El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano
Periodismo católico para la familia de hoy

30 de Enero de 2000 No. 238

SUMARIO

bullet PINCELADAS Lógica cristiana
bulletGlobalización: riesgos y oportunidades III
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN Hermana televisión
bulletGuía para católicos que quieren votar
bulletCOLUMNA HUÉSPED ¿Y dónde está el Congreso?
bulletSufragio efectivo, ¡ojalá!; no reelección, ¿por qué?
bulletPERDER POR DEFAULT El catolicismo frente al yoga I
bulletAnunciar a Cristo en los Medios de Comunicación Social
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO Soñar con México I
bulletAL ALBA DEL MILENIO El dios de los neoliberales
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Padre golpeador


PINCELADAS
Lógica cristiana
Justo López Melús *

Panteleimón, «el muy compasivo», era un monje oriental un poco corto de luces pero con un corazón de oro. Un día se encontró con un pobre hombre perseguido por la justicia, y se lo trajo al monasterio para protegerlo. El abad se enfadó:

– Has puesto en peligro a los hermanos. ¡Un poco de lógica, un poco de sentido común, hermano!
– Nunca he deseado ser lógico ni tener sentido común. ¿Para qué sirve la lógica si se opone al amor?

El abad insistió:

– Has faltado a la prudencia. Has puesto en peligro la seguridad del monasterio.

El hermano insistía a su vez:

– Padre, no hace más que repetir la palabra prudencia. Además nosotros nos reunimos en el monasterio por amor, no por razones de seguridad. Padre, usted nos predica sobre el amor, y cuando yo pongo en práctica lo que usted predica, se me enfada. Usted me pide lógica. Yo también le pido a usted lógica entre lo que hace y lo que predica.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 238-1

Sumario Inicio


El hombre del tercer milenio. Retos, aspiraciones y compromisos (III)
Globalización: riesgos y oportunidades
Lorenzo Servitje Sendra

El hombre del tercer milenio habrá de enfrentar el reto de que lo económico, ya tan importante en su vida, no lo desborde y desquicie.

En este mundo globalizado tienen un papel preponderante las empresas transnacionales. Por ejemplo, las ventas combinadas de las 200 más grandes de ellas, equivalente al 30% del PIB mundial. Y si comparamos las economías de los países y de las empresas transnacionales, del 100% del total ellas representan ya el 51%.

El hombre del tercer milenio habrá de enfrentar el reto de que lo económico, ya tan importante en su vida, no lo desborde y desquicie. Hoy la febril actividad productiva le resta tiempo, y la seducción del consumo suele ser tan fuerte que desvía el sentido de su vida.

En este mundo económico la empresa, sin importar su tipo o tamaño, tiene un papel fundamental. Ella es escenario de una parte muy importante de la actividad humana. En ella se conjugan los ahorros de algunos, la dirección de otros y el trabajo de muchos. Y en su admirable función creativa la aspiración, sobre todo de los empresarios, debe ser no sólo de hacer productivos los recursos a su disposición sino pugnar porque el grupo humano que es facilite a sus integrantes su pleno desarrollo humano.

En nuestro país el empresario, como factor clave de la vida social y económica, tiene que comprometerse a desempeñar cabalmente su responsabilidad. La globalización trae aparejados riesgos y oportunidades. Él debe tener la visión y la tenacidad para sortear los primeros y aprovechar las segundas. Hoy las empresas que tengan ciertas posibilidades de hacerlo no deben rehuir el tener acceso al mercado exterior. Las empresas mexicanas, por su gran mercado interno y por su privilegiada proximidad a los Estados Unidos, el mercado mayor del mundo, tienen que fortalecer su capacidad exportadora, sí, pero pugnar también por sustituir importaciones y elevar cada día su calidad y productividad. Como alguien ha dicho: hacer las cosas mejor, más rápido y más barato.

Es evidente que el desarrollo económico, que implica la producción, el ahorro, la inversión y, como consecuencia, el crecimiento y el consumo, tiene mayores posibilidades de éxito en una economía de mercado. Desde los años 80 se vio en el mundo toda una corriente a favor de la economía de mercado, a la que incluso se le ha llamado –a veces peyorativamente– neoliberalismo. En esta economía la intervención del Estado se ha reducido mucho, los países se han abierto al comercio exterior, se han privatizado las empresas estatales, se han quitado permisos, controles y subsidios, los servicios sociales se han congelado o suprimido y el sindicalismo ha declinado.

En muchos países latinoamericanos, con dolorosos altibajos, la nueva política económica logró reducciones en la inflación, mayores tasas de crecimiento y una razonable estabilidad económica, aunque soportando el pesado lastre de una deuda externa muy alta, herencia de los excesos populistas anteriores a la década perdida.

