El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

11 de marzo de 2001 No. 296

SUMARIO

bullet Día de la Vida Nueva en Gestación - Año de la Vida
bulletEN EL PRINCIPIO, LA PALABRA Nuestra identidad cristiana
bulletLa mayor beatificación colectiva en la historia: 233 españoles
bulletMIRADA CRÍTICA El cibercrimen
bulletDEBATE Chiapas, el estado que se le fue de las manos a la Iglesia católica
bulletEL TEMPLO DE BABEL Para defenderse de la televisión (I)
bulletCOLUMNA HUÉSPED Una ascética para el siglo XXI
bulletEl closet de Bellas Artes
bulletJÓVENES Heavy metal
bulletINTIMIDADES –los jóvenes nos cuentan- A una chica insegura
bulletPINCELADAS Severo autoexamen

 

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Día de la Vida Nueva en Gestación, 25 de marzo
Año de la Vida, 25 de marzo de 2001 al 25 de marzo de 2002

«Cada hijo, cada hija, es una palabra»
Nos honramos en proclamar el Evangelio de la Vida, a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, encarnado en el seno de la Virgen María, vida y esperanza de todo hombre y mujer que vienen a este mundo.
1. Cada hijo, cada hija, es un eco de la Palabra de Dios
Creados en Cristo desde el corazón del Padre, son un bien precioso para los otros y, piden ser acogidos, acompañados y ayudados en el camino hacia su plena realización definitiva.
2. Palabra dicha a los padres
En cada persona que viene a la vida, Dios dirige a los padres una palabra que es prolongación de la antigua promesa y bendición hecha a Abraham (Gn 15, 5). El hijo inicia la propia vida en el seno de la madre, en íntima comunión con ella y, ahora, los medios técnicos acercan también al padre al misterio de la vida de su hijo. Sin embargo de esta comunicación vital puede surgir una fuerte e instintiva idea, a la vez falsa y distorsionada, de posesión de la nueva creatura antes de nacer, como si se tuviese el derecho de disponer de ella o de manipularla y eliminarla. Por el contrario, el hijo es una persona distinta de los padres y de igual dignidad que ellos. Por lo tanto, se le ha de respetar incondicionadamente: es palabra para ser escuchada y don para acoger con amor.
3.Palabra dicha a la sociedad
La espera y ansia de los padres en relación a su propio hijo van en la esfera estrictamente privada pero supone la responsabilidad y el empeño de toda la sociedad. Hechos como la pedofilia, el maltrato y la violencia homicida hacia los menores son vergonzosas faltas que no hay que permitir, sino que hay que levantar una ola de indignación y de condena moral. Sin embargo, aun esto no basta, hay que desarrollar un clima de respeto y de constante atención educativa y amorosa hacia cada niño y niña, sin olvidar a los niños de la calle y a los niños con diferente capacidad. Cada día, en la familia, en la sociedad y en la comunidad eclesial, el hijo y la hija nos dicen: “escúchame”, “valórame”, “acéptame”, “cuídame”, “ámame”.

+ Rodrigo Aguilar Martínez,
obispo de Matehuala y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar.

Proclamación de la Conferencia Episcopal (extracto)
Los obispos de México, en plena comunión con el Papa Juan Pablo II, agradecemos a Dios la riqueza espiritual y pastoral que dejó en nuestra Iglesia mexicana la celebración del Misterio de la Encarnación del Verbo de Dios, en el Jubileo del Año 2000.
Por eso, al inicio de este nuevo siglo y milenio y en prolongación del dinamismo de la gracia del Año Jubilar, queremos proclamar, con un profundo sentido de gratitud y esperanza el Evangelio de la Vida y declaramos que, a partir de este año 2001, el 25 de marzo sea celebrado en la Iglesia católica mexicana como Día de la Vida (cfr. Evangelium vitae, 85; para observar las normas litúrgicas, al caer en este año el 25 de marzo en el IV Domingo de Cuaresma, la declaración se hará en este Domingo, pero la celebración litúrgica se trasladará al lunes 26 de marzo), celebrando, a la luz del Misterio de la Encarnación el misterio de la vida nueva en gestación.
Asimismo, establecemos también la celebración del Año de la Vida del 25 de marzo de 2001 al 25 de marzo de 2002, con el fin de iniciar un proceso permanente de concientización sobre la sacralidad de la vida del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, y la vocación de la familia de ser santuario de la vida, según el proyecto originario de Dios, reflexionando sobre la grandeza de la paternidad y la maternidad responsables.
Encomendamos a nuestros presbiterios, así como a las consagradas y consagrados, a los movimientos del apostolado laical, y, en especial, a las familias, la celebración anual del Día de la Vida, mediante celebraciones litúrgicas, jornadas de ayuno y oración, congresos y reuniones que ayuden al pueblo de Dios a tomar conciencia de su responsabilidad de promover y defender la dignidad de la vida humana desde el momento de la concepción hasta su muerte natural.
Les encomendamos que difundan, en todos los niveles y por todos los medios adecuados, el Evangelio de la Vida que nos ha sido confiado y que impulsen iniciativas para promover la dignidad de la persona humana, así como la defensa del ser humano no nacido. Que todos los católicos, hombres y mujeres promovamos con entusiasmo y convicción, con valentía y oportunidad, sin tibiezas ni temores, la grandeza de la maternidad, consagrada por el mismo Cristo desde el seno de la Virgen, así como la paternidad del varón que, junto con su esposa (cfr. E. In A., 46), son colaboradores de Dios en la transmisión responsable de la vida: “ique ningún mexicano se atreva a vulnerar el don precioso y sagrado de la vida en el vientre materno!” (Juan Pablo II, Homilía Autódromo Hnos. Rodríguez, México, D.F., 24 enero de 1999).
Invitamos de manera especial a los colegios, escuelas y universidades de inspiración católica, para que, en sus comunidades educativas, animen, promuevan y organicen una digna celebración de este día y en cada una de estas instituciones educativas se anuncie el Evangelio de la Vida en fidelidad a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.
Invitamos también a todas las instituciones religiosas, del gobierno civil y de la ciudadanía a unirse a esta celebración y compromiso a favor de la vida del ser humano, y, ya que el don de la vida ha de ser valorado y protegido por todos, juntos impulsemos la cultura de la vida.

