El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

6 de Agosto de 2000 No. 265

SUMARIO

bullet «Todo lo que es frenético pronto pasará»
bulletCOLUMNA HUÉSPED Laicismo: intolerancia por definición
bulletEL RINCON DEL PAPA Hacia el encuentro con Cristo
bulletLa moral en la prevención del SIDA 
bullet¿Estás listo? Mañana inicia la «Semana sin Tele»
bulletPERDER POR DEFAULT Las imágenes del Cielo
bulletLos anuncios comerciales no tienen por qué herir los sentimientos religiosos
bulletCallar para escuchar a Dios : Guillermo José de Chaminade
bulletLa niña que no quería morir
bulletINTIMIDADES -LOS JOVENES NOS CUENTAN- La felicidad
bulletPINCELADAS Atolondrados y despiertos

Sumario Inicio
¿COMO DESCUBRIRA A DIOS UNA SOCIEDAD TECNOLOGICA Y SUPERFICIAL?
El Papa cita a Rilke: «Todo lo que es frenético pronto pasará»

* «Para encontrarse con el misterio hace falta paciencia, purificación interior, silencio, espera», afirma el obispo de Roma.

* La segunda actitud necesaria «es el estupor, la maravilla», añade.

        ¿Cómo descubrir el misterio de Dios en una sociedad tecnológica y con frecuencia superficial? Juan Pablo II responde en dos palabras: es necesario aprender a «esperar» y aprender a «maravillarse». Hace dos mil años «Dios Padre cruzó el umbral de su trascendencia: mediante su Hijo Jesucristo se ha echado a las calles del hombre y su Espíritu de vida y de amor ha penetrado en el corazón de sus criaturas». Desde entonces, «Dios se nos hace cercano, sobre todo cuando nuestro rostro está triste; entonces, al calor de su palabra, como sucede a los discípulos de Emaús, nuestro corazón comienza a arder en el pecho».
        Ante todo, explicó el pontífice a 20 mil peregrinos reunidos en la audiencia general del miércoles 26 de julio próximo pasado, es necesario saber esperar, o, como dice Jesús en el Evangelio: estar atentos, es decir, lo opuesto a la distracción que es, por desgracia, nuestra condición casi habitual, en especial en una sociedad frenética y superficial como la contemporánea. Y la espera debe ser paciente: «Para que crezca una espiga o se abra una flor hay tiempos que no se pueden forzar: para el nacimiento de una criatura humana hacen falta nueve meses; para escribir un libro o componer música hay que dedicar con frecuencia años de paciente investigación», señaló, e ilustró esta ley del espíritu citando unos versos de Rainer Maria Rilke (1875-1926): «Todo lo que es frenético pronto pasará». Es decir, «para encontrarse con el misterio hace falta paciencia, purificación interior, silencio, espera».
        En la espera se requiere estar atentos, velar y vigilar. Este último «es el verbo del centinela que tiene que estar alerta, mientras espera pacientemente el paso del tiempo nocturno para ver surgir en el horizonte la luz del alba. El profeta Isaías representa de manera intensa y vivaz esta larga espera introduciendo un diálogo entre los dos centinelas, que se convierte en un símbolo de la utilización adecuada del tiempo: 'Centinela, ¿cuánto le queda a la noche?'. El centinela responde: 'llega la mañana y después la noche. Si ustedes quieren preguntar, ¡conviértanse, vengan!' (Is 21, 11-12)».
        La segunda actitud espiritual necesaria para descubrir a Dios «es el estupor, la maravilla. Es necesario abrir los ojos para admirar a Dios, que se esconde y al mismo tiempo se muestra en las cosas, y que nos introduce en los espacios del misterio. La cultura tecnológica y la excesiva inmersión en las realidades materiales nos impiden con frecuencia percibir el rostro escondido de las cosas. En realidad, para quien sabe leer con profundidad, cada cosa, cada acontecimiento, trae un mensaje que, en último análisis, lleva a Dios. Los signos que revelan la presencia de Dios son, por tanto, múltiples. Pero para que no se nos escapen tenemos que ser puros y sencillos como los niños, capaces de admirar, sorprendernos, maravillarnos, encantarnos con los gestos divinos de amor y cercanía para con nosotros».

