El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

7 de Mayo de 2000 No. 252

SUMARIO

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Fervor desbordante en el II Congreso Eucarístico Nacional

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AL ALBA DEL MILENIO A pesar de todo

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La madurez (Don Quijote)

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Vivir los Diez Mandamientos

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN Para no perder la bicicleta

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Realidad virtual, ¿camino a la irrealidad?

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PERDER POR DEFAULT Algunas precisiones sobre la Inquisición (I)

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¿Alegría pascual o confianza en el reiki?

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TESTIMONIO Platicar con mamá

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MUJERES EN EL MUNDO Urge rescatar el sentido de la maternidad

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Las lágrimas de María Madre

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PINCELADAS Barra de acero

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Rechazo legislativo al derecho de los padres de familia a escoger la educación de sus hijos

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EN EL NOVIAZGO ¿Cuáles son los límites?

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¡Vamos, muchachos!

Fervor desbordante en el II Congreso Eucarístico Nacional

El primero, allá por los lejanos veintes, produjo el encono de las diferencias entre el Estado y la Iglesia y, junto con otros pretextos, dio pábulo a la expulsión de monseñor Filippi, el nuncio apostólico de entonces, por su participación en cultos de carácter externo. Contrastantemente, este segundo Congreso ha servido para apresurar la llegada del nuevo nuncio, monseñor Leonardo Sandri y, felizmente, ha tenido lugar en el marco de unas mejoradas relaciones eclesiástico-gubernamentales.

Debido a las diversas restricciones y limitaciones a las que se vio sometida la Iglesia a lo largo de buena parte del siglo XX con las políticas antieclesiales del gobierno, México tuvo que esperar 76 años para poder realizar el Segundo Congreso Eucarístico Nacional. Celebrado en el marco del Gran Jubileo de los dos mil años del nacimiento de Cristo, el acontecimiento inició el martes pasado, y culminará el día de hoy en la capital del país.
        Para esta ocasión, el papa Juan Pablo II nombró como su representante al cardenal Jorge Medina Estévez, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. El encargado de la organización del congreso fue monseñor Emilio Carlos Berlié Belaunzarán, arzobispo de Yucatán, y contó con la ayuda de los cardenales Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo de Guadalajara, y Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México. El nuevo nuncio apostólico en México, monseñor Leonardo Sandri, hizo su primera aparición pública durante el Congreso.
        Las actividades que más llamaron la atención fueron un concierto de canto sacro, con el tenor Luis María Bilbao y la soprano Ekaterina Tijonchuc, en la catedral metropolitana, el día de la imauguración; dos conferencias del presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, el arzobispo vietnamita François Xavier Nguyên Van Thuân, ofrecidas en dos universidades católicas, la Iberoamericana y la Intercontinental; la Misa del 5 de mayo, en el atrio de la basílica de Guadalupe, y otra al día siguiente, en el Zócalo capitalino, con la participación de miles de fieles provenientes de todo el país, y que culminó con una procesión del Santísimo Sacramento alrededor de la plaza y calles aledañas hasta terminar en el templo de San Felipe de Jesús. Cabe señalar que desde hace 140 años no se celebraba una Eucaristía de tales dimensiones en el Zócalo.
        El último acto del Congreso, con el que se clausuró, fue una Misa con las etnias en la basílica de Guadalupe; pero no sólo se dedicó espacio especial a éstas, ya que en días anteriores hubo celebraciones eucarísticas para niños y para enfermos.
        La participación de los laicos estuvo a cargo del Movimiento Laico del Congreso, dirigido por Carlos Abascal; y la Adoración Nocturna de México jugó un papel primordial en las diversas actividades. Las cifras finales de los que participaron en el Congreso apunta a unos cuatro millones de personas.


Oración del Congreso

Dios, Padre de misericordia y fuente de vida,
Tú nos llamas de todo el mundo
para celebrar con fervor renovado
el gran misterio de la Eucaristía,
memorial perenne de la Pascua de tu Hijo.

Al entrar en el tercer milenio,
agradecidos por la salvación que hemos recibido,
confiados te pedimos:
haz que participando del único Pan y el único Cáliz
seamos un solo cuerpo en Cristo,
y vivamos de la vida divina
que Él nos ha adquirido al precio de su sangre.

Vivificados por su Santo Espíritu
anunciemos al mundo las maravillas de tu amor.

Por Jesucristo, tu Hijo, nacido de María Virgen,
que es Dios y vive y reina contigo,
en la unidad del Espíritu Santo,
por todos los siglos de los siglos. Amén.

EL OBSERVADOR 252-1

Sumario Inicio

AL ALBA DEL MILENIO
A pesar de todo
A pesar de todo

        «He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer: no he sido feliz», escribió Borges al inicio de uno de sus poemas más célebres. Nosotros podemos utilizar este verso para decir que el peor de los pecados que hoy podemos cometer es el de ser indiferentes.
        ¿Cómo actuar, qué hacer? Las soluciones violentas suelen, al mismo tiempo, mostrar el abismo de quien las toma y sumirnos aún más en dicho abismo. No se trata de tomar la primera vía de la pasión y el ofuscamiento, sino la vía civilizada, cristiana, del trabajo, la unión, el esfuerzo y, sobre todas las cosas, la participación.
        En México, por una enorme desgracia auspiciada por siglos de torceduras y simulacros, no tenemos cultura de acción ciudadana. Los grupos llamados intermedios –de comerciantes, de vecinos, de señoras amas de casa, de industriales, de aficionados a tal o cual deporte– apenas si existen, y muchos de ellos, cuando llegan a la adultez, se sienten cercanos al poder y, simplemente, caen en sus métodos.
        Lo que ahora se nos presenta es un grave reto: dejar atrás esa estructura de pensamiento y de vida comodona (la que pide sin dar y exige sin comprometer nada) y salir, literalmente, a la calle a buscar alianza con los otros y a forjar juntos el tipo de porvenir que deseamos para los que nos han de seguir en el reino de este mundo.
        El cambio, con ser profundo, no es complejo. Exige, eso sí, de la confianza en que el otro es mi hermano, no mi enemigo. Que el otro goza y padece de la misma circunstancia que la mía y que, al final de todo, o nos salvamos juntos o nos hundimos juntos. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 252-2