Esta economía de mercado, aunada a la globalización, ha creado un fenómeno que en nuestro país es muy preocupante y que es la brecha existente en el ingreso de ricos y pobres. Este aumento de la desigualdad económica y, por consiguiente, de la social en América Latina, es creciente y muy grande.

El investigador canadiense Albert Berry ha señalado que «la mayoría de los países latinoamericanos que han introducido reformas económicas a favor del mercado en los últimos 20 años han sufrido también serios incrementos en la desigualdad».

En 1995 una comisión de personalidades del BID, la CEPAL y el PNUD, presidida por Patricio Alwyn, que evaluó la situación social de la región, afirmaba: «Aunque la pobreza es un problema de larga data en la región, los procesos de ajuste y reestructuración (económica) de los años 80 acentuaron la concentración del ingreso y elevaron los niveles absolutos y relativos de la pobreza».

The New York Times en 1997 señalaba a América Latina como «la región que tiene la mayor brecha entre ricos y pobres». El 20% más rico de su población tenía el 52.9% del ingreso, y el más pobre el 4.5% del ingreso, menos que en África. En nuestro país esas cifras fueron muy semejantes: 52.6% y 4.8%.

EL OBSERVADOR 238-2

Sumario Inicio


Crítica de medios de comunicación
Hermana televisión
Santiago Norte

Al padre y poeta Joaquín Antonio Peñalosa (San Luis Potosí 1922-1999)

El cada día más incisivo Hugo Gutiérrez Vega acaba de publicar una antología de poemas del padre Peñalosa, voz originalísima de la veta católica en la poesía mexicana. La antología lleva por franciscano nombre Cantar de las cosas leves y apareció en la colección «Letras mexicanas» del Fondo de Cultura Económica justamente un mes antes de que Peñalosa muriera.

Entre los poemas espigados por Hugo Gutiérrez Vega, con sabiduría y amor por el antologado (¿se puede de otra manera?), hay uno que le llamó poderosamente la atención. Proviene del poemario Museo de cera, publicado hacia 1977 por la Editorial Jus. Su nombre: «Hermana televisión». La primera pregunta que me hice al encontrar el poema es, si san Francisco de Asis viviera en nuestra «edad de la información», como ha bautizado al último tramo del siglo XX el sociólogo español Manuel Castels, ¿le llamaría «hermana» a la televisión? ¿Se tratará de un «canto» más a las «bondades» de la modernidad encapsulada en la caja de los rayos catódicos? Al penetrar en el poema del padre Peñalosa descubrimos que no, que esa hermandad declarada con la televisión es una burla, un escupitajo en la «pupila fría» del omnipresente aparato, un grito sarcástico de dolor ante el arrobamiento con que millones de seres humanos se plantan ante ella.

La historia es la común, de cualquier casa común. Recibimiento apoteósico, engolfamiento visual, desplazamiento de la palabra, de la conversación, de la historia compartida. Silencio. Todos sordos y todos mudos: «cállate, que no me dejas oír»; «quítate, que no me dejas ver»; «hazte a un lado, que me estorbas»... La televisión llegó para quedarse. Rarísimo el que la expulsa, el que quiere volver a la palabra, a la conversación, al encuentro. Y es que la televisión cuenta el cuento de que nos acerca y condensa al mundo; que el mundo entero cabe en la pantalla casera. Pero hay más mundo en un caracol, en el bolsillo del pantalón que entre las estrellas estrelladas de la programación estelar. He aquí el poema:

Hermana televisión

Llegaste a casa con honores
entre una valla y papelillos privados
buscando el mejor sitio: «pase usted primero»,
visita de cumplimiento, fuereña entrometida
se adueñó de la sala: «aquí me quedo»;
cómo no, señorita de 23 pulgadas,
el pavorreal, colores y graznidos.
Luego escogió habitación exclusiva
desplazando espejos y una tía con artritis
y eso fue ponerse a contar vidas ajenas
la muy lengua larga,
vieja chismosa, enredosa, cuentista y orejera.
Y ahí nos tienes a todos
con los ojos cuadrados,
conectados a tu gran pupila fría
lavadora de cerebros, su contaminante.
Perra sarnosa gruñendo en los rincones,
desde que entraste nadie habla en esta casa,
montón de sordomudos,
hoja gillete rasura y acaricia.
Cállate ya, alcahueta, lideresa falsaria;
ay, hermana televisión,
resplandeces y cantas.
Pego el caracol al oído y todo el mar palpita,
una estrella me estalla entre los dedos;
soy yo y los otros, estamos juntos todos
cosmonautas en tierra;
en el bolsillo guardo el universo.

EL OBSERVADOR 238-3

Sumario Inicio


Guía para católicos que quieren votar

El obispo emérito de Ciudad Netzahualcóyotl, Mons. José Melgoza Osorio, ha elaborado una detallada Guía del votante católico, en la que proporciona a la ciudadanía criterios éticos para elegir a sus gobernantes en las próximas elecciones presidenciales. En este texto, Mons. Melgoza alerta sobre los candidatos que prometen mucho, critican a sus contendientes y derrochan recursos en sus campañas, «tapizando las calles con carteles y propaganda».

