El Observador de la Actualidad

El Observador

Periodismo católico para la familia de hoy

19 de Marzo de 2000 No. 245

SUMARIO

bullet Coraje y humildad en la confesión que hizo la Iglesia de las faltas históricas de sus hijos
bulletEL RINCÓN DEL PAPA Que vengan el oprimido, el pobre, el débil y el desconfiado
bulletITINERARIOS Tierra Santa, donde Dios puso su pie (I)
bulletNUESTRO PAÍS Educación 2000
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN Absortos en la pantalla
bullet¿Qué es amar?
bulletMEDICINA Y MORAL La fertilización in vitro y los bancos de esperma están moralmente prohibidos
bulletEl Papa, a Tierra Santa
bulletPERDER POR DEFAULT Leyendas negras y de todos los colores
bullet¿USTED QUÉ OPINA? A unos meses de distancia
bulletOPINIÓN Si temen a sus padres, no cuentan con ellos
bulletORIENTACION FAMILIAR Si los demás te tienen miedo
bulletPINCELADAS El hombre light


Coraje y humildad en la confesión que hizo la Iglesia de las faltas históricas de sus hijos

        El domingo pasado se celebró en la Iglesia la «Jornada de la Petición del Perdón» por los errores cometidos por los cristianos a lo largo de los siglos. El documento preparado para tal fin fue elaborado por la Comisión Teológica Internacional. Presentamos algunos extractos del texto, denominado Memoria y reconciliación: La Iglesia y las culpas del pasado:
        «La bula de convocatoria del Año Santo del 2000, Incarnationis mysterium, indica, entre los signos que oportunamente pueden servir para vivir con mayor intensidad la insigne gracia del jubileo, la purificación de la memoria. Ésta consiste en el proceso orientado a liberar la conciencia personal y común de todas las formas de resentimiento o de violencia que la herencia de culpas del pasado puede habernos dejado, mediante una valoración renovada, histórica y teológica, de los acontecimientos implicados, que conduzca, si resultara justo, a un reconocimiento correspondiente de la culpa y contribuya a un camino real de reconciliación.
        «Un proceso semejante puede incidir de manera significativa sobre el presente precisamente porque las culpas pasadas dejan sentir todavía a menudo el peso de sus consecuencias y permanecen como otras tantas tentaciones también hoy día. En cuanto tal, la purificación de la memoria requiere un acto de coraje y de humildad en el reconocimiento de las deficiencias realizadas por cuantos han llevado y llevan el nombre de cristianos.
        «Los pasos llevados a cabo por Juan Pablo II para pedir perdón de las culpas del pasado han sido comprendidos en muchos ambientes, eclesiales y no eclesiales, como signos de vitalidad y de autenticidad de la Iglesia, tales como para reforzar su credibilidad. Es justo, por otra parte, que la Iglesia contribuya a modificar imágenes de sí falsas e inaceptables, especialmente en los campos en los que, por ignorancia o por mala fe, algunos sectores de opinión se complacen en identificarla con el oscurantismo y con la intolerancia.
        «Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las formas de antitestimonio y de escándalo que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual.
        «En el plan moral la petición de perdón presupone siempre una admisión de responsabilidad, y precisamente de la responsabilidad relativa a una culpa cometida contra otros. La responsabilidad puede ser objetiva o subjetiva. El mal cometido sobrevive muchas veces a quien lo ha realizado a través de las consecuencias de los comportamientos, que pueden convertirse en un pesado fardo sobre la conciencia y la memoria de los descendientes.


La lista de las culpas

A lo largo de su pontificado Juan Pablo II ha hecho admisión de culpas de los hijos de la Iglesia de todos los tiempos. Ésta es la lista de ellas:

1) Pecados cometidos en servicio de la verdad: intolerancia y violencia contra los disidentes, guerras de religión, violencias y abusos en las cruzadas, métodos coactivos en la Inquisición.
2) Pecados que han comprometido la unidad del Cuerpo de Cristo: excomuniones, persecuciones, divisiones.
3) Pecados cometidos en el ámbito de las relaciones con el pueblo de la primera alianza, Israel: desprecio, actos de hostilidad, silencios.
4) Pecados contra el amor, la paz, los derechos de los pueblos, el respeto de las culturas y de las otras religiones, en paralelo con la evangelización.
5) Pecados contra la dignidad humana y la unidad del género humano: hacia las mujeres, las razas y las etnias.
6) Pecados en el campo de los derechos fundamentales de la persona y contra la justicia social: los últimos, los pobres, los que están por nacer, injusticias económicas y sociales, marginación. (VIS)

EL OBSERVADOR 245-1

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EL RINCÓN DEL PAPA
Que vengan el oprimido, el pobre, el débil y el desconfiado

