El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

23 de Julio de 2000 No. 263

SUMARIO

bullet ¿Por qué ganó Fox?
bullet26 de julio, Día de los Abuelos
bulletAL ALBA DEL MILENIO ¿Cosas que pasan?
bulletEl libro de la vida
bulletDecálogo para una publicidad en valores
bulletEl libro de la vida
bulletDecálogo para una publicidad en valores
bulletPANTALLA CHICA Ojos limpios
bulletPERDER POR DEFAULT En cualquier esquina
bulletCORRESPONDENCIA Pascuas de alternancia
bulletSanta María de Guadalupe, núcleo fundamental de nuestra cultura IV
bulletINTIMIDADES -LOS JOVENES NOS CUENTAN- La felicidad
bulletPINCELADAS Romper el círculo vicioso

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¿Por qué ganó Fox?
Paz Fernández Cueto

Resultaba difícil para el pueblo superar el fatalismo que parecía determinar los esfuerzos colectivos al fracaso. Fox, con un liderazgo carismático, fue capaz de sacudir los ánimos deprimidos del pueblo. El último mensaje televisado en vísperas de elecciones fue indudablemente acertado cuando se dirigió a cada uno en lo individual más o menos con estas palabras: «Este 2 julio, al ir a votar, dame dos minutos de tu tiempo y yo te prometo seis años de entrega y de trabajo...», por lo que millones de personas que nunca imaginaron votar por el PAN eligieron su candidatura.
A propósito de lo vivido en días pasados me viene a la cabeza una historia de la Segunda Guerra Mundial. El general japonés Nobunaga se enfrentaba con un ejército muy superior al suyo en donde era prácticamente imposible obtener la victoria. Sus tropas, compuestas por gentes del pueblo japonés, fuertemente supersticiosos y fatalistas, estaban casi seguras de que serían vencidas sin remedio.
Nobunaga antes de entrar en combate, se dirigió a un santuario sintoísta y ahí dijo a sus soldados: «Ahora rezaremos a nuestros dioses y después lanzaremos una moneda al aire para que ellos nos digan de una vez si venceremos o si saldremos derrotados. Si sale cara, la victoria será nuestra. Si sale cruz, retrocederemos de inmediato; así el destino nos revelará su rostro». Lanzó la moneda al aire y salió cara, y al verla los soldados se llenaron de tales ansias de luchar que, aun siendo inferiores en número, consiguieron una espectacular victoria. A la mañana siguiente uno de los ayudantes dijo a Nobunaga: «Es cierto, nadie puede cambiar el rostro del destino». «Así es», respondió el general, mientras le mostraba una moneda que tenía cara por los dos lados.
Creo que es la única visión de destino que comparto plenamente porque lo que llamamos destino no es otra cosa que una moneda que tiene cara por los dos lados para quienes luchan con seguridad y valentía. El que va a la batalla o a la vida con temor a ser derrotado, lo será con certeza; pero el que está decidido a construir y triunfar con pasión, tarde o temprano levanta y arrastra tras de sí a muchos a conseguir lo que se propuso.

EL OBSERVADOR 263-1

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26 de julio, Día de los Abuelos
No es la primera vez que pretende celebrarse, sino la tercera.
La asociación internacional Edad Dorada escogió el día 26 de julio para celebrar el Día de los Abuelos porque coincide con la celebración litúrgica que la Iglesia hace en honor de santa Ana y san Joaquín, padres de la Santísima Virgen María y abuelos de nuestro Señor Jesucristo.
En varias naciones del planeta ya se organizan los festejos; pero aquí lo principal es lograr la reunión de hijos y nietos al lado de los abuelos.

