El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

25 de Junio de 2000 No. 259

SUMARIO

bullet El voto es sagrado
bulletAL ALBA DEL MILENIO Los laicos en esta hora de México
bulletEL RINCÓN DEL PAPA La Trinidad hace a la Iglesia una, santa, católica y apostólica
bulletSer científicos y a la vez auténticos cristianos no es tan difícil
bulletPANTALLA CHICA El conciertazo
bulletPERDER POR DEFAULT El imperialismo sexual
bulletEl preservativo no combate el SIDA
bulletTransición y elecciones 2000
bulletLa fortuna de dos mujeres ancianas es donada a obras católicas en Inglaterra
bulletLas mujeres cambiaremos a México
bulletMUJERES EN EL MUNDO Con los hijos hasta los 3 años
bulletOPINIÓN El avance de la humanidad
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Dudas respecto a la adopción
bulletPINCELADAS El hombre de carácter
bullet¿Se desvanece el amor con el tiempo?

Sumario Inicio

El voto es sagrado
+ Mario De Gasperin Gasperin / Obispo de Querétaro

        El escritor Carlos Fuentes acaba de hablar de «la santidad del voto individual» en un artículo en Reforma (9 de junio), mostrando una religiosidad poco conocida. Ciertamente los partidos políticos o los gobiernos modernos no pueden reclamar títulos de sacralidad o atributos de santidad. Las veces en que lo han intentado han sido un verdadero desastre.
        Pero, al referirnos al voto, nos referimos a una persona y toda persona es sagrada. Al menos desde nuestra fe católica, porque es reflejo de Dios. Imagen y semejanza divina e hijo de dios, decimos en el catecismo. El voto expresa a esa persona con toda su dignidad.
        En el voto el ciudadano compromete su destino, el de su familia y el de la comunidad. El voto personal expresa la propia dignidad, el ejercicio de la libertad y de la responsabilidad, máximos atributos de toda persona humana. Con su voto compromete su destino y hasta su salvación; por eso, decimos, está cargado de sacralidad y no le falta razón al escritor.
        Infiera usted de aquí la gravedad del pecado de los que compran, venden o manipulan los votos. Por eso escribimos los obispos en la reciente carta pastoral: «Colaborar directa o indirectamente con el fraude electoral es un pecado grave que vulnera los derechos humanos y ofende a Dios» (n. 259).

EL OBSERVADOR 259-1

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AL ALBA DEL MILENIO
Los laicos en esta hora de México
(II y última parte)
No es hipérbole decir que, a punto de iniciar el siglo XXI, la Iglesia católica enfrenta un drama diferente al que los Santos Padres han visto y han descrito con precisión sociológica mayúscula: la indiferencia, el crimen gratuito, el encogerse de hombros sistemático, el «me vale lo que diga, haga o deje de hacer el vecino, el hermano, el cura o el extraño»: el aburrimiento.
Intoxicados, como estamos, de informaciones —recuérdese que somos obesos de información en una sociedad opulenta de información—, resultamos en el corto plazo incapaces de reaccionar, mucho más cuando las claves de la reacción se dan en torno al mensaje Evangélico. Lo creemos ineficaz.
Cuando esto se traduce a la vida política o, mejor dicho, a la vida del político, la cuestión toma cariz nebuloso. Encarnar el Evangelio en la política, hacer de la política el «campo de la más vasta caridad», como lo manda la doctrina social de la Iglesia, es un tabú o una tara histórica en México. Se trata del negocio del poder y no del poder que sirve al bien común, es decir, como quiere la Iglesia, poder que se asume en la humildad del servicio. Cualquiera que quiera ascender en la montaña del poder en México tiene que olvidarse —si se quiere transitoriamente— de sus convicciones y torcer su conciencia. Por supuesto que esto no es una fatalidad. Es, simplemente, una tozuda coincidencia entre los escasos políticos católicos mexicanos.
El cristiano laico no tiene las herramientas claras para enfrentar el martirio cotidiano. Lo rehuímos con toda claridad. En esto somos hijos de la oscuridad, o de la moda, que es lo mismo. Huír del dolor parece ser la consigna implantada en nuestra endeble espiritualidad por el mundo de la cultura electrónica. Aventajar en el placer, cambiar a Dios por cualquier dios: ése es el mensaje publicitario de los medios al que nos hemos adscrito con olímpica (y mexicana) alegría. Huír de Dios, de los curas, del Evangelio y de sus exigencias.
Pero —hay que decirlo todo— tampoco los laicos hemos tenido una guía muy constante y luminosa. Tal pareciera que como valor entendido se ha fincado la relación jerarquía-fiel en la indiferencia. «Yo hago como que te convierto y tú haces como que me crees», y asunto arreglado. La insistencia a la conversión y el testimonio de la misma no es la tónica de las relaciones entre ambas instancias. Es decir: poco se insiste en que el llamado a la santidad es para todos. Como que hemos demarcado la santidad para el altar, y la astucia para las calles. Yo quisiera ver una suma de astucia y santidad tanto en los altares como en las calles. Pero nos falta entusiasmo para lograr la síntesis que el encuentro con Jesucristo vivo trae consigo, y que refleja en la solidaridad con todos.
Vivir el Evangelio es aceptar el compromiso. Los fieles laicos apenas si hemos vislumbrado que ese compromiso es con los otros y no solamente de palabra o de obra «pía» con Dios. La comunión tiende a difundirse; si no se difunde, no es comunión alguna. La Iglesia no nos impone un «modelo político» de compromiso: nos impone el seguimiento de las huellas de Cristo. De Él se desprende todo lo demás. Y también las opciones políticas de los laicos, así como su parte específica en la construcción de la nación. (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 259-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
La Trinidad hace a la Iglesia una, santa, católica y apostólica
Durante pasada audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro ante 30 mil personas, el tema elegido por Su Santidad Juan Pablo II fue « La gloria de la Trinidad en la vida de la Iglesia» .
El Papa señaló que la gloria de la Trinidad «hace que la Iglesia sea una, santa, católica y apostólica» y que sea «pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo. Estas tres imágenes bíblicas indican claramente la dimensión trinitaria de la Iglesia».
«La Iglesia es sobre todo una» y «el modelo supremo y el principio de este misterio es la unidad en la Trinidad de las personas de un solo Dios, Padre e Hijo en el Espíritu Santo», dijo el Santo Padre.
Hizo hincapié en el significado de la santidad, una de las características de la Iglesia: «El concepto de 'santo' nos remite a la consagración obrada por Dios a través de la elección y la gracia ofrecida a su pueblo».
«La Iglesia es católica —explicó el vicario de Cristo—, enviada para el anuncio de Cristo al mundo entero con la esperanza de que todos los jefes de los pueblos se reúnan con el pueblo del Dios de Abraham. Como afirma el concilio Vaticano II, 'la Iglesia peregrina es por su naturaleza misionera, en cuanto tiene origen en la misión del Hijo y en la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre'».
Sobre la última de las cuatro características eclesiales dijo: «La Iglesia, finalmente, es apostólica. Según el mandato de Cristo, los apóstoles deben ir y enseñar a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que Él ha mandado».

