El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

23 de Abril de 2000 No. 250

SUMARIO

bullet La Pascua de Resurrección nos interpela hoy mismo en países del norte de Africa
bulletAL ALBA DEL MILENIO El cuarto rey mago
bulletCOLUMNA HUÉSPED Vuelta a lo básico
bulletEL RICÓN DEL PAPA La clave: globalización de la solidaridad
bulletMedios de desinformación religiosa
bulletDesde mañana, «Semana sin tele» a nivel mundial
bulletPERDER POR DEFAULT La anticoncepción como esclavitud
bulletUna adepta a la Cienciología toma conciencia
bulletPor las montañas
bulletUna adepta a la Cienciología toma conciencia
bulletPor las montañas
bulletINTIMIDADES-LOS JOVENES NOS CUENTAN- ¿Puedo dejar a mi madre?
bullet¿En verdad le interesan sus hijos?
bulletPINCELADAS Sentido común
bulletLa castidad, esa virtud tan cristiana


Ante la hambruna de 12 millones de personas
La Pascua de Resurrección nos interpela hoy mismo en países del norte de Africa

Ha comenzado una carrera contra reloj para llevar ayuda oportuna a millones de personas amenazadas por la hambruna en el noreste de Africa. Son entre 12 y 16 millones las personas sobre las que se cierne el fantasma del hambre y la inanición, luego de años de una aguda sequía que ha acabado con la producción agropecuaria en Etiopía, Eritrea, Kenya, Uganda, Sudán y Somalia. De estas naciones, que forman el llamado Cuerno de Africa, han salido ya al mundo las primeras imágenes de multitudes hambrientas y niños en lastimoso estado de desnutrición, y se ha lanzado a occidente un dramático llamado de socorro que apenas comienza a dar resultados.
En Etiopía se necesitan 250,000 toneladas de alimentos antes de dos o tres meses, más otras 800,000 toneladas el resto del año para asegurar la supervivencia de la población, pero esto es sólo una parte del problema: es preciso conseguir 2 millones de toneladas de víveres para alcanzar a auxiliar a todos los países que están sufriendo la hambruna.
La Unión Europea, Estados Unidos y Canadá han anunciado que reunirán 800,000 toneladas de ayudas, cantidad que permitiría resolver las necesidades más apremiantes, pero todavía tardarán algún tiempo en llegar los recursos a la gente que lo necesita. Faltan puertos, carreteras y transportes terrestres en los países de Africa nororiental, pero sobre todo, el problema logístico estriba en que la mayoría de las zonas de refugio están lejos de cualquier camino, incluso de terracería. Para paliar este problema, Francia ha anunciado que tenderá un puente aéreo hasta una de las zonas más afectadas, pero esto no es suficiente. La guerra que enfrenta desde hace años a Etiopía y Eritrea ha favorecido el aislamiento y los problemas de comunicación en ambos países, además de haber agravado las consecuencias de la falta de agua.
Las necesidades más apremiantes en la zona no son solamente alimentarias, pues urgen igualmente medicamentos y vacunas, así como cantidades masivas de agua potable. Este último problema se podría resolver a largo plazo con la excavación de nuevos pozos profundos, pero ahora es indispensable hacer llegar el agua a la gente por medio de camiones cisterna o embotellada. De igual manera, es preciso hacer llegar de inmediato a las zonas de refugio medicinas y vacunas, para evitar brotes epidémicos de sarampión y cólera.
Es muy similar la situación de Mozambique, país que, en contraste, fue azotado por graves inundaciones, pues ahí la crisis alimentaria y de sanidad es muy parecida a la de los países en sequía, y también en este caso la ayuda de los países europeos apenas ha empezado a llegar. Varios países ricos han anunciado la condonación de una parte de la deuda de Mozambique y de los países de Africa nororiental, pero esto no ayudará ahora para detener el desastre.
Aunque los problemas de distribución son grandes, hay esperanzas de frenar la catástrofe antes de que alcance toda su magnitud, por lo que el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, al hacer un llamado a las naciones desarrolladas para que ayuden a Africa Oriental, declaró que «vamos con un poco de retraso, pero no es demasiado tarde para salvar vidas».

EL OBSERVADOR 250-1

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AL ALBA DEL MILENIO
El cuarto rey mago

        «La fidelidad a su papel de pastor». Así titula una luminosa reflexión sobre «la fuerza de un Papa físicamente débil» el cronista vaticano Igor Man. La revista 30 Días lo publicó como editorial el primer número del año 2000. Man dice: «El Pontífice, que trata de dar un tono gozoso al Gran Jubileo, ha sentido perennemente el roce del ala de la muerte y ha sido flagelado constantemente por el dolor y la melancolía. Frente a un hombre tan problemático, impregnado de santidad, no tiene ningún sentido plantearse la pregunta de si aún es capaz de ser Papa».
        No tiene, en efecto, ningún sentido: el buen pastor se deja la vida por sus ovejas. No se plantea otra disyuntiva: o es la santidad o es el abismo y la nada. Al llegar a ese «umbral de la esperanza», ¿tiene interés saber si se puede subir una escalera o conducir un auto? Juan Pablo II es testimonio. Y en esta época –lo decía su antecesor Pablo VI– hacemos más caso al testimonio que a la palabra, al testigo que al maestro. Acto seguido –en el artículo de 30 Días– Igor Man escribe:
        «A mí, viejo cronista, el papa Juan Pablo II me hace pensar en el cuarto Rey Mago (lo digo con respeto y ternura). Mi madre, rusa ortodoxa, cuya fe cristiana estaba hecha de perplejidades pero no de desesperación (cfr. 2 Cor 4-6), me contaba la increíble historia del cuarto Rey Mago. Se llamaba Artabán y era persa, sacerdote de Zoroastro. Al aparecer el cometa, se puso en marcha para reunirse con los otros tres Reyes. Pero pocas horas antes de la cita (si no llegaba a tiempo los otros se irían), Artabán encuentra a un judío horriblemente malherido. Socorre al moribundo, que se salva, y le da las gracias revelándole que el Mesías nacerá en Belén. Al saltarse la cita con Melchor, Gaspar y Baltasar, el cuarto Rey vende una de las piedras preciosas que iba a ofrecer al Niño y organiza una nueva caravana. Llega a Belén durante la matanza de los inocentes. Con otra joya, un rubí, salva la vida a un niño, comprándolo a los soldados que iban a degollarlo. Los años pasan y el viejo Artabán se dedica a su prójimo. Conserva su último tesoro, una perla rara, mediante la cual espera salvar al Mesías de la crucifixión. Pero en el Gólgota un muchacho suplica que lo libere de la esclavitud, y el viejo Rey sabio sacrifica su último bien: la perla...
        «En ese momento, sin embargo, se da cuenta de que ha sido admitido, el primero, en la presencia del Rey tan esperado y buscado, el verdadero: Jesús. Conclusión: Artabán llega tarde a Belén, pero llega con anticipación a la Pascua de Resurrección. Aquella noche (la del 25 de diciembre de 1999), captando el breve, imperceptible retraso del Papa al abrir la Puerta Santa, me imaginé a Karol Wojtyla como el cuarto Rey Mago. Ha sacrificado a la predicación incesante del Evangelio su bien más precioso: la salud; pero ha fijado, con sus manos antes vigorosas y ahora frágiles, el tiempo de la Pascua de Resurrección». (J.S.C.)

