El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

24 de febrero de 2001 No. 294

SUMARIO

bullet Nuestras raíces son tanto milenarias culturas indígenas como influencias culturales europeas
bulletEN EL PRINCIPIO, LA PALABRA ¿Vamos a tener miedo?
bulletEL RINCÓN DEL PAPA «Recapitular» todas las cosas en Cristo
bulletMIRADA CRÍTICA La clase de las estrellas
bullet«Yo no soy cristiano, soy católico»
bulletTEMPLO DE BABEL El diablo como pasatiempo
bullet 
bulletCOLUMNA HUÉSPED Los himnos de Qumrán
bulletTESTIMONIO La conversión de un médico abortista brasileño
bulletAlgunos secretos de los matrimonios felices
bulletINTIMIDADES —LOS JÓVENES NOS CUENTAN— ¿Estoy lista para casarme?
bulletPINCELADAS La gente del pueblo

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Nuestras raíces son tanto milenarias culturas indígenas como influencias culturales europeas
Extracto de la declaración de la Comisión Episcopal para la Paz y la Reconciliación en Chiapas
1. México es una nación pluriétnica y pluri-cultural. Nuestras raíces son tanto milena-rias culturas indígenas como influencias culturales europeas, cuya mezcla enseña que la única humanidad que somos se ha formado por la misma acción creadora y por las migraciones de todos los tiempos. El país no puede prescindir de lo que se refiere a lo indígena, como ingrediente de la identidad nacional. Es necesario que tanto las leyes como la atención del gobierno y de la sociedad civil den el lugar que corresponde a los indígenas. Dejar de atenderlos es una injusticia y un racismo contrarios a los derechos humanos fundamentales y al plan de Dios para la humanidad. Jesucristo nos ha enseñado a amar con preferencia a los más pobres, a los marginados y excluidos, porque todos somos hijos del mismo Dios Padre y, por tanto, hermanos.
2. El EZLN ha decidido no recurrir más a las armas, sino a hacerlas innecesarias por me-dio del diálogo político, para no ser ya una opción militar sino una fuerza política. Por eso exhortamos respetuosamente a los diputados y senadores del H. Congreso de la Unión a escucharlo atentamente. Escucharlo es parte del diálogo como medio privilegiado para desactivar la guerra. Ésta es, por tanto, una oportunidad que no se puede desaprovechar para consolidar los caminos de la paz, no sólo en Chiapas sino en el país.
3. Por su parte, el EZLN ha de ser consciente de que el país está conformado por grupos y corrientes de pensamiento muy diversos. La construcción de la democracia exige el respeto a la diversidad y el convivir con quienes son y actúan de forma diferente. Por tanto no se puede imponer a toda una nación los criterios de un grupo, aunque éste sea muy respetable y ofrezca elementos muy dignos de ser tomados en cuenta. Esto significa que, una vez que hayan sido escuchados por los legisladores, han de aceptar la ley resultante que éstos decidan libre y conscientemente. Si ellos modifican la llamada «propuesta de la COCOPA», teniendo en cuenta otros derechos, hay que asumir la ley como sea aprobada con el concurso de todos y no alargar más el conflicto por este motivo.
4. Exhortamos a la población en general a es-cuchar los planteamientos que, a su paso por diversos estados del país, harán los dirigentes del EZLN a la sociedad. Su indumentaria es sólo simbólica, aunque también mítica; lo que importa es el contenido de sus exigencias y el actual método pacífico por el que han optado. Hay que analizar su palabra, discernir ideologías subyacentes y asumir las justas causas que, en el fondo, dieron origen al conflicto, para que éste no se repita más. Se necesita ser críticos para no dejarse sorprender por la magia del lenguaje y de la propaganda, pero también sencillos y humildes para dejarnos cuestionar en aquello en que hallamos fallado a nuestros hermanos indígenas. En particular, pedimos que se eviten actitudes discriminatorias y racistas y, sobre todo, cualquier provocación o agresión violenta que dañarían más al proceso de paz. Cooperemos todos a la reconstrucción de la paz.
5. Siendo el cristianismo un ingrediente esen-cial de nuestras raíces, es elemento impres-cindible para solucionar esta situación. Por ello invitamos a los creyentes en Jesucristo que intensifiquemos nuestra oración para que Dios Padre nos conceda los dones de su Espíritu Santo, sobre todo la sabiduría, la prudencia, la verdad y el amor, para que Chiapas y México den un paso importante en la construcción de la justicia y de la paz, que culminen en la fraternidad y la reconciliación. Lo pedimos por intercesión de Nuestra Madre de Guadalupe, que desea vernos unidos a todos los moradores de estas tierras.

