El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

14 de Mayo de 2000 No. 253

SUMARIO

bullet Es pecado no votar
bulletAL ALBA DEL MILENIO En defensa de la vida
bulletDERECHOS HUMANOS Derechos laborales y contienda electoral
bulletLa Eucaristía, fuente de toda vocación y ministerio en la Iglesia
bulletENTREVISTA No es la pobreza o la riqueza la que salva o condena
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN Tiempo de silencios
bulletPERDER POR DEFAULT Algunas precisiones sobre la Inquisición (II)
bulletA LAS PUERTAS DEL TEMPLO El lugar de la herida
bulletDemasiados días de tolerancia
bulletLos misioneros católicos que salvaron a los indígenas de la extinción
bulletJubinotas
bulletUn voto por la democracia
bulletNuevas esclavitudes
bulletDe noviazgos, rupturas y cosas peores
bulletPINCELADAS El ignorante y el inteligente

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Es pecado no votar
+ Mario De Gasperin Gasperin, obispo de Querétaro

        Sí, en las actuales circunstancias es pecado no votar. Es pecado de omisión. Lo decimos muy claro los obispos en nuestro mensaje sobre las elecciones: «El dejar de votar es una falta grave de responsabilidad y constituye una falta moral» (n. 8).
        Usted se preguntará: ¿Por qué ahora los señores obispos nos insisten en votar y nos dicen que es un pecado no hacerlo? Esto no se oía antes, ¿se trata de un nuevo pecado? No. No se trata de un nuevo pecado, sino que ahora las circunstancias han cambiado. Antes no había garantías de respeto al voto. Era prácticamente una burla, porque un grupo se había adueñado del poder y del destino de la nación. El pecado era de ellos, no de usted. Ahora las cosas han cambiado y, aunque hay fallas, existen suficientes garantías de respeto al voto. Así que todos los católicos ¡a votar!
        El pecado de todos aquellos que compraron, vendieron y no respetaron el voto es muy grave. Decimos los obispos: «Todo lo que de alguna manera constituya una forma fraudulenta de obtener el voto, es deshonesto, censurable, y constituye una falta moral grave, pues se manipula a la persona, hiriendo su dignidad» (n. 16). También decimos: «Es inmoral y deshonesto el que los dueños o directivos de los medios, comunicadores y líderes de opinión manipulen la información para favorecer o privilegiar a un candidato en particular o a un partido» (n. 26). Estos violadores de los derechos y de la dignidad de la persona humana, si son católicos, deben en conciencia reparar esa «falta moral grave», ese pecado.

¿Por quién voto?

        Vote usted por el candidato que quiera. Pero vote según su conciencia. La conciencia es la voz de Dios que se escucha en el fondo del corazón y que nos dice que debemos hacer el bien y evitar el mal. Y, cuando se trata de elegir a una autoridad pública, va de por medio el bien de la nación, el bien de mucha gente, el bien de los más necesitados. Éste es el bien por el que debemos votar.
        Por eso los obispos decimos en nuestro mensaje que el que vota debe fijarse en el ejemplo y vida moral de los candidatos. Ya hemos tenido experiencias dolorosas en este sentido. Cuentan, decimos, «su capacidad profesional, su honestidad y la rectitud de su vida personal y familiar» (n. 16). Usted juzgue y decida.
        Pero hay asuntos fundamentales que también debemos salvaguardar. Enumeramos tres:
        a) Si el candidato está dispuesto «a garantizar el derecho inalienable a la vida desde su concepción hasta su muerte natural».
        b) Si el candidato está dispuesto a respetar y apoyar «el derecho de los padres a escoger el modelo de educación integral que desean para sus hijos».
        c) Si el candidato está dispuesto a favorecer «la libre iniciativa social, oportunidades de trabajo, la moralidad en la vida económica y apoyar a los más pobres» (n. 17).
        Todos estos son postulados de la doctrina social de la Iglesia y derechos humanos fundamentales. Valen para todos. Infórmese bien, haga oración y vote en conciencia. Va de por medio el bien de todos.

        Votar en conciencia

        Votar en conciencia significa votar según las propias convicciones. Significa ser coherentes con lo que creemos y pensamos, con lo que llevamos en el fondo de nuestro corazón. Votar en conciencia significa no ser oportunista ni convenenciero, ni dejarse manipular o comprar.
        Los obispos escribimos en nuestro mensaje sobre las elecciones lo siguiente: «En la hipótesis de que un candidato sostenga políticas contrarias a los principios de la ética y la moral, un católico no puede, en conciencia, darle su voto» (n. 24). Estas letras son para recordarle que este es su deber, si es usted católico. No puede usted darle su voto, en conciencia, a alguien que vaya contra las convicciones de usted mismo. Esto está más claro que el agua.
        Por supuesto, si usted quiere votar contra sus propias convicciones, en contra de su fe, es asunto suyo. Es su responsabilidad y su pecado. Porque es pecado obrar contra la propia conciencia. Pensamos que usted tiene sus propias convicciones, que es un católico convencido, de verdad. Por eso, lo que afirmamos los obispos no equivale a imponerle nada, porque usted no está a fuerza dentro de la Iglesia. Tampoco es ir en contra de algún partido, porque la Iglesia y su doctrina son anteriores a los partidos políticos. La Iglesia existe antes que todos ellos. Si un partido y su candidato ofrecen conductas contrarias a la doctrina y moral católicas, es su responsabilidad. Son ellos los que están contra la iglesia, no la Iglesia contra ellos.
        Piense en esto: si no hubieran sido fieles a su conciencia, no habría ni mártires ni santos en la Iglesia. Si quienes tienen responsabilidades públicas procedieran conforme a una recta conciencia, otro gallo nos cantara.

EL OBSERVADOR 253-1

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AL ALBA DEL MILENIO
En defensa de la vida
En defensa de la vida

