El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

4 de Junio de 2000 No. 256

SUMARIO

bullet AL ALBA DEL MILENIO El pensamiento torcido
bulletEnjuician a EL OBSERVADOR
bulletDOCUMENTOS Las prácticas espiritistas vuelven a ponerse de moda
bulletPERDER POR DEFAULT El relajo en Misa (II)
bullet¿Qué democracia merecemos?
bulletJUBINOTAS
bulletMUJERES EN EL MUNDO María, modelo de la mujer de ayer, de hoy y de siempre
bulletMUJERES EN EL MUNDO De la prostitución al terror
bullet¿Quién ganará?
bulletHogar: zona de no fumar
bulletPINCELADAS Vanidad y humor

AL ALBA DEL MILENIO
El pensamiento torcido

        La ceremonia que el pasado 21 de mayo se celebró en el Vaticano, mediante la cual México posee ya 28 santos en el Cielo, velando por la nación y por sus gentes, trajo consigo un mensaje que muchos no quisieron leer. No quisieron o, de plano, no pudieron leer (¡son tantas las trabas ideológicas, tantos los odios irreconciliables!). El mensaje era muy simple: los santos con que la Iglesia universal honra a México han de ser fuente de inspiración para la reconciliación nacional.
        Leí en mucho sitios artículos temerarios, disquisiciones francamente majaderas. Hablaban de revanchismo de la Iglesia en contra del régimen actual y del partido que Calles fundó en 1929. Hablaban de una franca intervención de la Iglesia católica mexicana a favor de un partido o de un candidato a la presidencia de la república. Hablaban, en fin, de una maniobra de esas de «carambola a tres bandas» (que tanto gustan a los politicastros de aquí y allá), mediante la cual Roma aseguraba un tipo de poder político en México, adecuado a sus requerimientos de dominación. Uno lee muchas sandeces. Quizá por ello tampoco sea capaz uno de captar la grandeza de ciertos mensajes esenciales como, por ejemplo, el llamado que Cristo nos hace a todos a la santidad.
        Hubo quien desde una Secretaría pidió a Roma que las canonizaciones se trasladaran más allá del domingo 2 de julio. Que los santos no fueran a inmiscuirse en el proceso electoral en el cual vive nuestro país: que el maravilloso san José María de Yermo y Parres no desviara la atención de los votantes hacia —suponemos— Guanajuato, pues en León (tierra del calzado y de las botas) ejerció su ministerio de amor a los más débiles, y en El calvario sembró la semilla más honda de la caridad cristiana. O los mártires que acompañan a Cristóbal Magallanes no fueran a despistar al ciudadano en la urna y siendo, como son, de tierras opositoras (algunos) influyeran en sus preferencias electorales. ¡Cuánta innoble tontería! La Iglesia actúa desde una perspectiva muy diferente, que nada (nada de nada) tiene que ver con la busca del poder ni con la política partidista.
        Un santo —ya lo hemos dicho en otras ocasiones— es algo muy serio. Con la santidad no se juega, no se especula. Además, los mártires murieron en odio de la fe. Los que los odiaron y les dieron muerte fueron servidores del gobierno de Calles. Ellos (los 25) jamás levantaron un arma (como no sea el cáliz) ni incitaron a nadie a la guerra. ¿De qué, entonces, iba a ser la revancha? Si ellos fueron pacíficos y aceptaron la muerte perdonando a sus verdugos, ¿por qué razón la Iglesia se iba a tomar venganza usando su sangre derramada?
        Mejor veamos en su martirio y en su santidad un llamado noble y bueno: el de que por encima de todo esta la nación, el bien de todos, la paz y la concordia. Si no estuviéramos tan resabiados, si no tuviéramos tanta telaraña en la cabeza, seríamos capaces de entender el significado profundo del 21 de mayo. Pero andamos, como dicen los jóvenes, en «otra onda». Confusos, siniestramente desequilibrados: en lugar de la verdad nos da por pensar torcido. Y torcido no es el camino que lleva al Reino. Es más: no es el camino que lleve a ninguna parte, salvo al abismo. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 256-1

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Enjuician a EL OBSERVADOR
Domingo 28 de mayo de 2000, La Jornada, pág. 7:

Menciona sólo a 26
Ignora un periódico católico oficial a la religiosa canonizadaIgnora un periódico católico oficial a la religiosa canonizada
J.Manuel Carrillo, corresponsal, León, Gto., 27 de mayo – En su número más reciente El Observador, periódico oficial de las diócesis de Querétaro, Celaya, San Luis Potosí, Matehuala y León, asegura que sólo fueron 26 los mexicanos canonizados el domingo pasado por el papa Juan Pablo II. El documento oficial, según el medio, no menciona a la religiosa María de Jesús Sacramentado, lo que fue considerado una actitud "machista" por agrupaciones de mujeres católicas.
En su primera plana, el periódico resalta "el momento histórico que México vive con sus 26 nuevos santos", dedica a a este asunto una nota informativa, un editorial y varias caricaturas; además, publica la "lista completa" de los beatos canonizados, y de donde se excluye a la que habría sido la única santa mexicana.
"Más que un error, esto demuestra cuál es el sentir de las autoridades eclesiásticas de la región, no quieren a las mujeres, las detestan, tal vez para ellos ver a una mujer en los altares es una ofensa", aseguraron miembros de Juventud Católica Femenil Mexicana.
Según los denunciantes, la actitud mostrada por el periódico oficial de las diócesis, entre las que se encuentra la de León, gobernada por el vicepresidente del Episcopado Mexicano, José Guadalupe Martín Rábago, "es machista ciento por ciento. No creemos que esto sea un simple error, porque este documento, antes de ser publicado, pasa por muchas personas que lo analizan; cada diócesis tiene su pastoral de comunicación social", concluyeron.