México, D. F., febrero 12 de 2001.

EL OBSERVADOR 294-1

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA
¿Vamos a tener miedo?
Por Jaime Septién Crespo
Cuando el lector tenga en sus manos este número de EL OBSERVADOR la marcha zapatista habrá salido de San Cristóbal de las Casas. Acompaña a esta reflexión el documento de la Conferencia del Episcopado Mexicano en que se nos indica la actitud de Iglesia que debemos tener los católicos ante este acontecimiento.
El momento es delicado, no cabe la menor duda. Delicado porque el precario equilibrio de fuerzas puede romperse en cualquier minuto: en la sombra, agazapados como cobardes que son, existen quienes se mueren de ganas por dar un golpe de mano a México, trastocando su camino hacia la normalidad democrática que no es otra cosa sino paz, justicia y bienestar. Provocadores del insomnio, patrioteros aturrullados, han de creer que México son ellos y sus tristes intereses políticos, y sus mezquinos intereses económicos. Dios quiera y sus rifles se atoren: es tiempo de entendimientos, de perdón, de auténtica busca de solución a los grandes problemas rezagados. Uno de ellos, el que punza con más fiereza la conciencia de la nación, es el de los indígenas: los antiguos señores de estas tierras cuya actual descendencia —entre 8 y 11 millones de mexicanos— no ven la suya, como no la han visto en cinco siglos de vasallaje y olvido.
Marcos no es interlocutor de todos los indígenas. Pero es un interlocutor real. Meter la cabeza debajo de la arena, como los avestruces hacen para saldar sus problemas, es actitud que ya costó siete años de conflicto. No hay guerra —como «piensan» las televisoras—, pero tampoco hay paz. Y no habrá paz nunca si no empezamos a ceder en nuestras posturas, si no empezamos por reconocer un interlocutor y un escarnio. Todo proceso de paz implica renuncia. Que el gobierno de Vicente Fox haya cedido a la fuerza militar para encontrar el camino del diálogo es algo que lo ennoblece. Y que la Iglesia católica nos diga: «No tengan miedo, ¿a qué le van a tener miedo? ¿A encontrarse con los otros mexicanos, los que la Iglesia —con figuras señeras como Tata vasco, el padre las Casas o fray Bernardino de Sahagún— defendió en su integridad y amó en su diferencia?», es un valor muy grande y muy grave, que debe enorgullecernos.
Hay que escuchar para crecer; hay que abrazar para construir. No se trata de echar campanas a vuelo, pero tampoco de colocar francotiradores al paso de la marcha. Solamente si somos capaces de conciliar nuestras diferencias, seremos capaces de constituirnos como un país justo, tal como la Virgen de Guadalupe lo pidió a Juan Diego.

