El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

3 de diciembre de 2000 No. 282

SUMARIO

bullet La aceptación de las «uniones de hecho», falsa expresión de modernidad
bulletAL ALBA DEL MILENIO ¿Se puede ser algo sin serlo?
bulletCómo orar para obtener de Dios la curación
bulletCARTAS DE WARWICK Cuando las palabras no son suficientes
bulletMIRADA CRÍTICA La imagen mató a la política
bulletPANTALLA CHICA Calidad en noticiarios
bulletConsecuencias sociales del reconocimiento de uniones gays
bulletEL TEMPLO DE BABEL Instrucciones para fundar una secta
bulletEn evidencia, la planificación demográfica de la ONU
bulletCASTIDAD NO ES REPRESIÓN (II) La integridad de la persona
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Enfermo de celos
bulletPINCELADAS El abuelo y la abuela se pelean

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La aceptación de las «uniones de hecho», falsa expresión de modernidad
* Un documento oficial de la Iglesia denuncia los inconvenientes del caso.
* Ninguna sociedad humana puede correr el riesgo de la permisividad en esta materia, ha dicho Juan Pablo II.
* Un legislador cristiano no puede formular ni aprobar leyes conculcadoras de valores humanos y morales esenciales y originarios.
A la Santa Sede le preocupa que numerosos parlamentos estén adoptando legislaciones que equiparan las «uniones de hecho» al matrimonio. Por tanto, el Pontificio Consejo para la Familia ha emitido el documento titulado «Familia, matrimonio y 'uniones de hecho'». El responsable de su formulación, cardenal Alfonso López Trujillo, denuncia que el concepto de «uniones de hecho» ha llegado a ampliarse incluso al «maridaje» entre personas del mismo sexo, con la pretendida posibilidad de adoptar niños.
Tras un examen del aspecto social de las «uniones de hecho», de sus elementos constitutivos y de los motivos en que se basan, el documento afronta el problema de su reconocimiento y su equiparación jurídica con la familia fundada en el matrimonio. El documento, aunque dirigido a los agentes de pastoral de la Iglesia, interpela particularmente a los responsables de la cosa pública: «Una permisividad moral de ese tipo no puede por menos que acarrear daños a las exigencias auténticas de la paz y de la comunión entre los hombres. Urge, pues, descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, valores, por lo tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado pueden crear nunca, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover».
El comunicado respectivo puntualiza: «En estos últimos años asistimos a repetidos intentos de conferir validez legal a las uniones de hecho. Se trata de uniones que ignoran o incluso rechazan la institución del matrimonio en sí misma o, por lo menos, la aplazan a un futuro incierto. Así estas uniones no están ni comprendidas en el derecho matrimonial ni protegidas por él, y, por tanto, una pretendida equiparación comporta un vaciamiento jurídico de la institución matrimonial. Algunas veces, incluso, se desea la misma validez para las convivencias entre personas del mismo sexo, con la posibilidad hasta de adoptar niños. Unas y otras pretenden obtener los mismos derechos de la familia fundada en el matrimonio. Juan Pablo II rebatía ante los políticos y parlamentarios en el histórico discurso que les dirigió el 4 de noviembre del 2000: 'Toda ley que perjudique a la familia y atente contra su unidad e indisolubilidad, o dé validez legal a uniones entre personas, incluso del mismo sexo, que pretendan reemplazar con los mismos derechos a la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, no es una ley conforme al designio divino'».
En el documento sucesivamente se toma en consideración a la familia como bien social, los valores objetivos que hay que fomentar y los deberes que la sociedad tendría justamente que proteger y promover, custodiando su raíz, que es el matrimonio.
«Esperamos —se afirma en el cuerpo del documento— que estas páginas sean también un instrumento útil para los políticos y los legisladores. Como ha afirmado el Santo Padre: '¡Ninguna sociedad humana puede correr el riesgo de la permisividad en cuestiones de fondo concernientes a la esencia del matrimonio y de la familia!'». Y más adelante se establece que, frente a una ley que tenga tales intenciones, 'un legislador cristiano no puede ni contribuir a formularla ni aprobarla en sede parlamentaria'».

