El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

22 de Octubre de 2000 No. 276

SUMARIO

bullet La familia, iglesia doméstica y laboratorio de humanidad
bulletEL RINCÓN DEL PAPA Eucaristía: la más íntima unión de Dios con el hombre
bulletMIRADA CRÍTICA La era del acceso
bulletPANTALLA CHICA El oro es la gente
bulletEL TEMPLO DE BABEL ¿Qué es la Nueva Acrópolis?
bulletMaestros de la gran mentira
bulletEl beato Juan XXIII y el concilio Vaticano II
bulletPaul Claudel. Sus versos explican el misterio de la Eucaristía
bulletINTIMIDADES – LOS JÓVENES NOS CUENTAN Mi hermano es homosexual
bulletPINCELADAS Nueva versión de la fábula

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La familia, iglesia doméstica
y laboratorio de humanidad
En un clima de fiesta, en el que familias enteras de los más lejanos puntos del mundo colmaron de alegría y color la plaza San Pedro, el papa Juan Pablo II lanzó un vigoroso llamado a fortalecer la familia como «iglesia doméstica» y como escuela de humanización y solidaridad.
La solemne ceremonia —realizada bajo una persistente lluvia— incluyó la celebración del matrimonio de ocho parejas provenientes de los cinco continentes: Polonia, Corea, Filipinas, Italia, Camerún, Estados Unidos, Australia y México.
El Pontífice inició su homilía señalando que el Jubileo de las Familias es «un canto de alabanza por esta bendición originaria» que «se ha posado sobre ustedes, cónyuges cristianos, cuando, celebrando su matrimonio, se han jurado amor perenne delante de Dios».
Abordando el tema del matrimonio y la familia desde su rica visión del hombre, el Santo Padre recordó que a las personas humanas no les bastan las relaciones puramente funcionales, sino que «tienen necesidad de relaciones interpersonales ricas de interioridad, de gratuidad, de oblación».
Es justamente esta relación, agregó el Papa, la que se vive en la familia, tanto entre los esposos como entre los padres y los hijos. Más aún, «toda la gran red de las relaciones humanas surge y se regenera constantemente a partir de aquella relación con la cual un hombre y una mujer se reconocen hechos el uno para el otro, y deciden fundir sus propias existencias en un único proyecto de vida».
Al reflexionar sobre el sentido de la expresión de «una sola carne», que se emplea en el rito del matrimonio, Juan Pablo II recordó que el término bíblico de «carne» «no evoca solamente el aspecto físico del hombre, sino su identidad global de espíritu y de cuerpo». «Conformándose a la Palabra de Dios, la familia se hace así laboratorio de humanización y de verdadera solidaridad». Una solidaridad que se extiende al concepto más amplio de familia —abuelos, tíos, primos—, y que convierte a la familia en algo insustituible, para que «las personas con dificultades, las personas no casadas, los viudos y viudas, los huérfanos, puedan encontrar un lugar de calor y de acogida».
«La familia no puede cerrarse en sí misma», dijo también el Papa al señalar que «la relación afectuosa con los padres es un primer ámbito de esta necesaria apertura, que proyecta a la familia hacia la sociedad entera».
El Pontífice pidió a las familias tomar como modelo «a la familia de Nazaret que, aun llamada a una misión incomparable, recorrió el mismo camino que ustedes, entre los gozos y los dolores, entre la oración y el trabajo, entre esperanzas y pruebas angustiantes, siempre enraizada en la adhesión a la voluntad de Dios».
«Que sean las familias de ustedes, cada vez más, verdaderas 'iglesias domésticas', de las que se eleve cada día la alabanza a Dios y se irradie sobre la sociedad un flujo benéfico y regenerador del amor», concluyó el Papa,
Reafirmó la necesidad de que los niños cuenten con la presencia de un padre y una madre, reforzando así el concepto de la familia tradicional, tal como la concibe el plan de Dios.
«Nosotros les pedimos, con todo nuestro amor, que defiendan con todas sus fuerzas los valores de la familia y el respeto por la vida humana, y más en el momento de la concepción» dijo el Pontífice a una multitud de más de 300 mil personas. «A ustedes, amadas madres, que llevan dentro el incontrovertible instinto de la defensa de la vida, hago una apelación a sus corazones: sean siempre una fuente de vida, nunca una fuente de muerte».
El Pontífice evidenció claramente cuánto disfrutaba reunirse con familias provenientes de diferentes partes del mundo, y besó y bendijo a decenas de niños. Cuando le presentaron a un niño sin brazos, que aprendió a pintar sosteniendo el pincel con los dientes, el Sumo Pontífice no pudo contener las lágrimas, mientras abrazaba al pequeño.
Al finalizar, Juan Pablo II anunció que el próximo Encuentro Mundial de las Familias tendrá lugar el año 2003, en la ciudad de Manila, Filipinas. (ACI)

