El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

21 de Mayo de 2000 No. 254

SUMARIO

bullet AL ALBA DEL MILENIO Santidad y martirio
bullet¿Cómo anda nuestra fe?
bulletRadiografía de la pena de muerte en el mundo
bulletHay 27 millones de personas sin la más elemental libertad
bulletPANTALLA CHICA El papá trabajador
bulletEl poder tiene algo que hacer
bulletAumentó la riqueza del país, pero se la quedaron unos cuantos
bulletPERDER POR DEFAULT Algunas precisiones sobre la Inquisición (III)
bulletLa «cultura de género»
bulletEn San Pedro, durante el Jubileo, resuena el grito mexicano: ¡Viva Cristo Rey!
bulletMUJERES EN EL MUNDO Sacar al Vaticano y darle entrada al aborto
bulletObispos de EU se pronuncian contra «Católicas por el Derecho a Decidir»
bulletEl proyecto del amor
bulletObispos de EU se pronuncian contra «Católicas por el Derecho a Decidir»
bulletEl proyecto del amor
bulletPINCELADAS Incrédulos y agnósticos
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- «Pienso en quitarme la vida»


AL ALBA DEL MILENIO
Santidad y martirio

        Juan Pablo II ha sido extraordinariamente enfático en el tema de la santidad y el martirio. Su pontificado ha sido fértil en canonizaciones y beatificaciones. La razón es sencilla: santos, mártires y beatos son los héroes de Dios, los que han captado con claridad el sacrificio de Jesús y se han comprometido con Éste, al pie de la Cruz, para extenderlo en el tiempo. El afán del Papa nada tiene que ver con los récords o la publicidad: tiene que ver —y mucho— con lo que le hace falta al mundo actual: la entrega amorosa a los demás por amor al dolor de Cristo.
        Hoy México está de fiesta: 26 bengalas iluminan su cielo, como en esas noches de feria, cuando estalla la alegría en el cielo, y entre los que miran las luces se instaura la hermandad gozosa. Hoy tenemos 26 amigos de la Cruz en legítima posesión del Cielo que tenemos prometido si los imitamos en su perfección, en su desprendimiento, en su insólita aspiración del Reino. Pero también nos toca, porque podemos ser mártires en la aceptación del peso de los días, cuando transformamos nuestro hogar, nuestro trabajo, nuestra escuela en un lugar de Dios.
        Estamos frente a realidades muy serias. Santidad y martirio no son como medallas que los hombres de hoy perseguimos con ahínco. Más bien son dos realidades de las que huímos por sistema. Preferimos el placer inmediato, la comodidad sin lucha, la religión sin sacrificio, el comercio sin moral, la justicia sin piedad, la política sin ética, el dinero sin escrúpulos, el sexo sin amor... Preferimos hundirnos hoy en el fango de un placer furtivo e inabarcable que mañana enfrentar la sequedad, la caverna oscura, el silencio del que se entrega a la perfección para la cual ha sido creado.
        Por ello la alegría que este 21 de mayo nos traen a México la Iglesia y el Papa. Con 26 nuevos intercesores en el Cielo, los mexicanos nos sentimos más seguros, más ayudados, más cercanos a la Gracia. Su donación libre al Evangelio nos comunica la alegría del Evangelio. Su renuncia le da sentido a nuestras pequeñas renuncias. Su sacrificio indica el camino a seguir por nuestros pequeños sacrificios. Desprenderse, renunciar: he ahí las dos grandes vías para emprender el camino de la santidad de cada día. Y aceptar con alegría: he ahí el martirio al que estamos convocados por un Dios que nos ama «con locura».
        ¡Gracias, Dios todopoderoso, por estos 26 alumnos aventajados de la Verdad! ¡Gracias, Santa Madre Iglesia, por ver en México una nación predilecta del Padre y de la Santísima Virgen María! ¡Gracias, Santo Padre, por su amor a la raíz profunda de México! ¡Gracias a nuestros nuevos campeones de la fe! Su valor tiene que fecundar nuestra tierra, tan necesitada hoy de testigos de la sangre derramada por Jesús y de su infinito amor por los hombres. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 254-1

Sumario Inicio

¿Cómo anda nuestra fe?
Gerardo Anaya, S. J.

