El Observador de la Actualidad

El Observador

Periodismo católico para la familia de hoy

12 de Marzo de 2000 No. 244

SUMARIO

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La mujer en la política

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«MEMORIA Y RECONCILIACION: LA IGLESIA Y LOS ERRORES DEL PASADO»

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AL ALBA DEL MILENIO Penitencia y peligro

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La familia y la integración social de los niños discapacitados

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓO Juana de Arco, cinta antihistórica

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PERDER POR DEFAULT Contra los papás

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VIDA CRISTIANA Demos sentido a esta cuaresma

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PINCELADAS Corazón puro


La mujer en la política
Antonio Sánchez Díaz de Rivera / Para El Observador

La mujer, con mucho esfuerzo, se ha abierto camino en la participación cívico-política. No se le permitió votar en Estados Unidos hasta 1919, en Inglaterra hasta 1928, en Francia hasta 1945 y en México hasta 1953.
En el pasado hubo reinas, y algunas han sobresalido en la historia, como la reina Victoria de Inglaterra o Isabel la Católica en España. Sin embargo, las «plebeyas» no participaban en política. Hay antecedentes más remotos, como es el caso de la emperatriz china Wu-tse-Tien, quien incorporó mujeres en el quehacer público.
Después de haber pasado por todo tipo de totalitarismos, parece ser que llegó la hora de la sociedad. Como nunca, se valora la participación de ésta. Si analizamos las diversas transiciones hacia la democracia en el siglo XX veremos que en aquellas que han sido exitosas ha participado, en mayor o menor medida, la sociedad respectiva. Han surgido mujeres como Corazón Aquino en Filipinas, Violeta Chamorro en Nicaragua o Aung San Sun Kyi en Birmania.
En México cada vez hay más mujeres que participan en lo cívico y lo político. Hoy, dos de los partidos más importantes son presididos por una mujer.
En días pasados hubo en la ciudad de México un foro nacional denominado Momento Político de la Mujer y su Participación, organizado por Coordinadora Ciudadana, APN. Más de cuatrocientas mujeres analizaron y discutieron en mesas de trabajo diferentes temas relacionados con la mujer y su participación.
Los valores femeninos son indispensables para una cultura de la paz, para crear conciencia ecológica y luchar por los derechos humanos. El auténtico feminismo no consiste en suplantar al hombre o «vengarse de él», sino en reciprocidad y complemento.

EL OBSERVADOR 244-1

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PRESENTARON EL DOCUMENTO «MEMORIA Y RECONCILIACION: LA IGLESIA Y LOS ERRORES DEL PASADO»

PRESENTARON EL DOCUMENTO «MEMORIA Y RECONCILIACION: LA IGLESIA Y LOS ERRORES DEL PASADO»
La mujer en la política

Antonio Sánchez Díaz de Rivera / Para El Observador

La mujer, con mucho esfuerzo, se ha abierto camino en la participación cívico-política. No se le permitió votar en Estados Unidos hasta 1919, en Inglaterra hasta 1928, en Francia hasta 1945 y en México hasta 1953.
En el pasado hubo reinas, y algunas han sobresalido en la historia, como la reina Victoria de Inglaterra o Isabel la Católica en España. Sin embargo, las «plebeyas» no participaban en política. Hay antecedentes más remotos, como es el caso de la emperatriz china Wu-tse-Tien, quien incorporó mujeres en el quehacer público.
Después de haber pasado por todo tipo de totalitarismos, parece ser que llegó la hora de la sociedad. Como nunca, se valora la participación de ésta. Si analizamos las diversas transiciones hacia la democracia en el siglo XX veremos que en aquellas que han sido exitosas ha participado, en mayor o menor medida, la sociedad respectiva. Han surgido mujeres como Corazón Aquino en Filipinas, Violeta Chamorro en Nicaragua o Aung San Sun Kyi en Birmania.
En México cada vez hay más mujeres que participan en lo cívico y lo político. Hoy, dos de los partidos más importantes son presididos por una mujer.
En días pasados hubo en la ciudad de México un foro nacional denominado Momento Político de la Mujer y su Participación, organizado por Coordinadora Ciudadana, APN. Más de cuatrocientas mujeres analizaron y discutieron en mesas de trabajo diferentes temas relacionados con la mujer y su participación.
Los valores femeninos son indispensables para una cultura de la paz, para crear conciencia ecológica y luchar por los derechos humanos. El auténtico feminismo no consiste en suplantar al hombre o «vengarse de él», sino en reciprocidad y complemento.