Sumario Inicio

La madurez
(Don Quijote)
Carlos Díaz

        La vida, es verdad, amigo Sancho, está llena de dificultades. Apenas resolvemos un problema llega otro, y tú y yo lo sabemos muy bien, pues vivimos corriente arriba. Sin embargo, es posible madurar.
        La figura vital de la persona madura se caracteriza porque conoce y asume los límites, las insuficiencias y las miserias de la existencia mundana. Pero eso no significa que dé por bueno lo malo, ruin, e inauténtico; que retoque y maquille el inmenso desorden de la existencia, el sufrimiento, la falta de salidas; que dé por rico lo mísero; por auténtica la apariencia, y por plenitud lo vacío. Todo eso lo conoce y lo asume la persona madura en el sentido de que es así, y de que hay que arreglarse con ello sin desánimo.
        Tampoco abandona el trabajo, sino que lo continúa, cumpliendo pese a todo con las obligaciones que ha asumido, con las exigencias que le plantean la familia, la profesión, la comunidad. Y lo hace con fidelidad y exactitud, como antes, a pesar de todos los fracasos, porque el sentido de su vida está en él mismo. Aporta su esfuerzo para poner orden y ayudar una y otra vez, porque él sabe que, aunque haga aparentemente cosas inútiles, más allá de la dificultad está el sentido.
        En esta actitud hay una gran disciplina y capacidad de trabajo. Un coraje que no tiene tanto de osadía como de determinación. Y, además, el importante elemento de la fidelidad y de la paciencia con la vida. Se completa aquí lo que se llama carácter. Es a esa clase de personas a la que se confía la existencia. Precisamente porque ya no tienen la ilusión del gran éxito, del triunfo deslumbrante, pero sí la fuerza de la resistencia; son capaces de realizar lo que tiene vigencia y perduración.
        De esta naturaleza debería ser, especialmente, el verdadero político, el médico, el trabajador social, el educador o el caballero andante en todas sus formas. He ahí la persona soberana, capaz de dar garantía. Y, tanto la suerte humana como la cultura de una época, podría valorarse por la cantidad de personas de esta clase que se dan en ella, y por el influjo que tienen en la misma.
        Ya ves, mi buen Sancho, el verdadero horizonte a que todos estamos llamados. No se puede ir por la vida huyendo. Tarde o temprano llega lo difícil. Lo importante no es que, en ese momento crucial, estemos tan firmes que no nos tiemblen las piernas. Lo importante es que nos tiemblen allí donde nos tienen que temblar, y no huyendo a cualquier otra parte.

EL OBSERVADOR 252-3

Sumario Inicio

Vivir los Diez Mandamientos
(Síntesis de una conferencia)

Charles Joseph Chaput, o.f.m., arzobispo de Denver (EU).

Cuando vivimos nuestras vidas violando los Mandamientos, minamos nuestra amistad con Dios y con nuestros hermanos. Muchos de nosotros preferimos seguir viendo estas enseñanzas de la Iglesia como metas valiosas; pero nos gusta pensar que no son obligatorias, ya que nos engañamos a nosotros mismos diciendo que no son «reales», que sólo los santos son los que verdaderamente pueden vivirlas. El problema es que nada en las palabras o acciones de Jesús apoya tal tipo de pereza mental. Y el infierno será muy "real" si caemos en ella.

        Lo que decimos que creemos necesita guiarnos y normar todo lo que hacemos en la vida… o no es lo que realmente creemos.
        Durante años se ha estado urdiendo un debate sobre los Diez Mandamientos. Pero hay un aspecto interesante en este debate. Algunas personas argumentan que divulgar los Mandamientos no tiene que ver con la fe. Ellos dicen que los Mandamientos simplemente son una recopilación de las normas para vivir ,con las que la gente de buena voluntad está de acuerdo en toda sociedad, ya sea que estén perdidos en el Desierto del Sinaí o caminando en Denver. ¿A caso los Diez Mandamientos tan sólo son un resumen de la sabiduría humana?
        Los Diez Mandamientos se le entregaron a Moisés en una "teofanía" (manifestación de Dios). Fue un acontecimiento real (testimoniado, visto y escuchado), en un lugar real (Monte Sinaí), en un tiempo real (después de que los israelitas dejaron Egipto). Por lo tanto, no son inventos "hechos por el hombre". Vienen de Dios, y ellos expresan cómo debemos vivir ya que pertenecemos a Dios. Tradicionalmente se resumen de las Escrituras de la siguiente manera:
Yo soy el Señor tu Dios: no deberás tener dioses extraños ante Mí. Nosotros comenzamos con el conocimiento más fundamental de fe: Dios existe. El primer Mandamiento da el primer requisito de Dios a nosotros: que lo aceptemos, que aceptemos su autoridad paterna sobre nuestras vidas, y lo adoremos, ya que Él es la fuente de nuestro ser.
        La segunda parte de este primer Mandamiento nos recuerda no poner nada más allá de Dios. Con seguridad se refiere a la superstición, como los cristales de la Nueva Era o la confianza en los horóscopos. Pero también, eso significa mucho más: vivir nuestras vidas poniendo a Dios primero. Ignoramos este mandamiento cuando ponemos al mundo delante de Dios: carrera, dinero, poder, sexo, placer; todos los pequeños "dioses" que nos distraen de Dios. No tenemos que adorar a un becerro de oro en nuestros patios posteriores para perder el significado del mandamiento.
No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano. Cada uno de nuestros nombres es una cosa sagrada. El nombre que recibimos en el Bautismo es el nombre mediante el cual se nos llamará durante toda la eternidad. Por lo tanto, el nombre de Dios, de Jesús, de María, de los santos, son nombres que deberán invocarse en forma moderada.
        El segundo Mandamiento nos advierte en contra del perjurio, juramentos sin importancia o falsos, y blasfemia. También nos recuerda el sentido de lo sagrado y nuestra obligación de rendir honor a aquellas cosas que son sagradas. Si nuestra cultura ha perdido algo en los últimos años es el sentido de temor reverente en presencia de aquello que es sagrado. Miles de cosas hoy son correctas desde el punto de vista político, pero virtualmente nada es sagrado. Esa es la diferencia entre un consenso y una fe revelada. Este Mandamiento nos recuerda que Dios es sagrado.
