El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

30 de Abril de 2000 No. 251

SUMARIO

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Los laicos deben definir y expresar sus opciones políticas

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AL ALBA DEL MILENIO La oración de san Anselmo

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COLUMNA HUÉSPED Contra el católico vergonzante

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Agua para todos: un derecho humano y social básico

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Agua es vida

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN Observatorio ciudadano de los medios

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PERDER POR DEFAULT La televisión contra los bebés

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¿USTED QUÉ OPINA? Un mosaico que deprime

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CARIDAD Y ECOLOGÍA La Comunidad de Emaús en Brasil

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Código moral del proceso electoral

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Me encuentro perplejo

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Sin embargo

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INTIMIDADES –los jóvenes nos cuentan– A una muchacha desesperada

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PINCELADAS Buen humor

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Cuando el padre no está: consejos para madres solas

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¿Quién debe hacerlo y cómo?

Los laicos deben definir y expresar sus opciones políticas

+ Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Matehuala.
        Con toda la Iglesia celebramos el 2000 aniversario del nacimiento de Cristo Jesús. Como nación mexicana viviremos este mismo año otra realidad intensa: las elecciones.
        Vemos con preocupación las crecientes señales de corrupción, de búsqueda del poder para ventaja personal de unos cuantos, en lugar de buscar el bien común. Ha crecido la pobreza de muchos y la riqueza de pocos, la violencia, la impunidad, la deficiente impartición de la justicia; con ello, igualmente, el cansancio, la incertidumbre y las crisis de credibilidad por parte del pueblo.
        Pero también se ha ido despertando el sentido y la participación democrática, el anhelo de justicia, de paz y de entendimiento. Es justo decir que, de la misma manera, también hay buenos ejemplos de honestidad, de limpieza en la administración.
        En un país mayoritariamente católico es conveniente cuestionarnos seriamente qué hemos hecho de nuestra fe: si la hemos marginado de muchos aspectos de la vida; si la hemos reducido a devociones privadas o celebraciones al interior de un templo. No podemos seguir así: el seguimiento de Cristo Jesús y la pertenencia a la Iglesia han de manifestarse en cualquier situación de nuestra vida, una de ellas la política.
        La política, en sentido amplio, es la búsqueda del bien común. A este nivel todos tenemos no sólo derecho sino obligación de participar. Ya después, en la política vista como propuestas de los diferentes partidos, obispos y sacerdotes debemos abstenernos de proclamar preferencias. Pero los laicos no sólo pueden sino deben definir y expresar sus opciones. «Una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes» (Octogesima adveniens, n. 50). «Muchas veces sucederá que la propia concepción cristiana de la vida les inclinará (a los fieles laicos) en ciertos casos a elegir una determinada solución. Pero podrá suceder, como sucede frecuentemente y con todo derecho, que otros fieles, guiados por una no menor sinceridad, juzguen del mismo asunto de distinta manera» (Gaudium et spes, n. 43).
        Necesitamos laicos cristianos que puedan asumir responsabilidades directivas en la sociedad. Es urgente formar hombres y mujeres capaces de actuar en la vida pública, orientándola al bien común. Cuando Jesús menciona dar «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mc 12, 17), no está definiendo dos campos que se excluyan uno al otro, sino que la misma persona ha de integrarlos interiormente, atendiendo cada uno como es debido.
Sugerencias concretas

1. Para avanzar con solidez en la transición democrática que vive nuestra patria, se requiere de nuestro voto. A menos que haya una razón grave que lo impida, no votar es un pecado porque significa no ejercer una responsabilidad y favorecer, en cambio, la imposición.


2. Examinemos las propuestas, atendiendo al partido y al candidato: su historia, su capacidad y experiencia; sus principios y criterios de actuación. Dialoguemos y escuchemos qué piensan otros, veamos pros y contras; no rechacemos de inmediato los pareceres opuestos, mejor valoremos cada uno con detenimiento; pero vayamos formando nuestro propio juicio. Recordemos que el voto es personal.


3. El voto también es libre. No vendamos nuestro voto, no nos dejemos atemorizar por represalias si no votamos en determinado sentido; mejor denunciemos esas pretensiones de imposición.


4. Tengamos en cuenta que habrá votaciones a diferentes niveles. Según lo que vayamos reflexionando, puede darse el caso de votar por candidatos que pertenezcan a diferentes partidos. Nadie nos lo puede impedir, el voto es secreto.


5. Animo a los candidatos a desistir de fundamentar sus propuestas en el ataque a los contrarios. Además hay una verdadera guerra de información en la que está incluido el manejo parcial de las encuestas como medio para influir en la población.


6. Hagamos oración para que el Espíritu nos ilumine y examinemos con sabiduría las diferentes propuestas.


7. Demos seguimiento al candidato que haya salido ganador y apoyémoslo, no importa si no ha sido por quien votamos, porque, si ha habido libertad y honradez, es la persona que la mayoría de la población quiere como gobernante.

EL OBSERVADOR 251-1

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Al alba del milenio
La oración de san Anselmo

        Los santos, además de ser testimonio de Cristo y de sus llagas, enseñan a orar. Su vida es oración, a la que le siguen palabras. Su vida es fruto de la más intensa oración: la que descubre el amor de Dios a los hombres.
        «Bajar» a los santos del nicho en el que están colocados en los templos –exigencia de una religiosidad actual– es enseñarse a orar con ellos. Así como deberíamos «adoptar» un salmo, también podríamos tomar para nuestra comunicación íntima con Dios una oración (¡hay tantas!) pronunciadas por la comunidad que goza de la faz divina en su paso por la Tierra.
        Yo he elegido una, de san Anselmo de Canterbury (1033-1109), filósofo y teólogo singular por sus virtudes y su inteligencia. Es lo que muchos católicos habríamos de pedir si nos dedicamos a la evangelización de los medios de la cultura: la sencillez del amor de Cristo. He aquí su oración:

Te suplico, Señor,
haz que guste por medio del amor
lo que gusto por medio del conocimiento.
Hazme sentir por medio del afecto
lo que siento por medio del entendimiento.
Todo lo que es tuyo por condición
haz que sea tuyo por amor.
Atráeme por completo a tu amor.
Haz Tú, oh Cristo,
lo que mi corazón no puede.
Tú, que me haces pedir, ¡concede!


        Pocas veces he encontrado respuesta tan cercana a mis inquietudes. En efecto, gozamos de la palabra de Cristo por el entendimiento: nos parece luminosa, certera, abarcadora de la realidad. Pero si la viviéramos en su dimensión de entrega, transformaríamos al mundo, empezando por transformarnos nosotros mismos. Sería el testimonio fácil, la llama encendida, la claridad y la caridad. Seríamos hijos de la verdad, centinelas y no los fantoches dormidos que tan a menudo somos, soy. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 251-2

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COLUMNA HUÉSPED

COLUMNA HUÉSPED
Contra el católico vergonzante

Carlos María Abascal Carranza

La Iglesia católica mexicana presentó hace un mes un importante documento llamado Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Muchos quisieran que la Iglesia se hubiera limitado a hablar sobre temas de su vida interior, eludiendo el riesgo de opinar sobre todos los temas que atañen a la persona humana, señalando aquéllos que hoy constituyen graves injusticias y, por tanto, atentados contra la dignidad humana, que impiden construir una sociedad humana unida, justa y solidaria por el amor.
        En México nos hemos acostumbrado a vivir nuestra humanidad de manera fragmentada, reducida, en donde nuestra dimensión espiritual es negada bajo el pretexto de que vivimos un Estado laico.
        El inviolable principio de la libertad religosa exige que el gobierno civil cree las condiciones necesarias para que cada ciudadano pueda practicar la fe de su elección; y exige también que el gobierno civil no se inmiscuya en los asuntos internos de las iglesias pretendiendo regular su liturgia, el número de sacerdotes o la manera como éstos han de vestir en la calle.
        Y el principio de autonomía del gobierno civil exige que los clérigos no se dediquen a las funciones de gobierno civil; que las iglesias no pretendan legislar en materias de la única competencia del gobierno civil; que las iglesias promuevan el respeto al principio de autoridad y a las normas civiles de la convivencia.
        Pero el más elemental sentido común exige que gobierno civil e iglesias, y en particular la Iglesia católica, por su condición de mayoritaria en la nación mexicana, formulen acuerdos expresos para atender materias comunes. Ambas instituciones tienen como causa y fin al ser humano integral.
        La persona de no deja de ser ciudadano mexicano cuando entra a un templo, así como el ciudadano no deja de ser, por ejemplo, católico, evangélico o judío cuando va a votar.
        La Iglesia católica entiende, como lo dijo en la III CELAM, de Puebla, que «La verdad que debemos al hombre es, ante todo, una verdad sobre él mismo», verdad que encuentra respuesta plena en la persona de Cristo, culminación de la historia, Dios hecho hombre, quien confirma que la dignidad del ser humano le viene de su filiación divina, por lo que la Iglesia ha de ocuparse de todo hombre y de todo el hombre para acompañarlo en toda su existencia temporal, para que el Evangelio del amor le libere del pecado y le permita construir una convivencia humana justa y fraterna.
        Si la Iglesia calla y no denuncia la injusticia, la inseguridad, el narcotráfico, la insuficiente democracia, la pobreza, la marginación, estaríamos frente a una Iglesia que no entiende el corazón del hombre, al cual no podría predicarle el amor de Cristo, que forzosamente ha de expresarse en la relación con el prójimo.
        Pero si la Iglesia sólo se limita a la denuncia sin anunciar la redención, la liberación del pecado, la herencia que desde siempre el Padre nos tiene reservada a todos los hombres en el Cielo, y ese es el motivo de nuestra esperanza; si la Iglesia no nos hace a todos comunión en la Eucaristía y si no nos lleva a Dios Trino y Uno a través de María de Guadalupe, medianera de todas las gracias, entonces la Iglesia sería una vez desesperanzada que clama impotente dejando como única alternativa de cambio la revolución.
        El camino que la Iglesia nos propone es el del amor, la concordia, el diálogo, la solidaridad y, principalmente, el de la conversión. Todos los males y todos los bienes brotan del corazón de los hombres. La Iglesia anuncia el amor de Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos como la única vía cierta para construir una sociedad a la medida del hombre.
        Pero cuando hablo de Iglesia no sólo hablo de jerarquía. Hablo de los laicos, quienes tenemos la responsabilidad de impregnar la realidad temporal con el espíritu del Evangelio, rompiendo de una vez por todas con la vergüenza convencional de ser y parecer católicos.