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COLUMNA HUÉSPED
Vuelta a lo básico *
Paz Fernández Cueto

En plena época electoral, cuando lo que parece importante gira en torno a candidatos y partidos, promesas electorales y plataformas políticas, sorprende encontrarse con desplegados como el que publicó una RED de asociaciones para presentar una Declaración de Principios sobre la Familia. La sentí como un vaso de agua fresca cuando abrasa fuerte la sed. Hay épocas en que la realidad se percibe con dificultad, lo obvio se confunde y lo natural se desvanece por efectos de la contaminación de un sinfín de construcciones artificiales.
Basta con que cualquier lector eche un vistazo a la sociedad en que vive -agobiada por la delincuencia juvenil, la proliferación de niños de la calle, el maltrato y la violencia intrafamiliar, el aborto, el abandono del padre o de la madre, la explotación de niños y adolescentes, la condición infrahumana de las viviendas, el abandono de los ancianos-, para darse cuenta hasta qué punto extremo vivimos contrafamiliarmente, hasta qué punto la política de los gobiernos es pobre y en ocasiones contraria al interés familiar, y hasta qué punto no todos nos esforzamos en nuestras propias familias para que sean el hábitat natural donde cada irrepetible persona humana, como dice Pedro Juan Viladrich, «sea concebida, gestada, alumbrada, educada y acompañada en su crecer hasta la misma muerte, con el trato de solidaridad y amor que exige la dignidad de ser persona».
Los tiempos modernos, tan críticos respecto a la supervivencia y utilidad de la familia, tienen la gran ventaja de forzarnos a encontrar la diferencia entre lo accesorio y lo esencial, entre el conjunto de funciones, utilidades y servicios que en el fondo son accidentales, y el nervio esencial o permanente en donde se encuentra la insustituibilidad de la institución familiar.
Es cierto que la familia puede haber servido útilmente como unidad económica y, a veces, como unidad de producción; en ocasiones como unidad de consumo o como todas estas cosas al mismo tiempo. A través de la familia se transmitían profesiones, funcionando a modo de escuelas de artes y oficios. Los lazos familiares fueron en su momento soportes de alianzas políticas, económicas, sociales y culturales. Hubo un momento en que casi todos los servicios educativos, de salud, de seguridad social y prevención del futuro, así como los asistenciales que hoy asume el Estado con mayor o menor éxito, fueron cubiertos por la familia.
En este sentido, por poco que pensemos y sin miedo a creer que por ello reconocemos la próxima muerte de la familia, las actuales instituciones educativas, los centros de salud, las instituciones asistenciales, las compañías de seguros, los bancos y, en definitiva, el Estado, pueden suplir y de hecho están supliendo ya estos servicios históricos de la familia.
Sólo comprendiendo superficialmente su significado, se podría sacar la conclusión, después de las afirmaciones anteriores, de que «la familia está a punto de morir por haberse convertido en una estructura inútil», ya que todos los servicios mencionados no son esencialmente familiares, aunque hayan sido protagonizados por la familia desde tiempos inmemoriales.
Sin descubrir lo distinto, específico y propio de la estructura familiar, es difícil esperar la reconstrucción de las familias que lo son sólo en apariencia y advertir la función humanizadora que corresponde a la auténtica familia. «¿No será hora de preguntarse si esa herencia de la historia que llamamos familia será, en definitiva, el óptimo hábitat natural de la persona?», cuestiona el mencionado Viladrich.
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Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 250-3

Artículo resumido.

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EL RICÓN DEL PAPA
La clave: globalización de la solidaridad

Guerras, persecuciones, pobreza, desastres naturales y epidemias son problemas antiguos que deben ser afrontados con la nueva óptica, la de la cooperación. Así lo dijo Juan Pablo II a Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, quien visitó el Vaticano el día 7 de este mes, acompañado de otros funcionarios de la Organización.
El Santo Padre se refirió a algunos aspectos del reciente Millennium Report del secretario general y en particular a los retos con que se enfrenta un mundo caracterizado por la globalización de la economía, de la sociedad y de la cultura. «El aumento de la interdependencia en el mundo -puntualizó- ha dado a esos retos una dimensión global que requiere nuevas formas de pensamiento y nuevos tipos de cooperación internacional para hacerles frente de manera efectiva». E hizo hincapié en «la oportunidad única de las Naciones Unidas para contribuir a la globalización de la solidaridad», al ser un lugar de encuentro y un punto de convergencia.
Hay, agregó, un «proceso dinámico que tiende a la abolición de las distancias que separan a los pueblos y los continentes». Ahora bien, «las posibilidades para ejercer una influencia en este nuevo contexto no son las mismas para todas las naciones, sino que están más o menos ligadas a la capacidad económica y tecnológica de un país. La nueva situación es tal que, en algunos casos, decisiones con consecuencias mundiales son tomadas solamente por un pequeño y restringido grupo de naciones».
Más adelante abundó: «veo que algunos grupos tratan de imponer a la comunidad internacional puntos de vista o estilos de vida apoyados por pequeños y específicos segmentos de la sociedad. Esto es, quizá, más obvio en algunos campos como el de la defensa de la vida y de la tutela de la familia».