EL OBSERVADOR 259-3

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Ser científicos y a la vez auténticos cristianos no es tan difícil
En el centro de las preocupaciones que existen en el diálogo ciencia-fe está la persona humana. ¿Cuál es el lugar del hombre desde el proceso evolutivo hasta la inteligencia artificial, la investigación biogenética y la clonación de células humanas?
Estas candentes cuestiones éticas que la ciencia plantea a la religión no deben ser, sin embargo, el único tema dentro del diálogo entre ciencia y fe. A pesar de que entran en el campo de la bioética, no sólo es cuestión de invocar la ayuda de la religión para evitar el uso inhumano de la ciencia y la tecnología que ha conducido en el siglo XX a Auschwitz, Hiroshima o Chernobyl. Se requiere un diálogo que delimite los campos de competencia, el alcance y los límites de cada disciplina, para el cual es necesaria la mediación de la filosofía, ya que es ésta quien proporciona las herramientas conceptuales y el marco epistemológico imprescindibles.

Los científicos no se cierran a la fe

En el congreso Internacional «El hombre en busca de la verdad: ciencia, filosofía y teología», ocurrido hace un mes en Roma como preparación al también ya vivido Jubileo de los Científicos, la participación de un numeroso grupo de científicos altamente cualificados y hasta de diversas confesiones religiosas cristianas ha dejado claro una vez más que la ciencia no está reñida con la fe. Incluso tuvo lugar un encuentro entre algunos miembros del Pontificio Consejo de la Cultura, presididos por el cardenal Paul Poupard, y diversas instituciones romanas, europeas y americanas que trabajan en el campo del diálogo ciencia-fe, aprovechando su presencia en el Jubileo. Se trataba de presentar y coordinar el lanzamiento, fuera del área anglonorteamericana, de tres interesantes proyectos nacidos en Estado Unidos. El cardenal los acogió como una excelente ocasión para fomentar el diálogo y la coordinación de esfuerzos en este campo, más allá de las fronteras confesionales, que constituye uno de los objetivos del Jubileo.

También los científicos se confiesan

La celebración penitencial que se había preparado para los científicos durante su Jubileo, no dejó de despertar el interés de la prensa. ¿También los científicos se confiesan? Pero tampoco faltaron especulaciones acerca de una posible petición de perdón por los pecados cometidos por la Iglesia en su relación con la ciencia. Sin embargo, todo se limitó a un sencillo pero elocuente acto: escuchando la Palabra de Dios y acercándose a la confesión, hombres y mujeres eminentes del mundo de la investigación, despojándose de sus seguridades, se convirtieron ante Dios en mendigos necesitados de misericordia.
En la homilía de la Misa el cardenal Poupard destacó la apertura y el respeto de la Iglesia hacia la investigación científica, trazando una nítida línea de separación respecto a los temores y desconfianzas de antaño. Añadió: «¿Qué significa decir que estamos en manos de Dios?».
¿Esto quiere decir que la investigación científica está sujeta a alguna oscura forma de control que amenaza su autonomía e impone límites intolerables a la libertad del hombre, restringiéndola a una pequeña parcela? Si es así, la investigación carece de sentido, se empobrece, es una pérdida de tiempo. Pero no es así. Dios quiere que los talentos — incluida la búsqueda de conocimiento implícita en toda investigación seria— sean usados por personas que «se convierten ellos mismos en un don para sus compañeros».