EL OBSERVADOR 251-3

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Agua para todos: un derecho humano y social básico
Danielle Mitterrand, Mario Soares y Riccardo Petrella *

        Más de mil 400 millones de seres humanos (alrededor de la cuarta parte de la población mundial) no tienen hoy acceso al agua potable, fuente de vida insustituible (junto con el aire). Es un hecho intolerable desde cualquier punto de vista. Sin embargo, si la Declaración Ministerial que hace pocos días ha sido aprobada en La Haya, en la clausura del II Foro Mundial del Agua (en el que participaron más de dos mil personas) fuera aceptada de acuerdo con el proyecto conocido, los ministros de un centenar de Estados del mundo habrán decidido considerar el acceso al agua únicamente como un derecho humano básico y no como un derecho humano y social, individual y colectivo, básico. Sería una decisión perjudicial para el futuro.
        El no reconocer el acceso al agua como un derecho humano y social básico no se deberá a un contratiempo. Es cierto que no se puede descartar que una parte de los ministros competentes en materia de agua estén sólo vagamente informados sobre lo que se ha preparado en La Haya.
        En realidad se trata de una decisión tomada tras un largo trabajo de análisis y debates durante cuatro años que, desde 1996, realiza el Consejo Mundial del Agua y Global Water Partnership, bajo la coordinación, desde finales de 1998, de la Comisión Mundial sobre el Agua en el Siglo XXI y con el apoyo del Banco Mundial, principalmente.
        Los voluminosos informes presentados y debatidos en el Foro de La Haya, en los cuales se basa el proyecto de la Declaración Ministerial, son el resultado de un esfuerzo considerable de un nivel cualitativo muy alto a cargo de cientos de personas, en el que también han participado las organizaciones de la ONU que trabajan en el ámbito del agua, como el PNUD, el PNUE, la FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación), la OMS (Organización Mundial de la Salud), UNESCO, UNICEF, la OMM (Organización Meteorológica Mundial), etcétera, sobre las que, dicho sea de paso, conviene subrayar el alcance y el valor de las acciones que han realizado hasta la fecha en favor del acceso al agua para las poblaciones más desfavorecidas y en la lucha contra la contaminación y el derroche.
        No obstante, la tendencia general que ha surgido a lo largo de estos trabajos se inscribe en el espíritu de la época, orientado en la actualidad hacia el triunvirato economía, mercado y tecnología. Así, según el proyecto de Declaración Ministerial, el agua debe ser tratada fundamentalmente como un recurso natural en estado de creciente disminución (debido a fenómenos cada vez más frecuentes de polución, contaminación y derroche) y, por lo tanto, cada vez más caro.
        El agua, afirman, debe ser gestionada ante todo como un bien económico. Con este fin, la Declaración Ministerial propone el concepto de IWRM (Integrated Water Resource Management, Gestion Integral de los Recursos Acuáticos) como modelo a seguir en todo el mundo para una gestión «eficaz» del agua. La Declaración Ministerial también propone dar al agua un precio económico establecido según el costo total de recuperación (full cont recovery) en el marco de la libre competencia y del libre comercio a escala internacional. Hay que señalar que si en el pasado los países europeos hubiesen aplicado el principio del coste total de recuperación, todavía estarían indagando cómo garantizar el acceso al agua potable para todos.
        Considerar el acceso al agua como un derecho humano y social conlleva la aplicación de reglas, deberes y obligaciones que muchos Estados y la mayoría de las empresas privadas multinacionales no desean que sean impuestos. Pero, ¿existe verdadera libertad y justicia sin reglas, obligaciones y solidaridad respecto al derecho a la vida para todos?
        El Foro de La Haya corre el riesgo de traducirse en una derrota del movimiento de derechos humanos y en una victoria de quienes tienen una visión de la sociedad, de la democracia y de la libertad que, más allá de una fuerte carga retórica humanista, sigue guiada, en la era del capitalismo triunfante, por un planteamiento tecnoeconómico y mercantil.
        Por otro lado, los señores de las finanzas no han esperado a La Haya para actuar. El más antiguo banco privado suizo, Pictet, lanzó en enero de 2000 los primeros fondos de inversión del mundo centrados en 80 valores bursátiles de empresas especializadas en el agua. Según sus cálculos, la rentabilidad de las inversiones en el campo del agua es y será en los 15 próximos
años singularmente elevada.
        Ha llegado la hora de movilizarse contra toda amputación del derecho de los seres humanos a la vida.
        Una de las grandes batallas políticas y sociales de finales del siglo XIX fue el derecho universal al voto. La de comienzos del siglo XXI será el derecho a la vida para todos los habitantes de la Tierra, sin excepción, cuando, en 2025 la población mundial alcance, según las actuales previsiones demográficas de la ONU, alrededor de los ocho mil millones de seres humanos. El acceso al agua para todos es un derecho posible. Ninguna razón –tecnológica, económica, financiera o política– puede ser invocada para impedir que se materialice este derecho.

* Danielle Mitterrand es presidenta de la asociación France-Liberté; Mario Soares es presidente del Comité Internacional para el Convenio Mundial del Agua, y Riccardo Petrella es secretario general de dicho organismo.

EL OBSERVADOR 251-4

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Agua es vida
Jean Meyer

        En algunos estados del norte del país ha empezado el séptimo año de sequía. ¡Ojalá se respete el calendario bíblico y, después de siete años de vacas flacas, vengan los siete de vacas gordas gracias a esa agua tan necesaria como menospreciada por todos nosotros! Ningún candidato a la Presidencia ha incluido en su programa de gobierno –de hecho, ninguno tiene tal programa– una política del agua. Sin embargo, se trata de un recurso tan estratégico para México –y para el mundo– como el petróleo; más que estratégico: vital.
        Gente bien informada dice que la causa profunda del conflicto entre israelíes y árabes, antes que la tierra, es el agua. Sin agua la Tierra Santa no es más que un desierto; sin agua el Bajío no tardará en volverse un árido mezquital; la laguna de Cuitzeo se está muriendo, y el mar chapálico también. En eso hay algo de un proceso natural que se mide en miles, decenas de miles de años y que nos rebasa: la desecación y desaparición de todos los lagos del oeste de América del Norte, desde el gran lago salado de Utah hasta la laguna de Chapala. Pero el hombre acelera dicho proceso y bien podría volverlo irreversible.
        Los especialistas del agua, tanto los de las grandes compañías capitalistas como los expertos científicos, son pesimistas y predicen que el siglo XXI se verá tan amenazado por la escasez de agua que los principales conflictos internacionales bien podrían se provocados por la necesidad de asegurarse el control del valioso recurso. Cuando uno se entera de que en tal o cual capital del Estado mexicano aún no hay medidores y casi no se cobra el consumo; cuando uno lee lo que gasta en agua cada día una familia clasemediera de cinco personas; cuando uno sabe lo que se va al drenaje profundo, sin ningún tipo de reciclaje ni reutilización, uno no puede dejar de pensar que los dioses nos han vuelto locos para perdernos. Una vez más estamos cortando la rama en la cual nos encontramos sentados.
        El Instituto Hidrológico de San Petersburgo –no, Rusia no es un país del Tercer Mundo–, autoridad mundial en el tema de las reservas acuíferas del planeta, afirma: «En 2025 la mayoría de la población de la tierra vivirá en condiciones malas o catastróficas en relación con su abastecimiento de agua» (World Water Resources, UNESCO).
        Hace algunos días se reunió el Segundo Foro Mundial del Agua, en La Haya, para ratificar esa voz de alarma y convencernos de la necesidad de hacer algo. Existe ya un Consejo Mundial del Agua, el cual entregó al foro un documento intitulado Panorama del agua en el mundo. Dos problemas son inseparables, a saber: la insuficiencia de las reservas naturales frente a un consumo incontrolado y la contaminación de los ríos, lagunas, mares y mantos freáticos por la agricultura, la industria y la urbanización. Para bien o para mal, el reto del agua es un capítulo más de la mundialización, como la demografía y las migraciones; y, como siempre, los primeros en reaccionar son los neoliberales y, se me olvidaba, el Banco Mundial.
        El Banco Mundial es, de hecho, uno de los principales inspiradores del Foro de La Haya y defiende la idea de que la única manera de salvarnos, salvando el agua, es cobrarla; fijar un precio primero, cobrar enseguida. Puedo imaginar lo que van a gritar: el Banco Mundial obliga a México a privatizar el petróleo, la educación, el agua, el aire. Dejemos a un lado, por ahora, las eventuales soluciones al gran reto, y empecemos a tomar conciencia de dicho reto. Es evidente que el mercado no puede ser el mecanismo único de una política hidráulica mundial; pero, por favor, dejémonos de ideologías en un asunto tan vital como la preservación de la tierra y del bosque, ya que su triple destrucción a través del despilfarro actual lleva a una sola consecuencia: la desertificación y la muerte. Mientras, los mexicanos deberíamos apurarnos en considerar nuestra escasa agua como un patrimonio común, legado por la historia y la naturaleza, que debemos conservar para las generaciones venideras, en lugar de despilfarrarla como lo hacemos ahora, con una espléndida y criminal inconsciencia.

