El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

24 de diciembre de 2000 No. 285

SUMARIO

bullet EDITORIAL «Si quieres la paz, constrúyela»
bulletPero Jesús vino
bulletEl sueño de María
bulletBelén (Bet Lehem), «la casa del pan»
bulletUna estrategia militar para la conquista del mundo católico
bulletPICADURA LETRÍSTICA Inocente palomita
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA La alegría
bulletCarta a un hombre melancólico
bulletPINCELADAS El cuervo y los pavos reales

Sumario Siguiente Inicio
EDITORIAL
«Si quieres la paz, constrúyela»
Había un dicho que durante muchos siglos tuvo vigencia: «Si quieres la paz, prepara la guerra». Triste convicción. El Acontecimiento que esta noche celebramos, que es el centro de la historia, nos obliga a pensar y actuar en sentido contrario a lo que piensan —cuando piensan— los violentos. Esto es, si queremos la paz lo mejor será comenzar a construirla.
Fue Emmanuel Mounier el que alguna vez dijo que debemos combinar el sueño de un nuevo mundo con la fatiga de trabajar porque sea realidad. La mayoría evadimos el sacrificio de la fatiga. Queremos una nueva realidad sin esforzarnos, ni remotamente, por lograrla. El Niño que hoy nace lleva impreso en la frente el signo del dolor. En su alegría de redimir al hombre está, también, la tristeza honda por la traición del hombre.
Navidad —se ha dicho hasta el hartazgo— es tiempo de reconciliación Quizá por vez primera, vamos tomándolo en serio (tal y como Dios tomó en serio a su criatura, y tánto que nos dio a su Hijo para salvarnos de la oscuridad y del pecado). Se trata de arrojarnos a la tarea de concebir y constituir una sociedad diferente, basada en el mandato del amor y del perdón antes que en el odio y el resentimiento.
Hoy que las copas chocan y los buenos deseos se esparcen como nunca durante el año, hagamos un trato desde la intimidad insobornable de cada quien: démosle una oportunidad a la esperanza de los niños, quizá de nuestros hijos, de vivir una cultura diversa a la nuestra en la que priva el recelo, la venganza y la ley del más fuerte sobre la paz y la concordia, es decir, sobre el entendimiento de los corazones.
Hay que iniciar con labores sencillas, domésticas, amarradas al sentido común. No se trata de conquistar al planeta sino de cambiar mi casa, mi barrio, mi colonia, mi lugar de trabajo. Con acciones diminutas, pero que vayan haciendo crecer en nosotros la disciplina del amor. ¿Disciplina, hemos dicho? ¿Qué el amor no es puro sentimiento? Tal lo consideran los hijos de la cultura «light», los hijos de la televisión. Para nada. «Amor menguado del seso no es amor,», repetía un poeta caribeño. Es verdad: se trata de un amor «sentimental» en el que el ser «amado» lo es sólo porque me sirve su amor. Hay que darle al otro la dimensión central de mi historia. Si Dios no nos hubiera enseñado a actuar así, entonces estamos de acuerdo en que debería privar el sentimentalismo. Pero Dios nos donó gratuitamente a su único Hijo por amor y para salvarnos.
Por y para, he ahí las dos preposiciones de la nueva sociedad. Actuar por amor y para salvarnos todos. Es la misión del católico, su obligación. «Hay de mí si no evangelizara», deberíamos repetir todos los días como el santo. Y evangelizar es construir la casa de la paz, la casa que Dios quiso para nosotros. Y evangelizar es actuar conforme la Ley de Dios (que es el amor) como mandamiento de la convivencia humana.