        La reciente conmemoración de la muerte de Jesús y la celebración de su resurrección, núcleo básico de nuestra fe cristiana, nos lleva a preguntarnos por nuestra fe: ¿tiene todavía el dinamismo que la experiencia de Jesús resucitado sembró en los apóstoles, dinamismo del que ha dependido que su fe llegara a nosotros a través de veinte siglos? ¿O se ha quedado reducida a una fe estática, anclada en algunas celebraciones rituales cada año?
        Porque, es necesario aclararlo con una frase del cardenal Poupard, «pérdida de la fe no es lo mismo que pérdida de lo religioso»; es decir, que mantenernos cumpliendo actos religiosos no significa que sigamos teniendo fe, y, al revés, hay personas que han dejado de practicar la religión y, sin embargo, tienen fe. Claro que ellos viven una fe incompleta, ya que sin una manifestación externa, comunitaria, la fe queda sólo en sentimiento o en vaga orientación de la vida, pero no en compromiso existencial con Jesús.
        Pero lo que me interesa tratar aquí es el primer caso: la práctica religiosa ritual que ya no responde a una fe viva y comprometida en Jesús. He explicado lo de «ritual» para distinguirla de una práctica religiosa viva, que abarca todos los momentos de la vida. Pero —y ahí empieza el problema— para muchos cristianos la religión se reduce a asistir a Misa (aunque a veces, sólo de vez en cuando, en situaciones especiales), recibir la ceniza, ir a besar la cruz el Viernes Santo o pedir que se bendiga la casa o el automóvil. Algo de fe queda detrás, pero esa fe está en vías de extinción, pues ya solamente depende de las acciones rituales en las que se participa con mucho más de superstición que de fe auténtica.
        Creo que todos entendemos lo que es superstición: creer en algo en forma religiosa sin que esa creencia tenga fundamento en la fe y tampoco en razones. Creo que todos podemos reconocer que algo hay dentro de nosotros (quizá herencia de una etapa infantil) que nos impulsa a veces hacia la superstición, hacia lo mágico, hacia lo «misterioso»: los horóscopos, los amuletos, etc.
        Se ha muerto un familiar; es necesario que haya Misas, muchas Misas, ¿por qué? No sabríamos responder exactamente, porque con frecuencia sólo nos dejamos llevar por la costumbre; o quizá nos preocupa que el familiar «se vaya al Cielo» y creemos que la Misa lo logra (y tiene que ser delante del cuerpo; nada de que la celebre el sacerdote en otra parte, aunque sea con esa intención). En realidad la vida que haya llevado la persona y el amor infinito de Dios manifestado por Jesucristo con su vida, muerte y resurrección —y celebrado en la Misa— es lo que está en juego. La Celebración Eucarística en esos momentos difíciles debe tener más bien el sentido de la comunidad que pone en las manos amorosas del Padre a quien Él ha llamado, y por eso es celebración de alegría porque la persona que ha fallecido está resucitando con Cristo a una vida nueva; además de pedir fortaleza y paz para quienes deja llenos de tristeza por su ausencia definitiva.
        He puesto solamente esto como un ejemplo, y habría que hablar más de la Misa, lo que puede ser tema de otro artículo. Pero lo que me interesa resaltar es que muchas veces nuestras celebraciones religiosas se han vuelto supersticiosas y, por ello, lejanas a una verdadera fe.
        Lo que verdaderamente debe derivar de la fe cristiana es, sobre todo, que en la vida de cada quien haya un firme compromiso con los valores que vivió Jesucristo y que nos transmite el Evangelio, es decir, los valores del Reino de Dios, que tenemos que realizar entre todos, ya aquí en esta vida, buscando que la justicia, la misericordia, la solidaridad, el perdón sean las características de nuestra sociedad (y hacer todo eso es ya religioso). Cuando eso sucede, nuestras celebraciones adquieren naturalmente su sentido profundo. Las celebraciones que no son ante todo celebraciones de la vida, vida en Cristo, se vuelven fácilmente rito vacío y ahogan poco a poco la fe auténtica.

EL OBSERVADOR 254-2

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Radiografía de la pena de muerte en el mundo
Jesús Colina / Roma.

        Después de repetidas llamadas del Papa, la campaña internacional para una moratoria de las ejecuciones en el 2000, promovida por la Comunidad de San Egidio, lleva ya recogidas más de dos millones de firmas en Europa. Pero, ¿cuál es hoy la situación de la pena de muerte en el mundo? El informe anual de Amnistía Internacional sobre la pena capital es el siguiente: mil 813 ejecuciones en 31 países en 1999, una tendencia a la disminución en las sentencias ejecutadas respecto a 1998, cuando las ejecuciones verificadas fueron dos mil 258.
        En cualquier caso, según el informe, «es imposible proporcionar la suma total, porque muchos países deliberadamente mantienen en secreto los números reales de las ejecuciones para eludir la condena internacional». Aunque haya un descenso en el número de ejecuciones, durante el año pasado en 63 países se han dictado más de tres mil 857 condenas capitales. China continúa siendo la nación que ejecuta ella sola más condenas a muerte que en todo el resto del mundo: por lo menos mil 77 certificadas, pero la cifra real se estima mucho más elevada. Más de cien han sido las ejecuciones en El Congo, mientras que en Estados Unidos han sido ajusticiados 98 prisioneros, 30 más que en 1998. El 85% de las ejecuciones se concentran en China, El Congo, Irán, Arabia Saudita y Estados Unidos, aunque numerosos testimonios refieren cientos de ejecuciones en Iraq, pero no es posible determinar cuántas han sido ejecuciones legales y cuántas sumarias. Según Amnistía Internacional, se podrá dar la bienvenida al nuevo milenio con significativos progresos en cuanto a la abolición de la pena de muerte: al final del siglo sólo tres países han abolido permanentemente la pena de muerte. Hoy, casi por iniciar el siglo XXI, 108 países han abolido la pena de muerte en el derecho o en la práctica.
        Recientemente, y a pesar de su preeminencia en las ejecuciones capitales, China ha conseguido, por noveno año consecutivo, evitar la censura de la Comisión de la ONU para los derechos humanos. No ha sucedido así con otros países, menos fuertes diplomáticamente, que han sufrido, sin embargo, condenas por violaciones de los derechos humanos. Los países censurados son El Congo, Irán, Sur de Líbano, Iraq, Afganistán, Guinea Ecuatorial, Burundi, Ruanda, Birmania, Sierra Leona, Cuba, Sudan y la ex Yugoslavia.

