El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

11 de Junio de 2000 No. 257

SUMARIO

bullet Ninguna libertad, incluida la de expresión, es absoluta
bulletAL ALBA DEL MILENIO Primero es el medio
bullet¿USTED QUÉ OPINA? Iglesia y política
bullet«Ética en las comunicaciones sociales»
bulletPANTALLA CHICA Voto de confianza
bulletPERDER POR DEFAULT ¿Cómo resucitaremos?
bulletLos candidatos y el aborto
bulletAnte las próximas elecciones
bullet¿Feminista, yo?
bulletMIRADA JOVEN México: nuestro presente
bulletPINCELADAS Juan XXIII y un obispo castrense
bulletINTIMIDADES -LOS JOVENES NOS CUENTAN- Pero... ¿esperar todo un año?
bulletINTIMIDADES -LOS JOVENES NOS CUENTAN- Tengo 30 años, soy virgen. ¿Estoy equivocado?

Conjuntados, Jubileo de los Periodistas y Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
Ninguna libertad, incluida la de expresión, es absoluta: tiene su límite en la dignidad y la libertad de los demás

        El pasado domingo 4, unos siete mil periodistas de 52 países del mundo celebraron en Roma su jubileo. Los que estaban desde el sábado 3 atravesaron juntos la Puerta Santa de la basílica de San Pablo Extramuros, en signo de conversión, y participaron en una celebración ecuménica. El domingo, tras la Misa, se encontraron con Juan Pablo II en la sala de audiencias del Vaticano.
        Su Santidad expresó: «He deseado vivamente tener este encuentro con ustedes, queridos periodistas, no sólo por la alegría de unirme a su camino jubilar, como estoy haciendo con otros muchos grupos, sino también por el deseo de cumplir una deuda personal de gratitud que tengo con los innumerables profesionales que, a través de los años de mi pontificado, han trabajado para dar a conocer las palabras y los hechos de mi ministerio». Más adelante afirmó: «Ninguna libertad, incluida la libertad de expresión, es absoluta: tiene su límite en el deber de respetar la dignidad y la libertad de los demás».
        Cuatro días antes el Vaticano, por medio del arzobispo John Foley, presidente del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, dio a conocer el documento Ética de las comunicaciones sociales, que se publica con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (ver página 3 de esta edición). A raíz de esta presentación, el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, opinó: «El hecho de que una personalidad —en este caso Juan Pablo II— haya estado tanto tiempo en el centro de la opinión pública mundial, más de 21 años, y que lo siga estando sin haber sido comido por el sistema de los mass media, que 'quema', es un fenómeno, desde mi punto de vista, totalmente inédito». Ahora bien, los medios también han criticado, y a veces duramente, a este Papa; pero a él «no le interesa que el mundo esté hecho de gente sometida. No le interesa vencer sino convencer, en el terreno de las ideas». En todo caso, Juan Pablo II se ha apoyado mas que ninguno de sus antecesores en este «cuarto poder», que dispone hoy de tecnologías nunca vistas.


Un principio fundamental

        La persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social; la comunicación debería realizarse de personas a personas, con vistas al desarrollo integral de las mismas.
        Las decisiones sobre los contenidos y la política de los medios de comunicación no deberían depender sólo del mercado y de factores económicos, puesto que éstos no contribuyen a salvaguardar el interés público en su integridad ni tampoco los legítimos intereses de las minorías.


Algunos beneficios y abusos de los medios


        1.- Los medios de comunicación son motor del comercio y de la economía global; sin ellos el progreso se vería seriamente comprometido. Pero en ocasiones se usan para construir y apoyar sistemas económicos que sirven a la codicia y a la avidez.
        2.- En el campo político son indispensables para las sociedades democráticas actuales. Pero los políticos sin escrúpulos usan los medios para la demagogia y el engaño, apoyando políticas injustas y regímenes opresivos; copian técnicas para violar los derechos fundamentales, incluso el derecho a la vida.
        3.- En el nivel cultural, los medios facilitan el acceso de la gente a la literatura, al teatro, a la música y al arte, que de otro modo serían inasequibles para ella, y promueven así un desarrollo humano respetuoso del conocimiento, la sabiduría y la belleza. Pero caen con frecuencia en la vulgaridad o la degradación. Y no sirve de excusa afirmar que los medios de comunicación reflejan las costumbres populares, dado que también ejercen una poderosa influencia sobre esas costumbres, y, por ello, tienen el grave deber de elevarlas y no degradarlas.

EL OBSERVADOR 257-1

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AL ALBA DEL MILENIO
Primero es el medio