Recuerda mantener sagrado el Día del Señor. Es una ley de la Iglesia que los fieles estén obligados a participar en Misa los domingos, o en la tarde que precede al domingo. En lo posible, la Iglesia nos anima fuertemente a guardar la fiesta del Día del Señor en la forma tradicional: absteniéndose de trabajar, usando nuestro tiempo para adorar y rezar, haciendo obras de caridad, y reservando tiempo para descansar, para la relajación y meditación. En la cultura de hoy es más y más difícil guardar el domingo como un día de descanso; mucha gente necesita trabajar para poder abastecer a su familia. Es curioso que en nuestros tiempos, en una cultura tan devota al consumismo y al tiempo de descanso, un día de adoración y descanso genuino haya llegado a ser imposible para tantos.
        Pero la santificación del domingo y, por extensión, en todos los días que designe como "santos" la Iglesia, nunca es simplemente un asunto opcional. Es un acto de alabanza y de agradecimiento, la comunidad y la solidaridad, vital para la salud de toda la Iglesia.
Honrarás a tu padre y a tu madre. En este cuarto Mandamiento Dios bendice a la familia como una comunidad de fe, esperanza y caridad, una "Iglesia doméstica". En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos que "Dios ha deseado que, después de Él, deberemos honrar a nuestros padres, a quienes les debemos la vida y quienes nos han distribuido el conocimiento de Dios" (n. 2197).
Aunque este mandamiento parece que se dirige principalmente a los niños, la labor de honrar a nuestros padres nunca termina, y se extiende el cuidado hacia ellos cuando llegue el momento, a través de una enfermedad o de la vejez, cuando ellos dependan de nuestro apoyo como cuando nosotros alguna vez dependimos de ellos.
No matarás. Este es el quinto Mandamiento. Es muy directo: no matar. Pero nosotros siempre tendemos a desear hacerlo gris. No matar, a menos que estemos hablando de "fetos"…el cual es un gran término médico para quitar la atención del hecho de que los fetos son niños no nacidos. No matar, a no ser que estemos hablando de los mentalmente discapacitados. No matar, a no ser que estemos hablando de criminales. No matar, a no ser que estemos hablando de nuestros enemigos . No matar, a no ser que estemos hablando de enfermos terminales, los viejos y los débiles. Calificamos y cuantificamos las bases utilitarias, en lugar de la santidad dada por Dios. La vida humana es sagrada porque viene de Dios.
        No cometerás adulterio. Este es el mandamiento, el sexto Mandamiento, que nos obliga a ser castos. Hoy es una palabra antigua con un significado de riqueza. Cuando pensamos en castidad, frecuentemente lo consideramos idéntico a virginidad o a abstinencia sexual. Pero es mucho más que eso. Envuelve la integridad de la persona. Vivir una vida casta significa sacar de nosotros mismos una forma de egoísmo particular y muy poderosa. Castidad significa no usar a otros como objetos de satisfacción sexual; ya sea por nuestras acciones o en nuestros pensamientos.
        No robarás. El séptimo Mandamiento prohibe tomar de nuestro prójimo sus bienes; y eso significa todo lo que sea robar dinero para rellenar nuestros gastos, o copiar en los exámenes del colegio. Todo esto envuelve a un tipo de ladrón; todos sabemos lo que es un ladrón, y todos sabemos que está mal. Pero todavía hay más sobre este Mandamiento: la Iglesia lo ha aplicado a la dignidad del trabajo. Trabajar es una cosa honorable; de hecho, es una obligación. Mediante este Mandamiento, la Iglesia se enfoca en los derechos del trabajador a recibir un salario decente bajo condiciones honorables de trabajo que permitan a una familia crecer en una atmósfera santa y saludable. No hacer esto sería robarle al trabajador.
No harás falsos testimonios en contra de tu prójimo. El octavo Mandamiento nos pide vivir en la verdad. Conforme Jesús advirtió a los apóstoles, "simplemente lo que digan sea un sí o un no". Pero este Mandamiento también requiere que busquemos la verdad, y después dar testimonio de la verdad. Demanda que seamos personas íntegras, e "íntegras" viene de una palabra en latín que significa ser entero o completo. La verdad nos hace enteros al hacernos moralmente completos.
        De manera virtual ha llegado a ser la definición de la modernidad negar la verdad objetiva y permanente: todo es relativo; no hay realidad objetiva fuera de nuestras propias percepciones e interpretaciones. Pero la declaración de Jesús es clara: "La razón de por qué nací, la razón de por qué vine al mundo es la de dar testimonio de la verdad. Cualquiera comprometido con la palabra escucha mi voz" (Jn 18,37). Lo que la Iglesia siempre ha enseñado consistentemente es que la Verdad existe aparte de nosotros. Ella existe, creamos o no.
No desearás la mujer de tu prójimo. El noveno Mandamiento nos llama a la pureza cristiana de corazón, cuerpo y fe. En el Sermón de la Montaña, Jesús proclama, "Benditos los puros de corazón porque ellos verán a Dios". Debemos ver el cuerpo humano, el nuestro y el de nuestro prójimo, como templo del Espíritu Santo, una manifestación de la voluntad divina.
No codiciarás los bienes ajenos. Es común para la condición humana que deseemos las cosas que no tenemos. El décimo Mandamiento se complementa con el noveno Mandamiento al recordarnos que la envidia, la codicia y la avaricia deberían desterrarse de la vida del cristiano. También nos recuerda que el deseo o intento lleno de voluntad para realizar un acto demoníaco es tan malo como la acción en sí misma. Lo que hay en nuestro corazón también cuenta.
Es irónico: Muchos de nosotros dedicamos una gran parte de nuestro tiempo en acumular cosas. Lo que significa "cosas" varía de persona a persona… pero, al final de nuestras vidas, finalmente todo es la misma basura.