Nueva corriente mundial contra la pena de muerte

        El Coliseo se ilumina cada vez que una condena no se ejecuta. Es el signo de esperanza que en el año del Jubileo se ha encendido ya diez veces. Una por la moratoria decidida por Filipinas. Han sido fundamentales las llamadas que el Papa no se cansa de dirigir contra la pena de muerte. Comenta Mario Marazziti, coordinador de la campaña internacional para una moratoria de las ejecuciones en el 2000, promovida por la comunidad de San Egidio, que «en estos cuatro meses se han alcanzado resultados importantes». Dos millones de firmas de 128 países se han depositado recientemente en el Parlamento Europeo. «Es probable que ahora, después de nuestro llamamiento, la Unión Europea presente una moción a la Comisión de la ONU de los derechos Humanos en Ginebra».
        Ello podría resultar, en el plano político-institucional, en un llamamiento para la suspensión de las condenas capitales en el año del Jubileo, en torno al cual se está reuniendo un movimiento de presión internacional. Ya son más de dos años los que lleva la comunidad de San Egidio trabajando en la recogida de firmas para presentar a las instituciones y, lo que es más importante, crear un gran movimiento en la opinión pública contra la pena de muerte. «Negación del derecho a la vida», «no menos abominable que la tortura», una práctica que confirma «el primado de la represalia»: éstas son algunas de las expresiones del texto que pide «a los gobiernos de cualquier parte del mundo observar una moratoria de la pena de muerte en el año 2000».
        Basta con visitar http://www.santegidio.org/ para hacerse una idea de este movimiento que se está formando espontáneamente en defensa de los condenados a muerte. No faltan las firmas de los líderes históricos de los activistas por los derechos humanos, como la de la hermana Helen Prejean, o la de Pierre Sané, presidente internacional de Amnistía internacional. «Se está transformando de hecho —apunta Marazziti— en un llamamiento unitario de todo el movimiento contra la pena de muerte» a personajes de la cultura, hombres de Iglesia, políticos italianos y extranjeros, además de asociaciones, parroquias, sindicatos. Una llamada que no sólo ha superado las fronteras de Europa, sino también las tradicionales pertenencias religiosas y confesionales.
        «El hecho inédito —dice Marazziti— es que se está formando un frente ecuménico e interreligioso»: son numerosas las adhesiones de Iglesias cristianas no católicas y de sus representantes (anglicanos, metodistas,confesiones evangélicas y luteranas); la Unión de la comunidad hebrea italiana y algunas asociaciones sintoístas y budistas; la firma tal vez más interesante por los posibles desarrollos culturales y políticos es la del presidente de Indonesia, Abdurrahman Wahid, cabeza del estado musulmán más poblado del mundo.
        «En oriente y en el Islam hay una concepción de la justicia y del hombre distinta a la occidental. La moratoria, suspender las ejecuciones para reflexionar en nuevas formas de derecho, es un hecho importantísimo y hasta la fecha sin precedentes», afirma Marazziti.
        Un movimiento internacional contra la pena de muerte que podría hacer sentir su peso incluso en la campaña presidencial de Estados Unidos: «Existe hoy la convicción de que la mayoría de la sociedad americana quiere la pena capital. Si se forma una fuerte corriente de opinión pública contraria, los candidatos tendrán que negociar este aspecto». Por ello la convocatoria de octubre próximo en San Francisco de una convención internacional contra la pena de muerte.

EL OBSERVADOR 254-3

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Hay 27 millones de personas sin la más elemental libertad

        Desde Tailandia hasta Mauritania, desde París hasta Jartum, una investigación en la que se utilizó documentación de la ONU, de sindicatos y de asociaciones benéficas, arrojó estremecedores resultados que fueron vertidos en un estudio sobre la esclavitud publicado en Europa.
        Resulta que, al alba del nuevo milenio, los hombres, mujeres y niños esclavos suman al menos 27 millones en el mundo (cifra superior a la población de Canadá y cinco veces la de Israel). Se vive en esclavitud sobre todo en los países del llamado «sur» del planeta, aunque no faltan casos en las mismísimas ciudades de París, Nueva York y Londres.
        Ahora ya no es, básicamente, el color de la piel, la religión o la raza lo que se toma como pretexto para la esclavitud, sino solamente la miseria. En el año 2000 ya no hay barcos negreros ni reductos parecidos a los antiguos campos de algodón. Ahora la «mercancía humana» es mucho más abundante y vale mucho menos: los esclavos son «una mercancía de usar y tirar». Las estimaciones, empero, son variables: los 27 millones podrían convertirse en 200 millones, según otras fuentes. Para la cifra que aquí se maneja sólo se admitieron denuncias que aportaban por lo menos dos testigos que no hubieran estado en contacto entre sí.
        Los documentos oficiales demuestran que la comunidad internacional prácticamente nada hace para combatir la esclavitud. Por ejemplo, en 1986, después de mucho recorrido, llegaron a la ONU denuncias de familias dinka de Sudán que habían caído en esclavitud. Diez años después (¡diez!), en enero de 1996, el gobierno sudanés informó a la ONU que había empezado la investigación que se le requería, y eso que las Naciones Unidas le habían dado un ultimátum al país africano para que produjera una pronta respuesta oficial. La acción correctiva no ha llegado y los hijos de aquellas familias en cautividad ya son adultos... y esclavos.
        En Birmania, para la construcción de un gasoducto de un consorcio birmano, francés y estadounidense, el ejército, pistola en mano, vigila a los esclavos, hombres mujeres y niños de los pueblos que desmontan los terrenos para el paso del ferrocarril. Y en un burdel de Tailandia vive Siri, de 15 años, que debe cobrar por sus servicios 15 dólares, de los que ella verá sólo 4. La muchacha tiene entre 15 y 20 clientes cada noche. Su familia la vendió a los 14 años por dos mil dólares y hoy su «propietario» le carga una «deuda» impagable, por lo que ya no sueña en escapar. Estos son unos pocos ejemplos.