EL OBSERVADOR 276-1

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EL RINCÓN DEL PAPA
Eucaristía: la más íntima unión de Dios con el hombre
Ante unos 38 mil peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, Su Santidad Juan Pablo II ha dicho que la Eucaristía es «el perfecto 'sacrificio de alabanza', la glorificación más elevada que surge de la Tierra hacia el Cielo, 'fuente y cumbre de toda la vida cristiana en la que [los hijos de Dios] ofrecen [al Padre] la víctima divina y se ofrecen a sí mismos con ella'».
Explicó que «en la Eucaristía se actualiza, ante todo, el sacrificio de Cristo. Jesús está realmente presente bajo las especies del pan y del vino, como él mismo nos asegura: 'Este es mi cuerpo... Esta es mi sangre'. Pero el Cristo que está presente en la Eucaristía es el Cristo que ya ha sido glorificado, el que en el Vienes Santo se ofreció a sí mismo en la cruz. Algo que subrayó con las palabras que pronunció sobre el cáliz del vino: 'ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados' . Si se examinan estas palabras a la luz de su contexto bíblico, 'sangre derramada', como atestigua el lenguaje bíblico (cfr. Gen 9, 6), es sinónimo de muerte violenta».
Por tanto, «la Eucaristía es un sacrificio: sacrificio de la redención y, al mismo tiempo, de la nueva alianza». Y «la Eucaristía, como sacrificio de la nueva alianza, constituye un desarrollo y cumplimiento de la alianza celebrada en el Sinaí, cuando Moisés derramó la mitad de la sangre de las víctimas del sacrificio sobre el altar, símbolo de Dios, y la otra mitad sobre la asamblea de los hijos de Israel (cfr. Éxodo 24, 5-8). Esta 'sangre de la alianza' unía íntimamente a Dios y al hombre en un lazo de solidaridad. Con la Eucaristía la intimidad se hace total, el abrazo entre Dios y el hombre alcanza su culmen».

