El Observador de la Actualidad

El Observador

Información con valor cristiano
Periodismo católico para la familia de hoy

6 de Febrero de 2000 No. 239

SUMARIO

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PINCELADAS El niño que quería ser televisor

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Tarea fundamental: erradicar la pobreza extrema

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¿Dónde está el monte Sinaí?

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN ¿Quién merece vivir?

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO Soñar con México II

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 COLUMNA HUÉSPED La vida, regalo escaso

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¡Cáncer!

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EL RINCÓN DEL PAPA Se puede descubrir a Dios contemplando la creación

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Una jornada jubilar dedicada a los artistas

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Dios, según los niños

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PERDER POR DEFAULT El catolicismo frente al yoga II

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El jubileo es...

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AL ALBA DEL MILENIO ¿Qué belleza salvará al mundo?

PINCELADAS
El niño que quería ser televisor
Justo López Melús *

Un profesor pidió a sus niños que le explicasen qué animal o qué cosa querían ser y por qué. Un niño de ocho años respondió que a él le gustaría ser un televisor, porque así sus padres lo cuidarían mejor, le escucharían con más atención, mandarían que los demás se callasen cuando él hablase, y no lo enviarían a la cama a medio juego, lo mismo que ellos nunca se acostaban a media película.

En realidad tenemos que reconocer que el televisor es el rey de muchos hogares. A su capricho se organizan los horarios. Cuando él habla todo el mundo calla. Hay que reaccionar, hay que elegir y enseñar a elegir. Hay que seleccionar y discernir. No podemos dejarnos manipular y aceptar todo lo que nos echen. Hay familias en las que se aprende a ver televisión. Se comentan los programas para distinguir lo positivo de los negativo, para discernir los valores de los contravalores que, a las claras o de tapadillo, se nos quieren transmitir.

EL OBSERVADOR 239-1

Sumario Inicio

El hombre del tercer milenio. Retos, aspiraciones y compromisos (IV)
Tarea fundamental: erradicar la pobreza extrema
Lorenzo Servitje Sendra

Ante el desbordamiento del consumo, se impone la necesidad de una nueva cultura en la adquisición de bienes que hagan posible el ahorro, indispensable para el desarrollo de una nación.

La nueva política económica en los países en desarrollo sostiene que una cierta desigualdad es inevitable en su inicio, pero que después habría un derrame o trickle down que reduciría las desigualdades. La realidad es que esto llega demasiado tarde o nunca.

Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, ha afirmado que el crecimiento con equidad es perfectamente posible, y Joseph Stiglitz, del Banco Mundial, ha dicho algo semejante: «Hay relaciones positivas entre crecimiento e igualdad. Altas tasas de crecimiento proveen recursos que pueden ser usados para promover la igualdad. Y, asimismo, un alto grado de igualdad ayuda a sostener altas tasas de crecimiento».

A pesar de ello, 80 países tienen todavía ingresos per capita inferiores a los de hace un decenio y, por lo tanto, es evidente que han de adoptarse a escala mundial medidas para reducir la marginación de los países pobres y pequeños y realizar actividades públicas encaminadas a desarrollar tecnologías en favor del desarrollo humano y la erradicación de la pobreza.

En nuestro país la pobreza extrema, que más bien debe llamarse miseria, aflige a alrededor de 26 millones de personas, y debe entenderse en este grupo quienes perciben menos de un dólar al día.

Ante esta situación en el mundo, y sobre todo en nuestro país, los hombres del tercer milenio habrán de afrontar seriamente el reto de erradicar la pobreza extrema, lastre económico y llaga social que clama a la conciencia. Han de aspirar a alcanzar en poco tiempo esta noble meta y comprometerse vivamente a luchar y trabajar para ello con todos los medios a su alcance.

En esta tarea fundamental de erradicar la pobreza extrema habrán de utilizarse todos los medios para hacer productivos a los pobres.

Deberán promoverse al máximo los proyectos de autoempleo, microempresas, cooperativas, autoconstrucción de viviendas y promoción de indígenas y pequeños productores rurales.

Algo a lo que habrá de darse también atención en el nuevo siglo, ante el problema del desempleo, originando en buena parte por el avance tecnológico, será fomentar al máximo el ahorro y la inversión productiva.

En países en desarrollo, para generar ocupación para los centenares de miles de individuos que cada año ingresan al mercado de trabajo, son necesarias muy altas tasas de ahorro, indispensables para financiar la inversión. Hoy, ante el desbordamiento del consumo, se impone una nueva cultura en la adquisición de bienes que hagan posible ese ahorro.

Es urgente crear conciencia de que los excesos en el consumo –que se han denominado consumismo– privan al conjunto de la sociedad de los bienes de producción para emplearse o trabajar por cuenta propia.

Habrán de convencerse, sobre todo ustedes los jóvenes, de que el tener algo debe ser compatible con ponerlo a la disposición de los demás para que puedan ganarse la vida.

Y nunca se insistirá demasiado en que si se ha definido al empresario como aquel que tiene la habilidad de invertir, ustedes, quienes lo sean, deben comprometerse a ponerla en acción. Tienen el deber moral de hacerlo.

México, más que nunca, para el nuevo siglo necesitará esos empresarios dinámicos, capaces y comprometidos que contribuyan a incorporarnos como un país desarrollado en el concierto de las naciones del mundo.

En esta gran tarea los empresarios tendrán que pugnar por desterrar la relación adversaria dentro de su empresa –fruto de la ideología de lucha de clases– y construir una nueva cultura laboral para unir a todos los integrantes de la empresa en un proyecto común. Éste es un signo de los tiempos muy alentador.

EL OBSERVADOR 239-2

Sumario Inicio

¿Dónde está el monte Sinaí?