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PRESENTARON EL DOCUMENTO «MEMORIA Y RECONCILIACION: LA IGLESIA Y LOS ERRORES DEL PASADO»


Hacia una purificación de la memoria


El calendario del Gran Jubileo marca para el día de hoy uno de los actos más trascendentales: la «Jornada del perdón».
Hay que recordar que el papa Juan Pablo II, en su carta Tertio millennio adveniente, hizo una invitación a toda la comunidad eclesial para que en este año grande de gracia y reconciliación se formulara una petición de perdón por algunas culpas de los hijos de la Iglesia cometidas en nombre de ésta en el pasado.
La petición pontificia tuvo diferentes tipos de acogida en la Iglesia: algunos han subrayado el profundo valor de testimonio que tiene la verdad y que sirve para aumentar también la credibilidad del mensaje eclesial; otros han expuesto su preocupación por el hecho de que allí, donde la Iglesia está en minoría y ha sido perseguida, una petición de perdón podría ser vista como una concesión ante las acusaciones de los adversarios.
La tarea de producir un estudio a este respecto le fue encomendada a una Comisión Teológica Internacional, la que, después de tres años de trabajo, presentó el martes pasado el documento que lleva por título «Memoria y reconciliación: la Iglesia y los errores del pasado», con el objetivo de que la Iglesia «purifique su memoria» en este momento de transición al tercer milenio. El presidente de la comisión, teólogo Bruno Forte, aclara que esta actitud eclesial no es fácil de entender. «Es necesario pensar que la memoria no es sólo una facultad relativa al pasado. La memoria afecta profundamente al presente. Con frecuencia, lo que recordamos determina nuestras relaciones con los demás. Por eso, si hay una herida del pasado que queda en la memoria, esta herida se traduce en una resistencia a encontrarse de manera serena, pacífica y liberadora entre personas que pueden construir juntas el Reino de Dios».
El acto de hoy ha sido calificado de gesto «profético», basado en todo caso en la afirmación de Jesús: «La verdad os hará libres». Por eso mismo Juan Pablo II presidirá este día memorable la ceremonia penitencial para reconocer precisamente los errores históricos de los hijos de la Iglesia.

EL OBSERVADOR 244-2

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Al alba del milenio


El calendario del Gran Jubileo marca para el día de hoy uno de los actos más trascendentales: la «Jornada del perdón».
Hay que recordar que el papa Juan Pablo II, en su carta Tertio millennio adveniente, hizo una invitación a toda la comunidad eclesial para que en este año grande de gracia y reconciliación se formulara una petición de perdón por algunas culpas de los hijos de la Iglesia cometidas en nombre de ésta en el pasado.
La petición pontificia tuvo diferentes tipos de acogida en la Iglesia: algunos han subrayado el profundo valor de testimonio que tiene la verdad y que sirve para aumentar también la credibilidad del mensaje eclesial; otros han expuesto su preocupación por el hecho de que allí, donde la Iglesia está en minoría y ha sido perseguida, una petición de perdón podría ser vista como una concesión ante las acusaciones de los adversarios.
La tarea de producir un estudio a este respecto le fue encomendada a una Comisión Teológica Internacional, la que, después de tres años de trabajo, presentó el martes pasado el documento que lleva por título «Memoria y reconciliación: la Iglesia y los errores del pasado», con el objetivo de que la Iglesia «purifique su memoria» en este momento de transición al tercer milenio. El presidente de la comisión, teólogo Bruno Forte, aclara que esta actitud eclesial no es fácil de entender. «Es necesario pensar que la memoria no es sólo una facultad relativa al pasado. La memoria afecta profundamente al presente. Con frecuencia, lo que recordamos determina nuestras relaciones con los demás. Por eso, si hay una herida del pasado que queda en la memoria, esta herida se traduce en una resistencia a encontrarse de manera serena, pacífica y liberadora entre personas que pueden construir juntas el Reino de Dios».
El acto de hoy ha sido calificado de gesto «profético», basado en todo caso en la afirmación de Jesús: «La verdad os hará libres». Por eso mismo Juan Pablo II presidirá este día memorable la ceremonia penitencial para reconocer precisamente los errores históricos de los hijos de la Iglesia.

