El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

29 de Octubre de 2000 No. 277

SUMARIO

bullet Los medios mediatizados
bulletLa fe y sus benéficas repercusiones en la salud
bulletCARTAS DE WARWICK Estereotipos y la necesidad de definir
bulletMIRADA CRÍTICA Información salvaje
bulletMitos y realidades del aborto
bulletEL TEMPLO DE BABEL Satanismo para niños
bulletDe la sabiduría de la madre Teresa de Calcuta
bulletPara agencias internacionales como la ONU el nacimiento de un niño es una catástrofe

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Los medios mediatizados
Alfonso Navarro*
Es obvio que López Dóriga fue utilizado o, ¿inconscientemente?, se dejó utilizar. Es evidente, también, que antes de las elecciones del dos de julio diversos diarios de la vida nacional actuaron como gacetillas del sistema corrupto que se niega a morir. En días pasados se aseguraba que la mayoría de los diarios tabasqueños se comportaron de manera poco decorosa -por decir lo menos- en el reciente proceso electoral de ese estado. Es un secreto a voces, en fin, el empleo mafioso o prostituido de la información. ¿Quién no ha oído hablar de los sobres que aquel sistema repartía, de los regalos que Hank González y todas las dependencias públicas enviaban a los comunicadores emergentes y a los ya consolidados?
Hoy se defiende hasta con los dientes la hiperproclamada libertad de expresión en y de los medios de comunicación. En realidad, se pretende otorgar y legitimar una irrestricta libertad de los comunicadores. Los medios, por sí solos, son simples instrumentos, maquinaria que vierte las expresiones, la visión, la voluntad del comunicador frente a la realidad total. Ocurre, pues, que se quiere hacer de esa libertad un valor absoluto; pero la experiencia nos enseña que, cuando esto acontece, la “libertad” entre desiguales (países, clases sociales, individuos) equivale al dominio del más fuerte, a la libertad del zorro entre las gallinas dentro del mismo gallinero; es la libertad sin respeto a los valores y derechos ajenos y, por supuesto, la libertad sin fraternidad que hiere la convivencia humana. Y es que, contra lo que muchas veces suponemos y creemos, no es la libertad la que libera, sino la Verdad, que es la justa valoración de las personas y las cosas de acuerdo con el fin para el que existen.
A este respecto, el Cardenal Rivera, arzobispo primado de México, instaba recientemente: “Sin duda alguna, la comunicación mediática exige de todos una atenta observación y cuidado, especialmente de los comunicadores”. Y, retomando las palabras de Juan Pablo II, advertía: “Nada, por más fascinante que sea, puede escribirse, realizarse o transmitirse en perjuicio de la verdad. Aquí no pienso sólo en la verdad de los hechos que se relatan, sino también en la verdad del hombre, en la dignidad de las personas humanas en todas sus dimensiones”. Sin embargo —continuó el Cardenal—, “muchos comunicadores actúan en ocasiones como Pilato: o bien se lavan las manos ante la verdad, o bien preguntan: ¿qué es la verdad?, para luego darse la vuelta sin esperar o buscar la respuesta”.
Hoy resuena más vigente que nunca aquella enseñanza del Concilio Vaticano II: “El recto ejercicio del derecho a la información exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación, ya que no todo conocimiento aprovecha, pero la caridad siempre es constructiva”.
A la luz de estos impecables y humanísimos conceptos, y mientras a la cultura actual se le llama mediática, resulta cada vez mas paradójico y evidente que asistimos a una hipertrofia de los medios junto a una atrofia de los fines. Los medios, siendo eso y nada más, por su propia definición debieran obligarse a descubrir y reclamar los fines de una comunicación que construya a las personas y haga un mundo más humano. ¡Nada menos! Se habla de que vivimos en la aldea global, en un país que quiere ser genuinamente democrático, y ciertamente los medios o, mejor dicho, los comunicadores estamos llamados a ser factor de unidad en nuestras sociedades. ¿Lo somos en realidad? ¿No nos estamos convirtiendo, más bien, en factor de desunión, al desligarnos de toda finalidad que no sea el ansia de poder, la sumisión a ciertos intereses, al estar vacíos de una verdad auténtica que comunicar?
No cabe duda que el comportamiento de los medios en el affaire de los Salinas nos debe llevar a una seria y fría reflexión acerca de los alcances de la libertad de expresión y, sobre todo, acerca del valor fundamental que debe guiarlos. En otras palabras, ¿debe ser una libertad absoluta, sin ninguna restricción moral, o la verdad del hombre, la que oriente la comunicación mediática? En aras de aquella, de la libertad sin barreras, podemos caer en un totalitarismo de los medios y de los comunicadores hasta tener que aceptar la desaparición de la intimidad, la probable anulación del carácter privado de la vida. Ante el cúmulo de grabaciones filtradas no es descabellado concluir que podemos ser observados, espiados, por el gobierno, por un partido, por una organización; y esto produce una extraña inhibición en el hombre y en las sociedades.
Convencido como estoy de que es la Verdad del hombre, y no la libertad desbocada, la que da su verdadero sentido a la comunicación mediática, me parecen absolutamente condenables todas las filtraciones telefónicas. Tras ellas esconden aviesas intenciones y realidades: carencia de ética en quien las desliza, transformar a las personas y su dignidad en objetos de morbo social y, lo peor de todo, utilizar a los medios y a los comunicadores para dirimir rencillas del poder. Así, lo único que nos queda en las manos, a la postre, es una triste realidad: el cazador cazado, el medio mediatizado.
* Fuente: El Universal