El monte Sinaí, de singular importancia en el Antiguo Testamento, es de localización incierta. De lo único que se tiene seguridad es de que ocupa un sitio en Arabia. Se le localiza tradicionalmente en Yebel Musa, en la punta del sur de la península del Sinaí.

Algunos especialistas lo sitúan en otros lados, por ejemplo en el noroeste de Arabia (Madián), en Yebel Helal, donde existen algunos volcanes apagados. Esto porque Ex 19, 16-19 sugiere una erupción volcánica. También apoyan su teoría con Ex 3,1 y Ex 18,1 citas que sitúan a los madianitas cerca del Sinaí. Por último, la narración bíblica no da la impresión de que el Sinaí esté a tan considerable distancia de Egipto, de manera que Yebel Helal se ajustaría mejor a las descripciones.

Una teoría más sugiere la ubicación del monte Sinaí en Yebel Serbal, al norte de Yebel Musa.

Sin embargo, la localización en el sur de la península puede apoyarse en una tradición que se remonta a los primeros siglos del cristianismo y quizá a tiempos anteriores. Y satisface de una manera aceptable los datos bíblicos, pues hay razones arqueológicas para creer que los madianitas en aquellas fechas controlaban las rutas comerciales del sur, y porque la erupción volcánica no tuvo que ser tal, sino la descripción de la terrible majestad de Yahveh, expuesta con la imagen de un fenómeno aterrador.

Por esta razón, aunque no exista una seguridad absoluta, el monte Sinaí o monte Horeb, suele identificarse comunmente con Yebel Musa, a donde el papa Juan Pablo II está por viajar.

EL OBSERVADOR 239-3

Sumario Inicio

Medios de comunicación
Medios de comunicación
¿Quién merece vivir?
Santiago Norte

Santiago Norte
¿Quién merece vivir?
Santiago Norte

A diario, en programas específicos y canales de televisión por cable y satélite, tomamos el siguiente mensaje: el mundo está cambiando vertiginosamente y quien domine la técnica será quien tenga el poder. Fascinados por el desarrollo, obnubilados por las imágenes del «avance», encandilados por la luz del progreso técnico, la televisión nos hace ignorar –o al menos eso parece– que la tecnología se aplica sobre el hombre concreto y modifica su vida y el precario equilibrio del único planeta que puede habitar.

Es decir, olvidamos el significado moral de la tecnología. Esto tiene elemental importancia cuando se enfrenta con la tecnología genética, el manejo y manipulación del genoma humano para hacer seres humanos a la carta, por menú. La tecnología genética es la menos neutral de todas las tecnologías porque toca el misterio mismo de la vida del hombre. Cambiar la reproducción y la genética interna de las personas va a modificarlo todo.

Y de ello no quiere enterarse el gran aparato reproductor de las imágenes. Considera la televisión –hay canales como Discovery para satisfacer esta curiosidad– que son cosas de creyentes en Dios (como es mi caso) y moralinas retardatarias. Con Dios y sin Dios, la moral en la tecnología genética debe ser considerada. Además de jugar a ser dioses (desde el punto de vista del creyente), los científicos del ramo se están convirtiendo en «creadores de vida», en decididores de quienes tienen el derecho y quienes no merecen vivir. Además, traen consigo el buque insignia de la supresión de la enfermedad, del dolor y... de la muerte.

De entrada es preocupante que un hombre (aun sea el «superhombre» que se ha «elevado» hasta las fuentes de la racionalidad científica) sea considerado creador, juez y salvador de otros. Se le rendirá pleitesía y, más tarde que temprano, habrá de erigirse en el poder real. Y los demás, los que estamos del lado de la plebe no científica, seremos sus suplicantes. Cobrarán lo que quieran por darnos ¿qué? Lo mismo que los chamanes: una ilusión de mejor vida, Además, cuando se creen individuos a la carta, ¿quién decidirá los criterios dominantes? Exacto: el mundo de la moda, de la publicidad, del show bussines. Es imposible que una pareja arrastrada por la ola del momento sepa discernir qué quiere: definirá lo que quiere en función de lo que le han dicho que debe desear.

Trasladar de lo íntimo al laboratorio la procreación humana despelleja al amor en toda su dimensión. No es otro que el amor lo que mueve a los hombres a vivir en sociedad, incluso en sociedad conyugal. Si extraemos de esa perspectiva la fuerza motora, lo que quedará será un contrato, unas cláusulas y la producción manufacturada de niños. ¿Quién será capaz de amar a un niño «perfecto»? ¿Unos «padres» que convinieron construirlo por catálogo?

El control del producto tiene que implicar forzosamente la desaparición del «factor humano» en el proceso. Mientras menos amor, entendimiento mutuo, comprensión y cariño haya, mejor saldrá el artículo pedido. Se dirá que ello evitará malformaciones, taras, disfunciones y problemas en vida del sujeto. ¿Será cierto? ¿Todos los hombres y las mujeres podrán acceder a la tecnología genética o –como siempre– sólo una minoría que experimentará primero con los más pobres?

La fe religiosa se está trasladando a la fe científica. Los manipuladores del procedimiento genético serán (¿lo son ya?) los garantes de la inmortalidad. Lo quieran o no, están metidos en ese negocio. Mas resulta de una irresponsabilidad enorme atraer ganancias por esa vía. Y de ganancias se trata. Por eso la televisión no dice nada: están preparando su mercado y su futuro.