EL OBSERVADOR 265-1

Sumario Inicio
COLUMNA HUÉSPED
Laicismo: intolerancia por definición
Porfirio Miranda/PROCESO
Como su primera letra es alfa privativa, ateísmo significa prescindir de Dios. Es simple objetividad, entonces, hacer constar que en México hay cuatro cosmovisiones: la atea, la judía, la protestante y la católica (el escepticismo y el positivismo prescinden de Dios y, por tanto, son ateísmo). ¿Con qué derecho se impone en la educación pública la cosmovisión atea y se prohiíben las otras tres?
Se trata de una dictadura en el sector educativo. Para la asamblea constituyente de 1917 no hubo elecciones populares. Fueron los generales los que impusieron el artículo tercero y, por cierto, contra la voluntad de Carranza, como puede verse en Juan Barragán: Historia del Ejército Constitucional. Ignoran supinamente los hechos esos demagogos que dicen que el laicismo es parte de la democracia. Los países europeos en cuyas escuelas públicas hay educación religiosa son modelos mundiales de democracia. En México la «dictadura perfecta» escogió entre las cosmovisiones existentes una, la de su preferencia, y se la impuso al pueblo de México sin consultarlo. Esa intolerancia absoluta y sarracena se ha mantenido a base de sofismas y con la complicidad de los intelectuales, complicidad que es la característica de la dictadura perfecta.
Hay una pregunta que debería intrigar a cualquier pensador sereno: ¿Qué daño les causa a los ateos que los niños judíos reciban educación judía, los niños protestantes educación protestante y los niños católicos educación católica? ¿Qué daño se les sigue de eso a los ateos? Ni vale replicar que ellos no se oponen a que eso se haga en escuelas privadas, pues equivale a decir que solamente los paterfamilias ricos pueden ejercer el derecho, consignado en la Declaración Universal y suscrito por México, el derecho, digo, de escoger qué tipo de educación se les debe dar a sus hijos.
Es una pregunta verdaderamente intrigadora, la repito: ¿Qué daño se le sigue a los ateos del hecho de que haya educación religiosa? Pero si no se les sigue ningún daño, la única explicación posible de su intolerancia sarracena es lo que el Vaticano llama odium religionis. El ateísmo siempre es militante y agresivo, nunca se contenta con profesar sus propias convicciones y dejar que los demás habitantes del país sigan las suyas propias. Es el típico resentimiento y rencor de quienes se saben en minoría casi total. Sólo mediante un gran golpe de mano y dictadura permanente pueden imponerle al pueblo una educación atea; ésa es su venganza contra la mayoría.
Pero los resultados están a la vista: criminalidad rampante y vandalismo desatado. Ninguna persona reflexiva puede sostener que la conducta no tiene nada que ver con los contenidos de la educación. Pretender fundar la moral sobre bases ateas en México es absurdo por dos razones. Primera, porque ningún teórico ateo (tampoco Habermas, véase mi Racionalidad y democracia) ha logrado construir esa fundación en plan estrictamente lógico. Y segunda, porque habría que convertir en ateo al pueblo de México para después fundar sobre ese ateísmo la moral. Los tan cacareados «valores» no tienen entidad real alguna, son unas abstracciones vaporosas inventadas por Scheler a principios del siglo XX y equivalen a voluntarismo caprichoso, que es la negación misma de la moral.
Es insoportable una situación en la que un maestro que inculca ateísmo no viola la ley, pero uno que habla de Dios en clase sí está violando la ley.

EL OBSERVADOR 265-2

Sumario Inicio
EL RINCÓN DEL PAPA
Hacia el encuentro con Cristo
En la primera audiencia general de los miércoles después de sus vacaciones en los Alpes italianos, Juan Pablo II dijo que deseaba «profundizar dos actitudes fundamentales» que el ser humano asume cuando quiere encontrarse con Dios. «La primera actitud —explicó— es la de espera. En el original griego (del Evangelio) encontramos tres imperativos que jalonan esta espera: el primero es '¡Estén atentos!', literalmente: '¡Miren!': es lo contrario de la distracción que, desgraciadamente, es nuestro estado casi habitual, sobre todo en una sociedad frenética y superficial como la contemporánea. Es difícil poderse centrar en un objetivo, en un valor y seguirlo con fidelidad y coherencia».
Luego se refirió al segundo imperativo: «'¡Velen!', que en el original griego del Evangelio es equivalente a 'permanezcan insomnes'. Es fuerte la tentación de deslizarse en el sueño, envueltos en las enredaderas de la noche tenebrosa, que en la Biblia es símbolo de culpa, de inercia, de rechazo de la luz».
El tercer imperativo, agregó, es «¡Vigilen!. Es la palabra del centinela que debe estar alerta mientras espera pacientemente el paso del tiempo nocturno para ver despuntar en el horizonte la luz del alba». Y continuó: «Las tres llamadas de Cristo: 'estén atentos, velen, vigilen', resumen con claridad la espera cristiana del encuentro con el Señor. La espera tiene que ser paciente. Para el encuentro con el Misterio hacen falta paciencia, purificación interior, silencio, espera».
Finalmente habló de la segunda actitud del ser humano respecto al encuentro con el Señor: «La del estupor, de la maravilla. Es necesario abrir los ojos para admirar a Dios que se esconde y a la vez se muestra en las cosas y que nos introduce en los espacios del misterio. En realidad, cada cosa, cada acontecimiento, para quienes saben leerlo en profundidad, lleva un mensaje que, en última instancia, conduce a Dios».