EL OBSERVADOR 277-1

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La fe y sus benéficas repercusiones en la salud
Como ya lo ha indicado en numerosas ocasiones EL OBSERVADOR, la práctica religiosa tiene consecuencias positivas para la salud física y mental. Se han hecho muchos estudios al respecto, pero ahora nos volvemos a referir al tema para presentar las nuevas investigaciones, que confirman esta relación.
Los estudios canadienses
En Canadá el Dr. Chandrakant Shah, de la Universidad de Toronto, analizó la muerte de 43 mil personas —que representan la quinta parte de los fallecidos en el país cada año— buscando si los decesos podrían atribuirse a un bajo nivel de vida espiritual.
Para llegar a sus conclusiones sobre la fe y la salud el doctor estudió tres factores: la asistencia a un templo de culto, el tipo de presiones experimentadas, y los niveles de acción social y comportamientos dirigidos a ayudar a otras personas. Entonces esos datos fueron relacionados con la mortalidad y las enfermedades.
Encontró que, de los adultos fallecidos, un 41% no había asistido a un templo durante todo el año anterior al deceso.
El Dr. Shah afirma que si sólo un 6% más de canadienses participaran en actos de culto, el número de muertos podría disminuir por cinco mil. Mientras que si el 80% practicasen una fe, se podría reducir el número de muertos por 23 mil.
El estudio argumenta que la dimensión interior de la espiritualidad otorga a las personas un sentido y una meta para sus vidas. Al sentirse conectados con un poder espiritual y al dejarse guiar por él, se reducen los niveles de tensión. Además, la paz interior que proviene de la práctica de una religión disminuye el deseo de comportamientos donde lo único que se busca es la satisfacción de los sentidos, como el alcohol, el tabaco y la promiscuidad sexual, que tanto dañan la salud. Asimismo, las personas que cultivan la dimensión espiritual de sus vidas suelen ser más caritativas, perdonan a los demás y desarrollan una vida social más rica.
Sin embargo, el Dr. Shah admite que su estudio supone ciertos pasos que algunos podrían cuestionar. En primer lugar se da por supuesto que existe una relación directa y causal entre la espiritualidad y la mortalidad. En segundo lugar supone que la asistencia a un templo de culto representa una adecuada medida de la espiritualidad de una persona.
También queda por clarificar la relación entre la espiritualidad y la religión. El Dr. Shah admite que no son términos sinónimos y define el primero como creencias, valores y comportamientos que una persona tiene y que reflejan la relación con un poder superior y con el ambiente en donde vivimos. Mientras que la religión implica la creencia en un podersobrenatural, especialmente en un Dios personal.
Otro estudio canadiense, presentado por el Dr. Shah, realizado en personas que estaban sufriendo enfermedades terminales, demostró que los que practicaban la oración triplicaron el tiempo de vida que los doctores habían previsto para ellos; mientras que los otros murieron exactamente según las previsiones de los doctores.