La reciente exhortación de los obispos mexicanos sobre el voto de los católicos no puede sino desorientar a los despistados. La Iglesia está en su legítimo derecho de extender su experiencia en humanidad hacia los distintos campos en los que hombres y mujeres desarrollan sus actividades, «examinado su conformidad o diferencia en lo que el Evangelio enseña acerca del hombre (...) para orientar en consecuencia la conducta cristiana» (Juan Pablo II). Los obispos están en absoluta obligación de hacer entender a los cristianos qué ofende la dignidad del hombre y qué es lícito esperar de un gobernante.
        Vivimos en un Estado laico, pero también –no hay que perderlo de vista– democrático, en el que las instituciones y las personas tenemos derecho a exponer y defender nuestra opinión. Laico quiere decir neutral, no antirreligioso. Y neutral quiere decir que, si bien no opta por una confesión oficial, está obligado a defender la libre expresión y el desarrollo de la religión. A su vez, obligado a respetar la configuración de la sociedad que los ciudadanos decidan generar de acuerdo con sus convicciones religiosas.
        La Iglesia católica ha sido muy cuidadosa siempre en admitir que la fe cristiana puede conducir a compromisos políticos distintos. No se «casa» con una sola opinión ni está en su naturaleza la preferencia exclusiva. Busque el que quiera un texto donde la Iglesia (en su Magisterio) señale una opción política exclusiva para los fieles y verá que tal indicación no existe. Es empeño de sus detractores hacer pensar que la Iglesia viola el principio fundamental de la democracia cuando afirma que compromete a sus miembros (en una especie de voto corporativo) hacia un solo camino partidista. La Iglesia es profundamente demócrata porque piensa que la existencia de diferentes opciones políticas puede ser fuente del respeto de la dignidad y los derechos de las personas.
        Desde luego que el tema del aborto es de importancia extrema para la Iglesia. Acorde con su afirmación irrestricta de la vida, tiene que fijar normas de conciencia entre los cristianos. El derecho a la vida es el derecho primario y fundamental de la persona. Y su protección, el deber más elemental del Estado. ¿Cómo no «intervenir» a favor de este derecho ahora que se están delineando los diferentes compromisos políticos hacia el 2 de julio próximo? Los obispos saben muy bien cuál es su deber. Y lo han cumplido cabalmente: la aceptación de Cristo entraña un sí rotundo a la vida y un no igual de rotundo a quienes planteen estar por encima de Dios y se empeñen en hacerse dueños del destino de las criaturas divinas que somos todos los hombres.
        La Conferencia del Episcopado mexicano no ha hecho más que cumplir con su deber de dar cuerpo al Evangelio e iluminar con su mensaje siempre actual las tenebrosas realidades del alba del nuevo milenio. En un panorama donde casi todo es ambiguo, la «luz del gentío» brilla con absoluta intensidad a favor de la vida. Pero, ojo, los obispos no imponen un proyecto político sino proponen a la conciencia del cristiano, y de todos los hombres de buena voluntad, cuál debe ser su actitud ante la defensa de la vida. Su mensaje es para el que quiera escucharlo. Exige, eso sí, una respuesta madura: el voto no es cosa de juego, es la única herramienta que posee el ciudadano para expresar libremente sus convicciones sobre el bien común. Es necesario, pues, votar con la conciencia rectamente formada, pero con libertad. Cada uno, en su intimidad, elija la mejor opción de acuerdo con lo que quiere para él y para todos. Si tiene conflicto moral, elija el «bien posible» sobre el mal necesario. Y en la cúspide hágase la pregunta central de toda elección política: ¿este partido, esta persona, garantiza la defensa de la dignidad de la persona, de sus derechos y de su desarrollo?
        Tal es –y no otro– el mensaje principal de los obispos. Pensar que es «limitativo» de los derechos políticos de los electores es pensar pobremente. Preguntémonos: ¿cómo puede ser «limitativa» una orientación que defina lo que es defender la vida? ¿Lo que es entenderla en toda su extensión divina, lo que es apreciarla en su dimensión humana y trascendente? Con todo respeto, pero quienes ven en esto una «limitación» es que están ciegos. (J. S. C.)




EL OBSERVADOR 253-2

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DERECHOS HUMANOS
Derechos laborales y contienda electoral *
Miguel Concha

        Precarización e inestabilidad en el empleo. ¿Nueva cultura laboral? es el título del informe anual del Centro de Reflexión y Acción Laboral, cuyo objetivo básico es poder construir puentes de acción y de propuestas a favor de los derechos humanos laborales.
        Reconocidos como normas fundamentales por la Organización Internacional del Trabajo, los derechos humanos laborales podrían tener en la actual coyuntura electoral la oportunidad de avanzar en su aplicación sustantiva y universal. La necesidad de construir esperanza cobra sentido si se observa el doliente historial obrero que han instaurado los tecnócratas y los señores del dinero en los últimos sexenios. Basta observar la situación de dos derechos:
        Derecho al salario remunerador. El tema es el empobrecimiento y la degradación de las condiciones de vida. El salario de 1999 apenas adquiría 7% de lo que se compraba en 1976. En 22 años ha perdido su poder adquisitivo en 93%, por lo que debiera aumentar en 290%.
        Durante los primeros cuatro años del actual gobierno, el salario había perdido 47.6% de su poder de compra, y sólo en los primeros meses de 1999, 9.7%. En consecuencia, los efectos de la pérdida del poder adquisitivo del salario en lo que va de la presente administración han sido de enorme dureza: el precio de la «canasta obrera indispensable» equivale a cuatro salarios mínimos; la «canasta básica constitucional» requiere un incremento porcentual de más de mil puntos, y la «canasta alimenticia constitucional» sólo se adquirirá si el salario mínimo se incrementa ciento por ciento.
        Derecho al empleo estable. De acuerdo con la expectativa gubernamental, 1999 generaría en la economía un millón de plazas de trabajo. El Instituto Mexicano del Seguro Social reportó, sin embargo, en el primer semestre de ese año, 326 mil empleos generados, de los cuales 193 mil 547 tenían el carácter de permanentes, y el resto, es decir, 132 mil 453, de eventuales, y, al cierre del mes de septiembre, los trabajadores asegurados (permanentes y eventuales) alcanzaban la cifra de 340 mil trabajadores. Para el último mes del año la cifra ascendió a 706 mil.
        La problemática general del empleo se agudiza además en los sectores sociales más vulnerables: más de la mitad de la población indígena nacional trabaja más de diez horas a cambio de 20 pesos; la tasa de desempleo en jóvenes casi triplica la media nacional; más de tres y medio millones de menores de edad laboran en actividades marginales, y 40% de los jubilados pobres sobreviven con mil 176 pesos al mes.
        Dados los resultados objetivos del modelo neoliberal durante 1999, no se puede apelar sino a la única alternativa que queda: la construcción de una esperanza operativa con la que el pueblo trabajador mexicano se dé un modelo económico que reivindique la dignidad y las oportunidades del trabajo. Los derechos humanos laborales tienen que ser en la contienda electoral punto de discernimiento y opción para todos aquellos que viven o aspiran a vivir de su salario.

* Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 253-3

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La Eucaristía, fuente de toda vocación y ministerio en la Iglesia
Mensaje de Su Santidad Juan Pablo II para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

