El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano

19 de Diciembre de 1999 No. 232

SUMARIO

bullet PINCELADAS El orgullo lo delató
bullet A LAS PUERTAS DEL TEMPLO El ermitaño de la prisión de Santé
bullet CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN La falacia de las verdades
bullet Los regalos, ¿una manera de comprar a los hijos en Navidad?
bullet COLUMNA HUÉSPED Unidos por el amor a la vida
bullet PERDER POR DEFAULT Las estratagemas de Satán Claus
bullet «Creo que tengo SIDA»
bullet A DEBATE «Feliz Navidad»
bullet CUADERNO DE NOTAS La palabra del siglo

PINCELADAS
El orgullo lo delató

Justo López Melús *

Parece que fue el orgullo el que perdió a Adán y a Eva en el paraíso: la pretensión de ser como Dios. Y es el orgullo el que echa a perder a otras personas que, por querer salirse de su status, se inutilizan. Como aquel científico que se reproducía a sí mismo tan perfectamente que era imposible distinguir el original de la reproducción. Un día lo buscaba el ángel de la muerte. Entonces hizo doce copias de sí mismo. El ángel no sabía cuál de los trece era el auténtico y regresó al Cielo.

Pero se le ocurrió una curiosa estratagema y regresó. Se encontró con los trece y dijo al más cercano:

– Debe ser usted un genio para haber logrado tan perfectas reproducciones. Sin embargo, su obra tiene un defecto, un único y pequeño defecto.

Entonces el auténtico pegó un salto y gritó:

– ¡Imposible! ¿Dónde está el defecto?
– Justamente aquí, en su orgullo –respondió el ángel mientras tomaba al científico de entre sus reproducciones y se lo llevaba.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 232-1

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO
El ermitaño de la prisión de Santé

Javier Sicilia *

Siempre he tenido debilidad por los ermitaños y los hombres del desierto que han muerto mártires. Escribí una novela sobre san Juan Bautista; concluí otra sobre Charles de Foucauld, el eremita del Sahara, y ahora me sumerjo en el estudio de esa alma profunda y delicada que fue la de Jacques Fesch.

Son muchas las razones de esta debilidad. Mencionaré una: los solitarios y los mártires son, decía Thomas Merton, «el testimonio más elocuente de Cristo resucitado»; son también el testimonio más vivo de su pasión redentora. A Jesús el Espíritu lo condujo al desierto para que librase un combate con el diablo. Esa estancia fue el preludio de la lucha en el huerto de los Olivos y de la cruz.

De alguna forma todo ermitaño cristiano es llevado a la soledad del desierto por el Espíritu (no por la carne, aunque tenga una inclinación natural a vivir en soledad) para ser probado en el crisol de las tribulaciones. En nuestra época ha habido muchos ermitaños, particularmente dentro de la Iglesia Ortodoxa. El monte Athos es pródigo en este género de vida. Pero el caso de Jacques Fesch es insólito. Fesch no se apartó a una cueva en el desierto ni se sumergió en la celda de un monasterio. La vida de Fesch es la de un burgués que un crimen, cometido a los 23 años, condujo a una celda de alta seguridad en la prisión de Santé, Francia, y cuatro años después, el 30 de octubre de 1957, a la guillotina. Su crimen no ameritaba la pena de muerte. Pero las presiones políticas, el dinero, la publicidad y el oportunismo lo llevaron al cadalso.

Fesch tuvo en esa prisión una conversión fulgurante y su vida de confinamiento, tanto como su ejecución, las vivió con la misma intensidad que las de un hombre del desierto. Su celda fue su cueva; la guillotina, su martirio redentor. Toda su obra, que consta de tres libros, dos de ellos de cartas, Celda 18 y Luz en el cadalso, y de un diario escrito para su hija Veronique, que en ese momento tenía 3 años, y que se publicó, junto con las cartas, póstumamente bajo el título de En cinco horas veré a Jesús, son un profundísimo tratado de mística. La experiencia de Fesch abre una espiritualidad inédita en la tradición de la Iglesia: la espiritualidad del «Buen Ladrón»; la del criminal convertido en el suplicio de la cruz y la del primer hombre que entra en el paraíso. Su crimen fue usado por el Espíritu para conducirlo a la cima de la soledad y del martirio. Su soledad y su sufrimiento no fueron la soledad y el sufrimiento del que está a solas consigo. Eso no sería una soledad sagrada. Su soledad fue, como la de todo santo, vida. Se nutrió del Pan de Vida y bebió con profusión de la Fuente Eterna. Su soledad estuvo encerrada dentro de la infinita soledad de Dios mismo, y esa soledad lo reconfortó y lo condujo a la humildad más profunda, aquella en la que se ama a Dios en Dios y en la que nos unimos al amor infinito con el que Dios ama todas las cosas en Él. Su vida y su obra son un magnífico tónico en estos tiempos miserables. Poseen el genuino espíritu del desierto y la exquisita sencillez de la vida y las páginas de santa Teresita.

