El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

28 de enero de 2001 No. 290

SUMARIO

bullet EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA Lo que nos falta
bulletEL RINCÓN DEL PAPA Alto a la catástrofe ecológica
bulletDILEMAS ÉTICOS La visión del 2001 de Kubrick y nuestra realidad
bulletREPORTAJE Llegamos al 2001 ¿Los robots gobiernan el mundo? Todavía no
bulletMIRADA CRÍTICA Haz click y tortura
bulletPICADURA LETRÍSTICA ¿Isabel, «mujer del milenio» y, además, santa?
bullet«The body», un intento cinematográfico por desacreditar la resurrección de Cristo
bullet¿USTED QUÉ OPINA? Los rebeldes condicionan y el gobierno obedece
bulletMUJERES EN EL MUNDO De abortos y culpas, juicios y perdones
bulletPINCELADAS La última palabra la tiene el amor

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA
Lo que nos falta
Por Jaime Septién Crespo
La civilización, tanto como el hombre tecnológico, estamos llenos de orgullo. Nos creemos como dioses, capaces de superar cualquier obstáculo con las solas fuerzas de la razón. Es cierto: la razón humana es poderosa, pero como reflejo del amor de Dios. Si la razón se toma como reflejo de la pura grandeza del hombre, finalmente produce monstruos.
Lo que nos falta a los hombres y mujeres de principios de siglo XXI es humildad: conocernos débiles, inacabados, menesterosos, dentro de nuestra grandeza de seres creados a imagen y semejanza de Dios. «La humildad es invencible», solía repetir Bernanos. Sí, es invencible. El problema está en que nuestra sociedad condena a los humildes al desprecio. Yo mismo los condeno...
Santo Tomás de Aquino distinguía tres grados de humildad:
- El primero consiste en someterse a los que son superiores y no tratar de ser mayor que los que son iguales.
- El segundo se daría cuando uno se somete al igual que es igual, y no actúa para ser preferido a los que de hecho son menores.
- El tercer grado de humildad se da cuando uno se somete al que es menor.
Reviso mi vida y me doy cuenta de que ninguno de los tres grados se cumple en mí. Echo una ojeada a la sociedad política y me aseguro de que tampoco allí se cumple. El mayor explota al de en medio y el de en medio «ningunea» al menor. Solamente el ejemplo de Cristo brilla en la historia, acompañado de los santos de la Iglesia.
Suele decirse que Cristo se anonadó a sí mismo para estar entre nosotros. Esto es: Cristo se hizo nada para habitar el mundo. Y se sometió a los menores que Él; se sometió, incluso, a la injusticia de los hombres (disfrazada de justicia). Y murió en el oprobio de la cruz.
San Ignacio de Loyola exclama: «Siendo de igual alabanza y gloria de la divina Majestad, por imitar y parecerme más a Cristo nuestro Señor, elegir más pobreza con Cristo pobre, que riquezas; oprobios con Cristo antes que honores; y desear más ser tenido por loco y vano que por sabio y prudente en este mundo».
¿Cuándo yo, orgulloso hombre de la edad tecnológica, preferiría ser tenido por tonto que por sabio; orar en vez de ganar; amar en lugar de aplastar con mis «conocimientos»? Ésa es la verdadera revolución cristiana: volverse nada. Me faltan mil kilómetros siquiera para llegar a entenderla.

EL OBSERVADOR 290-1

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EL RINCÓN DEL PAPA
Alto a la catástrofe ecológica
«El compromiso por desafiar la catástrofe ecológica» fue el tema de la catequesis del Santo Padre durante audiencia general celebrada a mediados del mes en el aula Pablo VI.
El Papa afirmó que «la armonía del hombre con los demás, con la creación y con Dios es el proyecto perseguido por el Creador», pero ha sido «continuamente alterado por el pecado humano que se inspira en un plan alternativo».
«La criatura humana recibe una misión de gobierno sobre la creación para hacer brillar todas sus potencialidades. Pero este señorío del hombre no es absoluto, sino ministerial; reflejo real del señorío único e infinito de Dios. Por eso, el hombre debe vivirlo con sabiduría y amor».
Al contemplar nuestro planeta, continuó Juan Pablo II, «caemos enseguida en la cuenta de que la humanidad ha decepcionado las expectativas divinas. Sobre todo en nuestro tiempo, el hombre ha devastado sin vacilar llanuras y valles boscosos, ha contaminado las aguas, ha deformado el habitat de la tierra, ha hecho irrespirable el aire, ha trastornado los sistemas hidro-geológicos y atmosféricos, ha desertificado espacios verdes, ha realizado formas de industrialización salvaje, humillando —por usar una imagen de Dante Alighieri— aquel 'jardín' que es la tierra, nuestra morada».
Señaló que «es necesario estimular y sostener la 'conversión ecológica', que en estos últimos decenios ha hecho a la humanidad más sensible en relación con la catástrofe hacia la que se estaba encaminando. Por tanto, no está en juego sólo una ecología 'física', atenta a tutelar el habitat de los seres vivos, sino también una ecología 'humana' que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien radical de la vida en todas sus fases y preparando a las futuras generaciones un ambiente que se acerque más al proyecto del Creador». Sólo así, terminó, el hombre volverá «a pasear por el jardín de la creación». (VIS)