EL OBSERVADOR 250-4

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EN LA PRENSA LIBERTARIA Y LA PRENSA DE CORTE ILUSTRADO
Medios de desinformación religiosa
Juan Luis Lorda

Cuando la religión aparece en algunos medios de comunicación, se observa una tendencia persistente a presentarla de modo negativo. En un artículo publicado en Ecclesia (Madrid, 29 de enero de 2000), del que ACEPRENSA y EL OBSERVADOR ofrecen un extracto, el autor analiza la desinformación religiosa en la prensa española, encuadrándola en dos tipos de medios: la prensa de aire libertario y la de cuño ilustrado.

La prensa de aire libertario se caracteriza, sobre todo, por ser frívola. Carece de proyecto intelectual, fuera de una genérica opción por la libertad de costumbres. Cree estar en la cresta de la ola y, asumiendo una tradición surrealista bastante demodée, piensa que hacer cultura consiste en sorprender con alguna que otra «transgresión» (a estas alturas).
Se considera al margen de la cultura cristiana y procura marcar las distancias, cuando hay ocasión, con alguna salida de tono. Tiende a ridiculizar lo religioso, y se regocija cuando las circunstancias le ofrecen algún pequeño escándalo sexual o financiero. También rastrea todo lo escabroso que se puede recuperar de la historia. Pero lo hace con intención de llenar los dominicales y entretener al lector. No busca el lado más anticlerical, sino el más morboso.

Tratamiento errático

No tiene posicionamientos ideológicos claros, sino más bien vitales, y se le nota un aire posmoderno, de estar de vuelta. Por eso el tratamiento de lo religioso tiende a ser errático. No le importa recoger manifestaciones religiosas auténticas, siempre que sean curiosas y entretenidas. Y muestra un cierto escrúpulo de conciencia cuando trata, generalmente bien, las realizaciones sociales de la Iglesia. También suelen caerle simpáticos los personajes en distancia corta, en entrevistas, etc. En cambio, muestra recelos instintivos hacia la institución tomada en general (la Iglesia, la autoridad la curia romana, la conferencia episcopal, el Magisterio). Y tiene un tic agudo que la caracteriza, que es la hipersensibilidad hacia la moral sexual católica. Aquí sí que no deja pasar una y la respuesta suele ser airada.
El tema de la homosexualidad, en particular, es el callo que no se puede rozar. Y, a falta de otros, actúa como insignia del carácter libertario. Las cuestiones ecológicas o el reiterativo discurso en favor del relativismo total (ideológico, cultural, religioso, científico...) puede servir para ponerse algo de color en la camiseta, pero el tema sensible -a juzgar por las reacciones- es el otro. En círculos concéntricos, la hipersensibilidad se extiende hacia toda la doctrina de la Iglesia sobre la familia, la bioética y la paternidad o maternidad.
Le gusta coquetear con el mundo de la droga, siempre tratado con cariñosa indulgencia, aunque los datos clínicos obliguen en esto a un inevitable realismo y moderación. Lo libertario, como las borracheras, trae siempre a cuestas el problema de la resaca (la «cruda», en México). Como vivimos en un mundo real, los actos libres (la droga, el sexo, el desenfado, el escapismo y la vida misma) tienen efectos reales, muchas veces no deseados. Son las leyes de la realidad. Y a la Iglesia le toca el feo o hermoso papel -según se mire- de recordar las leyes que creemos reveladas por el Creador. Y molesta. Por muy suave que se quiera decir, la Palabra de Dios se recibe en este contexto como una bofetada moral.

La prensa de corte ilustrado

La otra prensa -de corte ilustrado- presenta una fisonomía muy distinta. En primer lugar, se considera seria, y tiene una alta opinión de sí misma y de su papel en la sociedad moderna. Arroja sobre sus hombros la tarea de ser faro y guía intelectual del progreso. Se considera la conciencia laica del país y, desde que la izquierda se decolora (perdiendo el rojo), sostiene los ideales de la Ilustración francesa. Celebra con religiosa unción las efemérides ilustradas y mantiene el culto sagrado de lo público.
Mientras en la prensa libertaria podría hablarse de una desinformación errática, aquí se trata de una desinformación sistemática. Para esta prensa la cuestión religiosa no es una más, sino que es un punto sensible de su proyecto cultural, y casi el único que le queda claro después de diez años de derivas, distanciamientos y decoloraciones apresuradas. Remontándose a los puntos de partida de su tradición ideológica, asume que el mayor mal de la historia ha sido el oscurantismo religioso. En consecuencia, considera un deber y un alto honor combatirlo. Es una cruzada en toda regla, basada en una creencia: lo religioso y, sobre todo, lo católico es, por su propia naturaleza, contrario al progreso de la humanidad. Es un principio que los datos reales, quiéranlo o no, tienen siempre que confirmar. Y se trabajará para que así sea.
El repertorio de siempre
Por eso saca constantemente del baúl de los recuerdos los argumentos, ya apolillados, que seleccionó la tradición laicista y anticlerical francesa. Y, con ocasión o sin ella, te recuerda las antiguas cruzadas, las guerras de religión, el juicio de Galileo o la actuación represiva de la Inquisición, como si acabaran de suceder y no se hubiera hecho otra cosa en la historia. Que san Juan de la Cruz haya podido convivir con la Inquisición y que sea un testimonio cristiano mucho más auténtico, da lo mismo; puestos a mentar, lo que se mentará hasta el agotamiento será la Inquisición, sin ninguna preocupación por los matices históricos.
No dejarán de reseñar en lugar destacado todo lo que resulte grotesco, lo que huela a superstición, lo que parezca anacrónico en las manifestaciones religiosas. Personajes estrafalarios, fiestas recónditas, prácticas ancestrales que han fosilizado en alguna esquina: todas y todas encontrarán sitio preferente y merecerán titulares. Además de destacar los escándalos financieros y sexuales de eclesiásticos, también encontrarán lugar todos los opositores, los tránsfugas y los problemáticos. Y toda persona a quien la autoridad eclesiástica recrimine algo, se convertirá, por eso mismo, en un héroe; y tendrá espacio a su disposición mientras se anime a discrepar y ser suficientemente ácido.
Considera de mal gusto dar relevancia a ningún intelectual cristiano del pasado o del presente: lo cristiano tiene que ser contrario a la ciencia y el saber, de manera que no puede existir ni pensamiento cristiano ni pensadores cristianos. Así que se ignora completamente el pensamiento o al pensador o, si se lo menciona, se omite decir que es cristiano.
Desde el ángulo más desfavorable
Y cuando no queda otro remedio que dar la noticia, cuando lo religioso mismo es noticia, se buscará el ángulo que menos le favorezca. Primero se reduce el mensaje al mínimo. Después se piensa el modo de mentar los móviles torcidos (el poder y el dinero) y de recordar el pasado descalificador (la Inquisición). Se da voz a los que piensan lo contrario. Se recogen todos los detalles peregrinos, absurdos o antipáticos. Y se escogen las fotos más grotescas. Si se toma uno la molestia de recorrer cómo ha tratado esta prensa los viajes del Papa, comprobará que, con la excepción de Cuba -donde no supo situarse- y con una insoportable monotonía, el procedimiento ha sido siempre el mismo: acusaciones de protagonismo y de gastos excesivos; recuerdo sesgado de las circunstancias históricas más dolorosas; amplia atención a voces descontentas; recopilación de detalles chuscos, y selección de fotos peregrinas. Todo, menos dejar sitio al mensaje y a la intención religiosa.
Un mensaje que excede a sus portadores
No se trata de plantear una batalla entre los buenos y los malos. Porque tal distinción es imposible hasta el final de los tiempos, y la hará, como quiera, nuestro Señor Jesucristo. Mientras, en lo que nos toca ver y podemos juzgar, ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Los cristianos tenemos que vivir en la incómoda situación de ser portadores de un mensaje maravilloso que nos excede. Es lógico que los que no son o no quieren ser cristianos perciban el efecto grotesco. Es la base inevitable de la mofa anticlerical.