EL OBSERVADOR 244-2

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Al alba del milenio
Penitencia y peligro

Conozco muy pocas palabras que tengas tan mala prensa (por no decir mala fama) como la palabra penitencia. Los católicos la asociamos con castigo, renuncia inútil, dolor de rodillas. Por una extraña asociación de palabras consideramos a los penitentes como tontos; en el mejor de los casos, como seres humanos que se han abajado a sí mismos sin el pudor ni la vergüenza que –sospechamos– sus actos requerían.
        No, en definitiva no vemos con buenos ojos ni la palabra ni la acción de penitencia, y menos en tiempos de cultura light, en la que impera la famosa afirmación de los amigos del «rey león»: hakuna matata (pásala bien, o algo así por el estilo).
        San Juan Crisóstomo, esa cumbre del pensamiento cristiano que tanto escribió sobre los Evangelios, comentaba lo siguiente (a propósito de Mateo 4, 12-17):

«Penitencia es cambio de la voluntad al bien, elevando los pensamientos y deseos del alma. Es destrucción de los instintos innobles, amplitud y constancia de aspiración al bien. Si no te aterrorizan los males y no te mueven a arrepentimiento, es decir, al santo odio de aquello que amaste mal, te atraigan y te deleiten los bienes, esto es, la tranquilidad del corazón al sentirte puro, y la sonrisa de la esperanza».

        ¡Qué hermoso pensamiento éste del Crisóstomo! ¡La penitencia convertida en fuente de alegría, en sonrisa de esperanza! Obviamente es la visión de un santo. Y ya se sabe que los santos ven el mundo al revés de como queremos verlo nosotros. Ellos ven el fondo y nosotros la forma, la superficie de las cosas... y de las palabras. Así, penitencia deja de ser una palabra lúgubre para convertirse en fuente de luz. El bien es, siempre, fuente de luz. Y somos hijos de la luz. Aunque es verdad que la luz es riesgosa: suele volvernos buenos. (J. S. C.)


EL OBSERVADOR 244-3

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La familia y la integración social de los niños discapacitados

Extractos de las conclusiones de un congreso sobre la situación actual

Del 2 al 4 de diciembre de 1999, en la ciudad del Vaticano, se reunieron diversos expertos, médicos, psicólogos, profesores universitarios, profesionales, responsables y miembros de asociaciones para discapacitados y sus familias, por iniciativa del Consejo Pontificio para la Familia, del Centro Educación Familiar Especial y del Programa Leopoldo, para profundizar en el papel que desempeña la familia en la integración del hijo discapacitado en la sociedad.

La dignidad del niño discapacitado y su fundamento

El primer problema que encuentra hoy el hijo discapacitado mental en su inserción en la sociedad, en el momento en que trata de vivir de modo más autónomo en relación con su familia, consiste en que esta sociedad muchas veces no está muy bien dispuesta a acogerlo en cuanto a persona humana, sujeto de derechos inviolables. En realidad, la persona discapacitada encuentra a menudo dificultad para ejercer su derecho a vivir en la sociedad, a compartir espacio, trabajo y vivienda con los que no padecen discapacidad mental. Esa falta de disposición a acoger al discapacitado mental por parte de nuestra sociedad parece vinculada, en parte, a una percepción ofuscada de la dignidad intrínseca del ser humano discapacitado.
En una perspectiva de humanismo integral, que la fe logra percibir más a fondo, no se puede formular la hipótesis de que Dios «se equivocó» cuando creó a un niño discapacitado. Al contrario, se debe decir que Dios lo ama personalmente, y que este niño, así conformado a Cristo sufriente, es objeto de especial ternura por su parte.