EL OBSERVADOR 282-1

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AL ALBA DEL MILENIO
¿Se puede ser algo sin serlo?
La lógica y el sentido común nos hacen saber que nada puede ser y no ser a la misma vez. Pero en el mundo moderno muchas personas son y no son lo que dicen ser. Parece un juego de palabras, pero se trata de una aterradora realidad.
Por ejemplo, los católicos. Lo somos porque estamos bautizados, porque hemos ingresado al Reino de Dios a través de la Iglesia. Pero no extendemos esa gracia a nuestra vida. En los negocios, en la política, en la familia, pasamos como cualquier otro. Como si Jesús fuera un dato de la historia y no un acontecimiento presente.
Hay algo que flota en el ambiente y que nos impulsa a ser incoherentes, incongruentes, ambiguos. ¿A qué le tenemos miedo? A que nos definan, en este caso, a que nos definan como «católicos» («mochos»).
Es un pavor brutal el que nos eriza la piel. Primero muertos que el «martirio cotidiano» de sabernos «mochos», retrógrados, marcados por la sociedad con el dedo acusador de los dos o tres imbéciles que se han hecho del poder mediante la violencia, y cuyo «insulto» a nosotros es: ellos imitan a Jesús. Cuando no puede haber mayor gloria.
Para nosotros las señas de identidad católica son como hierros candentes, marcados en el anca de las reses de matadero. Hoy se impone el «diálogo». ¿Que los padres quieren dirigir la educación de sus hijos? Diálogo. ¿Que las autoridades académicas de una escuela desean poner normas de calidad en sus estudiantes? Diálogo. ¿Que la iglesia católica, fiel al mandato de Cristo, ejerce su misión salvadora, universal, única y definitiva? Diálogo.
El pequeño problema es que nadie puede entablar un diálogo hacia la verdad si no asume, previamente, la parte de verdad donde está afianzada su palabra. Lo que quieren aquellos que gritan «diálogo» es seguir tumbados en la hamaca. Que nadie turbe su paz sepulcral. La paz de los cretinos. Solamente suspendida cuando ven amenazas en documentos, declaraciones y posturas que sacudirán su modorra y los lanzarán a la peligrosa novedad de pensar. Entonces gritan y se desgañitan: «¡Diálogo!».
Pero, ¿se puede ser algo sin serlo? Los católicos, por la cultura «ligera», baja en calorías (y en ideas) que nos domina a través de la televisión, creemos que sí. Se nos olvida aquella frase de Jesús que vomitaba, así, literalmente, a quien no era ni frío ni calor. Lo sigue vomitando, escupiendo, quitando de su lado.
Por eso es tan importante la declaración Dominus Iesus, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que preside el cardenal Ratzinger, y avalada en su totalidad por el Santo Padre Juan Pablo II. Es un documento que nos vuelve a nuestra dureza original (en Roma, en tiempo de las catacumbas, el mero hecho de ser cristiano era sinónimo de ser santo), a nuestra identidad como hijos de la Iglesia. Una originalidad que manda ser santos. Por eso enferma a quienes, neciamente, permanecemos al margen. Mirando pasar... (J. S. C.)

EL OBSERVADOR 282-2

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Cómo orar para obtener de Dios la curación
Un documento eclesiástico que ayudará a expresar un juicio sobre algunas curaciones que se verifican durante celebraciones litúrgicas o paralitúrgicas.

La Congregación para la Doctrina de la Fe acaba de publicar la «Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación», como consecuencia del problema que se plantea a la hora de expresar un juicio relativo a algunas curaciones que se verifican durante celebraciones litúrgicas o paralitúrgicas.
El documento, publicado en siete lenguas, está firmado por el cardenal Joseph Ratzinger y el arzobispo Tarcisio Bertone, S.D.B., respectivamente prefecto y secretario de la Congregación. Lleva fecha del 14 de septiembre de 2000, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Se divide en aspectos doctrinales y disposiciones disciplinares.
En una nota del dicasterio se hace la observación de que «las curaciones se solicitan mediante los ritos previstos (oraciones, imposiciones de las manos, unciones, etc) con el aval, aun indirecto, ofrecido a veces por la presencia de prelados. Todo esto determina movimientos de multitudes muy numerosas que se congregan en estos lugares con la esperanza, a veces desesperada, de recibir o de ver el milagro».
«En diversos casos, no del todo esporádicos, se proclama la existencia de curaciones, creando de este modo esperanzas del mismo fenómeno en otras reuniones parecidas. En este contexto, a veces se recurre a un pretendido 'carisma de curación'».
«Dichas reuniones de oración para obtener curaciones —continúa la nota— plantean, además, la cuestión de su justo discernimiento bajo el perfil litúrgico y disciplinar, en particular por parte de la autoridad eclesiástica, a la que corresponde vigilar y dar las oportunas normas para el recto desarrollo de las celebraciones litúrgicas».
El comunicado termina indicando que «ha parecido, por tanto, oportuno a la Congregación para la Doctrina de la Fe» publicar esta instrucción «que pueda servir sobre todo de ayuda a los ordinarios del lugar para que puedan guiar mejor a los fieles en esta materia, favoreciendo lo que haya de bueno y corrigiendo lo que haya que evitar».