EL OBSERVADOR 239-4

Sumario Inicio

A las puertas del templo
Soñar con México
(Segunda de cuatro partes)
Javier Sicilia

Si todos tuviéramos acceso al mito tecnológico de la riqueza que se basa en el uso sin límite de la energía: coches (quema de hidrocarburos), computadoras (producción de energía, ya sea hidroeléctrica, termoeléctrica o atómica), el mundo no sólo se paralizaría y reventaría por la saturación energética, sino destruiría de manera irremediable la equidad humana pues terminaría para siempre con la pluralidad limitada de las fuentes de subsistencia. Si en la actualidad hay hambre en África, si México tiene cuarenta millones de miserables, no es, como suele decirse frecuentemente, por una distribución inequitativa de la riqueza, sino por la tendencia humana a quererla generar mediante la universalización del concepto económico que nos rige. La aplicación de este concepto ha ido destruyendo las formas de producción locales y vernáculas que se encuentran en íntima relación con los límites que impone la naturaleza y, en consecuencia, ha ido generando el estado de miseria en el que nos encontramos. Las economías vernáculas son pobres y equitativas porque se basan en el límite, producen sólo lo que necesitan y dejan su parte a los otros; la economía moderna es inequitativa porque se basa en el deseo que rompe el límite y acumula en detrimento de los demás.


Cuando uno se sumerge en los estudios de los economistas modernos se da cuenta de que este modelo que se ha generalizado, incluso entre los grupos más radicales en la búsqueda de la justicia, sólo puede derivar en un estado totalitario. Para esos expertos que se han dado cuenta de los efectos destructivos del comportamiento económico, la única forma de limitarlos es mediante un manejo tecnocrático totalitario y burocrático, como el que cada día vivimos y que pueda responder adecuadamente a la gravedad y diversidad de los problemas.

«El mundo –dicen ellos– está hecho de sistemas naturales y sociales que hay que controlar con medios sofisticados de tecnología». Cada vez más los gobiernos se guían por las propuestas que emanan de estos expertos y cada vez más, a pesar del aparente proceso de democratización y de movilidad social que vivimos, las políticas se vuelven notoriamente totalitarias. Pensemos simplemente en las agobiantes políticas económicas de Gurría y en el Fobaproa para darnos cuenta del proceso. Estas políticas, que no cambiarán aunque suba al poder el PRD (porque la misma izquierda está inserta en el axioma del desarrollo y de la producción de riquezas, no en vano Marx fue un buen discípulo de Ricardo), van siempre acompañadas de una promesa amenazante: si la sociedad no acepta esta forma de conducirnos, nadie sobrevivirá y el mal será cada vez mayor.

EL OBSERVADOR 239-5

Sumario Inicio

Columna huésped

Santiago Norte ¿Quién merece vivir?
Santiago Norte

A diario, en programas específicos y canales de televisión por cable y satélite, tomamos el siguiente mensaje: el mundo está cambiando vertiginosamente y quien domine la técnica será quien tenga el poder. Fascinados por el desarrollo, obnubilados por las imágenes del «avance», encandilados por la luz del progreso técnico, la televisión nos hace ignorar –o al menos eso parece– que la tecnología se aplica sobre el hombre concreto y modifica su vida y el precario equilibrio del único planeta que puede habitar.

Es decir, olvidamos el significado moral de la tecnología. Esto tiene elemental importancia cuando se enfrenta con la tecnología genética, el manejo y manipulación del genoma humano para hacer seres humanos a la carta, por menú. La tecnología genética es la menos neutral de todas las tecnologías porque toca el misterio mismo de la vida del hombre. Cambiar la reproducción y la genética interna de las personas va a modificarlo todo.

Y de ello no quiere enterarse el gran aparato reproductor de las imágenes. Considera la televisión –hay canales como Discovery para satisfacer esta curiosidad– que son cosas de creyentes en Dios (como es mi caso) y moralinas retardatarias. Con Dios y sin Dios, la moral en la tecnología genética debe ser considerada. Además de jugar a ser dioses (desde el punto de vista del creyente), los científicos del ramo se están convirtiendo en «creadores de vida», en decididores de quienes tienen el derecho y quienes no merecen vivir. Además, traen consigo el buque insignia de la supresión de la enfermedad, del dolor y... de la muerte.

De entrada es preocupante que un hombre (aun sea el «superhombre» que se ha «elevado» hasta las fuentes de la racionalidad científica) sea considerado creador, juez y salvador de otros. Se le rendirá pleitesía y, más tarde que temprano, habrá de erigirse en el poder real. Y los demás, los que estamos del lado de la plebe no científica, seremos sus suplicantes. Cobrarán lo que quieran por darnos ¿qué? Lo mismo que los chamanes: una ilusión de mejor vida, Además, cuando se creen individuos a la carta, ¿quién decidirá los criterios dominantes? Exacto: el mundo de la moda, de la publicidad, del show bussines. Es imposible que una pareja arrastrada por la ola del momento sepa discernir qué quiere: definirá lo que quiere en función de lo que le han dicho que debe desear.

Trasladar de lo íntimo al laboratorio la procreación humana despelleja al amor en toda su dimensión. No es otro que el amor lo que mueve a los hombres a vivir en sociedad, incluso en sociedad conyugal. Si extraemos de esa perspectiva la fuerza motora, lo que quedará será un contrato, unas cláusulas y la producción manufacturada de niños. ¿Quién será capaz de amar a un niño «perfecto»? ¿Unos «padres» que convinieron construirlo por catálogo?

El control del producto tiene que implicar forzosamente la desaparición del «factor humano» en el proceso. Mientras menos amor, entendimiento mutuo, comprensión y cariño haya, mejor saldrá el artículo pedido. Se dirá que ello evitará malformaciones, taras, disfunciones y problemas en vida del sujeto. ¿Será cierto? ¿Todos los hombres y las mujeres podrán acceder a la tecnología genética o –como siempre– sólo una minoría que experimentará primero con los más pobres?