La evidencia estadounidense
Existen 42 investigaciones sobre el tema realizadas por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos. En conjunto estos estudios contaron con una población de 126 mil personas. Se evaluó su asistencia regular a un templo de culto, concluyéndose que la fe religiosa y la espiritualidad están conectadas con una mayor resistencia a las presiones de la vida, una orientación más positiva al nivel psicológico y menos preocupaciones mentales.
Estudios previos habían demostrado que la participación religiosa ayudaba en problemas con la presión de la sangre, problemas de corazón y enfermedades mentales, pero se consideró que nunca antes se había analizado de una manera tan completa la relación entre la fe y el promedio de vida. Las conclusiones del análisis del conjunto de los estudios fueron presentadas por el psicólogo Dr. Michael McCullough, determinando que es de particular importancia la actividad religiosa pública. Aunque las personas que afirman la propia religiosidad, sin practicarla, viven un poco más, los beneficios son mucho más notables cuando hay asistencia regular a un templo público. Por ejemplo, uno de los estudios analizó a 21 mil personas y descubrió que los que nunca fueron a una iglesia, sinagoga o templo tenían casi el doble de riesgo de morir durante los siguientes nueve años, en comparación con los que participaban una vez a la semana en un acto religioso público.
El Dr. McCullough explicó que son varios los factores que están detrás de esta diferencia: muchas religiones tienen preceptos sobre el uso excesivo de alcohol y el abuso de drogas. Igualmente las personas que son religiosas suelen tener mayor respeto por su cuerpo. Otro factor es el beneficio de las relaciones sociales que se forman entre los que participan juntos en los servicios religiosos. En adición, existe una fuerte relación entre algunos problemas mentales y las actitudes psicológicas, que pueden ser ayudadas por la práctica de una religión.
Los autores de los estudios notaron también que los creyentes se beneficiaron de la convicción de que las injusticias de la vida serán remediadas por Dios, además de experimentar la ayuda de la esperanza en medio de sus problemas en esta vida.