        El Miércoles de Ceniza la audiencia general concedida por el Papa, celebrada en la plaza de San Pedro, tuvo un carácter de liturgia penitencial. Se hicieron las lecturas bíblicas y se impartió la catequesis en lengua italiana; luego, el Papa impuso la ceniza a algunos fieles y al final dirigió unos saludos en diferentes lenguas.
        Su Santidad afirmó que «el hombre, cada hombre, está llamado a la conversión y a la penitencia, y se siente impulsado a la amistad con Dios para que reciba como don la vida sobrenatural, que colma las aspiraciones más profundas de su corazón. Al recibir la ceniza sobre la cabeza, hoy se nos recuerda que somos polvo y que al polvo volveremos». Y explicó que, durante este rito, «resuena para el creyente una invitación a no dejarse vincular a las realidades materiales que, por muy apreciables que sean, están destinadas a desaparecer. Ante todo, debe dejarse transformar por la gracia de la conversión y de la penitencia para alcanzar las cumbres ambiciosas y pacificadoras de la vida sobrenatural».
        Recordó Juan Pablo II que «la puerta jubilar está abierta a todos. Que entre quien se siente oprimido por la culpa y quien se reconozca pobre de méritos; que entre quien se sienta como polvo que el viento esparce; que venga el débil y el desconfiado para obtener un vigor renovado del Corazón de Cristo».
        «A la imposición de la ceniza -continuó- se une la tradicional práctica de la abstinencia y del ayuno. No se trata de meras observancias externas, de cumplimiento de ritos, sino de signos elocuentes de un cambio de vida necesario. Con el ayuno y la penitencia se le pide al creyente que renuncie a bienes y satisfacciones materiales legítimas para adquirir una mayor libertad interior»
        El Santo Padre pidió a Dios que «todos los cristianos sientan profundamente, en esta cuaresma jubilar, el compromiso a reconciliarse con Dios, consigo mismo y con los hermanos. Este es el camino para que se realice la deseada plena comunión de todos los discípulos de Cristo».
        En el momento de la audiencia en que dedica al saludos a los peregrinos, el Papa se dirigió a un numeroso grupo de la Federación Italiana «Mujeres, Artes, Profesiones, Negocios», venidas a Roma para recordar el Día Internacional de la Mujer: «Renuevo con gusto a todas las mujeres del mundo, en el día de su fiesta, mi cordial felicitación: que, gracias a un mayor reconocimiento social de su contribución específica al bien común, la mujer pueda expresar cada vez mejor la riqueza de su propio 'genio', desarrollando así su auténtica promoción».

EL OBSERVADOR 245-2

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ITINERARIOS
Tierra Santa, donde Dios puso su pie (I)

De todos los lugares del planeta, hay un sitio que destaca por su importancia histórica y espiritual: Tierra Santa, donde Dios «se hizo carne y habitó entre nosotros».

Después de su largo peregrinar por el desierto durante 40 años, el pueblo de Dios tomó posesión de la Tierra Prometida, su herencia. La repartió en doce partes, para las tribus de Israel, aunque a la de Leví no le correspondió ninguna pues habría de vivir, sirviendo al Templo, de los diezmos y primicias. El número de doce territorios se justificó, sin embargo, por el hecho de que el patriarca Jacob (también llamado Israel) adoptó a sus nietos Efraín y Manasés, vástagos de su hijo el administrador de Egipto; por eso la Biblia nunca menciona a la tribu de José, que en Efraín y Manasés se vio heredada.

«Judá, a ti te alabarán tus hermanos, tu mano agarrará del cuello a tus enemigos, y tus hermanos se inclinarán ante ti... No le será arrebatada la corona ni el bastón de mando de entre sus piernas hasta que venga Aquél a quien pertenece y a quien los pueblos obedecerán» (Gn 49, 8-10), fueron las palabras que pronunció Jacob antes de morir. Y, ciertamente, se cumplieron.

Judá no era el primogénito, pero fue de su tribu de la que Dios Padre quiso elegir una familia para el Hijo. «Herodes reunió todos los sacerdotes principales y a los maestros de la Ley para preguntarles dónde debía nacer el Cristo. Ellos le contestaron que en Belén de Judá, ya que así lo anunció el profeta» (Mt 2, 4-6).

Galilea, casa de Dios y tierra de apóstoles

Cristo Jesús, sin embargo, no se crió en tierras de Judá, sino en el norte, en Galilea, en la zona correspondiente a lo que otrora perteneciera a la tribu de Zabulón. Sin embargo, eran judíos los que la habitaban entonces, aunque no resultaban de gran estima para sus hermanos del sur debido a que los galileos eran más abiertos, entregados y más comprometidos con los movimientos de liberación, además de ser observantes de la religión mucho menos estrictos.

Aunque Jerusalén, en el corazón de Judá, era el símbolo por antonomasia entre los judíos, Jesucristo no despreció en su misión a la tierra que lo albergó y le dio de comer durante casi 30 años: se eligió doce apóstoles de los cuales todos, salvo Judas Iscariote, eran galileos; y su primer milagro, el de las bodas, fue en Caná de Galilea.

La obra del Bautista

Juan el Bautista, primo de Jesús, andaba por el desierto de Judea o Judá, proclamando: «Cambien su vida y su corazón, porque el reino de los Cielos se ha acercado» (Mt 3, 2). Y en el río Jordán bautizaba a los judíos que se acercaban y confesaban sus pecados. Cristo también fue bautizado por Juan a pesar de que, éste mismo lo dijo, no era digno ni de desatarle la correa de sus sandalias.

El Jordán recorre 320 kilómetros y une el lago de Genesaret o Mar de Tiberiades con el Mar Muerto. Como todos los ríos, sus fuentes son más bien caudalosas, pero tiene zonas tranquilas; una de ellas fue el lugar donde los oyentes de Juan, y en la actualidad muchos cristianos de diversas religiones, recibieron el bautismo.