EL OBSERVADOR 250-5

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Desde mañana, «Semana sin tele» a nivel mundial

La «Semana sin tele» se celebrará en todo el mundo del 24 al 30 del presente mes de abril. Se trata de una idea surgida en EU en 1995 y que pronto se ha extendido por todo el planeta. Espérase que, para esta ocasión, se adhieran a la iniciativa 18 millones de personas en 30 países del mundo. La agencia informativa ZENIT, para comprender mejor los motivos y objetivos de esta campaña, entrevistó a Enrique Soros, de Argentina, promotor de la campaña en el mundo de habla española.
-¿Cómo surgió la «Semana sin tele»? ¿Cuál es el objetivo de la campaña?
- Henry Labalme, un muchacho estadounidense de Connecticut, quedó asombrado al descubrir cuántas horas de televisión ven los niños y las familias al día, y especialmente las consecuencias que esto trae. Comenzó a estudiar estadísticas que comparaban el comportamiento y la relación con el mundo de niños y adolescentes que veían mucha televisión, con otros que pasaban pocas horas o ninguna ante el televisor. Los niños que miraban mucha televisión tenían, como promedio, más falta de concentración y creatividad, más problemas de relación familiar y con amistades, menor sensibilidad ante la violencia, la muerte y las necesidades de terceros, menor fantasía creativa e interés por jugar con amigos... Esto le motivó a fundar la «Red de los Televisores Apagados» e inventar la primera «Semana sin tele» en 1995. El objetivo de la misma es que los niños y los adultos se liberen de la dependencia de ver muchas horas de televisión al día, descubrir las cosas positivas y divertidas que se pueden hacer con tanto tiempo libre que queda a disposición. La idea central es «vivir la vida».
-Qué impacto tiene la campaña en todo el mundo?
-La campaña estuvo pensada para Estados Unidos y tuvo un éxito jamás esperado. Pero en 1998 «TV La Familia» la llevó a Argentina, y ya en 1999 se produjo una explosión en todo Latinoamérica, España, Europa y países de otros continentes. Más de 18 millones de personas han participado ya en la campaña.
-Pero, ¿es mala la televisión?
- Bajo ningún punto de vista es mala. Al contrario: es muy buena. Los efectos de ver televisión pueden ser malos cuando: a) el televidente depende del aparato, y no puede servirse de él cuando libremente lo desea; esto es, cuando pone en marcha el televisor por acto reflejo, y no tiene libertad de apagarlo; b) cuando los contenidos de la televisión no son buenos para niños, o incluso adultos.- La «Semana sin tele» se centra exclusivamente en el primer punto.
-¿Qué aconsejaría a los padres de familia, que no saben cómo despegar a los hijos del televisor?
-Les diría que lean las «Trece ideas Geniales de la Red de Televisores Apagados» para liberarse de la tele: 1. Lleva el televisor a un lugar menos importante de la casa. Esto ayuda a que la decisión de prenderlo sea más libre.- 2. Esconde el control remoto.- 3. Nunca permitas que haya un televisor en la habitación de tu hijo. Esto distanciaría al niño de la vida de familia y del contacto con los demás y no le dejaría dormir bien. Además, no podrías controlar la programación no apta para menores. Si tu hijo tuviera un televisor en su cuarto, retíralo y compénsale con algo que le guste, pero que le haga bien.- 4. No enciendas el televisor durante las comidas. Es un tiempo excelente para el diálogo.- 5. Pon claros límites al tiempo para ver la televisión. Por ejemplo, media hora o una hora al día. Expresa las normas en forma positiva. No digas: «no puedes poner la tele», sino «puedes tanto por día», o «mejor hagamos tal cosa...».- 6. Evita utilizar la tele como niñera. Que los niños participen en las tareas de la casa. Que lo sientan como un juego útil. Dales la oportunidad de sentir que te ayudan.- 7. Fija ciertos días de la semana como días sin tele y haz noches de concursos.- 8. No utilices la televisión como instrumento de premio o castigo. Esto aumentaría aún más su poder.- 9. Escucha tu música favorita o la radio en lugar de utilizar la tele como sonido de fondo.- 10. Cancela tu canal de cable. Utiliza el ahorro para comprar juegos o libros.- 11. No te asustes si tu hijo protesta: «estoy aburrido». El aburrimiento despierta la creatividad.- 12. No permitas que la TV desplace lo importante: el diálogo, la creatividad, la lectura y la diversión.- 13. Considera la posibilidad de mirar mucha menos tele. Cuando te liberes no vas a poder creer cuánto tiempo has perdido de creatividad, diversión y afectos. Pero el salto ya no tendrá retorno. Ahora manejarás tú al botón. Y a tu tiempo.