El carisma de curación
En los aspectos doctrinales de la «Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación» se recuerda que en el Antiguo Testamento la enfermedad está ligada al pecado y al mal. Sin embargo, en el Nuevo Testamento «el interrogativo sobre por qué la enfermedad afecta también a los justos encuentra plena respuesta». Las curaciones de Jesús «manifiestan la victoria del Reino de Dios sobre todo tipo de mal y son un símbolo de la curación de todo el hombre, cuerpo y alma».
«El deseo del enfermo de obtener la curación —se lee en el texto— es bueno y profundamente humano, especialmente cuando se traduce en oración confiada a Dios. (...) Obviamente, el recurso a la oración no excluye, es más alienta, a hacer uso de los medios naturales útiles para conservar y recuperar la salud».
Jesús otorga el poder de curar a los Apóstoles y a los primeros evangelizadores, y no sólo a ellos, y este poder «es donado para confirmar su misión». En este sentido, «adquieren especial importancia las referencias a los 'carismas de curación'. El significado de carisma es, en sí mismo, muy amplio: significa 'don generoso'; y en este caso se trata de 'dones de curación ya obtenidos'. Estas gracias, en plural, son atribuidas a un individuo; por lo tanto, no se pueden entender en sentido distributivo sino (...) como un don concedido a una persona para que obtenga las gracias de curación en favor de los demás».
La instrucción recuerda que durante el Sacramento de la Unción de los Enfermos, los sacerdotes «piden a Dios 'curar al enfermo de las enfermedades del cuerpo y darle el camino recto'»
«Durante los siglos de la historia de la Iglesia no han faltado santos taumaturgos que han operado curaciones milagrosas. (...) Sin embargo, el llamado 'carisma de curación' (...) no se cuenta entre esos fenómenos taumatúrgicos. La cuestión se refiere más bien a los encuentros de oración organizados expresamente para obtener curaciones prodigiosas entre los enfermos participantes, o también a las oraciones de curación que se tienen al final de la comunión eucarística con el mismo propósito».
Las curaciones ligadas a lugares de oración «contribuyeron a popularizar, en la antigüedad y en el medioevo, las peregrinaciones a algunos santuarios. (...) También actualmente sucede lo mismo, como por ejemplo en Lourdes, desde hace más de un siglo. Tales curaciones no implican un 'carisma de curación', ya que no pueden atribuirse a un eventual sujeto de tal carisma, sin embargo, es necesario tener cuenta de las mismas cuando se trate de evaluar doctrinalmente los ya mencionados encuentros de oración».
«El 'carisma de curación' no puede ser atribuido a una determinada clase de fieles. (...) En consecuencia, en los encuentros de oración organizados para pedir curaciones sería arbitrario atribuir un 'carisma de curación' a una cierta categoría de participantes, por ejemplo, los dirigentes del grupo; no queda otra opción que la de confiar en la libérrima voluntad del Espíritu Santo, el cual dona a algunos un carisma especial de curación para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones más intensas obtienen la curación de todas las enfermedades».


Aspectos disciplinares de la «Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación»
Art. 1 B Los fieles son libres de elevar oraciones a Dios para obtener la curación. Cuando éstas se realizan en la iglesia o en otro lugar sagrado, es conveniente que sean guiadas por un sacerdote o un diácono.
Art. 2 B Las oraciones de curación son litúrgicas si aparecen en los libros litúrgicos aprobados por la autoridad competente de la Iglesia; de lo contrario no son litúrgicas.
Art. 3 - § 1. Las oraciones litúrgicas de curación deben ser celebradas de acuerdo con el rito prescrito y con las vestiduras sagradas indicadas en el Ordo benedictionis infirmorum del Rituale Romanum.
§ 2. Las conferencias episcopales, conforme con lo establecido en los Prenotanda, V, De aptationibus quae Conferentiae Episcoporum competunt, del mismo Rituale Romanum, pueden introducir adaptaciones al rito de las bendiciones de los enfermos, que se retengan pastoralmente oportunas o eventualmente necesarias, previa revisión de la Sede Apostólica.
Art. 4 - § 1. El obispo diocesano tiene derecho a emanar normas para su Iglesia particular sobre las celebraciones litúrgicas de curación, de acuerdo con el can. 838, § 4.
§ 2. Quienes preparan los mencionados encuentros litúrgicos, antes de proceder a su realización, deben atenerse a tales normas.
§ 3. El permiso debe ser explícito, incluso cuando las celebraciones son organizadas o cuentan con la participación de obispos o cardenales de la Santa Iglesia Romana. El obispo diocesano tiene derecho a prohibir tales acciones a otro obispo, siempre que subsista una causa justa y proporcionada.
Art. 5 - § 1. Las oraciones de curación no litúrgicas se realizan con modalidades distintas de las celebraciones litúrgicas, como encuentros de oración o lectura de la Palabra de Dios, sin menoscabo de la vigilancia del ordinario del lugar, a tenor del can. 839, §2.
§ 2. Evítese cuidadosamente cualquier tipo de confusión entre estas oraciones libres no litúrgicas y las celebraciones litúrgicas propiamente dichas.
§ 3. Es necesario, además, que durante su desarrollo no se llegue, sobre todo por parte de quienes los guían, a formas semejantes al histerismo, a la artificiosidad, a la teatralidad o al sensacionalismo.
Art. 6 B El uso de los instrumentos de comunicación social, en particular la televisión, mientras se desarrollan las oraciones de curación, litúrgicas o no litúrgicas, queda sometido a la vigilancia del obispo diocesano, de acuerdo con el can. 823, y a las normas establecidas por la Congregación para la Doctrina de la Fe en la Instrucción del 30 de marzo de 1992.
Art. 7 - § 1. Manteniéndose lo dispuesto más arriba en el art. 3, y salvas las funciones para los enfermos previstas en los libros litúrgicos, en la celebración de la Santísima Eucaristía, de los sacramentos y de la Liturgia de las Horas no se deben introducir oraciones de curación, litúrgicas o no litúrgicas.
§ 2. Durante las celebraciones, a las que hace referencia el § 1, se da la posibilidad de introducir intenciones especiales de oración por la curación de los enfermos en la oración común o «de los fieles», cuando ésta sea prevista.
Art. 8 - § 1. El ministerio del exorcistado debe ser ejercitado en estrecha dependencia del obispo diocesano, y de acuerdo con el can. 1172, la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del 29 de septiembre de 1985, y el Rituale Romanum.
§ 2. Las oraciones de exorcismo, contenidas en el Rituale Romanum, deben permanecer distintas de las oraciones usadas en las celebraciones de curación, litúrgicas o no litúrgicas.
§ 3. Queda absolutamente prohibido introducir tales oraciones en la celebración de la Santa Misa, de los sacramentos o de la Liturgia de las Horas.
Art. 9 B Quienes guían las celebraciones, litúrgicas o no, se deben esforzar por mantener un clima de serena devoción en la asamblea y usar la prudencia necesaria si se produce alguna curación entre los presentes; concluida la celebración, podrán recoger con simplicidad y precisión los eventuales testimonios y someter el hecho a la autoridad eclesiástica competente.
Art. 10 B La intervención del obispo diocesano es necesaria cuando se verifiquen abusos en las celebraciones de curación, litúrgicas o no litúrgicas, en caso de evidente escándalo para la comunidad de fieles y cuando se produzcan graves desobediencias a las normas litúrgicas y disciplinares.

