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Periodismo católico para la familia de hoy10 de Septiembre de 2000 No. 270 SUMARIO
La vida la otorga Dios, no los padres ni cualquier autoridad El obispo de Celaya, J. Humberto Velázquez Garay, dirige una comunicación a su grey y a la opinión pública sobre el asunto candente del aborto. Ofrecemos un resumen. La vida la comprendemos como cosa preciosa (cfr. Gn 1, 20-28). A Dios, como la fuente de la vida (cfr. Gn 2, 7). La vida no es sólo algo que disfrutamos sino que es un don y tarea a la vez. Toda vida es valiosa. Repudiamos la práctica romana de la antigüedad, que en algunos casos se quiere retomar, del pater familias, pensando que tenemos el derecho a decidir la vida o la muerte de un ser humano. Ante estas situaciones, el magisterio de la Iglesia es claro: «Todo ser humano, incluido el niño en el seno materno, posee el derecho a la vida. Este derecho se lo concede Dios, y está inscrito en su misma persona; dicho derecho no lo otorgan los padres ni cualquier autoridad». Estamos ante el conflicto: «vale más mi vida (la de la madre) que la tuya (la del niño)». Debemos establecer una cultura de la vida contra todo egoísmo, si es que queremos luchar contra el aborto. Tenemos que superar el «es mejor que yo viva antes que ayudar al otro a que viva». Recordemos que al rendirle cuantas a nuestro Señor por nuestros actos se nos pedirán cuentas del amor hacia el prójimo. Lo que nos interesa no es sólo abstenernos de hacer el mal, sino hacer el bien. El problema hay que verlo desde la raíz: - La cultura de la muerte no tiene en cuenta la dignidad de la persona humana. Exalta mi libertad o gusto personal en perjuicio de los demás. Se cierra ante las críticas, argumentando que «en su vida puede hacer lo que le venga en gana». - Reprobamos el aborto en todas sus manifestaciones. Decimos sí a la vida en todos sus momentos, desde la concepción hasta la muerte. Éste es nuestro principio clave y seremos firmes en él, pero misericordiosos en la práctica. - Hay que distinguir: el verdadero agresor de la mujer violada es el hombre que comete ese acto aberrante y no el niño. Es el violador quien debe ser castigado con todo rigor. La impunidad del violador debería desaparecer totalmente. - Debe oírse la voz de las mujeres violadas. No podemos hacernos los indiferentes ante la situación de la violación. Sería terrible si nos levantáramos implacables con una doctrina condenatoria y no con el amor liberador de Dios. Muchas de las mujeres que abortan no son del todo conscientes de lo que hacen. ¿Tenemos la capacidad y la infraestructura para ayudar a las mujeres que son violadas? ¿O nos contentaremos con mandarlas al infierno de la cárcel, aunando a su pena una mayor y más insoportable? - Debemos ofrecer al niño amenazado con el aborto una posibilidad de ser acogido en adopción, es decir, una posibilidad de ser tratado con cariño y escapar al injusto rechazo del ambiente hostil. - Los médicos y personal sanitario deben ser conscientes de que, ante todo, su deber es proteger la vida y no destruirla. - Despenalizar ¿no es sinónimo de promover o alentar? Tenemos que decir un rotundo sí a la vida. La tolerancia civil no puede justificar legal ni moralmente lo que en sí es objetivamente malo; pero, si consideramos el aborto por lo que es, una experiencia sumamente desagradable, dramática y jamás placentera, se nos hace cínico que, en situaciones extremas, además del sufrimiento y de la angustia, la mujer que aborte deba también soportar la carga de un castigo penal. Llegar a despenalizar el aborto en caso extremos significaría legitimación ética. - Estamos por que se prohíba el aborto, incluso que se penalice, pero que el juez tenga en cuenta las circunstancias eximentes y atenuantes que lo han originado. - Despenalizar los abortos no es la única manera de evitar los clandestinos. No podemos rebajarnos a darles a todos «igualdad para matar». En cierto que la gente con dinero tiene más facilidad de hacer el mal, como comprar droga o contratar un asesino a sueldo. ¿Acaso la ley debe darnos las mismas oportunidades para que todos tengamos acceso a la venganza, el homicidio, el chantaje, etc.? Somos conscientes de la distinción entre lo moral y lo legal. La ley no puede prohibir todo lo malo sino sólo aquello que daña gravemente al bien común. Pero ¿puede la ley dejar impune un asesinato? En las mujeres que han sufrido la terrible experiencia de la violación reconocemos a Cristo Jesús, Siervo de Dolores y Maestro Bueno; en ella no vemos a un enemigo a vencer. EL OBSERVADOR 270-1