EL OBSERVADOR 276-2

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MIRADA CRÍTICA
La era del acceso
Santiago Norte
Utilizo el intenso material del libro homónimo, escrito recientemente por Jeremy Rifkin, el economista que ha alertado sobre el fin del trabajo (por la automatización) y sobre los riesgos de la bioingeniería (por los manejos de esta herramienta sin controles éticos específicos).
Se basa, si se quiere, en una premisa muy simple. La antigua economía, la que nosotros conocemos, se funda en el poseer; la nueva se funda en el tener acceso, tener entrada al bien o al producto sin necesariamente tenerlo. La fórmula canónica de la modernidad era la adquisición, la compra y el uso exclusivo, individual de un bien; en la Era del Acceso será su estancia en la red la que lo identifique.
Por supuesto que con la digitalización televisiva la estancia en la red, el acceso, se va a potenciar en grado extremo. La televisión será el novedoso portal, la pantalla chica pondrá en la sala de 3 mil millones de seres humanos un enorme conglomerado de productos y servicios a los que tendremos acceso con el mando a distancia (que hará las veces del teclado en la computadora). Serán tantos que ya ni siquiera nos vamos a plantear la posibilidad de tenerlos en nuestra propiedad: nos conformaremos con verlos pasar y con la ilusión de ser poseedores de grandes bibliotecas, entradas a supermercados exclusivos, fonotecas de primera y almacenes populares. Todo estará a nuestro alcance. El mareo total.
La relación vendedor-comprador, que tantas interacciones produjo en la historia, se trocará en una relación mucho más aséptica y descarnada: la relación proveedor-usuario. No existirá siquiera el cara a cara de la venta, sino el pantalla a pantalla de la nueva modalidad en la sociedad red. Paulatinamente, los productos se irán volviendo virtuales y, por tanto, se irán reflejando en relaciones humanas también de carácter virtual.
Pero, ¿cuál será la herencia que podemos dejar si todo lo que tendremos será virtual? Ese es el quid de la cuestión. Nuestra herencia será viento, nada. Y no digo que dejar cosas tangibles a las futuras generaciones sea la panacea de la vida; simplemente digo que será muy difícil provocar identidad si lo que poseemos es el libre acceso a una red que ni nos identifica como entes singulares, ni nos provee de relaciones cálidas con los otros.

EL OBSERVADOR 276-3

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PANTALLA CHICA
El oro es la gente
Mayela Fernández de Vera / Grupo Inter Mirifica
Con el hermoso y emotivo momento del encendido del pebetero, comenzó la transmisión de los juegos olímpicos por televisión, y fue posible que, por medio de una cobertura amplia, millones de televidentes recibieran el ambiente heroico y festivo de Sydney 2000.
¿Cuál es el mayor atractivo de unas olimpiadas? Independientemente del despliegue de alta organización y de sofisticados sistemas para el lucimiento de este acto, sin lugar a dudas el atractivo principal es la gente.
Los espectadores en los estadios se extasían al ser un punto más de color entre miles, entre miles de gentes de diferentes regiones. Las experiencias más imponentes que los atletas recordarán serán aquellas competencias rodeadas por las multitudes observantes y ruidosas de los estadios olímpicos.
La pantalla chica se encendía con asiduidad para buscar las imágenes de los esforzados atletas buscando la medalla de oro para su país; jóvenes buscando realizar su sueño, el de ser medallistas. Sin embargo, no es el trozo de metal lo que está en juego: lo que vemos jugar en la televisión son valores, emociones y sentimientos humanos, tan comunes y evidentes, tan cerca de la pantalla que logran conmover vibrantemente al espectador, quien se identifica en muchas formas con los atletas. En el fondo lo que más emociona es presenciar una epopeya donde los héroes son jóvenes iguales a todos los jóvenes, pero con motivaciones y disciplinas férreas para lograr lo que se proponen.
La amistad, la alegría, la nobleza, el ansia por ganar, la decepción y la satisfacción por el triunfo nos recuerdan nuestra propia lucha personal en la vida y nuestro anhelo cotidiano por lograr nuestros objetivos durante ella o el fin que nos marque el Señor.

