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Periodismo católico para la familia de hoy18 de febrero de 2001 No. 293 SUMARIO
Extracto del mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la Cuaresma 2001Extracto del mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la Cuaresma 2001 ¿Cómo acoger la llamada a la conversión que Jesús nos dirige también en esta Cuaresma? ¿Cómo llevar a cabo un serio cambio de vida? Es necesario, ante todo, abrir el corazón a los conmovedores mensajes de la liturgia. El periodo que prepara la Pascua representa un providencial don del Señor y una preciosa posibilidad de acercarse a Él, entrando en uno mismo y poniéndose a la escucha de sus sugerencias interiores. 2.Hay cristianos que creen poder prescindir de dicho constante esfuerzo espiritual, porque no advierten la urgencia de confrontarse con la verdad del Evangelio. Ellos intentan vaciar y convertir en inocuas para que no turben su manera de vivir palabras como: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien (Lc 6, 27). Tales palabras, para estas personas, resultan difíciles de aceptar y de traducir en coherentes comportamientos de vida. De hecho, son palabras que, si son tomadas en serio, obligan a una radical conversión. En cambio, cuando se está ofendido y herido, se está tentado a ceder a los mecanismos psicológicos de la autocompasión y de la revancha, ignorando la invitación de Jesús a amar al propio enemigo. Sin embargo, los sucesos humanos de cada día sacan a la luz, con gran evidencia, cómo el perdón y la reconciliación son imprescindibles para llevar a cabo una real renovación personal y social. Esto vale en las relaciones interpersonales, pero también en las relaciones entre las comunidades y entre las naciones. 3. Los numerosos y trágicos conflictos que atenazan a la humanidad, tal vez causados también por malentendidas cuestiones religiosas, han hecho que profundos fosos de odio y de violencia surgieran entre pueblos y pueblos. Y los auspicios de paz, que se elevan de todas las partes del mundo, resultan ineficaces. 4. El único camino de la paz es el perdón. Aceptar y ofrecer el perdón hace posible una nueva cualidad de relaciones entre los hombres, interrumpe la espiral de odio y de venganza, y rompe las cadenas del mal que atenazan el corazón de los contrincantes. ¡Cuan ricas de saludables enseñanzas resuenan las palabras del Señor: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos! (Mt 5, 44-45). Amar a quien nos ha ofendido desarma al adversario y puede incluso transformar un campo de batalla en un lugar de solidaria cooperación. Éste es un desafío que concierne a cada individuo, pero también a las comunidades, a los pueblos y a la entera humanidad. Afecta, de manera especial, a las familias. No es fácil convertirse al perdón y a la reconciliación. Reconciliarse puede resultar problemático cuando en el origen se encuentra una culpa propia. Si en cambio la culpa es del otro, reconciliarse puede incluso ser visto como una irrazonable humillación. Para dar semejante paso es necesario un camino interior de conversión; se precisa el coraje de la humilde obediencia al mandato de Jesús. 5. La caridad no toma en cuenta el mal (l Cor13,5). En esta expresión de la primera Epístola a los Corintios, el apóstol Pablo recuerda que el perdón es una de las formas más elevadas del ejercicio de la caridad. El periodo cuaresmal representa un tiempo propicio para profundizar mejor sobre la importancia de esta verdad. Mediante el sacramento de la Reconciliación, el Padre nos concede en Cristo su perdón y esto nos empuja a vivir en la caridad, considerando al otro no como un enemigo, sino como un hermano. Que este tiempo de penitencia y de reconciliación anime a los creyentes a pensar y a obrar bajo la orientación de una caridad autentica, abierta a todas las dimensiones del hombre. El mundo espera de los cristianos un testimonio coherente de comunión y de solidaridad. Joannes Paulus II EL OBSERVADOR 293-1