Los nuevos avances científicos en la materia

Aunque existen motivos de preocupación por lo que respecta a la capacidad actual de nuestra sociedad de acoger al discapacitado, también encontramos motivos de esperanza e impulso a la acción positiva en recientes desarrollos de los conocimientos médicos, neurológicos, pedagógicos y educativos en relación con los discapacitados. La demostración de la «plasticidad cerebral», es decir, de la posibilidad de recuperación y desarrollo del cerebro a pesar de un defecto, de una lesión de los centros superiores del cerebro, nos hace esperar un buen futuro para nuestros hijos discapacitados. La ciencia neurológica ha puesto de relieve que el cerebro, durante los primeros años de vida, las relaciones que serán responsables de muchas funciones importantes del cerebro, como las emociones, la memoria y el comportamiento, siguen desarrollándose.

La educación del discapacitado mental

Siempre existe la posibilidad y la necesidad de educar a los hijos discapacitados mentales. Incluso en los casos graves, gracias al aliento que les da la ternura de los padres y al estímulo que les ofrece una familia atenta a ellos, los niños pueden desarrollarse en el ámbito psico-motor para adquirir un grado de autonomía. Debemos subrayar al respecto la importancia de la comunicación no verbal que una madre, presente permanentemente en el hogar, es capaz de mantener con el niño discapacitado. A través del intercambio de miradas, la atención solícita prestada al niño y las caricias que expresan el afecto, en los primeros meses de vida comienza la futura integración del niño en la sociedad.
Los medios de comunicación pueden influir de modo muy positivo en el desarrollo del niño discapacitado, facilitando su formación y su integración en la vida de familia y, luego, en la vida social. Sin embargo, la calidad de este influjo dependerá del uso que se haga de estos medios en la familia. Si en la familia no se acostumbra a seleccionar los programas, éstos pueden tener efectos negativos sobre todos los miembros de la familia y especialmente sobre el discapacitado.

La familia como fuente de amor y solidaridad

Gracias a la unión estable y fiel de los esposos, a su entrega recíproca, plena e irreversible, la familia constituye el mejor ambiente para el desarrollo personal del hijo, especialmente cuando es más frágil, más limitado en sus capacidades y, por tanto, más necesitado de cuidado, de atención, de ternura y de comunicación, no sólo verbal, con su ambiente inmediato.
Es importante subrayar que el niño discapacitado no debe constituir un «peso» para su padres o para sus hermanos y hermanas. Cuando este niño es acogido como hijo o hermano dentro de su familia, el mismo amor hace que las dificultades resulten ligeras, soportables e incluso fuente de esperanza y de alegría espiritual. La responsabilidad de la educación de todos los hijos, incluidos los discapacitados, corresponde a la familia.

Actitudes negativas y positivas

«Compete, ante todo, a la familia, superado el primer momento de desconcierto ante la llegada de un hijo discapacitado, comprender que el valor de la existencia trasciende el de la eficiencia (Juan Pablo II). Por consiguiente, la familia no debe caer en la trampa de buscar a toda costa tratamientos o cuidados extraordinarios, pues corre el peligro de quedar defraudada, desilusionada, cerrada en sí misma si no se logran los resultados de curación o recuperación esperados. Las actitudes negativas se resumen en el rechazo, el temor, la superprotección y una resignación también negativa que impide a los padres asumir una positiva, activa, hacia el hijo discapacitado.
Cuando los padres aceptan la realidad de la discapacidad de su hijo empiezan a tener la posibilidad de ser felices en su prueba. Cuando los padres se muestran alegres a pesar de las dificultades de su situación, pueden hacer feliz a su hijo, cualquiera que sea su discapacidad.

La ayuda profesional

Para poder cumplir la misión de educar a sus hijos, la familia necesita recibir de profesionales que se ocupan de los niños discapacitados la información y la ayuda adecuada a su condición. Los profesionales pueden y deben ayudar a los padres a salir de su bloqueo afectivo, para afrontar con realismo su situación. Los científicos, los médicos y los investigadores deben ser especialmente sensibles a la situación de dificultad en que vive una familia después del nacimiento de un hijo discapacitado. Conviene, en primer lugar, recordar a esta familia que la ciencia tiene límites y que la salud física no es un derecho, sino un don.