EL OBSERVADOR 263-2

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AL ALBA DEL MILENIO
¿Cosas que pasan?
El otro día leí que la Secretaría de Salud andaba buscando, denodadamente, argumentos para suspender esos tres prodigios de la imaginación televisiva que se llaman Cosas de la vida, Hasta en las mejores familias y Laura en América. Quién sabe dónde andará buscando el señor abogado González Fernández, pero, desde luego, no en el sitio correcto. A lo mejor que el presidente Zedillo declare en contra de los talk shows y los suspendan, como cuando Ciudad desnuda y Duro y directo.
Cualquiera que haya estudiado, así sea mínimamente, la sociología de los públicos receptores de mensajes televisivos sabrá que la violencia genera violencia, que el asunto —terapéutico— esgrimido por los productores es una tontería justificatoria más de estos shows que no solamente ofenden la dignidad de los «panelistas», sino también, y con más agudeza, la del telespectador sumido de por sí en una espiral de violencia urbana imprevisible.
Usar los medios para explotar las pasiones es facilísimo. Todos los conductores lo saben. Pero existe una ética que no debería ser violada por nadie. Esa ética se vincula con la elaboración de un código de dignidad mínimo, que no se puede transgredir y que vale para las diferentes modalidades de un aparato como la televisión que cada día desperdicia más el comercialismo al que le han conducido sus dueños.
Si la Secretaría de Salud buscara argumentos reales (y no «taparle el ojo al macho») para suspender estas explosiones de la más baja estofa, los hallará en la simplicidad de los hechos. Tienen por montones alianzas internacionales contra la violencia televisiva. Cada vez, por ejemplo, que se transmite un combate de box por el campeonato mundial en el que interviene un peleador local, aumenta en 10% la violencia callejera de la capital del país.
La recurrencia de títulos violentos en los programas tampoco contribuye mucho a despresurizar el lenguaje social. Al contrario: de pronto el ámbito de lo privado se vuelve público, los ataques cuentan con la complicidad de millones de personas y todo el mundo cree a pie juntillas que ésa (y no la vía civilizada) es la manera de arreglarlas cosas. El mensaje a los niños y jóvenes es devastador: los problemas de la vida se arreglan a puñetazos y no mediante el diálogo y el intercambio de posiciones en la controversia.
Entiendo que los productores de estos bodrios se escudan en que «son cosas que pasan», y como tal es necesario ventilarlas. También que ofrecen la asistencia de «especialistas» que sacan «soluciones» como sacan de la chistera conejos los magos. No sé si esto último es peor que los agarrones que se pegan el marido que engaña a su mujer con el hijastro de la sirvienta. Las soluciones rápidas (y teledifundidas) a problemas complejísimos generan una sensación falsa y sombría de que el que está en problemas es un imbécil y basta que chasquee los dedos para que el problema desaparezca.
Los talk shows a la mexicana —copia de los de otros países, pero más vulgares— son productos televisivos nocivos para la salud de la sociedad. Enseñan a dirimir a golpes los conflictos, a degradar el lenguaje para llegar a «la verdad», y a encontrar salidas estúpidas a traumas complejísimos, la mayoría de los cuales son producto de la cada vez más deficiente educación que recibimos los mexicanos. Educación que no enseña a respetar la diferencia es caldo de cultivo del autoritarismo. Finalmente, es el autoritarismo extremo —el fascismo— lo que fomentan los talk shows a la mexicana.