EL OBSERVADOR 294-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
«Recapitular» todas las cosas en Cristo
En audiencia general, celebrada en el aula Pablo VI, Juan Pablo II habló sobre «La 'recapitulación' de todas las cosas en Cristo».
Afirmó que «el plan salvífico de Dios, 'el misterio de su voluntad' sobre toda criatura, es expresado en la Carta a los Efesios con un término característico: 'recapitular' todas las cosas en Cristo, las celestiales y las terrestres». Así, Él «confiere un sentido unitario a todas las sílabas, palabras, obras de la creación y de la historia».
«Con la expresión 'todas las cosas', afirma san Ireneo, obispo de Lyon, se comprende al hombre, elevado por el misterio de la Encarnación. Cristo es el nuevo Adán, es decir, el primogénito de la humanidad fiel», que elimina el pecado «que el Adán rebelde ha diseminado en las vicisitudes seculares de la humanidad y en el horizonte de la creación. Con su obediencia plena al Padre, Cristo abre la era de la paz con Dios y entre los hombres, reconciliando en sí a la humanidad dispersa».
El vicario de Cristo señaló que «esta obra alcanzará su plenitud en la consumación de la historia, cuando, como dice san Pablo, 'Dios será todo en todos'. Cristo 'entregará el Reino a Dios Padre, después de haber destruido todo principado, dominación y potestad. El último enemigo en ser destruido será la muerte. Porque ha sometido todas las cosas bajos los pies' de su Hijo».
Concluyó con estas palabras: «La Iglesia, esposa enamorada del Cordero, con la mirada fija en aquel día de luz, eleva la invocación ardiente: 'Maranathá' (Ven, Señor Jesús!)». (VIS)

EL OBSERVADOR 294-3

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MIRADA CRÍTICA
La clase de las estrellas
Por Santiago Norte
Si vivimos inmersos en la era de la imagen, ¿por qué llevamos su conocimiento hasta las aulas de los niños? Se dirá que meter una tele o una cinta de cine en el salón de clases es antipedagógico. No creo. Al contrario, entiendo que una mala pedagogía es aquella que enseña sin tener en cuenta ni la realidad ni la necesidad de aquellos a quienes se enseña.
Los niños y los jóvenes de hoy están a la merced de la televisión. Sartori ha llamado a este fenómeno la sociedad teledirigida, es decir, la comunidad dirigida a distancia por la imagen. Ante el flujo recurrente de la pantalla; ante la experiencia sensorial arrebatadora del cinematógrafo, hay que dar alternativas de distanciamiento.
Quizá tal sea el motivo de fondo del Ministerio de Educación de Francia, quien se va a gastar 250 millones de francos en la elaboración y puesta en marcha este mismo año de un proyecto para llevar el cine a las aulas de las escuelas equivalentes a nuestra primaria y secundaria. La idea —que me parece maravillosa— consiste en introducir no solamente la materia de cine aislada, sino que durante cinco años se lleve por los alumnos, en etapas sucesivas, como las materias clásicas de matemáticas, biología o gramática.
Al finalizar el ciclo el alumno habrá visto un promedio muy respetable de películas, habrá adquirido los rudimentos de la técnica, habrá criticado los argumentos, encontrado valores o antivalores expresados en las cintas, habrá conocido corrientes, tendencias, modas, directores, argumentistas, algo de teoría de la imagen, algo de teoría de la recepción y algo más de ritmo, encuadre, cadencia, edición, construcción de la realidad virtual, tiempo, decorados, profundidad de campo... Conceptos esenciales que abren el horizonte, enseñan a ver y a hacer distancia con lo visto.
Frente a un modelo de enseñanza a partir de la lógica, la razón y, en no pocos casos, la memorización, lo que los franceses proponen es una ruptura con la tradición pedagógica. Si las imágenes son ahora las modernas surtidoras de la realidad, hagamos de los niños y jóvenes personas críticas.