EL OBSERVADOR 245-3

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NUESTRO PAÍS
Educación 2000
Bruno Ferrari

La vida debe ser una educación continua.
FLAUBERT

Estamos enfrentando una época de grandes cambios, como por ejemplo el desarrollo de la red mundial de información (web). Este cambio ha creado una discontinuidad en las expectativas del diario vivir. Anteriormente la educación era uno de los motores del cambio; sin embargo, a raíz de dicha discontinuidad, la red mundial de información es un catalizador de las transformaciones en muchos de los ámbitos de la vida de hoy, incluyendo a la educación.
En muchos aspectos sentimos que la tecnología nos ha rebasado, lo cual conlleva una reacción para adecuarnos a las nuevas exigencias que esto implica. Según el CEO Forum on Education and Technology Report, en Estados Unidos, por ejemplo, de 1994 a 1997 el número de escuelas públicas con acceso a Internet aumentó de un 35% a un 78%. Para 1999 había una computadora por cada siete estudiantes; en 23% de las escuelas los maestros utilizaron las computadoras diariamente y 65% de los maestros utilizaron internet en sus salones de clase como una herramienta de enseñanza. Actualmente, 80% de los maestros utilizan internet por lo menos una vez a la semana y 30% de ellos lo hace diariamente. En México, de acuerdo con datos de la empresa Select IDC, el número de usuarios de internet en nuestro país se incrementará de 1.3 millones a finales de 1998 a 8.8 millones al final del 2002.
Los avances tecnológicos están cambiando de manera importante el rostro de la educación que conocemos actualmente. El sistema de educación tradicional va siendo desplazado por otras alternativas, ya que la acumulación de información dejó de ser, desde hace algunos años, uno de los objetivos principales de las instituciones educativas. Sin embargo, a pesar de que el acceso a la información está cada vez más al alcance de todos, en el fondo lo importante es el uso que la gente pueda darle a dicha información, lo cual se enriquecerá con las experiencias de vida que ha tenido.
Debemos responder a este cambio en el proceso de adquisición de conocimientos retomando la importancia de algunas habilidades que, desde hace años, se quedaron atrás. Profundizando en este aspecto creo que es muy útil volver el rostro y analizar la historia de la civilización y la cultura humana. En Grecia y Roma, hace más de dos mil años, además de enfatizarse la capacidad de memorizar y retener información para poder aplicarla sobre determinadas disciplinas, también se le daba una importancia fundamental a la manera de actuar del ser humano y a cómo éste desarrollaba otro tipo de habilidades propias de su naturaleza, como la astucia, la sagacidad, la sensibilidad y el pensamiento crítico, por citar algunas.
El desarrollo personal y profesional exitoso deja entonces de depender de la memoria y del tradicional «macheteo» de conocimientos aislados, quedado en manos de aquellos que tengan la sensibilidad suficiente para detectar una oportunidad y aplicar sus conocimientos y habilidades de manera responsable y en beneficio de los demás.
Por ejemplo, en Canadá, en la provincia de British Columbia, los empleadores consideran que un profesionista competitivo debe cubrir el siguiente perfil: habilidades de comunicación; actuación ética y transparente en el trabajo; honestidad y lealtad; flexibilidad y adaptación a los cambios; actitud positiva; habilidad de analizar, evaluar y resolver problemas; responsabilidad y compromiso; inteligencia; habilidades para el empleo de la tecnología; creatividad para generar nuevas alternativas; actualización continua; habilidades de liderazgo y administración; comportamiento profesional y maduro; alta energía y buena educación. Este es un ejemplo claro de que no sólo se busca la acumulación de conocimientos, sino que las habilidades, tanto en el ámbito general como específico, son de primordial importancia en el reclutamiento de personal.
A raíz de este nuevo entorno mundial, creo que es importante revalorizar el enfoque educativo centrado en la persona, incorporando muchas áreas en algunos casos olvidadas, relacionadas con el arte -como la música, la poesía, la literatura, la pintura y otras formas de expresión-, así como el desarrollo armónico en el aspecto físico, espiritual y social, consideradas en ocasiones como irrelevantes, olvidando que son una buena parte para lograr una formación humanista que engrandezca al ser humano..
Recordemos entonces que la tecnología y todos los avances que con ella se han dado son una herramienta más al servicio del hombre, pero en ningún momento pueden verse como un fin en sí mismos que opaca la formación humanista. Después de todo, es lógico suponer que existirá una tendencia a mejorar la oferta educativa en nuestro país en todos los niveles, la cual se centro no sólo en el proceso de escolarización sino en una formación humanista para la vida y reconociendo que cada persona puede alcanzar su máximo potencial si es apoyada y motivada adecuadamente.