+ Luis Morales Reyes     + José Gpe. Martín Rábago
Arzobispo de San Luis Potosí     Obispo de León
Presidente de la CEM     Vicepresidente de la CEM

EL OBSERVADOR 296-1

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA
Nuestra identidad cristiana
Por Jaime Septién Crespo
“Tres cosas son necesarias al hombre en orden a su salvación: conocimiento de lo que ha de creer, conocimiento de lo que ha de desear y conocimiento de lo que ha de poner en práctica. El primero se adquiere en el Símbolo, donde se enseña la doctrina de los artículos de la fe; el segundo, en la oración dominical; el tercero, en la Ley”, escribe, desde su angélica sabiduría, santo Tomás de Aquino.
Qué debemos creer; qué debemos desear y qué debemos hacer para poner en práctica lo que creemos y ser congruentes con lo que deseamos. He aquí las tres señas de nuestra identidad como católicos. Identidad significa ser en la existencia aquello que somos en la esencia. Para nosotros, el mandato de la Ley es muy sencillo: ser hijos de Dios. Creer en Él, orar a Él y hacer lo que Él nos mandó que hiciéramos. Lo único importante en nuestro pasaje terrestre es obtener la salvación del alma. Eso debería ser nuestro buque insignia, nuestra bandera. Y nuestro sentido de vivir. A menudo lo olvidamos. Pero es así; es la nuez de la doctrina de Cristo. Basta leer La imitación de Kempis.
Bien mirado, todo lo que hagamos contrario a la salvación es locura. Pero la seducción del mundo es aterradora. Cambiamos la bisutería por el reinado; el tiempo por la eternidad. Y lo más curioso es que nos sentimos absolutos, llenos, colmados... con la busutería.
Pero, ¿cómo discernir lo que debemos desear y hacer en camino a la salvación del alma? De nueva cuenta es santo Tomás quien recalca: se obtiene la salvación si se da cabal cumplimiento a la Ley divina, la que está inscrita en los Mandamientos y en su resumen luminoso: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay que darle más vueltas: tal es el camino de la salvación cuyas indicaciones de ruta, cuyo mapa, Dios grabó en la intimidad de su criatura.
“Esta Ley (de Cristo) es la norma por la que se han de regir todos los actos humanos... Todos los actos humanos, para resultar buenos, deben atenerse a la regla del amor divino”, insiste santo Tomás. ¿Son nuestros actos cotidianos expresión de la Ley divina? Esto que hago, esto que deseo, esto que digo, esto que pienso, ¿es eco de la Ley del Dios al que digo “Padre nuestro”? Nuestra identidad de hijos (de niños, atendiendo a aquella preciosa similitud de “hijo” y “niño” en el vocablo alemán Kind que maneja von Balthasar en su testamento filosófico: Si no os hacéis como este niño...) se hace realidad en la realidad, en los actos, en las palabras y en las obras que emprendemos... como hijos de Dios y como niños, peregrinos del absoluto.