... y EL OBSERVADOR contesta
        Hacer periodismo no es fácil. Hacer periodismo católico mucho menos. Vivimos en un país donde el que habla, asusta. Más si se declara abiertamente católico. Sin cortapisas, sin medias tintas. Basta tal "provocación" para que tinterillos de toda índole lo vapuleen a uno sin misericordia.
        Primero: no somos periódico oficial de las diócesis donde circulamos.
¿Cuántas veces tendremos que repetirlo? Si los francotiradores que semana a semana nos distinguen con su atención se tomaran la molestia de leer la ficha técnica (página 2, inferior izquierda) del periódico, caerían en la cuenta de que somos una empresa (de laicos comprometidos con la Iglesia), una sociedad mercantil como cualquiera otra en el país,.
        Segundo: como todos los periódicos, tenemos errores. El de la santa mexicana ya lo corregimos en el número 255. Fue nuestra prisa por relatar el hecho y no nuestro "machismo" el que nos llevó a publicar la lista obviamente incompleta. La mayoría de nuestros lectores —que son gente de bien— se percató del error y no pasó a mayores. Pero otras personas que no conocen al periódico se lanzaron a la yugular, como si en su medio todo fuera la corrección andante.
        Tercero: pocos periódicos como el nuestro para ensalzar a la mujer. De veras es una canallada calificarnos de "machistas" cuando tenemos cada 15 días una página dedicada exclusivamente a la mujer; cuando hemos dedicado cientos de cuartillas a santa Teresita del Niño Jesús, a santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) o a la futura santa Teresa de Calcuta, por citar tres ejemplos luminosos. Hemos publicado estadísticas, editoriales, gráficas, denuncias sobre maltrato a mujeres; hemos defendido hasta el cansancio su igualdad y complementariedad frente al hombre; hemos seguido al pie de la letra la llamada por la vida de Su Santidad Juan Pablo II a favor de las mujeres. Y un largo etcétera.
        Cuarto: ningún periódico como el nuestro rechaza publicidad (como no somos "oficiales" necesitamos vender para subsistir) en la que se denigre abierta o veladamente a la mujer. Publicidad que las convierta en objetos, en mercancía. Nos parece (y nos parecerá siempre) la forma más directa y terrible de usar a las mujeres el hacerlas parte del decorado para vender un objeto, al desnudarlas para captar la atención sobre un coche, un jabón, un tinaco. Pero, claro, los y las que ven machismos en lo superfluo no son capaces de ver el rostro duro del machismo en lo que verdaderamente corrompe.
        Quinto: ¿Han leído los que nos acusan EL OBSERVADOR? No lo creemos. Si lo hubieran hecho, de entrada pensarían que 26 y no 27 santos era un error periodístico, un yerro por no tener la información consolidada y por la premura de salir el domingo 21 de mayo con la nota de las canonizaciones, que era la nota que todo el mundo deseaba leer. Como bien comprenderán, si nuestra fecha de portada es la del domingo, nuestro día de cierre no puede ser ni el domingo, ni el sábado o el viernes: es el lunes anterior, o sea, 6 días antes de la fecha de portada. No somos ricos, no tenemos rotativa. Tenemos que maquilar el periódico. Tenemos que distribuirlo con nuestros recursos, y son 8 mil 500 ejemplares. Eso consume tiempo.
        Sexto: lo que nosotros escribimos jamás es el "sentir" de ninguna autoridad eclesial. Exhortamos a nuestros detractores a que pregunten a su obispo si interviene en EL OBSERVADOR de alguna forma que no sea recomendándolo a sus fieles para que ingresen al fértil mundo de la cultura católica, o escribiendo algún artículo para el semanario. Ni es su papel ni es nuestra política. Estamos haciendo Iglesia, en la modernidad que nos exige hacer equipo. Eso es todo.
        Séptimo: si a todo lo anterior no hay respuesta positiva, baste decir que a EL OBSERVADOR lo co-dirige una mujer; las jefaturas de administración, control, diseño, contraloría, renovaciones y publicidad las ocupan mujeres; que está entregado a la protección de santa Teresita, y que tiene por guía a la mujer magnífica, a la Madre de Dios.

EL OBSERVADOR 256-2

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DOCUMENTOS
Las prácticas espiritistas vuelven a ponerse de moda