Con gran lucidez, el obispo advierte que la simple existencia de muchos candidatos y partidos no es señal ni garantía de que hay verdadera democracia, sobre todo si existe un «partido oficial» que cuenta con el apoyo de las estructuras del gobierno y que tiene «experiencia de fraudes» para retener el poder. También señala que hay en nuestro país abuso de poder y enriquecimiento ilícito, que mantienen al pueblo convertido en «víctima de injusticias, robos y atropellos a su dignidad».

Como una anticipación a las acostumbradas críticas que el PRI y otros partidos lanzan contra las autoridades de la Iglesia cuando hablan de las elecciones, Mons. Melgoza hace una defensa del derecho que tiene la Iglesia de opinar sobre política desde una perspectiva orientadora, al explicar que la actividad del pastor no se puede limitar a lo «puramente espiritual, porque no se predica a los ángeles sino a los seres humanos». (ACI)

EL OBSERVADOR 238-4

Sumario Inicio

COLUMNA HUÉSPED
¿Y dónde está el Congreso?
Bruno Ferrari

Es muy prematuro y hasta riesgoso hacer un balance de la administración del presidente Zedillo, sobre todo a menos de un año de terminar su gestión. Sin embargo, a estas alturas, en el momento de hacer balances, el saldo es positivo, al menos en materia económica y en materia electoral. En lo que se refiere a la economía, se puede apuntar una serie de aciertos que han permitido que el país se encuentre en estos momentos menos vulnerable que como estaba hace seis años, y en un franco proceso de recuperación económica. El incremento en los empleos y la gradual mejoría en las percepciones laborales poco a poco se van sintiendo en los hogares de millones de mexicanos. Queda aún pendiente incorporar a la parte moderna de la economía a aquellos mexicanos que se encuentran sumidos en la pobreza extrema, que, por cierto, son alrededor de 25 millones de mexicanos, de acuerdo con los datos oficiales.

En materia de democracia, se han dado los espacios suficientes para que la Cámara de Diputados tenga mayoría opositora; se reconoció la voluntad de los ciudadanos del DF de elegir a Cuauhtémoc Cárdenas como jefe de gobierno; en los estados de la república se ha respetado la voluntad del pueblo cuando elige como gobernador, diputados locales o presidentes municipales a ciudadanos cualesquiera, sin importar si éstos son tricolores, azules o amarillos; hemos visto cómo los ciudadanos, al ser respetado su voto, eligen tomando en cuenta los resultados de la administración saliente y el método de selección de los candidatos, dando como resultado la alternancia en los gobiernos estatales y municipales. El punto culminante fue cuando se decidió que el proceso de selección del candidato del PRI fuera de elección abierta, pues a pesar de todas las críticas que se le han dado, permitió movilizar a cerca de 10 millones de votantes, lo que le dio legitimidad al candidato triunfador y lo puso a la cabeza, por el momento, de las encuestas sobre preferencia electoral.

A finales del siglo XX, el poder ejecutivo ya no es ese ente todopoderoso del pasado, que con sólo pensar o desear las cosas éstas se hacían; ahora tiene el contrapeso de una Cámara de Diputados dominada por los partidos de oposición, que ésta fue la decisión que tomamos los electores en las pasadas elecciones federales de julio de 1997. En este momento, cualquier iniciativa que se envía necesita tener amplios consensos en la oposición para ser aprobadas. Dicen que la burra no era arisca, pero tantos años de supremacía del presidencialismo, que lo mismo hacía que en el Congreso se aprobaran iniciativas vitales para el funcionamiento del país, o bien, caprichos y berrinches del monarca en turno, como fue el caso de septiembre de 1982 con la expropiación de los bancos, han provocado una gran desconfianza de los partidos de oposición ante cualquier iniciativa que tiene como remitente al poder ejecutivo. Sin embargo, ahora nos hemos ido a los extremos, y cada iniciativa presidencial que se envía a la Cámara nos recuerda aquellas batallas de la primera guerra mundial, en donde para avanzar unos cuantos metros se necesitaban días de lucha a un costo muy grande en pérdidas de vidas humanas. Para la próxima administración está quedando pendiente una serie de reformas indispensables para la consolidación económica y social de México, como sería el caso de la reforma fiscal, la reforma laboral, las reformas para permitir la inversión privada en el sector eléctrico, la subrogación de servicios médicos, la privatización de la industria petroquímica y la defensa del derecho a la vida. Y esto no es por falta de voluntad por parte del Ejecutivo, sino por una desconfianza por parte del poder legislativo que bloquea la mayoría de las iniciativas presidenciales, argumentando que estas reformas pueden terminar perjudicando al pueblo de México.