* Artículo resumido. Se publica con autorización expresa del autor.

EL OBSERVADOR 232-2

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN
La falacia de las verdades
Santiago Norte

La mentira de Goebbels, según la cual repetir diez mil veces una mentira es convertirla en verdad, la hemos repetido tantas veces que ya la convertimos en verdad. Pero sigue siendo una mentira. Repítale usted diez mil veces al indígena chamula que está muy bien y que tiene su futuro asegurado, y verá lo que acaba creyendo de usted y de su necedad repetitiva.

Pero los medios funcionan con esta idea como funciona un mecanismo de relojería: con precisión pero sin el menor asomo reflexivo. Hemos escuchado hasta el cansancio que están ahí para entretener, pero cotidianamente nos demuestran lo contrario: que están ahí para limitar la opinión de la gente sobre problemas cruciales como las relaciones con los otros, las causas del malestar social, los culpables de que este país no funcione y los horrores de cambiar de esquema económico o político.

Lo anterior viene a cuento por una investigación reciente de dos profesores alemanes que han editado el Diccionario de los errores populares en el que se incluyen ejemplos de lo que significa la repetición de falacias y la ignorancia culposa de la gente en creérnoslas, en hacer de la mentira diez mil veces repetida una verdad. Medios y personas en contubernio: ¿quién pone más? Es difícil saberlo, pero puede sacarse una máxima de este asunto: que la afirmación de Goebbels es verdadera en la medida en que exista quien se preste para la doctrina y quien para el adoctrinamiento.

Los errores estudiados por los profesores Kraemer y Trenkler –según el cable de AFP– no tienen demasiada importancia en nuestra circunstancia inmediata pero reflejan a las claras el mecanismo sobre el cual se basa este engaño continuo que tiene como protagonistas a los medios y sus usuarios.

Por ejemplo: que Hitler fue el que ideó el sistema de autopistas sin cruces (Aubahn) de Alemania, cosa que sucedió tres años antes de que estuviera en la cárcel, donde, dicen, se le ocurrió; o que la guillotina fuera invento del satánico doctor Joseph Ignace Guillotin, cuando fue de su colega Antoine Louis de Metzpas; o que la salsa ketchup y el chicle sean legados de los Estados Unidos, cuando la ketchup (ke-tsiap) es de origen chino y ya en la Grecia de Platón los ciudadanos de Atenas, entre uno y otro acto del teatro mascaban unas bolas de goma de pistache mucho más sabrosas que los Juicy Fruit...

Los investigadores en cuestión ponen el dedo en la llaga al mostrarse sorprendidos no porque ese tipo de verdades aparezcan (y aquí podemos añadir cualquier cantidad de falacias «made in Mexico», que van desde la «creatividad» del mexicano que no sale de la pobreza porque no quiere, hasta el orgulloso modelo de presunción que inspira al «como México no hay dos», etcétera), sino «que duren tanto tiempo». Un engaño, para durar, necesita forzosamente que no se le investigue, que se le dé por un hecho y que sirva a la obtención de determinados intereses. De lo contrario caería irremisiblemente. Por ello hablamos de la combinatoria de medios y usuarios en su persistencia.

Desde luego hay de engaños a engaños. Si Churchill no fue (como en efecto no fue) el inventor de la expresión «cortina de hierro» para referir lo que se extendía entre el capitalismo europeo y el comunismo soviético, no pasa nada: la frase puede o no ser certera, puede o no ser discriminatoria, pero no modifica la realidad, no impele a ninguna conducta. Pero qué cambio cuando la falacia aspira a convertirse (y a veces lo logra, justamente con la ayuda de los medios) en verdad y toca la seguridad de las personas. Entonces sí se habla de contubernio. Y de poder.