Los científicos en la Iglesia

La Academia Pontificia de las Ciencias cuenta entre sus miembros más de 40 premios Nobel, y está presidida por el profesor Nicola Cabibbo, quien, durante el Jubileo, a nombre de toda la comunidad científica, agradeció al papa Juan Pablo II su empeño en defender la autonomía y el valor de la investigación científica, al tiempo que expresó su esperanza de que la ciencia pueda recuperar su originaria vocación sapiencial, superando la trágica división entre la ciencia y la conciencia.



«La fe no tiene miedo de la razón. Si en el pasado la separación entre fe y razón ha sido un drama para el hombre, que ha conocido el riesgo de perder su unidad interior bajo la amenaza de un saber cada vez más fragmentado, vuestra misión consiste hoy en proseguir la investigación, convencidos de que, para el hombre inteligente, todas las cosas se armonizan y concuerdan».
(Juan Pablo II)

EL OBSERVADOR 259-4

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PANTALLA CHICA
El conciertazo
Grupo Inter Mirifica
El conciertazo es un programa de la televisión española internacional, que se transmite al mediodía de los sábados en el sistema de cable.
La duración de este excelente programa es de treinta minutos y está dirigido a un público de niños, aunque una adulto puede gozar igualmente de él. El conductor es entusiasta y conocedor, tanto de música como de pedagogía infantil, pues así lo demuestra en su brillante desempeño.
El programa consta de dos espacios que interactúan: el escenario con músicos animosos que apoyan el buen manejo que el conductor hace de éste, y el espacio de butacas, con un público exclusivo de niños que disfrutan, participan y aplauden. El ambiente general es de gusto por la música clásica. Se dan a conocer grandes autores y sus obras más importantes o representativas en una forma creativa y divertida.
En México sería bueno que se produjeran programas así. No se necesitan conductores guapos ni fastuosas producciones, mucho menos actores de telenovela; sólo se requiere interés, creatividad y trabajo de buena calidad.
¿Por qué sólo por cable pueden verse programas de este tipo? En este país, donde hay grandes deficiencias en materia de educación, donde hay poca aproximación de la población a la cultura, donde todos los niños, aun de escasos recursos, ven televisión —y mucha televisión—, ¿no pueden las televisoras ayudar con programas de calidad? Los millones de niños que tienen «atados» a sus programas chatarra podrían estar de igual forma atados a la cultura y a la búsqueda de la superación personal y el mejoramiento de la comunidad. No deben evadir la enorme responsabilidad que tienen en la educación y en el respeto de los valores humanos.
Tú puedes recordar a los programadores de las televisoras que todos los niños mexicanos —no sólo los que tienen acceso a televisión por cable— tienen derecho a programas dignos y de calidad.
Llama a los teléfonos:
Televisión Azteca: (5) 4-20-13-13 y (5) 2-80-49-69.
Televisa: (5) 2-24-50-00 y (5) 2-24-63-23.

EL OBSERVADOR 259-5

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PERDER POR DEFAULT
El imperialismo sexual
Diego García Bayardo