EL OBSERVADOR 277-2

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CARTAS DE WARWICK
Estereotipos y la necesidad de definir
Francisco Porras
Muchos estereotipos que tenemos sobre las personas deben su origen a los prejuicios. Y eso es malo. Sin embargo, algunos aspectos de los estereotipos son el resultado de nuestra necesidad de definir e interpretar: dar respuestas en un mundo que exige decisiones instantáneas.
A pesar de que se han dejado de lado los etnocéntricos –e insultantes- relatos que tratan de explicar las diferencias del desarrollo sobre la base del «carácter” o “cultura” de las naciones o personas, se sigue confiando en la guía de estereotipos más light. Se desacreditan por simplistas, ilegales o contrarios a la dignidad, pero mucha de nuestra vida social sigue basada en ellos: como tengo lentes, la gente asume que me gusta la lectura. Y es divertido ver cómo mucha gente, al notar algún rasgo de mi personalidad que “no cuadra” con la imagen, abre los ojos y se sorprende. Al mismo tiempo parece que esta imagen produce cierta confianza: la gente muchas veces se me acerca a preguntar direcciones para llegar a algún lado, o se sienta cerca de mí en un autobús vacío.
Es obvio que todas estos comportamientos tienen como base una estructura social, pero también nuestra necesidad de definir y entender. Dado que no dispongo de información óptima y que muchas veces no puedo analizar la que tengo, entonces echo mano de ciertas generalizaciones que he obtenido por mi experiencia y la de otros. En ciertos lugares de México todavía la gente se pone nerviosa si se encuentra con un policía en la calle: el presupuesto es que es más probable ser agredido por cierto tipo de personas, y que nosotros podemos captarlo a simple vista (lo que es discutible).
No defiendo el prejuicio. Lo que digo es que, puesto que los estereotipos están basados en la necesidad de introducir orden en un ambiente muy complejo, son inevitables. Y que entonces muy pocas veces estaremos libres de la acusación de que “etiquetamos” a las personas, porque es parte del proceso normal de convivencia. Lo importante está en no olvidar dos puntos importantes:
Primero, que las personas escapamos a las definiciones y catálogos constantemente. El asombro que sentimos ante una persona singular muchas veces evidencia nuestras muy ineptas e ignorantes generalizaciones. Pero también el hecho de que la persona es indefinible. Esto es especialmente evidente cuando estamos ante las personas que nos fascinan: por más que tratamos de definirlas, siempre hay un rasgo, una actitud, una mirada que escapa a nuestra comprensión. Entonces hay que empezar de nuevo: por eso conocer a alguien es siempre una aventura.
Segundo, que tenemos que evitar el estereotipo como base de nuestros juicios. Muchas veces esto no será posible (no me voy a acercar a una pandilla para preguntarle si piensa asaltarme), pero hay ocasiones donde se nos da la oportunidad de rebasar estas consideraciones meramente sociales.
La tolerancia tiene que ver con la valentía de reconocer que nuestros juicios son siempre parciales: A no implica a B necesariamente; y el que Y sea de la ciudad de México no implica que le guste gritar (como algún taxista me argumentó muy seriamente alguna vez). El mejor remedio para la intolerancia (la convivencia) debe ser acompañado por el estudio, haciendo de este asunto uno de caridad, pero también, uno de conocimiento.

EL OBSERVADOR 277-3

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MIRADA CRÍTICA
Información salvaje
Santiago Norte
El informe que los especialistas dan para relatar lo que sucede en la nueva era de la información es el siguiente: cualquier hombre, en cualquier lugar del mundo, puede acceder en cualquier momento que lo quiera a cualquier información que se esté produciendo en ese mismo instante en cualquier otra parte del mundo.
Visto así suena interesante. El problema es verlo al revés: cualquier hombre puede ser espiado en su intimidad, a cualquier hora del día, en cualquier hora del mundo. Lo que hace que el ojo de El Gran Hermano —en este caso, el ojo de la tecnología informática— pueda controlar y modificar, si lo desea, la libertad individual y el espacio privado de cada uno.
El gran valor de la información no es la profundidad o el contexto, sino la inmediatez. Lo válido es lo actual, sin importar demasiado qué sea lo que se está recibiendo: un juego de futbol, un asesinato, la dimisión de un primer ministro, o la escena de alcoba de una pareja en Birmania. Desde luego, una miríada de informaciones sin control ético, profesional o, simplemente, jurídico, que hace al receptor una boca muy grande de basura.
Cierto: la tecnología, por sí misma, es neutral: no posee carga ideológica alguna. El problema de estos instrumentos capaces de diseccionar la vida personal de cada hombre o mujer que habiten en el planeta, de escudriñarla más allá de los límites de la libertad de entrometerse que se han adjudicado, es, simple y llanamente, en manos de quién están y para qué los usan esas manos.
Cada día que pasa, la información se vuelve más salvaje y caótica. Por «salvaje» entiendo una información inconexa, fragmentaria, que no forma opinión (no alimenta), y que da, al final del día, la sensación de obesidad, de glotonería. Por «caótica», la información que se hace a sí misma increíble: es tanta que el aparato cognositivo del usuario se satura y, para defender su equilibrio, prefiere desecharla al cubo del olvido inmediato.
Es una paradoja de nuestro tiempo que, habiendo sido privilegiados en términos de acceso a la información, tengamos que confirmar nuestra autonomía administrando estoicamente dicho acceso.