EL OBSERVADOR 251-5

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Observatorio ciudadano de los medios *
Miguel Concha

El pasado 4 de abril se llevó a cabo el foro denominado «Ya los vimos y los vamos a vigilar», con la participación de destacados profesionales de la comunicación y representantes de organizaciones civiles. Auspiciado por la Alianza Cívica y el Consejo de Educación de Adultos de América Latina, tuvo como objetivo presentar públicamente una iniciativa ciudadana para la vigilancia de los medios de comunicación.
El «Observatorio Civil Ciudadano de los Medios de Comunicación» es una llamada de atención ante la necesidad de encontrar caminos para hacer vigente el derecho a la información, consagrado en los artículos 6 y 7 de la Constitución. No pretende hacer mediciones, pues ese es un trabajo que ya está realizando el IFE, sino alertar a la opinión pública sobre los problemas que subsisten en la cobertura de los grandes medios televisivos, y mostrar a la sociedad la manera como se deforma la información.
De entrada se reconoce que la apertura y objetividad de la radio y la prensa son innegables, pero insuficientes, dada la cobertura de los noticieros de las televisoras. Si bien existen cada vez más, en la radio y en la prensa escrita, espacios plurales con mayor profesionalismo y objetividad, ninguno de estos medios tiene la cobertura de los noticieros de las dos grandes televisoras del país. Esta situación puede convertirse en el principal obstáculo para la incipiente y contradictoria democracia que vive el país.
El planteamiento parte de una preocupación válida acerca de la cobertura que hacen los noticieros de televisión sobre las campañas de los diferentes partidos, y el tratamiento que les dan éstos a los gobiernos de oposición y a los movimientos sociales, que provoca confusión y desaliento en el actual contexto político que vive México. Por ello se convoca a la ciudadanía a vigilar con conciencia crítica la cobertura de estas dos televisoras. Realizar esta labor, que es de todos, es defender nuestro derecho a una información veraz, oportuna, sin descalificaciones, adjetivos y acusaciones sin sustento, y, sobre todo, sin la distorsión de las imágenes de la información, tal y como lo mostró el video elaborado por la Coordinación del Derecho a la Información de la Academia Mexicana de Derechos Humanos.
Se invita igualmente a los dueños y directivos de estos consorcios a modificar de fondo su cobertura noticiosa sobre los acontecimientos políticos, y se les hace acertadamente las siguientes propuestas: ofrecer información equilibrada y completa sobre los acontecimientos políticos; evitar los calificativos en las notas informativas; conceder el derecho de réplica; cubrir las diferentes posiciones en cada situación noticiosa; no utilizar imágenes de archivo denigrantes en relación con acontecimientos no vinculados directamente con el asunto; no mostrar preferencias o antipatía frente a diversos partidos y candidatos, y no confundir su opinión con la noticia.

* Artículo resumido. El autor es presidente vitalicio del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria


EL OBSERVADOR 251-6

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PERDER POR DEFAULT

La televisión contra los bebés

Diego García Bayardo

Aunque en casi todos los estados del país existen leyes que permiten el aborto en caso de violación, México no es precisamente un país con mentalidad abortista. Las organizaciones que están a favor de esta infamia publican cifras que hacen pensar que en nuestra nación se cometen muchísimos abortos, tantos que parecería que la población clama por una ley que lo despenalice totalmente, pero esas cifras son falsas. Las mismas instituciones aborteras reconocen con candidez que una de sus tácticas permanentes de propaganda es publicar cifras dos o tres veces más altas de lo real, para engañar a los despistados. Pero el aborto no va con nosotros.
Hace unos días la opinión pública se conmovió con el caso de «Paulina», la menor violada que dio a luz en un hospital de Mexicali a su bebé. Como es lógico, a la gente normal le pareció muy bien que el pequeño Isaac haya nacido, y su familia también ha manifestado alegría por el nacimiento en sí, pero casi todos los medios de comunicación clamaron enfurecidos, indignados de que no se haya aplicado la ley vigente en Baja California Norte que permite (¡pero no obliga!) el aborto cuando el embarazo es por violación. En lugar de alegrarse de que el pequeño Isaac naciera sanito y sin problemas, los mismos comentaristas de televisión que tanto se hicieron los indignados por el asesinato del pequeño Braulio lamentaron ahora que no se diera muerte al bebé. Que matarlo era un derecho, dicen. Estos medios masivos de comunicación exhiben una ética tan agujereada y contradictoria que da lástima. Realmente da pena ver la miseria moral de la gente que supuestamente informa al pueblo de México, y peor resulta la cosa cuando los comentaristas son además tan ignorantes y pelmazos como un Pablo Latapí de TVAzteca o una Adela Micha de Televisa. O los reporteros de La Jornada. Habría que informar a esos tales que si en México no se aplica la pena de muerte a los delincuentes, menos se puede aplicar a los bebés inocentes, aunque sean «producto» de una violación, pues no tienen conocimiento ni culpa del delito que cometió su padre. Habría que sugerirles que, para ser congruentes con sus ideas, vayan ahora a matar a Isaac, al fin que sigue siendo el «producto» de una violación. A ver si se atreven...
Un caso similar al de «Paulina» ocurrió con una niña chiapaneca, quien declaró, al igual que su madre, que nadie tiene derecho de matar a su bebé, que el aborto es un pecado y que lo único que debe hacer el gobierno en estos casos es aprehender al violador para que no vuelva a delinquir. ¡Y mientras dos pobres indígenas chiapanecas hablan así, como inspiradas por el Espíritu Santo, los ricos y presuntuosos comentaristas de TV hacen muecas, se pitorrean, se enojan y tratan de convencernos de que se necesita ser muy estúpido o ignorante para respetar la vida de un bebé que no tiene la culpa de crimen alguno! Con razón dijo Jesús: «Yo te alabo, Padre... porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios... y las revelaste a la gente sencilla».
Estos «escándalos» pueden resultar positivos si conducen hacia una consulta nacional que permita a los mexicanos (recuerde que casi el 90% somos católicos) abolir el aborto en nuestra legislación. Sólo tenemos que anular a una pequeña minoría antinatalista y anti-vida. Pero tengamos cuidado, porque esa minoría es la que maneja los medios masivos de comunicación y usa la estrategia de sólo difundir los mensajes contrarios a la familia y la vida humana para hacernos creer que todo el mundo comparte sus ideas asesinas. Los principales difusores de la doctrina anti-vida son:
* Televisa y TVAzteca, con sus reporteros y comentaristas, tanto de noticias como de espectáculos, así como la mayoría de las televisoras extranjeras que nos llegan por cable o antena especial.
* La mayoría de los periódicos y semanarios, sobre todo los de izquierdas, al igual que muchos informadores que trabajan en la radio. Es decir, casi todo el gremio de los periodistas es anti-vida.
* Las revistas femeninas y de espectáculos.
* Muchos artistas, cineastas y grupos musicales de moda.