        La Jornada Mundial de Oración (...), momento particularmente intenso de las fechas jubilares, me ofrece la ocasión para reflexionar junto con ustedes sobre el don de la divina llamada.
        1.- «Cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios mandó a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4,4).
        «La plenitud del tiempo se identifica con el misterio de la encarnación del Verbo, y con el misterio de la redención del mundo» (Tertio millennio adveniente, n. 1): en el Hijo consustancial al Padre y hecho hombre en el seno de la Virgen se abre y llega a su plenitud en el tiempo esperado, tiempo de gracia y de misericordia, tiempo de salvación y de reconciliación.
        Cristo revela el plan de Dios respecto de toda la creación y en particular respecto del hombre. Él «revela plenamente el hombre al hombre y le comunica su altísima vocación (Gaudium et spes, n. 22), escondida en el corazón del Eterno. El misterio del Verbo encarnado será plenamente descubierto sólo cuando cada hombre y cada mujer sean realizados en Él, hijos en el Hijo, miembros de su Cuerpo místico que es la Iglesia.
        El Jubileo, y éste en particular, celebrando los 2000 años de la entrada en el tiempo del Hijo de Dios y el misterio de la redención, incita a cada creyente a considerar su propia vocación personal, para completar lo que falta en su vida a la pasión del Hijo en favor de su Cuerpo que es la Iglesia (cfr. Col 1, 24).
        2.- «Puesto con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. Se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Mas Él desapareció de su presencia. Se dijeron uno al otro: '¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras en el camino nos hablaba y nos explicaba las Escrituras?'» (Lc 24, 30-32).
        La Eucaristía constituye el momento culminante en el que Jesús, al darnos su Cuerpo inmolado y su Sangre derramada por nuestra salvación, descubre el misterio de su identidad e indica el sentido de la vocación de cada creyente. En efecto, el significado de la vida humana está todo en aquel Cuerpo y en aquella Sangre, ya que por ellos nos han venido la vida y la salvación. Con ellos debe, de alguna manera, identificarse la existencia misma de la persona, la cual se realiza a sí misma en la medida en que sabe hacerse, a su vez, don para todos.
        En la Eucaristía todo esto está misteriosamente significado en el signo del pan y del vino, memorial de la Pascua del Señor: el creyente que se alimenta de aquel Cuerpo inmolado y de aquella Sangre derramada recibe la fuerza de transformarse a su vez en don. Como dice san Agustín: «Sé lo que recibes y recibe lo que eres».
        En el encuentro con la Eucaristía algunos descubren sentirse llamados a ser ministros del altar, otros a contemplar la belleza y la profundidad de este misterio, otros a encauzar la fuerza de su amor hacia los pobres y débiles, y otros, también, a captar su poder transformador en las realidades y en los gestos de la vida de cada día. Cada creyente encuentra en la Eucaristía no sólo la clave interpretativa de su propia existencia sino el valor para realizarla y construir así, en la diversidad de los carismas y de las vocaciones, el único Cuerpo de Cristo en la historia.
        En la narración de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35) san Lucas hace entrever cuánto acaece en la vida del que vive de la Eucaristía. Cuando en el partir el pan por parte del forastero se abren los ojos de los discípulos, ellos se dan cuenta que el corazón les ardía en el pecho mientras lo escuchaban explicar las Escrituras. En aquel corazón que arde podemos ver la historia y el descubrimiento de cada vocación, que no es conmoción pasajera, sino percepción cada vez más cierta y fuerte de que la Eucaristía y la Pascua del Hijo serán cada vez más la Eucaristía y la Pascua de sus discípulos.
        3.- «He escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno» (1 Jn 2, 14).
        El misterio del amor de Dios, «escondido desde los siglos y desde las generaciones» (Col 1, 26), es ahora revelado a nosotros en la «palabra de la cruz» (1 Cor 1, 18) que, morando en ustedes, queridos jóvenes, será su fuerza y su luz y les descubrirá el misterio de la llamada personal.
        Conozco las dudas de ustedes y sus fatigas, los veo con cara de desaliento, comprendo el temor que los asalta ante el futuro. Pero tengo también en la mente y en el corazón la imagen festiva de tantos encuentros con ustedes en mis viajes apostólicos, durante los cuales he podido constatar la búsqueda sincera de la verdad y el amor que permanece en cada uno de ustedes.
        El Señor Jesús ha plantado su tienda en medio de nosotros y desde esta morada eucarística repite a cada hombre y a cada mujer: «Vengan a Mí todos ustedes, que están cargados y oprimidos, y Yo los confortaré» (Mt 11, 28).
        Queridos jóvenes: ¡Anden al encuentro de Jesús Salvador! ¡Ámenlo y adórenlo en la Eucaristía! Él está presente en la Santa Misa que hace sacramentalmente presente el sacrificio de la cruz. Él viene a nosotros en la sagrada comunión y permanece en los sagrarios de nuestras iglesias, porque es nuestro amigo, amigo de todos, particularmente de ustedes, jóvenes, tan necesitados de confidencia y de amor. De Él pueden sacar el coraje para ser sus apóstoles en este particular paso histórico: el 2000 será como ustedes los jóvenes lo quieran y lo deseen. Después de tanta violencia y opresión el mundo tiene necesidad de «echar puentes» para unir y reconciliar; después de la cultura del hombre sin vocación hacen falta hombres y mujeres que creen en la vida y la acogen como llamada que viene de lo Alto, de aquel Dios que porque ama, llama; después del clima de sospecha y de desconfianza, que corrompe las relaciones humanas, sólo jóvenes valientes, con mente y corazón abiertos a ideales altos y generosos podrán restituir belleza y verdad a la vida y a las relaciones humanas. Entonces este tiempo jubilar será para todos de verdad «año de gracia del Señor», un Jubileo vocacional.
        4.- «Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio» (1 Jn 2, 13).
        Cada vocación es don del Padre, y, como todos los dones que vienen de Dios, llega a través de muchas mediaciones humanas: la de los padres o educadores, de los pastores de la Iglesia, de quien está directamente comprometido en un ministerio de animación vocacional, o del simple creyente.
        Quisiera con este mensaje dirigir la mirada a toda esta categoría de personas, a las que está ligado el descubrimiento y el apoyo de la llamada divina. Soy consciente de que la pastoral vocacional constituye un ministerio no fácil, ¿pero cómo no recordarles que nada es más sublime que un testimonio apasionado de la propia vocación? Quien vive con gozo este don y lo alimenta diariamente en el encuentro con la Eucaristía, sabrá derramar en el corazón de tantos jóvenes la semilla buena de la fiel adhesión a la llamada divina. Es en la presencia eucarística donde Jesús nos reúne, nos introduce en el dinamismo de la comunión eclesial y nos hace signos proféticos ante el mundo.
        Quisiera aquí dirigir un pensamiento afectuoso y agradecido a todos aquellos animadores vocacionales, sacerdotes, religiosos y laicos, que se prodigan con entusiasmo en este fatigoso ministerio. No se dejen desanimar por las dificultades, ¡tengan confianza! La semilla de la llamada divina, cuando es plantada con generosidad, dará frutos abundantes. Frente a la grave crisis de vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada, que afecta a algunas regiones del mundo, es menester, sobre todo en este Jubileo del año 2000, afanarse para que cada presbítero, cada consagrado y consagrada descubra la belleza de su propia vocación y la testimonie a los demás.
        Que cada oyente llegue a ser educador de vocaciones, sin tener que proponer una elección radical; que cada comunidad comprenda la centralidad de la Eucaristía y la necesidad de los ministros del Sacrificio Eucarístico; que todo el pueblo de Dios alcance siempre la más intensa y apasionada oración al Dueño de la Mies, con el fin de que mande operarios a su mies.

EL OBSERVADOR 253-4

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ENTREVISTA
No es la pobreza o la riqueza la que salva o condena

        Uno de los hombres más capaces en doctrina social de la Iglesia es el padre Roberto Sirico, presidente y fundador del Acton Institute para el Estudio de la Religión y la Libertad. La agencia católica ZENIT lo entrevistó recientemente en Roma. Transcribimos un extracto:
        ZENIT: En Estados Unidos, más que en otras partes, la globalización es vista por muchos como el triunfo del libre mercado que garantizará un futuro radiante al planeta. Para Europa y muchos países, en cambio, se piensa que acentuará la desigualdad entre ricos y pobres.
        ROBERTO SIRICO: Es importante subrayar que se puede vencer la pobreza en una sociedad moderna. Hay que superar el concepto marxista según el cual en una economía libre hay personas que prosperan a costa de los otros. La única respuesta moral a la pobreza es la de garantizar una redistribución equitativa de la riqueza. Para ello es necesario que las naciones industrializadas se comprometan a transferir conocimientos a los países pobres y, sobre todo, hagan un esfuerzo para integrarlos en el proceso del comercio global. Esto significa ofrecer grandes oportunidades a los trabajadores de todo el mundo, en una dimensión de competitividad correcta y justa participación.
        ZENIT: Algunos mantienen que la Iglesia está demasiado inclinada a la defensa de los débiles y los pobres, mientras que otros acusan a algunos sectores del mundo católico de acercarse demasiado al libre mercado.
        ROBERTO SIRICO: Hay que mirar las potencialidades del mercado para promover la solidaridad. La solidaridad es una virtud social que expresa también nuestra naturaleza de hombres que quieren convivir.
        ZENIT: Se piensa que hay que ser miserable y oprimido para alcanzar la salvación, y que la riqueza es sinónimo de perdición.
        ROBERTO SIRICO: No es la riqueza ni la pobreza la que salva a la persona. Sólo la gracia de Dios salva. En este sentido, san Agustín decía que no era la pobreza la que salvó a Lázaro, sino su humildad. No es la riqueza la que proporciona al hombre la bendición de Dios, sino su conducta moral.
        La tradición católica ha tratado de distinguir siempre entre las oportunidades y las tentaciones que provienen de la riqueza. Nunca ha canonizado a priori a los pobres o demonizado a los ricos, aunque ha hecho una llamada a todos, pobres y ricos, a comprometer la propia vida en la responsabilidad, la generosidad y la santidad.
        ZENIT: A pesar de la inexactitud de las previsiones, el maltusianismo parece dominar todavía en algunos organismos internacionales. ¿Cuál es su opinión a este respecto?
        ROBERTO SIRICO: El hombre es el recurso más grande del planeta. Ésta es la respuesta más sencilla y directa a Malthus y a sus seguidores modernos. Esta concepción del hombre no es solamente más alta sino también más acertada y realista. La concepción maltusiana del hombre, visto sólo como boca a la que hay que dar de comer, está en neto contraste con la doctrina social de la Iglesia, que coloca la dimensión humana en un contexto más verídico, en el que el hombre es considerado por su potencialidad de creatividad inteligente, su naturaleza productiva y su capacidad de trascender la dimensión material de su realidad cotidiana. Es interesante, en este sentido, considerar cómo la concepción más sofisticada de «capital humano» está perfectamente en armonía con la filosofía personalista de Juan Pablo II. El Pontífice ha subrayado explícitamente la dignidad del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios. El hombre, que con sus capacidades intelectivas continúa la obra de Dios. Sólo en estos términos es posible comprender el sentido del «capital humano», evitando los trastornos que tiene como único objetivo la mera productividad y el consumo.

