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Periodismo católico para la familia de hoy16 de Julio de 2000 No. 262 SUMARIO
COLUMNA HUÉSPED México y los jóvenes Juan Pedro Oriol Carmen está empezando su carrera. Su gran afición es el voleibol playero. Los estudios no le hacen mucha gracia pero sabe que son importantes. El domingo antepasado salió a correr antes de ir a votar. Quiere estar en la mejor forma física para el torneo de finales de julio en Vallarta. Cuando llegó a votar a su casilla, se dio cuenta que se le había caído su credencial mientras corría. En vez de desanimarse, regresó a buscarla. Casi tres horas después la encontró y, por fin, pudo emitir su voto. Dice que nunca pasó por su cabeza la idea de no votar porque sabe que su granito de arena es importante para México. Alex tiene 28 años. Está comenzando su segundo año de doctorado en economía en Nueva York. Después de terminar la maestría en Oxford, decidió seguir preparándose para poder aportar más en la construcción de un México mejor. El domingo antepasado regresó de Estados Unidos para votar en su natal Morelia. Está seguro de poder colaborar con sus conocimientos a combatir las situaciones de extrema pobreza y confía en que esta tarea será prioritaria en los próximos años. De los 99 millones de mexicanos, casi 50 son muchachos y muchachas que tienen entre 18 y 28 años de edad. Enfrentan un futuro cargado de retos. No quieren dejar de esperar un mañana mejor y más próspero. Se resisten a que les quiten la confianza que les impulsa a esforzarse y a hacer algo importante. Aceptan que son muchos los jóvenes aseguran que son muchos más los que quieren ser protagonistas y hacer algo importante con sus vidas. Hay razones para el optimismo. Como declaraba en estos días el Cardenal Juan Sandoval: Todo lo que empieza es pujante, es algo lleno de vida, de planes, de esperanza. No confiar más en México después de lo que hemos vivido en estos días pasados es como cerrar los ojos para no querer ver el cielo inmenso que nos rodea. El primer paso hacia el progreso es el deseo. Cuando algo se desea con vehemencia, es siempre posible de alcanzar. El deseo sincero de tantos corazones jóvenes de lograr un verdadero progreso para México es el inicio seguro para alcanzarlo. Resulta impresionante el entusiasmo que se nota entre los jóvenes en estos días. Parece que esta semana los jóvenes más felices del mundo son los mexicanos. Están felices porque están llenos de confianza. Las elecciones nos confirman que la confianza es esencial. Cuando el hombre confía, se arriesga. Cuando los jóvenes confían, se entregan. La confianza hace que el hombre parezca un gigante. Simplemente, porque su capacidad se multiplica. ¿Qué esperan los jóvenes de México? Esperan que se cumpla lo que se les ha prometido: desarrollo, estabilidad, justicia, paz, apoyo, oportunidades, trabajo y libertad. Esperan que se cuente con ellos y que su voz y su acción cuenten de verdad. Y afirman convencidos: el futuro es nuestro. Y así es. Los jóvenes son los adultos del mañana y los que conducirán al país en el nuevo milenio. Perdamos el miedo de confiar en la juventud. Confiemos en su empuje, en su coraje y en sus sueños. EL OBSERVADOR 262-1
1. Respeto al derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural 2. Fortalecer la unidad familiar 3. Respetar el derecho de los padres de familia a decidir la educación de sus hijos 4. Libre acceso a la asistencia espiritual y religiosa en los centros de salud, penitenciarios y asistenciales 5. Ampliar espacio de libertad religiosa a partir del artículo 24 constitucional 6.Eliminar contradicciones entre los artículos 24 y 130 de la Constitución, reformando el 130 en la parte que restringe la libertad religiosa, que proclama el artículo 24 7.Abrir el acceso a los medios masivos de comunicación a las Iglesias 8.Definir un régimen fiscal para la Iglesias, con deducibilidad de impuestos cuando contribuyan al desarrollo humano 9.Terminar con la discrecionalidad para autorizar la internación y permanencia en México de los ministros de culto 10.Homologación voluntaria de los estudios eclesiásticos en el ámbito civil Jean Meyer EL OBSERVADOR 262-2