Una historia sencilla Basada en un hecho de la vida real, la historia aborda, sin rebuscamientos de ninguna especie, el viaje de casi diez semanas que emprende Alvin Straight, granjero casi inválido de 73 años de edad, en una podadora de jardín John Deere, desde Iowa hasta Wisconsin, para pedirle perdón a su hermano Lyle, con quien no se hablaba hacía 10 años. Se trataba de poner en escena la necesidad de la reconciliación entre los hombres, entre hermanos separados por la vanidad y la soberbia. Alvin es avisado por su sobrina que Lyle ha sufrido un ataque, y hace el viaje en el único medio que posee: una máquina de podar el césped. Lo hace en ella para purificarse, para tener el tiempo suficiente de madurar el perdón que quiere construir. En el trayecto se encuentra con diversos personajes a los que va convirtiendo hacia la bondad. Una joven embarazada que quiere huír de su familia y a la que Alvin le recuerda que la familia es el calor humano más importante a defender; otro viejo como él, heredero de las trincheras de la segunda guerra mundial, a quien recuerda que el alcohol y el remordimiento sólo generan derrumbes y egoísmo; un grupo de jóvenes al que le hace patente el valor de la experiencia y de «saber qué es lo que falta y qué es lo que sobra» de las cosas... Sin otra historia paralela, nos encontramos ante la necesidad urgente y poderosa del perdón y la reconciliación. Los miles de jóvenes que se confesaron durante el Jubileo consagrado a ellos, en Roma, atestiguan ese anhelo que David Lynch propone como idea central de su Historia sencilla: que restablecer la pureza es el acto más encaminado a la salvación que podemos emprender los hombres. Una historia cercana, de rectitud, de la belleza íntima que surge al encuentro con el otro. No es necesario más ni menos: la raíz del perdón es el amor. Perdonar significa asumir el perdón nuestro a las ofensas de los otros, y asumir el perdón magnífico de Dios. La película de David Lynch tiene ese rarísimo ingrediente en el cine contemporáneo: hablar del amor entre hermanos como debe hacerse: como el vínculo primero que nos une a la vida. (J. S. C.) EL OBSERVADOR 270-2
Una urgente llamada a la conversión Los textos de la Escritura, dijo el Papa, nos muestran numerosos pasajes en los que Dios busca con perseverancia y amor al hombre «rebelde que se aleja de su mirada. Dios avanza por los caminos tortuosos de los pecadores a través de su Hijo, Jesucristo, que al irrumpir en la historia se presenta como 'el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo'». «Al realizar la metanoia, la conversión, el hombre retorna, como el hijo pródigo, al abrazo del Padre, que nunca lo ha olvidado ni abandonado», añadió el Papa. Y señaló que en el Calvario se da «un extremado acto de perdón y de esperanza, donado al malhechor, que realiza su propia metanoia cuando llega al límite último entre la vida y la muerte». «De este modo observó el Pontífice, la misión terrena de Cristo, iniciada con el llamado a convertirse para entrar en el Reino de Dios, se concluye con una conversión y la entrada de una persona en su Reino». El Pontífice puso de relieve que los apóstoles también empezaron su misión «con una urgente llamada a la conversión», a iniciar una nueva vida en Dios. Y concluyó afirmando que «todos los pecadores tienen siempre abierta una puerta de esperanza». EL OBSERVADOR 270-3
Juan Pedro Oriol Gritan que los otros son unos extremistas, pero ellos se niegan a moverse un milímetro más allá del extremo en el que se sitúan, defendiendo, dicen, los derechos de la mujer. Los que están a favor de la ampliación de la ley del aborto en México tienen todo el derecho de manifestarlo, pero ¿por qué esa acidez, esa saña, ese malquerer con los que se atreven a cuestionarlos y no pueden en conciencia aceptar sus propuestas? ¿Por qué esa intención de ridiculizar y de reírse de quienes quieren tomarse en serio el valor de la vida? Se hacen pasar de liberales, de modernos y de criterio amplio, pero que a nadie se le ocurra contradecirles, que nadie intente proponerles otro enfoque, que nadie se salga de los límites de su criterio porque de inmediato se vuelven contra uno, sin medir agresiones ni descréditos. ¿Por qué? ¿Por qué este ataque continuo en los medios hacia quienes quieren defender el derecho a la vida de los niños que todavía están en el vientre de sus madres? ¿Por qué ridiculizar y menospreciar de una manera tan agresiva a quienes aman a los niños y luchan por sus derechos? ¿Por qué no escuchar sus razones sin etiquetarlos de inmediato? ¿Por qué no conceder la atención y el respeto que merecen los que buscan hacer el bien en la sociedad? El tema del aborto vuelve a encontrarse en el ojo del huracán en los medios. No se trata de imponer una forma de pensar a la fuerza; tampoco de crear una guerra de argumentos en la que tiene que haber vencedores y vencidos. No es cuestión de un debate de ideas entre maneras diferentes de concebir la existencia. Lo que está en juego es algo mucho más importante. Hay que ir a lo esencial de la cuestión. La discusión no debe quedarse en las circunstancias. Aunque éstas no pueden desconsiderarse. Todo es importante: la situación de la mujer violada, la posible malformación del feto, el riesgo en la salud de la madre o la situación económica desfavorable de la