EL OBSERVADOR 265-3

Sumario Inicio
La moral en la prevención del SIDA La moral en la prevención del SIDA 
D. Pedro Pérez CárdenasD. Pedro Pérez Cárdenas
No se quiere ver que el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es una enfermedad del comportamiento. El verdadero caldo de cultivo para el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) es el de las costumbres carentes de ética que se han ido adueñando de sociedades, pues los valores humanos y familiares se han deteriorado progresivamente.
Según los últimos datos facilitados por ONUSIDA para 1999, 34 millones 300 mil personas viven actualmente con el virus del SIDA, y unos 18 millones han muerto desde que comenzó la epidemia.
La región de África subsahariana es la más afectada del mundo por la pandemia, y en ella una generación, la que tiene ahora entre 30 y 40 años, probablemente desaparecerá causando graves consecuencias sociales y dejando a millones de huérfanos. En algunos países del continente africano, como Botsuana, la mitad de los adultos que viven en las grandes ciudades está infectada con el virus del sida, y en Sudáfrica en los últimos 10 años el porcentaje de infectados ha pasado del 1 al 20% de la población.
En los países desarrollados también  hay muchos enfermos. En Estados Unidos se estima que son dos millones doscientos mil personas portadoras del VIH. En Brasil son 700 mil, en Ucrania  200 mil, en Rusia 360 mil , en Tailandia alrededor de 3 millones, y en la India 10 millones. La mancha del SIDA sigue extendiéndose como el aceite.
La pregunta que ahora debemos hacernos es si la sociedad, si los individuos estamos dispuestos a luchar contra las causas del SIDA, o bien, no importa que se sigan sacrificando millones de vidas humanas en holocausto ante la diosa libertad. Parece que la sociedad no quiere ponerse orden a sí misma. El agua amenaza con inundar la vivienda de la sociedad pero, en aras de una falsa libertad, parece que no queremos poner verdaderos remedios a los puntos debilitados en la construcción social. Y, mientras tanto, en lo que el agua de la inundación sube de nivel, las tareas que se realizan son  las que no causen dolor.
Pero el sentido común y la moralidad que Cristo nos enseñó, viene a salvarnos. La moral sexual, tan pisoteada en estas últimas décadas, y los valores familiares, como el de la fidelidad conyugal, se presentan de nuevo ante nosotros y parece que las piedras de las tablas de la Ley hablaran y nos dicen : «Tontos, es por su bien, salud y felicidad».

La inmoralidad de los condones en la lucha contra el SIDA

Existe un continua discrepancia entre la bondad o no de las campañas contra el SIDA en las que se promocionan los condones. Son casi 20 años de epidemia y de machaconas campañas las que nos han demostrado la ineficacia de tales campañas. Muchas razones, análisis y estudios tenemos para  demostrar la ineficacia, la inutilidad, la indignidad, la inseguridad y lo contraproducentes que son tales campañas y métodos.
Juan Pablo II, en la Conferencia Internacional sobre el SIDA, que se celebró en el Vaticano en noviembre de 1989, dijo: «Es moralmente ilícito propugnar una prevención del SIDA basada en medios y recursos que violan el sentido auténtico de la sexualidad y que son un mero paliativo para un malestar profundo en el que está en juego la responsabilidad de los individuos y de la sociedad. Y la recta razón no puede admitir que la fragilidad humana, en vez de ser motivo para empeñarse más, se traduzca en pretexto para una cesión que abra la vía a la degradación moral».
La Iglesia católica, en un comentario titulado «Prevención del SIDA, aspectos de la ética cristiana», señaló que «buscar la solución al problema del contagio promoviendo el uso de preservativos, significa tomar un rumbo que no sólo no es muy eficaz desde el punto de vista técnico, sino también, y sobre todo, es inaceptable desde el punto de vista moral». Y agrega: «La proposición de que una sexualidad de esta manera es segura, ignora las causas reales del problema, como es la permisividad, que en la esfera corroe la fibra moral de la gente. La única manera efectiva de prevención es en un 95% de los casos, abstenerse de la práctica sexual fuera del matrimonio y del consumo de drogas».
Éticamente el preservativo separa los dos significados del acto conyugal (unitivo y procreativo) y es, por tanto, siempre intrínsecamente inmoral. La moral cristiana manda la continencia que consiste en frenar, moderar y usar rectamente esa fuerza vital que es la sexualidad. A esto se llama castidad. Los jóvenes están obligados a la castidad para llegar íntegros al matrimonio, y los casados deben guardar la castidad conyugal que consiste fundamentalmente en ser fieles. En cuanto al uso de los condones para evitar las enfermedades, las autoridades deben informar que no protegen totalmente; existe siempre el riesgo de infección. Los preservativos son un gran negocio, llenan de dinero los bolsillos de quienes producen a costa de la inmoralidad de la población a la que inducen al libertinaje. La Iglesia no está, ni estará nunca en favor de los llamados  «preservativos».

La Iglesia, pionera en la atención de los enfermos de SIDA

Se acusa a la Iglesia de retrasada porque rechaza las campañas que, para prevenir el SIDA y otras enfermedades venéreas, promueven el uso del condón como defensa segura. La Iglesia nunca aceptará el uso del condón ni fuera ni dentro del matrimonio. En principio, no deben darse las relaciones sexuales extra o pre-matrimoniales (se rechaza con esto la promiscuidad, la prostitución, el homosexualismo y no sólo el uso del condón). No se permite a los esposos el uso del condón porque se impide la entrega total de dos personas que deben amarse y se va en contra de los fines del matrimonio, ya que éste debe estar abierto a la vida.
La Iglesia ha sido pionera en la asistencia a los enfermos de SIDA. No sólo hay catorce documentos del Papa sobre la enfermedad, sino que son famosos los hospitales para enfermos de sida que fundó la madre Teresa de Calcuta, los de los hermanos de San Juan de Dios y de muchas casas diocesanas que desempeñan las mismas tareas en Europa, en India o en África.

