El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

7 de enero de 2001 No. 287

SUMARIO

bullet Cuantiosas ganancias obtienen los poderosos aprovechando la mano de obra barata
bulletAlabada diosa ciencia
bullet EL RINCÓN DEL PAPA La naturaleza, el libro de Dios
bulletEl secreto de Jesús
bullet¿Fotografías milagrosas?
bulletEl secreto de Jesús
bullet¿Fotografías milagrosas?
bulletMIRADA CRÍTICA Obesos de televisión
bulletOferta: registre una estrella con su nombre por sólo 30 dólares
bullet¿ Por qué orar?
bulletMUJERES EN EL MUNDO Lo amo sin reservas ni limitaciones
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA El buen Dios
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Ayudar a mi esposo a que sea mejor padre

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Cuantiosas ganancias obtienen los poderosos aprovechando la mano de obra barata
Se discute si esta práctica, en lo general, puede conciliarse con los principios éticos; pero la condena es amplia para la explotación del trabajo infantil.Se discute si esta práctica, en lo general, puede conciliarse con los principios éticos; pero la condena es amplia para la explotación del trabajo infantil.
Por la Redacción
        La controversia no es nueva, pero ha resurgido en Inglaterra: ¿Pueden, honestamente, aprovechar los países ricos la mano de obra barata en los países del tercer mundo?
        En distintos momentos se han organizado algunas campañas para llamar la atención sobre las condiciones de trabajo, por debajo de lo normal, en los países pobres. Se han observado abundantes abusos, especialmente de parte de multinacionales bien conocidas o de sus intermediarios, con el objeto de abatir al máximo sus costos. En una fabrica china de bolsos, por ejemplo, los trabajadores recibían 22 dólares al mes y, además, eran virtualmente prisioneros, ya que los capataces los forzaban a entregar sus documentos de identidad, los cuales todo chino debe llevar consigo bajo pena de arresto.Los guardias golpeaban a los trabajadores por infracciones menores a las reglas, las horas extras no eran pagadas y quien pasaba «demasiado» tiempo en el baño sufría descuentos en sus percepciones.
        Se cuenta otro caso, también en china, ocurrido en 12 fábricas que hacían productos para la Walt Disney. Se descubrió que había empleados que no tenían días libres y que vivían en habitaciones con ventanas enrejadas.
        La Comisión Industrial Cristiana de Hong Kong, por su parte, descubrió plantas clandestinas dirigidas por hombres de negocios de Hong Kong y China, y con inversores de Taiwan. En ellas los trabajadores recibían bajos salarios, vivían en pobres alojamientos y trabajaban más horas extras de las que permitían las normas locales. En algunas de estas fábricas había trabajadores que dormían en literas triples, también en habitaciones con ventanas enrejadas y escasas puertas de salida.
        Supuestamente, Disney, Wal Mart y otras negociaciones tienen sendos códigos de conducta que prometen protección laboral, y hasta envían controladores a las factorías. Sin embargo, los patronos de las maquiladoras burlan las normas.
        Pero la piedra de toque es la explotación laboral infantil, universalmente condenada. La polémica en Inglaterra surgió, precisamente, a partir de que algunos consumidores promovieron un boicot consistente en no comprar aquellos bienes realizados con el trabajo de niños, tales como los balones cosidos por infantes en Pakistán. Los contradictores de una medida así argumentan que echar a los niños de las fábricas puede arrojar a sus familias a la mendicidad y la prostitución, si no se encuentra antes un ingreso alternativo.
         Según la organización Marcha Mundial contra el Trabajo Infantil, aunque se han hecho progresos en ese campo, no acaba el tráfico de niños ni se eliminan la prostitución y la pornografía infantil, así como el uso de los infantes para el tráfico de drogas.
        Así pues, ¿se puede conciliar la mano de obra barata con los principios éticos? Salarios y condiciones pueden variar de unos lugares a otros, según las circunstancias locales. Pero ya lo dice la constitución Gaudium et spes: «la remuneración por el trabajo debería garantizar al hombre la oportunidad de proporcionar una vida digna a sí mismo y a su familia a nivel material, social, cultural y espiritual, correspondiente al papel y la productividad de cada uno, a los factores económicos adecuados a su empleo, y al bien común». Y, por su lado, Su Santidad Juan Pablo II comentaba en Laborem exercens: «un salario justo es el medio concreto de verificar la justicia del entero sistema socioeconómico y, en todo caso, de controlar que está funcionando justamente». (Con información de ZENIT)