Recomendaciones finales

Es importante, hoy más que en el pasado, desarrollar las redes ya existentes de información y acogida para los padres de los discapacitados, y también crear nuevas redes, de modo que los padres puedan afrontar lo más pronto posible la verdad y ofrecer a su hijo las mejores condiciones de desarrollo. Al mismo tiempo, parece necesario influir sobre la opinión pública mediante los medios para facilitar la integración en la sociedad de las personas que tienen una discapacidad mental compatible con una vida de relación con los demás.
La creación de puestos de trabajo especializados o de instituciones para el trabajo de los discapacitados, juntamente con una ayuda más eficaz por parte de los agentes sociales, debería facilitar la integración ya anhelada con tanta fuerza en el documento de la Santa Sede de 1989: «La calidad de una sociedad y de una civilización se mide por el respeto que manifiesta hacia los más débiles de sus miembros».
El grado de fervor en la integración social y laboral de los miembros menos favorecidos y más necesitados de la sociedad constituye el termómetro del grado de sabiduría que la humanidad ha alcanzado en el umbral del tercer milenio.

EL OBSERVADOR 244-4

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Crítica de medios de comunicación
Juana de Arco, cinta antihistórica
Juan Pedro Oriol

Ser cristiano es una gran aventura, lo contrario a un dulce sueño y al gris aburrimiento. Ser cristiano es levantar en alto la bandera de una fe que lanza al riesgo del compromiso y a la donación valiente. Así fue la vida de Juana de Arco.
        La película sobre su vida es, simplemente, una deformación de la verdad. El cine ya nos tiene acostumbrados a esto; pero, en este caso, la deformación consigue algo peligroso: presentar como histérica y poseída a quien fue ejemplo de autenticidad y fe.
        Luc Besson, el director, mezcla verdades y mentiras históricas. Es cierto que Juana de Arco era de la aldea de Donremy, hija de un matrimonio campesino, pero la escena determinante en la película cuando los soldados ingleses entran en la casa de los Arco y matan y violan salvajemente a Catalina en presencia de Juana es del todo falsa. Este hecho atroz puede alterar la psicología de cualquiera, pero, simplemente, nunca sucedió ni consta por ninguna fuente histórica. Catalina falleció, cuando Juana tenía entre 8 y 9 años, a causa de una hemorragia cuando estaba dando a luz. Nunca fue raptada ni violada. Por ello, la niña llena de una fuerza indomable, causada por una enorme sed de venganza, es un invención de Besson y no corresponde a la realidad.
        Es verdadera la escena en la gran sala real cuando el conde de Clermont (no Juan d'Aulon) se hizo pasar por Carlos VII para engañar a Juana, y ella, que jamás había visto al delfín, lo reconoció escondido entre los presentes. También es verdad que fue sometida en Poitiers al examen sobre su virginidad.
        La niña alegre de 17 años que desde los 12 había comenzado a sentir unas voces que le animaban a hacer algo que ella consideraba imposible, se convertiría en la esperanza de un pueblo oprimido y pisoteado. Su lucha no era simplemente una cuestión de naciones o de poderes entre Francia e Inglaterra. Era una causa por la justicia y la verdad.
        Fue verdad que el timorato Carlos VII, una vez coronado en Remis como rey de Francia, comenzó a hacer caso a las insinuaciones de los miembros del consejo real que le recomendaban enfriar el fervor del pueblo hacia Juana. Por ello, ordenó frenar la marcha triunfal hacia París del ejército y aceptó un engañoso pacto con el duque de Borgoña, ya aliado a los ingleses. La derrota en la toma de París, a causa de la retirada impuesta por decreto real a las tropas francesas, fue inevitable.
        El 23 de mayo de 1430 Juana cayó en una emboscada ya pactada con el duque de Borgoña. Carlos VII no quiso pagar el rescate, aunque recibió numerosas y voluntarias donaciones y colectas de todo el territorio francés. Y el gobierno inglés ofreció diez mil libras de oro al duque de Borgoña.
        Las escenas finales de la película vuelven a mezclar hechos reales con una mentira fatal. Fue verdad que el obispo Cauchon se vendió a los ingleses. Fue verdad que la sentencia estaba firmada antes del juicio. Pero es falso que Juana renegara de su misión y de sus voces. Juana fue abandonada por el rey de Francia, pero nunca se sintió más acompañada por las voces divinas que en los días de su cautiverio.
        Finalmente, es verdad que Juana trazó la señal de la cruz y aceptó firmar que dejaría sus ropas de soldado con el fin de recobrar su libertad. Es conveniente recordar que para Juana el traje de soldado era una defensa de su pureza porque así los soldados no se fijaban tanto en la belleza de su cuerpo. Pero lo que le hicieron firmar fueron 12 actas en las que también renegaba de sus voces y de su misión. Como no sabía leer ni escribir, no se dio cuenta de que la estaban engañando.
        El 30 de mayo de 1431 se encendió la hoguera. Juana tan sólo tenía 19 años. Lo último que hizo fue declarar que no renegaba de su misión. Y cuando las llamas comenzaron a quemarla, pronunció tres veces la palabra que fue el lema de su vida y de su amor: «¡Jesús!».