Lo correcto es la solución

Las personas que ajustan su conducta sexual a las enseñanzas de la Iglesia sobre abstinencia antes del matrimonio o fidelidad a la pareja tienen una protección natural contra el SIDA y no necesitan para nada del condón.
La vía eficaz de prevención consiste en un esfuerzo educativo para proponer unos criterios sanos de conducta sexual. La Iglesia católica defiende una concepción del sexo basada en el dominio de sí, la responsabilidad y el respeto del otro. Se trata también de una prevención coherente. Pues no se puede pretender que los jóvenes descubran una visión de la sexualidad basada sobre el amor y la responsabilidad, y al mismo tiempo repartir condones en los colegios.


Los culpables de la epidemia
Si el SIDA se ha extendido y ha hecho tantos estragos es por culpa de:
* La promiscuidad sexual.
* La homosexualidad.
* El empleo de drogas (se comparten jeringas).
* El uso del preservativo, porque el VIH es más pequeño que los poros del material con que está elaborado el condón y fácilmente lo atraviesa.
* Los gobiernos, que promueven el uso el condón y, por tanto, el libertinaje sexual.
* Las compañías fabricantes de condones, un negocio muy lucrativo que también le ha vendido a la sociedad la mentira del «sexo seguro».


Mañosos ataques contra la Iglesia
Algunas personas, preocupadas por la extensión del SIDA, opinan que la Iglesia debería reconsiderar su condena del uso del condón, como si muchas personas hubieran tenido esta norma moral en mente cuando se contagiaban del SIDA. Pero afirmaciones de este tipo circulan por los medios de comunicación alegremente, sin que prácticamente nadie se atreva a desenmascarar la insidia y la sinrazón que se esconde.
Si analizamos el SIDA en Africa, debemos pensar que la influencia de la Iglesia católica se circunscribe al 15.6% de la población total. ¿Alguien se atrevería a afirmar que la epidemia del SIDA está azotando en mayor medida a la población católica que a la musulmana o a la animista? Es más, las autoridades sanitarias de las Naciones Unidas están ocultando a la opinión pública diversas estadísticas en las que se demuestra que la comunidad católica sufre en menor medida la plaga del SIDA. Es lógico que la predicación moral católica en favor de la monogamia y de la castidad tenga sus efectos positivos, en medio de unos ambientes de promiscuidad generalizada.
En el caso de los católicos alejados de la práctica religiosa y de la vivencia de sus principios morales, ¿cabe suponer que quien es infiel a su mujer vaya a respetar la norma moral católica contraria al condón, y que pueda llegar a contaminarse por mantenerse fiel a sus principios religiosos? Esa hipótesis es absurda. Evidentemente, quien no tiene escrúpulo alguno en ir con una prostituta, ni se planteará la cuestión de la moralidad del condón. Por tanto, acusar a la Iglesia católica de la extensión del SIDA es algo absurdo; y más bien, es una maniobra para negarse a reconocer una realidad bien contraria: sin la moral católica la sociedad sería más promiscua y, en consecuencia, el SIDA estaría mucho más extendido.

EL OBSERVADOR 265-4

Sumario Inicio
¿Estás listo?
Mañana inicia la «Semana sin Tele»
Un mexicano común llega a su casa, saluda y, si no lo ha hecho antes ya nadie, enciende el televisor. No es que quiera ver nada en particular. A menudo ni le presta atención. Es, simplemente, una voz que está ahí.
Pero la tele es mucho más que un simple ruido de fondo en nuestras vidas. Tiene el extraño poder de hacerle sentir a uno realmente en casa. Su poder, llegan a decir algunos investigadores, se asemeja a la hipnosis: la atención queda fija en un punto luminoso; los demás, lo que está alrededor, no cuenta, se vuelve borroso.
Para aprender a usar correctamente la televisión hace falta liberarnos de ella, dejar de ser sus humildes esclavos. Por eso el semanario EL OBSERVADOR propone por segunda vez su «Semana sin Tele», un ejercicio que nos ayudará a tomar el control sobre nuestras vidas y sobre nuestro tiempo.
Desde mañana, lunes 7 de agosto, y hasta el domingo 13, tú y tu familia dense unas «vacaciones de televisión» manteniéndolo apagado.
Compartan con nosotros y nuestros lectores las peripecias de esta singular experiencia, que serán publicadas en esta página.
¿Están todos listos?
Pero si apago la tele... ¿qué hago?
• Leer un libro
• Sacar a pasear al perro
• Plantar un arbolito
• Ir a la plaza
• Comenzar un diario personal
• Llamar a un amigo
• Escuchar música
• Cantar
• Hacer deporte
• Elaborar un álbum de fotos
• Contar cuentos
• Jugar ajedrez u otro juego de mesa
• Aprender a tocar guitarra
• Ir a un concierto
• Hacer un día de campo
• Escuchar la radio
• Nadar
• Mirar a los pájaros
• Poner en orden la recámara
• Cortar el pasto
• Ir al zoológico
• Dibujar
• Salir a caminar
• Visitar un asilo de ancianos
• Jugar con los hijos
• Bailar
• Elaborar galletas
• Subir un cerro
• Hojear revistas
• Visitar a familiares o amigos
• Meditar
• Platicar
• Pintar la casa
• Regar las plantas
• Bañar al gato
• Elaborar manualidades
• Escribir una carta a un diputado
• Hacer una fiesta
• Descansar.


