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Periodismo católico para la familia de hoy19 de noviembre de 2000 No. 280 SUMARIO
Reflexiones de otoño / III Los tropiezos previsibles de una economía de mercado desbocada 2.- El mercado no es, por sí mismo, ningún mecanismo regulador. Si no tiene autoridad social por encima de sus operaciones, se convierte en un eficaz productor de desigualdades. Y eso vale para todos los confines y latitudes del mundo. Por ejemplo, la economía más desarrollada y en donde el libre mercado por cuestiones constitucionales y de liberalidad campea por sus respetos, en Estados Unidos, aproximadamente el 5% más rico se lleva el 22% de la renta nacional, y el 20% más pobre solamente el 4%. En Estados Unidos, el país con mayor grado de libertad de mercado, hay 37 millones de pobres absolutos. Eso sin contar el enorme costo social que debe pagar este país por la marginación de los beneficios del mercado a grandes sectores de la población: uno de cada 150 ciudadanos estadounidenses está actualmente en la cárcel. 3.- Hay que tener muy claro en la mente lo que ha escrito en fecha reciente Karl Polanyi: «El mercado es un buen sirviente, pero un pésimo amo». Sirve al desarrollo común si está basado en las reglas de la humanidad, pero se convierte en un tirano si se le deja con el poder absoluto. También en el mercado funciona la máxima de Lord Acton: «El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente». Se trata, pues, no de poner candados insensatos, sino de ponerle (al mercado) el único candado que previene su corrupción: el sentido de humanidad (de solidaridad). 4.- El verdadero problema, el problema de fondo de la economía de mercado ajena a la responsabilidad con el bien de todos, con el bien común, es que como los sueños de la razón, según Goya «crea monstruos». El monstruo del ciudadano antisolidario, individualista y egoísta, principalmente. Pero existe un monstruo colateral, descrito con puntería por Zygmunt Bauman: el resultante de una sociedad «cuyos proyectos de vida se construyen sobre las opciones de consumo» No es la cuestión del otro, expresada en ayuda, amor o comprensión, lo que inflama los «productos» humanos del mercado desbocado, sino la posesión, la acumulación y el atesoramiento de cosas, de placeres y de personas. (J.S.C.) EL OBSERVADOR 280-1
DILEMAS ÉTICOS ¿Quién puede más: los sistemas o el hombre? Sergio Ibarra A continuación cuento la historia de Juanito, un vendedor que, como todo buen comerciante, se había desarrollado vendiendo un poco de todo, pero, al mismo tiempo, había acumulado experiencia en la venta de productos y servicios, lo que le hacía un elemento atractivo. Un buen día un recibió una oportunidad en una empresa. Al segundo mes de trabajo, apurado por una circunstancia personal, Juanito cometió un abuso de confianza. Atribulado por un pasado que no lo ha dejado en paz, manipuló una situación de cobranzas y depositó a su favor un dinero que no era de él, un dinero de la empresa, con la justificación personal, no olvidarlo, de que le debía una lana a un cuate que lo tenía amenazado; y, una vez que se vio con dinero en las manos, decidió tomarlo «prestado» para salir del apuro. Para su mala suerte, los sistemas de control de su empresa detectaron en menos de 24 horas el fraude. Cuando Juanito fue llamado a la oficina de personal para notificarle la situación, ya se había gastado el dinero y no tenía con que pagar. Inmediatamente el asunto fue pasado al departamento legal de la empresa. Para salir del atolladero, Juanito recurrió a su suegro para pedirle ayuda. Se entregó un bien en garantía y se firmaron pagarés. Juanito, al ver que perdería su trabajo, pidió una última oportunidad ¿Cuál es el dilema en la historia de Juanito? Primero, el que vive Juanito, que ya de suyo queda planteado: ¿cuánto vale la libertad del sostén de la familia contra la resolución de un apuro cometiendo una falta, en lugar de buscar el auxilio de la familia y de la propia empresa? Segundo, si usted fuera el jefe de Juanito, ¿le daría otra oportunidad cuando actuó con toda alevosía y ventaja? Tercero, si usted fuera el suegro de Juanito, ¿ayudaría en estas circunstancias al padre de sus nietos? Tenemos un dilema ético cuando un valor que usted profesa y en el que usted cree esta siendo puesto a prueba. Como católico, ¿usted que haría? EL OBSERVADOR 280-2