EL OBSERVADOR 253-5

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Tiempo de silencios
Santiago Norte

Tiempo de silencios
Santiago Norte

        No obstante el vocinglero de candidatos a la presidencia de un país que apenas si conocen, la pantalla casera de los mexicanos permanece en el más ominoso de los silencios políticos. Silencio no por falta de presencia (la hay y en demasía), sino por falta de contenido real de dicha presencia. Cuando tenemos la oportunidad (histórica) de definir lo que queremos como país, resulta que todo se nos va en tonterías, que no tenemos claro qué definir.
        En efecto, el debate que se aproxima –segundo y último– entre los tres que van punteando, promete ser otra carretada de malos entendidos, propuestas sobadísimas, promesas y ataques al enemigo. Si en un debate tan pautado como el del pasado 25 de abril hubo un candidato (el del PRI) que dedicó todo el tiempo que le concedieron para que explicara su política social en atacar al del PAN, y si el PAN concibió sus 14 minutos como un spot grandote, ¿qué podemos esperar cuando se vuelvan a juntar y les den tema libre? Una desilusión más al ya de por sí atribulado corazón de los mexicanos, conocedores (verdaderos artistas) de la paciencia infinita.
        Debatir es otra cosa. El país es otra cosa. Termina mayo y no encontrarnos más que piedras huecas en el discurso de unos y otros. Incluso en el discurso de aquéllos que se apropiaron o del centro, o de la izquierda, o de las minorías, o de la nada. ¿Alguien sabe dónde quedó el hombre concreto, el mexicano de carne y hueso en estos enfrentamientos televisivos? Nadie mira compasivamente la miseria ni se compromete en verdad con ese ejército desesperado de 40 millones de pobres que subsisten en México con menos de 10 pesos diarios. Son –a lo sumo– bandera provisional (iba a escribir política, pero la política es algo mucho más grave que este tránsito de monólogos en que la hemos convertido). Y como los señores candidatos saben que están en la tele y que la tele ha educado a las masas en la práctica cotidiana de la lobotomía, se solidarizan con los mexicanos derrengados, lobotomizándose ellos mismos. A eso le llaman estrategia.
        El poder encandila y el poder absoluto encandila absolutamente. En este sistema de estrellas y estrellitas lo que campea por sus respetos es la palabrería: el «se» de los políticos («se construirán tantas aulas», «se harán tres años de preescolar», «se les llevará computación e inglés a todos los niños mexicanos»...). Un «se» que ni compromete ni genera esperanza real. Está ahí, flotando, etéreo, afilado solamente para dar gusto a quien se conforma con su ración diaria de realidad virtual. El «se» que hemos trocado por la acción; el «se» del «realismo» político a la mexicana. Y ese «se» es el peor de los silencios que concebirse pudiera. Habla mucho, no construye nada.
        La palabra cargada de sentido, aquella que va al fondo de la condición humana, está muy alejada de nuestra política farandulera, ramplonsona, como de telenovela barata (casi todas son baratas). Y si no hay palabra que se sostenga no hay política que valga. Por ello hablo de silencio, porque las palabras dichas para quien está acostumbrado a pasar por encima de ellas, no sirven, son puras palabras.

EL OBSERVADOR 253-6

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PERDER POR DEFAULT
Algunas precisiones sobre la Inquisición (II)
Diego García Bayardo

La primera Inquisición fue creada en la Edad Media por iniciativa papal para combatir a los herejes cátaros de Francia. Se suponía que los obispos debían cuidar la ortodoxia de los fieles de su diócesis, pero este sistema resultó tan ineficaz que se hizo necesario crear una nueva institución, más móvil, que actuara de forma efectiva contra esa secta tan desviada que creía que Dios y el diablo tenían una misma dignidad, que eran coeternos y que el diablo era el verdadero creador del mundo material, incluyéndonos a nosotros. La impopularidad social del hereje medieval, que solía ser linchado por las turbas sin juicio alguno, fue uno de los factores que obligaron a la Iglesia a crear un tribunal competente, propio, que juzgara esos casos con las debidas bases teológicas. Esta primera Inquisición fue perdiendo poder en la época de los papas de Aviñón y del Cisma de Occidente, de modo que en la época del surgimiento y expansión del protestantismo aquella institución ya no fue de utilidad alguna. Por otra parte, la Inquisición papal no fue efectiva en Europa oriental, en Inglaterra y -nótese el dato curioso- en España.
La Inquisición española, sin duda la más famosa del mundo, surgió en tiempos de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón justamente cuando la Inquisición original, la papal, alcanzaba su punto máximo de decadencia y debilidad; por eso, siendo ésta ya inútil, se necesitaba en España una nueva Inquisición, hecha a la medida de las necesidades e intereses de la monarquía española. Ahí, el rápido deterioro que sufrió la tolerancia religiosa después de la Reconquista, a pesar de siglos de coexistencia pacífica entre católicos, musulmanes y judíos, propició que la nueva Inquisición progresara rápidamente a pesar de su impopularidad inicial en algunas provincias españolas. Aquí echa a andar la historia de una institución nada simpática pero absolutamente fascinante, de una importancia tal en la historia del Renacimiento y de la Edad Moderna en general que nadie puede considerarse exento de la obligación de conocerla a fondo, sin fantasías grotescas ni distorsiones; lástima que no tenemos aquí el espacio suficiente para contarla, aunque fuera brevemente. Sin embargo, invito al lector a emprender la aventura literaria de conocer las causas que dieron origen a la Inquisición, su desarrollo, implantación en México y América, sus métodos y agentes, los cambios de tendencia que sufrió y su episódica abolición.
Recomiendo entonces a mis lectores el libro de Henry Kamen La Inquisición española, publicado por Grijalbo-CONACULTA en 1990. Es excelente y muy esclarecedor el libro de Arthur Stanley Turberville La Inquisición española, publicado por el Fondo de Cultura Económica en su colección Breviarios. Muy bueno también el libro de la doctora Solange Alberro Inquisición y sociedad en México, 1571-1700, publicado por el Fondo de Cultura Económica. Criticado y defendido con pasión, vale la pena leer también el clásico Inquisición sobre la Inquisición de Alfonso Junco, publicado en Editorial Jus.
La próxima semana concluiremos este somero vistazo a la historia de la institución católica favorita de los anticatólicos.