EL OBSERVADOR 285-1

Sumario Siguiente Inicio
Pero Jesús vino
Mons. Luigi GiussaniMons. Luigi Giussani
«¡Pero vino Jesús! Y no perdió sus años gimiendo e interpelando a la maldad de la época. El zanjó la cuestión. De manera muy sencilla. Haciendo el cristianismo».«¡Pero vino Jesús! Y no perdió sus años gimiendo e interpelando a la maldad de la época. El zanjó la cuestión. De manera muy sencilla. Haciendo el cristianismo».
Jesús vino: la fuente de piedad ha venido. La fuente de piedad viene a ti, como la presencia de la madre va a un niño al que mira y abraza. Viene, existe, viene ahora. Puedes haberla conocido hasta ahora. Ahora está aquí.
Jesús vino y, sin demorarse, ¿qué hace? No rechaza a los malditos, no calcula, no juzga, no anticipa el juicio universal. Hace el cristianismo. ¿Qué significa hacer el cristianismo?
El cristianismo es el vínculo que Cristo establece contigo. No el que tú estableces con Cristo, sino el que Cristo ha establecido y establece contigo. Puedes no haberlo mirado a la cara hasta ahora. Puedes no mirarlo a la cara durante treinta años más; dentro de treinta años Él establece un vínculo contigo. «Hacer el cristianismo» significa que Cristo establece un vínculo. Se llama alianza y Dios es fiel a su alianza. El cristianismo es el acontecimiento del vínculo que Cristo ha establecido contigo. Entonces es necesario que tú digas sí a este vínculo. Decir sí al vínculo que Cristo ha establecido contigo es la decisión para la existencia.
Si dices sí al vínculo que Cristo ha establecido y establece contigo ni te encuentras solo, sino que estás junto a otros, en una comunidad. Porque, como dice Schneider en su bella novela sobre Las Casas, «aquellos que están en el umbral se reconocen mutuamente». Imaginemos un umbral que conduce a una gran casa, una gran morada; en este umbral puede haber dos, dos mil, un millón de personas: aquellos que esperan entrar, los que están en el umbral, se reconocen mutuamente. Por eso, diciendo sí al vínculo que Cristo ha establecido contigo, te encuentras en la comunidad cristiana. «Jesús vino». Zanjó la cuestión. De una manera muy sencilla. Haciendo el cristianismo».

EL OBSERVADOR 285-2

Sumario Siguiente Inicio
El sueño de María
Tuve un sueño, José, pero no pude comprender de qué se trataba.
Me parece que tenía que ver con el nacimiento de nuestro Hijo. Sí, era acerca de eso.
La gente estaba haciendo preparativos con cuatro semanas de anticipación. Adornaban sus casas con papeles de colores brillantes, estrenaban ropa, salían de compras muchas veces y adquirían numerosos regalos —que no eran para nuestro Hijo—, los envolvían en hermosos papeles y los ataban con preciosos moños y los ponían debajo de un árbol.
Sí, un árbol, José, adentro de su casas. Un árbol decorado, con sus ramas llenas de esferas y gran número de adornos; unos que despedían luz encantadora. En la punta más alta de un árbol había una figura. Me parecía una estrella o un ángel. ¡Oh, era todo verdaderamente hermoso!
Todos estaban felices y sonrientes, emocionados por los regalos que se daban unos a otros, pero, José, no quedó ninguno para nuestro Hijo.
¿Sabes? Creo que no lo conocen, pues nunca mencionaron su nombre.
¿No te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conoce?
Tuve la extraña sensación de que si nuestro Hijo hubiera estado en esa fiesta, hubiese sido un extraño solamente.
Para esa gente el ambiente era «hermoso», y todo el mundo se veía feliz; pero yo sentí enormes ganas de llorar. ¡Qué tristeza para Jesús no ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños, ni haber allí para Él un pequeño lugar!
Estoy contenta porque sólo fue un sueño. ¡Pero qué terrible, José, si eso hubiese sido realidad!

EL OBSERVADOR 285-3

Sumario Siguiente Inicio
Belén (Bet Lehem), «la casa del pan»
Los últimos y sorprendentes hallazgos de las investigaciones arqueológicas realizadas en Belén, nombre que significa «la casa del pan», son valiosos signos de la primera manifestación de la compañía de Dios para el hombre en el judío Jesús de Nazaret.Los últimos y sorprendentes hallazgos de las investigaciones arqueológicas realizadas en Belén, nombre que significa «la casa del pan», son valiosos signos de la primera manifestación de la compañía de Dios para el hombre en el judío Jesús de Nazaret.