EL OBSERVADOR 277-4

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Mitos y realidades del aborto
        Se discute sobre el aborto. Sin embargo, a veces se carece de ideas claras. Es por esto que, a continuación, se procura dar respuesta a algunos de los principales argumentos que, en un deseo de halagar los oídos, presentan los partidarios del asesinato en el vientre materno.
        Mito: Debería permitirse el aborto ante un embarazo no deseado, porque trauma a la mujer.
        Realidad: La experiencia ha demostrado que, si se les deja nacer, muchos hijos no deseados se convierten en muy queridos. Cualquiera de nosotros pudo haber sido un hijo no deseado, pero sí acogido.
        Mito: El embrión es sólo una masa de células. La vida propiamente humana inicia a partir de que se registra actividad cerebral, y en el feto esto se da pasados muchos meses.
        Realidad: Los progenitores están unidos a su descendencia por un eslabón material que es el DNA. En el primer día del embarazo una célula con 23 pares de cromosomas (característica exclusiva de los seres humanos) se une a las células germinales. Desde el momento de la fecundación existe un ser humano con todo el material genético que se va a desarrollar a lo largo del tiempo. Lo que se lleva en el seno materno es algo vivo que algunos dudan que sea un ser humano. Pero, si no es un ser humano, ¿qué tipo de ser es? Si no se tuviera la convicción de que es un ser humano, ¿por qué los pro-abortistas buscan que se interrumpa su crecimiento? ¿Y por qué todo el mundo espera el nacimiento de un ser humano?
        Mito: El aborto debe permitirse porque la mujer tiene derecho a disponer de su cuerpo.
        Realidad: Tratándose del aborto no se está manipulando el propio cuerpo, sino que se acaba con la vida de otra persona. Varias ciencias lo han demostrado: madre e hijo son seres distintos. Él recibe de ella alimento y espacio para vivir. La posibilidad misma de la fecundación en vitro es una prueba contundente de que el embrión no constituye un apéndice de la madre.
        Mito: Que el aborto sea legal por los que así lo deseen. El aborto es asunto de la propia conciencia, es una cuestión personal, íntima, en la que ni la legislación, ni la religión, ni nadie, excepto la propia madre, debe intervenir.
        Realidad: Las leyes cumplen la función de lograr un estado de derecho. Al declarar un precepto como conveniente se postula un criterio social de comportamiento. Es incongruente apoyar el aborto por respeto a quienes mantienen otros puntos de vista. La opinión ajena tiene sus límites. Ninguno apoyaría una ley que protegiera la vida de todos, pero permitiera a cualquiera privarle de la suya. Aunque todos debemos seguir la propia conciencia, el papel de ella no es crear la verdad. Y tampoco se trata de una cuestión personal, íntima, porque afecta concretamente al no nacido, el cual es conducido a la muerte.
        Mito: Es preferible abortar cuando el feto presenta alteraciones genéticas o congénitas, pues ¿qué calidad de vida podrán llegar a tener esos niños?
        Realidad: La historia del pequeño Samuel Alexander Armas es útil para contestar esta pregunta (véase EL OBSERVADOR, núm. 232, del 19 de diciembre de 1999). Niños y adultos con problemas de discapacidad son felices, mantienen la esperanza, y prefieren vivir a no haber nacido nunca. ¿En dónde se sitúa la calidad de vida de una persona? Realmente es algo muy subjetivo. En donde uno es feliz, otro piensa en el suicidio. En un debate ante la televisión francesa, un panelista preguntó a otro: «Un padre sifilítico y una madre tuberculosa tuvieron cuatro hijos: el primero nació ciego, el segundo murió al nacer, el tercero nació sordomudo, y el cuarto es tuberculoso; la madre queda embarazada de un quinto hijo. ¿Usted qué haría?» «Yo interrumpiría ese embarazo», respondió el interpelado con mucha seguridad; a lo que su contrincante contestó: «Tengamos un minuto de silencio, pues usted hubiera matado a Beethoven».
        Mito: El aborto debe ser una opción cuando se carece de capacidad para la manutención económica del no nacido.
        Realidad: En estos casos ciertamente la mujer necesita apoyo, pero éste no debe consistir en matar a los hijos. Hay países en que se otorga un subsidio a la madre pobre para atender el parto y se le ayuda para que entregue al hijo en adopción si decide no retenerlo. En México no hay nada sistemático a ese respecto. Si la ayuda oficial ha de cifrarse en el aborto, entonces estamos dominados por personas no aptas para gobernar.
        Mito: Existen maneras diferentes de pensar. Algunos teólogos han resuelto la cuestión del aborto de manera distinta que la Iglesia.
        Realidad: Es una realidad conocida que existen teólogos en desacuerdo con la tradicional enseñanza de la Iglesia; pero es necesario recordar que ésta no es una institución democrática, y que es dogmática por excelencia. Un católico no es sólo sujeto de derechos, sino también de obligaciones. El cuidado de la vida es una de ellas. La Iglesia tiene el deber de indicar lo que en un sistema filosófico puede ser incompatible con su fe: la luz de la razón y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto no pueden contradecirse entre sí. Es posible que algunos teólogos hayan resuelto la cuestión del aborto de manera distinta que la Iglesia. Podrán ser sinceras, pero están sinceramente equivocadas.