Fuera de tema

Muchos despistados se han quedado con la idea de que Gilberto Rincón Gallardo, candidato de Democracia Social a la presidencia de la República, «ganó» el debate de los candidatos y tiene buenas ideas. Nada más falso. Pocos se dieron cuenta de que ese señor tuvo dos contradicciones fenomenales en su discurso, con una monstruosidad incluida, además de la vaguedad de propuestas propia de un candidato que se sabe perdedor y sólo quiere seguir viviendo de nuestros impuestos. Uno: Proclamó el respeto total a las minorías de todo tipo y luego prometió que si gana no perdonará la vida a un solo bebé que haya sido concebido por una violación.¿Por qué esa minoría no merece respeto alguno? Esa es la primera contradicción y también la inhumana monstruosidad. Dos: Proclamó su rechazo al presidencialismo, a la toma de decisiones desde el centro del país, y luego afirmó que no permitirá que autoridades como las de Baja California salven a los bebés del aborto. ¿No es eso caer otra vez en el centralismo y el autoritarismo? ¿Dónde queda el respeto a la autonomía estatal y municipal? De veras que los comunistas no cambian nunca. Lo chistoso del asunto es que, luego de su «éxito» en el debate, el señor Rincón logró que lo llamaran a varios programas televisivos de entrevistas y comentario político, y entonces se reveló lo que todo mundo sospechaba antes: que el señor era una nulidad. Cada vez que lo entrevistan, apenas termina de contar sus anecdotazos personales y de lanzar su manida proclama a favor de las minorías, el pobre hombre se queda sin nada que decir; sólo añade algunas pequeñas vaguedades y empieza a repetir su rollo una y otra vez...

EL OBSERVADOR 253-7

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A LAS PUERTAS DEL TEMPLO
El lugar de la herida *
Javier Sicilia

        Durante los festejos del XXX aniversario de la fundación APAC se me invitó para que hablara sobre calidad de vida. No es un tema sobre el que había reflexionado. La calidad, en el sentido en que lo entiende nuestra sociedad tecnológica, consumista, posmoderna y new age, es un término que me repugna. Sin embargo, acepté porque se trataba de hablar de calidad de vida ante un auditorio (minusválidos y parientes de minusválidos) que es la antítesis de lo que nuestra sociedad concibe bajo ese término y porque si alguien tiene algo que decir sobre el verdadero sentido de la calidad de vida son ellos.
        ¿Pero qué es lo que dicen ellos sobre ese término tan de moda? Pensé en mí mismo, que durante algunos meses, a causa de una rotura de rodillas, he estado temporalmente minusválido; en el trabajo que hice con las Hermanas de la Caridad; en los amigos que tienen hijos minusválidos, y en los días que he pasado en la comunidad de El Arca. Lo que descubrí es que la calidad que esas experiencias me han revelado no se encuentra, como muchos pensarían, en la asistencia médica y sus desarrollos tecnológicos, sino en los vínculos de amor que se generan a partir de la debilidad. Jean Vanier, que fundó las comunidades de El Arca, sitios en donde minusválidos de todo tipo viven en comunidad con no minusválidos, acuñó una frase que encierra ese sentido: «El lugar de la herida es el lugar del encuentro». Encontrarse es reconocernos, mirarnos, descubrirnos. Pero encontrarse en la herida, en el dolor, es no sólo reconocernos sino abrazarnos en nuestra humanidad, dignificarnos como hombres. No hay amor y, en consecuencia, no hay calidad de vida en el sentido humano de la palabra, si no estamos dispuestos a abrazarnos en nuestras pobrezas.
        Los minusválidos tal vez sean los más pobres de los pobres. Reducidos a sus incapacidades, muestran sin temor su herida. Cuando nos dejamos interpelar por ellos, descubrimos que también nosotros somos pobres. He ahí la herida y el lugar del encuentro. Sólo cuando reconocemos nuestras pobrezas podemos descubrir lo mucho que tenemos que darnos. No se trata de una donación unilateral: lo que el no-minusválido da al minusválido, sino de lo que ambos tienen que darse. Eso es calidad de vida: lo que el amor de unos y otros a partir de sus respectivas heridas se dan.
        Hay un ejemplo muy hermoso. El de Juana, una muchacha autista que vive en la comunidad de El Arca. Cuando la recogieron, la ciencia médica la había amarrado a una cama como a un animal, y le arrojaba la comida como a un animal. El Arca la recogió, la atendió y dejó que ella, desde su herida, interpelara las suyas. Juana logró comunicarse con su cuerpo y le ha permitido a los otros descubrir dimensiones de sus personas que no conocían o habían olvidado, como la alegría y el gozo de comunicarse y compartir con ese otro al que el funcionalismo moderno había reducido a la soledad y al sufrimiento.

* Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 253-8

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Demasiados días de tolerancia
Genaro Alamilla Arteaga

        El día 20 de abril de 1999 principió el alevoso asalto de la UNAM, y también la tolerancia. Nadie supo, nadie sabe, nadie vio y nadie se percató del estrepitoso derrumbamiento que se estaba operando en nuestra máxima casa de estudios, en la fuente de nuestra cultura, en el santuario del saber donde se escudriña la naturaleza para investigar sus misterios y ponerlos al servicio del hombre, de México.
        Empezó la maldad de los estudiantes –o pseudoestudiantes– su obra destructora ante la pasividad de los responsables de cuidar, promover y defender cuanto es el patrimonio de la patria, y esa benemérita institución es parte de ese patrimonio. Patrimonio cultural, ni más ni menos.
        Pero en un momento se dijo que aplicar la ley era opresión, y no quiero ser opresor, declaró Zedillo. Con ese criterio ninguna ley se debe aplicar, y entonces viene el caos. Y así principió su pasiva presencia la tolerancia: no hacer nada, no intervenir –con el derecho y la ley– ante la catástrofe que se estaba operando en el principal centro de cultura del país, y en otros aconteceres, como el de Chiapas.
        ¿Quiénes eran los autores de tan inicua felonía? Si eran universitarios, se convertían en traidores a su alma mater; si no lo eran, entonces seguro que eran porros, fósiles o acarreados, y, desde luego, estaban los representantes del PRD, los llamados villistas y los encapuchados rebeldes de Chiapas. Todo una impunidad, un desastre, todo una tolerancia.
        ¿Cuál fue la «razón» que hizo brotar el problema de la Universidad a tal grado que puso en riesgo de retraso de la cultura por largos y críticos años en daño de toda la nación? Cierto que no pudo ser la reforma y aplicación de principios para que después de 50 años se aumentaran las cuotas en ese plantel educativo, porque el rector anterior estableció que el que pudiera, pagara, y el que no, pues que no pagara nada. Ésa no fue la razón, pero sí el pretexto para alterar el orden y la paz, para sembrar problemas, para hacer que brotara una crisis con evidente sello izquierdista hasta profanando nuestra bandera nacional al colocar sobre nuestro escudo la estrella comunista y el signo de la hoz y el martillo con esta leyenda: «República Socialista de México». Esto es el colmo, como lo es querer solucionar problemas con sólo tolerancia, porque cuando el deber –la obligación de respetar las propias funciones, según el puesto que se desempeñe– no se cumple, se convierte en complicidad, y la tolerancia se transforma en encubridora, dando pie a la impunidad.
        Y seguimos convencidos, como muchos, de que la tolerancia como se maneja no resolverá nuestros problemas y crisis, sino sólo una democracia participativa y representativa, y ésta sólo se logrará cuando haya un cambio total, profundo, integral de todo el sistema político mexicano, evidentemente, en clave democrática. Para esto ya hay signos, aunque tenues, lo que aumenta la esperanza de que el 2 de julio los abstencionistas vayan a votar y todos lo hagan con un voto bien razonado, que quiere decir por el candidato honesto, capaz y más cercano al pueblo. Es decir, el cambio está en manos de los ciudadanos. Si no lo hacemos, no nos quejemos después. ¿Usted qué opina?