Todo lo que la piedad de la primera comunidad cristiana nos había transmitido se ha comprobado con los instrumentos de la ciencia hasta el detalle.
Los resultados han sido sorprendentes en casi todos los lugares que el Evangelio o la tradición oral indican, desde Nazaret a Cafarnaúm, desde Belén a Jerusalén.
A sólo unos cientos de metros de la gruta de la Natividad, en la parte más alta de Belén, el «campo de los pastores» que relata san Lucas era realmente un lugar de pastoreo. Las excavaciones han dejado ver una gran cisterna y grutas para las abluciones y los ritos judíos, así como recintos en donde guardar animales. En la cisterna se hallaron monedas de la época romana, y candiles e incensarios. Todo hace pensar en un lugar en el que los pastores se reunían. Pastores religiosos, en espera del Profeta anunciado al pueblo. Gente que esperaba y a los que los ángeles les llevaron el Anuncio.
En cuanto a la gruta donde nació Jesús, rodeada por los muros de la basílica tantas veces modificada a lo largo de los siglos, una estrella de plata con la inscripción hic de Virgine Maria Jesus Christus natus est indica el punto exacto en donde Jesús nació, y unos metros más allá se encuentra el pesebre en el que fue colocado. Una estrecha escalera conduce a la gruta. Ésta era venerada ya en el siglo I, un lugar que san Justino define en el año 160 d.C. como «bien conocido por todos». Nada queda de la roca: todo fue envuelto en el mármol y en las recargadas decoraciones bizantinas. Ya san Jerónimo, que vivió en Tierra Santa en el siglo IV después de Cristo, se lamentaba de no poder contemplar en su verdad desnuda el lugar del nacimiento:
«Si pudiera verse el pesebre en el que yació el Señor... Ahora nosotros, occidentales, para hacerle honor a Cristo, hemos quitado aquel fango y hemos puesto uno de plata. Pero para mí es más precioso el que se ha quitado. El oro y la plata son para los paganos; para la fe cristiana conviene el pesebre de fango».

Todo lo que la piedad de la primera comunidad cristiana nos había transmitido se ha comprobado con los instrumentos de la ciencia hasta el detalle.
Los resultados han sido sorprendentes en casi todos los lugares que el Evangelio o la tradición oral indican, desde Nazaret a Cafarnaúm, desde Belén a Jerusalén.
A sólo unos cientos de metros de la gruta de la Natividad, en la parte más alta de Belén, el «campo de los pastores» que relata san Lucas era realmente un lugar de pastoreo. Las excavaciones han dejado ver una gran cisterna y grutas para las abluciones y los ritos judíos, así como recintos en donde guardar animales. En la cisterna se hallaron monedas de la época romana, y candiles e incensarios. Todo hace pensar en un lugar en el que los pastores se reunían. Pastores religiosos, en espera del Profeta anunciado al pueblo. Gente que esperaba y a los que los ángeles les llevaron el Anuncio.
En cuanto a la gruta donde nació Jesús, rodeada por los muros de la basílica tantas veces modificada a lo largo de los siglos, una estrella de plata con la inscripción hic de Virgine Maria Jesus Christus natus est indica el punto exacto en donde Jesús nació, y unos metros más allá se encuentra el pesebre en el que fue colocado. Una estrecha escalera conduce a la gruta. Ésta era venerada ya en el siglo I, un lugar que san Justino define en el año 160 d.C. como «bien conocido por todos». Nada queda de la roca: todo fue envuelto en el mármol y en las recargadas decoraciones bizantinas. Ya san Jerónimo, que vivió en Tierra Santa en el siglo IV después de Cristo, se lamentaba de no poder contemplar en su verdad desnuda el lugar del nacimiento:
«Si pudiera verse el pesebre en el que yació el Señor... Ahora nosotros, occidentales, para hacerle honor a Cristo, hemos quitado aquel fango y hemos puesto uno de plata. Pero para mí es más precioso el que se ha quitado. El oro y la plata son para los paganos; para la fe cristiana conviene el pesebre de fango».

La cuna del niño
En Roma se conserva una reliquia del pesebre donde se puso al Niño recién nacido. Se trata de cinco asas, una larga, de 80 centímetros, y las otras de 70 centímetros, de madera de arce duro, un árbol muy común en Palestina. La madera, que según han confirmado las investigaciones, data de la época de Cristo, y pertenecían a la base de un pesebre, como lo demuestran las señales de los clavos que corresponden a un rudimentario caballete.
Se guardan en una hermosa urna debajo del presbiterio de la basílica de Santa María la Mayor (antiguamente llamada Santa María del Pesebre), y los días de Navidad se exponen en el altar mayor para su veneración.