EL OBSERVADOR 276-4

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EL TEMPLO DE BABEL
¿Qué es la Nueva Acrópolis?
Diego García Bayardo
Diego García Bayardo
        Se ha vuelto frecuente encontrar carteles que invitan a ciclos de conferencias, actividades culturales y cursos de filosofía organizados por una institución llamada Nueva Acrópolis. Para el parroquiano distraído, la cosa no tiene nada especial, mas el ojo atento capta de inmediato que algo anda mal. Ya es bastante raro que en México se abran cursos y conferencias de filosofía que no sean impartidos por una universidad o por la oficina de gobierno dedicada a la difusión cultural. Pero además, salta a la vista que las actividades anunciadas en el cartel tienen un enfoque más próximo al misticismo que a la ciencia, y hasta puede ser que alguna conferencia trate, muy concretamente, sobre esoterismo, reencarnación o sobre la obra de Helena Blavatsky. Entonces el paseante avisado se da cuenta de que estamos hablando de un grupo ocultista.
        La Nueva Acrópolis fue fundada en 1957 en Argentina por Jorge Angel Livraga Rizzi. Se presenta como una asociación cultural que desea enseñar filosofía, promover la fraternidad entre los individuos y los pueblos y desarrollar hasta el infinito las capacidades del individuo. Sin embargo, todo esto parece ser una tapadera, ya que internamente se reconocen como una asociación teosófica. Aquí vale la pena recordar que la Sociedad Teosófica fue un grupo ocultista fundado en 1875 por Madame Helena Blavatsky, en el cual se practicaban espiritismo, ocultismo y orientalismo. Blavatsky escribió libros como Isis desvelada y La doctrina secreta en los que plantea, entre otras muchas cosas, la destrucción del cristianismo. En dicha sociedad estuvo también Annie Besant, quien fundó luego la Orden del Temple de la Rosacruz. Ya habrá oportunidad de hablar de la teosofía en concreto.
        Según un escrito de Delia Steinberg Guzmán, actual presidenta de la Organización Internacional Nueva Acrópolis, los miembros del grupo se declaran filósofos, esoteristas y místicos; creen que el universo es un ser vivo, surgido de la Deidad Absoluta y creen en la superioridad del espíritu sobre la materia, lo cual le da un sabor gnóstico a su filosofía. Reconocen que creen en la reencarnación y en el espiritismo, en que la humanidad existe desde mucho antes de lo que la ciencia afirma y en que los hombres no son iguales, sino que se encuentran en distintos niveles de evolución. Se dice que la Nueva Acrópolis incluye prácticas satanistas en sus niveles iniciáticos más altos, aunque esto no ha sido confirmado. También han sido definidos como grupo paramilitar, como grupo neo-fascista y como organización racista, debido a su idea de que los hombres no son iguales y de que debe surgir un nuevo superhombre, la raza acropolitana. Ciertamente usan símbolos similares a los de la iconografía nazi (aunque cada vez los enseñan menos). Lo que sí es seguro es que ellos reconocen la teosofía como una de sus bases y admiten como su maestra a Helena Blavatsky. Además, publican y ofrecen en venta libros y artículos como: Estudios sobre ocultismo, Magia, religión y ciencia para el tercer milenio, Alquimia y simbolismo en las catedrales, El camino iniciático de Santiago, El esoterismo que viene, Fundamentos de la teoría de la reencarnación, etc. Una biblioteca muy poco seria pero bastante reveladora de la auténtica naturaleza de la Nueva Acrópolis.

        Babel significa confusión. El Génesis nos relata una historia que se ha convertido en símbolo universal del fracaso de los proyectos humanos cuando hay división, cuando se hace imposible comprender a los demás. Pero en ese relato hay otro elemento por demás inquietante: es durante la construcción de un templo, un ziggurat, cuando se confunden las lenguas y las ideas, y ese templo inconcluso da cuenta de la confusión en el alma de los hombres. Quizá no hay asunto humano en el que abunden más los desacuerdos y los contrapuntos que en la religión, y babélicos constructores de doctrinas se gritan de una a otra sección de la torre inacabada sus proyectos místicos personales: unos incomprensibles, otros inaceptables, en medio de la confusión como única constante. Bienvenidos al templo de Babel.

EL OBSERVADOR 276-5

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Maestros de la gran mentira
Luis Miguel Rubín
“Educar a una persona en su mente y no en su moral
es educar una amenaza para la sociedad”.