EL OBSERVADOR 296-2

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La mayor beatificación colectiva en la historia: 233 españoles
Por J. Jesús García y García
La Redacción de la revista La aventura de la historia (Madrid, marzo de 2000, número 17) reconoce: «La persecución religiosa en España durante la Guerra Civil fue, al margen de los motivos que la provocaron, una de las más atroces acaecidas a lo largo de veinte siglos de historia del cristianismo. Según la fiable investigación de A. Montero, los sacerdotes y religiosos ejecutados, citados por sus nombres, fueron seis mil 845: 13 obispos, cuatro mil 184 sacerdotes, dos mil 365 religiosos y 283 religiosas». Y, por supuesto, habría que añadir un importante pero no cuantificado conjunto de seglares a los que, acorralados e indefensos, se les arrebató violentamente la existencia por causas tales como proteger a un sacerdote o ser dirigentes —o simples miembros inocuos— de alguna asociación confesional. «Bastaba —añade La aventura de la historia— que en gran parte del territorio republicano alguien fuera identificado como sacerdote o religioso para que se le ejecutara sin proceso alguno».
Amplísima es, pues, la nómina de testigos de la fe en España. Ellos se convierten en incuestionables mártires cuando se comprueba que sufrieron o murieron por amor a Dios, como testimonio de su fe, perdonando y orando por su verdugo, a imitación de Cristo en el cruz; asesinados porque sencillamente representaban a la Iglesia, por su sola investidura —es muy ilustrativa la exclamación contenida en la otra nota que se publica en esta página: «¡Basta que sea un cura para que lo matemos!»—; o seglares no caídos en acciones bélicas ni víctimas de una represión política, sino, ostensiblemente, por odio circunstancial o permanente a la fe.
Llega hoy, en la forma de beatificación, el reconocimiento oficial de la Iglesia para 233 españoles que fueron victimados durante la persecución religiosa que hubo entre 1931 y 1939, la mayoría de ellos valencianos. Bienvenidos a los altares.
Cuando preparaba, en 1969, su libro Cien españoles y Dios, José María Gironella recogió muy variadas respuestas a la pregunta ¿A qué atribuye usted el hecho de que la Iglesia española se vea periódicamente perseguida por el pueblo de forma cruenta? Salvador Dalí, el pintor, contestó: «A que España es el pueblo que tiene más fe. A un pueblo ateo ni siquiera se le ocurre preocuparse de esas cuestiones. También el pueblo español es el que más blasfema, y el que levanta las más suntuosas catedrales y las quema luego. Pero tampoco debe olvidarse lo que cuento en uno de mis libros, transcribiendo unos versos que de niño me contaba mi abuelita: 'Día de san Jaime. / Día veinticinco. / Fue una gran fiesta. / Y en la plaza de toros / fueron todos malos. / Y ésta fue la causa / de que pegaran fuego a los conventos'. Más adelante añado: 'Este poema me parece resumir la esencia de la manera perfectamente inconsciente de ser de los españoles'». Por su parte, el escritor Evaristo Acevedo virtió esta opinión: «En cualquier otro país, cuando un católico, un protestante o un mahometano pierde la fe por las causas que sean, sigue haciendo su vida normal sin meterse con los católicos que continúan rezando el rosario, los protestantes que leen la Biblia a diario, o los mahometanos que sueñan con las redondeces carnales de las huríes prometidas por Mahoma. Aquí, en cambio, se cumple la frase de Agustín de Foxá de que 'los españoles siempre vamos detrás de los curas o con un cirio o con un palo'».