El agua en los aparejos Según el World Policy Institute Americas Project, basado en estudios comparativos de México con otros países latinoamericanos, en relación con índices económicos, sociales y políticos fundamentales nuestro país queda muy mal parado. Este es el resumen (que tiene extractos de estudios serios, originados y publicados por el Banco Mundial, Freedom House, Transparencia Internacional y Naciones Unidas): tiene un sistema educativo inadecuado y con escasa inversión tiene uno de los peores sistemas de cuidado a la salud está muy por arriba en desnutrición infantil y en su tasa de mortalidad infantil tiene uno de los más inadecuados niveles de desarrollo del campo está por debajo del promedio en atracción de inversiones extranjeras directas es el más bajo (entre países con su nivel de ingresos) en número de teléfonos por persona ...sin embargo, tiene una de las tasas de costo más altas en telefonía local está por debajo del promedio en su industria turística es restrictivo en libertades de prensa y medios de comunicación es uno de los países más corruptos del mundo, y el más corrupto respecto al nivel educativo de sus altos mandos es sumamente restrictivo con relación a los trámites burocráticos para establecer empresas, aún comparado con países africanos y postcomunistas Ahora bien: ¿por qué se hartó el pueblo de México? (JSC) EL OBSERVADOR 262-3
EL RINCÓN DEL PAPA Para una civilización del amor: diálogo entre las culturas Fue elegido por Su Santidad en el contexto del año internacional del diálogo entre las civilizaciones, proclamado por las Naciones Unidas para el próximo año 2001. Se trata de una oportunidad para afrontar los fundamentos de este diálogo y las consecuencias y beneficios que de él puede sacar la humanidad. «Al inicio del siglo XXI, las culturas del mundo, con toda la riqueza de su diversidad y vitalidad, constituyen un manantial de esperanza y, al mismo tiempo, de temor», explica un comunicado hecho público por la Oficina de Información de la Santa Sede al dar a conocer la decisión del Santo Padre. El documento alude a ese profetizado «choque de civilizaciones» por algunos intelectuales, en el que «el poder y la fuerza constituyen el único criterio de evaluación». El Papa ya se había referido al asunto en el discurso que pronunció con motivo de la quincuagésima Asamblea General de las Naciones Unidas: «Tenemos que vencer nuestro miedo del futuro. Pero no podremos vencerlo totalmente si no lo hacemos juntos. La 'respuesta' a ese miedo no es la coerción, ni la represión o la imposición de un modelo 'único' social al mundo entero. La respuesta al miedo que ofusca la existencia humana al final del siglo XX es el esfuerzo común por construir la civilización del amor, fundada en los valores universales de la paz, de la solidaridad, de la justicia y de la libertad. Y el 'alma' de la civilización del amor es la cultura de la libertad, la libertad de los individuos y de las naciones, vivida en una solidaridad y responsabilidad oblativas». EL OBSERVADOR 262-4
Bruno Ferrari Posiblemente la gran mayoría de las personas consideren esto una aberración. Sin embargo, la terminología propia de esta nueva ideología ya forma parte del lenguaje cotidiano de muchos funcionarios de alto nivel, e incluso un candidato fue presentado por su esposa como el Candidato del género. Esta ideología afirma que «el género es una construcción cultural y radicalmente independiente al sexo », por lo cual cabrían dentro de ella otras distinciones como homosexual, lesbiana, bisexual y transexual. Aceptar estas nuevas formas traería como consecuencia validar también nuevas estructuras de «familias». Es bueno dejar en claro todo lo anterior porque el mejor aliado que han tenido hasta ahora los promotores de esta ideología ha sido precisamente la confusión. Por grandes que sean los esfuerzos de los grupos que promueven este tipo de ideologías por alcanzar un «estatus» o reconocimiento social o legal, no podrán impedir que la sociedad democrática que en su inmensa mayoría no comparte su ideología y menos aún sus prácticas