EL OBSERVADOR 290-2

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DILEMAS ÉTICOS
La visión del 2001 de Kubrick y nuestra realidad
Por Sergio Ibarra
Hace más de tres décadas Stanley Kubrick, uno de los grandes talentos del llamado séptimo arte, nos regaló una visión del futuro muy especial en relación a la evolución del hombre y su relación con las computadoras. Si usted no conoce la película, se la recomiendo. La trama concluye en que la computadora se adueña del mando de la nave y, lo más grave, de sus tripulantes.
Al iniciar este año inevitablemente vino a mi memoria la obra de este inolvidable cineasta. Y vino por varias razones. La primera, porque quizá le faltaron años a la visión, es decir, algo así aún no ocurre; pero hay que reconocer que no estamos lejos. Y de ahí se desprende la segunda razón:
Ciertamente esa nave que imaginó Kubrick quizá aún no existe; pero, a cambio de ello, las computadoras personales aparecieron unos diez o doce años posteriores a esta producción. La vida del hombre ha enfrentado un parteaguas de profundas y muy trascendentes consecuencias con el uso diario y la accesibilidad que tiene hoy casi cualquier persona del mundo a una computadora.
A partir de la década de los noventa, con el surgimiento de la internet, combinado con la evolución de las computadoras personales, ha tentado —y ha hecho caer en la tentación— a muchísimas organizaciones a poner una computadora y con ello sustituir a un ser humano para atender a otro ser humano. Entiendo que tener acceso a efectivo a cualquier hora del día sea más cómodo; entiendo que uno pueda programar desde el control remoto de la TV una película en forma digital, sin que intervenga otro ser humano. Pero donde las cosas se empiezan a complicar es cuando uno desea reclamar o aclarar cualquier asunto, y simplemente el sistema no responde.
El dilema ético al que nos enfrentamos en el 2001 es si vamos a permitir que las computadoras personales se adueñen de nuestra vidas o si vamos a cambiar al trato cálido que sólo un humano le puede dar a otro humano. El dilema a cada quien se le habrá de presentar, más aún cuando, detrás de una red o una computadora personal, se encuentre la otra tentación: bajar los costos y engendrar a un desempleado. El dilema surge cuando vemos que el que no le sabe a las computadoras se queda hoy marginado. Y no es que me oponga o descalifique el uso de las computadoras, no. Es el uso desmedido al que podríamos llegar y que nos haría sucumbir, como a la tripulación de Kubrick.
Y la tercera razón por la que Kubrick viene a mi memoria en 2001: odisea del espacio, es porque no debemos olvidar que, como católicos, debemos resguardar los valores que encierra la filosofía de nuestra religión, siendo, ante todo, humanos y humildes (sencillos y pequeños) ante estos avances tecnológicos que amenazan convertir a nuestra sociedad en una sociedad deshumanizada pero, eso sí, sistematizada y esclavizada al trato de una máquina computadora. Ése es el otro dilema. El asunto está en decidir hasta dónde y en qué es válido el uso de estas naves electrónicas contra el tiempo invertido en compartir la vida con nuestros semejantes.