Me llaman el muerto resucitado
Me llaman el muerto resucitado

Don Eugenio Laguarda, sacerdote de Valencia de 90 años de edad, tiene fama de santo. Sobrevivió al martirio el 17 de junio de 1938; por eso no le tocó llegar a la gloria de los altares junto con los 233 testigos de Cristo que el día de hoy serán beatificados. Él mismo relata su historia:
«Yo era muy joven. Siendo ya sacerdote, me enviaron a un pueblo de la provincia de Castellón. A los 15 meses de estar en aquel pueblo, Zucaina, vino la guerra.
«Yo me enteraba de las noticias y escondí todas las imágenes de la parroquia en casas particulares, en pajares. Salía de mi casa, pero iba a la iglesia sin tocar la campana: habían matado a muchos curas de los pueblos. Un día vinieron a matarme, una cuadrilla que iba matando de pueblo en pueblo. Cuando llegaron a Zucaina, encontraron a unos chiquitos, jugando en la plaza, y les preguntaron: ¿Habéis visto al cura?; les dijeron que no sabían. Y se fueron a un bar pensando que ya no estaba el cura. El señor del bar se enfadó con ellos: ¿Por qué tenéis que matar al cura? Si este cura es muy buena persona. Dijeron: ¡Basta que sea un cura para que lo matemos! Y se fueron.
«Me enviaron un recado para que supiera lo que había ocurrido, y me preparé esa noche para esconderme en una masía [casa de campo en una explotación agropecuaria], que estaba a más de una hora y media del pueblo, andando. El dueño de la masía era el tío Bernabé, un señor mayor. Estaba amaneciendo cuando llegué. Y, le dije al tío Bernabé: Ya sabe a lo que vengo, a esconderme. Y él me contestó: Es un compromiso muy grande tenerle aquí, nos pueden matar a todos. Le dije: Mire, tío Bernabé, yo no le he dicho a nadie que venía aquí. Así que, si ustedes no dicen nada a nadie, no pasará nada. Ya estaba amaneciendo el día. Entonces, la mujer, al escucharnos, llamó a su marido desde la cama: Bernabé, Bernabé, ¿quién es? Dijo él: El cura. Preguntó la mujer: ¿El cura? Pero si los han matado a todos. ¿Qué quería el cura? Respondió el tío Bernabé: Que le tengamos aquí escondido hasta que pase todo esto. Le he dicho que puede quedarse siete u ocho días, pero nada más, porque es un compromiso muy grande. Y dijo ella: ¡Nada de eso, no unos días, sino todo el tiempo que haga falta! Y como en las casas mandan las mujeres más que el marido, me acogieron.
«Nadie sabía que estaba allí, pero como pensaban meter dos compañías de soldados en aquella masía, me marché por las montañas, camino de Valencia. Y al pasar cerca de Segorbe, me cogió una pareja de soldados. Iban buscando a un preso que se había escapado. Y me preguntaron: ¿Dónde va usted? Dije: A Valencia. Y enseguida pensaron mal de mí. ¡Dinos la verdad! ¿Quién eres? Entonces, dije que era sacerdote. Me cogieron de los brazos, me registraron y encontraron el breviario. Uno de ellos me pegó un culatazo en la cara, me rompió la nariz y me dejó el ojo izquierdo sin vista durante tres meses. Caí en tierra. Me pegaban y me hacían levantarme, hasta que ya no pude. Y, entonces, uno de ellos me dio un tiro en la cabeza. La bala me entró por debajo del ojo izquierdo, me atravesó el paladar, la lengua, el cuello y quedó alojada en el pulmón. El otro le dijo que me volviera a dar otro tiro, porque estaba vivo, pero ya no me lo dio. Me echaron a un barranquito cerca de la carretera. Yo oía cómo se iban, riéndose de cómo yo rezaba a la Virgen.
«Cuando se perdieron sus voces, intenté subir a la carretera y, al ponerme de pie, me caí. Estaba muy grave. Me dije: Es preciso subir a la carretera. Subí a gatas, cogiéndome a la hierba, poquito a poco, y, por fin, llegué a la carretera. Enseguida se formó un charco de sangre. La gente pasaba de largo y, por fin, pasó un autobús. Eran las doce de la noche. Como la carretera era algo estrecha y el autobús era ancho, pararon y bajaron. Les dije que era sacerdote y que me habían martirizado. No sabían qué hacer; por fin, me cargaron al autobús y me llevaron hacia Castellón para dejarme en un hospital. Estaba muy herido. Y al pasar por Náquera, a la una de la mañana, estaban los dos matones sentados en la carretera; pararon el autobús y hablaron con el chofer. Yo iba en los asientos de los pasajeros, muriéndome: ¿Dónde vas ahora?, preguntaron al chofer. Voy al hospital, a llevar a un herido que he recogido allí arriba. Un sacerdote. Ellos gritaron: ¡Es el sacerdote que nosotros hemos matado! ¿Aún vive? Hay que acabar con él. Pero, por fin, el chofer se impuso, los dos matones se quedaron allí, y me llevó a Castellón. Enseguida me recibieron en el hospital.
«Cuando terminó la guerra juzgaron a esos dos matones y los condenaron a muerte. Y, estando ya en Zucaina, vinieron a verme el padre de uno y la madre del otro, y se arrodillaron en cruz delante de mí, diciéndome: Padrecito, tenga compasión de nuestros hijos, que están en la cárcel y los van a matar por lo que le hicieron a usted. Enseguida cogí un papel y escribí al juez, diciéndole que yo estaba bien y que quería que les quitaran la pena de muerte. Y, al ver el documento con mi firma, les conmutaron la pena. No sé si aún vivirán, ha pasado mucho tiempo. Estoy muy agradecido a Jesús porque me salvó la vida. Ahora me llaman el muerto resucitado».

(Fuente: Alfa y Omega núm. 248)

EL OBSERVADOR 296-3

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MIRADA CRÍTICA
El cibercrimen
Por Santiago Norte
La invasión de internet ha traído aparejada una especie de lengua nueva. Los términos usados en la teoría clásica de la comunicación han sido trastocados hasta vaciarlos de contenido (y, de paso, modificar el contenido mismo de la comunicación). El llamado ciberespacio (espacio cibernético o de comunicación guiada a distancia por vía de un medio tecnológico) tiene, pues, su ciberidioma. De ahí la advertencia de muchos sociólogos y estudiosos de las tendencias últimas sobre desarrollos de internet: la red se está convirtiendo en una especie de sociedad del crimen o, por lo menos, de acceso facilísimo a la vejación, el uso y la enseñanza de cómo eliminar para divertir a quienes necesitan “espectáculos fuertes” para “salir” del marasmo de su pobre vida.
En este mismo instante –advierte Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO- hay en la red medio millón de páginas dedicadas en exclusividad a difundir imágenes pedófilas. Y si 500 mil distribuyen este material repugnante, podemos pensar, según cálculos conservadores, que diez millones de seres humanos contemplan al día cómo se descuartiza a una niña de ocho años, o cómo tienen relaciones sexuales dos pequeñitos de once años de edad (me imagino que esas son las “escenas”: ni por el mínimno deseo de corroborar mi dicho me asomaría a una página pedófila: me sentiría asqueado de mi humanidad).
El quid de la cuestión –también opina así Mayor Zaragoza- estriba en que estos verdaderos cibercriminales (los que distribuyen el material pedófilo para excitar enfermos) basan su “actividad” en uno de los derechos humanos más necesitados de tutela: el derecho a la libre expresión de las ideas. Bajo el pretexto de la no intervención y el libre flujo informativo, una herramienta maravillosa se está convirtiendo en una pesadilla inmunda, donde lo que priva es el negocio sucio, el pisoteo de la dignidad humana contra cualquiera otra forma de cooperación positiva. La encrucijada no es de fácil solución. Pero es, desde luego, indispensable que exista un consejo mundial de regulación de internet. En el tiempo que usted gastó en leer estas líneas, al menos 50 mil personas contemplaron una secuencia pedófila. ¿Qué van a hacer más tarde?