EL OBSERVADOR 287-1

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Alabada diosa ciencia
Por Luis Miguel Rubín / Especial para EL OBSERVADOR
¡Nunca pensé que lo lograríamos! Habían sido ocho largos años de pasar de un consultorio a otro con la difícil y penosa angustia de saber si seríamos o no capaces de lograrlo. Gracias a la ciencia sí se pudo.
Mi mujer nunca quedó embarazada, a pesar de todos los tratamientos hormonales que nos recomendaron. Lo pensé varias veces, pero nunca tuve el valor de dejarla. Su infertilidad causaba mi desesperación, yo quería un hijo a toda costa y tenía el derecho a él. Todo fue distinto cuando supimos de genochoice.
Ahora está en casa, y nos parecen vanas las discusiones para escoger el tipo de hijo que queríamos. Nos sentimos felices pues es como un ángel, duerme y sólo pide comida cada cuatro horas. Parece como “caído del cielo”.
Nos entrevistamos con la doctora Elizabeth Preatner, una reconocida genetista, que nos explicó las diversas opciones de genochoice: clonación.
Al poner nuestro dedo pulgar en la computadora, de inmediato verificaron nuestro ADN. Posteriormente escogimos el nombre que queríamos darle al bebé, seleccionamos un pasword de seguridad y, ¡vaya sorpresa!, apareció nuestro mapa genético y las predisposiciones que nuestro hijo tendría: 28% a ser esquizofrénico, 25% maníaco depresivo, 76% artrítico, 98% miope, 49% propenso a enfermedades cardiovasculares, 47% a fibromatosis y 36% a síndrome Down. Nos horrorizaba que un hijo pudiera ser propenso a tantas cosas, por ello le dimos el “upgrade” para corregir su ADN. Los costos de reparación fueron: 8,354 dólares por la esquizofrenia, 7,987 por lo maníaco depresivo, 7,987 por la ansiedad, 10,425 por la artritis, 2,875 por la miopía, 1,235 por las anomalías del corazón, 6,565 por la fibrosis y 4,265 por el síndrome Down. La elección del sexo, el color de ojos y la altura no arrojaron costos adicionales.
Qué afortunados fuimos de saber que en esa semana había descuentos del 50% en el aumento de inteligencia (I.Q), mejora de memoria, incremento de habilidades atléticas y desarrollo de coordinación y talentos artísticos. Adicionalmente conseguimos un 25% de descuento en el aumento de sensibilidad, compasión y resistencia a enfermedades.
Mi mujer y yo no pudimos asistir al parto, pero nos lo enviaron a la casa. Ojalá algún día nos agradezca los sacrificios que hicimos por el.
¿Ciencia ficción o realidad? Este editorial puede ser parte de una realidad no muy lejana, en especial cuando empezamos a ver que artistas venden sus óvulos en miles de dólares para tener un hijo con sus mismas características.
Genochioce.com es el resultado del ejercicio virtual que un grupo de artistas están llevando a cabo para poner a prueba nuestra capacidad de asombro (y terror) ante el “mundo feliz” que nos promete el progreso tecnológico con la manipulación de la vida.