EL OBSERVADOR 250-6

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PERDER POR DEFAULT
La anticoncepción como esclavitud
Tercera de tres partes
Diego García Bayardo

Para los ricos del mundo, que no desean compartir o distribuir la riqueza, el problema más importante es el de cómo asegurarse que el índice de natalidad sea realmente abatido y que los matrimonios mexicanos dejen de tener hijos, quiéranlo o no. Hay que considerar entonces que para evitar el embarazo existen dos tipos de métodos: los naturales, que respetan al cuerpo humano y su fisiología, y los artificiales, que implican siempre la introducción de sustancias o cuerpos extraños en el organismo. Los primeros son muy efectivos, pero la pareja puede dejar de utilizarlos cuando lo desee, haciendo uso de su libertad y su apertura a la vida. Incluso pueden servir para ayudar a lograr el embarazo. Los segundos, en cambio, son fáciles de imponer a la gente por medio de una propaganda obsesiva o la coacción; funcionan o se aplican de una manera más mecánica y muchas veces tienen efectos permanentes o semipermanentes. Estos últimos son entonces los que realmente le interesa al gobierno imponer al pueblo, y su carácter no siempre voluntario es el preferido por las fuerzas internacionales anti-vida. ¿Pero cómo asegurarse de que lo jóvenes y los matrimonios mexicanos acepten esterilizarse, abortar o usar el preservativo o la píldora, en lugar de optar por los métodos naturales de control de la natalidad? Con mentiras. Los métodos naturales de control natal son tratados en los libros escolares de una forma tendenciosa que falsea por completo sus características, a fin de que la gente crea que no sirven para nada, que son peligrosos e inefectivos, y así opte mejor por los métodos artificiales. Todos esos libros presentan tablas comparativas de medios de control natal y en ellas ponen cifras bajísimas de efectividad a los métodos naturales, a pesar de que numerosos estudios independientes han demostrado que pueden tener una efectividad superior al 90%; además, tratan de presentarlos como si fueran incómodos, impredecibles y difíciles de aplicar. En contraste, los métodos artificiales son sobrevalorados, presentados como sencillos y cómodos (aunque no lo sean, provoquen efectos secundarios nocivos o impliquen dolorosas intervenciones quirúrgicas para su aplicación) y aparecen con porcentajes de efectividad exageradamente altos, a pesar de que otras tantas investigaciones independientes han demostrado la facilidad con que fallan.
Queda preguntarse por qué el gobierno insiste en imponer la anticoncepción artificial, si sabe que el catolicismo las rechaza y que católico es el 90% de la población nacional. Ciertamente el gobierno podría aprovechar o reforzar las ideas católicas sobre control natal y fomentar la difusión de los métodos Billings u Ogino, con la seguridad de que encontrarían aceptación por parte de la población, pero no se trata de eso. El imperialismo demográfico quiere disminuir la población de México a fuerzas y pronto, porque las ventajas económicas no son para los mexicanos, sino para EU y Europa, y entonces no puede darse el lujo de dejar que la gente decida libremente sobre su paternidad; no puede dejarlos seguir creyendo que la vida es sagrada, ni permitirles mantener abierta la posibilidad de tener hijos en cualquier momento. Para que triunfe este imperialismo, es necesario que sea por imposición y por métodos artificiales, o sea, por los que no son completamente libres ni voluntarios. Por eso las instituciones de salud ofrecen con insistencia todos los métodos artificiales de control natal, porque la libertad en su uso es más limitada y mucho más fácilmente manipulable, mercadeable, y porque además cuestan dinero. Esto es una esclavitud.
La industria del aborto y de la anticoncepción es enormemente lucrativa, pues sus «servicios» y parafernalia cuestan caro y dejan millones de dólares de ganancias anuales. No es casual que las organizaciones internacionales que luchan por difundir el aborto y el antinatalismo en el mundo son precisamente las propietarias, más o menos abiertamente, de las clínicas e industrias que ofrecen estos horrores. Es tal la avidez económica que está detrás del antinatalismo que, aunque parezca una contradicción, los mecenas del aborto y la píldora están en desacuerdo con la castidad y con que se dé a los jóvenes información completa y objetiva sobre su sexualidad. Estos dos factores ayudarían mucho a disminuir los embarazos entre adolescentes, pero si hay castidad se acaban los abortos o el uso de los preservativos y entonces el mercado de la muerte se viene abajo. Por ello, la esclavitud que nos imponen desde el norte tiene un doble mensaje letal: «No tengan hijos y además paguen por no tenerlos. La gente no nos gusta y el control natal gratuito no nos conviene».

EL OBSERVADOR 250-7

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Una adepta a la Cienciología toma conciencia
Trágico: haber llenado con nada la vida