        El espiritismo nunca ha desaparecido, pero ahora Europa vive un resurgimiento en la moda de consultar mediums para hablar con los muertos. Los obispos de Italia han advertido este fenómeno y puesto en guardia a los fieles para no caer en prácticas anticristianas. En especial ocurren éstas cuando el difunto ha muerto de manera inesperada y los familiares creen encontrar consuelo intentando comunicarse con ellos. Y, con esto, los abusos no se han hecho esperar: los embaucadores surgen a diestra y siniestra, pero la gente no aprende la lección; los fines de semana se dan por doquier seminarios, congresos y toda clase de prácticas que promueven el espiritismo y prometen la comunicación ultraterrena, y siempre tienen público.
        Los pastores de la Iglesia italiana han publicado una nota pastoral titulada «La Iglesia y el más allá», donde recuerdan al pueblo de Dios las verdades sobre la vida eterna. También analizan las razones del auge de este espiritismo, en el que destaca un sincretismo suficientemente atractivo como para que cada nuevo adepto acomode las cosas a su conveniencia. Monseñor Adriano Caprioli, secretario de la Conferencia Episcopal Regional Emiliana-Romagna, explica: «Estos fenómenos son todavía más ambiguos que el espiritismo, nacido a comienzos del siglo XX y, por otra parte, ya condenado por la Iglesia. Hoy, los adeptos a estos grupos evitan polémicas con la Iglesia». Pero todavía es más sorprendente el hecho, denuncia el obispo de Reggio-Emilia, que dentro de estos grupos «actúan incluso sacerdotes conocidísimos por la actividad que desarrollan en la comunidad cristiana. Y por si fuera poco, en algunos de estos encuentros se celebra incluso la Misa».
        Pero, ¿qué pasa con tales actividades eclesiásticas-espiritistas? Sencillamente no tienen legitimidad para la Iglesia, responde el Obispo: «los sacerdotes que participan deberían pedir una autorización a su obispo, que no puede ser concedida en ningún caso».
        Las razones que han movido a ministros ordenados a participar en sesiones espiritistas obedecen probablemente al deseo de consolar a los deudos. Sin embargo, como dice monseñor Claudio Stagi, secretario de la conferencia episcopal mencionada, «no se da un verdadero consuelo, ya que éste se debe basar en la verdad y no en sensaciones». Dicho de otro modo, como dice la nota pastoral, «pedir mensajes para nuestra seguridad es no fiarse de la Palabra de Dios; y es todavía más grave fiarse antes de mensajes humanos, en el caso de que fueran verdaderos y reales, que del mensaje del Dios de la vida».


Un auténtico cristiano jamás recurriría a un médium
Un auténtico cristiano jamás recurriría a un médium

        Armando Pavese, miembro del Grupo de Investigación sobre Sectas y de la Sociedad Italiana de Psicología de la Religión, ha estudiado el fenómeno de los mediums y el ocultismo. Los resultados de sus investigaciones sobre el ocultismo y los mediums han salido a la luz en diversas publicaciones.
        Entre las observaciones que este experto internacional ha hecho respecto al espiritismo, están las siguientes:
        * Las diversas formas de evocación de los difuntos están básicamente relacionadas con el subconsciente. Por eso han tenido un gran éxito, por ejemplo, entre los padres que han perdido a un hijo en circunstancias dramáticas.
        * El intento de comunicarse con el más allá a través de mediums es básicamente la búsqueda de un atajo para responder al dolor.
        * Uno de los fenómenos más llamativos durante una sesión espiritista es la escritura automática: una persona ve cómo la propia mano escribe palabras sin que se lo ordene el propio cerebro. Aparentemente es un hecho estremecedor. Pero, desde el punto de vista psico-fisiológico no es tan extraño: es un fenómeno de disociación de la personalidad, ligado a un estado hipnótico. Algunos psiquiatras han logrado repetirlo en laboratorio. Y hay que tener presente que quien va a un médium está especialmente predispuesto en este sentido».
        * El que quiere hablar con un difunto acaba por escucharse a sí mismo. Lo que normalmente asombra de los mensajes de la escritura automática es que el difunto diga cosas que sólo conocíamos nosotros, en lugar de descubrir por medio de él verdades nuevas. Pero si escarbamos un poco nos damos cuenta de que son experiencias removidas que afloran desde el subconsciente».
        * Cuando nació el espiritismo moderno, a mediados del siglo XIX, se sentían los golpes en las paredes. Luego se pasó a los golpes en las mesas. A partir de los años cincuenta empiezan las grabaciones de voces en cintas magnetofónicas. Ahora tenemos los ordenadores. A medida que cambia la tecnología, cambia el espiritismo. Esto demuestra que los fenómenos ocurridos en una sesión espiritista no son sino una iniciativa del hombre.
        * Pero también la fe cristiana habla de una comunicación entre vivos y muertos. Ésta se vive de modo auténtico sólo a través de la oración y la meditación. Es el único camino para ir más allá de la psique y llegar a la esfera del espíritu. El recuerdo de las experiencias hermosas y dolorosas vividas hace emerger dentro de nosotros en la oración la comunión que sólo el amor puede crear.
        * Un padre que participa en reuniones espiritistas o escucha voces registradas, se carga psicológicamente. Obtiene un beneficio incluso físico. Pero ¿luego? Pasa un poco de tiempo y todo se desvanece. Tiene necesidad de volver continuamente al médium. Se convierte en una psicodependencia, una forma de droga que debe ser alimentada continuamente. La oración y el amor hacia los difuntos, en cambio, salen de nosotros mismos. No necesitan mediums. Claro, no son la respuesta fácil, a golpe de tambor. Pero la fe en la resurrección se basa en Cristo, no en ciertas pruebas.
        * Entre los que pierden a un ser querido, hay quien tenía una fe débil y la perdió, y, en cambio, otros han hecho el camino inverso. Hay quien ha creído reencontrar la fe a través de este tipo de experiencias. A estos les digo que la fe en un médium no es la fe en Jesucristo.

¿Qué dice la Biblia sobre el espiritismo?

«Que no se halle a nadie que practique encantamientos o consulte los espíritus; que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos. Porque Yavé aborrece a los que hacen estas cosas y precisamente por esa razón los expulsará delante de ti» (Dt 18, 11-12).

«No practiquen el espiritismo ni consulten a los adivinos, pues se harían impuros con esto» (Lv 19, 31).

