El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

15 de octubre de 2000 No. 275

SUMARIO

bullet La RU-486 fue aprobada en EU y pugna por entrar a México
bulletAL ALBA DEL MILENIO Respuestas no pedidas (lll)
bulletEl futuro incierto del Santo Sepulcro
bulletCARTAS DE WARWICK Hacer lo que se debe
bulletMIRADA CRÍTICA «Yo estoy bien, luego tú no existes»
bullet¿Es cierto que el Papa no quería que se publicara la Dominus Iesus?
bulletMUJERES EN EL MUNDO La mujer de hoy, tras las huellas de María
bullet Testimonio de una sanación de cáncer
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Tengo un bebé y no sé si casarme

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La RU-486 fue aprobada en EU y pugna por entrar a México
Paz Fernández Cueto
La aprobación de la píldora RU-486 en Estados Unidos hizo ruido entre grupos de diversas tendencias ante la posibilidad de introducirla en México, al tiempo que el secretario de Salud, José Antonio González Fernández, salía al quite, calificando de improcedente la discusión sobre el tema. Desde el punto de vista médico, aclaró oportunamente el director de Salud Reproductiva, el proceso de aprobación de la píldora “requiere evaluaciones sobre la producción, mecanismos de control de calidad, ensayos farmacológicos, así como pruebas clínicas realizadas en otros países, y una evaluación sobre el impacto del fármaco en la población mexicana”, cosa que no ha sucedido hasta ahora. Valdría la pena repasar desde una perspectiva global, la trayectoria de este fármaco así como su debatida polémica.
La RU-486, conocida en un principio como píldora del día siguiente, fue sintetizada en 1980 por los doctores Daniel Philbert y Georges Teutsch de la firma farmacéutica Roussel Uclaf, con el nombre de mifepristona, después de haber descubierto tras un largo proceso de investigación, la acción abortiva de este fármaco. Administrada antes de la implantación del embrión, la RU-486 impide que el endometrio experimente los cambios necesarios para acogerlo, y administrada después de su implantación, provoca su desprendimiento de la pared del útero.
Cuando se llevaron a cabo las primeras experiencias con la RU-486, se pensó que este fármaco podría servir para que las mujeres pudieran provocarse un aborto casero, en un ámbito estrictamente personal. Así, después de adquirir la píldora sin necesidad de receta médica, cualquier mujer podría administrársela en su propia casa, y tras una menstruación más o menos abundante, terminaría con el embarazo no deseado. De esta forma el aborto a través de la RU-486 podría convertirse en el más sencillo y eficaz método de planificación familiar. De acuerdo con esta finalidad, el concepto más adecuado para su introducción en el mercado era el de un “regulador de la menstruación”, pretendiendo que la palabra aborto desapareciera del entorno de la RU-486, y con ello toda la carga ética negativa que va unida a esta palabra. Sin embargo, al confirmarse los efectos secundarios que tenía la mifepristona, obligó a utilizar esta píldora bajo vigilancia médica y en medios hospitalarios. Las complicaciones varían desde hemorragias leves hasta accidentes cardiovasculares.
El 23 de octubre de 1988 las autoridades sanitarias francesas daban el visto bueno a la comercialización de este fármaco. Después de una serie de protestas públicas al día siguiente de su aprobación, los laboratorios Roussel Uclaf la retiraron del mercado. Sin embargo seis meses después el gobierno francés, propietario del 36.25% de las acciones de esta firma farmacéutica, ordenó a los laboratorios que siguieran fabricándola, quedando al descubierto los fuertes intereses económicos que hay detrás de su distribución.
No fue sino hasta el 6 de julio de 1999 cuando se aprueba en España y otros siete países de la Unión Europea, limitando su utilización exclusivamente en hospitales y dentro de los tres supuestos de despenalización del aborto previstos en la ley. Un mes después las clínicas afirman haber generado falsas expectativas. Lo que se presentó como la solución para quitar el dramatismo al aborto, se restringe en la práctica sólo a ciertas mujeres por ser un fármaco que abunda en contradicciones.
En Alemania varios políticos se han pronunciado en contra de la RU-486, entre ellos Barbara Stamm, ministra de Sanidad de Baviera, que señala que “la introducción de la píldora abortiva contradice la obligación del Estado de proteger la vida no nacida. La RU- 486 trivializa de manera espantosa el homicidio de niños no nacidos; convierte el embarazo en una enfermedad y al hijo no nacido en un problema que hay que eliminar”. También en Alemania el presidente del Colegio de Ginecólogos, Armin Malter, ha advertido que el uso de la píldora supone un mayor peso psicológico para las mujeres, ya que éstas, al tomar directamente la píldora sin ayuda de nadie, se ven a sí mismas como autoras del aborto.
En Estados Unidos los fabricantes de la RU-486 intentaron introducirla en 1989, pero se prohibió su importación. Se intentó luego introducirla como fármaco antitumoral, pero en 1992 se le negó nuevamente el permiso. Ante las dificultades el presidente Clinton intercedió personalmente para que se autorizara su distribución en el país, y para facilitar el proceso en 1994 los laboratorios Roussel Uclaf cedieronn gratuitamente la patente al Population Council, fundación dedicada al control natal.
En el fondo las posturas no han cambiado. No se trata de un medicamento sino de un químico para acabar con la vida. El aborto precoz o tardío supone siempre la muerte del embrión, es decir de un ser humano, lo que supone un hecho grave que afecta la conciencia de las personas.