Mientras más avanza el proceso electoral en México, más nos convencemos de la verdad en la afirmación de aquel viejo investigador de la comunicación pública que fue Karl Kraus (recientemente recordado por el magnífico articulista de Reforma, Jesús Silva-Herzog Márquez): «En el principio era la prensa. Después apareció el mundo». Es verdad, lo que vemos hoy es exactamente lo que predijo Kraus: primero es el medio, después el mensaje; si el procedimiento político no es dominado por el medio, el procedimiento no existe (o es falso). Antes (en los sesenta, setenta, ochenta y mitad de los noventa) el medio ayudaba a la presencia de un mensaje político o de una ideología en busca del poder; hoy no sólo los determinan sino los hacen existir, los hacen reales. Si Labastida, Fox y Cárdenas no pasan por la tele, ni Labastida ni Fox ni Cárdenas existen.
        Esto quiere decir, más o menos, que el poder no es que haya cambiado de manos, sino se ha trasladado a otros núcleos de producción (ya no los partidos políticos o los pasillos de Palacio): el estudio televisivo, la cabina radiofónica. Con tal privilegio, los concesionarios de medios electrónicos se han convertido (literalmente, de golpe y porrazo) en los modernos árbitros de la política mexicana. En sus manos está decidir el futuro del país, presionar para que gane tal o cual opción, para que la otra (la incómoda o la desconocida) pierda inexorablemente, y controlar los mecanismos del triunfo, así como su justificación en la discusión postelectoral. Son los dueños (transitorios) de la imagen y el sonido los que dan (o quitan) la razón del poderío. El gobierno les ha entregado en bandeja de plata la doble posibilidad soñada por cualquier «visionario» de la comunicación pública: hacer dinero a manos llenas y controlar el acceso al poder (que viene siendo la mejor manera de seguir haciendo dinero a manos llenas).
        ¿Están preparados los concesionarios mexicanos para ser árbitros electorales? Obviamente, no. Están preparado para enfrentar todo tipo de guerras comerciales. Pero convertir la política —que es el arte de encauzar las ambiciones personales hacia el bien común— en una especulación de pérdidas y ganancias no solamente es peligroso, es letal para una sociedad que se asoma a la institucionalización democrática. El videovoto suele ser el voto menos razonado de todos. Y los promotores del videovoto, los menos hábiles para pensar siquiera en esa cosa tan complicada que es el bien común. ¿Y el Instituto Federal Electoral? Por lo pronto se encuentra encerrado en las listas, las credenciales y el conteo. No está mal, pero es insuficiente: tiene que arrebatarle —para los procesos electorales por venir— el arbitraje a los medios electrónicos. Porque dejar las elecciones en las manos de quienes no saben más que vender, es perder la plaza de la equidad, la justicia y el derecho. Una de las desventajas de la videopolítica es que convierte a los partidos en marcas, los candidatos en productos y los ciudadanos en consumidores.
        Kraus exclamó: «¿La prensa es un mensajero? No: es el acontecimiento. ¿Palabras? No: la vida». Substituyamos prensa por televisión y palabras por imágenes y tendremos el coctel explosivo (y silencioso) de la política en la actualidad mexicana. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 257-2

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¿Usted qué opina?
Iglesia y política
Genaro Alamilla Arteaga


        Este binomio unido crea a las veces reacciones violentas, enojos y, no pocas veces, enfrentamientos nada agradables debido a que hay un lamentable desconocimiento del concepto completo de política, y también de la naturaleza de la Iglesia y su relación con los Estados civiles.
        Siempre será útil tener ideas claras al respecto para no equivocar nuestros juicios y no errar en nuestros análisis sobre el tema.
        Por otra parte, parece estar de moda expresarse sobre este asunto, téngase o no la debida preparación para ello. Desde luego que es materia suculenta de jacobinos, hermanos masones y anticlericales, oficiales o no, para pronunciarse contra la Iglesia a como dé lugar.
        Hoy, dado el clima electoral que vivimos, el tema está de moda y sí es preciso clarificar conceptos pues, si no lo hacemos, habría el riesgo de crear confusión o inducir a cometer errores lamentables.
        Aunque parezcamos repetitivos, es importante volvernos hacia lo que la Iglesia piensa de sí misma: «El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo; falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación. Siguiendo el ejemplo de Cristo... alégrense los cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico con los valores religiosos... Compete a los laicos, propiamente, aunque no exclusivamente, las tareas y el dinamismo seculares, Cuando actúan, individual o colectivamente, como ciudadanos del mundo, no sólo deben cumplir las leyes propias de cada disciplina, sino que deben esforzarse por adquirir verdadera competencia en todos los campos». ¿A quién le debe molestar este pensar de la Iglesia?
        Además, al referirse el concilio Vaticano II a los pastores, dice: «Los obispos, que han recibido la misión de gobernar a la Iglesia de Dios, prediquen, juntamente con sus sacerdotes, el mensaje de Cristo, de tal manera que la actividad temporal de los fieles quede como inundada por la luz del Evangelio».
        Dice otra parte: «Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas...».
        Seríamos interminables si transcribiéramos textos del pensamiento de la Iglesia sobre el tema.
        Sólo nos preguntamos: ¿por qué temer a una milenaria institución que predica la paz, la concordia, el respeto a los derechos humanos? ¿Usted que opina?

