El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

30 de Julio de 2000 No. 264

SUMARIO

bullet Decálogo educativo de la televisión
bulletHacen falta padres prudentes
bulletAL ALBA DEL MILENIO Ciudadanos
bulletEL RINCÓN DEL PAPA Todos estamos llamados a escalar la montaña espiritual
bulletNo definir la política educativa en México, pero sí iluminarla con la doctrina social
bulletSemana sin Tele en el 2000
bulletPERDER POR DEFAULT El Cielo, ese desconocido
bulletSanta María de Guadalupe, núcleo fundamental de nuestra cultura (V y última parte)
bulletVivir para servir
bulletPINCELADAS Alivio en el camino

Sumario Inicio

Decálogo educativo de la televisión
Miguel Carmena

Miguel Carmena

1. No dar a la televisión un puesto de primer plano en la educación de los hijos. Hay otras muchas actividades, valores, relaciones, compromisos más importantes que no se deben dejar por la televisión. Acostumbrar a los niños y a los mayores a prescindir de la televisión en función de otros intereses mayores.
2. Usar la televisión con moderación. Educar en una recta jerarquía de valores, donde la televisión aparezca 3. como un medio más entre otros medios de descanso, una vez cumplidos los principales deberes.
Infórmese bien sobre los programas. Buscar en las páginas de periódicos y revistas los juicios y orientaciones sobre la programación, eligiendo lo que se crea más conveniente para los distintos fines: educativo, descanso, etc.
4. Elegir con conciencia y sentido de la responsabilidad. Tener en cuenta a la hora de elegir aquello que puede dañar a los niños o a nosotros.
5. Seguir con regularidad los programas positivos que ayudan a crecer en familia. Así se enseña a elegir a los niños.
6. Educar y educarse para tener un sentido crítico. Enseñar a valorar lo que es bueno, mediocre o negativo.
7. Ser promotores de lo que consideramos formativo. Hacer publicidad ante los hijos, amigos y conocidos, de aquello que consideramos útil y de buena calidad.
8. Ser responsable de la educación televisiva. Los padres de familia deben ser los guíen a sus hijos en este saber ponerse ante el televisor.
9. No ver la televisión solos, buscar compañía de otros. No dejar a los niños solos ante el monitor de televisión. Es importante este consejo en la acción educativa de discutir, expresar valoraciones y juicios, etc.
10. Hacer llegar nuestros juicios a los emisores. Muchas veces los emisores creen que todo el mundo piensa como ellos y no es real. Valorar lo bueno y señalar los errores y lo negativo, según los efectos que produce en nosotros o en nuestros hijos, puede ser muy útil. Utilizar el correo o el periódico.
Estos diez mandamientos se encierran en dos: tener como prioritaria la educación de los hijos; y no contentarse sólo con entretenerlos a cualquier precio.

EL OBSERVADOR 264-1

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Hacen falta padres prudentes
Mensaje de Juan Pablo II sobre televisión y familia, con motivo de la XXVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (1994)
Formar los hábitos de los hijos a veces puede querer decir sencillamente apagar el televisior porque hay cosas mejores que hacer, o porque la consideración hacia otros miembros de la familia lo requiere, o porque la visión indiscriminada de la televisión puede ser perjudicial. Los padres que hacen uso prolongado de la televisión, como si se tratara de una niñera electrónica, abdican de su deber de principales educadores de sus hijos. Tal dependencia de la televisión puede privar a los miembros de la familia de la oportunidad de relacionarse los unos con los otros mediante la conversación, las actividades y la oración comunes. Los padres prudentes son, además, conscientes de que también los buenos programas deben ser complementados por otras fuentes de información, entretenimiento, educación y cultura.