EL OBSERVADOR 263-3

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El libro de la vida
Bruno Ferrari
Tokio, París, Londres y Washington fueron las ciudades seleccionadas para hacer públicos los resultados de más de diez años de ininterrumpida investigación científica sobre el genoma humano. En ellas se anunció la obtención del primer borrador de toda la secuencia de material genético contenido en el núcleo de nuestras células. Según los responsables del proyecto se trata de la versión, casi definitiva, del manual de “instrucciones” que determina cómo se desarrolla y vive el cuerpo humano desde la concepción. Asimismo, se hizo saber que a más tardar para el año 2003 se habrá terminado el mapa definitivo.
Este logro de la ciencia fue dado a conocer en forma conjunta por los directivos de “El Proyecto Genoma Humano” y por el director fundador de “Celera Genomics”, instituciones que de forma paralela llegaron a los mismos resultados. Los primeros conforman un consorcio internacional financiado con fondos públicos de los gobiernos de Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón, China, así como de la organización filantrópica Wellcome Trust, con sede en Londres; todos unidos por un mismo objetivo, poner los resultados de la investigación en manos de los científicos de todo el mundo. Los segundos son una compañía privada estadounidense, que al parecer buscará recuperar la inversión realizada vendiendo herramientas informáticas que permitan extraer información sobre el mapa de la vida.
Según los científicos encargados de las investigaciones, el mapa genético humano abrirá nuevos horizontes en el tratamiento y la investigación de una interminable lista de enfermedades que hoy son incurables. Sin embargo, por otro lado existe una gran preocupación sobre el posible uso y abuso de los datos genéticos. Muchas personas, incluyendo a importantes científicos, consideran que la misma información que servirá para curar podrá ser utilizada para discriminar a grupos, individuos y hasta a poblaciones enteras, basados en una especie de “determinismo genético” que los marcaría.
Por otra parte, algunas personas consideran que el derecho a la privacidad comprende no sólo a la esfera doméstica, sino también otros aspectos de la personalidad tales como la integridad corporal o la imagen y nadie puede inmiscuirse en la vida privada de una persona. Dentro de estos derechos “íntimos” se encuentra también el “derecho” a no saber, dado que debe respertarse el que una persona no quiera tener conocimiento sobre la aparición de una enfermedad en el futuro, sobre todo si ésta es mortal, o si no existe cura para la misma.
En este contexto, la posible difusión a terceros (empresas, aseguradores, etcétera) de determinados datos genéticos que permitieran conocer la propensión o la seguridad de que una persona padezca alguna enfermedad constituiría un grave atentado a la intimidad, además que le daría la posibilidad a las industrias de «seleccionar» su personal sobre la base de la «salud genética», afectando el desarrollo personal y social de ese individuo.
Tampoco debemos perder de vista la posibilidad que estas técnicas pueden ser utilizadas para determinar la creación o sobreviviencia de una “súper raza” que estuviera determinada a partir de los resultados de una especie de “control de calidad” que se realice a los embriones, justificando la aplicación del aborto, como se hace ya en la legislación de algunos países, cuando el feto no cumpla con determinados estándares.
Quizás, para muchos, la problemática anteriormente descrita pudiera parecerles emanada de alguna novela de ciencia ficción. ¿Quien no recuerda “El mundo feliz” de Aldous Huxley, en donde aun antes de su nacimiento los seres humanos eran ya destinados a diversas tareas u oficios y se producían de acuerdo con las necesidades que la sociedad iba demandando?
La realidad nos demuestra que cada día es más importante analizar el desarrollo de estas técnicas y sus repercusiones éticas y sociales, pues no sólo conllevan increíbles avances sino que también encierran graves peligros para la humanidad. En este contexto es necesario hacer un llamado a la responsabilidad de los investigadores y a los gobiernos que financian estos trabajos, con el fin de garantizar que el “libro de la vida” no sea utilizado en prácticas discriminatorias que beneficien sólo a unos cuantos. Después de todo, aun ahora que se ha avanzado tanto en los conocimientos genéticos se sabe muy poco sobre los sentimientos, las emociones y los impulsos que llevan al hombre mismo a buscar la sabiduría y la libertad.
¿Qué dice la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos?

Ante los rápidos progresos de la ciencia y de la técnica, con sus promesas y sus riesgos, la UNESCO ha querido afirmar, proclamando por vez primera con una Declaración solemne —aunque con buen número de afirmaciones vagas— la exigencia de proteger el genoma humano inclusive para el bien de las futuras generaciones, juntamente con los derechos y la dignidad de los seres humanos, la libertad de la investigación y las exigencias de la solidaridad. En la Declaración se afirma, entre otras cosas:
* el rechazo de todo reduccionismo genético (art. 2b y 3),
* la preeminencia del respeto a la persona humana respecto a la investigación (art. 10),
* el rechazo de las discriminaciones (art. 6),
* el carácter confidencial de los datos (art. 7), y
* el compromiso de los Estados de promover la educación a la bioética en un debate abierto también a las corrientes religiosas (art. 20 y 21).

EL OBSERVADOR 263-4

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Decálogo para una publicidad en valores



Nadie puede escapar a la influencia de la publicidad.
Papa Pablo VI, 1977.