EL OBSERVADOR 290-3

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REPORTAJE.-
Llegamos al 2001. ¿Los robots gobiernan el mundo? Todavía no...
        Kenneth Chang (EL PAIS, 21 de diciembre de 2000) nos recuerda que en la novela 2001, una odisea del espacio, de Arthur Clarke, la computadora Hal 9000, enloquecida, se deshace de casi todos los viajeros espaciales de la nave Discovery. No pudo Clarke, como tampoco pudieron antes Aldous Huxley, George Orwell y otros, en parecidas predicciones, acertar en lo cronológico. Ciertamente las máquinas mas avanzadas están cumpliendo las leyes robóticas de Isaac Asimov, a saber: 1) Un robot no debe dañar a un ser humano; 2) un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano; 3) un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esa protección no esté en conflicto con lo anterior. Pero no es debido a eso que no han logrado el dominio del mundo, sino a que llegan al siglo XXI con capacidades muy limitadas. Ni siquiera pueden reproducirse, como cualquier animal, y puede vaticinarse que no van a desplazar a los humanos en un futuro próximo.
Una conferencia denominada Humanoids 2000 fue convocada para analizar las posibles implicaciones sociales del trabajo de los robots. Se ideó una escala del 0 al 5 (de muy improbable a muy probable). Hubiera bastado el cero, pues todos los investigadores consideraron nula, a la luz del estado actual, la posibilidad de que los robots «sean el siguiente paso en la evolución y acaben desplazando a los seres humanos».
La encuesta se realizó antes de que la universidad Brandeis anunciara que había creado un sistema robótico que diseña y construye otros robots. El adelanto no es aún suficiente: los robots capaces de enfrentarse a la humanidad, como en la película Terminator, sólo son posibles en el reino de la ciencia-ficción, concluyeron los expertos. Por ahora, incluso aunque existiesen robots inteligentes y tramposos que quisiesen conquistar el mundo, tendrían que actuar con rapidez: la mayoría agotan sus baterías en menos de media hora.
El obstáculo más difícil para construir un robot inteligente, capaz de evolucionar y de reproducirse a sí mismo, puede ser la parte de la reproducción. La capacidad del sistema Brandeis para hacer robots con poca ayuda humana animó a hacer conjeturas sobre robots con capacidades evolutiva y reproductiva, que puedan explorar la galaxia o empujar a los humanos a la extinción. Finalmente hasta los propios investigadores de Brandeis encontraron la hipótesis exagerada. «Estamos tan lejos de eso, que es una cuestión absurda», dijeron.
        
De cualquier modo, sí hay avances
En 1994 Karl Sims, entonces científico de Thinking Machines, pobló un mundo simulado de criaturas animadas y evolutivas. Otros investigadores han creado programas informáticos que se multiplican por sí solos y mutan de manera similar a la de organismos reales como las bacterias, los hongos y las moscas.
Pero la mayoría de los investigadores consideran una tarea casi imposible dotar a las máquinas de la capacidad de reproducirse, más difícil aún que construir un robot inteligente.
Se prevé la creación de robots que se monten a sí mismos a partir de piezas ya fabricadas. Pero para construir una copia de sí mismo, un robot tendría que buscar las materias primas, convertirlas en motores, sensores, chips y otras piezas, y montarlas. El simple hecho de fabricar chips sería una tarea abrumadora para un robot.

        Muy lejos de Star Trek
Aunque algunos investigadores han sugerido evitar el desarrollo de algunas tecnologías para que, en el futuro, los robots no puedan desplazar la vida biológica, otros están en desacuerdo. Jordan B. Pollack, por ejemplo, dice que «la cuestión es si se va a descontrolar. Haría falta un gran escenario industrial y de guerra para que alguien construyese un robot catastrófico. No creo que nadie sepa hacerlo. ¿Podrían los robots descubrir cómo convertirse en un elemento destructivo para la humanidad? La respuesta es que esto está tan lejano como lo está un fax de convertirse en un transportador de Star Trek.
Pero también hay optimistas. Según el Roboties Institute, de la universidad Carnegie Mellon, la capacidad procesadora de los chips se dobla cada 12-18 meses. «En 2040 los robots serán tan inteligentes como nosotros». Para entonces los robots deberían tener la habilidad suficiente como para diseñar y construir fábricas automatizadas que fabriquen versiones mejoradas de sí mismos. «La competencia empresarial garantizará que los robots hagan el trabajo de los humanos hasta que el 100% de la industria esté automatizada, de arriba a abajo».