EL OBSERVADOR 282-3

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CARTAS DE WARWICK
Cuando las palabras no son suficientes
Francisco Porras
Estoy convencido de que el contacto con la belleza nos hace mejores. Hay una parte de mí que me dice que si hubiera leído, visto y oído más cosas hermosas y menos basura, ahora sería mejor persona: desperdiciaría menos el tiempo, mis sentidos descubrirían el tesoro escondido en todas las cosas, gozaría más lo cotidiano.
Esto es especialmente evidente en la música. Alguien ha dicho que Dios nos regaló la música para que nos fuéramos acostumbrando a su voz. Esto es cierto en la medida en que la música nos ayuda a expresar y a comprender sin entender, como dice Paz, lo inefable. Las imágenes –que la cultura actual nos ha hecho valorar en demasía- no pocas veces se quedan cortas como instrumento de comunicación y entendimiento, y a veces no puedo evitar pensar que, incluso ellas, son muy rudimentarias para expresar lo sutil, lo trágico o lo maravilloso. Considérese el caso de la llamada música programática, que sigue un patrón eminentemente descriptivo en el que la música se construye alrededor de referencias visuales. Así, por ejemplo, uno sabe que la Obertura 1812, de Tchaikovsky, describe la invasión napoleónica a Rusia.
Las referencias visuales, entonces, son importantes para entender y complementar. Pero hay un nivel en el cual tales referencias son un obstáculo. Todavía no me repongo de la decepción al ver los dibujos en los cuales se basó Mussorgsky para escribir sus Cuadros para una exposición. Algún crítico los llamó «mediocres», y es difícil no coincidir con él. Después de oír la gran puerta de Kiev o Bydlo, uno espera ver más que pinturas de una muy ordinaria puerta para cobrar alcabalas o de una carreta. El punto es que Mussorgsky sólo partió de los dibujos: quizá estaba describiendo algo más. Algo que tenía que ver con su amistad con el pintor y el dolor que sintió cuando éste murió sorpresivamente. En este caso, el dibujo es sólo la pálida insinuación de la majestad de la música. La gran puerta... es quizá la mejor manera de entender qué es la soberanía, algo que no es nada evidente en el dibujo. De la misma manera, si me preguntaran qué es la jovialidad, yo diría: “para saberlo hay que oír a Mozart”.
Por eso los musicales y la ópera no son ridículos: en ambos la trama y los diálogos construyen una tensión, que al final no puede ser expresada sino a través de la música. Y es por eso también que quizá comprendemos mejor qué es el perdón cuando cantamos el Señor ten piedad en lugar de recitarlo. Esta intuición (que lo inefable se expresa en la música) ha estado detrás de autores que nos han presentado a un Dios jovial y majestuoso, cantando mientras crea y rige el universo (Haydn, C.S. Lewis).
En todo caso, deberíamos de escuchar más y mejor música y cantar más. Si al final es cierto que Dios canta en el Paraíso, ¡habría que ir practicando para no desentonar!