Doce ideas geniales para liberarte de la tele
1.- Lleva el televisor a un lugar menos importante de la casa. Esto ayuda a que la decisión de prenderlo sea más libre.
2.- Nunca permitas que haya un televisor en la habitación de tu hijo, pues esto distancia al niño de la vida de familia, no le deja dormir bien y no permite controlar los programas que ve.
3.- No prendas el televisor durante las comidas. Es un tiempo excelente para el diálogo.
4.- Pon claros límites al tiempo para mirar TV, por ejemplo, media hora o una hora al día. Expresa las normas en forma positiva; no digas «no puedes prender la tele» sino «puedes tanto por día».
5.- Evita utilizar la TV como niñera. Mejor que los niños participen en las tareas del hogar. Dales la oportunidad de sentir que ayudan.
6.- Fija ciertos días de la semana como días sin tele y haz noches de concursos.
7.- No utilices la TV como instrumento de premio o castigo. Esto aumentaría más su poder.
8.- Escucha tu música favorita o la radio en lugar de utilizar la tele como sonido de fondo.
9.- Cancela tu canal de cable. Utiliza el ahorro para comprar juegos o libros.
10.- No te asustes si tu hijo protesta: «Estoy aburrido». El aburrimiento despierta la creatividad.
11.- No permitas que la TV desplace lo importante: el diálogo, la creatividad, la lectura y la diversión.
12.- Considera la posibilidad de mirar mucha menos tele. Cuando te liberes, serás el dueño, el verdadero dueño de tu tiempo.

EL OBSERVADOR 265-5

Sumario Inicio
PERDER POR DEFAULT
Las imágenes del Cielo
Diego García Bayardo

        El uso de la imaginación aplicada a las verdades ultraterrenas es, desde siempre, uno de los puntos fuertes de la religión católica. Nadie como nosotros ha desarrollado una iconografía religiosa tan rica, una literatura piadosa tan llena de figuras, metáforas y demás creaturas del ingenio literario que educan en la fe y que fortalecen nuestra esperanza. Ninguna de las bellas artes ha escapado del poderoso influjo creador del catolicismo, y las artes menores y artesanías, que son vivo reflejo del alma popular, han estado siempre colmadas de ese sentido y modo católico de pensar y de vivir. Sólo los ortodoxos podrían competir con nosotros en iconografía, mas no en lo que a literatura y pensamiento se refiere. Los protestantes, pobres novatos en eso de la reflexión religiosa, no llegan a conformar una tradición literaria y oral comparable a la católica, y su visión autodesconfiada, temerosa y casi paranoica de las imágenes iconográficas les ha privado por completo de todo recurso tangible para la piedad, de toda consolación artística visual.
        Escapando siglo tras siglo de la furia iconoclasta, de oriente primero y de occidente después, los católicos hemos desarrollado una cantidad impresionante de representaciones, figuras, símbolos y cristalizaciones varias de la fe por la imaginación, de la imaginación a la fe. Su riqueza y su arrebatadora estética ha contribuido a difundir y a conservar la doctrina católica a lo largo de la historia, por lo que su valor instrumental, que sólo es uno de los muchos que posee, es completamente incuestionable. Sin embargo, para el indocto existe cierto peligro de confundir la realidad con su imagen, el representado con su representación, la metáfora con su significado. En tales casos, la imagen pierde su valor como guía o estímulo del pensamiento y se convierte en una impostura que confunde y aleja a los hombres de la verdad de la que tal imagen era sólo reflejo, heraldo e impronta.
        Decíamos la semana pasada que el Cielo cristiano es tan sublime que nadie tiene evidencia cierta de las maravillas que contiene. En un intento por hacer asequible ese Cielo al entendimiento humano, los hagiógrafos, poetas y artistas han creado figuraciones literarias, imágenes y complejos simbólicos que representan de la mejor manera posible esas verdades de fe que no veremos cara a cara sino hasta después de nuestra muerte. Esto no está nada mal, pero ha ocurrido muchas veces que tales figuras son tomadas literalmente por el pueblo y, en lugar de ser estímulos de piedad, se convierten en obstáculos que hacen pensar que lo celestial es casi igual a lo terrenal, que quizá el Cielo no vale la pena. Ejemplo. Varios libros de la Biblia representan la vida eterna como una corte real en la que el Señor está sentado en su trono rodeado por los ángeles y los justos, quienes lo aclaman eternamente. La figura es muy buena, ciertamente, pero sólo mientras uno no pierda de vista que ésta es sólo una representación y que la realidad será algo mucho mejor. Si no, el lector podrá decir: «¿El Cielo es estar nada más parado todo el tiempo, rece y rece? ¡Qué aburrido!». O ahí tiene usted esos ángeles regordetes y cachetones de la iconografía clásica, que dan la impresión de ser todos unos bobos y que a muchos católicos, más despistados que inocentes, les han hecho creer que dichos seres tienen cuerpo, alitas y demás aditamentos que, por supuesto, un espíritu puro no puede tener.
        Las figuras relativas a las verdades de fe no deben ser eliminadas, pero se debe aclarar su sentido a los fieles e incluso deben ser actualizadas, pues algunos estereotipos arcaicos sobre Dios, el Cielo, el Infierno o el diablo más bien nos confunden e inducen al error. Esta actualización debe evitar excesos y estridencias modernistas, como la de cierto sacerdote que hace poco, en una Misa que ofició en la colonia Reforma Agraria de la ciudad de Querétaro, comparó el amor de Dios con un asunto escatológico tan repugnante que es imposible repetirlo aquí; baste decir que su metáfora, su humorada de letrina, fue blasfema y desacertada en grado sumo.
        Imaginemos, fantaseemos con piedad sobre cómo será estar en la presencia del Señor de todas las cosas, en la corte del Amor Perfecto; pero no olvidemos nunca que ninguna figuración nuestra podrá retratar, siquiera pobremente, ese inimaginable mundo de maravillas que «Dios tiene preparado para los que le aman».

