El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

28 de Noviembre de 1999 No. 229

SUMARIO

bullet PINCELADAS El regalo del tapiz
bulletCOLUMNA HUÉSPED El neonazismo en internet
bulletGRANDES FIRMAS ¿Por qué está en crisis el derecho?
bulletA DEBATE El espíritu de la UNAM
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO La estupidez de la competencia económica
bulletDERECHOS HUMANOS El grito de los excluidos
bullet¿USTED QUÉ OPINA? La Iglesia se compromete
bulletMEDIOS DE COMUNICACIÓN El siglo que viene
bulletCUADERNO DE NOTAS Monseñor
bulletEl cencerro
bulletPERDER POR DEFAULT Católico ignorante... ¿Seguro protestante?
bullet«Que su nombre quede como presencia de su espíritu»


PINCELADAS
El regalo del tapiz
Justo López Melús *

El dolor es ambiguo. Puede elevarnos y santificarnos, y también rebajarnos y amargarnos. Mirado desde el lado humano es un absurdo. Mirado con los ojos de Dios puede ser fuente de enriquecimiento... Un hombre recibió un aviso de un amigo, en el que le comunicaba que le enviaba un hermoso tapiz. Estaba bordado en oro, representaba preciosas escenas de cacería y tenía unos colores muy logrados.

Al recibirlo quedó defraudado. Era un montón de hilos y nudos mal distribuidos. Pero ni escenas de cacería ni oros ni colores bonitos. De repente, sin darse cuenta, dio la vuelta al tapiz y quedó admirado. Lo había estado mirando de revés. Ahora aparecieron los riquísimos matices de colores, las bellísimas escenas de cacería, los espléndidos encajes bordados en oro. Su amigo se había quedado corto en elogios. Por no saber mirarlo no había descubierto su belleza.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 229-1

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Columna huésped
El neonazismo en internet
Bruno Ferrari

Sin lugar a dudas, unos de los acontecimientos que más ha impactado en el desarrollo de la sociedad en los últimos años es el internet. Cada día millones de usuarios entran en la llamada "autopista de la información" para conocer un mundo nuevo, modificando de esta forma los hábitos y las costumbres de las jóvenes generaciones. Por ejemplo, hoy en día los adolescentes no utilizan el correo ordinario para comunicarse: en su lugar usan los e-mails, que resultan más económicos, rápidos y eficientes. Igualmente, a veces es más fácil "chatear" que asistir a una reunión con amigos, y ya no son raros los noviazgos cibernéticos. No se diga de todos los avances que la utilización de esta tecnología ha implicado para el mundo de los negocios. Toda esta revolución tecnológica y las implicaciones que ella conlleva se han producido en un corto tiempo, lo que ha imposibilitado a la sociedad implementar las reglas necesarias para normar el uso del internet.

Posiblemente es en este punto precisamente en donde radica parte del atractivo del internet. Se trata de un espacio en donde no existen reglas y, por lo tanto, todo está permitido. Es así como un niño o un joven pueden acceder por un lado a las principales fuentes de la cultura y el saber, pero también pueden fácilmente ver todo tipo de material pornográfico, el cual estaría restringido para éstos aun en las sociedades más liberales. También es posible que un grupo de personas pueda crear un sitio en donde se aliente la discriminación racial, el uso de la violencia y otras formas de expresión que creíamos superadas por la humanidad, sin ser censurados. En fin, la degradación y el permisivismo llegan a límites insospechados.

Una de las razones que dan los especialistas para explicar este tipo de fenómenos es la pérdida de identidad que se puede lograr a través de la red. Los sujetos dentro de la sociedad normalmente son identificados con una corporalidad física que distingue a unos de los otros en sus interacciones sociales y que permite en un momento determinado que la ley actúe contra ellos. Sin embargo, las experiencias de internet ofrecen un mundo de realidades virtuales, en donde es difícil distinguir entre lo real y lo imaginario. La facilidad que nos brinda esta herramienta para cambiar nuestra identidad, sea por sustitución (asumiendo otra personalidad), por suplantación (simulando que somos otros) o por multiplicación (utilizando varias personalidades simultáneamente), hacen que sea muy tentador violar las reglas establecidas en la sociedad, logrando atraer de esta forma a miles de clientes.

Esta misma falta de reglas en los usos de internet han hecho que la red sea utilizada por empresarios sin escrúpulos para vender ciertos productos que serían difíciles de comercializar en el mercado convencional. Un ejemplo de esto es un sitio manejado por el fotógrafo Ron Harris, en el cual se subastan "óvulos de modelos hermosas y saludables" porque, según afirmó al diario USA Today: "¿qué madre quiere tener un niño feo…?".

Recuerdo que hace algunos años cuando las técnicas de reproducción asistida comenzaban a difundirse, el argumento que utilizaron los médicos promotores de éstas era que serían utilizadas exclusivamente con fines terapéuticos y para aliviar el dolor emocional de todas aquellas parejas que no podían concebir a un hijo de forma natural.

La bioética de Porter (padre de esta disciplina) no se equivocaba cuando afirmaba que el mundo tenía necesidad de una "ética para la supervivencia". Ejemplos como el de la venta de óvulos de mujeres hermosas muestran la aberrante manipulación de la vida y un signo más de decadencia. Porque si alguien es capaz de comprar material genético para darle identidad a un nuevo ser, posiblemente esa misma persona será capaz (y se sentirá con el derecho) de quitársela en cualquier momento.

La Alemania nazi de Hitler nos enseñó mucho sobre la enfermedad de querer crear seres "superiores" con determinadas características físicas. Parece que la lección no fue bien aprendida, pues ahora la historia se repite pero en la forma de rostros bellos y con la facilidad de hacerlo a través de una computadora. No cabe duda que Pablo VI tenía razón en la "Humana vitae" al mencionar los peligros que atentan en contra del matrimonio y la familia. Ojalá sepamos mirar al futuro sin olvidar los criminales errores del ayer.