EL OBSERVADOR 294-4

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«Yo no soy cristiano, soy católico» «Yo no soy cristiano, soy católico»
Por Diana García Bayardo
La frase que titula este artículo es una de las más absurdas que han existido; pero también es una de las más extendidas entre los católicos actuales. Así como los estadounidenses se robaron el término «América», los protestantes nos quieren robar el de «cristiano», y nosotros, muy quitados de la pena, los estamos dejando.
¿Nunca ha sentido usted al menos un poquito de indignación cuando, en las series de televisión o en las películas, se menciona la palabra «América» como sinónimo de Estados Unidos y, por ende, «americano» como sinónimo de estadounidense? ¿O es usted, como nuestro presidente Vicente Fox, de los que hablan de «los americanos», la tecnología «americana», la «ropa americana», etc., como si nada tuviera que ver con nosotros? Es verdad que los habitantes de EU son americanos en cuanto que pertenecen al continente americano; pero, ¿usted y yo, y los argentinos, y los canadienses, y los cubanos? ¿Qué somos? ¿Europeos acaso? Los gringos trabajaron para robarnos nuestra identidad continental desde la Doctrina Monroe, esa que dice: «América para los americanos».
Bueno, pues si esto es para dar coraje, mucho más lo es lo que está ocurriendo en torno al término «cristiano». Un amigo protestante me dijo una vez: «Ustedes, los católicos, creen tal cosa... Nosotros, los cristianos, tal otra». Enseguida le hice notar que estaba mal, que los católicos somos cristianos. Entonces me respondió: «Bueno, sí; pero ustedes son cristianos-católicos y nosotros cristianos-cristianos». Por supuesto, no pude quedarme callada: «No, ustedes son cristianos-protestantes».
Los modernos hijos de la Reforma están convencidos de ser algo así como cristianos químicamente puros, y ya no quieren que se les diga protestantes. Por eso, cuando se les pregunta sobre su fe siempre responden: «Soy cristiano», sin dar explicaciones sobre su inclinación bautista, metodista, anglicana, luterana, calvinista, etc. Así es como están hurtando el término al total de los seguidores de Cristo. Y nosotros, católicos flojos, les hacemos el juego. Ahora muchos de nuestros hermanos en la fe, luciendo terrible ignorancia, dicen: «Yo no soy cristiano, soy católico», en lugar de decir: «Yo no soy protestante, soy católico». ¿Sabe usted por qué, en parte, nuestro semanario cambió su lema: «Información con valor cristiano» a «Periodismo católico para la familia de hoy»? Porque muchos católicos creían que éramos una publicación protestante. ¡Qué vergüenza!

