –dice Guadalupe– la madre del verdaderísimo Dios (...), la madre del que está junto, del que está cerca de Aquel por el que todo existe'. Esta terminología es absolutamente náhuatl».

Dicho esto, es curioso constatar que en esta época en que hemos descubierto a nuestros indígenas aplastados por el peso de la negación y de la miseria, en la que una cultura neoliberal, tan superficial como estúpida, pretende imponernos sus esquemas que nos están sumiendo en la esclavitud y la desesperación, se haya beatificado a Juan Diego. Esta aparente coincidencia (y digo aparente porque eso que llamamos azar no es, en substancia, más que la secreta voluntad de Dios) es una reactualización del milagro guadalpano que, como las últimas apariciones de la Virgen, desde Salet hasta Medugorie, nos instiga a cumplir el mandato de su mensaje. Lo que estas coincidencias nos dicen (y ay de aquel que ya no sepa leer los signos porque sus oídos ya no escuchan ni sus ojos miran) es que México perderá su condición de nación si no reúne, como lo señala Athié, «a los miembros que la constituyen dentro de una dimensión más amplia que los intereses del poder y del dinero», si no nos volvemos hacia los pobres y los indígenas para escucharlos, como lo hizo Zumárraga, y abrazarlos en un México nuevo, plural y ajeno a la idiotez de la globalización.

Guadalupe, como nos lo prometió en 1531, sigue con nosotros y ha vuelto a hablar. Pero de nosotros depende que su mensaje, aunque no con la plenitud de lo que nos aguarda en el Cielo, se cumpla en esta vida y en esta tierra para bien de los hombres.

EL OBSERVADOR 227-7

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Los desplazados de la guerra en Chiapas *

Germán Estrada Laredo **

Germán Estrada Laredo **

Hace algunos meses los noticiarios nacionales e internacionales nos daban cuenta diaria de la guerra en Kosovo y de la tragedia de más de un millón de desplazados. La Cruz Roja Internacional, la Iglesia católica y otras organizaciones humanitarias, además de algunas estrellas del mundo artístico, se solidarizaron con los desplazados. La guerra ha cesado, mas la tragedia para los desplazados no ha terminado. Este mismo mal lo padecen millones en todo el mundo; en México no estamos exentos. El desplazamiento de miles de indígenas en las montañas del sur de México debido a la guerra de Chiapas ha dejado a niños, mujeres y ancianos a merced de las balas del hambre, la miseria, las enfermedades, el hostigamiento militar y el frío. La guerra no ha cesado, la estrategia de guerra de baja intensidad continúa. Pero, ¿en qué situación se encuentran hoy los desplazados en Chiapas? ¿Por qué los noticiarios nacionales e internacionales no cubren esta tragedia? ¿Qué hace nuestro gobierno para resolver esta situación?

Según el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria, A. C. (CIEPAC), en noviembre de 1998 existían 21 mil 159 desplazados en Chiapas, que representaban, aproximadamente, cuatro mil 63 familias indígenas. Los desplazados de la guerra iniciada en primero de enero de 1994 se ubican en 13 municipios de los 111 con que cuenta Chiapas, todos éstos clasificados con índice de alta y muy alta marginación, afectando a más de 60 comunidades indígenas que se han desarraigado. Los desplazados son mayoritariamente indígenas de las etnias tojolabal, tzeltal, chol y tzoltzi. Actualmente existen aproximadamente 44 campamentos o lugares donde se encuentras los desplazados.

Los grupos desplazados se encuentran en zonas de conflicto político, donde se concentran los grupos armados, paramilitares, militares, cuerpos policiacos estatales y federales, y el Instituto Nacional de Migración. La población desplazada ha contado con apoyo de distintos organismos: Cruz Roja Internacional, iglesias, solidaridad nacional, solidaridad internacional, organismos no gubernamentales y partidos políticos. El CIEPAC agrupa en tres las principales causas del fenómeno de desplazamiento: intereses caciquiles, guerra de baja intensidad e intereses económicos.

La posible solución al problema de los desplazados está muy ligada a la marcha del proceso de diálogo y negociaciones entre el gobierno federal y el EZLN. Los medios de comunicación mucho ayudarían en informar más objetivamente sobre la situación cada vez más deteriorada de los desplazados en Chiapas. El gobierno del estado ayudaría en mucho si favorece el proceso de paz en vez de entorpecerlo con declaraciones provocativas y constantes operativos policiacos contra comunidades indígenas. El gobierno federal, además de sentarse a negociar una solución política del conflicto y dejar de usar la estrategia de guerra de baja intensidad, debería firmar el II Protocolo del Convenio de Ginebra para lograr la protección de la población desplazada y la asistencia de la Cruz Roja Internacional. Si ellos no ayudan a resolver situaciones de los desplazados, por lo menos que no estorben a manos nacionales e internacionales que sí tienen la voluntad para hacerlo. Y a nosotros, ciudadanos comunes, ¿qué cree que nos tocaría hacer frente a esta situación?