Theodore Roosevelt

Hace algunos días un buen amigo me envió los libros que acaba de distribuir la Secretaría de Educación Pública (SEP) para padres de familia, “los libros de mamá y papá”, y para profesores, Sexualidad infantil y juvenil. Los leí con altas expectativas de aprender y encontrar una guía de ayuda eficiente en la difícil tarea de educar a los hijos en temas de sexualidad.
Con ese espíritu me sumergí en dichos libros y encontré mucha información. Alguna de ella de utilidad, tal como el tema de las enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, para mi sorpresa, descubrí otra información que considero inaceptable, la cuál habla abiertamente de la homosexualidad como una “identidad que un número considerable de personas tiene; que aprendemos a ser hombres y mujeres”. Esto, perdónenme ustedes, es una distorsión de la realidad. Yo le pregunto a usted: ¿cree que debemos enseñar a nuestros hijos que la homosexualidad es una identidad más? Si su respuesta es sí, lamento no coincidir con usted. No obstante, lo invito a reflexionar sobre el grave daño que estos libros pueden provocar. No me imagino explicándole a mi hijo que de ahora en adelante puede cambiar su identidad por otra distinta y comenzar a hacer amistades “con posibilidades de intimidad” (como lo dice el libro Sexualidad infantil y juvenil en la página 14) entre sus compañeros del salón.
Pero esto no es todo; en cuanto al aprendizaje de una conducta responsable y madura de la sexualidad, el texto no va más allá del uso del condón. Lo menciona en doce ocasiones como sinónimo de “responsabilidad”. Por lo que me pregunto: ¿nuestra función de educadores se limita a enseñarles a ponerse el condón? ¿No podremos transmitir a nuestros hijos algo acerca del respeto, la amistad, la gratitud, el amor y la continencia?. Es asombroso que mientras en Estados Unidos se destinan decenas de millones de dólares anuales para promover la abstinencia, el libro, misteriosamente, no hace referencia alguna al tema. Igualmente ignoro por qué el libro promueve el autocontrol, que es parte fundamental de la correcta educación sexual e indispensable para el dominio de la voluntad, solamente para los jóvenes con discapacidad mental. ¿No sería mejor educar a todos por igual en el carácter, para la prevención del SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual?
Los maestros de la gran mentira quieren hacernos creer que los valores del estado laico y democrático deben ser light y, por lo tanto, la educación sexual debe carecer de toda referencia ética y moral. Tal parece que lo único importante es saber cómo ponerse apropiadamente el condón. ¡Eso no es educación!

EL OBSERVADOR 276-6

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El beato Juan XXIII y el concilio Vaticano II
Pbro. Prisciliano Hernández Ch. O.R.C.
El 11 de octubre del 2000 se cumplieron 38 años de la solemne apertura del concilio Vaticano II, realizada por el hoy beato Juan XXIII, el «Papa Bueno». Se inició la primera etapa conciliar el 11 de octubre de 1962 al 8 de diciembre de 1962. No se promulgó en esta etapa ningún documento. El año siguiente, el 3 de junio moría nuestro buen papa Juan.
Después de electo Paulo VI, se realizaron la segunda, tercera y cuarta etapa conciliares.
Este concilio Vaticano promulgó 16 documentos: cuatro constituciones (Lumen gentium, sobre la Iglesia; Dei Verbum, sobre la divina Revelación; Sacrosanctum concilium, sobre la sagrada liturgia, y Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual); nueve decretos (sobre los obispos, sobre los presbíteros, sobre la formación sacerdotal, sobre la vida religiosa, sobre el apostolado de los seglares, sobre las Iglesias católicas orientales, sobre la actividad misionera, sobre el ecumenismo, y sobre los medios de comunicación social), y tres declaraciones (sobre la libertad religiosa, Dignitatis humanae; sobre la educación cristiana de la juventud, Gravissimum educationis, y la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, Nostra aetate).
De los concilios anteriores, 20 revelan una Iglesia fiel a la verdad con el toque característico de la defensa; las circunstancias así lo exigían. Este último tiene en el diálogo su clave interpretativa.
Es un concilio que lleva la impronta de la personalidad del papa Juan, no afecto a condenas, sino afable y de quien tiene el corazón de niño; nos ofrece la frescura de una nueva primavera para la Iglesia y para el mundo.
¿Qué esperaba el beato Juan XXIII del concilio Vaticano II? Se acercó a una ventana de sus aposentos y, en gesto de abrirla, expresó la frase más elocuente: “Un poco de aire fresco”; y en otro momento, “Hay que sacudir el polvo imperial que se ha acumulado sobre el trono de san Pedro desde Constantino”.
El beato Juan XXIII no quería de la Iglesia un museo de arqueología, sino “la antigua fuente que da agua a las generaciones de hoy como la dio a las del pasado”.
Aunque tenía corazón de niño era perspicaz en su misión de buen pastor: “En la intrincada selva de las noticias, cada uno quiere que el mundo se organice según su opinión. Así, se ha hablado de un Papa político, de un Papa sabio, de un Papa diplomático, cuando el Papa es el Papa. Es el buen pastor que intenta llegar a las almas y ver la verdad. La verdad y la bondad son como dos alas. No debe hacerse al Papa según los propios planes”.
En 38 años es posible que el polvo imperial aún permanezca en algún intento de retorno al pasado. En tiempos de cambios vertiginosos, de anhelos de oropel y de poder, de vacíos y mediocridades, el polvo imperial es una tentación que puede obnubilar la mirada del niño y opacar el rostro del cristiano en el cual sólo debe brillar el rostro de Cristo, quien es “la suma humildad” en dicho de otro Juan: san Juan de la Cruz.