EL OBSERVADOR 229-2

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Grandes firmas
¿Por qué está en crisis el derecho?
Card. Joseph Ratzinger

Si la razón ya no es capaz de encontrar el camino de la metafísica, el Estado sólo puede basarse en las declaraciones comunes sobre los valores de los ciudadanos, convicciones que se reflejan en el consenso democrático. De este modo, quien crea consenso no es la verdad, y el consenso no puede crear más que ordenamientos comunes. La mayoría determina lo que es verdadero y justo. Esto significa que el derecho queda expuesto al juego de las mayorías y depende de la conciencia de los valores de la sociedad del momento, que a su vez está determinada por múltiples factores.

El matrimonio y la familia dejan de ser la base de la comunidad y son sustituidos por las múltiples y con frecuencia frágiles y problemáticas formas de convivencia. La relación entre el hombre y la mujer se hace conflictiva, al igual que la relación entre las generaciones.

El orden cristiano del tiempo se disuelve; el domingo desaparece y es sustituido por formas móviles de tiempo libre. El sentido de lo sagrado ya no tiene casi significado para el derecho, el respeto de Dios y de lo que es sagrado para los demás difícilmente se convierte en un valor jurídico; se le antepone el valor de la libertad sin confines a la hora de hablar y juzgar. La vida humana se convierte también en algo de lo que se puede disponer: el aborto y la eutanasia ya no quedan excluidos de los ordenamientos jurídicos. En el ámbito de los experimentos sobre los embriones y de la medicina de los trasplantes, se delinean formas de manipulación de la vida humana, en las que el hombre se atribuye no sólo el derecho a disponer de la vida y de la muerte, sino también de su devenir y de su ser. De este modo recientemente se ha llegado a reclamar incluso la selección y el cultivo programado de embriones para el desarrollo continuo del género humano, poniendo en discusión la diversidad esencial entre el hombre y el animal.

Dado que en los Estados modernos la metafísica, y con ella el derecho natural, parecen desaparecer, tiene lugar una transformación del derecho, cuyos ulteriores pasos son todavía imprevisibles: el mismo concepto de derecho pierde sus precisos contornos.

La denigración del derecho nunca es un servicio a la libertad, sino un instrumento de la dictadura. La eliminación del derecho es desprecio del hombre. Donde no hay derecho no hay libertad.

La fe cristiana respeta la naturaleza propia del Estado, sobre todo del Estado de una sociedad pluralista, pero siente también su responsabilidad para que los fundamentos del derecho sigan visibles y el Estado no quede expuesto solamente al juego de las corrientes que cambian.

(Del discurso pronunciado el 10 de noviembre en la Facultad de Derecho de la Universidad LUMSA de Roma, al recibir el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe el doctorado honoris causa)

EL OBSERVADOR 229-3

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A debate
El espíritu de la UNAM
Javier Algara Cossío * / San Luis Potosí, S. L. P.

Dicen que fue José Vasconcelos quien acuñó la frase «Por mi raza hablará el espíritu» que después habría de convertirse en el motto de la Universidad Nacional Autónoma de México. Probablemente el espíritu invocado por Vasconcelos era el que se agita en todo lo verdaderamente humano, el que produce el hambre perenne de dignidad y trascendencia, el que se manifiesta en la cultura, en la ciencia y el arte, el que empuja a las personas a utilizar la palabra, la inteligencia empapada de afectos, para comunicarse y ayudarse a otear un horizonte que está siempre más allá. La esperanza vasconcelista se había venido cumpliendo en gran medida en la institución universitaria más grande de México. Abogados, artistas, literatos, arquitectos, economistas, políticos, sociólogos, filósofos que habían escuchado a ese espíritu han dejado su huella en la edificación de este país. No es otro que el espíritu que habla por nuestra raza en la UNAM para defenderla del autoritarismo y el totalitarismo de algunos caudillos populares que querían matar su autonomía; para ahuyentar la intolerancia de algunas mentes brillantes pero incapaces de ver otra verdad que la suya; de la vulgaridad, de la intrascendencia.

Ante la prolongada crisis de la mayor universidad de la nación y ante los efectos perniciosos que dicha crisis ha venido produciendo: disminución significativa de las tareas investigadoras, pérdida ingente de recursos, proyectos estudiantiles frustrados, retrasos en graduaciones, planes desfondados de desarrollo profesional, etc.; ante la violencia incomprensible y la obduración de los paristas –o la inacción de las autoridades competentes–, no puede uno menos de preguntarse dónde está el espíritu de la UNAM, el que habla por nuestra raza. Porque ni el espíritu de México ni ningún otro pueden fingir que hablan en la violencia. El espíritu humano, imagen del Espíritu, creación de la Sabiduría –por más que esto no sea reconocido así por quienes no creen en Dios ni en revelación alguna–, no tiene la violencia como fin; tampoco como medio. Repugna a la sensibilidad humana un espíritu que se revista de características contrarias a la paz y al diálogo. La única violencia alentada por el espíritu es aquella que el individuo debe hacerse a sí mismo para ejercer su libertad ante la voz de las sirenas del recurso fácil a la mentira, a la intolerancia, a la imposición unilateral, a la grosería y la vulgaridad.

¿Será que el espíritu de la UNAM se ha metamorfoseado en un vil, ramplón y antisocial diablillo, acólito de aquel otro que se creyó igual que su Creador? Si es así, pobre raza nuestra. No dejemos, entonces, que el Espíritu calle.

* El autor es diputado federal por el estado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 229-4

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A las puertas del templo
La estupidez de la competencia económica
Javier Sicilia *

Uno de los grandes problemas de nuestra modernidad es que la vida se ha reducido a un estado de teoría económica absoluta. Las personas y todas las demás criaturas y cosas van siendo consideradas cada vez más como meras «variables económicas» o como cifras de producción, cuyo costo se desprecia. Bajo la alegría de Ernesto Zedillo, orgulloso de haber pagado parte del préstamo estadounidense, están millones de muertos de hambre, de suicidas, de desempleados y de familias destrozadas. Pero eso no cuenta ni para él ni para su gabinete: son meros costos económicos. El hombre ha muerto en sus conciencias. En ellas sólo habita el dinero y el poder.