EL OBSERVADOR 275-1

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AL ALBA DEL MILENIO
Respuestas no pedidas (lll)
En el debate sobre la posibilidad de despenalizar el aborto se vale todo: desde la mentira hasta el refinamiento hipócrita, empezando con el nombre que algunos quieren ponerle: interrupción del embarazo. A la horca —como dice Julián Marías— habrá que llamarle “interrupción de la respiración”, y al asesinato, “caída del sistema vital por intromisión momentánea de elemento extraño”, o algo así. Vivimos en la era de las preguntas que no se hacen, de las respuestas enlatadas, de la inconsciencia colectiva, patrocinada por los medios de comunicación de masas que, en la carrera por ganar espectadores, no paran ni en responsabilidades ni en consecuencias perversas para la gente. Sigamos, pues, dando respuestas a preguntas “incómodas”.
1. ¿Deben los obispos mantenerse al margen de la polémica y dedicarse a guiar —como pastores— a su rebaño tan sólo en asuntos religiosos y no políticos?
R. Los obispos no pueden permanecer en silencio ante asuntos que golpean, directamente, la esencia del hombre y de la sociedad. Su silencio los haría cómplices. Antes al contrario: México debería reconocer, ya, el valioso bastión de moral que poseen los pastores católicos. Y su valentía..
2. Y los laicos, ¿nos es lícito callarnos la boca y dejar que los obispos hablen?
R. Ni los obispos ni nosotros podemos —en conciencia— mantenernos al margen. Bien mirada, nuestra labor consiste en propagar el Evangelio “desde los tejados”. Y es nuestra responsabilidad que la Verdad Revelada se conozca hasta en el último rincón de la Tierra (que puede ser nuestro barrio, nuestra comunidad, por ejemplo).
3. ¿Por qué los católicos nos empeñamos en ir al contrario de la corriente?
R. No es, desde luego, por hacernos notar, por “darnos taco”. La postura más cómoda es la que no interpela, la que se deja llevar por las aguas del río. Pero eso no es dar testimonio de la Luz: es meter la linterna en un agujero. Somos hijos de la Verdad, y herederos del Reino. Lo único que no podemos hacer es quedarnos con ese tesoro en nuestras manos. Si la Verdad “es inconveniente” para la sociedad de aquí y ahora, el problema es de la sociedad, no de la Verdad.
4. Si la sociedad se inclina, por mayoría, a defender el aborto, ¿podemos declinar en favor de ella?
R. Ni debemos ni podemos. Las normas obtenidas por consenso son parte de nuestra vida política, no de nuestra conciencia. En caso de que se viniera una ley, democráticamente obtenida, a favor del aborto, tenemos el voto en nuestras manos para configurar un sistema político diferente. En caso de que éste persista, tenemos la Verdad para seguirla defendiendo y nuestra conciencia para oponernos a tamaño despropósito.
5. ¿Y si llegamos a ser una minoría quienes defendemos la vida?
R. Aun así no tenemos derecho a callar la Verdad. Y nadie tiene derecho a callarnos. Si queda uno que hable conforme la Verdad, a ése se le tiene que respetar. Aplastar su voz porque los demás opinan conforme al mundo (y no conforme la Verdad) es tan injusto como si esa sola persona pretendiera imponerse al resto. Es decir: no es el criterio numérico (ojo a los timoratos) el que determina la conciencia, sino el criterio de Verdad, limpiamente buscado y rectamente encontrado.
(J.S.C.)