(Colaboración resumida)

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PERDER POR DEFAULT
Contra los papás
Diego García Bayardo

Son muchas las situaciones humanas que pueden llevar a un individuo a convertirse en delincuente. La pobreza, el pecado, la educación o la salud mental son factores capitales en la adopción de una forma de vida basada en el rechazo a la ley, pero las estadísticas señalan sobre todo que la desintegración familiar es un antecedente típico en la vida de los criminales recurrentes. Ahora bien, si se analiza el cuadro clásico de desintegración familiar, se verá que corresponde generalmente a los hombres jugar el papel destructivo que acaba con la familia o no la deja conformarse como tal. No quiero decir que las mujeres no tienen parte de la culpa, ni que no haya casos en que las acciones de la mujer desencadenen el desastre, pero es un hecho que el hombre, por su psicología y por tendencias culturales, ejerce con mayor frecuencia que la mujer las actitudes que acaban por desintegrar una familia. Un ejemplo de este tipo de acciones es el adulterio. Pervive cierta tolerancia cultural hacia las infidelidades conyugales de los maridos que no se aplica igualmente a las esposas; muchos niños y jóvenes crecen con la idea de que el hombre tiene cierto «derecho» a tener varias parejas y con la noción de que si la infidelidad no es buena al menos no es muy mala, siempre y cuando sea el hombre el que la ejerza. Aquí aparece la primera acusación contra muchísimos esposos y padres de familia mexicanos: que han tratado de esquivar su obligación de vivir el matrimonio como una alianza exclusiva y excluyente.
La violencia es una característica de los animales superiores. En nuestra mente y sistema nervioso existe la agresividad como una respuesta posible al medio, pues como casi todos los seres vivos subsistimos precisamente por ingerirnos los unos a los otros, tenemos la tendencia natural de defendernos de los agresores y de atacar aquello que puede amenazarnos o alimentarnos. Sólo hace pocos miles de años el hombre dejó la caza-recolección como base de su economía y alimentación, así que el instinto de agresión no ha desaparecido y ha tenido simplemente que cambiar de objeto. Integrada la agresividad al mundo de las respuestas humanamente posibles para reaccionar ante el medio, el hombre ha dejado de ejercer la violencia instintiva, al menos en parte, y la ha transformado en acto social y cultural. Es así como el hombre puede ser sujeto y también objeto de la agresión humana. La violencia intrafamiliar es un acto social en el que la mera supervivencia biológica no tiene nada que ver, como si la esposa o los hijos fueran depredadores de los que hay que defenderse. Pero un instinto casi inútil se puede volver el eje de la relación familiar, y otra vez son más los hombres que las mujeres quienes agreden a otros miembros de la familia. Es cierto que cuando es la mujer la que trata a los hijos con violencia, sus actos suelen ser mucho más salvajes y destructivos que los de los hombres golpeadores, pero la violencia masculina es la más frecuente. Una segunda acusación pesa sobre muchos hombres de México y del mundo: la de tratar con violencia -incluso cotidianamente- a hijos y cónyuge. Aunque a veces la esposa puede ser terrible, es inexcusable mantener las manos bien quietas.
La falta de religiosidad en los papás, que no son capaces de dar un ejemplo de fe cristiana a sus hijos, la reprensión de los sentimientos, ejercida sobre sí mismos y sobre los hijos varones, la perpetuación del machismo y del desprecio difuso hacia las mujeres (las viejas), y la comunicación de varios vicios y adicciones de generación en generación, a veces inducidas en el hijo a muy temprana edad, son algunos de los muchos errores y horrores de los que es preciso acusar con fuerza a millones de hombres-padres-maridos de hoy y siempre. Duro será el juicio divino para quienes destruyeron una familia que les fue dada por Dios mismo, no para hacer con ella lo que mandaba su gusto y capricho, sino precisamente para cuidarla con altísima responsabilidad y con una vocación que llama incluso al autosacrificio. Recordemos que el ejemplo de los padres tiene efectos más duraderos que las palabras, y así como todos sabemos que las enseñanzas que dan a sus hijos son básicas y determinantes , debemos admitir que los vicios y los maltratos que damos a los hijos son también para toda la vida. Así de graves son. Acusamos a los maridos, padres de familia, de que casi todos los pecados y maldades que ensangrientan al mundo actual son, en el fondo, producto de una pésima paternidad, entendida y llevada a cabo de forma estúpida o indolente, egoísta o perversa. Es esa paternidad la que ha hecho a medio mundo dar la espalda a Dios y volverse ateo o agnóstico, transformar a Dios en un ser diminuto, optativo y de bolsillo, o refugiarse en el culto al sol, los cuarzos, la Madre Gaia o lo que sea que no nos recuerde aquel padre inflexible o golpeador. No se puede amar al Padre Eterno si nuestro padre terrenal fue duro, injusto o malvado, porque los padres de familia somos, queramos o no, imagen y figura del Padre Celestial.