A pesar de que esta lógica que nos domina parece ser irremediable, no lo es. Para empezar a saberlo hay que comprender lo que Wendell Berry ha llamado «la falsedad y estupidez del ideal económico de competencia» en la que se basa todo el liberalismo económico desde Hobbes hasta el llamado neoliberalismo, pasando por Marx, y que es destructiva para el hombre y la naturaleza.

El concepto de competencia implica el hecho de que siempre habrá ganadores y perdedores. La desgracia de este concepto puramente económico es que carece del más elemental sentido de la compasión que en otras épocas indujo a los fuertes a ayudar a los débiles. Los defensores de la competencia, y esto ha sido evidente con Salinas y Zedillo, no saben qué hacer con los perdedores. Les son molestos. Les ensucian su flamante modelo económico. Ellos, vuelvo a Berry, «simplemente se apilan en muladares humanos como depósitos de basura industrial, hasta que acumulen la suficiente fuerza y miseria como para vencer a los ganadores». Son un mero costo económico. Pero su daño y sufrimiento es algo que en realidad no tiene límites.

Ningún individuo ni ninguna comunidad humana pueden llevar una vida económica buena y sana en condiciones de competencia. Ella no nos permite vivir y trabajar como seres humanos, sino como ratas y cucarachas. Son ellas las que por su naturaleza viven bajo la competencia, bajo la ley de la oferta y la demanda. El privilegio del ser humano, su condición natural como hijo de Dios es vivir bajo las leyes de la justicia y de la piedad.

No hay afecto ni, por lo tanto, placer en un sistema de competencia. El afecto y el placer, que son hijos de las comunidades y de las economías pobres, en las economías liberales se deja para el fin de semana, para el día de retiro, para nunca. Nuestras economías de la competencia y del deseo han destruido el afecto y el placer del trabajo. El trabajo nos derrota porque ya no encontramos placer y afecto en él, y el desempleo, que produce su mecanización, su automatización y computarización, nos asfixia y nos vence.

«Este mundo curioso en el que vivimos –dijo Henri David Thoreau en 1837 a su grupo de graduados de Harvard– es más maravilloso que conveniente, más bello que útil, más para ser admirado y gozado que utilizado».

Seguramente nuestros recientes graduados en Harvard y del ITAM escuchan estas palabras de Thoreau como las de un estúpido iluso. No lo dudo. Pero quienes nos las tomamos en serio podemos ver que Thoreau estaba hablando de una verdad muy profunda que, como lo enseña Berry, está expresada en el Apocalipsis 4, 11: «Digno eres, oh Señor nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poderío, porque creaste todas las cosas y por tu placer subsisten y fueron creadas».

El que Dios haya creado para su placer es una idea hermosa y contraria al utilitarismo «antropocéntrico» de nuestras sociedades. Esta idea implica que el placer de Dios debe ser respetado en todas las cosas y que nuestro trabajo, nuestro placer y nuestros afectos, deben estar acordes con Él y ser su reflejo.

En una economía apropiada (recordemos que la palabra economía quiere decir, contrariamente a lo que piensan los liberales, el cuidado de la casa, no su explotación y destrucción), es decir, en una economía comunitaria y pobre, ajena a la competencia, a la acumulación y, en consecuencia, a la escasez; en una economía en donde las personas, las criaturas y las cosas no son «variables económicas» o cifras de producción, sino realidades que hay que respetar y amar, el placer y el afecto no son, como en nuestras economías, un agregado, un subproducto o una recompensa para los ganadores, sino una forma del trabajo y de su medida y, en consecuencia, una realidad en la que todos ganamos.

* Artículo resumido. Se publica con autorización expresa del autor.

EL OBSERVADOR 229-5

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Derechos humanos
El grito de los excluidos *
Miguel Concha **

En 1994 surgió en Brasil el «grito de los excluidos», manifestación popular y civil para denunciar todas las situaciones actuales de exclusión y señalar posibles salidas y alternativas, en la que toma parte una amplia franja de organizaciones en América Latina, con presencia activa de la Iglesia católica a través de instituciones como Cáritas Internacional y algunas Cáritas nacionales. Sus objetivos son, entre otros, denunciar a nivel mundial el modelo neoliberal excluyente y perverso que amenaza y destruye la vida y el medio ambiente; luchar a nivel continental contra el pago de la deuda externa, y fortalecer la soberanía de los pueblos, así como la defensa de la vida.

Desde el punto de vista económico y sociopolítico, los excluidos son aquel sector mayoritario de personas económicamente débiles o al margen de la transformación tecnológica, que abarca desde los que no tienen protección social ni vivienda digna, hasta quienes no ejercen el derecho de ser tomados en cuenta por la organización de la vida política como consecuencia de la aplicación de políticas económicas neoliberales vigentes.

Como ha escrito el doctor Helio Gallardo, en los últimos veinte años se ha venido acentuando en América Latina la realidad histórica de la discriminación y la ofensa, por los procesos de globalización neoliberal que traspasan a nuestros pueblos y sociedades, pues para el neoliberalismo el empobrecido, el sin poder, es, además de víctima, culpable de no ser eficiente ni competitivo en el mercado, cuando el mercado lo es todo.

El «grito de los excluidos» no es, por tanto, un reclamo de los empobrecidos para que el imperio los incorpore en su sistema de muerte, sino un llamado político de los pisoteados para crear las condiciones que animen las lógicas y funden las instituciones de un mundo más humano en el que no haya más empobrecidos.

Desde el punto de vista ético, el «grito de los excluidos» opone desde la base social los principios de la dignidad de la persona humana, el destino universal de los bienes, la primacía del trabajo y el bien común como razón de ser del Estado a la racionalidad económica vigente del lucro y la competitividad, planteando, como consecuencia, una economía y una técnica regidas por la ética, respetuosas del medio ambiente y al servicio de la vida.