Pasamontañas, máscaras y la Santa Faz + Mario De Gasperin Gasperin, obispo de Querétaro Los santos son quienes más se acercan al original de Dios. Nos visitan las reliquias y restos mortales de santa Teresita del Niño Jesús y la Santa Faz y, con ella, la Iglesia nos ofrece dos rostros (no máscaras) hermosos: el del pequeño Jesús y el de la Santa Faz, el rostro amable y a la vez sufriente del Redentor. Los dos para grabar en el corazón y recobrar el original. Teresita nos brinda la gran oportunidad. EL OBSERVADOR 293-2
La lealtad a la marca, la lealtad a los tratos, la lealtad a los partidos políticos... La lealtad Por Sergio Ibarra Toma años a una marca lograr que exista este tipo de posicionamientos, además de la enorme cantidad de recursos económicos y tecnológicos que las organizaciones invierten en ello. Los efectos quedan, digamos, concentrados en la conducta de compra de los consumidores finales. ¿Y cuál es esta conducta? Que se repita la conducta una y otra vez. Ésa es la lealtad en las transacciones con un consumidor final. A veces uno se queda sorprendido de cómo algunas marcas han logrado que la primera palabra que llega a balbucear una criatura sea justamente una marca. El dilema en estos casos es si es válido influenciar a la sociedad de tal forma que se atente contra una de las premisas keynesianas de la economía según la cual los consumidores toman decisiones racionales. Me pregunto hasta qué punto se actúa con la razón cuando, a sabiendas de que un producto es nocivo para la salud, o bien, no nutre, esta sociedad lo consume. Un trato es también una transacción. ¿Qué ocurre cuando se establece un trato de palabra? En esta sociedad de transacciones frecuentes lo importante es ser un transa para entonces tener éxito. Por eso hoy más conviene poner las cosas por escrito, porque resulta que cuando uno confía en el prójimo y lo deja a la palabra, es decir, es leal al otro, pasa a ser el tarugo de la historia. ¿Cuál es el dilema? Decidir con madurez y con firmeza como proceder en todo trato que hagamos. Y no podría quedar fuera el asunto de la nueva democracia mexicana. Hemos visto desfilar personas por los diferentes partidos políticos. He visto personas que, del desempleo abierto y del fracaso personal profesional, han brincado a la política, no para servir a México, para servirse. Y, claro, se disfrazan de leales a un partido al que no han servido, al que no conocen. Hemos visto a personas que, con desbordado entusiasmo, se unen al PAN porque indudablemente representa el nuevo movimiento político de México. El dilema es decidir a qué le entramos y hasta dónde, porque en la política, como en la vida, hay bajadas y subidas, más no se vale volverse fantoches y villamelones. Y, para los partidos, decidir bajo que criterios se admite a un nuevo miembro. La lealtad es un valor que podemos encontrar cada día en este siglo XXI, donde parece, parece que el ser humano desea retomar sus valores. Un asunto del que usted y yo, como buenos católicos, no nos podemos hacer como que no vemos y no escuchamos; no nos podemos refugiar en nuestros intereses y nuestras realidades. Peligrosamente nos estaríamos acercando a la herencia fatídica del siglo XX, a un individualismo que, como resultado final, traiga más violencia y más pobreza. Todo por falta de lealtad. EL OBSERVADOR 293-3
Leprosos: los pobres más pobres de la Tierra Por Diana R.García Bayardo Actualmente existen unos 12 millones de personas contagiadas de lepra o enfermedad de Hansen. Países como México, donde se decía que el padecimiento había sido erradicado, han experimentado nuevos e importantes brotes. Hay 24 naciones en las que la lepra es un grave problema de salud pública. El 73% de los casos se registra en la India, pero también abundan en Brasil, Myanmar, Indonesia, Nepal, Madagascar, Etiopía, Mozambique, República Democrática del Congo, Tanzania y Guinea. Sin embargo no hay continente que pueda presumir de estar limpio de la enfermedad. Es cierto que las condiciones han cambiado mucho desde, digamos, los tiempos del Antiguo Testamento, cuando la lepra era considerada motivo de impureza y el enfermo, por medidas profilácticas, se veía expulsado de la comunión con su