familia. Pero no es lo esencial. La esencia está en saber y luego en ponernos de acuerdo sobre cuándo hay una vida humana, cuándo el feto es un hombre o una mujer con toda su dignidad y sus derechos, aunque todavía necesite la protección del seno materno. En el momento en que se da una nueva vida de un ser humano no se puede seguir discutiendo. Esa vida hay que defenderla y hay que cuidarla, y, por más que las circunstancias sean adversas, no se puede ni se podrá nunca legitimar acción alguna en contra de un ser humano que es inocente. Me impresiona que los verdaderos expertos en el tema, tanto científicos como filósofos, son los más abiertos y dispuestos a seguir investigando para llegar a la verdad. Son los que menos tratan de imponer sus posturas y los que escuchan con más atención las aportaciones de quienes no quieren tener la razón, pero sí se dedican con esfuerzo a la investigación que lleva a la verdad. Como Ramón Lucas, autor del magnífico libro que recomiendo a todos: El hombre, espíritu encarnado. Cuidado con los que, bajo la bandera de los derechos de la mujer, no tienen compasión de nadie, a veces ni de la mujer misma. Cuidado con los que quieren tomar decisiones basadas sólo en las apariencias y en las circunstancias. ¿Qué habrían hecho con el niño que se encontraba en el vientre de una madre con tuberculosis, embarazada de un hombre enfermo de asma, que había perdido a su tercer hijo en el momento del parto y había dado a luz a un cuarto hijo que nació tuberculoso? ¿No habrían tratado de interrumpir el embarazo? ¿No habrían legitimado ese aborto? Y habrían matado nada más y nada menos que a Beethoven, el músico más grande de la historia. Busquemos y defendamos la verdad. Escuchemos a los que la buscan y la defienden. No nos dejemos engañar por nadie que trate de imponernos algo que pueda ir en contra de la dignidad del hombre y de la mujer. Seamos libres, y no olvidemos que sólo en la verdad puede haber libertad. EL OBSERVADOR 270-4
Naciones Unidas: ¿todas las religiones en una?
Para llevar a cabo su plan, se ha valido de «Iniciativa Unida de las Religiones», organización activa en 58 naciones y en 33 estados de los EstadosUnidos, fundada en 1995 por el obispo episcopaliano reverendo William E. Swing. Los documentos de ellos afirman que se trata de una «comunidad global» dedicada a promover la cooperación entre las diversas religiones, la creación de una cultura de paz y justicia y la curación (healing) de laTierra y todos los seres vivos. Se trata más que nada de un intento por crear una religión mundial. Ya en 1995 el reverendo Swing declaró que el mundo se estaba moviendo hacia la unidad en cuanto a la economía y los medios de comunicación, y que lo que hacía falta era «un alma global», para lo cual haría falta prohibir el prosilitismo religioso. La Iglesia católica y los Bautistas del Sur de Estados Unidos no han querido participar en la iniciativa del reverendo Swing. Con otras religiones, como el budismo y las creencias orientales, el problema ha sido el de encontrar un líder o portavoz que pueda hablar por todos. En muchos casos están divididos en pequeños grupos y no pueden ponerse de acuerdo. Por lo tanto, como explicó el director ejecutivo del proyecto, el reverendo Charles Gibbs, han optado por una organización muy descentralizada, donde no se trata de imponer una burocracia, sino de que se promueva la diversidad entre los grupos. Como consecuencia, la unidad básica de la organización son «Círculos de Cooperación», que consisten en siete o más personas de una mezcla de religiones o grupos espirituales. Una vez formado el círculo, comienzan un proyecto local que promueve principios como la paz, la protección del medio ambiente, la tolerancia y la justicia. Todas estas actividades son coordinadas al nivel internacional por un Consejo Global de 41 personas. Los miembros del Consejo son 24 personas elegidas de ocho regiones. Después hay una docena de consejeros permanentes y, por último, cinco puestos ocupados por el reverendo Swing y los miembros del consejo de su grupo. La organización cuenta con un presupuesto anual de un millón 800 mil dólares que provienen de donativos individuales, incluida una fuerte suma de una persona de «Silicon Valley» que prefiere permanecer en el anonimato. En el sitio web de la «Iniciativa Unida de las Religiones» comunican que uno de los principales proyectos para este año es la campaña para conseguir firmas de la Carta Global de la iniciativa. De mayo a diciembre de este año está abierta la posibilidad de que comunidades locales puedan firmar este documento y así adherirse a la nueva organización. Es interesante estudiar el texto mismo de la Carta Global de la organización. En el preámbulo declaran que respetan la diversidad de las tradiciones religiosas y espirituales y las diferencias en las prácticas religiosas y las creencias. Además, se comprometen a promover la cooperación y poner fin a la violencia. No