EL OBSERVADOR 245-4

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Crítica de medios de comunicación
Absortos en la pantalla
Santiago Norte

        La televisión inició la tarea de situar el moderno paradigma del conocimiento en un hombre frente a una pantalla. Primero fue el conocimiento del mundo, ahora internet ha tomado el relevo y promete que tras la pantalla de la computadora personal se encuentra el universo. Todas las posibilidades del universo. Tarde o temprano, más temprano que tarde, el usuario (que seremos todos, según la publicidad del world wide web) sabrá que posee la llave del misterio y del saber en la yema de sus dedos.
        La Universidad de California en Stanford ha venido a confirmar dicha especie: en un estudio reciente afirma que «internet se ha convertido en un fenómeno absorbente que transforma a sus usuarios en seres aislados de la familia y de los amigos, que prefieren la realidad virtual a la calle y que trabajan más horas de lo que hacían antes». Y atiza más el fuego al remarcar: «Internet podría convertirse en la última y más perfecta tecnología aislacionista, que reduce la participación en la sociedad más de lo que antes hizo la televisión».
        La conclusión del estudio es gravísima: si ya teníamos entre nosotros una atonía social en las personas, fruto de su excesiva exposición a las fruslerías televisivas, ahora tendremos entre nosotros un personaje que, creyendo saberlo todo, va a desdeñar por inútil el contacto con los demás. Un cierto dejo de comunidad pervivía frente al televisor. Cuando menos había –en ocasiones especiales– un remedo de grupo humano, con roces y contactos esporádicos, aunque roces y contactos al fin y al cabo. Frente a la computadora no hay grupo: existe un individuo absorto, lejano, vago. No hay encuentro cálido ni roce ni tráfico de palabras o sonidos. Es la frecuencia uniforme del tecleo y los sonidos chirriantes de la interconexión lo único que cuenta.
        El incremento de horas conectadas a internet por usuario es de 31% anual. Y la forma de expandirse es exponencial, geométrica, no matemática. Más de cinco horas semanales frente a la pantalla es el inicio de un camino ascendente hacia la totalidad de las horas de vigilia frente a la computadora. Es previsible que, en el próximo decenio, de las cinco horas semanales se pase a cincuenta.
        Las cuatro o cinco horas en promedio frente a internet en unos diez años serán cuatro o cinco horas de verdad. Sin atender otra cosa, sin entender otra cosa, sin levantarse a dar una vuelta al mundo real. Los encuentros construyen la solidaridad, y la solidaridad, la esperanza. ¿Estamos a la orilla de una sociedad desesperanzada? ¿Hay salida? Creo que sí, y esa salida implica que nosotros tomemos el control de las cosas. El problema de fondo es que nuestra voluntad para «hacernos cargo», para responsabilizarnos de niestro propio destino –asumiendo el de los otros–, ha sido formada en la lasitud, en el «dejar hacer, dejar pasar: el mundo rueda solo».

EL OBSERVADOR 245-5

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¿Qué es amar? *

        ¡Amar es fantástico! ¿Cómo vivir sin amar y ser amados? Pero, ¡cuidado! No es oro todo lo que reluce y las apariencias engañan. La mujer de mi vida no es la mujer de una noche. En amor, conformarse con poco es no saber lo que es amor.
        Existen muchas formas de amor: la amistad, el amor entre padres e hijos, el amor al prójimo, el amor mutuo de un hombre y una mujer que se unen en matrimonio, el amor que nos invade al alcanzar el bien supremo...
        Para encontrar el verdadero amor entre un hombre y una mujer, debemos preguntarnos primero por qué nos sentimos atraídos hacia la otra persona:
        • ¿por interés o egoísmo?
        • ¿por el placer que siento al estar con él o por el que sentimos al estar juntos?
        • ¿por lo que siento por el otro?

        Es fácil darse cuenta de que una relación que se base en estos puntos es imperfecta, ya que tiende a reducir al otro a mero objeto. Para mí, el otro es un instrumento y, en realidad, sólo pienso en mí mismo...
        Amar de verdad es amar al otro por lo que es. Un amor profundo es, sobre todo, sentirme tan atraído por el otro que sólo deseo su felicidad. No le amo por lo que puede aportarme sino por lo que es. En una relación así, las dos personas podrán compartir sentimientos, placer o ayudarse uno al otro. Pero la base de la relación es la propia persona, más allá de sus cualidades o defectos.
        A mi parecer, el amor es el resultado de una decisión libre: querer amar al otro, pensar en el otro de forma libre y decidida. No se puede amar verdaderamente sin sacrificar una parte de nuestra libertad en favor del otro. Esta decisión debe ser recíproca, puesto que de no ser así no podrá existir una verdadera relación: querer hacer feliz a quien me ama contribuye a mi propia felicidad. Eso es amar: entregarse libre y mutuamente.
        Claro que no siempre es tan fácil. A todos nos afectan los cambios de humor, la monotonía de la vida cotidiana, los problemas y también nuestro egoísmo. El amor es frágil... ¿te querré todavía dentro de veinte años?, ¿aguantaré tus defectos?, ¿es posible el amor eterno?, ¿en la desgracia y en la enfermedad?
        En realidad, si nuestra relación es resultado de una decisión libre y recíproca, podrá afianzarse. El amor no se da y ahí se acaba todo. El "flechazo" no lo es todo, ya que, por muy intenso que sea, no es más que una fuerte emoción que no manifiesta forzosamente un amor profundo.
        Como toda relación personal, el amor se construye y profundiza con el tiempo a medida que la confianza en el otro va creciendo. El amor debe cuidarse y renovarse cada día con gestos y actitudes que demuestren al otro el lugar privilegiado que ocupa en nuestra vida. Los acontecimientos, las penas o las alegrías compartidas pueden contribuir a reforzar la relación, siempre que, más allá de las dificultades, contemos cada vez más el uno con el otro.
        El amor no es, pues, simple fusión de dos personas sino entrega mutua de dos seres libres con todo lo que son: cuerpo, corazón y alma, así como el bien precioso que es nuestra vida. La lógica del amor es aspirar a una entrega definitiva. Sólo una decisión recíproca y de por vida permite al ser humano alcanzar el amor absoluto y puede colmar nuestro corazón.
        Para el cristiano, la fuente y el modelo de todo amor es Dios. Él es el amor por encima de todo amor, feliz o desgraciado. Él nos ama antes de que amemos y nos ama aún cuando ya no somos amados. ¿No es éste el "bien supremo" que buscamos?
Testimonio