pueblo, prácticamente abandonado a su suerte (cfr. Lv 13, 9ss). Nuestro Señor Jesucristo nos mostró con su ejemplo que debíamos ser misericordiosos con los aquejados de este mal; los evangelios describen numerosas sanaciones milagrosas hechas por su intervención. En los siglos posteriores hubo un respetable número de hombres y mujeres algunos, canonizados; otros, beatificados; unos más, prácticamente ignorados que dedicaron gran parte de su vida a trabajar en leproserías, llevando consuelo y atención a los olvidados del mundo. Muy famosa es la obra del sacerdote Damián Deveuster, que vivió y murió a finales del siglo XIX, trabajando voluntariamente entre los leprosos de la «isla maldita», Molokai (parte de las islas Hawai), hasta que él mismo se contagió. Y qué decir de la misión que emprendió la madre Teresa de Calcuta entre los pobres más pobres de la Tierra, es decir, los leprosos de la India, país que, a causa de su religión, no ha avanzado mucho que digamos en el trato humanitario que merecen los enfermos por el simple hecho ser personas; el hinduísmo, la religión mayoritaria del pueblo, considera que las enfermedades representan castigos por los pecados cometidos en vidas pasadas, por lo que no se ocupan en atender a los leprosos. De ahí que las leproserías y centros de rehabilitación sean atendidos por cristianos, lo que ha traído serios conclictos religiosos. Los hindúes acusan a la Iglesia de hacer proselitismo cristiano entre los enfermos, de «administrar la Cruz además de medicinas». La madre Teresa estableció que en su orden sólo se predicara con el ejemplo; y entre las Misioneras de la Caridad, como en las demás instituciones católicas, lo que está pasando es que los leprosos y demás enfermos se convierten al cristianismo precisamente al ser testigos de la atención misericordiosa que se da a los marginados. 375 en África (en Senegal hay 116). 10 en América del Norte (8 están en México) 9 en Centroamérica y El Caribe 75 en América del Sur (43 en Brasil) 349 en Asia (263 en la India) 6 en Europa 1 en Oceanía (en Papúa Nueva Guinea) 2.- Construir nuevas casas o reconstruir las viejas para dotarlas de estructuras higiénico-sanitarias adecuadas. 3. Ayudar a sus hijos, muchos de los cuales son leprosos también, con adopciones a distancia que les permiten estudiar y aprender un oficio. 4. Trabajar en la investigación, la curación y la reinserción social de los enfermos. Pero a finales de los años 70 apareció la poliquemioterapia que, en sólo diez años, curó a más de 10 millones de personas. El tratamiento completo cuesta el equivalente a unos 125 dólares estadounidenses, y la mitad de los leprosos del mundo son asistidos por asociaciones humanitarias. Las grandes industrias farmacéuticas tienen poco interés en acelerar la vacunación de los leprosos porque son pobres. «Mi interlocutor bosquejó una sonrisa y, después de recibir la confirmación de que era un sacerdote italiano, me dijo que, siendo niño, había recibido lecciones de catecismo de un sacerdote italiano, luego me abrazó con fuerza. Poco a poco se fueron acercando también los otros, todos en condiciones lastimosas, cubiertos de harapos y malolientes. Con frecuencia había visto a leprosos pidiendo limosna, pero el impacto con éstos fue para mí un verdadero shock: la enfermediad los había reducido a relictos humanos. Tomándome del brazo, me pedían que los ayudase, que nos los abandonara; les prometí que volvería. Hace ya 30 años que me ocupo de ellos». (Fuente: FIDES) EL OBSERVADOR 293-4