EL OBSERVADOR 276-7

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Paul Claudel. Sus versos explican el misterio de la Eucaristía
Hace algunos días, catequizando sobre el misterio de la sagrada Eucaristía, Juan Pablo II rindió homenaje al poeta y dramaturgo francés Paul Claudel, citando algunos de sus versos al concluir su intervención en la audiencia general:

«Ven conmigo, donde yo estoy en ti mismo,
y te daré la llave de la existencia.
Allá donde estoy, allá eternamente
está el secreto de tu origen...
¿Acaso no son tus manos las mías?
Y tus pies, ¿no están clavados en la misma cruz?
¡Yo he muerto, yo he resucitado
de una vez para siempre!
Nosotros estamos muy cerca el uno del otro...
¿Cómo es posible separarte de mí
sin que tú me rompas el corazón?».

Este pasaje está contenido en la obra La Messe là-bas. Pero las más famosas, sus obras maestras, son La anunciación a María, Juana de Arco en la hoguera y El zapato de raso, esta última un poema dramático de la vida y la muerte entendidas como secretos de Dios.
Paul Claudel (1868-1955), aunque provenía de una familia católica, era un intelectual escéptico influenciado por Arthur Rimbaud hasta que, tras una tormentosa crisis, abrazó definitivamente el catolicismo. Desde 1890 hasta 1935 ejerció como diplomático. Llegó a ser cónsul y embajador en Estados Unidos, China, Checoslovaquia, Alemania, Japón y Bélgica.
Elegido académico de Francia en 1946, mantuvo una brillante correspondencia con André Gide (1869-1951). Claudel reconcilió poesía y teatro, rechazó las formas tradicionales y sustituyó las rimas y los metros fijos por el verso cadenciado, a la manera de las versiones bíblicas.
De sus obras emerge un mensaje de fe concebido como posibilidad de solucionar el abismo que separa lo humano y lo sobrenatural, el mundo y Dios.

El «encontronazo» de Paul con Dios
Paul Claudel —como san Pablo— es un ejemplo de que, cuando Dios lo juzga conveniente, se «deja venir encima» sobre el hombre, anonadándolo con su gloria y haciéndole comprender dónde esta la vida verdadera.
«El 25 de diciembre de 1886 —escribió el propio Claudel— entraba yo en la catedral de Nôtre-Dame, de París, para seguir los Oficios de Navidad. Comenzaba entonces a escribir, y me parecía que en las ceremonias católicas (...) encontraría un excitante adecuado y la materia apta para algunos ejercicios decadentes. Con tal disposición, codeado y empujado por la gente, asistía, con un placer mediocre, a la Misa solemne. Después, no teniendo otra cosa mejor que hacer, volví a las vísperas. Los niños del coro vestidos de blanco y los alumnos del Seminario Menor de San Nicolás de Chardonet, que les ayudaban, se disponían a cantar lo que yo supe más tarde era el Magnificat. (...) Y fue entonces cuando se produjo el acontecimiento que domina toda mi vida. En un instante mi corazón fue tocado y creí. Creí con tal fuerza de adhesión, con tal sublevación de todo mi ser, con convicción tan potente, con certeza tal de no dar lugar a especie de duda alguna, que, después de todos los libros, todos los razonamientos, todos los azares de una vida agitada, no han podido sacudir mi fe y, para decir toda verdad, no siquiera tocarla».