EL OBSERVADOR 256-3

Un auténtico cristiano jamás recurriría a un médium

        Armando Pavese, miembro del Grupo de Investigación sobre Sectas y de la Sociedad Italiana de Psicología de la Religión, ha estudiado el fenómeno de los mediums y el ocultismo. Los resultados de sus investigaciones sobre el ocultismo y los mediums han salido a la luz en diversas publicaciones.
        Entre las observaciones que este experto internacional ha hecho respecto al espiritismo, están las siguientes:
        * Las diversas formas de evocación de los difuntos están básicamente relacionadas con el subconsciente. Por eso han tenido un gran éxito, por ejemplo, entre los padres que han perdido a un hijo en circunstancias dramáticas.
        * El intento de comunicarse con el más allá a través de mediums es básicamente la búsqueda de un atajo para responder al dolor.
        * Uno de los fenómenos más llamativos durante una sesión espiritista es la escritura automática: una persona ve cómo la propia mano escribe palabras sin que se lo ordene el propio cerebro. Aparentemente es un hecho estremecedor. Pero, desde el punto de vista psico-fisiológico no es tan extraño: es un fenómeno de disociación de la personalidad, ligado a un estado hipnótico. Algunos psiquiatras han logrado repetirlo en laboratorio. Y hay que tener presente que quien va a un médium está especialmente predispuesto en este sentido».
        * El que quiere hablar con un difunto acaba por escucharse a sí mismo. Lo que normalmente asombra de los mensajes de la escritura automática es que el difunto diga cosas que sólo conocíamos nosotros, en lugar de descubrir por medio de él verdades nuevas. Pero si escarbamos un poco nos damos cuenta de que son experiencias removidas que afloran desde el subconsciente».
        * Cuando nació el espiritismo moderno, a mediados del siglo XIX, se sentían los golpes en las paredes. Luego se pasó a los golpes en las mesas. A partir de los años cincuenta empiezan las grabaciones de voces en cintas magnetofónicas. Ahora tenemos los ordenadores. A medida que cambia la tecnología, cambia el espiritismo. Esto demuestra que los fenómenos ocurridos en una sesión espiritista no son sino una iniciativa del hombre.
        * Pero también la fe cristiana habla de una comunicación entre vivos y muertos. Ésta se vive de modo auténtico sólo a través de la oración y la meditación. Es el único camino para ir más allá de la psique y llegar a la esfera del espíritu. El recuerdo de las experiencias hermosas y dolorosas vividas hace emerger dentro de nosotros en la oración la comunión que sólo el amor puede crear.
        * Un padre que participa en reuniones espiritistas o escucha voces registradas, se carga psicológicamente. Obtiene un beneficio incluso físico. Pero ¿luego? Pasa un poco de tiempo y todo se desvanece. Tiene necesidad de volver continuamente al médium. Se convierte en una psicodependencia, una forma de droga que debe ser alimentada continuamente. La oración y el amor hacia los difuntos, en cambio, salen de nosotros mismos. No necesitan mediums. Claro, no son la respuesta fácil, a golpe de tambor. Pero la fe en la resurrección se basa en Cristo, no en ciertas pruebas.
        * Entre los que pierden a un ser querido, hay quien tenía una fe débil y la perdió, y, en cambio, otros han hecho el camino inverso. Hay quien ha creído reencontrar la fe a través de este tipo de experiencias. A estos les digo que la fe en un médium no es la fe en Jesucristo.

¿Qué dice la Biblia sobre el espiritismo?

«Que no se halle a nadie que practique encantamientos o consulte los espíritus; que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos. Porque Yavé aborrece a los que hacen estas cosas y precisamente por esa razón los expulsará delante de ti» (Dt 18, 11-12).

«No practiquen el espiritismo ni consulten a los adivinos, pues se harían impuros con esto» (Lv 19, 31).

EL OBSERVADOR 256-3

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PERDER POR DEFAULT
El relajo en Misa (II)
Diego García Bayardo