«El desafío –dice Luis Bassegio, asesor del sector de la pastoral social de la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil– es recuperar nuestra capacidad de hacer que los poderes públicos restablezcan la prioridad de lo político y del bien común sobre lo financiero, lo económico y el bien privado».

En 1998 se consensó realizar el 12 de octubre del año 2000 el «grito continental», que se hará visible con una marcha hasta Nueva York, sede del capital neoliberal (Wall Street) y de la ONU. Este proceso preparará y animará la realización del «grito mundial» en el año 2001. En nuestro país el «grito de los excluidos» es complementario de la iniciativa civil «poder ciudadano», cuya propuesta es preparar el proceso político del 2000 para articular los esfuerzos de las organizaciones civiles y lograr una presencia activa en el próximo periodo de gobierno.

* Artículo resumido.
** El autor es presidente vitalicio del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria.

EL OBSERVADOR 229-6

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¿Usted qué opina?
La Iglesia se compromete
Genaro Alamilla Arteaga

El episcopado de la Iglesia en México celebró su LXVII asamblea ordinaria, participando 79 de sus miembros, y al concluir emitió un breve mensaje pero teniendo el propósito de continuar elaborando un documento más extenso sobre la realidad de México y la Iglesia con motivo del año jubilar, año de gracia y perdón.

En el breve mensaje se compromete a tomar su papel, a enfrentarse a la situación real que vive el país. Nos parece que no podía ser de otra manera, ya que ella hace el camino del hombre, de su historia, de sus avatares positivos y negativos. Se trata de una Iglesia que no está pasiva sino que actúa con la fuerza del Evangelio en el individuo, en la familia y en la sociedad, en todas sus instituciones y estructuras. Actúa no como entrometida sino como Maestra de Humanidad –enviada por Cristo para que se haga presente a todos los hombres ya aquí, en el tiempo, con el bienestar de toda persona hasta llegar a la eternidad– al detectar la realidad que vive la nación: pobreza creciente, perturbación social, corrupción generalizada, inseguridad lacerante que invade todos los estratos de la vida social, la impunidad irritante, la cultura de la muerte, el caos político con su sistema agotado, cansado, desviado que ha puesto al país en clara derrota o en aparente desarrollo, como se escucha en el discurso político. Por lo tanto ninguna autoridad humana puede prohibirle cumplir esta obligación ni ejercer este derecho.

Y al parecer el enfrentamiento que crea más polémica es el que se hace con la política y, sobre todo, si ésta está en crisis, como lo están los políticos y sus partidos; y la Iglesia bien que ha detectado todas estas realidades y más, que sería prolijo enumerar. Pero la Iglesia no se enfrentará usando elementos que no son de su competencia; y no es de su competencia actuar en política partidista, pero sí en política del bien común, por la que puede enseñar ciencia política, formar cívicamente la conciencia de los ciudadanos e iluminar con principios éticos y morales todo lo temporal –su dominio, su organización, sus principios, etc., en manos de los seglares deben quedar–. Nadie tema, pues, que la iglesia jerárquica –diáconos, sacerdotes, obispos– vaya a invadir terrenos temporales que no le pertenecen, mas tampoco nadie le impida que se dedique a iluminar con el Evangelio eso temporal y que cree una atmósfera de ética y moral en todo ese mundo. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 229-7

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Medios de comunicación
El siglo que viene
Santiago Norte

La imagen del siglo venidero se conforma en términos del espacio comunicacional, del universo cibernético. En el Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en Zacatecas, los especialistas convocados invitaban a los hispanohablantes –literalmente– a conquistar el ciberespacio como una forma de defensa de identidad, como un recurso para proteger nuestro patrimonio de la catástrofe idiomática que se nos viene encima. Al efecto, recordaban, solamente dos por ciento de las «entradas» a la autopista de la información ocupa el español o castellano. Y como «el futuro es internet», los herederos del idioma al que Miguel de Cervantes Saavedra contribuyó a darle fuste debemos, en conciencia, colonizar ese universo hoy ignoto. Pero, ¿es el futuro internet?

La industria de la informática así nos lo viene recalcando una y otra vez, quizá para prepararnos al consumo de algo que si reflexionáramos no necesitaríamos para sobrevivir. Pero, de pronto, topamos con Bill Gates y sus movimientos en el ajedrez cibernético y quedamos perplejos. ¿Por qué el dueño de Microsoft, uno de los hombres más ricos del mundo y el más joven de la lista de Forbes se acaba de comprar la compañía WebTV para combinar internet con televisión? Seguro, pensamos, porque «ahí» va a estar el inmediato porvenir. Y si queremos estar instalados en el siglo XXI con alguna prestancia, debemos pensar que, en efecto, «ahí está el porvenir». Un genio (teoría evidentemente por comprobar) como Bill gates no se equivoca. ¿No se equivoca?

La verdad es que no lo sabemos, quizá pegue, certero, en el blanco; y nuestra próxima estación sea la vida como realidad virtual, para lo que internet resultará una herramienta indispensable. Pero, ¿cómo entender entonces el llamado renacimiento espiritual de multitudes en Europa, en Estados Unidos, en México? ¿No será otro el futuro que desean esas multitudes? Cannetti, el gran filósofo Cannetti, dice: «Las máquinas no son los suficientemente misteriosas para creer en ellas». ¿Quién, pues, quiere un futuro dominado por las máquinas, una coexistencia mediada por la frialdad sin chiste de la tecnología en la sala de la casa?