EL OBSERVADOR 285-4

Sumario Siguiente Inicio
Una estrategia militar para la conquista del mundo católico
El padre Flaviano Amatulli Valente nos dice: «Frente a las 'cruzadas' de las sectas, nosotros nos quedamos con los brazos 'cruzados'. Por eso seguimos perdiendo gente.
El padre Flaviano Amatulli Valente nos dice: «Frente a las 'cruzadas' de las sectas, nosotros nos quedamos con los brazos 'cruzados'. Por eso seguimos perdiendo gente.
El padre Flaviano Amatulli Valente nos dice: «Frente a las 'cruzadas' de las sectas, nosotros nos quedamos con los brazos 'cruzados'. Por eso seguimos perdiendo gente.

He aquí lo que afirma a este propósito Ben Armstrong, responsable ejecutivo de las televisiones religiosas de Estados Unidos, en un video propagandístico titulado «El intento de conquistar América Latina para Cristo»: «Nuestra fuerza aérea es la TV; la infantería son todos los convertidos, que van de casa en casa... La nueva cruzada no se está llevando a cabo de forma aritmética, sino geométricamente, y las ondas de radio suscitan cada día una nueva iglesia».
Se habla de cruzada, fuerza aérea e infantería. ¿Qué más estamos esperando para entender que se está hablando de una guerra, una edición moderna de las antiguas «guerras santas»?
Mediante los medios de comunicación masiva (radio y TV) las sectas tratan de bombardear continuamente al pueblo católico, creando confusión entre sus filas y simpatía hacia el «Nuevo Evangelio» que ellos pregonan. Perfecta estrategia militar: fuerza aérea, artillería e infantería; el enemigo se acerca siempre más, hasta lograr un contacto personal con todos los habitantes de un determinado lugar, tratando de no dejar sin rastrear hasta el último palmo de tierra.
Pues bien, frente a esta situación, ¿qué hacen muchos pastores irresponsables? Hablan de paz, diálogo, misión compartida, sin ninguna consideración por el católico de la calle, agredido y confundido por las sectas, que busca en vano alguna razón para sentirse seguro en su Iglesia y permanecer fiel a las enseñanzas que recibió de sus padres.
Lo que está pasando en nuestros días con relación al problema de las sectas, parece un retrato de lo que declaró el profeta Ezequiel respecto a la manera de comportarse de los malos pastores: «No han fortalecido a las ovejas débiles, no han cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida, no han tornado a la descarriada ni buscado a la perdida. (...) Ellas se han dispersado por falta de pastor y se han convertido en presa de todas las fieras del campo (Ez 34,4-6).
Malos pastores y falsos profetas: «No han construido una muralla en torno a la casa de Israel, para que pueda resistir en el combate, en el día de Yavé» (Ez 13,5). «Extravían a mi pueblo diciendo: '¡Paz!', cuando no hay paz» (Ez 13,10).
Y todo esto ¿por qué? Por el miedo a provocar un enfrentamiento entre católicos y sectas. En nombre de la paz, se deja al católico en la ignorancia acerca de su identidad, creando a católicos acomplejados frente al fenómeno sectario. Paz a costa de un desarme general; una completa rendición, sin haber dado ni siquiera la primera batalla.
Una cosa es respetar a todos, más allá de cualquier tipo de credo e ideología, y otra cosa es pensar que todo es lo mismo, se enseñe lo que se enseñe. No hay que confundir tolerancia religiosa con evangelización.
No es lo mismo ser fiel y sentirse bien. Desgraciadamente hoy la moda es sentirse bien. Se está perdiendo el sentido de la fidelidad. Por eso se cambia fácilmente de un credo a otro, con el afán de buscar nuevas maneras para sentirse bien, prestando atención a cualquier charlatán en turno.
Pues bien, hay que reaccionar frente a esta moda, rescatando el sentido de la fidelidad a Cristo, a su Evangelio y a su Iglesia. En efecto, no es lícito bajar el nivel de la fe con el afán de agradar a más gente y aumentar la propia membresía. En lugar de rebajar las cumbres de las montañas para facilitar a todos la escalada, es preferible entrenar mejor a la gente y formar a verdaderos escaladores, que puedan llegar hasta las cumbres más altas, aunque sepamos de antemano que serán siempre una minoría.
Frente al afán proselitista de las sectas es necesario crear a nivel general una clara conciencia acerca de nuestra identidad como católicos: «Somos la Iglesia que Cristo fundó y entregó a Pedro y los apóstoles»; «El Papa es el sucesor de Pedro»; «Nosotros tenemos imágenes y no ídolos»; etc., y todo esto probado bíblica e históricamente. Si hacemos esto, aprovechando las homilías, la catequesis infantil y presacramental, nuestros programas de radio y televisión, la enseñanza religiosa que se imparte en nuestros colegios, ... entonces estaremos construyendo un dique frente a la penetración de las sectas. Es lo que el pueblo católico espera de sus pastores. Es lo mínimo que se le puede dar, para que su esperanza no se apague.