Charles Joseph Chaput, o.f.m., arzobispo de Denver (EU).

Cuando vivimos nuestras vidas violando los Mandamientos, minamos nuestra amistad con Dios y con nuestros hermanos. Muchos de nosotros preferimos seguir viendo estas enseñanzas de la Iglesia como metas valiosas; pero nos gusta pensar que no son obligatorias, ya que nos engañamos a nosotros mismos diciendo que no son «reales», que sólo los santos son los que verdaderamente pueden vivirlas. El problema es que nada en las palabras o acciones de Jesús apoya tal tipo de pereza mental. Y el infierno será muy "real" si caemos en ella.

        Lo que decimos que creemos necesita guiarnos y normar todo lo que hacemos en la vida… o no es lo que realmente creemos.
        Durante años se ha estado urdiendo un debate sobre los Diez Mandamientos. Pero hay un aspecto interesante en este debate. Algunas personas argumentan que divulgar los Mandamientos no tiene que ver con la fe. Ellos dicen que los Mandamientos simplemente son una recopilación de las normas para vivir ,con las que la gente de buena voluntad está de acuerdo en toda sociedad, ya sea que estén perdidos en el Desierto del Sinaí o caminando en Denver. ¿A caso los Diez Mandamientos tan sólo son un resumen de la sabiduría humana?
        Los Diez Mandamientos se le entregaron a Moisés en una "teofanía" (manifestación de Dios). Fue un acontecimiento real (testimoniado, visto y escuchado), en un lugar real (Monte Sinaí), en un tiempo real (después de que los israelitas dejaron Egipto). Por lo tanto, no son inventos "hechos por el hombre". Vienen de Dios, y ellos expresan cómo debemos vivir ya que pertenecemos a Dios. Tradicionalmente se resumen de las Escrituras de la siguiente manera:
Yo soy el Señor tu Dios: no deberás tener dioses extraños ante Mí. Nosotros comenzamos con el conocimiento más fundamental de fe: Dios existe. El primer Mandamiento da el primer requisito de Dios a nosotros: que lo aceptemos, que aceptemos su autoridad paterna sobre nuestras vidas, y lo adoremos, ya que Él es la fuente de nuestro ser.
        La segunda parte de este primer Mandamiento nos recuerda no poner nada más allá de Dios. Con seguridad se refiere a la superstición, como los cristales de la Nueva Era o la confianza en los horóscopos. Pero también, eso significa mucho más: vivir nuestras vidas poniendo a Dios primero. Ignoramos este mandamiento cuando ponemos al mundo delante de Dios: carrera, dinero, poder, sexo, placer; todos los pequeños "dioses" que nos distraen de Dios. No tenemos que adorar a un becerro de oro en nuestros patios posteriores para perder el significado del mandamiento.
No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano. No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano. Cada uno de nuestros nombres es una cosa sagrada. El nombre que recibimos en el Bautismo es el nombre mediante el cual se nos llamará durante toda la eternidad. Por lo tanto, el nombre de Dios, de Jesús, de María, de los santos, son nombres que deberán invocarse en forma moderada.
        El segundo Mandamiento nos advierte en contra del perjurio, juramentos sin importancia o falsos, y blasfemia. También nos recuerda el sentido de lo sagrado y nuestra obligación de rendir honor a aquellas cosas que son sagradas. Si nuestra cultura ha perdido algo en los últimos años es el sentido de temor reverente en presencia de aquello que es sagrado. Miles de cosas hoy son correctas desde el punto de vista político, pero virtualmente nada es sagrado. Esa es la diferencia entre un consenso y una fe revelada. Este Mandamiento nos recuerda que Dios es sagrado.
Recuerda mantener sagrado el Día del Señor. Es una ley de la Iglesia que los fieles estén obligados a participar en Misa los domingos, o en la tarde que precede al domingo. En lo posible, la Iglesia nos anima fuertemente a guardar la fiesta del Día del Señor en la forma tradicional: absteniéndose de trabajar, usando nuestro tiempo para adorar y rezar, haciendo obras de caridad, y reservando tiempo para descansar, para la relajación y meditación. En la cultura de hoy es más y más difícil guardar el domingo como un día de descanso; mucha gente necesita trabajar para poder abastecer a su familia. Es curioso que en nuestros tiempos, en una cultura tan devota al consumismo y al tiempo de descanso, un día de adoración y descanso genuino haya llegado a ser imposible para tantos.
        Pero la santificación del domingo y, por extensión, en todos los días que designe como "santos" la Iglesia, nunca es simplemente un asunto opcional. Es un acto de alabanza y de agradecimiento, la comunidad y la solidaridad, vital para la salud de toda la Iglesia.
Honrarás a tu padre y a tu madre. En este cuarto Mandamiento Dios bendice a la familia como una comunidad de fe, esperanza y caridad, una "Iglesia doméstica". En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos que "Dios ha deseado que, después de Él, deberemos honrar a nuestros padres, a quienes les debemos la vida y quienes nos han distribuido el conocimiento de Dios" (n. 2197).
Aunque este mandamiento parece que se dirige principalmente a los niños, la labor de honrar a nuestros padres nunca termina, y se extiende el cuidado hacia ellos cuando llegue el momento, a través de una enfermedad o de la vejez, cuando ellos dependan de nuestro apoyo como cuando nosotros alguna vez dependimos de ellos.
No matarás. No matarás. Este es el quinto Mandamiento. Es muy directo: no matar. Pero nosotros siempre tendemos a desear hacerlo gris. No matar, a menos que estemos hablando de "fetos"…el cual es un gran término médico para quitar la atención del hecho de que los fetos son niños no nacidos. No matar, a no ser que estemos hablando de los mentalmente discapacitados. No matar, a no ser que estemos hablando de criminales. No matar, a no ser que estemos hablando de nuestros enemigos . No matar, a no ser que estemos hablando de enfermos terminales, los viejos y los débiles. Calificamos y cuantificamos las bases utilitarias, en lugar de la santidad dada por Dios. La vida humana es sagrada porque viene de Dios.
        No cometerás adulterio. Este es el mandamiento, el sexto Mandamiento, que nos obliga a ser castos. Hoy es una palabra antigua con un significado de riqueza. Cuando pensamos en castidad, frecuentemente lo consideramos idéntico a virginidad o a abstinencia sexual. Pero es mucho más que eso. Envuelve la integridad de la persona. Vivir una vida casta significa sacar de nosotros mismos una forma de egoísmo particular y muy poderosa. Castidad significa no usar a otros como objetos de satisfacción sexual; ya sea por nuestras acciones o en nuestros pensamientos.
        No robarás. No robarás.
El séptimo Mandamiento prohibe tomar de nuestro prójimo sus bienes; y eso significa todo lo que sea robar dinero para rellenar nuestros gastos, o copiar en los exámenes del colegio. Todo esto envuelve a un tipo de ladrón; todos sabemos lo que es un ladrón, y todos sabemos que está mal. Pero todavía hay más sobre este Mandamiento: la Iglesia lo ha aplicado a la dignidad del trabajo. Trabajar es una cosa honorable; de hecho, es una obligación. Mediante este Mandamiento, la Iglesia se enfoca en los derechos del trabajador a recibir un salario decente bajo condiciones honorables de trabajo que permitan a una familia crecer en una atmósfera santa y saludable. No hacer esto sería robarle al trabajador.
No harás falsos testimonios en contra de tu prójimo. El octavo Mandamiento nos pide vivir en la verdad. Conforme Jesús advirtió a los apóstoles, "simplemente lo que digan sea un sí o un no". Pero este Mandamiento también requiere que busquemos la verdad, y después dar testimonio de la verdad. Demanda que seamos personas íntegras, e "íntegras" viene de una palabra en latín que significa ser entero o completo. La verdad nos hace enteros al hacernos moralmente completos.
        De manera virtual ha llegado a ser la definición de la modernidad negar la verdad objetiva y permanente: todo es relativo; no hay realidad objetiva fuera de nuestras propias percepciones e interpretaciones. Pero la declaración de Jesús es clara: "La razón de por qué nací, la razón de por qué vine al mundo es la de dar testimonio de la verdad. Cualquiera comprometido con la palabra escucha mi voz" (Jn 18,37). Lo que la Iglesia siempre ha enseñado consistentemente es que la Verdad existe aparte de nosotros. Ella existe, creamos o no.
No desearás la mujer de tu prójimo. El noveno Mandamiento nos llama a la pureza cristiana de corazón, cuerpo y fe. En el Sermón de la Montaña, Jesús proclama, "Benditos los puros de corazón porque ellos verán a Dios". Debemos ver el cuerpo humano, el nuestro y el de nuestro prójimo, como templo del Espíritu Santo, una manifestación de la voluntad divina.
No codiciarás los bienes ajenos. Es común para la condición humana que deseemos las cosas que no tenemos. El décimo Mandamiento se complementa con el noveno Mandamiento al recordarnos que la envidia, la codicia y la avaricia deberían desterrarse de la vida del cristiano. También nos recuerda que el deseo o intento lleno de voluntad para realizar un acto demoníaco es tan malo como la acción en sí misma. Lo que hay en nuestro corazón también cuenta.
Es irónico: Muchos de nosotros dedicamos una gran parte de nuestro tiempo en acumular cosas. Lo que significa "cosas" varía de persona a persona… pero, al final de nuestras vidas, finalmente todo es la misma basura.

(Traducción realizada por la Sra. Ma. Elena García de Alcubierre)

EL OBSERVADOR 252-4

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Para no perder la bicicleta
(Semana sin tele)