EL OBSERVADOR 251-7

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¿Usted qué opina?
Un mosaico que deprime
Genero Alamilla Arteaga

        Intentamos mediante este mosaico –que no es como los artísticos de Italia– visualizar un poco nuestra realidad social sin eufemismos, pero tampoco cargada de exageraciones negativas y pesimistas. La queremos ver como es en la realidad que conocemos, vivimos y padecemos.
        Esto no es propiamente un artículo, son hechos yuxtapuestos y sin armonía alguna porque nuestra realidad no es una obra de arte política. El único punto de convergencia que se puede considerar es la fuente de su procedencia, que es el régimen político que nos «gobierna».
        Éstas son algunas de las piezas que forman el mosaico de nuestra realidad:
        * El caso de los rebeldes de San Cristóbal de las Casas.
        * En particular el del brabucón, el enmascarado mayor Marcos.
        * El caso de la UNAM o la muerte de la cultura.
        * El caso de los casi 50 por ciento de pobres y 26 millones que están en extrema pobreza.
        * Los millones de niños desnutridos.
        * El proceso de desaparición de la clase media, camino a la pobreza, y ésta pasando a la miseria.
        * El desempleo en aumento.
        * El problema del mundo indígena.
        * La inseguridad urbana y rural.
        * Los homicidios, suicidios y secuestros.
        * La proliferación de los divorcios.
        * La cultura de la muerte.
        * La ingeniería genética con sus aberraciones.
        * Los grupos que crean violencia en algunas entidades, sean guerrillas o no.
        * la crisis política gubernamental, de políticos y de partidos.
        * La indiferencia de los ciudadanos ante la política nacional.
        * La corrupción en el mundo oficial y que se universaliza.
        * La drogadicción y el alcoholismo.
        * El pecado y la vergüenza nacional del lesbianismo y la homosexualidad.
        Y etcétera. Son decenas y decenas de piezas que configuran el «artístico» mosaico de nuestra realidad política, económica y social, y sus autores son los irresponsables de la cosa pública.
        Pero estamos en tiempo de cambios y es ahora cuando urge el cambio de artistas. Es la hora en que nosotros, ustedes y todos, con conciencia de responsabilidad cívica, participemos en la transformación, en la reforma integral profunda del sistema político vigente, y en esta tarea artística ningún ciudadano puede ser indiferente, sino que por lo menos se hará presente con su voto razonado para llevar al poder a hombres capaces y honestos que formen un verdadero mosaico artístico de nuestra realidad nacional con piezas de justicia, paz, honestidad, trabajo y bienestar de la familia, gracias a una democracia participativa y representativa. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 251-8

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CARIDAD Y ECOLOGÍA
La Comunidad de Emaús en Brasil: con las manos en la basura

        Existen 415 comunidades de Emaús diseminadas en 42 países de África, América, Asia y Europa. La filosofía de este movimiento cristiano es aliviar el dolor de los que sufren y combatir al mismo tiempo las causa de la miseria.
        Sin embargo, cuando se habla de los compañeros de Emaús la gente piensa de inmediato en la basura. Y es que es del reciclaje de la basura de donde sale lo necesario para que el Movimiento realice su misión. Es más, durante mucho tiempo a sus miembros se les llamó «los traperos» de Emaús.
        Un ejemplo de lo que Emaús hace puede verse en Fortaleza, Brasil, donde existen dos comunidades, una llamada Asociación de Traperos de Emaús, y la otra, Movimiento Emaús Amor y Justicia. Ambas recogen artículos viejos, desechados, los reciclan y los venden con el fin de ayudar a los pobres. Los dos grupos mantienen tres escuelitas y garantizan la supervivencia de 45 familias.
        Dice el padre Henri Le Boursicaud, redentorista francés que trabajó en estas comunidades en la década de los 80, que todos reconocen en Brasil, particularmente en la región de Fortaleza, que las comunidades de Emaús son «como un oasis de humanidad», pero que serían menos necesarias si hubiera menos paro, más justicia y más felicidad en las familias; pero , como no es así, pide «que las comunidades de Emaús en Brasil se multipliquen porque lamentablemente son necesarias».
        Las comunidades trabajan de la siguiente forma: distribuyen folletos pidiendo donaciones y dejan teléfonos de contacto; recogen el material en camionetas que adquieren con ayuda de entidades internacionales; realizan la selección de lo recolectado; reparan y reciclan en los talleres de papel, electrónica, etc., que además son fuente de empleos, ingresos y cualificación profesional; y luego los objetos son puestos a la venta en mercadillos de segunda mano. El personal, además de un almuerzo y tres meriendas en la jornada, obtiene un salario mínimo en dinero o equivalente en mercancía.
        Las ganancias sirven para atender y acoger a cualquiera que llame a las puertas de Emaús: personas abandonadas, alcohólicos, mendigos, etc.; y es a ellos a los que se les enseñan los oficios que les permitirán trabajar en las comunidades.
        Emaús es testimonio claro de lo que es la auténtica caridad: ayudar al hermano necesitado resolviendo sus necesidades inmediatas y enseñándolo a resolver él mismo las futuras. Y, de paso, haciendo ecología.

EL OBSERVADOR 251-9

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Código moral del proceso electoral *

1. Todo ciudadano tiene derecho a que se construyan estructuras jurídico-políticas que le ofrezcan posibilidades efectivas de tomar parte, libre y activamente, en el gobierno de la cosa pública, en la fijación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes.

2. En toda actividad electoral se tomará muy en cuenta el bien común de la patria, la justicia en sus diversos momentos.

3. El ciudadano tiene el derecho y la obligación de participar en el gobierno de la nación a la que pertenece, y de respetar las leyes que lo rigen.

4. Todo mexicano, cumplidos los 18 años de edad, tiene el derecho y la obligación de votar en las elecciones populares.

5. Son también sus derechos: a) Ser candidato para cualquiera de los cargos de elección popular, cumpliendo los requisitos adicionales que establece la ley. b) Asociarse libre y pacíficamente en partidos para tomar parte en los asuntos políticos del país. c) Participar como observador en los actos de preparación y desarrollo del profeso electoral federal.

6. Son sus obligaciones: a) Desempeñar el cargo de elección popular para el que hubiese sido electo. b) Cumplir las funciones electorales que se le asignen.

7. La organización de las elecciones federales debe involucrar a la ciudadanía en su conjunto. Los procesos electorales deben organizarse conforme a los principios morales de certeza, legalidad, imparcialidad, objetividad e independencia.

8. Todo ciudadano podrá participar en las distintas etapas del proceso electoral bajo las siguientes modalidades: como elector, como candidato, como consejero ciudadano, observador electoral, funcionario electoral, funcionario de casilla y representante de partido.

9. Impedir, obstaculizar de cualquier forma la actividad de los candidatos es inmoral y atentatorio contra la libertad de expresión y de reunión.

10. Los partidos políticos tienen el derecho a un financiamiento público moderado, a exenciones fiscales, acceso a tiempos oficiales en radio y televisión, derecho a contratar tiempos comerciales en los medios electrónicos, así como a franquicias postales y telegráficas.

11. Los ciudadanos tienen derecho a conocer a los candidatos de los diversos partidos: sus antecedentes, su honestidad, su capacidad, sus programas, ideas políticas, propuestas de gobierno... En esta forma los ciudadanos podrán votar con responsabilidad.

12. Siendo libre y secreto el voto, debe garantizarse la confidencialidad de sus datos personales, el derecho exclusivo sobre su credencial de elector. Por lo mismo, serán sancionados quienes hagan uso indebido de los documentos relativos al Registro Federal de Electores y también quienes recojan credenciales de elector sin causa prevista por la ley.

13. El día de la elección nadie deberá tratar de orientar el sentido del voto mediante propaganda, pago o promesas de dinero o de otra recompensa. Quienes incurran en estos ilícitos sufrirán sanción económica y encarcelamiento.

14. Nadie puede presionar u obligar al ciudadano a votar por un partido o candidato, ni tampoco para que se abstenga de votar.

15. Los funcionarios públicos que obliguen a sus subordinados a votar el favor de tal o cual partido o candidato, lo mismo que condicionen la prestación de un servicio o la realización de obras públicas, o destinen recursos materiales o humanos en beneficio de un partido, serán severamente sancionados.

16. Los ministros de culto que induzcan al electorado a votar en favor o en contra de un candidato o partido político o a la abstención, o que realicen aportaciones económicas a un partido político o candidato, serán sancionados.

* Extractado de un comunicado del obispo de Cuernavaca, Luis Reynoso Cervantes, dado el día 17 de marzo de 2000.

EL OBSERVADOR 251-10

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Me encuentro perplejo *
José Arturo Lozano Madrazo

        Si en el proceso electoral del 2 de julio el Sistema no triunfa con un amplio margen, desconocerá absolutamente el resultado. Éste es otro concepto más de los promocionales vertidos en la presente campaña electoral y quizás uno de los de mayor contenido negativo.
        Don Juan Pueblo, con todo su derecho, reclama la transición a una democracia más justa y necesaria; ésta, la transición, puede realizarse con o sin la alternancia (en el poder), lo que polariza la contienda a sólo dos perspectivas: la de los que están por la alternancia dentro del poder y la de los que no están. Los demás, ¿en qué la juegan? Es lo que me tiene perplejo.
        Los gobiernos pueden existir desde la autocracia de corte imperial, pasando por el bipartidismo y por el pluripartidismo hasta llegar a la anarquía, que es no gobernar. Estamos en medio de un pluripartidismo donde tres pintan para ganar y los demás para participar, ¿en qué? Hemos rebasado el cenit cronológico electoral que nos ocupa y, sin embargo, cotidianamente surgen declaraciones de declinación, cesión, alianzas extemporáneas y acuerdos electorales. Las leyes de la materia cumplen con los signos de los tiempos: tecnología y cibernética, ciencia ficción y virtual, y están hechas más para técnicos especializados que para simples ciudadanos; sin embargo, los partidos proliferan como hongos, mientras que están aún sin reconocerse las candidaturas independientes, el referéndum y el plebiscito.
        En contraparte y cual avance democrático, los cuerpos colegiados de gobierno los integramos con representantes de mayoría, plurinominales y de proporción, de minoría y de partido político, de tin-marín... y nos encontramos con una variedad de chile, de dulce y de manteca, donde unos luchan para ganar, y otros ganan para ganar. Dos paradojas de la vida electoral, sólo dos, una económica y otra de índole política: los procesos electorales resultan de lo más costoso al gastarnos presupuestos, vía impuestos, de miles de millones de pesos en una nación que tiene un enorme y exitosamente productivo índice de pobreza y miseria; la paradoja política es que los llamados partidos bisagra se constituyen en un momento dado en los grandes decididores de las políticas nacionales, todo según el tamaño del mango del sartén con que les sirvan.