EL OBSERVADOR 257-3

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Los medios de comunicación: grandes dones de Dios y auténticos signos de los tiempos
Extracto del documento «Ética en las comunicaciones sociales», del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
Aunque se dice comúnmente que en los medios de comunicación social «cabe de todo», no son fuerzas ciegas de la naturaleza fuera del control del hombre. Porque, aun cuando los actos de comunicación tienen a menudo consecuencias no pretendidas, la gente elige usar los medios de comunicación con fines buenos o malos.
El alcance y la diversidad de los medios de comunicación accesibles a la gente en los países ricos ya son asombrosos: libros y periódicos, televisión y radio, películas y videos, grabaciones y comunicaciones electrónicas transmitidas por radio, cable, satélite e Internet. Los contenidos de esta vasta difusión van desde las noticias rigurosas hasta el mero entretenimiento, desde las oraciones hasta la pornografía, desde la contemplación hasta la violencia. La gente, dependiendo de cómo usa los medios de comunicación social, puede aumentar su empatía y su compasión o puede encerrarse en un mundo narcisista y aislado, con efectos casi narcóticos. Ni siquiera los que rehúyen los medios de comunicación social pueden evitar el contacto con quienes están profundamente influidos por ellos.
Además de estas razones, la Iglesia tiene sus propios motivos para estar interesada en los medios de comunicación social. La historia de la comunicación humana, vista a la luz de la fe, puede considerarse como un largo camino desde Babel, lugar y símbolo del colapso de las comunicaciones (cfr. Gn 11,4-8), hasta Pentecostés y el don de lenguas (cfr. Hch 2,5-11), cuando se restableció la comunicación mediante el poder del Espíritu Santo, enviado por el Hijo. La Iglesia, enviada al mundo para anunciar la Buena Nueva, tiene la misión de proclamar el Evangelio hasta el fin de los tiempos. Hoy sabe que es preciso usar los medios de comunicación social
La Iglesia asume los medios de comunicación social con una actitud fundamentalmente positiva y estimulante. No se limita simplemente a pronunciar juicios y condenas; por el contrario, considera que estos instrumentos no sólo son productos del ingenio humano, sino también grandes dones de Dios y verdaderos signos de los tiempos.
Al reflexionar en los medios de comunicación social, debemos afrontar honradamente la cuestión «más esencial » que plantea el progreso tecnológico: si, gracias a él, la persona humana se hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los más necesitados y a los más débiles, más disponible a dar y prestar ayuda a todos.
Para elegir correctamente es necesario que quienes eligen conozcan las normas del orden moral en este campo y las lleven fielmente a la práctica . La Iglesia aporta diversos elementos a esta cuestión. Aporta una larga tradición de sabiduría moral, enraizada en la revelación divina y en la reflexión humana. También aporta a las realidades humanas, incluyendo el mundo de las comunicaciones sociales, el concepto de la dignidad de la persona, que se manifiesta en toda su plenitud en el misterio del Verbo encarnado.
La comunicación social tiene un inmenso poder para promover la felicidad del hombre y su realización. Sin pretender dar más que una visión de conjunto, presentamos aquí algunos beneficios:
a) Económicos. El mercado no es una norma de moralidad; pero puede servir a la persona, y los medios de comunicación desempeñan un papel indispensable en una economía de mercado: fomentan la competencia responsable con vistas al interés público, y permiten que la gente haga opciones informadas, dándoles a conocer la disponibilidad y las características de los productos.
b) Políticos. La comunicación social beneficia a la sociedad facilitando la participación informada de los ciudadanos en los procesos políticos, y unen a la gente en la búsqueda de propósitos y objetivos comunes, ayudándoles así a formar y apoyar auténticas comunidades políticas. Los medios de comunicación son indispensables en las sociedades democráticas actuales.
c) Culturales. Los medios de comunicación social facilitan el acceso de la gente a la literatura, al teatro, a la música y al arte, que de otro modo serían inasequibles para ella, y promueven así un desarrollo humano respetuoso del conocimiento, la sabiduría y la belleza. No hablamos sólo de representaciones de obras clásicas y de los frutos de la erudición, sino también de espectáculos populares sanos y de información útil que reúne a las familias y eleva el espíritu de las personas enfermas, solas y ancianas, y alivia el tedio de la vida.
d) Educativos. Los medios de comunicación son importantes instrumentos de educación en diferentes ámbitos, desde la escuela hasta el lugar de trabajo, y en muchas etapas de la vida. Son instrumentos educativos normales en muchas aulas. Y, más allá de las paredes del aula, los medios de comunicación, incluida internet, superan las barreras de la distancia y el aislamiento, ofreciendo la oportunidad de aprender a pobladores de áreas remotas, a los religiosos en conventos, a las personas obligadas a permanecer en su hogar, a los detenidos, y a muchos otros.
e) Religiosos. La vida religiosa de mucha gente se enriquece mucho gracias a los medios de comunicación, que transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis.
Pero los medios de comunicación también pueden usarse para bloquear a la comunidad y menoscabar el bien integral de las personas alienándolas, marginándolas o aislándolas; arrastrándolas hacia valores falsos y destructivos; favoreciendo la hostilidad y el conflicto. Pueden difundir noticias falsas y desinformación, favoreciendo la trivialidad y la banalidad. De igual modo, se usan en algunas ocasiones como instrumentos de adoctrinamiento, con la intención de controlar lo que la gente sabe y negarle el acceso a la información que las autoridades no quieren que tenga.
Aun así, seguimos creyendo que la solución no siempre reside en un control del Estado sobre los medios de comunicación, sino en una reglamentación más importante, conforme a las normas del servicio público, así como en una responsabilidad pública mayor.
Hay que estar siempre a favor de la libertad de expresión. Sin embargo, considerada desde una perspectiva ética, esta presunción no es una norma absoluta e irrevocable. Se dan casos obvios en los que no existe ningún derecho a comunicar, por ejemplo el de la difamación y la calumnia, el de los mensajes que pretenden fomentar el odio y el conflicto entre las personas y los grupos, la obscenidad y la pornografía, y las descripciones morbosas de la violencia. Es evidente también que la libre expresión debería atenerse siempre a principios como la verdad, la honradez y el respeto a la vida privada.
Los comunicadores profesionales no son los únicos que tienen deberes éticos. También las audiencias, los usuarios, tienen obligaciones. El primer deber de los usuarios consiste en discernir y seleccionar. Deberían informarse acerca de los medios de comunicación, sus estructuras, su modo de actuar y sus contenidos y hacer opciones responsables, de acuerdo con sólidos criterios éticos, sobre lo que conviene leer, ver o escuchar. La educación en el uso de los medios de comunicación, más que enseñar algo acerca de las técnicas, ayuda a la gente a formarse criterios de buen gusto y juicios morales verdaderos, que constituyen un aspecto de la formación de la conciencia.
A través de sus escuelas y de sus programas de formación, la Iglesia debería proporcionar este tipo de educación para el uso de los medios de comunicación social. De igual modo, los padres tienen el serio deber de ayudar a sus hijos a aprender a valorar y usar los medios de comunicación, formando correctamente su conciencia y desarrollando sus facultades críticas.
Jesús enseñaba que la comunicación es un acto moral: «De lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado» (Mt 12,34-37).
Jesús es el modelo y el criterio de nuestra comunicación. Para quienes están implicados en la comunicación social la conclusión es clara: «Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. (...) No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen » (Ef 4,25.29).