se defienda de estas pretensiones absurdas. Una táctica común asumida por estos movimientos es la de culpar de discriminación contra ellos a cuantos resisten a sus campañas, olvidando incluso que la sociedad, y en particular los padres de familia, tienen derecho a exigirle al Estado que promueva un ambiente social que facilite el crecimiento de los ciudadanos sin degradar los derechos de la familia y de la dignidad humana. Por otro lado si queremos ser congruentes con nuestro juicio humano en el tema de la igualdad, debemos reconocer que éste es un derecho universal e inalienable de las personas e insistir que la solución de los problemas de salud y de población pasa por la solidaridad internacional y la implementación de políticas que sostengan la unidad familiar, porque la familia como unidad básica de la sociedad tiene el derecho a la protección y al apoyo de la sociedad misma. Si queremos evitar errores como los del pasado en temas políticos y económicos, debemos ver con claridad que la aceptación de esta nueva «cultura de género» sería el comienzo del fin de la figura paterna, materna y de todo el núcleo familiar, lo que en no mucho tiempo nos llevaría irremediablemente a la ruina de la misma sociedad. Los hombres y mujeres de hoy estamos llamados a desarrollar el sentido de la responsabilidad. En primer lugar la personal, cultivando el sentido del deber y del trabajo. Pero a éste se le debe añadir el sentido del compromiso hacia los demás, preocupándonos por los más pobres y desprotegidos y participando en las estructuras que nos permitan hacer de nuestro mundo un mundo mejor que le podamos dejar a nuestros hijos como herencia. Es una lástima que algo tan noble, como lo es el reconocimiento de los derechos de la mujer, se vea manipulado por ideologías tan contrarias al espíritu con el que fueron realizados. Se ha propiciado la emancipación de la mujer no como respuesta a una demanda justa de igualdad, sino como un mero instrumento de reproducción para disminuir el crecimiento poblacional. Se ha dado cabida a teorías «neutras» que, más que dignificar al ser humano, buscan denigrarlo y pervertirlo. EL OBSERVADOR 262-5
La invasión homosexual (II) Diego García Bayardo Lo más chistoso de la manipulación del mundo de la ciencia por parte de la minoría gay es que, después de haber logrado hacer pasar por «normal» lo que está objetivamente desviado, ahora resulta que las personas normales son las que andan mal de la cabeza. Me explico. Todo mundo sabe que sentir aversión por la actividad homosexual es algo natural e instintivo, por lo que prácticamente todos las naciones y culturas del mundo han condenado dicha desviación. Pero como ahora los psiquiatras han declarado normal a la homosexualidad «por decreto», la aversión contra lo homosexual ha empezado a ser mal vista, y han inventado de la nada una nueva patología llamada «homofobia», para designar la aversión contra los homosexuales. Vea usted cómo han cambiado las cosas: ahora la homosexualidad es saludable y el rechazo a al homosexualidad es una enfermedad mental (toda fobia es una psicopatología, ¿o no?). ¡Increíble! La psiquiatría es el opio de los necios. En el mundo de la política los homosexuales han logrado también golpes espectaculares. En varios países europeos y en algunos estados de EU las leyes han dado a las uniones homosexuales un valor casi igual al del matrimonio normal, y los políticos anhelan tanto el voto gay que prefieren desafiar a todas las religiones del mundo antes que ofender en modo alguno a esas personas. Las religiones parecían ser el más sólido bastión de la familia y la sexualidad auténticamente humana, pero las cosas han empezado a cambiar. En Estados Unidos y Europa, varias iglesias protestantes han aceptado bendecir las uniones entre homosexuales, dándoles un status casi igual al de los matrimonios. Aquí cabe recordar que la Biblia es muy explícita en su condena de las prácticas homosexuales (Cfr. Gen 19; Lev 18, 22 y ss.; Rom 1, 24-27; 1 Cor 6, 9-10, etc.), por lo que las religiones que han admitido tales desviaciones lo han hecho por medio de una malinterpretación deliberada