EL OBSERVADOR 265-6

Sumario Inicio
Los anuncios comerciales no tienen por qué herir los sentimientos religiosos
Un anuncio comercial que salió publicado en Argentina en la revista Viva, que pertenece al diario Clarín, queriendo promocionar un producto de las empresas Depilight, mostraba a una mujer en ropa interior crucificada sobre una máquina de afeitar. «La imitación de nuestro Señor en la cruz era inequívoca y constituía un agravio blasfemo al símbolo más sagrado del cristianismo», denunciaron entonces los publicistas católicos.
Escándalo mucho más famoso fue el de la firma Renault, que, para dar a conocer su automóvil modelo Clío, manipuló no sólo varios pasajes de las Sagradas Escrituras, sino la imagen de Jesucristo en sus spots publicitarios en televisión. Los personajes que aparecían en las escenas podían identificarse fácilmente con Lázaro y con María Magdalena, entre otros. Y las protestas que entonces surgieron en varios países —principalmente en Francia— por tales anuncios, en los que Dios mismo era utilizado con fines comerciales, consiguieron que las transmisiones fueran retiradas del aire.
El problema es que la burda y confusa mezcla de lo sagrado y lo mercantil se sucede una y otra vez. No sólo se hacen alusiones directas a Dios, sino que se recurre con harta frecuencia a la ridiculización de los miembros de la vida consagrada, hombres o mujeres.
De todo esto habla la Fundación «Argentina del Mañana», que agrupa a los publicistas católicos de aquel país y que ha hecho una severa advertencia en el ámbito publicitario al constatar la gran cantidad de anuncios comerciales que se transmiten en televisión o que se publican en la prensa y que hieren los sentimientos religiosos de las personas.
La Fundación se ha dedicado a hacer eco de la reacción de los católicos, y de los cristianos en general, ante la burla de los publicistas. Para ello también se ha valido del envío de notas de protesta tanto a la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad como a la Cámara Argentina de Anunciantes. Ambas entidades apoyaron el reclamo de la Fundación, y la firma Depilight, a través de su director, Daniel Scalona, en contestación al reclamo de dicha entidad sostuvo que «nunca estuvo en nuestro espíritu herir la fe de las personas y mucho menos ofender ni burlar ningún símbolo religioso».
Después de esta experiencia, es de esperar que los publicistas argentinos actúen con más respeto y sentido común. Pero, ¿qué pasará en las demás naciones?

EL OBSERVADOR 265-7

Sumario Inicio
Callar para escuchar a Dios Callar para escuchar a Dios :
Guillermo José de Chaminade

        El calendario del Gran Jubileo 2000 marca beatificaciones para el domingo 3 del próximo septiembre. Ese día serán beatificados Juan XXIII, Pío IX, Tomás Reggio, Columba Marmion y Guillermo José de Chaminade, fundador, este último, de la Compañía de María y de las Hijas de María Inmaculada. Los seguidores de Chaminade sustentan estos principios:
        Los integrantes de la Familia Marianista nos esforzamos en dar testimonio del Evangelio con nuestra vida y con nuestro servicio. Una vida y un servicio caracterizados por la sencillez, el diálogo, el discernimiento y la formación para la misión. En alianza con María, trabajamos juntos con fe y esperanza por la justicia, la dignidad y la libertad de las personas. Para transformar el mundo en Reino de Dios, la Familia Marianista, como parte de la Iglesia, colabora en la tarea de formar personas y comunidades de fe, abierta a una pluralidad de medios y de lugares.
        La vida de este próximo beato está marcada por el esfuerzo y por sus convicciones misioneras y marianas. Nació en Périgueux, Francia, en 1761. Pronto tuvo clara su vocación sacerdotal e ingresó, en 1771, en el seminario menor de Mussidan. Catorce años más tarde se ordenaba sacerdote. Inició así un camino de sacrificio, pobreza y confianza en el Señor, y concibió sus planes de iniciar una nueva familia religiosa. Pasó la mayor parte de su vida en Burdeos, pero la revolución francesa le obligó a ejercer su ministerio de forma clandestina, a veces disfrazado, bajo la amenaza de la guillotina.
        Durante años se vio obligado a exiliarse en España. Vivió en zaragoza y recibió de la Virgen del Pilar las últimas gotas de ilusión para comenzar su proyecto: renovar la fe en su país. Estaba convencido de que María ocupaba un lugar esencial para llegar a Dios. Por ello la eligió como mediadora para las nuevas comunidades que él mismo fundó. Cuando llegó de su exilio se volvió a instalar en Burdeos, y se dedicó a reformar las bases de la antigua congregación mariana. Decía: Dios habla al corazón del que se calla para escucharle.
        Fue un hombre excepcional: siempre rodeado de jóvenes, sabía hablarles, entusiasmarles, y contaba con ellos para la creación de su familia misionera. Se formó a conciencia durante toda su vida. Su biblioteca era excepcional para la época, pues tenía más de 800 volúmenes. Se doctoró en teología, escribía, daba conferencias, ofrecía retiros... Una curación inexplicable desde el punto de vista de la ciencia, ocurrida en Argentina y atribuida a su intercesión, permitió que la Congregación de los Santos presentase al Papa la petición de que sea declarado beato.