La fe religiosa se está trasladando a la fe científica. Los manipuladores del procedimiento genético serán (¿lo son ya?) los garantes de la inmortalidad. Lo quieran o no, están metidos en ese negocio. Mas resulta de una irresponsabilidad enorme atraer ganancias por esa vía. Y de ganancias se trata. Por eso la televisión no dice nada: están preparando su mercado y su futuro.

EL OBSERVADOR 239-4

Sumario Inicio

A las puertas del templo
Soñar con México
(Segunda de cuatro partes)
Javier Sicilia

Si todos tuviéramos acceso al mito tecnológico de la riqueza que se basa en el uso sin límite de la energía: coches (quema de hidrocarburos), computadoras (producción de energía, ya sea hidroeléctrica, termoeléctrica o atómica), el mundo no sólo se paralizaría y reventaría por la saturación energética, sino destruiría de manera irremediable la equidad humana pues terminaría para siempre con la pluralidad limitada de las fuentes de subsistencia. Si en la actualidad hay hambre en África, si México tiene cuarenta millones de miserables, no es, como suele decirse frecuentemente, por una distribución inequitativa de la riqueza, sino por la tendencia humana a quererla generar mediante la universalización del concepto económico que nos rige. La aplicación de este concepto ha ido destruyendo las formas de producción locales y vernáculas que se encuentran en íntima relación con los límites que impone la naturaleza y, en consecuencia, ha ido generando el estado de miseria en el que nos encontramos. Las economías vernáculas son pobres y equitativas porque se basan en el límite, producen sólo lo que necesitan y dejan su parte a los otros; la economía moderna es inequitativa porque se basa en el deseo que rompe el límite y acumula en detrimento de los demás.


Cuando uno se sumerge en los estudios de los economistas modernos se da cuenta de que este modelo que se ha generalizado, incluso entre los grupos más radicales en la búsqueda de la justicia, sólo puede derivar en un estado totalitario. Para esos expertos que se han dado cuenta de los efectos destructivos del comportamiento económico, la única forma de limitarlos es mediante un manejo tecnocrático totalitario y burocrático, como el que cada día vivimos y que pueda responder adecuadamente a la gravedad y diversidad de los problemas.

«El mundo –dicen ellos– está hecho de sistemas naturales y sociales que hay que controlar con medios sofisticados de tecnología». Cada vez más los gobiernos se guían por las propuestas que emanan de estos expertos y cada vez más, a pesar del aparente proceso de democratización y de movilidad social que vivimos, las políticas se vuelven notoriamente totalitarias. Pensemos simplemente en las agobiantes políticas económicas de Gurría y en el Fobaproa para darnos cuenta del proceso. Estas políticas, que no cambiarán aunque suba al poder el PRD (porque la misma izquierda está inserta en el axioma del desarrollo y de la producción de riquezas, no en vano Marx fue un buen discípulo de Ricardo), van siempre acompañadas de una promesa amenazante: si la sociedad no acepta esta forma de conducirnos, nadie sobrevivirá y el mal será cada vez mayor.

EL OBSERVADOR 239-5

Sumario Inicio

Columna huésped
La vida, regalo escaso
Bruno Ferrari

Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan muchos días y son mejores.
Hay quienes luchan toda una vida; esos son los imprescindibles.

Bertolt Brecht.

Cuando somos jóvenes nos parece que tenemos todo el tiempo del mundo para realizar nuestros sueños y creemos que la muerte es cosa ajena ante la cual estamos inmunes, que le acontece a otros y de la que, en el peor de los casos, no somos más que simples espectadores. Esta situación sinceramente no deja de ser extraña, ya que, particularmente en nuestra cultura, desde muy pequeños nuestros padres nos enseñan sobre la existencia de la muerte y sabemos que la «huesuda» les llega a todos sin distinción. Pero ese conocimiento realmente no se torna auténtico hasta pasados los veinte años. Tal vez ésta sea una de las razones por las cuales muchos de nuestros jóvenes arriesgan y en ocasiones pierden tan fácilmente la vida.

«El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos», dice la canción; y con los años también llega la madurez y los «golpes de la vida» que nos hacen comprender que el camino para construir una familia o simplemente para crearnos «un futuro» es muchas veces más arduo y escabroso de lo que en nuestra juventud soñamos.

Tengo la certeza de que es en esos momentos difíciles y de lucha en donde aprendemos a valorar el tiempo y entendemos que cada instante de nuestra vida es una oportunidad para hacer algo por nosotros y por los demás. Por ejemplo, si usted tiene la dicha de ser padre o madre, recuerde esos instantes en que nacieron sus hijos y cómo los segundos se hicieron horas; o tal vez ha tenido que esperar alguna noticia importante para usted o su familia afuera de un quirófano y también habrá sentido esa sensación de que los minutos se convierten en horas.

Tampoco me parece que el fruto de una vida dependa mucho del número de años que se vivan. Salvando las distancias hay a quien sólo le bastaron 33 años para cambiar la historia y hasta el calendario que hoy rige a la humanidad. Lo importante es cómo vivimos los años que nos han sido concedidos. Dicen que en el mundo hay tres tipos de personas (tal vez sea demasiado radical esta clasificación, pero nos servirá para ejemplificar la forma en que utilizamos nuestras vidas):

1. Los que aceptan al mundo tal y como está, renunciando en ocasiones a sí mismos y a sus principios.
2. Los que se inventan su propia realidad e incluso llegan a creer justificándose que ese es el mundo verdadero.
3. Los que luchan por construir un mundo mejor aceptando los costos de este «combate».