EL OBSERVADOR 276-8

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INTIMIDADES – LOS JÓVENES NOS CUENTAN
Mi hermano es homosexual
Yusi Cervantes Leyzaola
Tengo un problema que perjudica a mi familia. Mi hermano ha cambiado mucho, se junta con malas amistades que se prostituyen, son depravados y son homosexuales. A mi hermano lo han influido en esas cosas. He encontrado notas donde mi hermano dice que ama a un hombre. Me di cuenta de que mi hermano se estaba volviendo homosexual, pero creí que con el paso del tiempo se le quitaría. Pero no. Se empezó a comportar afeminado y agresivo y a hablar de los homosexuales como si fuera lo único que debería existir.

Lo primero que tenemos que entender es que ser homosexual no es algo que la gente escoja. Una persona sexualmente sana siente atracción hacia las personas del sexo opuesto, no hacia las del mismo sexo. Pero lo que la persona sí puede escoger es la forma de vida que va a tener.
La Iglesia es firme al señalar que no debemos condenar a las personas homosexuales. Pero sí hay que reprobar la depravación, la prostitución y todas esas conductas que degradan al ser humano. La Iglesia también nos pide castidad a todos: solteros, casados, consagrados... Y eso incluye a los homosexuales.
Hay varios tipos de homosexualidad. Aún se está investigado acerca del origen de este problema. Hay experiencias terapéuticas de curación de la homosexualidad; sin embargo, oficialmente, ya no se le considera una patología, aunque muchos psicólogos y psiquiatras no estamos de acuerdo con esto, y tal vez la mayoría de los especialistas considera que es algo que no se puede cambiar.
Habla con tu hermano desde el corazón. No lo condenes por ser homosexual. Dile que lo amas y lo aceptas como es, pero que quieres lo mejor para él, y lo mejor no es esa clase de vida. Que no se destruya y que no destruya a otros. Que busque ayuda, apoyo, consejo, otros amigos. Pero no olvides que, finalmente, la responsabilidad y la decisión son de él. El problema es de él, no tuyo. Tú ámalo, ofrécele apoyo, acompáñalo en la medida de lo posible, pero sigue viviendo tu propia vida; sé responsable de ti misma, no te quedes estancada en la vida de otro, aunque sea tu hermano.

EL OBSERVADOR 276-9

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PINCELADAS
Nueva versión de la fábula
Justo López Melús *
Justo López Melús *
        Es muy conocida la fábula de la zorra y el cuervo. El cuervo subido a un árbol con un buen queso sujetado por el pico, y abajo la zorra, que le alaba y le adula, y le dice que, si además supiera cantar, sería el rey de las aves del bosque. El cuervo cae en la trampa, se pone a cantar, deja caer el queso, y la zorra, que era una «zorra», se escapó gozosa con el queso. Sabía bien el arte de engañar y lo ejercía.
Pero hay otra versión de la fábula, muy enriquecida. La zorra adula al cuervo y le pide que cante. El cuervo sujeta el queso con la pata sobre el árbol y le contesta: «Señora gran zorra, conozco la fábula de La Fontaine». O sea que hay que ser generosos, pero no necios. Jesús ya nos previno contra «Herodes el zorro» (Lc 13, 32). Nos dice, además; «Os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, cautos como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10, 16). «Y alabó el amo al administrador infiel por la sagacidad con que había procedido» (Lc 16, 8).

*El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

EL OBSERVADOR 276-10

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