        Llega el domingo y con él la hora de hacerle el favor a Dios de irlo a visitar un rato. Al comenzar la Misa el templo está medio vacío, porque muchos ven el precepto dominical como una antipática carga y no como una inmerecida invitación a la mesa del mismísimo Señor de todas las cosas. Por lo tanto, no tienen prisa alguna en llegar. La mitad vacía del templo se va llenando poco a poco, entre la antífona de entrada y la homilía, y hasta hay alguno que llega al templo en plena Consagración y se mete tan campante, como si no supiera que los mandamientos (de la Ley de Dios y de la Iglesia) obligan al creyente a oír Misa entera los domingos y fiestas de guardar. -Si llegaste después de iniciada la lectura del Evangelio, ¡zaz!, la Misa ya no contó, debes ir a otra-.
        Los jóvenes entran al templo con cachucha y no se la quitan, lo que demuestra que no tienen educación religiosa ni de la otra. Las muchachas mascan chicle toda la santa Misa y todavía tienen el descaro inconcebible de ir a comulgar (mandan el chicle en destacamento a emboscarse entre la encía y la mejilla, para luego salir por sorpresa cuando la Hostia ha sido deglutida). Los niños pequeños corren por los pasillos, trastabillando y gritando, pero aunque el sacerdote no logra hacerse oír ni a gritos y los fieles acaban por distraerse con la pachanga de este o aquel niño, sus irresponsables papás son aparentemente los únicos en todo el atiborrado templo que no se dan cuenta de que sus hijitos (hijitos de su mamita) están saboteando por completo la ceremonia litúrgica. Pero este relajo apenas comienza. Los feligreses no cantan ni aunque el párroco los agarre a patadas (cosa que, aunque necesaria, nunca va a ocurrir), algunos se duermen plácidamente durante la homilía, otros platican por allá, un muchachote se divierte pateando el reclinatorio de la banca de adelante. En el pasillo, una turista -católica, me consta- admira la arquitectura mientras suerbe ruidosamente un raspado de limón. Pero lo peor llega al momento de la Consagración: cuando la Liturgia y la lógica más elemental ordenan que todos los feligrese se arrodillen, pues Cristo mismo se va a presentar delante de ellos, la mitad de los circunstantes se hace la desentendida y no se hinca por nada de este mundo (ni del otro, por lo que se ve). Los hombres no quieren empolvar sus pantalones, algunas chicas alegan que traen falda y podrían causarse pequeñas lastimaduras, las señoras alegan vagos malestares, momentáneamente incapacitantes, y mientras se hace presente Aquel que es el Origen y Fin de todas las cosas, hasta de nuestras miserables vidas; mientras se eleva en manos del celebrante Aquel que por amor quiso morir en la cruz por nuestras porquerías y nuestras estupideces, la mitad de los feligreses se queda parada, con las manos en los bolsillos, la mirada en el techo y la cara de aburrimiento mortal. Algunos hasta se sientan, para mayor ignominia.
        Llega la hora de darse el saludo de la paz y la pachanga se reanima súbitamente. Unos van a saludar al tío que está cuarenta metros más atrás, esos novios de allá se dan la paz pero también el amor y quién sabe cuántas virtudes más, los muchachos se dan la mano con el popular saludo de aplauso atronador, otros se abrazan y las espaldas resuenan como parches de tambor, como bisteces en carnicería. El sacerdote intenta decir el Agnus Dei («Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo...») y no hay quien lo siga o haga caso, que todavía hay que apapachar a la prima y a su amiga de muy buen ver, etc. El relajo llega a su clímax y uno no sabe ya si el sacerdote tiene una paciencia de santo o si a él tampoco le importa la Misa. Pero entonces viene el acabose: ya que buena parte de los circunstantes demostró casi a gritos que no cree en la Misa y que sigue diciendo a Jesús: «¿Cómo este hombre va a darnos a comer su carne?», ¡horror! ¡Se paran a comulgar como si tal cosa! Sí, el chamaco que acabamos de ver actuar en toda la Misa como si le estuviera haciendo un favor a Dios al ir a su templo, se acerca a comulgar, hace cara de compungido por diez segundos y vuelve a los codazos y carcajadas con el compañero de junto. Sí, la joven que oímos en la puerta del templo tratar a sus papás con la punta del pie, la que le dijo: «Estúpida» a su mamá la tarde anterior, viene ahora a comulgar así nomás, como si el sacerdote diera galletitas y no a todo Cristo, en persona. Como si no estuviera escrito: «Si alguien come el pan y bebe la copa del Señor indignamente, peca contra el cuerpo y la sangre del Señor... come y bebe su propia condenación...» (1 Cor 11, 27-29). Al fin, esperada con ansia, llega la bendición final, y sin participar en el canto de salida, sin esperar a que el sacerdote vaya a la puerta para despedir a sus feligreses, la turbamulta de descreídos pega la carrera al atrio o a la calle para saludarse, hacer vida social y felicitarse por haber logrado salir, finalmente, de esa aburrida e insignificante Cena pascual en la que realmente no creen ni han creído nunca.

EL OBSERVADOR 256-4

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¿Qué democracia merecemos? *
Víctor Manuel Chávez Huitrón **

        El poder de la costumbre es demasiado fuerte como para ignorarlo. El peso de lo que fue por muchos años la normalidad en la forma de elegir presidentes, gobernadores y, en general, a los actores políticos que decidieron sobre el país, los estados o municipios, sigue apareciendo como un fantasma que se niega a desaparecer no obstante los ejemplos y las presiones del extranjero, y no obstante los millones de pesos que nos cuesta transitar a la democracia.
        La inercia social que cargamos, a modo de código genético perverso de carácter cultural, con expresiones tales como la desinformación, el desinterés, la apatía y la ignorancia de muchos sobre los derechos y deberes políticos, hoy parece tomar nuevos bríos y adquirir mutaciones con síntomas por demás preocupantes.

¿Quién tiene la culpa?
        Lo más fácil es culpar al otro de los daños y errores que introducen un mal en la existencia. Este es el juego del «pecado original» del que los hombres, por ser hombres, no podemos liberarnos por nosotros mismos. Ante la insuficiente e imperfecta vida democrática que vive el país, cabe la tentación de culpar a los partidos políticos por ceder de forma descarada o sutil al pragmatismo, al chambismo político, al afán desmedido de poder, a la cultura de intolerancia, al clientelismo gremial, al egoísmo de grupo y, en última instancia, a prácticas que prostituyen la política rebajándola en términos absolutos en su nobleza y dignidad. Este fariseísmo no puede ser tolerado, es dañino y contrario a la verdad.

Diez pistas para alcanzar la democracia que merecemos
        1. Incentivar toda forma de organización y de participación sobre temas de la cosa pública.
        2. Promover y realizar todas las estrategias éticas para evitar el abstencionismo electoral.
        3. Promover un sano realismo electoral: contienden los que están y no hay más. Uno de ellos ocupará el lugar vacante aunque ninguno satisfaga al día de hoy en sus propuestas.
        4. Exigir propuestas sólidas, congruentes, realistas y moderadas. Obligar a candidatos y partidos a prometer con mesura y bajo un buen esquema de prioridades.
        5. Registrar en la memoria colectiva las propuestas para exigir al ganador que cumpla una vez en el cargo.
        6. Concientizar, sobre todo en las zonas rurales, para que disminuya la captación inducida de votos a favor de cualquier partido o candidato.
        7. Fortalecer las propuestas educativas que promueven la participación, la toma de decisiones colectiva, el diálogo y la tolerancia, pero, sobre todo, el respeto a la ley, y el valor y necesidad de construir un estado de derecho.
        8. Promover una democracia anclada en los valores de la verdad, la defensa de la vida siempre, la dignidad de cada persona, la libertad de conciencia, la solidaridad y la búsqueda del bien común, a fin de evitar formas de totalitarismo democrático.
        9. Hacer conciencia de que el 2 de julio es más un punto de partida que de llegada.
        10. Prohibir el tedio, el cansancio y la deserción. La vida democrática es una aspiración legítima y buena, además de necesaria, que requerirá todavía más atención, seguimiento y participación. El resultado puede tardar pero nunca dejará de corresponder a la dignidad de personas.
        Los mexicanos merecemos una democracia de altura, no cualquier democracia.