El siglo venidero –nos dicen también los expertos en estas lides– tendrá un fuerte aliento tecnológico que hará la vida más llevadera. Es la gran promesa de siempre: vamos a superar, por medio de la máquina, el nivel de necesidad; vamos a tener la oportunidad del ocio. Mas, de nueva cuenta, no podemos estar seguros de que así será, ni de que «eso» será lo que queremos los hombres. Por lo que a mí respecta, la perspectiva me sobrecoge, me amedrenta. No porque no sepa dominar a las máquinas, es por la desilusión que, otra vez, acaecerá en muchos que creen a pie juntillas que dominar al «ordenador» es estar con el mundo en la yema de los dedos. Nada más alejado a lo que ha sucedido siempre con los avances tecnológicos, que han servido más al capital y menos a la persona.

¿No sería a ese aherrojamiento, a esa sujeción a la que se refirió García Márquez también en Zacatecas? Él lo puso en la ortografía y en las leyes de la gramática; nosotros podemos referirlo a muchos otros universos que nos ordenan y nos perfilan a consumir futuros de los que nada sabemos o de los que, a lo sumo, sabemos que no los queremos así, que no nos sirven así, que son mejores mientras más libres en ellos podemos estar.

EL OBSERVADOR 229-8

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Cuaderno de notas
Monseñor

Aquí estoy, mis amigos, soy lo sido,
niño otra vez, discípulo del día, mudo y desnudo en cuna la más mía
y de la muerte soy recién nacido.

Joaquín Antonio Peñalosa

Cuando inició EL OBSERVADOR, hace cinco años, conocí en una reunión (en la curia de San Luis Potosí) a monseñor Peñalosa. Por supuesto que lo había leído, por supuesto que lo admiraba. Fue reacio a la idea del semanario. No le gustaba nuestro proyecto, no confiaba en una aventura que –debo reconocer– no tenía por aquel año de 1994 ni muchos pies ni mucha cabeza.

Uno de mis retos personales fue convencerlo a él. Quería un periodismo culto, un periodismo polémico, que fuera a la raíz, alejado del «piadosismo» y de la hoja devota. Nosotros le apostábamos a lo mismo. Se lo expuse. Esgrimió un argumento inobjetable: «He visto –dijo con la mirada cansada y desviándola de la mía– muchos experimentos como el que el licenciado nos propone: no le auguro ni tres números».

Pasó el tiempo. Lo seguí leyendo, no sabía si él a nosotros. Le consultaba al padre Darío Pedroza, al arzobispo Szymanski. No sabían. Perdí esperanzas de tenerlo con EL OBSERVADOR. Hasta que un día me llegó un sobre con saludos y artículos («articulillos» les llamaba) para ver su obtenían mi venia y podían ser publicados en el periódico. Lo hice con un entusiasmo desmedido: había conquistado la pluma de una de las cabezas católicas más importantes de nuestro siglo en México.

Recibí regularmente sus colaboraciones. Las publicamos todas bajo un nombre de columna: «Palabras mayores». Eran palabras de un sacerdote, de un escritor, de un poeta y estudioso de la poesía como muy pocos ha habido. En cada artículo percibía su enorme dificultad para escribirlo, su creciente deterioro físico. Finalmente murió el 17 de noviembre. Su legado es enorme: Dios le pague. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 229-9

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El cencerro *
Joaquín Antonio Peñalosa

No que se haya maquilado
para concurso de misses,
nació guapísima la señora vaca,
piel de avellana, ojos de eléctricos zafiros
y unas largas y rizadas pestañas
que envidiaría cualquier democrática miss.

Del campanario de su cuello
colgaron el cencerro de mando,
un bronce matinal, musical, ceremonial.
Detrás de la sonorizada torre movediza
caminaban en procesión los becerrillos
olorosos a leche pasteurizada,
menta, alfalfa y yerbabuena.

Abrió los ojos la mañana
al ruido de una campana pertinaz,
¿llamaría a misa?
Presurosa descolgó cortinas de nubes bordadas en pistache y oro,
ansiosas las espigas querían ser pan
y los racimos de uva se soñaban
vino de consagración.
Unos ángeles lunados disponían
manteles, cirios y ramos de violetas
los jilgüeros ensayaban el Gloria de Mozart
y los campos acudían con las manos juntas.

La vaca de avellana y zafiro
caminaba tridimensional entre sus becerrillos
agitando el cencerro,
el cencerro que hubiera querido ser campana de consagración.

EL OBSERVADOR 229-10

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PERDER POR DEFAULT
Católico ignorante... ¿Seguro protestante?
Diego García Bayardo

Aunque me pase de repetitivo, tengo que insistir en que la evangelización en México está muerta. Los católicos creen ya en cualquier cosa, por más contraria que sea a la verdadera fe, y luego acaban por irse a cualquier religión protestante o secta. Católicos delincuentes, católicos new age, que dicen falsamente no saber si son compatibles ambas doctrinas para así huír de la obligación de dejar alguna de las dos, católicos medio satanistas, católicos socialistas, pro-abortistas, echadores de cartas y hacedores de horóscopos, amigos de la mordida y el fraude, mascadores de chicle y comedores de helado en plena misa, jóvenes miembros de movimientos «católicos» que se comportan y expresan como una bandada de juerguistas, peregrinos que golpean y empujan al que va adelante, al fin que «venimos a sufrir», católicos automovilistas que manejan como Belcebú, traidores a Cristo todos nosotros, como otros tantos Judas. Siquiera de el Judas histórico sabemos que su arrepentimiento fue tan sincero que no soportó seguir viviendo con su culpa. Ya es algo.

¿Por qué los católicos no saben nada de catolicismo? ¿Por qué crecen como hongos las iglesias protestantes y los templos católicos se vacían? Seguramente hace falta llevar adelante la famosa y descuidada nueva evangelización, pero es mucho más necesario mejorar la catequesis de los que ya somos miembros de la Iglesia. Ahí está la clave de tantos problemas: ignoramos los contenidos esenciales de la fe católica, no leemos la Biblia, del catecismo no tenemos ni noticia...En fin, bien dicen que católico ignorante, seguro protestante. Pregúntele a cualquiera en la calle quiénes son las Personas de la Santísima Trinidad y le contestarán que Jesús, María y José.