sólo se declaran a favor de la paz y la justicia, sino que también «nos unimos para sanar y proteger la Tierra». Además quieren usar la sabiduría de sus creencias para ayudar a afrontar los retos económicos, ambientales, políticos y sociales de la «comunidad de la Tierra». Posteriormente vienen 21 principios que guían la actividad de la organización. En los primeros se afirma la tolerancia de las diferencias entre los grupos y prometen escuchar a los demás y promover la paz y la ayuda mutua. Otros principios hablan de la cooperación con los esfuerzos que ya existen de lograr la unión entre las diversas religiones. En cuanto a la organización interna del grupo, los principios explican que las decisiones serán tomadas a diversos niveles y según métodos que respeten la diversidad de los intereses. Por lo tanto se promete que no habrá dominio por parte de algunos. El organismo Iniciativa Unida por las Religiones (URI) es un grupo que condena la noción tradicional de evangelización cristiana y que busca constituirse en el brazo espiritual de la ONU. De hecho, desde hace muchos años la New Age ha entrado hasta la médula del organismo internacional, pues Naciones Unidas proporciona en sus propias instalaciones el servicio de gurús para que los representantes de los Estados miembros puedan meditar y ser «iluminados» antes de tomar decisiones. La URI se manifiesta contra las religiones 'dogmáticas', como promotoras del 'fundamentalismo', y se ha manifestado asimismo a favor del aborto, de la libertad sexual de los adolescentes, de la legalización de las uniones homosexuales y en contra del crecimiento 'insostenible' (no-sustentable) de la población. Por si esto fuera poco, según la propia gaceta de Naciones Unidas, llamada Noticias de la ONU, el organismo busca un nuevo código ético que, sobre la base del sincretismo New Age, pueda servir de fundamento espiritual al nuevo orden mundial. EL OBSERVADOR 270-5
Juan Orellana Estrenada en Estados Unidos en Semana Santa, la cinta El hombre que hacía milagros apenas está siendo estrenada este mes en Europa. El papa Juan Pablo II pidió verla acompañado de cardenales y del equipo de la película. Quedó entusiasmado. Cuando llegue a México, si es que llega, no se la pierda. Los tiempos que corren no son proclives a darnos películas dirigidas a un público cristiano. Es muy fácil encontrar numerosos estrenos para consumo y disfrute del autodenominado colectivo gay; es casi imposible rescatar un título al año orientado a alimentar o enriquecer la conciencia cristiana. Por eso, que se estrene un film sobre la vida de Cristo, alejado de cualquier intención polémica, es una novedad que reclama a priori toda nuestra atención. Y si, una vez vista, descubrimos que se trata de una estupenda película, la novedad se convierte en excepcionalidad. Excepcionalidad por la que cabe estar muy agradecidos. Hablamos de un título: El hombre que hacía milagros. Se trata de una vida de Jesucristo contada, con muñecos de látex, animados fotograma a fotograma, por el sistema conocido como Stop Motion. Se han invertido cinco años en su preproducción y rodaje, financiados por la productora de Mel Gibson, Icon Films. Con una estética de Belén viviente, es una película muy distinta de todas las Vidas de Jesús que hasta hoy se han realizado en cine. En primer lugar, porque la figura de Cristo, siendo fiel a los evangelios, está lejos de la imagen empastelada e irreal de otras versiones que conocemos. En segundo lugar, porque esa naturalidad de Jesús se corresponde con la naturalidad de los otros personajes, entre los que destacamos a Pedro, a la hija de Jairo y a Judas. En algunos momentos el texto es libre, pero muy acertado (muy católico, diríamos), y cuando es fiel a la letra de las Escrituras, traspira una cierta novedad nada solemne o hierática. El hombre que hacía milagros es apropiada para niños y mayores. Para niños, por lo fascinante de la animación, la expresividad de los rostros y la recreación de los escenarios. Para los mayores, por la presentación persuasiva del acontecimiento cristiano, y por la riqueza del punto de vista adoptado por el film. Obviamente el argumento es selectivo en sus pasajes; por ejemplo, se echa de menos un desarrollo mayor de la figura de la Virgen o de otros personajes; pero las escenas escogidas captan lo esencial de las mismas y no distorsionan la verdad del Evangelio. La película alterna las imágenes reales de los muñecos de látex con dibujos tradicionales, que son utilizados para narrar recuerdos, parábolas o para explicar elipsis temporales. La historia comienza con la enfermedad de la hija de Jairo muchacha cuya presencia recorrerá significativamente toda la película y termina con las apariciones de Cristo resucitado a sus amigos. Aunque la vea en el cine, cuando salga en vídeo intente adquirirla ya que no sabemos cuándo nos volverán a ofrecer una película cristiana. (ACEPRENSA) EL OBSERVADOR 270-6