Qué dice la Iglesia... de la democracia

«Ahora bien, del hecho de que la autoridad proviene de Dios no debe en modo alguno deducirse que los hombres no tengan derecho a elegir los gobernantes de la nación, establecer la forma de gobierno y determinar los procedimientos y los límites en el ejercicio de la autoridad». (Pacem in terris, 52).

EL OBSERVADOR 256-5

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Jubi - notas
El Jubileo de los Científicos

        Del 23 al 25 de mayo se llevó a cabo en Roma el Jubileo de los Científicos. Fue organizado por el Pontificio Consejo para la Cultura, la Pontificia Academia de las Ciencias, la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, la Pontificia Academia por la Vida y el Observatorio Vaticano.
        Este acontecimiento fue calificado por el cardenal Paul Poupard, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, como «un acontecimiento sin precedentes en la historia de los Jubileos». La primera parte consistió en un congreso internacional sobre diálogo entre ciencia y fe, que se realizó los días 23 y 24, sobre el tema «El hombre en busca de la verdad. Filosofía-ciencia-fe, perspectivas para el tercer milenio».
        La segunda parte tuvo lugar el 25 de mayo. Los científicos atravesaron la Puerta Santa, «que significa —como señalaron los organizadores— el reconocimiento de Cristo como Señor del cosmos y de la historia por parte de las personas que trabajan en el mundo de la ciencia, amenazados por la tentación de convertir la propia ciencia en un ídolo». Luego participaron de una Eucaristía y de la renovación de su profesión de fe ante la tumba de San Pedro. Al final de la celebración, los científicos fueron recibidos por el papa Juan Pablo II en audiencia.

Jubileo de los Emigrantes e Itinerantes y Jubileo del Mar, en una sola jornada, antier

        El viernes 2 del presente junio el papa Juan Pablo II presidió la concelebración eucarística que marcó el punto culminante del festejo jubilar de alrededor de 40 mil personas: emigrantes, refugiados, nómadas, marinos, estudiantes en el extranjero, turistas, trabajadores de las ferias y los circos, y aviadores.
        En el mundo, se dijo preliminarmente, hay 119 millones de emigrantes, de los que el 44% se encuentra en los países industrializados y el 56% en los menos desarrollados. En África hay 15 millones, en Asia 43, en Iberoamérica 7, en Angloamérica 24, en Europa 25 y en Oceanía 5.
        En cuanto al número total de refugiados y de aquellos que se encuentran bajo mandato del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, es de más de 22 millones, la mayoría mujeres y niños. Por otra parte, en 1999 se registraron casi 657 millones de turistas internacionales, es decir, de personas que viajan al extranjero para descansar. Finalmente, los gitanos representan entre 15 y 18 millones, la mayor parte de ellos en Europa y en Asia.
        El Vaticano ha expresado su preocupación por los casos de xenofobia que se dan en varios países del mundo, en especial en Europa.
        El Jubileo del Mar empezó donde debía: en el mar de Galilea. En su recorrido tocó Chipre, Grecia, Malta, Siracusa, Mesina, Reggio, Pozzuoli, Gaeta y Fiumicino. La comitiva recogió en los puertos sendos cestos de pan que fueron entregados en San Pedro a Juan Pablo II.

«Lourdes», cine jubilar con guión de Vittorio Messori

        Las actividades culturales en torno al Jubileo no cesan. Durante el Jubileo de los Científicos se realizó un concierto de música barroca en la iglesia de Santa María sopra Minerva, a cargo de la «Orquesta de Cámara de los Jóvenes Músicos Italianos», y se proyectó como primicia mundial la película «Lourdes». La cinta tiene el especial atractivo de haber empleado como base un guión del famoso periodista católico Vittorio Messori; está inspirada en la aventura de fe de Alexis Carrel, Premio Nobel de medicina.

¿Se autorregularán los periodistas? Algunos examinan su conciencia

        En forma preparatoria para el Jubileo de los Periodistas, que hoy se celebra en el Vaticano, un grupo de italianos de esa profesión, luego de examinar su conciencia, pidió perdón públicamente por los vicios de la información.
        Para ese propósito se organizó una mesa redonda en la que el director del importante diario Avvenire propuso una lista de «nunca más», mediante la cual se pretendería que desaparecieran los periodistas perezosos, los «acomodados», los que renuncian previamente a la verficación, al control. Ser periodista, dijo el ponente, «es una misión, una vocación de gran altura», y «o redescubrimos esto o contribuiremos al hundimiento de esta profesión». Y más adelante: «Una de las cosas que perjudican a nuestra profesión es el narcisismo».

EL OBSERVADOR 256-6

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MUJERES EN EL MUNDO
María, modelo de la mujer de ayer, de hoy y de siempre
Guadalupe Chávez Villafaña

"María es la Virgen fiel, al pie de la cruz", afirma Juan Pablo II. Al recordar a los mártires la pone de ejemplo diciendo que "desde el 'Hágase' (Fiat), pronunciado en Nazaret, hasta el Calvario, toda su existencia fue modelada por el Espíritu Santo en la del Hijo, en el dar testimonio de Dios Padre y de su amor misericordioso… En la primera comunidad de Jerusalén, María representaba la memoria viva de Jesús, de su encarnación, pasión y muerte y resurrección… Todo creyente y toda comunidad cristiana, en la hora de la prueba, encuentra en la Virgen Santa, apoyo y consuelo".