        Los humanoides, torpes y lentos
Son numerosos los obstáculos a los que se enfrentan los investigadores para crear robots útiles, y no hablemos ya de robots que desplacen a la humanidad. Los humanoides de dos patas (robots con apariencia vagamente humana) caminan lenta y torpemente. Robots como «Kismet», del Artificial Intelligence Laboratory, pueden presentar reacciones infantiles cuando se les habla en diferentes tonos y voz, pero las discusiones sobre lo que sería comportamiento consciente e inteligente se basan en la filosofía, no en los experimentos.
Sin embargo, no es forzoso que los robots tengan aspecto humano, ni siquiera que sean visibles, para ser útiles o, tal vez, peligrosos. Uno de los objetivos de la empresa Zyvex es construir robots minúsculos, 50 mil veces más pequeños que un centímetro. Estos nanorrobots sin mente podrían usarse, por ejemplo, para inyectarlos en la sangre de un paciente hospitalizado para que eliminen elementos específicos no deseados, como células cancerígenas, obstrucciones de los vasos sanguíneos o gérmenes invasores.

RECUADRO:
Alos Knoll, uno de los organizadores de la conferencia Humanoids 2000, e investigador de la universidad de Bielefeld, Alemania, dijo que los robots no son capaces de rebelarse contra el ser humano porque en las actuales máquinas:
* No tenemos la destreza mecánica.
* No tenemos el suministro de energía.
* No tenemos el cerebro.
* No tenemos la autonomía en general para hacer que se acerquen siquiera a los seres humanos.
* Incluso, aunque existieran robots inteligentes y tramposos y quisieran conquistar el mundo, tendrían que actuar con rapidez, pues, la mayoría agotan sus baterías en menos de media hora.

EL OBSERVADOR 290-4

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MIRADA CRÍTICA
Haz click y tortura
Santiago Norte
Amnistía Internacional (AI), capítulo España, acaba de lanzar una campaña muy intensa contra la promoción de la tortura como ejercicio lúdico en los videojuegos. Aunque nos parezca inverosímil, los datos de uso insisten en mostrarnos la difusión de la mentalidad torturadora entre niños y jóvenes de todo el mundo, a partir de los «juegos» para locales cerrados y de uso doméstico.
El lema de la campaña -como muchos de los que AI ha generado- es provocativo: Haz click y tortura. En efecto: videojuegos como El guardián de la cárcel 2 (en el que se puede disfrutar de la agonía prolongada de algún reo) o Trópico (en que se puede el niño convertir en un fecundo dictador del Caribe), dan clara instrucción a los usuarios de que matar, torturar, hacer juicios sumarios, poner a prostitutas a trabajar -mejor si son niñas- para atraer turismo es hacer política de la buena, la que vale, no esos sucedáneos blandengues y melindrosos de la negociación, el respeto a la dignidad humana y el bien público.
Por supuesto que en esto, como en mil otras cuestiones, no hay legislación adecuada, ni en España ni en México y, casi me atrevería a afirmar, en ningún lugar del mundo. Me refiero a una legislación que respete tanto los derechos del usuario como la formación de su conciencia. ¿Cómo se le puede exigir a un joven preparatoriano que trate con decencia a un disidente, una prostituta, un enfermo de sida, un infractor de la ley o un alcohólico si todos ellos son los prototipos de aquellas escorias sociales que hay que eliminar?
Entiendo que, para los defensores de la «libertad creativa», censurar los videojuegos es limitación al arte y peregrina intromisión de la ultraderecha en las facultades de los creadores de entretenimiento. No estoy muy seguro de si a AI se le puede calificar como grupo conservador. Me parece que no. Y sus mensajes son muy claros al respecto de esta plaga que va desmotivando los valores y propiciando a niños y jóvenes el desprecio por el respeto a la dignidad del otro. Pues la campaña lanzada en el otro lado del Atlántico contiene mensajes irónicos muy dignos de ser impresos en las cajas en que se venden estas herramientas de adoctrinamiento: «Cómo ser un eficaz asesino», «Conviértete en un asesino sobre ruedas», o «Saca de ti al pequeño dictador que llevas dentro».

EL OBSERVADOR 290-5

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PICADURA LETRÍSTICA
¿Isabel, «mujer del milenio» y, además, santa?
Por J. Jesús García y García
La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió, es el descubrimiento de Indias; y así, las llaman Mundo Nuevo.
FRANCISCO LÓPEZ DE GOMARA.