* Colaboración resumida.

EL OBSERVADOR 251-11

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Sin embargo
Juan Pedro Oriol L.C.

        Wicho es uno de esos jóvenes que da gusto encontrarse: divertido, simpático, inquieto. No se conforma con ser uno más. No quiere ser del montón. Le duele la pobreza de mucha gente. Se divierte a fondo con sus cuates, pero también se preocupa por ellos. Se da tiempo para reflexionar sobre su vida y siempre concluye que quiere aprovecharla al máximo.
        Cuida su salud, pero también su espíritu. Le encanta la diversión, pero acepta que en la vida hay valores más importantes. Sabe que el cuerpo terminará arrugándose pero que el alma no debe hacerlo. Por ello va al gimnasio, y también le gusta arrodillarse un buen rato ante el Sagrario.
        Wicho también quiere conocer mejor a Dios, aunque no para saber más, sino para ser su amigo. Coincidimos en que no es fácil estar cerca de Dios. Charlamos un rato sobre el tema y me dijo que por qué no escribía sobre ello.
        Para encontrar a Dios y estar cerca de Él hay que querer. Y para querer hay que estar convencido. Es todo. Lo que cuesta, no importa. Cuando hay convicción cualquier esfuerzo vale la pena y es un paso adelante hacia la meta.
        ¿Por qué, entonces, nos cuestan tanto las cosas de Dios? ¿Por qué no caben los jóvenes en las discos y es tan raro encontrarlos en la iglesia?
        ¿Por qué se nos hace tan larga una hora dedicada a Dios y, sin embargo, una hora y media de un partido de futbol se nos hace tan corta y se pasa volando?
        ¡Qué exagerado nos parece dedicar un par de horas a la semana para escuchar conferencias de formación en la fe o participar en actividades de crecimiento espiritual! Sin embargo, se nos va mucho más de dos horas navegando en internet, aunque no saquemos casi nada de provecho. Y ni cuenta nos damos de haber estado dos horas viendo un programa o cambiando de canal en canal ante la televisión.
        ¿No nos debería extrañar un poco más lo difícil que se nos hace leer un capítulo del Evangelio pero lo fácil que nos resulta leer 50 páginas de revistas?
        Todos nos emocionamos cuando un partido de futbol o de otro deporte se va a tiempos extras, como nos sucedió en la semifinal de la copa confederaciones, cuando México y Estados Unidos acabaron empatados durante el tiempo reglamentario. Vi el partido con 80 jóvenes y ninguno se quejó. Al revés, la atención y la emoción eran mayores. Sin embargo, ¡cómo nos quejamos cuando la homilía de la Misa del domingo dura tan solo cinco minutos más!
        En los conciertos de música, en los espectáculos y en los estadios todos queremos los mejores boletos, los lugares preferentes, donde podemos disfrutar mejor del momento. Y, sin embargo, en los servicios de la iglesia nos contentamos con las últimas bancas, e incluso hasta preferimos quedarnos fuera del templo.
        Somos capaces de estar hablando horas y horas con un amigo o con una amiga. Puede ser «chateando» por internet, platicando en la reunión del fin de semana o hablando por teléfono. Y cuando se cae la red o tenemos que interrumpir la conversación, todavía se nos siguen ocurriendo cosas o nos acordamos de algo que no alcanzamos a comunicar. Y, sin embargo, después de cinco o diez minutos de oración, es fácil que nos quedemos sin qué decir.
        A la hora de la generosidad nos sucede algo parecido. Un billete de 100 se nos hace pequeño cuando pasamos por las tiendas de las plazas, pero nos parece demasiado grande cuando lo llevamos a la iglesia. Tampoco nos molesta que nos ofrezcan decenas de cosas para comprar cuando estamos dando la vuelta por un centro comercial. Sin embargo, si nos proponen diferentes posibilidades de ayudar, nos sentimos molestos y pensamos que a los curas y en la Iglesia sólo importan las colectas y el dinero.
        Es divertido ver cómo los jóvenes se ponen hoy la camiseta de un equipo. Con orgullo la llevan a la universidad, al cine y a la iglesia. Ahorran para poder comprar la marca oficial y no se conforman con las imitaciones, aunque sean buenas. Sin embargo, no es fácil encontrar a los que llevan puesta la camiseta de la fe. Lo normal es ver cómo ceden ante la vergüenza y el qué dirán cuando podrían ofrecer un gran testimonio a su alrededor. Se conforman con esos comportamientos que parecen imitaciones y que ellos mismos califican de «chafas».
        Todo esto es verdad. En el fondo es cuestión de convicción. Sin embargo, y ya es la última reflexión de hoy, ¿el problema y la solución está en los jóvenes o en quienes les han llevado a ser así?

EL OBSERVADOR 251-12

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Intimidades –los jóvenes nos cuentan–


        Wicho es uno de esos jóvenes que da gusto encontrarse: divertido, simpático, inquieto. No se conforma con ser uno más. No quiere ser del montón. Le duele la pobreza de mucha gente. Se divierte a fondo con sus cuates, pero también se preocupa por ellos. Se da tiempo para reflexionar sobre su vida y siempre concluye que quiere aprovecharla al máximo.
        Cuida su salud, pero también su espíritu. Le encanta la diversión, pero acepta que en la vida hay valores más importantes. Sabe que el cuerpo terminará arrugándose pero que el alma no debe hacerlo. Por ello va al gimnasio, y también le gusta arrodillarse un buen rato ante el Sagrario.
        Wicho también quiere conocer mejor a Dios, aunque no para saber más, sino para ser su amigo. Coincidimos en que no es fácil estar cerca de Dios. Charlamos un rato sobre el tema y me dijo que por qué no escribía sobre ello.
        Para encontrar a Dios y estar cerca de Él hay que querer. Y para querer hay que estar convencido. Es todo. Lo que cuesta, no importa. Cuando hay convicción cualquier esfuerzo vale la pena y es un paso adelante hacia la meta.
        ¿Por qué, entonces, nos cuestan tanto las cosas de Dios? ¿Por qué no caben los jóvenes en las discos y es tan raro encontrarlos en la iglesia?
        ¿Por qué se nos hace tan larga una hora dedicada a Dios y, sin embargo, una hora y media de un partido de futbol se nos hace tan corta y se pasa volando?
        ¡Qué exagerado nos parece dedicar un par de horas a la semana para escuchar conferencias de formación en la fe o participar en actividades de crecimiento espiritual! Sin embargo, se nos va mucho más de dos horas navegando en internet, aunque no saquemos casi nada de provecho. Y ni cuenta nos damos de haber estado dos horas viendo un programa o cambiando de canal en canal ante la televisión.
        ¿No nos debería extrañar un poco más lo difícil que se nos hace leer un capítulo del Evangelio pero lo fácil que nos resulta leer 50 páginas de revistas?
        Todos nos emocionamos cuando un partido de futbol o de otro deporte se va a tiempos extras, como nos sucedió en la semifinal de la copa confederaciones, cuando México y Estados Unidos acabaron empatados durante el tiempo reglamentario. Vi el partido con 80 jóvenes y ninguno se quejó. Al revés, la atención y la emoción eran mayores. Sin embargo, ¡cómo nos quejamos cuando la homilía de la Misa del domingo dura tan solo cinco minutos más!
        En los conciertos de música, en los espectáculos y en los estadios todos queremos los mejores boletos, los lugares preferentes, donde podemos disfrutar mejor del momento. Y, sin embargo, en los servicios de la iglesia nos contentamos con las últimas bancas, e incluso hasta preferimos quedarnos fuera del templo.
        Somos capaces de estar hablando horas y horas con un amigo o con una amiga. Puede ser «chateando» por internet, platicando en la reunión del fin de semana o hablando por teléfono. Y cuando se cae la red o tenemos que interrumpir la conversación, todavía se nos siguen ocurriendo cosas o nos acordamos de algo que no alcanzamos a comunicar. Y, sin embargo, después de cinco o diez minutos de oración, es fácil que nos quedemos sin qué decir.
        A la hora de la generosidad nos sucede algo parecido. Un billete de 100 se nos hace pequeño cuando pasamos por las tiendas de las plazas, pero nos parece demasiado grande cuando lo llevamos a la iglesia. Tampoco nos molesta que nos ofrezcan decenas de cosas para comprar cuando estamos dando la vuelta por un centro comercial. Sin embargo, si nos proponen diferentes posibilidades de ayudar, nos sentimos molestos y pensamos que a los curas y en la Iglesia sólo importan las colectas y el dinero.
        Es divertido ver cómo los jóvenes se ponen hoy la camiseta de un equipo. Con orgullo la llevan a la universidad, al cine y a la iglesia. Ahorran para poder comprar la marca oficial y no se conforman con las imitaciones, aunque sean buenas. Sin embargo, no es fácil encontrar a los que llevan puesta la camiseta de la fe. Lo normal es ver cómo ceden ante la vergüenza y el qué dirán cuando podrían ofrecer un gran testimonio a su alrededor. Se conforman con esos comportamientos que parecen imitaciones y que ellos mismos califican de «chafas».
        Todo esto es verdad. En el fondo es cuestión de convicción. Sin embargo, y ya es la última reflexión de hoy, ¿el problema y la solución está en los jóvenes o en quienes les han llevado a ser así?