Internet hasta por televisión Por Santiago Norte La expansión de la red de la información es formidable, y no sabemos a dónde pueda conducirnos, sobre todo si tomamos en cuenta que muy pronto, a la vuelta de la esquina, internet estará en las pantallas caseras, en el aparato de televisión de cada quien. Algún dato puede ilustrar esta expansión. Para 1995 había apenas nueve millones de usuarios; al finalizar el año 2000 había 360 millones de seres humanos conectados e intercomunicados por esta telaraña que crece en proporciones geométricas. De este asunto da cuenta la reedición del primer tomo de La sociedad red, del sociólogo español Manuel Castells. El autor señala que ya internet no es un fenómeno sólo apto para especialistas en computación, su efecto «transversal» impacta a la sociedad completa: las formas de trabajar, de educarse, de entretenimiento, todas las prácticas han quedado amarradas al entorno de la red. De tal suerte que un análisis despistado de la sociedad presente y futura tiene que contar con los efectos de la llamada autopista de la información. La afirmación de Manuel Castelles es palmaria: «Ya vivimos en la sociedad red». La técnica y la información han triunfado sobre cualquier otra forma de organización de la sociedad. La pregunta es si estamos preparados para saber qué hacer con esta poderosa herramienta, base de la globalización económica y, sobre todo, financiera y de la presencia del hipertexto electrónico «como medio de comunicación y expresión cultural». En México, al menos, no estamos preparados. La plataforma técnica es muy deficiente y el uso de tecnologías de comunicación se centra en un sector muy estrecho de la sociedad, aunque poco a poco penetra en los ámbitos educativos y de entretenimiento, así como en las capas medias de la población. Lo importante será entender que éste es un camino sin riesgo y que, mientras más rápido incorporemos a él a mayor número de usuarios, más podremos aprovechar sus ventajas. EL OBSERVADOR 293-5
* La informática es el mejor instrumento de la historia para liberar la creatividad del hombre y para superar las barreras de la injusticia social con la tecnología. * El otro paradigma de éxito en el futuro está en el «talento». La prioridad para cada país tiene que ser la inversión en materia educativa: en la universidad y en la enseñanza básica. * El problema no está en cómo será el trabajo del futuro, sino en la pregunta «¿cómo serán los hombres y las mujeres sobre los que queremos construir el trabajo futuro?». * El trabajo no es un fin en sí mismo. La producción no debecontinuar sin preocuparnos quién fabrica los productos que nos llegan a precio bajo. * Es necesario volver a poner a la persona como sujeto de la economía y del trabajo EL OBSERVADOR 293-6
Por Bruno Ferrari Mi historia comenzó en urgencias, a donde llegué en la tarde; ahí el médico de guardia me remitió con un especialista, quien, después de algunos exámenes, determinó que, aunque no era urgente, debía ser sometido a una operación, la cual recomendaba se hiciera en la mañana del día siguiente para destruir unas piedras que estaban alojadas en mis riñones, y eran las causantes de un fuerte dolor. Medio sedado, fui remitido a admisiones y luego llevado al cuarto. Mi primera sorpresa fue al despertar, cuando noté que un equipo de enfermeros comenzaban a prepararme y el doctor que me operaría no aparecía. Pensé que seguramente podría hablar con él antes de ser intervenido, pero mis esperanzas se diluyeron a medida que la anestesia fue haciendo su efecto. Ya en el salón de recuperaciones, supuse que vendría a explicarme cómo había salido de la operación, pero esto tampoco ocurrió. No fue hasta la mañana siguiente cuando uno de sus ayudantes vino a revisarme y me explicó todo el proceso, para posteriormente darme de alta. Al preguntarle por qué el doctor que llevaba mi caso no había venido a verme, me respondió que, debido a su experiencia, tenía mucha demanda, lo cual le impedía visitar personalmente a sus pacientes y que la forma en que yo había sido tratado era la que acostumbraban a realizar. Sin lugar a dudas, en la mentalidad de algunas sociedades desarrolladas se está dando un proceso de cambio en el que los servicios de salud son vistos como un artículo de consumo que se obtiene en función de la capacidad de pago del ciudadano. Parecería que el enfermo es visto como una oportunidad estratégica para el enriquecimiento del curriculum personal del médico y para la así llamada industria de la salud. Ante este proceso de despersonalización de la relación médico-paciente se vuelve una tarea urgente enfatizar que los pacientes son personas con un nombre, una historia, un proyecto