EL OBSERVADOR 294-5

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TEMPLO DE BABEL
El diablo como pasatiempo
El diablo como pasatiempo
Por Diego García B.
Hace mucho quedó atrás el tiempo en que todo lo relacionado con el diablo recibía el rechazo unánime de la gente. En el mundo occidental y muy especialmente en los países católicos, era obvio que nadie en su sano juicio podía sentir atracción alguna por el demonio, dado que ese ser, según las Escrituras, no abriga hacia el hombre otro sentimiento que el odio. Para los creyentes de siglos pasados no había duda de que la lucha de Cristo y sus fieles ”no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas” (cfr. Ef 6, 12).
Pero pasó el tiempo y fue difundiéndose, junto con el ateísmo y el rechazo a toda religiosidad, una especie de contracorriente opuesta al cristianismo que poco a poco ha sacado del secreto los cultos satanistas y los ha puesto en el mismo nivel de las doctrinas tradicionales, como si de una opción religiosa más se tratara. De este modo, el satanismo ha invadido rápidamente sectores tan relevantes como los de la música, las artes visuales y los medios masivos de comunicación.
Para nosotros, católicos, resulta difícil entender que alguien pueda desear poner su vida en manos del diablo, considerando que todo lo bueno proviene de Dios (amor, alegría, placer, vida, trascendencia, salud, etc.) y que del diablo, como creatura que fracasó radicalmente en su existencia, sólo podemos esperar el absoluto vacío. Unirse al diablo es compartir el fracaso completo y la frustración de todas las capacidades puestas por Dios en el hombre para que éste llegara incluso a “ser como Dios” y a participar de la Vida Divina.
Sin embargo, la falta de una evangelización profunda del pueblo católico, así como de una catequesis seria y suficiente, ha permitido que una creciente masa de jóvenes perdidos acabe por rechazar con ligereza la fe católica que, en realidad, nunca conoció verdaderamente, y decida abrazar alguna de las múltiples formas de satanismo que los medios ofrecen ostentosamente hoy en día. Muchos jóvenes comienzan por hacerse fanáticos de ciertos grupos musicales que se autodefinen como diabólicos, y llenan sus habitaciones con carteles y símbolos satanistas. Quizá la mayoría de los muchachos que llegan a este punto no pasan de él, pero este primer nivel de satanismo ya es alarmante, pues el ambiente en que se desenvuelve exige desde el principio rechazar explícitamente a Dios, blasfemar y proferir fórmulas de adoración al Maligno. Algunos jóvenes siguen adelante y comienzan a acercarse a la magia y a círculos propiamente demonolátricos. Su rechazo hacia lo sagrado se vuelve más radical o agresivo; su uso de simbología satanista se vuelve consciente y estudiado y aparecen en su indumentaria y hasta en su cuerpo infinidad de accesorios, a veces de complicada e incluso dolorosa aplicación, que los identifican como miembros de un grupo diabólico.
La fascinación que ciertos grupos musicales, películas y programas televisivos de corte satanista tienen en algunos sectores de la juventud es un problema serio que requiere novedosas acciones de contraataque. Este no es ya un fenómeno marginal propio de pequeñas bandas de inadaptados provenientes de las clases más bajas. El satanismo de hoy en día exige a sus adeptos contar con acceso a internet, a MTV y otros canales televisivos por cable, a cierta indumentaria y a diversos productos para escuchar música con la máxima potencia y fidelidad. Esta demonolatría de supermercado está dirigida a las clases media y alta y por eso los grupos darketos que empiezan a pulular por nuestras ciudades están básicamente constituidos por chavos en una situación económica desahogada. No conozco la situación en cada ciudad del Bajío, pero sé que el satanismo se está extendiendo de forma alarmante entre jóvenes estudiantes de reconocidas escuelas privadas de Querétaro. Un grupo de darketos ya cometió un sonado homicidio en dicha ciudad y eso debe constituir una seria advertencia en todo el Bajío para los padres de familia y para las estructuras eclesiales que tienen a los jóvenes en un desesperado abandono.

EL OBSERVADOR 294-6

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COLUMNA HUÉSPED
Los himnos de Qumrán
Por Javier Sicilia
Recientemente, en traducción de uno de nuestros más activos biblistas, el padre Manuel Jiménez, y revisados en su estilo por Ernesto Cardenal, aparecieron en español Los himnos de Qumrán. Aunque, por desgracia, la edición es de autor (lo que quiere decir que circulará sólo entre los amigos), el acontecimiento es importante.
Los manuscritos de Qumrán (conocidos también como «Los rollos del mar Muerto», han arrojado mucha luz sobre el misterio que envolvía a las comunidades esenias (ese grupo de piadosos y resistentes que desde el conflicto macabeo hasta el año setenta d.C. y la destrucción de Jerusalén por las huestes de Tito vivieron en el desierto de Judea, cerca del Moab) y han abierto una sólida línea de investigación sobre los vínculos que había entre ellos y Juan Bautista y Jesús.
Desde la perspectiva literaria, los rollos del mar Muerto, en particular sus himnos, se agregan a la maravillosa literatura sagrada que produjo en la antigüedad el pueblo hebreo. Próximos a los Salmos y a los libros proféticos, los himnos de Qumrán son un grito a Dios y un llamado a mantenerse en la esperanza de su alianza. Su tono, a diferencia del de los Salmos, pero enclavados en la más pura tradición hebrea, es áspero. Nacidos del desierto y de una resistencia ascética, estos poemas tienen la dureza de la roca y la luminosidad del yermo. No dicen, revelan la bondad, la grandeza y la profundidad de Aquél que es incomunicable e inexpresable. Son cantos que manifiestan no el significado de Dios, sino su evidencia en la vida de los fieles, una larga y sinuosa afirmación del infinito de Yavé que rescata de nuestra miseria nuestro propio infinito. Palabras cortantes cuya única función es abrir paso al ministerio de Dios en el corazón del hombre:
«Yo soy creatura de barro,
mi corazón es duro como piedra.
¿Por qué he de ser juzgado
si en esto no tengo nada que ver?
¿Acaso yo me he hecho?
Tú, entre tus propios designios maravillosos,
pusiste en mí esta carne de polvo.
Tus decretos eternos hiciste
para esculpirlos
en mi corazón de piedra».