        «Todas las noches se reunían a ver una novela, como si estuvieran rezando el rosario. Una vez se metieron ladrones por la parte trasera de la casa, pasaron con bultos robados por la sala donde estaban viendo la novela, y los dueños de casa no se percataron de quiénes eran los que salían, hasta que uno de los niños dijo: 'Mira, mamá, ese hombre se lleva mi bicicleta'».
        Esta historia, que nos relata la nicaragüense María Inés Munguía Ruiz, refleja una realidad patente: la televisión hipnotiza. La concentración que podría dedicarse a la creatividad, al diálogo, a la diversión o la lectura, se enfoca en un aparato que ofrece su producto uniforme para millones de personas. El individuo se hace parte de una actividad colectiva pasiva, observar, la cual alcanza un grado de perfección cuando se abstrae plenamente de la realidad. Y a mayor concentración, mayor permeabilidad para la absorción de los mensajes cuidadosamente elaborados por pocos para el consumo de millones.
        La Semana sin tele está pensada para que los niños vivan su vida. Para que jueguen y se diviertan. Para que se confronten con la vida que los rodea. No la de los personajes inexistentes, que disparan al subconsciente la idea de que la fantasía muchas veces es realidad.
        Y es algo muy sugestivo. Cuanto menos televisión mira una persona, tanto más le parece ésta una propuesta (la Semana sin tele) atractiva, desafiante y atrapante. Por el contrario, cuanto más se encuentra frente a la caja boba (pobre aparato, como si tuviera culpa de algo), tanto más le parecen las propuestas de jugar, dialogar y compartir como tomadas de un libro de actividades marcianas.
        Debemos repetir. Resulta necesario. La televisión es un excelente medio de comunicación y entretenimiento. A no dudarlo. Pero la Semana sin tele no se plantea sus contenidos, sino exclusivamente la dependencia al aparato.
        Creemos que es bueno cuando una persona puede decidir por sí misma sin desea tomar un vaso de vino o dos por día. Pero cuando pierde la capacidad de decisión, cuando se transforma en un consumidor compulsivo, cuando no puede evitar el uso recurrente de un objeto, nos encontramos ante una dependencia. Que los niños y las familias miren televisión como promedio de entre tres horas y media y cuatro horas por día (las estadísticas varían en los distintos países de Occidente) expresa que nos encontramos ante una seria dependencia.
        Para liberarse de la misma, la Semana Internacional sin Tele propone año con año ilimitadas actividades alternativas. Sólo se trata de animarse a vivir la vida. De despegarse de la dependencia. Y de descubrir todo lo que nos perdemos cuando nos desenchufamos de la realidad, prendiendo el televisor.

EL OBSERVADOR 252-5

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Realidad virtual,
¿camino a la irrealidad?

        En el caso de un adolescente que mató a su familia los primeros indicios mostraron que la mente del joven estaba fuertemente influida por un juego de computadora en el que el personaje virtual se parecía mucho a él, con la única diferencia de que era huérfano. En primera instancia y sin más detalles se ha culpabilizado al juego; los especialistas han matizado el juicio al asegurar que se trata de la respuesta a un conjunto de factores familiares, sociales y culturales, aunque no descartan la influencia que haya podido llegar a tener el videojuego.
        No cabe duda de que los nuevos medios de comunicación han potenciado la posibilidad de crear entornos ficticios que cada vez se parecen más a la realidad. El término realidad virtual es joven, data de la década de los ochenta, cuando fue acuñado por Jaron Lanier para distinguir de manera clara entre las simulaciones tradicionales por computadora y el tipo de mundos (y experiencias) que él estaba creando.
        La realidad virtual permite a los usuarios experimentar modelos tangibles de lugares y cosas a través de los sentidos, no mediante abstracciones como el lenguaje o el uso de las matemáticas, sino mediante el uso de la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído. Los especialistas aseguran que mediante la realidad virtual –también llamada realidad sintética o ciberespacio– se lleva a cabo la unión hombre-máquina de una manera más estrecha.
        La típica experiencia de realidad virtual consiste en ponerse un casco, gafas especiales o lentes de contacto y entrar en un mundo de fantasía generado por una computadora. Esta tecnología se usa, por ejemplo, en el diseño de edificios, para aprender a realizar una cirugía de corazón, o para entrenamiento de pilotos de aviones o automóviles, o de actores para aprender a dominar su ansiedad ante el público iniciándose en un teatro virtual.
        Según el científico Robert Stork, uno de los riesgos de la realidad virtual es «la evasión que ofrece al permitirnos ingresar a nuevos mundos, nos saca temporalmente del mundo actual, lo que puede ser nocivo si se abusa, pues se puede generar una dependencia hacia lo que queremos tener y experimentar, que probablemente no coincida con nuestra realidad». En cuanto a la parte física, está la enfermedad de la simulación; los síntomas incluyen, entre otros; náuseas, fatiga visual y desorientación espacial. La raíz del problema tiene lugar cuando los sentidos corporales reciben información incorrecta entre las reacciones en tiempo real y las acciones físicas y visuales resultantes del participante de la simulación. (SOI)

EL OBSERVADOR 252-6

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PERDER POR DEFAULT
Algunas precisiones sobre la Inquisición (I)
Diego García Bayardo

No se puede chiflar y comer pinole; no se puede ser y no ser al mismo tiempo y en la misma circunstancia; no se puede ser católico y aceptar al mismo tiempo las ideas del paganismo, las supersticiones o las herejías. Aunque esto pueda parecer obvio, no es raro que los católicos tengamos por ahí alguna debilidad que compromete nuestra fe en mayor o menor medida, aunque ésta sea sincera. Por supuesto, sería paranoico buscar una superortodoxia para el pueblo católico, y más si consideramos que los mejores creyentes, los de convicción más profunda, suelen ser quienes más dudas expresan y más inferencias elaboran, conscientes de esa incertidumbre que flota perennemente en el mensaje cristiano debido a que todavía estará parcialmente oculto, hasta la vuelta de Cristo: «Al presente vemos como en un espejo y bajo imágenes oscuras, pero entonces le veremos cara a cara. Yo conozco ahora imperfectamente, mas entonces conoceré a la manera en que soy yo conocido» (1 Cor 13, 12-13). Sin embargo, siempre hay un límite o rango máximo de tolerancia en cualquier doctrina: si lo traspaso, ya no puedo considerarme legítimamente como un creyente de ésta; ya soy otra cosa. Por ejemplo, un católico no puede creer en la astrología, en el libre examen de la Biblia o en el Reiki. Simplemente son ideas contradictorias para el Evangelio, y en las cosas de la doctrina, al igual que en el mundo de la física, dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo. Ni modo.
Ese margen de penumbra donde nuestro intelecto e incluso nuestra imaginación pueden tratar de construir respuestas que satisfagan nuestras dudas y llenen los vacíos de la Revelación, pero sin pasarse de rosca, es un margen móvil históricamente; es decir, al crecer nuestro conocimiento sobre las cosas de Dios y al irse definiendo los dogmas de nuestra fe, han ido disminuyendo las dudas, se han aclarado algunas partes oscuras de la Revelación y la incertidumbre se mueve por cauces cada vez más estrechos.
Son estos cambios en nuestro conocimiento y aceptación del mensaje evangélico los que han hecho que la Iglesia haya ido modificando su doctrina y su actitud ante los derechos humanos, la libertad de conciencia, las relaciones Iglesia-Estado, la pena de muerte, el uso de la tortura en la investigación criminal, etc. En su camino a la perfección, el Cuerpo Místico de Cristo ha tenido que despojarse de sus poderes terrenales, sus riquezas, fueros, ejércitos e inquisidores, así como de las ideologías con las que en un tiempo trató de justificar la existencia de todas esas cosas.
No hemos llegado al final del camino, todavía tenemos mucho que hacer para acercarnos al ideal de perfección cristiana; todavía nuestra Iglesia no parece ser del todo la inmaculada esposa del Cordero. Sin embargo, el pueblo cristiano ha mejorado tanto en su calidad espiritual y moral y ha hecho mejorar tanto al mundo entero, incluyendo a los no-cristianos, que ahora vemos con estupor y desagrado las cosas nefastas que alguna vez hicimos como Iglesia y que todo católico aprobó alguna vez en mayor o menor medida. Una de esas fallas fue ese conjunto de instituciones, impropiamente llamadas Inquisición, con las que la Iglesia combatió la herejía, la apostasía y otros pecados desde el siglo XIII hasta el XIX.
La llamada Inquisición es una perfecta desconocida en México y prácticamente en todas partes, pero casi todo mundo cree que sabe sobre ella; en realidad, la gran mayoría de los supuestos conocimientos sobre la Inquisición que se manejan a nivel de masas son puras paparruchas. Casi todos los libros famosos contra las instituciones inquisitoriales fueron escritos entre los siglos XVI y XIX por protestantes, sobre todo ingleses (recuérdese que ninguna nación ha odiado más al catolicismo y a España que la Gran Bretaña) y por jacobinos. Los mitos y exageraciones deliberadamente construidas alrededor de las inquisiciones en general y de la Inquisición española en particular, han alcanzado proporciones fabulosas que en nuestro siglo la cinematografía y la televisión se han encargado de perpetuar, al grado de que la enseñanza que se imparte en las escuelas del gobierno, tan pro-yanqui y anti-española, no escapa completamente de la sandez universal. De ahí que todo mundo crea que sabe mucho de la Inquisición.
Sin embargo, el estudio serio y objetivo de esas instituciones no sólo es posible, sino que ya es bastante fácil en nuestro país encontrar libros que abordan el tema con científica seriedad y rigor. Lo que ha faltado en general son las ganas de leer. La próxima semana ofreceré al lector una pequeña bibliografía sobre el tema, veremos cuántas inquisiciones hubo y para qué sirvieron, sus fines y métodos, el contexto social en el que actuaron y el modo como debemos asumir los católicos de hoy esa innegable mancha de nuestro pasado que, en realidad, aun siendo mancha, no fue tan oscura como algunos quisieran creer.