lmrubin@terra.com.mx

EL OBSERVADOR 287-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
La naturaleza, el libro de Dios
«Aunque sea en formas aún imperfectas, muchísimas voces han reconocido en la creación la presencia de su Artífice y Señor. Un antiguo rey y poeta egipcio, dirigiéndose a su divinidad solar, exclamaba: '¡Cuán numerosas son tus obras! Están ocultas a nuestro rostro. Tú, Dios único, fuera del cual nadie existe, tú has creado la tierra según tu voluntad, cuando estabas solo' (Himno a Aton).
«Algunos siglos después, también un filósofo griego celebraba en un himno admirable la divinidad que se manifiesta en la naturaleza y, de modo particular, en el hombre: 'De tu linaje somos, y sólo nosotros, entre todos los seres animados que viven y se mueven sobre la tierra, tenemos la palabra como reflejo de tu mente' (Cleante, Himno a Zeus, vv. 4-5).
«El apóstol san Pablo recogerá esta elevación, citándola en su discurso ante el Areópago de Atenas (cfr. Hch 17, 28).
«También al fiel musulmán se le pide escuchar la palabra que el Creador transmite mediante las obras de sus manos: 'Oh hombres, adorad a vuestro Señor, que os ha creado a vosotros y a los que existieron antes que vosotros, y temed a Dios, el cual ha hecho la tierra como una alfombra para vosotros y el cielo como un castillo, y ha hecho bajar del cielo agua con la cual saca de la tierra los frutos que son vuestro alimento diario' (Corán II, 21-23).
«La Revelación bíblica se inserta en esta amplia experiencia de sentido religioso y de oración de la humanidad, poniéndole el sello divino. Pero junto a la Revelación se da una manifestación divina cuando brilla el sol y cuando cae la noche. En cierto sentido, también la naturaleza es el 'libro de Dios'.
«Cuando contemplamos con admiración el universo en su grandeza y belleza, debemos alabar a toda la Trinidad, pero de modo especial nuestro pensamiento va al Padre, del que todo brota, como plenitud fontal del ser mismo».

EL OBSERVADOR 287-3

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En el principio, la Palabra
El secreto de Jesús
Por Jaime Septién Crespo
Siempre me había parecido admirable pero difícil de entender el dicho de Jesús a sus discípulos que está en San Juan 8, 32: «La verdad los hará libres». Me preguntaba —como muchos de ustedes—, ¿de qué verdad habla Cristo? ¿De la verdad como la entendemos los hombres? Y, ¿qué es la verdad?
Mucho tiempo me conformé con creer que la Verdad, así, con mayúscula, era Su Presencia en la Tierra, entre los hombres, compartiendo nuestra naturaleza sin dejar de ser Dios. Y que nuestro único camino para encontrar la verdad era imitarlo. Sin dejar de ser cierto, ahora me he topado con una vía nueva que quiero compartir en este espacio.
Leyendo la Revista de Espiritualidad, de los jesuitas de México, hallé una pista maravillosa. Fue en un artículo de su director, el sacerdote jesuita Luis Valdez, también director del Centro Ignaciano de Espiritualidad.
Cita al padre Van Bremen (del libro Como pan que se parte, Sal Terrae, 1992), y le da un giro al sentido bíblico de la frase: «La palabra emeth es un término hebreo que hasta hace poco se consideraba sinónimo de la palabra latina veritas y que ahora se traduce por fidelitas. Para el hebreo su vida, toda su existencia, se basa en la fidelidad de Yahveh. Puede confiar en Dios. Yahveh nunca lo abandonará. Esto es lo que significa emeth» (p. 28).
La «verdad» que nos «hará libres» es la fidelidad de Dios con su criatura, y no, como ilusamente pensaba yo, la fidelidad de su criatura hacia Dios. Emeth se identifica como veritas, pero más con fidelitas. Es decir, la palabra pronunciada por Jesús es más dirigida hacia la fidelidad que hacia la verdad. ¿O será que la única verdad es la fidelidad?
Escribe el padre Valdez: «Dios es fiel, y esta verdad nos hará libres, pues dejaremos de hacer cosas para quedar bien con Dios y que nos ame. El mejor ejemplo de esto es Cristo. Era un hombre libre abierto a todos. Su secreto es sentirse amado incondicionalmente por el Padre».
Debo confesar que estas dos citas me han cambiado mucho la idea que tenía de «la verdad los hará libres». Se trata de ser fieles para ser verdaderos. Fieles (en todo y con todos) a la fidelidad del Padre. Fieles a su amor. El secreto de Jesús fue ése: vivir su vida a plenitud, con la seguridad alegre de ser el Hijo amado. De ahí brota la sinceridad de los actos, y la verdad de la vida.
Imitar a Jesús, entonces, es saberse dignos del amor del Padre.