de vida y que, además, confían, temen, sufren y agradecen. Así el nefrólogo no olvidará que no tiene sólo ante sus ojos un par de riñones; el cardiólogo recordará que no maneja sólo un conjunto de músculos y arterias, y el cirujano tendrá presente que no está cortando tejidos o transplantando órganos, sino que tienen frente a sí a una persona. Termino con una anécdota que una vez me contaron sobre la madre Teresa de Calcuta. Dicen que ella se encontraba en la India limpiando las llagas a un leproso cuando llegó un turista y dijo en voz alta: Yo ni por un millón de dólares haría eso. A lo que la santa mujer respondió: Yo tampoco. Son los pequeños detalles los que enaltecen una labor. Existen en el mundo miles de médicos que, como la madre Teresa, trabajan, más que por una recompensa, por servir y amar a los demás. A ellos y a todos aquéllos que han escogido como forma de vida servir a los demás llámense bomberos, socorristas, policías, etcétera, nuestro más sincero y respetuoso agradecimiento por su labor. EL OBSERVADOR 293-7
Por Luis S. Gómez Cobo La correcta utilización de la riqueza representa un tema en el que opinar debe estar sustentado por la autoridad moral de quien así lo hace. Lo que a continuación se escribe no es una opinión, es tan sólo una reflexión. La correcta utilización de la riqueza representa un tema en el que opinar debe estar sustentado por la autoridad moral de quien así lo hace. Lo que a continuación se escribe no es una opinión, es tan sólo una reflexión. Establecer normas estrictas de conducta en la utilización de los bienes es querer poner muros al campo; mas buscar la dicha de quienes no tienen nada, de quienes no tienen tanto y de quienes sí tienen es un acto que debería surgir del espíritu: o al menos del sentido común. Pues bien, vayamos por partes, si es que deseamos llegar a algo. «El ser humano únicamente puede tener noción de lo finito; el absoluto, Dios, queda más allá de su entendimiento». Este pensamiento agnóstico, que subestima la capacidad del raciocinio humano, olvida que, cuando al espíritu se le permite opinar en la razón, la existencia de un Ser Supremo es evidente. Dios, como realidad, es una conclusión que no requiere justificarse y que se explica por sí misma. Dios existe y, como tal, debe regir nuestras vidas. Lo correcto es lo que nos lleva a Él. Actuar de manera adecuada es actuar de acuerdo con su mandato. «Todas las religiones mayores del mundo guían al hombre en la búsqueda de la felicidad a través de hacer el bien a sus semejantes», dijo el Dalai Lama (Ethics for the new millennium, 1999). Poseer únicamente bienes materiales es la forma más burda y frívola de considerarse rico. Las dichas intangibles son, por el contrario, los componentes más importantes de la abundancia. Las necesidades del ser humano deben de ser cubiertas, según explica Abraham Maslow, en el siguiente orden: fisiológicas, de seguridad, social, de autoestima y de autosuperación. Establezcamos que los primeros dos niveles son en estricto sentido materiales; el tercer y cuarto nivel son inmateriales, principalmente sociológicos y mentales, y el nivel superior está integrado casi en su totalidad por componentes espirituales; ya que la cercanía a Dios es el máximo nivel de superación humana. La energía interna, la salud, los conocimientos, la educación, la habilidad de razonar, la actividad de los sentidos, la capacidad de amar y sentirse amado y la fe son actores protagónicos de una gran fortuna. No somos dueños de lo que tenemos, simplemente somos administradores pasajeros de bienes. El filantropismo es amar a nuestros semejantes y actuar desinteresadamente por el bien de ellos. Los actos derivados de éste amor no deben ser únicamente materiales, pues una persona rica, tal como la describimos, tiene mucho más que dar cuando desea actuar correctamente. La materia permite al ser humano crear elementos tangibles, mas es el espíritu quién les otorga valor. Dar una limosna es un acto caritativo; dar una limosna acompañada de una sonrisa sincera y un apoyo moral es un acto de amor. Pero hay que ir más allá; los que podamos dar asistencia a enfermos, démosla; los que podamos dar cobijo a los indigentes, démoslo; los que tengamos la capacidad de producir fuentes de trabajo bien remuneradas, produzcámoslas; quienes seamos capaces de impartir educación, impartámosla; quienes sepamos dirigir a grupos de personas a actuar por bien de los demás, dirijámoslos, y los que creemos en Dios, oremos. «Al que se le ha dado mucho se le exigirá mucho, y al que se le ha confiado mucho se le pedirá más aún» (Lc 12, 48-49). ¡Qué lejos estamos de cubrir la cuota que nos toca! EL OBSERVADOR 293-8