        Con doce años, mi adolescencia era como un terremoto. Sentía en mi interior tensiones muy fuertes y nuevas: deseo sexual, búsqueda de mi misma a través de la mirada de los demás, necesidad de parecer adulta, etc. Cuando fui de campamentos descubrí un concepto del amor (relaciones chicos - chicas, pornografía...) distinto del que había conocido en mi familia, muy reservada en estos asuntos. La mezcla me alteró completamente. Empecé a considerar BUENO lo que antes me parecía MALO. Esta inversión de valores me llevó a mantener experiencias sexuales de todo tipo, a dejar mis estudios, a traicionar la confianza de mis padres, a introducirme en el mundo de la droga y el alcohol, etc. Por aquel entonces mi vida se basaba en dos principios :
1) 1) cuantas más cosas pruebe, más interesante será mi vida.
2) Todo, y ahora.

        Mi vertiginosa carrera se vio interrumpida por una aventura que acabó mal. Un día salí de marcha y me encontré con a un grupo de tíos con pocas ganas de broma que querían enseñar lo que es bueno a una chiquilla inconsciente.
        Primera travesía por el desierto, ruptura, asco de mi misma y de los demás.
        La fase siguiente, a partir de los 16 años, se basó en una búsqueda cada vez más intensa aunque sesgada del amor. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguir amar y ser amada. Sin embargo, confundía los sentimientos fácilmente (amistad/atracción) y siempre lo quería "todo, y ahora" y "nada para mañana". El resultado fue desastroso: amistades rotas, grandes amores que acaban en agua de borrajas, hermosos principios sin pies ni cabeza...
        Segunda ruptura interior, segunda travesía por el desierto. Un desierto sin Dios, pues Dios, la espiritualidad o cualquier otra inquietud metafísica no me interesaban lo mínimo. Un expediente cerrado antes de haber sido abierto.
        Sin embargo, en el fondo de mi misma, siempre había sentido un gran deseo de amar y de vivir un gran amor, definitivo y radical. Pero, ¿cómo encontrarlo? y ¿qué haría si lo conseguía?

Cristina.


EL OBSERVADOR 245-6

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Medicina y moral
La fertilización in vitro y los bancos de esperma están moralmente prohibidos
Lo que cuenta es la dignidad de la persona humana, cuya defensa y promoción nos ha sido confiada por Dios.

La vida se inicia con la concepción. A partir de la concepción ya no hay dos células procreadoras sino una tercera y exclusiva que contiene la totalidad del patrimonio genético del nuevo ser; es así que el aborto y el infanticidio son crímenes abominables. El médico católico debe oponerse a cualquier práctica de contracepción, esterilización y aborto provocado. En este mismo sentido debe oponerse a la eutanasia, eugenesia y suicidio, que pretenden hacer del hombre el dueño de su vida.

El médico católico no debe aceptar la práctica de la «fertilización in vitro», que propicia también la transferencia de embriones, matriz subrogada, banco de esperma y/u óvulos, embriones crio-conservados, acciones todas que están en contra del Magisterio, ya que son rechazadas en numerosas encíclicas, particularmente en Evangelium vitae y en la Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El perfil ético del médico, de la enfermera y del personal técnico y administrativo debe estar conformado por una óptima competencia personal técnico-científica en el comportamiento y la colaboración. Su conciencia debe basarse en el respeto de la dignidad de la persona, cuidando los valores que se relacionan con la vida y la salud en una aceptación armónica. Es obvio que cuanto más rica sea la conciencia de los valores iluminados por la fe, mejor será la conciencia profesional.

EL OBSERVADOR 245-7

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El Papa, a Tierra Santa

El día de mañana comenzará la pregrinación que el Santo Padre hará a Tierra Santa y que se prolongará hasta el próximo domingo 26.
El primer día se dirigirá a Jordania, donde visitará el monte Nebo, desde el cual Moisés divisó la Tierra Prometida. Después de esto visitará al rey de aquel país, Abdalá II.
Sus principales actividades en los días siguientes serán: visita a Wadi-Al Kharrar, el lugar donde ocurrió el bautismo de Jesús; celebración de la Eucaristía frante a la basílica de la Natividad, en Belén; visita a Yasser Arafat, primer mandatario de Palestina; celebración de la santa Misa en el Cenáculo de los Apóstoles, en Jerusalén; visita a las autoridades civiles y religiosas de Israel; visita al monte de las Bienaventuranzas, y a la casa de san Pedro, en Cafarnaúm; visita a la basílica del Huerto de Getsemaní y oficiamiento de la Eucaristía en la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén; visita a Nazaret, con oficiamiento de la Misa en la basílica de la Anunciación, y, por la tarde del 26, regreso a Roma.