EL OBSERVADOR 257-4

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PANTALLA CHICA
Voto de confianza
Grupo Inter Mirifica

        La televisión es un factor fundamental en las elecciones de gobierno de nuestro país. Ésta ha sido utilizada por los candidatos presidenciales con cuidado, sabiendo que lo que se ve y se oye en esta caja electrónica tiene gran influencia en la opinión de los electores. Nosotros, los televidentes, estamos conscientes de ser un público al cual tienen que convencer; así nos lo hacen considerar los propios medios de comunicación. Sin embargo, en este proceso de juicio, estamos acostumbrados a tener como intermediarios a los mismos que «digieren» la información para nosotros, y nos conducen en gran manera a pensar como ellos nos invitan a hacerlo.
        Por más imparciales que busquen ser o parecer los canales de televisión, estas empresas emplean personas que, por el hecho de serlo, tienen sus propias opiniones políticas y, así, dejan un patrón parcial en las reseñas que dan sobre los hechos que vemos y la palabras que escuchamos.
        Si tratamos de analizar en conciencia a los candidatos, debemos hacer a un lado todo aquello con lo que la televisión y otros medios de comunicación los adornan o sobajan. Debemos analizar objetivamente nuestro entorno real, analizar nuestra historia social, escuchar las propuestas de los candidatos con mucha atención, sin que nos importe el color de la corbata que tienen, si usan bigotes o no, el tamaño de las orejas o lo carismáticos que parezcan. Lo que debe importarnos son los proyectos, las vías de acción, y debemos reflexionar muy bien respecto de quién nos inspira confianza para darle nuestro voto. Aun a través de la televisión podemos tener una opinión personal que nos inclinará hacia un candidato por considerar que en él tendremos la esperanza de un cambio para mejorar. Ésta no está determinada por la habilidad en la oratoria (como poderosos y experimentados políticos), ni por la habilidad para tratar todos los temas y tener soluciones mágicas para todo. La confianza se la daremos a aquel candidato que muestre deseos auténticos de trabajar para México; creamos en su honestidad, en su búsqueda de la paz entre individuos, sectores sociales y naciones. Nos toca decidir a quién le creemos sin necesidad de preguntarle a los conductores de televisión. Para ti, ¿quién será un buen presidente de México?
        Pidamos a Dios un buen presidente para nuestro país.

EL OBSERVADOR 257-5

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PERDER POR DEFAULT
¿Cómo resucitaremos?
Diego García Bayardo

        Todos nos preguntamos alguna vez qué es lo que nos va a pasar después de morir: ¿Voy a desaparecer para siempre? ¿Reencarnaré? ¿Voy a resucitar? La respuesta a estas preguntas suele estar condicionada por la religión a al que uno pertenezca o a la falta de ella, según el caso, pero hoy en día la cosa es bastante más confusa. Se ha vuelto frecuente, por ejemplo, encontrar gente que dice ser católica pero cree en la reencarnación. Debemos recordar que Jesús mismo nos reveló el dogma de la resurrección de los muertos, y que su palabra es más firme que los cielos. Ahora bien, la reencarnación y la resurrección son conceptos contrarios e irreconciliables: no se puede creer en uno sin negar el otro. A muchos les cuesta entender esto, pero es cuestión de saber realmente en qué consiste cada una de estas cosas y cuál es su verdadera finalidad para darse cuenta de que no se puede elegir uno sin negar al otro. Por eso la Biblia dice claramente que sólo se vive una vez, no muchas, y que después de morir llega el juicio divino (Cfr. Heb 9, 27). Ya he comentado algo de esto previamente en mis artículos contra el uso del yoga entre los católicos.
        Acerca de la resurrección, algunas personas me han comentado sus dudas y afirman que en la Tierra no cabrán todas las personas que han vivido en ella a lo largo de todos estos milenios, o preguntan si los mancos resucitarán con o sin la mano faltante, si pueden resucitar las personas que fueron cremadas,etc. Ciertamente las sagradas escrituras nos dan muy pocas pistas para imaginar cómo será eso de la resurrección, pero todo católico debería leer 1 Cor 15 y los relatos evangélicos sobre la resurrección de Cristo, para quitarse las dudas más obvias. Estos textos indican que el cuerpo con el que resucitaremos será espiritual e incorruptible, lleno de vigor, y que Cristo resucitado podía aparecer y desaparecer a voluntad, o estar en un lugar y luego moverse en un instante a otro sitio muy lejano al anterior, de modo que las dimensiones del espacio y el tiempo siguen existiendo para Él, pero de una forma bastante más flexible que la que actualmente nos rige. Seguramente nosotros podremos hacer lo mismo que Él.
        Lo más impresionante para mí, al reflexionar sobre este tema, es descubrir que resucitar significa ser creados nuevamente, incluso de la nada. Para entender esto hay que recordar que los seres humanos somos completamente reciclables: todo viviente, al morir, se descompone, y los elementos químicos que conformaban su cuerpo pasan a la tierra y al aire, donde se integran al medio y luego pasan a formar parte de plantas y animales. El hombre se alimenta con ellos y entonces absorbe esas sustancias que alguna vez fueron parte de otros hombres. El agua o el carbono de nuestro cuerpo alguna vez fueron parte del cuerpo de un rinoceronte, o del de un campesino tolteca, o del de Luis XIV de Francia... El oxígeno que ahora pasa por nuestras arterias ya fue respirado y asimilado miles de veces por quién sabe cuantas personas. La materia que conforma los cuerpos humanos es compartida, y los muertos de hace 20, 100 ó 2,000 años hace mucho que se convirtieron en parte de nosotros. Por eso, cuando venga la resurrección de los muertos no sólo va a faltar espacio en esta Tierra para que quepamos todos, sino que también va a faltar materia para reconstituirnos a todos. Así que la resurrección no va a consistir simplemente en que los muertos se levanten de sus tumbas y ya: va a ser necesario que Dios nos vuelva a crear de la nada y que transforme al mundo entero. Esta idea que se me ha ocurrido es totalmente compatible con el hecho de que la Iglesia cambió la celebración judía del sábado por la del domingo como día del Señor, debido a que el descanso del sábado marcaba el fin de la creación y que la celebración del domingo, primer día de la semana, significa el inicio de una nueva creación, inaugurada con la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los católicos podemos tener la certeza de que en el último día, que será también el primero de la eternidad, Dios nos volverá a crear del polvo, como al primer Adán.