EL OBSERVADOR 282-4

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MIRADA CRÍTICA
La imagen mató a la política
Santiago Norte
El escándalo en que durante muchos días estuvo estancada la elección presidencial de los Estados Unidos evidencia el descrédito en el que está sumida la política en todo el mundo. Cuando uno buscaba la diferencia entre recibir a Gore o a Bush en la Casa Blanca, no la encontraba con facilidad. Lo mismo le pasó al electorado estadounidense: por no saber, no supo encontrar diferencias significativas entre una oferta de imagen y otra. Al final, les dio la misma calificación: cero (o la diferencia, que es, políticamente, igual).
Las similitudes políticas se constituyen como signos de la actualidad mundial. Los candidatos cada día se tienen que parecer más al modelo diseñado por los grandes consorcios de comunicación, quienes son los que verdaderamente dominan el panorama electoral, en Estados Unidos preponderantemente, pero , por reflejo, en el resto de los países occidentales. Se trata de responder a una «demanda» del electorado: un candidato políticamente correcto, que no cambie nada del sistema de privilegios que corresponde a los privilegiados.
Gore y Bush se enfrascaron en un duelo por ver quién de los dos hería menos a la Unión Americana, pero no a la de carne y hueso, a la de los 30 millones de pobres absolutos, a la que mantiene uno de cada 150 ciudadanos suyos en la cárcel, a la de los 50 mil homicidios callejeros cada año; sino a la representada por la televisión, por sus intereses, por los intereses de los conductores más reputados; por los intereses comerciales y de poder que algunos se empeñan en decir que son «oscuros» cuando son claros como la luz del día. Sus estrategas sabían que el electorado apenas si contaba, que lo importante era el mensaje a las élites del dinero.

EL OBSERVADOR 282-5

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PANTALLA CHICA
Calidad en noticiarios
Grupo Inter Mirifica
Grupo Inter Mirifica
Sin duda alguna el programa Hechos, de Televisión Azteca, con el conductor Javier Alatorre, marca un parteaguas de estilo frente al arquetipo de Jacobo Zabludovzky, en Televisa, con su programa 24 horas.
Desde su primera emisión, Hechos representó para el público mexicano una nueva opción, la cual fue rápidamente aceptada debido al giro ágil y fresco del programa, y al carismático conductor de éste, en contraste con las figuras acartonadas de los de Televisa, quienes, aun teniendo nombres diferentes, conservan uniformemente una imagen adusta, prepotente, y una apariencia aburrida de «sabelotodos» que no genera credibilidad.
La verdad, la objetividad, el respeto al público, la selección de noticias de interés general y la forma en que los conductores las presentan son factores determinantes para la preferencia de un teleauditorio pensante que busca un programa serio y confiable para mantenerse bien informado. El amarillismo abierto o disfrazado desprestigia en estos tiempos a un noticiario que quiera conservar alto su rating.
A pesar de su éxito actual, el programa Hechos podría ser mejor si se asemejara al excelente noticiario del canal 40, CNI Noticias, que se transmite a las diez de la noche en televisión por cable, con sus conductores Ciro Gómez Leyva y Denise Maerker, en el que las noticias se presentan tal cual, sin sensacionalismos, donde éstos comentan las noticias discretamente entre ellos y hacia el público, formando así una mesa triangular en la que el auditorio no está destinado a ser solamente receptor, sino que se le invita a la reflexión y producción de una opinión propia. Los conductores se expresan con sencillez y en forma clara, proponiendo el análisis de las noticias nacionales e internacionales que están más relacionadas con el conocimiento y comprensión del mundo en que vivimos, que con el trillado y sucio amarillismo, del que tantos mexicanos estamos ya cansados.
Animamos a la televisión abierta para imitar en noticiarios la calidad del CNI Noticias, ya que, lamentablemente, sólo algunos sectores tienen acceso a programas de este tipo en nuestro país.

EL OBSERVADOR 282-6

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Consecuencias sociales del reconocimiento de uniones gays
Jesús Colina / Roma
Como un grave atentado al matrimonio y a la familia ha calificado la Iglesia alemana la regulación, por parte de la Cámara Baja, de las uniones de homosexuales.
Erich Kock, escritor y ensayista católico, en declaraciones el diario Avvenire indica que es un impulso hacia una tendencia que puede hacer gran daño sobre todo a las generaciones jóvenes. Esto fue lo que dijo en entrevista:

— Usted critica duramente al gobierno federal que ha aprobado esta ley...
— Sin duda. El gobierno federal está cometiendo un gravísimo error y añado que no ha buscado honestamente un diálogo con quien tenía objeciones contra la ley. En toda la operación ha habido una buena dosis de hipocresía. Y también de populismo.
— La oposición sostiene que la nueva ley es inconstitucional.
— Tiene razón: nuestra Constitución establece claramente la tutela especial del matrimonio y la familia. Una posición de condición especial que se disminuye si se le ponen al lado las uniones homosexuales.
— La Iglesia católica teme un fomento de la homosexualidad. ¿Usted qué piensa?
— Estoy de acuerdo. Estamos ante una propaganda masiva a favor de la homosexualidad. Hablar de «discriminación», como se ha hecho, para justificar la ley, está fuera de lugar. Yo soy el primero que dice que hay que tratar a los homosexuales como a todos los otros seres humanos, que no hay que marginarlos. Pero esto no quiere decir equiparar su uniones a los matrimonios. Los comportamientos «gay» deben permanecer como un hecho privado sin una sanción oficial de una ley del Estado.
— El error ya está hecho ¿Se podía impedir?
— Es difícil decirlo, pero efectivamente tengo alguna crítica que hacer: los católicos, y en parte también la Iglesia, habrían debido efectuar presiones mucho más masivas contra esta ley. Ha habido reacción pero demasiado débil. Ahora no se podrá hacer otra cosa que empeñarse en subrayar la importancia del matrimonio, el verdadero quiero decir, y de la familia.