y consciente de las sagradas escrituras. La Iglesia católica, por supuesto, no puede admitir unas relaciones sexuales que van contra la naturaleza (tampoco los musulmanes aceptan la homosexualidad), por lo que en todo el mundo la Iglesia se ha convertido en el blanco de los ataques provenientes desde la minoría gay y sus voceros, de izquierdas y de derechas. En México hay muchos funcionarios de gobierno y ONG's trabajando a favor de la ideología homosexual y en contra del catolicismo, así que debemos tener cuidado. Y si tiene usted dudas sobre las tendencias de un grupo o un texto cualquiera, sólo fíjese si usa la palabra género en lugar de sexo. Si esas personas son favorables a la homosexualidad usarán siempre la palabra género, porque pretenden que éste es abierto, opcional e intercambiable, como los calcetines, mientras la «incómoda» palabra sexo designa esa diferencia entre hombres y mujeres que Dios no piensa cambiar, aunque los paladines de la «tolerancia sexual» se paren de cabeza o rasguen sus vestiduras. EL OBSERVADOR 262-6
Santa María de Guadalupe, Núcleo Fundamental de Nuestra Cultura. Pbro. Prisciliano Hernández Ch., O.R.C. Ser engendrados y educados por Santa María de Guadalupe conlleva tener rostro y tener corazón. En la antropología mexica, es ser persona, desde Ella tener nuestra personalidad e identidad cristiano-mexicana. La autocomunicación de Dios se da a través de Aquél que es la Palabra encarnada, la explicación de Dios. La autocomunicación de Dios es automanifestación de Dios. La mariofanía del Tepeyac es una mariofanía teofánica. Es decir, Ella, con su presencia, palabras e imagen encarnadas en la cultura náhuatl, constituye el vehículo de la manifestación de Dios. Ella viene a ser como el sacramento inculturado del misterio del Dios Amor. Ella es el templo del Amor, el templo de la Vida, la casa de Dios; por eso lo ofrece en las palabras que guarda para nosotros el Nican Mopohua, al igual las conserva en el icono o la imagen o en el in amoxtli in tlacuilolli (códice-escritura). Ella es la morada del Dios Amor. Ella ofrece a Dios en su oficio maternal. Ella lo pone de manifiesto en su ternura de madre y en el amoxtli o códice del Dios Tlacuilo-Pintor que llena de luz todas las cosas al amanecer, lo lleva dentro de sí y lo ofrece como luz para involucrarnos a nosotros en la hoguera-amor de su ser incandescente; para ser como Nanahuatzin el pobrecito que se arroja a la hoguera en Teotihuacan, en el nacimiento del quinto sol; con Ella, luz de una era o sol: el sexto sol, Iglesia. Dicho de otra manera: el que se ha arrojado e involucrado con Santa María, el que lleva la imagen, el portador de la imagen, el teomama, ha de ser todo evangelizador que, juntamente con María, engendre a la verdad y a la fe a ese niño, a esa nación México-Meztli xico el que nace del centro y está enraizado en la verdad, ahí está naciendo, en el Ombligo de la Luna-México o centro del universo, que está a sus pies, para que todos seamos morada de luz, templo del amor, es decir Iglesia-templo, misterio de comunión en el quehacer de la luz y del amor. Guadalupe, Uad-al-hub, «Río de Amor», según los arabistas marroquíes y egipcios, citados por Gutierre Tibón, y pintado en el códice imagen, el mismo nombre de Guadalupe no sólo por su trasfondo fonético nahuatl Cuahtlalupe, sino que, como imagen pictograbada, le corresponde y que sería, según la sapientísima y autorizada opinión del nahuatlato P. Mario Rojas, «la que viene del oriente como sol o como águila de fuego». Ella es la Señal del Dios con nosotros, porque nosotros estamos con Ella. EL OBSERVADOR 262-7
El problema de la condonación de la deuda externa