        Nuestro gobierno federal, priísta, no sólo no ha representado siempre ni cabalmente los intereses e ideas de la mayoría de los mexicanos, sino que ha intentado sistemáticamente, desde la época de Plutarco Elías Calles, destruir la religión, los valores, las tradiciones y el modo de vida de nuestro pueblo, con el fin de aniquilar a la Iglesia y tener las manos libres para cometer los abusos que les venga en gana. También es ése el sueño dorado de nuestros partidos de izquierda. Esta política, aunque llena los anhelos de la clase gobernante nacional, no es creación suya, no es independiente ni está planeada para servir a mexicano alguno, aunque pueda aprovechar a alguien por ahí.
        Las políticas actuales para imponer el aborto en el mundo, promover la homosexualidad y el libertinaje sexual, expulsar a la Santa Sede de la ONU y considerar como «familia» casi a cualquier cosa, vienen impuestas, como usted sabe, por los Estados Unidos y la Unión Europea, o sea, por los ricos y poderosos del mundo, lo cual significa que los políticos de derechas tampoco están libres de culpa. Como se trata de imponer a los países en desarrollo políticas diseñadas desde el exterior para controlar a su población, con toda justicia podemos llamar imperialista a la ideología político-sexual dominante en el mundo moderno. Estas acciones son apoyadas con entusiasmo por infinidad de organizaciones civiles e individuos, siempre provenientes de las clases con dinero, que encuentran en el imperialismo demográfico un firme apoyo para su hedonismo y su «moral» individualista, superliberal. Esto hace que la nueva política sexual sea oligárquica y eminentemente egoísta.
        El principal foro en el que los promotores de la cultura de la muerte actúan e imponen sus ideas es la ONU, que ahora, como siempre y más que nunca, funciona como un instrumento de las naciones poderosas para imponer sus decisiones sobre los demás países miembros de la organización. En los foros de la ONU, los países son obligados a ratificar leyes y declaraciones que contradicen a su legislación nacional, pero mientras esta última es construida por representantes del pueblo (diputados y senadores) la que se impone desde la ONU no pasa por la aprobación de la población. La política dominante sobre temas sexuales es, por lo tanto, intervencionista.
        Los abortistas y homosexuales han tomado como política permanente el hacerse pasar por mártires y víctimas de todo el mundo, para causar lástima, llamar la atención y luego imponer su punto de vista. Son chantajistas. La táctica de fingirse héroes de las libertades civiles les ha dado muy buenos frutos en los países democráticos, pues en estas sociedades nadie quiere parecer intolerante o represivo con las «minorías», del tipo que sean. Pero en las naciones donde la legislación ha aprobado la inmoralidad y el relativismo las cosas cambian: ahí los pro-abortistas y homosexuales están haciendo a los demás precisamente lo que antes condenaban y de lo que se consideraban víctimas: impiden hablar o escribir a los que no están de acuerdo con su punto de vista, agreden a la gente pro-vida, niegan la objeción de conciencia a los médicos decentes que se niegan a matar bebés y no se detienen ante nada para perpetuar y profundizar las leyes anti-vida. La política pro-aborto y pro-homosexualidad es absolutamente totalitaria. Finge pedir respeto a las minorías, pero cuando toma el poder se vuelve acérrima enemiga de la pluralidad y de la libertad de pensamiento: es antidemocrática. Finge combatir el SIDA y demás enfermedades de transmisión sexual, pero trata de imponer al mundo un libertinaje sexual que sólo propaga más y más las enfermedades. Trata de destruir a la familia, desprestigiar y conculcar la castidad, corromper a los niños, prostituir «legalmente» a las mujeres, pero asegura que sólo quiere nuestra felicidad. Los hombres y mujeres de los países ricos viven una decadencia individual y social que está por aniquilarlos. Y luego de haber destruido sus cuerpos, sus almas y sus familias, todavía se atreven a decir que nosotros somos los «enemigos de la humanidad».

EL OBSERVADOR 259-6

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El preservativo no combate el SIDA, advierte Lozano Barragán
No fornicar es la única manera de evitar el contagio.
No fornicar es la única manera de evitar el contagio.

La doctrina de la Iglesia no ha cambiado: el preservativo no es un medio para combatir el SIDA. Así lo señaló en Brasil el presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de Salud de la Santa Sede, monseñor Javier Lozano Barragán, tras la controvertida y confusa posición expresada por el folleto de la Comisión Pastoral de DST/AIDS de la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil, en la que se expresa respaldo al uso de preservativos como manera de combatir el SIDA.
El arzobispo mexicano estuvo en Sao Paulo para participar en la última jornada de un encuentro convocado por la Comisión Pastoral de DST/AIDS para discutir sobre el tema del SIDA. Ahí manifestó que «la Iglesia defiende que la castidad y la fidelidad matrimonial es la mejor manera de evitar el contagio». Y preguntado por la prensa sobre cómo combatir el SIDA entre prostitutas y homosexuales, monseñor Lozano recordó que la enseñanza de la Iglesia al respecto sigue siendo la misma, «expresada en el sexto mandamiento: no fornicar».
«Cuando un obispo se aparta de la forma de pensar del episcopado, está equivocado», señaló Mons. Lozano. E hizo notar que «la defensa de algunos, al interior de la Iglesia, del uso de preservativos, es un hecho totalmente aislado».
La polémica se desató tras de que salió a la luz el folleto del obispo de Goiás, monseñor Eugenio Rixen, coordinador de la Comisión Nacional de ETS-SIDA, ligada a la Pastoral de Salud del Episcopado brasileño. En él se indica que, para evitar la enfermedad, lo ideal «es vivir sin precisar de drogas», «vivir castamente antes y durante el matrimonio» y «no necesitar de una transfusión de sangre», pero agrega que si uno «no acepta estos ideales o tiene dificultades para vivirlos, las recomendaciones de la medicina son evitar el uso común de jeringas, evitar relaciones sexuales sin preservativo y evitar las transfusiones sin conocer la procedencia de la sangre».
Mons. Estevao Bettencourt, uno de los teólogos más prestigiosos del Brasil, señaló al respecto que «el principio del mal menor sólo es válido cuando existen solamente dos opciones y se debe actuar inmediatamente; pero, en el caso de la sexualidad, existe una opción que es la abstinencia sexual».