EL OBSERVADOR 264-2

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AL ALBA DEL MILENIO
Ciudadanos
El cambio, el verdadero cambio del 2 de julio, es en los ciudadanos. Hemos dado el salto histórico más grande, más espectacular que pudiésemos haber concebido. De seres imaginarios en que nos habíamos convertido —arropados por un régimen político ciertamente activo en esa promoción—, pasamos a ser actores de carne y hueso, ciudadanos reales, capaces de tomar el timón de la historia y hacerlo virar para nuestro beneficio.
Tal es la nueva realidad de México. Y la magnitud del reto del próximo presidente de nuestro país. Dice Carlos Ramírez (en El Universal, 20 de julio de 2000): «Como en España, el principal reto de Fox es el de regresarle México a los mexicanos después de que el sistema priísta de castas privilegiadas se lo expropió durante 71 años». España generó, hacia fines de la década de los setenta —tras los 36 años de dictadura de Francisco Franco—, un pacto: el llamado Pacto de La Moncloa, en el que todas las fuerzas políticas decidieron que por encima de sus intereses estaba el interés superior de la patria. Y cedieron su parte de poder a la soberanía del pueblo. El resultado salta a la vista: desarrollo económico y progreso reales. Con problemas de moralidad, cierto, pero dejando atrás la lucha de hermanos contra hermanos por una tajada cada vez más grande y egoísta del pastel del prestigio personal o partidista.
Fox tiene que impulsar una reforma de esa naturaleza. Tiene que llevar a cabo los llamados Acuerdos de Chapultepec para garantizar la transición hacia la democracia y, sobre todo, para abrir vías de acceso a la participación de la ciudadanía en ámbitos muy concretos, como el de la educación, la generación de empleos, de empresas y el cuidado de los más pobres. Concentrar todas las actividades del país en las manos del gobierno sería suicida. No se puede volver atrás: el legado moral del 2 de julio implica, entre otras cosas, estar atentos a una sociedad que ya no se deja, a un pueblo que anhela —en el mejor sentido de la palabra— volverse protagonista.
Tiene razón Carlos Ramírez en lo que dice: hay que regresarle México a los mexicanos. Durante décadas los ciudadanos ni participamos ni pudimos influir gran cosa en el camino del país. Éramos los convidados de piedra eternos a los banquetes que muy pocos se daban en nuestro nombre. Nada puede seguir igual. Si algún edificio cayó la pasada jornada electoral fue el edificio de la simulación, el que levantaron oleadas de gobiernos que simulaban escuchar, comprender y acatar la palabra de la gente, pero que hacían lo que les venía en gana. No podrá ser «más de lo mismo», como el mismo Fox pregonaba en su campaña política. Si así fuera, si el pueblo siguiera atrincherado, acobardado, lejano, apaciguado a fuerza de control y de miseria, las consecuencias sociales serían enormes.
Hemos dado el primer paso: ya no queremos ser imaginarios. Ya probamos que queremos ser ciudadanos de carne y hueso, de tiempo completo. Toca al nuevo régimen aquilatar la profundidad de ese cambio. Y llevarlo a buen puerto (que no es el puerto de resguardo de algún partido político —en este caso el PAN—, sino el muelle de todos los que formamos este país). Toca la tarea más delicada: conducir el entusiasmo y volver a tejer la trama desgarrada de la confianza. (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 264-3

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EL RINCÓN DEL PAPA
Todos estamos llamados a escalar la montaña espiritual
En el Valle de Aosta, lugar elegido por Juan Pablo II para tomarse un descanso después de medio año de intensas jornadas jubilares, rezó el Angelus con los cuatro mil fieles (entre turistas y lugareños) que habían acudido a ese lugar. El Papa dijo: «Doy gracias a Dios por darme la posibilidad de poder transcurrir este año algunos días en esta evocadora localidad de montaña, que trae a la mente la presencia majestuosa de Dios».
«Desde este lugar tan sereno —prosiguió— quiero mandar un cordial saludo a cuantos están de vacaciones en la zona y en otros lugares, en las montañas o en el mar. Invito a todos a hacer de estos días de descanso bien merecido un tiempo de enriquecimiento interior y de beneficiosa relajación familiar. Pienso también en aquellos que no pueden ir de vacaciones y se han quedado en casa. De manera especial hago extensivo mi saludo afectuoso a los enfermos, a los ancianos, a los que están en la cárcel y a los que se encuentran solos. A cada uno de ellos garantizo un recuerdo cotidiano en mis oraciones».
Entonces, recordando la fiesta de la Virgen del Carmen y hablando del monte Carmelo, donde «el santo profeta Elías defendió sin descanso la integridad y la pureza de la fe del pueblo elegido en el Dios vivo» y que, por tanto, es el símbolo «de la adhesión total a la voluntad divina y de nuestra salvación eterna», dijo Su Santidad que «todos estamos llamados a escalar valientemente y sin detenernos esa montaña espiritual», y que, «caminando junto a la Virgen», podremos realizar plenamente, como ella, nuestra vocación de auténticos profetas del Evangelio en nuestro tiempo».