Seguimos perdiendo por default Diego García Bayardo Ciertamente la opinión católica tiene pocos medios por los cuales hacerse pública, mientras los sirvientes del colonialismo ideológico yanqui y los pregoneros del socialismo burgués mexicano cuentan con recursos aparentemente inagotables, son los dueños de los medios de comunicación más influyentes y tienen de su parte a la «intelectualidad» nacional, que sigue creyendo que se necesita ser izquierdoso para tener algún encanto. Pero la gritería de los anticatólicos y anti-vida no es gratuita, tiene muchos intereses económicos detrás, y esos activistas pro-aborto que las televisoras y los periódicos tratan de hacer pasar como héroes de la libertad y la justicia no son más que empleados muy bien pagados, que se enriquecen con las generosas aportaciones que les envían del norte varias empresas transnacionales controlistas y hasta la misma ONU. En cambio, los católicos mexicanos en general son tibios, nada comprometidos y realmente poco creyentes, así que nunca intentan hacer algo para frenar el avance de los enemigos de Dios y se quedan neutrales, más preocupados por asegurar su buena imagen pública que su salvación eterna. Ahí está nuestro verdadero problema. Somos cristianos con «pero», de esos que, cuando alguien pregunta: «¿Eres católico?», nos apresuramos a decir: «Sí, pero no creas que soy de esos que hasta van a Misa...». «Sí, pero no mucho...». «Sí, pero estoy de acuerdo con el aborto». «Sí, pero...». Como si ser de Cristo fuera una vergüenza. ¿Siquiera se ha dado tiempo usted de llamar por teléfono durante los noticiarios televisivos para votar «No» cuando preguntan si estamos a favor del aborto? ¿O es que ya nos convencieron y tratamos de creer que se puede ser católico y al mismo tiempo aprobar la homosexualidad, el aborto, la blasfemia, etc? Perredistas, empresas televisivas y demás enemigos de la Iglesia se jactan de defender los derechos humanos y, sin embargo, asesinan bebés; hablan de tolerancia y luego muestran su intolerancia religiosa al promover obras supuestamente de arte que ofenden a los católicos, o al exigir que los obispos pierdan el derecho a expresar sus opiniones. Hablan de democracia y luego exigen que sólo las mujeres puedan decidir acerca del aborto, lo cual es un absurdo profundamente antidemocrático que nos regresa a la época en que sólo los hombres podían votar -el mismo sexismo, aunque manifestado a la inversa-. Ya debe darse cuenta el pueblo mexicano de que esta clase de líderes, que se dicen defensores de los derechos humanos, están practicando en realidad un despotismo que establece que ciertos individuos no tienen plenos derechos por razones de sexo («los hombres no debe opinar»), religión («los católicos no deben opinar») o edad («los no-nacidos no son personas»). ¿Cómo podemos permanecer cruzados de brazos ante semejante injusticia? ¿Cómo podemos seguir perdiendo por default? EL OBSERVADOR 270-7
Pero la inusitada extensión del paganismo británico no sólo le debe reconocimiento al personaje literario Harry Potter, que resuelve sus problemas de manera rápida y sencilla mediante sortilegios, sino también a programas televisivos como Sabrina, la bruja adolescente, que igualmente alientan el interés por la magia como si se tratara de un entretenimiento inofensivo. Según la UKPF, «los padres no deberían alarmarse por el interés de sus hijos en el paganismo y la magia, ya que el paganismo está reconocido como una religión». Y revela que la mayoría de las llamadas que recibe provienen de jóvenes mujeres, aunque el número de varones también es significativo. Gracias a los libros de Potter «los jóvenes descubrirán que el paganismo es una religión espiritual basada en la naturaleza, de la que los padres no deberían preocuparse», agrega la UKPFN. Pero los especialistas aseguran que las historias de Potter, al alentar la fascinación por lo oculto, podrían llevar a muchos jóvenes a la práctica de juegos peligrosos, de tal manera que lo que comienza como inocentes cuentos de terror pueden conducir a un grave daño psicológico y espiritual». Sin embargo, el futuro de Harry Potter parece asegurado ya que la Warner Brothers está haciendo un filme cinematográfico sobre una de sus historias: Harry Potter and the Philosopher's Stone («Harry Potter y la piedra filosofal»). Y, por si fuera poco, uno de los lugares del rodaje es nada menos que la catedral de Gloucester, lo que tiene sin cuidado a sus dueños, los anglicanos. Un grupo de evangélicos, en cambio, está dispuesto a todo con tal de defender el templo contra el sacrilegio alegando que el edificio gótico ha sido usado desde el siglo XI para el culto cristiano, y que su uso en la película sería lo mismo que contribuir a la extensión de la práctica de la hechicería entre los jóvenes. El portavoz anglicano de Gloucester, Nick Bury, salió en defensa de Harry Potter diciendo: «Son libros espléndidos. Enfatizan que la verdad es mejor que la mentira... Son libros muy buenos para los niños». EL OBSERVADOR 270-8