(Fuente: Organización Vida Humana Internacional, publicación periódica Arbil, núm. 37)

EL OBSERVADOR 277-5

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EL TEMPLO DE BABEL
Satanismo para niños
Diego García Bayardo
Varias compañías fabricantes de alimentos chatarra sacaron al aire este año llamativos anuncios y productos siniestros, alusivos al nefasto Halloween, dirigidos a los menores de edad. Por ejemplo, Sabritas S.A. anuncia sus papas Ruffles con esqueletos de jóvenes, y la empresa Marinela lanzó una colección de tatuajes y muñecos de plástico llamada Goosebumps (Escalofríos), que incluye, entre otros, un tatuaje donde aparece claramente un demonio sobre un escudo que dice: «Be all you can» (Sé todo lo que puedas ser) y en el que figura con grandes letras la palabra Beast (Bestia).Ya es bastante molesta la impertinencia esa de poner todo en inglés, como si no fuéramos hispanohablantes en México, pero lo importante de notar aquí es que la frase mencionada es muy similar al famoso lema satanista «Haz lo que quieras», y que no podemos dejar de señalar que esa Bestia, el diablo, no es el personaje que un buen católico quisiera ver tatuado en el brazo de su hijo.
El caso más grave es el de la Coca Cola Company. Desde que relanzaron su refresco Delaware Punch al mercado, sus anuncios televisivos tratan de niños que son atraídos por un diabólico refrigerador viviente, rodeado de luces sobrenaturales en medio de la oscuridad; los niños acaban bebiendo el refresco y sus ojos adquieren el brillo verdoso del par de ojos reptilescos pintados en la lata del producto, lo que significa que fueron poseídos por esa presencia sobrenatural. Es realmente grave que una empresa intente decirnos que una posesión es algo bueno, agradable o divertido, y es aun más molesto ver que semejante mensaje es propuesto precisamente a los niños. Pero no se conformaron con eso: ha sido lanzado recientemente al mercado un inquietante juego de mesa llamado Mysteria, también creado y distribuido por la Coca Cola Company en relación con su refresco Delaware Punch. Mysteria tiene mucho parecido con un simple juego de la oca, pero el tablero tiene demonios y calaveras y para jugar se necesita utilizar una serie de tarjetas redondas verdaderamente repulsivas. De un lado tienen impresas figuras de seres malignos y sobrenaturales, y del otro unas instrucciones de juego. Los dibujos, de por sí bastante repelentes, tienen además figuras subliminales, y las instrucciones dicen cosas como éstas: PAYASO. -Sus afilados dientes te comen un brazo. Ve por otro a la 6. -Los globos son un racimo de cabezas. Retrocede 5. No se ve muy edificante que digamos.
Alguno podría objetar que todo esto es sólo un juego, que no hay invocaciones, símbolos o elementos serios de magia o diabolismo en Mysteria; que ni los fabricantes ni los consumidores creen en los monstruos representados, etc. Quizá sea cierto eso, pero el mal que este juego produce en los niños radica precisamente en la trivialización de lo diabólico y lo prohibido, en verlo como una diversión y no como una amenaza real para la salvación humana, en hacer pasar la maldad como algo banal, en sostener que la magia y el satanismo son atractivos, y que, si existe lo diabólico, es muy adecuado para los niños. Ciertamente, juegos como Mysteria no son productos propiamente satanistas, pero son un excelente curso de iniciación, un magnífico propedéutico para entrar, más pronto o más tarde, al mundo del ocultismo, la magia y el satanismo.