Desgraciadamente, es un hecho que el Estado necesita recursos fiscales para cumplir sus obligaciones con sus ciudadanos; que podemos enfrentar severas restricciones en el suministro de energía eléctrica y en la oferta de productos petroquímicos; que nuestras empresas y nuestros trabajadores quedarán indefensos ante el avance de la globalización comercial, y que el Estado tendrá dificultades para ofrecer servicios de salud. Esta desconfianza legislativa, basada en posturas partidistas, se traduce en un retroceso tangible y evitable para todos los mexicanos. Otro caso sería el de Nuevo León, en donde los diputados priístas se niegan a elevar a rango constitucional el derecho que consagra la vida, desde la concepción hasta la muerte. La tarea legislativa debe ser más amplia para considerar consensos y tomar en cuenta las necesidades y aspiraciones de la población. Lo que no debe ser es imponer posturas partidistas que lo único que provocan es el atraso de todos los mexicanos.

EL OBSERVADOR 238-5

Sumario Inicio

Sufragio efectivo, ¡ojalá!; no reelección, ¿por qué?

Javier Algara Cossío * / San Luis Potosí, S. L. P.

Lo de «sufragio efectivo, no reelección» nos lo tomamos los mexicanos muy en serio. Sobre todo la última parte. De la primera no queremos a veces ni pensar de tanto que nos confunde. Por un lado nos han hecho creer que el sufragio efectivo es tan real en México como lo son los tacos y el pulque; por otro, sabemos que hasta hace poco era una total mentira y que su permanencia está costando mucho en donde se ha podido lograr. Pero no se requiere ningún esfuerzo para convencer a los mexicanos de que «reelección» es una palabra mala y que intentar su implantación sería una afrenta a la patria y a la democracia. Se nos ha educado para pensar así. Ahora que algunos legisladores la han vuelto a poner a debate, no ha faltado informador que los tache de «busca-chambas», y a quien –ante la imposibilidad legal de ser reelecto inmediatamente para el mismo puesto– se propone para otra función legislativa, se le acusa de andar «tras otro hueso».

Es curioso que en un país como el nuestro, tan ofendido por acciones antidemocráticas, despreciemos y nos burlemos de una práctica que existe como algo normal y congruente en todos los países que nos sirven de modelo por su práctica democrática. En realidad la no-reelección mexicana fue pensada por Madero y los revolucionarios originales sólo para ser aplicada al Poder Ejecutivo, y no fue sino hasta el régimen de Calles que se extendió al poder legislativo. Era un medio ingenioso de apuntalar el absolutismo presidencialista a base de debilitar al Congreso de la Unión.

Es más extraño aún que algunos informadores acusen de «buscar huesos» a quien expresa deseos de que la ciudadanía lo elija de nuevo para un cargo legislativo. Es extraño porque ello significa que tales periodistas –comprometidos por profesión con la verdad– no han hecho bien su tarea de investigación sobre el significado de la reelección democrática. Más aún, pensar en el acceso democrático de una persona al poder como la obtención de un «hueso» es equivalente a pensar que fue la ciudadanía la que le «echó el hueso» al candidato electo. En ese contexto, si la ciudadanía reclama el derecho de elegir de nuevo a un buen funcionario, estaría traicionando la democracia, la búsqueda del bien común, pues simplemente estaría buscando arrojarle «otro hueso» al tal funcionario. No creo que al ciudadano responsable, que libremente llevó a un candidato a una función pública, se sienta complacido de saber que alguien considere su acción como idéntica a arrojarle sobras a un perrillo hambriento y fiel. ¿Nada más hasta allí llega la democracia? ¿O todavía hay personas que piensan que la democracia mexicana encontró su máxima expresión cuando el mandamás del PRI les arrojaba nombramientos a aquellas personas que le eran incondicionales y que dependían de él para todo, en materia de sustento y de toma de decisiones (de ahí el símil del «hueso»), sin tomar en cuenta la voluntad ciudadana?

Hay ciudadanos convencidos de que el servicio público –honesto, eficiente, profesional– puede y debe ser una manifestación de verdadero compromiso social, e incluso –los católicos– una respuesta a un llamado en la fe. Algunos de ellos se han propuesto como candidatos, han sido electos popularmente, consideran que se han desempeñado meritoriamente. Hoy se proponen de nuevo ante el electorado para cargos semejantes. Los ciudadanos están enterados –deberían estarlo– del desempeño de dichos funcionarios: si fue en beneficio de la comunidad o de sí mismos. En ello se basarán para encomendarles o negarles el puesto para el que se proponen. Así debe funcionar la democracia.