EL OBSERVADOR 264-4

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No definir la política educativa en México, pero sí iluminarla con la doctrina social, pretende el episcopado
* La Iglesia tiene derecho a dar su aporte para la formación de las nuevas generaciones.
* La laicicidad debe ser bien entendida: aconfesional, pero no atea ni amoral.


Respondiendo a los rumores levantados irresponsablemente por la prensa mexicana sobre el papel eclesiástico en la educación durante el nuevo gobierno, el secretario general de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), monseñor Abelardo Alvarado Alcántara, afirmó que la Iglesia no pretende definir la política educativa en México, pero sí aspira a iluminarla mediante la enseñanza social católica.
El prelado afirmó que no son la Iglesia ni el Estado, como tales, quienes definirán la educación, sino la sociedad civil y los padres de familia quienes propongan los esquemas esducativos y, en última instancia, tocará a los legisladores darles carácter de ley.
Monseñor Alvarado defendió el derecho que la Iglesia tiene de plantear los principios de la doctrina social cristiana, respetando el principio de laicidad, que debe ser «una laicidad bien entendida: aconfesional, pero no atea ni amoral». En todo caso, es inalienable el derecho de los padres de familia para decidir la educación que deba impartirse a sus hijos.
La jerarquía eclesiástica promueve una educación integral que incluya los valores morales, porque, sin una referencia ética y moral, sin bases para esperar una conducta responsable de parte de las personas, no superaremos la actual situación del sistema educativo nacional, indicó el declarante.
Recientemente la CEM emitió el documento «Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos», en el que postuló que el propósito de la educación es la formación de la persona humana «en orden a su fin último y al bien de las sociedades, de las que el hombre es miembro y en cuyas responsabilidades participará cuando llegue a ser adulto» y añade que «la educación de inspiración cristiana debe fomentar la participación, el diálogo, la inculturación, el cambio social, la inserción familiar y el cuidado del medio ambiente».

EL OBSERVADOR 264-5

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Semana sin Tele en el 2000
Argentina, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Gran Bretaña, Polonia, Italia, México, Holanda, Suiza, Francia y Alemania son algunos de los países donde se celebra la Semana sin Tele.
El semanario El OBSERVADOR, por segunda ocasión, se da a la tarea de difundir esta enriquecedora iniciativa. El período que propone este año para la región centro de nuestro país es del lunes 7 al domingo 13 de agosto.
En 1999 la experiencia de abstenerse de la TV por siete días coincidió con el tiempo escolar. Ahora la propuesta experimenta una nueva modalidad: llevarse a cabo en tiempo de vacaciones, cuando la pequeña pantalla podría resultar la compañera más amada en momentos de ocio. ¿Lograremos el reto de mantenerla apagada durante una semana completa? Seguramente. Todo es cuestión de poner a trabajar nuestro ingenio para descubrir que a nuestro alrededor hay un sinnúmero de aventuras nuevas, divertidas y reconfortantes que harán de nuestra Semana sin Tele una experiencia inolvidable, digna de ser contada.

¿Hay alguna razón realmente válida para no ver la televisión?
        Los efectos nocivos que puede causar la televisión son muchos. Mencionamos sólo algunos:
        * Infunde valores falsos.
        * Fomenta el consumismo.
        * Resta importancia y tiempo al diálogo familiar.
        * Estimula la pereza mental y el aburrimiento.
        * Puede causar dificultades en los menores para distinguir entre la experiencia real y la fantasía. Por ejemplo, ciertos programas presentan al mundo más peligroso de lo que es en realidad.
        * Se opone a la vida al aire libre.
        * Provoca adicción, y toda adicción es una enfermedad.
        * Hipnotiza sensorial, sentimental y culturalmente. Está convirtiendo a una generación de niños en zombies pasivos que no juegan, no crean y no piensan con claridad.
        * Entre más agresivo es un niño, más tenderá a observar programas violentos y, a la vez su conducta será más agresiva como consecuencia de observar violencia en TV.
        * Hace a los niños y adolescentes más insensibles, pues se familiarizan con contenidos negativos (la violencia, por ejemplo).
bulletLa inactividad provocada por mirar mucha televisión es causante del 10% de los casos de sobrepeso en chicos de 6 a 17 años, y de más del 30% en adultos.