¿Ejemplos? Bueno, en todos lados existen; pero he aquí uno que marcó definitivamente el último proceso de elecciones nacionales: una fórmula es la que garantiza la continuidad, las otras dos en la contienda garantizan el caos. Y el resultado está a la vista. Goebbels miente, pero en buen número de ocasiones hay medios capaces de repetir diez mil veces una mentira y usuarios capaces de hacerla pasar por verdad sin molestarse en cotejarla con las herramientas que tienen a la mano.

EL OBSERVADOR 232-3

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Los regalos, ¿una manera de comprar a los hijos en Navidad?
Jesús Colina / Roma

Un grupo de cincuenta pediatras y psicólogos consultados por la revista Burda consideran que no conviene llenar todas las expectativas de los niños respecto de los regalos de Navidad. Para el 38% de los médicos entrevistados, demasiados regalos crean en el niño la convicción de que se le deben, y si no los recibe no se siente amado. «Los niños están desprotegidos ante una televisión que los martillea –explica la psicóloga Serenella Salomoni– y a los padres no les queda otra que responder a sus deseos haciéndose perdonar así todas las carencias de afecto de las que son responsables».

«El único regalo que un padre puede hacer al propio hijo –advierte la psicóloga Maria Rita Parsi– es su presencia, el juego, el amor». El 16% de los pediatras interpelados está convencido de que la abundancia de regalos desencadena una carrera: cuantos más recibe el niño, más reclama.

¿Qué quieren los niños de hoy? Según Chiara Rapaccini, escritora de libros para niños, «lo primero que piden es estar más tiempo con sus padres y, en segundo lugar, con los niños de su edad». La escritora, sin embargo, es partidaria de no exagerar por el otro lado en el tema de los regalos: «si quieren el videojuego, cómprenselo»; aunque señala que el verdadero problema es que los niños se ven obligados a estar ante este juguete porque sus papás están ausentes.

Por su parte, la pediatra Rosetta Braca indica que «es justo criticar el exceso de regalos, pero también hay que decir que muchos juegos desarrollan la capacidad y la inteligencia de los niños y que la multi-estimulación es de todos modos positiva. Todo depende del comportamiento de los padres: si llenan de regalos a los hijos y luego se desinteresan, es una cosa. Si, en cambio, se ponen a jugar con ellos, les ayudan y participan, la cosa obviamente cambia».

Los expertos consideran que los mejores regalos son:
  1. construcciones (41%)
  2. tren (27%)
  3. plastilina o barro para modelar (15%)
  4. rompecabezas (9%)
  5. laboratorio de química (7%)

EL OBSERVADOR 232-4

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COLUMNA HUÉSPED
Unidos por el amor a la vida *
Bruno Ferrari

Murió la abuela Tolita, a quien todos los nietos y familiares políticos le recordamos con inmenso cariño, entre otras cosas por la semilla que dejó en todos nosotros a través del testimonio de una vida ofrecida a los demás ¿Qué es lo que hace que una persona no sea olvidada en su paso por la vida? La historia nos muestra que sólo aquellos que han sido capaces de entregar su vida por los demás logran trascender y perpetuar .

Quizá el ejemplo de una vida de sacrificio buscando siempre el bien común, la entrega generosa a las causas sociales más nobles y justas y la dedicación continua a la promoción de la niñez y de la vida, hagan de la abuela Tolita una auténtica maestra en el arte de enseñar las cosas que valen la pena.

Estoy seguro de que el testimonio de la abuela se repite cada día en millones de mujeres y hombres que tratan de dar a sus vidas un sentido más humano y trascendente y para las cuales la sociedad en ocasiones les tiene reservados sufrimientos de toda índole para impedir que lleven adelante sus nobles propósitos. Para muestra basta un botón, pues hemos llegado al absurdo de pensar que los ideales de justicia social ahora deben pasar por las cámaras de Diputados y Senadores, quienes deben decidir según el ánimo de la mayoría de los servidores en turno y para ser aprobados en beneficio político de uno u otro partido y no de la sociedad a la que representan. Es patético que cuando una persona dedica su vida a hacer el bien, ésta sea reconocida hasta el final de sus días. Y el mismo caso lo vemos ahora cuando en el tema del derecho a la vida parece que a mucho les salen ronchas. Hay quienes se dicen defensores de la existencia humana y los derechos de las mujeres pero en la práctica sólo son capaces de defender sus propios derechos e intereses personales. Su razonamiento es en tercera persona lo que inhabilita sus temerarios juicios y sus " valores" a la carta, los cuales son fruto de la cultura light a la que pertenecen y que da como resultado ideas incapaces de sostenerse por mucho tiempo.