EL OBSERVADOR 252-7

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¿Alegría pascual o confianza en el reiki? *
Eduardo Monterrubio Santa María


        Conversando con un amigo tomé contacto práctico de lo que sabía del reiki de manera teórica, entre otras cosas que, cambiando la disposición de tus muebles puedes «encauzar» la energía que hay en el mundo para que todo te salga bien, tanto en los negocios como en tu vida personal. Claro que ésta es una técnica muy antigua y, además, del Oriente, por lo que está doblemente garantizada.
        Con todo el respeto que merecen las creencias ajenas, creo que se pueden hacer, entre muchas otras, las siguientes reflexiones partiendo de esta conversación:
        Está más que comprobado que el ser humano es un animal symbolicus y un animal religiosus. Somos simbólicos en cuanto que tendemos naturalmente a dar un sentido profundo a lo más trivial y material. Esta es la base de las acciones supersticiosas y, en el otro extremo, de los sacramentos y de los sacramentales. No es casualidad que en todas las culturas se le den a ciertas palabras y a ciertas acciones un sentido mágico, o que en todas las religiones encontremos, por ejemplo, que el lavarse, acción que purifica externamente, pueda tomar el sentido de purificación del espíritu. Claro que no es lo mismo, para nosotros los cristianos, el encender una veladora o el santiguarse con agua bendita, que el prender una vela verde o arreglar la habitación de cierta manera para «encauzar las energías cósmicas». Pero, ¿cuál es la diferencia? Creo que podríamos decir que es una cuestión de fe. Como decía Chesterton, «cuando se pierde la fe, comienza a creerse en cualquier cosa».
        Los sacramentales no son acciones mágicas, al menos no lo son para un cristiano instruido. Si enciendo una veladora a un santo, a la Virgen Santísima o a Dios mismo, puedo hacerlo de dos formas muy distintas: la primera, teniendo en cuenta que esa vela es un símbolo, una manera de decirle a Dios: «Señor, yo no soy capaz de hacer oración durante largo tiempo, porque soy débil y me pierdo en tantas ocupaciones de todos los días; pero quiero que esta luz que ahora enciendo sean un símbolo de mi amor y de mi oración que quiero ofrecerte por esta o aquella intención». En la segunda forma encender la vela puede querer decir que creo que con este acto una fuerza mágica obligará al santo o a Dios a cumplir mi deseo; entonces estoy realizando un «encantamiento», ya no le estoy pidiendo a Dios un favor.
        No sé si se ve claramente la diferencia. La magia es creer que unas acciones o palabras necesariamente hacen que se realice lo que yo quiero. Es creer que en el universo existe una fuerza cósmica que yo puedo usar a mi conveniencia, siempre que conozca las fórmulas mágicas que dominan a estas fuerzas. Muy distinto es lo que hacemos los cristianos cuando usamos símbolos, porque no creemos que la acción tiene forzosamente que provocar aquello que queremos. Se trata sólo de un símbolo visible de algo invisible; es una forma que el ser humano necesita de hacer más material aquello que es inmaterial: su oración, su ofrecimiento a Dios.
        Estamos en el período más alegre del año: el tiempo pascual. Celebramos con gozo que el Padre nos ha amado tanto que entregó a su Hijo único para que nos rescatara por amor de nuestros pecados y egoísmos. Qué diferencia tan grande entre sentir que «la energía cósmica» me ayuda, y el saberse amado y llevado de la mano por el más poderoso y el más amoroso de los padres: Dios mismo.

EL OBSERVADOR 252-8

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TESTIMONIO
Platicar con mamá

Dos amigas se encontraban tomando un café y una le comenta en tono de queja a la otra:
-Mi mamá me llama mucho por teléfono para pedirme que vaya a platicar con ella. Yo voy poco y, en ocasiones, siento que me molesta su forma de ser. Ya sabes cómo son los viejos: cuentan las mismas cosas una y otra vez. Además, nunca me faltan compromisos: que el trabajo, que mi novio, que los amigos...
-Yo, en cambio -le dijo su compañera- platico mucho con mi mamá. Cada vez que estoy triste, voy con ella; cuando me siento sola, cuando tengo un problema y necesito fortaleza, acudo a ella y me siento mejor.
-¡Caramba! -se apenó la otra-, eres mejor que yo.
-No lo creas, soy igual que tú -respondió la amiga con tristeza-; visito a mi mamá en el cementerio. Murió hace tiempo, pero mientras estuvo conmigo tampoco yo iba a platicar con ella y pensaba lo mismo que tú. No sabes cuánta falta me hace su presencia, cuánto la echo de menos y cuánto la busco ahora que ha partido. Si de algo te sirve mi experiencia, platica con tu mamá hoy que todavía la tienes, valora su presencia resaltando sus virtudes, que seguro las tiene, y trata de hacer a un lado sus errores que, de una u otra forma, ya son parte de su ser. No esperes a que esté en un panteón, porque ahí la reflexión duele hasta el fondo del alma, porque entiendes que ya nunca podrás hacer lo que dejaste pendiente. Será un hueco que nunca podrás llenar. No permitas que te pase lo que me pasó a mí.
En el automóvil iba pensando la muchacha en las palabras de su amiga. Cuando llegó a la oficina, dijo a su secretaria:
-Comuníqueme, por favor, con mi mamá. No me pase más llamadas y también modifique mi agenda porque es muy probable que este día ¡se lo dedique a ella!
¿Tú crees que esto sólo se refiere a los padres? Desafortunadamente, no. Siempre estamos devaluando el cariño o la amistad que otras personas nos ofrecen y, en ocasiones, lo perdemos miserablemente porque no sabíamos cuán importante era, hasta que ya no están a nuestro lado.