* El autor es diputado federal por el estado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 238-6

Sumario Inicio

PERDER POR DEFAULT
El catolicismo frente al yoga
Primera de dos partes
Diego García Bayardo

A veces se nos hace poco lo que Jesús hizo por cada uno de nosotros en la cruz. Ya sabemos que por su sacrificio obtuvo para nosotros el perdón de los pecados y la posibilidad de vencer al mundo, pero no todos estamos conscientes de que el Señor nos ofrece un don mucho más grande que simplemente escapar del pecado y su correspondiente castigo, pues Cristo no es simplemente aquél que recibe los palos en lugar de uno. Jesús nos abrió la posibilidad de hacernos-él, es decir, hacernos Dios. Este regalo gigante, el más grande que creatura alguna puede recibir, comienza a realizarse a partir del bautismo. Por este sacramento somos engendrados para Dios e injertados en Cristo (cfr. Rom 6, 5). San Pablo dice: «Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno en particular es miembro de él» (1 Cor 12, 27), de modo que todos los miembros de su Iglesia participamos de su mismísima vida divina: «Es Cristo quien vive en mí», dijo Pablo también. Por todo esto, la Iglesia declara que la Gracia Santificante es, básicamente, participación de la Vida Divina, de modo que Cristo y el cristiano se convierten en un único ser viviente. Ser cristiano es ser Cristo. Aquí resulta curioso notar que cuando Satanás tentó a nuestros primeros padres, sin saberlo o muy a su pesar estaba profetizando cuando dijo: «...seréis como dioses», pues, efectivamente, por el sacrificio de Cristo esas palabras se cumplieron.

La filiación divina pertenece a los bautizados, por lo cual tenemos los católicos una enorme ventaja sobre los paganos en este camino de la vida en dirección al Padre. Claro, todos sabemos que un pagano puede salvarse, si no ha tenido la oportunidad de conocer el Evangelio y si ha vivido lo más rectamente posible, según la ley natural, pero el cristianismo es precisamente el caminar por el único que es el Camino, la Verdad y la Vida; ya no a tientas, sino guiado por el Espíritu de Dios, de modo que nuestra ventaja sobre el infiel es inconmensurable.

Como el bautismo nos vuelve hijos de Dios por adopción, Jesús nos enseñó a llamar Padre nuestro a nuestro Señor, y además nos dio ejemplo constante de cómo se debe orar. En los Evangelios vemos que Jesús habla con el Padre como se habla con alguien que está frente a uno, como alguien que es persona y que está muy cerca. Por eso Jesús no necesitaba técnicas de éxtasis ni se provocaba «estados alterados de conciencia», pues nadie necesita tales artificios para platicar con su papá, ni tampoco nos sugirió o enseñó a hacer esas cosas.

El yoga, a semejanza de otras formas orientales de meditación, es una técnica sofisticada para hacer contacto personal con la divinidad. Esta técnica incluye posturas complicadas, respiración especial, ejercicios de meditación, etc. Esta técnica no es una diversión ni un pasatiempo para clasemedieros, aunque ahora se haga pasar como tal: se trata de un mecanismo para que el hombre se salve a sí mismo del mal y la materia. Expliquémonos. En el hinduismo no se cree en ningún salvador, o sea que la soteriología es completamente extraña a esta religión. Para el hinduismo la materia no existe, es sólo una ilusión (por eso les tiene sin cuidado ver a tanta gente agonizando en la calle), y nuestro espíritu está atrapado en este mundo ficticio. El objetivo del hombre es fundirse con el dios creador Brahma,o, mejor dicho, con la sustancia impersonal llamada Brahman, de la cual Brahma sólo es una personificación. Pero si estás apegado a la materia no puedes llegar hasta ahí al morir, de modo que debes reencarnar las veces que sea necesario, hasta que te liberes de la materia. La reencarnación es entonces una condena, y el único modo de escapar de ella es el yoga.Esta técnica consiste en una serie de prácticas ascéticas por las cuales el hombre se va purificando de la materia y sus apetitos y entonces se salva a sí mismo, pues a Brahman nunca le ha interesado salvar a la gente. El hombre es en el hinduísmo su propio redentor, y no necesita que Dios se sacrifique en la cruz para conseguirle una redención que puede crear y obtener «por derecho propio».

La próxima semana evaluaremos si puede haber «compatibilidad» entre yoga y cristianismo y veremos qué tiene que ver la New Age en este asunto.

EL OBSERVADOR 238-7

Sumario Inicio

Anunciar a Cristo en los Medios de Comunicación Social

Hace unos días se hizo público el mensaje de Juan Pablo II con motivo de la XXXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, a celebrarse el 4 de junio del 2000. Presentamos a nuestros lectores un extracto del documento.

El tema de la trigésima cuarta Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Anunciar a Cristo en los Medios de Comunicación Social al alba del Tercer Milenio, nos invita a mirar hacia delante considerando los desafíos que nos esperan, y también a mirar hacia el pasado recordando el nacimiento del cristianismo para tomar de esos orígenes la luz y el valor que necesitamos. El centro del mensaje que proclamamos es siempre Jesús mismo.