        El día 20 de abril de 1999 principió el alevoso asalto de la UNAM, y también la tolerancia. Nadie supo, nadie sabe, nadie vio y nadie se percató del estrepitoso derrumbamiento que se estaba operando en nuestra máxima casa de estudios, en la fuente de nuestra cultura, en el santuario del saber donde se escudriña la naturaleza para investigar sus misterios y ponerlos al servicio del hombre, de México.
        Empezó la maldad de los estudiantes –o pseudoestudiantes– su obra destructora ante la pasividad de los responsables de cuidar, promover y defender cuanto es el patrimonio de la patria, y esa benemérita institución es parte de ese patrimonio. Patrimonio cultural, ni más ni menos.
        Pero en un momento se dijo que aplicar la ley era opresión, y no quiero ser opresor, declaró Zedillo. Con ese criterio ninguna ley se debe aplicar, y entonces viene el caos. Y así principió su pasiva presencia la tolerancia: no hacer nada, no intervenir –con el derecho y la ley– ante la catástrofe que se estaba operando en el principal centro de cultura del país, y en otros aconteceres, como el de Chiapas.
        ¿Quiénes eran los autores de tan inicua felonía? Si eran universitarios, se convertían en traidores a su alma mater; si no lo eran, entonces seguro que eran porros, fósiles o acarreados, y, desde luego, estaban los representantes del PRD, los llamados villistas y los encapuchados rebeldes de Chiapas. Todo una impunidad, un desastre, todo una tolerancia.
        ¿Cuál fue la «razón» que hizo brotar el problema de la Universidad a tal grado que puso en riesgo de retraso de la cultura por largos y críticos años en daño de toda la nación? Cierto que no pudo ser la reforma y aplicación de principios para que después de 50 años se aumentaran las cuotas en ese plantel educativo, porque el rector anterior estableció que el que pudiera, pagara, y el que no, pues que no pagara nada. Ésa no fue la razón, pero sí el pretexto para alterar el orden y la paz, para sembrar problemas, para hacer que brotara una crisis con evidente sello izquierdista hasta profanando nuestra bandera nacional al colocar sobre nuestro escudo la estrella comunista y el signo de la hoz y el martillo con esta leyenda: «República Socialista de México». Esto es el colmo, como lo es querer solucionar problemas con sólo tolerancia, porque cuando el deber –la obligación de respetar las propias funciones, según el puesto que se desempeñe– no se cumple, se convierte en complicidad, y la tolerancia se transforma en encubridora, dando pie a la impunidad.
        Y seguimos convencidos, como muchos, de que la tolerancia como se maneja no resolverá nuestros problemas y crisis, sino sólo una democracia participativa y representativa, y ésta sólo se logrará cuando haya un cambio total, profundo, integral de todo el sistema político mexicano, evidentemente, en clave democrática. Para esto ya hay signos, aunque tenues, lo que aumenta la esperanza de que el 2 de julio los abstencionistas vayan a votar y todos lo hagan con un voto bien razonado, que quiere decir por el candidato honesto, capaz y más cercano al pueblo. Es decir, el cambio está en manos de los ciudadanos. Si no lo hacemos, no nos quejemos después. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 253-9

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Los misioneros católicos que salvaron a los indígenas de la extinción

        A pesar de que un grupo de indios brasileños ha rechazado la petición de perdón de la Iglesia por los pecados de sus hijos, hecha recientemente por boca de Su Santidad Juan Pablo II, los historiadores no están muy de acuerdo en los argumentos que se suelen esgrimir para condenar la presencia de los misioneros en las Américas durante el tiempo de la colonización.
        Sin más se acusa a la Iglesia de complicidad en la tragedia vivida por los indígenas durante 500 años del encuentro de éstos con la civilización europea. Los estudiosos de la historia no niegan que hubo episodios de este tipo por parte de los ministros cristianos, pero aseguran que no debe dudarse de que fue la Iglesia la que contribuyó a salvar a las poblaciones indígenas del exterminio producido por el contacto directo y la avaricia de los colonizadores. Esto mismo lo reconocen muchos de los indígenas a través de sus historias y tradiciones, transmitidas oralmente.
        La actividad pro-indígenas continúa en vigor. Cuenta el padre Enrique Uggé que, por ejemplo, en el Amazonas, «en 1972 los indios sateré maué eran menos de mil doscientos, no procreaban porque estaban aterrorizados por el futuro, y los pocos niños que nacían morían a causa de las enfermedades más estúpidas. Hoy son más de siete mil quinientos, están vacunados, estudian, cultivan la tierra y pueden volver a esperar».
        El padre Uggé, del Pontificio instituto de Misiones Extranjeras, vive desde hace 28 años entre los indígenas del estado brasileño del Amazonas, y considera que las recientes manifestaciones de protesta tienen que ver más con manejos políticos que con otra cosa: «Los indios tienen un fuerte sentido del bien y del mal, y nunca responden al mal con el mal. Tienen una sabiduría diplomática propia. Las actuales reivindicaciones y críticas son fruto de instrumentalizaciones políticas de grupos que acentúan las dificultades de los indios y su sentimiento de vivir en un estado de inferioridad para agudizar falsas contraposiciones».
        Cuenta el padre Enrique de su llegada con los sateré-maué: «Yo me presenté como simple sacerdote (y ellos sabían lo que esto quería decir) con el intento de incrementar su promoción humana y permitirles acceder a la propiedad de tierras cultivables. Llevamos a todos a la ciudad para ser vacunados contra el sarampión, la tosferina y otras enfermedades. De este modo dejaron de morirse masivamente. Éramos como un puente entre ellos y una sociedad que temían. Luego comenzamos a construir pequeñas escuelas en las aldeas. Enseñamos a algunos que, después, fueron maestros para otros. Había que dar voz a sus exigencias ante la Administración. Con frecuencia me decían: 'Padre, tú tienes que hablar a los blancos por nosotros'. Yo respondía: 'Pero yo también soy blanco'. Y ellos aseguraban: 'Pero tú eres diferente'. Pedimos y obtuvimos las tierras. Empezamos a cultivarlas juntos y a enseñar a otros cómo hacerlo».

EL OBSERVADOR 253-10

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Jubinotas

Los mártires de la fe, homenajeados

La jornada del Jubileo dedicada a la conmemoración de los testigos de la fe del siglo XX tuvo verificativo, conforme estaba anunciado, el pasado domingo 7 del mes actual, en un ambiente de fuerte tinte ecuménico. Esta conmemoración había sido solicitada por Juan Pablo II en la carta apostólica Tertio milenio adveniente, de 1994, y pidió entonces que la solidaridad con los que sufren al dar testimonio de su fe se hiciera extensiva a las otras denominaciones cristianas. Realizado el deseo del pontífice, la Iglesia es hoy más consciente de su verdadera identidad: «Iglesia de los testigos, Iglesia de los mártires». ¿Quiénes son los nuevos mártires?», se preguntaba hace poco el cardenal Etchegaray. Y se contestaba: «Los perseguidos por un odio evidente a Cristo y a su Iglesia, las víctimas de los nuevos césares; hoy la semilla del mártir se encuentra a menudo en la alianza de la Iglesia con los pobres, los excluidos, los oprimidos». El Santo Padre tiene encomendada a una comisión especial la preparación de listas o catálogos de los testigos de la fe del siglo XX (en esta centuria muchos más que en las diecinueve anteriores), y como hay cristianos perseguidos y asesinados por su fe hasta los confines de la Tierra, la nómina de los testigos es mundial y ecuménica, aunque no implica necesariamente una beatificación o canonización; no estará terminada hasta finales de este año. El Coliseo fue el escenario de la conmemoración, ya que, junto con el Circo Máximo y otros lugares, evoca el recuerdo del testimonio de la fe de los primeros mártires de la Iglesia de Roma. La conmemoración se hizo agrupando a los testigos de esta forma: cristianos que han dado testimonio de su fe bajo el totalitarismo soviético; testigos de la fe, víctimas del comunismo en otras regiones de Europa; confesores de la fe, víctimas del nazismo y el fascismo; seguidores de Cristo que han dado la vida por el anuncio del Evangelio en Asia y Oceanía; fieles de Cristo perseguidos por odio a la fe católica; testigos de la evangelización en Africa y Madagascar; cristianos que han dado la vida por amor a Cristo y a los hermanos en América; testigos de la fe en diversas partes del mundo.