Es rigurosamente cierto que los protestantes más inteligentes se vuelven católicos y los católicos más ignorantes se vuelven protestantes, así que la catequesis y la apologética son los grandes campos de batalla donde las almas se pierden o se ganan. Hasta ahora, más bien se pierden. Y es que el catecismo que se da a los niños a veces es enseñado mal y casi siempre de forma insuficiente. Si luego continuara la catequesis no habría tanto problema, pero generalmente uno, después de la Primera Comunión, no vuelve a recibir instrucción religiosa en el resto de su vida. Incluso, muchos sacerdotes creen que con la misa basta para que los fieles sean católicos de peso completo (si pudieran oír objetivamente sus propios sermones, muchos sufrirían un enorme desengaño).

Hablando en directo, lo que necesitamos es copiar -sí, copiar- a los protestantes y sectarios, que no limitan sus actividades dominicales o sabatinas sólo al acto de culto, sino que llevan cursos obligatorios de catequesis y estudios de Biblia. No sólo los niños, sino especialmente los adultos, llevan cursos permanentes de doctrina que se llevan cierto tiempo antes o después del servicio religioso y que implican también la obligación de seguir estudiando en casa durante la semana. Es que, la verdad, si las cosas no se hacen a fuerzas, de manera obligatoria, simplemente no se hacen nunca.


Propuestas

* Que se diseñe un programa de cursos de catequesis para adultos que, a lo largo de los años, hagan de todo católico un verdadero conocedor del depósito de la fe, de la Biblia, la Liturgia, etc., capaz de hacer las cosas de la fe porque las entiende, no de forma mecánica, como hasta ahora.
* Que los obispos organicen la institución que, dentro de su diócesis, se encargará de implementar, aplicar y evaluar este programa educativo permanente, así como de editar los textos adecuados.
* Que se dé preparación adecuada a los laicos que harán el papel de maestros del pueblo.Si no hay laicos que puedan dar el curso tendrá que ser el párroco el que se encargue. Ni modo.
* Que este curso de catequesis permanente sea absolutamente obligatorio y se dé al final de cada misa en todos los templos del país. Con el tiempo su obligatoriedad será asumida por la gente como una parte más del precepto dominical, como ocurre entre los protestantes.

EL OBSERVADOR 229-11

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Honra y perfil de un gran católico

Joaquín Antonio Peñalosa

No que se haya maquilado
para concurso de misses,
nació guapísima la señora vaca,
piel de avellana, ojos de eléctricos zafiros
y unas largas y rizadas pestañas
que envidiaría cualquier democrática miss.

Del campanario de su cuello
colgaron el cencerro de mando,
un bronce matinal, musical, ceremonial.
Detrás de la sonorizada torre movediza
caminaban en procesión los becerrillos
olorosos a leche pasteurizada,
menta, alfalfa y yerbabuena.

Abrió los ojos la mañana
al ruido de una campana pertinaz,
¿llamaría a misa?
Presurosa descolgó cortinas de nubes bordadas en pistache y oro,
ansiosas las espigas querían ser pan
y los racimos de uva se soñaban
vino de consagración.
Unos ángeles lunados disponían
manteles, cirios y ramos de violetas
los jilgüeros ensayaban el Gloria de Mozart
y los campos acudían con las manos juntas.

La vaca de avellana y zafiro
caminaba tridimensional entre sus becerrillos
agitando el cencerro,
el cencerro que hubiera querido ser campana de consagración.

EL OBSERVADOR 229-10

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PERDER POR DEFAULT
Católico ignorante... ¿Seguro protestante?
Diego García Bayardo

Aunque me pase de repetitivo, tengo que insistir en que la evangelización en México está muerta. Los católicos creen ya en cualquier cosa, por más contraria que sea a la verdadera fe, y luego acaban por irse a cualquier religión protestante o secta. Católicos delincuentes, católicos new age, que dicen falsamente no saber si son compatibles ambas doctrinas para así huír de la obligación de dejar alguna de las dos, católicos medio satanistas, católicos socialistas, pro-abortistas, echadores de cartas y hacedores de horóscopos, amigos de la mordida y el fraude, mascadores de chicle y comedores de helado en plena misa, jóvenes miembros de movimientos «católicos» que se comportan y expresan como una bandada de juerguistas, peregrinos que golpean y empujan al que va adelante, al fin que «venimos a sufrir», católicos automovilistas que manejan como Belcebú, traidores a Cristo todos nosotros, como otros tantos Judas. Siquiera de el Judas histórico sabemos que su arrepentimiento fue tan sincero que no soportó seguir viviendo con su culpa. Ya es algo.

¿Por qué los católicos no saben nada de catolicismo? ¿Por qué crecen como hongos las iglesias protestantes y los templos católicos se vacían? Seguramente hace falta llevar adelante la famosa y descuidada nueva evangelización, pero es mucho más necesario mejorar la catequesis de los que ya somos miembros de la Iglesia. Ahí está la clave de tantos problemas: ignoramos los contenidos esenciales de la fe católica, no leemos la Biblia, del catecismo no tenemos ni noticia...En fin, bien dicen que católico ignorante, seguro protestante. Pregúntele a cualquiera en la calle quiénes son las Personas de la Santísima Trinidad y le contestarán que Jesús, María y José.

Es rigurosamente cierto que los protestantes más inteligentes se vuelven católicos y los católicos más ignorantes se vuelven protestantes, así que la catequesis y la apologética son los grandes campos de batalla donde las almas se pierden o se ganan. Hasta ahora, más bien se pierden. Y es que el catecismo que se da a los niños a veces es enseñado mal y casi siempre de forma insuficiente. Si luego continuara la catequesis no habría tanto problema, pero generalmente uno, después de la Primera Comunión, no vuelve a recibir instrucción religiosa en el resto de su vida. Incluso, muchos sacerdotes creen que con la misa basta para que los fieles sean católicos de peso completo (si pudieran oír objetivamente sus propios sermones, muchos sufrirían un enorme desengaño).