Como es bien sabido, Ronald Hubbard fundó el grupo de la Cienciología, que en algunos países del mundo disfruta del reconocimiento como nueva religión y goza de la exención de impuestos. Con el mismo colaboran personajes como el actor John Travolta. Una italiana que sólo se hace llamar Francesca relata la aventura que corrió durante diez años en esa secta:
«Conocí la Cienciología en los años ochenta en Milán. Tenía 30 años y estaba separada y con un hijo. Trabajaba pero estaba insatisfecha e inquieta. Aparte del matrimonio, mi vida me parecía un fracaso. Un día me encontré entre las manos una hoja publicitaria que invitaba a 'conocerse a sí mismo'. Fui a hacer un test con 200 preguntas. Al final, me dijeron que era inestable e infeliz porque no podía expresar todo mi potencial.
«Tras veinte lecciones sobre 'anatomía de la mente humana', se me acercaron personas que me contaron cómo la Cienciología había cambiado sus vidas, mejorándolas, y me invitaron a tomar otros cursos. Aprendí que era un 'tethan', un ser actuante y consciente, pero a causa de mis 'aberraciones' (es decir, los traumas de mi vida) estaba atrapada en un cuerpo y había perdido conciencia. Mi existencia estaba constituida por una cadena interminable de vidas precedentes, en las que había seguido perdiendo conciencia. Ahora, sin embargo, gracias a la Cienciología, podía salir de esta espiral para alcanzar la libertad total. Esta perspectiva de libertad, de dominio sobre la realidad, me fascinó. Además, practicar la Cienciología no era abrazar ciegamente una creencia sino seguir un método científico probado por muchos con éxito. Esto de no ser una fe sino una ciencia me daba seguridad».
A Francesca le dijeron que la superación le vendría a través de una serie de grados en el puente o camino hacia la felicidad. Cada grado es un nuevo curso y mayores cuotas que hay que pagar a la organización.
Después de algunos meses, Francesca decidió que aquello era lo más importante de su vida. Abandonó el trabajo y confió su hijo a una pariente. Entró en la organización de la Cienciología, donde la hicieron trabajar 12 ó 15 horas al día por muy poco dinero. Tal cosa no la preocupó porque tenía el dinero que antes le habían dado como liquidación de su anterior relación laboral. Además, pensaba: «dentro de poco seré tan capaz y libre que podré hacer lo que quiera». No contaba que, por mucho que se avance hacia niveles «superiores», el puente no acaba nunca y parece como si uno estuviera siempre en el punto de partida .
Cuando buscaba el nivel OT3, llamado el «muro de fuego», Francesca empezó a tener perturbaciones mentales: sentido de asfixia, pánico, incapacidad de mantener el control de la conciencia. Iguales perturbaciones han tenido otros que buscaban el OT3.
«Tras cinco años, el dinero de la liquidación se había acabado y yo no podía hacerme cargo de mi hijo. Decidí salir, pero no fue fácil. Me hicieron acusaciones de todo tipo, intentos de hacerme confesar cosas que no había hecho, la amenaza (para mí gravísima) de no poder practicar nunca más la Cienciología por toda la eternidad (por tanto me negaban la vida eterna), Me dijeron, incluso, que todo lo que dije en las sesiones de auditing (una especie de confesión ante un rudimentario detector de mentiras llamado 'E-meter') sería publicado. Mientras tanto, me llamaban por teléfono muy amables diciéndome que yo era tan estupenda que justamente ahora no podía abandonar. Me fui durante algún tiempo a un lugar escondido porque me sentía acosada».
Es muy elocuente la conclusión de Francesca: «Se entra en la Cienciología para autorrealizarse y uno se convierte en completamente dependiente de esta 'ciencia'. Para entrar en la organización avanzada yo había firmado un contrato de dos mil millones de años: estaba completamente fuera de la realidad. La noche en que cumplí 40 años me di cuenta de la nada con que había llenado mi vida. ¿Y mi hijo, y mi trabajo? Con terror mezclado con alegría comprendí que tenía que comenzar todo desde el principio».

EL OBSERVADOR 250-8

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Por las montañas
Juan Pedro Oriol, L.C.

        Eran 400. La mayoría, jóvenes. Estaban cantando. Larry entró en la iglesia y comenzó a disparar. Mató a nueve, tres de ellos menores de edad. Y se suicidó dejando un grito patético en el aire: «¡Todo lo que creen ustedes es una porquería!».
        Ayer recibo un correo electrónico: «Juan Pedro, ¿por qué no escribes sobre la fe? Dinos algo, pero que no sea rollo. ¿Viste lo que gritó el tipo de la masacre del miércoles en Texas?».
        Pienso en las familias de los jóvenes asesinados. También en Larry Ashbrook, el asesino. ¿Por qué lo haría? ¿Por qué su último grito fue contra la fe? ¿Para cuántos hoy la fe no sirve para nada, como una porquería?
        La fe sólo vale la pena cuando se encarna, cuando nos lanza a la aventura de la vida, cuando nos empuja a trascender. Cuando la fe nos ayuda a vivir en plenitud no sólo no es algo inservible sino que es el mayor tesoro que se puede encontrar.
        La fe puede mover montañas. Pero la fe no es tanto para mover montañas sino para mover muestras vidas a través de las montañas.
        El pasado 16 de julio Walo López Garza, de 17 años, pasaba unos días de vacaciones en Suiza. Estaba esquiando en el puerto de Zermatt. Después de bajar varias veces la misma ruta, un grupo decidió cruzar un cordón que prohibía el paso a otra pista. Walo iba primero, muy adelante de los demás. De repente empezó a resbalar y se fue hacia el precipicio.
        Jorge, el hermano mayor de Walo, y los demás amigos no lo vieron y siguieron esquiando. Pasados unos minutos comenzaron a preocuparse porque Walo no aparecía, y avisaron al equipo de rescate. Instantes después quedaron sin respiración cuando vieron a Walo colgado en lo alto de un precipicio, suspendido en el vacío a unos 70 metros de altura y aferrado con sus manos a dos rocas.
        Comenzaron a gritarle que aguantara, que ya venía el helicóptero. Lo más terrible es que no podían hacer nada. Pero Walo no aguantó más y se soltó. Oyeron el grito: «¡Ya no puedoooo!». Y vieron cómo el cuerpo de Walo se despeñaba y comenzaba a golpearse contra las rocas como si fuera un muñeco. Jorge bajó la mirada. Todos guardaron silencio. Walo había muerto.
        Minutos después llegó el helicóptero. Los rescatistas fueron a recoger el cuerpo de Walo. Tomaron altura y el asombro se apoderó de ellos cuando vieron a Walo apoyado con un pie en una roca y colgado de una mano, a punto de seguir cayendo al vacío.
        Se acercó el helicóptero. Las manos del rescatista y de Walo lograron unirse. Sin fuerzas y al borde del desmayo, antes de caer tendido en la camilla, Walo dijo: «Dios existe». El socorrista contestó: «Sí, ya sé». El helicóptero se alejó a toda prisa. Avisaron a Jorge y a los demás que Walo aún estaba vivo. Desconsolados y abatidos, no lo quisieron creer; pero dos horas después, ya en el hospital, un doctor les confirmaba la noticia.
        Les permitieron pasar a ver a Walo. La emoción era indescriptible. Y él les contó lo que acababa de vivir: «Estuve más de media hora aguantando para no caer y rezando y pidiendo a Dios que me salvara. No pude aguantar más y me solté. Al caer casi no sentí mi cuerpo, y por mi mente pasaron los rostros de todas las personas que quiero. Caí en el único hueco del precipicio donde podía detenerme. Con una sola mano me empujé para subir, pero ya no tenía fuerzas y fue como si alguien me empujara».
        Walo ya ha regresado a Monterrey. Muchos no creen lo que cuenta. Él responde: «Ésta es mi historia. El que la quiera creer, que la crea. Y el que no, pues ni modo. Yo siento el compromiso con Dios de contarla».
        Un alpinista tuvo una experiencia parecida a la de Walo. Mientras escalaba hacia la cima de una montaña resbaló y se desplomó por los aires hasta que sintió un tirón que casi lo parte en dos. Era la soga de seguridad que lo amarraba por la cintura. Suspendido al vaivén de la gravedad comenzó a gritar: «¡Ayúdame, Dios mío!». En su interior resonó un eco: «¿Qué quieres, hijo mío?». Imploró: «¡Sálvame, Señor!». Y volvió a escuchar el eco que le decía: «Entonces, corta la cuerda que te sostiene». El hombre no aceptó la propuesta de Dios y se aferró más a la cuerda. Tener fe es también creer cuando Dios nos pide lo que no entendemos del todo. El equipo de rescate contó que encontraron a un alpinista muerto por congelación. Estaba colgado de la cuerda de seguridad, a tan sólo dos metros del suelo...
        La fe es para mover nuestras vidas a través de las montañas. En tierra firme y en el vacío. En la calma y en el peligro. Con cuerda de seguridad y sin ella. La fe de Walo. La que no conoció Larry. La fe que no nos resuelve los problemas y situaciones pero nos da la fuerza para poder resolverlo todo.