EL OBSERVADOR 227-8

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Columna huésped
DNK = datos inútiles
Paz Fernández Cueto
Paz Fernández Cueto

Con impecable sentido del humor, en un reciente artículo publicado en la revista Time, Rod Husher se plantea cómo evitar ser arrastrado por el torbellino de informaciones inútiles, asunto prioritario de imprescindible actualidad en casi toda la superficie del planeta. La solución que plantea es muy sencilla, está al alcance de cualquier mente que se precie aún de poseer un mínimo indispensable de salud mental. Consiste en someterse voluntariamente a la implantación de un chip imaginario de DNK, acrónimo en inglés de «Don't Need Know» (No Necesitas Saber), programado para transformar la información en un proceso selectivo que evite la acumulación de datos inútiles, facilitando un sano drenaje del cerebro.

Una vez que se ha implantado el DNK, se produce la gozosa sensación de libertad al abrir los periódicos cada mañana, sintonizar el radio o ejercer el control de la T.V., mientras se descarta todo aquello que nuestro disco blando no necesita saber, eliminando de inmediato un cúmulo de datos inútiles, en las fronteras de la memoria. Hay ejemplos muy sencillos que saltan a la vista: ¿en qué puede afectarme la reciente información de unos científicos tejanos que afirman que cada año la tierra y la luna se separan 3.82 centímetros, mismos que se han convertido en 114 centímetros desde hace 30 años, cuando Neil Armstrong dio pasos de gigante sobre la superficie de la luna? Al mirar a la luna aunque sea en noche de octubre, ¿me beneficiaré en algo con el conocimiento de este dato?; si no, ¡apliquémosle DNK, y adelante!

Pero existen datos de los que no podemos desprendernos tan fácilmente ni pueden ser sometidos al DNK si pretendemos crecer en grado de humanidad, como sería la noticia de los 623 nuevos casos reportados de enfermos de SIDA, ante los cuales la sociedad no puede permanecer indiferente. Precisamente porque hay tal confusión de números, la importancia de cifras como éstas se diluye en la vía láctea del entumecimiento mental, cuando no aprendemos a ser selectivos con la información. La aplicación de DNK también está indicada en el uso de la palabra vana o mejor dicho, en el abuso irreverente de palabras carentes de sentido o faltas de dicción. Los comentaristas en el radio ofrecen un magnífico material susceptible de DNK, de manera muy similar a los cronistas deportivos que se dan a la infame tarea de rellenar los espacios de silencio con ruidos exuberantes. Podríamos prescindir de todo lo que los entrenadores dicen antes de un partido y la mayor parte de lo que dicen después, junto con todas aquellas razones que los jugadores alegan del por qué ganaron o perdieron. ¿Realmente necesitamos oír después de un partido de futbol, que la hazaña significó un gran esfuerzo para las piernas de los jugadores o que está muy satisfecho el equipo ganador por tan merecido triunfo?

La política es un terreno privilegiado para el DNK. De hecho, habría que tomar muy en cuenta las indicaciones de su aplicación para sobrevivir a estos meses sin poner en riesgo el equilibrio mental y el buen juicio ciudadano ante el bombardeo informativo que amenaza con una injustificada sobredosis de información, reducida a mero chisme electoral. Esto significa que, al final, uno puede olvidarse tranquilamente de todas las promesas electorales, de todos los lemas de campaña, de todos los monólogos sobre el estado de la nación y de todos los planes de trabajo gubernamentales. Bastará al final retener cómo fueron las votaciones, cómo estuvieron todos los desmentidos entre los contrincantes y las cifras sobre el financiamiento de los partidos. Lo único que importará cuando resulte triunfador el candidato elegido será el resultado que se coseche, traducido en mejoras contantes y sonantes para la gente.

Cuando la política deja paso a la economía también hay espacio para hacer oídos sordos. Se puede aplicar el DKN a todas las previsiones sobre las tasas de interés, tipos de cambio, cotizaciones y demás cálculos bursátiles que frecuentemente resultan tan exactas como el tarot y de las que, en cualquier caso, nunca nos enteramos a tiempo como para beneficiarnos.