EL OBSERVADOR 259-7

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Transición y elecciones 2000 *
Carlos T. Wagner Wagner

        Época de transiciones y, a la vez, de contrastes. En lo económico, aumenta el comercio mundial y la marginación, la economía virtual y los oligopolios, la especulación financiera y la miseria; se intercambian 94 veces más capital que bienes. En lo político, crecen la libertad y el mercado, los acuerdos regionales y el populismo; a la vez, los medios masivos manipulan a los electores y mueren las ideologías. En lo social aumenta la distancia entre el «primer» y el «tercer» mundo en materia de salud, educación, vivienda, empleo, bienestar y calidad de vida. Así, el 20% más pudiente percibe 200 veces más que el 20% más pobre. En lo cultural crece la escolaridad, la conciencia ecológica y los derechos humanos; pero también aumenta el esoterismo, el abandono de los ancianos, los abortos y los divorcios; muchos reniegan de los valores cristianos.
        En resumen, ahora tenemos un planeta compacto y comunicado, con mayores recursos y tecnología, con creciente generación de bienes y esperanza de vida. Pero, ¿será también más justo y más pacífico, más próspero para todo y más ordenado, más fraterno y más estable que antes? ¡Es evidente que no! Se pregona que todo va bien: paridad y reserva estables, inflación e intereses en contracción, sube la Bolsa y aumentan los tratados comerciales, crecen exportaciones y maquilas, PIB y empleos; ahora somos «globofílicos». En lo político, la campaña electoral está reñida, bajo una autoridad electoral imparcial, tenemos un congreso balanceado y un federalismo creciente. Y cada candidato proclama el «cambio»: el partido gobernante reniega de los caciques y estrena elecciones internas; las «izquierdas», desmarxizadas ahora, apoyan el mercado libre; las «derechas» proclaman que ahora sí triunfarán. ¿A poco ya logramos una democracia verdadera?
        Según la ONU, somos la nación número 11 en población y la 14 en territorio; la 12 en recursos naturales y la 6 en energéticos. Pero también somos apenas la número 50 entre 174 países en desarrollo humano (IDH). En esperanza de vida ocupamos el lugar 55; en educación, el 93; en PIB por persona, el 45; en diferencias de género, el 50; en distribución del ingreso, el 91; en mortalidad infantil, el 86. Destaca la asimetría de México con sus socios del TLCAN o de Europa.
        Las campañas políticas, más que competencia de propuestas, valores e ideas, parecen lucha superlibre en el fango. Los electores obtenemos lo merecido por nuestra pasividad acrítica y los medios masivos nos recetan justamente lo deseado: «monitos» más que ideas, ataques más que propuestas, promesas incumplibles más que progreso sostenido, corrupción del poder más que servicio público honesto. ¿Y cómo puede haber democracia si nosotros, el pueblo, no participamos, no criticamos y no controlamos a la política y a los políticos? No todas las opciones son igualmente morales o válidas. Nuestra participación comienza por definir la patria que queremos para nosotros y para nuestros hijos. ¿Próspera y libre o depauperada y dependiente; pacífica y ordenada o violenta y caótica; fraterna y alegre o egoísta y desesperanzada; honesta o corrupta? Sigue por el análisis profundo de valores y doctrinas, programas y estructuras, historias y desempeños pasados de cada opción política, para decidir nuestra militancia. Luego tenemos que evaluar a cada candidato por su ética e historia, su patriotismo y capacidad, su liderazgo y sus ambiciones, su estabilidad y su autocrítica. Hemos tenido malos gobernantes porque hemos elegido mal y no tuvimos memoria histórica.

* Extractado de la revista Signo de los tiempos, núm. 92.

EL OBSERVADOR 259-8

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La fortuna de dos mujeres ancianas es donada a obras católicas en Inglaterra
Vivir de una manera simple, sin pretensiones,
fue quizá el mayor testimonio de ambas viejecitas.
Asear el templo no tiene que ser obra de pobres,
también pueden hacerla los ricos.
Vivir de una manera simple, sin pretensiones,
fue quizá el mayor testimonio de ambas viejecitas.
Asear el templo no tiene que ser obra de pobres,
también pueden hacerla los ricos.

Mary Coyle y Florence Reakes compartían un apartamento de cuatro dormitorios en Londres y, durante 20 años, se dedicaron a preparar dulces para los acontecimientos parroquiales y a limpiar su iglesia. Al morir dejaron 27 millones de libras esterlinas para que sean empleadas en unas 350 obras de caridad diversas, todas dentro de la Iglesia católica.
Dado que las dos mujeres llevaron siempre una vida bastante simple y de que jamás hicieron alarde alguno de poseer una fortuna, además de que no invirtieron ésta en negocios ni nada que llamara la atención, los feligreses de su parroquia se quedaron sorprendidos al enterarse de la noticia.
Las ancianas no esperaron hasta el último momento para decidir qué harían con su dinero. Crearon oportunamente un fondo denominado Albert Hunt para que se encargue de distribuir la fortuna entre las obras de caridad que ellas mismas determinaron, incluyendo proyectos juveniles y planes para indigentes.
El propio párroco, Daniel Donovan, que trató a Mary Coyle durante 12 años, dijo que ambas «estuvieron siempre involucradas en las actividades de la parroquia, pero nunca supimos que tenían tanto dinero. Ellas vivían de una manera simple. La señorita Coyle nos ayudaba a limpiar la iglesia y preparaba postres para las actividades».
Hubert Condron, vicario de la parroquia de las ancianas, indicó, por su parte, que eran «dos damas adorables» que se dedicaron a vivir para la Iglesia y «uno nunca habría imaginado que tenían tanto dinero».