No todo es malo
Lo más favorable de la televisión es que:
Contribuye a ampliar la visión del mundo.
Es un medio de difusión de la cultura.
Es el más influyente medio de comunicación.
Es un excelente medio para la educación no formal.
Puede servir para la educación política del ciudadano.

Hacer de la televisión una opción y no un hábito.-
Lo ideal es ver la tele porque existe un programa interesante o divertido, no sólo porque no haya nada mejor que hacer. Cuando nuestros hijos se encuentran aburridos, existen otras actividades que podemos planear de manera creativa, fortaleciendo sus aptitudes físicas o intelectuales.

ESTABLECER REGLAS PARA VER LA TELEVISIÓN.-
Hacer de la televisión una opción y no un hábito.- Lo ideal es ver la tele porque existe un programa interesante o divertido, no sólo porque no haya nada mejor que hacer. Cuando nuestros hijos se encuentran aburridos, existen otras actividades que podemos planear de manera creativa, fortaleciendo sus aptitudes físicas o intelectuales.

ESTABLECER REGLAS PARA VER LA TELEVISIÓN.-
ESTABLECER REGLAS PARA VER LA TELEVISIÓN.- Toda familia debe establecer sus propias reglas para el manejo de la pantalla chica. Éstas son algunas sugerencias:
a) Determinar una cantidad máxima de tiempo para ver la TV. No es recomendable que los niños inviertan más de una hora diaria.
b) Seleccionar los programas que podrán ver los niños.
c) No hacer de la televisión una nana.
d) Utilizar la televisión para convivir. Es desaconsejable que cada quien tenga su propio aparato.
e) Analizar en familia el contenido de los programas, de las películas y hasta de los anuncios.

EL OBSERVADOR 264-6

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PERDER POR DEFAULT
El Cielo, ese desconocido
Diego García Bayardo
Todos deseamos que nuestro país goce de prosperidad económica, que la riqueza sea repartida de una forma más justa y que la miseria desaparezca, pero es más deseable y de pedirse a Dios que México nunca sea rico; que el Señor nos conserve en una sana estrechez económica en la cual no seamos tan pobres que caigamos en la desesperación o la degradación, ni tan ricos que empecemos a creer que no necesitamos a Dios.
¿Por qué me atrevo a pedir que nunca caigamos en la riqueza, que nunca salgamos de la necesidad o la penuria? No lo hago porque no quiera el bien de mi prójimo, sino precisamente porque eso quiero. Me explico. La opulencia es ciertamente una situación que permite enfrentar con éxito muchos de los problemas de la vida, tanto a nivel de individuos como de naciones. Pero donde abunda el dinero suele ocurrir un fenómeno nocivo que a la larga resulta mucho peor que la pobreza: la religiosidad se difumina sustancialmente y llega a veces a desaparecer del todo cuando uno siente que nada le falta. Así como es muy difícil «que un rico entre en el Reino de los Cielos» ( Cfr. Mt 19, 24), los países ricos parecen estar ahora muy lejos de la salvación. Las estadísticas