EL OBSERVADOR 254-4

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PANTALLA CHICA
El papá trabajador
Grupo Inter Mirifica


        El papá trabajador es muy trabajador, tanto que llega exhausto a casa. Merece y exige una bienvenida de rey con el menor escándalo posible. Todo debe estar como él lo espera; después de todo, él es el rey.
        Después de cenar o cenando, pide el control remoto de la televisión, control que se asemeja al manejo que tiene él de todas las situaciones familiares, control como el que ejerce sobre su mujer. Antes de que ésta comience a lloriquear por los insignificantes incidentes del día, el papá trabajador se precipita a encender el televisor. Antes de que los niños le sofoquen con besos y abrazos, prende su fabuloso aparato.
        Desenfrenadamente busca algo que le haga descansar, algo que le distraiga de sus preocupaciones del trabajo y, de paso, que le lleve muy lejos de la esposa y mucho más de los niños, que deben estar acostados y sin roncar.
        El papá trabajador llega tenso y, para quitar esa tensión, debe sintonizar el canal adecuado. La esposa, en caso de ser acogida en el mismo sofá, debe guardar silencio, no se permite exclamación alguna, mucho menos alguna opinión sobre la selección del programa que se va a ver. Cansada también la esposa, o se queda inmóvil como un cojín al lado, o se va a acostar. En muchos casos compra otro televisor y se pone a tejer.
        El papá trabajador busca y busca algún programa que haga descansar su espíritu; para esto, ve algunos trozos de todo: episodios de acción con sangre y balazos, variedades con mujeres luciendo prendas mínimas, películas con temas bochornosos o noticiarios con noticias tan tensionantes como su propia vida.
        Nada le llena, pero se acuesta tarde sintiendo que ya descansó, sobre todo porque no hizo caso de su mujer ni de sus hijos.
        El fin de semana es para que descanse el papá trabajador, no importa la programación, lo importante es evadirse y sentarse en el egoísmo de ser servido como un rey, teniendo el control de todo... ¿Cómo? Con el control de televisión.
        ¡Qué pena dan esos papás trabajadores! ¡Quítate esa pereza, papá trabajador, y entrégate a tu familia! Sólo así serás feliz.

EL OBSERVADOR 254-5

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El poder tiene algo que hacer *
Paz Fernández Cueto


        Durante largos años toleramos en forma irresponsable la existencia de un sistema corrupto del que, en mayor o menor grado, nos vimos beneficiados. La corrupción funcionó como aglutinante de un sistema de gobierno un tanto sui generis, logrando mantener por algún tiempo el equilibrio aparente de una sociedad sustentada en influyentismos, compadrazgos y complicidades. Hoy, cuando la corrupción se ha convertido en el principal problema del país, caemos en la cuenta del grave error de haberle otorgado concesiones.
        Con un sugestivo título para una época de cuestionamientos políticos en medio de contiendas electorales: «Todo el poder... tiene algo que hacer», la asociación México Unido Contra la Delincuencia organizó su primer foro internacional, con la participación de diversos especialistas en el tema. Fueron invitados, también, los candidatos al gobierno de la república, para escuchar sus propuestas sobre este asunto prioritario que se ha convertido en tema obligado de los discursos políticos.
        La afirmación que sustenta el título del foro es correcta en teoría, ya que «todo el poder... tendría efectivamente algo que hacer», y, sin embargo, la realidad es que hasta ahora el poder no sólo no ha demostrado ser efectivo en el combate a la violencia y al crimen organizado, sino que se ha mostrado francamente deficiente e incapaz: el poder está muy lejos de servir a la gente como la gente necesita ser servida en cuestión de seguridad, y se ha prestado, con demasiada frecuencia, para enriquecimientos ilícitos, influyentismos, impunidad, favoritismos y beneficios personales. El mismo lema de campaña de Labastida: «Que el poder sirva a la gente», es delator de deficiencias manifiestas de un mal uso del poder por aquello de que «explicación no pedida... acusación manifiesta».
        Desde el punto de vista económico, el problema de la inseguridad hunde sus raíces profundas en la injusticia social, de tal manera que no tendremos paz mientras unos pocos acumulen cada vez más riqueza y crezca, por otra parte, el número de los que viven en pobreza extrema, por no decir en la más vil de las miserias.
        Cabe mencionar algo que en ocasiones no tenemos presente en el tema de la inseguridad pública. La mayoría de las víctimas del delito son asalariados, quienes sufren de manera especial, y no puede identificarse al delincuente por su sola situación social. Cuando las víctimas son de escasos recursos la impunidad aumenta llegando a cifras cercanas al cien por ciento. Los pobres no pueden contratar policías privados ni blindar automóviles que ni siquiera poseen, ni comprar seguros antisecuestro, ni pagar ningún tipo de vigilancia especial.
        Deben darse cambios en el sistema apolítico y de justicia penal. Es iluso pensar que la delincuencia baja cuando la sociedad recibe un bombardeo de mensajes de impunidad de servidores públicos que se benefician con el delito y el crimen.
        En lo político se deben promover las reformas necesarias para acotar el autoritarismo eliminando fueros que sitúen a los gobernantes o políticos por encima de la ley. Y la investigación científica debe tomarse en cuenta como base para políticas públicas de prevención, ya que la violencia y la delincuencia no ocurren al vacío, sino que se enmarcan en factores determinantes a nivel personal, familiar y social.