EL OBSERVADOR 245-8

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PERDER POR DEFAULT
Leyendas negras y de todos los colores
Diego García Bayardo

La historia de México que se enseña y aprende en las escuelas está constituida muchas veces por estereotipos. Aunque algunas instituciones educativas o algunos maestros puedan ir a contracorriente, en la mayoría de las escuelas y libros de texto la historia se enseña así:
* La época prehispánica fue una edad de oro en la que todo era maravilloso, ecológico, limpio y perfecto. Vivíamos muy felices (como si nosotros hubiéramos estado ahí) y todo era bueno, hasta lo malo. Incluso la costumbre de hacerle porquerías a la gente, como arrancarle viva la piel, quitarle el corazón, decapitarla o asaetearla, se toma con tanta benevolencia que hasta abundan los maestros que imaginan a los indios muriéndose de ganas de que les hicieran tales cosas. Como si no hubieran tenido instinto de conservación o mejores cosas que hacer.
* En 1521 los españoles nos conquistaron (otra vez viajamos por el tiempo) al lograr derrotar a Tenochtitlan, y como todos los indios son iguales, pues debemos creer que en ese año quedó conquistado todo lo que ahora es México. De la guerra chichimeca y de la secular resistencia indígena en el norte, ni hablar. Por supuesto, los tlaxcaltecas fueron unos asquerosos traidores (pero no preguntemos: ¿traidores a quién?), pues aunque aún no existía la República mexicana, los indios debían haberla imaginado y actuado en consecuencia.
* El virreinato fue una época de completa oscuridad en la que prácticamente todo fue malo y sólo algunos destellos culturales, como el auge del barroco o la aparición de Sor Juana Inés de la Cruz, rompen la monolítica barbarie, la sordidez total de esos trescientos años en los que nunca pasó nada importante. Además, en esa época llegó a México la Iglesia católica, que es la plaga más nociva de nuestra historia. Les quitó a los indios su linda religión para imponer otra en la que nadie creía, ni siquiera los frailes, porque el catolicismo sólo es una herramienta ideológica, inventada por los poderosos para someter al pueblo. No podemos ser tolerantes con esas imposturas, caramba. Por supuesto, la treintena de personas que ajustició la Inquisición en trescientos años constituye una barbaridad incalificable, mientras las 30,000 personas destazadas en sólo una semana de fiesta en el Templo Mayor de Tenochtitlan constituyen una chulada, una delicada manifestación de espiritualidad que no podemos criticar. No hay que ser intolerantes, caramba.
* Con la guerra de Independencia nos libramos de unos españoles con los que no tenemos absolutamente nada que ver (aunque llevamos su sangre en el cuerpo, hablamos español, tenemos una cultura básicamente europea y despreciamos a los indios y a los que se les parecen). Iturbide es persona non grata, aunque haya sido quien logró la independencia de México, por haber sido católico y monarquista. Claro, no debemos fijarnos en que prácticamente todo México era monarquista y que tal sistema político era el único conocido en estas tierras desde hacía miles de años.
* El resto del siglo XIX se llenó con la apocalíptica lucha entre los buenos-buenos (liberales) y los malos-malos (conservadores). Los primeros eran masones, lo que significa que eran cultos, progresisas, justos, magnánimos, patriotas, etc., y los segundos eran católicos, o sea, ignorantes, reaccionarios, malvados, egoístas, traidores, etc. Por lo que respecta a la invasión yanqui, se ha exagerado su importancia. ¡Si los americanos siempre han sido nuestros tiernos amigos y protectores!
* Luego tuvimos una dictadura porfiriana que a lo mejor no estuvo tan mal, una revolución en la que todos los caudillos eran muy justos y bondadosos y unos primeros regímenes presidenciales (los de gente como Obregón, Calles o Cárdenas) en los que los rasgos dictatoriales y tiránicos se disculpan con toda facilidad. ¿La Cristiada? ¿Qué es eso? Seguramente una rebelión de cuatro rancheros fanatizados y unos curas ambiciosos. Detallitos sin importancia.
Este discurso histórico idolatra cualquier rasgo cultural prehispánico, liberal o revolucionario, por mezquino que sea, y niega que el catolicismo, con su riqueza espiritual, intelectual, artística y práctica, sea un elemento propio y valioso de la mexicanidad. No importa que casi el 90% de los mexicanos sea católico, ni que desde hace casi 500 años el catolicismo sea la religión mayoritaria en el país. Todos deberíamos sentirnos neo-aztecas liberales. Cuando se trata de hacer ideología para permanecer en el poder, cinco siglos y la aplastante mayoría no cuentan para nada. Y ahí está la razón de que la historia oficial mexicana sea tan falaz y tendenciosa. Ya en otro Default había comentado que nuestros gobernantes siempre proceden del 10% no católico de la población y que no son del pueblo ni se identifican con el pueblo. Como consecuencia de su lucha por conservar el poder, la historia que nos imponen por medio de la SEP no es sino la «prueba» milenaria, incuestionable, escrita en piedra, de que no hay más verdad ni salvación que la que ellos nos traen. Dios nos libre.