EL OBSERVADOR 256-7

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MUJERES EN EL MUNDO
De la prostitución al terror
Cuando leí el libro Memorias de una geisha esperando una novela costumbrista, resultó más un producto de la mercadotecnia, elaborado para vender. Y es que tiene "adecuadas" dosis de sexo para atraer a un público ávido de morbosidad, suspenso para mantener la atención a lo largo de sus páginas, un lenguaje plano, insulso... Nada que en verdad valga la pena ni como literatura ni como investigación. Sin embargo, al ponerme a reflexionar un poco, descubrí algo que me puso a temblar.
Además, reforzó mi miedo el ver algunos capítulos de la telenovela Nada por Amor y encontrar a un personaje llamado Mina, una jovencita que vende su cuerpo a hombres ricos para obtener dinero fácil.
¿Por qué mi miedo? Primero, les diré que entre Mina y la geisha descubrí ciertas similitudes:
*        Si bien, la geisha ingresa a la prostitución por miseria extrema, llega un momento en que continúa en ello por gusto, aun pudiendo dejarla. Mina se enrola un poco sin desearlo, pero empujada, en el fondo, por huír de una vida con ciertas dificultades económicas, y llega incluso a afirmar que "es lo que le gusta hacer". La realidad es que la razón para convertirse en mercancías que se venden al mejor postor es porque todo lo reducen al dinero y a la apariencia.
*        La geisha y Mina tienen un concepto totalmente negativo de sí mismas, no se valoran como seres humanos, no comprenden su dignidad.
*        El sentido de su vida lo reducen a halagar al varón.
*        Han perdido la conciencia del bien y del mal. Anestesiaron su alma.
*        No poseen una visión trascendente de la existencia. No han descubierto que todo ser humano tiene una misión en la vida y que, especialmente la mujer, ha sido creada para "dar vida", no para ser usada.
Ahora sí les confesaré la razón de mi miedo. Y es que me pregunté:
-        ¿Qué tanto mi vida gira alrededor de la apariencia y del dinero?
-        ¿Valoro mi vida?
-        ¿Qué tan consciente estoy de mi dignidad de mujer, no sólo como concepto, sino en el actuar de cada día?
-        ¿Hasta dónde mi existencia gira alrededor de sólo halagar al varón que tengo al lado: mi esposo, mis hijos, mi jefe… sin ayudarlos realmente a crecer, confundiendo la sobreprotección con el verdadero amor?
-        ¿No habré borrado de mi perspectiva existencial la línea entre el bien y el mal?
-        ¿En verdad ya he descubierto cuál es el sentido de mi existencia, cuál es mi misión en esta vida?
-        ¿Ya me di cuenta de que esa misión solamente yo la puedo cumplir, de que nunca nadie más en la historia la podrá realizar, y de que si dejo pasar el tiempo ya jamás lo podré hacer?

EL OBSERVADOR 256-8

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¿Quién ganará?
Juan Pedro Oriol

        Los jugadores, el cuerpo técnico y la directiva de uno de los dos equipos fueron a Misa antes del partido. Le pidieron a Dios que les ayudara a conseguir la victoria. No sabían que los jugadores del otro equipo, con sus directivos y entrenadores, también habían asistido a otra Misa más o menos a la misma hora y habían hecho la misma petición.
        Empezó el partido y uno de los equipos anotó. Inmediatamente uno de los directivos miró al cielo y le dio gracias a Dios por haber escuchado su oración. Pero minutos más tarde el otro equipo empató. Quedaba poco tiempo para el final y el marcador seguía empatado cuando alguien informó que Dios estaba en el estadio y pasaba desapercibido entre el público. El directivo mencionado consiguió acercarse a Dios y le dijo: «Señor, ayúdanos a anotar. Se está acabando el partido y necesitamos la victoria. Por eso fuimos a Misa a pedirte que nos echaras la mano para ganar. Dios, no nos falles, por favor».
        La pequeña historia termina contando que Dios le miró con una sonrisa bondadosa y solamente le dijo: «No te preocupes. Después hablamos. Ahora estoy viendo el futbol». El partido terminó empatado y el directivo, que se quiso pasar de listo, aprendió la lección.
        Muchas veces me han preguntado por qué reza un equipo antes de un partido. No se reza para ganar. Dios es Todopoderoso, sí, es verdad. Pero no es ni podemos convertirlo en injusto. Es Dios de todos. No podemos apropiárnoslo ni si quiera por el ratito que dura un partido de futbol.
        Se reza para ofrecerle el esfuerzo y la entrega. Así la victoria es segura. No en el marcador pero sí en el alma. Los deportistas que rezan son más fuertes y no se desaniman tan fácilmente. Saben que su esfuerzo no será nunca en vano y que las victorias más importantes en la vida son las que no se ven, aunque las otras también hay que buscarlas dejándose el pellejo.
        También se reza para dar gracias. Sí, el cristiano debe saber dar las gracias a Dios por todo: por lo que me da y por lo que me pide, por lo que me concede y por lo que me exige.
        Estaba terminando la secundaria. En el colegio había un ambientazo porque habíamos llegado al final del torneo más importante del futbol intercolegial. Faltaban diez minutos para el final y estábamos empatados a dos goles cuando el árbitro marcó un justo penal a nuestro favor. El entrenador me indicó que lo tirara yo. Tomé el balón y, después de colocarlo en el manchón marcado, hice la señal de la cruz tres veces. Tiré el penal y metí gol. Al final del partido me estaba esperando mi papá fuera de los vestidores en medio de mucha gente. Me dio un fuerte abrazo y me felicitó por la victoria.
        Ya en el coche, camino a casa, me preguntó: «¿Por qué hiciste la señal de la cruz antes de tirar el penal?». «Le pedí a Dios que me ayudara a hacerlo», le contesté convencido. «Pues hiciste mal porque Dios lo que quería era que te concentraras y que hicieras bien las cosas, y no que te estuvieras distrayendo en ese momento. Además, ¿no crees que el portero del otro equipo también es hijo de Dios? Deberías de haber hecho la señal de la cruz no antes sino después de meter el penal para darle gracias a Dios. ¿La hiciste?». Le respondí la verdad: «No, papá, no lo hice porque me fui a festejar con mis compañeros y con la porra del equipo». Sonrió, puso su mano sobre mi hombro y me dijo: «Sí, te vi muy bien. No lo olvides, hijo: los mejores en la vida son los que saben dar gracias y no los que sólo saben pedir. Y, sobre todo, a Dios».
        Estamos en plena liguilla del campeonato mexicano de futbol. ¿Quién ganará el campeonato? Que gane el que lo merezca y que sepa ser humilde en la victoria, como los grandes. Y los que pierdan, que no pierdan la cabeza ni la lengua. Que los equipos den un gran ejemplo de coraje y de entrega. Y que, al final, pase lo que pase, no dejen ni dejemos de dar gracias al Único que sabe lo que más nos conviene para nuestro bien definitivo.