EL OBSERVADOR 296-4

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DEBATE
Chiapas, el estado que se le fue de las manos a la Iglesia católica
Mucho antes del levantamiento armado en Chiapas, la Iglesia ya había perdido casi a la mitad de sus hijos, que abandonaron de plano la religión cristiana o que corrieron al seno de las sectas protestantes.
Flaviano Amatulli Valente, el presbítero fundador de la orden de los Servidores de la Palabra, dedicada a la educación del pueblo católico mexicano para detener el avance de las sectas religiosas, asegura que en México el 90% de la población aún conserva la fe católica en algún grado, y que sólo el 10% milita en alguna secta. Estima que las que más han crecido en nuestro país son dos sectas no cristianas —la de los Testigos de Jehová y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones)— y las cristianas de los Adventistas del Séptimo Día y grupos de carácter pentecostal.
Sin embargo, el caso de Chiapas es muy especial, pues actualmente el 50% de la población ya no es católica, aunque no necesariamente protestante, a pesar de lo que las sectas proclaman para promocionarse; aunque, ciertamente, el índice de protestantismo chiapaneco es muy alto. Desgraciadamente el estado de Tabasco parece dispuesto a seguir el ejemplo; por lo pronto ya entre el 30% y el 40% de la gente dejó de pertenecer a la Iglesia católica.
La contraparte son los estados de Jalisco, Zacatecas y otros del norte del país, donde apenas entre el 1% y el 2% pertenece a alguna secta.
¿Pero cuál ha sido la causa del abandono de la Iglesia por parte de muchos de sus hijos? Sin duda alguna, la mala atención pastoral; las necesidades espirituales no siempre han sido bien satisfechas, entonces la gente busca por otros lados. Además, el número de sacerdotes en las zonas marginales suele ser muy bajo, por eso en tales lugares suelen registrarse los mayores índices de deserción católica. Por eso a los protestantes les gusta trabajar en lugares como Chalco y Chimalhuacán, por mencionar algunos, donde además la educación es muy escasa y es más fácil engañar a la gente, haciéndole creer cualquier cosa. Pero también se valen de la «compra»: ayudan económicamente a los pobres, y éstos, al recibir tal apoyo, sienten que tienen una deuda impagable y se adhieren a las sectas para corresponder de alguna manera al favor recibido. (D.R.G.B.)

EL OBSERVADOR 296-5

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EL TEMPLO DE BABEL
Para defenderse de la televisión (I)
Diego García Bayardo
No es fácil preservar a nuestros hijos y aun a nosotros mismos de los malos mensajes que difunde la televisión cada día. Pero eso mismo nos obliga a establecer criterios básicos para saber cuáles programas podemos dejar que los niños vean y cuáles no.
Sabemos que la doctrina que rige a la mayoría de las empresas de TV es el lucro y el simple entretenimiento, por lo que encender la televisión implica, de entrada, exponerse a un bombardeo comercial y a una programación que, generalmente, nos dejará exactamente igual que como estábamos antes de verla. Tan llenos o vacíos; tan cultos o ignorantes.
Los adultos quizá tenemos el criterio lo suficientemente formado como para rechazar de inmediato los mensajes negativos que la programación televisiva nos puede dar, pero los niños están prácticamente desarmados ante el vendaval de mensajes, anuncios, íconos y situaciones que aparecen en la televisión. Ante esta realidad, el primer y más importante requisito para ayudar a nuestros hijos a ver televisión sin sufrir daños es que nosotros, los padres de familia, veamos los programas con ellos y vigilemos estrechamente todo lo que ven, incluso los anuncios. Si uno está ocupado, deberá dividir su atención entre el trabajo y la tele o ese día tendrá que convencer a los hijos de que mejor apaguen el aparato y se pongan a jugar. Lo que no se vale es que la televisión quede en el papel de niñera y los padres se desentiendan de esa vigilancia constante de que hablo. La salud moral y mental de sus hijos está en juego.
Otro principio básico en el manejo de la televisión es el de que a los niños no puede hacerles ningún bien la contemplación de actos pecaminosos o delictivos, si son sobre materia grave o si el enfoque del programa es complaciente con dicho actos o incluso los estimula. Supongo que para todos es obvio que una película o un programa con escenas de alcoba no debe ser vista por los niños y adolescentes, e incluso por adultos; la conciencia es un buen consejero y muchísimos adultos nos sentimos incómodos cuando las escenas suben de tono y vemos que la intimidad está siendo vulnerada o ultrajada. Pero el sexo no es el único elemento de la realidad humana con el que se cometen abusos. Las escenas de violencia también deben ser vigiladas con atención para determinar si se apaga la tele o no. Aquí hay que usar el sentido común, pues hay una violencia leve, generalmente cómica, que sería excesivamente escrupuloso censurar (la del pastelazo y los resbalones). Hay violencia más seria que podrá ser vista según la edad y madurez de los hijos y hay una violencia que no es apropiada a ninguna edad. Un ejemplo de esta última sería la de los desaparecidos Caballeros del Zodiaco, que después de haberse destrozado con sádica violencia proclamaban la intensa satisfacción que les había causado el haber producido tanto sufrimiento a sus víctimas. Hay caricaturas hoy en día que también son muy violentas (Batman del futuro, por ejemplo), y abundan en televisión las películas estadounidenses con violencia gráfica excesiva que se deben evitar.
Los demás pecados (robo, violación, blasfemia, brujería, etc.) deben ser manejados con el mismo criterio señalado, distinguiendo las cosas que en ciertas circunstancias y grados pueden verse y las que deben ser eliminadas de plano.