1. La publicidad es un don y un bien, y, como todos los dones y todos los bienes es, asimismo, un servicio. Es, en efecto, un instrumento, un medio, al servicio del progreso, de la libertad, de la solidaridad y de la plena intercomunicación.
2. La publicidad es un medio. No es un fin en sí misma. De ahí que el fin tampoco justifica en este caso ni el medio ni los medios. En la publicidad no debe existir el todo vale. Esta praxis sería una desviación ética.
3. La publicidad tiene su propio género literario, sus propias técnicas y códigos. Se ha de respetar y fomentar la creatividad publicitaria. Pero sus límites son, como en toda realidad y acción humanas, los que marcan la ley natural, las mismas leyes positivas legisladas al respecto y los principios éticos.
4. La publicidad debe conocer, respetar y basarse en una correcta y adecuada antropología, que no anteponga nunca el tener al ser. ser. Lo contrario es siempre alienante e injusto. Una publicidad que llamase sólo al consumo por el consumo, que presentase una sociedad sólo del disfrute personal, hedonista y egoístico, que ahondase en la fractura entre ricos y pobres, que, directa o indirectamente, despreciara o marginara a los colectivos más desfavorecidos, sería una publicidad sólo del tener. Sería una publicidad manca, antropológicamente.
5. La publicidad debe respetar y fomentar la dignidad de la persona humana y de sus derechos. La publicidad debe, de este modo, contribuir al crecimiento integral de la persona, a su mayor y mejor uso y discernimiento de su libertad y de la libertad de todos, que no contribuya a cualquier manifestación, por pequeña que sea, de la explotación del hombre por el hombre.
6. La publicidad debe huir de cualquier manipulación sexista, defendiendo la igualdad entre el hombre y la mujer. Asimismo, la publicidad no puede nunca estar ribeteada de toques, por ligeros y tímidos que sean, de exaltación de componentes de raza, de estética o de imagen. La publicidad debe garantizar la imprescindible tutela de los derechos de los niños, de los ancianos, de los discapacitados, de los pobres, de los inmigrantes, de los enfermos, de cualquier persona o grupo social menos favorecido, en cualquier manifestación de la vida y de la existencia humanas.
7. La publicidad no debe anteponer jamás en la persona humana su dimensión corporal y física a la espiritual e intelectual. Este principio debe ser también sagrado en publicidad. La exaltación del cuerpo por el cuerpo, del sexo por el sexo, como reclamo publicitario es el camino erróneo en la defensa y promoción de estos ideales.
8. La veracidad en la publicidad debe ser un principio categórico e inexcusable. La verdad no se contradice con la libertad. Verdad y libertad son inseparables. La verdad nos hace libres.
9. La publicidad es un bien y servicio públicos. Tanto más fiel será a ésta su identidad y misión cuando se acerque y cumpla las responsabilidades sociales que conlleva, como son el auténtico e íntegro desarrollo de la persona y de la sociedad. La publicidad es un servicio público.
10. La publicidad en valores y en ética es, pues, aquella que, desde su propio lenguaje y técnicas y desde su creatividad, promueva, garantice y respete valores como la entera dignidad de la persona humana –de toda persona humana–, el servicio a la solidaridad, el respeto a la verdad, y defensa y fomento de la tolerancia, la paz, la comprensión, la reconciliación, la salud, la educación, la libertad, el descanso, la naturaleza, la familia y los valores patrios y religiosos.
(Preparado por el director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española)

EL OBSERVADOR 263-5

 