La primera posición definitivamente es la más cómoda e implica aceptar los estilos de vida que la moda y las costumbres van imponiendo. De esta forma el mundo pasa por nosotros sin que nosotros pasemos por el mundo dejando huella. Los segundos tal vez en alguna época de su vida lucharon por construir un mundo mejor, pero se fueron cansando; la vida los fue golpeando y acabaron encontrando refugio en una realidad fantasiosa que, poco a poco y sin darse cuenta, fueron construyendo. Los terceros son esos a los que Bertolt Brecht llamó «los imprescindibles», aquéllos que gastan su vida luchando por los demás aunque algunos les llamen «locos» y otros les digan «santos».

EL OBSERVADOR 239-6

Sumario Inicio

¡Cáncer!
Rosendo García Padilla

Don Fernando pertenece a la cofradía de los creyentes. Es de esa categoría de cristianos que no se queda solamente en creer en Dios, sino que, más relevante aún, cree que Dios cree en él. Por esa convicción ha avanzado un largo trecho en los conocimientos de la religión por los caminos del estudio y la meditación.

El dolor en la cintura era intolerable, le provocaba vómitos, insomnio, inapetencia. Por curarle los riñones el gastroenterólogo le destrozó el estómago, produciéndole dolores de mayor intensidad, pero para curarle el estómago dejó pasar más días infames. Entonces don Fernando recurrió al quiropráctico. Después de tres sesiones de jaladas, sobadas y tronadas con la frase de despedida que repetía: «ya lo destrabamos, ya se va a sentir bien» –esa frase, sí estoy seguro, es de lo que conoce bien ese quiropráctico–, le prescribió estudios.

El médico familiar lo auscultó. Sin ocultar la preocupación, ordenó se le hicieran estudios, y los resultados le preocuparon más. Los turnó al hematólogo. «Las cosas tienen un nombre y apellido –le dijo don Fernando al especialista–. No le tengo miedo a las palabras. Dígame claro qué tengo». ¡Cáncer!, fue la respuesta. Don Fernando, que se sabía bajo el signo de Leo, aceptó que Cáncer, otro signo del zodiaco, había invadido su cuerpo y su vida. Entonces se hicieron las gestiones para escuchar una segunda opinión, en California.

El paciente, en los días que impacientemente esperó su cita, descubrió el significado de la frase bíblica «El que tiene un amigo, tiene un tesoro». La amistad, ese vínculo entre los humanos que tanto trabajo nos cuesta manifestar, le llegó a raudales.

De Puebla su entrañable amigo Christian Jean le dijo con una voz que mezclaba tonos de estímulo y compasión: «No me vengas con la jalada de que me vas a estropear mis vacaciones en León. Recuerda que tenemos planes para reiniciar nuestras caminatas por la Sierra de Lobos. Pórtate bien». Don Fernando, emocionado, contestó: «Habla con tu patrón, el Supremo Sanador, el médico de cuerpos y almas». Una segunda llamada llegó de una señora de la que no recordó su nombre. «Tengo un grupo de oración muy escuchado por el Señor. ¿Nos permite que oremos por usted?».

A su arribo a California lo recibieron sus numerosos familiares y amigos. «Desde que nos enteramos estamos rezando por ti». Lo llevaron a un restaurante chino. Al romper la galletita con predicción del futuro leyó con inmensa alegría: «El destino tiene almacenada para ti una larga vida».

Entre análisis, estudios y auscultaciones, notó cómo familiares y amigos en California se cronometraban con el grupo reunido en el templo de Jardines del Moral para con los rezos brincar fronteras, unir personas, alcanzar el favor a lo implorado.

Las aplicaciones de quimio están en progreso. Él ahora seguro está de que existen otras definiciones para el cáncer. Por ser una enfermedad mortal, por necesidad los humanos desnudan su alma y manifiestan abiertamente al enfermo simpatía, apoyo, oraciones, compasión, sugerencias, recomendaciones; prestan reliquias y santitos. En fin, que el cáncer, según entiende don Fernando, es la enfermedad que hace brotar la parte divina de lo humano que las diarias antipatías pretenden ocultar. Es la enfermedad del amor.

¡Otra más! Por todo lo que ha vivido y en preparación para «cuando llegue el día del último viaje», convencido está de que con propiedad se puede llamar al cáncer un cambio torcido del Señor. «Dios escribe el línea recta por renglones torcidos».

EL OBSERVADOR 239-7

Sumario Inicio

EL RINCÓN DEL PAPA
Se puede descubrir a Dios contemplando la creación

«¡Qué amables son tus obras! Como una centella hay que contemplarlas... Él no ha hecho nada incompleto... ¿Quién se saciará de contemplar su gloria?». Estas hermosas palabras fueron las primeras que pronunció el papa Juan Pablo II en su penúltima audiencia general. La catequesis impartida en torno a la Santísima Trinidad dejó en claro que en la contemplación de lo creado se puede conocer la existencia de Dios.

Su Santidad se expresó así: «Dios dijo: 'Haya luz', y hubo luz. Ya en esta parte de la primera narración de la creación se puede ver en acción la Palabra de Dios, de la que Juan dirá: ' Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe'. Pero en el instante inicial de la creación aparece también la sombra del Espíritu: 'El Espíritu de Dios aleteaba por encima de las aguas'. La gloria de la Trinidad resplandece en la creación».

Con esto el vicario de Cristo hizo notar que, aunque cotidianamente se le atribuye la función creadora al Padre, también el Hijo y el Espíritu intervienen:

El Padre.- «A la luz de la Revelación es posible ver cómo el acto creador debe ser atribuido ante todo al Padre de la luz, en quien no hay cambio ni sombra de rotación».

El Hijo.- «En la Sagrada Escritura, la creación está ligada con frecuencia a la Palabra divina que irrumpe y actúa».

El Espíritu.- «En otras ocasiones, por último, la Escritura subraya el papel del Espíritu de Dios en el momento de la creación: 'Envías tu Espíritu y son creados, y renuevas la faz de la tierra'».