EL OBSERVADOR 285-5

Sumario Siguiente Inicio
PICADURA LETRÍSTICA
Inocente palomita
J. Jesús García y García
La historia no tiene tiempo para la inocencia
ARCHIBALD MACLEISH

Viene el jueves 28. Queden advertidos mis lectores (hay quien se descuida) de que ese día podrán escuchar o leer noticias tan sensacionales como éstas:
* Promesa conjunta de judíos y no judíos: nunca más un hecho de violencia en Jerusalén.
* El gobierno mexicano establece un sueldo tope de 45 mil pesos mensuales para los funcionarios, sea cual fuere la importancia y denominación de su cargo, sin compensaciones, bonos ni otras retribuciones supletorias.
* Solemne promesa del gobierno de los Estados Unidos: para nada interferirá en los asuntos de México y, sobre todo, no pretenderá «certificarlo».
* TV Azteca acepta que se ha venido conduciendo con gran permisivismo moral y va a sujetar su programación a una severa autocensura moral.
Después le dirán a usted: «Inocente palomita que te has dejado engañar, sabiendo que en este día en nadie se debe confiar».
Antiguamente -quiero creer que ya no- las bromas del día de los Inocentes llegaban hasta el robo. Se pedía dinero prestado (o un objeto) y, al obtenerlo, se entonaba la cantinela... y adiós el bromista con el dinero o el objeto. Otras veces la falsa noticia anunciaba un hecho perjudicial o de algún modo aciago, y el que se la creía podía llegar al infarto. Tanto el robo como el engaño podían hacer que se perdieran amistades.
El Evangelio de Mateo relata que Herodes, habiendo sabido por los Magos que el Mesías había nacido, tembló al pensar que había venido a despojarlo de su reino. Se enfureció de tal forma que decidió quitar la vida a ese Niño. Careciendo de información precisa (los Magos fueron advertidos de que no debían volver a ver al reyezuelo), Herodes tomó la sangrienta resolución de matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores. Con ello se produjo el único exilio de Jesús. Aquellas víctimas inocentes fueron flores y primicias del martirologio cristiano y triunfaron sobre el mundo sin haberlo conocido siquiera.
Parece que fue durante el siglo V cuando se estableció litúrgicamente una fiesta de los Santos Inocentes, a raíz de lo cual supuestas reliquias de ellos comenzaron a propagarse. Las «reliquias» hubieran bastado para satisfacer cualquier demanda, ya que las víctimas de Herodes habrían sido muy numerosas: los etíopes en su liturgia, los griegos en su calendario y el jesuita Salmerón (1612) hablaban de 14 mil; los sirios, de 64 mil; el martirologio de Haguenau (Bas-Rhin), de 144 mil. Cualquier cantidad parecía válida. La exageración tomó después en dirección contraria y hubo quien estimara que los mártires no habían pasado de 20. Hiperbólicos como somos, no parecemos capaces de comprender a Mateo. La Biblia Latinoamérica nos ayuda con una nota al respecto: desde las primeras generaciones cristianas hubo relatos populares que trataban de decir todo lo que oficialmente no se contaba de Jesús. Mateo utilizó algunas de esas historias sin escudriñar las fuentes y sin precisar detalles, buscando únicamente resaltar que la persecución al Redentor empezó al instante de su nacimiento y lo acompañó hasta la muerte.
La Iglesia no desmiente la noticia de aquella masacre, pero no está en condiciones de cuantificarla. Por efectos del concilio Vaticano II se cambió el anterior color morado de la fiesta por el rojo, color de los mártires y del triunfo de Cristo Rey.
        Una masacre de mucho mayores dimensiones ocurre ahora con el aborto buscado, provocado, inducido... Pululan los nuevos Herodes.