EL OBSERVADOR 254-6

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Aumentó la riqueza del país, pero se la quedaron unos cuantos
        Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en el rubro económico México va bien, hablando en términos de producto interno bruto. De 1984 a 1998 creció 41.7%.
        Desgraciadamente, estas buenas noticias dadas en términos absolutos no lo son si se mira en dónde quedó el beneficio. El pequeño grupo constituido por las familias más ricas, que constituye apenas el 10% de la población total, se sigue quedando con la rebanada más grande del pastel.
        Entre 1984 y 1996 hubo un leve efecto desconcentrador: el núcleo de los privilegiados pasó de acaparar el 39.1% la riqueza a un 36.6%; pero se vio revertido a mediados del actual sexenio, de ahí que los ricos hasta 1998 acaparaban el 38.1%.
        La manera de obtener tales datos se realiza distribuyendo a la población en diez grupos, ordenados en función del ingreso que perciben. Por lógica, cada una de las porciones debería participar con la décima parte del ingreso de un país, lo que está totalmente lejano en el nuestro. Sumando la riqueza que acumulan los seis grupos más pobres, apenas se consigue el 25.5% de la riqueza nacional.

EL OBSERVADOR 254-7

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PERDER POR DEFAULT
Algunas precisiones sobre la Inquisición (III)
Diego García Bayardo

Después de dos semanas de abordar el tema de la Inquisición, conviene que concluyamos ya este vistazo histórico con unas pequeñas precisiones más:
* La Inquisición actuó en una época en la que todos los tribunales civiles, penales y de otras religiones utilizaban la tortura y la pena de muerte, de modo que esta característica no es privativa de la Inquisición y sería injusto achacársela de forma exclusiva.
* La Iglesia ahora favorece la libertad religiosa y de conciencia, pero en la época del auge de la Inquisición española esos principios apenas empezaban a descubrirse y plantearse. Es una verdad triste, sin duda, pero no podemos reprochar seriamente a los hombres de aquella época que no hayan pensado como lo hacemos ahora; no podemos despreciar a Cristóbal Colón porque hizo sus viajes sin usar un sistema posicionador geográfico por satélite. Si no existía, no podía usarlo.
* La Inquisición no inventó ningún aparato o sistema de tortura: todos lo que usó eran conocidos desde la Edad Media o incluso desde el imperio romano. La Inquisición utilizó solamente dos o tres tipos de suplicio (la estrapada, el potro y alguno más por ahí), los que consideró más humanitarios, jamás recurrió a las mutilaciones, que tanto se acostumbraban en los procesos civiles, o a suplicios de origen chino que últimamente alguna revista pseudocientífica ha querido endilgarle. No utilizó la tortura como técnica para matar, así que podemos olvidarnos de emparedamientos y demás fantasías. Además, la tortura se usó con notable parsimonia, por lo que la Inquisición no fue ejemplo de saña, sino de humanidad (en su rudo contexto, claro).
* No todo acusado era un condenado seguro a la hoguera, como supone la gente. Infinidad de casos se cerraban sin que el acusado tuviera siquiera que comparecer; muchísimos acusados salían con una pena equiparable con la penitencia que le habría asignado cualquier confesor, y muchos otros, con cargos más graves, eran condenados a destierro o reclusión, frecuentemente en un convento. Cuando la pena era de muerte en la hoguera, si el reo se arrepentía podía en algunos casos salvar la vida, o por lo menos se le mataba antes de quemarlo por medio del garrote vil, que era un instrumento similar a un torniquete que mataba por asfixia a una velocidad mucho mayor que la horca, por lo que se le consideraba más humanitario.
* Un auto de fe, a diferencia de lo que supone la imaginación popular, no era una quemazón de reos, sino una solemne ceremonia litúrgica en la que se leían las sentencias. Cuando había condenados a muerte (que no era siempre), éstos eran entregados al poder judicial y llevados a otra parte, donde estaba el quemadero.
* La Inquisición en México no tenía potestad sobre los indios, sólo sobre españoles y mestizos, así que no tuvo nada que ver con la mítica «imposición» del catolicismo sobre las religiones paganas. Por otra parte, la Inquisición mexicana no ajustició a más de 43 personas en sus tres siglos de existencia.
* Mientras los protestantes ingleses y escoceses mataban con entusiasmo a miles de mujeres acusadas de brujería, tanto en Gran Bretaña como en sus colonias en América, la Inquisición española por su parte despreció generalmente este tipo de acusaciones y en México no condenó siquiera a una sola persona por supuesta brujería. Yo estudié los expedientes originales de la Inquisición (están en el Archivo General de la Nación) y pude comprobar que los inquisidores eran realistas y hasta racionalistas al tratar eqos casos.
Hay muchas exageraciones y calumnias más contra la Inquisición que quisiéramos refutar, pero falta espacio. Sólo quiero que el lector atento, al ver cómo este Default contradice las ideas populares sobre dicha institución, decida dedicar un poquito de tiempo para leer algún libro serio sobre la Inquisición. Se llevará notables sorpresas y conocerá verdades que por casi doscientos años han sido cuidadosamente escondidas o negadas por todos los anticatólicos y anticlericales del mundo, como si no tuvieran una cola (muy similar a la de la Inquisición) que les pisen. Hasta ahora, la facilidad con la que alguien saca a relucir la consigna: «recuerden los horrores de la Inquisición», es directamente proporcional a la ignorancia que tiene sobre el tema. Finalmente, quiero aclarar que no soy un apologista del Santo Oficio ni creo que el cristianismo pueda difundirse por imposición. Aunque algún detractor exaltado ha querido compararme con los inquisidores o ha mencionado esa institución para arrojar una sombra de desconfianza permanente sobre el clero y la Santa Sede, no por ello mi intención va a ser ahora la de exonerar a la Inquisición de sus muchas y graves culpas, aunque tampoco empezaré a hacer la vista gorda ante las herejías y demás desviaciones; sólo quiero que el lector conozca realmente a la verdadera Inquisición, no a la imaginaria, la de la Leyenda Negra.