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PANTALLA CHICA
Ojos limpios
Grupo Inter Mirifica
Es muy común escuchar en nuestra sociedad: «A mí nada me influye», «A mí no me pasa nada si veo tal o cual programa», «¡Yo soy una persona moderna, de amplio criterio!».
Se dice que los ojos son las ventanas del alma, y, aunque parezca figurativo, así es. Debe importarnos lo que entra en nuestro ser a través de ellos. No se trata sólo de ver, es decir, percibir longitudes de onda que forman imágenes en nuestro cerebro; ver un programa de televisión implica la iniciación de un proceso intelectual que tiene como primera fase la percepción de las imágenes y los sonidos que emite el televisor; estos contenidos audiovisuales generan ideas y conceptos y, finalmente, los televidentes llegamos a participar de aquello que estamos viendo, independientemente de que estemos de acuerdo con el contenido o de que nos guste o no el programa. Porque lo vemos, participamos de aquel buen o mal programa de televisión.
Lo dañino no reside en ver y recibir mensajes, sino en la deformación continua de nuestra conciencia con ideas erróneas donde conceptos falsos y negativos desde el punto de vista cristiano llegan a parecer verdaderos y positivos, por repetición y familiaridad. Esta deformación de la conciencia nos hace ver la realidad de forma diferente. «Todo depende del color del cristal con que se mira», y si nuestra conciencia es ese cristal a través del cual podemos mirar y decidir si algo es bueno o malo, de poco nos servirá éste si lo empañamos, si nosotros deliberadamente cambiamos su color.
«Jesús —dice el padre Cantalamesa— tenía los ojos limpios, por eso podía amar y vivir libremente».
Tú sabes qué programas enturbian tus ojos, cuáles te avergonzaría ver en presencia de Jesús. ¡No los veas!. La presencia de Cristo no se enciende ni se apaga, siempre está.

EL OBSERVADOR 263-6

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PERDER POR DEFAULT
En cualquier esquina
Diego García Bayardo

        Vas en tu carro, muy quitado de la pena, y en cualquier esquina escuchas de pronto una vocecita que balbucea algo así como: «¿No me da pa' un taco?» Volteas y descubres que el limosnerito no tiene más de cinco años, y con la desnutrición, hasta parece menor. La primera reacción, lógicamente, es de lástima y de ganas de ayudar al pequeño, pero levantas la vista y lo que ves te deja perplejo; otros dos niños, apenas en edad de caminar, intentan echarse volteretas frente a los coches de adelante, contenidos precariamente por la luz roja del semáforo, y una niña un poco mayor se asoma a las ventanillas para ofrecer chicles o flores. ¿De qué se trata este increíble y deprimente espectáculo? Quizá se te ocurra mirar a un lado, diez metros más allá, hacia donde uno de los niños corrió con el dinero en la mano, y entonces descubrirás que bajo la sombra de un árbol, lejos del peligro, acostado en una banca o echado en el pasto, un hombre obeso, sucio y repugnante recibe el dinero y se acuesta otra vez a dormir. Al fin arrancas en el auto, todavía con tu moneda en la mano, y ya no sabes si dar la limosna, ir a romperle la crisma al vividor aquel o mejor olvidar el asunto. Las más de las veces te vas por la tercera opción. «¿Qué puedo hacer yo, de todos modos?», dices.
        Si uno se pone a indagar un poco más descubre que hay algo muy sórdido detrás del asunto de los niños de la calle. Muchos de ellos platican que sí tienen papás y que viven con ellos, con lo que se le quita a uno la clásica idea de que todo niño de la calle es necesariamente huérfano. Pero entonces resulta que son los propios papás u otros parientes los que los dejan cada mañana en una esquina para pedir limosna, y son ellos quienes pasan a recogerlos en la noche. Hasta algunos niños platican que sus «jefes» pasan por ellos en camioneta: ¡Qué necesitados han de estar sus explotadores que hasta camioneta tienen!
        Los ciudadanos podemos tomar algunas medidas con respecto al problema de la mendicidad, como negarnos a dar limosna a los niños y así obligar a sus mantenidos padres a trabajar o, al menos, a pedir ellos mismos (esta medida es especialmente apropiada contra esos padres que tienen años en tal o cual esquina viviendo de explotar a sus hijos, sin intentar cambiar de vida). Pero las acciones más fuertes deberían llegar de parte de nuestras autoridades, mas resulta entonces que hasta ahora todos los gobiernos que han pasado por aquí, en Querétaro, sean del partido o color que sean, han hecho caso omiso de sus deberes para con los más necesitados. Las calles están llenas de pequeños mendigos y a nadie se le mueve el pelo. ¿Será porque todavía no pueden votar? La ley que prohíbe explotar a menores o la que obliga a los padres a poner a estudiar a sus hijos, por mencionar dos de las normas mas obvias, son violadas impunemente cada día en Querétaro y muchas ciudades más. ¿Por qué las autoridades se olvidan tan fácilmente del mayor drama humano que asola a nuestras ciudades?
        Veo ahora entre los coches a un mendigo paralítico que se desplaza lentamente con unas muletas; hace unas semanas andaba en una silla de ruedas improvisada, pero parece que se la quitaron para que dé más lástima. Esta escenita, «aunque usted no lo crea», ocurre todos los días en la esquina de las avenidas Constituyentes y Cimatario, a sólo una cuadra de unas instalaciones del DIF. ¿Será que el radio de acción del DIF es de menos de una cuadra? ¿A una distancia mayor ya no puede hacer nada por un chico miserable, por una familia otomí refugiada? El incremento y la perpetuación de los niños y familias de la calle son pruebas patentes de que las autoridades no están cumpliendo con su trabajo.
        Denunciemos el problema, presionemos con cartas o a viva voz a nuestros gobernantes para que protejan a los desamparados y frenen el éxodo de la población rural hacia las ciudades. Y exhortemos a nuestros diputados y senadores (si es que alguno se deja ver por su distrito, cosa improbable) para que legislen a favor de los pobres y en contra de toda explotación, incluyendo la que cotidianamente ejercen papás como el del primer párrafo de este texto sobre sus hijos.