EL OBSERVADOR 245-9

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¿Usted qué opina?
A unos meses de distancia
Genaro Alamilla Arteaga

        ... Y México estará viviendo trascendental jornada en la que se jugará su futuro, que podrá ser venturoso, igual o peor. Y es de esperar que sea democrática su preparación –la campaña electoral–, el desarrollo de los comicios y la aceptación del resultado final.
        Los ciudadanos estaremos cumpliendo con el noble deber cívico-político de ejercer con honestidad intelectual el derecho de elegir a nuestras autoridades.
        Bella jornada cívica que causará admiración, no sólo en el país sino también en el extranjero, por el papel sobresaliente de los ciudadanos si desaparece el número de los abstencionistas que tanto daño han causado al avance de la democracia en México dejando en manos deshonestas y mentes impreparadas la cosa pública. El desarrollo y resultado de los comicios no los conocemos, lo que sí conocemos y estamos conociendo es el proceso que llevan los candidatos en su campaña para presentar a los electores su programa de gobierno, sus principios democráticos y la solución a los múltiples problemas que agobian al país. Bueno, así debiera ser; pero el proceso que llevan las campañas es bastante lamentable porque en general los candidatos se empeñan en enumerar los problemas y las crisis que tenemos, pero no se ve claro cómo las resolverán en caso de llegar al poder; a las veces da la impresión de un concurso de discursos de poca calidad porque dicen más de lo mismo, no llevan mensaje alguno y no pocas veces se convierten en agarres de vecindad. No se ve altura ni solidez política y es que en algunos casos no hay cultura política verdadera. Por eso la voz ciudadana dice: «De los candidatos, ni a cuál irle» Se comprende, pero no se justifica que así sea, pues durante más de 70 años no ha podido haber un desarrollo político que creara una conciencia democrática bien formada para que los ciudadanos responsablemente cumplieran sus deberes cívico-políticos, y no fue así durante ese tiempo por lo que se propició el analfabetismo político que vivimos.
        Mas no está todo perdido: van surgiendo poco a poco grupos de ciudadanos más responsables, y ojalá se multipliquen para que las cosas cambien; y lo mínimo que hoy se les puede pedir es que su voto sea muy razonado para que no se propicie un continuismo –más de lo mismo–, lo que sería fatal; ni se olvide que «es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática...», como dice el artículo 40 de nuestra Constitución; pero también como dice el artículo tercero: «...considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo».
        
Por lo tanto –no por lo que digamos nosotros sino por postulado constitucional–, los ciudadanos no debemos andar coqueteando con izquierdas ni con derechas, ni poniendo camuflages a esas ideologías al decir centro izquierda o centro derecha, no. Nuestro voto siempre debe ser por la democracia y nada más por la democracia. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 245-10

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Opinión
Si temen a sus padres, no cuentan con ellos

Todos sabemos que la vida es difícil y queremos proteger a nuestros hijos en la medida de lo posible. Queremos ayudarles. ¿Pero cómo podríamos hacerlo si ellos no confían en nosotros? Es más, ¿cómo protegerlos si ellos consideran que sus propios padres son el peligro más grande, el más devastador, al que le tienen más miedo?
        Mientras leía una carta donde una chica habla del terror que le tiene a sus padres, mi hija, entusiasmada, hacía planes para quedarse con mi carro para ir a una cena con sus amigos. Me le quedé viendo y le pregunté: «¿Qué pasó con el 'mamá, me das permiso'?». Se rió y pidió el permiso. Me quedé pensando en lo terrible que sería para mí que mi hija me temiera, y en lo terrible que es cuando los hijos tienen miedo; en cómo algunos se someten y no defienden sus deseos y sus derechos; en cómo otros se escurren y mienten. Los padres, con la mejor intención, se quedan sin saber de las tormentas que hay en los corazones de sus hijos, sin tener ni idea de los verdaderos peligros que corren y que tienen que enfrentar solos porque no cuentan con sus padres.
        Porque así es, unos padres a quienes se les tiene miedo son unos padres con los que –para muchas situaciones– los hijos no cuentan.

EL OBSERVADOR 245-11

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ORIENTACION FAMILIAR
Si los demás te tienen miedo
Yusi Cervantes Leyzaola