EL OBSERVADOR 250-9

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INTIMIDADES-LOS JOVENES NOS CUENTAN-
¿Puedo dejar a mi madre?
Yusi Cervantes Leyzaola

Durante toda su vida de casada mi madre permitió abusos, insultos, golpes e irresponsabilidades de mi padre. Ahora que es viuda permite lo mismo -menos los golpes- de parte de mis hermanos. Hay que agregar: les da dinero. El ambiente en la casa va desde tenso hasta violento, nunca de paz, armonía o cariño. Creo que por eso mis hermanas se casaron tan chicas. Yo estoy siempre nerviosa o deprimida y eso me está afectando físicamente; estoy enferma. El doctor dice, como si se pudiera, que necesito relajarme. Gracias a mi trabajo obtuve un crédito y estoy pagando una casita, muy pequeña, pero mía. ¿Está bien si me voy a vivir sola? ¿Puedo abandonar a mi madre a su suerte? Ella, por supuesto, no dejaría a sus hijos, adultos todos, pero bastante inútiles.

Tienes la obligación de amar, honrar y respetar a tu madre, pero no la de destruir tu vida por sumarte a sus conductas autodestructivas.
Me imagino que mil veces has hablado con tu madre, que incluso ella ha estado de acuerdo contigo, pero no sabe, es incapaz de salir de sus problemas.
Pero tú no puedes cambiarla. Sólo ella podría hacerlo. Ella es la responsable de tomar conciencia, de buscar ayuda, de defender su dignidad... Y tú tienes la obligación de vivir tu vida, de asumir tus responsabilidades, de buscar tu desarrollo y tu felicidad.
Tienes derecho a vivir sola. Esto no significa desentenderte de tu madre. Puedes visitarla, apoyarla, ayudarla en todo cuanto puedas... pero protegiendo tu propia integridad. Creo que tener esa casa es una oportunidad de cambiar tu vida, de cuidarte a ti misma, con la tranquilidad que te dará la distancia. Y el hecho de que te vayas puede ser una importante sacudida para tu mamá... ¿quién sabe? Pero aún si no te fueras, necesitas desde ya cuidar de ti misma y no seguir permitiendo que el caos familiar te afecte de esa manera.
No es fácil tampoco vivir sola. Debes tener mucho cuidado, ser responsable, darle mucha importancia a la seguridad, cuidar tu fama, cuidar tu ánimo... Piénsalo bien, valora las cosas y toma tu decisión de una manera sensata.
No lo comentas, pero seguramente una vida así te ha provocado muchas heridas. Necesitas sanar también tu espíritu, tu mente y tu corazón. No basta con irte de tu casa: hace falta que te encuentres a ti misma, que descubras el sentido de tu vida y que seas capaz de amar. En resumen, está bien si decides vivir sola, pero lo hagas o no, hace falta que te comprometas a cuidar de ti, a amarte a ti misma y a amar verdaderamente a los demás, que es diferente a permitirles que te hagan daño.

EL OBSERVADOR 250-10

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¿En verdad le interesan sus hijos?

¿Realmente los padres de hoy se interesan por sus hijos?
Los niños de los países occidentales, nuestros hijos, niños «sin problemas», de «familias normales», sufren con frecuencia descuidos, abandonos, una cierta medida de desinterés de parte de sus padres. Los intereses de padres e hijos son distintos, y con frecuencia, los intereses de los hijos son hechos a un lado porque pesan más los de los padres.
No vamos a hablar de padres que deciden mudarse de ciudad a causa de su trabajo y minimizan las dificultades de los hijos por el cambio de domicilio, de escuela, de amigos... O padres que se divorcian y están tan enfrascados en sus propios conflictos que poco se enteran del sufrimiento de sus hijos. No, aquí estamos hablando de desintereses más cotidianos:
-Niños que pasan más tiempo viendo la tv que conviviendo con sus padres.
-Niños que se quedan solos en sus casas mientras los padres trabajan.
-Padres que no vigilan de cerca el desarrollo de sus hijos, desde las tareas escolares hasta las inquietudes más profundas a cada edad.
-Familias que no pueden salir de paseo o tener otras actividades de esparcimiento porque el papá tiene que ver el futbol o su deporte favorito todos los domingos en la televisión.
-Hogares donde importa más tener la casa limpia o la comida bien preparada que el bienestar de los hijos.
-Padres demasiado ocupados, que tienen mucho trabajo y otros asuntos, siempre con la excusa de «no tengo tiempo».
-Padres que siempre están enfermos o cansados: «No molesten a mamá; le duele la cabeza», «No hagan ruido; papá duerme su siesta»...
-Padres que no asisten a los eventos y juntas escolares.
Según un estudio de Vance Packard, el 43% de las parejas estadounidenses considera que sus hijos no deben ser un obstáculo para su calidad de vida personal y hacen una especie de trato negativo: pocos esfuerzos para los adultos, pocos apremios para los niños que, por ejemplo, sufren menos presión para tener éxito en la escuela. ¿Quiénes son los amigos de los hijos? ¡Quién sabe! Los padres no tienen tiempo para, por ejemplo, darse la oportunidad de conocer a los padres de esos niños.
De un extremo donde se exageró el sacrificio y la abnegación, estamos pasando a otro de despreocupación, donde «tengo que ver por mí mismo y los niños deben adaptarse». Muchos padres dan demasiado peso al logro de tener niños independientes, autónomos, que no den problemas, que se ocupen de sí mismos: unos adultos en miniatura. Y luego, muchos padres, para compensar la falta de atención e interés, llenan a los niños de objetos, de juguetes, de regalos, les dan dinero, les permiten horas frente a la televisión, el internet o los videojuegos y otorgan cada permiso de salir que les solicitan los chicos.
¿Se interesa realmente por sus hijos? Es una pregunta que vale la pena que nos hagamos. No se trata de no ver nuestros programas favoritos ni de renunciar a la siesta. No se trata de cancelar nuestros intereses y nuestro desarrollo personal, sino de dar siempre, en todo momento, su lugar a cada cosa. Vivir con armonía, equilibrar los diferentes aspectos de la vida con claridad en las prioridades. Prioridades donde, evidentemente, el amor a nuestros hijos es fundamental.