EL OBSERVADOR 263-7

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CORRESPONDENCIA
Pascuas de alternancia
Queridos amigos:
Felices pascuas de alternancia. Digo pascuas porque México ha dado un gran paso. De la dictadura perfecta al camino de la democratización. De la imposición por la fuerza a la consulta al pueblo.
Francamente habíamos algunos que todavía no creíamos que fuera posible, ¡pero sí se pudo!
El 2 de julio ocurrió el acontecimiento más brillante en la historia política de nuestro país desde la consumación de la Independencia. Un presidente elegido por el pueblo terminó su discurso diciendo: «Que Dios los bendiga».
Yo no dejo de pensar que nuestros 25 mártires nos hicieron el milagro. Yo les pedía (y los invitaba a ustedes a que también lo hicieran) por unas elecciones limpias, el buen juicio del pueblo mexicano y el respeto a la voluntad popular. Y he aquí que se nos concedieron las tres cosas, a pesar de muchas malas intenciones que se disponían a estropearlo.
Ahora viene la segunda parte: que este cambio no resulte un momento de gloria que después se apague. Que no se venga abajo como tantos intentos de cambio bienintencionados a lo largo de la historia que no resistieron las presiones de la situación mundial y el peso de la imperfección humana. Que no surja un nuevo Victoriano Huerta que dé inicio a otra dictadura perfecta.
Hagamos votos para que Fox y todos los que colaboren con él resulten un ejemplo de buen gobierno —pensemos en un Lech Walesa o en un Nelson Mandela, que, en medio de situaciones muy difíciles, lograron cambios significativos y permanentes en sus respectivas sociedades—, para que al fin se le permita a Dios oficialmente la entrada a nuestro país.
Y, sobre todo, ahora más que nunca sigamos encomendándonos a nuestros queridos, flamantes 25 santos mártires, que, si ya hicieron un gran milagro, seguramente pueden hacer otros. Pidámosles —como deberíamos hacer siempre, con o sin alternancia— por la santidad de nuestras autoridades y por su acierto en la conducción de nuestros pobre pero esperanzado país.
Felicidades otra vez.

Walter Turnbull.
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Nota de la redacción: La «Campaña de Oración por México», promovida por EL OBSERVADOR antes de las elecciones, fue lanzada por sugerencia de nuestro lector Walter Turnbull, a quien agradecemos sus cartas.

EL OBSERVADOR 263-8

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IDENTIDAD (IV)
Santa María de Guadalupe, núcleo fundamental de nuestra cultura
Pbro. Prisciliano Hernández Ch., O.R.C.
2. El amor benevolente de Dios: san Juan y el beato Juan Diego