muestran que la práctica religiosa ha ido desapareciendo escandalosamente en Europa occidental en las últimas décadas, en la medida en que su riqueza ha aumentado y la gente piensa que puede fincar su felicidad en lo que posee aquí y ahora. También, por ejemplo, en Canadá, el país con mejor nivel de vida en el mundo, los templos se están quedando vacíos y los asuntos religiosos son objeto de un rotundo y extensivo desinterés. Esto significa que para tales personas, el bien supremo que todos deseamos y que se llama tradicionalmente Cielo está ya ahí, en su país, y que no hay nada más que esperar ni qué pedir. Pareciera que lo que antes hacía Dios ahora lo hace el dinero. En contraste, la población de los países pobres suele ser muy religiosa, al menos externamente, y cuando sufre necesidad acaba siempre por acordarse de Dios.
Los humanos tenemos vocación por la felicidad, pero por una felicidad realmente perfecta, eterna y segura; sin embargo, no es en este mundo donde se puede encontrar tal tesoro. Ni el hombre rico, ni el que está rodeado de familiares o amigos, ni el consagrado a Dios, ni el sabio ni el ignorante está exento de sufrimientos, penurias y dolores. Nadie escapa de su propia fragilidad, de la miseria de la condición humana, del miedo ni de la muerte. Si la felicidad perfecta es inconseguible en este mundo, sólo nos quedan dos opciones: o nos conformamos con sucedáneos, o la buscamos en otra parte, en otra vida. Aquí entra entonces la esperanza cristiana. La fe católica nos asegura que, tras la resurrección, los bienaventurados vivirán con Dios una eternidad en la que todo será felicidad perfecta, en la que no habrá más muerte, injusticia, sufrimiento ni lágrimas. Pero aquí sucede un fenómeno curioso: esa felicidad perfecta, como no existe en este mundo, no es concebible ni expresable con las palabras del mundo. La Biblia lo proclama con esta formidable pero misteriosa frase, cargada de incertidumbre, pero también de esperanza: «Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a pensamiento de hombre, lo que Dios tiene preparado para los que le aman (1 Cor 2, 9)».
Como no podemos siquiera imaginar el gozo que nos espera, es fácil que la gente pierda la paciencia por saber, y entonces caiga en la ya mencionada tentación de conformarse con los placeres de este mundo, o que intente figurarse la bienaventuranza futura a través de imágenes o representaciones que nunca podrán hacerle justicia a la verdadera vida eterna. De los problemas que pueden acarrear tales figuras hablaremos la próxima semana. Por ahora, concluyamos diciendo que la riqueza aparta a los hombres de Dios -y de su prójimo-, que demasiada prosperidad hace que los hombres olviden la felicidad completa que el Señor nos ha prometido y que, por todo esto, bien vale la pena que nuestro México siempre permanezca en ese umbral de pobreza que nos permita, todavía, fincar nuestras esperanzas en Dios y en la vida eterna.