Yusi Cervantes Leyzaola Sería bueno que te preguntaras cómo está tu corazón por varios motivos. Uno es que, mientras más sano esté, más amor fluye en él. Si cierras el corazón sentirás menos dolor; sin embargo, también te estarás cerrando al gozo, a la ternura, al amor... Pero, si lo abres, estarás más vivo, tu vida será más plena. Otro motivo es que la salud física del corazón depende en buena medida de su salud emocional. Se ha comprobado que quienes cierran su corazón o quienes viven con angustia en él, tienen con más frecuencia problemas cardiacos. Finalmente, y el punto más trascendente, sabemos que el mandamiento más importante es el del amor, y no podemos amar si no tenemos un corazón sano. Clamamos al Señor: «Quítame este corazón de piedra y dame un corazón de carne». El amor tiene muchas formas y expresiones. Todas son parte de la vida y consecuencia de haber sido hechos a imagen y semejanza de Dios, que es amor. ¿Vives cada una de estas expresiones del amor? *A los padres, lleno de cariño, gratitud y respeto, hecho de presencia, apoyo y compañía. *A la pareja, vivo, profundo, íntimo, comprometido. *A los hijos, con absoluto respeto a su dignidad, a su personalidad, sus decisiones y su desarrollo. *A los parientes y amigos, extensión de la familia, puentes hacia la humanidad. *A todos aquellos con quienes tenemos algún contacto: vecinos, compañeros de trabajo, empleados de comercios y oficinas, peatones y automovilistas Todos son prójimo, todos merecen ser tratados con consideración y respeto. *Amor a la humanidad manifestado en compromiso social y político, en solidaridad con quienes sufren, en trabajo por la colonia y la comunidad. *A los pequeños de Dios, a través de las obras de misericordia y de la promoción de la justicia. *A la Iglesia, siendo parte activa de ella. *A la naturaleza, a la obra creada, cuidando y gozando de ella. *A Dios, con toda el alma, con todas las fuerzas, con toda la voluntad. *Y por supuesto, amor a ti mismo, esa experiencia íntima que te da la certeza de que eres valioso y bueno. EL OBSERVADOR 293-9
Un proceso de declaración de nulidad es accesible a cualquier persona, sin importar su capacidad económica. Según informó el propio Juan Pablo II el 1º de febrero, el 67% por ciento de las causas decididas en el año 2000 por el tribunal eclesiástico fueron pagadas por la misma Santa Sede. El Papa agregó que «el matrimonio no es una unión cualquiera entre personas», que no debe convertirse en una simple costumbre biológica o social. El aumento de causas de declaración de nulidad es un signo de la debilitación del sentido del carácter sagrado de la ley sobre la que se funda la familia cristiana, de la inquietud de la vida moderna, de la precariedad de condiciones sociales y económicas en la que se desarrolla, y del peligro de que todo esto amenace a la solidez, la vitalidad y la felicidad de la institución familiar. EL OBSERVADOR 293-10
La hormiga aprendió a cantar Justo López Melús * La hormiga, mientras corría hacia el hormiguero, empezó a pensar. Perdería seguridad, pero sería más libre. Y al amanecer escapó del hormiguero. Y por primera vez disfrutó de la luz del sol, que le pareció que salía y lucía para ella. Y así, casi sin darse cuenta, se sintió libre y feliz, y espontáneamente empezó a cantar. «Marta, Marta, no te pongas nerviosa, que no son necesarias tantas cosas» (Lc 10, 41). * El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro. (FIN) EL OBSERVADOR 293-11
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