EL OBSERVADOR 252-9

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MUJERES EN EL MUNDO
Urge rescatar el sentido de la maternidad
Guadalupe Chávez Villafaña

Cada vez son más los casos de niños abandonados por sus madres, la compra-venta para adopción, el robo de niños para prostitución infantil, tráfico de órganos, o de correos de narcotráfico. Y en todas estas mafias figuran mujeres.
No se diga el aumento de los casos de aborto, en los que la madre mata a su hijo y, además, va en contra de su propia naturaleza, cuya esencia es generadora de vida.
¿Qué está pasando en nuestra sociedad? ¿Qué nos está sucediendo a las mujeres de este fin de milenio? He aquí uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos: rescatar el sentido de la maternidad, rescatar el sentido femenino de generar vida.
Si bien estoy convencida de que no todas las mujeres tenemos vocación para la maternidad física, sí estoy completamente segura de que todas, para cumplir con nuestra misión existencial, hemos de dar vida.
Pero el consumismo aplastante, la idolatría hacia la imagen física, la competencia profesional y, más que nada, la pérdida del sentido de la trascendencia nos han ido desdibujando nuestro camino hacia la felicidad verdadera que se encuentra cuando se cumple la vocación para la que fuimos creadas.
Ahora se ve a mujeres de cuerpos bellísmos, de arreglos impecables, de éxitos económicos acumulables, de hijos cuyas vidas desconocen, de esposos desorientados con los que no se comunican y en todas ellas se capta un dejo de nostalgia, si no es que de angustia y ansiedad.
¿Por qué no rescatar lo sencillo? ¿Por qué no entrar a a nuestro interior y redescubrir nuestra misión de mujeres? ¿Por qué no volver la vista y mirar atentamente a todas esas mujeres que, aunque no destacan en los medios de comunicación o en las revistas de sociedad, están satisfechas con sus vidas, porque han encontrado su centro existencial?
Si no me lo creen, hagan memoria y quizás conozcan, como yo, a alguna de esas mujeres, a las que basta mirar a los ojos para encontrar el brillo de la auténtica felicidad:
*        Esas maestras que entregan su vida toda a la enseñanza, que con ternura y dedicación educan a generaciones enteras, trasmitiendo no sólo conocimientos, sino valores, formación y sobre todo, testimonio de una vida íntegra y austera, con verdadero amor hacia sus alumnos.
*        Esas religiosas que dejan a su familia y, misioneras en tierras lejanas, se entregan al amor de Dios, en el servicio concreto a sus hermanos.
*        Esas mujeres —religiosas y laicas— que dedican sus vidas al cuidado de niños huérfanos, abandonados, delincuentes. ancianos…
*        Esas enfermeras que —todavía existen— se desvelan y sufren al lado de enfermos y familiares a quienes atienden con profesionalismo y ternura.
*        Esas madres solteras que han logrado perdonar y perdonarse por los errores cometidos y ahora se entregan en cuerpo y alma al hijo.
*        Esas mujeres que, estériles, han sabido superar su dolor y acojen en su hogar a ese niño rechazado como si fuera de sus propias entrañas, en una adopción integral.
*        Esas madres de familia que encuentran tiempo para trabajar y ganar el sustento, formar a los hijos y llenarlos de amor, dialogar con el marido y caminar juntos en la lucha y en la alegría de un hogar compartido.
*        Esas mujeres que abrazan con amor de madre a la humanidad entera en su oración callada, en su ayuno y trabajo, en su vida de contemplación.
¡Felicidades en este 10 de mayo a todas esas mujeres que cumplen con su misión generadora de vida!

EL OBSERVADOR 252-10

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Las lágrimas de María Madre


Son lágrimas de dolor por cuantos rechazan el amor de Dios, por las familias separadas o que tienen dificultades, por la juventud amenazada por la civilización de consumo y a menudo desorientada, por la violencia que provoca aún tanto derramamiento de sangre, y por las incomprensiones y los odios que abren abismos profundos entre los hombres y los pueblos.
Son lágrimas de oración: oración de la Madre que da fuerza a toda oración y se eleva suplicante también por cuantos no rezan, porque están distraídos por un sin fin de otros intereses, o porque están cerrados obstinadamente a la llamada de Dios.
Son lágrimas de esperanza, que ablandan la dureza de los corazones y los abren al encuentro con Cristo redentor, fuente de luz y paz para las personas, las familias y toda la sociedad.
Virgen de las Lágrimas, mira con bondad materna el dolor del mundo. Enjuga las lágrimas de los que sufren, de los abandonados, de los desesperados y de las víctimas de toda violencia.
Alcánzanos a todos lágrimas de arrepentimiento y vida nueva, que abran los corazones al don regenerador del amor de Dios. Alcánzanos a todos lágrimas de alegría, después de haber visto la profunda ternura de tu corazón.
¡Alabado sea Jesucristo!
Juan Pablo II

EL OBSERVADOR 252-11

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PINCELADAS
Barra de acero

Justo López Melús *

        Los papas han llamado a Teresa de Lisieux la santa más grande de los tiempos modernos. Tenía un espíritu recio y fuerte. Su estilo lírico y su cara de niña bonita han despistado a muchos indocumentados, que no supieron entenderla. Vivió a fondo la infancia espiritual, tan evangélica, y que no tiene nada de infantil. El futuro Juan Pablo I quedó sorprendido al conocerla: «Es una barra de acero, por su valentía y fuerza de voluntad».
        Sólo cinco pequeños detalles: *En el lavadero una hermana la salpicaba con agua sucia. Teresa nunca se quejó. *Otra hermana tintineaba con las medallas del rosario. Teresa aguantó hasta encontrarlo melodioso. *Una anciana inaguantable se impresionaba por las sonrisas que le dirigía Teresa. *Cuando descubrió la enfermedad mortal, quedó serena y en paz. *En verano les ponían una jarra de sidra para dos. La otra se la bebía toda. Teresa no pedía agua, para no mostrarle que ella también tenía sed.
        ¡Pequeños detalles! ¿Quieres probarlo?