¿Es preferible la corrupción que ser tachados de moralistas? El tema del que les quiero comentar ya ha sido tocado con mucha autoridad por algunos de sus colaboradores, a quienes estamos muy agradecidos. Aun así siento que debería insistirse más. Otra vez les anexo copia de la carta que le mandé a otro comentarista. Los nombres originales han sido eliminados para evitar propaganda no deseada. Mis afectuosos saludos y felicidades por su labor. Mi estimado comentarista: Te escribo porque pienso que eres una persona preparada y con buena intención, a la que podrían enriquecer algunas críticas también bienintencionadas. Mi comentario es con base en la pregunta que le hiciste a un diputado panista, cuando hablaban de la penalización del aborto. El diputado te dijo que el aborto era considerado un crimen, y tú le preguntaste: «Oye, ¿qué eso no es muy católico?» Quisiera hacer algunas observaciones: 1) Efectivamente. Considerar el aborto un crimen es una posición católica. Como lo es es prohibir el asesinato, el robo, el adulterio, la mentira, la violación, la demagogia o la trata de blancas Todas estas son posturas católicas. Entre los atenienses era bien vista la homosexualidad. Entre los espartanos estaba moralmente permitido el robo, siempre y cuando no te cacharan. Para Nietzche, hacer sufrir a los demás es un signo de superioridad. Para Atila, el máximo grado de superación humana era la violación de la mujer del enemigo, y para Hitler y sus seguidores el exterminio de las «razas inferiores». Para algunas sectas protestantes, la pobreza es un castigo de Dios y la riqueza un premio, y nadie tiene obligación de ayudar a nadie. Solo la Iglesia católica ha defendido siempre valores tan «retrógradas» como el respeto a la vida, la fidelidad, la familia, la solidaridad con el más necesitado. Creo que la evolución que ha experimentado la humanidad a lo largo de la historia (bastante poca por cierto) se debe en mucho a la intervención de la moral católica. ¿Debemos eliminar de nuestro código moral todo lo que sea católico? La sociedad ya aceptó el amor libre y el adulterio. Ahora está peleando por el aborto, la eutanasia y la homosexualidad. ¿Mañana será la drogadicción (es un derecho del hombre la libertad de hacer lo que quiera con su cuerpo), el narcotráfico (es parte de la economía de libre mercado), otra vez la persecución religiosa (es para salvar al pueblo del oscurantismo), o la toma de justicia por la propia mano (costumbre ampliamente apoyada por practicamente todas las series y películas modernas)? 2) No es gramaticalmente correcto decir «muy católico». O se es católico o no se es. Lo que sucede es que en nuestros tiempos han surgido millones de protestantes que tienen la característica de no reconocerlo. Me refiero a todos los «católicos» que están muy ofendidos porque el Papa no está de acuerdo con ellos, y se ponen sus propias reglas y andan por ahí diciendo que todavía son católicos. 3) Me parece peligroso que tomes la palabra católico como algo peyorativo. Dice una colega tuya que «la separación entre Iglesia y Estado postura muy sana que, desgraciadamente, en nuestro país se convierte en antirreligiosidad es la base de nuestra Constitución». ¿Será cierto? ¿Es eso lo más importante para nuestra Constitución? ¿Es la antireligiosidad más importante que el bienestar del mexicano? ¿Tú estás de acuerdo con esa idea? En efecto, sabemos que para algunos de nuestros «héroes» era muy importante el combate a la Iglesia, y de paso a todas las cosas que la Iglesia predica. Por eso estamos como estamos en moral y en educación. ¿Te parece peligroso el catolicismo? ¿Debemos eliminar de nuestros códigos todo lo que suene a moral o a respeto con tal de no parecer católicos? Mejor nos quedamos con el PRI, que ya lo estaba haciendo. Una vez más, tu colega dice que está arrepentida de que haya ganado Fox. Algunos le tienen más miedo al catolicismo que a la dictadura. Prefieren vivir en la corrupción que en la moralidad. Afortunadamente no son la mayoría. Lo que sucede es que apesta más un muerto que mil vivos, y hacen más borlote 100 que quieren la homosexualidad y el aborto que 100,000 que no los quieren. Tengo entendido que algún presidente gringo tú sabes mucho, tú debes saber quién fue dijo alguna vez algo parecido a: «Si queremos dominar a México, primero tenemos que eliminar a la Iglesia católica». Y tenía razón. Santiago de Querétaro, Qro. EL OBSERVADOR 270-9
Se trata de Narciso Jurado Bernal y Juan Rodríguez Fuentes, dos españoles que viajaron 93 días en burro, dispuestos a cumplir una promesa y llegar a la plaza de San Pedro en el Año Santo. Juan había peregrinado a Santiago tras superar una operación de corazón en 1988. En 1995 sufrió una segunda, y fue entonces cuando hizo el voto de peregrinar a Roma. «He tenido una gracia demasiado grande confesaba y tenía que venir a Roma de un modo especial». Tras que llegaron al Vaticano y «estacionaron» sus vehículos dándole a la plaza de San Pedro un aire de antaño, cuando los peregrinos llegaban en burro a la basílica en los primeros jubileos, el papa Juan Pablo II no pudo menos que acercarse a saludarlos y darles su bendición. Los dos andaluces hablaron de su peregrinación con los jumentos: «Lo más duro ha sido tirar de ellos». EL OBSERVADOR 270-10