El vicario general de la Iglesia ortodoxa rumana, Juvenalie Jonascu, dijo que «la Iglesia ortodoxa venera a María al igual que lo hace la Iglesia católica. Ahora bien, por lo que se refiere a la Asunción, como lo recuerda explícitamente la Sagrada Escritura, considera que no es un dogma, sino un dato de fe. Todos testimonian que la Madre de Dios fue llevada al Cielo». Por lo que se refiere al significado de este misterio cristiano, el líder ortodoxo explicó: «Para nosotros la Madre de Dios es la reina y, al mismo tiempo, la humilde sierva que supo acercarse a Dios. Ella es el medio que Dios utilizó para asumir nuestra misma substancia y vivir nuestra experiencia, para ofrecernos la posibilidad de la divinización». Por su parte, el pastor Renzo Bertalot, teólogo de la Iglesia valdense, confesión cristiana surgida en el siglo XII, antes de Martín Lutero, en Lyón (Francia), pero que se sumó después a su corriente reformadora, explicó también a Radio Vaticano: «En el pasado ha habido entre católicos y protestantes una posición contrapuesta en torno a la figura de María. Con el desarrollo del movimiento ecuménico, de manera particular después del concilio Vaticano II, se ha tratado de abrir un diálogo sobre todos los argumentos. Ciertamente el tema de María no es el más fácil, pero el diálogo se ha afrontado. El Grupo de Dombes ha insistido en constatar que María ha sido ciertamente motivo de contrastes, pero nunca de separación o división contrapuesta entre los cristianos». Y sobre el dogma de la Asunción dijo: «Si se toma como punto de partida la expresión 'Llena de gracia' y se entiende 'sólo como gracia', entonces es Dios quien tiene la iniciativa. En este sentido, podemos tratar de recorrer un camino común católicos y protestantes. Los dogmas marianos, pueden leerse en este sentido». Y finalizó: «Está claro que ortodoxos, católicos y protestantes tienen dificultades en el lenguaje con que expresan este dogma, pero si vamos más allá de la forma, y buscamos la sustancia que es la unidad en Cristo, el testimonio del Reino de Dios, nuestro ser en Cristo, entonces se puede dar un empuje nuevo que ya no es un empuje de separación, sino un empuje de comunión recíproca en la unidad y en la diversidad». La proclamación fue hecha ex cathedra, en la plenitud del magisterio sagrado e infalible de Su Santidad, y está contenida en la bula Munificentissimus Deus. En el fondo de la Asunción también se encuentra el misterio de la Encarnación, que hay que tomarlo en serio: si Cristo se ha hecho carne, tampoco la dimensión corpórea es ya la de antes. El resucitado nos ha sumergido ya en la nueva realidad, nos lleva a interpretar el espacio y el tiempo en manera diversa. Lo que en María se ha cumplido ya en plenitud, también nosotros estamos llamados a experimentarlo en forma sacramental en la relación con nuestro cuerpo. María muestra la plenitud de la carne: la salvación no es una dimensión desencarnada. Imágenes como las del Apocalipsis (la esposa, el banquete...) nos hacen intuir también, en forma simbólica, que la plenitud no será sólo espiritual. Lo que contemplamos en la Asunción como un «privilegio» de la Madre de Dios, es un designio que implica a todos los redimidos: los del Cielo y, junto a ellos, todos los que viven en gracia. La comunión de los santos no es sólo de los que nos han precedido: se relaciona también con la Iglesia peregrinante, la que vive en el mundo. La Asunción, por tanto, es la primera, no la única. Por eso Pío XII eligió la fiesta de Todos los Santos para promulgar este dogma de fe. (Extracto de unas declaraciones hechas por la teóloga Cettina Militello) EL OBSERVADOR 280-3