EL OBSERVADOR 287-4

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¿Fotografías milagrosas?
Diana R. García B.
Asombrados o curiosos, contemplamos las fotografías «milagrosas» que de vez en cuando nos ofrecen los noticiarios de televisión: María Santísma sosteniendo a Juan Pablo II para que no caiga, Jesucristo conduciendo la mano de un médico durante una cirugía... Éstas son algunas de las más recientes, pero no las únicas.
La pregunta es: ¿será o no válido creer que hubo intevención divina al momento de captar tales imágenes? En realidad no es fácil saberlo. Un análisis por computadora podría advertir un engaño descarado, o determinar la posible autenticidad, mas no afirmarla categóricamente.
Por otra parte, las autoridades eclesiásticas competentes no están en condiciones de detectar todos y cada uno de los hechos milagrosos que ocurren en el mundo. Si milagro es un acto del poder de Dios, superior al orden natural, es decir, si es algo que el hombre no obtuvo con sus propias fuerzas, entonces debe haber muchos más milagros de los que creemos.
Cuando se analiza una sanación en Lourdes o en cualquier otro sitio, se determina si para tal enfermedad existe alguna posibilidad natural, por muy remota que sea, de curarse; y si la hay, es muy posible que la recuperación no sea declarada milagrosa, aunque eso no implique que no lo sea. Ejemplo: a lo mejor en casos aislados un síndrome equis llega a curarse de manera espontánea; pero no hay manera de saber si al paciente analizado le tocó curarse de aquella manera natural o si sanó por intervención divina. Cuando la Iglesia no reconoce que un hecho sea milagro, no necesariamente está negando que pueda serlo; sencillamente expone que no hay elementos suficientes para probar el carácter sobrenatural.
En el caso de las fotografías milagrosas o supuestamente milagrosas, las condiciones en las que son captadas pueden ser las verdaderas «autoras del milagro»: una luz irregular, el viento, la humedad, etc. Sin embargo, si Dios quiere revelarse mediante una fotografía, no hay quien se lo impida. Quizá entonces lo más prudente sea tomar con cierta reserva los fenómenos fotográficos, sin negar tajantemente la intervención de Dios (a menos que el fraude sea evidente) ni exaltar como milagro algo que no nos consta. Finalmente, no olvidemos que las revelaciones divinas de carácter privado no añaden ni quitan nada a lo que nos enseñaron los apóstoles, y que nuestra salvación o condenación no dependen de ellas.

EL OBSERVADOR 287-5

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MIRADA CRÍTICA
Obesos de televisión
Por Santiago Norte
Un estudio reciente comprueba —de manera contundente— lo que ya habíamos adelantado: que la televisión está llegando a ser un problema serio de salud pública, sobre todo entre la población infantil y juvenil.
El aumento de niños y jóvenes obesos en México es patente: el sedentarismo al que obliga un promedio de cuatro horas con 15 minutos de ver televisión por niño en México, aunado al bombardeo de comida y el incesante mensaje de consumo, hacen de los pequeños un receptáculo de basura y de enfermedades que antaño estaban reservadas a la ancianidad.
Presión alta, problemas ortopédicos en las rodillas, propensión a desarrollar diabetes tipo 2, y problemas psico-sociales (por el rechazo del grupo a los «gorditos») son secuelas comprobadas del acto de mirar televisión, acto que se nos ha vendido por las cadenas y sus ideólogos como si fuera en absoluto inocente y no dejara mayor rastro en el cuerpo y en el espíritu que la satisfacción del entretenimiento.
La obesidad tiende a producir adultos con extraordinarios problemas de salud, incluso problemas crónicos. Un niño obeso es casi seguro que sea un adulto obeso, con el consiguiente cuadro problemático de hipertensión y problemas cardiovasculares, así como desarrollo de diversos tipos de cáncer.
Hemos repetido hasta el cansancio que es urgente un código de ética aplicado a la publicidad infantil tanto como una regulación de los contenidos en los programas dirigidos a este sector. Pero nadie parece haber tomado la responsabilidad de hacerlo. Ya que no hay quién, los padres de familia deben tomar la iniciativa, y ésta consiste en liberar de un poderoso vínculo con la mala alimentación a sus hijos, liberándolos de pasarse más de un día a la semana frente al televisor.