EL OBSERVADOR 282-7

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EL TEMPLO DE BABEL
Instrucciones para fundar una secta
Diego García Bayardo

        Tome usted un puñado de ideas con las que habrá de amasar una doctrina. No hace falta que sean muchas o muy compatibles entre sí; basta que las pueda juntar con cierta gracia, con ese toque de elegancia que revelará su genialidad personal, su madera de líder. Al principio será suficiente un esbozo de doctrina; ya después podrá añadir o quitar cosas a su gusto, cuando los fieles estén enganchados.
        Su doctrina deberá tener algo novedoso, pues nada atrae más a la gente que el señuelo de lo nuevo y original. Usted sabe: si alguien anda buscando una doctrina a la cual aferrarse es precisamente porque no lo satisficieron las religiones que ya existen, así que no puede usted ofrecerle lo mismo. Sin embargo, use lo novedoso con precaución, ya que la gente está buscando en usted seguridad, y la novedad excesiva es fuente de incertidumbre. Mejor construya su doctrina de tal forma que parezca que se trata de una tradición milenaria, una revelación antiquísima o algo así (su nueva secta no se verá tan «novata» y además obtendrá el glamour de lo misterioso) y ponga lo novedoso no tanto en las ideas, sino en el modo de combinarlas. Si no se le ocurre un principio doctrinal realmente original basta tomarlos de las religiones ya conocidas, quizá hasta con algún dato científico por ahí (para darle más veracidad al asunto) y mezclar hasta que se integren bien los ingredientes.
        Tendrá que utilizar uno o varios libros para dar apariencia de solidez a su doctrina, pero no se preocupe; puede tomar algún libro religioso clásico, como la Biblia, el Corán o la Bhagavad-Gita, y limitarse a interpretarlo, o puede escribir sus propias obras, si considera que tiene el suficiente talento. Esto es muy recomendable si quiere un control más absoluto sobre la mente de sus fieles.
        Ya está casi listo para lanzar su nuevo producto, perdón, su nueva doctrina, pero antes tiene que definir qué clase de público quiere capturar. Aunque tradicionalmente se ha asociado el surgimiento de sectas con la ocurrencia de crisis sociales que movilizan a las clases bajas en torno a un ideal exasperado, hoy en día el negocio está en dirigir la propaganda a las clases media y alta. Para empezar, los miembros de estas clases son más fáciles de atrapar porque ven televisión, revistas, internet, etc., es decir, están ya en actitud de escuchar y aprender. Y en segundo lugar, tienen dinero para comprar nuestros libros y folletos, pagar nuestros cursos, dar diezmos y, si llevamos las cosas al extremo, hasta para hacerlos que donen todos sus bienes a la secta, o sea, a usted. No hace falta que le diga lo conveniente que esto es.
        No olvide que hay sectas para la guerra y sectas para la paz, para los momentos de crisis y los de prosperidad. Elija el marco en el que se desenvolverá la suya. Por ejemplo, en el México actual puede andar usted sin problemas diciendo que «la muerte no existe», que sólo se va uno a «otro plano de existencia», etc. En cambio, esta clase de doctrina no le conviene en tiempos de guerra; imagínese que en medio del sangriento campo de batalla del Somme o en plena batalla de Verdún se hubiera puesto alguien a decir que la muerte no existe. Le darían un curso ultrarrápido sobre muerte recogiendo cadáveres de las trincheras o quizá, apurando un poco la cosa, le dieran a guardar una bayoneta entre las costillas. En guerra la gente se pone un poco brusca, usted sabe.
        Usted es el jefe de su secta, así que evite la democracia y dése un buen título oficial, algo así como El Elegido, El Angel del Apocalipsis, La Pluma Inspirada, El Profeta Elías o lo que a usted más le guste, y nada de modestia: tiene que fingirse grande y sublime si quiere lograr un éxito igual de grande. Al pez chico se lo comen. Y atraiga con carnadas: el cuento de que uno sabe cuándo va a ser el fin del mundo es muy viejo, pero todavía funciona. Sin embargo, si se le hace muy trillado, use su ingenio e invéntese otro tema escatológico apantallador. Ponga usted algo de su parte, caramba.
        Nada más para terminar, como detalle, recuerde que un buen fundador de sectas no tiene escrúpulos, o sea, vergüenza, ni tampoco temor de Dios, porque está escrito: «Si alguien viene a anunciarles un Evangelio diferente del que ustedes han recibido, ¡sea maldito! (Gal 1, 9).