EL OBSERVADOR 275-2

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El futuro incierto del Santo Sepulcro
El profesor de arqueología medieval Martin Biddle, escritor del libro La tumba de Jesús, advierte del peligro de derrumbe que enfrenta el Santo Sepulcro si los cristianos no se ponen de una vez de acuerdo en su administración.

EL OBSERVADOR 275-2

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El futuro incierto del Santo Sepulcro
El profesor de arqueología medieval Martin Biddle, escritor del libro La tumba de Jesús, advierte del peligro de derrumbe que enfrenta el Santo Sepulcro si los cristianos no se ponen de una vez de acuerdo en su administración.

Sagrada para millones de fieles católicos, ortodoxos y protestantes, la tumba de Jesús es el lugar por excelencia para las peregrinaciones de los cristianos en Jerusalén. No sólo Cristo fue sepultado ahí, sino, sobre todo, aquel lugar fue testigo de su resurrección gloriosa, del cumplimiento total de las promesas de salvación. Ahí la historia se hizo nueva.
Martin Biddle, uno de los arqueólogos más famosos del mundo, ha dedicado años intensos de estudio al Santo Sepulcro; pero hoy advierte de la terrible condición arquitectónica que padece. «Un caballero del Santo Sepulcro, Freeman-Grenville, que es también un conocido estudioso inglés, se dio cuenta de que la construcción en torno a la tumba de Cristo estaba en pésimas condiciones, casi a punto de derrumbarse, y que el proceso de restauración debía iniciarse lo más brevemente posible. Animado por la comunidad de los frailes franciscanos que tienen la custodia del Santo Sepulcro, se puso a buscar arqueólogos que pudieran documentar cuidadosamente tanto el estado actual de la edificación y de la tumba como su historia. Pensó que yo y mi mujer, Birthe, éramos las personas idóneas para este trabajo porque hemos dirigido otros tres estudios arqueológicos de tumbas, la del obispo de Winchester, San Swithun, la de San Wystan en Repton, y la de San Albano en Saint Albans», cuenta Biddle.
Los estudios necesarios para la restauración se iniciaron en 1989, no así la restauración misma. ¿La razón? Conflictos entre las tres comunidades religiosas a las que se les ha confiado este lugar.

Los lugares santos, divididos

Los santos lugares, es decir, aquellos en donde ocurrieron acontecimientos extraordinarios y definitivos de la historia de la salvación, son de todos y no son de nadie. Sin embargo, alguien tiene que administrarlos, y ponerse de acuerdo en este sentido no ha sido nada fácil. Y es que aquí no sólo entran los cristianos (católicos, ortodoxos y protestantes), sino también los musulmanes, que reconocen al único Dios verdadero aunque a Jesucristo lo tienen sólo como un gran profeta, y, por último, los judíos, que, aunque niegan al Mesías, no pueden desentenderse de la ciudad del rey David (Belén) ni de Jerusalén, centro por excelencia de sus actividades religiosas.
Así, en Nazaret, frente al templo de la Anunciación, los musulmanes decidieron construir una mezquita. La provocación dio mucho de qué hablar, y el Vaticano manifestó su desencanto por las actitudes provocadoras de los seguidores fundamentalistas del Islam.
En Belén las rivalidades también existen, aunque de forma más sorda; católicos y ortodoxos se han dividido la administración del templo de la Natividad; rezan en capillas separadas y han construido escaleras separadas para tener acceso, a horas distintas, al lugar exacto en el que se produjo el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Además, no muy lejos de ahí se ubica la tumba de Raquel, convertida en centro de culto judío, permanentemente escoltada por soldados israelíes.
Por último, Jerusalén no escapa de las divisiones. Por ejemplo, el Cenáculo, es decir, el lugar donde Jesús celebró la última cena e instituyó los sacramentos del Orden y de la Eucaristía, se encuentra bajo control judío y nunca, sino hasta este año, durante la visita de Juan Pablo II, se había permitido antes realizar otra Santa Misa