EL OBSERVADOR 277-6

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De la sabiduría de la madre Teresa de Calcuta
Pbro. Prisciliano Hernández Ch., O.R.C.
La madre Teresa de Calcuta sorprendió al mundo por su entrega total, confiada y alegre a favor de los más pobres de los pobres.
Ella, como todos los santos, hacen cercano a Nuestro Señor, el Cristo de nuestra fe, a pesar de su paso lejano en el tiempo —2000 años—, y de sus modos singulares de estar entre nosotros por la acción del Espíritu Santo, sobre todo por la presencia eucarística.
La madre Teresa es una versión de finales del siglo XX del Evangelio tan antiguo y tan nuevo, el más digno de fe, en un mundo sumido en lo más pavoroso de los relativismos, amoralismos y egoísmos de corte nietzcheniano, sartriano y posmoderno.
Uno de los signos de credibilidad, para creer en Jesucristo, el Señor, más allá de las profecías cumplidas y de los milagros de ayer y de hoy, son las acciones del amor total: “Amaos como Yo los he amado”, en el amor extremo de dar la vida.
Las acciones de la madre Teresa son expresión de su alma cándida, fraguada en la cruz del sufrimiento: el presidente de Albania mandó asesinar a la mamá y a la hermana de nuestra madre Teresa de Calcuta en represalia porque eligió y fue llamada a ser religiosa; además expusieron sus cadáveres para ser devorados por las aves de rapiña.
Ella perdonó al asesino y a sus siniestros colaboradores. Así fue adquiriendo el corazón de pobre, el corazón del profeta de las Bienaventuranzas.
Retazos de su sabiduría los tenemos en las frases felices o en sus pensamientos, que son un himno al Dios Amor y expresión del humanismo cristiano, de los especialistas en humanidad de la Iglesia: los santos.
Transcribimos este pensamiento que puede ser luz en nuestros senderos eclipsados por tanta basura informática o de los reincidentes e infamantes talk shows:

¿CUÁL ES...
el día más bello? HOY
la cosa más fácil? EQUIVOCARSE
el obstáculo mayor? EL MIEDO
el mayor error? ABANDONARSE
la peor derrota? EL DESALIENTO
la primera necesidad? COMUNICARSE
lo que hace más feliz?SERVIR A LOS DEMÁS
el peor defecto? EL MAL HUMOR
la persona más peligrosa? LA MENTIROSA
el peor sentimiento? EL RENCOR
la sensación más grata? LA PAZ INTERIOR
la mejor medicina? EL OPTIMISMO
la mayor satisfación?EL DEBER CUMPLIDO
la fuerza más poderosa del mundo? LA FE
las personas más necesarias? LOS PADRES
los mejores profesores? LOS NIÑOS
lo más hermoso de todo? EL AMOR
la distracción más bonita? EL TRABAJO.

MADRE TERESA DE CALCUTA.

Después de la lectura de este retazo de sabiduría, huelga todo comentario.

EL OBSERVADOR 277-7

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ENTREVISTA
Para agencias internacionales como la ONU el nacimiento de un niño es una catástrofe
Jesús Colina / ROMA
El profesor y presbítero Michel Schooyans, uno de los mayores expertos del mundo católico en bioética y demografía, y responsable de las meditaciones que se leyeron durante el «Viacrucis de las familias», que se celebró en la plaza de San Pedro el 12 de octubre, habla sobre el sufrimiento de la familia.