EL OBSERVADOR 257-6

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Los candidatos y el aborto
«En la hipótesis de que un candidato sostenga políticas contrarias a los principios de la ética y la moral, un católico no puede, en conciencia, darle su voto». Así dice el mensaje «La democracia no se puede dar sin ti», de la Conferencia del Episcopado Mexicano, dado el 2 de mayo de 2000.
Ésta es la postura de los candidatos a la presidencia de la república ante el derecho fundamental del hombre de ser respetada su vida desde la concepción:

Manuel Camacho S.
El aborto «es un asunto delicado que la sociedad debe decidir».

Gilberto Rincón Gallardo
«Urge despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo».

Cuauhtémoc Cárdenas S.
Promovería una consulta ciudadana a fin de legislar sobre el aborto.

Porfirio Muñoz Ledo
Se ha pronunciado a favor de despenalizar el aborto.

Vicente Fox Q.
“Promoveré el respeto al derecho a la vida desde el momento de la concepción hasta el momento de la muerte natural.”

Francisco Labastida O.
No hay pronunciamiento oficial. Sin embargo, el gobierno priísta ha firmado todos los acuerdos de la ONU que favorecen el aborto, y promueve en el Sector Salud la aplicación del método abortivo DIU (dispositivo intrauterino) como medida de control natal. Manuel Camacho S.
El aborto «es un asunto delicado que la sociedad debe decidir».

Gilberto Rincón Gallardo
«Urge despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo».

Cuauhtémoc Cárdenas S.
Promovería una consulta ciudadana a fin de legislar sobre el aborto.

Porfirio Muñoz Ledo
Se ha pronunciado a favor de despenalizar el aborto.

Vicente Fox Q.
“Promoveré el respeto al derecho a la vida desde el momento de la concepción hasta el momento de la muerte natural.”

Francisco Labastida O.
No hay pronunciamiento oficial. Sin embargo, el gobierno priísta ha firmado todos los acuerdos de la ONU que favorecen el aborto, y promueve en el Sector Salud la aplicación del método abortivo DIU (dispositivo intrauterino) como medida de control natal.

EL OBSERVADOR 257-7

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Ante las próximas elecciones
(Extracto de una instrucción pastoral)
+ J. Humberto Velázquez Garay / Obispo de Celaya

        No nos queda duda alguna de que debe condenarse como errónea y perniciosa la opinión de aquellos que quieren separar la religión y la política; siendo evidente que las leyes y el orden político no podrían ser eficaces ni proveer a la paz y a la tranquilidad de los pueblos si no están informados en los principios de la fe cristiana, ya que para todo hombre creyente o no creyente la vida política personal y social debe tener una relación imprescindible con la moral que se concretice en una ética política, conforme a la dignidad de la persona humana y el bien común de toda la sociedad.
        Cuando la lucha política se agita entre diferentes partidos, pero sin dañar en lo mínimo los derechos de la Iglesia, yo obispo y tú sacerdote y tú laico debemos impedir cuidadosamente que la religión llegue a ser instrumento de algún determinado partido, pues la Iglesia es madre común de todos los fieles y administradora de paz y caridad.
        El clero, como tal, debe observar la más estricta neutralidad; este es el verdadero sentido en que la Santa Sede ha prohibido rigurosamente a los eclesiásticos la intervención en las cuestiones políticas entendidas como participación comprometida en las actividades de los partidos políticos. Pero cuando éstos encienden una lucha precisamente sobre alguna cuestión religiosa o se percibe que algún partido se inclina con sutil engaño a recabar el voto de algún grupo de católicos, entonces es deber estricto del obispo y del clero inculcar a los fieles la necesidad de unirse y no apoyar partidos y candidatos que defienden pensamientos contrarios a la fe cristiana y doctrina de la Iglesia, y de mantenerse unidos a fin de que, mediante un trabajo organizado y constante, logren conseguir que las instituciones y las leyes se inspiren en las normas de la justicia y que el espíritu y la virtud benéfica de la religión penetre por todo el organismo de la república.
        En 1992 se llevaron a cabo algunas reformas constitucionales que beneficiaron parcialmente tanto a la Iglesia como a la nación, no así los cambios motivados por la globalización, que no han estado acompañados por la necesaria reforma política y social que requiere nuestro pueblo, y eso nos llevó a entrar a una época en la que se están dando fuertes tensiones que demandan una mayor participación política de los ciudadanos, una reforma electoral que supere definitivamente el fraude y ofrezca igualdad de oportunidades a otros partidos que presenten posibilidades reales de buscar soluciones diferentes a los problemas del país. A la luz de estas reflexiones es relevante señalar que:
        * Como cristianos tenemos una exigencia desde la fe en Cristo, que nos obliga a dar nuestro voto por quien o quienes realmente busquen la transformación de la vida social hacia el bien común en la libertad y la justicia, en la igualdad y la participación, para una paz duradera y pueda darse el establecimiento del Reino de Dios en una civilización de amor.
        * El voto es libre y secreto, pero en algunos ambientes se realizan prácticas intimidatorias y coercitivas que disminuyen gravemente la libertad en el ejercicio del voto. Más aún, en algunos lugares se reconoce que existe el «voto del miedo», cuando la ignorancia y las múltiples pobrezas de nuestro pueblo son aprovechadas de modo deshonesto para promover formas diversas de fraude electoral.
        * Es preciso afirmar con toda claridad que colaborar directa o indirectamente con el fraude electoral es un pecado grave que vulnera los derechos humanos y ofende a Dios. Reconozco y felicito a los miembros del Instituto Federal Electoral que ha puesto todo su esfuerzo por cumplir con su deber de que verdaderamente las elecciones sean transparentes y creíbles. Deseamos que este año desempeñen con mayor eficacia su delicado cometido.