EL OBSERVADOR 296-6

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COLUMNA HUÉSPED
Una ascética para el siglo XXI
Por Javier Sicilia
Hablar de ascética en el siglo del homo economicus (cultivador del consumo, del placer, de la producción desmedida) parece fuera de lugar. Para un siglo así, la ascética se refiere a una época en que la cristiandad, que sospechaba del cuerpo, lo sometía a un conjunto de duras privaciones: ayunos, abstinencias, a veces flagelaciones.
Este siglo, en cambio, prefiere, como lo promulga la New Age, habitar en la pura mística sin un enfrentamiento con las alienaciones corporales y sus tendencias desordenadas. Busca un bienestar del alma (si es que existe un bienestar del alma, palabra que se desarrolla en el centro de las sociedades económicas), en equilibrio con el bienestar del cuerpo. Los hombres de este siglo olvidamos que la ascética no es un conjunto de castigos, sino, como la palabra misma lo dice (ejercicio), un conjunto de prácticas cuyo fin es redescubrir nuestra relación con lo real. Si el asceta ayunaba era para saber qué es el hambre y qué es el alimento, y poder así, después de la experiencia, allegarse a la comida con mesura, tal como la realidad lo pide; si se abstenía sexualmente era para reconocer el sentido del sexo y sus límites, etcétera. La ascesis es una práctica que dispone el trabajo de nuestra libertad para el arribo de la gracia. Es un complemento de la vida mística. No hay mística sin ascesis, porque tampoco hay gracia sin una apertura de nuestra libertad a ella. Pese a lo que nos hemos convertido en este siglo o, tal vez por eso mismo, estas prácticas continúan siendo necesarias. Sin embargo, ellas pueden esperar. Sería inútil discutir sobre las bondades de la vieja ascética cuando las condiciones de desmesura consumista, productivista y virtual que vivimos piden otro tipo de ascesis.
Hace algunos años, MacLuhan afirmaba que lo que hoy necesita el mundo es “bajar el switch para que podamos recuperar la dimensión de las cosas”. Lo que el sociólogo de los sistemas de comunicación decía es que el hombre necesita volver a descubrir lo real y su proporción. Cada uno puede hacer algo que camine por esa vía, es decir, puede practicar una ascética que podríamos denominar “custodia de los sentidos”. Esa custodia, esa nueva ascética, está a la mano. Se trata de pequeñas renuncias: dejar de ver televisión o reducir su consumo al mínimo, para poder mirar lo que nos rodea; abstenerse del automóvil para redescubrir nuestra condición de bípedos y el gozo de la fatiga y de la proporción de la velocidad; dejar de frecuentar los noticieros y los periódicos para poder reflexionar sobre lo que concierne a nuestro entorno inmediato; reducir el deseo de nuestro consumo a nuestras necesidades para poder vivir una vida más austera y dejarle su parte a otros. Esta ascética, para un siglo sin mesura, nos permitiría reconquistar la práctica de la virtud y, en consecuencia, abrirnos al misterio de la gracia.