Jesús Colina / Roma (para El Observador) ¿Cómo es posible que un proceso que parecía bien encaminado, defendido a capa y espada por la única gran potencia mundial, haya podido saltar hecho añicos por la provocación de un populista de turno? La respuesta a estos interrogantes hay que buscarla en el clima que se propagó tras el fracaso de las negociaciones de Camp David del pasado mes de julio. Hasta ese momento el proceso de paz había avanzado, con dificultad, ciertamente, pero había logrado metas decisivas para sentar la convivencia pacífica entre dos pueblos enfrentados abiertamente desde hace 52 años. Pero las esperanzas se vinieron abajo. Israelíes y palestinos tuvieron la impresión de que el proceso de paz se había encontrado con una muralla infranqueable: la cuestión de Jerusalén. En las difíciles negociaciones de Camp David, los mediadores norteamericanos se dieron cuenta de que la cuestión de los lugares santos era más complicada de lo que se imaginaban. Al hacer cualquier tipo de división de Jerusalén con mapa y bolígrafo era inevitable que los lugares sagrados de una de las tres religiones monoteístas cayeran en el lado equivocado. Algo imposible de aceptar por las partes. En ese momento los mediadores se acordaron de que había alguien que llevaba décadas proponiendo una solución a lo que parecía insoluble. La Santa Sede lleva predicando desde hace lustros la necesidad de que los lugares sagrados del Islam, del judaísmo y del cristianismo sean protegidos por un Estatuto internacionalmente garantizado. De este modo la cuestión religiosa puede ser separada de la política algo indispensable para que el proceso de paz avance. Además, es la única solución que puede garantizar la libertad religiosa y de culto en caso de nuevas mudanzas en la división territorial. Juan Pablo II, en un encuentro dominical con los peregrinos, recordó ante las cámaras del mundo entero su propuesta de paz: La Santa Sede continúa pensando que sólo un Estatuto especial, internacionalmente garantizado, podrá preservar efectivamente las partes más sagradas de la Ciudad Santa y asegurar la libertad de fe y de culto para todos los fieles y pidió que se restablezca el clima de diálogo que existía hasta hace algunas semanas. Y siempre ha tratado de concientizar a las partes de que «los pueblos israelí y palestino están llamados por la historia y la geografía a vivir juntos». La posición vaticana sobre la Ciudad Santa fue explicada por el arzobispo Tauran, secretario para las Relaciones con los Estados: «En el encuentro, pude precisar bien nuestra posición, pues, como leía en un periódico, muchos piensan que la Santa Sede pide la internacionalización de la ciudad de Jerusalén, y eso es completamente falso. Lo que pedimos es que los santuarios de las tres religiones puedan conservar en el futuro su carácter único y sagrado, gracias a las garantías internacionales, de manera que en el porvenir ninguna de las partes pueda reivindicar para sí misma el control exclusivo de estas partes sagradas de la ciudad». El delegado vaticano dejó bien claro que la propuesta de la Iglesia no es política y no quiere meterse en cuestiones de soberanía territorial, cuestión que tiene que ser resuelta por las negociaciones de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina. * Kofi Annan, secretario general de la ONU, ha reconocido: «Las enseñanzas del Papa son la doctrina fundamental de la paz». * Juan Pablo II llama a construir un «jardín de la paz, que no se siembre con discursos vacíos, sino que se siembre por contagio. No sólo la violencia es contagiosa: también puede serlo la paz. Contagiar la paz: he ahí el reto del que nadie debe sentirse excluido». EL OBSERVADOR 280-4