EL OBSERVADOR 264-7

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IDENTIDAD (V y última parte)
Santa María de Guadalupe, núcleo fundamental de nuestra cultura.
Pbro. Prisciliano Hernández Ch., O.R.C.

La casita sagrada posee dimensiones cósmicas y universales: no puede ser sólo la construcción de una ermita. La visión icónica y plástica de los mexicas los lleva a entender algo más: la protología evangélica, una nueva nación, que implica todo. Si existe templo, existe nación.
El ambiente bíblico que se respira en el acontecimiento del Tepeyac no es adorno. Afirmarlo sería minimizar el acontecimiento del Tepeyac y el plan de Dios e ignorar la condescendencia divina (synkatábasis). Por tanto, la petición del templo en el Tepeyac, amén de su interpretación densa en clave indígena, la tenemos que hacer en clave teológica y, por tanto, en su perspectiva histórico-salvífica: por la Santísima Virgen y por la Iglesia, jerarquía y laicos, la humanidad puede ser edificada Templo de Dios-Casita de Dios en la totalidad del fenómeno humano.         

4. El Evangelio en clave mexica

“... en nuestra historia, la Virgen María se ha presentado como “la Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive.....” (Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, n.429).
“ Asumimos con valentía la misión que Él (Cristo) nos da...” (Ibídem, n. 434)
Santa María de Guadalupe se presenta como la Madre de Dios, de ese Dios con los atributos o aspecto que en su cosmovisión monista le daban a Ometeotl , la divinidad dual o la plenitud del uno divino en dos.
Ella, por beneplácito de Dios, es en el tiempo su Madre. Su misión será darlo en su mirada y lo presencializa en su imagen: por eso lo propio sería decir mariofanía teofánica.
Las fuerzas cósmicas, o aspectos de Dios en los diversos cielos —del uno al trece—, que sostienen una oposicionalidad creadora, pues si Dios es dual, así sus manifestaciones: así lo entienden pues su lenguaje es biléxico, así su visión es dialéctica. Desde el icono de Guadalupe entienden no más la guerra, aunque tuviera un carácter litúrgico-sagrado. En Santa María de Guadalupe la luz-noche, sol-luna, estrellas-flores se encuentran armonizados en una síntesis superior que los lleva a una nueva era: amanecer de paz, de contemplación, de vida religiosa, social y cultural.
El Tepeyac será el lugar de la manifestación sobrenatural. Ahí donde fuera la cuna mítica de los antiguos mexicanos, donde daban culto a la Tonatzin y observaban el nacer-caminar del sol los 365 días y los 366 del año bisiesto, ahí será la cuna de su fe inculturada. Será el centro, María y su santuario, donde todos convivan en uno. El Tepeyac es cerro-templo inacabado que habrá de construirse con la colaboración de todos.
Los signos teológicos que certifican los mensajes de Dios, como son el signo histórico o la profecía, el signo cósmico o el milagro, el signo testimonial o el amor, aparecen de modo eminente en la Pascua de Cristo; era necesario que el Mesías padeciera para así entrar en su gloria... Él mismo es la profecía, Él mismo es el milagro, Él mismo es el sino testimonial: «amaos como yo os he amado».
En el Tepeyac, María es el Signo-Mujer-Icono (Comparar génesis 3,15; Is 7,10-17; Mt 1,23; Lc 1,31-35; Ap. 12, 1 y ss). En el Apocalipsis aparecerá como la gran señal de Dios. No existe, amén de la pascua de Cristo, signo de signos, otro signo o señal tan grande que nos evoque la intervención salvífica y escatológica de Dios: el icono de la Mujer o la Mujer Icono, vestida del sol y con la luna bajo sus pies y a punto de dar a luz. Mujer que es Santa María, la proto-Iglesia y el icono de la Iglesia y la Iglesia misma, en superposición de símbolos.
En el Tepeyac así aparece, como icono viviente, la Mujer signo. Además se presencializa Icono en el ayate de Juan Dieguito. Las palabras y las acciones de Santa María de Guadalupe se densifican y se conservan en el amoxtli- códice del Dador de la vida, del Dios Tlacuilo-pintor: “Tu alma está viva en la pintura.... tu alma se ocultó, yo aquí de fijo habré de vivir, allí morarás alma mía...” (Cántico de Francisco Placido o el Pregón del Atabal.)
Las flores y los cantos que vienen del cielo y aparecen en la tierra árida y triste de un pueblo que ha perdido su identidad, su razón de ser y su misión. Ellos son la prueba inculturada. Ya no son los mexicas los que van a Dios a través de las flores y los cantos; es Dios quien se acerca a ellos para certificar su presencia entendible desde sus categorías. Más aún, las flores y los cantos permanecen en el icono santo: María es la flor y ese canto donde mora la Sabiduría, Luz, Jesucristo.
Juan Diego, y todo aquel que se encuentre con Jesucristo a través de Santa María, por elección y mandato de la siempre Virgen, Flor y Canto de Dios, llega a tener el corazón enyoteotl-endiosado; por eso su pensamiento, palabra, aliento, acción, lo llevan a comprometerse, a asumir el compromiso de poner a Dios en todo —endiosar— las cosas: será el tlamatini-evangelizador, que con Santa María de Guadalupe cambiará el rostro-corazón, in ixtle in yolotl, hará personas, a indígenas y españoles para desarrollar la personalidad humano y cristiana.
Cada uno y todos en uno habrán de ser con Santa María, Casa de la luz, casa del amor, icono vivo del amor de Dios. ¿Seremos...?