Cada enero algunos repasamos efemérides para ver qué celebraciones notables trae el año en cuantía de siglos o cincuentenarios. De ese modo me doy cuenta de que en 2001 se conmemorarán los 550 años del nacimiento de Isabel I de Castilla y de Cristóbal Colón, protagonistas de la epopeya del «encuentro de dos mundos», ocurrido después de plurales «descubrimientos» que más tuvieron de encubrimientos dada su falta de utilidad práctica, señaladamente el arribo de Leif Eriksson al litoral norteamericano a fines del siglo X.
En efecto, Isabel y Cristóbal nacieron el mismo año y por poco mueren de la misma edad. Del natalicio de Colón sólo sabemos el lugar: Génova, a pesar de los diversos intentos por darle otra cuna, y el año, 1451, éste no enteramente seguro. De Isabel todo lo sabemos, lugar, fecha y hasta la hora: villa del Madrigal de las Altas Torres, 22 de abril (jueves santo) del año ya mencionado, a las 16:40 horas.
Lo hasta aquí dicho no es, en forma alguna, novedad. Lo que sí puede serlo para muchos de los que habitamos en esta región abajeña es que existe una causa de santificación de la «Reina Católica», según iniciativa lanzada en 1957 por el arzobispo de Valladolid. Se ha vertido en 30 volúmenes la investigación histórica que se dice emanó «de las fuentes más fidedignas» y el proceso radica desde 1972 en Roma, en la Sagrada Congregación de Ritos, organismo que aprobó en sólo dos años lo que se llama la positio, es decir, la edición de las investigaciones y testimonios del proceso diocesano para ser evaluado por el tribunal de la Congregación Romana. La positio ha sido aceptada en lo que respecta a los datos y trabajos históricos y la causa se ha retomado. Una comisión se encarga de difundir amplia información sobre la persona de Isabel, así como de preparar el festejo del V centenario (en 2004) de la muerte de la soberana de la Casa de Trastámara, quien, por lo pronto, ha sido designada por algunos la «Mujer del Milenio» (del segundo, por supuesto).
Cualquiera puede impugnar la designación mencionada. Yo mismo tengo reparos. Pero jure usted que los más inconformes serán los indigenistas trasnochados al estilo de la inefable Eulalia Guzmán, que querrían que permaneciéramos al margen de la civilización mundial, adictos aún a los dioses sanguinarios, a las guerras entre tribus, a los sacrificios humanos y a la antropofagia, carentes de los avances más rudimentarios, como el uso de la rueda, y privados, asimismo, de una escritura fonética, esto es, de las que se valen de alfabetos cuyas grafías o signos representan sonidos y no conceptos. Los activistas de esa negativa clase frustraron en gran parte la celebración de los 500 años de la gesta colombina. Y es que el indigenismo «viste» mucho. Y arrastra a muchos. Da pábulo a ciertas solidaridades internacionales y hasta es motivo para premiaciones. Pero hay indigenismos e indigenismos y conviene distinguirlos. Está muy bien que se conserven los aspectos positivos -siempre los hay- de las culturas autóctonas, pero no es admisible pronunciarse por los antivalores, ir en contra de los avances morales y técnicos logrados por nuestra especie, mucho menos en estos tiempos de la multimencionada «aldea global».
En una proporción de 80 contra 20 los mexicanos somos mestizos. Ni inmaculadamente indígenas ni puramente hispanos. Revueltitos, pues. Lo natural es que, a pesar de naturales disidencias en lo accidental, veneremos en lo esencial a las dos razas de que procedemos. A pesar de los pesares, el descubrimiento del Nuevo Mundo fue una bendición. Isabel será o no la «Mujer del milenio», pero el gran acontecimiento que ella propició sí puede ser el «Suceso del milenio».