Juan Pablo II afirmó que «frente a la gloria de la Trinidad que aparece en la creación, el hombre debe contemplar, cantar, volver a sentir estupor». Con una frase de G. K. Chesterton, pensador converso de este siglo, el Papa agregó que en la sociedad contemporánea nos hacemos áridos, «pero no por falta de 'maravillas' sino por falta de 'maravilla'». Es decir, la naturaleza es «un evangelio que nos habla de Dios». Concluyó Su Santidad: «Pablo nos enseña que desde la creación del mundo Dios se deja ver a la inteligencia a través de sus obras»; pero que esta contemplación nos debe llevar a redescubrir nuestra fraternidad con la tierra.

EL OBSERVADOR 239-8

Sumario Inicio

Una jornada jubilar dedicada a los artistas

El Gran Jubileo del año 2000 tiene programadas jornadas especiales con dedicatorias expresas. Por ejemplo, habrá un Jubileo de las Madres, un Jubileo de los Jóvenes, un Jubileo de los Maestros, etc. Y también habrá un Jubileo de los Artistas.

El arzobispo Francesco Marchisano, presidente de la Comisión Pontificia de los Bienes Culturales de la Iglesia, ha hecho pública una carta que dirige a los artistas del mundo para participar en la Jornada que se les dedicará el 18 de febrero del 2000. En ella se lee:

«Desde las catacumbas la Iglesia ha sido mecenas de las artes para que los bienes puestos al servicio de su misión resplandeciesen de belleza. Esta alianza se reconfirma hoy, ya que la humanidad debe florecer en un nuevo humanismo sobre el que se pueda implantar la «civilización del amor» de inspiración cristiana. Las artes pueden contribuir autorizadamente a la nueva evangelización desde el momento en que 'este mundo en el que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperación. La belleza, como la verdad, trae el gozo al corazón de los hombres y es un fruto precioso que resiste el desgaste del tiempo, que une las generaciones y las comunica en la admiración' (Mensaje a los artistas, del concilio ecuménico Vaticano II, 8 de diciembre de 1965)».

«A través de las artes –continúa el prelado– el anuncio del Evangelio, la celebración de los divinos misterios, la cultura de inspiración cristiana, las obras de caridad, ponen mejor en evidencia sus contenidos generando en los pueblos estupor y maravilla. No obstante, es necesario que los artistas reencuentren en lo sagrado la fuente de inspiración y, en la Iglesia, la ocasión para encontrar a Dios».

Y agrega: «El jubileo del 2000 es, por tanto, un acontecimiento de gracia para dialogar y para abrirse a Dios. A su realización están llamados todos los hombres de buena voluntad y, en particular, los artistas que tienen el don de desvelar los aspectos más íntimos del mundo, del hombre y de Dios».

Cita luego, refiriéndose al difícil encuentro entre Iglesia y arte contemporáneo, una bella alocución hecha por Pablo VI en su Encuentro con los artistas en la Capilla Sixtina, del 7 de mayo de 1964: «Quizá les hayamos puesto, podemos decir, un peso de plomo a sus espaldas; perdónennos. Luego también nosotros los hemos abandonado. No les hemos explicado nuestras cosas, no los hemos introducido en la celda secreta donde los misterios de Dios hacen vibrar el corazón del hombre de gozo, de esperanza, de alegría y de embriaguez. No los hemos tenido como alumnos, amigos e interlocutores; por ello ustedes no nos han conocido».

La carta es una invitación profunda a renovar el antiguo diálogo: «La Iglesia llama a los artistas de todas las artes y de todo el mundo a reunirse idealmente en Roma, el 18 de febrero del 2000 (...) para encontrar el 'parámetro interior' de l propio arte, a fin de que se pueda llevar a cabo la renovatio Urbis et Orbis, dando a la belleza de las obras el valor de signo de la progresiva recapitulación de todas las cosas en Cristo».

Durante el Jubileo de los Artistas se tiene considerada una Eucaristía en la basílica de San Pedro, un Simposio Internacional sobre la Relación de la Iglesia y el Arte, un acto expositivo y algunos conciertos musicales, así como el «peregrinaje silencioso entre las piedras de la memoria y del arte cristiano, los cuales darán contenido y 'alas de águila' a los que son llamados a devolver un rostro de belleza al mundo».

EL OBSERVADOR 239-9

Sumario Inicio

Un libro lleno de inocentes revelaciones
Dios, según los niños

Con opiniones como: «pienso que Dios está allí, incluso cuando no quiero que esté allí», se publicó en inglés el libro titulado Why I Believe in God («Por qué creo en Dios»), basado en expresiones sobre Dios de niños menores de 12 años.

El libro, que contiene además pequeñas reflexiones hechas por los niños, presenta opiniones como la de Samantha Jann, de 9 años, que afirma que «el amor de Dios es como cuando tomas chocolate caliente luego de haber estado en la nieve».

La autora del libro, Dandi Daley Mackall, afirmó que la mayoría de los niños son sinceros y transparentes para expresar cómo ven a Dios, «una cualidad difícil de encontrar en los adultos». Mackall, que ha escrito numerosos libros y artículos para niños por casi 20 años, informó que logró recopilar la información para su libro durante una serie de entrevistas que hizo a niños de colegios de Estados Unidos. En la publicación las respuestas están presentadas con la misma letra de los entrevistados, muchas veces con una caligrafía difícil de leer y con errores ortográficos y gramaticales.