(Tomado de la revista
Siempre!, 7 de febrero de 2001).

EL OBSERVADOR 294-7

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TESTIMONIO
La conversión de un médico abortista brasileño
La estación de radio Rainha da Paz transmitió recientemente el testimonio de un médico brasileño que se dedicaba a realizar abortos y que cayó en la cuenta de sus crímenes cuando su propia hija murió al intentar abortar. Éstas son sus palabras:
La estación de radio Rainha da Paz transmitió recientemente el testimonio de un médico brasileño que se dedicaba a realizar abortos y que cayó en la cuenta de sus crímenes cuando su propia hija murió al intentar abortar. Éstas son sus palabras:
«Mi madre era una simple costurera que trabajaba hasta las madrugadas para ayudar a mi padre. Mi padre era una guardia nocturno. Por eso se pueden imaginar el sacrificio que hicieron para tener un hijo médico. Luego escogí la ginecología y la obstetricia.
«Entre las mayores dificultades enfrentadas como médico recién formado, choqué con la realidad de lo que es mi profesión. En un largo tiempo los médicos se vuelven ricos, y yo quería más, quería enriquecerme y tener más dinero. Fue así como violé el juramento que hice cuando me formaba para dar la vida, para salvar la vida. Ayudé a muchos niños a venir al mundo, pero también a muchos de ellos no les permití nacer y me enriquecí escondido tras la máscara de la vitalidad.
«Puse un consultorio que en poco tiempo se convirtió en el más visitado de la región. ¿Y saben qué es lo que hacía? Abortos. Y, como todos los que cometen el crimen, me decía a mí mismo que todas las mujeres tienen el derecho de escoger y que era mejor que fueran ayudadas por un médico para no correr los riesgos de ir a una clínica clandestina donde los índices de muertes son alarmantes.
«Y fue así, en un ciego e inhumano oficio de medicina, que construí una familia con muchos bienes, muy rica, a la que nada le faltaba. Mis padres murieron con la ilusión de que su hijo era un doctor bien logrado, exitoso. Crié a mis hijas con el dinero manchado con la sangre de inocentes y fui el más despreciable de los humanos. Mis manos, que debieron ser bendecidas para la vida, trabajaron para la muerte.
«Sólo paré cuando Dios, en su sabiduría infinita, rasgó mi conciencia e hizo sangrar a mi corazón con la misma sangre de todos los inocentes que no dejé nacer. Mi hija menor, Leticia, dejó de respirar por una infección generalizada luego de haberse sometido a un aborto. Ella, de 23 años de edad, salió embarazada y buscó el mismo camino de tantas otras que me fueron a buscar: el camino del aborto. Y sólo supe de esto cuando ya nada se podía hacer. Al lado del lecho de muerte de mi hija vi las lágrimas de todos esos angelitos que yo maté. Mientras ella esperaba la muerte, yo agonizaba junto a ella. Fueron seis días de sufrimiento para que, en el séptimo, ella partiese hacia el encuentro con su hijo, al cual un médico asesino le impidió nacer.
«Cansado por las noches que pasé al lado de mi hija, yo soñé que andaba por un lugar absolutamente oscuro y muy húmedo, en el que quería respirar pero no podía. Yo quería salir desesperadamente, pero fui envuelto por un lugar en donde el estruendo me dejaba atónito. Eran los llantos dolidos de los niños que, como si un rayo me cortase por la mitad, veía en mi entendimiento: los llantos eran de dolor, eran los lamentos de los angelitos que yo no dejé nacer. Era la triste consecuencia de mis actos sin pensar, esos llantos que gritaban: ¡Asesino!, ¡Asesino!
«Asustado para salir de aquel lugar, pasé mi mano por mi rostro para secar mi sudor, ¡y mis manos se mancharon de sangre! Aterrorizado grité con toda la fuerza que me quedaba un pedido de perdón: ¡Dios me perdone! Sólo así logré respirar nuevamente y me acordé de que era tiempo de acoger y valorar el último respiro de mi hija, que murió por las consecuencias de la infección que le produjco el aborto.
«Dios me hizo entender que a partir del momento de la fecundación del óvulo existe vida, por lo que entendí que soy un asesino. No sé si algún día Dios me va a perdonar, pero para restar mi culpa y mi dolor vendí mi consultorio y todos los bienes que conseguí con la práctica del aborto; con ese dinero construí una casa de amparo para madres solteras, y me dedico hoy a atender y practicar ¡una medicina de verdad!
«Hoy soy médico de los pobres, de los desamparados y desvalidos, y los niños que vienen al mundo a través de mis manos son hijos que adopto pues sé que tengo una sola misión: traer la vida al mundo y dar condiciones para que los niños tengan un lugar feliz donde el padre es Jesús. Recen por mí, recen para que Dios tenga piedad de mí y me perdone, porque tengo la seguridad de que participaré del juicio final».