”Los mexicanos sabemos por experiencia que hay una dimensión mariana del encuentro con Cristo que se manifiesta en la singular relación del apóstol Juan con Jesús y María en el Gólgota... eco de ese encuentro del beato Juan Diego con Jesús en el Tepeyac y con cada uno de nosotros”. (Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, n. 430)
Tanto en la cultura hebrea como en la mexica el nombre indica el ser o la misión que habrán de desempeñar los que lo lleven. Es curioso que los que intervienen en el acontecimiento del Tepeyac sean Juanes: Juan Diego, Juan Bernardino, Juan de Zumárraga, Juan González (el traductor).
Juan significa «Dios se apiada», o «Dios tiene haná o amor benevolente» (se entiende por los pobres). María Santísima es la Madre de los “Anahuim” o de los pobres.
Los Juanes en la Sagrada Escritura tienen una relación estrecha con Santa María: Juan el Bautista, por la visita de la Virgen, salta de gozo; Ella tendrá en sus brazos al precursor de su Hijo. Juan Bernardino, postrado, al igual que todo el pueblo mexica, moralmente derrotado; María les tiende sus manos, su mamaluaztli —entrecruzamiento de los brazos— para sanarlos, para llenarlos de luz y de amor.
Tanto Juan Diego como Juan Bernardino, Juan de Zumárraga, Juan González, como los personajes bíblicos Juan Bautista y Juan Evangelista son testigos de la verdad.
Juan contempla a la Santísima Virgen en el Apocalipsis como la señal de Dios; Juan Diego la contempla igualmente en el Tepeyac.
Los diálogos María de Guadalupe-Juan Diego nos evocan los diálogos María-discípulo amado: diálogos de Madre-hijo-Iglesia nos permiten ubicar a María, quien, en visión simultánea, es la Madre del Verbo que llega a ser hombre en el tiempo: el Hijo eterno del Padre, es su Hijo en el tiempo. Desde su Hijo Jesús somos sus hijos. Desde Ella, por su “sí”, recibimos el ”haná” de Dios. Ese “discípulo amado” es todo aquel que sea del círculo de los “anahuim”, Iglesia.

3. La casita sagrada-templo-Iglesia y la apostolicidad: fidelidad a los sucesores de los apóstoles.

“...María ha acompañado siempre con su amor maternal, conduciéndonos sobre todo en el camino de la fe y de la fidelidad a Cristo y a su Iglesia” (ibídem, n. 431).
Juan Diego no es el vidente que actúa por su cuenta, ni se pone al margen de la Jerarquía. Santa María de Guadalupe le pide expresamente la colaboración de la Jerarquía en la persona del obispo fray Juan de Zumárraga para edificación de la «casita sagrada». La Jerarquía es don del Espíritu Santo a la Iglesia.
En clave mexica, el Templo suyo, que engloba toda su cultura y ha sido destruido o ya no hay “escudo y flecha”: esto quiere decir que ya no existe el pueblo mexica.
Si la Santísima Virgen con su mensaje inculturado les pide la “casita sagrada”, significa que vuelve a existir México-Tenochtitlán, de una manera diferente. Dios ha aceptado su sacrificio y los lleva a la verdad completa de la salvación.