El caso del Santo Sepulcro

Administrado por cristianos católicos, ortodoxos y armenios, no se han puesto de acuerdo todavía sobre cómo debe ser restaurada la construcción, porque cada una de ellas pertenece a una diversa tradición religiosa que lleva consigo un diverso estilo arquitectónico. De lo que no cabe duda es de que la edificación está en pésimas condiciones y necesita una restauración.
Para colmo, Jerusalén se encuentre en una zona en riesgo de terremotos, lo que hace esta operación todavía más urgente. El peligro de derrumbe es inminente.
El arqueólogo Biddle urge a estas tres religiones cristianas a llegar a un acuerdo. Y dice: «En Nazaret, donde se encuentra la gruta de la Anunciación, los franciscanos han querido que las piedras originales fueran dejadas al descubierto, pero aquí, en Jerusalén, no quieren lo mismo porque no sería aceptable para las otras comunidades religiosas. Sin embargo el diálogo entre las confesiones es en verdad óptimo y me he quedado impresionado de los progresos hechos sobre este tema. Espero que pronto se llegue a una solución».
Cuando el anhelado acuerdo llegue, antes de poner un sólo andamio en el Sepulcro, habrá que realizar nuevos estudios estructurales, esta vez poniendo particular atención en el subsuelo. Esto será, dice Biddle, «de verdad interesantísimo porque así lograríamos ver la parte más auténtica de la tumba, la estructura primitiva que ha permanecido hasta hoy inaccesible».

La autenticidad del lugar

Lo que hoy se conoce como el Santo Sepulcro es, sin duda, el lugar que cuenta con el mayor número de probabilidades de haber sido realmente la tumba en la que Cristo fue sepultado. Biddle y otros estudiosos dicen que están ciento por ciento seguros de que se trata de la tumba de Jesús. Por tanto, los investigadores tampoco pueden escapar al efecto que produce la visita a un lugar tan santo. «Yo soy anglicano, pertenezco a la Iglesia de Inglaterra, y mi mujer, danesa, pertenece a la Iglesia luterana —testimonia Biddle—. La frecuentación del Santo Sepulcro ha sido para nosotros una experiencia notable, profundamente impresionante y atrayente. Trabajábamos en el templo normalmente por la noche, desde las siete o las ocho de la tarde, cuando estaba cerrada al publico, hasta medianoche. Ha sido una experiencia notable desde el punto de vista humano, y hemos tocado con la mano la santidad del lugar en el que nos encontrábamos. Me parece interesante que este lugar tenga un profundo significado para los expertos como nosotros, que encuentran allí un extraordinario testimonio histórico, y para los fieles, para los cuales es importantísimo volver a encontrar una prueba concreta de la existencia histórica de Jesús, mientras que los teólogos dirían que, aunque la tumba de Jesús no fuese ésta, el hecho no tendría consecuencias para quien quiere creer en la Resurrección».