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VIDA CRISTIANA

EL OBSERVADOR 244-5

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PERDER POR DEFAULT
Contra los papás
Diego García Bayardo

Son muchas las situaciones humanas que pueden llevar a un individuo a convertirse en delincuente. La pobreza, el pecado, la educación o la salud mental son factores capitales en la adopción de una forma de vida basada en el rechazo a la ley, pero las estadísticas señalan sobre todo que la desintegración familiar es un antecedente típico en la vida de los criminales recurrentes. Ahora bien, si se analiza el cuadro clásico de desintegración familiar, se verá que corresponde generalmente a los hombres jugar el papel destructivo que acaba con la familia o no la deja conformarse como tal. No quiero decir que las mujeres no tienen parte de la culpa, ni que no haya casos en que las acciones de la mujer desencadenen el desastre, pero es un hecho que el hombre, por su psicología y por tendencias culturales, ejerce con mayor frecuencia que la mujer las actitudes que acaban por desintegrar una familia. Un ejemplo de este tipo de acciones es el adulterio. Pervive cierta tolerancia cultural hacia las infidelidades conyugales de los maridos que no se aplica igualmente a las esposas; muchos niños y jóvenes crecen con la idea de que el hombre tiene cierto «derecho» a tener varias parejas y con la noción de que si la infidelidad no es buena al menos no es muy mala, siempre y cuando sea el hombre el que la ejerza. Aquí aparece la primera acusación contra muchísimos esposos y padres de familia mexicanos: que han tratado de esquivar su obligación de vivir el matrimonio como una alianza exclusiva y excluyente.
La violencia es una característica de los animales superiores. En nuestra mente y sistema nervioso existe la agresividad como una respuesta posible al medio, pues como casi todos los seres vivos subsistimos precisamente por ingerirnos los unos a los otros, tenemos la tendencia natural de defendernos de los agresores y de atacar aquello que puede amenazarnos o alimentarnos. Sólo hace pocos miles de años el hombre dejó la caza-recolección como base de su economía y alimentación, así que el instinto de agresión no ha desaparecido y ha tenido simplemente que cambiar de objeto. Integrada la agresividad al mundo de las respuestas humanamente posibles para reaccionar ante el medio, el hombre ha dejado de ejercer la violencia instintiva, al menos en parte, y la ha transformado en acto social y cultural. Es así como el hombre puede ser sujeto y también objeto de la agresión humana. La violencia intrafamiliar es un acto social en el que la mera supervivencia biológica no tiene nada que ver, como si la esposa o los hijos fueran depredadores de los que hay que defenderse. Pero un instinto casi inútil se puede volver el eje de la relación familiar, y otra vez son más los hombres que las mujeres quienes agreden a otros miembros de la familia. Es cierto que cuando es la mujer la que trata a los hijos con violencia, sus actos suelen ser mucho más salvajes y destructivos que los de los hombres golpeadores, pero la violencia masculina es la más frecuente. Una segunda acusación pesa sobre muchos hombres de México y del mundo: la de tratar con violencia -incluso cotidianamente- a hijos y cónyuge. Aunque a veces la esposa puede ser terrible, es inexcusable mantener las manos bien quietas.
La falta de religiosidad en los papás, que no son capaces de dar un ejemplo de fe cristiana a sus hijos, la reprensión de los sentimientos, ejercida sobre sí mismos y sobre los hijos varones, la perpetuación del machismo y del desprecio difuso hacia las mujeres (las viejas), y la comunicación de varios vicios y adicciones de generación en generación, a veces inducidas en el hijo a muy temprana edad, son algunos de los muchos errores y horrores de los que es preciso acusar con fuerza a millones de hombres-padres-maridos de hoy y siempre. Duro será el juicio divino para quienes destruyeron una familia que les fue dada por Dios mismo, no para hacer con ella lo que mandaba su gusto y capricho, sino precisamente para cuidarla con altísima responsabilidad y con una vocación que llama incluso al autosacrificio. Recordemos que el ejemplo de los padres tiene efectos más duraderos que las palabras, y así como todos sabemos que las enseñanzas que dan a sus hijos son básicas y determinantes , debemos admitir que los vicios y los maltratos que damos a los hijos son también para toda la vida. Así de graves son. Acusamos a los maridos, padres de familia, de que casi todos los pecados y maldades que ensangrientan al mundo actual son, en el fondo, producto de una pésima paternidad, entendida y llevada a cabo de forma estúpida o indolente, egoísta o perversa. Es esa paternidad la que ha hecho a medio mundo dar la espalda a Dios y volverse ateo o agnóstico, transformar a Dios en un ser diminuto, optativo y de bolsillo, o refugiarse en el culto al sol, los cuarzos, la Madre Gaia o lo que sea que no nos recuerde aquel padre inflexible o golpeador. No se puede amar al Padre Eterno si nuestro padre terrenal fue duro, injusto o malvado, porque los padres de familia somos, queramos o no, imagen y figura del Padre Celestial.