En 1996 el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial lanzaron la denominada Iniciativa Países Pobres muy Endeudados para ayudar a los países que en ella se incluyeran a alcanzar una situación de endeudamiento sostenible a medio plazo. Con los criterios que se eligieron al principio, la lista de países candidatos al alivio de la deuda se reducían a no más de treinta, la gran mayoría de ellos ubicados en la zona africana del antiguo Imperio Británico. Como se vio que esto no era suficiente, en septiembre de 1999 se acordó suavizar los criterios de admisión y agilizar los trámites para proceder a un alivio efectivo de la deuda. La aplicación de estos nuevos criterios más suaves parece haber elevado a unos 40 el número de países candidatos a beneficiarse de la iniciativa, lo que no supone, ciertamente, un aumento espectacular. Como puede advertirse, las instituciones multilaterales abordan el problema caso por caso, señalando criterios cuantitativos que son, a veces, revisados dentro de un contexto político. Sin embargo, con este nuevo enfoque, el mecanismo de alivio se basa en la capacidad real de devolución de cada país, dentro de un contexto de crecimiento económico y reducción de la pobreza. Representa un compromiso de la comunidad internacional, incluyendo todos los acreedores, para actuar de una forma concertada y coordinada, con el fin de reducir la deuda a un nivel sostenible. El objetivo final es que la deuda total de los países beneficiados quede reducida a la mitad. Los costos de la iniciativa se estiman en más de 28 mil millones de dólares, que se reparten por mitades entre las instituciones multilaterales y los acuerdos bilaterales en el Club de París. En última instancia, son los gobiernos de países más o menos desarrollados quienes asumen el costo total. Las aportaciones directas de los Estados parecen encontrar hoy un problema adicional. Desde 1997, por cambios en el modo de realizar la contabilidad nacional, la condonación de deudas a terceros países tiene un efecto directo sobre el déficit público, en un momento en que muchos gobiernos están comprometidos a reducir sustancialmente sus desequilibrios presupuestarios. Es por esto que, estando ya a mitad del Jubileo de los 2000 años de la encarnación de Cristo, humanamente no parece que pueda lograrse a cabalidad la petición de Su Santidad respecto al perdón parcial de las deudas, menos todavía de la condonación total, que es otra de las opciones que se mencionan en la encíclica Tertio millennio adveniente, y que coincide plenamente con el jubileo bíblico del Antiguo Testamento. EL OBSERVADOR 262-8
EL OBSERVADOR 262-9
EL OBSERVADOR 262-10
EL OBSERVADOR 262-11
Los Obispos saludan ejemplo de democracia La Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) publicó hace unos días un comunicado oficial en el que saludó el comportamiento de la ciudadanía en los últimos comicios presidenciales y el respeto del gobierno que, pese a las advertencias de fraude, respetó la primera victoria de la oposición en 71 años de priísmo. Estas fueron algunas frases que de ahí se extrajeron: «La jornada electoral se ha desarrollado gracias a Dios en paz, en orden y tranquilidad, lo cual es signo de los avances que el pueblo de México ha logrado en los últimos años en la construcción de una democracia más participativa. «Como Pastores felicitamos a quienes emitieron su voto y nos congratulamos por la alta participación ciudadana, que es lo que realmente hace avanzar nuestra democracia, que es la oportunidad de participar en la conducción de los asuntos que atañen al bien de todos. El pueblo de México ha sido el principal protagonista de esta jornada electoral. Todos somos responsables de nuestro desarrollo y de construir para todos un futuro mejor, combatiendo la corrupción, la injusticia, la pobreza y la ignorancia, que son raíz de tantos otros males. Este es el reto que tendrá el nuevo gobierno electo». El país «necesita promover que todos y cada uno de los mexicanos tengan lo necesario para una vida digna y puedan realizar su existencia en la justicia y en la paz». EL OBSERVADOR 262-12