EL OBSERVADOR 282-8

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En evidencia, la planificación demográfica de la ONU

Manipula estadísticas y encubre violaciones a los derechos humanos

        Naciones Unidas continúa imponiendo el control demográfico en muchos países del tercer mundo, ignorando tanto la soberanía de las naciones como las evidencias de que la bomba demográfica fue una exageración. La ONU está provocando la rebelión de los países que no aceptan sus políticas en materia de población. En Bolivia, el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA) publicó recientemente un informe en el que acusaba a este país de no gastar dinero suficiente en asistencia sanitaria, y alertaba sobre el elevado índice de crecimiento poblacional. A estas afirmaciones respondió al día siguiente uno de los directores de las autoridades sanitarias locales, acusando a la organización de ignorar los datos de la realidad. Al parecer, el número de muertes de madres por cada 100,000 mujeres es de 240 y no de 390, como afirmaba el informe, y el porcentaje de niños que nacen en hospitales es de un 49% y no del 46%, como también sostenía el documento. Las autoridades sanitarias bolivianas han condenado duramente las acusaciones infundadas formuladas por la UNFPA.
        Cuando estos informes son presentados en Estados Unidos tampoco quedan exentos de críticas. Cathy Brown, de la American Life League, afirma que algunos de los sistemas utilizados por las campañas de control demográfico de la ONU, en ocasiones, atentan contra la salud de la mujer y ni siquiera han sido aprobados en EUA, y que sus programas de planificación familiar no han hecho nada para aliviar la pobreza. Ese dinero podría haberse utilizado para proveer agua limpia, comida, electricidad y asistencia sanitaria.
        La reunión que la ONU organizó para discutir la tendencia al envejecimiento que vive el mundo, en el que las poblaciones más pequeñas y ancianas en los próximos 50 años se encontrarán en los países desarrollados, con impactos económicos que afectan tanto al sistema de jubilaciones como al de seguridad social, tuvo como respuesta el encuentro Respuestas al envejecimiento poblacional y a la disminución de la población, organizado por la División para la Población del Departamento de Asuntos Sociales y Económicos, celebrado del 16 al 18 de octubre en Nueva York, en el que expertos de ocho países desarrollados contradijeron las previsiones y políticas del UNFPA, que consideran que no comparte los temores de la División sobre el envejecimiento de la población.
        Un documento reciente de la UNFPA con respecto a la situación de China supone otra contradicción; así, mientras ahonda en condenas sobre la violencia familiar en Suecia, no hace referencia alguna a las víctimas de la política del hijo único impuesta por el gobierno chino en un país en el que la cultura prefiere tener varones y donde miles de niñas mueren tras haber sido abandonadas. Muchas de estas niñas son internadas en orfanatos donde el índice de mortalidad es con frecuencia muy elevado; otras son abortadas. Contradiciendo recientes informes que afirmaban que las autoridades chinas están haciendo la vista gorda a la aplicación del principio del hijo único, funcionarios chinos han hecho saber que esta política demográfica seguirá en pie.
        Recientemente se ha tenido noticia de un escándalo más cruel todavía. Funcionarios del programa de control familiar ahogaron a un bebé perfectamente sano ante sus propios padres. Según informe del Times de Londres, el suceso tuvo lugar en Caidian, en el centro de la provincia de Hubei. La noticia suscitó tal clamor popular que el gobierno de Hubei afirmó que los responsables serían castigados, algo que ocurre pocas veces.
        La ONU no condena estos intolerables crímenes y abusos cometidos en nombre del control familiar; si a esto sumamos las estadísticas erróneas que últimamente generan sus informes, comprenderemos fácilmente que hoy muchos países no confíen en su política en materia de población (Alfa y Omega).