EL OBSERVADOR 296-7

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El closet de Bellas Artes
Por Luis Miguel Rubín
Raúl y Julián viven juntos desde hace seis meses. A Raúl le gusta compartir todos sus secretos con su compañero. Le ha enseñado a hacer compras por internet, a cocinar, a usar palabras en francés y a probar buenos vinos. Han decidido dividirse los gastos a la mitad y establecer sus reglas de convivencia, entre las que destaca la prohibición de meter a un desconocido a la casa, respetar la ropa del otro y usar “protección”.
Raúl y Julián representan una realidad de algunas parejas homosexuales, quienes, inmersos en un mundo que está por debajo de sus anhelos de libertad y amor, los encierra en una pesadilla de la que muy pocos se atreven a salir.
El pasado 14 de febrero la explanada del teatro de Bellas Artes se vio adornada por exóticas plumas, tacones altos, lentejuelas, mallas ajustadas, uñas postizas, pestañas con brillantinas, corpulentos bustos, anillos en forma de serpientes, champagne y parejas cariñosas por doquier. Aquel lugar, en donde tradicionalmente los niños se toman fotos con los Reyes Magos, se convirtió en el escenario de lo que se autodenominó “bodas simbólicas” entre homosexuales, transexuales y travestíes, los cuales demandaron no ser discriminados por su género y solicitaron a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal tome en cuenta sus reiteradas peticiones de unirse bajo la sugestiva forma de “uniones de convivencia”.
Detrás de cada persona que se dice homosexual hay una historia que no siempre ha sido fácil: decepciones, maltratos, desamores, hogares rotos, carencias afectivas, tristeza, soledad, debilidad de una identidad masculina o femenina, miedo, desconfianza y desórdenes adictivos, como lo indica el médico psiquiatra Richard P. Fitzgibbons, de la organización Family Life Council, quien por años se ha especializado en la atención a personas homosexuales, y que revela información sobre las variadas posibilidades de rehabilitación que existen.
¿Cree usted que alguien que mantiene en promedio sesenta compañeros sexuales en un año pueda llegar a mantener una relación estable? De acuerdo con el mismo autor, sí es posible, ya que en una encuesta con 285 psicoanalistas que atendieron mil 250 casos de homosexuales se reveló que, después de un programa de terapias, el 23% pudo cambiar su comportamiento hacia la heterosexualidad. Y cuando esta ayuda se acompañó con un adecuado programa de autoestima el porcentaje se triplicó. Actualmente muchos recurren al programa por miedo al SIDA, ya que al menos el 50% de los homosexuales masculinos que viven en ciudades como Nueva York son portadores del VIH.
Detrás de estos desórdenes psicológicos se desprende un “auto-odio” que en ocasiones lleva al individuo a mutilar sus órganos genitales intentando borrar la huella de un pasado marcado por la presencia de un padre distante, frío e insensible y/o de una madre controladora, dependiente, crítica y en algunos casos adicta… Estos comportamientos autodestructivos tienen su origen en un deficiente desarrollo psicomotriz, como lo reveló un estudio con 500 hombres que se consideraban homosexuales, los cuales en más del 90% tuvieron en su adolescencia problemas de coordinación atlética y por ello fueron objeto de humillaciones. Este hecho, dentro de una cultura obsesionada por los deportes, los fue obligando a aislarse y sentirse inadecuados y débiles año tras año, lo que provocó en muchos una imagen deficiente de sí mismos para posteriormente lanzarse a una búsqueda obsesiva de cuerpos atléticos, musculares y, en cierto sentido, fantasiosos.
El perdón a uno mismo es y será el mejor remedio para una efectiva rehabilitación del comportamiento homosexual. Mientras no se quiera entender el problema de fondo y se siga intentando manipular a estos pequeños grupos por cuestiones políticas, seguirán siendo esclavos de quienes los utilizan para sus fines personales lejos de ofrecerles comprensión y ayuda solidaria para su rehabilitación.
“Bellas Artes Show” logro reunir a 300 personas homosexuales (menos de un tercio del uno por ciento de la población del Distrito Federal, es decir, el equivalente al numero de personas que caben en 7 autobuses), lo que sin duda lleva a preguntarnos sobre los intereses de quienes lo promovieron o apadrinaron. ¿Publicidad, moda o estupidez? No cabe duda de que México todavía da para muchas sorpresas, ¿no cree usted?

EL OBSERVADOR 296-8

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JÓVENES
Heavy metal *Heavy metal *
Por Jaime García Narro
La cultura popular ha dado forma a refranes como: «Dime con quien andas y te diré quien eres». Dando una interpretación completa podemos deducir que no sólo las malas compañías te puedan meter en problemas, además el concepto de ti mismo estará sujeto a las modalidades de con quién andes, de tu pequeño mundo, de tus amigos.
De aquí nace la inquietud de entender la música metálica y sus implicaciones.
La música metálica tiene sus orígenes en el rock pesado de los sesentas, con grupos como Led Zeppelín y Black Sabbath. Se caracteriza por un sonido robusto y contundente, de líricos con alta carga emocional y el uso fuerte del bajo eléctrico. La música metálica se consolida en los setentas; al paso del tiempo se transforma en una subcultura y, como tal, cuenta ya con un lugar en la sociedad. Sus miembros comparten un estilo que se manifiesta en sus actitudes de desafío al peligro y a la autoridad, en su vestimenta y arreglo personal.
Dentro de los principales grupos musicales del momento que caen dentro de esta categoría se encuentran: Metallica, Kid Rock, The Offspring, Limp Bizkit, Papa Roach, Orgy, Marilyn Manson, Korn, Blink 182, Eminem, Rob Zombie, Rage Against the Machine, Red Hot Chili Peppers. Estos grupos suelen clasificarse dentro de los géneros musicales rock, rap, alternativo, metal, punk y thrash.
En general los contenidos líricos de estos grupos giran alrededor de la porno-música y las actitudes obscenas, exaltan el satanismo, la necrofilia, las desviaciones sexuales, la violación, la bestialidad y el asesinato o suicidio.
Veamos algunos fragmentos de las letras (traducción libre) de estos grupos (en paréntesis pieza, álbum y grupo): “Podría verte matar por mí” (Dizzy, Candya, Orgy); “Es nuestra naturaleza el matar, matar, matar” (Blood Brothers, Infest, Papa Roach); “Quiero morir joven y desaparecer” (Rock is dead, Mechanical Animals, Marilyn Manson); “Una niña vestida de novia con sangre en los ojos tiene a Satanás en el cerebro” (How to make a monster, Metal, Rob Zombie); “Tengo derecho a matar” (Calm Like a Bomb, The Battle of Los Angeles, Rage Against the Machine); “No hay tiempo para cobardes, mata y sobrevive, como un niño con una navaja de resorte” (Killing Time, Garage Inc, Metallica), y “Vivir en pecado es maravilloso” (Somebody's gotta feel this, Devil Without a Cause, Kid Rock).
En cuanto al contenido sexual de los líricos, el cual no reproducimos para no caer en grafismos, la mayoría de éstos presentan como «ideales» las conductas aberrantes y desenfrenadas. Sexo por sexo (Significant Other, Limp Biskit), sexo sádico (The Slim Shady, Eminem), sedúcelas para el sexo (Enema of the State, Blink 182), violaciones fantasiosas (Follow the Leader, Korn), blasfemia (Californication, Red Hot Chili Peppers), y la lista pudiera seguir con cada álbum editado en esta categoría musical.
¿Tiene esta música algún efecto en quienes la escuchan? De acuerdo con estudios científicos conducidos en los Estados Unidos, los jóvenes que escuchan música metálica tienen mayor propensión a realizar actividades de alto riesgo o peligro (Arnett, 1991). La conciencia también tiende a ser influenciada por esta subcultura. Esto se demuestra a través del estudio de Wass (1988-89) donde el 62% de los fanáticos de la música metal opinan que los niños menores de 10 años tienen derecho a escuchar música de contenidos como el suicidio, la muerte, o el satanismo; de los que escuchan rock sólo el 32% apoya esta idea.
Otros estudios científicos han encontrado que la exposición a música metálica incrementa las actitudes de maquiavelismo, machismo, desafío a la autoridad y menor deseo de aprendizaje.
Finalmente, el estudio elaborado por Stack, Gundlach y Reeves encontró relación entre los índices de suicidios y la preferencia por la música metal: mientras más se extiende la subcultura de la música metálica mayor es el índice de suicidios juveniles. Este hallazgo es consistente con el realizado por Singer, Levine y Juu, en el que se encontró que la música metal tiene efecto en el nivel de delincuencia cuando la presencia de los padres es baja. Ante cualquier duda, no tenemos mas que recordar la masacre en la escuela Columbine, en Denver.