EL OBSERVADOR 275-3

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CARTAS DE WARWICK
Hacer lo que se debe
Francisco Porras
Parecerá paradójico, pero después de haber pasado un año en una universidad inglesa, creo que aprecio mucho más las excelentes universidades que tenemos en México. Y es que la investigación en México es, muchas veces, de muy alta calidad. El problema, como siempre, es uno de recursos de todo tipo. Tal pareciera que la relativa abundancia de recursos humanos y monetarios del sistema inglés hace posible que la especialización académica se dé de manera más espontánea —incluso desde la licenciatura—. En México, en cambio, el proceso de especialización comienza realmente en el postgrado.
Lo interesante es que, igual que en otros asuntos, esto se logra con un sentido de optimización (principium parsimoniae, diría el también inglés Ockham), que nos recuerda que el primer reto es obtener recursos, pero el segundo es utilizarlos intensivamente. Así, por ejemplo, en Inglaterra la mayoría de las licenciaturas e ingenierías duran tan solo tres años (la formación es completada por la empresa para la que se trabaja, que imparte cursos especialmente diseñados para el puesto de que se trate). Y el número de cursos que hay que tomar es relativamente pequeño (unos 5 por año). Las maestrías son de un año, y uno toma tan solo 3 o 4 cursos y sólo durante los primeros dos periodos escolares. Los tres periodos académicos son cortos (11 semanas cada uno) y entre ellos hay periodos vacacionales de un mes. En suma: es la semana inglesa, pero en la educación. En este sentido, los alumnos mexicanos tienen la oportunidad de recibir una formación mucho más amplia y, me atrevería a decir, con bases mucho más sólidas. ¿Por qué, entonces, los resultados son tan desiguales? Me parece que parte de la respuesta está en que la tradición académica inglesa pone mucho énfasis en hacer lo que se debe, cuando se debe. Se trabaja de lunes a viernes 8 horas, pero a las 5 de la tarde todo está cerrado y las horas extras no son la norma. No se trata, entonces, de hacer maravillas en dos o tres días, sino de “tan solo” trabajar consistentemente de lunes a viernes. ¡Y vaya que cuesta trabajo!
Habría que recordar que esta parsimonia primeramente significa economía. Y esto —argumentaba el franciscano Ockham— se manifiesta en la naturaleza, el pensamiento y la virtud. Si un pájaro puede volar con dos alas, la naturaleza no le proveerá de tres; la explicación más probable es también la más simple; y Dios no te pide que quebrantes tu salud, sólo que hagas eficientemente tu trabajo. Obviamente no estoy diciendo que basta la virtud para cambiar los problemas estructurales de la educación en México, ni tampoco que la tradición inglesa sea “más virtuosa”. Simplemente digo que la calidad en la educación —como en todo lo demás— pasa primero por reconocer nuestros logros (¡nos quejamos demasiado!). Y que esta sencillez económica es una virtud cristiana que deberíamos practicar consistentemente. La tragedia de muchos que pasamos por la universidad es que ni estudiamos profundamente ni tampoco nos divertimos a fondo. El espíritu cristiano, en cambio, nos dice que sólo hay que hacer dos cosas: nuestro deber y lo que nos gusta.

EL OBSERVADOR 275-4

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MIRADA CRÍTICA
«Yo estoy bien, luego tú no existes»
Santiago Norte
La ética utilitarista, ésa que se promueve a diario en los programas de televisión, ha invadido las calles y la conciencia de la gente, de tal suerte que se está convirtiendo en el modo de vida de buena parte de las nuevas generaciones.
Esta semana he leído tres artículos muy diferentes entre sí, pero que se tocan en un punto: el diagnóstico sobre nuestro tiempo, abandonado por la trascendencia, por el sentido del pecado y por el entusiasmo de vivir. El primero es un extracto del libro de Alain Finkielkrant, La derrota del pensamiento; el segundo es de monseñor John C. Favalora, arzobispo de Miami (Florida), publicado en su semanario La voz católica, y el tercero es de Vicente Verdú, en El País..
Dice Finkielkrant: «Vivimos en la hora de los feelings: ya no existe verdad ni mentira, estereotipo ni invención, belleza ni fealdad, sino un menú infinito de placeres, diferentes e iguales, Dejen que haga conmigo lo que yo quiera: ninguna autoridad trascendente, histórica o simplemente mayoritaria puede modificar las preferencias del sujeto posmoderno o regir sus comportamientos».
Por su parte, escribe monseñor Favalora: «La sociedad secular nos dice: Yo estoy bien, tú estás bien, que el bien y el mal son relativos y que la moralidad es decidida por las encuestas. La gente ha llegado a creer que si todo el mundo está haciendo algo, entonces es aceptable». Y Verdú: «Desde la alimentación a la diversión, desde el aprendizaje de un idioma a la curación de un dolor, los procesos tienden a abreviarse, y la creciente impaciencia del sujeto juzga sobre la eficiencia o la incompetencia de la función de acuerdo con sus ritmos».
Tres reflexiones que echan luz sobre la oscura condición de nuestros días. En efecto —siguiendo a Finkielkrant—, buena parte de la culpa del desgarrón que sufre el tejido social proviene de esa incapacidad de los niños y los jóvenes de reconocer la autoridad de algo sobre ellos. Yo soy el único que cuenta, más allá de mí solamente existe una masa de «otros», de extraños a los que debo ir usando a mi provecho. La segunda, hincada en la razón católica, habla de la relativización que ha sufrido la verdad (y, por tanto, la mentira). Todo depende de quién dice. Si lo digo yo (y lo repite la mayoría), entonces está bien. Y si yo estoy bien, todos están bien. El otro, mi prójimo, adquiere consistencia porque yo lo decido. No vive por él, sino desde mí. La reflexión de Vicente Verdú pone el dedo en otra parte de la llaga: la obsesión de lo inmediato que inunda el mensaje publicitario y, por añadidura, la vida de los usuarios de medios. «Queremos el mundo y lo queremos ahora».
Heidegger anunciaba al «nuevo mundo» como el del parloteo, la ausencia de cuidado (de unos por los otros) y la pérdida del sentido de la muerte. Estamos instalados, «nadeando (¿nadando?) en la nada», según su lenguaje.