EL OBSERVADOR 254-8

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La «cultura de género»
Bruno Ferrari
Seguramente nadie duda que el intermedio entre el color rojo y el amarillo es el naranja, sin embargo no podríamos decir lo mismo entre elefantes y manzanas o entre un oso y una calabaza. ¿Será válido pensar que entre el sexo masculino y el femenino se encuentra el neutro?
Posiblemente la gran mayoría de las personas consideren esto una aberración. Sin embargo, la terminología propia de esta nueva ideología ya forma parte del lenguaje cotidiano de muchos funcionarios de alto nivel, e incluso un candidato fue presentado por su esposa como el "candidato del género".
Esta ideología afirma que "el género es una construcción cultural y radicalmente independiente al sexo …" por lo cual cabrían dentro de ella otras distinciones como homosexual, lesbiana, bisexual y transexual. El aceptar estas nuevas formas traería como consecuencia validar también nuevas estructuras de "familias". Es bueno dejar en claro todo lo anterior porque el mejor aliado que han tenido hasta ahora estas pseudofeministas ha sido precisamente la "confusión". En este sentido, reconozco la actitud cívica de Mariaurora Mota, una de las promotoras de esta ideología, quien expresó en un periódico norteño, el pasado domingo 9 de abril, su posición sin ningún reparo diciendo —y me permito citarla textualmente—: "(…)nosotras hemos creado la teoría de genero, en donde, a partir de observaciones y experimentos, concluimos que "lo femenino" y "lo masculino" son construcciones sociales y por lo tanto factibles de modificar (…)". Considero que, por lo claro de la declaración, cualquier comentario al respecto sobra.
Pero, ¿cuál es exactamente el problema? Éste radica en el uso de las palabras y la definición e interpretación que se hace de ellas. Por ejemplo, cuando hablan de los derechos sexuales y reproductivos para las mujeres, incluyendo a las niñas, se refieren también a la posibilidad de tener acceso al aborto como medio de control natal. Por otro lado, con la aceptación del término "familias", en lugar de «familia», quedarían legalmente reconocidos, con iguales derechos, los matrimonios entre homosexuales y lesbianas.
Por grandes que sean los esfuerzos de los grupos que promueven este tipo de ideologías por alcanzar un «estatus» o reconocimiento social o legal, no podrán impedir que la sociedad democrática, que en su inmensa mayoría no comparte su ideología y menos aún sus prácticas, se defienda de estas pretensiones absurdas.
Una táctica común asumida por estos movimientos es la de culpar de discriminación contra ellos a cuantos resisten a sus campañas, olvidando incluso que la sociedad, y en particular los padres de familia, tenemos derecho a exigirle al Estado que promueva un ambiente social que facilite el crecimiento de los ciudadanos sin degradar los derechos de la familia y de la dignidad humana.
Si queremos evitar errores como los del pasado en temas políticos y económicos, debemos ver con claridad que la aceptación de esta nueva "cultura de genero" seria el comienzo del fin de la figura paterna, materna y de todo el núcleo familiar, lo que en no mucho tiempo nos llevaría irremediablemente a la ruina de la misma sociedad. Es una lástima que algo tan noble, como lo es el reconocimiento de los derechos de la mujer, se vea manipulado por ideologías tan contrarias al espíritu con el que fueron realizados.

EL OBSERVADOR 254-9

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En San Pedro, durante el Jubileo, resuena el grito mexicano:
¡Viva Cristo Rey!


        Hoy es el día jubilar mexicano. Esta jornada nos depara la canonización de 26 compatriotas que vienen a sumarse, en el culto universal, a quien se mantuvo durante 138 años como el único santo mexicano: San Felipe de Jesús (en el siglo, Felipe de las Casas Martínez), nacido en la ciudad de México en 1572, franciscano que fue sacrificado en Japón en 1597 cuando iba a dirigirse a su ciudad natal para recibir el sacramento del Orden. Fue beatificado en 1627 y canonizado en 1862.
        Todos menos uno de nuestros nuevos santos fueron asesinados por odio a la fe. Cabe recordar que el tema referente a esos 25 fue abordado a mediados de febrero en el Vaticano durante el simposio internacional «Persecución religiosa en México», organizado por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, institución universitaria que dirigen los Legionarios de Cristo en Roma.
        En el marco referido, el P. Fidel González Fernández, catedrático de historia de la Iglesia y consultor de la Congregación Vaticana para las Causas de los Santos, recordó que la historia de la Iglesia en México entre 1911 y 1940 «fue tan acerba que el Papa Pío XI la comparó a la de los primeros siglos cristianos». Fotos de la época recogen las imágenes escalofriantes de sacerdotes vestidos con los ornamentos, con las manos unidas en gesto de oración, que están a punto de ser fusilados en el paredón por pelotones del ejército. «La explicación de tan cruda intolerancia ha de buscarse precisamente en el carácter popular del catolicismo mexicano: presencia tan incómoda y simpatía tan difundida en el pueblo tenía que ser suprimida a la fuerza. Al principio, como no se podía con las armas, se pretendió hacerlo con las leyes, pero luego, cuando las leyes se mostraron ineficaces, se volvió de nuevo a los pelotones de ejecución. Ninguno de los mártires fue sometido a juicio alguno; ninguno fue condenado por crimen alguno demostrado, ninguno bajo la legalidad. Como en el caso de las persecuciones romanas, y de todas las persecuciones, fue la simple pertenencia confesada a Jesucristo, vivo hoy, confesada sin ambigüedades en aquel grito mil veces repetido y que los mártires gritaban antes de morir y rubricaban con su sangre, de '¡Viva Cristo Rey!','¡Viva la Virgen de Guadalupe!'».
        La estima que tenían los católicos mexicanos por sus sacerdotes, añadió el P. González, era tan grande que algunos soldados prefirieron morir por desobediencia a las autoridades militares que disparar a los sacerdotes. «Hay tres elementos comunes a todos estos mártires mexicanos: el amor a la Eucaristía (muchos murieron celebrando la Misa), a la Virgen (Guadalupe siempre estuvo en sus labios en el último momento) y su compromiso social de servicio a los pobres, que les llevó a hacer todo lo posible por mejorar las condiciones de la gente, por la justicia social en los círculos obreros, en la prensa y en mil iniciativas, en la formación de niños y jóvenes».
        Otro ponente, el P. Javier García, uno de los mayores expertos de teología latinoamericana y catedrático del Regina Apostolorum, concluyó: «... más allá y antes de la actualidad fáctica y numérica, lo más importante es la actualidad 'eclesial' de los mártires por la comunión de los santos. Los mártires pertenecen no sólo a su época, sino que marcan profundamente a la Iglesia de todos los tiempos».
        México está de fiesta.