EL OBSERVADOR 287-6

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Oferta: registre una estrella con su nombre por sólo 30 dólares
Bruno Ferrari
Recibí un correo electrónico que ciertamente me llamó la atención y que me permito reproducir: “El cielo nocturno ha sido eternamente fascinante al hombre desde tiempo inmemorial. La belleza y misterio de las estrellas raramente no inspiran en nosotros un sentido de maravilla y temor. Solo en nuestra galaxia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas. De éstas, cuatro mil se pueden ver a simple vista.
«Durante años las estrellas se han listado por su posición dándoles identidad con un número. Hoy usted tiene la posibilidad de registrar por solo 30.00 USD [dólares estadounidenses] una estrella con su nombre. Desde nuestra fundación más de 750 mil de éstas han sido registradas a nombre de celebridades, dignatarios y enamorados de todo el mundo. Usted puede ser el próximo, llene el formulario adjunto y no pierda esta magnífica oportunidad de inmortalizarse».
El mensaje en un primer instante me sorprendió, y pensé: «Este cuate está loco». ¿A quién se le ocurriría sólo por satisfacer su propio ego registrar una estrella a su nombre? Sin embargo, rápidamente me di cuenta de que pueden existir muchas personas, seguramente más de las que yo me imagino, que les gustaría lucir con orgullo en la sala de su casa el certificado del nombramiento de una estrella con su nombre, aunque sepan que probablemente nunca ni siquiera la verán. Poseer algo distintivo, en este caso de cierta forma estrafalario, es un deseo muy común entre quienes buscan de esa manera destacarse de los demás. Imagínese usted, lo nice que sería en una reunión social poder presumir que una estrella, asteroide o similar lleva su nombre. En fin, para gustos se han hecho colores y, desdichadamente, para muchas personas la felicidad está directamente relacionada con las propiedades que se tienen. Por eso tal vez en el futuro no sea raro escuchar: “Seríamos tan felices si tuviéramos… una estrella”.
bferrari@infosel.net.mx

EL OBSERVADOR 287-7

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¿ Por qué orar?
Hace más de 5 años en Estados Unidos se hizo un estudio de estadísticas y encuestas en el que se comprobó que todas las personas, después de haber cometido un pecado o hacer algo malo, o al estar pasando por una dificultad especial siempre recurrían a algún amigo, confesor, psicólogo o algún medio que les diera una respuesta y alivio a su situación, y de hecho se fundó una institución en este país, donde se daba un servicio en un lugar donde la gente hablaba y contaba sus fallas, sus dificultades, etc... y actualmente sabemos que en muchos países se da este servicio, a diferentes personas, pero siempre con la finalidad de dar a la gente la oportunidad de ser escuchadas y saberse acompañadas o aconsejadas ante sus problemas, ilusiones, temores y esperanzas.
¿Qué nos enseña todo esto? El ser humano tiene la necesidad de establecer en su vida una unidad, y todo aquello que la rompe le provoca una inestabilidad, un desequilibrio, como lo es el pecado —nuestras pasiones—: la envidia, la pereza, la soberbia, etc. O cuántas veces no nos sentimos abrumados ante los interrogantes de la vida, como son el miedo al futuro, a lo desconocido, a la muerte o el saber de dónde vengo, a dónde voy y qué hacer de mi vida después de determinada circunstancia.
Y es que todo hombre desea situarse y saber qué terreno pisa y qué trabajos nuevos debe de emprender. ¡Qué seguridad le da al hombre saber que está tratando con alguien que lo conoce! Cuando un hombre alcanza con otro una profunda amistad, crece la confianza y la necesidad de abrir su corazón, de expresar sus alegrías, sus tristezas, sus ilusiones, sus diferentes experiencias de vida y el impacto que han causado en él. ¿Cuántos jóvenes hubieran dejado el suicidio si hubieran tenido alguien en quien confiar?
Y es aquí cuando podemos ver que nos hemos olvidado de Alguien que el mundo ha tratado de borrar de nuestra vida, llenándonos de materialismo, racionalismo, tecnología o superficialidad.
Hace más de quinientos años existió un hombre que, gracias a su vida interior, se convirtió en un gigante de la oración, y con ella dió grandes pasos hacia la felicidad tanto para él, como para el mundo entero. Él escribió así:

Rezar es compartir con el Maestro,
es echarse a sus plantas en la hierba,
o entrar en la casita de Betania
para escuchar las charlas de su cena.
Rezar es informarle de un fracaso,
decirle que me invade la tristeza.
Rezar es invitarle a nuestra barca
mientras la red largamos a la pesca,
y mullirle en la almohada
sobre un banquillo en popa nuestra vera;
y, si acaso duerme,
no aflojar el timón mientras Él duerma.
Y es rezar despertarle si de pronto
la mar se embraveciera,
Y es rezar —qué es rezar— decir “ te quiero“,
y lo es —¿ no lo iba ser?— decir “ me pesa“,
y el “ quiero ver “ del ciego,
y el “límpiame“ angustioso de la lepra,
la lagrima sin verbo de la viuda,
y el “no hay vino“ en Caná de Galilea;
y es oración con la mirada gacha
y después de un desamor
gemir “ ¡me pesa, que pena! “.
Cualquier sincero suspirar del alma,
cualquier contarle a Dios nuestra tristezas,
cualquier poner en Él nuestra confianza...
—y esta vida está tan llena de cualquieras—todo tierno decir a Nuestro Padre,
todo es rezar... ¡Y hay gente que no reza! , qué pena.

El autor de este pensamiento es san Francisco de Asís, y en él podemos descubrir el tesoro de la oración, que, en definitiva es el tesoro de la amistad de Dios, de platicar con Él y compartirle cuanto somos y vivimos. Este pensamiento nos permite ver cómo hay mucha gente que no reza, sin saber que está dejando pasar ante su vida la mejor de las experiencias: la de conocer el amor.

EL OBSERVADOR 287-8

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MUJERES EN EL MUNDO
Lo amo sin reservas ni limitaciones
Guadalupe Chávez Villafaña