La promoción de la mujer es uno de los temas que más preocupan a las diferentes disciplinas sociales en estos momentos y no es para menos, ya que impulsar la promoción del sexo femenino es una llamada a construir un mundo nuevo, a una revalorización de la vocación materna, es reconocer " el genio propio" de la mujer. Entre más logremos insertar a las mujeres en la cultura, gozaremos de una mayor esperanza para la humanidad. Debemos esforzarnos porque todas aquellas que lo deseen puedan insertarse honradamente en el mundo, ya sea en lo humano como en lo profesional, por encima de cualquier miedo y discriminación, pero recordando siempre la ilicitud de introducir en su desarrollo elementos de ruptura interna que por propia su naturaleza están llamadas a desempeñar.

No hay mayor violencia que la que una mujer puede hacerse contra ella misma al eliminar a su propio hijo dentro de su vientre; porque la mujer tiene el derecho de exigir leyes justas que la protejan durante la gestación; porque la mujer tiene el derecho de ser orientada sobre los recursos que ofrece la comunidad: centros de salud, hospitales y casas de ayuda para las mujeres y porque los ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de exigir el establecimiento y la clarificación de leyes que prohiban la discriminación contra las embarazadas y los seres humanos no nacidos.

En el trabajo por la defensa de la vida humana desde la concepción, puedo hablar con orgullo como eslabón de una enorme cadena que se ha formado a raíz de la iniciativa. Cristianos evangélicos, católicos, judíos y muchas otras denominaciones se han adherido libre y activamente a este movimiento, evidenciando la pasividad y poco interés de quienes, sentados en sus poltronas, fustigan con sus plumas y rabiosos adjetivos a los que trabajan por esta noble tarea.

* Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 232-5

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PERDER POR DEFAULT
Las estratagemas de Satán Claus
Diego García Bayardo

La fiesta de Navidad empezó a celebrarse por el siglo III, y como nadie, ni siquiera los evangelistas, sabía en qué fecha nació Jesús, se decidió celebrar su nacimiento el 25 de diciembre en sustitución de la fiesta romana del Sol Invicto. La Navidad fue ganando con el tiempo una serie de tradiciones y objetos que la enriquecen como fiesta, y se hizo tan querida y popular que el comercio se interesó por sacarle provecho. Ciertamente la Navidad se presta para gastar un poco más, ya sea por el gusto de cenar algo especial esa noche o por las ganas de regalar algo bonito a aquellos que nos rodean y que son, por el bautismo, otro Cristo. Pero la religiosidad de la fiesta y su origen situado en Aquél que se hizo pobre y pequeño para salvarnos del pecado, así como del mundo y sus apetencias, hicieron al principio que el comercio se viera limitado por una lógica y santa vocación por la sencillez. El despilfarro es una contradicción al sentido auténtico de la Navidad. Sin embargo, desde el siglo XIX el diablo encontró la fórmula para convertir la fiesta del nacimiento de Jesús en una pachanga profana, en una noche dedicada a la voracidad comercial, el consumismo y el derroche, en una noche que frecuentemente se convierte en una vulgar borrachera y en la que Dios es completamente olvidado.

Para convertir la Navidad en un jolgorio era necesario sacar, literalmente echar a Jesús de su propia fiesta de cumpleaños, y en una retorcida manifestación de ingenio, fue precisamente un santo católico el seleccionado para servir de ariete para tal propósito. San Nicolás de Bari, que fue un obispo católico del siglo IV y que vivió en Myra, Anatolia (hoy Turquía), había sido adoptado ya en varios países europeos como una especie de benefactor de la niñez. Su fiesta se celebra el 6 de diciembre. La jugada consistió en trasladar a San Nicolás a la Nochebuena, el 24 de diciembre, y quitarle cualquier parecido con un obispo católico. Así, el nuevo figurón, laico, medio duende, muy sajón y nada turquesco, se convirtió en el famoso Santa Claus.