EL OBSERVADOR 254-10

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MUJERES EN EL MUNDO
Sacar al Vaticano y darle entrada al aborto
Guadalupe Chávez Villafaña

En la pasada reunión de Nueva York que ha servido como preparación para el período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de la ONU en junio próximo, nos cuentan las asistentes de México que el cabildeo de los grupos feministas extremistas se movió básicamente en dos temas: la legalización del aborto y la búsqueda de sacar al Vaticano como Estado miembro de la Asamblea, siendo la principal razón el hecho de que no apoya el aborto. Preocupadas por eso, entramos a varias páginas de internet en las cuales se está convocando a participar en esta campaña. Compartimos con ustedes algunos de sus planteamientos:
El nombre de la campaña es "See Change" y busca "cambiar el status de la Iglesia católica romana en las Naciones Unidas". David Nolan, quien encabeza la campaña, afirma que "están preocupados porque la Iglesia se ha infiltrado bajo el radar de la ONU llamándose a sí misma la Santa Sede; hemos llamado a la Secretaría General para revisar el actual status de la iglesia como Estado no-miembro y observador permanente".
Las diversas organizaciones que están apoyando esta campaña se han preparando con gran fuerza para enviar miles y miles de tarjetas a la ONU, pidiendo "sacar" al Vaticano de la ONU y después, buscar la legalización del aborto en todo el mundo.
Afirma que el Vaticano usa su voz "poderosa" ante la ONU para "limitar el acceso a la planificación familiar y al aborto". Llegan incluso a decir que "desafiar exitosamente el status de la Santa Sede salvará vidas de las mujeres".
Esta virulenta campaña deberá hacernos reflexionar a las mujeres católicas sobre qué estamos haciendo a favor de la salud, de la justicia social, de la dignidad de las personas. ¿Cómo nos estamos organizando nosotros para luchar a favor de la vida y para apoyar a tantos cientos de miles de mujeres que no tienen una mano en quién apoyarse cuando se embarazan y son abandonadas por el padre del niño? ¡Recordemos que sí existe el pecado de omisión!

EL OBSERVADOR 254-11

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Obispos de EU se pronuncian contra «Católicas por el Derecho a Decidir»

La Conferencia Nacional de Obispos Católicos de Estados Unidos dio a conocer hace unos días el contenido de un enérgico comunicado remitido a la Delegación Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas respecto del estatuto de la organización abortista denominada «Catholics for a Free Choice» (CFFC), cuya rama latinoamericana opera bajo el nombre de «Católicas por el Derecho a Decidir». Parte del mensaje es el siguiente:

«Durante años, un grupo autodenominado «Católicas por el Derecho a Decidir» ha venido apoyando públicamente el aborto a la vez que pretendía hablar como una auténtica voz católica. Esta pretensión es falsa. Más bien, las actividades del grupo están dirigidas al rechazo y la distorsión de la enseñanza católica acerca del respeto y protección debida a la indefensa vida humana del no nacido. CFFC... está financiado por poderosas y millonarias fundaciones privadas... para promover el aborto como método de control poblacional.
«El uso del nombre católico como plataforma para respaldar el asesinato de una vida humana inocente y ridiculizar a la Iglesia no sólo es ofensivo para los católicos, sino para todos aquellos que aspiran a la honestidad y la rectitud en el discurso público.

EL OBSERVADOR 254-12

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El proyecto del amor
Juan Pedro Oriol