Los capítulos iniciales de los Hechos de los Apóstoles contienen un conmovedor relato de la proclamación de Cristo por sus primeros seguidores. Lo primero y más importante es que los discípulos anunciaron a Cristo como respuesta al mandato que Él les había dado. Y a pesar de que eran hombres «sin instrucción ni cultura» (Hch 4,13) respondieron rápida y generosamente.

La lectura de aquellos maravillosos acontecimientos nos recuerda que la historia de la comunicación es como un proceso que va desde el orgulloso proyecto de Babel con su carga de confusión e incomprensión mutua, hasta Pentecostés y el don de lenguas: la comunicación es restaurada con su centro en Jesús, por medio de la acción del Espíritu Santo. Anunciar a Cristo, pues, conduce al encuentro entre las personas en la fe y la caridad al más profundo nivel humano.

Pentecostés es sólo el principio. Los Apóstoles no se arredran en la proclamación del Señor ni siquiera cuando son amenazados con represalias. El núcleo vivo del mensaje que los Apóstoles predican es Jesús crucificado y resucitado, que vive triunfante sobre el pecado y la muerte.

Es obvio que las circunstancias han cambiado profundamente en dos milenios. Y sin embargo permanece inalterable la necesidad de anunciar a Cristo. El deber de dar testimonio de la muerte y la resurrección de Jesús y de su presencia salvífica en nuestras vidas es tan real y apremiante como el de los primeros discípulos.

Es indispensable la proclamación personal y directa. No obstante, al mismo tiempo debe realizarse hoy una proclamación en y a través de los medios de comunicación social. El surgimiento de la sociedad de la información es una verdadera revolución cultural, que transforma a los medios en «el primer Areópago de nuestra época», en la cual se intercambian constantemente ideas y valores.

Naturalmente, al anunciar al Señor, la Iglesia debe usar con vigor y habilidad sus propios medios de comunicación. Pero, en lo posible, la Iglesia debe aprovechar al máximo las oportunidades de estar presente tambien en los medios seculares. Los medios están contribuyendo ya de muchas formas al enriquecimiento espiritual. En otros casos, sin embargo, expresan la indiferencia y hasta la hostilidad que existe en ciertos sectores de la cultura secular hacia Cristo y su mensaje. Es necesario un cierto tipo de «examen de conciencia» por parte de los medios, que conduzca a una mayor conciencia crítica sobre esa tendencia a un escaso respeto por la religiosidad y las convicciones morales de la gente.

Los comunicadores cristianos deben buscar modos de hablar explícitamente de Jesús muerto y resucitado y de su triunfo sobre el pecado y la muerte. El Gran Jubileo del aniversario número 2000 del nacimiento de Jesús en Belén debe ser una oportunidad y un desafío para que los discípulos del Señor demos testimonio, en y a través de los medios, de la extraordinaria y consoladora Buena Noticia de nuestra salvación.

EL OBSERVADOR 238-8

Sumario Inicio

A las puertas del templo
Soñar con México
(Primera parte)
Javier Sicilia

El final del siglo XX coincide también y paradójicamente con una transformación de las estructuras políticas y sociales del mundo: la muerte de las ideologías duras, la globalización, el imperio de la tecnología, la desarticulación de los Estados nacionales, las reivindicaciones étnicas, la búsqueda de la democracia en los países latinoamericanos.

En México esta crisis, que se expresa en tres episodios cruciales: el resquebrajamiento del sistema monolítico del PRI, que nos ha señoreado para bien y para mal durante más de setenta años; las reivindicaciones morales del zapatismo, y el desarrollo de la conciencia política que abre para el país la posibilidad de la democracia, tiene visos esperanzadores que se expresan en movilizaciones sociales, en luchas partidistas, en debates, en mesas redondas y encuentros. La ciudadanía comienza a participar porque sabe que esta crisis, que en su sentido etimológico quiere decir «momento de decisión», es el espacio para encarnar una esperanza que durante muchos años le ha sido negada.

Recientemente un grupo de jóvenes, poseídos por este sueño, me invitó a una mesa redonda para hablar del país que queremos. El tema no es sólo vasto, compromete cuestiones tan delicadas, profundas y oscuras que para decir algo verdaderamente decente sobre el tema no sólo se necesitaría un filósofo ampliamente versado en las diversas disciplinas del saber humano que hacen parte de la política, sino varios tomos de sesuda reflexión. Sin embargo, no queriendo desdeñar la esperanza con la que estos jóvenes trabajan, asistí para hablar de una parte minúscula de este desafío.