EL OBSERVADOR 250-11

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PINCELADAS
Sentido común
Justo López Melús *

        Recomendaron una vez a santa Teresa que aceptara a una postulante muy rezadora. La Santa preguntó: «¿Pero tiene sentido común? Porque Dios le dará devoción, y nosotras le enseñaremos a ser piadosa. Pero si no tiene sentido común no hay nada que hacer». Y a unas novicias que por rezar desatendían sus obligaciones, les dijo: «Aquí no necesitamos más santas, que ya hay bastantes. Lo que ahora necesitamos son brazos robustos para fregar el suelo».
        Una religiosa muy adusta dijo una vez: «Mejor estaríamos rezando que contando tonterías». La Santa le replicó: «Pues, hermana, váyase a rezar mientras yo y mis hijas nos recreamos en el Señor». Otra vez, como una priora prohibiese contar chistes para evitar el amor propio, santa Teresa le dijo: «¡Dios mío, a dónde hemos llegado! No nos basta ser tontos por naturaleza, que aspiramos a ser bobos por gracia». Y añadía: «Un santo triste es un triste santo».

EL OBSERVADOR 250-12

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La castidad, esa virtud tan cristiana
Javier Algara Cossío
Otra vez saltó al escenario nacional el asunto de la educación sexual. No en forma directa. El cardenal Norberto Rivera se dirigía a una asamblea de jóvenes y los exhortó a no dejarse llevar de los criterios que los quieren convencer de que hacer lo que se le venga a uno en gana, sexualmente hablando, es símbolo de verdadera libertad; a reconocer que el amor conyugal y la familia son tan importantes que merecen que los jóvenes se abstengan de experimentar sexualmente hasta el matrimonio. Esta enseñanza del Arzobispo Primado, lógicamente, contrasta con lo que algunos quisieran que fuera la tónica básica de la educación sexual mexicana: «Experimenta todo lo que quieras mientras te puedas proteger de embarazos e infecciones». Extrañamente, las enseñanzas de la Iglesia parecen estar inconscientemente ganando algo de terreno en el lugar menos esperado: las escuelas de los Estados Unidos. Un reporte de la Kaiser Family Foundation, una organización dedicada a estudiar todos los aspectos de la vida familiar estadounidense que se relacionan con acciones de gobierno y de otros sectores sociales, como la educación, señala que el 35% de los directores de escuelas primarias y secundarias de ese país ya ha adoptado lo que se llama el abstinence-only approach. Este método, que enfatiza que la única relación sexual prematrimonial conveniente es la que no se realiza, se da en el marco de una álgida discusión sobre cómo educar sexualmente a los niños para prevenir embarazos adolescentes y contagios como el del SIDA. La cifra puede significar poco. O mucho. La mayoría de los directores de escuela estadounidenses aún piensa que lo mejor es enseñar la abstinencia como una de las soluciones posibles. Sería interesante ver cómo se habla de la abstinencia en las escuelas mexicanas.
Estoy seguro, por otra parte, que la abstinencia sexual prematrimonial es claramente ubicada por la mayor parte de esos educadores estadounidenses en el terreno de lo práctico: evitar peligros para la salud, obtener fondos gubernamentales. Para algunos más, quizás, la propuesta de abstinencia alcance niveles superiores: la autodisciplina requerida para practicarla tiene un valor formativo humano indiscutible y una cercanía notable con la educación en valores. Los sabios, antaño y hogaño, nunca han perdido de vista la necesidad de la disciplina para acercarse a la verdad y al prototipo de la perfección humana. Desgraciadamente, en ninguno de esos casos se alcanza a percibir la dimensión evangélica de la abstinencia, que es lo que imagino tenía en mente el arzobispo Norberto Rivera al dirigirse a los jóvenes. Se puede decir que incluso entre muchos cristianos la abstinencia es vista sólo como un instrumento de salud integral, más que como una virtud. Y sin embargo, es precisamente en este sentido como se la entiende en la Iglesia. Porque la abstinencia no se entiende en el cristianismo más que en el contexto de la castidad, que es mucho más que búsqueda de seguridad sexual. La castidad se sitúa más bien en el ámbito de la búsqueda de perfección por el amor que respeta el plan de Dios y la dignidad propia y del amado; en la perfección que es expresión de libertad. El Papa lo confirma en su discurso a los jóvenes estadounidenses luego de su última visita a México: «No escuchéis a los que os invitan a mentir, a incumplir vuestras responsabilidades, a pensar ante todo en vosotros mismos. No escuchéis a los que os dicen que la castidad es cosa del pasado. En vuestro corazón sabéis que el verdadero amor es un don de Dios y respeta su plan para la unión del hombre y la mujer en el matrimonio. No os dejéis arrastrar por falsos valores y eslóganes engañosos, especialmente sobre vuestra libertad. La verdadera libertad es un don maravilloso de Dios... Pero cuando la libertad se separa de la verdad, las personas pierden su orientación moral y el entramado mismo de la sociedad empieza a rasgarse» (discurso en el Kiel Center, Missouri, 26 de enero, 1999).

(FIN)

EL OBSERVADOR 250-13

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