El Jubileo de las Familias tuvo por tema: «Los hijos, primavera de la familia y de la sociedad». ¿Por qué se escogió este tema?
Según la sabiduría popular, el niño que viene al mundo es un «regalo». Se trata de un dicho que nuestras abuelas repetían mucho antes de que existiera la abundancia de bienes de consumo a la que estamos acostumbrados hoy. El niño no es un peso. Es, ante todo, un don, el don más bello que pueda hacer una mujer al marido; el don más bello que puede hacer un hombre a su mujer; el don más bello que puede hacer la familia a la sociedad. Es verdad que un nacimiento no produce nada y conlleva una renta, pero es un potente estímulo para los padres que desean ofrecer al niño un ambiente agradable, una buena educación, ropa, vacaciones, etc. Al mismo tiempo, el niño estimula a los poderes públicos a mejorar las infraestructuras, el sistema educativo, a modernizarse. De este modo, el niño no sólo estimula a la familia, sino también a la vida económica, social, política... Es, por tanto, aberrante establecer un principio simplista según el cual el niño es un peso (especialmente en países del tercer mundo) y por tanto el aborto y la esterilización son «económicamente preferibles» a un nacimiento. A veces da la sensación de que algunas agencias internacionales de la ONU sienten más alegría por el nacimiento de una vaca que de un niño. Es más, un bebé parece ser visto como una catástrofe.
«La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado» dice el artículo 16, 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por desgracia, 52 años después de la publicación de esta declaración, los programas de control de población en Asia, América Latina y África implican la esterilización o el aborto, convirtiéndose en auténticas violaciones de los derechos humanos. ¿Cómo se ha llegado a esta situación?
Varios indicios convergentes prueban que la Declaración de 1948 esta amenazada. Las amenazas proceden, ante todo, de la voluntad de prolongar la lista de los derechos humanos, incluyendo algunos «nuevos derechos». La Federación Internacional para la Planificación Familiar (IPPF) y Family Care International, junto a muchas otras organizaciones, están haciendo todo lo posible para difundir esta nueva mentalidad. La Unión Europea desempeña un papel fundamental en este sentido. En las Conferencias Internacionales de la ONU de El Cairo (1994) y de Pekín (1995) se convirtió en uno de los principales promotores de estos «nuevos derechos»». La Carta Global de la Sanidad, preparada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), también los menciona. Para esta mentalidad, existe la familia heterosexual, clásica, pero también está la familia homosexual... Se da el caso de madres «de alquiler», o de madres biológicas que trabajan para parejas que no pueden tener hijos. Surgen así casos imposibles de resolver legalmente: ¿Quién es la madre? ¿Quiénes son los padres? De este modo, el uso ambiguo del término familia podría llevar a la desaparición de los derechos económicos, sociales y culturales de las familias tradicionales.
En un reciente encuentro de sexólogos celebrado en Berlín, la profesora Judith Mackay de Hong Kong, que trabaja en la OMS dijo que en el futuro «tan sólo algunos obstinados ultraconservadores guiarán las resistencias de retaguardia: las religiones aceptarán en todo el mundo la píldora y los demás anticonceptivos, admitirán homosexuales y lesbianas como sacerdotes, combatirán juntos en la ONU contra la discriminación sexual. Quien quiera tener descendientes podrá escoger niños a la medida en cuanto al coeficiente intelectual o al color del pelo. Nadie se sentirá hombre o mujer para toda la vida». Según la experta de la OMS esto es progreso; usted, ¿qué opina?
Una corriente feminista ha desarrollado la ideología del «gender» (género). Distingue las diferencias biológicas (sexo) de los papeles atribuidos por la sociedad al hombre y a la mujer (de aquí viene el término «género»). Según esta ideología, las diferencias entre «géneros» humanos no son naturales, sino que más bien aparecen en el curso de la historia y son creadas por la sociedad. Se trata, por tanto, de diferencias culturales. Según esta ideología, es necesario abolir totalmente toda distinción entre hombres y mujeres. Términos como matrimonio, familia, madre, tienen que ser eliminados, pues no corresponden a ninguna de las realidades admitidas por esta ideología.
(FIN)

EL OBSERVADOR 277-8

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