EL OBSERVADOR 275-5

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¿Es cierto que el Papa no quería que se publicara la Dominus Iesus?
Esto lo afirmó el diario italiano La Repubblica, y encontró rápido eco en varios países. Todos reprodujeron comentarios acerca de que Juan Pablo II no estaba de acuerdo con la publicación de la declaración Dominus Iesus, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmada por su prefecto, el cardenal Joseph Ratzinger, en la que se afirma el carácter único y universal de la salvación traída por Cristo.
Sin embargo, lo que dijo Su Santidad durante la más reciente ceremonia de canonización, ocurrida el primero de este octubre, demuestra que no es así. El cardenal Ratzinger ni fue desobediente ni imprudente al hacer público el documento, y tampoco hizo nada con el fin de despreciar a las demás religiones.
«Nuestra confesión de Cristo, como Hijo único de Dios, a través de quien nosotros mismos vemos el rostro del Padre —dijo el Papa en la plaza de San Pedro ante miles de creyentes—, no es un acto de arrogancia que desprecia a las demás religiones, sino un reconocimiento gozoso, pues Cristo se nos ha mostrado sin que hayamos hecho nada para merecerlo. Y Él, al mismo tiempo, nos ha comprometido a seguir dando lo que hemos recibido y a comunicar a los demás lo que se nos ha dado, pues la Verdad donada y el Amor que es Dios pertenecen a todos los hombres».
Además el Papa, repitió las mismas palabras de san Pedro que se leen en los Hechos de los Apóstoles, que fuera de Cristo no hay salvación; y recordó que la declaración Dominus Iesus no hace más que seguir las huellas del concilio Vaticano II, que no «niega la salvación a los no cristianos, sino que indica su manantial último en Cristo».
Dicho de otro modo, «el documento aclara los elementos cristianos esenciales, que no obstaculizan el diálogo, sino que ponen las bases, pues un diálogo sin cimientos estaría destinado a degenerar en palabrería vacía». Dominus Iesus no tiene por qué detener el diálogo de la Iglesia católica con las demás religiones y confesiones cristianas, todo lo contrario: «Tengo la esperanza de que esta declaración, por la que siento un gran aprecio —concluyó el Papa—, pueda desempeñar finalmente su función de clarificación y al mismo tiempo de apertura, después de tantas interpretaciones equivocadas».