EL OBSERVADOR 259-9

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Las mujeres cambiaremos a México
Gabriela Romero de Muggenburg *
Ante la proximidad de las elecciones federales, la mujer cobra especial importancia. El voto femenino es factor decisivo de cambio, no sólo porque somos el 52% del padrón electoral, sino porque somos mexicanas en pleno uso de nuestros derechos ciudadanos y porque tenemos el deseo y la capacidad de, con nuestra participación, cambiar a México. Por eso es indispensable que esta participación femenina sea tomada en cuenta y considerada en su justo vanor, no sólo por los partidos políticos, sino por toda la sociedad.
Porque, hablando de capacidades, la mujer las tiene, y de sobra. Es capaz de amar, de pensar, de educar, de servir, de administrar, de ahorrar, de encontrar tiempo para todo, de poner orden, de impartir justicia, de ser práctica y profunda. La mujer es capaz de negociar, de conciliar, de intuir, de resolver, de resistir, de comunicar, de decidir, de dialogar, de escuchar, de organizar, de gobernar. La mujer también sabe ser honesta, tenaz, responsable, valiente y optimista...
En una sociedad formada por hombres y mujeres, las decisiones deben tomarlas los hombres y las mujeres. Y no sólo desde el gobierno, que es donde se crean las estructuras que promueven la justicia o la injusticia, la libertad o la opresión, la paz y el bienestar, sino desde todas las trincheras de la sociedad, empezando por la familia.
Por ello es importante que desde la familia se estimule y se promueva el interés de la mujeres en la vida nacional. En familias informadas, preocupadas, participativas, en donde se viven las virtudes cívicas y el amor a la patria, se despertarán, crecerán y se harán realidad los liderazgos femeninos que impulsen a otras mujeres a abrir la puerta y generar el ambiente propicio para el desarrollo de sus capacidades en beneficio de nuestro país.
Es indispensable que en todos los ámbitos de decisión y de poder exista una presencia importante de mujeres, cuyo punto de vista y aportación es indispensable para la creación de políticas que nos beneficien a todos.
¡Detrás del éxito o el fracaso de las naciones se yergue la vitalidad o la indiferencia de sus mujeres!

* La autora es miembro de la Asociación Nacional Cívica Femenina, A.C., y editora del boletín Presencia femenina.

EL OBSERVADOR 259-10

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MUJERES EN EL MUNDO

Ante la proximidad de las elecciones federales, la mujer cobra especial importancia. El voto femenino es factor decisivo de cambio, no sólo porque somos el 52% del padrón electoral, sino porque somos mexicanas en pleno uso de nuestros derechos ciudadanos y porque tenemos el deseo y la capacidad de, con nuestra participación, cambiar a México. Por eso es indispensable que esta participación femenina sea tomada en cuenta y considerada en su justo vanor, no sólo por los partidos políticos, sino por toda la sociedad.
Porque, hablando de capacidades, la mujer las tiene, y de sobra. Es capaz de amar, de pensar, de educar, de servir, de administrar, de ahorrar, de encontrar tiempo para todo, de poner orden, de impartir justicia, de ser práctica y profunda. La mujer es capaz de negociar, de conciliar, de intuir, de resolver, de resistir, de comunicar, de decidir, de dialogar, de escuchar, de organizar, de gobernar. La mujer también sabe ser honesta, tenaz, responsable, valiente y optimista...
En una sociedad formada por hombres y mujeres, las decisiones deben tomarlas los hombres y las mujeres. Y no sólo desde el gobierno, que es donde se crean las estructuras que promueven la justicia o la injusticia, la libertad o la opresión, la paz y el bienestar, sino desde todas las trincheras de la sociedad, empezando por la familia.
Por ello es importante que desde la familia se estimule y se promueva el interés de la mujeres en la vida nacional. En familias informadas, preocupadas, participativas, en donde se viven las virtudes cívicas y el amor a la patria, se despertarán, crecerán y se harán realidad los liderazgos femeninos que impulsen a otras mujeres a abrir la puerta y generar el ambiente propicio para el desarrollo de sus capacidades en beneficio de nuestro país.
Es indispensable que en todos los ámbitos de decisión y de poder exista una presencia importante de mujeres, cuyo punto de vista y aportación es indispensable para la creación de políticas que nos beneficien a todos.
¡Detrás del éxito o el fracaso de las naciones se yergue la vitalidad o la indiferencia de sus mujeres!

* La autora es miembro de la Asociación Nacional Cívica Femenina, A.C., y editora del boletín Presencia femenina.