Lo amo sin reservas ni limitaciones
Guadalupe Chávez Villafaña
La vida del coreano Kim Dae Jung, Premio Nobel de la Paz del año 2000, es verdaderamente apasionante. Fue secuestrado, encarcelado, incluso fue condenado a muerte, de la que se salvó gracias a las protestas internacionales. Hoy es presidente de su patria, por la que tanto ha luchado; precisamente el galardón internacional se lo otorgan por “su trabajo por la democracia y los derechos humanos en Corea del Sur y el este de Asia en general, y por la paz y la reconciliación con Corea del Norte, en particular”.
Su esposa, Lee Hee-ho, escribió su autobiografía, Mi amor, mi país, en la que nos narra todos los sufrimientos a los que se vieron sometidos ella, su marido y sus tres hijos. También, y sobre todo, nos habla de su amor y de su fe. Así que hoy, yo quisiera compartir con ustedes algo de lo que ella narra ahí. Se refiere, en un inicio, a las palabras de su esposo, en el encuentro del Consejo Nacional de las Iglesias, en San Francisco, Estado Unidos, en donde pasó cinco años como exiliado:
En su discurso, mi esposo hizo los siguientes planteamientos: «Fui bautizado como católico en 1956, y me casé con mi esposa en 1962. En ese tiemp, mi esposa era directora ejecutiva de la Asociación de Jóvenes Mujeres Cristianas de Corea, y había sido amiga mía muy cercana desde 1961. Mi esposa, entonces y ahora, ha sido siempre una ferviente cristiana en la Iglesia Metodista. Así, pues, nuestro matrimonio fue un matrimonio ecuménico mucho antes que hubiese un movimiento hacia el ecumenismo en Corea.
«Desde nuestra boda, la asistencia de mi esposa en mi trabajo ha sido invaluable. Si ella no fuera mi esposa, no podría imaginar qué hubiera sido de mí. Sin ella no me puedo imagina mi vida o mi existencia. La ayuda omnipresente de mi esposa proviene de su extraordinaria fe cristiana en Dios. Por esa razón puedo afirmar enfáticamente que mi presencia hoy con ustedes es el resultado del amor interminable de mi esposa y de su asistencia hacia mí. Estoy, en realidad, parado enfrente de ustedes como el marido de un ser humano llamado Lee Hee-ho. Estoy tan orgulloso de esa realidad».
El motivo por el que cito este discurso de mi esposo es porque, como mi esposo confesó, hemos sido compañeros toda nuestra vida. Mi esposo usó la palabra “la asistencia de mi esposa”, pero utilizó el terminó sólo como una expresión apropiada. Nosotros siempre hemos vivido como compañeros, con roles iguales. En otras palabras, ya me había determinado a ser su compañera desde el día de mi boda.
Soy probablemente el único ser humano que conoce mejor que nadie cuáles son las debilidades de mi marido y sus fortalezas. A pesar de mi conocimiento íntimo de él —sus verrugas y todo— he sido capaz de amarlo con un amor sin vacilaciones a pesar de todas las aflicciones que se me acumularon, porque ha sido un patriota supremo y ha amado a su patria como nadie más. Lo he amado por su indomable resolución y determinación, por su inquebrantable convicción, su profunda tolerancia y generosidad, y su inimitable estilo. Amo muchísimo su brillantez, su extensa sonrisa, que parece trasmitir el ambiente maravilloso de la provincia sureña de la que proviene. Pero, más que nada, lo amo sin reservas ni limitaciones, con la completa dedicación de mi corazón, porque ama a su patria más que nadie que yo conozca.
En su discurso, mi esposo hizo los siguientes planteamientos: «Fui bautizado como católico en 1956, y me casé con mi esposa en 1962. En ese tiemp, mi esposa era directora ejecutiva de la Asociación de Jóvenes Mujeres Cristianas de Corea, y había sido amiga mía muy cercana desde 1961. Mi esposa, entonces y ahora, ha sido siempre una ferviente cristiana en la Iglesia Metodista. Así, pues, nuestro matrimonio fue un matrimonio ecuménico mucho antes que hubiese un movimiento hacia el ecumenismo en Corea.
«Desde nuestra boda, la asistencia de mi esposa en mi trabajo ha sido invaluable. Si ella no fuera mi esposa, no podría imaginar qué hubiera sido de mí. Sin ella no me puedo imagina mi vida o mi existencia. La ayuda omnipresente de mi esposa proviene de su extraordinaria fe cristiana en Dios. Por esa razón puedo afirmar enfáticamente que mi presencia hoy con ustedes es el resultado del amor interminable de mi esposa y de su asistencia hacia mí. Estoy, en realidad, parado enfrente de ustedes como el marido de un ser humano llamado Lee Hee-ho. Estoy tan orgulloso de esa realidad».
El motivo por el que cito este discurso de mi esposo es porque, como mi esposo confesó, hemos sido compañeros toda nuestra vida. Mi esposo usó la palabra “la asistencia de mi esposa”, pero utilizó el terminó sólo como una expresión apropiada. Nosotros siempre hemos vivido como compañeros, con roles iguales. En otras palabras, ya me había determinado a ser su compañera desde el día de mi boda.
Soy probablemente el único ser humano que conoce mejor que nadie cuáles son las debilidades de mi marido y sus fortalezas. A pesar de mi conocimiento íntimo de él —sus verrugas y todo— he sido capaz de amarlo con un amor sin vacilaciones a pesar de todas las aflicciones que se me acumularon, porque ha sido un patriota supremo y ha amado a su patria como nadie más. Lo he amado por su indomable resolución y determinación, por su inquebrantable convicción, su profunda tolerancia y generosidad, y su inimitable estilo. Amo muchísimo su brillantez, su extensa sonrisa, que parece trasmitir el ambiente maravilloso de la provincia sureña de la que proviene. Pero, más que nada, lo amo sin reservas ni limitaciones, con la completa dedicación de mi corazón, porque ama a su patria más que nadie que yo conozca.