EL OBSERVADOR 251-12

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Intimidades –los jóvenes nos cuentan–
A una muchacha desesperada
Yusi Cervantes Leyzaola

Yusi Cervantes Leyzaola
A una muchacha desesperada
Yusi Cervantes Leyzaola

        Nadie puede hacer nada por ti si tú no das el primer paso. Sé que no te atreves a hacer cambios drásticos, pero puedes comenzar a dar pasos pequeños.
        Comienza por abrirte a la gente, por hacerte amiga de quienes están cerca de ti. No digo que, de entrada, establezcas amistades íntimas... eso se dará con el tiempo. Por ahora sé amigable, interésate en los demás... Esto incluye parientes con los que tienes poco contacto. Acércate a ellos. No llegues contando tus problemas, eso lo harás cuando tengas confianza y con quien la tengas. En este momento comienza por acercarte. También puedes intentar recuperar a tus antiguas amigas. Si es necesario pedirles perdón por algo, hazlo sinceramente.
        Por otro lado, capacítate en algo. Esto te dará, para empezar, mayor seguridad en ti misma. Además, lo vas a necesitar cuando decidas asumir tu independencia.
        Amplía también tu vida en otros aspectos: practica algún deporte, asiste a actos culturales, toma cursos de lo que sea, presta tus servicios en algún lado. Si tu mamá decide acompañarte, no te opongas. Sería una oportunidad de que ella se interese también por otras cosas y te suelte un poco.
        Nadie va rescatarte. Tú tienes que salir de esa situación que te ahoga. Necesitas valorarte, corregir tus errores, crecer como persona... Acércate a Dios, pídele paz, fortaleza y claridad respecto de lo que tienes que hacer.


        Nadie puede hacer nada por ti si tú no das el primer paso. Sé que no te atreves a hacer cambios drásticos, pero puedes comenzar a dar pasos pequeños.
        Comienza por abrirte a la gente, por hacerte amiga de quienes están cerca de ti. No digo que, de entrada, establezcas amistades íntimas... eso se dará con el tiempo. Por ahora sé amigable, interésate en los demás... Esto incluye parientes con los que tienes poco contacto. Acércate a ellos. No llegues contando tus problemas, eso lo harás cuando tengas confianza y con quien la tengas. En este momento comienza por acercarte. También puedes intentar recuperar a tus antiguas amigas. Si es necesario pedirles perdón por algo, hazlo sinceramente.
        Por otro lado, capacítate en algo. Esto te dará, para empezar, mayor seguridad en ti misma. Además, lo vas a necesitar cuando decidas asumir tu independencia.
        Amplía también tu vida en otros aspectos: practica algún deporte, asiste a actos culturales, toma cursos de lo que sea, presta tus servicios en algún lado. Si tu mamá decide acompañarte, no te opongas. Sería una oportunidad de que ella se interese también por otras cosas y te suelte un poco.
        Nadie va rescatarte. Tú tienes que salir de esa situación que te ahoga. Necesitas valorarte, corregir tus errores, crecer como persona... Acércate a Dios, pídele paz, fortaleza y claridad respecto de lo que tienes que hacer.

EL OBSERVADOR 251-13

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PINCELADAS
Buen humor
Justo López Melús *

        Santa Teresa tenía un buen sentido del humor. Se cuenta que una vez la obligó la superiora a suspender el ayuno: «Bajo santa obediencia le mando que almuerce una tortilla con tocino». Y la Santa contestó: «¿Obediencia y tocino? ¡Sea muy enhorabuena!». En otra ocasión la invitaron unos amigos a comer perdices, y comentó: «Conviene distinguir: cuando perdiz, perdiz, y cuando oración, oración».
        Caminaban juntos Teresa y Juan de la Cruz, y alguien les gastó una broma, y fray Juan se sonrojó. Santa Teresa le dijo: «¿Qué pasa, padre mío? ¿No se sonroja la dama y se sonroja el galán?». En otra ocasión preguntó la Santa a su escribano cuánto eran sus honorarios. El oficial contestó: «Un beso». Y la Santa se lo dio diciendo: «Nunca me ha salido una escritura tan barata». No interesa averiguar si estas leyendas son auténticas o no, pero la verdad es que reflejan el talante campechano de la gran mística.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 251-14

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Cuando el padre no está: consejos para madres solas
Yusi Cervantes


        Hay muchas mujeres que se encuentran en la vida con la responsabilidad de educar y mantener solas a sus hijos. Tal vez son viudas o madres solteras. Tal vez fueron abandonadas por sus maridos o se separaron o divorciaron y el hombre se desentendió. Las circunstancias son distintas, las historias también; pero si estás asumiendo sola la responsabilidad de criar a tus hijos, quizá estos consejos puedan ayudarte:
        * No trates de hacer de padre y madre. Tienes que asumir toda la responsabilidad, es cierto, pero basta con que seas una persona, es decir, con que seas plenamente madre. Padre y madre normalmente comparten la responsabilidad de los hijos, pero es una responsabilidad, no dos.
        Ésta es la realidad: no hay padre. Doloroso a veces, difícil, pero madre e hijos tienen que aceptarlo. Y descubrir que pueden vivir con esto. Cuando la madre trata de hacer los dos papeles es probable que consiga agotarse emocionalmente, que pierda la perspectiva de su propia vida e incluso de su identidad.
        * Sé auténtica. Muchas mujeres tratan de actuar como suponen que haría el padre. Por ejemplo, son estrictas porque suponen que así sería él. En especial las viudas suelen preguntarse ante situaciones difíciles: «Él, ¿qué habría decidido?». Y resuelven en consecuencia, muchas veces sin escuchar su propia opinión. El fantasma del marido se vuelve tan intenso que algunas de las opiniones que manifestó en el pasado pesan más de lo que pesarían si él estuviera realmente presente. ¿Cómo puedes saber con certeza lo que él diría? Tal vez sepas lo que dijo en el pasado respecto a algo; pero no cuentas con que podría haber madurado, haber cambiado su forma de ver las cosas, haber cambiado de opinión. Tal vez habría escuchado tus argumentos o los de tus hijos y decidido finalmente algo muy distinto a lo que tú supones.
        Pero más importante que esto es el hecho de que él no está, y quien tiene que asumir las consecuencias de las decisiones que tomes eres tú misma. La responsabilidad es tuya, así que tienes que confiar en tu criterio, tu intuición, tu sentido común...
        Esto vale también para las opiniones de los abuelos, tíos y demás personas cercanas: son sólo opiniones. No permitas que otros decidan y te suplanten en el papel de madre. Tus hijos necesitan tener bien claro que tú eres la madre.
        * Toma tú las decisiones, pero asesórate, escucha opiniones, acércate a los maestros de tus hijos, toma un curso para padres.
        * Y ya que hablamos de confianza, confía en tu capacidad de sacar adelante a la familia. «Mi yugo es suave», dijo Jesús, y debemos confiar en que si nos da las pruebas es porque tenemos la capacidad de salir adelante.
        * No permitas que tus hijos –y menos otras personas– te manipulen con el argumento de «si mi papá estuviera». No está, punto. Y no vale que los hijos caigan en la autocompasión ni que los demás justifiquen sus problemas con un «¡pobrecito, no tiene padre!».
        * Si el padre vive, no tienes que sentirte culpable ante tus hijos por los errores del pasado, ni darles explicaciones que no les corresponden. Tienen derecho a saber la verdad respecto a quién es su padre, pero no a juzgar las decisiones que ustedes tomaron. Si fallaste, pide perdón a Dios, perdónate a ti misma, asume las consecuencias de tus actos y adelante, vive tranquila. No tienes por qué pasarte el resto de tu vida pidiendo disculpas.
        Cuando la madre vive sintiéndose culpable ante los hijos, se incapacita a sí misma para educarlos bien. Probablemente sea demasiado dócil o permisiva, o se encuentre con frecuencia deprimida o confundida. No vale la pena. Hay que dar la vuelta a la página y vivir la de hoy con claridad y paz interior. Resuelve tus conflictos emocionales.
        * Procura que tus hijos tengan cerca una imagen masculina en quien encuentren afecto y apoyo. No se trata de sustituir al padre ni de encontrar quien se haga cargo de los niños, sino solamente de enriquecer la vida de los chicos con la presencia de hombres significativos en su vida. Las personas ideales para esto son los abuelos y los tíos carnales, quienes ya tienen un lazo de afecto y un vínculo estable con tus hijos y contigo.
        * No te aisles, no canceles tu vida. Necesitas un proyecto, un sentido de vida y ser siempre tú misma, no solamente la mamá de tus hijos.
        * Nunca olvides que tú y tus hijos son un hogar completo. Incluso si nada más es un hijo o hija, ustedes son un hogar. Créelo, vívelo, de modo que puedas darle a tus hijos la estabilidad que necesitan.
        * Sé feliz. Con esa felicidad que brota del interior, de la certeza de ser hija de Dios y de estar viva. Nada ni nadie puede arrebatarte esa felicidad, que puede convivir incluso con el dolor y la tristeza y con las dificultades de la vida. Ser feliz es una de las mejores herencias que puedes dejar a tus hijos.