EL OBSERVADOR 294-8

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Algunos secretos de los matrimonios felices
Yusi Cervantes Leyzaola
Cuando se les pregunta el secreto de la felicidad de su matrimonio, muchas parejas en esta gozosa situación lo atribuyen a la suerte. Les parece natural, no se les ocurre cómo podría ser de otra manera, ya que tuvieron la fortuna de encontrar a esa maravillosa pareja. No se dan cuenta de que fue su inconsciente el responsable de esa elección, gracias al modelo que aprendieron en su familia de origen, donde —la mayor parte de las veces— los propios padres tuvieron un matrimonio feliz. También aprendieron en su primer hogar a ser tratados con respeto y cariño; fueron acogidos con amor y luego se les impulsó a ser libres. De ahí que hayan logrado hacer una elección sana.
¿Pero qué pasa cuando no se contó con la fortuna de un hogar así? Quienes vienen de un hogar desintegrado o una familia disfuncional, ¿no tienen posibilidades de lograr un matrimonio feliz?
Claro que pueden lograrlo, pero tienen que lograr primero una madurez básica y luego ser conscientes de las dificultades que enfrentan, de las necesidades propias, las del cónyuge y las de la relación, para de este modo salvar los obstáculos que se les presentan.
Para lograr un matrimonio feliz hay algunos puntos que son de crucial importancia. Estos son algunos de los secretos de los matrimonios felices, según algunos expertos en el tema. Estas parejas:
* Nutren constantemente su relación.
* Respetan la individualidad del otro, su ser, su personalidad, su desarrollo en el mundo.
* Respetan la libertad del otro.
* Reiteran día a día el compromiso que tienen uno con el otro.
* Son, uno para el otro, los mejores amigos.
* Tienen un intercambio flexible de posiciones de poder. Según las situaciones y de acuerdo con las capacidades de cada quien, a veces uno y a veces el otro ejerce el liderazgo.
* Aun con el paso de los años se mantiene la atracción física.
* La relación sexual es libre, espontánea y satisfactoria.
* Se tocan, abrazan, besan, acarician.
* Tienen sentido del humor, especialmente cuando se trata de enfrentar sus diferencias.
* Expresan lo que sienten y sus sentimientos son validados por el otro.
* Dicen lo que se los ocurre; no se avergüenzan de parecer tontos o ignorantes.
* Dicen claramente lo que piensan cuando algo no les parece correcto.
* Tienen gestos como llamarse al trabajo, comprarse flores o pequeños obsequios, decirse “te amo”, halagarse mutuamente, planear encuentros juntos, momentos especiales…

EL OBSERVADOR 294-9

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INTIMIDADES —LOS JÓVENES NOS CUENTAN—
¿Estoy lista para casarme?
Yusi Cervantes Leyzaola
Mi novio y yo queremos casarnos. Mis papás no están de acuerdo. Dicen que aún no estoy lo suficientemente madura. ¿Cómo puedo saber si eso es cierto? ¿Cómo saber si realmente estoy madura?