Jacinta y Francisco, videntes de Fátima, beatificados

En un ínterin del Año Jubilar, su Santidad Juan Pablo II realizó durante los días 12 y 13 del actual su 92o. viaje apostólico fuera de Italia, con destino esta vez a Fátima, donde beatificó a Jacinta y a Francisco Marto, pastorcillos de aquel lugar, quienes, junto con su prima Lucía (en la actualidad monja carmelita), vieron aparecerse a la Virgen María entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. La ceremonia fue el día de ayer, y el pontífice regresó inmediatamente al Vaticano para presidir hoy la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Próximo cumpleaños 80 del Papa

El próximo jueves el Santo Padre cumplirá 80 años de edad. Ese mismo día, en el marco del Jubileo, tendrá lugar la jornada dedicada a los sacerdotes. Los datos nos dicen que Karol Josef Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice (Polonia). Su padre fue Karol Wojtyla (+1941), quien desde 1900 militó como suboficial del ejército austriaco, y más tarde en el polaco. Su madre (+1929): Emilia Kaczorowska, hija de un talabartero. El futuro Papa tuvo un hermano mayor, Edmund (+1932), quien llegaría a ser médico y a ejercer en Cracovia. Desde los 21 años, Karol Josef vivió sin parientes inmediatos.

Dentro de una semana, día de México en el Jubileo

Como es del dominio de los católicos nacionales, este domingo 21 Su Santidad canonizará a 26 mexicanos, 25 de los cuales fueron asesinados por odio a la fe. Los mártires fueron el P. Cristóbal Magallanes y 24 compañeros, víctimas de la persecución religiosa, y, además, ascenderá a los altares el P. José María de Yermo y Parres, fundador de la Congregación de Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, y hombre de muchos méritos adicionales. Nuestra condición de mexicanos nos obliga a estar pendientes de este gran acontecimiento.

EL OBSERVADOR 253-11

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Un voto por la democracia*
Carlos Octavio
Carlos Octavio

Si usted no es un especialista en política, quizá le resulte difícil enfrentarse al panorama que se presenta en las próximas elecciones: que si este partido es mejor, que más vale bueno por conocido... que este candidato es un corrupto, que este es un ranchero, que este ¿quién es?, etcétera. Es más, tal vez ni siquiera sepa usted cuántas y cuáles son las opciones que tiene para emitir su voto, y mucho menos si esos partidos son de derecha, centro o izquierda, o de centro-derecha, centro-izquierda, etc.

Luces para emitir un voto
Son seis las opciones que usted tendrá para votar en las próximas elecciones:
1. Alianza por el Cambio (PAN, PVEM)
2. Alianza por México (PRD, PT, PAS, PSN, CD)
3. Partido Auténtico de la Revolución Mexicana
4. Partido del Centro Democrático
5. Partido de la Democracia Social
6. Partido Revolucionario Institucional
* Partidos de derecha son aquellos que pugnan por el desarrollo económico como propulsor de la sociedad. Tendencia a favorecer a los empresarios, alentar el flujo de capitales, la inversión y el mantenimiento de las clases sociales. Supone un sistema orgánico de la sociedad.
* Partidos de izquierda son aquellos que pugnan por la igualdad social. Tienen su origen en la filosofía marxista. Suponen su fuerza en el trabajador y no en el empresario.
* Partidos de centro son aquellos que pretenden una visión equilibrada: «crecimiento económico con igualdad social». Actualmente todos los partidos tendrían esta connotación con tendencias a la izquierda o a la derecha.
* Dado el modelo económico que vivimos, todo partido ha de luchar para hacerlo más humano, justo y equitativo. Y, de manera especial, dar soluciones a la creciente pobreza (45 millones de pobres y 23 en la pobreza extrema).

Interrogantes para una elección adecuada
1. ¿Estoy bien informado sobre la ideología que representan los distintos partidos?
2. ¿Esta ideología va de acuerdo con lo que pienso, con lo que creo y con lo que espero?
3. ¿Conozco la propuesta política? ¿Es adecuada y es posible?
4. ¿El candidato se contradice o cambia su discurso según el foro?
5. ¿El partido me vende imagen o propuesta política?
6. ¿Puedo emitir una valoración objetiva de la experiencia de un partido en el poder?
7. ¿En las propuestas o discursos de campaña se habla de economía, justicia social, educación, salud, el campo, derechos humanos, narcotráfico, soberanía nacional, alimentación, etc.? ¿Qué pienso que es fundamental?
8. ¿He tenido oportunidad de comprobar si tal o cual partido cumple lo que promete o al menos hay un esfuerzo por hacerlo?
Por último, vote. Es un derecho y una obligación.

* Extractado de la publicación Semanario, núm. 167.

EL OBSERVADOR 253-12

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Nuevas esclavitudes
Juan Pedro Oriol
Juan Pedro Oriol

        Son los jóvenes quienes tienen el destino del siglo XXI en sus manos. Misión importante, sin duda; pero cuántos de ellos son conscientes de que el futuro del mundo depende de ellos.
        Precisamente ese es uno de los mayores retos que la juventud de hoy ha de superar: vivir conscientes de la trascendencia de un destino que a ellos les corresponde crear.
        La trascendencia a la que me refiero no es una realidad accidental, que puede o no tener peso. Podemos ver lo que ha sucedido en el pasado, en el que se tomó poca conciencia del papel que tomaban los jóvenes en la construcción del mundo. Cuántas veces los jóvenes se han visto reprimidos. Cuántas veces se les han atado las manos obligándoles a seguir una pluralidad de leyes y normas sin mayor explicación.
        A la sociedad moderna le ha faltado promover los valores en la formación de la juventud. La desconfianza y la inseguridad en los jóvenes, sin tomar en cuenta el potencial que para el mundo significan, los ha convertido en esclavos en su más íntima realidad: su forma de ser y de pensar.
        Comento esto porque en estos días he conocido dos situaciones que indican que, tal vez, no hemos avanzado en la educación de la juventud, aunque casi estemos cruzando la puerta de un nuevo siglo.
        El primer hecho al que me refiero me llegó por internet. Se trata de un anuncio que se ha mandado en estos días a miles de jóvenes. Aparece con letras rojas sobre un fondo azul difuminado y la siguiente frase: «Para el sexo, usa la cabeza y el cuerpo». Y al lado de la picosa frase, la foto de dos adolescentes con un condón en la mano.
        Ver o hablar del condón entre los jóvenes es lo más normal. Pero forzar a pensar que las relaciones sexuales son ya un patrón de vida que hay que seguir y si no, eres un bicho raro, no debería parecernos lo más normal.
        Al estar el día entre jóvenes de muy diferentes medios sociales y maneras de pensar, me encuentro a cada rato con la típica frase: «Si todos lo hacen, pues yo también». Y siempre me quedo pensando dónde queda la capacidad de decidir y de ser libre hoy entre los jóvenes que se conforman con creer que son libres por esclavizarse a las modas y a las corrientes de pensamiento dominantes.
        La educación en el maravilloso don de la sexualidad se está reduciendo en muchos ámbitos a un andar enseñando a la juventud que para tener relaciones sexuales sólo interesa el querer hacerlo y la protección contra el SIDA. Pocas cosas desacreditan más al ser humano que el que se proponga implantar una nueva forma de pensar, aunque no sea la correcta.
        Una de mis actividades favoritas es asistir a debates sobre valores y situaciones de la juventud. Lo importante es que los jóvenes no se dejen imponer y sean capaces de pensar para buscar la verdad siempre. Y que no se dejen engañar. Porque el que se deja engañar termina convirtiéndose en esclavo de algo o de alguien.
        El otro hecho es la continua repetición en los anuncios de radio y televisión de frases como «Obra conforme creas correcto», «No reprimas tus instintos», «Haz lo que deseas».
        Cuando escucho todo este rollo, me vienen a la mente esos ídolos de barro de nuestro mundo de hoy, que son famosos y parecen tenerlo todo y, sin embargo, acaban por fastidiarse la vida en la cárcel, en las drogas, en el suicidio. No son más que ejemplos de la injusta esclavización que ciertas corrientes llevan a cabo cuando pretenden crear hombres según sus propios intereses.
        La esclavitud sigue existiendo, y ahora es más cínica y desalmada que la de antaño. Antes impedía actuar. Ahora impide pensar.
        Lo más noble de un ser humano es el ser dueño de sus actos. Lo que ahora buscan estas sociedades es concebir personas desorientadas. Para mí estas desorientaciones provocadas son las nuevas esclavitudes.
        Liberación es ayudar a realizarse en la vida, comprender que uno vale por lo que es y no por lo que tiene ganas de hacer. Liberación es orientar hacia los verdaderos valores y no perderse en medio de tanta confusión, aunque se disfrace como agradable.
        Siempre está abierta la posibilidad de seguir formando a los jóvenes en los verdaderos valores. Los principales: el amor y la libertad. Cuidado con quienes en el nombre del amor y de la libertad sólo quieren aprovecharse de la generosidad de los jóvenes y convertirlos en esclavos de sus intereses.