EL OBSERVADOR 282-9

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CASTIDAD NO ES REPRESIÓN (II)
La integridad de la persona
Gonzalo Estrada
En la antigüedad las grandes culturas solían esculpir las estatuas en enormes piedras. Portaban desde gran distancia el bloque que el escultor transformaría en monumento. Estatuas de una sola piedra. Estatuas monolíticas. De la misma manera, las personas debemos de ser monolíticas, de una sola piedra, de un solo querer, de un solo actuar. Esto es lo que llamamos la integridad de la persona. Es decir, mantener las fuerzas de vida y de amor depositadas en cada uno de nosotros. La castidad nos permite conjuntar todo lo que somos en una unidad.
Por tanto, la castidad requiere que aprendamos a dominarnos a nosotros mismos, a tomar las riendas de nuestro propio cuerpo, de nuestros afectos, de nuestra voluntad. Aprender a dominarnos libremente. Ser amos y señores de nuestra persona.
La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado. El hombre se hará libre cuando domine sus pasiones, cuando rompa toda dependencia de ellas.
La constitución Gaudium et spes, del concilio Vaticano II, nos dice: «La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados» (n. 17). Por lo tanto, hay que trabajar. Si quieres ser fiel a las promesas de tu Bautismo; si quieres ser fiel a tu compromiso matrimonial; si quieres resistir a las tentaciones, hay que poner los medios. ¿Y cuáles serán los mejores medios?
• Primero que todo, conócete a ti mismo. Conoce cómo eres, tus tendencias, tus cualidades, tus defectos. Así sabrás con qué cuentas naturalmente.
• Acéptate. Sé humilde y reconoce, sin miedo y con objetividad, lo que realmente eres.
• Supérate. No basta que te conozcas y que te aceptes. Hace falta que tomes el cincel y el martillo y dedicarte con trabajo y esfuerzo a esculpir la hermosa estatua de tu grandeza. Es lo que en la Iglesia se llama ascesis.
• Procura vivir en tu vida la obediencia a los mandamientos divinos.
• Esfuérzate por practicar las virtudes morales, como la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
• Y, finalmente, sé fiel a la oración. Estáte cerca de Dios Nuestro Señor. Él será quien te pueda dar las fuerzas para vivir estos medios.
La castidad es parte de la virtud cardinal de la templanza, que nos ayuda a pensar bien sobre las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana, y a dominarlos, a no dejarnos llevar por ellos.
Dominarse a sí mismo es una labor que ha de durar toda la vida. Nadie podrá decir nunca que ya se domina totalmente. No. Siempre debe existir el esfuerzo por lograrlo. Hay etapas en la vida que el esfuerzo tiene que ser mayor, especialmente cuando se forma la personalidad, durante la infancia y adolescencia.
La castidad es una virtud moral. Pero también es un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual que el Espíritu Santo concede al que ha sido regenerado por el agua del Bautismo.

(Fuente: Catholic.net)

EL OBSERVADOR 282-10

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Enfermo de celos
Yusi Cervantes Leyzaola
Soy un hombre extremadamente celoso. Me doy cuenta de que mi esposa no hace absolutamente nada mal, que todo es producto de mi mente; pero aún así vivo atormentado. Si entra una llamada equivocada, si la saluda algún conocido, si se retrasa cinco minutos ya estoy imaginando cosas. Procuro no decírselo para no ofenderla, pero yo me siento muy mal. ¿Qué puedo hacer?

La buena noticia es que se da cuenta, que es consciente de que sus celos son infundados. Infinidad de personas, hombres y mujeres, llegan a creer que sus suposiciones son la realidad. De esa manera consiguen convencerse de que es el otro el que está mal, no ellos mismos. Es una defensa que les impide ver su problema, lo que sería el primer paso para resolverlo.
Usted ya dio ese paso. Ahora tendría que descubrir cuál es la ventaja de sentir esos celos. Ya sé que de inmediato diría que ninguna. Pero su mente los construyó por algo, tal vez para protegerse ante algo amenazante o para asegurarse —obsesivamente— de que las cosas permanezcan como están. Bajo estos celos infundados hay miedo. Todo esto, claro, es difícil descubrirlo por sí mismo. Para eso está la psicoterapia. En ella habría que explorar sus inseguridades, su dependencia, su historia, su carácter... Desde aquí es imposible saber qué exactamente está pasando y darle soluciones.
El problema de los celos tiene también qué ver con un concepto del amor donde amar significa posesión: Soy tuyo, eres mía, ya no somos libres. Quizá le ayudaría cambiar esa forma de amor por uno más puro, más elevado. Amar a su esposa incondicionalmente, sin esperar nada a cambio, sin apego, soltándola. Puesto que lo ama, ella no se va a ir. Lo que cambia es la actitud interna. El amor posesivo se convierte en amor desde la libertad: «estoy aquí porque te amo y decido amarte, no porque te pertenezca». Si lográramos esto, los celos no tendrían cabida.
¿Cómo lograr esto? Con madurez, con un sostenido crecimiento espiritual, con respeto, con generosidad. Los obstáculos son los miedos, las inseguridades... Y volvemos al punto: es necesario sanar las heridas de la infancia, cambiar lo que en nuestro carácter nos está dañando, mejorar la forma como nos relacionamos con los demás...
Busque ayuda. Ya dio el primer paso, siga adelante.

EL OBSERVADOR 282-11

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PINCELADAS
El abuelo y la abuela se pelean
Justo López Melús *
Hay personas tan resentidas que son incapaces de perdonar, y todavía más incapaces de olvidar. A veces se sienten generosas y dicen: «Perdono, pero no olvido». Eso no vale. Tampoco vale lo que decía un torero gitano que se sentía muy ofendido por lo que le habían hecho: «Yo, como cristiano, le perdono; pero como gitano, no». Jesús, en el Evangelio, nos pide más generosidad. Él mismo excusó a los que lo crucificaban.
El abuelo y la abuela se habían peleado, y la abuela no quería dirigir la palabra a su marido. Al día siguiente el abuelo ya había olvidado la pelea; pero, por más que intentaba, no podía hacerla hablar. Entonces el abuelo se propuso ponerla nerviosa. Empezó a revolver armario y cajones hasta el fondo. La abuela no se pudo contener y le gritó airada: «¿Se puede saber qué andas buscando?». «Lo he encontrado, gracias a Dios —respondió el abuelo—: ¡tu voz!».

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

EL OBSERVADOR 282-12

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