EL OBSERVADOR 256-9

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Hogar: zona de no fumar
Yusi Cervantes Leyzaola

        Los fumadores ciertamente se provocan a sí mismos graves daños en la salud. A eso hay que sumarle el gasto permanente, la quema accidental de objetos y el aroma desagradable que los rodea como un halo. Pero toman sus propias decisiones y, si no quieren dejar su adicción, es asunto suyo... siempre y cuando no afecten a los demás. Y ésta es la parte que muchos no ven ni aceptan.
        Algunos fumadores sensatos saben que molestan a los demás y prefieren alejarse, a donde no afecten a nadie, a fumarse su cigarrito.Suponen que, si piden permiso para fumar en presencia nuestra, la mayoría de nosotros, por cortesía mal entendida o mera cobardía, diremos: «fume usted, adelante», aunque el estómago se nos revuelva y nos duela la cabeza. Muchas veces me he quedado con un sentimiento de enojo hacia mí misma por no atreverme a decir: «El cigarro me hace daño y me molesta. ¿Me haría el favor de no fumar aquí?». Otros fumadores consideran que quienes se quejan del cigarro son ridículos, intolerantes, melindrosos, sangrones... y otros calificativos.Su placer es primero. No se preocupan siquiera de para dónde va el humo ni lo molesto que puede ser para otros.
        Pero no es sólo la molestia. Los fumadores deberían considerar el daño que causan. El humo del cigarro y las partículas que quedan suspendidas por horas en las habitaciones son cancerígenas y favorecen el aumento de enfermedades respiratorias. El fumador compulsivo nunca considera, antes de encender su cigarro, si los demás tienen riesgos broncopulmonares o de cáncer. Y si a nivel público los fumadores provocan daños y molestias, con mucha más razón las provocan en el hogar. Con un agravante: inculcan en sus hijos la adicción al tabaco.
        Los fumadores sufren una adicción. Si realmente se lo proponen, lograrían superarla. Pero es un adicción socialmente aceptada y apoyada por la publicidad. Muchos no quieren dejarla. Pero aun así, por amor a sus hijos, a sus cónyuges y a los demás miembros de la familia, deberían declarar su hogar -incluido el automóvil- como zona de no fumar. Con esto conseguirían varias cosas: a) obviamente, no dañar la salud de los suyos; b) no molestarlos con el desagradable humo y las apestosas colillas; c) tener un hogar limpio, con aroma agradable; d) no echar a perder sillones, otros muebles, manteles, ropa y otros objetos; e) los hijos no se acostumbrarían al aroma del cigarro y, cuando se les presente la oportunidad de fumar, les resultaría desagradable, como es natural; f) los hijos se darían cuenta de que es una adicción dañina de la que, desgraciadamente, su progenitor(a) no ha podido desprenderse; pero se darán cuenta de que está tratando de protegerlos.
        Podemos declarar nuestro hogar zona de no fumar. Eso sería un gran bien para nuestras familias.
        

EL OBSERVADOR 256-10

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PINCELADAS
Vanidad y humor
Justo López Melús *

        El hombre es complicado, también en el campo religioso. Uno muy humilde dudaba entre fingir soberbia para ser detestado por orgulloso, o mostrar su humildad para que lo consideraran orgulloso. Otro quería ser muy desasido y dudaba: «¿Cómo puede ser desinteresado mi amor a Dios si sé que, cuanto más desinteresado sea, más meritorio será?». Bueno, digamos que el Evangelio es mucho más sencillo y transparente. Un poco de buen humor, por favor.
        Por otra parte, la vanidad se presta mucho al humor. El sacerdote que predica contra la vanidad se envanece de predicar bien. Los que escriben contra la vanagloria firman sus escritos. Matusalén murió de vanidad. Para demostrar que se encontraba en forma, quiso apagar, de un soplo, las 969 velas el día de su cumpleaños, y le dio un infarto. Las personas constituidas en autoridad suelen envanecerse de sus títulos, por lo que suelen caen en ridículo con frecuencia.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 256-11

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