Con el chip instalado de DNK, estamos listos para navegar en el maremagnum de la información global. Basta con ejercer la libertad selectiva para mantener la salud mental.

EL OBSERVADOR 227-9

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Abismo entre «Generación TV» y «Generación N»

Hay quien afirma que existe una diferencia abismal entre los niños y niñas menores de 13 años y los de más de 14. Estos últimos pertenecen todavía a la «Generación TV», toda una franja de población joven que vivió su infancia frente a la televisión y marcada por una gran apatía, indefinición sobre los propios objetivos, hastío general y falta de entusiasmo por cualquier tipo de aprendizaje sistemático. Por contraste, según la doctora en pedagogía Clothilde Lee, coreana del sur, la «Generación N» (de Net) está formada por pequeños que ya han crecido en un contexto mediático marcado por Internet, instrumento que saben usar a la perfección y por el cual se mueven en forma habitual. Estos niños ya no son apáticos; saben lo que quieren, les gusta configurar su propio menú de conocimientos, y la escuela parece sobrarles. De hecho existen ya dificultades en algunas escuelas coreanas para lograr la asistencia de los niños; pero no porque deseen irse a jugar al futbol, sino porque aseguran aprender mucho más por Internet que en la escuela y, además, sobre lo que realmente les interesa; se sienten libres; se orientan a la búsqueda de satisfacción «aquí y ahora»; se encuentran en su ambiente a través de la vibración y la modulación del sonido; para ellos el sentido de la vida está en la comunicación, la conexión, la armonía y la conversación. Quieren, además, crear su propia moralidad.

Un profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña afirma que los niños están aprendiendo mucho más rápido con estas nuevas herramientas, y con el uso de programas multimediales desarrollados por ellos mismos. Por ejemplo, memorizan fácilmente las tablas de multiplicar con un juego que ellos crearon en el ordenador. Los libros necesitarán ser actualizados después de esta nueva hornada de seres humanos. ¿Pueden las religiones ignorar este hecho? La doctora Lee sugiere, para la comunicación de la fe, el uso del lenguaje audiovisual; abrirse a nuevos paradigmas de comunicación; despertar la espiritualidad no a través de la enseñanza sino de la experiencia, y comprender la cultura popular que surge hoy.

Los miembros de la «Generación N», extraordinariamente hábiles para el manejo de las nuevas tecnologías e incluso bastante autónomos, ¿son personas maduras? Los padres de familia y agentes de pastoral, ¿deben dejarlos solos en este nuevo campo? Veamos estosdatos: los estadounidenses prefieren Internet al teléfono o a la televisión. Si se encontraran en una isla desierta, el 67% escogería Internet como compañía. El crecimiento internaútico está asegurado en los próximos años, ya que el 63% de los niños estadounidenses prefiere «conectarse» a ver la televisión. Los especialistas dicen que es la primera vez en la historia que la T. V. está perdiendo audiencia en relación con algún otro medio de comunicación. Otro estudio reveló que el 78% de los estadounidenses gasta menos tiempo mirando la TV que navegando por Internet.

Algunos psicólogos afirman que el estar «en línea» ofrece a los jóvenes una oportunidad única para relativizar la importancia de su aspecto físico o su carácter. Los introvertidos pueden «jugar» a ser extrovertidos. Los jóvenes experimentan en la red aspectos nuevos de sí mismos, lo cual puede favorecer un desarrollo más libre de sus rasgos más auténticos. Indudablemente Internet podría convertirse en una excelente oportunidad para el trabajo de los agentes de pastoral juvenil, bajo estas preguntas: * ¿Reconozco el derecho de los jóvenes a aprender más sobre temas que realmente les interesan en su vida diaria? * ¿Reconozco su deseo de ser escuchados? * ¿Tomo tiempo para conocer sus inquietudes religiosas auténticas? * ¿Me doy cuenta de que -al menos en Internet- hay gente deseando dedicar horas a hablar con ellos? (millones de jóvenes dedican horas y horas diariamente intentando lograr estas cosas porque les faltan en casa, en la escuela y muchas veces en la Iglesia). (SERVICIO DE INFORMACION SOBRE INTERNET, Boletín Semanal. Números 64 y 65).