EL OBSERVADOR 259-10

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MUJERES EN EL MUNDO
Con los hijos hasta los 3 años
Guadalupe Chávez Villafaña

“Ha llegado la hora de un nuevo florecer en el que las cualidades femeninas deben desarrollarse en todos los campos de la vida personal y social, en todo rincón de la tierra”, afirma Jane Haaland Matlary, viceministra de Asuntos Exteriores de Noruega, miembro de la delegación de la Santa Sede en las conferencias internacionales de la ONU en Copenhague y Pekín, y autora del libro Por un nuevo feminismo.
Jane habla de un feminismo más radical, no por extremista, sino porque vaya a las raíces. Entre las políticas a favor de la mujer que propone cambiar está la de garantizar un tiempo con motivo de la maternidad, retribuido y con una duración que evite el “doble trabajo” y afirma:
“Una pausa laboral es fundamental también para los padres. No sólo está involucrada la mujer, sino toda la familia. Hay que reconocer a toda la familia y el trabajo que se ejerce en ella. Se requiere, por tanto, aplicar medidas de flexibilidad económica y de políticas sociales específicas. Por ejemplo, el año pasado, en Noruega, aprobamos una ley que permite a las familias escoger entre la guardería pública o el cuidado de los niños en casa. Las mujeres que quieren quedarse en casa cuando los niños son pequeños (hasta los 3 años) reciben la misma suma que el Estado destina a la guardería por cada niño, unos 6 mil dólares al año” (casi $5,000 pesos mensuales).


Violencia doméstica
La violencia doméstica afecta al 20 por ciento de la población femenina mundial. (Cifras proporcionadas por el Banco Mundial)

EL OBSERVADOR 259-11

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OPINIÓN
El avance de la humanidad
Una parte de la humanidad, durante siglos, desde siempre, ha creído que la peor época ha sido la que le ha tocado existir. Esta época no es la excepción. Con frecuencia oímos opiniones respecto de que la humanidad está peor que nunca.
Tal vez esa parte de la humanidad está equivocada. Sí, hay muchos problemas por resolver; pero la humanidad, a tumbos, a pasos cortos, avanza.
Pensemos, por ejemplo, en el casi universal rechazo a la esclavitud, en la defectuosa pero creciente democracia, en la conciencia ciudadana, en la solidaridad, en el desarrollo tecnológico y científico, en el concilio Vaticano II, en la opción preferencial de la Iglesia por los pobres, en la lucha por desterrar de las familias el abuso y el autoritarismo y por encontrar en la vida en pareja una mayor riqueza, en el descubrimiento que han hecho muchos hombres de la ternura y del hogar...
El Espíritu Santo está soplando, aunque muchas veces no seamos capaces de verlo con claridad. Jesucristo es el Señor de la historia y, aunque nos cueste trabajo creerlo, la humanidad avanza hacia Él.

EL OBSERVADOR 259-12

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Dudas respecto a la adopción
Yusi Cervantes Leyzaola
Estamos apunto de adoptar un hijo, pero tenemos muchas dudas. ¿Cuándo hay que decirle la verdad? ¿Hay que tener con él algún cuidado especial? ¿Es posible quererlo tanto como si fuera nuestro?
Los lazos del corazón son más fuertes que los de la sangre. Y los padres adoptivos aman a sus hijos tanto como los padres normales. No hay diferencias esenciales entre unos y otros. Sin embargo, existen ciertos aspectos, algunos matices que hay que tomar en cuenta.
Antes que nada, hay que considerar las circunstancias de la adopción. ¿Se conoce o no a lo padres biológicos y la historia tras ellos? ¿A qué edad se adopta al niño? ¿Qué fue lo que el niño vivió antes de la adopción?
Hay casos difíciles donde la criatura llega a su nueva familia después de haber sufrido mucho. Entonces se necesita una atención especial. Hay que reforzar en estos niños la seguridad en sí mismos y la certeza de que son valiosos y merecen ser amados y protegidos.
Por supuesto, caso difícil o no, adoptivo o no, todos los niños necesitan amor, protección, ternura, cuidados, educación...
Respecto a cuándo decirle la verdad, el mejor momento es el primer instante, cuando el hijo llega a casa. Aun si es un bebé, éste es un tema que debe tratarse como lo que es: algo natural y cotidiano. He oído muchas historias de adopción contadas por los padres. Reflejan siempre un cariño hondo, una emoción indescriptible, una vivencia intensa, más incluso que la que viven los padres naturales. Las de adopción son bellas historias de amor, son extraordinarias, ¿por qué ocultarlas al protagonista?
Es, además, una verdad que el niño ya conoce. Tal vez no la sepa de un modo consciente, pero la sabe. Hoy sabemos que tenemos memoria desde mucho antes del nacimiento. Un recién nacido es capaz de reconocer los latidos del corazón de su madre. Un niño adoptivo, por pequeño que sea, sabe que fue separado de su madre. Si le decimos la verdad, tendrá elementos para manejar su realidad. Si no se la decimos y si jamás se entera, siempre tendrá una sombra en su interior, una inquietud, una tristeza, algo que no sabrá qué es pero que ahí estará, sin resolver. Es mejor darle la oportunidad de sanar esas heridas, de asimilar los hechos y de ser libre.
Además, diciéndole la verdad desde un principio al niño, evitamos el dramático momento —siempre es terrible, no hay una mejor edad para hacerlo— en que los padres, con rostros graves, le dicen al hijo: «Tenemos que decirte». Para un niño o un joven, en la mayoría de los casos, que le digan que es adoptivo cuando toda su vida creyó otra cosa, es un golpe doloroso. Se siente engañado —con toda razón—, traicionado. Sus verdades fundamentales y su confianza en sus padres se tambalean. Y es peor, por supuesto, si se entera por otras personas. Protejan a su hijo: díganle la verdad desde un principio.
Los felicito por su decisión de adoptar un hijo, por su generosidad y su valor. Serán ampliamente recompensados porque un hijo es una bendición.