EL OBSERVADOR 265-8

Sumario Inicio
La niña que no quería morir
— Argelia tiene 15 años y se está muriendo. Por favor, ve al hospital de enfermedades respiratorias y acompáñala en el proceso de muerte.
Las palabras sonaron como cuchillos filosos que me desgarraban de terror. ¿Cómo me voy a enfrentar a la muerte, a esa muerte? Pero, ¿cómo me podía negar a una petición hecha por la superiora de las religiosas de la madre Teresa de Calcuta en México?
Pasillos que dan a jardines que, aunque de vivos verdes, parecen sombríos y tristes. Y es que la muerte ronda siempre por ahí.
Menudita, de intenso moreno oaxaqueño, enormes y hermosos ojos negros, la chiquilla se veía aún más niña en medio de la cama de hospital, sábana blanca, bata blanca… frente al túnel negro de la muerte. ¡No hay salida! Es irreversible. La pequeña morirá pronto. El diagnóstico: tuberculosis. ¡Y eso sólo hace apenas unos años!
La voz casi infantil, quebradiza, en pausas; no sé si es el dolor físico, la agonía cercana, o la nostalgia de lo que nunca pudo ser.
— ¿Por qué yo? — musita— ¿Por qué ahora que ahí encontré la verdadera felicidad?
Ahí es el hogar que la madre Teresa abrió en México a finales de los años 70. Ahí es la casa en donde se recibe a los más pobres de los pobres. Ahí es donde la pobreza física, la miseria extrema nos grita sobre nuestra indiferencia y apatía. Ahí es donde, a pesar de todo el dolor humano lacerante, el hogar Paz y Alegría hace honor a su nombre porque se respira paz, porque la alegría profunda y el amor de sus religiosas hacen que el sufrimiento adquiera otra dimensión.
— ¿Por qué yo? —repite una y otra vez Argelia, en cada visita que hago. El gesto de dolor la acompaña siempre.
— Mi cabeza —dice— por favor, sóbala —. Esfuerzo inútil. El fin se acerca y el dolor aumenta.
Pero no puede faltar la historia, el recuerdo de aquello que fue y, también, de lo que nunca pudo ser.
Una señora de dinero la trajo de un pueblo de Oaxaca para trabajar en su casa como sirvienta. Los días largos, las jornadas desde la mañana hasta la noche: lavar la ropa, planchar, los trastes, sacudir, barrer, limpiar, servir… El trato impersonal, la objetivación, el uso, la indiferencia, la segregación… La habitación oscura, lejana; la soledad, enorme. Una soledad adolescente… casi niña.
Y de pronto, la tos, el dolor, el cansancio, la urgencia de llevarla al hospital. Radiografías. Soledad que agobia a los 15 años. Enfermeras que vienen y van; médicos que auscultan. ¿A quién preguntar? ¿Qué decir? ¿Qué tengo?
Nadie, nuevamente nadie. El miedo de la “patrona” —¿será miedo? ¡No sé! — que no regresa, que se niega a responsabilizarse, a ayudar, a verla siquiera. Simplemente proporciona el nombre del pueblo del que hace cuatro años la trajo y el que cree es el nombre del papá al que nunca más contactó para informar de la niña. Y al que ahora es imposible encontrar para que siquiera se despida de su hija.
— ¿Por qué yo? —Y nuevamente el recuerdo:— Me gustaba la escuela, pero no había para comprar cuaderno y lápiz, así que mandaron a mi hermano mayor y yo me quedé en casa. ¡Como soy mujer!
Nuevamente el pasado que fue gestando la muerte: alimentación de pobre, higiene de pobre, vida de pobre, sexo: ¡mujer!…
— ¿Por qué yo? A los 15 años todas las niñas están pensando en su fiesta y yo,… yo me voy a morir y no quiero morirme…
El dolor se agudiza; la serenidad se acerca. Hablamos de Dios, del amor del Padre, del verdadero hogar que espera. ¡No te olvides de mí, Argelia, verás cómo ahora sí y para siempre serás inmensamente feliz!
No pude estar a su lado cuando murió. Lo hubiera querido. Me arrepiento profundamente. El trajín me impidió llegar el jueves. El plan lo tenía para el sábado. ¡No podía dejar mi trabajo! ¡Fue más importante mi responsabilidad laboral que acompañar a una pequeña niña oaxaqueña en el momento final! Sí, me arrepiento profundamente.
Gracias a Dios, una colaboradora de la madre Teresa estuvo ahí. Aunque Argelia no lo necesitaba. Tengo la certeza de que los ángeles la acompañaron a su gran fiesta de recibimiento.
Ahora, cada vez que voy a unos quince años, todos me preguntan: ¿Por qué lloras? Y yo sólo respondo que de felicidad. ¿Verdad, Argelia?
(Guadalupe Chávez Villafaña)