EL OBSERVADOR 264-8

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Vivir para servir
Juan Pedro Oriol
Servir a los demás no es fácil. Hoy la palabra “servicio” aparece también en las campañas publicitarias de políticos de diferentes cortes y de todo tipo de empresas.
Pero sabemos que son pocos los que sirven con el único fin de ayudar. El servicio se ha convertido en algo interesado, en algo que ofrezco a cambio de un beneficio. Las empresas otorgan servicios rápidos y eficientes con el fin de conseguir más clientes. Los políticos proponen ejercer sus funciones con espíritu de servicio pero, en el fondo, notamos que hay algo más detrás de sus palabras.
Y no es que esté mal todo esto. Cualquier servicio es siempre positivo y valioso. Lo que ocurre es que cada vez son menos los que viven con el fin de servir. Servir ayudando, servir preparándose lo mejor posible de cara al futuro, servir renunciando a lo que no tengo por qué renunciar para beneficiar a alguien, servir compartiendo el fruto del sudor de mi frente; servir porque sé que si no vivo para servir, no sirvo para vivir. Tal y como suena.
En definitiva, se trata de hacer una actitud de vida: vivo para servir o prefiero vivir para que me sirvan.
Los jóvenes me dicen que, si decides servir, te ven la cara y se aprovechan de ti. Siempre les respondo que no puedo estar de acuerdo con esa manera de ver las cosas, que es verdad que hay gente que se aprovecha de las buenas intenciones de algunos pero que esa triste realidad no debe desanimarnos. José Mª. Javierre, creo que uno de los escritores cristianos más destacados de la década, dice que no hay peor actitud en un hombre que la del desaliento, y ¡vaya que si tiene razón!
Nuestra vida ha de ser una victoria. En el momento en el que empezamos a respirar en el seno materno, somos llamados a ganar. El que sirve siempre gana, aunque no lo parezca. El que vive para servir es el campeón de la vida.
Hace unos días se presentó el segundo libro de alguien que nos demuestra que vale la pena vivir para servir. El auditorio estaba a reventar de gente. Todos querían escuchar las palabras de esa mujer valiente que no para de sonreír y de sembrar esperanzas.
Beatriz es la mujer que nació hace 40 años con parálisis cerebral. En 1987 terminó la carrera de psicología y ha dedicado toda su actividad a apoyar a los discapacitados. Una infancia vivida entre terapias y quirófanos le hizo llegar a la juventud con la incomparable y difícil sabiduría del sacrificio. Comprendió que su experiencia podía ser muy útil a los demás y no dudó en aportar lo mejor de sí misma para apoyar a los niños discapacitados y a sus familias.
Ella sabe que el proceso de su enfermedad es degenerativo. Los médicos lo han confirmado aunque no pueden determinar con exactitud los tiempos del proceso. A Beatriz no le importa. Está convencida de que donde no pueda llegar con sus piernas, lo hará con su corazón. Afirma que no le preocupa perder la fuerza física pero que no dejará nunca de incrementar su fuerza moral y espiritual.
Beatriz nació para dar, para darse. Dar apoyo, estímulos, consejos, fortaleza. Darse por amor: un amor sin medida a Dios y a los demás.
Momentos antes de la presentación del libro Vivir para servir, yo estaba con unos jóvenes enfermos de sida. Uno de ellos está en fase terminal: ya no le queda fuerza física ni para sostener un vaso de agua, pero lo que más le duele es que no encuentra la fuerza espiritual para quitarse de la cabeza la idea del suicidio. Le dije que me acompañara a conocer a Bety, pero no aceptó. Le da mucha vergüenza estar en público porque ya está calvo, escuálido y no puede controlar su cuerpo y a cada rato se hace pipí en los pantalones. Le dejé el libro y cuando Hugo vio la foto de la portada donde aparece Beatriz con su sonrisa noble y abierta, me dijo: “¡Qué pena que no haya más gente como ella! Dile que rece por mí”.
        Hugo tiene razón. Hace mucha falta esa gente maravillosa que quiere ayudar. Y todo sería diferente y mejor.

EL OBSERVADOR 264-9

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PINCELADAS
Alivio en el camino
Justo López Melús *

La ciudad estaba coronada por un castillo donde vivía el joven rey Reinaldo y su anciano padre. Abajo, el río y un bosque, y más allá, el país enemigo. Un día vinieron a atacar la ciudad con numeroso ejército. La asediaron. Se acababan los alimentos. Reinaldo escogió a doce bravos caballeros, bajaron por la noche, sorprendieron a los enemigos y los alejaron. Buscaron a Reinaldo. Lo encontraron atravesado por una lanza. «Se ha sacrificado por nosotros», decían. El viejo rey los recibió y les dio un recuerdo de su hijo, que les alentaría en sus peligros.
Un buen catequista decía a sus niños: «El relato de Reinaldo es la historia de Jesucristo. Estamos asediados por el demonio y sus huestes. Pero Jesús eligió doce apóstoles y con ellos venció al demonio, aunque a Él le costó la vida. Se sacrificó por nosotros. Nosotros somos recibidos en la Casa de Dios, y allí recibimos el mejor recuerdo, la Eucaristía, que nos servirá de alivio en el camino, en todos los peligros».

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

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