La autora citó la opinión de Elizabeth, de 6 años, quien le dijo que «cuando yo crezca, creo que Dios quiere que yo sea misionera con una caja registradora». Mackall relató que después de la tierna y curiosa opinión no pudo evitar reírse, y la niña dejó de comentar por haber sentido que no la tomaban en serio. A raíz de ello la autora afirmó que su única regla para tratar con los niños fue nunca reírse cuando ellos le describían su visión de Dios.

La autora dijo que aprendió que la mayoría de los niños piensa profundamente sobre Dios, sin importar cómo los adultos vean sus respuestas. Como ejemplo, citó la opinión de Annie, de 6 años, que escribió que «el amor de Dios se siente como si Él te abraza con su abrigo de piel puesto».

Si dejamos de lado el inocente humor, dijo la autora, encontraremos gemas de sabiduría en las palabras de los niños, muchas de las cuales ella misma ha encontrado como valiosas para su vida.

Mackall relató que durante una de sus visitas a los colegios un niño de 8 años, Zachary, comentó que «todos deberíamos pasar más tiempo con Dios y no sólo hablar con Él de negocios».

«En un momento me sentía exhausta –manifestó la autora a la prensa–, yendo de ciudad en ciudad recopilando información para mi libro. Las palabras de Zachary fueron justo lo que necesitaba oír».

«Los niños, especialmente los menores de 7 años, no se preocupan por tratar de agradar a los adultos en sus opiniones sobre Dios», afirmó Mackall, quien es madre de tres niños. La autora lamentó que las inocentes visiones de los niños sobre Dios se suelen perder en su camino a la adultez, pero que todavía están allí en los niños de hoy día, como en el pequeño de 7 años que afirmó que «yo creo en Dios, pero hay muchas cosas que no entiendo. Por ejemplo, no entiendo cómo es que hizo los ojos». (ACI)

EL OBSERVADOR 239-10

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El catolicismo frente al yoga
Segunda y última parte
Diego García Bayardo

La semana pasada presentamos al lector un resumen de las creencias básicas del hinduísmo, donde señalamos que en esta religión se dice que Dios no intenta salvar a la humanidad del mal y que el hombre, por medio de la técnica llamada yoga, debe alcanzar a Dios por sus propios medios. También dijimos que la creencia en la reencarnación es la base del yoga, pues esta disciplina es precisamente la técnica que permite al hombre escapar de la reencarnación, para al fin unirse a la conciencia impersonal llamada Brahman. Faltó añadir que para el hinduísmo todo es dios (panteísmo) y nosotros somos dios, pero no nos damos cuenta por culpa del mundo, que no es real sino solamente aparente. Cuando uno se da cuenta de la ilusión, ocurre la apertura a la «conciencia universal».

El catolicismo y el hinduísmo tienen entonces una aparente coincidencia: los dos dicen que los hombres somos Dios, al formar parte de Él. Sin embargo, estas doctrinas en realidad son completamente antagónicas, pues el cristianismo dice que los hombres somos creaturas de Dios, que es esencialmente distinto y superior a nosotros, y que podemos ser miembros de su Cuerpo Místico solamente por adopción y por Gracia suya, mientras el hinduísmo dice que somos Dios por naturaleza y que formamos parte de una conciencia impersonal de tipo panteísta. Confrontando ambas doctrinas, vemos que el yoga asegura ser la llave para la autosalvación del hombre, mientras el cristianismo dice que el hombre solo no puede salvarse, pues la Gracia traída por Cristo es gratuita e inmerecida. El yoga implica dominar complejas técnicas personales para meditar bien; el cristiano ora con sencillez y sabe que nadie puede orar como a Dios le agrada, pero que el Espíritu Santo «intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8, 26). Con el yoga se busca escapar de la reencarnación; el cristiano sabe que «los hombres mueren una sola vez...» (Heb 9, 27). En el cristianismo se aprecia el valor de la razón, que nos fue dada por Dios, mientras en el yoga se busca con la concentración (samadhi) suprimir el pensamiento lógico y racional, pues se considera ilusorio (por eso lo ponen entre los defectos de sus opositores). Todo esto nos demuestra que el yoga y el cristianismo son incompatibles de manera radical, dogmática, o sea que los dogmas de una y otra doctrina son contrarios y no se pueden aceptar los de una sin negar o rechazar los de la otra. Esta verdad patente hizo a Mons. Alfonso Uribe Jaramillo escribir: «El yoga puede ser instrumento válido para el hindú que busca con sinceridad la salvación y no ha conocido la verdad revelada por el Verbo de Dios. Pero para el cristiano es un camino erizado de peligros y, a la larga, si no le aparta de Jesucristo, le llevará a una gran confusión, pero no a la verdadera perfección cristiana.» (Angeles y demonios. Librería parroquial de Clavería, México, s/f, pág. 157).

¿Entonces por qué hay cristianos promocionando el yoga? La New Age será la conexión entre estas doctrinas. Hace 100 o 500 años ya existían el hinduísmo (con su yoga) y el catolicismo, pero para todos era evidente su incompatibilidad. Incluso los grandes maestros de la meditación cristiana, como Santa Teresa de Jesús, rechazaban explícitamente doctrinas coincidentes con el hinduísmo y practicaban formas de meditación esencialmente distintas del yoga, al grado de que solamente una visión muy superficial o tendenciosa podría confundir esas técnicas y suponer que eran lo mismo. Pero en los años 60's surgió la New Age, que inició la difusión masiva del yoga, zen, tantra y otras doctrinas y técnicas orientales de meditación en occidente, con la declarada intención de acabar con el cristianismo. Cuando los entusiastas difusores de estas zarandajas se dieron cuenta de que los cristianos estaban conscientes de la mencionada incompatibilidad, crearon entonces ese yoga light que hoy conocemos, el de revista femenina y libro de supermercado, que asegura que puede ser practicado por todos y que sólo es una técnica para mejorar la salud y la concentración. Sólo cuando estás enganchado te empiezan a enseñar ideas panteístas e hinduístas, y aun así las introducen de manera sutil, pero consciente, para evitar que el cristiano se dé cuenta y se retire. Poco a poco, insensiblemente, se empiezan a cumplir con toda precisión, en el cristiano que hace yoga, las palabras de Mons. Uribe arriba citadas.