Algunos de los más importantes signos de que ya tienes madurez son los siguientes:
-Eres capaz de dar y recibir amor.
-Eres capaz de tener una relación de intimidad, profunda, abierta, comprometida.
-Sabes cuál es tu vocación y tienes un sentido de vida.
-Tienes buenos amigos.
-Tienes una profesión (no necesariamente una carrera universitaria) y la ejerces.
-Tienes independencia económica (aun si vives con tus padres, deberías tener la posibilidad de, en caso dado, poder mantenerte a ti misma). Por supuesto, la mujer, cuando se casa, tiene el derecho, de acuerdo con su marido, de dedicarse de lleno a su hogar y a sus hijos, sin salir a trabajar fuera. Pero debe tener la capacidad de, en un momento dado, hacerse cargo de o compartir la responsabilidad económica del hogar.
-Puedes manejar un hogar eficientemente (cocinar, elaborar un menú, lavar, planchar, llevar un presupuesto, hacer la limpieza, etc.). Esto también vale para los hombres.
-Cuidas de ti misma: salud, nutrición, ambientes donde te desenvuelves…
-Estas en paz contigo misma y con los demás.
-Puedes cambiar de opinión —después de reflexionar y escuchar a los demás —, admitir que te equivocaste y pedir perdón cuando sea necesario.
-Disfrutas de la soledad.
-Te relacionas con las personas en forma desenvuelta y segura.
-Reconoces tus emociones y las expresas en forma adecuada.
-Defiendes tus derechos en forma firme y respetuosa. Sabes decir no.
-Tu vida interior —de oración, de relación con Dios— es importante.
-Disfrutas la vida.
Hay que entender que la madurez es un proceso. Tal vez —seguramente— no tienes la máxima calificación en cada uno de estos puntos —si es que se pudieran realmente calificar—. Lo que importa es que tengas una madurez básica suficiente que te permita vivir con plenitud y, en la situación que planteas, tener los fundamentos necesarios para hacer un buen matrimonio. Piensa y analiza cada uno de estos puntos, escucha lo que tus seres queridos tienen que decirte y llega a tu propia conclusión. Finalmente, la decisión y la responsabilidad son tuyas.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observado.

EL OBSERVADOR 294-10

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PINCELADAS
La gente del pueblo
Justo López Melús *
La gente de los pueblos quizá no tenga mucha formación, pero suele ser gente despierta y con una inteligencia natural bien desarrollada. Deben tenerlo en cuenta los sacerdotes en su predicación. Una vez un curita joven advirtió a sus oyentes: «Cuando yo digo psíquico quiero decir espiritual, y cuando digo somático quiero decir corporal». Y un buen hombre del pueblo le atajó: «Pues diga usted corporal y espiritual y sobran las explicaciones».
También se necesita respeto mutuo, que no está reñido con la confianza. Un día un párroco se trabucó y dijo que Jesús con cinco mil panes había alimentado a cinco hombres. El alcalde le cortó: «Señor cura, ese milagro también lo hago yo». Cuando de nuevo tocaba este Evangelio, el párroco dijo correctamente que Jesús había alimentado con cinco panes a cinco mil hombres. Y entonces interpeló al alcalde: «Señor alcalde, ¿este milagro también lo haces tú?». El alcalde contestó: «Sí, con los que sobran del año pasado».

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

EL OBSERVADOR 294-11

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