¿Quién corrompe a la juventud? Genaro Alamilla Arteaga Es evidente que personas y grupos de toda tendencia ideológica, política y religiosa quieren contar con una membresía juvenil numerosa, capaz y activa. Cualquier persona que quiera influir en el medio en que vive no lo logrará si no cuenta con la juventud, y cualquier organización o grupo de interés social no tendrá éxito en su empeño sin una avanzada juvenil. Hay razón para pensar que el futuro próximo y a mediano plazo está en manos de nuestra juventud. Es la esperanza de un futuro mejor. Pero recientemente el cardenal primado de México, Norberto Rivera Carrera, ha dicho no sin razón que predomina una inhumana «cultura dominante» que toca el fondo del conformismo, principalmente entre los jóvenes, quienes adoran a los ídolos «del placer, del poder, del dinero y del consumo», y que a la larga caen «en los infiernos de la droga, de la delincuencia y de la violencia». Queremos decir que el cardenal pintó el cuadro tétrico que presenta a la juventud hoy hundida en el nihilismo más desesperante por el que pierde el sentido de la dignidad humana, el sentido de familia, de patria y, consecuentemente, el sentido de la justicia, de la solidaridad y del respeto a los derechos de la persona humana, y cae, como el Cardenal lo llama, «en los infiernos». Cabe preguntarnos: ¿ésta es la juventud, esperanza de un mundo donde la paz, la justicia, la honestidad y la solidaridad, así como la fraternidad y la honestidad sean el clima social para crear un mundo mejor, en el que el hombre se realice integralmente, como lo exige su dignidad? ¿Usted qué opina? ¿Caeremos en la desesperanza? ¿Todo está perdido? El hecho de conocer la precaria situación de la juventud de hoy nos lleva a preguntarnos: ¿quién corrompe a la juventud? ¿Quién ha creado un mundo tan lleno de suciedad? ¿Quién ha creado este infierno? Y la respuesta que salta a la mente es: nosotros, los adultos, somos los que hemos creado este infierno en el que agoniza moral, espiritual y físicamente nuestra juventud. No encontramos otra respuesta objetiva. Verdaderamente que tienen la culpa los adultos que sólo miran signos de pesos, que tienen como objetivo de su vida el lucro máximo, sin importarles si los medios que emplean son al menos humanos; los adultos que forman el núcleo del capitalismo salvaje por no tener ninguna relación con lo social, sino que el ídolo del lucro máximo es su fin. No creemos exagerar, pero los centros de «diversión» para nuestros jóvenes son establecidos por empresarios adultos de los ya arriba señalados. ¿Remedio? Cambio de mentalidad de empresarios adultos. Que creen empresas, pero productivas y honestas para bien propio, de la juventud y de México. ¿Usted qué opina? EL OBSERVADOR 270-11
Cuatro dones para sentirse amado Contar con el otro.- Una persona se siente amada cuando puede decir con toda certeza, desde lo más profundo de su ser: «Puedo contar contigo». Incondicionalmente, en cualquier momento, en cualquier situación. No es necesario decirlo; es algo que se sabe y que se prueba paso a paso. Puede tratarse de una sonrisa, de tiempo, de dinero, de un hombro donde llorar. El que ama no necesita siquiera que se lo pidan: en cuanto se da cuenta está ahí, dispuesto a todo. La absoluta confianza.- Significa saber que puedo decir todo, manifestar mis conflictos, mis dudas, mis culpas, y que nada podrá alterar el amor que le otro me tiene, que me seguirá aceptando igual, pase lo que pase. Manifestar el amor.- En un ambiente de confianza y libertad interior, quien me ama manifiesta con toda naturalidad el amor por medio de gestos, de palabras, de actitudes. Lo haré pronunciando de una manera muy especial la palabra «tú», con una sonrisa, con una mirada, con la palabra justa en el momento oportuno. Con caricias, con besos, con ternura... Y, por supuesto, diciendo «te amo». (Y. C.) EL OBSERVADOR 270-12