Fue sobre todo en Estados Unidos donde se acabó de recrear el personaje de Chancla Claus, cuando la refresquera Coca Cola Company encargó al dibujante Haddon H. Sundblom elaborar una serie de imágenes propagandísticas con Panza Claus de protagonista. Fue entonces cuando dicho personaje recibió un gorro de dormir en lugar de la mitra episcopal, ropa de invierno con los colores de la Coca Cola, sin parecido alguno con las ropas sacerdotales, y un aspecto completamente nórdico. Luego el personaje fue ubicado en el polo norte, con muchos enanos trabajando para él todo el año, una esposa (la cursi Sra. Claus), trineo con renos y toda una serie de añadidos y vaciladas para hacernos olvidar al santo obispo de Anatolia. Hasta lo montaron en un trailer de refrescos.

Con la difusión del personaje se ha conseguido suplantar a Jesús en su propia Natividad, de modo que hasta los japoneses, los chinos y casi todos los no-cristianos y ateos de todo el mundo celebran la Navidad, pues creen que ésta consiste en la venida de Santa Clavos, no la de cierto Jesús que quién sabe quién será. Los niños de México también están aprendiendo esa barbaridad, con la ayuda de sus papás y de la televisión.Satán Claus fue proyectado deliberadamente como un anticristo que tiene la misión de hacer que el mundo olvide y niegue a Jesús, así como para que lo sustituya por los nuevos mesías de dinero, poder, diversión y placer. Y para confirmar esto, usted, católico lector, podrá ver en este mes por televisión un montón de películas y programas de factura estadounidense que supuestamente son de Navidad, pero en las que no se menciona a Cristo ni por equivocación, sólo a Sancho Claus. O verá usted mil versiones y variantes del clásico cuento Canción de Navidad de Dickens, que nos confirman que en Hollywood ni hay Dios ni hay imaginación.

Propuestas

*Si usted es católico no permita que un personaje refresquero arribista sustituya a Dios en su mismísima fiesta. Destierre a Zampa Claus de su casa para siempre y al buen San Nicolás regréselo al 6 de diciembre.La Navidad no necesita de ningún personaje extra para ser «más bonita». Al contrario, le quita belleza y profundidad.
* Si usted es comerciante o empresario católico no contribuya en la sustitución de Cristo por Saca Claus al difundir la imagen y mito de este último.
* Finalmente, sugiero a los comerciantes católicos que no metan a la Navidad en su propaganda ni la usen para vender más en estas fechas. Celébrenla y vívanla con todo gusto, incluso en su tienda, pero no la vendan.

EL OBSERVADOR 232-6

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«Creo que tengo SIDA» *
Paz Fernández Cueto

Buscando información a propósito del Día Internacional de Lucha contra el SIDA, el servicio de Infosel me proporcionó datos elocuentes en una nota que lleva precisamente este título: «Creo que tengo SIDA». El relato corresponde no precisamente a una novela dramática existencial, sino a una de las 400 llamadas diarias que un equipo de especialistas capacitados atiende todos los días a través de la línea de contestación TelSIDA. Se trata de un asunto de ordinaria administración, ya que, de acuerdo con los datos que proporciona la coordinadora de esta institución, en 10 años se ha respondido a 60 mil llamadas anuales; 70% son de jóvenes de entre 15 y 25 años de edad, correspondiendo más de la mitad a personas del sexo masculino.

- Creo que tengo SIDA, tengo síntomas -dijo un hombre que marcó esta línea telefónica.

- ¿Por qué lo dice? -preguntó con voz amable la psicóloga.

- Porque tengo diarrea y no me para -respondió el hombre con un eco de preocupación. Sin perder el tono de seguridad la sicóloga volvió a preguntar:

- ¿Cómo cree que contrajo la enfermedad?

- Hace tres semanas, con unos cuates, fuimos a un antro, nos echamos unas copitas y luego nos fuimos con mujeres.

- En esa ocasión, ¿usó condón?

- No.

- ¿Es usted casado?

- Sí -respondió el hombre.