EL OBSERVADOR 259-13

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PINCELADAS
El hombre de carácter
Justo López Melús *

        La voluntad fuerte, el hombre de carácter, llega a donde nunca llegará el cobarde. El hombre fuerte se recrea en las dificultades. Los latinos decían con frases lapidarias: Per aspra ad astra, per angusta ad augusta, los senderos estrechos guían a las alturas, a las estrellas. Como quien dice: lo difícil ya está hecho, y lo imposible se hará. Aníbal y Napoléon pasaron sus ejércitos a través de los Alpes nevados. Bethoveen compuso su obra maestra completamente sordo.
        Spinoza, el filósofo, y Schiller, el poeta, eran tuberculosos. Descartes, Kant y Milton eran de salud enclenque y algo deformados y, no obstante, alcanzaron fama universal. Demóstenes era tartamudo: se ponía una piedrecita debajo de la lengua y se iba a gritar a la orilla del mar, a desafiar a las olas. Así venció su tartamudez y llegó a ser orador tan formidable que sus discursos todavía son hoy un modelo de oratoria, después de más de dos mil 300 años.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 259-14

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¿Se desvanece el amor con el tiempo?
        “El amor es fuerte como la muerte, implacables como el infierno, los celos; sus brasas, brasas ardientes y un volcán en llamas. Las muchas aguas no han podido extinguir el amor...” (Cantar de los cantares 8, 6).
        Muchos jóvenes se preguntan: “¿Por qué seguir juntos, cuando ya no hay amor?”. Es una buena pregunta. Pero, ¿no sería mejor intentar que los problemas de la vida no apaguen la llama de nuestro amor?
        Lo cierto es que experimentar desde el principio ciertos aspectos del matrimonio —relaciones sexuales, vida en común, etc.— impide muchas veces que se profundice en el amor, que se deje de construir la relación, que se desvirtúe.
        ¿Quién es la persona a quien amo? ¿Quién soy yo ahora? ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a entregarme al otro? Es necesario descubrirse, conocerse antes de sellar una alianza y de unirse. El amor no es solamente la chispa del sentimiento, el “flash” de un “flechazo”. El amor es una llama capaz de resistir contra viento y marea. Un amor así es posible: si nos lo proponemos, podemos hacerlo realidad. ¿Cómo? El amor no se reduce a amar o no amar. El vínculo del amor se basa en una decisión recíproca.
        ¿Pero, se desvanece el amor? Depende. Depende mucho de cómo nos amemos y sigamos amándonos. El destino no existe. Un hijo de divorciados no está condenado al divorcio. Al igual que los demás hombres, es una persona única, capaz de amar y de ser amado. Puede construir una relación, profundizar un amor, perdonar y ser perdonado.

¿Cómo impedir que el amor se desvanezca?

        Haciéndolo crecer. Amar no es solamente tener relaciones físicas o sonreír cuando se está de buenas. Amar es hacer que el amor crezca: querer el bien del otro, ver todo lo que hace bien y no fijarse sólo en lo que hace mal. Se trata de hacer feliz al otro. Dar gratuitamente...
        Para hacerlo crecer, hay que volcarse en el amor.
        “No hago el bien que quiero; antes bien el mal que no quiero“ (Rom 7, 19). Eso es el pecado. Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, amor y matrimonio iban juntos. Sin embargo, eso no es siempre de por vida. Si atendemos a las explicaciones que nos da Dios, comprendemos que las cosas no siempre van siempre unidas al pecado original, es decir, a nuestra tendencia a hacer el mal, a pecar. Las peleas, las discusiones, el ignorarse mútuamente y el egoísmo llevan a que el amor se desvanezca. Dios nos dice que nos volquemos en el amor respetando siempre nuestra libertad, que reconozcamos nuestros errores, que volvamos a empezar, que encendamos de nuevo la llama del amor de Dios.
        El sacramento del matrimonio proporciona la capacidad de reafirmar el amor dando amor.

* Tomado de la revista Il est Vivant!, número especial 90-91.
(FIN)

EL OBSERVADOR 259-15


 

 
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