EL OBSERVADOR 227-10

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Cuaderno de notas
Democracia y control televisivo

«Una democracia no puede existir si no se somete a control la televisión», que «se ha convertido en un poder político colosal, potencialmente, se podría decir, el más importante de todos, como si fuese Dios mismo quien hablara». Tales fueron las advertencias del filósofo de «la sociedad abierta», de quien descubrió, desde su perspectiva liberal, a «los enemigos» que existen para la conformación de una democracia estable: sir Karl R. Popper. Las dijo un par de meses antes de morir, en su controvertido artículo «Una patente para producir televisión».

Popper puso un alto al despilfarro televisivo, pero nadie le hizo caso. Abogaba por una patente ética, una especie de legitimación profesional y moral que controlara a quienes tienen en sus manos la educación de los niños. Pensaba Popper que la televisión es un elemento poderosísimo de educación de las conciencias y de formación de hábitos. Su crisis –la que estamos viviendo hoy– la ponía cercana a los peligros que enfrenta el mundo por las guerras. De ese tamaño.

Por supuesto, los poseedores de los medios, los dueños de las televisoras se encogieron de hombros: «¿Qué hay de malo en todo esto? ¿A quién perjudica un poco de violencia televisiva si existe mucha más en las calles? ¿En función de qué o de cuál bien superior se va a limitar la libertad de expresión, objetivo supremo de toda democracia?». Popper contestaba diciendo una verdad del tamaño de una catedral: es imposible pensar en desarrollar democráticamente a la sociedad si en casa se está educando con tesón a los niños como «pequeños criminales». Y la situación, lejos de mejorar, ha ido empeorando, de tal suerte que no ponerle un freno es condenar al suicidio a la democracia.

Cuando se habla de limitaciones todo el mundo salta. Unos por defender su negocio, otros por imbéciles, otros más por imitación o defensa vaga de un modelo de libertades que ni entienden en sus causas pero, mucho menos, en sus consecuencias futuras. Para burlar estos reclamos que conocía de sobra, Popper pidió una patente, un sello ético a los hacedores de televisión. Se prepara uno para ser doctor y le hacen jurar un código axiológico; lo mismo para el abogado o el maestro. Cada gremio se ha impuesto una deontología, ¿por qué no los mass media? Claro, se objetará que existe dicho código; mas, ¿dónde está su carácter obligatorio? ¿Dónde las sanciones para quien lo incumpla? Un subjetivismo tremendo ampara el ejercicio de la comunicación pública.

De ahí la idea de Popper: o se limita la televisión (mediante la ética y la sanción) o no tenemos democracia. El poder más importante de todos anda en la calle vestido de paisano. Compra y vende sin avisarle a nadie. Se mete en las casas y en las mentes. Envilece el gusto, la convivencia, el futuro de los niños. Hay que detenerlo antes de que nos haga a su imagen y semejanza. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 227-11

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PERDER POR DEFAULT
El diablo con guitarra
Diego García Bayardo

Y otro pecado capital
¿qué será? Es mi vida,
no quiero cambiar...


Los chicos no lloran. MIGUEL BOSÉ.

Algunos protestantes, siempre interpretando la Biblia tan libremente, creen que Satanás fue en el Cielo algo así como un director de orquesta o maestro de música, que tocaba el arpa y otros instrumentos y se sabía de todas todas acerca de las artes musicales. Estas interpretaciones sazonan los libros, casetes y folletos que publican varios autores protestantes para condenar la música rock.

Para nosotros es evidente que el mal está en los actos humanos, y que la música en sí misma no es mala: es el sentido de las letras de las canciones el que puede ser malo, en función de las intenciones de su autor. De ahí resulta que no todo el rock es malvado o diabólico (como que soy rockero de corazón) ni toda la música que no es rock es buena, de modo que tenemos que discernir cada vez lo bueno y lo malo en cada melodía, en lugar de condenar cómodamente, en bloque, toda una corriente musical. También sabemos que los ángeles y demonios, por ser espíritus puros, no tocan música.

En México son más populares las canciones tranquilas, las baladas y la música tropical. Parecería que no hay entonces nada objetable a nivel religioso en los ritmos preferidos por la gente, si es que al diablo nada más le da por tocar la guitarra eléctrica, pero resulta que en todo ese material musical es bastante fácil encontrar contenidos que minan la fe del pueblo, que sutilmente ayudan a que los valores se inviertan y que en muchos casos hasta hacen referencia al diablo como algo bueno o simpático (y sin necesidad de traer para acá a los Rolling Stones).