EL OBSERVADOR 253-13

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De noviazgos, rupturas y cosas peores
Yusi Cervantes Leyzaola
Yusi Cervantes Leyzaola

        
Cuidado con los noviazgos muy largos.- No es que sean buenos o malos, sencillamente hay que estar muy atentos, muy conscientes de lo que ocurre en la relación. Es decir, procurar siempre que el amor se mantenga vivo y que la relación crezca y madure. No hay que confundir el amor con la costumbre ni con el miedo a terminar una relación de años.
        Habría que preguntar: ¿Por qué tanto tiempo sin decidir casarse? Los motivos pueden ser válidos: falta de edad, recursos insuficientes... Pero cuando se trata de falta de decisión, miedo a la responsabilidad, desidia y otros por el estilo, habría que preguntarse qué pasa con ese noviazgo. ¿Para qué son novios? ¿A dónde pretenden llegar con esa relación? Tal vez uno de los dos diga que pretende llegar precisamente al lugar donde está, a esa relación que le resulta cómoda, agradable, y que no espera nada más; mientras que el otro quisiera ya un compromiso, una vida en común, hijos, matrimonio. Si así están las cosas, sería mejor que terminaran de una vez, de modo que quien sí desea una familia tenga la oportunidad de conocer a alguien con quien pueda lograrlo.

        
Edad para los problemas de tipo sentimental.- Nadie debe sentirse mal por su edad en los problemas de tipo sentimental. Desde el jardín de niños hasta el hogar para ancianos, los seres humanos sufrimos, gozamos, nos enamoramos y desenamoramos, anhelamos y nos decepcionamos y cultivamos ilusiones respecto de personas del otro sexo.
        Sólo hay algo que detiene este cúmulo de sensaciones y sentimientos: encontrar a la pareja, amarse el uno al otro, casarse, formar un hogar... Entonces cambian los problemas sentimentales. Ahora giran en torno a crecer en ese amor, a madurar juntos, a mantener vivas la calidez y la ternura, a seguirse conociendo, a crear un vínculo cada vez más profundo...
        Pero quienes no están casados están, por así decirlo, disponibles, no importa su edad, y pueden quedar inmersos en este tira y afloja, en este deshojar margaritas, esperar a ver si me llama o procurar encontrármelo. Así es la vida.
        Por cierto que quizás habría que cambiar el término «problema». Si esa persona te corresponde, maravilloso; si no te corresponde, no hay nada qué hacer. No hay problema, sólo hay que aceptar la realidad.
        
        Malas razones para tener una relación de noviazgo:
        a) El miedo a la soledad.- El otro no está ahí para llenar tus huecos, Tienes que descubrir que te tienes a ti mismo o a ti misma antes de amar a otra persona. Una persona plena, que goza de su propia compañía, podría formar con otro una pareja donde se comparten las riquezas más que taparse las carencias. Enfrenta tu soledad, acéptala, disfrútala. Sólo entonces podrás amar.
        b) La dependencia.- El matrimonio –el noviazgo es una preparación para éste– es un compromiso que asumen dos personas adultas, por tanto independientes, responsables de sí mismas, capaces de tomar sus propias decisiones, incluidas las afectivas. Es mala señal si mi ánimo, mi capacidad para el trabajo o mi autoconcepto dependen de si el otro me llamó o no, de cómo me miró, de si se enojó o está de buenas.
        c) Pensar que nadie más se va a fijar en mí.- Pues si no se fijan, ni modo; pero ésa no es razón para mantener una mala relación. Es mejor no tener pareja. Además, ¿cómo se va a fijar alguien en mí si me ven con novio o con novia? O si se fijan, difícilmente me lo van a decir (por respeto o por miedo al rechazo). Así que, ¿cómo sé que nadie se va a fijar en mí si no me arriesgo?
        d) No querer lastimar al otro.- Muchas personas no terminan su noviazgo por que no quieren lastimar al otro, porque el otro ruega, porque el otro dice «no importa que no me quieras». Pero el dolor es inevitable y podría ser que mientras más tiempo pase sea peor. Lo más grave sería que llegaran a casarse y formar un hogar desdichado.
        e) Por amor, aunque la pareja no sea la adecuada.- Amar a alguien no es suficiente para formar una pareja. Se necesita que puedan tener un proyecto de vida en común, una buena comunicación y que puedan respetarse y apoyarse mutuamente. Amor y matrimonio son dos cosas diferentes. Se puede amar profundamente a una persona que es adicta a las drogas, que es violenta o muy inmadura, por ejemplo, pero de ahí a formar una pareja con ella hay un abismo. Claro, esa persona puede cambiar, rehabilitarse, madurar... entonces se podrá pensar en la posibilidad de establecer la relación, pero sólo entonces, con base en hechos, no en promesas.
        f) No le digas a tu novio o a tu novia que terminas la relación porque te interesa alguien más.- Por más que el otro diga que quiere saberlo, a la hora de la verdad esto puede hacerle mucho daño. Ya de por sí terminar es difícil.
        La verdad es algo que se debe decir a quien corresponde decirla y en el momento adecuado. La verdad que tú le debes a quien fue tu pareja es la que se refiere a la relación que tuvieron y algo que ya no tienen. Si lo miras bien, probablemente esta otra persona pudo entrar en tu vida porque tu noviazgo ya no estaba siendo lo que debiera ser. Quizá tenías que haberlo terminado antes o hacer algo por salvarlo. Pero no fue así. Y si ahora dices que lo terminas por otra persona no le estarás dando la oportunidad a tu expareja ni a ti de saber qué fue realmente lo que pasó, de descubrir los errores que cometieron para aprender de ellos.

EL OBSERVADOR 253-14

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PINCELADAS
El ignorante y el inteligente
Justo López Melús *

        Ya decía Ortega que el hombre es un sistema nato de preferencias y desdenes. O sea que encontramos argumentos en favor o en contra, según nos interese. Las preferencias y desdenes tienen poco que ver con la lógica. «En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira, / todo es según el color / del cristal con que se mira». Más que con el ojo, miramos con el corazón. Más aún: sólo se ve bien con el corazón.
        Un rabino leyó en el Talmud: «Yahveh guarda del peligro al ignorante». Y se puso a pasear mientras pensaba si sería ignorante o inteligente. Y mientras caminaba distraído, cayó en una zanja y se rompió la pierna. Entonces el buen perniquebrado discurría en sus elucubraciones que si Yahveh no lo había librado del peligro es que no era ignorante, y dedujo contento: «¡Soy inteligente!». La verdadera conclusión es que era un despistado.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 253-15

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