La sicóloga le aconsejó evitar más relaciones sexuales con su pareja, hasta sujetarse a las pruebas de detección del VIH que practica en forma gratuita CONASIDA. No puedo dejar de reconocer que me llamó mucho la atención esta recomendación. Antes no sería bien visto hablar de abstinencia; no es políticamente correcto abordar el tema sin el grave riesgo de ser tachado de moralista. Por lo visto no es sino hasta después de confirmado el contagio cuando en las instituciones de salud se habla de abstenerse, quizá ante el peligro inminente de seguir propagando la enfermedad; antes, no. ¿Por qué la sicóloga no le sugiere a un hombre tan angustiado el poder seguir teniendo relaciones sexuales al menos con su pareja, siempre y cuando se proteja debidamente con el condón, cosa que la Secretaría de Salud se cansa de promover en sus campañas preventivas? ¿Será que sospecha que no es suficientemente seguro, que no resulta ser tan preventivo, como lo han demostrado serios estudios muy conocidos a nivel internacional? ¿Será que en este caso sí toman en cuenta que el preservativo no garantiza al 100% para evitar el contagio? ¿Será que, a partir de comenzar los síntomas, el preservativo no resulta indicado ante relaciones de alto riesgo?

Lo cierto es que, a pesar de los millones invertidos en campañas que promueven el uso del preservativo, el número de enfermos aumenta año con año, cosa que no nos debería extrañar. Resulta lógico que, al difundir y repartir indiscriminadamente el condón como algo inofensivo, lo único que hacen es promover relaciones de riesgo y por tanto propagar el contagio. Las cifras, que no son tendenciosas ni merecen ser tachadas de moralistas, hablan por sí mismas: de los 800 mil jóvenes que se infectaron desde febrero del 98 a la actualidad, 590 mil tienen menos de 15 años. La mitad de los enfermos de SIDA en el mundo son menores de 24 años y la enfermedad se expande con una intensidad de 8 mil 500 jóvenes que se infectan cada 24 horas, un promedio de 6 por minuto. Pero, eso sí, la educación sexual en cuanto a la prevención del SIDA se ha reducido en buena parte a repartir condones, mientras nuestros jóvenes se siguen contagiando. La razón es muy sencilla: la pandemia del SIDA no se frenará con el preservativo. El SIDA representa un problema humano y los problemas humanos sólo pueden resolverse con soluciones educativas que trasciendan la conducta de las personas. Un plástico de látex es insuficiente para prevenir del SIDA al 100%, pero resulta más insuficiente aún para transmitir señales adecuadas sobre el uso de la sexualidad.
* Artículo resumido, publicado con permiso expreso de la autora.

EL OBSERVADOR 232-7

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A DEBATE
«Feliz Navidad»
Javier Algara * / San Luis Potosí, S. L. P.

«¡Feliz Navidad!», se dicen mientras se abrazan en estas fechas los parientes y amigos. Llegan de particulares y negocios tarjetas muy adornadas contenidas las mismas palabras. Si no fuera de pésimo gusto, me encantaría preguntarles a los que me han incluido en su lista de destinatarios de tarjetas navideñas o a los que han acompañado sus abrazos con tal saludo: «¿Qué es exactamente lo que me están deseando?». Lo más seguro es que los interrogados sentirían que les estaba yo tomando el pelo, pues el saludo no parece dejar lugar a dudas en lo tocante a su significado. Tendría yo entonces que dedicar algunos embarazosos minutos a explicar a mis azorados interlocutores lo mismo que pretendo explicar ahora. O sea que, bien mirado, se pueden encontrar dos objetivos distintos del mismos saludo y que la persona saludada puede sentirse más o menos agradecida hacia el salutante según el objetivo buscado.

Un objetivo del saludo puede ser sencillamente expresarle al amigo o pariente que deseamos que se la pase bien el día de Navidad; que experimente una sensación de felicidad durante las ceremonias y festejos con que todos generalmente conmemoramos el nacimiento del Señor Jesús. Se pretende, a fin de cuentas, un bienestar emocional, pasajero del otro. Dicha emoción queda enmarcada a veces en un contexto cristiano –el único que en realidad le da sentido a la Navidad– de tradiciones poco explicadas y actualmente muy descristianizadas: posadas, pastorelas, piñatas, nacimientos... y, con menos frecuencia cada vez, de actos litúrgicos. Hay, sí, un cierto acento en la solidaridad con los pobres y enfermos que recede una vez que acaban las fiestas. El objetivo del saludo, visto así, es en definitiva poco ambicioso, de muy corto alcance. Quizás nuestra cercanía con aquellos a quienes de ese modo saludamos no lega más allá. El agradecimiento correspondiente, de igual modo, no dará para más.