Yo, esta persona que soy, con este cuerpo, estas ideas, esta historia, estos defectos, soy aceptado tal cual soy por ti, que me amas. Ello significa un profundo respeto por el ser humano real y concreto que es el otro. En este clima de seguridad la persona que nos ama nos da una nueva luz, una perspectiva diferente de nuestras debilidades y defectos. No es una crítica, no es juicio: es un acercamiento a nuestra verdad. Contar con el otro.- Una persona se siente amada cuando puede decir con toda certeza, desde lo más profundo de su ser: «Puedo contar contigo». Incondicionalmente, en cualquier momento, en cualquier situación. No es necesario decirlo; es algo que se sabe y que se prueba paso a paso. Puede tratarse de una sonrisa, de tiempo, de dinero, de un hombro donde llorar. El que ama no necesita siquiera que se lo pidan: en cuanto se da cuenta está ahí, dispuesto a todo. La absoluta confianza.- Significa saber que puedo decir todo, manifestar mis conflictos, mis dudas, mis culpas, y que nada podrá alterar el amor que le otro me tiene, que me seguirá aceptando igual, pase lo que pase. Manifestar el amor.- En un ambiente de confianza y libertad interior, quien me ama manifiesta con toda naturalidad el amor por medio de gestos, de palabras, de actitudes. Lo haré pronunciando de una manera muy especial la palabra «tú», con una sonrisa, con una mirada, con la palabra justa en el momento oportuno. Con caricias, con besos, con ternura... Y, por supuesto, diciendo «te amo». (Y. C.) EL OBSERVADOR 270-12
ORIENTACIÓN FAMILIAR Tengo cáncer Yusi Cervantes Leyzaola Me plantea usted un problema familiar complejo, el cual quisiera tratar más adelante, en un próximo número de EL OBSERVADOR. Por ahora, quiero enfocarme en algo que usted deja caer casi como por descuido: que le detectaron cáncer. No tengo idea de en qué parte del cuerpo se lo detectaron ni de qué tan grave sea su enfermedad, pero entiendo que debe estar asustada. No es para menos. Sé, porque yo lo viví, que un dolor profundo favorece la formación de un cáncer. Hay mil hipótesis, mil explicaciones, pero yo estoy casi segura de que todo lo que pasó en su vida tiene que ver con esta enfermedad. Y esto no significa culpar a su marido ni a nadie más. Estoy hablando simplemente de sufrimiento. Otro asunto sería saber qué tanto usted podría haber evitado ese sufrimiento o haberlo manejado de otra manera, menos perjudicial para usted. Pero hurgar en el pasado sólo tendría sentido si le ayuda en el presente a enfrentar la vida de una manera más sana. Y con esto llegamos a un punto esencial: está bien que se preocupe por sus hijos, es lógico y admirable, pero antes que nada tiene que preocuparse por usted misma. Como le digo, yo no sé qué tan grave sea su enfermedad. En estos casos, la curación depende de muchos factores: el lugar donde se encuentra el tumor, qué tan avanzado está su desarrollo, qué tipo de cáncer es, de si es operable o no... Y, por supuesto, de que reciba el tratamiento médico adecuado. Pero en todo caso es necesario que acompañe su tratamiento médico con una curación del espíritu, de la mente y del corazón. Tiene que sanar todos los resentimientos, es decir, perdonar. Tiene que dejar el pasado en el pasado y vivir el presente. Necesita transformar sus pensamientos negativos en propuestas positivas. Es absolutamente necesario que sea consciente de que es hija de Dios, una hija muy amada, y que sea feliz. Para enfrentar la enfermedad usted requiere paz interior, fe, esperanza y ánimo; no ese ánimo de quienes nos dicen con la mejor de las intenciones: «¡Ánimo, échale ganas!», sino ese otro que surge del alma. Y no estoy minimizando su dolor ni su angustia. Sé que puede ser feliz pese a la enfermedad y a los muchos problemas, porque la felicidad es una experiencia interna que deriva del saberse amada por Dios y de encontrar y cumplir su misión. Significa amar la vida y aceptar la enfermedad y la muerte. Significa amar a sus hijos y a todos sus demás seres queridos hasta las últimas consecuencias. No, la vida que tiene por delante no es fácil; pero, créame, Dios jamás le daría una prueba que no pueda superar. No se compadezca a sí misma, no asuma un papel de víctima, no pierda su dignidad y su libertad frente a la enfermedad. Y no se aísle. Si no lo tiene, busque a alguien con quien pueda hablar abiertamente de sus problemas y angustias, alguien que pueda acompañarla y apoyarla. Una amiga, una hermana tal vez... También busque el apoyo de su comunidad. Pida que hagan oración por usted. Intégrese a un grupo donde pueda encontrar ayuda espiritual y donde usted pueda dar algo a los demás. Eso le va a servir mucho. Dios nos da la vida y también marca un punto para su final. Al aceptar la vida aceptamos también la enfermedad y la muerte. Yo le aconsejo que le dé sentido a cada instante de su vida, sea corta o sea larga. No lo olvide: la mejor manera de ayudar a sus hijos es sanando interiormente. EL OBSERVADOR 270-13
PINCELADAS El sueño de la lechera Justo López Melús * Ese fallo era el sueño de la lechera. Iba feliz al mercado con el cántaro lleno de leche en la cabeza. Vendería la leche y con el dinero compraría cien huevos, de los que nacerían cien pollos, que luego vendería y compraría un cerdo. Y con el dinero del cerdo compraría una hermosa vaca y un hermoso ternero... Iba tan feliz que tropezó con una piedra y el cántaro de leche cayó en el suelo. ¡Pobre lechera! ¡Adiós leche, dinero, huevos, pollos, cerdo, vaca y ternero! La avaricia rompe el saco. * El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro. (FIN) EL OBSERVADOR 270-14
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