Esa técnica de mimetizar los puntos doctrinales obviamente inaceptables y volverlos ligeritos, para gente sin compromisos sólidos, se observa también en las nuevas corrientes estadounidenses de psicología, tan en boga entre los psicólogos mexicanos, que en su mayoría fueron creadas en el contexto del boom de la New Age en California. Estas corrientes, que reflejan la fascinación de sus autores por las doctrinas orientales, sólo hablan de autocontrol, autosuperación, autotrascendencia y todo lo que empiece con el prefijo auto, o sea, lo que indique que el hombre se salva solo. También por eso los hinduístas, que creen realmente que el hombre puede reencarnar en forma de vaca, publican libros sobre vegetarianismo (en editoriales de tendencia naturista) cuya argumentación va siempre por la línea de exagerar lo dañina que puede ser la carne y ocultar el valor alimenticio que tiene, pues si reconocieran la verdadera razón por la que no quieren que uno la coma (¡canibalismo!), nadie les haría caso ni aceptaría sus charlatanerías. Ni el católico más light.

EL OBSERVADOR 239-11

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El jubileo es:

P. Réal Bourque O.M.I.

* Un tiempo de alegría que signifique una oración de alabanza y de acción de gracias, especialmente por los regalos de la Encarnación y la Redención.
* Un tiempo para los cristianos de actuar con una fe renovada ante el amor del Padre que dio a su Hijo.
* Un tiempo para expresar nuestro agradecimiento por el regalo de la Iglesia establecida por Cristo como un sacramento, o un signo de íntima unión con Dios y de unidad con la humanidad.
* Un tiempo de acción de gracias que comprenda los frutos de la santidad.
* Un tiempo de alegría basada en el perdón de los pecados y la alegría de la conversión, para lo cual la penitencia y la reconciliación son una necesidad.

Pensamientos más profundos:

* Un tiempo para ser más conscientes del pecado de los cristianos.
* Un tiempo para reflexionar en el pasado, cuando las personas se alejaron del espíritu de Cristo y del Evangelio, convirtiéndose en contratestigos y motivo de escándalo.
* Un tiempo para motivar a todos a purificarse, arrepintiéndose de los errores del pasado, de momentos de infidelidad, inconstancia y pereza.
* Un tiempo para reconocer las debilidades del pasado en un acto de honestidad y valentía, fortalecer nuestra fe, prepararnos para enfrentar las tentaciones actuales y aprender a enfrentar los retos de hoy.
* Especialmente un tiempo para recordar las palabras de Jesús: «Sin Mí no pueden hacer nada». La unidad es un regalo del Espíritu Santo.
* Finalmente, es un tiempo para que todos en la Iglesia expresemos nuestro rechazo profundo por las debilidades de muchos que han manchado el rostro de la Iglesia evitando que refleje la imagen de nuestro Señor Crucificado.

EL OBSERVADOR 239-12

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Al alba del milenio
¿Qué belleza salvará al mundo?

Al morir, la última pregunta de Hipólito al príncipe Miskin, en El idiota, de Dostoievski, es: «¿Qué belleza salvará al mundo?». Maravillosa pregunta: nosotros nunca lo hacemos ni osamos aventurar que la belleza salvaría al mundo de su horrible cara. Porque la belleza nos parece algo accesorio. Preferimos, por su puesto, la utilidad de todo, incluso de nuestra relación con Dios.

¿Quiere lo anterior significar que la relación con Dios es inútil? Por supuesto que no, pero vista desde esa perspectiva (la de la utilidad) desmerece mucho. No amo a Dios para que me salve, lo amo porque me prestó la vida, me prestó el mundo, redimió mi naturaleza caída ofreciendo a su Hijo, y porque me donó gratuitamente la libertad. Lo amo porque me dio la posibilidad infinita de la caridad.

He aquí la cuestión: ¿qué belleza salvará al mundo? La belleza de la caridad, del amor cordial, de la atención prioritaria al otro, en especial al otro más pobre. Se ha tergiversado hasta el cansancio la frase aquella de que siempre habrá pobres en el mundo. Algunos la toman literal, como una fatalidad, como una suerte de «selección natural» en la que unos pocos –los más fuertes (que suelen concordar con los más pillos)– triunfan, y la mayoría debe conformarse con la derrota (con la fealdad). Es al contrario: el que siempre haya pobres en el mundo tiene que ver con un reto al corazón: con la belleza de la caridad.

¡La sabiduría divina es ilimitada! ¡Los pobres no están ahí para ser asistidos: están ahí para redimirme! Permítame el lector una frase maravillosa del cardenal Martini: «No basta deplorar y denunciar las falsedades de nuestro mundo. No basta tampoco, en nuestra época desencantada, hablar de justicia, deberes, bien común, programas pastorales y exigencias evangélicas. Hay que hablar con el corazón cargado de amor compasivo, haciendo experiencia de la caridad que dona con alegría y provoca entusiasmo; hay que irradiar la belleza de lo que en la vida es verdadero y justo, porque sólo esta belleza arrebata verdaderamente los corazones y los dirige a Dios».

Quiere decir: no basta hablar desde la boca palabras bellas. Si éstas no van avaladas por la compasión de la caridad, jamás habremos hecho nuestra tarea de extender el Evangelio en la tierra. (J. S. C.)
(FIN)

EL OBSERVADOR 239-13

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