¿Pueden comulgar los que viven en una situación irregular? A esta pregunta ha contestado monseñor José Gea, obispo de Mondoñedo-Ferrol, España, en reciente carta pastoral. Aquí transcribimos parte de sus enseñanzas por que se aplican por igual a todos los fieles católicos del mundo entero. «Situación irregular» es la que viven los católicos casados sólo civilmente, los divorciados vueltos a casar, las llamadas parejas de hecho y los que viven juntos sin ninguna formalidad eclesiástica ni civil, pero que desean participar activamente en bodas, bautizos o comuniones. Cuando la Iglesia excluye a alguno de sus hijos de la participación de la comunión eucarística, lo que desea es hacerle consciente de su situación, con la esperanza de que cambie y se integre plenamente en la comunión eclesial. No intenta imponer un castigo, sino exigir de sus miembros una actuación coherente con su fe, y hacer una llamada a la conversión. Y es que ha de haber seriedad en todo lo referente a la fe. La fe no es algo subjetivo que cada cual entiende y vive a su manera. Vivir la fe supone una línea de conducta coherente con ella. Y si bien es cierto que hemos de respetar las decisiones que cada uno tome en su vida, no lo es menos que debemos respetar también las normas que da la Iglesia para sus fieles. El hecho de negarles la comunión no significa que se juzgue a nadie, ni que estas personas sean consideradas más o menos dignas, ni mejores o peores que los demás. Simplemente se encuentran en una situación de comunión eclesial incompleta, por ello no pueden ser admitidos a la comunión, ya que ésta es expresión de comunión eclesial completa y visible. El hecho de que estos hermanos no sean aceptados a la plenitud de la participación en la vida de la Iglesia no significa que se les abandone y se corte todo lazo de relación con ellos. A pesar de su situación, algunos frecuentan la iglesia y los hay que practican la justicia y la caridad con un corazón extraordinario. Empero, hace falta una llamada a la responsabilidad: en primer lugar, a los sacerdotes, para que cumplan fielmente con su misión de administradores de los sacramentos y no como propietarios; y en segundo lugar, a quienes viven en una situación irregular ante la Iglesia, para que no pidan lo que saben que no se les puede conceder, por coherencia con nuestra fe. EL OBSERVADOR 262-13
Se está perdiendo la conciencia del pecado El hombre de hoy quiere combatir el mal en el mundo, pero se queda en sus consecuencias últimas, sin ir a las raíces. Las estructuras del pecado son la expresión y el efecto de los pecados personales que, a su vez, inducen a otros a cometer el mal. El ejemplo más claro se puede ver en el mal de la corrupción, que devasta profundamente muchos países y que mina la base de todo progreso social. Si los creyentes hoy no sienten la necesidad de reconciliarse con Dios esto se debe a la crisis de la «conciencia del pecado». Obviamente, se puede objetar que el sacramento de la Reconciliación es necesario estrictamente hablando sólo en el caso de los pecados mortales. Ahora bien, para superar esta crisis actual la confesión frecuente ofrece una ayuda decisiva, pues nos ayuda a formar nuestra conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarnos curar por Cristo y a avanzar en la vida del Espíritu. Es más, al experimentar la reconciliación con Dios, seremos también capaces de reconciliarnos con los hermanos, pues, como Él, seremos llevados a ser misericordiosos. Si el pecado nos separa y aleja de Dios y a los unos de los otros, entonces tenemos que reconciliarnos antes con Dios y con los demás para poder acudir después a la mesa del Señor. La confesión por televisión en los talk shows Si bien se experimenta una crisis de la «conciencia del pecado», hoy día se está poniendo cada vez más de moda una especie de confesión pública. Las preocupaciones más íntimas, los conflictos, las heridas son manifestados en los espectáculos televisivos. No queda claro ni mucho menos el que este exhibicionismo produzca algún tipo de curación. En lo escondido del sacramento de la Reconciliación, por el contrario, la confesión puede ser el paso decisivo para la curación, pues este sacramento no sólo quiere sacar a relucir errores y pecados, sino que quiere curar y transformar. Con demasiada frecuencia, quizás, se olvida que la Comunión exige una preparación. Si no se acude al perdón de Dios se corre el riesgo de acostumbrarse a los pecados, de dejar de percibirlos, hasta el punto de que se endurece el corazón y el amor se enfría. (FIN) EL OBSERVADOR 262-14
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