EL OBSERVADOR 265-9

Sumario Inicio
INTIMIDADES -LOS JOVENES NOS CUENTAN-
La felicidad
Yusi Cervantes Leyzaola
        Yo no quiero ser simplemente un licenciado o identificarme con siglas como si fuera un partido político, tampoco quiero destacar, ser alguien distinguido, poseedor de dinero, fama y fortuna. Yo sólo quiero ser feliz. ¿O es que acaso no venimos a este mundo a eso, a ser felices? Felicidad... esa palabra que a todos nos gusta y hacemos mucho o poco por alcanzarla. Pero cuando la tenemos en las manos sólo nos dura segundos u horas. Y luego se nos va para volverla a ver Dios sabe cuando. Y es entonces cuando lo único que nos queda es ese recuerdo, como una fotografía, todos los días en el alma. Cuando pensamos en ese momento sonreímos con nostalgia o con amargura al saber que ha pasado mucho tiempo sin uno de esos instantes. Es entonces cuando decimos: «¡Qué infeliz soy! Toda mi vida ha sido triste y siempre será así». Entonces buscamos algo que nos haga olvidar la triste realidad de nuestras vidas. Para eso existen un millón de cosas: las drogas, el alcohol, el sexo... Algunos escapan en la discoteca. En lo personal, yo me refugio en el cine. En todo caso, todos nos evadimos a nuestro modo.
        Tienes razón: hemos sido creados para ser felices. Pero la felicidad no la podemos alcanzar por sí misma. Dices: quiero ser feliz. Y está bien, eso está impreso en tu naturaleza humana, en tu vocación. Pero tus energías, tus esfuerzos no deben enfocarse en buscar la felicidad, sino en vivir plenamente de acuerdo con quien eres, con el ser humano único, irrepetible y maravilloso que tú eres.
        Decía Viktor Frankl que la felicidad es consecuencia de dos cosas fundamentales: realizar el sentido de nuestra vida y amar. No te preguntes por la felicidad. Pregúntate por el sentido de tu vida, ese sentido que se encuentra confrontando la realidad con tus cualidades y tu vocación. ¿Qué es lo que la humanidad -aunque sea representada en una sola persona- necesita de ti? ¿Cuál es esa aportación que sólo tú puedes dar?
        No te preguntes por la felicidad. Arriésgate a amar. Hace poco leí un cuento que habla de un muchacho que descubrió que en lugar de lamentarse por la falta de amor necesitaba amar. Dios es amor y nosotros estamos hechos a su imagen y semejanza. Por tanto, al amar estamos viviendo de acuerdo con nuestra esencia, con nuestra vocación más profunda: la felicidad viene naturalmente como consecuencia.
        La felicidad no es euforia, placer o diversión, como bien expresas. La felicidad consiste en estar vivos, plenamente vivos, y esto es una experiencia interna. La felicidad no se encuentra en el exterior. No depende de personas ni de acontecimientos. Tampoco está en función de que logremos nuestras metas (por ejemplo, dinero, fama y fortuna, como mencionas). No depende de que cambiemos de empleo, nos mudemos de casa o nos casemos con cierta persona.
        No hagas que tu felicidad dependa de que los demás te digan esto o aquello, de que te traten de cierta manera, de que te den lo que quieres... No te apegues a nada ni a nadie (el auténtico amor nada tiene que ver con el apego), ni siquiera a tus sentimientos negativos. Se libre; ejerce tu libertad.
        La felicidad está en ti, impresa en tu naturaleza. Pero ese mensaje cristalino de felicidad se va enturbiando a lo largo de la vida por nuestras experiencias negativas, especialmente por el miedo. Esto explica el por qué los momentos de felicidad nos parecen fugaces. Esto es, si no somos conscientes de nuestra felicidad, esos momentos que por instantes nos la muestran nos parecen ajenos a nosotros.
        Es importante saber que nadie puede hacernos felices ni hacemos felices a los otros. Nadie puede cargar con esa responsabilidad por los demás. Lo que hacemos realmente es compartir nuestra felicidad y crear ambientes donde la felicidad pueda manifestarse.
        La felicidad está en ti porque Dios te ama y habita en tu corazón. Se manifiesta cada vez que eres tú plenamente, cuando estás en contacto con quien realmente eres, con tu naturaleza verdadera. Es decir, cuando tienes un sentido para tu vida y amas verdaderamente.


EL OBSERVADOR 265-10

Sumario Inicio
PINCELADAS
Atolondrados y despiertos

Justo López Melús *

        Hay personas atolondradas y personas con fino espíritu de observación. Personas que miran, pero no ven, y personas que saben observar con vista aguda y penetrar al fondo de los acontecimientos. Las personas despiertas observan, comparan, contrastan, relacionan y sacan las consecuencias. Muchos descubrimientos son el fruto de una paciente observación. Pero existe también la serendipity, término anglosajón que significa el don de conseguir por casualidad descubrimientos no esperados. Ya lo decía Picasso: «Yo no busco, encuentro».
Newton vio caer una manzana de un árbol y descubrió la ley de la gravedad. Röntgen observó algo raro en una máquina fotográfica, le dio vueltas y descubrió los rayos X. Brown notó una sutil telaraña de un árbol a otro; la consecuencia fue el puente colgante. Brumel vio cómo un bicho taladraba el costado de un buque, y construyó el túnel del Támesis. Galileo contempló la campana suspendida de la catedral de Pisa, y descubrió la ley del péndulo.

*El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 265-11


 

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006