Hablando en directo, lo que necesitamos es copiar -sí, copiar- a los protestantes y sectarios, que no limitan sus actividades dominicales o sabatinas sólo al acto de culto, sino que llevan cursos obligatorios de catequesis y estudios de Biblia. No sólo los niños, sino especialmente los adultos, llevan cursos permanentes de doctrina que se llevan cierto tiempo antes o después del servicio religioso y que implican también la obligación de seguir estudiando en casa durante la semana. Es que, la verdad, si las cosas no se hacen a fuerzas, de manera obligatoria, simplemente no se hacen nunca.


Propuestas

* Que se diseñe un programa de cursos de catequesis para adultos que, a lo largo de los años, hagan de todo católico un verdadero conocedor del depósito de la fe, de la Biblia, la Liturgia, etc., capaz de hacer las cosas de la fe porque las entiende, no de forma mecánica, como hasta ahora.
* Que los obispos organicen la institución que, dentro de su diócesis, se encargará de implementar, aplicar y evaluar este programa educativo permanente, así como de editar los textos adecuados.
* Que se dé preparación adecuada a los laicos que harán el papel de maestros del pueblo.Si no hay laicos que puedan dar el curso tendrá que ser el párroco el que se encargue. Ni modo.
* Que este curso de catequesis permanente sea absolutamente obligatorio y se dé al final de cada misa en todos los templos del país. Con el tiempo su obligatoriedad será asumida por la gente como una parte más del precepto dominical, como ocurre entre los protestantes.

EL OBSERVADOR 229-11

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Honra y perfil de un gran católico

Joaquín Antonio Peñalosa

No que se haya maquilado
para concurso de misses,
nació guapísima la señora vaca,
piel de avellana, ojos de eléctricos zafiros
y unas largas y rizadas pestañas
que envidiaría cualquier democrática miss.

Del campanario de su cuello
colgaron el cencerro de mando,
un bronce matinal, musical, ceremonial.
Detrás de la sonorizada torre movediza
caminaban en procesión los becerrillos
olorosos a leche pasteurizada,
menta, alfalfa y yerbabuena.

Abrió los ojos la mañana
al ruido de una campana pertinaz,
¿llamaría a misa?
Presurosa descolgó cortinas de nubes bordadas en pistache y oro,
ansiosas las espigas querían ser pan
y los racimos de uva se soñaban
vino de consagración.
Unos ángeles lunados disponían
manteles, cirios y ramos de violetas
los jilgüeros ensayaban el Gloria de Mozart
y los campos acudían con las manos juntas.

La vaca de avellana y zafiro
caminaba tridimensional entre sus becerrillos
agitando el cencerro,
el cencerro que hubiera querido ser campana de consagración.

EL OBSERVADOR 229-10

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Católico ignorante... ¿Seguro protestante?
Diego García Bayardo

Aunque me pase de repetitivo, tengo que insistir en que la evangelización en México está muerta. Los católicos creen ya en cualquier cosa, por más contraria que sea a la verdadera fe, y luego acaban por irse a cualquier religión protestante o secta. Católicos delincuentes, católicos new age, que dicen falsamente no saber si son compatibles ambas doctrinas para así huír de la obligación de dejar alguna de las dos, católicos medio satanistas, católicos socialistas, pro-abortistas, echadores de cartas y hacedores de horóscopos, amigos de la mordida y el fraude, mascadores de chicle y comedores de helado en plena misa, jóvenes miembros de movimientos «católicos» que se comportan y expresan como una bandada de juerguistas, peregrinos que golpean y empujan al que va adelante, al fin que «venimos a sufrir», católicos automovilistas que manejan como Belcebú, traidores a Cristo todos nosotros, como otros tantos Judas. Siquiera de el Judas histórico sabemos que su arrepentimiento fue tan sincero que no soportó seguir viviendo con su culpa. Ya es algo.

¿Por qué los católicos no saben nada de catolicismo? ¿Por qué crecen como hongos las iglesias protestantes y los templos católicos se vacían? Seguramente hace falta llevar adelante la famosa y descuidada nueva evangelización, pero es mucho más necesario mejorar la catequesis de los que ya somos miembros de la Iglesia. Ahí está la clave de tantos problemas: ignoramos los contenidos esenciales de la fe católica, no leemos la Biblia, del catecismo no tenemos ni noticia...En fin, bien dicen que católico ignorante, seguro protestante. Pregúntele a cualquiera en la calle quiénes son las Personas de la Santísima Trinidad y le contestarán que Jesús, María y José.

Es rigurosamente cierto que los protestantes más inteligentes se vuelven católicos y los católicos más ignorantes se vuelven protestantes, así que la catequesis y la apologética son los grandes campos de batalla donde las almas se pierden o se ganan. Hasta ahora, más bien se pierden. Y es que el catecismo que se da a los niños a veces es enseñado mal y casi siempre de forma insuficiente. Si luego continuara la catequesis no habría tanto problema, pero generalmente uno, después de la Primera Comunión, no vuelve a recibir instrucción religiosa en el resto de su vida. Incluso, muchos sacerdotes creen que con la misa basta para que los fieles sean católicos de peso completo (si pudieran oír objetivamente sus propios sermones, muchos sufrirían un enorme desengaño).

Hablando en directo, lo que necesitamos es copiar -sí, copiar- a los protestantes y sectarios, que no limitan sus actividades dominicales o sabatinas sólo al acto de culto, sino que llevan cursos obligatorios de catequesis y estudios de Biblia. No sólo los niños, sino especialmente los adultos, llevan cursos permanentes de doctrina que se llevan cierto tiempo antes o después del servicio religioso y que implican también la obligación de seguir estudiando en casa durante la semana. Es que, la verdad, si las cosas no se hacen a fuerzas, de manera obligatoria, simplemente no se hacen nunca.