Mala información Santiago Norte La buena información tiende a ser un concepto precioso en la época de la opulencia informativa. Se confunde con el exceso. Pero el exceso es una parodia, también como el defecto, de la información. La saturación, sin embargo, produce una impresión desesperanzadora: el receptor cree tener el conocimiento del mundo a su alcance cuando, en realidad, no comprende ni entiende casi nada del mundo. Y cuando uno revisa el espectro noticioso, tanto de los medios convencionales como de los nuevos medios como internet, se topa con que la irrelevancia es el criterio mediante el cual se cuelgan noticias al por mayor. En el fondo de todo esto late el reconocimiento, tanto de profesionales como de audiencia, de que la televisión es el criterio de verdad que necesita un hecho para convertirse en noticia. Si sale en ella, el acontecimiento se vuelve relevante. E inmediatamente los otros medios le harán coro. No hace mucho, un noticiario nocturno (López Dóriga) se hizo de la grabación telefónica de la charla entre Adriana y Raúl Salinas de Gortari. Al día siguiente fue primera plana de los periódicos, tres días después no había noticiario radiofónico que eludiera hablar del tema hasta por los codos. Esto demuestra que la información está mutando a tal grado que de lo que se trata es de decir mucho sin decir nada a fondo. EL OBSERVADOR 280-5
La ley y su excepción Francisco Garrido Patrón Cuando la autoridad legítima anuncia que por ningún motivo usará la fuerza pública para resolver conflictos que quebrantan los derechos ciudadanos, como es el caso de Chiapas, la UNAM, el bono de los burócratas, etc., se genera un clima político contradictorio. Se extiende así la impunidad legal sobre actores políticos que han actuado al margen de la ley. Negociar la ley es, en efecto, la más vieja de las tradiciones políticas en México. Sujetar su cumplimiento a consideraciones extralegales o influencia de los afectados es un lugar común. La costumbre es llenar con soluciones prácticas de gobierno el abismo entre el país legal y el país real. Negociar la ley ha sido la manera ya agotada de hacer gobernable por la vía de los hechos lo que era imposible sujetar a las previsiones de la ley, como sucede con el famoso bono sexenal que exigen los burócratas. El peligro de restablecer la excepción de la ley en el nuevo México democrático nacido el 2 de julio, es que la democracia ha quitado discrecionalidad a las autoridades, cercadas como están por la competencia política y la vigilancia pública. Por lo tanto, el único instrumento de gobierno que tiene la autoridad en el México democrático es precisamente la aplicación de la ley. Si la autoridad renuncia explícitamente a ese valioso instrumento, renuncia a la gobernabilidad y siembra de paso la temida ingobernabilidad. EL OBSERVADOR 280-6
Mi exnovio quiere que quedemos como amigos Yusi Cervantes Leyzaola Pues ya no estés alegre con él. Estás construyendo una fantasía, no tienen una relación real. Lo que estás haciendo es prolongar el sufrimiento. Yo no creo que después de un rompimiento así sea posible la amistad. Menos aún si uno de los dos sigue enamorado. Para el que no está enamorado es muy fácil: ya no tiene el compromiso pero sí lo agradable que le da esa relación. Pero para el otro es un tormento. Quizá con el paso de los años, cuando sanen las heridas, cuando pasen los sentimientos, cuando cada uno esté bien centrado en su vida, podrían ser amigos, si aún les interesa. Pero esto que estás haciendo, aceptar una supuesta amistad aferrada a un «al menos esto», es autodestructivo. Además, no hay tal amistad. Tú no puedes ser libre, espontánea con él. Hay cosas que no le puedes confiar, como harías con un verdadero amigo. Y él, por su parte, no toma en cuenta el daño que te hace. No le importa tu sufrimiento. Eso no es una amistad. Tú mereces una buena relación de pareja, no esta farsa. Pero tampoco necesitas forzosamente una pareja. Puedes y necesitas ser feliz por ti misma, sin depender de