Creo que uno de los problemas fundamentales para crear un país equitativo, libre y democrático es la economía. La palabra, que etimológicamente quiere decir «cuidado de la casa», se ha convertido en la mitología moderna de producir riqueza; economía significa hoy día desarrollo, explotación de recursos, terminología dentro de la cual se engloba al ser humano que se considera también un recurso. No conozco, para nuestra desgracia, movimiento político de reivindicación que no tenga dentro de sus horizontes este mito. Desde el zapatismo, el más radical y crítico, hasta los partidos políticos y las ONG, pretenden un cambio; pero todos, esa es la contradicción, pretenden que ese cambio esté acompañado del mismo mal que nos posee: un desarrollo para todos o, mejor, una participación de todos en la producción de riquezas.

Todos y cada uno de los grupos políticos, por más radicales y éticos que sean, participan de la misma certeza que hace que sus propuestas de transformar el país sean inoperantes, porque en la realidad no existe la producción de riqueza.

Los recursos naturales, que son la fuente de la vida, son limitados. El hombre puede usarlos dentro de los límites que la naturaleza impone, pero no puede crearlos. En ese contexto la producción de riqueza con la que todos sueñan es una mentira basada en el uso indiscriminado de la naturaleza y de los hombres para «beneficio» de unos cuantos.

EL OBSERVADOR 238-9

Sumario Inicio


Al alba del milenio
El dios de los neoliberales

Si las señales mandadas por la revuelta de Seattle (contra la globalización del mercado) y la de Ecuador (contra un modelo que nada tiene que ver con su población indígena y pobre) no son recibidas en México para cambiar la economía, es que la ceguera entre nuestros gobernantes (o aspirantes a serlo) está avanzadísima.

Quizá esa sea una forma de concebir al neoliberal: un ser humano al que le ha ido bien y que piensa que a todos les podría ir como a él, con tantito que se aplicaran a lograr un objetivo. No piensa ni en la pobreza ni en la desigualdad, a lo sumo cree que los pobres son ricos que no han tenido buena suerte.

Desde luego, el mercado es mágico: asigna a todos su sitio, les da una vocación, un camino, un sentido a su vida. El mercado –es decir, el conjunto de bienes y servicios que ofrece, demanda y consume un grupo humano– se plantea libre de toda restricción. Ponerle una regulación, hacerle repensar su responsabilidad a los que dominan; hacerles corresponsables del bien común, es tanto como atentar en contra de la fe de quienes viven por y para el beneficio sin tregua.

La filosofía –si se le puede dar tan alto nombre a un conjunto de prácticas corruptas e inhumanas– de los neoliberales «puros» es el cinismo. Se necesita ser extremadamente cínico para creer que la rapiña de los poderosos tiene límite. Los poderosos económicos y políticos (a menudo, en México, son los mismos) no tienen llenadero: alimentan su avaricia con más y más objetos, sirvientes, prestigio, placer. No despeinar a esos poquísimos truhanes, no hacerles olas pareciera la conquista más significativa de la política aplicada en los últimos años.

En nombre del progreso de la minoría, las condiciones de la mayoría se deterioran a pasos de gigante. Y si los oye uno en sus reuniones, no puede menos que esperar que algún día caigan en cuenta del infinito desprecio con que sus bravuconerías van a ser recibidas (lo son ya) en el Reino de Cristo, que es el Reino de los humillados y ofendidos.

Los neoliberales «puros» existen. Desde luego no son verdaderos (ni pálidos) cristianos, aunque muchos hayan sido bautizados. El cristiano se duele con la injusticia, trata de remediarla. Jamás puede beneficiarse de la injusticia, pagar salarios «mínimos», utilizar la pobreza como plataforma política o botín de rapiña.

En fin, el dios de los neoliberales es ese «poderoso caballero» del que hablaba Quevedo: «don dinero». (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 238-10

Sumario Inicio

ORIENTACION FAMILIAR
Padre golpeador
Yusi Cervantes Leyzaola


Desde que tengo memoria he visto cómo mi padre golpea a mi madre, y de niño sufrí también sus golpes, lo mismo que mis hermanos. Mi padre dice que nos quiere, y siento que es sincero. Ha trabajado por nosotros y nunca nos ha faltado nada. Dice que adora a mi madre, que sin ella no puede vivir y que le es completamente fiel, lo que al parecer es cierto. Nunca pide disculpas cuando su violencia es verbal, pero a veces sí se arrepiente de su violencia física, sobre todo cuando quedan huellas, pero dice que nosotros tenemos la culpa por hacerlo enojar. A la única que golpea ahora es a mi madre. Mi hermana se fue de la casa y no sabemos nada de ella. Mi hermano se casó y golpea a su esposa. Yo no sé por qué mi madre nunca lo dejó, y yo no me atrevo a dejarla sola con él, por eso no me voy de la casa.

Aparentemente estoy bien. Estudio mucho y trabajo. Soy tranquilo, tanto que a veces la gente abusa de mí. Sufro de mucha ansiedad, pero es por dentro. Lo que más me preocupa es que tengo miedo a relacionarme con las muchachas. Más bien a lo que tengo miedo es a llegar comprometerme y casarme y volverme luego como mi papá o mi hermano. Además, sí es cierto. No me atrevo a hablar con las chicas cuando me gustan porque me parece que yo no tengo nada para gustarles a ellas. ¿Qué hago? ¿Lo mejor será que me quede solo toda mi vida?