EL OBSERVADOR 290-6

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«The body», un intento cinematográfico por desacreditar la resurrección de Cristo
Pbro. Miguel Rivilla San Martín
Ningún libro jamás ha sufrido embates tan constantes, sañudos y persistentes como el de los Evangelios. Por todos los medios y de todas las maneras se ha tratado, inútilmente, de echar por tierra la veracidad, autenticidad e historicidad de estos libros, sobre los que se fundamenta la Iglesia católica.
Nadie se ha opuesto a aceptar la figura humana, única, inigualable e irrepetible de Jesús de Nazaret, pero sí —y aquí radica el meollo de la cuestión— su pretensión de ser el Hijo de Dios. Con una postura irracional y apriorística se descarta, sin más, de los relatos evangélicos todo aquello que supera los límites de la razón, aunque en modo alguno la contradiga: milagros, curaciones y resurrección de Jesús.
Los no creyentes de todos los tiempos han echado mano de todos los medios (literatura, novela, cine, teatro etc) para tumbar y echar tierra sobre los Evangelios. Ahí están, entre otros muchos, en nuestros tiempos, los relatos fantasiosos de J.J. Benitez, con sus Caballos de Troya, o los intentos de oscurecer la figura divina de Jesucristo en el cine, del cineasta M. Scorssese con su obra La última tentación de Cristo. Ahora, por lo visto, le ha tocado el turno a la factoría de Hollywood, propiciada y costeada por el lobby financiero judío. Ahí está la mediocre producción titulada The body. Toma como base otra novela homónima judía y, con las armas de la fantasía, contradice descaradamente los Evangelios, cuyos cuatro autores hablan, inequívocamente, de la tumba vacía, tras la resurrección de Cristo
Ahora se pretende sembrar confusión y dudas sobre este hecho incontrastable, entre el publico no bien formado, con la tesis del desafortunado filme. Una joven viuda, arqueóloga judía, ha descubierto en Jerusalén la tumba de un hombre rico, con «el cuerpo» de una persona que tiene algunos indicios de ser el mismo Cristo. Naturalmente, no se desperdicia la ocasión de dejar en mal lugar al Vaticano, que ha encomendado la misión de investigar la novedad a un joven sacerdote, interpretado por el galán malagueño, Antonio Banderas, que sufre una crisis vocacional, abandona la Iglesia y se siente atraído por la joven viuda. En fin, esto y poco más es lo que da de sí esta malograda cinta y que, por supuesto, no va a hacer tambalear la secular creencia en la resurrección de Jesucristo, vencedor de la muerte, del mal y del pecado de los millones de creyentes del mundo entero.
(Fuente: cristiandad.org)

EL OBSERVADOR 290-7

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¿USTED QUÉ OPINA?
Los rebeldes condicionan y el gobierno obedece
Genaro Alamilla Arteaga
Un gran espectáculo se aproxima y tendrá como escenario nada menos que la capital de la república. Sí, ya acertó usted, estupefacto lector, pues se trata del desfile de los rebeldes capitaneados por el llamado Marcos. Y de entrada permítanos decirle que jamás les hemos llamado ejército ni a su capataz subcomandante; si lo hiciéramos manifestaríamos poco sentido de patria, pues una nación como la nuestra sólo tiene un ejército y en él se dan los grados militares.
El primer día de 1994 ese grupo atacó sorpresivamente a un destacamento militar, se declaró en rebeldía contra el gobierno y a lo largo de siete años se ha mantenido mofándose cínicamente de nuestras instituciones, al grado de que el enmascarado mayor, Marcos, se ha atrevido a decir que renuncie el presidente, los gobernadores y los presidentes municipales «y nosotros -los rebeldes- velaremos por la patria, por la bandera, por el escudo, y crearemos un constituyente para elaborar una nueva Constitución, porque la actual no sirve».
Ante las bravuconadas del encapuchado mayor ninguna voz oficial se escuchó, pero sí, repetidamente, se dijo que el asunto de los rebeldes de Chiapas se manejaría con prudencia y nos permitimos decir que cuidado, pues cuando se excede la prudencia se convierte en complicidad. Llama la atención que dos veces, en los dos sexenios pasados, el ejército iba copando a los rebeldes y, por orden superior, las fuerzas armadas tuvieron que dar marcha atrás, y hay que subrayar que la acción de los militares se hacía sin tirar una sola bala.
En fin, es de todos conocido que los rebeldes de Chiapas se han mantenido en una actitud de eso, de rebeldía contra el gobierno, que quiere decir contra la nación, contra la patria, y esta actitud, en el marco de la arrogancia y de absurdas exigencias y enmascarados, para no identificarse -se dice que entre ellos hay extranjeros-, y sin soltar las armas. Sólo falta que con ellas en la mano lleguen triunfantes a nuestra capital y con seguridad de parte del gobierno del Distrito Federal, que absurdamente ha invitado a unos rebeldes para que se presenten en el recinto parlamentario. ¡Sólo falta que, en sesión solemne, reciban las llaves de la ciudad!
En verdad no entendemos por qué tanta complacencia con unos subversivos como son los zapatistas que, para acreditarse, izaron la bandera de redentores del mundo indígena, hundido, ciertamente, en la marginación, en la miseria, en la ignorancia, en el desempleo, etcétera. Pero para sacarlo de esa situación no se hacía necesaria la rebelión ni las armas. A nuestro parecer, para sacar a ese mundo de tan precaria situación, el gobierno, la iniciativa privada y las organizaciones no gubernamentales deben todos empeñarse para que nuestra Constitución esté vigente en todas las zonas indígenas como lo está en el resto del país, y nuestros hermanos indígenas vivan y se desarrollen como los ochenta o noventa millones de mexicanos positivos. Este es el medio más eficaz para lograr el objetivo que dicen querer los sublevados y su capataz el enmascarado mayor, logrando la autonomía estatal y municipal como la goza el resto de esas entidades en el país, que, sin ser absoluta -para no crear un Estado dentro del Estado- es real en el marco de libertad y respeto a los derechos constitucionales. ¿Qué más pueden querer los indígenas que hasta hoy carecen de todo esto? ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 290-8