        Hay muchas mujeres que se encuentran en la vida con la responsabilidad de educar y mantener solas a sus hijos. Tal vez son viudas o madres solteras. Tal vez fueron abandonadas por sus maridos o se separaron o divorciaron y el hombre se desentendió. Las circunstancias son distintas, las historias también; pero si estás asumiendo sola la responsabilidad de criar a tus hijos, quizá estos consejos puedan ayudarte:
        * No trates de hacer de padre y madre. Tienes que asumir toda la responsabilidad, es cierto, pero basta con que seas una persona, es decir, con que seas plenamente madre. Padre y madre normalmente comparten la responsabilidad de los hijos, pero es una responsabilidad, no dos.
        Ésta es la realidad: no hay padre. Doloroso a veces, difícil, pero madre e hijos tienen que aceptarlo. Y descubrir que pueden vivir con esto. Cuando la madre trata de hacer los dos papeles es probable que consiga agotarse emocionalmente, que pierda la perspectiva de su propia vida e incluso de su identidad.
        * Sé auténtica. Muchas mujeres tratan de actuar como suponen que haría el padre. Por ejemplo, son estrictas porque suponen que así sería él. En especial las viudas suelen preguntarse ante situaciones difíciles: «Él, ¿qué habría decidido?». Y resuelven en consecuencia, muchas veces sin escuchar su propia opinión. El fantasma del marido se vuelve tan intenso que algunas de las opiniones que manifestó en el pasado pesan más de lo que pesarían si él estuviera realmente presente. ¿Cómo puedes saber con certeza lo que él diría? Tal vez sepas lo que dijo en el pasado respecto a algo; pero no cuentas con que podría haber madurado, haber cambiado su forma de ver las cosas, haber cambiado de opinión. Tal vez habría escuchado tus argumentos o los de tus hijos y decidido finalmente algo muy distinto a lo que tú supones.
        Pero más importante que esto es el hecho de que él no está, y quien tiene que asumir las consecuencias de las decisiones que tomes eres tú misma. La responsabilidad es tuya, así que tienes que confiar en tu criterio, tu intuición, tu sentido común...
        Esto vale también para las opiniones de los abuelos, tíos y demás personas cercanas: son sólo opiniones. No permitas que otros decidan y te suplanten en el papel de madre. Tus hijos necesitan tener bien claro que tú eres la madre.
        * Toma tú las decisiones, pero asesórate, escucha opiniones, acércate a los maestros de tus hijos, toma un curso para padres.
        * Y ya que hablamos de confianza, confía en tu capacidad de sacar adelante a la familia. «Mi yugo es suave», dijo Jesús, y debemos confiar en que si nos da las pruebas es porque tenemos la capacidad de salir adelante.
        * No permitas que tus hijos –y menos otras personas– te manipulen con el argumento de «si mi papá estuviera». No está, punto. Y no vale que los hijos caigan en la autocompasión ni que los demás justifiquen sus problemas con un «¡pobrecito, no tiene padre!».
        * Si el padre vive, no tienes que sentirte culpable ante tus hijos por los errores del pasado, ni darles explicaciones que no les corresponden. Tienen derecho a saber la verdad respecto a quién es su padre, pero no a juzgar las decisiones que ustedes tomaron. Si fallaste, pide perdón a Dios, perdónate a ti misma, asume las consecuencias de tus actos y adelante, vive tranquila. No tienes por qué pasarte el resto de tu vida pidiendo disculpas.
        Cuando la madre vive sintiéndose culpable ante los hijos, se incapacita a sí misma para educarlos bien. Probablemente sea demasiado dócil o permisiva, o se encuentre con frecuencia deprimida o confundida. No vale la pena. Hay que dar la vuelta a la página y vivir la de hoy con claridad y paz interior. Resuelve tus conflictos emocionales.
        * Procura que tus hijos tengan cerca una imagen masculina en quien encuentren afecto y apoyo. No se trata de sustituir al padre ni de encontrar quien se haga cargo de los niños, sino solamente de enriquecer la vida de los chicos con la presencia de hombres significativos en su vida. Las personas ideales para esto son los abuelos y los tíos carnales, quienes ya tienen un lazo de afecto y un vínculo estable con tus hijos y contigo.
        * No te aisles, no canceles tu vida. Necesitas un proyecto, un sentido de vida y ser siempre tú misma, no solamente la mamá de tus hijos.
        * Nunca olvides que tú y tus hijos son un hogar completo. Incluso si nada más es un hijo o hija, ustedes son un hogar. Créelo, vívelo, de modo que puedas darle a tus hijos la estabilidad que necesitan.
        * Sé feliz. Con esa felicidad que brota del interior, de la certeza de ser hija de Dios y de estar viva. Nada ni nadie puede arrebatarte esa felicidad, que puede convivir incluso con el dolor y la tristeza y con las dificultades de la vida. Ser feliz es una de las mejores herencias que puedes dejar a tus hijos.


        Hay muchas mujeres que se encuentran en la vida con la responsabilidad de educar y mantener solas a sus hijos. Tal vez son viudas o madres solteras. Tal vez fueron abandonadas por sus maridos o se separaron o divorciaron y el hombre se desentendió. Las circunstancias son distintas, las historias también; pero si estás asumiendo sola la responsabilidad de criar a tus hijos, quizá estos consejos puedan ayudarte:
        * No trates de hacer de padre y madre. Tienes que asumir toda la responsabilidad, es cierto, pero basta con que seas una persona, es decir, con que seas plenamente madre. Padre y madre normalmente comparten la responsabilidad de los hijos, pero es una responsabilidad, no dos.
        Ésta es la realidad: no hay padre. Doloroso a veces, difícil, pero madre e hijos tienen que aceptarlo. Y descubrir que pueden vivir con esto. Cuando la madre trata de hacer los dos papeles es probable que consiga agotarse emocionalmente, que pierda la perspectiva de su propia vida e incluso de su identidad.
        * Sé auténtica. Muchas mujeres tratan de actuar como suponen que haría el padre. Por ejemplo, son estrictas porque suponen que así sería él. En especial las viudas suelen preguntarse ante situaciones difíciles: «Él, ¿qué habría decidido?». Y resuelven en consecuencia, muchas veces sin escuchar su propia opinión. El fantasma del marido se vuelve tan intenso que algunas de las opiniones que manifestó en el pasado pesan más de lo que pesarían si él estuviera realmente presente. ¿Cómo puedes saber con certeza lo que él diría? Tal vez sepas lo que dijo en el pasado respecto a algo; pero no cuentas con que podría haber madurado, haber cambiado su forma de ver las cosas, haber cambiado de opinión. Tal vez habría escuchado tus argumentos o los de tus hijos y decidido finalmente algo muy distinto a lo que tú supones.
        Pero más importante que esto es el hecho de que él no está, y quien tiene que asumir las consecuencias de las decisiones que tomes eres tú misma. La responsabilidad es tuya, así que tienes que confiar en tu criterio, tu intuición, tu sentido común...
        Esto vale también para las opiniones de los abuelos, tíos y demás personas cercanas: son sólo opiniones. No permitas que otros decidan y te suplanten en el papel de madre. Tus hijos necesitan tener bien claro que tú eres la madre.
        * Toma tú las decisiones, pero asesórate, escucha opiniones, acércate a los maestros de tus hijos, toma un curso para padres.
        * Y ya que hablamos de confianza, confía en tu capacidad de sacar adelante a la familia. «Mi yugo es suave», dijo Jesús, y debemos confiar en que si nos da las pruebas es porque tenemos la capacidad de salir adelante.
        * No permitas que tus hijos –y menos otras personas– te manipulen con el argumento de «si mi papá estuviera». No está, punto. Y no vale que los hijos caigan en la autocompasión ni que los demás justifiquen sus problemas con un «¡pobrecito, no tiene padre!».
        * Si el padre vive, no tienes que sentirte culpable ante tus hijos por los errores del pasado, ni darles explicaciones que no les corresponden. Tienen derecho a saber la verdad respecto a quién es su padre, pero no a juzgar las decisiones que ustedes tomaron. Si fallaste, pide perdón a Dios, perdónate a ti misma, asume las consecuencias de tus actos y adelante, vive tranquila. No tienes por qué pasarte el resto de tu vida pidiendo disculpas.
        Cuando la madre vive sintiéndose culpable ante los hijos, se incapacita a sí misma para educarlos bien. Probablemente sea demasiado dócil o permisiva, o se encuentre con frecuencia deprimida o confundida. No vale la pena. Hay que dar la vuelta a la página y vivir la de hoy con claridad y paz interior. Resuelve tus conflictos emocionales.
        * Procura que tus hijos tengan cerca una imagen masculina en quien encuentren afecto y apoyo. No se trata de sustituir al padre ni de encontrar quien se haga cargo de los niños, sino solamente de enriquecer la vida de los chicos con la presencia de hombres significativos en su vida. Las personas ideales para esto son los abuelos y los tíos carnales, quienes ya tienen un lazo de afecto y un vínculo estable con tus hijos y contigo.
        * No te aisles, no canceles tu vida. Necesitas un proyecto, un sentido de vida y ser siempre tú misma, no solamente la mamá de tus hijos.
        * Nunca olvides que tú y tus hijos son un hogar completo. Incluso si nada más es un hijo o hija, ustedes son un hogar. Créelo, vívelo, de modo que puedas darle a tus hijos la estabilidad que necesitan.
        * Sé feliz. Con esa felicidad que brota del interior, de la certeza de ser hija de Dios y de estar viva. Nada ni nadie puede arrebatarte esa felicidad, que puede convivir incluso con el dolor y la tristeza y con las dificultades de la vida. Ser feliz es una de las mejores herencias que puedes dejar a tus hijos.