nadie para esto. La felicidad es una experiencia interior, fruto de ser quien eres, hija de Dios, y cumplir tu misión en mundo. La felicidad se encuentra en el amor, es cierto, pero es cuando tienes esa capacidad de amar al prójimo, al que sufre, a los pequeños de Dios y a todo ser humano con ese amor generoso, incondicional, que genera vida. Es un amor sin apego, que te permite soltar a quien amas. Y eso es lo que necesitas hacer: suelta a tu exnovio, desapégate de él. Para empezar, habla con él, dile que no te interesa esta relación a medias, que no es satisfactoria para ti y deja de verlo. Te va a doler, claro; está bien, así tiene que ser. Llora amargamente, sufre un rato, busca a quienes te quieren (papás, hermanos, amigos...) y permite que te consuelen y apapachen. Y luego levántate. La vida te espera, le urge que te incorpores para ella. Dios tiene muchos planes para ti y, créeme, entre ellos no está que sufras por este hombre que no sabe amarte ni valorarte. EL OBSERVADOR 280-7
Isele Se comporta como se comporta no sólo a causa de su propia infancia, sino también a causa de la infancia y la juventud de sus padres. Cuando hablas mal tengas o no tengas razón de su familia, hablas mal de la persona que está frente a ti, y de personas que ama profundamente. Atacas sus raíces, despiertas sus miedos... Ocurre, además, que cuando hablas mal de la familia del otro, estás hablando de algo que él o ella no puede cambiar. No está en sus manos. Entonces no tiene ningún sentido lastimarlo con un reclamo completamente inútil. Por supuesto, si familiares de uno u otro están interfiriendo y perjudicando a la nueva familia, sí hay que hablar. Pero la regla de no hablar mal queda en pie. No hay que usar frases del tipo: «tu mamá es metiche», «tu padre es débil», «tu hermano es un inútil»... No tenemos el derecho de juzgar y condenar. Además, con eso no solucionamos nada. Tampoco se vale decir cosas como: «lo que tu mamá quiere es que nos separemos», «tu papá opina que no sirvo como marido», «lo que tu hermana siente es envidia»... ¡Cuidado! No podemos saber lo que los otros piensan o sienten. No tenemos el poder de penetrar en su cabeza o en su corazón. Y con estas presuposiciones nos lastimamos a nosotros mismos, además de construir todo un drama familiar. Lo que sí podemos y debemos hacer es referirnos a los hechos, hacernos responsables de nuestras propias ideas y sentimientos y marcar, con respeto y firmeza, nuestros límites. Entonces podríamos decir algo así, si se da el caso: «suegra, valoro su interés, agradezco sus consejos y los tomó en cuenta, pero son nuestros hijos, por lo tanto, nuestra responsabilidad, y nosotros decidimos cómo hay que educarlos». Podemos poner límites a las respectivas familias sin hablar mal de ellas. Se trata de usar la comprensión, la delicadeza y un buen corazón. EL OBSERVADOR 280-8
El huerto de los monjes Justo López Melús * Vivían en un mism recinto dos monjes, conocidos por su humildad y paciencia. Cuidaban mucho su pequeña choza, rodeada de un pequeño huerto, bien regado, que les ofrecía hortalizas y frutas en abundancia. Tanto que podían ofrecer a otros ermitaños, que no tenían huerto. También tenían flores y hierbas olorosas para adornar el altar del oratorio. Todos contaban maravillas de los dos monjes. Un día un anciano monje, que había oído hablar muy bien de ellos, quiso salir de dudas y fue a verlos. Después de la oración le llevaron al jardín. E inesperadamente tomó un bastón y empezó a golpear como loco las hortalizas, los pepinos, las flores. La reacción de los monjes fue inesperada: «Padre, si te parece, recogeremos algo de la berza que ha quedado, la coceremos y la comeremos los tres juntos». El viejo monje los abrazó y dijo: «Me quedo con ustedes, pues veo que Dios habita en este aposento». * El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro. EL OBSERVADOR 280-9
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