EL OBSERVADOR 263-9

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INTIMIDADES -LOS JOVENES NOS CUENTAN-
La felicidad
Yusi Cervantes Leyzaola
        Yo no quiero ser simplemente un licenciado o identificarme con siglas como si fuera un partido político, tampoco quiero destacar, ser alguien distinguido, poseedor de dinero, fama y fortuna. Yo sólo quiero ser feliz. ¿O es que acaso no venimos a este mundo a eso, a ser felices? Felicidad... esa palabra que a todos nos gusta y hacemos mucho o poco por alcanzarla. Pero cuando la tenemos en las manos sólo nos dura segundos u horas. Y luego se nos va para volverla a ver Dios sabe cuando. Y es entonces cuando lo único que nos queda es ese recuerdo, como una fotografía, todos los días en el alma. Cuando pensamos en ese momento sonreímos con nostalgia o con amargura al saber que ha pasado mucho tiempo sin uno de esos instantes. Es entonces cuando decimos: «¡Qué infeliz soy! Toda mi vida ha sido triste y siempre será así». Entonces buscamos algo que nos haga olvidar la triste realidad de nuestras vidas. Para eso existen un millón de cosas: las drogas, el alcohol, el sexo... Algunos escapan en la discoteca. En lo personal, yo me refugio en el cine. En todo caso, todos nos evadimos a nuestro modo.
        Tienes razón: hemos sido creados para ser felices. Pero la felicidad no la podemos alcanzar por sí misma. Dices: quiero ser feliz. Y está bien, eso está impreso en tu naturaleza humana, en tu vocación. Pero tus energías, tus esfuerzos no deben enfocarse en buscar la felicidad, sino en vivir plenamente de acuerdo con quien eres, con el ser humano único, irrepetible y maravilloso que tú eres.
        Decía Viktor Frankl que la felicidad es consecuencia de dos cosas fundamentales: realizar el sentido de nuestra vida y amar. No te preguntes por la felicidad. Pregúntate por el sentido de tu vida, ese sentido que se encuentra confrontando la realidad con tus cualidades y tu vocación. ¿Qué es lo que la humanidad -aunque sea representada en una sola persona- necesita de ti? ¿Cuál es esa aportación que sólo tú puedes dar?
        No te preguntes por la felicidad. Arriésgate a amar. Hace poco leí un cuento que habla de un muchacho que descubrió que en lugar de lamentarse por la falta de amor necesitaba amar. Dios es amor y nosotros estamos hechos a su imagen y semejanza. Por tanto, al amar estamos viviendo de acuerdo con nuestra esencia, con nuestra vocación más profunda: la felicidad viene naturalmente como consecuencia.
        La felicidad no es euforia, placer o diversión, como bien expresas. La felicidad consiste en estar vivos, plenamente vivos, y esto es una experiencia interna. La felicidad no se encuentra en el exterior. No depende de personas ni de acontecimientos. Tampoco está en función de que logremos nuestras metas (por ejemplo, dinero, fama y fortuna, como mencionas). No depende de que cambiemos de empleo, nos mudemos de casa o nos casemos con cierta persona.
        No hagas que tu felicidad dependa de que los demás te digan esto o aquello, de que te traten de cierta manera, de que te den lo que quieres... No te apegues a nada ni a nadie (el auténtico amor nada tiene que ver con el apego), ni siquiera a tus sentimientos negativos. Se libre; ejerce tu libertad.
        La felicidad está en ti, impresa en tu naturaleza. Pero ese mensaje cristalino de felicidad se va enturbiando a lo largo de la vida por nuestras experiencias negativas, especialmente por el miedo. Esto explica el por qué los momentos de felicidad nos parecen fugaces. Esto es, si no somos conscientes de nuestra felicidad, esos momentos que por instantes nos la muestran nos parecen ajenos a nosotros.
        Es importante saber que nadie puede hacernos felices ni hacemos felices a los otros. Nadie puede cargar con esa responsabilidad por los demás. Lo que hacemos realmente es compartir nuestra felicidad y crear ambientes donde la felicidad pueda manifestarse.
        La felicidad está en ti porque Dios te ama y habita en tu corazón. Se manifiesta cada vez que eres tú plenamente, cuando estás en contacto con quien realmente eres, con tu naturaleza verdadera. Es decir, cuando tienes un sentido para tu vida y amas verdaderamente.

EL OBSERVADOR 263-10

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PINCELADAS
Romper el círculo vicioso
Justo López Melús *

        Ante el mal recibido el hombre ve solamente dos actitudes: la de vengarse o la de justicia. Pero por encima de la visión del hombre está la doctrina del Evangelio: «Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen». Está, además, el ejemplo de Jesús en la cruz: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen». No sólo les perdona, les excusa. El perdón es la virtud de los fuertes.
        En el asedio del Alcázar de Toledo se necesitaba realizar una salida muy peligrosa. El capitán Alba se ofreció. Fue reconocido y lo fusilaron. Su esposa, doña Emilia, hija de un ,médico santo, don Emilio González Orúe, quedaba viuda con cuatro hijos pequeños. Los preparó bien y los llevó a besar la mano del que había matado a su padre.
        Don Guillermo Plaza, vicerrector del Seminario de Toledo, besó la mano del que le iba a fusilar. Don Pascual Carda regaló un reloj de platino al que le iba a matar. Los dos están beatificados.
        Si a la injuria sigue la venganza, nunca se acabará. Hay que romper el círculo vicioso introduciendo el amor y el perdón.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.


(FIN)

EL OBSERVADOR 263-11


 

 
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