EL OBSERVADOR 257-8

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¿Feminista, yo?
El otro día cuando, al hablar con unas amigas, me refería a la necesidad de buscar un nuevo feminismo, de luchar por el respeto a la dignidad de la mujer y en contra de la violencia y la opresión, me miraron con ojos de espanto y me dijeron: «¿Ya te volviste loca, ya eres una de esas feministas radicales?».
Y es que, hasta hace muy poco, las voces que más se han escuchado en la sociedad —a través de los medios de comunicación— son precisamente las de las feministas radicales que, junto con reivindicaciones auténticas y justas para la mujer, entremezclan errores con los que por ningún motivo podemos estar de acuerdo; el aborto, por ejemplo.
Con este preámbulo comprenderán mi alegría cuando escuché las palabras de Juan Pablo II en las que pide promover un “nuevo feminismo” libre de categorías “machistas”. Y además me enteré del reciente congreso en Roma, convocado por el Ateneo Pontificio “Regina Apostolorum”, en el que se habla precisamente de un nuevo feminismo.
Ahí, Mary Ann Glendon, la mujer que representara a Su Santidad en la Conferencia Mundial de la Mujer organizada por la ONU en Pekín —y de la que pronto tendremos el seguimiento en Nueva York—, levantó la voz y dijo que el nuevo feminismo “debe ser una propuesta privilegiada para defender la dignidad de la mujer en todas sus dimensiones, así como la vida humana, especialmente la de los más débiles”. Cuando le preguntaron si es necesario usar el término feminismo, respondió: “La respuesta a esta objeción se encuentra en el mismo san Pablo, quien se hizo judío para evangelizar a los judíos, débil para evangelizar a los débiles; de modo que el nuevo feminismo constituye una propuesta particularmente dirigida a las antiguas feministas”.
Por su parte, la francesa Jo Croissan, una de las principales conferenciantes en el congreso, afirmó que uno de los errores de las reivindicaciones feministas fue la de “situar la liberación de la mujer sólo en su relación con el hombre, y el de ofrecerle como única alternativa la de someterse o dominarlo. La única forma para no entrar en esta relación de fuerzas es la de plantear, de manera adecuada, su relación con el hombre, es decir, planteando la relación de la mujer con Dios...”.
“La mirada cariñosa de Dios sobre nosotras nos reconcilia con nosotras mismas y restaura en nosotras su imagen».
“Esta filiación es la única que nos puede liberar de todos nuestros complejos, llevarnos a actuar sin depender de nuestras antiguas heridas, llegando a ser auténticamente libres”.
Para concluir, Jo Croissan afirmó que la mujer “ya no estará bajo la dominación del hombre, sino que será como él. La unión de los dos tendrá una fecundidad que dará origen a un Pentecostés de amor sobre el mundo”.
Espero que ahora mis amigas no se asusten y juntas vayamos entendiendo, aceptando y viviendo este nuevo feminismo que nos llega desde Roma. Así podremos levantar la mirada ante la sociedad para liberarnos del pecado, del odio, de la lucha que confronta, de los errores que hemos cometido, y lanzarnos a dar vida a una nueva sociedad en donde seamos capaces de mirar al otro, con la mirada de amor que descubrimos a través de la certeza plena de sabernos hijas muy amadas de Dios.


Algunos errores de las antiguas feministas
Cuando buscan que la mujer sea dueña de su vida y de su cuerpo —a lo que sin lugar a dudas tenemos derecho—, niegan el derecho a la vida de otro ser humano, distinto a la mujer, y caen en acciones y actitudes peores que las que defienden, al promover el aborto.
Cuando piden el respeto a la dignidad de todas las personas, incluidos los homosexuales, promueven formas de vida que no podemos justificar. Y que conste que profeso el total y absoluto respeto a cualquier persona, independientemente de su conducta sexual. No juzgamos ni condenamos a nadie, y recordamos el sabio concepto que dice que hay que condenar el hecho, pero amar a la persona.