        Hay muchas mujeres que se encuentran en la vida con la responsabilidad de educar y mantener solas a sus hijos. Tal vez son viudas o madres solteras. Tal vez fueron abandonadas por sus maridos o se separaron o divorciaron y el hombre se desentendió. Las circunstancias son distintas, las historias también; pero si estás asumiendo sola la responsabilidad de criar a tus hijos, quizá estos consejos puedan ayudarte:
        * No trates de hacer de padre y madre. Tienes que asumir toda la responsabilidad, es cierto, pero basta con que seas una persona, es decir, con que seas plenamente madre. Padre y madre normalmente comparten la responsabilidad de los hijos, pero es una responsabilidad, no dos.
        Ésta es la realidad: no hay padre. Doloroso a veces, difícil, pero madre e hijos tienen que aceptarlo. Y descubrir que pueden vivir con esto. Cuando la madre trata de hacer los dos papeles es probable que consiga agotarse emocionalmente, que pierda la perspectiva de su propia vida e incluso de su identidad.
        * Sé auténtica. Muchas mujeres tratan de actuar como suponen que haría el padre. Por ejemplo, son estrictas porque suponen que así sería él. En especial las viudas suelen preguntarse ante situaciones difíciles: «Él, ¿qué habría decidido?». Y resuelven en consecuencia, muchas veces sin escuchar su propia opinión. El fantasma del marido se vuelve tan intenso que algunas de las opiniones que manifestó en el pasado pesan más de lo que pesarían si él estuviera realmente presente. ¿Cómo puedes saber con certeza lo que él diría? Tal vez sepas lo que dijo en el pasado respecto a algo; pero no cuentas con que podría haber madurado, haber cambiado su forma de ver las cosas, haber cambiado de opinión. Tal vez habría escuchado tus argumentos o los de tus hijos y decidido finalmente algo muy distinto a lo que tú supones.
        Pero más importante que esto es el hecho de que él no está, y quien tiene que asumir las consecuencias de las decisiones que tomes eres tú misma. La responsabilidad es tuya, así que tienes que confiar en tu criterio, tu intuición, tu sentido común...
        Esto vale también para las opiniones de los abuelos, tíos y demás personas cercanas: son sólo opiniones. No permitas que otros decidan y te suplanten en el papel de madre. Tus hijos necesitan tener bien claro que tú eres la madre.
        * Toma tú las decisiones, pero asesórate, escucha opiniones, acércate a los maestros de tus hijos, toma un curso para padres.
        * Y ya que hablamos de confianza, confía en tu capacidad de sacar adelante a la familia. «Mi yugo es suave», dijo Jesús, y debemos confiar en que si nos da las pruebas es porque tenemos la capacidad de salir adelante.
        * No permitas que tus hijos –y menos otras personas– te manipulen con el argumento de «si mi papá estuviera». No está, punto. Y no vale que los hijos caigan en la autocompasión ni que los demás justifiquen sus problemas con un «¡pobrecito, no tiene padre!».
        * Si el padre vive, no tienes que sentirte culpable ante tus hijos por los errores del pasado, ni darles explicaciones que no les corresponden. Tienen derecho a saber la verdad respecto a quién es su padre, pero no a juzgar las decisiones que ustedes tomaron. Si fallaste, pide perdón a Dios, perdónate a ti misma, asume las consecuencias de tus actos y adelante, vive tranquila. No tienes por qué pasarte el resto de tu vida pidiendo disculpas.
        Cuando la madre vive sintiéndose culpable ante los hijos, se incapacita a sí misma para educarlos bien. Probablemente sea demasiado dócil o permisiva, o se encuentre con frecuencia deprimida o confundida. No vale la pena. Hay que dar la vuelta a la página y vivir la de hoy con claridad y paz interior. Resuelve tus conflictos emocionales.
        * Procura que tus hijos tengan cerca una imagen masculina en quien encuentren afecto y apoyo. No se trata de sustituir al padre ni de encontrar quien se haga cargo de los niños, sino solamente de enriquecer la vida de los chicos con la presencia de hombres significativos en su vida. Las personas ideales para esto son los abuelos y los tíos carnales, quienes ya tienen un lazo de afecto y un vínculo estable con tus hijos y contigo.
        * No te aisles, no canceles tu vida. Necesitas un proyecto, un sentido de vida y ser siempre tú misma, no solamente la mamá de tus hijos.
        * Nunca olvides que tú y tus hijos son un hogar completo. Incluso si nada más es un hijo o hija, ustedes son un hogar. Créelo, vívelo, de modo que puedas darle a tus hijos la estabilidad que necesitan.
        * Sé feliz. Con esa felicidad que brota del interior, de la certeza de ser hija de Dios y de estar viva. Nada ni nadie puede arrebatarte esa felicidad, que puede convivir incluso con el dolor y la tristeza y con las dificultades de la vida. Ser feliz es una de las mejores herencias que puedes dejar a tus hijos.

EL OBSERVADOR 251-15

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¿Quién debe hacerlo y cómo?
¿Quién debe hacerlo y cómo?
¿Quién debe hacerlo y cómo? ¿Quién debe hacerlo y cómo?
Javier Algara Cossío *Javier Algara Cossío *
Hablé con un amigo sacerdote del reciente documento de los obispos mexicanos, «Del encuentro con Cristo a la reconciliación», cuya divulgación y estudio me parece de primera importancia y urgencia. Surgió la interrogante: «¿Cómo?». Me atreví a sugerir que bien podía él utilizar sus homilías de varios domingos para explicar paulatinamente su contenido. Más aún, opiné que esas homilías podían cambiar de formato, evitando el soliloquio y dando oportunidad a los fieles de intervenir -preguntando y opinando-, máxime que las reflexiones planteadas por nuestro episcopado en el documento brindan amplia oportunidad para hacerlo. No tuve que añadir que el momento actual del país crea un ambiente propicio inigualable para tal tipo de reflexión comunitaria y para propiciar un sacudimiento positivo entre los fieles. A mi amigo casi le daba un desmayo ante mi descabellada sugerencia.
En primer lugar, me dijo, la homilía no tiene carácter de diálogo, ni es su finalidad enseñar; para eso está la catequesis. La homilía pretende motivar a la práctica de las virtudes cristianas a partir de la Palabra proclamada en la Misa. Además, añadió, si ya la mera publicación del dichoso documento puso a temblar a los señores de la Secretaría de Gobernación, imagínate la que se armaría si en las misas se discute sobre ello. Me quedé pensando: ¿será posible todo eso?
Respecto al último temor de mi amigo, ¿habrán sido nuestros pastores capaces de publicar un texto que ponga en peligro la estabilidad del Estado mexicano? Tanto el sentido común como las mismas ideas expresadas en el documento rechazan tal hipótesis. La congruencia de la reflexión episcopal mexicana con las enseñanzas del Papa en la Ecclesia in America es patente. Sobre la primera objeción a mi sugerencia, si el sermón dominical no es el camino adecuado para dar a conocer tan importante documento a sus destinatarios, ¿cuál es? ¿La catequesis, como manifiesta mi amigo sacerdote? En este caso mi pregunta es la siguiente: ¿cuál catequesis? Fuera de la que se da a los niños para prepararlos a la primera comunión, la que forma parte de los cursos presacramentales -forzados y a matacaballo, en muchos casos- y de la que sé que forma parte de los programas de algunos grupos como «Comunidad y Vida», el «Neocatecumenado», la «Renovación en el Espíritu Santo» y otros parecidos, necesariamente reducidos en número y alcance, yo, personalmente, no sé de una parroquia o agrupación católica, en mi comarca, donde una actividad semejante se realice en serio. ¿No es, por tanto, la catequesis tarea del clero? O quizás sea que el volumen de sus labores no les permite dedicarse a ella. Entonces, ¿quién debe encargarse de hacer llegar la enseñanza de la Iglesia a los fieles común y corrientes?
Si contestáramos que es responsabilidad de los mismos fieles el hacerse de los medios para su propia educación cristiana, nos encontramos con otros problemas. Primero: que la mayor parte de ellos no saben qué deben aprender, ni cómo. Menos saben que es su responsabilidad hacerlo. Hay, además, otro problema: algunos medios informativos independientes, como EL OBSERVADOR, ya publicaron hace unas semanas el texto íntegro del documento. Pero tienen la desventaja de su alcance limitado. Los católicos que saben del documento andan a caza del mismo sin gran éxito. Los que lo obtienen lo pasean por ahí como trofeo de guerra. No sé cuántos sacerdotes lo tengan o lo hayan leído. Pero la escasez del texto impreso parece sugerir que su difusión no es prioritaria.
¿Quién debe difundir la verdad? ¿Cómo?

(FIN)

EL OBSERVADOR 251-16

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