Desde las canciones pornofónicas de José José hasta las referencias sobre el diablo de varios artistas (Satán te invade, de no se qué dúo español, las múltiples alusiones diabólicas en las canciones de Miguel Bosé, etc.), pasando por las declaraciones anticatólicas (El negro cósmico, Caifanes) y las patéticas declaraciones de que «lo dejaría todo porque te quedaras/mi credo, mi pasado, mi religión...», el público mexicano es bombardeado constantemente por mensajes diabólicos muy francos, explícitos, o por lo menos por contenidos que debilitan la fe y alaban la sexualidad desenfrenada, el narcotráfico (nomás escuche algunos corridos norteños), el adulterio, el machismo y hasta la ebriedad.

Seré claro: Satán existe y realmente actúa en la humanidad, pero no sólo en las tentaciones personales comunes y corrientes o en las actividades extraordinarias, como la posesión. Parece que tiene toda una línea de acción estratégica en los medios de comunicación en general y en la música de masas en particular. Después de todo, es más fácil para un demonio influir en las gente de forma masiva que andar perdiendo el tiempo (que no le sobra) en meterle tentaciones a cada persona, uno por uno, y no en balde se dice que todos los dueños de las grandes empresas discográficas son miembros activos de sectas satánicas. Ya no hace falta andar oyendo discos y cintas al revés para buscar mensajes diabólicos. Basta con oírlos al derecho o ver los videoclips para tener todo un curso audiovisual de disolución religiosa e inmoralidad. Y si además se pone usted a escuchar a Led Zeppelin o a Marilyn Menso, pues ya ni hablemos.

Millones de personas creen que la música que oyen no tiene nada que ver con el primer Mandamiento. Prácticamente todo el México católico escucha, compra, baila y canta canciones libertinas o hasta diabólicas. ¿Será que los mexicanos quieren volverse satanistas? No. Nada más quiere decir que estamos perdiendo por default.

EL OBSERVADOR 227-12

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¿Católicos, casi no; pero guadalupanos sí?
(Puntos de vista y cifras de una contradicción fundamental)

El avance de las sectas por un lado y el del ateísmo por otro hacen temer a algunos q        ue por ahí para el 2035 en México no rebasemos el 50% de población católica, haciendo un curioso conjunto de pocos católicos dentro de una casi unanimidad de guadalupanos.

Una religiosidad en parte falsa y en parte insuficientemente fundamentada, que se desborda en ocasiones –digamos durante una visita del Papa o durante las festividades guadalupanas– nos permite mostrar al mundo la apariencia de pueblo profundamente católico. Pero hay ciertas estadísticas que muestran otra realidad:

Más del 98% de los mexicanos declaraba en 1950 ser católico. Para 1970 el porcentaje había descendido a poco más del 96%. En 1990 ya no llegaba al 90%. Las tendencias históricas nos hacen suponer que en el año 2010 únicamente las tres cuartas partes de los mexicanos serán católicos. En el año 2025 podrían serlo ya sólo dos terceras partes de la población, y hacia el 2035 lo sería menos de la mitad de los mexicanos. El poco más de 50% de población no católica se repartiría entre diferentes religiones y los no creyentes. Sin embargo, esta tendencia no debe tenerse por ineludible, ya que todo futuro social es incierto.

Por otra parte, hay quienes opinan que, en el nivel mundial, el futuro corresponderá a un mundo de una religiosidad más intensa y más extensa, aunque no necesariamente cristiana en su mayoría.

La descatolización del país no ha ocurrido con la misma intensidad en todos los estados. Los que menor porcentaje de católicos tienen actualmente son los del sur-sureste del país, según datos de 1990: Chiapas, 67.6%; Tabasco, 72.2%; Campeche, 76.3%, y Quintana Roo, 77.8%. En el occidente del país el estado que ha venido mostrando mayor tendencia a la descatolización es, hasta ahora, Sinaloa, que hace nueve años contaba con el 81% de individuos de esta confesión. En el otro lado de la moneda, el estado que se muestra más consistente en la fidelidad católica es Jalisco.

La situación, según algunos analistas, tiene que ver con la reacción que hubo en contra de la acumulación de poder por la Iglesia durante el período colonial. Desde el primer tercio del siglo XIX, cuando menos, se produjeron ataques a las instituciones religiosas basados en claros afanes descatolizadores. El Estado empleó, durante más de cien años, todo su aparato propagandístico para menguar la influencia de la fe en la vida nacional. Y algo tenía que lograr.

Los sensatos opinan que, si llegaran a ser enormemente dispares el catolicismo y el guadalupanismo, el culto a la Morena del Tepeyac descendería a la condición de fetichismo. (FIN)

EL OBSERVADOR 227-13

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