        Nuestra vida está llena de proyectos. Todos tenemos sueños. ¡Cuántas actividades emprendemos con el afán de ver cumplido un deseo!
        El arquitecto diseña casas, y el ingeniero las construye. El entrenador prepara la estrategia, y el equipo trata de cumplirla y calificar a la liguilla. El compositor entreteje, une en armonía las notas para que el músico las interprete. Unos buenos padres de familia invierten lo mejor de sí mismos en la cuenta más importante: la formación de sus hijos.
        Es un hecho: todos tenemos planes, ilusiones, metas. ¿Cuántos han quedado truncados y, peor aún, sin saber por qué? Pero todos tenemos un proyecto que se llama «amor», que así, de buenas a primeras, no puede realizarse. Digo lo anterior porque el amor es el mayor de los proyectos en los que el hombre puede intervenir y desgastar toda su capacidad y sus fuerzas. Porque el amor toca al hombre en lo más profundo, en su misma interioridad. Y así como el arquitecto no diseña sin haber desarrollado antes la capacidad de crear espacios bellos y funcionales, todo hombres es incapaz de descubrir el verdadero significado de la palabra amor sin haberlo experimentado.
        EL proyecto llamado amor debería ser la tarea primordial, pues todo el mundo anhela contemplar de una buena vez el fin de las guerras, de las injusticias, de la soledad, de la tristeza, de las vejaciones a los más esenciales derechos humanos. El amor es la única respuesta a todas estas dificultades. Educando en el amor a los jóvenes habremos emprendido el más grande proyecto de nuestra vida.
        Dicen que todo proyecto es atractivo cuando se busca hacerlo realidad. El amor es atractivo siempre y para todos. Entonces es viable hacerlo realidad. Amar a alguien no es solamente decir un «te quiero mucho», «eres lo máximo», «contigo hasta el fin del mundo» y preparar todo ese cúmulo de frases que dejan siempre cierto sabor a hueco.
        Cuántas sociedades enteras nos encontramos hoy que buscan afanosamente resolver dificultades surgidas de un desamor, en lugar de enseñar a los jóvenes que el amor es mucho más que esos revoloteos de los sentimientos. Si el amor es la base para fundar todo lo demás, urge saber qué es amar.
        1. Amar es no exponerse al fracaso del egoísmo. ¿Quién quiere ser un fracasado en esta vida? El egoísta, ese pobrecillo que vive obsesionado con el recibir sin soltar prenda, se expone al fracaso porque se arriesga a vivir de lo que le reporten los demás.
        2. Amar es querer de veras el bien del otro. Y esto implica buscar la libertad del otro. Amar es una voluntad de enaltecer a la persona amada.
        3. Amar es una realidad personal. El que dice amar, ama al otro por lo que es y no por lo que tiene ni por lo que le pueda dar. Éste es el riesgo del amor. Y es lo que le hace atractivo.
        4. Amar significa «desinterés». Es pasar del «te amo porque te necesito» al «te necesito porque te amo».
        5. Amar es ser fiel. Y ser fiel es hacer feliz al otro.
        6. Amar es autenticidad. No hay máscaras en el amor. Y si las hay, pueden predecir una tragedia.
        7. Amar es la necesidad de ser reconocido. Nadie puede realizarse en la vida sin sentir la necesidad de ser acogido y querido, especialmente por aquellos a quienes él ama.
        Siete andamios que forman parte de la estructura del proyecto del amor, ese gran proyecto que fue, es y será siempre el primordial del hombre, aunque lo olvidemos sin querer queriendo.

EL OBSERVADOR 254-13

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PINCELADAS
Incrédulos y agnósticos
Justo López Melús *

        Los incrédulos y agnósticos suelen ser muy obstinados, no saben, no quieren saber. Un incrédulo vio a Jesús caminar sobre las aguas, y se afirmó más aún en su incredulidad: «Dice que es el Hijo de Dios y ni siquiera sabe nadar». Con todo, el agnóstico se contradice, tiene su fe, pues cree firmemente que no es posible averiguar nada sobre Dios y demás temas religiosos. Con frecuencia la lógica brilla por su ausencia.
        Chu Fu Tze defendía la imposibilidad de los milagros y murió. Su discípulo predilecto veló su cadáver. El ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire: «¡Oh, maestro, no destruyas mi fe en la imposibilidad de un milagro!». Y el ataúd volvió al suelo. Entonces el discípulo quedó tranquilo y recuperó la fe en la imposibilidad de los milagros (!!!). Siempre solemos encontrar razones convincentes a favor de los que nos interesa, y nada convence cuando no interesa.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 254-14

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
«Pienso en quitarme la vida»
Yusi Cervantes Leyzaola

        Estoy desesperado, muy triste, pensando constantemente en quitarme la vida. A nadie le importo, Me siento muy solo. Yo sé que mis padres estarían mejor sin mí, el mundo estaría mejor sin mí. Estoy cansado de llorar, de sentir el vacío en mi interior. Ya no quiero estar aquí.
        
        Aun cuando fuera cierto que a nadie le importas, aun cuando ningún ser humano te amara —que yo sé que no es así—, tú seguirías siendo valioso, una criatura hermosa, un hijo de Dios muy amado.
        Pero yo sé que eres amado también humanamente hablando. Tal vez de una forma imperfecta, pero al menos tuviste el suficiente amor como para estar hoy aquí. Sin amor no hubieras sobrevivido. Quizá tú te has bloqueado y no crees en el amor que te rodea; quizá tú mismo no has aprendido a expresar tus sentimientos, tus deseos y tus necesidades.
        No sé qué pasó en tu historia, cuánto dolor, para que cerraras el corazón y le impidas el flujo del amor y del gozo. No sé cómo te pusiste esa venda en los ojos que te impide ver tu lugar en el mundo. Pero tu corazón puede sanar y tus ojos pueden ver.
        Si te quitas la vida provocarás un gran dolor a mucha gente, especialmente a tus padres: un dolor tan profundo que tal vez nunca logren recuperarse. Pero además no resolverás nada: a donde quiera que vayas, irás contigo mismo. Te llevarás tus problemas a la eternidad. Dices que estás cansado de estar aquí. ¿Sabes por qué? Estás cansado porque vives en el desasosiego, no tienes paz interna. No importa el lugar donde estés: no estarás a gusto en ninguna parte mientras no estés a gusto contigo mismo, mientras no te apruebes y no te aceptes. Y eso incluye la eternidad.
        El mundo te necesita. Desde que fuiste creado tienes una misión. Si no la llevas a cabo, algo le faltará al mundo. Ayer leí un relato donde un joven aprende a ya no buscar ser amado porque lo realmente importante es dar amor. Yo sé que cuando realmente ames y te ames a ti mismo descubrirás que no estás solo y te sabrás amado. Oro por ti.

(FIN)

EL OBSERVADOR 254-15

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