EL OBSERVADOR 275-6

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MUJERES EN EL MUNDO
La mujer de hoy,
tras las huellas de María
Guadalupe Chávez Villafaña
Guadalupe Chávez Villafaña
María fue la mujer más completa que existió: fue virgen, fue novia, esposa, madre y viuda. Y de cada uno de esos papeles que desempeñó podemos aprender a comportarnos, nosotras, las mujeres de hoy.
María fue capaz de cuestionar al Ángel que le anunciaba el prodigio del nacimiento de Dios. No se quedó con la duda; primero supo escuchar y luego preguntar.
María fue capaz de decir sí, en una entrega total y absoluta.
María fue doblemente pobre, pues compartió la suerte de las mujeres de su tiempo y de su tierra, que sufrían una enorme discriminación. Por el hecho de ser mujeres estaban destinadas a ser siervas de su marido, tenían cerrado el camino a cualquier progreso cultural, por mínimo que fuera, no tenían voz en la vida social, cultural o política. María fue una mujer sencilla; pertenecía a los sectores populares y fue la prometida y luego desposada de un humilde carpintero.
María se lanzó, ella sola, a visitar a su prima Isabel, lo que implicaba largas caminatas en caravana. María se comprometió con su pueblo, con su gente, con su raza; vivió con ellos, como ellos, para ellos. María rompió las reglas establecidas y se comprometió con Dios para cambiar el mundo.
María fue miembro de un pueblo religioso, el pueblo elegido; pero también parte de un pueblo oprimido. María supo orar para discernir y aceptar. Supo hacer silencio para escuchar y, sobre todo, para amar.
María dijo: «elevará a su trono a los oprimidos y despojará a los soberbios. A los pobres los llenará de gracia y a los ricos los despedirá vacíos». Y ella misma vivió la pobreza sin rencores, sin exclusividades ni violencias...
María es, sobre todo, la Madre. Es como el corazón de la casa; está cerca de todos en todos los momentos difíciles, especialmente en las horas de sufrimiento, de incertidumbre y de lucha.

* Tomado de la revista Acción Femenina, no. 812.

EL OBSERVADOR 275-7

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Testimonio de una sanación de cáncer
He sanado completamente. Recurrí a Dios en todas sus expresiones: Misas de enfermos, Unción, imposición de manos, etc., etc. Lo mío era cáncer de mama y, para gloria de Dios, estoy sana y salva.
No estoy muy de acuerdo en que el cáncer es por alguna pena, pues siento yo que la humanidad estuviera invadida de este penoso mal. He tenido oportunidad de conocer gente muy cercana a Dios, muy buena, con excelente situación moral y económica y han padecido este mal. No dudo que existen circunstancias que lo provoquen; pero, en definitiva, pienso que no hay una causa concreta.
Quisiera, si se me permite por este medio, recomendar los libros de Sheila Fabricant Linn, Dennis Linn y Matt Linn, jesuitas y entregados por completo tanto psicológica como espiritualmente a la sanación interior, por todo tipo de situaciones: la pérdida de un ser querido, una infancia infeliz, una adicción, un abuso emocional, etc. Cualquier libro de estos autores es una bendición del Señor. En lo personal me han ayudado increíblemente, pues he tenido grandes penas y tragos muy muy amargos y , aparte de la oración, he encontrado en ellos un gran alivio y una gran ayuda.
Yo siento que el dolor espiritual o moral, no físico, se sana a través del tiempo. No se puede sanar así como así. Perdonar sí, pero es como quien rompe una taza valiosísima, y la quiere recuperar: ¡es imposible!. La pegará, va a tener el mismo uso, la misma forma y todo, pero la huella de que fue restaurada está ahí. Quizá con el nuevo uso, las lavadas y las talladas, se vayan borrando las huellas. Así es la sanación interior. Yo puedo perdonar, aceptar a quien me dañó, incluso seguir aceptando sus errores, pero el dolor causado se irá sólo con el tiempo desapareciendo.
No dudo de que Dios haga el milagro y se sanen milagrosamente las heridas o las penas, pero en su gran mayoría hay que vivir el proceso del dolor para ir sanando. Bueno, usted me dirá si estoy mal o qué podemos hacer cuando existen tan grandes decepciones de quien amamos o ciframos nuestras esperanzas y resultan ser completamente dañinas. Es como cuando un gran edificio se derrumba. Para levantarlo es necesario tener desde el suelo firme y comenzar desde abajo. Es así con una gran pena, es preciso comenzar para ir sanando. Por supuesto, todo con la gran ayuda de nuestro Padre Dios.