Habla Juan Pablo II
        Ante las amenazas contra la vida, tanto las cotidianas como las programadas de manera científica y sistemática, que ponen en tela de juicio el mismo significado de la convivencia democrática, es necesario aplicar propuestas educativas iluminadas y sabias, proyectos creativos y compartidos.
        En el cambio cultural a favor de la vida, las mujeres tienen un espacio de pensamiento y de acción singular y quizás determinante: a ellas les toca convertirse en promotoras de un nuevo feminismo que, sin caer en la tentación de perseguir modelos machistas sepa reconocer y expresar el auténtico genio femenino en todas las manifestaciones de la convivencia civil, superando toda forma de discriminación, de violencia, de abuso.

(En la audiencia a estudiantes y profesores de la Facultad de Ciencias de la Educación Auxilium, institución con sede en Roma, dedicada a la promoción de la mujer, inspirada en la pedagogía de Don Bosco)


Esposa antes que madre
Es natural comprender que se es hija y que se es madre. Pero es mucho más complicado estar ante el otro, sin miedo, sin vergüenza, con la conciencia de saber quién se es, sin sentirse amenazada o aplastada y sin aplastar al otro.
La plenitud del hombre, al igual que la de la mujer, consiste en llegar a ser esposo, redescubrir el cara a cara, condición para una relación justa, desinteresada, realizadora, fecunda.
No hay maternidad sin desposorio, sino una unión en el don de sí y en la acogida del otro. El poder llevar en su propio seno al hijo, participando de una manera tan íntima en la creación, entregando su propia carne y su propia sangre, es una gracia extraordinaria concedida a la mujer. Todo su ser está concebido en función de su vocación a la maternidad. Al querer imponer a la mujer modelos machistas se acaban amputando gravemente en la mujer las dimensiones más inconscientes de su ser.
Jo Croissant.

El secreto de la femineidad
Se puede afirmar que la mujer, al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su femineidad y para llevar a cabo su verdadera promoción.
A la luz de María, la Iglesia lee en el rostro de la mujer el reflejo de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos de que es capaz el corazón humano: la oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad sin límite, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo”.
Juan Pablo II, encíclica Redemptoris Mater, n. 46.

EL OBSERVADOR 257-9

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MIRADA JOVEN
México: nuestro presente
Mary Carmen Loyola *
        Nada grande se ha realizado en el mundo, sin pasión.
Georg Friedrich Hegel

        A lo largo de mi vida he escuchado repetidas veces: “Los jóvenes son el presente de México”. Esta frase se ha quedado en mí como un ligero eco que a veces empiezo a escuchar; y hasta ahora no ha sido mi intención cuestionarla, sino enfrentarme a ella limpiamente. En lo personal, considero que existen tres elementos que nos encaminarán hacia este anhelo de nuestros antepasados: el patriotismo, la participación y la trascendencia.
        El primer paso es reconocernos a nosotros mismos como mexicanos, capaces de transformar nuestro país. México es nuestra casa; es aquí donde, a través de los valores, los héroes y los símbolos, nos vamos descubriendo poco a poco. Cuando nos vemos reflejados en esta cultura renace irremediablemente la necesidad de amarla, de llevar en la sangre la fuerza de un sentimiento que se llama México. Es así, a través de esta sensación, que buscamos el bienestar y empezamos a creer en el progreso.
        El segundo paso consiste en concretizar la visión del México que queremos construir o moldear a través de la participación. Aquí debe existir una preocupación real por nuestra gente y sus problemas, por la situación económica y política del país, por nuestra cultura y por el crecimiento de esta nación. Este interés se manifiesta en la solidaridad, en el ofrecimiento, siempre ético, de nuestras habilidades y aptitudes para contribuir al desarrollo de México. En los hechos específicos, donde simplemente se aprecia el bien común.
        Finalmente, la búsqueda por la trascendencia nos llevará a cerrar el círculo. Debemos luchar incansablemente por realizar ese sueño colectivo y a la vez individual que nos ha marcado desde niños y que pocos se atreven a reconocer: el sueño de convertir a México en una tierra de oportunidades, donde no existan problemas como la desnutrición, el analfabetismo y la inseguridad. Explotemos esa pasión que tenemos dentro, logremos que en nuestro afán sean imprescindibles la fuerza y la unión; pero, sobre todo, creamos en nosotros mismos, en lo que podemos hacer por este país, en nuestra capacidad de emprender y cambiar.
        Nadie ha dicho que esto es fácil, ni que existe un sólo camino para lograrlo. Solamente me atrevo a pedirles tres cosas: escuchen, crean y, estén donde estén, hagan lo posible por alcanzar este gran ideal colectivo que me apasiona y que ha de lograrse.

* La autora es una joven de 19 años.

EL OBSERVADOR 257-10

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Juan XXIII y un obispo castrense
Justo López Melús *

        El hombre suele creerse muy importante: «A veces hablo solo, y me gusta por dos razones: porque me gusta hablar con alguien inteligente, y por oír hablar a alguien inteligente». El hombre dogmatiza con frecuencia y afirma, por ejemplo, que las lágrimas de cocodrilo son falsas, sin saberlo. Por eso debe actuar el humor para relativizar la presunción de creerse el más importante: lo más hermoso del mundo para un sapo es una sapa.
        El humor desmitifica tanta prepotencia. En una audiencia de Juan XXIII a la plana mayor del ejército italiano, el obispo castrense, general, iba a arrodillarse. El Papa no lo dejó, se cuadró y le dijo: «Sargento Roncalli. A sus órdenes, mi general». Se estaba muriendo el Papa, y el cardenal Testa le preguntó: «¿Cómo está mi amigo Roncalli?». «Tu amigo Roncalli, muy mal, pero dice la radio que tu amigo Juan XXIII ha mejorado. O sea que la situación es desesperada, pero no grave».