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MUJERES EN EL MUNDO
De abortos y culpas, juicios y perdones
Guadalupe Chávez Villafaña


Tengo que hacerles una confesión: hasta hace poco pensaba que Pro-Vida luchaba a favor de la vida, pero de una manera agresiva, con métodos que están muy lejos del amor y de la caridad y eso me molestaba. Coincido con ellos plenamente en el respeto a la vida desde el instante de la concepción; en su afán por colaborar para que a esos bebés que todavía no nacen se les respete su derecho a la vida. Pero… me enojaba que utilizaran métodos a veces violentos para lograrlo; que algún líder no sólo atacara a las mujeres que abortaban, sino las juzgara inmisericordemente.
Sin embargo, mi opinión ha cambiado conforme he conocido a algunas personas que dedican su tiempo y esfuerzo a favor de la vida; sin que esto implique que estoy de acuerdo con métodos violentos, o juicios temerarios, o actitudes farisaicas. Estoy totalmente convencida de que el fin nunca justifica los medios, a pesar de que en nuestra sociedad actual haya voces, a veces aparentemente muy calificadas, que intentan justificar esta justificación.
Pero volviendo a Pro-Vida, me he ido encontrando con que se han abierto centros de ayuda a las mujeres embarazadas para apoyarlas integralmente y capacitarlas para tener y mantener a sus hijos y, si así no lo pudieran o quisieran hacer, ayudarlas a dar al bebé en adopción. No sólo eso, también tienen centros de ayuda psicológica para aquellas mujeres que ya abortaron y que ahora sufren las secuelas.
Recientemente llamó mi atención la carta escrita por una mujer que abortó, que se difunde por internet, de la cual EL OBSERVADOR nos ofreció algunos párrafos en el número anterior. A esta mujer se le está apoyando en España para ayudarla a sanar las heridas del aborto. «Ayudar a sanar las heridas —dicen los miembros españoles de Pro-Vida— no juzgar, no culpabilizar… Dios, en su infinita misericordia conoce nuestros corazones y nuestras historias. Sin embargo, por otro lado, hay que dejar muy claro que un aborto es privar de la vida a un ser humano. No es 'interrumpir el embarazo' y 'desechar el producto', como si la interrupción fuese únicamente un 'tropezón' en un proceso biológico, o el producto fuera un montón de células sin vida, sin existencia propia».

EL OBSERVADOR 290-9

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PINCELADAS
La última palabra la tiene el amor
Justo López Melús *
Un anciano incrédulo fue a visitar a un sacerdote para que le ayudase en sus dudas de fe. No aceptaba la resurrección de Jesús y deseaba pruebas. Cuando llegó a casa del sacerdote estaba ya alguien hablando con él. El sacerdote vio al anciano de pie en el pasillo y corrió sonriente a ofrecerle una silla. Cuando el otro se despidió, recibió al anciano y le habló largamente. El anciano se convirtió y quiso ponerse en paz con Dios.
Contento el sacerdote y a la vez sorprendido por el súbito cambio, le preguntó:
— Después de nuestro largo recorrido, ¿cuál es el argumento que le ha convencido de que Cristo resucitó y de que existe Dios?
Y el viejecito respondió:
— El detalle de acercarme una silla para que no me cansase de esperar. El maestro de tal discípulo, pensé, tiene que ser capaz de cualquier cosa.
Obras son amores, que no buenas razones.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

EL OBSERVADOR 290-10

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