* Artículo resumido. El autor cursa el doctroado en Comunicación en la Universidad de Tulane. Email:jgarcia@pulsar.com.mx

EL OBSERVADOR 296-9

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INTIMIDADES –los jóvenes nos cuentan-
A una chica insegura
Por Yusi Cervantes Leyzaola
Me pides que no publique tu carta, trataré de responderte sin ella.
Tus dificultades en la escuela tienen mucho que ver con lo que mencionas: tu baja autoestima. Antes que una profesionista, necesitas ser una mujer plena, segura, libre… ¿Qué ocurrió en tu camino que provocó que llegaras a esa desvalorización de ti misma? Pero, más allá de lo que sucedió, tienes que ponerle remedio. Decide hoy mismo, en este instante, amarte a ti misma. Este es el punto de partida. Eso significa aceptarte, valorarte, buscar tu auténtico bien. Y sí, tienes razón, te ayudaría mucho recibir ayuda psicológica. Habla con tus padres. Pídeles que te apoyen.
Los miedos que tienes no van a desaparecer como por arte de magia conforme desarrolles tu autoestima; lo que va a ocurrir es que serás más capaz de enfrentarlos. Te tienes que mover pese al miedo. Si te sientas a esperar a que el miedo desaparezca por sí mismo, podrías quedarte ahí toda la vida.
Es natural que te sientas deprimida. Estas paralizada, escondida, asustada. No permites que la vida fluya en ti. Comienza a moverte; busca lo que te da vida, a tus amigos, a tus seres queridos, el contacto con la naturaleza, las cosas bellas. Busca consejo, apoyo. Busca la ternura y el cariño de tus padres. Descubre tus sueños y lucha por ellos. En pocas palabras, recupérate a ti misma, encuentra tu centro y tu sentido de vida.
Sigue buscando a Dios, aunque en estos momentos sientas que no te escucha. Él está ahí siempre, aún cuando pasamos estos tiempos de oscuridad. Tú sigue acercándote a Él.
En cuanto a tus estudios, aunque ya elegiste carrera, me parece que no estás muy segura. Yo sugiero que te hagas estudios de orientación vocacional. Es válido cambiar de opinión y en este caso, es especialmente importante, porque al elegir profesión eliges también en buena medida cómo va a ser tu vida.

EL OBSERVADOR 296-10

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PINCELADAS
Severo autoexamen
Justo López Melús *
Un estudio serio de los escritos de santa Teresa de Lisieux nos muestra un alma de muchos quilates, una psicología muy rica, limpia y profunda. Llama la atención el severo y exigente autoexamen que hacía de las intenciones más profundas de sus actos. Y esto aunque lo interpretaran mal. Porque es verdad que hasta en los mejores actos puede colarse la vana autocomplacencia (Teresa de Lisieux, por Max van der Meersch).
Teresa estaba siempre dispuesta a servir y a ayudar. Llega la superiora y pide una voluntaria para un trabajo difícil. Teresa desea ofrecerse, pero piensa: «Quizá a otra hermana le gustaría ser la primera en brindarse». Teresa se entretiene ex profeso y otra hermana se adelanta. Y la superiora reprende a Teresa: «Ya me parecía a mí que esta perla no sería para usted». Teresa baja los ojos y acepta la reprensión en silencio. No quería para ella «todas las coronas».

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 296-11

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