Propuestas

* Que se diseñe un programa de cursos de catequesis para adultos que, a lo largo de los años, hagan de todo católico un verdadero conocedor del depósito de la fe, de la Biblia, la Liturgia, etc., capaz de hacer las cosas de la fe porque las entiende, no de forma mecánica, como hasta ahora.
* Que los obispos organicen la institución que, dentro de su diócesis, se encargará de implementar, aplicar y evaluar este programa educativo permanente, así como de editar los textos adecuados.
* Que se dé preparación adecuada a los laicos que harán el papel de maestros del pueblo.Si no hay laicos que puedan dar el curso tendrá que ser el párroco el que se encargue. Ni modo.
* Que este curso de catequesis permanente sea absolutamente obligatorio y se dé al final de cada misa en todos los templos del país. Con el tiempo su obligatoriedad será asumida por la gente como una parte más del precepto dominical, como ocurre entre los protestantes.

EL OBSERVADOR 229-11

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Honra y perfil de un gran católico
«Que su nombre quede como presencia de su espíritu»
Arz. Em. Arturo Szymanski Ramírez

Hace poco más de 52 años, por amor a Dios y a las almas de los potosinos, se postró ante este altar catedralicio un joven bajito, rollizo y de buen color: Joaquín Antonio Peñalosa, que sería ordenado sacerdote. Hoy hemos traído nosotros el cuerpo de una persona que murió cargada de años y de méritos, en señal del amor que los potosinos, sus amigos, sus discípulos, sus hijos, recibieron de él.

Su amor prometido no fue vano. Lo hemos traído porque él no ha podido hacerlo personalmente, pero lo postramos ante el altar que hoy está curiosamente rodeado por niños, y él, Joaquín, se distinguió por su espíritu de niño: «Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 18, 3). Él ha venido aquí con su espíritu de «Camino a Belén» que tantos años recorrió acompañado de almas de personas necesitadas, especialmente de niños enfermos y de escasos recursos, que vivió con los niños del Hogar y también con todos sus discípulos y amigos. Muchos tuvimos la dicha de conocerlo personalmente, pero más personas lo conocieron por la prensa en la que tanto escribió y muchos más por sus libros. Fue un potosino ilustre, pero, más que eso, para nosotros fue un sacerdote, el padre Peñalosa, y lo será para la eternidad. No es aquí lugar para hacer grandes disquisiciones ni elogios fúnebres muy merecidos, pero sí para hacer una reflexión de fe.

Pedir siempre lo imposible

Séame lícito pensar un poco en la persona del padre Peñalosa: todos sabemos que fue un gran potosino, sacerdote, humanista, escritor, maestro, pero sobre todo para mí fue un hombre consciente de su bautismo por el que fue injertado en Cristo como todos nosotros y que nos debe servir de ejemplo. Una autor dice que es bueno que se ponga un busto de una persona o se le ponga su nombre a una calle (podría ponérsele el nombre de Peñalosa a una calle), o que esa persona siembre un árbol, pero las generaciones posteriores verán el busto, verán el nombre de la calle, verán el árbol, pero no sabrán a quién se refiere, mas el que escribe un libro queda plasmado para la historia. El padre Peñalosa, por tantos libros escritos, seguro que ha ganado en la historia de San Luis Potosí, de México y de otros países, que su nombre quede no sólo como algo pasado sino como la presencia de su espíritu. Y yo me preguntaba: ¿por qué fue así o cómo fue Peñalosa? A mi juicio fue así porque era un hombre sencillo y amaba los detalles, era detallista.

Sencillo, cuando vivió su madre fue un fiel acompañante de ella; era cercano a sus semejantes, a los académicos de la lengua, a los sacerdotes, a los universitarios, a los seminaristas, a los religiosos y religiosas, a los niños, a los periodistas, a los toreros y a los torerillos (para ellos seguido me pedía medallitas de Roma para dárselas, desde «el Juli» hasta el último de los torerillos que iban a las tientas). Amaba a todos sus semejantes, los trataba con gran afecto, aunque a veces les pedía cosas casi imposibles, como a doña Chuy, su ama de llaves, a la que, estando en el Centro Médico, le decía que ya lo llevara a su casa.

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Los tesoros en orden

Monseñor: hombre sencillo que siempre, como niño goloso, ofrecías al visitante un rompope o un chocolate o una galleta, hoy te hacemos caso, traemos tu cuerpo a tu casa sacerdotal, a la catedral. Lo pondremos después en tu casa ministerial, en el Hogar del Niño, y tu espíritu y ejemplo lo colocaremos ante Dios, de quien seguro ya gozas, y en nuestros corazones potosinos.

Peñalosa, el detallista. Eras detallista: en tu casa, los libros, tu tesoro, los tenías en gran orden; tu sala, en la que no faltaba el capote de paseo regalado por un maestro de la tauromaquia; los lentes, tu colección de lentes, unos para cada clase de letra y otros para cada clase de persona; tu minuciosidad para corregir tus libros o tu Gaceta Eclesiástica Potosina, nuestra Gaceta, y ya enfermo, tu pequeño escritorio al que brincabas de la cama cada vez que podías, y en él tus amores: tu Liturgia de las Horas, con la que te acercabas a Dios hasta que Él no te permitió leer por tu mal de la vista; tu rosario, con el que hasta el fin estuviste cerca de tu Madre del Cielo, María; tu pluma para escribir tus jeroglíficas letras de las que yo te decía que eran las pulgas de Peñalosa, que no eran pocas por tanto que escribías, y tu teléfono ahora para estar listo siempre, para estar cerca de tus amigos.

Ahora, padre Peñalosa, desde el Cielo, en donde no necesitas la Liturgia de las Horas porque ya estás cara a cara con Dios, ni el rosario porque estás acompañado de María, ni tu pluma ni tu teléfono, acuérdate, ante nuestro Padre del Cielo y ante su Madre María, de los potosinos, y pide por el San Luis que tú y todos los potosinos deseamos; que nosotros, ten la seguridad, desde acá te acompañamos con nuestra oración y con nuestro afecto. Amén.

EL OBSERVADOR 229-12

 
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