Totalmente opuesto es el otro objetivo posible: el salutante busca que quien recibe su saludo se ponga de cara ante el significado mismo del misterio celebrado, prescindiendo de la parafernalia festiva. Quien tal hace se encontrará frente a varias exigencias. La primera, de reconocer en la persona, por la fe, que en Navidad es recordado como recién nacido en pobreza nada menos que Dios, encarnado, el Señor del Universo, el único ser capaz de liberarlo del pecado y de la muerte. Otra, la de reconocer el propio pecado y acogerse al perdón del Señor, decidiendo llevar a cabo un cambio de vida tan radical que pueda considerarse como el inicio de una vida nueva, regida por criterios nuevos, orientada definitivamente al Otro, a los otros más que a la satisfacción de las propias necesidades. Una tercera, la definición de la propia vida por la total y humilde búsqueda de la voluntad de Dios a través de la escucha de su Palabra y de la participación en la vida de la Iglesia, por un esfuerzo permanente hacia la santidad y la disponibilidad al servicio a los pobres. Si la respuesta de la persona saludada es entender el saludo en la forma descrita y de aceptar las exigencia del Señor encontrado en el pesebre navideño, se le garantiza que será feliz en la medida en que viva de acuerdo con ellas.

A todos les deseo una feliz Navidad del segundo tipo.

EL OBSERVADOR 232-8

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CUADERNO DE NOTAS
La palabra del sigloLa palabra del siglo

Si a usted, amable lector, le preguntaran por una palabra que definiera al siglo que está por concluir, ¿cuál diría? Hay cientos de ellas, seguramente pensará. Razonablemente haría un resumen de los acontecimientos que han jalonado al siglo XX y tendría como respuesta palabras derivadas de la tecnología o de la violencia, las dos grandes huellas de la centuria que declina. Nunca como en estos años, sobre todo en estos últimos cincuenta, el ser humano ha sido capaz de desdoblarse en tecnología que cambie cada lustro la faz de la Tierra; nunca como en estos cien años transcurridos desde el cambio de siglo se ha matado con tan olímpica largueza. Palabras como liberación y holocausto poseen un lugar central de nuestro siglo.

La pregunta de la que parte esta reflexión la hizo una editora inglesa especializada en diccionarios: la casa Collins. Se la hizo a un buen número de sus lectores británicos. El resultado, en verdad, no sorprendió a nadie. La palabra del siglo es ese aparato que cotidianamente ilumina nuestras alcobas, que hace permanecer a la humanidad occidental un promedio de cuatro horas diarias frente a él. Que se ha divulgado su uso en prácticamente todos los rincones del planeta; en fin, que logró ser adoptado (y entendida su mecánica de uso) por las familias en un tiempo récord, en un lapso tan corto que ninguno otro podría arrebatarle*. Por lo tanto, televisión es, para los lectores de Collins, y muy probablemente para usted, la palabra del siglo.

Quizá valga la pena rastrear el procedimiento de Collins para llegar a este encuentro. Ya a fines de 1997 esta casa editora compiló 102 neologismos que, según sus redactores, cada uno reflejaba o condensaba el año en cuestión, comenzando desde 1896. De ahí surgió la lista de nuevas palabras, palabras que tomaron auge de acuerdo con los acontecimientos que nombraban: radiactividad (1896), aspirina (1897), alergia (1907), jazz (1909), esquizofrenia (1912), gigolo (1922), Gestapo (1933), Tupperware (1945), scrabble (1948), Lego (1955), venganza de Moctezuma (1962), minifalda (1965), efecto mariposa (1980), autopista de la información (1993), etcétera.

De ahí se desprende la importancia de hablar sobre la televisión y de hablar mucho de ella, Sorprende, por ejemplo, que salvo EL OBSERVADOR nadie en el país –que se sepa– concede una columna exclusiva a la crítica de televisión. Sorprende, pues, que la crítica al medio que es el definitorio del siglo que vamos a cerrar en un año y unas semanas más (si Rusia y Estados Unidos no deciden otra cosa, por el asunto de Chechenia), no sea materia universitaria ni goce de prestigio intelectual como la de cine o la literatura. En fin: si la televisión cogió por sorpresa a los usuarios, éstos tuvieron un periodo cortísimo de tiempo para adaptarse a ella. Pero a los críticos, a los intelectuales y a los maestros de universidad aquí en el país todavía no les «cae el veinte». Qué cosa curiosa...

* La televisión es aprendida a usar a los tres años de edad de las personas, y fue adoptada por todo el mundo apenas a los diez años de su aparición comercial.
(FIN)

EL OBSERVADOR 232-9

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