EL OBSERVADOR 252-12

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Rechazo legislativo al derecho de los padres de familia a escoger la educación de sus hijos
Javier Algara Cossío *

        Finalmente, después de casi tres años de haber sido presentada por el PAN ante la Cámara de Diputados, fue dictaminada la iniciativa para incluir en el artículo tercero de la Constitución mexicana el reconocimiento del derecho de los padres de familia respecto a decidir la educación de sus hijos.
        Fueron tres años de insistencia de esos legisladores para que se decidiera al respecto. Además, esta iniciativa constituye un reflejo natural de dos hechos. Uno, el más importante, es la demanda –a veces no del todo consciente– de muchísimos ciudadanos con hijos, de poder enviarlos a escuelas distintas de aquéllas (las provistas por el Estado) a las que su carencia económica los obliga y que frecuentemente no poseen los programas ni los contenidos que ellos considerarían congruentes con sus formas de pensar. Otro motivo de la iniciativa, el más profundo, es una aberración que existe en la ley máxima de nuestra patria. Me refiero a que en ninguna parte de esta ley se menciona el derecho del que hablamos, a pesar de que el Estado mexicano ha firmado y sancionado varios acuerdos internacionales en los que el dicho derecho claramente se postula como perteneciente a aquéllos inherentes a la persona humana. Uno de ellos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y el artículo 133 de la Constitución manda que los acuerdos internacionales firmados por nuestro país se conviertan en ley de la nación.
        El dictamen, después de un debate muy intenso, fue puesto a votación. El PAN insistió en que se trataba de una disyuntiva: o se reconoce o no se reconoce el derecho de los padres; se reconoce como derecho inherente a la naturaleza humana, o no. Si se reconoce, debe incluirse en la ley. Si no, es una hipocresía mantener los tratados aprobados en los que se habla de derechos humanos. Los votos del PRI y del PRD indicaron que esos partidos consideran innecesario el reconocimiento legal del derecho de los paterfamilias. Ya se esperaban los panistas cierta oposición, especialmente del PRD, dada su visión del papel del Estado en la educación. Pero lo que constituyó una sorpresa para la gente del PAN fueron los argumentos aducidos por sus colegas priístas y perredistas. Afirmaron éstos que es innecesaria la reforma sugerida porque, según ellos, ya reconoce la ley el derecho de los padres a escoger la educación de sus hijos. Para confirmar su aseveración, los del PRI citaron el texto del artículo tercero constitucional que dice: «Todo individuo tiene derecho a recibir educación». Los del PRD hicieron lo propio argumentando que dicho artículo ya dice, en su fracción VI, que «los particulares podrán impartir educación en todos sus tipos y modalidades». Otra postura fue la de algunos diputados que alegaron que reconocer ese derecho de los padres era equivalente a permitir imposiciones ideológicas. Otros más, ampararon su voto contrario en la afirmación de que no se puede debatir en la ley el concepto de libertad.
        No creo necesario hacer ver al lector lo absurdo de la argumentación en contra de la propuesta panista. Quedó muy claro en el debate que lo que buscan los diputados que rechazaron la iniciativa era lograr que el derecho de los padres de familia siga en el limbo legal de su ausencia en la ley; la pertinencia lógica de los argumentos no se considera importante.
        Los derechos humanos siguen siendo en algunos partidos un bonito eslogan de campaña.

* El autor es diputado federal por el estado de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 252-13

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EN EL NOVIAZGO
¿Cuáles son los límites? *
Sentirnos atraídos hacia otra persona puede ser una experiencia maravillosa, embriagadora. Cuando estamos con la otra persona sentimos una ternura que hace que nuestro corazón y nuestro cuerpo se estremezcan.
Este placer experimentado por la proximidad de alguien provoca el deseo de vivirlo aún más intensamente, de ir más lejos en la relación.
Ahora bien, darse la mano, besarse y tocarse ya es mucho. Todos estas muestras de cariño, de amor, nos comprometen el uno al otro. Nadie es de piedra, sean cuáles sean los sentimientos que se tengan.
Por eso es importante preguntarse si los dos interpretan estas muestras de cariño de la misma forma : ¿es amor?, ¿simple placer?, ¿necesidad de cariño?, ¿no nos comprometerán estos actos más de lo que creemos? Si hemos demostrado nuestro amor, si nos hemos entregado el uno al otro, ¿podemos saber aún verdaderamente y con claridad cuáles son nuestros sentimientos?
Esta relación de cariño es distinta de la que se vive en el matrimonio, donde la entrega total del cuerpo se convierte en un compromiso definitivo. Para vivirla de la mejor manera posible debemos fijarnos en la sensibilidad del otro, en cómo reacciona y aprender a dominarnos.
Podemos tener la tentación, sobretodo si nos conocemos desde hace mucho, de demostrar nuestro cariño de una forma más íntima. Pero debemos preguntarnos qué es lo que nos impulsa a hacerlo ¿nuestro cariño o lo que desea del otro?
Si nos sentimos verdaderamente atraídos el uno por el otro, ¿no será el momento de plantearnos el matrimonio? ¿Cuántos matrimonios que acabaron mal no hubieran sucumbido si el hombre y la mujer hubieran tenido tiempo de conocerse y de elegir a la pareja con plena libertad?
«A pesar de que en nuestra sociedad la publicidad repita sin cesar las palabras 'instantáneo' e 'inmediatamente' y de que queramos tenerlo 'todo y ahora', deben tener en cuenta que se precisa tiempo para construir una relación interpersonal entre marido y esposa, y que la prueba del amor es el compromiso duradero» (Juan Pablo II a los jóvenes de las Islas Mauricio, 15 de octubre de 1989).

* Tomado de la revista Il est Vivant!, número especial 90-91.
(FIN)

EL OBSERVADOR 252-14

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¡Vamos, muchachos!
Juan Pedro Oriol

        Son muchachos que se han dejado llevar por el viento de la vocación. Ahora están en pleno vuelo y gozan de la altura de su compromiso sin límites y del riesgo de ser generosos sin medida.
        No tienen miedo de haberse equivocado en su decisión ni se enredan cuestionándose si su camino es el correcto. Buscan a Dios y saben que para llegar a Él necesitan un corazón grande. Por eso viven por amor. Para ellos no hay caminos hacia el amor. El amor es el camino.
        Sólo quieren preparase para proclamar la Buena Nueva en los tiempos nuevos. Saben que han sido llamados a servir y no a ser servidos. Han encontrado un tesoro maravilloso que quieren repartir a todos, Y en su mirada se refleja la esperanza de sus almas decididas a entregarse por los demás.
        Son iguales pero, a la vez, diferentes a los demás jóvenes. Gustan y sienten toda la fuerza de la pasión y el impulso de sus sentimientos, pero son capaces de hacer lo que pocos jóvenes consiguen: seguir no sólo lo que les pide el cuerpo sino lo que les pide el espíritu.
        Quieren jugar el partido de la vida con una entrega total. Van con todo, conscientes de su pequeñez pero seguros de la grandeza del llamado que han recibido. No se preocupan por la fama. Para ellos la fidelidad y la sencillez son mucho más importantes.
        Buscan superarse a través de una formación integral porque están llamados a ser verdaderos líderes de almas y, a la vez, soldados rasos de una Iglesia que es comunidad en camino.
        Están en la etapa decisiva y en el ambiente ideal para profundizar en la fe, forjar el carácter, compartir la amistad, fortalecer la voluntad y disfrutar de la más sana diversión.
        Encuentran su fortaleza en la oración. Sintonizan con Dios como con el mejor de los amigos: le cuentan todo y tratan de escuchar su voz maravillosa, esa voz que sólo escuchan los que saben que existe la vida interior.
        Viven juntos durante algunos años. Luego cada uno partirá hacia su destino para cumplir la misión a la que fueron llamados. Comenzarán una nueva etapa: la del apostolado ministerial. Pero nunca olvidarán aquellos años en los que fueron preparándose para ser testigos de la Verdad y del Amor en medio de un mundo que, como afirmaba hace poco el famoso escritor Carlos Fuentes, necesita más que nunca la presencia de testigos.

EL OBSERVADOR 252-15

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