EL OBSERVADOR 287-9

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
El buen Dios
Claudio de Castro
Claudio de Castro
De Dios procede la serenidad de saber que nada nos ocurrirá, pues Él está con nosotros.
De Dios procede este amor que nos envuelve y abraza el corazón. Que nos hace llorar de emoción. El buen Dios, todo amor y misericordia.
De Dios procede esta inmensa alegría que nos hace querer compartirla. Es tanta que sobra.
De Dios procede esta ternura que nos hace desear abrazar con amor al enfermo, al hambriento, al anciano, al necesitado, al solitario.
Dios todo lo da en abundancia. No escatima en darnos cuanto necesitamos.
No permitas, Señor, que me aparte de Ti.

Que mi corazón sea una brasa de amor. No deseo más.

EL OBSERVADOR 287-10

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Ayudar a mi esposo a que sea mejor padre
Yusi Cervantes Leyzaola
Soy una mujer casada con tres niños. Quisiera ayudar a mi esposo. Él no ha sido responsable en su papel de padre. Tiende a ser como su padre fue con él. ¿Qué puedo hacer para encaminarlo a su camino como padre y darle ánimos de que trate a sus hijos mejor que como lo trataron?

Usted no puede encaminarlo, pero sí, como dice, animarlo.
Lo que quiero decir es que él es una persona adulta, y debe ser él mismo quien decida mejorar como padre, así como es de él la responsabilidad de hacerlo.
Lo que usted puede hacer es mantener una buena comunicación con él, decirle qué aspectos de su desempeño como padre le parece que podrían mejorar y porqué, así como ayudarle a ver sus errores y de qué manera afectan el desarrollo de sus hijos. Esto significa también que usted está dispuesta a que él, a su vez, le ayude a ver sus errores —que seguramente los tiene, como cualquier ser humano— y dónde puede mejorar.
Hay dos puntos que es necesario tomar siempre en cuenta. Uno es cuál es el objetivo que tenemos al tratar con los hijos. Cuando ponemos nuestros esfuerzos en educarlos para que sean personas adultas, responsables, felices, seguras, libres y orientadas a la trascendencia, las demás cosas pasan a segundo término. El otro punto a considerar es qué efectos reales tienen nuestros castigos: ¿estamos logrando obediencia o miedo? ¿Estamos consiguiendo que el chico tenga buenas calificaciones a costa de la seguridad en sí mismo? ¿Tenemos unos hijos aparentemente bien educados pero incapaces de expresar sus opiniones o sus sentimientos?
Ambos deberían prepararse para esta tarea tan importante de la paternidad. Hace falta estudiar, saber en qué consiste la educación, saber cuáles son las necesidades fundamentales del ser humano, cuáles son las etapas por las que pasan los niños y qué hace falta en cada una de ellas. Hay libros, revistas, cursos, conferencias, artículos en el Internet... Si él no quiere prepararse, al menos hágalo usted. Así, los argumentos que le dé cuando hablen acerca de cómo educar y cómo tratar a sus hijos tendrán más fundamento; necesariamente tendrán más sentido y le será más fácil convencerlo de que son necesarios algunos cambios.
También hable con su marido de la importancia de romper los modelos negativos que hemos heredado. Generación tras generación, tendemos a repetir los errores de nuestros padres; o a equivocarnos al ir al otro extremo... Hasta que alguien hace conciencia y decide romper esa cadena. Su esposo puede hacerlo, pero requiere dar el primer paso: darse cuenta.

(La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador).

(FIN)

EL OBSERVADOR 287-11

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