Tiene razón, las heridas hay que sanarlas a través de un proceso que incluye reconocerlas, descubrir el daño que han hecho, cuáles son las necesidades que han quedado insatisfechas, así como los derechos y los límites que han sido pisoteados, para entonces aprender a poner límites y a defender nuestros derechos. Hay que reconocer también los propios sentimientos y darles validez: enojo, tristeza, frustración, decepción, impotencia, rabia, confusión, presión, etc. También hay que reencuadrar las propias culpas: cuáles son reales, cuáles no, para descubrir los cambios que tenemos qué hacer en nosotros mismos y pedir perdón cuando sea necesario. Es importante abandonar el papel de víctima y convertirnos en parte activa del proceso de sanación. Finalmente llegamos al punto en que podemos aceptar serenamente los hechos agradeciendo el aprendizaje que obtuvimos. Todo esto, como dice, con la ayuda y la compañía de Dios. Respecto a los problemas emocionales en relación al cáncer, ciertamente no se puede decir que son causa directa. Las investigaciones en torno a este mal van en muchos sentidos: genética, inmunidad, alimentación, agentes externos (tabaco, sustancias químicas en los alimentos), virus... y en cuanto a lo emocional: resentimientos, desintegración del núcleo familiar, depresión... Seguramente se trata de una suma de factores. Por lo pronto, en cuanto a lo emocional, sabemos, por ejemplo, que la depresión baja el sistema inmune del organismo. De ahí a que surjan enfermedades y qué tipo de enfermedades, va a depender de qué persona se trate, de su estado de salud, su alimentación, su ambiente... Somos una unidad, y todo lo que ocurra en el cuerpo afecta la mente y todo lo que ocurre en la mente afecta al cuerpo. (Y. C.)

EL OBSERVADOR 275-8

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Tengo un bebé y no sé si casarme
Yusi Cervantes Leyzaola

Me embaracé siendo soltera. Afortunadamente tengo todo el apoyo de mi familia. Durante el embarazo no recibí apoyo de mi novio ni de su familia. Él dijo que nos casaríamos, y no fue así. Se había comprometido a pagar los gastos de consultas y del parto, y no lo hizo. Negó incluso que ese bebé fuera suyo. Su familia también dudaba. Decían también que un papel (el del matrimonio) no arreglaría nada y que lo yo quería era cortarle las alas a su hijo. Cuando lo confrontaba, mi novio sólo me evadía. Decidí terminar con él. Entonces me pidió que nos casáramos y se comprometió a darme dinero para el bebé, cosa que no ha hecho. Ya que nació el bebé, su familia lo aceptó y están pendientes de él. Él está buscando trabajo y estamos haciendo los trámites para la boda. Pero yo no estoy segura. No le creo y estoy muy dolida. Tengo miedo de que los resentimientos que siento hacia él y su familia dañen a mi bebé. Lo quiero mucho pero aún me duele. ¿Qué debo hacer?

¿Qué prisa tienes? ¿Por qué no te das tiempo para poder ver con claridad cuáles son tus sentimientos?
La razón para casarse debe ser que un hombre y una mujer se amen profundamente, confíen uno en el otro y quieran comprometerse totalmente uno con el otro para construir juntos una familia, una vida en común. Me parece que ustedes no reúnen estas condiciones, al menos no en este momento. Casarse porque hay un hijo de por medio no es suficiente motivo. Así han iniciado una enorme cantidad de familias desdichadas.
Dense tiempo. Sana tus resentimientos y permite que él demuestre que es responsable y se hace cargo del bebé aún antes de casarse. Y sigan ustedes su relación de pareja, conociéndose más y valorando la posibilidad del matrimonio. Pero ya no tengan relaciones sexuales. Eso complica mucho las cosas y confunde los sentimientos. También es necesario que se perdonen uno al otro por los errores cometidos. Cuando ya estés tranquila podrás tomar una mejor decisión. Tal vez entonces descubras que efectivamente se quieren mucho y que pueden formar un buen matrimonio; entonces, adelante. Espero que eso sea lo que ocurra y que sean felices.
(FIN)

EL OBSERVADOR 275-9

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