EL OBSERVADOR 257-11

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INTIMIDADES -LOS JOVENES NOS CUENTAN-
Pero... ¿esperar todo un año?
Yusi Cervantes Leyzaola

        Quisiera que me diera algunos consejos acerca de mi noviazgo. Tengo 27 años y casi tres años con mi novio. Nuestra relación se ha afirmado y, lógicamente, nos conocemos más; pero él se va a ir a Estados Unidos, probablemente por un año. ¿Qué hacer para que nuestra relación no se enfríe, para que no se deteriore? Yo lo quiero mucho y me gustaría llegar a casarme con él. Y no me gustaría defraudarlo ni defraudarme a mí misma.

        ¿Esa es la única alternativa que tienen? ¿No podría él quedarse? ¿No podrían casarse e irse juntos? Lo que quiero decir es que es conveniente analizar todas las posibilidades. Tal vez ya lo hicieron y consideraron que no hay opción, que él tiene que irse. Pero te lo pregunto por si acaso no lo han hecho.
        En cuanto a casarse, la razón no debe ser el que él se vaya. Pero si ya llevan ese tiempo de novios y los dos son mayores, supongo que ya han tratado ese asunto. Quizá ya han decidido casarse en algún momento y este viaje solamente le pondría fecha. Adelantarían la boda para poderse ir juntos. Si no han considerado casarse -ahora o más adelante-, pese a que tu deseo va en ese sentido, yo me preguntaría si verdaderamente él está comprometido en una relación seria contigo.
        Tengo muy poca información. Tal vez estas dudas que me surgen sean totalmente infundadas. Entonces, ignóralas. Pero no quise dejar de manifestarlas porque no quisiera que te ocurriera como a otra chica que conozco, que se quedó esperando al novio: él nunca volvió y ella sufrió mucho.
        Pero volvamos a tu pregunta. Él se va un año. ¿Qué hacer para que su relación no se enfríe ni se deteriore? Una separación es una prueba. ¿Te acuerdas de la canción que dice que la distancia es como el viento? Apaga el fuego pequeño, pero al grande lo vuelve un incendio.
        Es muy importante, por supuesto, que se mantengan en constante comunicación. Escríbanse seguido, por ejemplo una vez a la semana, y mantengan en esas cartas la profundidad, la intimidad, la confianza. Si tienen acceso al internet, úsenlo para estar en contacto. Llámense seguido por teléfono.
        No se aíslen de sus amigos, pero sí manténganse fieles el uno al otro. Tengan cuidado con esos supuestos amigos o amigas que, con el pretexto de consolarlos, pudieran propiciar una relación demasiado cercana o confusa. Aunque se extrañen uno al otro, muéstrense alegres, confiados, seguros. Aunque estén físicamente separados, mantengan la unión del espíritu y el corazón. Entonces su relación seguirá creciendo.

EL OBSERVADOR 257-12

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INTIMIDADES -LOS JOVENES NOS CUENTAN-
Tengo 30 años, soy virgen. ¿Estoy equivocado?

        Mi novia y yo hemos decidido esperar hasta casarnos para tener relaciones sexuales. Así nos lo dictan nuestros principios. Ambos somos vírgenes. Pero últimamente me he preguntado si estamos en lo correcto, en lo particular yo, porque conozco a varios muchachos mucho más jóvenes que yo que ya han tenido relaciones sexuales, que las disfrutan y se sienten bien consigo mismos. Por supuesto, no ha faltado el que me hace burla o quien duda de mi masculinidad.
        Todos parecen estar de acuerdo con lo mismo, incluso los medios de comunicación y las campañas de planificación familiar y contra el SIDA. ¿Estoy equivocado? ¿No será que a mi edad y con mi novia ya debería tener relaciones sexuales?

        Manténte firme en tus convicciones. Hablar de castidad y pureza en estos tiempos es ir muchas veces contra corriente, porque, como bien dices, por todos lados nos bombardean con mensajes que invitan a lo contrario. Pero eso no significa que los demás tengan razón y que tú estés equivocado. Las mayorías pueden estar en un error. Ya ves, la humanidad creía que la tierra era plana...
        La presión que sufren los hombres que desean ser castos es muy fuerte. A las mujeres les piden demostrar su amor o las acusan de ser cerradas, pero nadie pone en duda su calidad de mujeres porque no tienen relaciones sexuales. En cambio, a ustedes los ven raros. ¿Qué, no eres hombre?, les preguntan. Los muchachos como tú deberían contestar que son hombres íntegros, que no tener sexo no convierte a nadie en hombre y que la sexualidad es algo importante, no trivial como quieren creer quienes la desperdician.
        Es lógico que esos muchachos que mencionas digan y hasta crean que su elección fue la adecuada. Es mucho más fácil que alguien alardee de lo estupendo que fue a que reconozca que no se sintió bien, que se siente vacío o frustrado. Además, reconocer ante ti que se equivocaron sería tanto como reconocer que no tienen el dominio sobre sí mismos que tú tienes sobre ti. Por otro lado, tú tienes algo que esos muchachos ya no podrán tener, esa virginidad que es un don maravilloso para tu esposa cuando sea el momento. Podrán entregarse mutuamente sin historias que los dañen, sin comparaciones, sin miedos, sin aprendizajes equivocados, abiertos completamente a conocerse el uno al otro. Podrán entregarse completamente en un ambiente seguro donde el amor es una certeza. ¿Verdad que vale la pena?

(La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de EL OBSERVADOR)

(FIN)

EL OBSERVADOR 257-13

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