EL OBSERVADOR 285-6

Sumario Siguiente Inicio
DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
La alegría
Claudio de Castro
Santo Domingo Savio le preguntó a Don Bosco qué debía hacer para ser un santo. Y Don Bosco le respondió: «Estar siempre alegre».
El trabajo cotidiano nos absorbe, los problemas nos agobian y vivimos sumergidos en la rutina del día. Olvidamos entonces tomar unos minutos para pensar en Dios. Si lo hiciéramos, no podríamos encontrar tiempo para la tristeza. No importa qué tan graves sean los problemas. Nunca experimentarás la soledad ni el abandono teniendo a tu lado al buen Dios, sabiéndole cerca.
Un amigo, gerente de una empresa, me ha dicho: «A veces llego sin ánimo a trabajar. Y son tantas mis preocupaciones. Por ello un día se me ocurrió abrir mi agenda y escribir: 'La promesa de Dios te debe dar alegría'. Me animé tanto que lo copié a lo largo de la agenda, en las páginas que corresponden a los jueves de cada semana. Sé que los jueves tengo en mi oficina un breve encuentro con Jesús».

EL OBSERVADOR 285-7

Sumario Siguiente Inicio
Carta a un hombre melancólico
Yusi Cervantes Leyzaola
Estas fiestas, me dices, te ponen melancólico.
Decirme eso, lo sé, fue un atrevimiento. Dijiste más de lo que deseabas decir. Mostraste más de tu corazón de lo que sueles mostrar. Te lo agradezco.
Sé poco de ti. Que eres inteligente y sensible. Que tienes un fino sentido del humor. Que amas a la naturaleza...
Demasiado poco, nada personal. No sé nada de tu historia ni de tu presente, de tus afectos o de tus proyectos. Y aun así me arriesgo a invitarte a ser feliz esta Navidad.
¿Qué provoca tu melancolía? ¿Una infancia desdichada? ¿El abandono? ¿Algún duelo? ¿La soledad? No lo sé, pero cualquiera que sea tu herida, sé que puede sanar. Sé que el amor te puede sanar.
Me imagino que en algún momento de tu vida, o a lo largo de ella, fuiste cerrando el corazón para no sufrir. Pero cuando te proteges del dolor, también te cierras al gozo y al amor. Abre tu corazón. Recibe el amor que se te ofrece —no sé cómo ni quién, pero estoy segura de que hay personas para quienes eres importante y te ofrecen amor en diversas formas—. Abre tu corazón. Entrega el amor que fluye en ti, que palpita en tus manos, que asoma en tu mirada, que recorre tus venas.
Estás vivo. Eres humano. Estás hecho para amar y ser feliz.
Si te propongo que seas feliz esta Navidad es porque sé que la felicidad es una decisión. Tienes el señorío que te da el ser hijo de Dios. Cuando pones la felicidad en manos de otros, de las circunstancias o del pasado, estás renunciando a tu poder interior. Pero si le das sentido a tu vida, y en este momento en particular, si le das sentido a estas fiestas y te decides a amar, descubrirás que la felicidad está en ti.
Tu melancolía, me parece, es una llamada al amor y a la felicidad. Sé fiel a tu corazón.

EL OBSERVADOR 285-8

Sumario Inicio
PINCELADAS
El cuervo y los pavos reales
Justo López Melús *
        La vida consiste más en una aceptación que en una elección. Claro que hay cosas que podemos elegir, pero muchas, muchísimas, nos vienen dadas, nos son impuestas por la naturaleza, la cultura, las circunstancias. «Yo soy yo y mis circunstancias» es una gran verdad. Hay circunstancias adversas que podemos superar, pero hay cosas que hay que aceptar y es perder el tiempo luchar contra ellas.
Un cuervo vanidoso detestaba sus plumas negras y envidiaba los vivos colores de los pavos reales. Un día recogió las plumas que se le habían caído a un pavo real, se las puso y, desdeñando a otros cuervos, se unió a los pavos reales. Pero éstos reconocieron el engaño, le quitaron las plumas y lo echaron a picotazos. Entonces volvió a los suyos, que también lo echaron fuera. «Si te hubieras contentado con lo que eres... Ahora eres rechazado en todas partes».

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 285-9

Sumario Inicio

 

Estadísticas de visitas

PROFETA Motore di ricerca cattolico

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006