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VIDA CRISTIANA
Demos sentido a esta cuaresma
Isele

Es tiempo de Cuaresma, de sacrificio, de penitencia, de reconciliación... Decía San Basilio, padre de la Iglesia: «El que despoja a un hombre de su vestimenta es un ladrón. El que no viste la desnudez del indigente cuando puede hacerlo, ¿merecerá otro nombre? El pan que guardas pertenece al hambriento; al desnudo el abrigo arrumbado en tus cofres; al descalzo el zapato que se echa a perder en tu casa; al mísero la plata que escondes».
Demos sentido a esta Cuaresma. Un sentido de conversión auténtica, que nos lleve a amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. No podemos ir a Dios si nos olvidamos de nuestros hermanos.

EL OBSERVADOR 244-7

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PINCELADAS
Corazón puro
Justo López Melús *

        Los hombres, desde el pecado original, llevan en el globo rojo de su corazón una mancha negra, una piedrecilla como un grumo de sangre, sobre el rubí puro del corazón. Un día, cuenta un profeta, dos ángeles se acercaron a mí, me abrieron el pecho y me sacaron el corazón. Lo abrieron, extrajeron la piedra negra y lo purificaron. El profeta estaba destinado para una misión muy alta, tenía que colaborar en la purificación de los corazones, y para eso tenía que tener muy puro el corazón.
        Luego le pesaron el corazón. «Pésalo contra uno –dijo un ángel al otro–. Pésalo contra cien. Pésalo contra mil». Y siempre pesaba más. El profeta tenía seis años cuando le pesaron el corazón. Y pesaba más que mil adultos, más que todo el pueblo. Es normal. El corazón es como los diamantes: más pesado cuanto más puro. Un corazón absolutamente puro pesaría más que el planeta terrestre entero. «Oh, Dios, crea en mí un corazón puro» (Sal 50, 12).

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 244-8

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