Es verdad que los hijos tienden a repetir los modelos de los padres, pero también es verdad que el primer paso para evitarlo es precisamente el que estás haciendo: tener conciencia del problema. ¿Y qué vas a hacer con esa conciencia? Porque no basta con decidir no ser como tu padre: es necesario que sanes todas las heridas y que reconstruyas elementos básicos de tu aprendizaje.

Primero tú, como niño golpeado: recibiste odio, humillación, maltrato... Fuiste desvalorizado y seguramente aceptaste el mensaje y tu imagen de ti mismo y tu autoestima son bajas. Además, tú creías que tenías la culpa, no sólo porque así lo decía tu padre, sino también porque, en la fantasía del niño, él es el centro del universo, y si no consigue el amor de sus padres, si sus padres no son felices o si lo odian, el niño cree que, efectivamente, es su culpa. Así que vas cargando por la vida una enorme cantidad de culpas y de enojos guardados, que te hacen daño y que tienes que aprender a reconocer y a manejar por medio de una terapia.

El enojo en sí mismo es un asunto conflictivo para ti, que no sabes manejar. El enojo es una reacción natural, defensiva, necesaria. El problema surge cuando no sabemos manejar ese enojo y expresarlo en forma adecuada. Lo que tu padre te enseñó es que el enojo se expresa con gritos e insultos, maltratando a los demás y pasando por encima de ellos. Tu madre te enseñó que el enojo se guarda aunque esto impida defenderte de los abusos de los demás.

Por otro lado, el asunto con tu mamá tampoco es fácil. Para empezar, no te defendió ni te protegió de tu padre. Por otro, al permitir ser maltratada, te transmitió una serie de mensajes terribles. De algún modo, al menos en momentos cruciales, te enseñó que el ser humano no merece dignidad ni respeto, que no hay que defenderse y (no lo dices, pero es muy común que así ocurra) que hay que ocultar a los demás lo que pasa en casa, es decir, hay que aislarse en cierta medida y no solicitar el poyo del resto de la familia y de la sociedad. Tu madre te mostró un modelo de valor humano degradado, de un amor por sí misma muy pobre y de incapacidad para hacer uso de los recursos -espirituales, mentales, emocionales y físicos- que seguramente tiene. Tu madre te enseñó también que no hay forma de escapar, y te sientes atrapado en tu interior.

No quieres ser como tu papá, y tal vez nunca lo seas. ¿Pero qué hay de lo demás? ¿Te quieres quedar con el miedo, el dolor, la rabia, la angustia, con la falta de seguridad en ti mismo? ¿Cómo vas a manejar el enojo? ¿Cómo vas a aclarar tus confusiones acerca de qué es el amor? Y para un futuro, ¿qué va a significar para ti -en la cabeza y en el corazón- amar, ser amado, ser pareja, ser padre, ser familia? No basta con aguantar y ejercer un enorme control sobre ti mismo: necesitas ser libre. Y para eso es preciso que sanes. Una persona con una historia como la tuya difícilmente confía, pero puedes lograrlo. Busca ayuda profesional, confía en el psicólogo que elijas y métete de lleno al proceso de sanar tu mente y tu corazón. Puedes lograrlo.

En cuanto a tu mamá, no puedes vivir la vida por ella, ni decidir por ella. Puedes invitarla a sanar, como tú; puedes mostrarle alternativas, diferentes puntos de vista, incluso animarla a que también ella busque ayuda. Pero, finalmente, es su decisión y tú no tienes que sentirte obligado a quedarte para cuidarla, si es que decides salir de tu casa.

Por supuesto, también puedes intentar hacerle ver a tu padre que eso que hace está mal, que no es sano y que tendría que hacer algo para cambiar. Esto habrá que decirlo en un momento adecuado, cuando no está enojado. Si lo reconoce y acepta, podrá buscar la ayuda necesaria y realmente cambiar -con un cambio profundo, no sólo una fuerte represión de sus impulsos-. Entonces tus padres tendrían que replantearse su relación y tal vez sólo entonces podrían comenzar a ser una pareja. No lo sé. Pero es asunto de ellos. Tu deber es amarlos y ayudarlos en lo posible, pero tu primera obligación es contigo mismo: necesitas amar, encontrar el sentido de tu vida y tu propio camino hacia Dios. Eso significa, necesariamente -para ti y para todos-, tener una vida diferente a la de los padres.

Y no, lo mejor para ti no es quedarte solo, sino sanar y decidirte a amarte a ti mismo y a los demás.

(La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR).
(FIN)

EL OBSERVADOR 238-11

Sumario Inicio

 

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006