        Recibí una carta que al final dice: «Por favor, no publique esto. Tengo miedo de que mis papás me reconozcan por lo que escribo. Les tengo pánico».
        El consejo sería: pese al miedo, habla con ellos. Tienen que saber lo que te pasa. Necesitas su ayuda. Confía en que te quieren, en que les importas. Tal vez sirva la ayuda de una tercera persona: un amigo de la familia, un tío, un sacerdote... Si puedes venir a Querétaro, llámame. Pero quienes más necesitan escuchar un consejo, quienes más urgidos están de cambiar son esos padres. Y tantos otros a quienes sus seres queridos -sus hijos, su esposa, su esposo, sus hermanos, sus padres, sus amigos- les tienen miedo.
        Si notas que alguien cercano a ti te tiene miedo, tómalo en serio. Fíjate bien. Tal vez no sea que es introvertido y reservado como creías, sino que frente a ti se paraliza. ¡Qué cosa tan terrible, que las personas que más amamos puedan temernos!
         ¿Cómo puedes notarlo? Pues tal vez porque, en un arranque de audacia, te lo dijo. O porque lo cuenta a otras personas y no a ti lo que sería natural que te contara. También se nota en ciertas mentiras, aparentemente sin sentido. O en que palidece y tiembla ante ti. Puede ser también que evada enfrentarte. O que disfrace su miedo con una aparente agresividad.
        Muchas personas a quienes los demás temen consideran que no hay razón para que esto ocurra. Se sienten comprensivos, sensatos... Y llegan a considerar que el problema está en la cobardía del otro.
        Fíjate bien. Si te temen no es sólo porque el otro sea cobarde -que sí, probablemente, por lo menos en lo que se refiere a la relación contigo, lo sea- sino también porque tú, de alguna manera, has dañado a esa persona. Puede ser que...
        - No escuchas verdaderamente. Estás atento a lo que dice el otro para buscar los argumentos que le hagan saber que está equivocado y que tú tienes la razón. La verdad del otro y su derecho a tener una opinión distinta para ti no cuentan.
        - Al decir que no escuchas al otro digo que no lo estás viendo, que no sabes quién es, qué siente, qué piensa. Importa más la imagen que tú tienes del otro que su yo verdadero. Como consecuencia, el otro no se siente comprendido.
         - Constantemente descalificas al otro: lo que piensa, lo que hace, lo que siente, lo que sabe y, sobre todo, lo que es... Lo devalúas. Tu intención es buena, seguramente. Quieres ayudarle, sacarlo de sus errores, mostrarle el camino, decirle cuál es la forma correcta de vivir... Pero no te das cuenta de que, al anularlo, dificultas su desarrollo humano.
        - Te enojas fácilmente, explotas, eres violento, eres hiriente. Tus seres queridos temen confiarte sus asuntos por temor a tu reacción. Tal vez tú digas que así eres, que deberían aceptarte así, pero eso es una trampa: eres así, pero puedes ser de otra manera. Puedes cambiar. O tal vez consideres que los demás deberían atenerse a las consecuencias de sus actos. Si rompieron las reglas -tus reglas- deben aceptar tu enojo. El problema es que una cosa es el enojo y otra la violencia, puedes reprender -a quien te corresponda- con firmeza, pero no tienes derecho a insultar, degradar o lastimar a los demás (esto, obviamente, incluye a tus hijos).
        - Te presentas como juez, decides qué está bien y qué está mal, como si fueras el poseedor de la verdad. Eso hace imposible un diálogo auténtico; no es posible la comunicación.
        - Te subes a un pedestal de virtud, bondad y sabiduría. Eres inalcanzable, casi sobrehumano.
        - Utilizas confidencias o intimidades del otro para recriminarlo. Tus seres queridos saben que cualquier cosa que digan puede ser usada en su contra.
        - Exiges demasiado. Le echas en cara al otro defectos que no puede cambiar o requieren de mucho tiempo y esfuerzo y de un proceso de crecimiento, de madurez, de desarrollo personal que nada tiene que ver con las críticas constantes.
        - Ves lo malo en todo. A todo le encuentras defecto. Ves peligros por todas partes. Te angustias. Los demás temen contarte sus cosas porque en un vaso de agua haces una tormenta. Y deciden que es mejor darte a ti el agua con gotero.
        - Eres tan frío o distante o tienes tan poco tiempo que tus seres queridos consideran que no te importan ni ellos ni sus problemas.
        Si tus seres queridos te tienen miedo, escucha lo que ese miedo tiene que decirte acerca de cómo te relacionas con ellos. No esperes a que superen el miedo: cambia tú lo que tengas que cambiar para construir un ambiente seguro donde la comunicación y la confianza sean posibles. No bastará con que digas: «No te preocupes, me di cuenta de mi error y ya puedes confiar en mí». No. Tendrás que demostrar ampliamente que tu cambio es auténtico y que tu amor es profundo e incondicional. ¿Qué necesitas para llegar a esto? Eso no lo sé. Eso depende de ti y de tu historia. Crecer no es fácil. Tal vez necesites ayuda.

EL OBSERVADOR 245-12

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PINCELADAS
El hombre light
Justo López Melús *

        El hombre light es el hombre descafeinado, sin sustancia, sin valores, sin convicciones, sin firmeza, sin brújula. Es el hombre superficial y frívolo, pragmatista, incapaz de mantener compromisos serios. Se alimenta de noticias, sigue la moda, vive la cultura «Kleenex»: usar y tirar. Tiene un gran vacío moral y no es feliz, aunque tenga materialmente todo. La famosa frase de san Agustín: «Señor, nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti», indica que no pueden satisfacer plenamente los bienes materiales.
        Vale aquí el lamento de Saint-Exupéry: «Estoy profundamente triste porque mi generación está vacía de ideales. El hombre se muere de sed. No hay más que un problema, uno solo en todo el mundo: dar de nuevo a los hombres un sentido espiritual, inquietudes espirituales. Hacer llover sobre ellos algo que se parezca al canto gregoriano». La expresión de Malraux: «El siglo XXI será religioso o no será», insiste en lo mismo: una sociedad de consumo a ultranza no basta para saciar las aspiraciones humanas.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 245-13

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